Cristobal Rovira Kaltwasser | RED/ACCIÓN
Actualidad | 26 de octubre

Qué significa para América Latina la llegada de Bolsonaro a la presidencia de Brasil

Bolsonaro es sin duda una amenaza a las democracias liberales de la región. Muchos observadores argumentan que la ola de populismo de derecha que ha envuelto a Estados Unidos y gran parte de Europa se dirige a América Latina. Pero si uno mira a Macri en Argentina y Piñera en Chile, existen diferencias clave entre el contexto latinoamericano y el de Europa y los Estados Unidos.

El 7 de octubre, aproximadamente el 46% del electorado brasileño votó por Jair Bolsonaro por presidente. Esto significa que casi 50 millones de brasileños respaldaron a un político que propugna una retórica populista radical de derechas, marcada por el autoritarismo, la xenofobia y la misoginia. ¿El éxito de Bolsonaro augura una nueva era de política radical de derecha en América Latina?

El resultado de las elecciones brasileñas es ciertamente motivo de preocupación. Aunque Bolsonaro, quien proviene del mundo militar, fue el favorito, pocos pensaron que lograría más del 40% de los votos en la primera vuelta. En lugar de un resultado ajustado entre Bolsonaro y Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores (PT), que terminaría con la victoria de Haddad, todo indica que Bolsonaro será el próximo presidente de Brasil.

Las diferencias con Trump y Brexit

Muchos observadores argumentan que la ola de populismo de derecha que ha envuelto a Estados Unidos y gran parte de Europa se dirige ahora hacia América Latina, donde existen las condiciones propicias para que prosperen políticos populistas. Pero si bien esta preocupación tiene ciertos fundamentos, existen diferencias clave entre el contexto latinoamericano, e incluso el brasileño, y el de Europa y Estados Unidos.

En Europa, el principal problema que alimenta el apoyo a la derecha radical es la inmigración, tema que escaló a lo alto del debate público por la afluencia masiva de refugiados que alcanzó su punto álgido en 2015. Sin embargo, en América Latina los ciudadanos están mucho más preocupados por la prosperidad económica y la seguridad pública que por la inmigración.

En cuanto a los Estados Unidos, la agenda del presidente Donald Trump, al igual que su victoria electoral, depende de la lealtad partidista. Los líderes republicanos pueden tener sus problemas con el estilo de Trump, pero su apoyo ha sido vital para los logros de su administración. Un ejemplo de esto es la confirmación para la Corte Suprema de Brett Kavanaugh, cuya respuesta a las acusaciones de agresión sexual durante el proceso de confirmación lo hubieran descalificado bajo circunstancias menos partidistas.

Por el contrario, Bolsonaro no tiene una poderosa maquinaria partidista para respaldarlo, aunque se rija por las reglas y normas. Es miembro del Partido Social Liberal, que ha cambiado gran parte de su plataforma – abrazando políticas sociales más conservadoras – desde que Bolsonaro se unió este año.

Macri y Piñera no son Bolsonaro

El fenómeno Bolsonaro ni siquiera es representativo de la política latinoamericana más amplia, que últimamente se ha desplazado hacia la derecha, pero sigue siendo moderada. Tanto Mauricio Macri en Argentina como Sebastián Piñera en Chile, elegidos en 2015 y 2017 respectivamente, han gobernado como líderes de centro-derecha.

Teniendo en cuenta esto, parece claro que el surgimiento de Bolsonaro es el resultado directo de las circunstancias particulares de Brasil, que incluyen una devastadora recesión económica y revelaciones de escándalos de corrupción masiva que han manchado el PT y a toda la clase política del país. Pero el hecho de que una presidencia de Bolsonaro no formaría parte de una ola populista de derecha más amplia en América Latina no hace que la perspectiva sea menos peligrosa para Brasil.

Estas condiciones son muy similares a las que facilitaron, a fines de la década de 1990, el auge del venezolano Hugo Chávez, quien implementó reformas institucionales radicales que le dieron un poder prácticamente ilimitado para subvertir los procesos democráticos. Esas reformas son una razón clave por la cual el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, ha podido convertir al gobierno de Venezuela en un régimen autoritario.

¿Podría una presidencia de Bolsonaro representar una amenaza similar para la democracia de Brasil? La respuesta corta es sí, precisamente porque, al igual que a Maduro, sería difícil para Bolsonaro gobernar de otra manera.

Para gobernar legítimamente, Bolsonaro necesitaría asegurar un amplio apoyo público y entre las élites políticas y empresariales. Sin embargo, aunque el nuevo Congreso de Brasil es más conservador que el anterior, está muy fragmentado, con partidos de izquierda y de derecha que han perdido apoyo. Esto dificultará que el próximo presidente continúe con su programa legislativo, a menos que logre asegurar el apoyo de una amplia coalición.

Por su parte, la comunidad empresarial está dividida sobre la agenda económica de Bolsonaro. Muchos expresan serias dudas acerca de la sostenibilidad de las reformas neoliberales propuestas por su equipo económico.

Además, si el país elige a Bolsonaro, es posible que tenga dificultades para mantener el apoyo popular, dado los desafíos que enfrentará para cumplir sus promesas de campaña. Si no puede producir resultados rápidamente, grandes segmentos de la población podrían volverse en su contra, especialmente dado que el PT conserva una gran base de apoyo que se puede esperar genere una resistencia concertada a una administración de Bolsonaro.

Bolsonaro es una amenaza a la democracia liberal

Bajo estas circunstancias, Bolsonaro y sus aliados militares bien pueden recurrir a socavar la democracia de Brasil, como lo hizo Chávez en Venezuela. Esto podría incluir no solo gobernar por decreto y purgar instituciones estatales, sino también silenciar a los medios de comunicación y reprimir a la sociedad civil. Esto sería irónico: durante la campaña, Bolsonaro a menudo advirtió que un gobierno del PT transformaría a Brasil en Venezuela con sus políticas izquierdistas, aunque las administraciones anteriores del PT no lo hayan hecho.

Como lo ha indicado el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, puede que no sea una amenaza realista, pero ha ayudado a Bolsonaro a movilizar a los votantes que ya estaban enfadados con el PT – y con el sistema político en general – por su participación en escándalos de corrupción masivos. Si esta (comprensible) ira nubla el juicio de los brasileños hasta el punto de elegir a Bolsonaro, sus peores temores pueden hacerse realidad. Su país será arrojado al tumulto, al igual que Venezuela, debido a la rápida erosión de las instituciones democráticas.

En resumen, América Latina en general no se enfrenta a una ola populista de derecha. Pero esto no hace que la amenaza que Brasil enfrenta sea menos potente. Para enfrentarla, los principales partidos de derecha e izquierda tendrán que tomar una posición fuerte y efectiva en defensa de la democracia liberal.

Cristóbal Rovira Kaltwasser es profesor en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales (Santiago de Chile). Es coautor con Cas Mudde de Populism: A Very Short Introduction y uno de los editores de The Oxford Handbook of Populism.

© Project Syndicate 1995–2018 | Mauro Pimentel – AFP

Actualidad | 19 de septiembre

El canto de sirena del populismo en la región

Los partidos socialdemócratas de todo el mundo están en problemas. En la elección presidencial francesa de 2017, el candidato del Partido Socialista –otrora principal fuerza de la izquierda francesa– recibió apenas el 6% de los votos, y poco después el partido se vio obligado a vender su sede en la elegante Rue de Solférino en París.

En la elección federal de 2017 en Alemania, el Partido Socialdemócrata (SPD) sólo obtuvo el 20% de los votos (su peor desempeño en la posguerra). Y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) apenas consiguió un poco más del 20% de los votos en las elecciones generales de 2015 y 2016: la mitad de lo que obtenía hace una década.

En todos esos países, partidos populistas de izquierda han venido capturado una importante cantidad de votos. El veinte por ciento de los votantes franceses pusieron la papeleta de La France Insoumise de Jean-Luc Mélenchon en 2017; el 9% de los alemanes votaron por Die Linke (La Izquierda); y el 21% de los españoles apoyaron a Podemos.

El atractivo de la receta populistas

Cada vez más analistas y académicos creen que el populismo de izquierda es la mejor estrategia para que la izquierda vuelva al poder e implemente políticas que ayuden a los denominados “perdedores” de la globalización neoliberal. En su nuevo libro “Por un populismo de izquierda”, Chantal Mouffe (de la Universidad de Westminster) sostiene que “el populismo de izquierda, entendido como una estrategia discursiva de construcción de la frontera política entre ‘el pueblo’ y ‘la oligarquía’, constituye, en la coyuntura actual, el tipo de política que se necesita para recuperar y profundizar la democracia”.

Curiosamente, Mouffe dedica todo un capítulo a analizar el Thatcherismo, pero luego pasa por alto muchos ejemplos reales de gobiernos populistas de izquierda en años recientes. Los casos más notables son la presidencia de Rafael Correa entre 2007 y 2017 en Ecuador; el régimen cada vez más brutal de Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, en Venezuela; y el gobierno del presidente Evo Morales en Bolivia.

Los diferentes tipos de populismo

Así pues, Mouffe confina su análisis a Europa occidental. Pese a algunas semejanzas, considera que las diferentes variedades de populismo de izquierda en todo el mundo “deben ser entendidas según sus variados contextos”. Si bien es verdad que las variantes latinoamericanas y occidental‑europeas del populismo de izquierda no son idénticas, tampoco se las puede desvincular. Al fin y al cabo, los populistas de izquierda de Europa occidental a menudo han tomado inspiración de sus homólogos latinoamericanos.

Por ejemplo, Íñigo Errejón, el arquitecto de la estrategia electoral original de Podemos, dedicó su tesis doctoral al ascenso de Morales, a quien admira abiertamente. Mélenchon ha defendido reiteradas veces al Chavismo y al régimen de Maduro; y en su programa electoral para 2017, propuso que Francia se una a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, una institución intergubernamental creada por el difunto dictador cubano Fidel Castro y Chávez en 2004.

En 2016, Mouffe y Errejón publicaron juntos un libro en el que analizan la experiencia boliviana bajo Morales. Y en su nuevo libro, Mouffe incluye a Mélenchon en los agradecimientos, a la par que omite las raíces latinoamericanas del populismo de izquierda en Europa occidental.

Los ejemplos de Chávez, Correa y Morales

Pero un examen del historial del populismo radical de izquierda en la América Latina contemporánea revela un panorama desolador. Un repaso de la literatura académica muestra que desde el inicio del siglo esas fuerzas han hecho estragos en las democracias de sus países.

Cuando Correa, Chávez y Morales llegaron al poder, de inmediato implementaron profundas reformas constitucionales a través de referendos. En todos los casos, además de disminuir el poder de las viejas élites, las nuevas constituciones limitaron seriamente la capacidad de los partidos de oposición para competir en condiciones parejas. Durante la década pasada, el director de la División de las Américas de Human Rights Watch alertó varias veces sobre el deterioro del Estado de Derecho bajo Correa, Chávez/Maduro y Morales.

En este aspecto Venezuela se destaca. El sistema judicial ha perdido su independencia, cunde la corrupción, y la inflación está fuera de control. Y como informó hace poco la directora de Amnistía Internacional en las Américas: “la gente huye de una situación atroz, que ha convertido problemas de salud tratables en una cuestión de vida o muerte. [Bajo Maduro] los servicios básicos de salud están colapsados y conseguir medicamentos esenciales es una lucha constante, por lo que miles de personas no tienen más remedio que buscar atención médica fuera del país”.

Es evidente que la experiencia reciente de América Latina con el populismo de izquierda ha sido prácticamente desastrosa. Los que lo defienden como un modo de “recuperar y profundizar la democracia” deberían reconocer esta realidad. En mis investigaciones, siempre he resaltado la importancia de examinar la relación entre el populismo y la democracia de forma empírica, por una sencilla razón: aunque el populismo puede fortalecer la democracia, también puede plantearle una grave amenaza.

Un examen objetivo empírico de lo sucedido en Bolivia, Ecuador y Venezuela demuestra el enorme costo de las (nominalmente inclusivas) políticas populistas. Morales, Correa y Maduro han hecho un daño profundo a las normas e instituciones democráticas de sus países. Y Maduro, en particular, es prueba de que el precio de “ayudar” a los “perdedores” puede ser incrementar su número.

Traducción por Esteban Flamini

Cristóbal Rovira Kaltwasser es profesor en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales (Santiago de Chile). Es coautor con Cas Mudde de Populism: A Very Short Introduction y uno de los editores de The Oxford Handbook of Populism.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Federico Parra – AFP