El río de la conciencia, comentado por Miguel Prenz | RED/ACCIÓN

El río de la conciencia, comentado por Miguel Prenz

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Cada día, un especialista invitado comenta un libro de no ficción y elije los seis párrafos de ese libro que más le hayan llamado la atención.

El río de la conciencia, comentado por Miguel Prenz

El río de la conciencia
Oliver Sacks
Anagrama

Uno (mi comentario)

Las citas lo muestran. Oliver Sacks es un lector-conversador extraordinario. No se conforma con familiarizarse con las ideas porque tiene otro objetivo, más ambicioso: comprender las estructuras y las mecánicas de pensamiento que producen las ideas, para luego arriesgar teorías propias que expanden y profundizan el diálogo entre subjetividades. En El río de la conciencia, el escritor y neurólogo británico dialoga con Charles Darwin acerca de la importancia vital que la botánica, las abejas y hasta los gusanos tienen para la humanidad; con H.G. Wells, sobre la percepción del tiempo y el espacio; con los pioneros de las neurociencias, también con los grandes innovadores, acerca de la creatividad; con William James (tan admirado por Borges y, antes que él, por Macedonio Fernández, con quien llegó a mantener correspondencia), acerca de la conciencia como un proceso inexorablemente colectivo: “cada pensamiento, en palabras de James, nace propietario de los pensamientos que lo precedieron, y 'muere poseído, transmitiendo todo lo que reconoció como su Yo a su propietario posterior'”. Y termina hilvanando esas conversaciones, con el virtuosismo de una vieja hilandera, en un relato entretenido y atrapante (cualidades reivindicadas por Conrad) que nos exige reflexionar sobre nuestro lugar en el universo.

Dos (la selección)

“La vida en nuestro planeta se remonta a varios miles de millones de años, y nosotros encarnamos, literalmente, esta prolongada historia en nuestras estructuras, nuestros comportamientos, nuestros instintos y nuestros genes. Los seres humanos conservamos, por ejemplo, los vestigios de los arcos branquiales, muy modificados, procedentes de nuestros antepasados peces, e incluso los sistemas nerviosos que antaño controlaron el movimiento de las branquias. Tal como escribió Darwin en El origen del hombre: «El ser humano todavía lleva en su estructura corporal la impronta indeleble de sus humildes orígenes.» También llevamos un pasado incluso anterior; estamos hechos de células, y las células se remontan al mismísimo origen de la vida.” (En “Darwin y el significado de las flores”, el primero de los ensayos reunidos por Sacks, poco tiempo antes de morir, en El río de la conciencia.)

Tres

“Pero podemos compensar las limitaciones de nuestro cuerpo, nuestros sentidos, utilizando diversos tipos de instrumentos. Hemos descifrado el tiempo, al igual que en el siglo XVII desciframos el espacio, y ahora tenemos a nuestra disposición lo que son, de hecho, microscopios y telescopios temporales a un alcance prodigioso. Gracias a ellos podemos alcanzar una aceleración o una demora multiplicada por mil billones, de manera que podemos observar, mediante la estroboscopia de láser, la formación y disolución de enlaces químicos en femtosegundos; u observar, contraídos a unos pocos minutos a través de una simulación de ordenador, los trece mil millones de años de historia del universo desde el Big Bang hasta la actualidad, o (a una compresión temporal aún superior) el futuro proyectado hasta el fin de los tiempos. Gracias a tales instrumentos, podemos aumentar nuestras percepciones, acelerarlas o ralentizarlas, de hecho, hasta un grado totalmente inalcanzable para cualquier proceso vivo. De este modo, aunque no podemos salir de nuestra propia velocidad y tiempo, con la imaginación podemos entrar en todas las velocidades, en todos los tiempos.” (En “Velocidad”.)

Cuatro

“Al parecer, no existe ningún mecanismo en la mente ni en el cerebro que asegure la verdad, o al menos el carácter verídico, de nuestros recuerdos. No poseemos ningún acceso directo a la verdad histórica, y lo que nos parece cierto o afirmamos que lo es (…) se basa tanto en nuestra imaginación como en nuestros sentidos. No existe manera alguna de transmitir o grabar en nuestro cerebro los sucesos del mundo; se experimentan y se construyen de una manera enormemente subjetiva que, para empezar, es diferente en cada individuo, y cada vez que se evoca un hecho ser reinterpreta o reexperimenta de manera diferente. Nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos unos a otros y a nosotros mismos: las historias que continuamente recategorizamos y refinamos. Dicha subjetividad se incorpora a la mismísima naturaleza de la memoria y es consecuencia del fundamento y mecanismos de nuestro cerebro. Lo asombroso es que las aberraciones exageradas son relativamente escasas, y en su mayor parte nuestros recuerdos son sólidos y fiables.” (En “La falibilidad de la memoria”.)

Cinco

“Hasta cierto punto, todos tomamos prestado de otros, de la cultura que nos rodea. Las ideas están en el aire, y a veces, sin darnos cuenta, nos apropiamos de las expresiones y el lenguaje de nuestro tiempo. Tomamos prestado el propio lenguaje, no lo inventamos. Lo encontramos al nacer, crecemos con él, aunque podemos utilizarlo e interpretarlo de manera muy individual. La cuestión  no es el hecho de «tomar prestado», «imitar», o «copiar», de estar «influido», sino lo que uno hace con lo que toma prestado, imita o copia; con qué profundidad lo asimila, lo incorpora, lo combina con sus propias experiencias, pensamientos y sentimientos, qué lugar ocupa con relación a sí mismo y cómo se expresa de manera nueva y propia.” (En “El yo creativo”.)

Seis

“¿Es posible definir los procesos complejos casi inconcebibles que forman los correlatos neurales del pensamiento y la conciencia? Debemos imaginar, si somos capaces, que en nuestro cerebro, con sus cientos de miles de millones de neuronas, cada una de ellas con mil conexiones sinápticas o más, en cuestión de fracciones de segundo podrían surgir o seleccionarse un millón y pico de grupos o coaliciones rurales, cada uno con mil o diez mil neuronas.

Siete

”No podemos ni comenzar a imaginarnos su densidad y diversidad, las capas superpuestas del flujo de conciencia que se influyen mutuamente a medida que discurre, cambiando constantemente a través de la mente. Ni el arte más excelso –ya sea el cine, el teatro o la narrativa literaria– es capaz de llegar a insinuar cómo es realmente la conciencia humana”. (En “El río de la conciencia”.)

Miguel Prenz (1979, Bahía Blanca) es autor de los libros El heredero del General (Norma, 2011), La misa del diablo (Tusquets, 2013), Gigantes (Tusquets, 2015; traducido al francés por Éditions Marchialy) y Algo del antiguo fuego (Tusquets, 2019). Participa de las antologías Los malos (Ediciones UDP, Chile, 2015), Un mundo lleno de futuro (Planeta, Colombia, 2017) y Extremas (Ediciones UDP, 2019).


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