¿Cómo trabajar en la prevención de incendios y en llegar mejor preparados una vez iniciados?- RED/ACCIÓN

¿Cómo trabajar en la prevención de incendios y en llegar mejor preparados una vez iniciados?

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

En primer lugar, es importante actuar en función de la ciencia climática, que puede dar herramientas de conocimiento para anticiparse a determinadas condiciones climáticas. Garantizar normativas y hacerlas cumplir, adaptar prácticas tradicionales a las condiciones climáticas actuales y contar con brigadistas capacitados son otros tres aspectos clave. ¿Qué dicen las estadísticas? Según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, solo un 5% de los incendios forestales corresponden a causas naturales. ¿Y el 95% restante? Causas antrópicas. Es decir, nosotros, seres humanos.

¿Cómo trabajar en la prevención de incendios y en llegar mejor preparados una vez iniciados?

Incendios en Iberá, Corrientes | Foto: Matías Rebak, Fundación Rewilding | Intervención: Julieta de la Cal

Estamos actuando ante la emergencia de las llamas y aún hay mucho que se puede hacer en la previa. Claro, no es fácil, no implica una sola solución y requiere del involucramiento de múltiples actores. En esta edición analizamos las distintas acciones que se debieran encarar, cuanto antes.

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Incendios en Iberá, Yerbalito, Corrientes | Foto: Matías Rebak, Fundación Rewilding Argentina | Intervención: Julieta de la Cal

Dejar de actuar ante la emergencia, pasar a actuar en la prevención. Empecé a profundizar la investigación sobre este tema en febrero de este año. Un estudio médico me dejó sin poder escribir durante unos días así que suspendí la edición, vinieron los reportes del IPCC y quedó ahí... en suspenso. Lo que me ocurrió a mí por un tema de salud es lo que hacen, por motivos que yo no podría (o no me corresponde) especificar, los distintos tomadores de decisión ante la prevención de incendios. Se empieza a profundizar en ello cuando arden las llamas, pero luego queda todo en suspenso.

Mientras retomo la edición y escribo estas líneas introductorias no hay focos activos de incendio en Argentina. Pero ello no tardará en (volver a) cambiar...

Esta edición se publica cuando no hay emergencia ante las llamas, pero en el momento preciso para que se pueda actuar mejor ante ellas. Es una edición distinta, con un primer apartado extenso en el que esquematicé (saben que amo hacer esquemas 🤓), luego de conversar con distintas fuentes y analizar información, las acciones que una eficiente prevención de incendios debiera incluir. Spoiler: no hay una solución absoluta, son múltiples las acciones que hay que emprender y hay que hacerlo cuanto antes. Así que, ¡empecemos!

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El ministro de Ambiente tiene que renunciar. Esto con la ley de humedales no pasaba. Al final, una colecta de un influencer resuelve la situación. Era fines de febrero. No solo me preocupaban las imágenes que llegaban de una Corrientes en llamas, de animales desesperados por un espacio de agua, de habitantes locales que casi lo perdían todo. También me preocupaba todo lo que empezó a circular alrededor. Quizás desde el enojo, desde la impotencia, esos tres dichos -en sus múltiples formas- se repitieron una y otra vez...

¿Acaso si renunciaba el actual ministro de Ambiente resolvíamos el problema de los incendios? ¿Acaso si tenemos una ley de humedales ya no tendremos más incendios? ¿Acaso con una colecta para ayudar los trabajadores y damnificados estamos solucionando las causas por las cuales esos brigadistas quedaron expuestos, esos animales resultaron heridos y esas familias perdieron su producción? Lamento decir esto, pero estas acciones por sí solas no van a resolver la problemática de los incendios.

Si los problemas ambientales se resolvieran con una única acción, creo que ya los hubiéramos resuelto. El gran desafío es que requieren de distintas acciones, en múltiples ámbitos, e involucrando a todos los actores. La edición de PLANETA de hoy se centra en ello. Es una invitación a conversar sobre esas acciones necesarias.

Porque la conversación cuando arden las llamas parece ir por otro lado. En vez de que los incendios sean una oportunidad para repensar el modelo de producción actual, para impulsar políticas climáticas concretas, se transforma en una disputa online entre si el presidente argentino tuiteó o no sobre los incendios, en si corresponde o no que un influencer haga una colecta o incluso bastardear que hay un cargo de asesora en género en el ministerio como queriendo culpabilizar que ese dinero podría estar destinado a los incendios y desconociendo que la acción climática debe ser con perspectiva de género... Ahí es donde me siento en Don´t Look Up. Ahí es donde soy Kate Diabisky gritando Todos nos vamos a morir, mientras se pelean por quién tiene la razón en Twitter.

En febrero la urgencia fue pagar las llamas en Corrientes, pero ¿y después? ¿Cuánto tiempo pasará para que otro territorio de Argentina o América del Sur se encuentre envuelto en fuego? Un informe publicado mientras ardía Corrientes confirmó lo que sospechábamos: los incendios serán cada vez más frecuentes e intensos. ¿Por qué? Sí, de nuevo, actividades humanas: el cambio climático y los cambios en los usos del suelo, ¿les suena? Para mí, la conclusión más destacada del reporte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) fue otra: los gobiernos no están preparados para esos incendios más frecuentes y más intensos.

En su exposición ante la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo en el Senado, ayer el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié dijo: Los miembros del Poder Ejecutivo tenemos la obligación de prevenir y apagar, pero es la Justicia la que tiene que reprender, entonces nos encontramos en situaciones donde apagamos y vuelven a encender el fuego". En la teoría, está en lo cierto. En la práctica, la realidad nos muestra que en algo (o en todo) venimos fallando.

En el dicho del ministro hay una de las dos P que PNUMA considera fundamental para dar respuesta a incendios. Ellas son: prevención y preparación. Pasar al análisis de esas dos acciones nos obliga antes a recordar los orígenes de los incendios. Según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SMNF), solo un 5% de los incendios forestales corresponden a causas naturales. Su ejemplo más tradicional es la caída de rayos producidos por tormentas eléctricas, situación que ocurrió con uno de los focos en Corrientes y que marcó el inicio del fuego en Rincón del Socorro en Iberá.



¿Y el 95% restante? Causas antrópicas. Es decir, nosotros, seres humanos. En ese porcentaje se incluyen múltiples actividades como tirar una colilla de cigarrillo aún encendida, dejar mal apagada una fogata, perder el control con o sin intención de una práctica de quema, provocar fuegos intencionales para deforestar. Las causas de los incendios nos conducen a las acciones necesarias para llegar a las dos P, es decir, a prevenir los incendios y a prepararnos mejor ante ellos. Pasemos a este análisis que, espero, pueda servir de guía/motivación para un cambio de acción.

Foto: PNUMA
  • La base de todo: ver, comprender y actuar en función de la ciencia climática. La primera recomendación del reporte de PNUMA a los gobiernos es clara: reconocer y responder al impacto del cambio climático en la prevalencia y el comportamiento de los incendios. Diría que ahora algunos lo reconocen casi como echándole una culpa unívoca al cambio climático de los incendios en tal lugar. Y no. El cambio climático no produce directamente un incendio. Así que, menos culpa y más acción.

    Ahora bien, ¿qué condiciones meteorológicas son "ideales" para un incendio? Un tiempo (weather) caluroso, seco y ventoso. ¿Qué hace el cambio climático? Incide en esas condiciones intensificándolas: temperaturas cada vez más elevadas, sequías más intensas y prolongadas, cambios en los patrones de lluvias. Es decir, crea las condiciones perfectas para que, independientemente de su causa, un incendio se propague con más facilidad y sea más difícil de apagarlo. En escenarios de mayor calentamiento, esas condiciones serán peores (o "mejores" desde el punto de vista de los incendios). El reporte del PNUMA alerta que, por el cambio climático y los cambios en el uso del suelo, los incendios extremos podrían incrementarse en un 30% para 2050.

    ¿Podemos decir que los incendios en Corrientes fueron producto del cambio climático? La científica climática Inés Camilloni nos recuerda que la atribución de un evento particular al cambio climático se estudia y realiza una vez concluido el evento. Al momento de consultarla para esta edición, técnicamente no podíamos decir que los incendios en Corrientes fueron producto del cambio climático. Incluso Camilloni explica que, conforme el Atlas del reporte del IPCC sobre las bases físicas del cambio climático, "no hay una tendencia clara en que en Sudamérica vaya a haber condiciones meteorológicas más favorables para incendios". El análisis de atribución tendrá que tener en cuenta la variabilidad natural que se está produciendo con el presente fenómeno de La Niña que ocasiona que en nuestra región haya valores de precipitaciones por debajo de lo normal.

    Lo que sí la ciencia climática ya nos ha dicho es que en la región norte del país están aumentando los extremos de temperatura, es decir, las máximas son cada vez más altas. Y si recordamos lo que un incendio necesita, esas temperaturas más elevadas nos perjudican. Más aún, con la prolongada sequía y escasez de precipitaciones que atraviesan ciertas regiones del país desde hace casi dos años, se da lugar a lo que estos días aprendí se llama La regla de los tres 30. ¿Qué es? Es el estado meteorológico en el que hay temperaturas por encima de los 30°C, vientos superiores a los 30 kilómetros por hora y una humedad relativa inferior al 30%. En pocas palabras: es el estado meteorológico en el que ya no podemos controlar la extinción de un incendio. Y es lo que ocurrió en algunos de aquellos días extremos en Corrientes.

    ¿Cómo entonces nos puede ayudar la ciencia? "La ciencia puede contribuir. La ciencia puede dar las herramientas de conocimiento para prepararte y anticiparte mejor a determinadas condiciones climáticas. Nunca alcanza con tener el alerta, tenemos que tener un sistema de preparación sobre cómo responder a un evento climático más extremo", explica Camilloni y sintetiza: "De eso se trata justamente la adaptación".

    En su reporte, el PNUMA recomienda mejorar los sistemas nacionales de monitoreo, análisis y predicción "porque existe una necesidad crítica de comprender mejor el comportamiento de los incendios forestales en diferentes ecosistemas y bajo un clima cambiante".

    Si aún se preguntan cómo esto se puede implementar, esperen porque los ítems se van complementando y porque la problemática es así de compleja.
  • Garantizar normativas y hacerlas cumplir. Una ley de humedales por sí sola no impedirá que haya incendios en territorio argentino, pero sí es una herramienta que puede ayudar. Porque las leyes son eso, son herramientas que ayudan en los cambios que necesitamos ante la crisis climática y ecológica. Si de nuevas leyes se trata, organizaciones de la sociedad civil -desde la tradicional Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) hasta las más recientes juveniles Jóvenes por el Clima y Eco House- visibilizaron una vez más el reclamo por una ley de Humedales.

    Recordemos que se trataría de una normativa que permitiría tener un ordenamiento de los humedales que hay en el país (que son muchos y diversos) y, al conocer sus condiciones actuales, determinar qué actividades pueden realizarse en ellos y cómo. Y esas actividades incluyen en muchos casos la práctica de quemas (tranquilos, ya hablaremos de eso). El último documento de proyecto de ley que se había consensuado perdió estado parlamentario y se volvió a presentar en el Congreso con el apoyo discursivo del ministro de Ambiente. Todavía no hay más avances que esos.

    ¿Qué otra ley nos ayudaría en el trabajo de prevención de incendios y protección de ecosistemas? Una ley de Ordenamiento Ambiental del Territorio. Andrés Nápoli, director ejecutivo de FARN, nos explica que es una ley que se desprendería de la de humedales y de la vigente Ley de Bosques. ¿Por qué? "Es una ley de carácter general donde se establecería cómo se ordenarían las actividades productivas, la protección ambiental, los distintos territorios, de qué forma se establecen las diferentes infraestructuras, qué planes tienen las provincias. Eso se combina luego con las distintas normas particulares, por ejemplo, la de bosques y humedales. De esa forma, con estas normas, tendríamos una previsibilidad".

    Ahora bien, recordemos que la mencionada Ley de Bosques jamás, sin importar el gobierno de turno, recibió el presupuesto que le corresponde por ley 😒 De allí que las leyes, como herramientas útiles para la prevención, servirán al propósito siempre y cuando se implementen correctamente. Al momento, el Congreso argentino no ha avanzado en un proyecto concreto de Ordenamiento Ambiental del Territorio y Nápoli ve muy difícil que ese proceso se inicie si no se cuenta antes con una ley de Humedales.

    Otra cambio normativo que serviría, y mucho, es contar con la figura de Delitos Ambientales en el Código Penal. Este fue un tema que analicé en un artículo en RED/ACCIÓN en el cual Nápoli nos explicaba: "La misma aparición del tipo penal es una disuasión, es un instrumento que te hace pensar dos veces las mismas cosas. Ello en la medida en que no solo exista un tipo penal, sino también una Justicia que sea capaz de hacerte responder por lo que el código penal plantea". Por ejemplo, si incendiar intencionalmente un bosque nativo o pastizal (no como práctica de quema sino desde la intencionalidad) pasa a ser un delito penal, la persona en cuestión pensaría dos veces antes de hacer el chiste. O miremos sino que en el caso de Corrientes ya se abrieron más de 70 causas por denuncias de incendios rurales intencionales. De nuevo, con la sola tipificación no será suficiente, sino que su implementación posterior por parte de la Justicia y actores intervinientes será fundamental.
Foto: INTA
  • Adaptar prácticas tradicionales a las condiciones climáticas actuales. ¿El malo es el fuego o somos nosotros cuando usamos mal el fuego? ¿Hay que prohibir el fuego o controlarlo? Si permitimos hacer fuego, ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cada cuánto? ¿Nos dejará el cambio climático?

    Si algo aprendí investigando para esta edición es que el fuego es necesario. A lo largo de su evolución, el ser humano ha aprendido a manejar el fuego para calentarse, para cocinarse, para defenderse. Quizás en el último tiempo ha desaprendido ese manejo o no lo supo (también quizás a veces no quiso) adaptar a las condiciones actuales.

    Entre los múltiples usos que el ser humano le ha dado al fuego se encuentran las quemas controladas, es decir, se elige estratégicamente el momento del año, las condiciones meteorológicas y la cantidad de espacio para producir una quema con el fin de que haya una renovación del suelo y de su calidad; una recuperación; una conservación del banco de semillas en la tierra. Si no se realizan estas prácticas de quema controlada, se acumula materia seca, una masa combustible que se vuelve altamente peligrosa ante cualquier foco activo de incendio.

    Las quemas controladas hoy se realizan tanto en campos productivos, por ejemplo de ganadería, como, en menor medida, en áreas protegidas. Se realizan con una determinada frecuencia de años, conforme el ambiente en cuestión. El modelo en la teoría funciona. El problema es que, con el impacto de nuestras actividades, hemos cambiado la teoría sobre la cual nos basamos. Vivimos en un mundo en crisis climática y ecológica.

    "Con el fuego se renueva la biodiversidad de los pastizales", cuenta Alejandro Di Giacomo quien se encarga de la reserva privada El Bagual, en Formosa, y es especialista en quemas prescriptas y manejo del fuego en pastizales y ambientes del litoral. Desde su experiencia, nos explica que el ser humano ha alterado los dos elementos naturales que condicionan los ambientes cerrados -como bosques- y abiertos -como pastizales-, a saber: las inundaciones y el fuego. Esa alteración ha hecho que ciertos fuegos se vuelvan incontrolables, especialmente si se hacen fuera de la temporada de quemas.

    Y ahí está el quid de la cuestión. No está mal usar el fuego como práctica de renovación del suelo, lo que está mal es no respetar las condiciones meteorológicas en las que esa práctica se puede (o debe) realizar y el lugar donde corresponde hacerlo. Es creer que somos Dios pudiendo controlar un fuego iniciado en medio de una intensa y prolongada sequía, y con temperaturas por encima de los 30°C. Ahí está el problema. Así como también está mal que no haya un control ni sanción sobre ello. De nuevo: no es una única solución, son múltiples y complementarias.

    El caso de Corrientes no es menor si se lo analiza desde el uso de esta práctica. Según el Censo Nacional Agropecuario de 2018, Corrientes fue la cuarta provincia del país en cantidad de cabezas de ganado en explotación. Tiene una larga historia de ganadería sobre pastizales. Como cuenta Di Giacomo, ahí el fuego es una herramienta barata para la mejora del forraje. Es decir, se quema un parche pequeño que encontrara agua y luego se obtenía un pasto nuevo, con regenaración de minerales, para alimentar al ganado. El tema hoy es si estamos encontrando agua. El tema es si estamos haciendo un parche pequeño o, de nuevo, creyendo que somos Dios en su manejo. El tema también es cómo se está haciendo ganadería, en qué cantidad. "Las quemas se tienen que hacer en la temporada correcta y con las medidas correctas", insiste Di Giacomo.

    Ante condiciones climáticas cada vez más extremas que inciden contrariamente a toda posibilidad de manejar el fuego, no dejé de preguntarle a Di Giacomo si creía que por el cambio climático iba a llegar un momento en el que ya no podrían hacer quemas controladas. Su respuesta: "Las vamos a tener que hacer en la ventana adecuada y bajo determinadas condiciones". Es decir, el cambio climático cerrará cada vez más ese margen en el que se da la temporada meteorológicamente "ideal" para hacer fuego y controlarlo, porque sólo nos está dando condiciones que favorecen a su propagación y no a su contención. De nuevo: las quemas deben hacerse en las temporadas correctas y bajo las medidas correctas.

    Cualquiera podría pensar "terminemos entonces con la ganadería y ya". Más allá de todos sus impactos y contribuciones al cambio climático que hemos mencionado en varias ediciones y notas en RED/ACCIÓN, con eso tampoco resolveríamos el problema de los incendios.

    Recuerdo que durante las semanas de incendios, en un programa radial conversaron con un productor correntino que contó que "como la actividad ganadera no rendía económicamente, se estaba dedicando a la forestación". Este cambio de actividad coincidió con uno de los que Di Giacomo subrayó con preocupación. Varias áreas antes dedicadas a la ganadería pasaron ahora a estar cubiertas por plantaciones a densidad muy alta, que no cuentan con cortafuego y que, en muchas ocasiones, están compuestas de especies altamente inflamables, es decir, "súper amigables" con los incendios, como los pinos.

    Los incendios en Corrientes afectaron el 11% de la superficie de la provincia. El Parque Provincial Iberá no se pudo mantener ajeno a las llamas: el 13% de él se vio afectado. Algunos de los expertos consultados coincidieron respecto a la necesidad de mejorar el manejo adecuado del fuego en áreas protegidas pues, allí donde no se han practicado quemas controladas y se ha acumulado vegetación, cualquier mínima llama significará una fácil propagación.

    Sofía Heinonen, directora general de la Fundación Rewilding Argentina, reconoce que el fuego es parte del sistema y que las quemas controladas o prescritas son necesarias de hacer, pero subraya: "Hay que trabajar mucho en concientizar sobre en qué momento nos encontramos, si es un momento de inundación o de sequía, porque es totalmente distinto el contexto en el que la población puede hacer manejo del fuego cuando se vive en uno u otro. Cuando el contexto es de sequía y de años de sequía acumulada, ahí viene la gravedad de los incendios catastróficos".
Incendios en Corrientes | Foto: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
  • Contar con brigadistas capacitados. Incendios intensificados por el cambio climático. Incendios más fáciles de propagarse que de poder contenerse. ¿Estamos considerando esto en el trabajo de quienes se ocupan de luchar ante las llamas? Según el ministerio de Ambiente, el cuerpo de brigadistas del SNMF está compuesto por 460 brigadistas en todo el país que no se concentran en un lugar en particular sino que se van movilizando conforme la necesidad de las llamas. Estos brigadistas están preparados para hacer frente a incendios forestales, rurales e interfase.

    Los brigadistas reciben capacitación para "estandarizar su formación y fortalecer sus capacidades teórico-prácticas". Capacitado como brigadista con el SNMF, Di Giacomo explica que los brigadistas están preparados para manejar el fuego, tanto para tareas preventivas como de combate. ¿Sería oportuno reforzar esa capacitación en línea con el nuevo contexto y desafío que nos plantea el cambio climático?

    "No hay una capacitación específica en cambio climático. Porque el bombero no se prepara para estudiar el cambio climático sino que se prepara para poder ser un mejor combatiente o, en su defecto, un mejor bombero para dar una respuesta lo más rápido y eficaz posible", cuenta Edgardo Atilio Mensegue, comandante general y coordinador del Departamento de Incendios Forestales de la Academia Nacional de Bomberos, y agrega: "Hay algunas capacitaciones muy superficiales sobre el cambio climático que están relacionadas con el comportamiento pura y exclusivamente del fuego".

    Mensegue reconoce los efectos que el cambio climático está teniendo en los incendios, provocando que sean de quinta o sexta generación: "Son incendios de mucha fuerza que, a su paso, consumen viviendas y animales". Y advierte cómo esta intensificación de las llamas dificulta su trabajo: "Si la velocidad del viento es mucha, sumado al viento que genera el propio incendio, se hace imposible generar un cortafuego". De allí que en las capacitaciones que se dan en la Academia (aproximadamente seis cursos teórico-prácticos por año) se hace hincapié en lo que el bombero debe hacer, lo que no debe hacer y, sobre todo, en su propia seguridad ante las llamas.

    Heinonen sugiere que, además de las dotaciones de bomberos que actúan ante el fuego una vez iniciado, sería oportuno contar con dotaciones de manejo del fuego que estén enfocados en la prevención, por ejemplo preparando los cortafuegos. Ello debiera complementarse con la presencia de un equipo pos incendio para que haga guardia de cenizas, es decir, para estar atentos al fuego que puede quedar prendido bajo tierra y reactivar focos.
  • Disponer del equipamiento necesario y mejorar la infraestructura local. "Si yo tengo un incendio dentro de la oficina y, para apagarlo, tengo que ir al auto a buscar el matafuego, ya para cuando volví el incendio está generalizado". El ejemplo que comparte Mensegue es muy claro. Visibiliza la importancia de contar con los recursos adecuados en funcionamiento en el momento preciso. Para él la clave está en aplicar todos los medios disponibles al momento de iniciarse el incendio a fin de poder contenerlo a tiempo y evitar su mayor propagación en el contexto de cambio climático.

    ¿Algunos ejemplos de esos medios? El comandante menciona drones que permiten vigilar el terreno e identificar el inicio de focos o aviones vigías que, en la época de incendios, recorran las zonas y, al momento de comenzar un incendio, se pueda ordenar el despegue de un aplicador de agua. Con la alerta temprana luego sí se pueden enviar los recursos humanos (brigadistas y bomberos) y tecnológicos (como aviones hidratantes).

    También es necesario repensar los materiales que se utilizan en áreas que ya han tenido situaciones de incendios con daños materiales para, en criollo, no volver a cometer los mismos errores ni generar efectos más contraproducentes. Sobre ello pone el foco Heinonen al referirse a los postes de madera. ¿De qué se trata? Tras los incendios que afectaron al Parque Nacional Iberá, fue necesario reparar el alambrado perdido por las llamas. Ese alambrado estaba hecho de madera procedente de especies nativas como el algarrobo o el quebracho. Buscar un reemplazo idéntico implicaría volver a cortar árboles o, incluso, contribuir a la deforestación. De allí la importancia de buscar materiales alternativos que sean más resistentes al fuego, que sean duraderos y que no impliquen un mayor impacto ambiental negativo.
  • Redefinir el modelo actual de uso de la tierra. Hace unas semanas conversamos sobre el vínculo circular entre los modos en que usamos la tierra y el cambio climático, por lo que no me detendré mucho en este punto. Sólo me parece importante subrayar que los incendios no son excluyentes del necesario debate (con resultados prácticos concretos) que debemos tener respecto de cómo estamos usando la tierra y cómo la debemos usar en el contexto de crisis climática y ecológica conforme el conocimiento científico disponible.

    Si hacemos ganadería intensiva, ¿estamos dejando que la tierra se regenere? ¿qué ocurrirá ante el primer foco de incendio? Si transformamos un humedal en monocultivo, ¿el incendio tendrá la misma respuesta? Si implantamos un bosque de especies exóticas, ¿estamos seguros de que es la mejor decisión ante la mínima chispa (por no considerar todos sus otros impactos ambientales)?
  • Evitar más especies exóticas. Lidiar con las ya presentes. En marzo de 2021, investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) advirtieron que la proliferación de pinos favorece los incendios. ¿Cómo? Se identificó que el régimen de comportamiento de los incendios era distinto allí donde se introdujeron ciertas especies de pino exótico del hemisferio norte. Los pinos son como una suerte de fósforo, cargan combustible. Por lo que, ante el mínimo foco de incendio independientemente de su causa, ¡boom!

    ¿Qué hacer ante ello? En primer lugar y lo obvio: basta de introducir especies exóticas. En segundo lugar y ante las exóticas ya presentes, Javier Grosfeld, director regional de CONICET Patagonia Norte, enumera algunos cambios que se pueden implementar: identificar aquellas especies exóticas que no son inflamables y que pueden servir como cortafuego, como el álamo; priorizar las acciones podando los pinares que se encuentran en espacios de uso público (donde hay mayor probabilidad del inicio de un incendio accidental); quitar el material combustible por debajo de los pinares (una actividad que reconoce es costosa).

    Para el técnico del CONICET las acciones de prevención y control tienen que partir de una base: "Tenemos que aprender a usar los bosques. En Argentina los bosques no están puestos en valor. Hay que apreciar los servicios que nos brindan".
Aprendiendo a usar un matafuego en un centro de prevención de desastres en Japón | Octubre 2018
  • Educar y actuar con todos los actores. Creo que ya lo compartí una vez en PLANETA (disculpen son muchas ediciones desde noviembre de 2018), pero la vez que aprendí a usar un matafuego fue a mis 30 años, en un centro de prevención de desastres en Japón. Algo tan básico y necesario como saber actuar ante cualquier incendio que podía ocurrir en mi departamento o lugar de trabajo, lo aprendí recién a los 30 años. Lo considero un representativo pequeño ejemplo de lo poco que sabemos sobre la prevención y la preparación ante los incendios y de lo mucho que tenemos por hacer en materia de información, concientización, educación.

    La persona que tiene un hotel en medio de un bosque tiene que saber cómo reaccionar ante los incendios. No porque ella tenga que actuar cual brigadista, por supuesto que no. Pero sí porque, ante el inicio de un foco, su rápida acción puede marcar una gran diferencia respecto del comportamiento posterior del incendio.

    Es necesario educar a los ciudadanos en su participación como turistas. Cualquier distracción, cualquier error puede significar un incendio que ponga en riesgo la biodiversidad local. Una fogata se debe apagar correctamente, una colilla de cigarrillo es conveniente depositarla en un lugar correspondiente y no arrojarla a la vía pública (guiño también para los conductores que suelen arrojarlas en las rutas y generando focos a sus alrededores).

    Es imperioso trabajar con las comunidades locales y no sobre ellas. Incorporarlas con voz a la toma de decisiones. En definitiva, pueden ser las mejores aliadas en la prevención y el combate de incendios.

    Los productores no quedan exentos de esta necesidad de educación. Pues si es necesario continuar con la práctica de quema para la renovación del suelo, es imperioso que estén capacitados en cómo, cuándo y dónde hacerlo en el marco de los efectos del cambio climático; y que cuenten con las herramientas básicas para la prevención del fuego. Para poder hacer cortafuego (es decir, un área de terreno sin vegetación para impedir que continúe el fuego en caso de incendio), se requiere de trabajo, maquinaria y recursos económicos.

    Si queremos prevenir incendios y actuar mejor ante ellos, debemos involucrarnos todos. Eso en el marco de una política de Estado seria y real.
  • Tener una política transversal de acción climática y una hoja de ruta para reducir las emisiones. Vuelvo a la primera de las acciones casi como un apartado circular. Porque en verdad estamos en eso: en un círculo. El problema es que hoy es un círculo vicioso en el que seguimos con un modelo de producción y consumo que genera más y más emisiones, cambiamos el clima, generamos fuego como queremos y así... seguimos. Tenemos que seguir en un círculo, pero que sea virtuoso.

    Si hacemos bien todas las acciones anteriores, pero mientras no hacemos las transformaciones necesarias para reducir las emisiones, seguiremos con múltiples desafíos para poder hacer frente a incendios que continuarán agravándose por el cambio climático. Tener una hoja de ruta, clara, justa, inclusiva, sostenida sobre cómo será la reducción de emisiones del país hasta llegar a la neutralidad en carbono es una de las claves fundamentales en la prevención de incendios. Y esa hoja, como venimos conversando, aún no está elaborada. Sólo tenemos los dichos de que "está en proceso de trabajo". La COP27 podría ser el espacio donde la conozcamos. (Digo podría porque también debía haber sido en la COP26).

    Las palabras de Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA, son claras: “Las respuestas actuales de los gobiernos a los incendios forestales están poniendo dinero en el lugar equivocado. Los trabajadores de los servicios de emergencia y los bomberos que están en primera línea y que arriesgan sus vidas para combatir los incendios forestales necesitan apoyo. Tenemos que minimizar el riesgo de incendios forestales extremos estando mejor preparados: invertir más en la reducción del riesgo de incendios, trabajar con las comunidades locales y fortalecer el compromiso global para luchar contra el cambio climático”.

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Intervención: Julieta de la Cal

Como si lo anterior no fuera poco, aquí más contenido para seguir profundizando en el tema. Esta edición de PLANETA no es el único contenido que RED/ACCIÓN ha dedicado a la temática de incendios durante estos días. Aquí otros materiales que les recomiendo leer, mirar, disfrutar.

  • ¿Cuál es la diferencia entre los incendios de hoy y los de hace 30 años? Esta publicación de Instagram lo resume.
  • ¿Quieren ayudar a un cuartel de bomberos a prepararse mejor ante los incendios? La campaña del mes es una invitación a ello. Súmense!
  • ¿Cómo se reintroducen especies animales ante un incendio forestal? Aquí un contenido súper simple y dinámico.
  • ¿Puede el trabajo en equipo entre productores ayudar en la prevención de incendios? En esta nota encuentran la increíble respuesta.

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Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea | Primera Mesa Nacional sobre Minería Abierta a la Comunidad | La actriz Emma Stone en la MET Gala

Mientras tanto, ¿qué está pasando en el mundo? Esta edición de PLANETA se centró en un tema que hoy no está en los diarios, pero que justamente su clave está en trabajar no sólo cuando las llamas están encendidas. Ello, mientras, no debe perdernos de vista todo aquello otro que acontece en materia climática. Así que aquí hago un picadito con los tres temas de actualidad de esta semana que creo más destacados.

  • La guerra en Ucrania y los combustibles fósiles. Hemos dedicado toda una edición especial de la newsletter al vínculo entre la guerra en Ucrania y nuestra dependencia a los combustibles fósiles. Allí anticipamos que la Unión Europea estaba tomando medidas para cambiar su matriz energética a fin de dejar de depender de los combustibles fósiles procedentes de Rusia. Bueno, ayer la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen dio a conocer la propuesta de poner un veto a la compra de petróleo ruso.

    La medida implicaría una prohibición total de importación por mar y por oleoducto, tanto de crudo como refinado. Eso sí, sería una prohibición progresiva pues no todos los países (como Alemania) pueden hacer esa transición tan rápido ni de manera tan fácil. Veremos si la propuesta obtiene la aprobación de todos los países y, llegado el caso, como se pone en práctica.
  • La minería en Argentina y un debate que no parece ser tal. Este lunes se realizó la primera Mesa Nacional sobre Minería Abierta a la Comunidad (MEMAC), una propuesta del Ministerio de Desarrollo Productivo que consiste en "encuentros donde todos los actores involucrados en la minería puedan debatir en base a información fidedigna". El hecho no tardó en despertar críticas. ¿Por qué? En lo que se supone era una mesa para "todos los actores", organizaciones de la sociedad civil, ambientalistas y asambleas hicieron sentir su voz en contra porque a la mesa fueron invitados como representantes del ambientalismo dos organizaciones de jóvenes activistas -Jóvenes por el Clima y Eco House- y no las personas en territorio que son las que sufren los impactos de la minería y las que vienen hace años defendiendo los recursos.

    Los argumentos contrarios a esta iniciativa esgrimen, además, que la mesa busca "destrabar las diferencias" para que se avance con la actividad no respetando que desde hace años las comunidades en territorio ya se han expresado al respecto. Y algo que no me parece menor, quienes se expresaron en contra no rechazan los diálogos, solo que no están de acuerdo con espacios que no son honestos en su participación democrática y que no buscan consensos sino continuar con la actividad a costas de la lucha y decisión de las comunidades en territorio.

    Mientras, la verdadera realidad sobre lo que "conversaciones en minería" se trata tenía lugar: vecinos que resistían el avance de proyectos de megaminería en Andalgalá, Catamarca, eran reprimidos repitiendo un modus operandi que lamentablemente tiene lugar en eso que falta en las discusiones, el territorio.

    Éste será un capítulo de muchos sobre la problemática. Mientras, les recuerdo este artículo que escribí en RED/ACCIÓN sobre los debates en torno a la minería. Además, estén atentos a la edición de FOCO de este domingo que profundizará en el tema.

    Ah! Acá pueden conocer más sobre la MEMAC y aquí pueden acceder a la carta en contra.
  • Todos hablaron de la MET Gala, pocos vistieron moda más responsable. La MET Gala es un evento anual que, en criollo, se trata de celebridades vistiendo prendas que nadie usaría en el día a día y que llama la atención en los medios y las redes sociales. Podría ser una oportunidad para que la industria de la moda repiense sus modos de producción y muestre transparencia, alternativas sustentables, menor impacto ambiental. Ya sé, estoy pidiendo un montón. Lo bueno es que si hace unos años nadie vestía con conciencia ambiental, hoy empezamos a ver que algunas celebridades aprovechan la ocasión para comunicar responsabilidad e impacto positivo.

    Tal fue el caso en esta edición 2022 de la actriz Emma Stone (en la imagen) que, bajo la técnica de upcyling, vistió el mismo vestido que había usado para la recepción de su boda. Si les interesa conocer los otros casos de moda responsable que hubo en el evento, les recomiendo este posteo de EcoAge.

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Espacio Planeta en el Quilmes Rock

Como les había adelantado en la edición anterior, el fin de semana estuvimos en el Quilmes Rock con el Espacio Planeta, una iniciativa que buscó concientizar a los participantes del festival sobre las soluciones ante la crisis socioambiental actual. Cuando el domingo ya estábamos cerrando para irnos, un chico se puso a escanear el QR para suscribirse a PLANETA. Me quedé con esa imagen como un ejemplo del pequeño gran impacto que se puede generar llevando espacios de concientización a ámbitos masivos de otra índole principal. Así que, ¡bienvenidos a los que se sumaron a esta news desde el Quilmes Rock! ¡Y gracias, siempre, a los que vienen leyendo y apoyando esta conversación desde hace rato!

Pueden recorrer algo de lo que fue Espacio Planeta en esta cobertura en Instagram.

Nos volvemos a encontrar la próxima semana 🌻

Tais

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Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

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