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Antes de ser presidente de Estados Unidos, Donald Trump construyó un personaje de telerrealidad cimentado en el slogan “Estás despedido”. Ahora, es él a quien el pueblo estadounidense despidió de su cargo. Y, la derrota de Trump también ha asestado un golpe demoledor a los populistas nacionalistas en Europa y otros lugares. ¿Podría llegar a ser letal este golpe?

Los pantanos que fecundan el nacionalismo populista no han sido drenados. Demasiadas personas siguen frustradas por la pérdida percibida (o esperada) de su condición económica y social, y se sienten ignoradas o difamadas por los políticos de la corriente principal.

El estancamiento salarial, la desindustrialización y la injusticia económica continúan siendo desafíos serios. Muchas personas están convencidas de que la inmigración y el cambio cultural representan una amenaza para su seguridad y forma de vida. La crisis del COVID-19 ha agravado estas ansiedades.

La persistencia de estos temores y frustraciones se reflejó en el resultado de las elecciones estadounidenses. Si bien el presidente electo Joe Biden obtuvo una cifra en las urnas que sobrepasa por más de cinco millones de votos la obtenida por Trump (una ventaja de 3,4 puntos porcentuales), más de 72 millones de estadounidenses aún emitieron su voto a favor del presidente saliente.

No obstante, Biden ha demostrado que se puede derrotar al populismo, y no sólo con más populismo. Lejos de emplear las tácticas de los populistas, es decir, sin tener que rendir pleitesía a los prejuicios, ni respaldar las visiones del mundo que los votantes con tendencias populistas nacionalistas mantienen, Biden construyó una amplia coalición electoral en torno a la promesa de cambio positivo, moderación sobria y gobernanza competente.

Esta es una lección crucial para los partidos políticos de centro-izquierda y centro-derecha de Europa, mismos que en ocasiones sucumbieron a la tentación populista, es decir, hicieron resonar y repitieron los puntos de vista socialmente conservadores y antiinmigrantes de dichos votantes, con el propósito de intentar ganar sus votos.

La derrota de Trump también equivale a una advertencia para otros populistas de extrema derecha, como el presidente brasileño Jair Bolsonaro y el primer ministro húngaro Viktor Orbán. A principios de este año, Orbán proclamó: “Solíamos pensar que Europa era nuestro futuro, hoy sabemos que nosotros somos el futuro de Europa”.

Sin embargo, con la derrota de Trump, sus palabras suenan vacías. Incluso si estos líderes continúan siendo populares por el momento – en el caso de Bolsonaro, gracias a generosos bonos COVID-19 entregados a los ciudadanos – el ascenso o la persistencia del populismo de extrema derecha no es para nada un hecho inexorable.

Más allá de hacer añicos esta narrativa egoísta sobre la inevitabilidad de los hechos, la derrota de Trump desacredita sus políticas profundamente defectuosas, reduciendo de esa manera su atractivo para los demás. A lo largo de los últimos cuatro años, Trump ha seguido un enfoque que pretende, descaradamente, situar a “Estados Unidos primero”, pisoteando los tratados comerciales y haciendo un uso incorrecto de las sanciones para intentar brindar ventajas a las empresas y trabajadores estadounidenses.

Dentro de este contexto, parecía casi ingenuo que otros, incluidos entre ellos los gobiernos europeos, buscaran soluciones multilaterales y cooperativas de mercado abierto. A la par de que los políticos de la corriente principal se inclinaban hacia el proteccionismo, el nacionalismo económico extremo abrazado por el partido francés Agrupación Nacional (anteriormente el Frente Nacional) – cuyos líderes están a favor de situar a “Francia y al pueblo francés primero” – se mostraba, crecientemente, como una alternativa razonable. Además, tal como explico en mi nuevo libro, Them and Us: How Immigrants and Locals Can Thrive Together, la retórica xenófoba de Trump y su inducción hacia el pensamiento nativista abrieron el camino para políticas de inmigración duras, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

Por supuesto, algunos gobiernos europeos no necesitaban ningún estímulo para demonizar a los musulmanes, erigir vallas fronterizas de alambre de púas o detener a solicitantes de asilo en campamentos miserables; de hecho, comenzaron a hacerlo antes de que Trump fuera elegido, sobre todo durante la crisis de los refugiados del período 2015-2016.

Sin embargo, las acciones del gobierno de Trump – que incluyen la separación de los niños de sus padres y su detención en condiciones horribles, la deportación de solicitantes de asilo sin el debido proceso, la prohibición de ingreso a inmigrantes provenientes de países de mayoría musulmana, y la construcción de un muro en la frontera de Estados Unidos con México – dieron un gran impulso a las fuerzas antiinmigrantes de Europa.

Como muestra de lo antedicho, Matteo Salvini, el líder del partido italiano de extrema derecha La Liga y ministro del Interior de su país entre los años 2018-2019, se deleitó del estatus que obtuvo cuando lo llamaron el “Trump de Italia”, por impedir que barcos que transportaban migrantes rescatados atracaran en los puertos italianos.

Cuando en el año 2018 el gobierno de Trump se negó a aceptar el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, nueve gobiernos de la Unión Europea – así como gobiernos de otros países, como el de Australia – siguieron el ejemplo de Trump.

Biden dará un ejemplo muy distinto, que probablemente fortalezca a los internacionalistas y debilite a los nacionalistas en Europa. Sin duda, el presidente electo – tal como actúan, en líneas generales, los miembros del partido Demócrata– no ejerce presión a favor de un libre comercio y una inmigración sin restricciones.

Pero, Biden sí reconoce los beneficios en materia de política exterior que conlleva la cooperación comercial con los aliados europeos de Estados Unidos y se ha comprometido a revertir algunas de las políticas de inmigración más polémicas del gobierno de Trump a los pocos días de asumir el cargo, así como a reformular el sistema de inmigración de los Estados Unidos a más largo plazo. Biden también descartará el enfoque de Trump respecto al cambio climático, comenzando por reincorporar a Estados Unidos al acuerdo climático de París el primer día de su presidencia.

Con la desaparición de Trump del escenario, los políticos populistas no sólo tendrán una menor legitimidad dentro de sus propios países, sino que sus gobiernos se enfrentarán a un precio internacional más alto por sus posturas nacionalistas. Trump fue un poderoso aliado de los gobiernos nacionalistas de Europa, especialmente en Hungría y Polonia.

Cuando el partido gobernante de Polonia, Ley y Justicia, provocó peleas con Alemania y desafió las políticas de la UE en materia de asilo, independencia judicial y en muchos otros ámbitos, se sintió confiado en que, incluso en caso que sus socios europeos le dieran la espalda, Trump iba a protegerlo de otros, como por ejemplo de la Rusia revanchista de Vladimir Putin. Con Biden en la Casa Blanca, el gobierno polaco sentirá mayor presión para ser constructivo.

Lo mismo se aplica al Primer Ministro británico Boris Johnson. Trump defendió el Brexit por considerarlo como una expresión de soberanía y alentó a Johnson para que adopte una línea dura ante la Unión Europea, ofreciéndole la posibilidad de un acuerdo comercial bilateral como premio por ello.

Biden no es admirador del Brexit – o, como uno podría suponer, tampoco lo es de Johnson, ya que es poco probable que Biden haya olvidado el desprecio de tintes racistas sobre la ascendencia “parcialmente keniata” del presidente Barack Obama que Johnson exteriorizó durante la campaña del referéndum.

Además, Biden, quien con frecuencia ha hablado sobre sus ancestros irlandeses, expresó con claridad que no aceptará ninguna amenaza a la paz en Irlanda del Norte. Ahora que se está acabando el tiempo para negociar un acuerdo comercial posterior al Brexit, Johnson está sometido a una presión mucho mayor para concertar dicho convenio.

En resumen, el nacionalismo populista no está muerto. Pero puede ser derrotado, y es probable que la caída de Trump haga que ello sea más fácil. La pregunta final es: ¿tienen los europeos la capacidad necesaria para asumir esta importante tarea?

Philippe Legrain, ex asesor económico del presidente de la Comisión Europea, es miembro sénior visitante del Instituto Europeo de la London School of Economics y es autor de Them and Us: How Immigrants and Locals Can Thrive Together.

© Project Syndicate 1995–2021.

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Este contenido contó con participación de miembros y lectores de RED/ACCIÓN

Vivo en un departamento con un balcón que da a la calle y justo en frente de mi ventana hay otro edificio. O sea que tengo –separados por la calle– a unos vecinos a quienes, si alzan las persianas detrás de las que frecuentemente se ocultan, puedo ver en un living comedor en el que hay una mesa larga, cuatro sillas y una cómoda con algunas botellas de alcohol. Son un matrimonio y los dos tienen cuerpos que se han ido redondeando con el tiempo; parecen mayores de 60 años.

Mi primer contacto con la señora (con su marido nunca hablé) fue una noche después de los aplausos, con el cielo gris surcado por luces. “¿Son relámpagos?”, me preguntó desde su balcón. Me alegré de que hubiera roto el hielo y pensé que quizás era el inicio de un lazo comunitario como esos que Juan Carr nos muestra muy seguido en sus redes sociales. Pero no sería el caso.

Desde el 20 de marzo pasado, cuando comenzamos a vivir en cuarentena, las relaciones entre vecinos adquirieron una intensidad nueva. Ahora llevamos más de un mes de convivencia forzada y las campañas solidarias en consorcios se han multiplicado de una manera inesperada. En Rosario lanzaron una para dejar donaciones en las entradas de los edificios, y hay una red de más de 30 edificios involucrados.

Los mensajes de ayuda entre departamentos se multiplican a lo largo del país y también las compras de comida en conjunto. Todo se comparte. En Barcelona, el escritor Jorge Carrión pone su biblioteca al servicio de la comunidad de vecinos y en Buenos Aires, con su toque personal, hace lo mismo el periodista cultural Patricio Zunini.

La propuesta de Jorge Carrión, ilustrada por Prodigioso Volcán. Imagen: https://www.facebook.com/jordi.carrion1

Preguntamos sobre este tema a los lectores y miembros de RED/ACCIÓN. “Estamos mucho más pendientes de lo que necesita el otro”, dice Alicia Cano. “El enemigo invisible está en la calle. En el edificio nos sentimos a salvo y acá estamos, resistiendo”. En el edificio de Laura Chab todos se organizan para limpiar porque el encargado está en grupo de riesgo. Además se pasan datos de deliveries, hacen compras conjuntas, una vecina le imprime la tarea de sus hijos y otro le regaló matza en Pascuas judías.

“Una de cal y otra de arena”, dice Tomás Canosa y continúa: “Mudados a Palermo un par de semanas antes de que estallara el corona, no llegaron a instalarnos Internet. Un vecino del PH no nos quiso compartir la clave, pero los de la residencia de al lado nos la dieron”.

Otra historia: desde hace muy poco Cecilia Ilubili vive en un pasaje, en Parque Patricios, y descubrió que casualmente hay otros músicos, como ella. Uno que sale de noche a tocar el violín para todos, y también hay un dúo de tango que dio un show desde su terraza. “Yo me canté unos tanguitos acompañada por ellos, del otro lado de la calle”, dice ella.

Dúo de tango en Parque Patricios. Foto: Cecilia Ilubili

En Belgrano, cuando alguien en el edificio donde vive Araceli Yada hace un pedido a la verdulería, avisa al chat si alguien más quiere sumarse. “Hace un par de semanas pregunté en Facebook si alguien conoce una librería artística que entregue a domicilio”, dice Araceli. Ella pinta y sus hijas pintan con ella muchas veces. A los dos días, una vecina que vio su mensaje en Facebook le dejó en su puerta una bolsa con cuatro acrílicos y una notita que decía: “La creatividad no se pospone”. “La colgué en mi casa, como muestra de los detalles hermosos que hacen muy bien”, dice ella.

Imagen: Araceli Yada

Historias de vecinos no tan felices

El segundo contacto con mi vecina fue un domingo a la tarde en el que yo estaba sentado a la mesa, y ella me empezó a saludar desde su casa y a hacer gestos para que saliera. Me pareció simpático y salí. “¡Te pido que de noche bajes la persiana o apagues la luz, porque me pega en la cara y no puedo dormir!”, me dijo, gritando para hacerse escuchar. “¡El otro día eran las 3 de la madrugada y la luz seguía prendida!”.

Me sorprendió, porque ella misma deja sus persianas bajas y porque mis luces son lámparas colgantes de interior, comunes, sin demasiada potencia. Pero es cierto que escribí bien tarde esta nota, y también ésta y ésta. Así que ella continuó hablando, y explicarle cualquier cosa en esas condiciones era complicado. Aunque me gusta trabajar con la ciudad nocturna en el fondo, le dije que sí, que bajaría la persiana. Pero me fastidió.

Entre nuestros miembros y lectores también hay historias inoportunas.

“Mi vecino de abajo no se enteró de que estamos en cuarentena”, cuenta Cecilia Lede. “Todos los días viene gente al PH y él sale por lo menos 5 veces por día. Yo soy del grupo de riesgo y comparto pasillo. Me parece una falta de respeto hacia mi familia. Traté de denunciar su comportamiento pero no me dieron bola y el señor hace lo que quiere”. Y Cecilia Milijiker cuenta: “Los que estamos pagando las expensas de la torre somos los de los deptos más chicos. Los otros dicen que no tienen ingresos, pero en verdad no quieren usar ahorros. Ahora se nota más que nunca”.

Por otro lado, están los médicos discriminados. El Defensor del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Alejandro Amor, hizo tres denuncias en la Fiscalía General de la Ciudad contra consorcios que han hostigado a vecinos médicos y farmacéuticos en Belgrano, Recoleta y Villa Crespo.

Hay más mala onda. El 15 de abril, un hombre fue detenido en su casa de Recoleta y fue trasladado al Hospital Borda: hostigaba a sus vecinos tirando veneno para cucarachas y materia fecal en zonas comunes del edificio. “La situación ya venía de antes, pero en estos días se había agudizado porque todos los vecinos pasaban más tiempo en el edificio”, dice el fiscal Matías Michenzi, a cargo del caso.

El hombre ya había sido intimado, pero la jueza Araceli Martínez había fallado que “en resguardo de la libertad ambulatoria en el contexto del agravamiento de la situación epidemiológica por la pandemia del Covid-19, el riesgo del imputado era menor si se evitaba su traslado”. Sin embargo, él insistió con sus agresiones y recibió nuevas denuncias.

Policías allanan el departamento del hombre que tiraba veneno y materia fecal en Recoleta. Foto: Ministerio de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires.

“Es difícil saber si los conflictos entre vecinos aumentaron o no en este contexto”, sigue el fiscal Michenzi. Su fiscalía es la número 40 y está de turno ahora mismo. “Al menos nosotros no hemos tenido más casos que los usuales”. El Poder Judicial todavía no ha elaborado estadísticas oficiales.

Pero sí hay una cifra de denuncias por violación de cuarentena: en los primeros cinco días (entre el 18 y el 23 de marzo) el Ministerio de Seguridad de la Nación recibió 14.698 denuncias por teléfono y sólo 896 siguieron su curso; el resto carecían de fundamento. Vecinos contra vecinos.

Una encuesta en Twitter del diseñador Andrés Snitcofsky mostró, con 382 votos, que las relaciones conflictivas no son tantas:

Vecinos en Facebook

En Facebook, los vecinos están más unidos a través de los grupos. “Observamos que los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano se informan, ayudan y debaten a través de los grupos de Facebook durante este período de distanciamiento físico por la crisis del covid-19”, dicen desde la compañía.

El grupo San Miguel Conectado es uno de los más grandes del país (entre comunidades online de vecinos): tiene más de 130.000 miembros; o sea, más de un tercio de la población de la localidad.

“El grupo funciona generando ayuda mutua entre los vecinos y desarrollo comunitario”, dice Cristian Arenal, el creador, y el único argentino entre 22 líderes comunitarios de América Latina que fueron seleccionados para ser parte del Programa de Liderazgo Comunitario de Facebook. “Impulsamos a la comunidad a la acción y a que se comprometa. Con la pandemia, la gente está usando este tipo de comunidades para conectarse. Por ejemplo, preguntan por el turno del hospital y quizás esa respuesta le llega más rápido por Facebook que de otra manera”.

El grupo tiene, desde que comenzó la cuarentena, 10.000 solicitudes pendientes (sólo aceptan a los residentes de San Miguel). “También se incrementó la participación, la gente quiere saber y estar informada”, dice Arenal. La cuarentena impulsó las métricas: en marzo hubo 15.000 publicaciones, un 36% más que en el mes anterior; casi 222.000 comentarios, un 65% más; y 693.000 reacciones, casi un 87% más. “La gente le cree más al vecino que a un medio, y en nuestro grupo se ayuda desinteresadamente”, dice Arenal.

Las métricas de San Miguel Conectado en el primer mes de cuarentena.

Y para terminar: el último contacto con mi vecina (hasta ahora) fue, de nuevo, una noche después de los aplausos. Ya me estaba por ir del balcón cuando ella empezó a quejarse de que, una vez más, yo no había bajado la persiana a las 3 de la mañana. ¿No podría ella simplemente girar la cabeza y dejar de mirar mis lámparas? Parece lo más fácil de hacer, pero en verdad no lo sé: no conozco sus condiciones. Así que ahora trato de acordarme de bajar la persiana. Porque, además, no la quiero volver a escuchar.


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Este contenido contó con participación de miembros y lectores de RED/ACCIÓN

“Preparar un brunch es una de las cosas que más me gusta”, escribió recientemente la cocinera Ximena Sáenz en Instagram. “Especialmente en estos días que parecen todos iguales... está bueno hacer algo distinto los sábados para marcar la llegada del fin de semana”.

Desde que comenzó la cuarentena obligatoria, el 20 de marzo pasado, el tiempo se ha convertido en una cuestión difícil de administrar: a algunos las horas se les pasan volando; a otros les parecen eternas. Y a casi todos los que están adentro de casa los días se les vuelven demasiado parecidos, como a Ximena Sáenz.

Estar todo el día entre cuatro paredes cambia nuestra percepción del tiempo. Lo saben las monjas de clausura, los presos y los científicos de la Antártida. Pero la cuarentena, que lo ha trastocado todo, hace que incluso esto sea específico y distinto. Hay quienes están trabajando duro en casa, quienes ven series y aprenden algo vía Zoom, y quienes tienen pocas obligaciones y esperan…

Sea cual sea el caso, hay que tomar el tiempo y darle una forma. La periodista María O’ Donnell contó en su programa de radio que en su casa hay una rutina de tareas y horarios. El filósofo Darío Sztajnszrajber, en cambio, dijo que “ahora el tiempo se perdió” y esto da una buena oportunidad para hacerse preguntas existenciales.

En Facebook y en Twitter, cuando preguntamos a nuestra comunidad cómo estaba percibiendo el tiempo, aparecieron personas agobiadas y otras muy relajadas. Ya no se trata solamente de tener muchas cosas para hacer o no, sino más bien de la mirada que tenemos sobre esta nueva cotidianidad.

Las respuestas hasta el momento en el que escribo esta nota suman más de 80: evidentemente, el tiempo es un tema que ha cobrado relevancia en cuarentena.

Mariana Pacho López: “Ya no existe ninguna hora, dejó de tener sentido: es solo el ahora. No es ni largo ni corto. Solo es”. Liana Bravo: “Como tengo la percepción de que tengo más tiempo, intento hacer mucho más que antes, ¡y no me alcanza para nada!”. María Inés Chantada: “Estoy en ON permanente. El día se me hace cortísimo. Sin embargo, habito el tiempo con una espesura distinta. Como si cada segundo fuera infinito, como si fuera lo único que hay, como si ya no pisara el suelo y las dimensiones tiempo y espacio fueran una sola, una nube entre cuatro paredes”. Ezra Alcázar: “La mañana es muy corta y el resto es eterno”.

Hay una explicación para esto: el reloj biológico. Se encuentra en el hipotálamo y, para administrar las horas de vigilia y sueño, recurre a neuronas relacionadas con la atención, la memoria y el área motora. Pero no siempre funciona igual: la percepción del tiempo depende muchas veces de la novedad y de la rutina.

El tiempo parece alargarse ante la novedad porque el cerebro se pone alerta y procesa más información: sensaciones, ideas, amenazas. En la rutina, en cambio, hay algo de funcionamiento automático, sin tanto gasto de energía, que simplifica y termina dando la impresión de que el tiempo pasa más rápido.

Hacé click en la imagen para ver todos los comentarios.

Y también están las emociones. Albert Einstein, que propuso que el tiempo era relativo, se lo explicó así a su secretaria Helen Dukas (para que ella repitiera ante periodistas y desconocedores): “Una hora sentado con una chica guapa en un banco del parque pasa como un minuto, pero un minuto sentado sobre una estufa caliente parece una hora”.

Más experiencias. Mariana Iglesias: “Los días productivos se pasan perfecto. Los días que arranco desordenada se hacen lentos y desgastantes”. Mercedes: “Para mí es lo mismo que antes, solo que con cinco horas de diferencia. Me acuesto a las 5 AM. Me levanto a las 12. Almuerzo a las 4 pm. Último mate a las 8. Cena a las 00. Todo normal”. Norberto Bogard: “Días circulares con diámetros que parecen a veces constreñidos y en ocasiones infinitos. Ante la posibilidad de tener espacios de ocio, para quienes no vivíamos así, se impone una disciplina casi instintiva para leer todo lo que nunca imaginábamos. Va a ser difícil regresar al ‘mundo real’”. Joana Alcoba: “¡¡MUY CORTOO!! Pasa volando el día. ¡Pensé que me aburriría más!”.

Diego Golombek es el director del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes (y también dirige la colección “Ciencia que ladra…”, de libros de divulgación). “El cerebro mide el paso del tiempo a través de eventos: cuando pasan cosas, pasa el tiempo”, dice. “Con lo cual, en estos días en los que la rutina se ha visto tan tergiversada, y no sabemos qué es lo que va a ocurrir a lo largo de una jornada, el tiempo parece estirarse. Una posible vacuna frente a este enchiclamiento del tiempo es saber qué vamos a hacer: tener una lista de tareas, por más vanas que parezcan”.

“Cuando el reloj que nos marca las horas empieza a ser más tenue, como está ocurriendo en la cuarentena”, sigue Golombek, “el reloj biológico está un poquito confundido y hace que nos despertemos un poquito más tarde cada vez y que pensemos que podemos irnos a dormir más tarde sin ninguna consecuencia. Esto no es tan así porque nuestro cuerpo está preparado para dormir de noche, estar activo de día, comer con determinados intervalos, hacer ejercicio físico durante el día. Y eso tenemos que mantenerlo porque la robustez del reloj biológico implica estar mejor, estar de mejor ánimo, enfermarnos menos e infectarnos menos. La falta de sueño o el sueño inadecuado podría modificar la eficacia del sistema inmune”.

Todavía más experiencias. Mónica Finino: “Desde que trabajo en casa, hace cinco años, vi que perdía mucho tiempo en la oficina. Ahora, estando todos juntos en casa, me falta tiempo. Hay que coordinar a mucha gente con pocos dispositivos y muchas tareas”. Rafael Grillo: “Un presente eterno”. Viviana Fulleringer: “Pasa rápido pero no tengo noción de la hora, es que el reloj se ha vuelto algo inútil estos días”. Fernanda Verdeslago Wozniak: “El ‘llego tarde’ no existe y hay tanta oferta de cosas para hacer que te faltan horas. Con esto de que no tenés horarios surgen trastornos de sueño. Es raro todo”.

Creemos que es el tiempo el que no alcanza, pero quizás sea el uso que hacemos de ese tiempo lo que está mal administrado. Martina Rua escribió (junto con Pablo Martín Fernández) La fábrica de tiempo, un libro con propuestas para optimizar el uso del tiempo, al que describe como “el tesoro más preciado de la vida moderna”. “Antes no nos alcanzaba el tiempo y ahora tampoco”, dice Rua. “Los tres conceptos más relevantes son foco, priorización y energía: entendiéndolos y explorándolos, adquiriendo hábitos para mejorarlos, es como se empieza a aprovechar y se hace más asible el tiempo”.

“Obviamente que esto es complejo”, sigue, “sobre todo para quienes conviven y tienen que armar acuerdos en los que se mezcla lo personal con lo laboral de manera permanente. Porque esto no es un trabajo remoto ni un home office: esto es atravesar una pandemia e intentar trabajar de a ratos”.

Meme: todos los días son iguales.

En su libro Por qué el tiempo vuela, sobre la percepción humana del tiempo, Alan Burdick (editor en la sección de Ciencia de The New York Times; ex editor y actual colaborador en The New Yorker) pasó un período de dos semanas en el norte de Alaska. “Era verano y el sol no se puso durante todo el tiempo que estuve allí, y fue extremadamente desorientador”, dice vía mail, evocando una experiencia desfasada del tiempo que parece repetirse en cuarentena.

Burdick vive en un pueblo a unos 20 minutos de Nueva York y está trabajando de modo remoto. “Como mucha gente, pierdo fácilmente la noción de qué día es de un día para otro”, dice, y agrega que las búsquedas en Google de “what day is today” (“qué día es hoy”) han aumentado considerablemente en Estados Unidos:

“Esto se debe a que gran parte de cómo medimos e identificamos el tiempo es a través de la memoria”, explica. “‘Ayer fue martes y voy al gimnasio los martes, y fui ayer al gimnasio, así que hoy debe ser miércoles’. Pero ahora nadie va al gimnasio o participa en actividades que distinguen un día de otro. Entonces todo se siente como un solo día”.

Más allá de cómo el reloj biológico digiere la novedad y la rutina, y de cuán recargadas estén nuestras listas de tareas, hay algo muy subjetivo en la relación de cada persona con su tiempo: algo que aún es misterioso, y a eso se debe que las reacciones ante la cuestión del tiempo en esta cuarentena sean tan amplias.

En su libro, Burdick escribe: “Si en algo están de acuerdo los científicos, es en que nadie sabe lo suficiente sobre el tiempo y en que esta falta de conocimiento resulta sorprendente, dado que el tiempo es algo omnipresente y fundamental en nuestra vida”. Seguramente, cuando la cuarentena termine tendremos otra calidad de tiempo. Ojalá podamos disfrutar de ella.


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Si es cierto que un medio de comunicación intenta reflejar lo que pasa a nuestro alrededor, entonces nunca debería dejar de conversar con quienes te ven, escuchan y leen. Por eso, y porque estamos convencidos de que el periodismo no sólo sirve para contar el mundo, sino también para cambiarlo, es que estamos teniendo esta conversación. 

Un aviso: el texto que sigue no es una nota con todo el rigor periodístico, es una conversación, una licencia que me puedo tomar por ser la editora de participación de RED/ACCIÓN. ?

Sólo los medios de Buenos Aires publican más de 1000 notas por día en sus sitios web. ¿Cuánto contenido llegaste a leer, ver o escuchar? ¿Cuánto de ese contenido te ayudó a entender mejor lo que pasa en el mundo y te orientó sobre cómo podés hacer frente a las injusticias?

En esta nota, te queremos mostrar cómo se construye con cada uno de ustedes y cada uno de nosotros este periodismo humano que decimos hacer y que cumple dos años.

RED/ACCION tiene newsletters temáticas. Esto quiere decir que todas las semanas cada autor se conecta con su audiencia según su especialidad: tecnología, ambiente, literatura, educación, economía y varias más. ¿Y qué escriben? Escriben un diálogo, entre sus suscriptores y él o ella.

Es una conversación construida cada semana, porque quien nos lee, vos, estás cerca, cerca para contarnos tu experiencia, para hacernos saber que hay un tema que debería ser tratado, para acercar una inquietud.

Cuando esta pandemia nos sorprendió, nunca imaginamos que nuestras vidas se verían tan afectadas. Y sin embargo, nos ayuda (mucho) poder seguir relacionándonos, no perder contacto a pesar del distanciamiento social.

Cuando el tema del momento es un virus que se dispersa rápidamente, que no podés ver y que la ciencia todavía no sabe todo lo que necesita saber de él, pensamos en esto que seguramente a ustedes también se les ocurrió: “por favor que alguien me explique lo que hay que saber”.

Esa mega duda nos llevó a armar una guía para vivir en estos tiempos tan extraordinarios. Dimos el puntapié inicial con las preguntas que surgieron entre nosotros, para después abrir juego y armarla entre todos. Porque es una guía colaborativa. 

Ese ejercicio la hace mucho más rica: a vos se te ocurrió o se te va ocurrir algo que a mí no. Y así, todos los días agregamos respuesta a las preguntas más recurrentes. Cada una de las preguntas que nos llegan es la muestra de que alguien pensó que la respuesta a esa pregunta “tal vez le sirve a alguien más”.

"¿Cuánto tiempo tardan en aparecer los síntomas?", fue la pregunta que nos envió Marcela, miembro de RED/ACCION y que ya incorporamos a la guía. ¿No es una pregunta que también se hacían ustedes? Consulten la guía y si falta algo, nos avisan y lo agregamos.

Todos los aspectos de nuestra vida se vieron trastocados, nuestros miedos a flor de piel, como nos contó Fran al pensar en sus hijos:


Todo esto nos pone a prueba. A Fran y a todos. Por eso queremos saber cómo están, qué sienten, qué podemos hacer para acompañarnos en un escenario impensado. Porque como dijo Ana Paula, miembro de RED/ACCIÓN, cuando uno comparte experiencias, recibe comentarios de otros lectores y puede empatizar con lo que lee, se siente en comunidad.

Todo parece dado vuelta, pero no todo está de cabeza. Cuando Javier Sinay, uno de los periodistas que hacen RED/ACCION, quiso escribir sobre El amor en los tiempos del coronavirus se encontró con historias como estas:

Una semana antes de que la pandemia de coronavirus provocara la cuarentena obligatoria en la Argentina, Natalia conoció a Daniel en un bar. Esa misma noche se besaron, y estuvo bastante bien. Después, él, de ojos verdes y rulos negros, la invitó a salir, pero ella lo postergó un poco porque estaba yendo y viniendo con otra persona.

Llegó el decreto de encierro y llegaron las llamadas telefónicas. Y Natalia se dio cuenta de que ese chico le gustaba y se arrepintió por haber retrasado la cita. Así que hablaron un par de veces y decidieron concretarla… pero por videollamada de WhatsApp.

No les cuento el final, tendrán que leer la nota. ?

Pero volvamos a las newsletters. Reaprender es nuestra cita semanal para hablar de educación, y de repente el tema del momento: cambió la relación con la tarea de nuestros hijos, de ellos con la escuela, de la escuela con nosotros también. Y cambió el rol del docente. 

De repente, estamos todos en un proceso de reconversión. Como un GPS, intentamos recalcular, pero sin tener todos los recursos ni todos los conocimientos. Ahora ya sabemos qué es Zoom, y los que tenemos hijos en edad escolar escuchamos al menos hablar de Google Classrooms. Siempre estuvieron, pero nunca los necesitamos tanto. ¿El desafío? Adaptarse también a esta modalidad y darnos cuenta de los privilegios que nos rodean. 

Un especialista en educación comparte con uno de nuestros periodistas un video de Francesco Tonucci (pensador, psicopedagogo y dibujante italiano). Stella Bin, autora de Reaprender se los muestra a docentes y con sus aportes diseñamos estas imagenes con 8 ideas para hacer de la casa un taller de aprendizaje. Tan sólo otro ejemplo de cómo es posible un mejor periodismo, cuando quien lo lee se involucra y ayuda a cocrear. Esta es una invitación siempre abierta.

Hacé click en la imagen si querés ver las 8 ideas para convertir la casa del estudiante en un taller de aprendizaje. Ilustraciones: Denise Belluzzo

Axel Marazzi escribe Futuro, nuestra newsletter sobre tecnología. Cómo él dice, “esa gran aliada es un recurso casi imprescindible en estos días”. Pero también se fueron por la borda las horas de pantalla “programada” para los más chicos; algunos nos vemos obligados a compartir una computadora entre varios. Axel quiso saber: ¿cómo conviven con la tecnología? ¿Se amigaron? ¿Se sienten frustrados con algo en particular?

Pero como nuestra vida no es compartimentada, Axel también preguntó sobre las vivencias, aprendizajes y cosas que todavía no pudimos resolver en esta cuarentena.

Por mail, una lectora nos compartió su experiencia: “La cuarentena pone mucho estrés en estar todo el tiempo juntos. No tener espacios personales ni sociales por fuera de la familia es raro”.

Desde Uruguay, Florencia necesitó compartir su reflexión respecto de usar servicios de delivery como Rappi o Pedidos Ya: “Por un lado, entiendo que precariza el trabajo, muchas veces realizado por inmigrantes, sin demasiadas garantías. Por otro lado, dejar de utilizarlo no le brinda a esta persona un nuevo trabajo no precario, por lo que hasta podría pensarse que mejor poco que nada”. 

Creo que, como Florencia, todos descubrimos situaciones a las cuales no les prestamos demasiada atención.

También para muchos de nosotros los primeros días nos encontramos queriendo aprovechar el tiempo todo lo posible, hacer algo que nos haga sentir útiles. Y sin embargo, también algunos nos empezamos a hacer preguntar sobre este tema:

Otros nos contaron que les costaba concentrarse, hasta para leer un libro. Así se sentía Pablo, nuestro ilustrador, que por supuesto lo expresó con una ilustración:

Esos fueron algunos de los disparadores para organizar un Instagram Live junto a un psicólogo que nos ayudara a reflexionar sobre algunas de las inquietudes de muchos de nosotros sobre la cuarentena. La primera charla con el Miguel Espeche quedó grabada, para tenerla siempre a mano. 

La imagen puede contener: 1 persona, texto
Estrategias para frenar la ansiedad y el stress durante la cuarentena

Como ven, para nosotros tiene mucho sentido escucharlos, porque entonces el periodismo que podemos hacer tiene mayor relevancia, tiene otro punto de partida. No es un periodista pensando en soledad un tema sobre el que escribir.

Nuestro periodismo es, por el contrario, un periodista (o varios) escribiendo sobre lo que hace falta escribir, hablando de lo que hace falta hablar. ¿Y cómo sabe que es lo que necesitás? Antes, prestó atención a lo que te estaba pasando, a los que nos está pasando. Antes, te escuchó, te pidió una opinión, te preguntó qué te está pasando.

Pero además, nuestro periodismo tiene un ingrediente más: periodismo de soluciones. Este enfoque tiene que ver con hablar de los problemas, claro, pero haciendo foco en las iniciativas que intentan abordar el problema para solucionarlo. 

¿Para qué? Para saber que la expresión “qué barbaridad” que nos suele salir rápidamente ante una injusticia, es tan sólo el primer paso de un contenido periodístico que pone el foco en quién, cómo, cuándo y dónde trabajan aquellas personas que intentan desarmar el problema.

¿Para qué? Para que sepas que no todo está perdido, para que sepas que, como vos, mucha gente cree que cambiar el mundo es posible, y está trabajando para ello, algo que también es una invitación a sumarse. 

Nadie cambia el mundo solo. Por eso lo contamos, porque también el periodismo tiene algo qué hacer aquí.

¿Qué pasa cuando en la newsletter Oxígeno, Juan Carr resalta un gesto de generosidad? El eco es interminable. Comenzamos a ver a nuestro alrededor los buenos gestos de nuestros vecinos, que siempre son más que aquellos pocos negativos amplificados en algunos medios de comunicación.

Otra lectora de nuestra comunidad, nos mandó una foto y nos escribió para hablar de este tema: "La confusión generalizada, el miedo y/o la incertidumbre no deberían justificar ni siquiera sugerencias de exclusión. Esta foto (la que aparece más abajo) es lo contrario: manifiesta el querer ayudar, el ponerse a disposición, la voluntad de servir, sin importar el riesgo. Me parece importante difundirla, para que quede claro que en estos raros tiempos de aislamiento y confinamiento, no todos interpretan esa falta de interacción obligada como un acto de individualismo egoísta".

Maru lo dijo mejor que nadie y esta es la foto a la que nos hizo llegar:

Sr/a vecino: Soy Mariano del 3 C. Soy médico. Si necesita ayuda no dude en llamar a mi puerta. Trataré de ayudar a la brevedad.
Atte.-

“Como todos, tengo días mejores y días peores, pero el balance por ahora es bueno. Y cuando tengo días malos, pienso que al otro día va a ser bueno y voy a estar mejor. Que esto que estamos viviendo sin duda nos va a sacar mejores. Sin duda va a mostrarnos lo fuerte y resilientes que somos”, nos escribió Guadalupe, miembro de RED/ACCION

Estamos de acuerdo con Guadalupe, que le envió un mail a Lucía Wei He, autora de Chillax, nuestra newsletter con lo mejor de la comida, bebida y cultura de Buenos Aires. 

Como ven, cada autor de las newsletters o periodista de RED/ACCION charla de muchas más cosas que la temática sobre la que escribe, porque como a todos, nos pasan muchas cosas, tenemos muchos intereses y siempre hay algo que nos conecta.

Sigue Guadalupe: “Tuve bastante miedo a la soledad en cuarentena. Debo decir que por ahora la vengo llevando mucho mejor de lo que pensé”.

Si no es ahora que tenemos que estar más cerca, ¿cuándo?

También quisimos saber qué extrañan más y se los preguntamos:

Y nos contaste: los amigos, la familia, salir a caminar. Por eso queremos seguir acompañándote y que puedas acompañar a otros.

“Estos días me han ayudado a tomar perspectiva de muchas cosas, y también a valorar los afectos cada día más, valorar tener un trabajo que me guste, tener familia y amigas de oro que siempre están. Lo importante de un beso o un abrazo real. También agradecer a internet o las redes, que en un punto se demonizan pero que por estos días nos ayudan a ‘estar’ con nuestros afectos más cerca”, agrega Guadalupe.

Nuestra newsletter sobre libros y autores, Sie7e Párrafos, pidió sugerencias de lecturas recomendadas. Casi lo mismo que pasó en nuestros grupos de WhatsApp: ¿qué series recomiendan? ¿Y películas? Y aquí, para que la conversación que todas las semanas tiene Flor Ure con sus lectores sea más rica, incorporamos también las sugerencias que nos fueron llegando:

Ya ves que hay varias formas de acompañarnos, pero en esta circunstancia extraordinaria, el “entre nosotros”, es mucho más amplio. Lo inusual de esta pandemia es que nos da la oportunidad de ampliar lo que es nuestro, lo que conocemos. 

En esa guía colaborativa que mencioné antes incorporamos maneras de ayudar. Porque no todos estamos en las mismas circunstancias: más de un tercio de los argentinos viven en situación de pobreza.

Entonces, recopilamos información sobre alianzas de organizaciones de la sociedad civil que pusieron su foco en llegar con ayuda a quienes no tienen las condiciones mínimas para poder vivir una cuarentena en su casa. Porque están en situación de calle, porque no tienen acceso a agua potable, porque no tienen garantizado su ingreso diario.

Otra forma de ayudar que está a nuestro alcance son las #ComprasFuturas, donde hoy podés comprarle a un negocio para que nos espere con las puertas abiertas cuando esto termine. Comprar hoy para después fue algo de lo que hicieron nuestros lectores:

Más que nunca en estos momentos Otra Economía es necesaria. Por eso, así llamamos a la newsletter que edita Florencia Tuchin todos los martes. La propuesta es hablar de una economía circular, inclusiva y de triple impacto, que hoy es más necesaria que nunca. 

Otro de los aspectos de nuestra vida, también impostergable, es el de la acción climática en medio de esta pandemia. Muchos de nosotros vimos esas fotos, algunas falsas, de la fauna avanzando sobre las ciudades. 

Todos estos miércoles, Tais Gadea Lara estuvo contándonos lo que el coronavirus evidencia para la acción ante el cambio climático en Planeta, otra de nuestras newsletters. Porque todo nuestro contenido es abierto, gracias a que una comunidad de miembros banca este proyecto y a la que por supuesto, nos encantaría que te sumaras.

Encontramos muchas maneras de acompañarte, de escucharte, de estar atentos a lo que necesitás. No dudamos de que el beneficio es mutuo: este periodismo sin dudas se enriquece con tu participación.

Conocé más sobre nuestro periodismo participativo

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Clap-clap. Cada noche a las nueve, Laura Echezarreta aplaude en su balcón junto a la gente de su cuadra. “Aplaudo a médicos, a los trabajadores esenciales y a nosotros mismos porque es difícil”, dice.

“Encontré en ese minuto la posibilidad de unirme a mis vecinos y de hacer algo juntos en medio de tanto aislamiento. Apuesto a la buena vecindad, a lo que nos une, y me pongo furiosa si alguien intenta usar partidariamente ese espacio”. A veces, después del aplauso, incluso saca un parlante y pone el himno.

Los aplausos en los balcones comenzaron en la Argentina el jueves 19 de marzo a las nueve de la noche y desde entonces se repiten. Algunas veces es la cita más importante del día; otras veces se parece a un trámite aburrido. Clap-clap. Pero seguramente en muchísimos casos el aplauso logró que los vecinos se conocieran la cara y cruzaran unas palabras de balcón a balcón.

Nuestros aplausos nacieron con el ejemplo de quienes aplaudieron y cantaron en sus balcones en Italia (desde el 25 de febrero) y de los que aplaudieron y vivaron a los trabajadores de la salud en España (desde el 2 de marzo). Más de un 20% de la población mundial permanece en cuarentena obligatoria, y también aplaude en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Francia e India. De repente, este ruido de palmas de la tarde o de la noche (depende dónde se dé) se convirtió en un nuevo lenguaje global.

Incluso así, nuestras palmas suenan de un modo particular. Porque, en todos estos días, estos aplausos atravesaron una grieta con las cacerolas (luego de que el presidente Alberto Fernández dijera que era hora de que los empresarios ganaran menos dinero surgió una reacción antikirchnerista, también en los balcones pero a las 21:30, para que la clase política rebajara sus sueldos).

Hubo intentos de apropiación de los aplausos (Daniel Filmus, ahora secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur en la Cancillería, escribió un tweet que generó polémica, aunque el texto en sí no era tan controvertido) y hubo un aplauso/“ruidazo” contra la violencia de género y los femicidios, y algunas consignas en el Día de la Memoria.

El aplauso argentino muy pronto cobró identidad.

Uno de los primeros flyers. Autor: desconocido. Circuló en redes sociales.
  • “Aplaudo a mis hermanes, mis cuñades, mis primas, sus compañeres de trabajo y amigues de toda la vida que se dedican a la medicina y a la enfermería”, me escribe Rocío Sánchez Andía. Su padre, sus tres hermanas y su hermano son todos médicos. “Aplaudo fuerte pensando en elles que ponen el cuerpo, que dejan su casa y sus afectos para contener pacientes y familiares. Aplaudo pensando también en los que no se ven adentro de un hospital, supermercado, lavadero, verdulería panadería, banco, delivery, colectivo. Esos que son invisibles a muchos y hoy también dejan sus casas y sus afectos para contener a personas que no los miran ni agradecen. Aplaudo para que lo que venga los encuentre con esa fuerza de mi aplauso por si les hace falta”.
  • “Los aplausos me generan enojo”, dice Lorena, que es médica. “Entiendo que algunas personas aplauden la valentía, aplauden la vocación. Entiendo que aplauden porque tienen miedo, porque están asustados, porque necesitan héroes. Pero no somos héroes, somos profesionales que realizamos una actividad especial y, a pesar de esto, estamos expuestos, indefensos, sin herramientas”.
  • “Cada día entero en casa es una performance que aplaudimos al terminar el día, a las 21 todxs lxs artistas salimos a los balcones a saludar luego de cada función”, escribió en su diario de cuarentena, el 29 de marzo, la bailarina y coreógrafa Valeria Primost.
  • “En mi barrio a las nueve de la noche alguien pone el himno a todo volumen”, cuenta Sebastián Puj. “Durante algunos días hubo cacerolazos, pero desde el viernes pasado se calmaron. Los aplausos y el himno siguen”.
  • “En uno de los aplausos alguien canta la marcha peronista y otro lo insulta”, dice Santiago Valentino. “Aquel redobla la apuesta y canta canciones de La Cámpora. ‘¡Ustedes son como los zombies de The Walking Dead!’, le dice el indignado. El camporista responde: ‘¿Vos ves The Walking Dead? ¡Entonces te quiero avisar que en la temporada 10 Negan mata a Alpha!”. Ocurrió en Las Cañitas.

Cómo empezaron los aplausos argentinos

La génesis del aplauso argentino es nebulosa. Al menos desde el día 15 de marzo (cuatro días antes de la ocasión), Twitter registra apariciones del hashtag #ArgentinaAplaude.

“Es difícil simplificar el afecto de un pueblo, de una multitud, de miles y miles para con alguna persona o personas en un signo tan simple, en un gesto que es hacer clap-clap”, dice Juan Carr, de Red Solidaria, uno de los primeros promotores del aplauso argentino.

Sigue: “Hacemos dar la vuelta olímpica a veteranos de Malvinas, a Madres del Dolor, a trasplantados, a voluntarios, a víctimas de violencia… y la multitud aclama y es una sensación incomparable. Ahí se encuentran afectivamente miles de personas que no se conocen haciendo clap-clap”.

Una temprana adhesión de Juan Carr al aplauso, el 18 de marzo, en Instagram.

Change.org mantiene muchas campañas de coronavirus (#UnidosContraElCoronavirus: www.coronavirus.changeargentina.org) y también estuvo en el principio del aplauso. “A mediados de marzo, teníamos varias peticiones de coronavirus, por ejemplo para aumentar el sueldo de los médicos”, dice Inés Alberico, coordinadora de campañas. “Entonces, viendo lo que nos contaban de los aplausos nuestros pares desde España, se nos ocurrió que hacerlo acá podía ser una buena idea. Armamos un tweet y pegó bastante. Pero puede ser que también otras personas lo hayan hecho al mismo tiempo”.

Otro apoyo inicial fue el de Argentina Conversa, uno de cuyos referentes es Marta Oyahanarte. “Cuatro miembros de Argentina Conversa tenemos un programa de radio, y el martes 17 de marzo mencionamos lo que estaba ocurriendo en España y dijimos: ‘Qué bueno sería que esto se hiciera acá en la Argentina’. Nos pusimos en contacto con Gastón Marra y otros chicos que trabajan en las redes, y ellos lo publicaron como idea”, dice Oyahanarte. “Estas cosas surgen de una manera sincronizada entre mucha gente, sin que nadie tenga conciencia de esa sincronización. Así de simple, el aplauso era una cosa que estaba flotando en el aire”.

Gastón Marra, miembro de Argentina Conversa y licenciado en Sistemas de Información, se hizo cargo de la cuenta de Twitter de esa organización en ese momento para postear el tweet con la propuesta de los aplausos. Claudio Avruj, ex secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, fue el primero que lo retweeteó, minutos más tarde, y así empezó a rodar.

“No había mucho movimiento en Twitter hasta el día 18”, dice Marra. “En este caso no hubo un único tweet masivo viral; este tema fue muy espontáneo, como pocas veces sucede. Cuando veía que los medios no lo replicaban, pensé que iba a ser un fracaso… pero el día 19 empecé a oír los aplausos y se me puso la piel de gallina”.

La magia rutinaria de un aplauso

Los estudiosos del comportamiento –según Selecciones– aseguran que cualquier forma de aplauso satisface la necesidad humana de expresar una opinión. Los niños y los chimpancés aplauden aun cuando nadie les haya enseñado. Y en el teatro, el aplauso da al público la sensación de que está participando.

Mientras que un teórico del aplauso, el director de teatro Jan Lauwers, dice que el golpe de palmas es una manera de sacarse de encima lo que cada espectador podría llevarse en silencio (como las fotografías en los viajes, un mecanismo de sustitución de lo vivido), otro, Peter Sellars, lo discute: el aplauso es una forma de oración posreligiosa.

Como sea, nuestros aplausos ya son una rutina. Y en el futuro estarán en la memoria colectiva y en los recuerdos de infancia de los ciudadanos que hoy son niños, como Lautaro.

Lautaro tiene 17 meses. Una vecina, Miriam Maidana, cuenta su historia: “Lautaro espera los aplausos con fervor: saca su trompetita, aplaude, grita”. Parece que comenzó a caminar pronto y disfrutaba correteando en las cocheras del edificio, en la vereda, en la plaza Almagro, en fin, en cualquier espacio abierto como los de antes. Hace varios días que está encerrado con su mamá y su papá, y berrinchea. “Hasta que llegan los aplausos: ¡ahí es protagonista!”, dice Miriam. “A veces cuesta que entienda la diferencia entre los aplausos de las 21, de las 21:30 o de las 18. Pero a las 21 aprovechamos y lo saludamos de distintos balcones. Él nos celebra”. Clap-clap.

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Una mirada constructiva que busca cambiar la realidad. Por Juan Carr

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Hace unos días, mi hijo cumplió un año. Fue un primer año emocionante, como cualquier padre y cualquier madre saben por experiencia propia, y mi esposa dijo que nuestro hijo merecía una buena fiesta porque, además, en su familia, según una tradición japonesa, los cumpleaños de 1 siempre han sido algo especial.

Cinco meses atrás ella me pidió que empezáramos a armar una larga lista de invitados y luego de unas cuantas semanas su madre empezó a cocinar pastelitos y a guardarlos en el freezer. Y entonces llegó marzo, y llegó el coronavirus. Para hacerla corta: el cumpleaños fue en Zoom. ¿Invitados? Apenas los abuelos, emocionados, y un par de amigos nuestros cortando el aburrimiento de su encierro.

Nosotros no fuimos los únicos que en estas semanas celebramos un cumpleaños en Zoom, la app de videollamadas que se convirtió en la gran novedad de la cuarentena.

Una nena participó del cumpleaños remoto de una amiga del jardín, y luego pidió que le compartan la torta con Rocklets que veía en su pantalla (“¡Que nos la mande en un tupper!”, le dijo a Mariana Comolli, su madre). Eduardo Magiarotti festejó sus 41 con su familia repartida entre Buenos Aires, Bruselas y Nueva York (“No fue mi mejor cumpleaños, pero tampoco el peor”). Juan A. García Morillo participó de una fiesta sorpresa para su prima (“Con casi 20 familiares en pantalla, que simultáneamente le cantamos el feliz cumpleaños”). Lucía Fernández Núñez se lo festejó a su pequeño hijo (“¡Hay torta casera incluida!”). Y Edgardo Rolla fue parte del de su hija Florencia y luego del propio (“Qué buena que es la tecnología: maravilla de la creatividad humana”).

Todos lo hicieron en Zoom.

[Muchos de los testimonios que recopilé en estas notas surgieron en mis redes sociales.]

Hasta que la crisis del coronavirus estalló, Zoom era una app más de videoencuentros. Había sido creada en 2011 por Eric Yuan, un ingeniero chino de 49 años que, en su adolescencia, solía viajar diez horas en tren para ver a su novia y fantaseaba con “un dispositivo del futuro en el que pudiera hacer clic en un botón para verla y hablar con ella”. Así, Zoom competía con WhatsApp, Facebook Messenger, Houseparty, Skype, Google Hangouts y FaceTime. Su ventaja era que funcionaba mejor que las otras para los grupos de varias personas; incluso de cientos de personas. Pero no demasiadas personas conocían la app.

Eric Yuan, el creador de Zoom. Imagen: https://twitter.com/ericsyuan

Luego, con las medidas de aislamiento alrededor del mundo por la pandemia, Zoom emergió por sobre sus competidoras, se convirtió en la app más descargada en dispositivos móviles después de TikTok (según la consultora Sensor Tower), consiguió 81.900 empresas clientes (con más de 10 empleados), un 61% más que en el mismo trimestre del año pasado, y el 26 de marzo pasado alcanzó un valor de 35 mil millones de dólares en Wall Street, casi el doble de su valuación de hace un año, cuando debutó en la bolsa (y más que la suma de las cinco primeras aerolíneas de Estados Unidos).

Eric Yuan ocupa ahora el puesto número 192 en la lista de Bloomberg de las 500 personas más ricas del mundo. Antes de 2020 ni siquiera estaba en esa lista. Con la pandemia, Zoom es el único beneficiado.

Un meme: "Veamos quién está realmente detrás del COVID-19".

La cuestión es si Zoom –que no revela ningún número de usuarios, suscripciones o número total de clientes– estaba lista para tal incremento.

“Zoom está haciendo todo lo posible para proporcionar recursos y apoyo a quienes navegan en el brote de coronavirus”, me escribe por mail un vocero de la compañía, Farshad Hashmatulla, desde San José, California. “Seguimos confiando en que nuestra arquitectura está construida para manejar estos niveles de actividad. Nuestra plataforma está diseñada desde cero para abordar el aspecto tecnológicamente más difícil: el video. Y nuestra arquitectura en la nube le da a nuestra plataforma confiabilidad, calidad y escalabilidad”.

Las apps de videoconferencia más populares: Zoom es la primera. Imagen: https://twitter.com/ericsyuan/

Además de cumpleaños, en tiempos de encierro la app se volvió muy requerida para la educación a distancia y para el trabajo remoto. El lunes pasado, Summa, una organización latinoamericana de innovación educativa, reunió en una videollamada de más de una hora y media a 1.000 personas. Y la Universidad Austral se volcó a la app siguiendo el ejemplo de la Universidad de Illinois (que la utilizaba hacía tiempo) y confiando en el buen posicionamiento de Zoom en el Cuadrante Mágico de Gartner (un informe de mercado).

“La experiencia fue buenísima”, me dice Matías Cortiñas, director del área de Innovación Educativa de la Universidad Austral, “en usabilidad, en estabilidad y rapidez de conexión: para conectarte a una clase es muy intuitiva”. Los profesores de Austral realizaron cursos autogestionados en el uso de Zoom y aprendieron a usar herramientas digitales guiados por el equipo de Cortiñas, con más de 20 webinars a través de Zoom. 

Todas las mañanas, nosotros, en RED/ACCIÓN, tenemos nuestra reunión en Zoom (y, de hecho, la idea de esta nota surgió allí). Miranos:

Nuestra reunión del 18 de marzo.

También Boris Johnson, el primer ministro británico, hace sus reuniones de gabinete en Zoom:

Johnson fue criticado por generar riesgos de seguridad al publicar esa foto porque se ve el ID de la reunión. Es que Zoom también tiene un lado oscuro: parece ser fácil de hackear y tener pocos protocolos de privacidad.

SpaceX, una compañía que trabaja en viajes al espacio, prohibió a sus empleados usar Zoom por este asunto, y el lunes pasado, la Fiscal General de Nueva York envió una intimación a la app preguntando acerca de sus medidas de seguridad.

“Zoom toma muy en serio la privacidad, seguridad y confianza de sus usuarios”, dijo un portavoz de la compañía a la BBC. “Durante la pandemia, estamos trabajando las 24 horas para garantizar que los hospitales, universidades, escuelas y otras empresas de todo el mundo puedan mantenerse conectados y operativos. Apreciamos la participación de la Fiscal General de Nueva York en estos temas y estamos felices de proporcionar la información solicitada”.

Todo lo que cabe en Zoom

Pero Zoom va mucho más allá del trabajo y de las clases universitarias, y no todo el mundo se preocupa por su (in)seguridad: la app se ha convertido en el magma digital por el que fluye hoy la vida cotidiana.

Hay fiestas. “Tengo un grupo de amigos mochileros que unas tres veces por semana se reúnen por Zoom de noche”, me cuenta Margarita Palacios Mejía. “Yo me despierto al día siguiente y veo los videos de ellos cantando reggaetón”.

Hay clases de tango. Margarita Palacios Mejía ayudó a su madre, de 65 años, a instalar Zoom en su notebook porque su teléfono es un iPhone 3 sin memoria. Lo hizo desde su casa. “Mi mamá estaba fascinada porque podía ver mi depto; me hizo bien pasar tiempo de calidad con ella”, me dice. “Fue a la clase con una escoba porque no tiene pareja, y practica con el palo. Igual se arregló y se puso bonita”.

Una clase de tango. Imagen: Margarita Palacios Mejía.

Hay clases de yoga. Aunque la pantalla interrumpe el cuadro general y los cuerpos se ven cortados, fragmentados. Pero algo queda. “Incluso con Zoom, parte del gesto de mis alumnos estirando la mano desde la coronilla se ve”, me dice la instructora Lorena Tcach Lufrano. “O la mano, o el momento en que se endereza la columna, o el acomodamiento de isquiones, o una boca en sonrisa. El fragmento deja entrever el todo”.

Hay encuentros de budismo. “Al principio pensábamos que sería difícil en Zoom”, me cuenta Carolina Selicki Acevedo. Su casa fue sede virtual del encuentro del sábado pasado. “Poder vernos los rostros, escucharnos, aunque a veces se corte el audio, y mantener el espacio para la reflexión y el apoyo mutuo es importantísimo. Damos lugar a cerrar nuestro daimoku, la oración, entre todos y luego compartimos algún estudio”.

Hay terapia en grupo… pero no siempre funciona bien. “Es imposible reponer la concentración, la disposición emocional y la conexión del encuentro presencial”, me dice Eugenia, que se distrae porque siempre hay algo que se ve mal, chiquito o torcido. Y porque, por más que se encierre en la habitación, su marido y sus hijos están merodeando por la casa. “La verdad es que me resulta sumamente incómodo aislarme al punto de generar una intimidad como para compartir cosas en voz alta”.

Y hay clases de danza contemporánea. “Fue realmente emocionante experimentar lo que siempre sentí: bailar es unir fronteras”, me cuenta Carmina Balaguer Montón, que está en Barcelona pero tomó la clase con su profesora de Buenos Aires. “Muchas veces soñé en llevarme a casa estas clases y hoy fue posible”.

Una clase de danza contemporánea. Foto: Carmina Balaguer Montón.

La vida continúa. Aunque estemos aislados y el virus esté colonizando el planeta a una velocidad extraordinaria. Ahora nos vemos en videollamada: nuestra bendición y nuestra maldición al mismo tiempo.

El desafío a futuro

Un rabino ofició la semana pasada en Zoom una ceremonia de recordación de un fallecido. Había 100 personas conectadas. Quizás más. “Uno empieza a comprender que hay otras formas de conectarnos, más allá de la dimensión física”, dice Alejandro Avruj, de la Comunidad Amijai.

La pregunta es si Zoom, y todo lo que trajo, permanecerá aquí más allá de la pandemia, cuando el virus ya haya sido derrotado. En pocos días, Amijai dio un formato digital a sus 30 cursos, entre los que hay estudio de Biblia, conversación en ídish y gimnasia. Y ahora acude más gente que antes. “Yo creo que hay cosas que llegaron para quedarse”, dice el rabino Avruj. “Pero vamos a tener que aprender a encontrar el punto medio. Se va a empezar a habilitar la transmisión online en muchas ceremonias, creo, pero el contacto humano no se suplanta”.

Eric Yuan, el creador de Zoom, piensa distinto. Miraba los campos de arroz durante diez horas por la ventanilla del tren cuando a los 18 años viajaba para estar junto a su novia. Ahora apuesta a la distancia: está entusiasmado con la posibilidad de que cada vez más personas hagan trabajo remoto.

“Los millennials crecieron dándose cuenta de que pueden hacer el trabajo sin ir a la oficina”, dijo en una entrevista con el diario inglés The Telegraph. “Denles diez años y se convertirán en líderes. Tarde o temprano, todo esto será normal porque el mundo ya no nos pertenece a nosotros, sino a los más jóvenes. El coronavirus es sólo un catalizador”.


Guía para vivir en tiempo de coronavirus

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Una semana antes de que la pandemia de coronavirus provocara la cuarentena obligatoria en la Argentina, Natalia conoció a Daniel en un bar. Esa misma noche se besaron, y estuvo bastante bien. Después, él, de ojos verdes y rulos negros, la invitó a salir, pero ella lo postergó un poco porque estaba yendo y viniendo con otra persona.

Llegó el decreto de encierro y llegaron las llamadas telefónicas. Y Natalia se dio cuenta de que ese chico le gustaba y se arrepintió por haber retrasado la cita. Así que hablaron un par de veces y decidieron concretarla… pero por videollamada de WhatsApp. “Después de varios días de pijama y pantuflas”, me cuenta ella ahora, “volví a maquillarme y destapé un vino para el encuentro. Charlamos mirándonos las caritas por pantalla, quedándonos en silencio muchas veces, sólo mirándonos. Imagino que ese espacio es el que ocuparían los besos”.

No sólo le pasó a ella. En una encuesta que la aplicación de citas happn lanzó el 9 de marzo en Italia, el 54% de los usuarios dijeron que planeaban hacer sus primeros encuentros en video. “Realizaremos pronto otra encuesta para seguir la evolución de los hábitos de citas en un contexto de confinamiento”, me escribe en un mail desde París Marine Ravinet, a cargo de Brand & Trends en happn.

Se dice que la crisis global provocada por la pandemia está trayendo cambios irreversibles en las industrias, la educación, el ambiente, el entretenimiento, el turismo y el trabajo cotidiano.

¿Qué hay con respecto al amor? El distanciamiento social parece haber acabado con la cultura de las citas, pero así como el teletrabajo ha cobrado importancia, quizás también surja el teleamor: las dating apps –Tinder, happn, Bumble– y las plataformas de chat y llamadas –WhatsApp, Telegram, Zoom– están manteniendo encendido el fuego de miles de parejas que quedaron presas del encierro.

En su sitio, Tinder ofrece recomendaciones para citas virtuales en tiempos de coronavirus.

Fernanda y Oscar se conocieron hace un año en Ciudad de México y hace tres meses que salen. Solían ir a cenar, al cine y a jugar al bowling hasta que la pandemia empeoró y decidieron pasar los encuentros a casa. Pero como él sigue yendo a trabajar y ella vive con su familia, acordaron, por prevención, que ya no se van a ver por un tiempo. “Tememos que él pueda terminar contagiado en algún momento”, me cuenta ella.

Ahora hablan por teléfono cada noche. La semana pasada, cuando empezaron a distanciarse, el tema de sus conversaciones era el coronavirus y las medidas políticas, pero ella se saturó. Desde el domingo hablan de películas, viajes y planes para hacer cuando esto se termine. “Estamos pensando en usar Telegram para sextear”, dice. Las soluciones están a la orden del día.

La cultura de las citas ya había comenzado a mutar en 2013 con Tinder. Desde ese momento, el swiping (con el que aceptamos o rechazamos gente con una sola inclinación de nuestro dedo gordo) impuso su crudeza, y llevar una relación en el teléfono se volvió de lo más natural.

Las apps crecieron tanto que, si sos gay, hoy son el modo más común de conocer a tu pareja. Y para el año 2040, según un estudio de la Universidad de Stanford, el 70% del total de parejas se habrá conocido así. Sin embargo, todo ese swiping ahora se ve como un largo preámbulo no para 2040… sino para 2020, el año de la pandemia. El año en que el amor a distancia se metió en la casa de mucha gente.

El día en que se declaró el aislamiento obligatorio, Andrea tuvo una cita. “Fue de despedida”, me cuenta. Como no tiene compromisos con nadie, también mantuvo en esta semana citas online con alguien que está en cuarentena porque vino desde España.

“Hay una sensación de que se acaba el mundo y hemos desperdiciado el tiempo”, sigue ella. “Y siento que se despertó eso de decir: ‘Cuando pase esto, nos tomamos una cerveza…’”. Quizás por eso también una chica le ofreció una cita online. Y, por último, está el belga que le escribe desde Mar del Plata, donde quedó varado por la cuarentena. “Nos íbamos a encontrar en Buenos Aires antes de que saliera su vuelo”, me dice Andrea. “Es un poco triste esta historia: nos habíamos enamorado y ahora todo se frustró, y él se siente mal por estar allá y no haberse quedado conmigo”.

“Mirando a Italia podemos decir que al principio de la pandemia hubo una caída en las conexiones”, sigue Marine Ravinet, de happn, “pero una vez que pasó el estado de shock, notamos una recuperación y, especialmente, muchos más mensajes intercambiados en la app, lo cual se explica fácilmente: los usuarios, al no poder encontrarse, amplían sus intercambios por escrito”.

Ahora happn está proponiedo el hashtag #datefromhome (#citasdesdecasa) y ampliando su radio de cruce de 250 metros a 90 kilómetros. “En estos tiempos difíciles, nuestra misión es ayudar a preservar los lazos sociales y las citas”.

En Estados Unidos, Bumble anunció que sus usuarios aumentaron un 8% durante la segunda semana de marzo de 2020, pero no todo es buenas noticias en esta industria: un analista consultado por Bloomberg ve que el crecimiento anual de ingresos de Match Group Inc. (dueño de Tinder) bajará del 16% al 9% y, de hecho, las acciones cayeron un 30% en el último mes a causa de la pandemia. La prostitución también está en crisis: en España, por ejemplo, las mujeres abandonaron las calles y cobran 1 euro por minuto en WhatsApp.

Laura volvió a usar Tinder en febrero. Es venezolana, vive en Buenos Aires y la app le parece algo superficial, pero a fin de cuentas, y luego de terminar una relación, le resulta útil para ver qué hay por ahí. Así fue como se encontró chateando con un venezolano que llevaba 16 años en la Argentina. “Yo le recordaba esa venezolanidad que a él le hacía falta”, me cuenta. Al poco tiempo pasaban juntos varios días. Y entonces llegó la semana de la cuarentena no obligatoria. “No sabíamos qué íbamos a hacer si continuaba… Mi monoambiente es muy pequeño y nos acabábamos de conocer”.

No habían encontrado una respuesta aún cuando la cuarentena se volvió obligatoria. Por un tiempo que se les hizo muy largo estuvieron lejos y por fin, al decidir violar la restricción para encontrarse (“está todo a flor de piel”), un policía lo detuvo a él en su camino. “Le dijo que se regresara a su casa porque estaba muy lejos”, dice ella, amargada. “Ya no sé cuándo nos vamos a ver”.

La fría seguridad de una cama sin compartir es un símbolo que, como en la década de 1980, ha vuelto a imponerse. Es recomendado incluso por el gobierno de la ciudad de Nueva York –muy golpeada por el virus– en su guía para la práctica del sexo ante la pandemia: “Tú eres tu pareja sexual más segura”, se indica ahí. “La masturbación no propagará COVID-19, especialmente si te lavas las manos (y cualquier juguete sexual) con agua y jabón durante al menos 20 segundos antes y después del sexo”.

Un mensaje de Hinge, una app de citas. Imagen: https://www.instagram.com/hinge/

Muchas parejas esperan en medio de la incertidumbre sanitaria y emocional:

Matías y Ana ven películas juntos, cada cual en su casa. Después de conocerla por una amiga en común, él la iba a invitar a salir. “Ya nos vimos más veces en citas virtuales que en persona”, dice. El hoyo fue la película que más les gustó.

Alejandra y Angello probaron demasiadas apps de videollamadas, incluida una que simula walkie-talkies. “Curioso, estamos aprendiendo a comunicarnos mejor”, me cuenta ella.

Luciana y Fernando viven a más de 3.000 kilómetros, ella en Luján y él en Ushuaia, pero alimentan su relación con viajes que ahora se interrumpieron. “Teníamos todo cronometrado para aguantar 13 días sin vernos, no más”, dice ella. Mientras tanto, hacen yoga en simultáneo con clases de Instagram.

Alejandra, en su aislamiento, piensa en replantear su relación con su novio. “No lo extraño tanto”, me dice.

Con el chico que atendía en la barra del parador (y a quien rastreó en Instagram ya terminadas las vacaciones), Guadalupe chateó algunas veces. “Una noche me insistió bastante en ir a su casa con planes copaditos de vino, peli y tabaco”, dice, “pero no fui porque ya era tarde, y ahora quedamos en este loop de suspenso”.

Un apasionado beso de 10 segundos puede transmitir, además del coronavirus, 80 millones de bacterias, según la Organización de Investigación Científica Aplicada (TNO), de Holanda. Mononucleosis, herpes, estreptococo del grupo A, citomegalovirus: estar enamorado nunca fue una actividad sencilla. Ahora además, como escribió el periodista Iñigo Domínguez en El País, “añoraremos los besos del montón, los que dábamos sin darnos cuenta, al encontrarnos, al separarnos, al darnos las buenas noches o al contemplar a la persona amada de perfil, distraída, cuando un gesto que es solo suyo recuerda por qué uno se enamoró de ella”.

Mientras tanto, Natalia y Daniel, que en el inicio de esta nota se conocieron en un bar y tuvieron su primera cita por WhatsApp, ya hablan cada noche. “El cuerpo y el contacto pasan a un segundo plano, pero el deseo sigue ahí, cada vez más vivo”, me cuenta ella.

“Falta menos para vernos”, le repite él una y otra vez, como para convencerse. “Cuando fantaseábamos en qué iba a ser lo primero que haríamos al vernos, al principio primaba el fervor sexual, pero con el correr de los días morimos apenas por un abrazote”, sigue Natalia. Ella está un poco sorprendida por el peso que cobró todo esto. Sin presencia, el deseo puede crear a un gigante. “Es la relación más intensa y corta que tuve en mi vida”, me confiesa, al final. “En tres días de chat ya nos dijimos ‘Te quiero’… y más”.


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Nuestras vidas cambiaron. Sí, en pocos días millones de personas de todo el planeta nos vimos obligadas a permanecer en nuestras casas para desacelerar la transmisión del coronavirus. Y acatar ese pedido es la acción más importante que podemos hacer.

Sin embargo, nuestra naturaleza comunitaria hace que muchos queramos ayudar de alguna manera, desde nuestro lugar y con nuestras habilidades, a quienes lo necesitan. Es más, hasta puede resultar muy saludable dedicarle tiempo a estas acciones solidarias.

Por eso, desde RED/ACCIÓN te contamos varias campañas que están haciendo algunas organizaciones y en las que vos, desde tu casa, podés apoyar y acompañar.

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Un kit con jabón, lavandina y alcohol para familias que lo necesitan

Además de quedarnos en casa, es muy importante que nos lavemos las manos con agua y jabón. Sin embargo, en la Argentina hay 6 millones de personas que no tienen baños en sus viviendas, según datos de la organización Módulo Sanitario. Y lógicamente tienen muchas dificultades para cumplir con esta medida básica para la prevención.

Módulo Sanitario es una organización sin fines de lucro formada por jóvenes profesionales que desde 2015 buscan ayudar a resolver la emergencia sanitaria que sufren muchas familias del país. Para lograrlo, construyen módulos de baño y cocina que se anexan a las viviendas, y cuentan con agua fría y caliente, desagües y electricidad.

En la construcción del módulo, cada familia colabora física y económicamente en su construcción. Como complemento, la organización realiza talleres sobre la importancia de adquirir hábitos de higiene básicos para la prevención de enfermedades.

Ante la emergencia específica por el coronavirus y para atender a la población con la que viene trabajando en sus proyectos, Módulo Sanitario invita a donar $500. Ese dinero es el necesario para armar un kit sanitario compuesto por una palangana, jabón líquido, lavandina, alcohol y vinagre.

Después, la organización se los hace llegar a las familias, a través de los comedores y organizaciones de los barrios populares en los que trabaja. En este momento están en los partidos bonaerense de Pilar, Florencio Varela y Moreno.

"Son muchas las familias que nos solicitan los productos de higiene", sostiene Matías Nicolini, miembro fundador de la organización.


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Ayudar a que los bancos de alimentos sigan con el reparto

Por supuesto que el hecho de quedarnos en casa impacta sobre las economías de todos los hogares, aunque más fuerte en aquellos con escasos recursos. Por eso, la Red de Bancos de Alimentos de Argentina (REDBdA), que reúne a 16 bancos de distintas provincias, llamó a colaborar para sostener la entrega de alimentos y artículos de higiene.

En condiciones normales, los bancos de alimentos se sostienen en gran parte gracias al compromiso de miles de voluntarios. Pero, ahora que los voluntarios deben quedarse en sus casas, los bancos deben reorganizar su logística. Y necesitan nuevos recursos para cumplir con la entrega de productos, una actividad que en el contexto de la cuarentena obligatoria, fue habilitada por el artículo 6 del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) publicado el jueves 19 de marzo pasado.

Vale aclarar que los bancos de alimentos, con esos productos, abastecen a 3.400 comedores que a su vez asisten a 490.000 personas en situación de vulnerabilidad social. Y que en la Argentina, cuatro de cada diez niños y niñas se alimentan en comedores comunitarios, según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.


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Qué podés hacer por la gente en situación de calle

Mientras muchos nos cuidamos en nuestras casa, las personas que viven en las calles han quedado más solas que nunca. O pueden quedar más solas que nunca.

Los números oficiales del invierno pasado hablan de poco más de 1000 personas viviendo en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, el segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle (CPPSC), realizado por organizaciones sociales, también en 2019, registró 7251.

Por eso, si ves a una persona en situación de calle desde tu ventana o cuando salís a comprar alimentos o medicamentos, desde Red Solidaria invitan a que te acerques manteniendo una distancia de un metro y medio y le preguntes si necesita algo. Eso sí, no olvides, antes que nada, de preguntarle el nombre.

Alcanzale alimentos, agua y un jabón. Y, avisá a los siguientes números, dependiendo del lugar en el que te encuentres:

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Existe un plan para que las personas puedan donar sangre

El cuarentena obligatoria para que permanezcamos en nuestras casas también impactó en las donaciones de sangre, que cayeron fuertemente y complican la atención de 5000 personas de todo el país que deben recibir transfusiones diariamente.

Por eso, Red Solidaria solicita a todo aquel que esté en condiciones de donar sangre, mande un WhatsApp al +54 9 11 4915 9470.

De acuerdo al lugar en el que cada uno se encuentre, la organización de voluntarios le enviará un listado de hospitales cercanos con los teléfonos a los que puede llamar para sacarse dudas, pedir un turno para donar y el permiso de circulación (que se lo envía el hospital).

“Con ese permiso y asistiendo en el horario indicado, la persona puede trasladarse para hacer la donación”, explicó Martín Giovio, de Red Solidaria.

Para más información y requisitos que se deben cumplir para ser donante de sangre en tiempos de coronavirus, te recomiendo esta nota de la periodista Fabiola Czubaj en La Nación.


QUIERO DONAR SANGRE

Desde Cruz Roja Argentina también invitan a aquellos que puedan donar sangre a sumarse al banco virtual de sangre, que no es ni más ni menos que un registro de donantes por zona. Esto permite mantener una relación con ellos, recordarles cuándo pueden volver a donar y así convertirlos en donantes frecuentes.


QUIERO SUMARME COMO DONANTE

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Ayudar a difundir información verificada

Durante los días de encierro más que nunca queremos informarnos y compartir lo que sabemos con nuestros amigos, familiares o personas conocidas. Pero consumir información verificada y ayudar a difundirla puede ser de gran ayuda.

A tal punto que Cruz Roja Argentina llama a los ciudadanos que puedan colaborar desde sus casas a difundir los contenidos verificados que la organización internacional publica en sus redes.

Por ejemplo, todavía sigue siendo muy útil difundir este posteo:


QUIERO DIFUNDIR INFORMACIÓN DESDE INSTAGRAM


QUIERO DIFUNDIR INFORMACIÓN DESDE FACEBOOK


QUIERO DIFUNDIR INFORMACIÓN DESDE TWITTER

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Ponete en contacto con tu municipio

Nos enteramos de algunos, pero seguro son muchos los gobiernos municipales que están organizando y gestionando las necesidades de sus ciudadanos y las ayudas que otros ofrecen.

Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires; Gualeguaychú, en Entre Ríos; y la Ciudad de Buenos Aires, entre otros municipios, organizan a personas que se ofrecen para coser barbijos o camisolines o a gente que pone a disposición quintas para que las use quien necesita permanecer aislado. También a quienes hacen donaciones de alimentos, ofrecen servicios de camiones para trasladar mercaderías o insumos, distribución de alimentos y medicamentos a los adultos mayores y a personas que no pueden salir a comprarlos.

Podés averiguar qué se necesita en tu ciudad y cómo colaborar llamando por teléfono a tu municipio o viendo los canales de comunicación que ofrece tu municipio en sus redes sociales oficiales.

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Impulsar nuevas ideas para abordar los desafíos de siempre

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Fundación Femsa y Socialab lanzaron el Premio BID-FEMSA para promover que este momento, uno de los más críticos para nuestra generación, sea también un impulso a superar retos históricos, como la desigualdad en los servicios de agua, saneamiento y manejo de residuos sólidos. 

Pueden participar proyectos que funcionen hace 6 meses, como mínimo, y como máximo hace cuatro años. La convocatoria ofrece 10 mil dólares a cada uno de los ganadores de las tres categorías: Agua, Saneamiento y Residuos Sólidos.


QUIERO PARTICIPAR

Estar en casa no es una opción si no una obligación como ciudadanos para contener la expansión del virus. Pero para eso no sólo tenemos que mantenernos saludables físicamente. También es importante el bienestar emocional. Y colaborar con otro que nos necesita puede ser reconfortante, además de ser útiles a la comunidad, de volvernos más humanos.


Más contenido útil para protegernos del coronavirus

Recomendaciones de aplicaciones y consejos que podés tener en cuenta si tenés que hacer home office, recomendaciones de apps para poder ver series o películas con tus amigos sin romper el aislamiento y la historia de las empresas de tecnología que se unieron para luchar contra la desinformación relacionada al virus.

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Este contenido contó con participación de miembros co-responsables y lectores de RED/ACCIÓN

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Apps recomendadas y consejos para hacer home office. Durante la semana muchas personas se vieron, de un día para el otro, trabajando desde la casa un poco apabulladas por estar viviendo una situación que hasta ese momento nunca habían atravesado. Por ese motivo escribí un artículo para brindar consejos y recomendar apps que permitieran hacerle la vida más fácil a esas personas. Hablé con tres expertos: Pablo M. Fernández y Martina Rua, autores de La fábrica del tiempo y expertos en home office, y Guillermo Bracciaforte, CEO y cofundador de Workana, plataforma que conecta freelancers con empleadores.

  • En el artículo recomendé Skype para hacer videoconferencias; Trello para organizar tareas de equipos grandes; Dropbox como disco rígido virtual para compartir archivos; CamScanner para escanear documentos con la cámara del smartphone; WhatsApp para comunicación entre equipos; Toggl para medir el tiempo que utilizás para cada tarea particular; Microsoft To-Do para hacer listas de tareas; y Google Docs para editar documentos online entre diferentes personas.

Rua, Fernández y Bracciaforte también hicieron sus recomendaciones:

  • Vestirse para trabajar. Si usás el pijama todo el día entrás en un loop eterno en el que no tenés claro cuándo estás haciendo tu trabajo y cuándo estás descansando. Los expertos recomiendan vestirse como si fueras a la oficina.
  • Generar una rutina. Determinar un horario para trabajar y otro para descansar. Es clave para que no se diluya el límite entre lo laboral y personal y termines trabajando durante todo el día.
  • Avisarle a la familia o amigos. Dentro de lo posible, explicarle a las personas con las que convivís que en determinado rango horario estás trabajando como si estuvieras en la oficina. De otra manera, las interrupciones constantes te generarán malestar y complicaciones a la hora de terminar tus tareas.
  • Probar, medir, corregir. No está mal encontrarse con situaciones que no te funcionan porque cada familia y hogar es diferente. Por ese motivo es clave que hagas pruebas, midas si te funcionaron y, si no es así, modificarlas.

Consejos de los lectores de RED/ACCIÓN:

  • Elizabeth Sánchez dijo que siempre está buscando nuevas apps que le alivien el trabajo de hacer teletrabajo. Ella, en su caso, usa Google Drive para almacenar archivos, Asana para organizar trabajos entre grupos grandes de trabajo, WhatsApp y Telegram para chatear con sus compañeros o clientes y LightShot para sacar capturas de pantalla de una manera simple y rápida.
  • Jorge Rojas sugirió Zoom para hacer videollamadas. “Es lo más recomendable hoy en día por la calidad y la cantidad de personas conectadas” que permite, explicó.
  • Finalmente Martín dijo que trabaja en relación de dependencia y dos veces por semana hace home office: “Desde mi lado puedo aconsejar trabajar en un lugar cómodo y mantener el orden en la casa. Cortar para comer” y no olvidarse de hacer las tareas del hogar.

Si hay algo que necesites hacer en tu trabajo que sea muy particular y no podés resolverlo con ninguna de estas apps o consejos, no dudes en escribirme. No hace falta más que contestes este correo. Yo te puedo a ayudar.

Podés leer este contenido gracias a cientos de lectores que con su apoyo mensual sostienen nuestro periodismo humano ✊. Bancá un periodismo abierto, participativo y constructivo: sumate como miembro co-responsable.

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Ver series y películas con amigos y familiares a la distancia. Como sabemos, el aislamiento social es la mejor manera de frenar la pandemia. El problema es que estamos acostumbrados a estar en contacto con otras personas. Luciana Coraggio entrevistó a una experta en trastornos de pánico y ansiedad que dio una serie de consejos para sufrir menos estar alejado de nuestros amigos y parientes, y desde FUTURO tenemos una página y una extensión de Chrome que pueden ayudarte...

  • &chill. Se trata de un servicio que simula ser una sala de cine que permite ver videos de YouTube con amigos. Lo único que tenés que hacer es entrar a la web, crear una sala, elegir un lugar para sentarte, tocar el botón de “playlist” y pegar el video. Después solo resta compartir el enlace para que todos vean el clip al mismo tiempo. Además, también se podrá comentar a través de un chat interno.
  • Netflix Party. Es una extensión disponible para Chrome que permitirá que veas contenidos de la plataforma de streaming en simultáneo con otros usuarios. Se activará cuando le des play a una serie o película.

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Especial coronavirus. En los últimos días todos los periodistas que forman parte de RED/ACCIÓN trabajaron en contenidos relacionados a la epidemia. Podés chequear no solo la portada del medio, sino también la cuenta de Instagram, Twitter, Facebook y YouTube.

Algunos de los contenidos que podrían interesarte:

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Facebook, Google, Microsoft, Reddit y Twitter trabajan juntos contra la desinformación. Es un momento complejo para estar en redes sociales. Por la pandemia surgieron una cantidad inmensa de fake news y desinformación y, por suerte, las plataformas tecnológicas más importantes están trabajando no solo en conjunto sino también con entidades oficiales relacionadas a la salud para poder combatirlas.

  • El comunicado. “Estamos ayudando a millones de personas a estar conectadas mientras que combatimos conjuntamente el fraude y la desinformación sobre el virus. Invitamos a otras compañías a unirse mientras trabajamos para mantener nuestras comunidades saludables y seguras”, informaron en un comunicado que fue publicado de manera conjunta.
  • Zuckerberg y Pichai. Esta semana el fundador de Facebook dijo que en el caso de una pandemia es mucho más fácil teclear la desinformación porque no hay grises, mientras que Sundar Pichai, CEO de Google, envió un memo interno a todos los empleados donde dijo que era un momento clave para la empresa.

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La situación de las mujeres en Internet. La World Wide Web cumplió 31 años y, como siempre, su creador publicó una carta donde cuenta un poco cómo observa que se encaminó su creación. Como podrás imginártelo, Tim Berners-Lee, explicó que la red no es un lugar que le esté sirviendo a mujeres y niñas.

  • Acoso y discriminación. El creador de la WWW dijo que si bien ve que se lograron “importantes avances de cara a la igualdad de género” gracias al trabajo que hicieron feministas y diferentes colectivos, le “preocupa mucho que los peligros a los que se enfrentan mujeres y niñas en la web amenacen ese progreso”. Sobre todo el de “las niñas de grupos minoritarios, las de las comunidades LGBTQ+ y de otros grupos marginalizados”.

Berners-Lee considera tres aspectos preocupantes:

  1. Que una gran cantidad de mujeres no están conectadas a internet y tienen, sobre todo en países en vías de desarrollo, menos posibilidades de conectarse que hombres.
  2. Las que sí están conectadas pero no seguras. Una investigación de la Web Foundation reveló que más de la mitad de las mujeres jóvenes encuestadas experimentaron violencia en internet.
  3. Discriminación tecnológica que muchas veces no se percibe. Se refiere sobre todo sistemas de inteligencia artificial y los sesgos que discriminan a las mujeres y acentúan las desigualdades existentes.

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Se filtra un memo interno de TikTok: discriminación y censura. Se trata de la red social del momento. Todos los centennials están como locos hablando de ella y generando contenidos constantemente intentando volverse famosos dentro de la plataforma. Pero la filtración de una carta para moderadores revela datos de censura y discriminación que son vergonzosos.

  • Contra la “pobreza” y “fealdad”. La compañía le ordenó a sus moderadores que eviten que las personas “feas” o que grabaron videos en “barrios marginales” o “viviendas en mal estado” hagan que sus publicaciones sean promocionadas en la sección “Para usted”, que es la sección dentro de la app que le muestra videos a, potencialmente, millones de usuarios y permite que se viralicen contenidos. “Si la apariencia de la persona o el entorno de grabación no es bueno, el video será mucho menos atractivo, no merece ser recomendado a nuevos usuarios”, se lee en la guía para moderadores.
  • ¿Qué dice la empresa? En una declaración sin demasiado sentido, un vocero confirmó que las políticas estuvieron en funcionamiento en un momento para “intentar prevenir el acoso”, pero que ya dejaron de utilizarse.

Llegamos al final de FUTURO. Espero que estés bien y que la semana que viene nos encuentre con mejores noticias. Te mando un abrazo y, como siempre, no dudes en escribirme si querés recomendarme una app o pedirme que toque alguna noticia tecnológica en la newsletter.

Que tengas un buen fin de semana.

Axel

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