El factor X del clima | RED/ACCIÓN

El factor X del clima

Las crisis climáticas y de biodiversidad que enfrentamos exigen que no solo cambiemos a fuentes de energía neutrales en carbono, sino que también marquemos el comienzo de una economía circular en la que una parte significativa de los recursos materiales se reutilice y reutilice. Para alcanzar ese objetivo, el desarrollo de nuevas tecnologías será fundamental.

El factor X del clima

El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son los desafíos más acuciantes de nuestro tiempo, por eso todos los líderes políticos responsables deben ofrecer políticas a largo plazo para enfrentarlos de manera eficaz. Necesitamos estrategias claras basadas en metas alcanzables, debemos ser audaces y aplicar todos los medios a nuestra disposición. En especial, cualquier estrategia climática creíble debe considerar correctamente la innovación tecnológica.

Para lograr la neutralidad de carbono en 2035 y la emisión negativa (eliminar más dióxido de carbono de la atmósfera del que emitimos) poco después, las metas climáticas finlandesas están entre las más ambiciosas del mundo. Mi país procura ser un líder entre las economías avanzadas, no solo en términos de reducción de emisiones, sino también para marcar el comienzo de una economía circular centrada en la sostenibilidad y la eliminación del desperdicio. Planeamos duplicar nuestra eficiencia en el uso de los recursos y la tasa de circularidad (el porcentaje de materiales que se reutilizan en la economía) para 2035.

Esos son los parámetros clave en nuestros esfuerzos por convertirnos en el primer país que se libere de los combustibles fósiles; pero cumplir las metas climáticas no será posible si no contamos con métodos mejores para conservar nuestros valiosos recursos naturales. Los descubrimientos científicos, las nuevas tecnologías y la innovación tendrán un papel central en las soluciones de largo plazo.

Pero antes, los líderes nacionales deben examinar con más atención la forma en que planean la transición de sus países para alejarse de los combustibles fósiles, hay que enfocarse en aumentar el uso de combustibles y fuentes energéticas que no comprometan la biodiversidad. Debemos fomentar el aprovechamiento de combustibles que adhieran a estrictos criterios de sostenibilidad y reduzcan las emisiones durante todo su ciclo de vida.

Por ejemplo, los productos secundarios de los combustibles de biomasa se pueden usar en productos sostenibles y biodegradables de alta calidad, como textiles y materiales para la construcción, salvaguardando así la biodiversidad gracias a la reducción de la demanda de recursos obtenidos de nuestros bosques. Y las tecnologías de conversión «electricidad a X» (Power-to-X, en inglés) abren la puerta a diversos procesos que convierten la electricidad en calor, hidrógeno o combustibles sintéticos.

Con un aumento en la inversión y la innovación, estas tecnologías podrían permitirnos abandonar el carbón, el petróleo y el gas natural con la generación de combustibles sintéticos a partir de la captura de emisiones de dióxido de carbono. En este caso podemos comenzar con los gases de combustión de las bioindustrias, los hornos de cemento y los incineradores de residuos sólidos, pero muy pronto se podrían desarrollar tecnologías para aprovechar fuentes menos concentradas de dióxido de carbono, como las emisiones de los edificios de oficinas o incluso su captura directa del aire (CDA).

Ya se está experimentando con ello, el hidrógeno generado por electrólisis, las emisiones de CO2 de plantas industriales y la CDA podrían convertirse en una fuente de combustibles líquidos y gaseosos sintéticos para el transporte por carretera, marítimo y aéreo neutro en emisiones de carbono. Estos métodos producen metanol sintético como producto intermedio, que luego se puede convertir en gasolina, kerosén y gasoil. Aunque suene extraño, no falta tanto para que podamos sacar combustibles del aire.

Es posible que estas nuevas tecnologías y procesos sean muy caros al principio, pero, como vimos con paneles solares y las células de combustible, los costos de la tecnología tienden a desplomarse en cuanto aumenta la escala de su uso. Además, los mercados de otras nuevas tecnologías ecológicas se están desarrollando rápidamente, aunque su alcance y profundidad varía según el nivel de apoyo gubernamental que reciben (gracias a medidas como las normas de mezcla de combustibles y la fijación del precio del carbono).

Por ejemplo, para las nuevas y prometedoras tecnologías basadas en el hidrógeno será necesario un aumento masivo de la producción eléctrica sin combustibles fósiles para lograr la escala necesaria, pero esto se puede lograr ampliando el la generación eólica y solar, que ya son las opciones menos costosas para generar energía en muchas partes del mundo.

Las nuevas tecnologías permitirán la transición al transporte con combustibles sostenibles en muchos países desarrollados y en vías de desarrollo. Eso no solo nos permitirá reducir las emisiones de CO2 en el mundo, además posicionará a muchas industrias para que en el futuro tengan emisiones negativas de carbono.

Pero la tecnología no solucionará la crisis climática por nosotros, también nos toca crear el entorno adecuado en términos de políticas. Un componente clave de la transición ecológica será elevar el precio de las emisiones de carbono, algo que requiere coordinación y apoyo a nivel internacional. Lograr acuerdos sobre criterios sostenibles para los mecanismos de los mercados de carbono será un importante avance, y los gobiernos debieran dar más apoyo a los cambios estructurales a través de marcos de trabajo regulatorios e incentivos financieros.

En la transición mundial para abandonar los combustibles fósiles será necesario un cambio transformador en la producción energética de los procesos industriales, e incluso entonces habrá que trabajar mucho más para desarrollar una economía verdaderamente circular y ecológica. Cada país tendrá sus ventajas y necesidades, pero las mejores soluciones serán aquellas que permitan aumentar su escala tanto en los países industrializados como en los que están en vías de desarrollo.

En última instancia, es necesario que las emisiones alcancen pronto su máximo en el mundo si deseamos cumplir las metas de reducción de emisiones y evitar desastres climáticos futuros. Si queremos crear una economía mundial circular y neutral para el clima, tendremos que desarrollar, optimizar e implementar globalmente todo el conjunto de nuevas tecnologías prometedoras.

Sanna Marin es primera ministra de Finlandia.

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