El arte del matrimonio (y al revés)- RED/ACCIÓN

El arte del matrimonio (y al revés)

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION
El arte del matrimonio (y al revés)

Del matrimonio como una de las bellas artes
Julia Kristeva y Philippe Sollers
Interzona

Selección y comentario por Gabriela Adamo. Estudió Comunicación Social y Literatura Comparada. Participó de cursos de especialización en Alemania, Francia y los Estados Unidos. Trabaja desde hace más de 20 años como editora, traductora y gestora cultural. Actualmente es directora de la Fundación Filba, que tiene a su cargo la realización del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, los Festivales Nacionales, el Filbita y el programa Filba Escuelas.

Uno (mi comentario)

Rara avis en el panorama del jet set intelectual, el matrimonio de los escritores franceses Julia Kristeva y Philippe Sollers lleva más de 50 años de “aguante”. En esta breve recopilación de entrevistas y charlas públicas, hablan sobre esos intensos años en pareja que son, sin duda, un tema en sí mismo. (...)

(sigue mi comentario)

Pero además, lejos de ser reflexiones nostálgicas o incluso el rescate romanticón de una institución más que conflictiva, estos intercambios ofrecen una seguidilla de miradas agudas -y frescas- sobre el psicoanálisis, la filosofía y la más candente realidad política y social. Kristeva y Sollers atravesaron el siglo XX codeándose con personajes como Barthes, Lacan y Aragon, y todos hacen su cameo en el texto. Mezcla de testimonio con ensayo, historia de amor con biografía intelectual, este libro inteligente y vital responde con altura al desafío que Sollers plantea en su introducción: “¿El matrimonio como crítica social y apología poética de la libertad, contra todos los oscurantismos? Hagan la prueba”.

Dos (la selección)

[Kristeva] Vine sobre todo porque estoy convencida de que los temas de este encuentro –infancia, juventud, escritura, francés-francesa-, lejos de ser transparentes y mucho menos naturales, siguen siendo, más que nunca, enigmáticos, incluso escandalosos, para esta banalización intelectual que nos amenaza y que, en mi opinión, representa el mal radical.

Tres

[Kristeva] Llegué a París en Nochebuena; estaba nevando; los franceses no sabían cómo sacar la nieva de la calle; se me empaparon los zapatos; los parisinos no estaban vestidos como en Elle y Vogue que llegaban (muy de vez en cuando) a la Alianza Francesa; y yo no tenía pasaje de vuelta… Así y todo, enseguida comencé a asistir a las clases de Roland Barthes, y después a las de Gérard Genette. Ellos me explicaron que el nouveau roman había sido reemplazado por el “nuevo nouveau roman” y que era imperioso que conociera al mejor escritor de esa corriente, Philippe Sollers. Era la primera vez que oía ese nombre. Me dirigí de inmediato a la Biblioteca Nacional, en la rue de Richelieu, donde consulté el último número de la revista Clarté (revista de la Juventud Comunista). Vi la foto de perfil de un hombre joven, que resultó ser muy impresionante, porque en una sola página explicaba que, para cambiar la sociedad, había que empezar por cambiar su lenguaje. Los surrealistas y los futuristas rusos (Mayakovski, Jlébnikov, incluso el lingüista Jakobson) habían defendido esa idea, pero no me esperaba encontrarla de nuevo en un texto reciente francés, ni me esperaba tampoco verla expresada con tanta elegancia y concisión. Le pedí una entrevista. Me recibió en una oficinita de la editorial Seuil. Era tan buenmozo como en la foto, si no más; estaba en las antípodas del estereotipo de escritor, por lo general enclenque y balbuceante: se manejaba con la seguridad de un futbolista profesional bien plantado en la cancha. Además, parecía escucharme y, como si fuera poco, interesarse en mis lecturas, en la vida cultural que puede haber en un país comunista… Hay que pensar en el contexto de la época. Francia venía de la Guerra de Argelia, y la gente me parecía  muy apagada: era Nochebuena, con los regalos de Navidad, los grandes locales abarrotados de gente, la misa en Notre Dame… y aun así, nadie se dignaba a mirar al otro. Y ahí me encuentro con un escritor tan vivaz, tan sonriente… No nos despedimos: me acompañó a Ré, donde conocí a su familia, y ese encuentro todavía sigue hasta hoy: cada día forma parte de nuestro encuentro

Cuatro

[Sollers] Lo primero que noté de Julia es que la gente de inmediato la veía como extranjera. Ahora bien, voy a decirles qué es el amor: es el amor del otro. Es algo que se desarrolla muy tempranamente en algunas personas, en la medida en que estas se sienten extranjeras, no solamente con respecto a sí mismas, sino a su propio país y hasta a su misma identidad. Si uno no se siente extranjero, nunca encontrará a nadie que venga del extranjero, aunque viva al lado. Y yo, por razones biográficas, desde el principio me sentí ‘extranjero’. De hecho, ese es el título de un libro hermoso de Julia, Extranjeros para nosotros mismos, una exploración de la identidad, porque ‘yo es otro’, como dijo Rimbaud: si uno no siente eso muy pronto, muy rápido, a causa del lenguaje, de muchas experiencias, etc., no tiene absolutamente ninguna chance de salir de esos prejuicios y clichés que, históricamente, son garrafales y que, por lo demás, parecen haberse puesto de moda de nuevo hoy en día. También es una cuestión política, y para eso hay que tener cierta conciencia de la extrañeza que uno lleva en sí mismo. De no haber tenido esta extrañeza fundamental, no habría conocido a una extranjera extraña.

[Sollers] ‘Por el amor del otro’ quiere decir que yo esperaba del otro –y sigo esperando de ese otro que soy yo mismo- recibir sorpresas.

Cinco

[Kristeva] Collete –la más famosa en ‘esos placeres que uno llama, a la ligera, físicos’- declara no ser afecta a la palabra ‘amor’. “Esa palabra sin matices –escribe- no me alcanza”. Y describe a un filósofo transpirineo que, para designar cualquier experiencia o cosa negativa, empleaba una única palabra: chancho. Paralelamente, argumenta ella, algunas personas, incapaces del menor matiz, “tienen una única palabra para decir ‘amar’, lo que es igual de rídiculo”. La experiencia amorosa solo puede expresarse con metáforas y relatos.

Seis

[Kristeva] Estamos viviendo un período donde la necesidad de seguridad ha pasado al primer plano y la autonomía económica es muy limitada. Uno no puede darse el lujo de adoptar un punto de vista libertario sobre la infidelidad sin un mínimo de seguridad psíquica. Y, claro está, de independencia económica. Ahora bien, las mujeres, a pesar de todos los esfuerzos realizados, todavía están lejos de alcanzar esa independencia.

Siete

[Sollers] En esta relación nos buscamos y nos escondemos continuamente, como los chicos. Esa sería una definición posible del amor: uno solo puede amarse si se reconoce como niño a través y para el otro.


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