A qué le tememos cuando pensamos en tener (o no) hijos | RED/ACCIÓN

A qué le tememos cuando pensamos en tener (o no) hijos

Una experta en salud, cuidados y crianza de niños conversa con madres, embarazadas, un futuro padre y una mujer que no quiere tener hijos. ¿Cuáles son sus miedos más profundos? Historias de un encuentro para miembros de RED/ACCIÓN y The Correspondent.

Foto: Envato | Intervención: Pablo Domrose

Este contenido contó con participación de lectores y miembros de RED/ACCIÓN

La maternidad y la paternidad traen consigo un nuevo universo y un océano de preguntas e incertidumbre. Irene Caselli, periodista de The Correspondent —un medio que nació en Holanda en 2013 y ahora tiene también su versión en inglés— y madre primeriza desde hace un año, y esta cronista, desde RED/ACCIÓN, embarazada a punto de adquirir el mismo título, invitaron, en los tiempos AC (Antes del Coronavirus o Antes de la Cuarentena, lo que el lector elija) a la puericultora experta en lactancia y cuestiones de mater-paternidad, Paola de los Santos, a una charla para resolver dudas e inquietudes sobre los nuevos roles a los que madres y padres se enfrentan cuando tienen su primer hijo o hija. Y cómo se hace para compatibilizarlos con la presiones laborales, autoexigencias profesionales y las múltiples responsabilidades de la vida diaria.

Desde RED/ACCIÓN compartimos con The Correspondent la mirada respecto a que para contar la realidad no basta con periodistas en las redacciones, sino que necesitamos de la comunidad, de las audiencias y las personas que atraviesan distintas experiencias que quieran compartir, mostrar o denunciar. Por eso el encuentro también contó con la participación de miembros de ambos medios de comunicación, cada uno con una situación y una vivencia diferente respecto a la maternidad o paternidad, lo cual enriqueció el debate. 

Ellos fueron: 

  • Dariela Sosa, periodista venezolana radicada en Argentina. Madre de una niña de 4 y de un bebé de 8 meses.
  • Cecilia Illa, bioquímica. Madre de una hija de 27 y un hijo de 25.
  • Jorge “Yoyo” Riva y Chantal Abente, quienes van a ser padre y madre por primera vez. Cursan un embarazo de 6 meses.
  • Begoña Recaséns, madrileña radicada hace muchísimos años en Buenos Aires. Nunca quiso tener hijos, sin embargo siente interés y curiosidad por todo lo que rodea al universo de la maternidad y la lactancia.
Antes de la cuarentena: una postal del encuentro que se hizo en RED/ACCIÓN.

—Chantal (embarazada de 6 meses): Mi mayor miedo respecto a la maternidad es poder estar presente. No solo físicamente. Encontrar ese equilibrio entre ser madre y el resto de mis ocupaciones. Y también a nivel pareja. El cambio ya se vibra.

—Paola: Todo se acomoda de alguna manera y cada equipo va encontrando su mejor forma. Obvio que todos los niños y niñas requieren presencia física y que el mercado laboral, por cómo están planteadas las cosas, nos hace alejarnos demasiado de nuestros hijos e hijas. Pero de alguna forma cada familia se organiza. Hay que confiar mucho en la naturaleza y en la vida porque no llegamos hasta acá de casualidad como especie. Hay algo del saber que yo no estoy tan segura de que tengamos las adultas y adultos, sí creo que lo tienen los bebés y las bebas que nacen porque ellos son instinto y nosotros no. Entonces el desafío está en poder seguir a los y las bebés que tenemos. Porque son los que van marcando por dónde. Y confiar no es dejar todo librado al azar. Es, desde la responsabilidad, saber que va a haber un ida y vuelta con otro ser humano que es un bebé o una beba. 

—Cecilia (madre de dos hijos adultos): Yo siempre trabajé mucho y el miedo que tenía era: cuánto tiempo voy a poder dedicarles. Tiempo de calidad. Y a la vez inspirarlos a que tengan una vida independiente. Y, desde la ciencia y desde las hormonas, me gustaría agregar algo respecto a eso: hay que confiar en la vida y en los mecanismos de relojería perfectos que tenemos tanto las mujeres como los hombres con las señales hormonales, porque toda esa sensibilidad exacerbada que se da en el embarazo tiene un propósito. La necesidad de hacer nido, de preparar ese límite, y las emociones son las que hacen que el bebé se sienta apegado a la madre. Entonces confiemos en esa parte animal. Como señala la biología, somos animales con conciencia. Y hay que soltarse y permitir que eso suceda porque cumple una función biológica. Aparte, de todas las neuronas te empieza a funcionar una sola que es la que te conecta con tu hijo y empezás a tener un pensamiento en dirección focal y a hablar de tu bebé todo el tiempo hasta que tus amigas te dicen: “Sos un plomo”. Es así y tiene que ser así.

—Paola: Sí. El término científico es la “poda neuronal” que se produce durante el embarazo. Aunque “poda” tenga una connotación negativa. Mi objetivo es jamás subestimar a nadie. Mucho menos a una mujer embarazada. Yo creo que con palabras claras se le puede hablar a todos los públicos de madres y que registren algunos términos como prolactina, oxitocina, endorfinas, adrenalina. Y entiendan cuál es el mecanismo para que sepan qué es lo que va a pasar. Y por qué sienten en el cuerpo como si se les metieran a manejarle la compu de manera remota. El objetivo de eso es la preservación de la especie. Se cree mucho que es durante el embarazo la cuestión hormonal, pero eso es un chiste a comparación de lo que pasa después. Es como bipolaridad total, todo el tiempo, de la cachorra a la leona, porque sos una hembra mamífera tratando de cuidar a tu cría. Cuando entendemos eso, está buenísimo, pero estamos tan atravesadas por la cultura que en lugar de entregarnos a la animalidad tenemos que estar en la clínica, sonriendo y posando para la foto, dispuestas a recibir a la gente, maquilladas y con brushing.

Jorge y Chantal van a ser padre y madre por primera vez. Cursan un embarazo de 6 meses.

—Begonia (nunca quiso tener hijos): Yo no tengo hijos, nunca quise tenerlos, me parece muy fuerte el hecho de marcar tanto a alguien. Creo que es demasiado ese vínculo. Admiro absolutamente a todas las madres del mundo. Y por eso me interesa cómo hace la gente. Entonces, no comprendí, ¿qué es exactamente la poda neuronal?

—Paola: Primero, me encanta que una mujer pueda decir que nunca tuvo el deseo de ser madre porque si no parece que todas queremos ser madres y la realidad es que no, y que no es la única manera de realizarse, si alguien se realizara de alguna manera en su vida. Después, la poda neuronal es un mecanismo que se produce durante la gestación con el objetivo, como decía Cecilia, de conectarte con el bebé, que esa gestación llegue a término, y después es como que hay un 4G muy bueno entre ese bebé y la mamá. Y nadie más puede decodificar con ese nivel de nitidez y calidad al bebé. Entonces por un tiempo vas a estar así como que no podés decir tu celular de corrido, no podés tomar decisiones básicas aunque antes tomaras muchas, muy complejas. La naturaleza lo pensó así para que este cachorro, mamífero, humano, sobreviva. Después se te va acomodando. Por suerte salimos mejor, porque salimos con un montón de habilidades que antes no teníamos. Claro que no todas las mujeres que tienen un bebé, a pesar de haber deseado esa gestación (si no la desearon ni que hablar), están felices. La mayoría va entre la felicidad y la angustia, lo cual es absolutamente normal y comprensible, pero de eso no se habla porque no está habilitado el espacio y porque hay una imposición social que indica que debés mostrarte feliz.

—Irene (periodista, madre de un bebé de dos años): Yo quiero volver a la parte química de las hormonas porque creo que está muy vinculado al tema de la lactancia, que es siempre muy complicado. Y hablar del tema de las visitas. En el norte de Europa hay mucha cultura respecto a que cuando nacen hijos no se da una invasión de familia y amigos, pero acá sí. Entonces, ¿qué sucede si vos acabás de parir, tenés una vida nueva que atender, querés empezar a amamantar y tenés un montón de gente alrededor?

—Paola: Lo que pasa es que no va a funcionar. Para que se ponga en marcha ese mecanismo de precisión relojera en el que una mujer se conecta con su hijo en ese período tan importante, donde por una cuestión química en la mamá y el bebé hubo una descarga de adrenalina durante el parto, la gente no tiene que estar. La naturaleza lo previó así para que se reencuentren de este lado del mundo y conecten como nunca jamás lo van a volver a hacer. Este es el punto: esto tiene que pasar ahora, no va a volver a pasar. El período de alerta máxima es la primera hora, máximo dos horas, después del parto. No existe más ese momento. Si en esas dos horas ya toda la gente se enteró y te están esperando en la habitación, como pasa muchas veces, la mamá y el bebé no se pueden encontrar las miradas, no se pueden conectar. La madre, por una cuestión química, empieza a generar cada vez más cortisol y eso hace que la prolactina, que es la hormona que fabrica la leche, disminuya; y la oxitocina, que es la hormona del placer, que es la que hace que salga la leche, no llega a compensar y todo se va al cuerno. Por eso no tiene que haber gente. Porque el bebé no puede procesar esa cantidad de estímulos, entonces se estresa, se desconecta y se duerme. Lo hace para preservar su cerebro. Y cuando se despierta ya todo es un desastre. La mujer descarga toda esa adrenalina que tendría que haber guardado para conectar con su bebé, hablando con la gente, y cuando la gente se va, se agotó. Su cerebro se fue para otro lado y para poder volver a ese estado en el que estaba tiene que embarazarse y parir de nuevo. 

Irene es periodista y tiene un hijo de un año. Escribe sobre los primeros 1000 días en The Correspondent

—Ariana: Yo tengo una pregunta de mi marido, ya que de los padres y su rol mucho no se habla: ¿Qué es lo mejor que puede hacer la pareja para acompañar y apoyar a la mujer mientras está dando la teta? Además de filtrar las visitas.

—Paola: Yo suelo decir, de base, preguntarle una vez por día qué necesita. No solo qué necesita: “Qué necesitás de mí, hoy”. Después también es nuestro desafío responder. Porque en este embrollo en el que hemos sido criadas, en el ideal de amor romántico, nos dijeron que “si estamos juntos tiene que saber exactamente lo que quiero” y, la verdad, no. Si no se lo decís, no tiene por qué saber. Entonces desafiarnos a responder qué necesitamos. A veces necesitamos que vaya al súper a comprar rúcula. Que es una pavada pero a vos te hace todo el día porque te morías de ganas de comer rúcula. A veces es que se pueda llevar al bebé a caminar un rato. O que se pueda quedar con el bebé y vos te vayas a caminar sola un rato. A veces es que no te hable. Depende de cada mujer. Pero el rol de la pareja, sea hombre o mujer, o del acompañante si no hubiera pareja, es cuidar a la madre no cuidar al bebé. Claro que es su bebé y lo puede cuidar, pero hay que cuidar a la madre que es la que necesita cuidado. Hay una cuestión biológica y es que las mujeres nos embarazamos y los hombres no. Las mujeres paren, les sale una persona de adentro, y por algún lugar, lamentablemente, seguro te van a cortar. Entonces ya tu cuerpo está cansado, abierto, más las hormonas, la emoción y el desgaste que implica, en el caso que decidas amamantar, dar la teta entre 8 y 12 veces en 24 horas, es un montón. Por suerte yo veo parejas muy bien establecidas, deconstruidas o muy trabajadas donde realmente pueden hablar y decirse las cosas.  

—Dariela (madre de una nena y un bebé): Yo con mi primera hija empecé a leer mucho sobre los primero mil días y su importancia y me gusta pero también me da demasiada ansiedad, pienso que si un día no lo hago bien puedo hacerle un daño que lo veré de los 15 a los 25 años de edad. Entonces una duda que tengo como lectora es cómo absorber ese conocimiento sin aumentar mi ansiedad. Porque saber que es tan importante estar presente en los mil días de cada uno de mis hijos, ahora que quiero hacer muchas cosas también, me pone más presión.

—Paola: Yo creo que hay que establecer una base sólida desde el comienzo. Y que te sentís tan presionada porque la presión siempre cae sobre nosotras. Si estuviese un poquito más repartido no sentiríamos tanta presión. Tenemos como esa gran responsabilidad. Lo único que otra persona que no parió no puede hacer es dar la teta, todo el resto lo pueden hacer igual. Con la misma dedicación, con la misma cantidad de tiempo. Pero sí te entiendo. A veces nos vamos medio a un extremo para después volver a encontrar un equilibrio. A mí me sigue pasando con mi hija de 27 años.

—Jorge (su pareja está embarazada de seis meses): Gracias a todas. Yo siento que hombres, mujeres, todos tenemos mucho por aprender. Y no me llego a imaginar todo lo que implica ser padre. Sé que tanto la mujer como la pareja pone mucho en esto. A mí me agarra desde la parte más humana y confío en la vida, pero después en la parte más material, lo que tiene que ver con la economía y el trabajo, me sentía más liviano cuando era soltero y podía agarrar una mochila e irme a cualquier lado. Ser padre es otro compromiso, entran en juego muchas otras cosas. Me queda claro lo de filtrar las visitas y todo lo que podemos hacer los padres fuera de la lactancia. Aunque me quedó la inquietud: hablabas de la conexión de la madre con el chico, pero el padre, en mi caso, además de estar pendiente de cómo está la madre, ¿cómo genera la parte más vincular con el o la bebé?

—Paola: Eso es clave desde ahora. Los bebés desde determinado tiempo empiezan a escuchar y reconocer las voces, y reconocen la voz del papá. Ellos se sostienen en dos cosas, en el sonido y en la luz. Hay videos donde se ve que cuando nacen y son separados de la mamá que es algo que no debería suceder pero lamentablemente sucede, porque se los llevan a hacer los controles, y de pronto el papá les habla y los bebés lo miran directamente como diciendo: “Al fin, de todas estas personas que están acá, a vos te tengo”. Y eso para ellos es imprescindible. Y si cuando el bebé nace, vos le ponés un dedo y se agarra, le cambiaste la vida para siempre. Siempre que el bebé no esté con la mamá, tiene que estar con vos, con el papá, lo más en contacto piel a piel. Ese vínculo tuyo con tu bebé se va a ir construyendo en lo cotidiano. Hoy los papás que ejercen su paternidad de manera responsable generan vínculos increíbles con sus bebés. Y todo lo que un papá le puede dar a un bebé no se lo puede dar la mamá. O sea se lo da en otra frecuencia. Los papás no están pintados, son fundamentales en todo esto. Cuidar a la mamá es la función más importante del papá cuando el bebé nace, pero después está el desafío de cada papá de ir encontrando por dónde construir su vínculo con su bebé.

—Paola: Creo que el objetivo de todo esto es que podamos soltar a la vida a personas mental y físicamente sanas, menos agujereadas emocionalmente, que puedan desarrollar vínculos sanos con otros y otras. Todo eso es responsabilidad de la primera infancia en muchos de los casos. Y si no lo podemos ver y darle la importancia que tiene estamos corriendo el foco. Esa es la gran responsabilidad que tenemos. 

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