Salud | RED/ACCIÓN
Salud | 22 de febrero de 2019

“El derecho de las personas con trastornos mentales a vivir en una comunidad no debería ser puesto en discusión”

Una de cada cuatro personas en el mundo está afectada por trastornos de salud mental. Pero, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi dos tercios de estas personas no reciben ningún tipo de ayuda profesional. El estigma, la discriminación, y la falta de recursos son algunas de las barreras que impiden su tratamiento y recuperación.

Este es el reto que enfrenta Dévora Kestel, psicóloga argentina que en enero de este año asumió como la primera mujer a cargo del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS. Desde su oficina en Ginebra, Kestel conversó con RED/ACCIÓN sobre las barreras sociales y políticas en temas de salud mental, la situación en Argentina, y modelos a seguir en el mundo.

–¿Cómo ha evolucionado la problemática de salud mental en los últimos años?

–Hoy en día, la depresión es la enfermedad que causa mayor discapacidad entre todas las enfermedades. Hablamos de más de 300 millones de personas afectadas, entre jóvenes, adultos y ancianos.

El problema de salud mental ha aumentado en los últimos años porque la población envejece, y la probabilidad de que la gente se pueda enfermar por trastornos mentales aumenta. Se vive más, se está más enfermo, aumentan los números.

Por otro lado, hoy en día se sabe más de los que sufren. Hay una cuestión de estigma, que si bien sigue existiendo, hay más trabajo en salud mental y hay más conocimiento. Antes a lo mejor no se consideraba que alguien que tenía un bajón profundo tenía un problema de salud mental.

–¿Cómo se puede derribar ese estigma en la sociedad?

En los últimos años se está hablando más sobre el tema, se acepta que algunas problemáticas son enfermedades, el nivel de aceptación va aumentando. Creo que un cambio muy importante fue que, recientemente, muchas personalidades famosas han salido a hablar de sus problemas de salud mental.

Saber que Lady Gaga puede ser Lady Gaga, cantar fenomenal y ganar premios, y al mismo tiempo tener problemas de salud mental… eso es un mensaje muy potente. De a poco se conocen casos de personas que han tenido logros importantes, y sin embargo tuvieron o tienen problemas de salud mental. Eso ayuda a derribar una barrera de estigma y discriminación que de a poco se va venciendo.

–¿Cuáles son los mayores desafíos a nivel de política pública?

Desde el punto de vista de los sistemas de salud, uno de los problemas más importantes es que a causa de años de desconocimiento, años de marginalización de esta problemática, el presupuesto dedicado a la salud mental por parte de los gobiernos sigue siendo muy magro. A nivel global, el presupuesto de salud mental representa sólo un 2% del total del presupuesto de salud pública.

Ahí hay un desafío claro. Hay que aumentar ese presupuesto, hay que dedicar más fondos a la salud mental para que se desarrollen servicios en las comunidades, fuera de los hospitales psiquiátricos, para que las personas afectadas, desde las más graves hasta las menos graves, reciban la atención necesaria. Muchas de estas personas, que pueden llegar a ser nuestros colegas, amigos, o familiares, no reciben tratamiento. La inversión en recursos humanos y monetarios es necesaria para que estas personas puedan formar parte de la comunidad de la que pertenecen.

–Argentina sancionó una Ley Nacional de Salud Mental en el 2010, pero muchos consideran que hasta el día de hoy la implementación ha sido casi nula. ¿Qué piensa de los cambios que propone la ley y por qué se ha avanzado tan poco?

Aclaro que hace unos 30 años que no vivo en Argentina, y que mi experiencia trabajando en temas de salud mental ha sido principalmente internacional. Así que hace poco que me empiezo a informar sobre la situación argentina.

Pero conozco la ley y creo que tiene muchas cosas positivas. Creo que en este sentido, Argentina como muchos países que tienen una estructura de salud más fragmentada y con menos recursos, es mucho más fácil escribir un documento, aprobarlo y pasarlo por el congreso que ponerlo en práctica.

En los últimos tiempos me consta que las autoridades de salud mental del país, lideradas por la Dirección Nacional de Salud Mental, están trabajando a sol y a sombra para que esta implementación pueda tener lugar, con una serie de pasos que estaban previstos en la ley y que no fueron necesariamente considerados hasta ahora.

El tema del presupuesto va de la mano de eso. En muchos casos los recursos destinados desde el mismo gobierno que aprueba una ley para su implementación son limitados. Entonces es muy difícil hacer una transformación radical como la que se espera, si no hay capacidad desde el punto de vista de recursos.

Es una tarea ardua porque lo que en una época se creía que se podía resolver con un hospital psiquiátrico hoy sabemos que debería ser una red de salud y servicios sociales. Es decir, un modelo donde se considera el trabajo, los derechos, la justicia, la educación, etc.

–¿Hay algún modelo de política pública de salud mental en el mundo que considere que sea un ejemplo a destacar?

Hay ejemplos, pero lamentablemente y curiosamente, ninguno está 100% consolidado.  En América Latina, Brasil tiene experiencias en algunas regiones muy interesantes. Perú hace unos años está desarrollando incansablemente servicios de salud mental en la comunidad. Y también hay casos de países muy pequeños, como la República Dominicana y Belice, que lograron cerrar todos sus hospitales psiquiátricos y desarrollar servicios alternativos.

–¿Algo más para agregar?

Creo que es muy importante dejar en claro que las personas con trastornos mentales son, primero y principal, personas que tienen una problemática que debe ser tratada como tantas otras problemáticas. Que los derechos de estas personas, los derechos a vivir en una comunidad, no deberían ser puestos en discusión. En todo caso el desafío está en nosotros, en la comunidad, en la sociedad, en los distintos actores, en buscar un diálogo con esas personas para encontrar qué tipo soluciones son las más adecuadas y justas para ellos.

Salud | 15 de febrero de 2019

Foto: Javier Sinay | Intervención: Pablo Domrose

La historia del hombre que hizo más de 60 trasplantes cardíacos infantiles

En la agenda de Horacio Vogelfang nada es cien por ciento seguro. En un día cualquiera, este médico de 67 años y dos matrimonios, de modales pausados y palabras precisas, puede estar cenando con sus amigos, viendo una película en el cine con su esposa, tomando un té con una de sus cuatro hijas o leyendo un libro en soledad, pero si en el teléfono suena cierta llamada, todo se interrumpe.

Vogelfang es el fundador y el jefe del servicio de trasplante cardíaco del hospital pediátrico más importante de la Argentina, el Hospital Garrahan: su trabajo consiste en colocar un nuevo órgano en un pecho donde hubo un corazón muy enfermo. Cuando alguien lo llama para avisarle que en algún lugar del país hay un corazón esperando, el operativo de trasplante comienza y Vogelfang arde en un torrente para el que ha venido entrenándose toda la vida. Pero su primer obstáculo es el tiempo. “Se supone que el deterioro de un corazón empieza después de las cuatro horas”, dice. “El límite son las seis horas”. Tan poco como seis horas entre la muerte de un donante y la colocación del órgano en el pecho de un niño.

Ahora es lunes al mediodía. Vogelfang ocupa una pequeña oficina repleta de papeles en ese hospital gigantesco por el que, cada día, pasan unas 10.000 personas. Su guardapolvo cuelga de una percha; un bastón de mango curvo duerme contra la pared. Vogelfang padeció de poliomielitis cuando tenía cuatro años y han quedado secuelas. A los 20 comenzó a visitar al mismo psicólogo que aún hoy visita. Una foto de Sigmund Freud sobresale entre libros de cirugía cardiológica.

Horacio Vogelfang en su oficina. Foto: JS

“Trabajamos cuando hay agujeros entre cavidades que no deben estar”, dice. “Arterias, válvulas tapadas, diminutas, algunas ausentes; porciones del corazón que deben ser reemplazadas por prótesis. Cuando no hay posibilidad de mejorar o corregir al corazón enfermo o con defectos, se recurre a una cirugía más excepcional: el trasplante”.

En esas cuatro o seis horas que hay antes del trasplante ocurren muchas cosas. Vogelfang evalúa en la primera llamada (en la que del otro lado de la línea hay alguien del INCUCAI, el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) si el órgano sirve. Puede ser que ese corazón sea demasiado grande o demasiado chico, o que tenga un grupo sanguíneo diferente al del niño receptor, o que la forma en la que falleció el donante complique las cosas. En todo caso, Vogelfang lo piensa y lo discute también con algunos de los cirujanos de su equipo. Si lo acepta, el INCUCAI le indica el horario de extracción (el término técnico es “ablación”) coordinado con otros equipos que van a trabajar sobre otros órganos: por cada donante se pueden obtener hasta siete.

El equipo de trasplante cardíaco del Hospital Garrahan, en pleno trabajo. Foto: cortesía de Horacio Vogelfang,

Paso dos: Vogelfang llama a su secretaria. Es una mujer que trabaja con él desde 1995, cuando no hacía trasplantes de órganos, sino de tejidos. Su nombre es Gisela Abad, y después de hablar, ella hace, a su vez, unas 30 llamadas telefónicas. El operativo está en marcha.

Si el órgano se encuentra a más de 100 kilómetros, el equipo de ablación (compuesto por unas seis personas) viajará a buscarlo en un avión Learjet. La secretaria llama: averigua si hay chance de despegar desde Aeroparque y si el clima presenta buenas condiciones. Llama también a una compañía de taxis aéreos y ésta se encarga de enviar remises para los médicos, y de coordinar la custodia policial que, entre el Aeroparque y el hospital, deberá acompañar a la ambulancia que llevará el órgano.

Más llamadas: hay que avisar a los cirujanos del segundo grupo, que trabajarán sobre el paciente receptor. Si ese niño se encuentra en terapia intensiva, sus médicos encargados lo preparan para el quirófano. Si el niño está en una sala común, la secretaria llama y avisa; lo mismo si está en su casa. (Un niño que se encuentra inscripto en la lista de emergencia del INCUCAI siempre tiene un remís listo para un eventual traslado urgente al hospital). La secretaria llama también al puesto de vigilancia del hospital para advertir que habrá policías, autos y movimientos.

El equipo de ablación, a punto de despegar. Foto: cortesía de Horacio Vogelfang.

Cuando el equipo de ablación despega, es tiempo del paso tres: el otro equipo lleva al paciente al quirófano. Los padres del niño –nerviosos, felices, aterrados– acaban de firmar un consentimiento para la operación y, un rato después, los anestesistas lo inducen en un sueño profundo. Ya no hay marcha atrás.

En un operativo de trasplante hay poco tiempo para pensar: el plan de acción no deja lugar a las dudas. La ciencia del trasplante, tan esforzada y admirable, pero también tan compleja e inquietante, es un triunfo de la técnica que parece estar más allá de nuestra comprensión cotidiana. “No es que me hayan abierto, hendido, para cambiarme el corazón”, escribió el filósofo Jean Luc Nancy en El intruso, un pequeño tratado filosófico sobre su trasplante cardíaco. “Es que esta hendidura no puede volver a cerrarse”. Pero no hay tiempo, y Nancy sólo pudo filosofar al respecto ocho años luego de la operación.

“El corazón nos llega unas cinco horas después de la ablación”, sigue Vogelfang. “Pero el receptor ya está con su corazón enfermo extraído, con circulación extracorpórea conectada a una máquina y con el tórax libre. Sin pérdida de tiempo, empieza la sutura del nuevo corazón con los elementos vasculares del receptor”.

Carpetas y fotos de pacientes, en la oficina de Horacio Vogelfang. Foto: JS.

Conocemos la importancia de la donación y la necesidad de hacer más trasplantes en un país como el nuestro, donde 7.586 personas necesitan uno para salvar su vida, pero no estamos demasiado al tanto acerca de lo que pasa en un quirófano como el del Hospital Garrahan, donde unas 30 personas trabajan durante seis o más horas.

Los cirujanos usan lentes de aumento. Una parte del corazón original (la que conserva las venas que llegan del pulmón con sangre oxigenada) queda en el cuerpo. ¿El resto? Se corta y se extrae. A la pieza original se le agrega el nuevo corazón. Para eso, hay que conectar la arteria aorta –que envía sangre a todo el cuerpo–, suturándola con la aorta del nuevo corazón. Lo mismo con la pulmonar. Las venas y las arterias se cosen entre sí punto a punto, con una cercanía muy inferior al medio milímetro. Se cosen a mano, con agujas e hilos muy delicados, y sólo ese trabajo puede hasta llevar dos horas.

“El momento más importante”, dice Vogelfang, “llega cuando terminamos de hacer ciertas conexiones y queremos que el nuevo corazón empiece a latir adentro del tórax del receptor, justo en el momento en que la sangre empieza a circular y llega a él”. Esto ocurre antes de terminar todas las suturas para que, con la recepción de sangre, el órgano reviva cuanto antes. “Vemos que empieza a latir y se produce una distensión del equipo”, dice Vogelfang. “Seguimos trabajando, pero sabemos que el corazón responde”.

El trabajo en el quirófano, a principios de la década de 2000.
Foto: cortesía de Horacio Vogelfang.

Vogelfang habla sin demasiados tecnicismos; es fácil entenderlo y quizás por eso la charla TED que dio en 2013 sea tan emocionante. Pero, al mismo tiempo, no usa tantas palabras coloquiales. Vogelfang se mantiene en equilibrio y, en general, parece un hombre sereno.

Desde el año 2000, hizo 63 trasplantes. En los últimos tiempos ha llegado a hacer hasta diez por año y a participar también en tres renales cada mes.

“Vogelfang es muy agradable, una persona que no cambió con los años”, lo describe su secretaria, Gisela Abad. “Humilde: su grandeza te deja sin palabras”, dice Carolina Occhiuzzi, la madre de una niña llamada Abril Dispenza, que fue trasplantada en 2004. “Venía caminando desde la puerta del quirófano, sacándose el barbijo y sonriendo con satisfacción”, lo recuerda Sergio Dispenza, el padre de Abril. La operación había durado ocho horas y Vogelfang había aplicado un inusual protocolo canadiense para que Abril recibiera un órgano con un grupo sanguíneo incompatible. Una hazaña médica. “Tuvo la hombría de hacerlo”, dice Dispenza, aún emocionado. “Vogelfang es una persona que no espera que le den las gracias”, agrega la propia Abril.

El equipo que realizó el primer trasplante cardíaco en el Hospital Garrahan, el 1 de octubre de 2000. Vogelfang está en la última fila, en el centro. Foto: cortesía de Horacio Vogelfang.

Pero a Vogelfang no le gusta ser un héroe. Cuando la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo reconoció en 2017 como Personalidad Destacada de las Ciencias Médicas, él pidió que todos los miembros de su equipo fueran mencionados y aparecieran en la foto. “La estrella de un trasplante es quien decidió donar el órgano”, dice ahora. “Generalmente no es quien falleció, sino un familiar que está atravesando el momento de máximo dolor y alcanza, para mí, la categoría de héroe”.

Dos días después de nuestro primer encuentro, sentado en su escritorio, de nuevo el bastón contra la pared y muchos papeles en todos lados, dice que se convirtió en un cirujano de trasplantes con el correr del tiempo y por las necesidades de los pacientes. Que en la etapa del aprendizaje (en Argentina, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Alemania) veía el quirófano con cierta distancia y con el interés de un principiante, pero que cuando empezó a operar él mismo, sintió la responsabilidad de trabajar con “algo que se donó”, algo que sólo funciona bien si la cirugía se hace bien. Que trata de hablar con los padres para que sean conscientes de los riesgos y que necesita que ellos formen parte del equipo. Que enfrentarlos si un niño ha fallecido es algo que no puede dar por aprendido y que aún lo golpea. Que su mayor satisfacción es haber desarrollado el único servicio de trasplante cardíaco en un hospital estatal pediátrico. Que es tarde. Y que ya se tiene que ir.

Un letrero de Abril Dispenza, en la oficina de Vogelfang. Foto: JS.

El encuentro inicial había sido un lunes. Después de la entrevista, Vogelfang se fue del Hospital Garrahan e hizo una operación en un sanatorio privado en el que también trabaja: una cardiopatía congénita. El niño ya está comiendo, sin respirador. El martes, Vogelfang realizó otra. De nuevo una cardiopatía congénita. Terminó a las diez de la noche. El paciente está en cuidados intensivos, evolucionando bien. “Hoy a la tarde tengo otra más”, dice el miércoles. Así es la vida de los cirujanos. Cada día, un acto quirúrgico. Algunos los ven como los príncipes de la medicina: una casta superior que camina con sus delantales al viento.

Sin embargo, Vogelfang ni siquiera quería ser un cirujano.

“Para mí, el cirujano no era un príncipe, sino un tipo cuadrado, que no pensaba, que hacía cosas con las manos”, dice. Soñaba con ser un psiquiatra o un psicoanalista y se sacó un 4 en la materia de cirugía en la Faculta de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Pero ingresó en algunas guardias de los hospitales, de a poco empezó a hacer cirugías y al final terminó apasionándose por ese ejercicio tan desarrollado que, a la vez, tiene algo de artesanal.

“Yo me di cuenta de que no está bien saber algunas cosas”, dice, en algún momento. “Todo esto es algo que le da sentido a mi vida, pero ¿por qué lo hago? No sé. Puede haber razones de la infancia, de los desafíos que uno adopta en la vida. No sé”.

¿Superar la poliomielitis? No lo dice él. Es una pregunta. Pero no duda en su respuesta. “Sí”, afirma, breve. “El desafío fue ese”.

Salud | 13 de febrero de 2019

Ilustración: Pablo Domrose

Una de cada diez personas en Argentina sufre de depresión: cómo identificarlas y ayudarlas

Lucila hace un mes que no va a la oficina. Tiene 33 años, vive junto a su novio, en Buenos Aires y trabaja en el ámbito de la comunicación. Lucila fue excelente alumna en el colegio y la universidad, y tiene un empleo que disfruta. Ella nunca imaginó que iba a tener que enfrentar una enfermedad mental, que por momentos le impide salir de la cama. “Lo más difícil es que no encuentro el porqué”, confiesa.

Desde que se ausentó, en la oficina circulan versiones de que es una persona conflictiva. Pocos saben en verdad que ella convive con la depresión, una enfermedad que afecta a casi 1 de cada 10 argentinos. En esta nota los especialistas recomiendan acompañar con la escucha, pedir ayuda, y no subestimar el impacto positivo de la vida social, la familia y la actividad física regular.

En el mundo, 300 millones de personas conviven con la depresión, trastorno que es la principal causa de discapacidad, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien el rango de edad de mayor riesgo se encuentra entre los 30 y los 40 años, esta enfermedad afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales y países.

Algunos de los síntomas de depresión son la apatía, la tristeza y la aparición de dificultades para comer o dormir. Las personas con esta patología sienten falta de energía y no encuentran motivación para salir de la cama. Los días se hacen largos y cumplir con los compromisos diarios se vuelve, para ellas, una misión imposible. Actividades como darse una ducha o salir del hogar encuentran una fuerte resistencia por la ausencia de ánimo.

“Hay factores, como la sociedad de consumo y las exigencias de ser joven y exitoso que contribuyen a la propagación de esta enfermedad”, señala Francisco Guerrini, psiquiatra y psicoanalista que trabajó en el Hospital Borda y en el Materno-Infantil de San Isidro. Según Guerrini, en casos agudos “una depresión puede afectar al sistema inmunológico y desatar otras enfermedades”.

“Es una patología compleja sobre la que recién en los últimos 50 años se empezó a tomar conciencia”, señala en diálogo con RED/ACCIÓN Marcelo Cetkovich, Jefe de Psiquiatría del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y autor del libro El estigma de la enfermedad mental y la Psiquiatría.

La depresión, en números

A pesar de la gravedad de la enfermedad, hasta el año pasado no existían mediciones exactas sobre su impacto en Argentina.

De acuerdo con Cetkovich, el informe Lifetime Relevance, vino a echar un poco de luz sobre este tema: “Allí se indica que un 9% de la población nacional sufre en su vida algún tipo de depresión”. Vale destacar que este es el primer estudio epidemiológico de salud mental realizado en nuestro país por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Consorcio Internacional de epidemiología Psiquiátrica de la OMS.

Una de las razones de la falta de datos a nivel local sobre esta enfermedad hasta 2018 tiene que ver con la fuerte estigmatización que aún pesa sobre los trastornos mentales. “Hay un nivel de incomprensión muy grande en la sociedad”, indica Cetkovich. Y agrega que, en ocasiones, “si una persona dice en el trabajo que tiene depresión, pierde su estatus laboral, ya que muchas veces es tildada de problemática”.

Cómo detectar la enfermedad

Existen, al menos, dos tipos de depresión: la secundaria, que surge a partir de situaciones límite -como la pérdida de un ser querido o de un trabajo- y la primaria, que se origina exclusivamente en la psiquis de una persona.

Las primeras señales de alerta de que una persona puede estar padeciendo la enfermedad aparecen en el ámbito del trabajo. “El individuo empieza a tener complicaciones para cumplir con sus obligaciones, ya que le cuesta concentrarse en sus actividades”, señala Cetkovich. A diferencia de la tristeza, explica, “la depresión no tiene una causa o explicación, es duradera y puede ser crónica”.

A partir de allí, es frecuente que la persona interrumpa sus actividades frecuentes y hobbies. “Si la persona solía practicar algún deporte, de repente, deja de hacerlo”, indica Cetkovich, el psiquiatra de INECO. En un grado más avanzado, puede haber dificultades para salir de la cama y hasta pueden aparecer ideas suicidas.

En estas instancias, tanto la OMS como los profesionales aconsejan no esquivar el tema, sino abordarlo. “Hablar de las ideas de muerte ayuda al paciente y pueden evitar que se pase al segundo paso, que es la planificación”, advierte el especialista de INECO.

La importancia del acompañamiento

En casos de depresión, el entorno familiar debe tener especial cuidado en la manera de abordar la situación. Y evitar algunos comentarios que pueden complicar el escenario.

En primer lugar, Cetkovich recomienda evitar frases que subestimen la enfermedad. “Decir cosas como ‘ponete media pila’ o ‘tenés que salir de la cama’ implica no comprender que la persona no puede hacerlo. No hay que aconsejarla sino escucharla e invitarla a buscar ayuda”. En cambio, es mejor “invitarla a salir, a caminar. Y, sobre todo, escuchar lo que tiene para decir y jamás desatender sus palabras”.

Los expertos recomiendan también tener un extremo cuidado con el uso de las redes sociales. “Su exceso puede agravar la enfermedad por la exigencia cultural de mostrarse feliz y bonito en estos canales”, puntualiza Guerrini.

Cetkovich hace énfasis en los tres “factores protectores” necesarios para afrontar la enfermedad: la vida social, la familia y la actividad física regular. “Estos aspectos, en su conjunto, pueden acelerar fuertemente la mejora del paciente”.

Una luz de esperanza

Si bien en Argentina queda mucho por recorrer en el tratamiento de la depresión, otros países han logrado importantes avances en la materia. Entre ellos, Gran Bretaña -donde el nivel de depresión resulta alarmante-, Francia, Australia y los países escandinavos. La razón, explica Cetkovich, es que en estos países “se hizo un gran trabajo en la detección precoz de la depresión, dado que muchas condiciones psiquiátricas comienzan en la adolescencia”.

También la utilización de recursos del Estado para combatir las enfermedades mentales es un paso esencial. Por ejemplo, el gobierno australiano en 2018 destinó 100 millones de dólares para afrontar la depresión y la ansiedad mediante la implementación de programas de salud mental en las escuelas y en establecimientos llamados “Headspace” (espacios para la cabeza).

Qué hacer si conoces a alguien que sufre de depresión

La depresión es curable en la mayoría de los casos. Ante los síntomas de depresión, es recomendable acercarse a los centros de salud mental, a las áreas de Psiquiatría de los hospitales, o al Hospital Alvear de la Ciudad de Buenos Aires. Allí se obtiene información sobre los tratamientos, o bien se puede iniciar uno directamente.

El compromiso de las autoridades y las campañas de difusión y prevención de esta enfermedad resultan vitales para disminuir las cifras de personas con depresión. Por ejemplo, todos los 10 de septiembre la OMS impulsa el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Y en 2017 dedicó ese día a la depresión. Este tipo de iniciativas permite no solo informar, sino también luchar contra el estigma social que afrontan quienes la padecen.

Salud | 4 de febrero de 2019

Ilustración: Pablo Domrose

Un nuevo paradigma para hablar de cáncer

El cáncer ya no es sinónimo de muerte, y convencidas de que las palabras pueden afianzar mitos y perpetuar inequidades, doce organizaciones de la sociedad civil relanzaron la campaña “Cáncer: hablemos en positivo”, para desterrar, entre otras cosas, el lenguaje bélico que rodea la enfermedad. Si las palabras crean universos, definen emociones y expresan sentimientos, también pueden cambiarle de un momento a otro la realidad a una persona.

En el mundo uno de cada cinco hombres y una de cada seis mujeres desarrollan cáncer a lo largo de su vida, pero sólo uno de cada ocho hombres y una de cada 11 mujeres muere a causa de la enfermedad. Se calcula además que 4 de cada 10 casos se pueden prevenir.

En el marco del Día Mundial del Cáncer, que se conmemora este 4 de febrero, la campaña sugiere modificar el uso de expresiones que remiten a la guerra. Las organización detrás de la campaña son la Fundación ACIAPO, Asociación Civil Sostén, Movimiento Ayuda Cáncer de Mama, Fundación FUCA, Fundación TIEMPO DE VIVIR, A.C.L.A – Linfomas Argentina, Fundación Pacientes Cáncer de Pulmón, Asociación ALMA, ACILCO Asociación Civil, GIST Argentina, Fundación Bomberos de Argentina y la Asociación Argentina de Oncología Clínica.

“Comunicar con precisión, sin crudeza, sin hablar de pronósticos es fundamental”, afirma el médico oncólogo Matías Chacón, presidente de la Asociación de Oncología Clínica, una de las entidades que lidera la iniciativa.

“El cáncer hoy en día es una enfermedad más. Todos sabemos que vamos a morir, y en realidad hay que entender que el diagnóstico no nos acerca a ese final. Los tratamientos avanzan permanentemente y lo que ayer no tenía medicación tal vez hoy lo tenga, o en el futuro, por eso no hablo de pronósticos con mis pacientes”, explica.

Y aunque reafirma la importancia de elegir la forma de comunicar, el médico aclara que la manera de transmitir debe adaptarse a la cultura de cada país. “La población argentina es muy latina, las personas con diagnóstico de cáncer vienen al consultorio acompañadas, están muy contenidas. Los pacientes anglosajones son distintos, más distantes, por eso también la manera de expresarse debe ser más concreta”.

Chacón agrega que para algunos tumores, como ciertos tipos que afectan a la tiroides o a la próstata, se debate en las sociedades científicas dejar de usar el término cáncer, debido a las altas posibilidades de cura definitiva.

El origen del lenguaje bélico

Tras la retirada de Estados Unidos de Vietnam, y en busca de otro adversario, en 1973 el presidente Richard Nixon firmó la ley National Cancer Act y destinó US$1.500 millones a lo que se llamó “la guerra contra el cáncer”.

Este hito marcó el cambio de la retórica con la que comenzó a hablarse de la enfermedad, principalmente en los medios de comunicación, que aún hoy perdura y que tratan de desterrar los médicos y asociaciones de pacientes.

De acuerdo con el último informe de la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, uno de cada cinco hombres y una de cada seis mujeres en el mundo desarrollan cáncer a lo largo de su vida, y uno de cada ocho hombres y una de cada 11 mujeres muere a causa de la enfermedad.

“Me molesta cuando se refieren a mi como un guerrero contra el cáncer, un luchador por la vida. Esos términos no me gustan”, dice Fernando Piotrowski, director de Asociación Alma y paciente de leucemia mieloide crónica desde agosto de 2002. Desde ese año, realiza tratamientos que le permiten sostener una buena calidad de vida.

“El cáncer dejó de ser una enfermedad terminal –agrega Fernando- en la actualidad hay muchos y muy buenos tratamientos y terapias. No me gusta cuando se dice que un paciente está dando una lucha o una batalla contra el cáncer. En realidad, la ciencia médica no tiene armas, dispone de herramientas, de medicamentos para tratar la enfermedad. Lo que proponemos junto a la Asociación de Oncología Clínica es cambiar esta terminología bélica y entender que no estamos en una guerra contra el cáncer sino en un recorrido a favor de la salud”.

Durante la entrevista telefónica que nos concedió Fernando, conversamos sobre si es correcto que lo llamen paciente. “En realidad no me gusta, porque paciente refiere a una persona pasiva, pero por el momento no encontré una palabra que la reemplace”, fue su respuesta.

Según datos del Instituto Nacional del Cáncer, se diagnostican más de 115.000 nuevos casos por año en la Argentina, lo que representa más de 300 por día. Los tipos más frecuentes son –en este orden- el de mama, colon-recto, pulmón, próstata, cuello uterino, riñón, páncreas, estómago, vejiga, linfoma no-Hodgkin y las leucemias. El diagnóstico precoz y la prevención son fundamentales, y en esto también influye el correcto uso de los términos.

En este sentido se expresa la médica oncóloga Victoria Costanzo, subjefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Instituto Alexander Fleming, quien destaca la importancia de una mirada positiva hacia el cáncer. “No es que esta mirada vaya a condicionar la evolución de la enfermedad ni su pronóstico, sino que ayuda a afrontar el tratamiento”. La especialista señala además que “es importante conocer el objetivo y los efectos adversos de la medicación. Saber que a veces sentirse mal es algo transitorio como consecuencia de la medicación para lograr un objetivo superior, que es la cura o la mejora en la calidad de vida”.

La oncóloga afirma que “las palabras o las miradas negativas pueden hacer que las personas tengan miedo y que ese miedo a hacerse un estudio, retrase el diagnóstico. Eso es bastante común en las mujeres que evitan la realización de las mamografías”.

En cáncer de mama, de acuerdo con cifras de la Sociedad Argentina de Mastología, más del 90% de los tumores en estado inicial tienen buen pronóstico de cura, por lo que se recomienda la mamografía anual, acompañada de otros estudios que sugieran los profesionales.

Foto: Luis Robayo / AFP

Cuatro de cada diez casos son prevenibles

“Tenemos que animarnos a hablar de cáncer con las palabras precisas, sin tabúes, prejuicios o estereotipos, porque poniendo el tema sobre la mesa seguramente podamos contribuir a mejorar la prevención y la detección a tiempo, dos aspectos indispensables para mejorar la supervivencia ante el cáncer”, remarcó Matías Chacón, médico miembro de la Fundación para la Docencia Investigación y Prevención del Cáncer.

“Hoy se sabe que cuatro de cada diez casos de cáncer se pueden prevenir con cambios como dejar de fumar o con una alimentación saludable. En muchos casos, las chances de curación o control del cáncer son muy elevadas si el diagnóstico se realiza a tiempo, como en los cánceres de mama, de colon, de piel o de próstata”.

Haydée González es paciente en remisión de linfoma NH folicular desde hace 18 años, aunque los médicos le habían dicho que podía tener una recaída. Conduce la organización Linfomas Argentina, desde donde contiene a pacientes que buscan un lugar donde hablar, preguntar y hallar respuestas.

“La persona que llama –cuenta Haydeé- está muy angustiada porque acaba de ser diagnosticada. Entonces la ayudamos a ver la parte positiva de su situación: hay un tratamiento, y si falla hay otras opciones. Evitamos las palabras como “batalla” o “guerrero”, porque en el cáncer no hay triunfadores ni perdedores. Hablamos de personas que están transitando por una enfermedad, que tiene tratamiento, con muchas posibilidades de cura”.

“Durante el tratamiento a veces estuve decaída, o un poco cansada o triste. A pesar de que tenía ganas de sentirme así, mis allegados me instaban a estar bien, alegre. Y después me di cuenta de que muchas veces lo hacía por ellos”, explica María Alejandra Iglesias, que tuvo cáncer de mamá hace 16 años y hoy dirige la asociación civil Sostén.

Después de escuchar muchas historias de vida, Iglesias asegura que “la mayoría de las personas manifiestan que la carga violenta de las palabras no ayuda a su estado de ánimo y por lo tanto no beneficia su recuperación. Por eso, la campaña tiene como objetivo tratar de evitar eufemismos, dejar de usar términos bélicos como arsenal terapéutico, lucha, batalla. Tratamos de poner el tema sobre la mesa, como una situación que a veces toca transitar, que puede representar cierta vulnerabilidad física o emocional para la persona diagnosticada, pero que también detectada a tiempo puede favorecer la recuperación de quien lo transita”.

Antes de fallecer como consecuencia de un cáncer cerebral, el senador republicano por Arizona John McCain, hizo un llamado a la prensa para que dejara de utilizar el lenguaje bélico al referirse a la enfermedad, terminología acuñada por el presidente norteamericano Nixon.

Mientras atravesaba el tratamiento señaló que no se consideraba ningún guerrero, sino una persona que intentaba curarse con los tratamientos disponibles para la enfermedad.

Así, con la ciencia médica a su disposición, el mito de que ‘cáncer’ es sinónimo de ‘muerte’ está próximo a desaparecer. Además de la prevención y el diagnóstico precoz, hay terapias disponibles que logran la cura en muchos casos, y en otros, una excelente calidad de vida para las personas diagnosticadas con la enfermedad.

Salud | 23 de enero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Un pueblo de 850 habitantes recuperó la salud

El pueblo bonaerense de Reta estuvo casi un año sin médico. Fue hasta abril del año pasado, cuando el doctor Alejandro Goldbaum se hizo cargo del centro de salud que asiste a los habitantes del lugar.

En esta nota te contamos cómo trabaja Goldbaum en este pueblo, por qué hay regiones de la Argentina con pocos médicos o directamente sin ellos. Y la falta de estadísticas actualizadas a nivel nacional, que permitan detectar poblaciones que están en la misma situación en la que estaba Reta y su gente hace un año.

“Acá lo que sobra es tiempo para hablar con el paciente”, dice Alejandro Goldbaum, médico titular del centro de salud de Reta, un apacible pueblo playero de la provincia de Buenos Aires, ubicado a 80 kilómetros de Tres Arroyos.

Frente a la única plaza de Reta se levanta el centro de salud local. Al entrar, nos encontramos con una amplia sala de espera. Como habíamos quedado, allí nos estaba esperando Alejandro Goldbaum. Mientras nos saludamos le digo que esperaba encontrarme con un médico vestido con ambo y un estetoscopio alrededor del cuello. Me cuenta que siempre usa uniforme, pero dadas las circunstancias de la fecha, 31 de diciembre, estaba más de “entrecasa”.

Alejandro Goldbaum habla con sus pacientes. Foto: La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos

Antes de invitarnos a pasar a un consultorio para iniciar la entrevista, saluda a una persona y habla con la enfermera sobre la consulta de un paciente. Alejandro no parece un médico que se mudó a Reta hace solo unos meses. Tiene la fisonomía y la tranquilidad de los habitantes del pueblo, y hasta una forma pausada y cansina de hablar.
Su historia como médico de Reta comenzó el verano pasado cuando el hartazgo por el agobiante ritmo del conurbano bonaerense y un íntimo deseo de cambiar de vida se juntaron en un instante azaroso.

En esos días estivales de 2018, el doctor Goldbaum, experto en diagnóstico por imágenes, pasaba junto a su esposa por el frente del centro de salud de Reta y sin saberlo expresó una frase que sería el inicio de un cambio radical en la vida familiar: “Que lindo sería trabaja acá”.

Inmediatamente envió un mail a la secretaría de Salud de Tres Arroyos, para preguntar sobre la posibilidad de trabajar en Reta. La respuesta sólo demoró 24 horas. Luego siguió una sucesión de hechos que fueron imparables.

Es que su consulta llegó a la secretaría de Salud de Tres Arroyos como caída del cielo. Entre varios desencuentros y renuncias, Reta se había quedado sin médico desde hacía casi un año y la comunidad reclamaba que se cubriera esa vacante.

De su arribo a Reta, Goldbaum recuerda: “Con mi mujer llegamos el 30 de abril, y el primero de mayo ya estábamos trabajando. Venía de sufrir varios hechos de inseguridad en Buenos Aires, más un ritmo diario recorriendo varias clínicas de Quilmes, Lanús, Avellaneda, Ezeiza, Lomas de Zamora, de lunes a viernes de 8 a 21. El cambio de vida fue drástico. Además puedo continuar con mi actividad vía internet, que es el diagnóstico mediante tomografías y resonancias”.

Alejandro Goldbaum. Foto: Roberto Giovagnoli

Durante el largo y frío invierno pasado, Goldbaum se dedicó a conocer en detalle a la población estable del lugar, unas 850 personas. Realizó un relevamiento de cada historia clínica para conocer patologías o enfermedades prevalentes.

“A medida que fueron pasando los días, fui conociendo el estado de salud de los pobladores. Hicimos un historial de todos los habitantes y no vimos una patología prevalente especial, sino las comunes a cualquier comunidad, como presión arterial, enfermedades comunes de los niños y problemas de adultos mayores. Vamos individualizando a gente que necesita una medicación especial para que no le falte. Al igual que un riguroso control del calendario de vacunación para los niños y niñas. De diciembre a marzo hacemos atención a turistas que luego se van, pero archivamos la historia clínica de todos los pacientes porque siempre vuelven”, detalló Goldbaum.

El cambio de vida no fue sólo para él. Su esposa, Haydeé Gómez, es licenciada en psicología y creó en el mismo centro sanitario un departamento de Salud Mental.

La vida en Reta

Ir hasta Reta puede parecer un viaje hacia el fin del mundo. Al dejar la Ruta Nacional 3, a la altura del kilómetro 533, se toma la ruta provincial 72. Solo el pueblo Copetonas le recuerda al viajero que hay vida en la región. Reta se hace desear en medio de campos e innumerables formaciones de árboles. Pronto, ese olor inconfundible de agua salada y arena húmeda avisa que el mar está cerca.

En temporada de verano, por las calles y playas de Reta pueden convivir hasta 15 mil personas. “Eso es una ciudad entera que te llega de repente”, señala Alejandro Goldbaum.

Foto: La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos

Sin embargo el ahora médico titular del pueblo asegura que el principal problema que existe en el lugar son los accidentes laborales. “Actualmente en Reta hay muchos emprendimientos en la construcción, y los trabajadores no utilizan los elementos de protección que exige el oficio. No usan casco, ni guantes y los accidentes ocurren con las moladoras u otras máquinas que se utilizan en las obras. Ya pensamos en que debemos hacer campaña para evitar esos accidentes”.

“La llegado del doctor Goldbaum fue providencial” asegura la secretaria de Salud de Tres Arroyos, la doctora María Isabel Tarchinale. “Teníamos a Reta en llamas por la falta de un médico, y en eso nos llega su mail. Rápidamente se pudo instalar y hacerse cargo del centro de salud. Fue la solución a un problema que veníamos acarreando desde hacía meses”. Y enseguida agrega: “La falta de médico es un problema que afecta a todo el país y se ha agravado con el correr de los años”.

La funcionaria arriesga una hipótesis sobre este fenómeno: “La soledad, entre otros factores, puede ser una de las causas. En esos sitios sos médico las 24 horas todos los días del año, sumado al maltrato de los pacientes. En las grandes ciudades también ocurre, pero allí los médicos se sienten más acompañados y contenidos por sus pares. En los lugares alejados, el médico está solo frente al paciente y su angustia. Por suerte ahora tenemos cubiertas con médicos a todas las localidades de departamento de Tres Arroyos. Ha sido un logro muy importante”.

Foto: La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos

El arribo de Alejandro Goldbaum llevó tranquilidad a la población de Reta. “Ahora la gente sabe que puede ir al centro de salud y allí va a encontrar a un médico que te atiende y te escucha. Era algo que la comunidad estaba reclamando”. Así lo asegura Silvia Spata, una habitante de Reta de 60 años, que suele visitar seguido la sala, no solo para hacer una consulta, sino para charlar un rato.

Es que, según ella misma destaca, el Centro de Salud se ha convertido en un punto de referencia para los pobladores.

Con una mirada similar, Walter Bereiro, dueño del Parador Walter, celebró que haya un médico fijo en la villa balnearia y aseguró que “durante la temporada de verano siempre suele haber incidentes en la playa y es necesario contar un con médico para atender a los turistas”.

Es víspera de año nuevo y las calles de Reta son un páramo, con 35 grados de temperatura. Goldbaum asegura que “el problema de acá es la distancia con un centro de alta complejidad. Cuando la patología requiere un estudio se debe derivar al paciente a Tres Arroyos. Aquí hay una ambulancia disponible pero muchas veces la gente no cuenta con los recursos”.

Pueblos sin médico

¿Cuáles serían las causas de la falta de médicos en zonas alejadas de las grandes urbes? Para Goldbaum: “por lo general, muchos médicos optan por refugiarse en la comodidad de tener a mano todas las herramientas y posibilidades de estudios y análisis para brindar un diagnóstico”.

Mientras que cuanto más alejado de las ciudades está un médico “debe apelar a una medicina más básica, más en contacto con el paciente y saber escucharlo como hacían los antiguos médicos rurales. Por eso digo que acá lo que sobra es tiempo para hablar con el paciente, conocer detalles de su vida y sus costumbres”.

Poco después explica que “en la actualidad, al paciente se lo escanea y luego se lo diagnostica. Ir a ejercer la medicina a lugares inhóspitos implica tomar riesgos. Cuando decidí instalarme acá pensé en devolverle a la sociedad la oportunidad de haberme formado como médico”.

Foto: Roberto Giovagnoli

En el marco de la secretaría de Salud de la Nación, funciona el Observatorio Federal de Recursos Humanos en Salud. Y uno de sus objetivos es relevar la proporción de médicos en relación con la población de cada provincia.

De allí que según los últimos datos disponibles, que son de 2016, Santiago del Estero es el distrito con menos profesionales, con sólo 1,96 cada mil habitantes. Mientras que en Capital Federal hay 13,12 médicos cada mil habitantes y en la provincia de Buenos Aires esa proporción es de 2,90.

Los datos revelan una marcada inequidad en la presencia de médicos en las distintas regiones del país. Sin embargo, no hay precisiones oficiales a nivel nacional acerca de las demandas puntuales en cada distrito.

La hipótesis del médico Alejandro Goldbaum coincide con los argumentos de la Confederación Médica de la República Argentina (COMRA). El presidente de esa entidad, Jorge Alberto Coronel, señala que desde hace tiempo se advierte que “la carencia de recursos humanos en salud se debe, en primer lugar, a la falta de capacitación de los profesionales que egresan de las universidades en Atención Primaria de la Salud y salen orientados hacia las especialidades de mayor complejidad. Esto sucede porque no se actualizan las currículas en la formación de recursos humanos”.

En segunda instancia, agrega Coronel, “en los ministerios de salud de las provincias no se elaboran planes a mediano y largo plazo para la radicación de profesionales en los lugares donde más necesita la población. Además, falta que se implementen leyes de carrera médica que les permitan tener salarios dignos para permanecer con sus familias en zonas alejadas. Y a esto se suma que no existen estímulos ni valoración de la profesión en Atención Primaria como primer nivel de contención en salud”.

El presidente de COMRA señala que “el ex Ministerio de Salud ahora convertido en Secretaría, debería disponer de cifras y datos precisos para atacar este problema, porque -agrega- si el Estado no aporta los recursos no habrá solución”.

Alejandro Goldbaum. Foto: Roberto Giovagnoli

En Reta, el final de la entrevista con Goldbaum lo marca el ruido de la puerta de entrada del Centro de Salud que que se abre y se cierra de golpe. Una mujer, con un pequeño en brazos, pide por el médico.

Alejandro Goldbaum ya sabe el diagnóstico. Con una sonrisa dice: “Es el agua, no es que esté contaminada, pero tiene distinta concentración de sales y eso afecta a algunos organismos”, e invita a la mujer a pasar al consultorio.

Nuestro horario de visita termina.

Actualidad | 14 de enero de 2019

Foto: Alfredo Leiva / Télam

Hantavirus: qué medidas se tomaron en Epuyén para contener el brote

Qué pasó. Diez personas murieron en Chubut como consecuencia de un brote de hantavirus y ya son 28 los casos confirmados en esa provincia patagónica. El brote genera miedo en la población e incertidumbre respecto a qué se está haciendo para contener el problema.

Qué se hizo. El 14 de noviembre se confirmó el primer caso de hantavirus en Epuyen y el 5 de diciembre, con la existencia de más casos, el Ministerio de Salud de Chubut declaró la existencia del “brote”. Luego, el 19 de diciembre, el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación emitió una alerta epidemiológica. Desde entonces se tomaron una serie de medidas que resumimos en esta nota.

La situación actual

  • Si bien Epuyén no está cerrado ni aislado, por orden judicial y por recomendación sanitaria hay una orden de aislar en sus casas a 94 pobladores que estuvieron en contacto con personas que contrajeron el virus. Esa medida se mantendría por 30 días.
  • Para resguardar que se cumpla esa medida, hay 40 efectivos recorriendo el pueblo. La orden judicial también establece que el estado provincial garantice las necesidades cotidianas de esas personas que deben permanecer aisladas.
  • A nivel provincial, hubo giro de fondos adicionales para los hospitales de la región que están atendiendo los casos.
  • El pueblo, esencialmente turístico, vive una crisis económica importante porque el grueso de los visitantes canceló las reservas y decidió no ir a Epuyén. Estiman que 120 mil visitantes pasan cada verano por el pueblo y unos 40 mil duermen en el lugar, según narra Clarín.

Las primeras medidas

  • Se conformó un Comité de Contingencia provincial y una Mesa Multisectorial de Trabajo formada por el Ministerio de Salud de Chubut y la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación.
  • Se realizaron charlas y recomendaciones de prevención a la comunidad educativa y a la comunidad de la localidad de Epuyén.
  • Se realizó el trampeo de roedores en las viviendas de los casos y otros posibles lugares de infección, resultando negativo la captura de roedores. Se continuará con dicha actividad.
  • Se realiza el estudio epidemiológico pertinente, con las entrevistas de los casos confirmados y sus contactos. Se encuentra en proceso la caracterización clínica y epidemiológica de los casos.
  • Se visitan e inspeccionan los ambientes eco-epidemiológicos de riesgo relacionados con los casos.
  • Se realizan conferencias y partes de prensa diarios.
  • Se participa desde la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación en las acciones de terreno en Epuyén y en el procesamiento de las muestras de los pacientes.
  • Se postergaron las fiestas de la Fruta Fina (El Hoyo), Artesanos (Epuyén), Tren a Vapor (El Maitén) y Del Bosque (Lago Puelo).

Qué medidas tomar si viajás a la zona

Claves para entender el brote

La gravedad del brote. Entre 2013 y 2018, en Argentina hubo 111 fallecimientos confirmados por hantavirosis, con una letalidad del 18,6 %. El brote actual en Chubut eleva la letalidad al 35,7 %.

Se trata del brote más grave y letal, ya que en las últimas tres décadas (1988-2018) en Chubut se habían registrado 107 casos con 35 fallecimientos como consecuencia de esta enfermedad viral que transmiten los ratones. Además es un brote “inusual” porque incluye la transmisión entre personas.

A nivel nacional, el brote de Chubut también resulta muy significativo, ya que en los últimos seis años las víctimas fatales por hantavirus fueron 111, a razón de 18,5 por año, pero contabilizando brotes en 11 provincias.

Qué es el hantavirus. Es una enfermedad viral aguda grave causada por el virus Hanta que ataca los pulmones del ser humano.

Cómo se contagia. Los ratones silvestres lo transmiten a las personas, eliminando el virus a través de la saliva, las heces y la orina. Al secarse se combinan con el polvo y se transportan por el aire. También se puede contagiar por mordeduras o contacto directo con estos roedores.

Contagio entre personas. El Ministerio de Salud de Chubut explicó que se trata de un brote “inusual y extraordinario” porque la relación entre los casos identificados y los resultados de la investigación en el terreno les permitió “concluir que la vía de transmisión de este brote sería de persona a persona”.

Cuáles son los síntomas. Se parecen a un estado gripal: fiebre, dolores musculares, escalofríos, dolores de cabeza, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Después de algunos días puede haber dificultad respiratoria que puede agravarse produciendo lo que se conoce como síndrome cardiopulmonar por hantavirus.

Salud | 8 de enero de 2019

Cómo funciona la “nariz electrónica” argentina que podría detectar asma, diabetes y tabaquismo

El invento de un equipo liderado por un investigador del CONICET utiliza sistemas olfatométricos y sensores que ya se aplican en alimentos, productos de farmacia y cosmética. Pero la gran novedad es su potencial uso medicinal para diagnosticar enfermedades.

En noviembre obtuvo el Premio “Disruptive Technology Award”, en la premiación de la Edición 2018 del Programa Explorer Jóvenes con Ideas, en Madrid, y este año comenzará a probarse en el hospital Municipal de la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen. Aquí, su historia.

“El desarrollo de inventos para la detección precoz de enfermedades no transmisibles era una demanda de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, explica Carlos Rinaldi, investigador del CONICET en la Comisión Nacional de Energía Atómica y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, y uno de los creadores de la “nariz electrónica”.

La clave del funcionamiento de la “nariz electrónica” –cuyo nombre técnico es SiSenCO2– consiste en el sistema de quimiometría, señala Rinaldi. “Se entrena con diferentes aromas y, cuando la nariz incorporó esos olores, compara los nuevos estímulos con los anteriores”.

En el caso de la diabetes, el invento funciona a partir de un análisis de orina, realizando una comparación olfativa. En cambio, para la detección del asma se aplica a la respiración del paciente: se lo hace exhalar en una bolsa de Tedlar -donde se retiene el aire- y luego se utiliza la nariz electrónica. A través de los sensores que contiene, es posible identificar una serie de sustancias llamadas compuestos orgánicos volátiles (COV), que indican si el paciente posee una enfermedad respiratoria como el asma. En ambas situaciones, la respuesta es casi inmediata. “En menos de una hora se obtienen los resultados”, puntualiza Rinaldi.

La “nariz electrónica” fue desarrollada por la Fundación Argentina de Nanotecnología, y surgió en 2014 de la mano de los cordobeses Carlos Rinaldi, su hijo Javier -estudiante de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- y Ricardo De Simone, ingeniero metalúrgico y empresario.

Pero fue recién a partir de la fabricación de los sensores, que antes se importaban, que la creación adquirió todo lo necesario para funcionar. Una vez que la empresa comenzó a elaborar los sensores de manera independiente el proyecto adquirió peso propio, y estuvo listo para salir a mostrarse al mundo.

Proyectos para mejorar el mundo

En Madrid, el invento argentino compitió en la final con otros cinco inventos de los 1.000 proyectos provenientes de la península ibérica, Portugal y Argentina. Entre las otras creaciones estuvieron “Energy MOD”, originado en la ciudad española de Oviedo, es un modelo de estación de servicio marítima para la recarga de embarcaciones eléctricas mediante energías renovables.

Javier Rinaldi, durante la recepción del premio, en Madrid

Otro de los participantes fueron Solum (un proyecto surgido en Sevilla y que consiste en una aplicación para aprender idiomas), Vlinfy (una startup que transforma la basura orgánica en residuos de alta calidad listos para su reutilización) y Purple Blob (un sistema para recoger y monitorizar información anónima cuyo análisis permite una mejora en las ciudades).

El reconocimiento que recibió la “nariz electrónica” en España es vital para el emprendimiento: el premio de 3000 euros permitirá impulsar su difusión en esta etapa inicial. Rinaldi asegura que el próximo paso es la puesta en marcha de este producto en un centro de salud argentino: “en 2019 este sistema comenzará a funcionar en el hospital Municipal de la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen”, relata el cordobés. Una gran oportunidad para medir el potencial impacto de este invento aplicado a la prevención médica.


Salud | 4 de enero de 2019

Foto: Ian MacNicol / AFP

El video de Jonás y el suspiro de la vida

Rolo me llama. Camino tres pasos. Llego. Ya estoy del otro lado del mostrador. La frontera divide el espacio: de un lado están los enfermos y del otro los sanadores. Rolo, el enfermero, cliquea play en YouTube. El video, gira.

Jonás Gutiérrez está en el borde del campo. Van 20 minutos del segundo tiempo. El juez de línea marca el cambio. Sale Ryan Carter, que camina lentamente hacia el banco de suplentes. El Galgo Gutiérrez, 333 días después, regresa: vuelve a jugar profesionalmente al fútbol. Jonás y Ryan chocan palmas y se besan mutuamente en la mejilla. Jonás toca el césped y se persiga dos veces en el nombre del padre.

Rolo me mira buscando mi complicidad aunque yo no lo mire. Yo solo lo escucho. Me vuelvo a hipnotizar con el video que vi la noche anterior en TV. Me muerdo el labio inferior en absoluto silencio. Rolo relata el video que sólo tiene audio ambiente. La ovación de los 52 mil espectadores que gritan como si  fuera el gol del campeonato en el estadio Saint James Park.

“Es emocionante. El gesto de Jonás, sus ojos. La gente… ¡Mirá la gente! Como gritan esos ingleses. Ese gordito que se para, está sacado, grita sin parar. Y lo de Coloccini, qué gesto, le cede la cinta de capitán.  Pero pará, pará… Hay una última imagen, donde se ve un suspiro de Jonás. ¡Pará, mirá, ahí! ¡Ese suspiro! ¡Cuánto dice ese suspiro de Jonás!”, Rolo, el enfermero de 27 años, relata, entre detalles y exclamaciones, el video que se viralizó en YouTube: “Emoción en la Premier League: Jonás Gutiérrez volvió a jugar en el Newcastle tras ganarle al cáncer”

El video termina y Rolo hace silencio.

Cualquier palabra que pueda emitir no tiene sentido. Y aún más porque estamos en la sala de oncología de la Clínica Pergamino. Cualquier palabra no completa ningún hueco, ningún dolor, ninguna incertidumbre, y más aún cuando saque mis ojos del monitor de la PC para volver a mirar del otro lado del mostrador, del lado donde están los enfermos de cáncer haciéndose quimioterapia. Cualquier palabra no puede ponerle adjetivos a los sentimientos encontrados que fluyen como ríos desesperados por mis venas, y más aún porque entre los pacientes que están haciéndose la quimioterapia está mi vieja.

Hoy es jueves 5 de marzo de 2015, mañana de niebla en Pergamino, la ciudad pujante del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Hoy es el día después de la fecha en que nadie recordará que Newcastle perdió 1 a 0 frente al Manchester United, en un partido de la Premier League de Inglaterra. Hoy es un día para celebrar la vida de la mano de Jonás, el exjugador de Vélez que detectó su enfermedad luego de que mayo de 2013, cuando jugaba para Newcastle contra Arsenal, el futbolista chocó contra el defensor Bacary Sagna y sufrió una inflamación que derivó en dolor, molestias y una serie de estudios clínicos que cuatro meses después del golpe le pusieron nombre a la dolencia. La palabra maldita, el diagnóstico que nadie quiere recibir: cáncer en el testículo izquierdo. Hoy es, también, el último día del primer ciclo de quimioterapia me recibe mi mamá, luego de la detección del cáncer hace dos meses atrás.

El video finaliza. Mabel, mi vieja, que aún continuaba sentada en un mullido sillón verde en el Centro de Día de la clínica, donde más de quince pacientes a diario se realizan el tratamiento de quimio, se pone de pie y se incorpora en la conversación: “Recuerdo un programa especial que hicieron en TN, lo entrevistaron a Jonás y al finalizar el conductor le dijo que tenía una sorpresa: aparecieron todos sus amigos pelados, yo lloré como una marrana”. Eso dice mi vieja.

Rolo, el enfermero que hace más de tres meses que trabaja en el área, nos despide. Durante la mañana húmeda y soporífera había sonado un disco completo de Andrés Calamaro. “Yo le trato de poner onda, siempre musicalizo la mañana, a veces Abel Pintos, pero me gusta Calamaro, también”, dice Rolo con una amplia sonrisa.

La sala es blanca, posee dos piezas con camas para aquellos pacientes que deben someterse a una quimio prolongada y aprovechan para dormir o relajarse mientras el medicamente endovenoso ingresa en el cuerpo para frenar a la enfermedad.  Hay un amplio ventanal que da hacia el este, a espaldas de la clínica, cubierto con cortinas que frenan los rayos de sol de la mañana.

Rolo dice que le gusta su trabajo, que disfruta con la gente más grande, se divierte y las hace divertir. “Pero también viene mucha gente joven, tal vez hoy no vinieron tantos”. Los “tantos” que llegan a ese lugar -que parece una kermés de pacientes- esperan que el tratamiento haga efecto. Hombres y mujeres, jóvenes, ancianos y niños que no temen pronunciar la palabra cáncer.

La primera batalla que hay que ganar es la del mito. Desmitificar el mal. Los periodistas -durante mucho tiempo- bautizamos al cáncer con distintos eufemismos: “la larga dolencia”, “el mal mayor” y demás oraciones esquivas. Jonás Gutiérrez, el futbolista que regresó, al principio mantuvo su diagnóstico en silencio, a la gente que lo veía pelado le decía que había hecho una promesa. Pero un día  decidió contar su historia. “Yo cuento la historia porque a pesar de que es una situación delicada, no hay nada malo. Y esto puede ayudar a la gente. A que luche, a ser fuerte. Son piedras en el camino pero son pasables. Y de ahí siempre se sale más fuerte”.

Y yo decido escribir este relato como una especie de exorcismo, como un ritual de amor y agradecimiento: un puñado de palabras que me recuerdan -mientras suspiro ahora mismo- que aún estamos vivos.

Para vos, vieja, que partiste, y que nos enseñaste que la enfermedad no es mal si se la enfrenta con dignidad.

Salud | 2 de enero de 2019

Fuente: INCUCAI

En 2018 se logró un récord en donación y trasplantes de órganos

Hay números que revelan un récord para celebrar en la Argentina. El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) confirmó que durante 2018 se registró el récord histórico de 701 procesos de donaciones de órganos, que permitieron que 1.681 pacientes en lista de espera accedieran a un trasplante. Nunca antes se registró una cifra semejante en donación y trasplantes de órganos en el país.

Estos números representan un crecimiento de 18%, con respecto a 2017, año en el que se registraron 593 procesos.

Durante el año pasado un hecho bisagra visibilizó la problemática de la donación en el país: la Ley Justina.

Justina Lo Cane, de 12 años, falleció mientras esperaba un corazón que nunca llegó. En aquellos largos días, Justina les decía a sus padres que el pedido no debería ser sólo por ella, sino por todas las personas que esperan un órgano.  Así nació la campaña “Multiplicate por 7”, que rápidamente se extendió por las redes sociales. El lema destaca la idea de que un donante puede salvar la vida de hasta siete personas que aguardan por un órgano.

Cuando Justina murió, su familia se convirtió en vocera de la necesidad de un cambio, y con ese propósito comenzaron a trabajar junto al INCUCAI. El 4 de agosto pasado entró en vigencia la nueva Ley de trasplante de órganos, tejidos y células, número 27.447,  llamada Ley Justina, norma que fue aprobada por unanimidad en el Congreso Nacional.

Las autoridades del INCUCAI reconocen que la ley fue un envión clave para lograr estas cifras récord. La nueva norma fortalece el sistema de procuración de órganos, al agilizar y simplificar los procesos de donación y trasplante.

“Estábamos esperando este cambio”, aseguró el presidente del INCUCAI, Alberto Maceira, en diálogo con RED/ACCIÓN. “Con la Ley Justina se modifica el paradigma en el país y también se verifica un cambio en la conciencia de la población, que acompaña el crecimiento de la sociedad con respecto a entender de qué se trata el proceso de donación y trasplante”. Maceira agregó que “es muy importante contar con un marco normativo para que las instituciones puedan trabajar con total tranquilidad”.

También destacó que la “Ley Justina sostiene y refuerza la percepción positiva que siempre tuvo la sociedad argentina a cerca de la donación y trasplante de órganos”.  A la vez que insistió en que aún el sistema sanitario no ha terminado de comprometerse con el proceso de donación y trasplante.

Los trasplantes en números

De los 1.681 trasplantes de órganos realizados 986 fueron renales, 409 hepáticos, 125 cardiacos, 84 renopancreáticos,  43 pulmonares, 21 hepatorenales, 6 cardiorenal, 5 pancreáticos, 1 cardiopulomar y 1 hepatointestinal. Se concretaron también 1.250 trasplantes de córneas.

Nueve provincias superaron la media nacional de donantes, que es de 15.75 por millón de habitantes: Ciudad Autónoma de Buenos Aires (34.88), Tucumán (34.45), Córdoba (22.26), Santa Fe (22.12), Misiones (21.89), Mendoza (21.03), Formosa (20.16), Entre Ríos (19.85) y  Neuquén (17.01).

Vale destacar también que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Tucumán, Córdoba, Misiones, Formosa, Neuquén, Catamarca, Jujuy, Río Negro, Chubut y Santiago del Estero superaron sus marcas históricas de donantes.

Los establecimientos hospitalarios que concretaron más procesos de donación de órganos en 2018 fueron el Hospital Ángel Cruz Padilla de Tucumán, el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez de Santa Fe, El Hospital de Urgencias de Córdoba, El Hospital Escuela de Agudos Ramón Madariaga, el Hospital Central de Mendoza, el Hospital General de Agudos Simplemente Evita de González Catán, el Hospital José María Cullen de Santa Fe, El Hospital San Bernardo de Salta, el Hospital de Alta Complejidad Presidente Juan Domingo Perón de Formosa y los Hospitales Nuevo San Roque y Misericordia, de Córdoba.

Salud | 19 de diciembre de 2018

Foto: Hospital Garrahan

El Garrahan inauguró el vacunatorio público más grande de la Argentina

El hospital Juan P. Garrahan ha decidido hacer una nueva apuesta por lo que considera un pilar en la salud pública: la vacunación. Y para ello desde mañana pone en funcionamiento un vacunatorio de 256 metros cuadrados.

Durante una recorrida por las flamantes instalaciones, el presidente del hospital, Carlos Kambourián, refleja la importancia de la vacunación en una frase: “los pediatras conocemos primero de vacunas y después de anatomía”. Y refuerza: “La vacunación es la política de salud pública más importante con la que cuenta la sociedad. Un niño que tiene el calendario de vacunación al día es un niño protegido. Una sociedad inmunizada es una sociedad con mejor calidad de vida y más sana”.

La inauguración del nuevo espacio está en sintonía con la aprobación de una nueva ley de vacunas por el Congreso de la Nación. La normativa, que actualiza la ley 22.909, vigente desde 1983, mantiene la gratuidad y obligatoriedad de las vacunas, y declara a la vacunación de interés nacional, con equidad para todas las etapas de la vida. Según el texto, el Estado Nacional es responsable de proveer a las distintas jurisdicciones los insumos necesarios para cumplir con la inmunización de toda la población.

Uno de los aspectos que incluye la nueva norma, que aún debe ser reglamentada por el Poder Ejecutivo, es la obligación por parte de diferentes organismos de requerir el carnet de vacunación para tramitar por ejemplo la renovación del documento nacional de identidad, la licencia de conducir, o el pasaporte, así como también para cumplir con controles médicos laborales. La documentación también debe ser solicitada para el ingreso y el egreso escolar y la tramitación de asignaciones familiares. El objetivo no es impedir el trámite, sino que la persona conozca cuáles son las vacunas disponibles para las distintas etapas de la vida.

Por año, el Hospital de Pediatría Garrahan aplica más de 52.000 dosis, y con el nuevo vacunatorio se prevé que el número se incrementará en, al menos, un tercio. El espacio posee una sala de espera, zona de recepción con personal administrativo, 2 baños, 6 boxes para vacunar equipados con instalaciones necesarias y espacio para cambiadores. Se trabajó especialmente en un área para personal y almacenamiento de vacunas, con un depósito para material, una sala de frío con red eléctrica segura y depósito para residuos con salida al exterior.

Foto: Hospital Garrahan

También se renovó el equipo de vacunación itinerante diario, que es un grupo de profesionales que recorre el Hospital para vacunar a los niños y niñas internados.

El Kambourian reconoce que hace muchos años que el Garrahan se debía esta obra. “Sabemos de la importancia de la vacunación y del rol que tienen en la prevención de las enfermedades. El único objetivo es que los niños y niñas se enfermen menos”.

“Nunca es grato venir a un hospital, pero la idea es que cuando las familias vengan los chicos encuentren un lugar agradable para pasar el rato. Por eso hay un espacio de juegos dentro del edificio del vacunatorio y un espacio verde justo al lado, situado en una de las esquinas del hospital, ubicado en Brasil en el barrio porteño de Parque Patricios, con entrada independiente sin tener que pasar por ninguna otra sección donde haya pacientes inmunodeprimidos. Los integrantes del vacunatorio están muy entusiasmados, porque antes estaba en medio de la sala de espera principal del hospital y eso no era práctico, con un espacio muy reducido”, contó el director.

Por otra parte, el médico sostuvo que “los grupos antivacunas en la Argentina son pocos, por suerte. Nosotros respetamos todo tipo de opiniones, pero cuando está en juego la vida de las personas, no”.

Parado en el centro de la espaciosa y vidriada recepción del vacunatorio, el presidente de la Fundación Garrahan, el pediatra Jorge Menehem, asegura “que es importante mostrar esta obra, ya que ha sido posible gracias a fondos genuinos del hospital y de la Fundación. La gente que colabora con sus aportes puede ver y palpar qué se hacen con esos fondos”.

Foto: Hospital Garrahan

Menehem, además, señala que puede parecer contradictorio que un hospital de alta complejidad tenga un vacunatorio, “pero se trata de un sector imprescindible”.   

La responsable del vacunatorio, Adriana Parra, recorre con la mirada cada rincón de las instalaciones y remarca: “Tiene una entrada independiente, desde donde se puede acceder sin pasar por el resto de las áreas. Eso es una ventaja para quienes quieren vacunar a sus hijos, que no son pacientes del hospital”.

Parra amplía que el equipo de vacunación itinerante continuará recorriendo las salas de internación con todas las vacunas del calendario y aplicará las dosis a demanda.

La vacunación es un acto de prevención solidario o, como lo nombran los médicos, de efecto rebaño, ya que otorga inmunización a la comunidad. Al nuevo vacunatorio del Garrahan se podrá ir sin turno para aplicarse las vacunas gratuitas y obligatorias que conforman el calendario nacional, “el más amplio de América Latina”, según el presidente de la Fundación Garrahan, Jorge Menehem.

Salud | 17 de diciembre de 2018

Intervención por Pablo Domrose

El desafío de patinar sobre hielo con diabetes

“Soy Lulú y tengo diabetes, no soy una diabética”, se presenta Lourdes Aguilar, de 16 años, mientras orgullosa muerde su medalla de oro obtenida en la Categoría Pre Juvenil argentina en Patinaje sobre Hielo.

En el preciso momento en que el vértigo de la adolescencia y los proyectos le dan una adrenalina única a la vida, Lourdes tuvo que parar un instante para después seguir. De un día para el otro los síntomas se manifestaron. Mucha sed, con ganas de orinar, siempre cansada y muy delgada. Lourdes se lo comentó a su padre, sabiendo cual sería el futuro.

Una simple medición de la glucemia y otros análisis de rutina decretaron que Lourdes tenía diabetes tipo 1. Ella sabía cómo cambiaría su vida porque tiene un hermano menor con la misma enfermedad.

Cuando se conoció el diagnóstico fue un golpe duro. Durante una semana no quiso salir de su cuarto, pero una contundente sentencia de su psicóloga fue el punto de partida: “esto llegó para quedarse”. Con esa certeza, Lourdes volvió a sonreir y a retomar su vida con una naturalidad envidiable, que le permitió cumplir con un entrenamiento semanal intensivo en la pista de hielo de la Escuela Rusa de Flores.

Foto: Roberto Giovagnoli

Vitalidad es la palabra más precisa para definir a Lourdes, que muestra orgullosa todas sus medallas obtenidas gracias a las destrezas sobre una pista helada. La diabetes tipo 1 y el patín llegaron casi juntos a su vida.

Tenía 12 años cuando le diagnosticaron la patología y 5 meses después se calzó de forma azarosa unos patines en Bariloche, y ya no se los sacó más.

Para ella, el deporte fue como una vendetta a la enfermedad. A la que sumó un desafío extra como es el ambiente de frío extremo en la pista, poco aconsejable para personas que viven con este tipo de diabetes. Pero para Lourdes esos detalles son insignificantes. “Siempre tengo a mano una gaseosa o azúcar para compensar si estoy bajita”. Lourdes dice “estar bajita” cuando la medición le indica el descenso del nivel de glucosa.

También cuenta que para entrenar o competir se quita la bomba de insulina, que la acompaña a todas partes, por miedo a que una caída destroce el dispositivo. Pero repite que esa tecnología le cambió la vida.

La bomba de insulina es un dispositivo más pequeño que un smartphone, conectado a un catéter que administra la insulina en forma continuada. Se trata de un infusor que controla el nivel de glucemia las 24 horas, y así reemplaza las múltiples inyecciones de acción lenta. Además, una alarma advierte sobre alguna alteración en los niveles, incluso durante las horas de sueño. La bomba es configurada según la indicación precisa para cada paciente, que por lo general tienen valores de glucemias inestables, y es lo que se conoce en términos médicos como “labilidad glucémica”.

“Al principio –cuenta Lourdes- me daba un poco de vergüenza sacar todos los elementos que tenés que llevar para el control y para inyectarme, cuando aún no tenía la bomba. Por ejemplo cuando iba a un restaurante y la gente comenzaba a mirarte como una rareza. Pero con el tiempo empecé a no prestarle atención a esas cosas. Además, mis amigas y amigos naturalizaron la situación y me ayudan un montón. Siempre están atentos a cómo me siento y me preguntan si necesito algo”.

Escuchar comentarios sin argumentos acerca de la enfermedad es algo que fastidia a Lourdes. “Hay gente que te dice aflojá con los caramelos porque te vas a volver diabética y yo siempre tengo ganas de decirle: ‘No, así no funciona, no tiene nada que ver’”, explica siempre con una sonrisa.

Foto: Lourdes Aguilar

Un desafío que enfrentó hace poco tiempo fue un viaje a Londres durante un mes, con un grupo de amigas. Para cumplir con ese sueño hubo una condición innegociable: llevar la bomba de control de glucemia. Antes de la partida, Lourdes reunió en su casa a sus amigas más cercanas y les dio una clase sobre diabetes tipo 1 para que la asistan ante cualquier imprevisto lejos de casa.

Diabetes tipo 1

En general, es una enfermedad poco conocida y con escasa difusión. La palabra diabetes se asocia a pacientes adultos, propensos a la obesidad y al sedentarismo, que son los factores de riesgo para el tipo 2.

En cambio, la diabetes 1 es una enfermedad crónica que se caracteriza por la falta de producción de insulina. Eso provoca un aumento de la glucosa o azúcar en sangre por encima de los límites normales. No obstante, no afecta en absoluto las capacidades intelectuales, ni el aprendizaje, ni la adquisición de habilidades en cualquier disciplina.

La médica especialista e integrante de la Sociedad Argentina de Diabetes, Susana Fuentes, señala que la diabetes tipo 1 se presenta frecuentemente en niñas, niños, adolescentes, y personas delgadas. Es consecuencia de un fenómeno de autoinmunidad, que no ocurre en la diabetes tipo 2. Hay células del páncreas que no son reconocidas como propias y son destruidas por el sistema inmune, lo que lleva a la disminución y supresión total de la secreción de insulina.

Fuentes advierte que la diabetes tipo 1 está en aumento a nivel mundial en menores de 5 años, mientras que en la Argentina la incidencia es de 4,4  cada 100 mil niñas y niños menores de 15 años.

Las personas con diabetes que requieran una bomba de insulina deben saber que esta debe ser cubierta por prepagas y obras sociales, previo a una auditoría médica. Es más, la bomba o micro infusores están comprendidos en el Plan Médico Obligatorio.

Foto: Lourdes Aguilar

La diabetes tipo 1 no le impide a Lourdes estudiar, patinar, salir con sus amigas. No le impide soñar. Lourdes ya sabe qué hará en un futuro. Estudiar traductorado y vivir en el extranjero, en un país “donde se hable inglés”, son sus objetivos. Eso sí, siempre con los patines a cuestas en busca de una pista que le permita desafiar al frío. Sabe que para eso su organismo debe estar impecable y para eso esmera los cuidados.

Salud | 10 de diciembre de 2018

Foto: Alejandro Torrigino

Macarena es ciega, aprendió a filmar e inspiró una nueva forma de enseñar

Este es el audio de la nota leída desde braile por Macarena Dealesandro:

Macarena Dealesandro es una joven no vidente que se graduó en la licenciatura en Periodismo por la Universidad Abierta Interamericana de Rosario. El director de la carrera y docente de Periodismo Televisivo cuenta en primera persona cómo fue enseñarle a filmar y el desafío que asumió toda la comunidad educativa para acompañarla en su carrera.

Las historias nunca comienzan cuando el narrador lo desea. Las historias preceden al narrador y continúan cuando el narrador se marcha. Pero esta, al menos para mí, se enciende en mi pequeña oficina de la universidad hace cinco años atrás.

Yo estoy detrás de mi escritorio. Inclino mi cabeza hacia la derecha para que el monitor de la computadora no me tape. Macarena y Liliana, su mamá, están en frente encogiendo las rodillas para no chocarlas contra el escritorio. La madre está llena de interrogantes pero se percibe un aplomo que se sustenta en el amor. La madre me dirá, cinco años después, que se siente muy feliz. Y yo la miraré a los ojos tratando de sostener la mirada mientras siento que Macarena escribió un renglón más en una historia que no comenzó con aquella primera reunión en mi oficina, sino hace 23 años: el 17 de marzo de 1995 cuando nació en el Sanatorio de la Mujer de Rosario.

A Macarena no sé cómo mirarla.

Foto: Alejandro Torrigino

¿Qué miramos cuando le hablamos a una persona no vidente? Pueden ser sus ojos, su boca, sus manos. O perdemos la vista en un punto de fuga como si ese gesto íntimo fuera un pacto unilateral para equilibrar los sentidos. Macarena quiere ser periodista. Yo dirijo una carrera de periodismo. Hay una reunión. Un diálogo, Un gesto. Y al fin, una decisión.

Declamar la inclusión no es complejo. Ejercer la inclusión es un acto de interpelación íntima y una tarea colectiva que nos empuja a derribar nuestros propios muros y construir sobre los escombros que dejamos en ese transitar. De aquella primera reunión me quedaron recuerdos transformados en fugacidades. Palabras dichas como un conjuro para tratar de creerme a mí mismo en tiempo presente: que ella será una más, que la universidad será una ayuda para su propia maduración, que no habrá ni caridad ni privilegios ni lástima, que una cosa es la solidaridad y otra cosa es la pena, que necesitará de la colaboración de sus compañeros, que todos los docentes tendremos que volver a aprender cómo enseñar, que las aulas tienen paredes transparentes y que el saber es un flujo. Que hay que aprender haciendo. Pero todavía hay un hacer que no lleva gerundio.

La tesis de Macarena

Hoy, cinco años después, Macarena Dealesandro obtuvo su título de Licenciada en Periodismo con un trabajo final denominado “Inclusión laboral de personas con discapacidad visual en medios de comunicación audiovisuales públicos de Rosario”.

Foto: Macarena Dealesandro

Hoy a Macarena la miro a los ojos. Mientras tanto, ella prepara su texto en braille.

En Argentina viven más de cinco millones de personas con alguna dificultad o limitación permanente, lo que equivale al 12,9% de la población total. Del total de la población con discapacidad permanente, la mayoría (el 59,5%) padece atrofias visuales. Estos datos oficiales corresponden al último Censo Nacional realizado en 2010. Con frecuencia, este grupo de personas se ven marginados de la sociedad, principalmente porque no pueden elegir un trabajo que los integre.

En frente están Liliana, la mamá, Leonardo, el papá, Pamela, la hermana mayor. Están sus excompañeros de curso, entre ellos Verónica. Hay amigos, docentes y el jurado de la tesis. Yo estoy a su izquierda, cargo una presentación en la computadora con datos, estadísticas, imágenes y argumentos. Ella me pregunta si está la primera placa. Le contesto que sí. Hacemos la presentación formal.

Desde 1981 en nuestro país existe la Ley Nº 22.431, la cual en 2003 pasó a ser Ley Nº 25.689. La misma obliga al Estado Nacional y a las empresas públicas a ocupar como mínimo el 4 por ciento de los puestos de trabajos con personas que tengan alguna discapacidad. Sin embargo, en el último informe sobre el cumplimiento del cupo laboral publicado por la Jefatura de Gabinete de Ministros en 2015 se observó que de una muestra de 315.583 personas con discapacidad sólo 2.468 tienen trabajo, es decir el 0,78 por ciento del total.

Foto: Alejandro Torrigino

Comienza la disertación y jamás lee el texto en braille que tiene como ayuda memoria. Comienza por un resumen, sigue el objetivo general, los específicos, la hipótesis y recuerda a sus tutores, el profesor de Introducción al Pensamiento Científico, Sebastián Llansa y la profesora de Metodología de la Investigación, María Julia Rizzotto.

Una de las grandes dificultades que tienen los empresarios es que asocian a las personas con discapacidad visual con la imposibilidad de desempeñar tareas laborales. Sin embargo, las personas ciegas poseen la capacidad para formar parte de un puesto de trabajo. El propósito de esta investigación reside en comprobar la situación actual de inserción laboral que presentan los medios de comunicación audiovisuales públicos de Rosario en relación con este grupo, porque al igual que los demás, merecen tener un trabajo digno. La inclusión laboral de estas personas es un proceso que debe permitir el empleo integrado en empresas. Esto implica que el trabajo se realice en las mismas condiciones de tareas, sueldos y horarios que el de cualquier otro trabajador sin discapacidad.

Verónica, su amiga

Si bien nació en Rosario, Macarena llegó de Leones, una pequeña ciudad de la provincia de Córdoba. No le costó adaptarse al ritmo urbano por los lazos solidarios de la comunidad que, según ella, está acostumbrada a ver a personas ciegas en las calles: “Salvo las veredas rotas, siempre percibí mucha generosidad por parte de la gente”.

Macarena aprendió a memorizar los nombres de las calles, a cocinarse, a lavar los platos, a organizar sus horarios y a moverse. Dice que a sus padres le costó soltarla. Y que si bien, un año antes de su llegada a Rosario, había intentado moverse sola en Leones, no lo había logrado. Hasta que llegó el primer día en la universidad.

Sube a un ascensor. Se encuentra con otra estudiante. Hablan. Ambas van a la misma charla. Es una jornada de apertura donde se explica el funcionamiento académico y se brindan detalles específicos de la carrera. Se presentan.¿Cómo te llamás?

– Verónica. ¿Y vos?

– Macarena. ¿De dónde sos?

– De un pueblito de Entre Ríos, pero no lo vas a conocer.

– No, no, decime.

– De Maciá.

Macarena empezó a los gritos con signos de exclamación. Cuando está feliz esa es una de sus características. “Sí, lo conozco por la Sole”. Macarena es fanática de la cantante folclórica. Mucho de lo que conoce Macarena del país es por seguir a la Sole por toda la Argentina.

Macarena y Verónica el día que se conocieron, en marzo de 2014. Foto: Macarena Dealesandro

Verónica atribuye a ese encuentro algo especial. Si bien consolidaron una amistad con el correr de los años, esos segundos en los que tarda en subir un ascensor -y donde por lo general nunca ocurre nada interesante- ellas tuvieron la potencia como para reconocerse, aceptarse y percibir un sentimiento mutuo. “Nos complementamos”, dice Verónica. “Somos un equipo”.

De ese instante surgió una amistad y un camino académico de trabajos prácticos, ideas y proyectos. “Macarena me enseñó a ver que no es lo mismo que mirar”, afirma Verónica entre convencida y emocionada. Y no es una frase hecha.

Foto: Alejandro Torrigino

“Por una cuestión biológica, Macu no puede mirar. Pero el ‘ver’ tiene ‘que ver’ con el percibir. Yo empecé a percibir sensaciones que las aprendí al estar en contacto con ella. Los que tenemos la posibilidad de mirar, muchas veces pasamos por alto esas percepciones, como por ejemplo la respiración. Nosotros nos distraemos con lo visual. Y vemos cómo estamos vestidos, cuestiones más superficiales. Ahora estoy más conectada”.

Cuando un periodista con discapacidad visual consigue trabajar en un medio de comunicación, se enfrenta a obstáculos que debe superar. Una de esas dificultades radica en que las empresas periodísticas no cuentan con entornos informáticos accesibles para estos profesionales, ya que priman las presentaciones gráficas o visuales. Por lo tanto, la mayoría de las veces, estos comunicadores requieren de la colaboración de una empresa de informática externa que preste apoyo tiflotécnico. Otras veces, el éxito de la integración laboral del profesional con discapacidad visual ocurre gracias al ingenio del personal informático de la empresa que se aventura con voluntad a proporcionar algunas técnicas que salvan la situación a niveles básicos.

Enseñar de manera inclusiva

En la tesis de Macarena se habla de los obstáculos pero también del ingenio y de la voluntad. Y, durante su paso por la Universidad, siempre nos empujó a intentar vencer las barreras. Las propias y ajenas. En cada reunión del claustro docente siempre se debatió sobre cómo, de qué manera hacer la vida académica más inclusiva. Y así fuimos adaptando programas, clases, contenidos, apuntes, entornos digitales. En mi caso, como docente de Periodismo Televisivo, enseñar los planos, los encuadres y los movimientos de cámara fueron una aventura.

Macarena parada en un extremo del aula. Yo en el otro y a los gritos.

– Macuuuuu, ¿me escuchás?

– Sí, Juan.

– Bueno, te estoy hablando en plano general.

Acto seguido, contarle un secreto, en primerísmo primer plano. “Las confesiones y los secretos se dicen en primerísmo primer plano”. Para luego terminar la clase haciendo un trencito emulando un trávelin: el movimiento de cámara que puede ser frontal -hacia adelante o hacia atrás- lateral -de derecha a izquierda y viceversa- o circular.

Es necesario concientizar a la sociedad para que promuevan la inserción laboral de personas con discapacidad e incentivar a este colectivo vulnerable a que comience a buscar empleo en las empresas públicas. La incorporación laboral de personas con discapacidad es un desafío al cual se deben enfrentar todas las empresas.

Imaginar desde el tacto y la escucha

Para Macarena, el periodismo se construye entre todos. “A veces los medios desvirtúan la realidad cuando no existe el chequeo de datos”, sostiene. Y si tiene que elegir un medio, prefiere la televisión. Y se excusa. “Si bien yo no veo, me gustan las cámaras, conocer sobre la imagen, las posibilidades estéticas de la televisión”, argumenta. “Pero si vos te presentás en la postulación para un trabajo y no tenés chances, es muy difícil volver a postular porque predecís la respuesta”. Y las predicciones están basadas en la estadística. Eso demuestra su tesis. En los medios públicos audiovisuales no hay ninguna persona con discapacidad visual trabajando.

A Macarena siempre le preguntan si ve algún tipo de color.

“Yo soy ciega. No veo ni colores. Ni blanco, ni negro. No siento nada en los ojos. Sí, me imagino las cosas. Porque las toco. Porque escucho”. 

Foto: Alejandro Torrigino.

Y ahora escucha los aplausos, cinco años después de una reunión en una pequeña oficina. Macarena es licenciada en Periodismo. Sus palabras son una acción que ponen en movimiento un deseo y que desnudan las desigualdades de una sociedad que -pese a las leyes- es muy injusta. Este cronista, después de las miradas, le dirá a la editora de RED/ACCIÓN de publicar una nota. Y le advertirá que no podrá ser objetivo. Que utilizará la primera persona. La editora hará una contraoferta: ¿Macarena podrá leer la crónica?. El cronista se comunicará con Macarena y le hará la oferta. Macarena dirá que sí, pero pasará el texto en braille. Y advertirá que, cuando lo lea, necesitará la ayuda de alguien para apretar el botón de ‘grabar’, porque ella tendrá sus manos ocupadas, leyendo. Y este no será el final de la historia.

Porque las historias jamás finalizan cuando lo decide el narrador.


Salud | 3 de diciembre de 2018

Foto: Fundación Ian

El corto animado argentino sobre discapacidad que busca llegar a los Oscar

En el marco del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, Mundoloco, la productora de Juan José Campanella, estrenó “Ian, una historia que nos movilizará”. El cortometraje animado está basado en la historia real de Ian, un niño de 10 años con encefalopatía crónica no evolutiva, una enfermedad que le genera dificultades de movilidad y lenguaje.

“Buscamos acercar a los chicos a la diferencia para tender puentes. El corto es un flechazo a las emociones”, dice Sheila Graschinsky, mamá de Ian. A través de la Fundación Ian, Graschinsky busca combatir la desinformación y los prejuicios sobre personas con discapacidad, ideas que muchas veces llevan al bullying.

Qué pasó. El viernes pasado, todos los canales infantiles del país (Cartoon Network, Discovery Kids, Disney Channel, Nickelodeon, Paka-Paka y más) se unieron para transmitir en simultáneo el cortometraje con el objetivo de promover un mensaje de inclusión. La iniciativa fue replicada en otros países de América Latina a través de los mismos canales.

Contexto. En Argentina, más de 5 millones de personas (o el 13% de la población) padecen de algún tipo de discapacidad. Ellas se enfrentan a importantes barreras de inclusión social y laboral. Según la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (ENDI), el 75% de las personas con discapacidad en edad laboral no tiene trabajo. Según una reciente campaña de la Red Regional por la Educación Inclusiva, una de las principales razones de esta exclusión laboral es la falta de inclusión de personas con discapacidad en las escuelas.

Cómo sigue. Uno de los objetivos de la Fundación Ian y Mundoloco es lograr que el cortometraje llegue a ser nominado al Festival de Cannes y a los premios Oscar para lograr un impacto a nivel global. El film ya ha sido premiado en varios festivales internacionales y actualmente compite para ser nominado a los Premios de la Academia 2019.

Mirá el trailer:

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Salud | 30 de noviembre de 2018

Foto: Rodrigo Mendoza

Adolescentes con VIH: el sistema del Hospital Garrahan para acompañarlos en su paso al mundo adulto

Desde hace una década, el Hospital Garrahan acompaña a los adolescentes que viven con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) en su transición desde el sistema pediátrico al de adultos, para evitar que, en el tránsito, abandonen el tratamiento. Ya acompañaron a 400 chicos y chicas y hoy otros 140 preparan su pasaje. La mayoría nacieron con el virus.

El Programa de Transición de Adolescentes del Garrahan es un proyecto institucional. Pero en otros hospitales pediátricos, sin políticas públicas específicas, la suavidad del pasaje al sistema de adultos depende de la buena voluntad profesional. Y es ahí donde muchos chicos y chicas quedan en el camino. ¿Se puede replicar este modelo en otros hospitales?

Solange Arazi Caillaud es pediatra infectóloga:  trabaja con niños y adolescentes con VIH en el Hospital Garrahan desde hace 15 años y junto con Rosa Bologna, jefa del Servicio de Epidemiología e Infectología, fue quien empezó en 2007 con una prueba piloto para acompañar cuerpo a cuerpo a 30 jóvenes positivos y verticales en la transición de la atención pediátrica al hospital de adultos.

En ese momento en el Garrahan se atendían más de quinientos chicos y jóvenes con VIH, unos ochenta eran mayores de 16. “Había chicos de hasta de 24 años que nadie se ocupaba de derivar y quedaban medio en el limbo. Eran los sobrevivientes: nunca se había pensado que iban a llegar a ser adolescentes y que iban a poder seguirse en un hospital de adultos y seguían viniendo acá para controles de laboratorio, tomaban la medicación y zafaban”, relata.

El primer paso para armar el programa de transición fue encontrar socios en consultorios de adultos. Personalmente, Arazi Caillaud buscó referentes en cada hospital porteño, con la idea de que los chicos lleguen a espacios donde son esperados. Después, implementaron un consultorio de transición para adolescentes, con otras reglas. “Son consultas mucho más largas, donde intentamos que ellos poco a poco cobren más autonomía, y un rol más activo. Los preparamos para el hospital de adultos, donde se van a tener que manejar solos”, explica.

Antes de que se concrete la transición, la pediatra repasa una suerte de check list para saber si las condiciones del traspaso están dadas. Una de las cuestiones básicas es que ellos entiendan su patología de base: qué es el VIH, cómo se transmite y cómo no, qué tienen que hacer y a dónde deben recurrir si tienen algún problema.

En el consultorio de adolescentes positivos del Garrahan hoy se atienden unos 130 pacientes de entre 14 y 18 años. Con los niños, suman casi 400. Con la medicación antirretroviral, el HIV se convirtió en una enfermedad crónica: hoy una persona que adhiere al tratamiento y reduce su carga viral hasta que sea indetectable tiene la misma expectativa de vida de una persona sin el virus. Pero la adherencia no es algo que viene dado de una vez y para siempre. “Casi todos dejan de adherir en la adolescencia”, explica Arazi Caillaud. “La medicación es lo que está ahí, es contra lo que se rebelan los pibes: es la medicación, no es el virus, porque el virus no lo ven, es muy abstracto”.

En 2007, el 75% de los chicos y chicas positivos que se atendían en el Garrahan había perdido al menos un padre o madre por causas asociadas al VIH/Sida. La mitad había perdido a los dos. Para muchos de ellos, el estigma de “me voy a morir de esto” sigue muy presente.

Medicados desde el nacimiento

La mayoría toma medicación casi desde el nacimiento: empezaron con remedios muy difíciles de tragar, con sabores horribles. Y aunque hoy ya no tomen 15 pastillas por día sino 2, viene con una media de 14 años de tratamiento encima. “Estos chicos son complejos desde lo virológico, tienen una vida super compleja, con un montón de eventos tristes, con muchas pérdidas y muchos duelos. Y eso hace que la adherencia, la posibilidad de mantener este tratamiento de por vida, sea más difícil”.

A veces, directamente suspenden el tratamiento: cuando llegan al consultorio hace varios meses que abandonaron la medicación. “Nosotros intentamos que entiendan por qué tienen que tomar, qué pasa si no toman, cuáles son las complicaciones, y qué es lo que puede pasar”, explica Caillaud. “Y que después decidan. Uno de los derechos de los adolescentes es la autonomía y la toma de decisiones: si no quieren tomar, yo no los puedo obligar”.

Solange Arazi Caillaud / Foto : Rodrigo Mendoza

Los obstáculos para la transición son tanto institucionales como afectivos: para los verticales el hospital pediátrico es su segunda casa y para sus familias es el lugar donde “los salvaron”. La idea de que tienen que irse despierta fantasías y miedos que Arazi Caillaud tiene que ir desactivando con delicadeza. “Es un proceso de empoderamiento y autonomía. Yo les hablo de que se van a cambiar de hospital desde que tienen 14, para efectivizarlo a los 17, 18. Esa efectivización se hace charlando con los pacientes y sus familias: elegimos el hospital en conjunto, por distancia, por accesibilidad, vemos qué colectivos les quedan bien. A veces miramos en Google Maps. Queremos que sepan que conocemos a los médicos que los van a atender, porque tienen un montón de ideas armadas sobre el sistema de adultos: piensan que los van a echar, que no les van a dar bola”.

“Este tema no ha estado nunca en agenda”, reconoce Silvina Vulcano, tocoginecóloga y responsable del área de transmisión perinatal de la Coordinación de Salud Sexual, Sida e Infecciones de Transmisión Sexual del ministerio de Salud porteño, donde se ocupa de diseñar estrategias para mejorar el diagnóstico de VIH durante el embarazo y la lactancia, para reducir el número de bebés positivos en la ciudad de Buenos Aires.

A la par, Vulcano viene trabajando con la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP) en el diseño de estrategias de transición que garanticen el acceso a la salud. “Convocamos a los chicos para preguntarles: ¿cómo resolvemos esto entre todos? Porque ellos son los que utilizan el sistema, ellos son los que pudieron ver concretamente qué es lo que pasa”, cuenta Vulcano, que también es parte de la Dirección de Sida y ETS del ex Ministerio de Salud de la Nación y ha viajado con Arazi Caillaud a distintas provincias del país para contar la experiencia del Garrahan.

“Los chicos de la red nos cuentan que muchas veces los lugares les quedan incómodos, por lo cual el acceso no está garantizado, o que no tienen la posibilidad que tenían con el pediatra de ser atendidos en cualquier turno, en cualquier horario”, dice Vulcano. Se trata de aceitar un proceso de adaptación doble: del sistema de adultos para ser más accesible para estos adolescentes que llevan toda la vida en tratamiento y de ellos para entender que ya no son niños.

Una posibilidad, explica Vulcano, es descentralizar el sistema para que cuando llegan a la adolescencia pasen a atenderse no con infectólogos de adultos sino con hebiatras, médicos especializados en adolescentes, que tengan una mirada más amplia, y en el caso de necesitar una consulta con el infectólogo sea una interconsulta puntual. Es una problemática que está en discusión y hay varias opciones abiertas: el 14 de noviembre Vulcano organizó en el Hospital Durand unas jornadas para conversar con colegas sobre este tema.

“Nosotros lo vemos como parte de una política integrada hacia el adolescente. El tema es que el armado de equipos integrados es muy conflictivo: en el sistema de salud armar redes para la asistencia, control y seguimiento de jóvenes y adolescentes, no solo en situación de VIH, cuesta bastante”, reconoce Vulcano.

Aunque, como ya lo demostró el Garrahan, no es imposible.

Si querés contactarte con el Hospital Garrahan, tiene un área destinada recibir consultas de pacientes e instituciones de todo el país:

Contactá al Garrahan

Salud | 30 de noviembre de 2018

Foto: Camila Arce | Intervención: Pablo Domrose

Cómo viven y enfrentan el tratamiento los adolescentes que nacieron con VIH

Tienen entre 20 y 30 años y son una generación de sobrevivientes: los médicos no pensaron que iban a llegar a la adolescencia y ahora muchos de ellos viven el pasaje entre el sistema pediátrico y el de adultos como un duelo que pone en riesgo su adherencia al tratamiento.

Desde la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP) advierten que no hay políticas públicas pensadas para ellos y reclaman estrategias de acompañamiento en la adolescencia.

“No es que tengo VIH hace unos años, llevo toda la vida en tratamiento”, escucho por teléfono. La que habla desde su casa en Rosario es Camila Arce. Tiene 23 años: nació en 1994, cuando la epidemia de VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) llevaba casi 15 años. Sin embargo, los médicos se resistían a testear a su papá, aunque hiciera tiempo que caía enfermo con distintas infecciones: como hombre heterosexual, decían, no era parte de lo que entonces se entendía como “población de riesgo”.

Camila nació con el virus: en esos años los tratamientos no eran tan efectivos como hoy y cuando su mamá confirmó que también era seropositiva ya era demasiado tarde para evitar la transmisión perinatal. “Vos tenés un virus que si no tomás los medicamentos te podés enfermar como tu papá”, le dijo cuando tenía 4 años, poco después de la muerte de su papá. “Vas a estar bien y vas a tener una vida como cualquiera, pero es mejor que no se lo digas a nadie porque la gente no lo entiende”.

Su historia está lejos de ser una historia del pasado. Como ella, todavía hoy nacen niños y niñas positivos, “verticales” en la jerga médica. Es más, en Argentina 5 de cada 100 bebés de madres con VIH son diagnosticados con el virus. Diseñar políticas públicas que tengan en cuenta su situación es no solo una deuda del presente, sino una obligación para el futuro.

El tratamiento antirretroviral altamente efectivo llegó a Argentina en el año 2000, cuando Camila tenía 5 años. El “cóctel” cambió todo -los médicos hablaban del “efecto Lázaro”, porque personas muy enfermas se recuperaban rápidamente- y ella empezó a tomarlo poco antes de empezar primer grado: eran jarabes muy feos y polvos diseñados para adultos que no podían tragar sólidos. No había -todavía no hay- formulación pediátrica, los infectólogos dosificaban la medicación de adultos para los chicos. Veinte años después, está cansada: llegó a tomar 18 pastillas por día, nueve a la mañana y nueve a la noche.

Punto de encuentro

Conoció a la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP) en 2010, a los 16 años. Era lo que estaba buscando: un lugar donde encontrarse con otros adolescentes que vivieran con VIH. Hasta ese momento, la única otra persona positiva que conocía era su mamá.  Participó en un el primer encuentro nacional de la red en Chapadmalal, provincia de Buenos Aires, y volvió decidida a ser visible.

Contó que era VIH positiva en la escuela y en sus redes sociales. La visibilidad tuvo sus pro y sus contra: “Me permitió conocer a un montón de gente que está viviendo muy mal y que necesita hablar con alguien. Pero también me pasa que hay chicas, y sobre todo chicos, que no tienen información y no quieren seguir conociéndome”.

Como Camila, Matías Chaves se hizo visible unos meses después de sumarse a RAJAP: el 1 de diciembre -Día Mundial de la Lucha contra el Sida- de 2015, a los 23 años, apareció con nombre y apellido en una nota periodística y lo contó en su cuenta de Facebook. Lo hizo pensando en otros como él que, por distintas razones, no pueden hacerlo. Para enviar un mensaje: se puede vivir -amar, tener hijos, trabajar – con VIH. Fue un paso sin retorno: una vez que todo el mundo sabe, no hay vuelta atrás. Tus jefes lo saben, cualquiera que te stalkee en redes lo puede saber. Y, como le dijo alguna vez su mamá a Camila: no todos entienden.

RAJAP fue creada en 2010 por un grupo de chicas y chicos positivos que no encontraban lo que necesitaban: un espacio por fuera de los ámbitos terapéuticos donde hablar sobre cómo es ser joven y vivir con VIH, entre pares, por fuera de la jerarquía que impone el consultorio médico. Del primer encuentro en Chapadmalal participaron unos 40 adolescentes y jóvenes. Hoy la red tiene casi mil integrantes, y de ellos, cerca del 10% nacieron con el virus: en el grupo de “vertis” (como se autodenominan ellos) son unos 80. El más chico tiene 14 años.

Foto: Camila Arce

“Quise entrar a RAJAP porque quería conocer gente que tuviera lo mismo que yo, porque me sentía re sola”, dice Carolina mientras juega con sus uñas largas y adornadas con strass. Su mamá murió cuando tenía 23 años y su papá a los 33. Ahora Carolina tiene 27, conoce su diagnóstico hace más de 15 años, pero todavía le cuesta nombrar al virus: “Cuando entré a la red vi que no era la única que lo tenía, escuché otras historias y pensé ‘waw, yo me quejaba de la mía y hay otras peores’“. “Igual, no es que solo hablamos del virus”, aclara Matías. Tienen 15, 20, 25 años: les preocupa la escuela, el trabajo, el amor, el sexo, los amigos. Y en ese mundo, el virus es algo importante, claro, pero que no los define: nadie es sólo su carga viral.

Guadalupe es una de las coordinadoras del grupo de  verticales de RAJAP. Nació en 1998: sus recuerdos de la infancia pasan entre el Hospital Garrahan y la ambulancia, que la levantaba en su casa cada vez que sus pulmones se rendían. Hasta el año pasado, se controló ahí con su pediatra infectóloga. La primera vez que se atendió en el Hospital Argerich la acompañó su mamá, algo insólito en un hospital de adultos. “Me costó un montón hacer la transición”, reconoce.

Dejar al pediatra

Despedirse del sistema pediátrico puede ser traumático: los infectólogos, acostumbrados a trabajar con adultos, no tienen la paciencia de los pediatras y muchas veces “los vertis” no conocen del todo qué implica vivir con VIH, porque sus médicos siempre hablaron con los adultos que los acompañaban. Algunos, aunque sospechan porque llevan toda la vida tomando pastillas, conocen su diagnóstico recién entrando en la pubertad.

Algunas instituciones, como el Hospital Garrahan, trabajan en programas de articulación y acompañamiento para los adolescentes positivos hace años pero no hay una mirada estratégica a nivel de políticas públicas: en otros hospitales, depende de la buena voluntad de los profesionales. Para Camila, dejar de atenderse en el Hospital de Niños de Rosario no solo fue un duelo: en el proceso se dio cuenta de qué podía pasar con quienes logran hacer el traspaso: “Muchos chicos que conozco en esa transición dejan el tratamiento porque el sistema les dice ‘no te podés atender más acá’ y no vuelven nunca más”.

“Yo siento que falta la comprensión de los médicos”, dice Guada. “No entienden que venimos de una transición y que es difícil”. Ahora mismo, a ella le está costando adherir al tratamiento: le pidió a su infectóloga que revisara la medicación porque le pone los ojos amarillos. Nunca antes se le hubiera ocurrido que podía pedir un “cambio de esquema”. Eso también lo aprendió en RAJAP.  A Matías, entrar a la red lo ayudó a problematizar la relación con los médicos: ahora se anima a preguntar y a cuestionar.

Foto: Camila Arce

Hasta hace seis meses, Camila tomaba seis pastillas. Algunos de sus amigos positivos estaban tomando dos o tres. Le pidió a su infectólogo -el mismo que atiende a su mamá- que le cambiara la medicación porque tenía muchos efectos secundarios: le dolía el hígado, la cabeza, tenía náuseas y mareos. “Él me decía es imaginación tuya, no me escuchaba aunque soy yo la que toma la medicación hace 21 años”, cuenta ahora.

Como adolescentes y jóvenes que llevan toda la vida transitando los pasillos del sistema de salud, la experiencia de los y las verticales permite pensar cómo impactan las lógicas de  la relación médico paciente en la vida de las personas con patologías crónicas.

Camila ha pensado mucho al respecto: “Hay una cuestión hegemónica: los médicos son los que saben, los pacientes son los que escuchan y ellos siempre tienen la última palabra. Pero no funciona así: funciona en equipo. Muchas veces, cuando les planteamos que estamos cansados de tomar medicación nos dicen “bueno, estás viva, qué más querés”. Y esa no es una respuesta, eso de verdad hace que muchos chicos pierdan la adherencia al tratamiento. Yo por ahora estoy cansada pero resisto, quiero vivir”.

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Salud | 26 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Cómo una enfermera logró que una comunidad menonita en La Pampa cambie sus hábitos de salud

Junto al agua potable, las vacunas son uno de los desarrollos científicos que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad. Sin embargo, hay personas que se resisten a vacunar a su hijos. En esos casos, la barrera más difícil de vencer es cuando la negativa se basa en el miedo y el desconocimiento.

Pero con diálogo, paciencia y persuasión la enfermera Mónica Mora logró atravesar la tranquera de una comunidad cerrada, que opta vivir alejada de la vida moderna, como es la Colonia Menonita de Guatraché, en la provincia de La Pampa. Allí, vacuna desde hace 12 años a los niños y niñas de la comunidad.

En medio de la inconmensurable llanura pampeana, Guatraché es un pueblo que está atravesado por la ruta provincial 24, muy cerca de la frontera con el territorio bonaerense, y a 176 kilómetros al sur de Santa Rosa. No muy lejos del casco urbano, se encuentra la Colonia Menonita, la cual está conducida por un Ministro, de acuerdo con sus tradiciones. Desde hace tiempo, Mónica Mora, una enfermera de 52 años del hospital público Manuel Freire de Guatraché, recorre a bordo de vehículos del hospital ese camino con su mochila llena de vacunas y un envidiable poder de convencimiento.

Durante años Mónica fue auxiliar de enfermería. Cuando los caprichos de la vida y la crianza de sus hijos le dieron respiro, terminó sus estudios secundarios por la noche y completó la carrera de Enfermería en la ciudad de bonaerense de Bahía Blanca. Viajaba todos los viernes 200 kilómetros para cursar las materias con docentes que llegaban desde la ciudad santafecina de Rosario.

Desde hace 12 años Mónica vacuna a todas las niñas y niños de la Colonia Menonita. ¿Cómo lo logró? Hablando y comunicándose, en especial con las mujeres. En esa comunidad solo los hombres hablan castellano, porque son los que se relacionan con el resto de la sociedad para comercializar sus productos y comprar mercancías e insumos.

Foto: Mónica Mora

De allí que el primer escollo que tuvo que sortear Mónica fue la intermediación masculina. Una vez que consiguió ese objetivo tuvo el camino allanado.

– ¿Cómo fue que se acercó a la comunidad?

– Mi jefe de aquella época del hospital, Darío Coria, me propuso continuar con el trabajo extramuros que se venía realizando desde hacía años. Eso significaba salir del establecimiento y realizar todos los meses la vacunación de calendario para niños y adultos. El objetivo era acercarse a sectores de la sociedad que no tenían acceso al sistema de salud por diversos factores.

– ¿Cuáles fueron los principales obstáculos en aquel acercamiento?

– Sin dudas, la primera barrera con la que me encontré fue el idioma. Poder comunicarme con las madres era esencial para mí. Toda la colonia habla un alemán muy cerrado y solo los hombres se comunican en castellano. Logré convencerlos de que era importante que las mujeres pudieran dialogar conmigo sin intermediarios. Así fue que ellas me acercaron a sus hijas e hijos y comenzaron a soltarse, a hablar de a pocos con escasas palabras. Desde ese momento el contacto se facilitó. La palabra “Moni” fue clave para afianzar la confianza. Cuando yo golpeaba una puerta y decía: “Moni”, la abrían con una sonrisa. Y así comenzaron a llamarme e incorporarme a sus vidas. De esta forma pude explicar la importancia de cumplir con el calendario de vacunación y ese fue mi primer logro. Con el tiempo fui invitada a compartir almuerzos con familias enteras. Esos momentos que pasaba junto a las familias, en medio de charlas distendidas, los aprovechaba para insistir en algunos temas de salud que me parecían importante insistir, como por ejemplo la vacuna del HPV. De esta forma, se fue creando un vínculo basado en la confianza, que es primordial cuando se trata de salud.

– ¿Qué cambió en la salud de la comunidad con su intervención?

La vacunación logró la prevención de muchas enfermedades, y detectar otras problemáticas de salud. Los adultos pudieron comprobar que los niños y niñas se enferman menos y hay menos muertes.

– ¿Qué otros cuidados de la salud pudo introducir en la comunidad?

-Con el tiempo pude asesorar a las familias sobre cuestiones de higiene, primeros auxilios, lactancia materna y el control del embarazo. También pude inculcar hábitos de alimentación cómo hervir las verduras para evitar diarreas, lavarse las manos con regularidad, el cuidado en el uso de anticonceptivos, advertencias sobre hábitos tóxicos, los peligros de la automedicación, y la importancia de tener al día el calendario de vacunación.

La colonia Menonita

Comprende unas 10.000 hectáreas, divididas en 9 campos. En cada uno viven entre 20 y 30 familias y se estima que la comunidad está conformada por unas 1.500 personas. El dato no es oficial ya que no hay un censo que lo certifique. Ese es otro de los objetivos que se ha trazado Mónica: censar a la población y obtener números más precisos sobre la comunidad. Así lo confirmó Ana Bertone, directora de Epidemiología del Ministerio de Salud de La Pampa, quien además acompaña a Mónica en las visitas a la Colonia.

Foto: Mónica Mora

La funcionaria destaca el trabajo de Mónica en Guatraché: “Si bien aún no hay datos oficiales, se ha constatado que no existen notificaciones de enfermedades inmunoprevenibles en la Colonia. Y eso es gracias a la vacunación y al tenaz trabajo de Mónica”.

Además del muy buen nivel y frecuencia de vacunación que ha logrado, en la última campaña Nacional de Seguimiento contra Sarampión y Rubéola 2018 se inmunizaron a 200 niñas y niños con una dosis adicional.

Bertone también marca el impacto que ha tenido la penetración de Mónica en la Colonia, más allá de los servicios específicos que ella brinda. Mónica permitió el acceso a la colonia de médicos clínicos, psicólogas y ginecólogas que orientan a las mujeres jóvenes en temas de salud reproductiva.

Foto: Mónica Mora

Mónica relata un ejemplo del cambio en la mirada que los menonitas hoy tienen hacia los profesionales de la salud. “En la colonia se descansa de 11 a 13 todos los días. En una ocasión, el grupo de médicos y enfermeras llegamos cerca del mediodía, pedimos perdón por interrumpir la hora de descanso y uno de los hombres que nos recibió contestó: ‘Ustedes nunca son una molestia porque vienen a mejorar y a salvarle la vida a nuestros hijos’”.

“Moni” se ha convertido en un rostro familiar para los habitantes de la Colonia Menonita de La Pampa. Conseguir la confianza de esa comunidad ha sido un gran logro, su palabra es escuchada y sus consejos, cumplidos a rajatabla. Por eso, allí “Moni” es sinónimo de salud. “Moni” es un ejemplo, una huella que marcó a estos pobladores y a sus futuras generaciones.

Salud | 22 de noviembre de 2018

Foto: Alejandro Pagni / AFP

¡Alerta! El exceso de pasión por el Boca – River puede ser un peligro para tu salud

“La alienación a un ideal lleva a una pasión. Pasión viene de Phatos, que significa enfermedad. Y el fútbol es una pasión argentina”. Así es como el psicólogo Luis Salamone describe el fenómeno que despierta el superclásico más importante de la historia del fútbol argentino.

Fernando Ferraro, el cardiólogo de Boca, dice que lo que experimenta un hincha durante una situación de alta tensión como la Superfinal de la Libertadores es una “liberación de adrenalina, taquicardia, sensaciones de alegría y angustia, llanto y pesar, emoción inexplicable, lipotimias y un sin fin de sensaciones que finalizan con felicidad o tristeza”.

Con otras palabras, algunos fanáticos describen la misma secuencia y hasta temen no poder mantenerse sanos durante el partido. ¿Pero es realmente un partido de fútbol una situación por la cual temer? ¿Puede la salud quedar supeditada a un juego? Vaya un spoiler: claro que puede, así que mejor lea la nota y tome sus recaudos.

“La única vez que me desmayé en mi vida fue en un Boca River”, dice Juan Cruz, de 35 años, hincha de Boca y, en sus palabras, “enfermito del fútbol”. “Fue en un gol de Tevez en el 4 a 2 en el Monumental. Estaba en casa viéndolo con amigos y me levanté de un salto con el gol por un segundo perdí el conocimiento. Me agarraron mis amigos, sino me iba de espalda al piso”, cuenta.

Ángeles es más jóven. Tiene 25 años, es fanática de River, y dice haber terminado con palpitaciones tras el primer partido de la superfinal. “No podía bajar, quedé muy nerviosa. Estuve a punto de tomarme un clonazepan pero finalmente me incliné por la cerveza”, cuenta.

Son apenas dos testimonios livianos que podrían tomarse con humor. Sin embargo, no para todos es tan liviano a la salud el partido entre River y Boca que se jugará el próximo sábado 24 de noviembre en el Estadio Monumental.

En la ida, en la Bombonera se atendieron a 120 personas que se descompensaron en pleno partido. Aunque estos cuadros son normales, dada la importancia del partido hubo mayor cantidad de casos que los habituales. Ninguno fue de gravedad. Según informaron a RED/ACCIÓN, hubo sobre todo crisis de pánico y algunos traumatismos.

El departamento médico del club, dirigido por Doctor Guillermo Bortman, trabaja hace años para prevenir estas situaciones. En la final hubo 5 médicos, 1 enfermero, 30 socorristas distribuidos estratégicamente en el estadio, 5 ambulancias equipadas con médico y paramédico, y un móvil de alta complejidad llamado ACV, que cuenta con un tomógrafo móvil. El estadio además es cardioprotegido, es decir, tiene distribuidos 12 desfibriladores para utilizar en caso de necesidad.

Para los que lo vivieron desde sus casas, hubo una transmisión de radio (que volverá a realizarse), especialmente diseñada para cardíacos. Radio Colonia (AM550) en conjunto con la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) realizó un relato con menos excitación, retirando la carga de adrenalina que suelen tener hasta los laterales en mitad de cancha en los relatos típicos de radio. Además, un cardiólogo fue parte de la transmisión y dio consejos para vivir la situación en calma.

Pero bien, ¿realmente corre riesgo la salud de los hinchas por un resultado deportivo? ¿Es algo normal o acaso un rasgo de argentinidad del que sentirse, a la vez, orgulloso y avergonzado? Para el psicólogo Salamone es más bien una enfermedad nacional derivada de nuestra pasión por el fútbol.

Fernando Ferraro es médico cardiólogo y deportólogo. Es, además, el médico coordinador de eventos deportivos de Boca Juniors. Si hay alguien que sabe del tema, es exactamente él, que explicó a RED/ACCIÓN cómo se comporta el cuerpo en estas circunstancias.

“Ante cualquier situación de stress por venir, ya sea por ejemplo el nacimiento de un hijo, el fallecimiento de un familiar en situación terminal o una final de fútbol (para los futboleros hinchas de esos equipos), se produce en el organismo una liberación exagerada de ciertas sustancias u hormonas como la adrenalina, que producen un aumento inapropiado de las funciones cardiacas, como el aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Si esas personas padecen hipertensión arterial o bien tienen antecedentes de enfermedad cardíaca (o también factores de riesgo cardiovascular sin conocer), pueden desencadenarse patologías agudas como infarto agudo de miocardio, ACV (accidente cerebrovascular), crisis hipertensivas o arritmias cardíacas graves. A su vez se pueden manifestar patologías más banales como hipotensión arterial (desmayos o lipotimias), o cuadros sintomáticos de ataque de pánico”, dice.

¿Como uno previene  esto? Él mismo lo explica: “Lo que se puede hacer es lo que hay que hacer: para aquellos que tienen antecedentes, cumplir con su tratamiento habitual. Estar bien hidratados y realizar previo ingesta liviana. No consumir alcohol y tóxicos. Si hubiese antecedentes de cuadros de ataque de pánico, consultar con su médico por si hay que medicarse previo al evento. Pero lo que no podemos medir es el hecho de emocionarnos. Si no, seriamos maquinas”.

Además, cuenta que si bien los jugadores están entrenados para atravesar estas situaciones, en un partido de estas características las emociones y la adrenalina son mayores a la norma. ¿Se puede preparar a alguien para lo que nunca sucedió? Ni este cronista ni los hinchas podrían responder a esa pregunta. Para muchos de hecho el mejor lugar para vivir la final es desde dentro del campo de juego: en el único lugar en el que efectivamente se puede hacer algo al respecto.

Pero si uno no está entre los 22 elegidos y no puede lanzarse al campo del Monumental, tal vez haya que buscar otra salida. Lo principal, las precauciones que propone el doctor Ferraro. Y después, acaso, una precaución filosófica: entregarse al destino como única manera de enfrentar un resultado, cualquiera sea.

Molestemos a Jorge Luis Borges una vez más y usemos un poema suyo como sentencia final para una súper final:

“Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?”

Salud | 19 de noviembre de 2018

Cómo es el protocolo del estudio de cannabis medicinal en el Hospital Garrahan

Hace tres semanas comenzó un ensayo clínico con marihuana medicinal en el Hospital de Pediatría Profesor Dr. Juan Pedro Garrahan. Está dirigido a pacientes con epilepsia refractaria (en casos que no responden a anticonvulsivos, dietas especiales ni cirugías) y ha sido ideado y supervisado por los mismos médicos del hospital.

El objetivo de la investigación es, según los voceros del hospital, evaluar la eficacia y la seguridad del nuevo fármaco (aceite de marihuana provisto por el laboratorio APHRIA de Canadá, que lo dona para todos los pacientes en los que se demuestre que funciona) y contar con sustento médico y académico para su administración.

La modalidad del estudio es ambulatoria y los controles se realizan por consultorios externos. Roberto Caraballo, jefe de Neurología a cargo de este estudio, dijo que “el uso del cannabis medicinal puede ser una esperanza para los pacientes y las familias”. El cannabis será suministrado por vía oral y como un fármaco de complemento al tratamiento. 

El trabajo en el laboratorio del hospital. Fuente: Hospital Garrahan.

Luego de que la ley 27.350 fuera aprobada por unanimidad y creara el Programa Nacional para el Estudio y la Investigación del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis, los pacientes ya forman parte del ensayo y tienen entre 1 y 16 años. Se incorporarán ocho niños por mes hasta llegar a al menos 50 de los que se atienden en el Hospital Garrahan, y otros 50 que se atienden en centros de salud de otras provincias.

El estudio cuenta con la aprobación de la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación y es el primero en Latinoamérica referido a uso de cannabis medicinal en pediatría como parte del tratamiento en pacientes con encefalopatías epilépticas.

Aunque la investigación durará dos años, los primeros resultados se obtendrán en marzo de 2019.

CAMEDA (asociación civil de Cannabis Medicinal Argentina) informa que la planta de marihuana se utilizó por miles de años en distintas culturas alrededor del mundo para distintos fines; entre ellos, la medicina. La planta posee distintos principios activos: los cannabinoides, que tienen muchas propiedades medicinales y que se pueden usar para tratar cáncer, epilepsia, glaucoma, esclerosis múltiple, fibromialgia, dolor crónico, etcétera. Por ahora, la epilepsia refractaria es la única patología contemplada para la investigación en la Argentina.

Según un comunicado del hospital, 1 de cada 100 niños y niñas tiene epilepsia. Y muchos de ellos presentan casos severos de la enfermedad. En el Garrahan se trata la mayoría de los casos de epilepsias refractarias.

Mamá Cultiva Argentina, la ONG de las madres que se autoproveen de cannabis cultivada en casa para tratar a sus hijos, fue una delas fuerzas principales para que se apruebe la ley en el Congreso, en 2016. Agrupadas,las madres se convirtieron en una voz poderosa e informada.

Aunque dos familias de la organización entraron al programa de Garrahan, no hay un contacto formal entre las madres y las autoridades médicas. “Nosotras venimos denunciando desde hace mucho que los médicos no nos acompañan en los tratamientos con cannabis”, dice ahora Valeria Salech, la madre de Emiliano (que ya hace cuatro años usa cannabis medicinal) y la presidenta de Mamá Cultiva.

En un comunicado reciente, la organización dice que celebra el inicio del ensayo clínico, pero: “no podemos dejar de notar que en las declaraciones vertidas por las autoridades del Hospital en el diario Clarín, se omite e invisibiliza lo insuficiente de la investigación para dar respuesta a miles de personas para quienes el cannabis para la salud YA ES UNA REALIDAD CONCRETA: personas que adquieren aceites en el mercado clandestino o que se han empoderado en sus terapias y están ejerciendo su soberanía sanitaria a través del autocultivo”.  

Valeria Salech. Fuente: www.instagram.com/mamacultivaargentina

Valeria Salech dice que las madres se dieron cuenta, en su recorrido, de que los tratamientos son personalizados, con lo cual las cepas y las dosis dependen de cada quien, de la auto-observación y de la atención constantes. Pero el ensayo clínico del Garrahan será un test sobre un solo aceite.

“El estudio que tan pomposamente se anuncia es sólo pediátrico”, dice el comunicado de la organización. “Nos preguntamos: ¿qué pasará durante esos dos años con los miles de adultes, con múltiples condiciones de salud, que siguen a la espera de una respuesta por parte del Estado Nacional? ¿Qué pasará con los miles de niñes que padecen o no epilepsia refractaria y quedarán fuera de la pequeña muestra seleccionada para esta investigación? ¿Qué sucederá si, como es posible que pase (ya que el protocolo del estudio implica misma dosis para todes), la investigación fuera insuficiente o no alcanzará resultados positivos?”.

Salud | 14 de noviembre de 2018

Cómo es la vida de los niños con diabetes de tipo 1 y por qué la información es vital

Theo tiene 12 años y vive con diabetes desde los 2. Es diabetes de tipo 1, una enfermedad crónica que se caracteriza por la falta de producción de insulina y, en consecuencia, por el aumento de la glucosa en la sangre. Theo se cuida y toma precauciones pero, por lo demás, hace una vida normal.

Los niños y los adolescentes tienen más chance de desarrollar diabetes de tipo 1 que cualquier otra enfermedad crónica. Hoy es el Día Mundial de la Diabetes y en una charla que tuvo lugar el viernes pasado, organizada por el Centro de Información de Naciones Unidas (CINU) y por la Asociación para el Cuidado de la Diabetes en Argentina (CUI.D.AR), siete niños, algunos de sus padres y dos médicas contaron cómo es el asunto.

“Desde los 2 años, me empecé a medir [la glucosa] seis veces por día, empecé a contar todos los carbohidratos que comía y a aplicarme insulina”, dice Theo. “Porque si no, la glucosa me subía por las nubes”. Theo sabe que una medialuna se come a conciencia, y algunas otras cosas por el estilo que sus amigos desconocen. “Esto no es tan fácil de manejar, pero tampoco es imposible”, dice. “Depende de si sos responsable o no”.

Crédito: Cui.d.ar

Una persona puede ser diagnosticada con diabetes de tipo 1 a muy temprana edad, pero si recibe atención constante (lo que los médicos hoy llamaron estar “bien adherido” a un tratamiento), su expectativa de vida es la misma que la de alguien sin diabetes de tipo 1. Una de las médicas mencionó el caso de una paciente que actualmente tiene 82 años y que fue diagnosticada a los 7. Y el de Elizabeth Hughes Gossett, que en 1918 se convirtió en una de las primeras niñas en ser tratadas con insulina y que, luego de unos 42.000 pinchazos, alcanzó los 75 años, una carrera como jueza y la maternidad de tres hijos.

¿Cuáles los signos más claros de la diabetes de tipo 1? El niño o la niña toma mucha agua, orina mucho y pierde peso.

Según un estudio de 2011 del Comité de Pediatría de la Sociedad Argentina de Diabetes, el 12% de los chicos con diabetes de tipo 1 en nuestro país tienen menos de 12 años. Pero muchos pediatras no están demasiado entrenados en la detección temprana de esta condición: a menor edad, el diagnóstico se hace menos claro y tarda más en llegar. Hay casos de bebés con diabetes de tipo 1 en los que se creyó que sufrían de asma, de infecciones gastrointestinales o de cuadros meníngeos.

Mientras tanto, el Senado argentino tiene en carpeta un proyecto de ley para ordenar protocolos respecto a niños con diabetes en las escuelas.

“Los chicos pueden comer de todo, pero antes de hacerlo tienen que medirse la glucosa y aplicarse insulina”, dice Gabriela, la madre de Theo. “Es muy abrumador al principio y uno cree que no va a poder. Pero después los chicos se adaptan, hacen un hábito y saben que el ejercicio también es muy bueno”.

Conocé la campaña #VivirConDiabetesNoImpideSoñar

Salud | 9 de noviembre de 2018

Carta escrita por Luana / Ilustración por Pablo Domrose

Cómo un nuevo sistema de donación de sangre está salvando vidas

En Argentina, 9 de cada 10 personas necesitarán en algún momento de su vida una transfusión de sangre para ellas o alguien de su entorno. Y la mayoría de ellas dependerán de su red de contactos para recibir estas donaciones, ya que en el país apenas el 25% de las donaciones de sangre son voluntarias.

Para cubrir el 100% de las necesidades de sangre en los hospitales argentinos se necesitaría que entre el 3% y el 5% de la población done sangre por lo menos dos veces al año. Pero, estiman que sólo 1.5 millones de personas donan sangre cada año.

Luana fue diagnosticada con leucemia cuando tenía tres años y medio. Ocurrió en junio de 2012. Durante los dos años que siguieron, Luana recibió decenas de sesiones de quimioterapia, dos trasplantes de médula ósea, y más de 600 transfusiones de sangre.

Hoy, seis años después del primer diagnóstico, Luana superó la enfermedad y cursa el cuarto grado de colegio normalmente.

“Más allá de los médicos, el tratamiento, la quimioterapia… si no hubiesen estado los donantes de sangre, Lua no se hubiera podido recuperar”, dice Soledad Gutiérrez, la madre de Luana. “Sin esa sangre, no hubiera sido posible que esta historia hubiera sido así”.

Para Luana, uno de los desafíos más difíciles fue conseguir donantes de sangre. En el país, el 75% de las donaciones de sangre ocurren solo una vez que familiares o amigos piden donaciones para un caso en particular.

“De un día para el otro el hospital nos pedía que consigamos 50 donantes. Fue casi imposible. Somos muchos familiares, pero no todos podían donar. Muchos no eran compatibles o no estaban acá”, cuenta Soledad.

El desafío de conseguir donantes

Según la Organización Mundial de la Salud, la única manera de asegurar un confiable abastecimiento de sangre en hospitales es promoviendo la donación voluntaria y frecuente de sangre. Esto es necesario no solo para el tratamiento de urgencias y accidentes, sino también para realizar diversos trasplantes, operaciones y tratamientos oncológicos.

En Argentina, para lograr que el 100% de las necesidades de sangre en los hospitales esté cubierta, se necesitaría que el 3% al 5% de la población done sangre por lo menos dos veces al año (es decir, que hayan casi 4 millones de donaciones por año). Sin embargo, se estima que actualmente en el país solo 1.5 millones de personas donan sangre cada año.  

Para Silvina Kuperman, directora del Banco de Sangre del Hospital Garrahan, la falta de donaciones no surge de una falta de gente dispuesta a donar, sino que de una falta de acceso a los servicios de donación de sangre.

“Hay personas dispuestas a donar, pero lo que hay que hacer es reformular la organización del sistema sanitario en bancos de sangre”, dice.

La importancia de acercarse a las comunidades

El desafío de que nuevos donantes se acerquen mes a mes al hospital a donar sangre llevó a la familia de Luana a pensar en una estrategia alternativa: dejar de esperar a que los donantes se acerquen a ellos, y en vez acercarse ellos mismos a los donantes.

Con el apoyo del Hospital Garrahan, llevaron el equipamiento necesario para donar sangre al jardín de infantes de Luana. Allí, se capacitaron a padres y maestros sobre la donación de sangre. En la primera colecta, más de 80 personas fueron donantes.

Las colectas externas son la principal estrategia del Banco de Sangre del Hospital Garrahan para aumentar el número de donantes voluntarios de sangre. En el 2011, el hospital se convirtió en el primero en el país en tener un sistema de donación de sangre basado 100% en donaciones voluntarias.

“Nos acercamos a universidades, escuelas, empresas. Vamos, atendemos a los donantes ahí, y luego traemos la sangre al hospital”, explica Kuperman. “Fue así como descubrimos que la gente es solidaria. Lo que pasaba antes era que no le estábamos dando la oportunidad de vehiculizar esa solidaridad”.

Asimismo, Kuperman destaca que este método no solo incrementa la cantidad de donaciones, sino que también mejora la calidad de la sangre que se dona.

“Los donantes de reposición generalmente tienen más prevalencia de transmitir infecciones por la sangre porque sienten la presión de donar sí o sí, aunque tal vez no cumplan todos los requisitos”, dice Kuperman. “Desde que tenemos el sistema de donaciones voluntarias, bajó 10 veces la tasa de infecciones en la sangre”.

A nivel nacional, el modelo de donación voluntaria del Hospital Garrahan se está replicando en otros bancos de sangre del país, incluyendo en la Provincia de Buenos Aires, Misiones y Jujuy.

Pasar la pelota

Luego de su segundo trasplante de médula ósea, en noviembre de 2014, Luana fue de a poco recuperando su salud, su pelo y su sonrisa, y fue dejando atrás las sesiones de quimioterapia y transfusiones de sangre.

No obstante, dos veces por año, su familia sigue organizando colectas de sangre en su jardín; ya no más para Luana, pero para todas las otras personas que necesiten las donaciones como en su momento las necesitó ella.

“Muchas veces, la gente necesita ponerle un rostro a quien ayuda. Pero hay muchos chicos que no se dan a conocer, y tienen la misma necesidad de sangre”, dice Soledad. “Hay muchos mitos que derribar sobre la donación de sangre. Es un trabajo de hormiga, es algo que hay que ir instalando en la sociedad, y que de a poco se vaya contagiando y cambiando la realidad”.

Dos maneras en las que te podés sumar

1. Encontrá el centro más cercano para donar sangre: si vivís en Buenos Aires, te podés anotar para ser donante en el Hospital Garrahan a través de este link. Si no vivís en Buenos Aires, este mapa te muestra todos los centros de donación de sangre del país.

Anotate para donar sangre

2. Si sos o formas parte de una institución o empresa, organizá una colecta: Las instituciones que estén interesadas en organizar una colecta de sangre en su ubicación pueden hacerlo registrándose al Registro Nacional de Instituciones y Empresas Amigas de la Donación Voluntaria de Sangre a través de este link. Si están en la Ciudad de Buenos Aires, se pueden contactar directamente con el Hospital Garrahan enviándo un correo a [email protected].

Salud | 7 de noviembre de 2018

Buscan que las prepagas y obras sociales cubran tratamientos de ACV

Desde septiembre de 2017, el Senado tiene pendiente tratar un proyecto de ley que busca incorporar el tratamiento del ACV (Accidente Cerebro Vascular) al Programa Médico Obligatorio (PMO). Aquí, las claves para entender el proyecto y por qué es importante que se apruebe la ley.

De qué trata el proyecto. Como principal medida, el proyecto de ley Nº 3231/2017 propone que el tratamiento del ACV sea incorporado al Programa Médico Obligatorio, con el objetivo de que el sector público, las obras sociales y las prepagas de todo el país brinden la cobertura para su prevención, diagnóstico y tratamiento integral. Además, el proyecto propone:

  • Crear un registro nacional de establecimientos públicos y privados especializados en el tratamiento de ACV e implementar un sistema de auditoría de estos establecimientos.
  • Diseñar e implementar campañas públicas de concientización y prevención.

Por qué es importante.

  • Falta de cobertura médica: “Actualmente, ninguna obra social, privada o del estado, ni las prepagas están obligadas a cubrir tratamientos de ACV, que son extremadamente costosos y hoy en día quedan en mano del paciente o de las pocas obras sociales privadas que sí cubren el tratamiento de la enfermedad”, dice Julio Fernández, neurocirujano especialista en neurocirugía endovascular y uno de los impulsores del proyecto, junto con la senadora Silvia Beatriz Elías de Pérez y el senador Pedro Braillard Poccard.
  • Falta de concientización: Según un reciente estudio, en Argentina el 75% de las personas que sufren de un ACV no llegan al hospital dentro de la ventana terapéutica (4-5 horas luego de ocurrido el ACV) debido a una falta de conocimiento sobre sus síntomas.

Cuántas personas sufren de ACV. En Argentina, una persona sufre de un ACV cada cuatro minutos, es decir hasta 190.000 personas por año. El 30% de estas personas fallecen el primer mes luego de haber sufrido el ACV. A nivel mundial, el número de víctimas llega hasta 15 millones de personas por año. Además, el ACV es la segunda causa de muerte en el mundo y la primera causa de discapacidad.

Cuáles son los próximos pasos. Actualmente, el proyecto de ley espera ser discutido por las comisiones de salud, de trabajo y previsión social, y de presupuesto y hacienda del Senado. En paralelo, una petición en Change.org busca juntar firmas para pedirle al Senado que apruebe la ley.

Firmá la petición

Salud | 5 de noviembre de 2018

La atención quirúrgica es parte esencial de la cobertura universal de salud

Cinco mil millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a atención quirúrgica y anestésica segura y accesible. Mejorar el acceso a la cirugía no solo es bueno para la salud de las personas; también es una de las mejores maneras de aumentar la productividad económica en países de ingresos bajos y medios.

En un reciente viaje a India, tomé una bici taxi pedaleado por un hombre con una pierna tullida. Dos semanas antes, había sido atropellado por un coche mientras navegaba las transitadas calles de Nueva Delhi. Aunque se las había arreglado para obtener medicamentos de una farmacia cercana para paliar el intenso dolor (probablemente porque se le había roto la pierna) no tenía ni el tiempo ni el dinero para ver un cirujano.

Este tipo de trágico cálculo es demasiado común. La Comisión Lancet sobre Cirugía Global estima que cerca de cinco mil millones de personas –casi un 70% de la población mundial- carece de acceso a cuidados anestésicos y quirúrgicos seguros y asequibles, mientras 33 millones de personas deben afrontar gastos de salud insoportablemente altos. No es de sorprender que los pobres del mundo sufran de manera desproporcionada: aunque la población de los países de bajos ingresos representa cerca de un 35% de la humanidad, en ellos se realizan apenas un 3,5% del total de los procedimientos quirúrgicos.

La financiación es uno de los mayores obstáculos para lograr una cobertura sanitaria universal, declarada por las Naciones Unidas un objetivo global. Y, aunque suene paradójico, una de las mejores maneras en que los gobiernos pueden obtener los fondos que necesitan para ampliar la cobertura es hacer que las operaciones quirúrgicas estén más ampliamente disponibles.

Los problemas de salud en el que tiempo de respuesta es uno de los factores cruciales, como lesiones de accidentes de tráfico y complicaciones del embarazo, se cuentan entre las principales causas de muerte y discapacidad en los países de ingresos bajos y medios. Pero las enfermedades subtratadas o no tratadas que precisan de cirugía también afectan la productividad económica. Por ejemplo, el estudio de Lancet estimó que no mejorar la atención quirúrgica en los países en desarrollo se traduciría en US$12,3 billones menos de producción económica para 2030. No mantener una sólida capacidad quirúrgica incluso podría socavar las ganancias económicas de los países de ingresos medios, reduciendo el crecimiento del PIB total en aproximadamente un 2% al año.

Un cálculo que no suma

La percepción común de muchos líderes es que suministrar atención quirúrgica no es sostenible ni rentable. Al enfrentarse a opciones presupuestarias difíciles, los gobiernos suelen preferir programas que luchen contra enfermedades infecciosas y crónicas, dejando en la estacada a gente como mi conductor del bici taxi.

Sin embargo, un creciente cuerpo de evidencias sugiere que estas visiones están erradas. Cuando los investigadores de la Escuela Médica de Harvard analizaron intervenciones quirúrgicas en países de ingresos bajos y medios, encontraron una notable desvinculación entre los supuestos económicos y la realidad. Por ejemplo, calcularon que el dinero destinado a cesáreas y cirugías de articulaciones tenía mayores retornos que el gastado en el manejo del VIH o las enfermedades cardíacas.

No hay dudas de que las enfermedades crónicas e infecciosas también merecen nuestra atención: no podemos reestructurar los sistemas de salud de la noche a la mañana, ni dar la espalda a quienes reciben tratamiento para enfermedades que no exigen cirugía. Pero las reformas que presten especial atención a la importancia de las intervenciones quirúrgicas impulsarían la productividad económica, ayudando a crear una atención sanitaria más equitativa para todos.

Cirugías y anestesias tienen que ser parte de la cobertura universal

Para comenzar, los ministerios de salud y las organizaciones médicas deben reconocer formalmente que la atención quirúrgica y anestésica son parte esencial de la cobertura universal de salud. Para ejemplificarlo, los proveedores sanitarios deberán mejorar su recolección y análisis de datos sobre resultados quirúrgicos, lo que aumentaría la transparencia sobre mortalidad y morbilidad y fortalecería la rendición general de cuentas. Las decisiones sobre expansión de servicios podrían tomar como guía los indicadores centrales de la comisión de Lancet sobre la “preparación”, “provisión” e “impacto” de la atención quirúrgica.

En segundo lugar, para agrupar los riesgos y proteger contra sobrecostes, los países que estén considerando adoptar políticas de cobertura universal deberían poner la atención quirúrgica bajo planes de financiación pública. Si bien parte de los fondos para ampliar los servicios quirúrgicos deberían venir de la tributación, los proveedores sanitarios también podrían explorar opciones de financiación más innovadoras, como los “modelos de justicia social”, en los que la gente paga según sus medios.

Por último, para combinar recursos y aumentar la capacidad quirúrgica, los hospitales podrían explorar la realización compartida de tareas, por la cual los casos no urgentes se refieren a enfermeras licenciadas y asistentes médicos. Entre las estrategias de más largo plazo habría que invertir más en educación médica para elevar la cantidad de doctores y cirujanos.

El enorme progreso económico experimentado por muchos países en desarrollo en las últimas décadas se ha debido en gran parte a personas vibrantes, jóvenes y ambiciosas. Una de las maneras más eficaces de mantener este crecimiento y desarrollo es garantizar el acceso seguro y asequible a la sanidad, incluidas las intervenciones quirúrgicas. Si bien puede que el costo de prestar este servicio sea alto, no hacerlo resulta más caro aún.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Junaid Nabi es físico e investigador de la salud pública y miembro de Aspen New Voices 2018.

© Project Syndicate 1995–2018

Salud | 25 de octubre de 2018

Por qué es importante donar los medicamentos que no se usan

Qué pasó. La decimocuarta Campaña Nacional de Recaudación de Medicamentos que organizó la Fundación Tzedaká fue un éxito. Este año, unas 300 instituciones de todo el país se sumaron como sitios receptores de las donaciones que ayudan a abastecer al Banco Comunitario de Medicamentos, un centro que asiste a personas que necesitan remedios pero no los pueden pagar.

Los organizadores contabilizarán las donaciones en las próximas semanas y esperan una recaudación exitosa. De todos modos, llamaron a que la gente siga donando remedios que ya no necesita porque en los últimos dos meses se duplicó la demanda de ayuda.

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Por qué es importante. El banco asiste a pacientes de centros de salud, hospitales y organizaciones sociales de 20 provincias. Sólo en 2017, ayudó a 35.000 personas con medicamentos por un valor de $ 64 millones.

Cómo se desarrolló la campaña. Se hizo entre el 16 y el 23 de octubre. Unas 300 instituciones, entre escuelas, empresas, organizaciones sociales, clubes, templos y parroquias de todo el país, fueron las encargadas de recibir los remedios.

Seguir colaborando con el banco. En los últimos dos meses se duplicaron los pedidos de remedios, principalmente por el aumento de la pobreza y del precio de los medicamentos. Entre las donaciones más necesarias figuran, entre otros, remedios para la hipertensión, el colesterol y el parkinson.

“Se puede ayudar con una caja completa o un blíster. Lo importante es que el medicamento no esté vencido, ni requiera cadena de frío y si es un frasco, que no esté abierto”, detallo Ruth Heymann, directora de comunicación de la fundación.

Salud | 18 de octubre de 2018

Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama: el impacto de esta enfermedad en la Argentina

La tasa de mortalidad disminuye en la Argentina de manera sostenida desde 1996, pero aún es alta. Con causas no muy claras, la detección precoz sigue siendo la piedra angular de la lucha contra esta enfermedad.

El 19 de octubre es el Día de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y las acciones para aumentar la atención, la detección precoz, el tratamiento y los cuidados paliativos se refuerzan en la Argentina a lo largo de todo el mes de octubre.

Las causas del cáncer de mama no están muy claras, por lo que la detección precoz sigue siendo la piedra angular de la lucha contra esta enfermedad. Cuando se detecta a tiempo y se establece un tratamiento adecuado, las posibilidades de curación son elevadas.

La mamografía es el método de diagnóstico que ha demostrado ser efectivo en descubrir el nódulo cuando es muy pequeño y asintomático.

La decisión de hacer o no una mamografía debe ser personalizada y conversada con la médica o médico, según la pertinencia de realizar el estudio. pic.twitter.com/MNeXOrAktN

— Instituto del Cáncer (@inc_argentina) 16 de octubre de 2018

El Programa Nacional de Control de Cáncer de Mama (PNCM) del Instituto Nacional del Cáncer (INC) presenta una charla virtual sobre esta enfermedad, disponible online hasta el 9 de noviembre. Más información: aquí y en www.campus.inc.gob.ar.

El Ministerio de Salud de la Nación estima que al final de este año se habrán producido más de 21.000 nuevos casos en el país, lo cual representa el 31,8% de todos los cánceres entre las mujeres. La tasa de casos más elevada se registra en la provincia de San Luis (21 casos por cada 100.000 mujeres) y la más baja, en Santiago del Estero (10,8 casos por cada 100.000 mujeres). Por otro lado, más del 75% de las mujeres con cáncer de mama no tienen ningún antecedente familiar de esta enfermedad.

Luego de Uruguay, la Argentina es el país de América con la tasa de mortalidad más alta por este cáncer. En nuestro país el cáncer de mama es el de mayor incidencia en mujeres, con una tasa de 73 casos por cada 100.000. Y es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres: se producen más de 5.800 fallecimientos cada año. Sin embargo, esta mortalidad ha disminuido de manera sostenida desde 1996, a un ritmo anual de 0,9% durante el período 1996-2013 y luego 2,1% entre 2013 y 2016.

Salud | 12 de octubre de 2018

Por qué es importante que las provincias adhieran a la Ley Nacional de Autismo. El caso de Santa Fe

Qué pasó. El pasado octubre, la legislatura de Santa Fé votó con unanimidad la adhesión a la Ley Nacional de Autismo, convirtiendo a la provincia en una de las pocas en el país en adherir a la ley . El voto se consiguió tras años de que padres y madres santafesinos de niños con Trastornos del Espectro Autista (TEA) trabajaran para que se incorporara la reglamentación.

Qué dice la ley nacional. La Ley 27.043 sobre el abordaje integral e interdisciplinario de las personas que presentan TEA fue sancionada en noviembre de 2014 por el Congreso Nacional. Entre sus puntos clave, la ley:

  • Promueve la investigación clínica y epidemiológica en la materia y la formación de profesionales en el tema.
  • Requiere que las organizaciones de seguridad social, entidades de medicina prepaga y obras sociales brinden “las prestaciones necesarias para la pesquisa, detección temprana, diagnóstico y tratamiento de los Trastornos del Espectro Autista (TEA)”.
  • Promociona la inclusión de las personas que presentan TEA a los diferentes niveles educativos, laborales y sociales.

Quiénes la impulsaron. Tanto la ley nacional como la iniciativa para que la provincia de Santa Fe adhiera a la ley fueron impulsadas principalmente por agrupaciones de padres.

  • “Siempre fue un proyecto de las agrupaciones de padres. Fuimos más de 60 agrupaciones en todo el país que trabajamos para presentar el proyecto nacional. No fue pensado por un político ni un funcionario, es exclusivamente una lucha de las familias que estamos en el tema y que logramos ponerlo en la agenda de política pública”, dice Sol Mateo, mamá de un adolescente con TEA y parte del grupo TGD Padres Rosario TEA.

Se aprobó el proyecto por el cual se adhiere a la Ley Nacional 27.043, que declara de interés el abordaje integral e interdisciplinario de las personas que presentan Trastornos de Espectro Autista (TEA)

— Diputados Santa Fe (@diputadossf) October 11, 2018

Por qué es importante que adhieran las provincias. El artículo 6 de la ley nacional invita a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a los lineamientos de la ley. Es por eso que la legislatura de cada provincia debe votar adherirse, para que la legislación se aplique a nivel provincial.

Cuál es el beneficio. Según las distintas agrupaciones de padres y de legisladores que impulsaron la adhesión, el principal beneficio de la ley es que asegura la prestación médica a todas las personas con TEA, sin importar si tienen obra social o no.

  • “Hay muchas familias que no tienen la suerte de tener una obra social. Esta ley apunta a la detección e intervención de TEA en el sector público; apunta a los más vulnerables y les asegura el acceso a un tratamiento gratuito”, dice Mateo.
  • La ley “implicará mayores derechos de los pacientes ante las obras sociales y empresas de medicina prepaga”, explica el diputado provincial Rubén Giustiniani (Igualdad y Participación).

Qué provincias han adherido. Según miembros de TGD Padres consultados, las provincias que han adherido a la ley nacional son: Buenos Aires, Misiones, San Luis, Jujuy, Salta, Santa Cruz, y Tierra del Fuego.

Cuáles son los próximos pasos. A nivel nacional, las agrupaciones de padres están demandando al Poder Ejecutivo que reglamente la ley, una tarea pendiente desde el 2014.

  • “Es hora que el gobierno nacional reglamente la ley. Ya hemos hechos varios pedidos y estamos esperando con ansias la reglamentación, porque sin ella no se pueden aplicar los cambios que demanda la ley”, dice Sol Mateo.
Salud | 3 de octubre de 2018

Correrán con los ojos vendados para concientizar sobre la ceguera

Será este viernes en San Miguel y los interesados pueden sumarse el mismo día o anotarse antes para correr con la remera oficial. Todos serán guiados por un compañero.

Buscan orientar a la gente sobre cómo acompañar a los ciegos en la calle y difundir la campaña de donación de órganos. En la lista de espera para trasplantes del INCUCAI, 1 de cada 4 personas aguarda una córnea.

El viernes a las 12.30 se hará en el partido bonaerense de San Miguel una maratón en la que los participantes correrán con los ojos vendados pero guiados por un compañero.

La actividad es gratuita y pretende generar conciencia sobre las necesidades que tiene la comunidad de ciegos y disminuidos visuales.

Por qué es importante. La actividad tiene tres objetivos:

  • Comprender cómo se sienten las personas que no pueden ver.
  • Orientar a la gente sobre cómo guiar en la calle a los ciegos o disminuidos visuales.
  • Difundir la campaña nacional de donación de órganos y tejidos, especialmente de córnea, una membrana que puede ayudar a muchas personas a recuperar la vista. Es que en la lista de espera del INCUCAI, 1 de cada 4  personas espera un trasplante de córnea.

Cómo participar. Aunque los interesados podrán sumarse el mismo día de la carrera, también se pueden anotar anticipadamente llamando a la Fundación Nano, una ONG creada por oftalmólogos que trabaja para rehabilitar pacientes, impulsar el deporte para no videntes y concientizar sobre las patologías que afectan los ojos.

Con la inscripción anticipada, los participantes podrán correr con una remera especialmente diseñada para la maratón.

Si querés anotarte y correr con la remera oficial del evento, tenés que inscribirte anticipadamente por teléfono:


LLAMAR

Campaña de donación. Al menos una hora antes y luego de terminada la carrera, habrá un stand del Centro Único Coordinador de Ablación e Implante (CUCAIBA), que invitará a la gente a que puedan anotarse formalmente como donantes.

La importancia radica en que uno de cada cuatro personas que están en la lista de espera para recibir un trasplante, necesita una córnea. En cifras totales a nivel país, son 2.775 personas de 11.000. Sólo en la provincia de Buenos Aires, casi 1.800 personas esperan por una córnea.

En ese espacio también informarán sobre la campaña nacional de donación o la Ley Justina, que fue aprobada en julio pasado y que determina que todas las personas son donantes de órganos, salvo que hubieran expresado su voluntad contraria.

Gracias a la solidaridad de su comunidad, La Pampa alcanzó en 2017 los 83 donantes por millón de habitantes, la tasa más alta de todo el país. Esa relación le permite a esa provincia no tener personas en lista de espera para trasplante de córnea.

Si querés manifestar tu voluntad de donar órganos, podés hacerlo desde el sitio del INCUCAI.


QUIERO SER DONANTE

Cómo se correrá. La mitad de los inscriptos correrá con los ojos vendados. La otra mitad, se encargará de guiar, dejando que les apoyen una mano en el hombro, como se lleva a las personas ciegas. Y en el camino de vuelta, en general, se invierten los roles.

“Es un evento que derriba barreras y ayuda a perderle el miedo a lo desconocido. Y se convierte en una gran fiesta de integración y muchas veces los atletas terminan corriendo junto a una persona ciega y formando vínculos fuertes”, explica María Bayá Casal, directora de la Fundación Nano, que organiza el evento junto a la Municipalidad de San Miguel y el CUCAIBA.

El circuito. La carrera largará en la esquina de avenida Perón y Conesa, en la Plaza de las Carretas de Muñiz. La competencia se hará por Perón hasta la esquina Pardo, ida y vuelta. Es decir, se extenderá unos 2 kilómetros.

Para el evento, cortarán tres carriles del tránsito, ya que esperan unos 500 inscriptos.

La opinión de un deportista ciego. En la largada estará Nacho Oviedo, joven promesa del fútbol para ciegos y delantero de Los Murciélagos.

“La carrera es una idea muy linda. Está bueno que la gente pueda vivir esa experiencia que genera tanto miedo”, dice el deportista de 17 años. Y explica: “Yo nací así y estoy acostumbrado a correr, pero la gente no entiende. Muchas veces voy por la calle y me choco con alguien que va mirando el celular. O quizás me quieren ayudar a cruzar la calle y me agarran la mano, no saben cómo se lleva a una persona ciega”.

Salud | 27 de septiembre de 2018

En Argentina comienza a discutirse quién pagará en el futuro la salud de los jubilados

Es la pregunta que desvela a médicos, economistas y expertos de la salud en la Argentina, aunque el problema es global. El país invierte 10% del PBI en salud y se estima que más de la mitad se destina a gente mayor de 60 años. Es que hay una población que envejece y que vive más tiempo mientras los medicamentos y tratamientos cada vez son más caros y los recursos limitados. La industria pone sus expectativas en la nueva Agencia de Evaluación de Tecnología Sanitaria (AGNET) que se discute en el Senado.

En 2009, el Instituto Nacional de Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE) anunció que el Servicio Nacional de Salud no podía ofrecer algunos medicamentos costosos para ciertos tipos de tratamientos para combatir el cáncer. ¿La razón? El costo era demasiado alto para los beneficios que generaban y se decidió que los fondos se podían usar más eficientemente en otros tratamientos.

La decisión provocó enojo en la población, pero fue defendida por el instituto como parte de los difíciles cambios, aunque necesarios, para racionar los recursos y establecer prioridades en medio de un escenario de recursos finitos.

El reto que el Estado británico comenzó a enfrentar hace 9 años es ahora una realidad para todos los sistemas de salud del mundo y muchos siguen su ejemplo, implementando algún tipo de control en los costos. La mayor preocupación es cómo se va a financiar el costo de la salud para los jubilados. Y la Argentina no es una excepción.

Ese desafío fue uno de los temas principales en la agenda de la Conferencia Anual de la Salud que se celebró en Mendoza hace dos semanas. El Gobierno y la industria de la salud concentran sus expectativas en la creación de la Agencia de Evaluación de Tecnología Sanitaria que está en los planes de este Gobierno.

El problema es el siguiente: la población envejece y vive más tiempo.

Argentina tiene un promedio de esperanza de vida de 76,6 años y ha venido aumentando a un ritmo de 10 meses cada cinco años. Al mismo tiempo, al vivir más tiempo, la población necesita más medicinas y hay mayor demanda por nuevos tratamientos, pero los nuevos medicamentos y las nuevas tecnologías terapéuticas surgen mucho más rápido, son cada vez más caros y exceden a los recursos financieros que se agregan al sector.

Según datos del Censo 2010, la población de 65 años o más representan el 10,2% del total y la de 60 años o más, el 14,3%, haciendo que la Argentina sea el tercer país con más expectativas de vida en América Latina después de Uruguay y Cuba. A su vez, con el correr de las décadas, se nota un paulatino descenso de la población de entre 0 a 14 años, representando el 25,5% en 2010, por debajo del 28,3% de 2001.

La pirámide de población (2010) confirma la tendencia al aumento del peso relativo de la población adulta mayor y, a la vez, da cuenta de menores niveles de natalidad. Esto último se refleja en el achicamiento de la base de la pirámide.

El desafío es tanto para el sistéma público cómo para el privado. Y los expertos dicen que las presiones políticas las sentirán ambos. En el caso Argentino, el sistéma público sufre una presión adicional con los jubilados, ya que una mayoría pasa directamente al PAMI.

Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.


Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.

Las cifras son contundente: en Argentina la inflación médica es mucho mayor que la inflación general, algo que también sucede en el resto del mundo, pero todos sabemos que la inflación acá es una de las mayores del mundo y eso hace que la inflación médica también lidere los rankings.

El informe anual de la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI), una de los organizadoras del congreso de Mendoza, reveló que en 2017 la inflación médica estuvo 2,9 puntos porcentuales por encima de la inflación oficial, que de acuerdo al Indec fue de 25%. O sea la inflación médica bordeó el 30%.

Los economistas de la salud describen la inflación médica como al aumento, a nivel general, del costo de la salud, en donde se incluyen los honorarios médicos, hospitales, tratamientos médicos y el tiempo que dura la enfermedad, entre otros factores.

Hugo Magonza, presidente de la ACAMI, dice que esto “prueba la necesidad de políticas que combatan ineficiencias en los sistemas de salud, entre ellas el modelo de remuneraciones de los servicios de salud, los criterios de costo-efectividad para la incorporación de nuevas tecnologías, indicadores de calidad para avalar hospitales y otros prestadores de servicios, entre otros”. Y agregó que el sistema está “bajo mucha presión”.

En el congreso de Mendoza se puso mucho énfasis en la necesidad de progresar en la discusión de la creación de la Agencia de Evaluación de Tecnología Sanitaria en Argentina (AGNET), donde se tomarán las decisiones sobre la adopción y uso de medicamentos, procedimientos, modelos de atención o equipamiento, y busca su uso racional en un contexto real. La ven como una política clave para impulsar mejoras en el sistema y hacerlo más eficiente.

La AGNET ocupará un rol fundamental, ya que será la encargada de realizar los estudios y evaluaciones de medicamentos, productos médicos e instrumentos tecnológicos destinados a prevenir, tratar o rehabilitar la salud, a fin de determinar su uso apropiado y modo de incorporación al conjunto de prestaciones cubiertas por el sector público y el Programa Médico Obligatorio (PMO). Los que impulsan el proyecto afirman que e dará transparencia y legitimidad.

Tanto desde el sector público como el privado abogan para que las evaluaciones económicas giren en torno de la excelencia clínica, con personal idóneo y liberado de presiones políticas. Y que eso ponga freno al “desmedido crecimiento” de los procesos judiciales tendientes a la cobertura de prestaciones médicas que le ponen una presión adicional al sistema.

El proyecto de ley para la creación de la AGNET está actualmente en la Comisión de Salud del Senado de la Nación.

tecnologiasmedicas

El secretario de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, fue el invitado de honor en Congreso. En una conversación con RedAcción dejó en claro el desafío: “Los recursos que tenemos son limitados. En la región somos los que invertimos más en salud, pero no es suficiente. Sin racionar tendremos un tremendo problema de equidad. Los cambios implican decisiones políticas complejas porque los recursos no alcanzan y habrá que decidir cómo priorizar”.

Rubinstein dice que la clave será desarrollar formas más eficientes de gestionar el gasto y encontrar consensos de cómo financiarlo. “Hay que asegurar la disponibilidad, accesibilidad y equidad al acceso a medicamentos y nuevas tecnologías de una manera que sea sustentable”, dijo Rubinstein.

Algunos datos para ilustrar el desafío

  • Casi un tercio del gasto que una persona hace a lo largo de su vida lo hace durante la mediana edad (de 40 a 60 años) y más de la mitad durante los años siguientes a esa edad. Y para los que llegan a los 85 años, más de un tercio de sus gastos de por vida se acumularán en sus años restantes.
  • En general, el gasto per cápita a lo largo de una vida es un tercio más para las mujeres que para los hombres. Dos quintos de esta diferencia se debe a la mayor esperanza de vida de las mujeres.
  • Al fenómeno demográfico, en Argentina hay que sumar el hecho que el sistema de salud es extremadamente desigual y segmentado. Está compuesto por los sectores público, privado y del seguro social. A eso hay que sumar que cada una de las 23 provincias retiene su autonomía y responsabilidad constitucional para ejercer las funciones de rectoría, financiamiento y prestación de los servicios de salud.
  • Argentina gasta el 10% del PBI en salud. Dos tercios corresponden al gasto público y de seguridad social y el otro tercio es inversión privada.
  • El 20% más pobre tiene 15 veces menos cobertura que el 20% de mayores ingresos.
  • El sistema se financia a través de aportes de 6,8 millones de trabajadores a obras sociales provinciales; otros 15,1 millones a obras sociales nacionales; 5 millones de jubilados al PAMI; y 6 millones de personas que contratan prepagas.

Un dilema complicado

En Argentina el derecho al acceso a la salud es universal. La Secretaría de Salud de la Nación lo describe como la capacidad de utilizar los servicios de salud sin que existan barreras administrativas, organizacionales, geográficas, financieras, culturales o de género.

El médico Gabriel Novick, CEO de Swiss Medical, uno de los exponentes en el congreso de Mendoza, dice que el sistema de salud argentino enfrenta un dilema: una población que envejece, costos que suben y recursos disponibles limitados. Afirma que la solución pasa por cómo priorizar, ya que los recursos “no alcanzan y sin racionar tenemos un tremendo problema de equidad, no solo para los jubilados, sino que para todo el sistema. Es por eso que la evaluación de tecnología y la creación de la AGNET son un paso indispensable en ese sentido”.

Conclusiones

El economista Keneth Arrow, Premio Nobel de Economía 1972, advirtió que “en salud, la sola aplicación de las fuerzas de mercado hace a los enfermos y los grupos desfavorecidos, aún más enfermos y vulnerables” y que “en salud es muy difícil distinguir entre bienes públicos y privados”.

Dado el rápido envejecimiento de la población, es urgente comprender y abordar la interacción entre el envejecimiento y el gasto en atención médica. Todos los países, ricos y pobres, tienen el desafío de obtener los fondos necesarios para pagar los servicios sanitarios que sus poblaciones necesitan o demandan, pero esas cosas no siempre son lo mismo. Y en el caso de los jubilados, ese dilema es aún más profundo.

Tanto en Argentina como en el resto del mundo, hay un consenso de que ningún país, al margen de su riqueza, puede ofrecer a su población entera todas las tecnologías o intervenciones que puedan mejorar la salud o prolongar la vida.

La Agencia de Evaluación de Tecnología Sanitaria es una respuesta, aunque no suficiente por sí sola. En la industria de la salud tienen claro que una reforma más amplia al sistema requiere consensos muy amplios.

“Decidir en salud es priorizar, afrontar la amarga tarea de juzgar entre alternativas con presupuestos limitados y bajo presiones varias”, escribieron en Clarín hace unas semanas Rubén Torres, rector de la Universidad ISALUD, y Andrés Freiberg, coordinador ejecutivo de la misma universidad.

En una columna en la que dieron sus opiniones acerca de cómo debería ser la AGNET, explicaron que “en un país federal, de grandes inequidades y extrema fragmentación, la integridad de esta agencia no deberá verse afectada por una fuerza en particular ni construida sólo para un objetivo único. Nos pondrá a prueba en demostrar si somos capaces de construir instituciones que trasciendan a individuos y entender que salud es el mejor argumento para empezar a cerrar grietas y hacer un país mejor. Debemos cuidarla y ayudarla a crecer. La agencia nacional sólo sucede una vez”.

La Organización Mundial de la Salud dice que las opciones para los países incluyen que los gobiernos den mayor prioridad a la salud en sus asignaciones presupuestarias, recauden los impuestos o aumenten las cotizaciones obligatorias de manera más eficiente y reúnan fondos adicionales a través de los distintos tipos innovadores de financiación.

Los impuestos sobre productos perjudiciales como el tabaco y el alcohol son una de esas opciones: reducen el consumo, mejoran la salud y aumentan los recursos que los gobiernos pueden gastar en la salud.

A pesar de estas innovaciones, la mayoría de los países más pobres tendrán que aumentar las contribuciones de los donantes durante un periodo considerable de tiempo.

Foto: Municipalidad de San Isidro

Salud | 26 de septiembre de 2018

“En trasplante de órganos, lo más importante es detectar al donante”

Cada noche, tres aviones sobrevuelan los cielos de España llevando órganos en pequeñas heladeras. La actividad de donación y trasplantes en este país es intensa y apresurada: España es el líder mundial, con un índice de 47 donantes de órganos por millón de personas (hay unos 5.000 trasplantes anuales; o sea, 13 por día) y este número crece desde hace 25 años. Es casi cinco veces superior al registro argentino, donde hay 10 donantes por millón de personas. “Todo está muy coordinado”, dice Jaume Tort, el director de la Organización Catalana de Trasplantes (OCATT).

“Normalmente, los procesos de traslado de órganos ocurren de tarde y de noche. Por la mañana se detecta a los enfermos. Si fallecen, se habla con la familia y se consiguen las autorizaciones. O con el juez, si hiciera falta. Luego se mandan los datos del donante y se cuadran en la lista de espera a ver cuál es el receptor. Si hay que viajar a buscar el órgano, una ambulancia recoge a un equipo de médicos y lo lleva al aeropuerto. Otra ambulancia espera en el aeropuerto de destino y los lleva directo al hospital y al quirófano. El mismo equipo médico del trasplante hace la extracción del órgano y regresa a toda velocidad”.

La Organización Catalana de Trasplantes funciona en un edificio grande y silencioso, de pasillos amplios, en el Poblenou, cerca del puerto de Barcelona. Esta región, donde en 1965 se realizó el primer trasplante de riñón de España, es récord del país: en 2017 se hicieron 1.106 trasplantes, un 5,7% más que el año anterior. Cataluña es el sitio en el que se hacen más trasplantes en el mundo.

“Hay pacientes que están en fase muy crítica y para ordenarnos usamos criterios clínicos objetivables”, dice Tort. “La prioridad es del enfermo que está peor y luego, su localización; como más cerca esté alguien, menos tiempo perderemos en el proceso. Para un trasplante de riñón hay doce horas. Pero para pulmón y corazón, cuatro horas. La literatura científica habla de hasta ocho horas, pero según la experiencia de nuestros equipos no es más de cuatro”.

Crédito: OCATT

Crédito: OCATT

¿Por qué Cataluña es la región récord?
Cataluña destaca más en trasplante que en donación porque aquí hacemos mucho trasplante de donante vivo: entre el 40 y el 45% de trasplante con donante vivo de riñón y de hígado de España se hace en Cataluña. Por lo demás, tenemos el mismo modelo que el resto del país.

¿Cómo hace España para tener un modelo tan eficaz?
Hay varios elementos que explican por qué estamos en esta posición de liderazgo desde hace tantos años. Primero, la sociedad es solidaria. Pero, según algún estudio que se hizo, no lo somos más que muchos otros países. La clave del modelo español es el sistema organizativo que hay alrededor de la donación, más que del trasplante. El sistema se basa en tres niveles de coordinación: uno, a nivel del Estado; otro a nivel regional; y luego, y ésta es la clave real, a nivel hospitalario. La clave es la figura del coordinador hospitalario de trasplantes. Cada hospital tiene uno. En un inicio era un nefrólogo, porque se hacían más trasplantes de riñón, pero ahora es un intensivista, un médicos especialista en unidades de cuidados intensivos, o un anestesista, porque hay muchos de ellos en las unidades de enfermos críticos.

¿Qué hace exactamente el coordinador hospitalario de trasplantes?
Detecta al donante. Si nadie busca o se entera de que una persona va a fallecer en poco tiempo, no vas a tener donantes. Alguien tiene que estar mirando eso cada día, y no sólo viendo a los enfermos que están en la fase final, sino también viendo las defunciones que se producen en el hospital. El medico famoso que sale en la televisión es el cirujano que hace el trasplante, pero este señor es famoso gracias a un compañero suyo que nunca es famoso, pero que ha detectado al donante y ha hablado con la familia.

¿El hospital es el territorio clave?
Sí. El paciente donante tiene que estar en la unidad de cuidados intensivos porque cuando se certifica la muerte cerebral, los órganos tienen que seguir trabajando; si no, no funcionarán.

¿Y si alguien fallece en la calle no puede ser donante?
Es más difícil. Lo tienes que remontar. Te da pocos minutos: cinco, diez, quince. Cada persona es distinta, cada parada cardíaca es distinta. ¿Personas en la calle que hagan una parada cardíaca? Se habla de diez minutos sin reanimar. Pero esto es muy poco frecuente. Un donante habitual en países como el nuestro es alguien de edad que fallece en el hospital. Además, ahora hay mucha menos accidentabilidad en las carreteras. Un efecto secundario de los pocos accidentes de tráfico es que no hay donantes jóvenes. Los donantes por accidente de tráfico, en nuestro caso, no llegan a ser el 5%.

Crédito: OCATT.

Crédito: OCATT.

En la Argentina, la Ley Justina, sancionada recientemente, indica que todo el mundo es donante, salvo quien diga lo contrario. ¿En España es igual?
España tiene un sistema de opting out; o sea, de consentimiento presunto. Esto quiere decir que todos somos donantes por ley. Pero, de hecho, no lo aplicamos en un sentido estricto. ¿Qué hacemos? Siempre, siempre, siempre hablamos con la familia. La familia tiene la última palabra. Si la familia dice que no, es no.

¿Por qué lo hacen así, si la ley no lo indica?
Porque ¿cómo sabemos cuál era la opinión de un donante? Pues a través de sus familiars. No tenemos un registro en España de quienes han dicho que no. Los que no lo quieren se lo dejan dicho a la familia o lo dejan escrito en sus “voluntades anticipadas”. En definitiva, en España finalmente está todo en manos de la opinión de tus propios.

¿Cómo hizo España para comenzar a ser tan eficaz hace 25 años?
Había una tradicion médica muy potente, especialmente aquí, donde se hicieron los primeros trasplantes. El modelo de coordinación se creó en Barcelona antes que en España, un poco con la necesidad de ordenar el trabajo que se hacía.

Crédito: Wikimedia.

Crédito: Wikimedia.

¿En qué puede seguir mejorando el sistema?
Nuestro gran objetivo es contener la lista de espera. El año pasado hicimos 160 trasplantes de hígado y tenemos 119 personas en la lista: parece un asunto solucionado, pero no lo es porque el tema es que el donante y el receptor sean compatibles.

Y ahora, ¿siempre hay en marcha campañas de concientización sobre el tema?
¿Campañas como tales? No hacemos. Por suerte, no nos hacen mucha falta porque tenemos una tasa de donación muy alta. Pero sí hay un trabajo en determinados entornos; por ejemplo, en los medios de comunicación, donde intentamos ser muy transparente. También trabajamos en las escuelas y en los institutos. Trabajaríamos más, pero no tenemos recursos. Aunque el sistema no ha puesto nunca un reparo económico ante un trasplante.

¿El mayor número de trasplantes ha generado más dilemas éticos?
No, no tenemos en este momento temas éticos. Creo que el sistema está muy, muy consolidado.

Salud | 25 de septiembre de 2018

Quiénes usan bastón verde y qué ayuda pueden necesitar

El 26 de septiembre se celebra el Día del Bastón Verde. Se trata de una jornada de difusión de una herramienta muy importante para ayudar a diferenciar a las personas de baja visión de las ciegas y de esa manera mejorar su calidad de vida.

Quiénes lo usan. Las personas que no han perdido totalmente la visión pero la tienen muy limitada y en consecuencia pueden necesitar ayuda en la vía pública. ¿Por qué necesitan asistencia?

  • Sus posibilidades de desplazarse y actuar en el espacio varían mucho según la luz y cómo es físicamente el lugar.
  • Quizás pueden ver objetos a corta o mediana distancia, como un celular o una vidriera, pero no pueden cruzar la calle solos.
  • O pueden distinguir objetos a larga distancia, pero no de cerca.
  • En ocasiones tienen dificultad para advertir los desniveles, escaleras y cordones.
  • Al hablarle muchas veces pueden no dirigirle la mirada, pero no es por indiferencia, sino por necesidad de acomodar la visión.
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Quién ideó el bastón verde. Fue Perla Catherine Mayo, una profesora que desde 1990 se dedica a la investigación, la evaluación y el tratamiento de pacientes con baja visión.

“Muchas veces me decían mis alumnos: ‘Profe, no soy ciego, no quiero usar un bastón blanco’. A partir de esa problemática se me ocurrió crear el bastón verde para mejorar su calidad de vida’”, explica Mayo en el sitio web del Centro Mayo de Baja Visión, donde es la directora.

Una iniciativa que llegó a ser ley. En 2002 el uso del bastón verde para personas con disminución visual se convirtió en ley.

La ley 25.682, que también es ley en Uruguay desde el año 2011, sostiene: “Adóptese a partir de la presente ley, el uso del bastón verde en todo el territorio de la República Argentina como instrumento de orientación y movilidad para las personas con baja visión.”

Por qué es importante la diferenciación. En Argentina, según el último censo, hay 5.114.190 personas que tienen alguna dificultad o limitación física permanente. La mayor parte de esta población, 2.069.151 personas, tiene dificultades visuales.

“En el país hay 216 escuelas de ciegos y disminuidos visuales con una matrícula de 100 alumnos en promedio. El 70% de esos niños no son ciegos, sino que tienen baja visión. Pero hoy están sentenciados a la ceguera. Por eso ya es momento de que, tanto del ministerio de Educación como el de Salud, hagan algo. Por ejemplo, cambiar las currículas del plantel docente para que las maestras de ciegos aprendan a trabajar con niños de baja visión y no traten a todos los niños como ciegos”, le dijo Mayo a Infobae a fines del año pasado.

Querés ayudar. ASAC es una asociación sin fines de lucro que trabaja de manera por las personas con discapacidad visual. Actualmente tiene distintos programas en los que la comunidad puede colaborar económicamente, difundiendo las acciones o como voluntario.

Fotografías, imágenes y videos: Centro Mayo de Baja Visión y ASAC. 

ASAC es una asociación sin fines de lucro que trabaja de manera integral al servicio de las personas con discapacidad visual.


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Salud | 24 de septiembre de 2018

Una startup médica argentina que puede acelerar la rehabilitación de miles de pacientes

Se trata de una cámara que suministra oxígeno en una cabina presurizada a alta presión y ya se exporta a 35 países. Se usa para tratar la piel quemada, herida o con implantes.

También para rehabilitaciones neurológica, traumatológicas y reumatológicas. El Hospital de Quemados ya usa un equipo y pronto se sumará el Ramos Mejía.

Oscar Merbilhaa todavía llora cuando se acuerda cómo le salvó la vida a uno de los 60 jóvenes que llegaron quemados e intoxicados la noche en que Cromañón ardió.

“Estuve toda la madrugada dándole oxígeno con un resucitador manual”, dice y reconoce que 14 años después no puede evitar llorar cada vez que lo cuenta.

Oscar es cirujano del Hospital de Quemados, del barrio de Caballito. El joven al que le salvó la vida había llegado con muerte cerebral por el gas tóxico que soltó la media sombra del techo cuando se incendió.

“Esta cámara hubiese sido vital esa madrugada –asegura y señala una cabina circular de dos metros de largo que está en una sala del primer piso-. Porque la mayoría de los chicos que murieron fue por intoxicación. Y ésta cámara permite oxigenar la sangre rápidamente porque lo hace en un ambiente de mayor presión”.

Oscar se refiere a la cámara hiperbárica que el hospital acaba de sumar gracias a la donación del fabricante. Se trata de una tecnología que “inventó” una pyme familiar argentina, que se produce en el país, que se exporta a 35 países y que ningún hospital público local tenía.

Es más, el Hospital Ramos Mejía, en Balvanera, también recibió un equipo y se prepara para usarlo. Después se sumarán el Garrahan y el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

Con la incorporación de esta tecnología buscan que el sistema público de salud sume tratamientos que mejoran la evolución de heridas por radioterapia, quemaduras e implantes; y que favorecen la rehabilitación de enfermedades neurológicas, traumatológicas y reumatológicas.

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Desde acelerar un tratamiento a salvar un miembro

Al Hospital de Quemados el equipo llegó hace dos meses y produjo una revolución. “Veníamos haciendo gestiones para incorporar este equipo desde hace cinco años”, cuenta Mercedes Portas, jefa de Cirugía Plástica del hospital,

El anhelo tenía argumentos sólidos: la oxigenación de la sangre que logra en el paciente produce un cambio fisiológico en el cuerpo que favorece la recuperación de los tejidos de la piel. “Cuanto mejor respira una célula, el tejido quemado se va a recuperar mejor y más rápido. Porque con esa oxigenación crecen los vasos sanguíneos y hay mejor vascularización”, detalla Mercedes.

La cámara hiperbárica se empezó a usar en el tratamiento de quemados con fuego, agua, químicos y electricidad. También para mejorar las lesiones en la piel producidas por la exposición a radiación, como ocurre con pacientes oncológicos tratados con radioterapia.

Mercedes tiene 62 años y 39 de trayectoria en el Hospital de Quemados. Visitó muchos hospitales en el mundo y asegura que hay áreas de quemados con seis camas de internación y seis cámaras hiperbáricas. “Es que no solo acorta los tiempos de sanación, permitiendo un alta temprana, sino que en casos graves crecen las posibilidades de que una persona no pierda un pie, por ejemplo”, asegura.

En su hospital hay 70 camas de internación y por día atienden unos 180 pacientes: 65 mil a lo largo de todo año.

María Ramírez recurrió al hospital el mes pasado. Tiene 51 años, vive en Vicente López, es docente y llegó a la guardia desesperada: llevaba nueve operaciones en las que intentaron suturar, sin éxito, la herida por la que hacía un año le habían colocado un implante mamario. Antes, había pasado por 25 sesiones de radioterapia y finalmente una operación en la que le extirparon el seno.

“La piel no podía cicatrizar porque estaba lastimada por la radioterapia. Así que me sacaron el implante y empecé con las sesiones de oxígeno. Hice 18. Cambió el color de la piel y sanó. La doctora me dijo que cuando la piel esté todavía mejor me hará una cirugía para reconstruir el seno con grasa de mi abdomen”, cuenta María.

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Cómo funciona la cámara hiperbárica

La cámara es una cabina circular de casi un metro de diámetro por dos de largo. Entra una persona acostada. Ese compartimiento se cierra herméticamente y un compresor lleva la presión atmosférica a 1,45, es decir un 45% más alta que la normal.

Una vez adentro, el paciente respira oxígeno por una mascarilla. Al inhalar oxígeno a presiones más altas que la normal, en el cuerpo se produce lo que se conoce como hiperoxia, que es el exceso de oxígeno en pulmones y tejidos corporales.

La hiperoxia desencadena beneficios fisiológicos en el organismo: estimula el colágeno, la inmunidad celular y las células madres; aumenta el éxito en los implantes; mejora la respuesta a los procesos infamatorios; y aumenta el desarrollo de vasos sanguíneos.

Este tipo de cámaras existían en el mundo, pero eran mucho más grandes, costosas y con una presión atmosférica mayor (arriba de 1,8), lo que la hace muy difícil de operar. Durante mucho tiempo, el Hospital Naval fue el único centro que tuvo ese equipo y el tratamiento estuvo orientado a las complicaciones físicas que pueden tener los buzos cuando salen a la superficie sin hacer las paradas que permiten ir descomprimiendo la mayor presión que hay bajo el agua.

La selección argentina de fútbol suele llevar una cámara hiperbárica a sus giras.
La selección argentina de fútbol suele llevar una cámara hiperbárica a sus giras.

Un desarrollo nacional que se exporta

“Lo que inventamos nosotros y es una novedad a nivel mundial es el segmento de cámaras de mediana presión, que no aplica para rehabilitar buzos pero ofrece todos los demás tratamientos”, cuenta Claudio Teler, dueño de BioBarica y donante de los equipos que empezaron a sumar los hospitales porteños.

Hace ocho años, Claudio, que es licenciado en administración de empresas, tenía una fábrica de plásticos en el partido de San Martín. Y tenía un hobbie: hacer sus propias máquinas. Por eso, en 2010 no dudó en crear una cámara hiperbárica móvil para un amigo que tenía un hijo autista y al que le habían recomendado que hiciera sesiones de oxígeno, pero no tenía dónde hacerlo.

“Con mi hijo Ivo desarrollamos la cámara, competimos en el certamen Buenos Aires Emprende y ganamos unos 3.000 dólares. Con ese dinero alquilamos un garaje en Villa Urquiza y decidimos fabricarla en serie”, recuerda.

En un año lograron que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) certificara el taller y el producto. Y el 21 de diciembre de 2011 vendieron el primer equipo a un médico generalista porteño.

Claudio Teler desarrolló la cámara en 2010 y en 2011 fue aprobada por la ANMAT.
Claudio Teler desarrolló la cámara en 2010 y en 2011 fue aprobada por la ANMAT.

Desde entonces, empezaron a llover pedidos de todo el mundo. Es que la cámara que inventaron sale 35 mil dólares, menos de la mitad de lo que sale un equipo de alta presión. También es más fácil de operar, más segura (porque trabaja con menor presión) y transportable. Además, la sala donde se instala no necesita ninguna adaptación.

Vendieron 450 equipos, casi el 80% al extranjero. A casi todo América Latina; a varios países de Europa, principalmente a España; a Asia, por ejemplo a la India; a Irak y Kuwait, en Medio Oriente; a Sudáfrica y Egipto. En total, a 35 países, donde tuvieron que pasar por procesos de certificación, principalmente el CE, que permite entrar a la comunidad europea.

A Estados Unidos están a punto de ingresar: ya tienen avanzada la certificación ante la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés).

Ese fenómeno hizo que la pyme familiar, radicada en Villa Urquiza, empleara a 15 personas e integrara una cadena productiva junto a 10 pymes que fabrican piezas especialmente para BioBarica.

“En Argentina vendimos unos 130 equipos. Muchos a consultorios particulares y a centros privados de casi todo el país. De hecho, tenemos nuestra propia red de centros. Pero queríamos que este tratamiento fuera accesible para quienes se atienden en el sistema público de salud”, cuenta Claudio y adelanta que las donaciones para el Garrahan y el Gutiérrez se materializarán el año que viene.

Un plan para trabajar en protocolos médicos locales

La medicina hiperbárica, como se llama a la que se consigue a partir del tratamiento con oxígeno a alta presión, tiene poca tradición en el país. Estados Unidos, Rusia, México y Japón, en cambio, son países con mucho recorrido.

“Las donaciones a los hospitales van a permitir hacer investigación y generar protocolos médicos nacionales”, adelantó Mariana Cannellotto, presidenta de la Asociación Argentina de Medicina Hiperbárica e Investigación.

Lo que ocurre es que las sesiones de oxígeno están indicadas para rehabilitación o tratamiento de enfermedades neurológicas, como autismo o parálisis cerebral; clínicas, como migrañas o fibromialgia; traumatológicas, como posquirúrgico o injertos; o reumatológicas, como artritis o artrosis. Pero en todos los casos se indican en base a investigaciones internacionales.

“En el Quemados vamos a hacer investigación y trabajar en tres protocolos: para quemados térmicos, para quemados por exposición a radiaciones y para pie diabético quemado”, adelantó Mercedes Portas, jefe de Cirugía Plástica del hospital.

Es decir, documentarán con detalle científico qué evolución se lograr gracias a la incorporación de sesiones en la cámara.

En el Ramos Mejía, en tanto, tienen la idea de trabajar en varios protocolos más: para pie diabético, heridas y tratamiento de osteopenia, que es una disminución en la densidad mineral ósea, que puede ser una condición precursora de osteoporosis.

Salud | 21 de septiembre de 2018

Los gobiernos deben alzarse en defensa de la salud y la cobertura universal

Hace apenas un siglo que la epidemia de gripe española se propagó por todo el mundo y mató a decenas de millones de personas. Mucho antes de la llegada a la luna, de Internet o del descubrimiento del bosón de Higgs, el mundo estuvo a merced de una enfermedad que atacó indiscriminadamente y no respetó las fronteras nacionales. La epidemia exigió una respuesta absolutamente extraordinaria.

Cien años después, las enfermedades contagiosas siguen atravesando fronteras más rápido y de manera más eficiente que la gente o los bienes. Pero otras epidemias, de enfermedades crónicas y no transmisibles (ENT), también son un flagelo para las comunidades de todo el mundo. En verdad, en términos de escala del sufrimiento humano y de los costos para la sociedad, estas enfermedades pueden ser inclusive más devastadoras que sus contrapartes contagiosas.

La ONU representa una oportunidad

En la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, los jefes de Estado globales se reúnen el 26-27 de septiembre para resaltar dos amenazas importantes para la salud. En el primer día, discutirán estrategias para poner fin a la tuberculosis (TB), una bacteria antigua que sigue siendo la enfermedad infecciosa más letal del mundo. La TB se cobra más de 4.000 vidas por día y está entre las diez causas principales de muerte a nivel global. Para agravar aún más las cosas, también es una causa importante de muerte asociada con la resistencia antimicrobiana, así como el principal asesino de la gente con VIH.

Luego, el segundo día, los líderes mundiales se reunirán para discutir planes destinados a combatir las principales ENT como el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y pulmonares. En conjunto, las ENT son responsables de siete de cada diez muertes a nivel global. En total, las ENT matan a 41 millones de personas cada año, incluidos 15 millones de personas en la plenitud de la vida, entre los 30 y los 70 años. Además de hacer frente a la TB y las ENT, los líderes mundiales también discutirán maneras de promover la salud mental y el bienestar.

La urgencia de una cobertura universal

Los países en desarrollo llevan la peor parte de las epidemias de TB y ENT, ya que la mayoría de la gente que padece y muere prematuramente como consecuencia de estas enfermedades está en países de ingresos bajos y medios. Pero si bien la TB y las ENT son tipos muy diferentes de amenazas para la salud, la mejor respuesta para ellas es la misma: debemos construir sistemas de salud más sólidos que sean capaces de ofrecer cobertura sanitaria universal (CSU).

La CSU hace que la atención sanitaria sea accesible para todos, no importa sus circunstancias. Ofrece el rango pleno de servicios esenciales, desde prevención y tratamiento hasta cuidados paliativos y de rehabilitación para toda la gente, no sólo para quienes pueden pagarlos.

Los principios que sustentan la CSU se aplican tanto para proteger a la gente de la TB y las ENT como para promover la salud mental. Pero si bien la necesidad urgente de CSU es bien conocida, el cambio real no sucederá sin un mayor compromiso de los más altos niveles de gobierno.

Esto significa que los presidentes y los primeros ministros deben convertirse en defensores de la salud de su pueblo. Sólo si se garantiza una respuesta a nivel de gobierno se puede alcanzar la CSU, dado que lo que promueve una buena o una mala salud muchas veces está fuera de la jurisdicción de los ministerios de salud.

Al destacar los desafíos que plantean la TB y las ENT, las Naciones Unidas están brindándoles a los líderes políticos una posibilidad única para anteponer el bienestar de sus ciudadanos. Deberían recordar que promover la salud también tiene beneficios en muchos otros frentes, desde el desarrollo económico hasta la seguridad.

Hasta el momento, los gobiernos ya se han comprometido a alcanzar objetivos globales esenciales para la TB y las ENT. Con respecto a la TB, el mundo todavía necesita tratar a los 40 millones de personas que conviven con la enfermedad, y ofrecer atención médica preventiva a otros 30 millones, todo para 2022. Y para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, debemos poner fin a la epidemia en 2030. Los países pueden cumplir con estos objetivos haciendo inversiones destinadas específicamente a aumentar la prevención, la detección, el tratamiento y la investigación.

Las soluciones no pasan necesariamente por aumentar el gasto

En cuanto a las ENT, los ODS comprometen a los gobiernos a reducir en un tercio la cantidad de muertes prematuras ocasionadas por estas enfermedades. El progreso hacia este objetivo no ha sido lo suficientemente rápido como para garantizar que se cumpla antes de 2030.

Afortunadamente, existen recursos de bajo costo para que los gobiernos cumplan con estos objetivos y salven vidas. Las medidas regulatorias pueden proteger a la gente de exposición a las causas comunes de ENT: tabaco, alcohol, inactividad física y alimentos y bebidas altos en grasas saturadas, sal y azúcar. Las inversiones en los sistemas de salud pueden mejorar la detección de enfermedades y el tratamiento de trastornos como la hipertensión y la diabetes. Vacunar a las niñas contra el virus del papiloma humano (VPH) y someter a las mujeres a controles de rutina, puede reducir drásticamente las muertes de cáncer cervical.

En reuniones que se llevaron a cabo en Rusia y Uruguay el año pasado, los ministros de Salud de todo el mundo se comprometieron a acelerar las medidas contra la TB y las ENT. Ahora, llegó la hora de dar el próximo paso.

La Asamblea General de las Naciones Unidas es una oportunidad única para que los líderes mundiales impulsen un verdadero bien global –mejor salud para sus ciudadanos- promoviendo la cobertura universal para terminar con la TB, derrotar a las ENT y promover una mejor salud mental.

Tedros Adhanom Ghebreyesus es ex ministro de Asuntos Exteriores de Etiopía, es director general de la Organización Mundial de la Salud.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Fabrice Coffrini – AFP

Salud | 18 de septiembre de 2018

Gracias a los donantes, el país llegó al trasplante número 1.000 de médula ósea

Hoy se realizó en la Argentina el trasplante de médula ósea número 1.000. Se logró gracias al aporte de un donante no relacionado, es decir que no pertenece al grupo familiar del trasplantado.

El Incucai informó que se llegó a ese número 15 años después de haberse creado el Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas, donde ya se anotaron más de 200 mil voluntarios del país. A su vez se suman a la red mundial que agrupa registros de 63 países y que cuenta con 32 millones de inscriptos.

La importancia del registro de donantes reside en que 3 de cada 4 pacientes no tienen donante compatible en su grupo familiar y necesitan recurrir a un donante no emparentado.

Para sumarse al registro hay que donar sangre normalmente en un centro asociado al registro. De esa sangre se extrae una pequeña muestra que se analiza genéticamente. El resto de la sangre se utiliza para el trasplante en caso de que un paciente lo necesite para tratamientos y cirugías.

Inscribite como donante voluntario de médula ósea:


SUMATE


Salud | 14 de septiembre de 2018

Los desafíos del Estado para darle mayor equidad al sistema de salud en la Argentina

El nuestro es un sistema extremadamente desigual y segmentado. Por ejemplo, el 20% más pobre tiene 15 veces menos cobertura que el 20% de mayores ingresos. Revertir esa injusticia no es fácil, especialmente con recursos limitados. Para discutir posibles soluciones se reunieron en Mendoza agentes del sector privado y público de la salud y abrieron el debate.

“No se puede dejar un bien común en manos del mercado”. Así describe el problema que enfrenta el sistema de salud argentino Gabriel Novick, director médico corporativo de Swiss Medical.

En Argentina el derecho al acceso a la salud es universal. La Secretaría de Salud de la Nación lo describe como la capacidad de utilizar los servicios de salud sin que existan barreras administrativas, organizacionales, geográficas, financieras, culturales o de género.

Igual de importante que tener acceso a los servicios de salud es la cobertura efectiva que reciben los argentinos. Y eso implica la continuidad de atención, integralidad y la coordinación de cuidados con efectividad, equidad y calidad.

En Argentina, tanto el acceso como la cobertura es extremadamente desigual.

Algunos ejemplos

  • Argentina gasta el 10% del PBI en salud. Dos tercios corresponden al gasto público y de seguridad social y el otro tercio es inversión privada.
  • El sistema se financia a través de aportes de 6,8 millones de trabajadores a obras sociales provinciales; otros 15,1 millones a obras sociales nacionales; 5 millones de jubilados al PAMI; y 6 millones de personas que contratan prepagas.
  • El 20% más pobre tiene 15 veces menos cobertura que el 20% de mayores ingresos.
  • En la ciudad de Buenos Aires hay 10,2 médicos y 7,3 camas por cada 1.000 habitantes, frente a 1,2 y 1,1, respectivamente, para la provincia de Misiones.
  • Una provincia de altos ingresos gasta en salud casi 11 veces más que una de bajos ingresos ($ 3.200 contra $ 300).
  • La tasa de mortalidad infantil (TMI) en las provincias con mayor gasto es de 6 cada 1.000 nacidos. Mientras que en las de menor gasto, la tasa es 15 de cada 1.000 nacidos. Algo parecido pasa con la tasa de mortalidad materna: 12,3 versus 1,5.
  • El 85% de las mujeres de entre 50 y 70 años de las provincias con mayor inversión en salud acceden a estudios de mamografías (preventivos del cáncer). En las provincias de menor gasto, esa relación baja al 39%.
  • En las provincias con mayor gasto, el aporte nacional implica un incremento de 4%. Para las de menor gasto ese aporte implica un aumento de 77%.

Combatir esa injusticia no es fácil, especialmente con recursos limitados. Pero un sistema así es insostenible. Esa fue una de las conclusiones del Congreso Argentino de Salud que tuvo lugar esta semana en Mendoza.

El secretario de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, fue el invitado de honor en Congreso. Y dejó en claro el desafío: “Combatir esa injusticia no es fácil, especialmente con recursos limitados. En la región somos los que invertimos más en salud, pero no somos los que mejores resultados tenemos”.

Cómo funciona el sistema

El sistema de salud de Argentina no solo es desigual, además es extremadamente fragmentado y segmentado. Está compuesto por los sectores público, privado y del seguro social. A eso hay que sumar que cada una de las 23 provincias retiene su autonomía y responsabilidad constitucional para ejercer las funciones de rectoría, financiamiento y prestación de los servicios de salud.

El sector público está conformado por los ministerios nacionales y provinciales, y la red de hospitales y centros de salud públicos que prestan atención gratuita a toda persona que lo necesite, especialmente a personas de los sectores de ingresos más bajos, sin seguridad social ni capacidad de pago.

De acuerdo a cifras del Gobierno, actualmente 15,7 millones de argentinos tiene acceso exclusivo a la salud a través del sistema público, ya sea Nacional, Provincial o Municipal. Mientras que 26 millones (60% del total) están contenidos dentro de las obras sociales y el PAMI. El resto, 2 millones (5%), son parte del sistema privado.

Organizar y solucionar esto requiere esfuerzos enormes y soluciones políticas complejas para alinear a actores muy diversos tras objetivos comunes. Rubinstein dice que se requieren grandes esfuerzos para que la cooperación de las diversas áreas sea más eficiente y efectiva y se logre materializar el derecho a la salud para todos sin distinción.

¿Por dónde empezar?

Novick, director médico corporativo de Swiss Medical, dice que las políticas públicas tienen el potencial de cambiar la vida de los más necesitados. Sin embargo, en Argentina se implementan de manera desigual y eso limita el acceso a bienes y servicios esenciales. Y agrega que las soluciones pasan por cómo priorizar, ya que los recursos “no alcanzan y sin racionar tenemos un tremendo problema de equidad”.

El secretario de Salud dice que el objetivo es sentar las bases para que las políticas perduren en el tiempo. Y que para eso es clave generar eficiencia del gasto y ponerse de acuerdo como país para definir cómo lo vamos a financiar.

En el Congreso, Rubinstein aprovechó para reiterar que el cambio de ministerio a secretaría no implicará reducciones en el gasto público.

Explicó además que la estrategia del Gobierno es ampliar la cobertura territorial, cobertura prestacional y cobertura informática. Y clave para eso es el plan de Cobertura Universal de Salud (CUS).

“El objetivo es la optimización de la salud pública gratuita para brindar mejores servicios y en forma equitativa”, dice Rubenstein, con una mayor rectoría del Estado para garantizar la salud.

El objetivo es la efectivización de los derechos y la legitimación social de las prestaciones, ya que eso define los servicios, quién los brinda y cómo deben brindarse.

El secretario hizo hincapié en que la iniciativa del Gobierno no significa la privatización de la salud pública, ni el e retiro del Estado ni la disminución de los derechos.

Novick dijo que la sociedad argentina tiene que entender que declarar un derecho no lo hace efectivo. “Pero es una pelea asimétrica, ya que en la práctica la Justicia lo está haciendo obligatorio, pero sin ninguna consideración sobre la habilidad de financiarlos”, consideró el titular de Swiss Medical.

Y advirtió que no hay que confundir equidad con igualdad. “El sistema debe aportar a la equidad. Equidad es dar al que no le alcanzan las herramientas y apoyos para que le alcance. Es repartir a cada uno lo que necesita, ni más ni menos. También involucra el trato igualitario para todos tomando en cuenta sus diferencias y respetando cada una de ellas”. Y concluyó que es ahí donde el Estado tiene un rol clave.

Foto: Télam

Salud | 14 de septiembre de 2018

¿A dónde va el peso que perdemos?

El mundo está obsesionado con la moda de hacer dieta y perder peso. Sin embargo, pocos sabemos realmente cómo desaparecen esos kilitos de grasa que retraen la balanza.

Ni siquiera los 150 médicos, dietistas y entrenadores personales que encuestamos supieron resolvernos esa duda. Lo que la gente suele pensar es que la grasa se convierte en energía, pero el problema de esta teoría es que va en contra de la ley de conservación de la materia que siguen todas las reacciones químicas.

Algunos de los encuestados pensaron que la grasa se convierte en músculo (lo cual es imposible) y otros asumieron que la expulsamos de nuestro cuerpo cuando vamos al baño. Solo tres de los encuestados respondieron correctamente. Esto quiere decir que el 98% de los profesionales de la salud de nuestro estudio no podrían explicar cómo se produce la pérdida de peso.

Entonces, si no se convierte en energía o en músculo y no se pierde al ir al baño, ¿dónde va la grasa?

La explicación sobre el metabolismo de la grasa

La respuesta correcta es que la grasa se convierte en dióxido de carbono y agua. El dióxido de carbono se exhala y el agua pasa al sistema circulatorio hasta que se expulsa por medio de la orina o el sudor. Si usted pierde 10 kilos de grasa, 8,4 kilos exactamente se pierden por medio de los pulmones y el 1,6 restante se convierte en agua. Lo que significa que casi todo el peso que perdemos lo exhalamos.

Esto sorprende a casi todo el mundo, pero, en realidad, prácticamente todo lo que comemos vuelve a salir por los pulmones. Cada carbohidrato y casi todas las grasas que consumimos se convierten en dióxido de carbono y agua. Lo mismo ocurre con el alcohol.

Las proteínas también comparten el mismo destino, excepto algunas de ellas que se convierten en urea y otros sólidos que expulsamos en forma de orina.

La única comida que llega al colon intacta y sin digerir es la fibra alimentaria (como el maíz). Todo lo demás que comemos lo absorben la sangre y los órganos, y hasta que se digiere no va a ningún sitio.

Los kilos que entran por los que salen

Todos hemos oído alguna vez eso de “lo que entra por lo que sale”, pero en este caso, la energía es un concepto bastante confuso, incluso para los profesionales de la salud y los científicos que estudian la obesidad.

La razón por la que ganamos o perdemos peso pierde todo el misterio si le seguimos la pista a todos los kilos y no solo a esas enigmáticas calorías.

Según las últimas cifras oficiales, los australianos consumen 3,5 kilos de comida y bebida diarios. De ellos, 415 gramos son macronutrientes sólidos, 23 gramos son fibra y los 3 kilos restantes agua.

Lo que no se ha dicho es que también inhalamos más de 600 gramos de oxígeno, y esa cifra es igual de importante para nuestra cintura.

Si le da a su cuerpo 3,5 kilos de comida y agua, además de los 600 gramos de oxígeno, tiene que deshacerse de los 4,1 kilos o ganará peso. Por lo tanto, si lo que busca es perder peso, tiene que deshacerse de esos 4,1 kilos. Pero, ¿eso cómo se hace?

Los 415 gramos de carbohidratos, grasas, proteínas y alcohol que la mayoría de los australianos consume diariamente producirán exactamente 740 gramos de dióxido de carbono, 280 gramos de agua (como una taza) y alrededor de 35 gramos de urea y otros sólidos que expulsan en forma de orina.

El índice metabólico de reposo de una persona con un peso medio de 75 kilos (cuando el cuerpo utiliza energía y la persona no se está moviendo) es de 590 gramos de dióxido de carbono diarios. No existen pastillas ni remedios que aumenten ese valor, a pesar de las afirmaciones que pueda haber escuchado.

La buena noticia es que cada noche exhalamos 200 gramos de dióxido de carbono mientras dormimos profundamente, lo que significa que ya hemos exhalado un cuarto de nuestro objetivo diario antes incluso de salir de la cama.

Coma menos, exhale más

Entonces, si la grasa se convierte en dióxido de carbono, ¿el simple hecho de respirar podría hacernos perder peso? Por desgracia, no. El inhalar y exhalar más de lo necesario se denomina hiperventilación y lo único que podría conseguir es marearse o incluso desmayarse. La única manera de incrementar a conciencia la cantidad de dióxido de carbono en su cuerpo es moviendo los músculos.

Aunque hay más buenas noticias. Simplemente estando de pie y cambiándose de ropa más a menudo, se duplica el índice metabólico. Es decir, si se pasa 24 horas probándose todos sus modelitos exhalaría más de 1.200 gramos de dióxido de carbono.

De manera más realista, salir a caminar triplica el índice metabólico, al igual que cocinar, pasar la aspiradora o barrer.

Metabolizar 100 gramos de grasa consume 290 gramos de oxígeno y produce 280 de dióxido de carbono, además de 110 gramos de agua. La comida que ingiere no puede cambiar estas cifras.

Por lo tanto, para perder 100 gramos de grasa tiene que exhalar 280 de dióxido de carbono por encima de lo que va a producir digiriendo la comida, sea lo que sea.

Cualquier dieta que nos proporcione menos “gasolina” de la que quemamos dará resultados, pero con tantas ideas equivocadas sobre cómo se produce la pérdida de peso… pocos entendemos el por qué.

Artículo traducido gracias a la colaboración con Fundación Lilly.

Ruben Meerman es investigador asociado de la Universidad de New South Wales en Australia, Andrew Brown es Profesor de la Facultad de Biotecnología y Ciencias Biomoleculares de la misma universidad.

Salud | 12 de septiembre de 2018

La historia de los oftalmólogos que le devolvieron la vista a 400 salteños

Dos de los médicos que en 4 días operaron a pacientes sin obra social de la provincia de Salta, hace pocas semanas, cuentan su historia. Una es Elena Barraquer, que llegó de España para participar del dispositivo. El otro es Rubén Lorenzetti, un médico de Santa Fe que tras la misión solidaria se siente “más humano”.

* * *

Ella es un corazón con patas.

Una metáfora. Un símbolo. Tres palabras.

corazón
con
patas

Ella es Elena Barraquer. Oftalmóloga catalana que se especializó en Estados Unidos a fines de los setenta durante once años y regresó a su país para transformar la profesión en un acto de solidaridad. En un acto de fe. En una religión sin milagros.

Él es quien pronuncia las tres palabras: Rubén Lorenzetti. Médico argentino de 45 años, hijo de un productor agropecuario y de una ama de casa, que partió en los noventa de su Chovet natal, una colonia del sur de Santa Fe poblada de descendientes croatas, para estudiar medicina en la Universidad Nacional de Rosario.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

Rubén está en Rosario, a metros del río Paraná y a 1173 kilómetros de Salta, ciudad del noroeste argentino donde en el mes de agosto se realizó una misión solidaria y operaron a 400 personas de cataratas. Muchos de ellos volvieron a ver. Elena está en Barcelona, ultimando detalles para despegar hacia Mozambique. “Por favor, pregúntame lo que quieras, pero hazlo ahora, ya que a partir de mañana no tendré señal en mi estadía en África”.

La misión de Salta es el pasado pero es mucho más que un recuerdo. Es la primera acción de la Fundación Elena Barraquer en Argentina. Es la historia colectiva de pacientes sin obra social, médicos, instrumentadores quirúrgicos, voluntarios y enfermeras. Un antes y un después.

Y nadie habla de milagros.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

El antes del antes

-Pertenecer a una cuarta generación de oftalmólogos, ¿le generó alguna presión a la hora de elegir su profesión?
-No representó ninguna obligación para mí. Es más, cuando estudié medicina solo el 25 por ciento eran mujeres. Tal vez, mi hermano Rafael tuvo más responsabilidad en continuar la saga.

-¿Y qué influyó en usted?
-Lo que influyó en mí fue la pasión de mi padre y de mi abuelo.

Ignacio Barraquer, el abuelo. Nació en 1884 en el seno de una familia de científicos y médicos oftalmólogos. Mientras otros niños jugaban, él aprendía las técnicas médicas de su padre, José Antonio, y a los 13 ya realizó su primera intervención. Estudió Física y Química, también Histología en París. Sentía una atracción particular por los animales al punto de tener un pequeño zoológico en el jardín de su casa. Adoraba los espectáculos de circo. Fue coleccionista de autos, y uno de ellos, el singular Mercedes-Benz – 300 S Coupe sería la llave para las misiones hacia África 50 años después. También se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona y llegó a ser un experto en mecánica y modelado, allí desarrolló una habilidad manual detallista que luego lo benefició en sus cirugías. Creó el erisífaco, un instrumento que permitió extraer la catarata por succión. En una publicación de España Oftalmológica, su trabajo es así descripto:

“Evitar toda presión sobre el órgano y el uso de instrumentos cortantes, dentro de las cámaras oculares, es la única manera de ver desaparecer, con toda seguridad la pérdida de humor vítreo (…) Consiste en adaptar a la superficie de la catarata una pequeña ventosa que hace presa de ella y permite su movilización, su separación del ligamento, de modo tan completo y suave, que basta la acción de retirar el instrumento, sin tracción ni fuerza alguna, para ver salir enteros el cristalino y su cápsula, con pasmosa facilidad, sin la menor violencia para el ojo; ninguna compresión se necesita, ni la entrada en el ojo de otro instrumento”.

Si esta es una historia sobre la herencia, Elena evoca a su abuelo por los lazos fundados en la solidaridad. “Recuerdo que llegaba la gente con su certificado de pobreza que el Alcalde de cada barrio les entregaba y mi abuelo los operaba sin cobrar nada”. Ignacio, el abuelo, se casó con Josefina Moner, con la que tuvo siete hijos: entre ellos, Joaquín, el padre de Elena.

Si, la solidaridad -al igual que la pasión- también se hereda.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

Joaquín Barraquer, el padre. Cuando Ignacio murió, en mayo de 1965, su hijo Joaquín le extrajo las córneas, como había sido su voluntad. Mientras la madre recibía los pésames, el hijo se las estaba implantando a dos pacientes sin recursos económicos. “Gracias a mi padre, esas personas consiguieron ver. ¿Qué más podría pedir?”, contó a los 89 años en una entrevista en el diario La Vanguardia.

La innovación continuó en la saga Barraquer de la mano de Ignacio. Su desarrollo en la cirugía de la catarata y del glaucoma revolucionaron las técnicas quirúrgicas del momento. También fue pionero con la inclusión de lentes intraoculares para corregir la miopía. En 2003 no solo constituyó la Fundación Barraquer sino que vendió el Mercedes Benz de su padre y el dinero recaudado se transformó en misiones solidarias con destino africano.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

“Había solo tres modelos de ese Mercedes Benz en el mundo. Un día apareció una oferta millonaria de un americano, mi padre lo vendió y así pudimos realizar las misiones solidarias. Yo digo que ese es el coche que más ha viajado en el mundo”, recuerda Elena quien se prepara para partir –una vez más- hacia Mozambique, el país que cuenta con solo 18 oftalmólogos, de los cuales solo nueve realizan operaciones.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

El ahora

Rubén siente que después de la misión de Salta él se hizo “más humano”. Repasar lo vivido durante cuatro días en el noroeste argentino, donde se hicieron 450 operaciones de cataratas, lo lleva a un territorio de emocionalidad que no puede ocultar ni en el brillo de sus ojos ni en la piel de gallina que se trasluce en sus brazos. El oftalmólogo rosarino llegó a integrar el equipo de los 17 profesionales que operaron en el hospital Materno Infantil de la mano del bonaerense Gerardo Valvecchia, quien fuera el nexo con Elena Barraquer a la hora de idear, diseñar y ejecutar la primera misión en suelo argentino.

“Gerardo es como mi hermano, por su generosidad y por la potencia que posee a la hora de enfrentarse a los obstáculos que genera proyectar este tipo de acciones”, sostiene Lorenzetti, el autor de la metáfora “corazón con patas”.

El primer día, recuerda Rubén, cuando anunciaron el dispositivo que les permitió operar a cien pacientes por día, le comunicaron que la primera operación la iba a hacer junto a Elena y a Joaquín Fernández, un oftalmólogo de Almería. “Yo entré al quirófano sintiendo que tenía a Messi por izquierda y a Maradona por derecha. Ellos bajaron, se pusieron a mi nivel y fueron tan generosos que me permitieron tirar mis propios tips”, sonríe Rubén, quien vive la oftalmología con la misma intensidad que el fútbol. De hecho hasta el año pasado fue DT de San Martín, equipo de su Chovet natal. Cada operación fue un gol. Por algo cuando terminó la operación 450 se abrazaron y simularon una especie de vuelta olímpica en el quirófano al grito de “Dale campéoooooon, dale campéoooooon”.

Elena recurre a los adjetivos para graficar la experiencia salteña. Dice que prefiere hablar más de la gente que de los paisajes de la ciudad que los argentinos bautizamos como “la Linda”. De hecho, los organizadores locales organizaron un tour para que la comitiva de extranjeros pudieran recorren los sitios típicos en su estancia de cuatro días, y ellos preferían estar en el quirófano.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

“Me he sentido maravillosa. Hay tanta gente necesitada. Yo pensaba que la problemática en Argentina estaba más resuelta. Es que siempre faltan oftalmólogos, siempre faltan recursos. Hay 40 millones de personas no videntes en el mundo y 19 millones podrían recuperar la visión porque son casos reversibles”, enumera Barraquer con la potencia que implican los números en la magnitud de una problemática que es reversible, en cuanto exista el compromiso de los gobiernos en materia de políticas públicas igualitarias.

El antes

El celular es como una memoria colectiva extraíble que está en las manos y que hace volver a pasar los recuerdos en tiempo presente. El médico rosarino abre su WhatsApp y el antes se hace presente. En un video Rubén está con el histórico Daniel Perrone, quien había sido su maestro durante sus residencias. Rubén dice que Daniel es parecido a Harrison Ford, tal vez por el mismo carisma que transmite el intérprete de Indiana Jones en sus filmes y le dice que tiene “manos mágicas”. Daniel y Rubén se abrazan y antes que el video se corte, el maestro le dice a su alumno: “Estoy viejo y melancólico”. Se ríen. Se ríen después de recibir el afecto de las personas que volvieron a ver.

Daniel Sosa es un profesor de matemáticas que da clases en una escuela rural y que tenía cataratas en ambos ojos. Uno de ellos, sin visión. “Volví a nacer”, dice. Y promete que quiere viajar al interior de la provincia para continuar sus clases. Marta vive en San Antonio de los Cobres. San Antonio es el protector de las mulas y patrono de arrieros y viajeros., El poblado está enclavado en las cercanías de la sierra de Cobre, rica en ese mineral. Marta está preocupada.

-¿Voy a volver a coser?
-Vos vas a volver a vivir—le responde Rubén, a la mujer que posee un telar y mantiene a una familia entera.

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Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

Elena atiende un caso complicado. Una mujer joven que posee catarata congénita. La paciente tiene temores. Está nerviosa. Elena la toma de la mano y se queda durante una hora acompañándola, hablándole, tranquilizándola. Siempre tomadas de la mano. Rubén, mientras opera, observa la escena. “Al lado de Elena no te queda otra opción que hacer las cosas bien, ella inspira”.

Tal vez, porque la inspiración tiene ese aroma que se transmite de generación en generación. O porque la inspiración no es necesariamente una corriente vertical de herencia sanguínea, sino una atmósfera que contagia, los médicos, enfermeros, voluntarios y pacientes durante cuatro días de agosto del 2018, transitaron en Salta un ritual donde el mejor milagro estuvo en una comunión compartida.

Cierta vez, el padre de Elena, dijo en un programa de televisión que la visión depende del cerebro. Es el cerebro quien tiene que interpretar las imágenes que envía el ojo. El ojo es como una cámara de fotos y el cerebro las interpreta. Y esta vez, además del cerebro, todos vimos un poco más con la señales del corazón.

Salud | 11 de septiembre de 2018

La soledad es contagiosa y puede matar, pero hay maneras de combatirla

Afecta a un tercio de los adultos y en muchos casos provoca depresión. Cuando salimos con gente feliz, tenemos más probabilidades de ser felices. Lo mismo pasa con la soledad. Pero hay opciones. Decirle adiós a la soledad es también decirle adiós al escepticismo y a la desconfianza en los demás.

La soledad afecta a uno de cada tres adultos. Sentirse solo daña el cerebro y el sistema inmunológico, puede causar depresión e incluso provocar el suicidio. Además, esa circunstancia tiene los mismos índices de muerte prematura que el tabaco y mayores que la obesidad. Si te sientes solo, tiendes a reaccionar peor que otras personas en situaciones de estrés; y, aunque hayas dormido lo suficiente, te sientes cansado todo el día.

En las últimas décadas, el número de personas que vive sola ha ido aumentando progresivamente. En Estados Unidos, se ha incrementado un tercio desde los años 80. Cuando a los estadounidenses se les preguntaba en cuantas personas podían confiar, la respuesta era tres en 1985, pero en 2004, la respuesta se redujo a dos.

En el Reino Unido, entre el 21% y el 31% de las personas afirma que ha tenido sensación de soledad en algún momento. Encuestas realizadas en otras partes del mundo muestran resultados parecidos. Y no solo los adultos nos sentimos solos. Una décima parte de los niños de preescolar y de los alumnos de primer curso afirman sentirse solos en el ambiente escolar.

Hay mucha gente que se siente así hoy en día. Pero la soledad no se refiere necesariamente al número de personas con las que hablas o que te rodea. Uno puede tener mucha gente a su alrededor y aun así sentirse solo. Como el humorista Robin Williams dijo en la película El mejor padre del mundo:

“Antes pensaba que lo peor que te podía pasar en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor que te puede pasar en la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo”.

¿Qué es la soledad?

La soledad es la diferencia que existe entre el número y la calidad de relaciones que queremos tener y aquellas que en realidad tenemos. Podemos tener solo dos amigos, pero si nos complementamos bien con ellos y satisfacen nuestras necesidades, no nos sentiremos solos. De igual manera, podemos sentirnos solos teniendo muchos amigos.

Pero la soledad no se limita a cómo nos sentimos. También puede provocar que actuemos de una forma diferente, porque tenemos menos control sobre nosotros mismos. Por ejemplo, es más probable que pidamos tarta de chocolate para comer en vez de un almuerzo de verdad, que pidamos comida a domicilio para la cena o que nos apetezca menos hacer ejercicio, algo que es importante para la salud física y mental. También es probable que bajo ese estado actuemos de manera agresiva con los demás.

A veces la gente piensa que la única solución a la soledad es hablar con más gente. Aunque eso pueda ayudar, la clave tiene que ver más con cómo vemos la realidad que con el número de contactos que tenemos. Cuando nos sentimos solos, empezamos a ver el mundo y a actuar de otra manera. Percibimos las amenazas con más facilidad, tememos que nos rechacen con más frecuencia y nos volvemos más críticos con las personas que nos rodean. La gente puede percibir eso y empezar a distanciarse de nosotros, lo que agrava aún más la espiral de soledad.

Los estudios muestran que las personas que no son solitarias tienen más probabilidades de volverse solitaria si sale con gente que lo es. La soledad es contagiosa, como la felicidad. Cuando salimos con gente feliz, tenemos más probabilidades de ser felices.

También hay un gen de la soledad que se puede heredar. Esto no implica que acabemos estando solos en la vida, pero afecta a lo afligidos que podamos sentirnos por la desconexión social. Las personas con este gen sufren más cuando no tienen las relaciones que desean tener.

Y hay malas noticias para los hombres. El índice de mortalidad por esta causa es mayor en los hombres que en las mujeres. Ellos son menos fuertes y tienden a ser más depresivos que las mujeres en las mismas circunstancias. La causa de esta diferencia es que, generalmente, los hombres no suelen expresar sus emociones en sociedad y, si lo hacen, son duramente juzgados. Por eso puede que ni ellos mismos admitan su situación y aguantan más tiempo antes de pedir ayuda. Esto puede acarrear graves consecuencias para su salud mental.

¿Cómo salir de la espiral?

Para superar la soledad y mejorar nuestra salud mental podemos tomar algunas medidas. Un estudio ha analizado las diferentes maneras de combatir esta condición, como ampliar el número de personas con las que hablamos, mejorar nuestras habilidades sociales o aprender a halagar a los demás. Pero parece que la mejor opción es cambiar la percepción que uno tiene de lo que le rodea.

Debemos ser conscientes de que, algunas veces, el motivo por el que alguien no queda con nosotros no es que hayamos hecho algo mal, sino que todo el mundo puede sufrir un imprevisto. Quizá la persona con la que queríamos quedar para cenar no puede aceptar nuestra invitación porque avisamos con poca antelación y ya había quedado con otra persona para tomar algo. La gente que no es solitaria se da cuenta de este tipo de situaciones y no se desanima ni se martiriza cuando alguien rechaza su invitación. Cuando no nos atribuimos los fallos a nosotros mismos, sino a las circunstancias, nos volvemos más fuertes y resistentes ante los golpes que nos da la vida.

Decirle adiós a la soledad es también decirle adiós al escepticismo y a la desconfianza en los demás. Así que la próxima vez que conozcamos a alguien debemos intentar deshacernos de ese escudo protector para que puedan conocernos también a nosotros. Uno nunca sabe qué puede depararle el destino.

Olivia Remes es candidata a PhD de la Universidad de Cambridge.

Salud | 11 de septiembre de 2018

El primer tomógrafo nacional puede revolucionar el tratamiento del cáncer en la Argentina

Después de 12 años de investigación y desarrollo, la Comisión Nacional de Energía Atómica fabricó e instaló en el Hospital de Clínicas un equipo que permite un diagnóstico temprano y preciso de tumores. Es el primero que llega a un hospital público y hay planes de producirlo en serie.

El fin de semana, Gerardo Rank estuvo en un congreso de endocrinólogos en Mar del Plata y vivió días de popularidad. Aunque no fue a exponer ningún hallazgo médico, sus colegas quisieron conocerlo, felicitarlo y preparar el terreno para cuando necesiten de él.

Gerardo es el jefe del servicio de Medicina Nuclear del Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires. Su área acaba de sumar un tomógrafo por emisión de positrones (PET), un equipo que hace tres décadas revolucionó el diagnóstico de varias enfermedades, sobre todo del cáncer.

Este tipo de tomógrafo ofrece una precisión todavía insuperable y permite detectar anomalías en un estado prematuro. Curables. Sin embargo, ningún hospital público del país tenía este equipo.

“Lo que más les importaba a los colegas era saber cuándo lo tendremos operativo y cuándo podrían mandarnos pacientes. La mayoría de las consultas eran de médicos del interior, donde ni las clínicas privadas tienen este equipo”, cuenta Gerardo, que es tucumano y ensaya una enumeración: “Salta no tiene; La Rioja no tiene; Catamarca, tampoco; y San Juan y Santiago del Estero, tampoco”.

La lista podría seguir: en todo el país hay unos 20 tomógrafos PET y la mayoría está en la ciudad de Buenos Aires.

La notoriedad que tuvo Gerardo en Mar del Plata no estuvo sólo asociada a la posibilidad de derivar pacientes, algo que ocurrirá en un año, cuando terminen de homologar el equipo ante la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica. También alimentó la ilusión de sumar esa tecnología en otros hospitales públicos y en más centros privados, ya que el tomógrafo del Clínicas fue diseñado y fabricado en el país.

Hoy terminó el armado de nuestro #ARPET en el Hospital de Clínicas, el 1er tomógrafo desarrollado y fabricado en ???? https://t.co/cg2m3neacn pic.twitter.com/8dkVTDwTOn

— CNEA ARGENTINA (@CNEA_Arg) 20 de julio de 2018

Una tradición nuclear que da resultados

Ese hito tecnológico fue logrado por un equipo de seis ingenieros de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que trabajan en este proyecto desde hace 12 años. El desarrollo, que tuvo la colaboración de la sede porteña de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), permite imaginar que lo que a nivel mundial comercializan tres empresas, Phillips, General Electric y Siemens, ahora se pueda fabricar en la Argentina y a la mitad de precio: unos 600 mil dólares.

Por qué Argentina logró ser competitiva en tecnología nuclear

Ocurre que Argentina suma siete décadas de tradición en investigación y desarrollo de tecnologías nucleares. Gracias a esa continuidad de políticas públicas, el país ya exporta reactores de investigación y construye un prototipo para generar energía.

La apuesta es competir por un mercado de centrales medianas en el que el mundo planea invertir US$600.000 millones hasta 2035. Argentina compite con Estados Unidos y Corea del Sur.

Cómo funciona y para qué sirve

Quién lidera el proyecto desde 2006 es el ingeniero electrónico Claudio Verrastro. Tiene 65 años y lleva 39 como investigador en la CNEA. Es el jefe de la División Sistemas Digitales y Robótica. También es el director del Grupo de Inteligencia Artificial y Robótica de la regional Buenos Aires de la UTN, donde reclutó estudiantes para trabajar en su equipo.

“El tomógrafo que hicimos no es uno convencional como el que se usa cuando el paciente se dobla el tobillo. El ARPET, como lo bautizamos, brinda información sobre cómo están funcionando los órganos del paciente”, explica Verrastro.

Para lograrlo, al paciente se le administra un radiofármaco endovenoso que viaja en la sangre y se acumula en órganos y tejidos. Ese líquido opera como un marcador que ayuda a ver ciertas con claridad zonas “preocupantes” gracias a una especie de escáner en forma de túnel.

El tomógrafo detecta las señales del marcador y una computadora las convierte en imágenes tridimensionales muy útiles para definir terapias oncológicas y tratamientos por enfermedades cardiológicas o neurológicas, como el Alzheimer.

Silvina Racioppi fue una de las pioneras en trabajar con esta tecnología, cuando el Hospital Italiano sumó en 2001 el primer tomógrafo PET de la Ciudad de Buenos Aires. Ahora es la jefa del servicio de Imágenes Moleculares y Terapia Metabólica del Instituto Alexander Fleming y presidenta de la Asociación Argentina de Biología y Medicina Nuclear.

Ante la consulta sobre cuál es el aporte médico de esta tecnología, Silvana se desespera por explicar el universo de información al que se puede acceder. Destaca que es un método no invasivo; que determina el comportamiento metabólico de un tejido, órgano o sistema; que da información que permite adelantarse a los cambios morfológicos, permitiendo tomar decisiones precoces; y que impacta en el manejo terapéutico, evitando intervenciones innecesaria o aumentando las opciones de tratamientos.

“El impacto se da en la eficacia del diagnóstico y en el posterior manejo del paciente, principalmente oncológico. Una tomografía PET puede redefinir en hasta un 45% la conducta terapéutica”, dice Silvana y remarca que es importante que el sector público también pueda sumar esta herramienta.

Un plan para fabricarlo en serie

El proyecto para fabricar el tomógrafo nació en 2006 y demandó una inversión de 300 mil dólares del Gobierno nacional, lo que suena razonable si se tiene en cuenta que las clínicas privadas que incorporaron estos equipos debieron desembolsar por lo menos 1 millón de dólares y pagar una garantía anual posventa equivalente al 10% del valor del equipo.

La gran inversión que hizo el Estado fue en horas de investigación, ya que un equipo de seis personas le dedicó ocho horas diarias: es decir hasta 25.000 horas al año a lo largo de 12 años.

Sostener el equipo no fue sencillo. Salvo Verrastro, ninguno de los otros cinco miembros del staff inicial llegó a ver el tomógrafo terminado. Un ingeniero se fue a hacer un posdoctorado a Inglaterra y otros dos ganaron una beca para sumarse a un instituto de física holandés que colaboró con el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, en Suiza, donde se creó el acelerador de partículas más potente del mundo. Mientras que los demás integrantes fueron contratados por empresas.

“Me sumé en 2012 como estudiante de ingeniería electrónica de la UTN. Lo que me sedujo es que el proyecto proponía desarrollar muchas de las nuevas tecnologías actuales y pateaba el tablero de todo lo que se estaba haciendo en el país. Porque trabajamos con lenguaje de programación C++ e hicimos 300 matrices de puertas programables”, cuenta Damián Pirlo, que tiene 28 años y está a punto de recibirse.

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Fotos: Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA)

Verrastro encargó un pequeño estudio de mercado y llegó a la conclusión de que si se produjera industrialmente en el país este tomógrafo podría venderse a 600 mil dólares. También estimó que se podrían vender entre 1 y 2 equipos por año, sin contabilizar la posibilidad de exportación.

“De hecho tuvimos una pedido de Italia. Pero la CNEA no está habilitado a producir equipos y comercializarlos. Sin embargo, hay dos empresas interesadas en fabricar el ARPET y estamos en conversaciones”, revela Verrastro.

Si se llegara a un acuerdo, la posibilidad de democratizar el acceso a esta tecnología y de los estudios médicos que ofrece sería realmente factible. “Si valiese la mitad de lo que sale importar el equipo y el service pasara a ser nacional, realmente podría permitir una federalización de esta tecnología”, se entusiasma Gerardo Rank, jefe del servicio de Medicina Nuclear del Hospital de Clínicas.

Desarrollaron nuevas capacidades

Para Verrasco, el ARPET “reafirma la idea de que apostar a la investigación y el desarrolló en el país vale la pena”. No se refiere únicamente a que se llegó a concluir un tomógrafo que solo fabrican tres empresas en el mundo, sino a que el trabajo permitió emplear nuevas tecnologías y desarrollar nuevas capacidades.

En esa línea y usando los saberes incorporados gracias al tomógrafo, la CNEA desarrolló un espectrómetro de rayos gamma capaz de analizar geológicamente los suelos para determinar dónde hay grandes concentraciones de uranio como para justificar su extracción.

También hicieron un escáner tomográfico para monitorear residuos radioactivos. Y por último, fabricaron un equipo que permite tomar gammagrafías (radiografías hechas con rayos gamma) de obras de ingeniería civil, como rutas, puentes y edificios.

Son herramientas de avanzada que se materializan en un momento delicado para los investigadores y científicos, que reclaman por mayor inversión pública en el área de ciencia y tecnología.

Salud | 6 de septiembre de 2018

Un rap por la donación de sangre

La última semana trascendió un dato alentador: luego de la sanción de la Ley Justina, agosto del 2018 fue el mes récord en cantidad de donaciones de órganos y trasplantes. Se registraron 88 donaciones y se realizaron 212 trasplantes.

Si fue o no por la implementación de la nueva Ley es difícil de demostrar, pero sin duda la ley y todas la cobertura mediática que generó trajo consigo una concientización importante del valor de la donación. En esa misma se inscribe lo que sucedió en una escuela de Villa Luro, donde los chicos de salita de 5 años del Sacratísimo Corazón de Jesús grabaron un rap sobre la importancia de donar sangre.

Esta es la canción. Fue compuesta por Mariano Custodio, profesor de música de los chicos. Las voces son de los dos chicos cuyas caras son las únicas que se ven, los mellizos Lucas y Matías.

Tal como cuenta la nota de Clarín en la que se cuenta la historia de este rap, un hospital con 60 camas de internación necesita por lo menos 10 donantes por día, mientras que un sanatorio de 500 camas necesitaría como mínimo 50 donantes diarios.

El rap es el himno final que sintetiza un proyecto mayor que hubo en la escuela para promover a la donación de sangre. La idea era que los chicos aprendieran su importancia y supieran cómo se genera la sangre, que es en parte lo que cuenta el rap. Más allá de la canción, el proyecto mayor se refleja en este video aquí debajo, donde los propios chicos de la escuela cuentan lo que saben sobre el tema.

Salud | 31 de agosto de 2018

Cómo hizo Gran Bretaña para reducir a la mitad las muertes por cáncer de mama

Para muchas mujeres, la visita anual al ginecólogo es un momento tan necesario como tenso. De hecho, no son pocas quienes en algún momento de su vida temieron un diagnóstico nada inusual: cáncer de mama. Este miedo no es infundado: según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año esta enfermedad se lleva la vida de más de 20.000 mujeres de todo el mundo.

En Argentina, de acuerdo con el Ministerio de Salud de la Nación, diariamente se descubren 52 nuevos casos de cáncer de mama, un diagnóstico de más de dos casos por hora. Se trata del tipo más frecuente entre los tumores femeninos. “Si bien en Argentina se ha logrado mucho, todavía hay un largo camino por recorrer”, señala la doctora. Florencia Perazzo, expresidenta de la Asociación de Oncología Argentina y actual oncóloga clínica en el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC). Y explica que “todavía hay lugares de Argentina donde las pacientes no se pueden hacer una mamografía”.

Pero no todas son malas noticias. Especialmente, si se tienen en cuenta los avances mundiales que se lograron en los últimos años, tanto en los tratamientos como en la prevención de este tipo de cáncer, resultan muy alentadores.

En este sentido, el Reino Unido se ha convertido en uno de los epicentros de la intensa lucha de la medicina por disminuir la cantidad de casos fatales que ocasiona esta enfermedad en el planeta.

Luego de un arduo trabajo, tanto en investigación como en concientización de las mujeres, en los últimos 40 años el Reino Unido consiguió incrementar los casos de supervivencia al cáncer de mama casi al doble:  pasando de un 40% a un 78%.

Desde el Manchester Breast Centre, uno de los principales institutos británicos dedicados al tema, aseguran que el objetivo que se persigue es claro: conseguir que el diagnóstico de cáncer de mama no suene en la cabeza del paciente a una situación irreversible.

Los avances

Según explicó a RED/ACCIÓN Rob Clarke, director del  Manchester Breast Centre, las estrategias que implementaron y con las que lograron tan alentadores resultado consistieron en que “mejoraron la detección, el diagnóstico y la cirugía efectivos centralizando esos servicios en equipos especializados en cirugía mamaria, asegurando que trabajen según protocolos estrictos”.

En este sentido, Clarke agrega que “el protocolo incluye la provisión de radioterapia, quimioterapia y terapia endocrina de manera estandarizada después de la cirugía”.

En la misma línea, para reducir los diagnósticos de cáncer de mama, el gobierno del Reino Unido implementó un plan de acción a cinco años, que se puso en marcha en 2010. Los tres primeros años estuvieron focalizados en campañas para incentivar hábitos saludables, tales como poner en marcha una dieta sana, evitar el exceso en el consumo de alcohol y el tabaquismo. Estas dos últimas conductas son un caldo de cultivo para la aparición del cáncer.

Desde 2013 se sumó, también desde el gobierno, el programa “Seamos claros sobre el cáncer” que consistió en una serie de campañas regionales y nacionales de información sobre la enfermedad.

Un tercer paso en esta lucha fue una inversión del gobierno británico de 23 millones de libras para mejorar el acceso a la Radioterapia de Intensidad Modulada, técnica esencial para el tratamiento del cáncer de mama en Gran Bretaña.

Un abordaje interdisciplinario

Además del tratamiento propiamente dicho, las mejoras obtenidas en los casos de diagnóstico de cáncer de mama también fueron fruto de un trabajo de investigación de varias áreas de manera coordinada. En esta línea, el director del Manchester Breast Centre enfatiza que “estos centros tienen reuniones de equipos multidisciplinarios que analizan todos los casos”.

Clarke también especifica que, entre los especialistas que investigan y siguen los diferentes casos de cáncer de mama “están representados los puntos de vista de los radiólogos, cirujanos, patólogos, médicos oncólogos clínicos y enfermeras”.

La situación en Argentina

Nuestro país se encuentra todavía muy lejos de poder alcanzar algunos de los logros que hoy exhibe el Reino Unido, en esta materia. De hecho, según el Ministerio de Salud de la Nación, Argentina es el segundo país –el primer puesto lo tiene Uruguay- de América con la tasa de mortalidad más alta por cáncer de mama. Los datos del ministerio muestran que de cada 100.000 mujeres, 20 fallecen a causa de esta enfermedad. Por esta causa mueren 5.600 mujeres por año.

Para comenzar a revertir este número de muertes, Clarke señala que el primer paso en el que debería trabajar la Argentina es “garantizar que todas las mujeres tengan un buen acceso a la detección, el diagnóstico, la cirugía y los mismos tratamientos efectivos, según el tipo de cáncer de mama que tengan”.

Según el especialista, otro aspecto en el que hay que hacer énfasis para reducir la mortalidad por cáncer de mama es profundizar en la investigación y la implementación de políticas públicas para concientizar a la población, ya que este es el primer paso para el cuidado del cuerpo.

La prevención

El conocimiento de los síntomas de un posible cáncer de mama resulta fundamental para su prevención. En ese sentido es importante saber que se trata de un tipo de cáncer que afecta principalmente a mujeres que se encuentran entre los 45 y 70 años de edad.

Tetas x Tetas, campaña de preveción del cáncer de mama del MACMA.

Hay que tener en cuenta que su detección temprana es fundamental dado que, así, las posibilidades de curación son más elevadas. Por eso, es vital que se efectúen controles ginecológicos periódicos que incluyan mamografías y ecografías como parte de la consulta.

Otro dato que muchos desconocen es que en la vida diaria también se puede prevenir: el ejercicio físico y una dieta saludable son conductas que disminuyen las posibilidades de contraer el cáncer y además, ayudan a tener una vida más saludable.

Finalmente, la comunicación con el ginecólogo es vital en la curación. En este sentido, Perazzo concluye: “la manera de hablar con el paciente ayuda a que se pueda pelear el diagnóstico y alcanzar la cura de la enfermedad”.

Foto: Luis Robayo – AFP

Salud | 30 de agosto de 2018

Salud mental en las villas: el novedoso método de La Palito

Cada martes a la mañana, desde hace 3 años, un grupo de adultos y jóvenes se reúne en el Centro Integrador Comunitario (CIC) de Villa Palito, también conocida como Barrio Almafuerte. Por una hora y media charlan, bailan, y hacen distintos ejercicios de respiración.

Algunos vienen porque les gusta bailar; otros, porque les gusta la compañía. Pero la mayoría también viene por otro motivo: para tratar su salud mental.

“A través de la danza, el movimiento, el arte, se reduce significativamente la necesidad de una medicación psiquiátrica”, dice Carolina Wajnerman, la psicóloga que lidera el taller de Movimiento, Danza y Respiración. “Hay personas que a partir de las actividades empiezan a recuperar la vitalidad, la salud, y eso repercute en otros planos”.

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Wajnerman es una de las profesionales que forman parte del equipo de salud mental del CIC de Villa Palito creado en el 2015. El equipo, conformado por psicopedagogas, psicólogas y psiquiatras, tiene como objetivo implementar y promover en el barrio un sistema de salud mental comunitaria, junto con el apoyo de los mismos vecinos y organizaciones barriales.

“Por un lado, ofrecemos atención clínica para todas las edades, para vecinos que sufran ataques de pánico o depresión”, explica Wajnerman. “Pero por otro lado, tenemos distintos talleres y dispositivos para trabajar la salud mental de una manera más integral y para derribar los mitos y prejuicios que existen sobre esta”.

El modelo de salud mental que en los últimos años se instaló en Villa Palito es similar al de Río Negro, donde un movimiento liderado por médicos, psicólogos, y otros profesionales desde hace casi 3 décadas cambió el paradigma de la salud mental en la provincia, convirtiéndola en un modelo mundial por su programa de salud mental comunitaria.

Al igual que el el Centro Cultural Camino Abierto en Bariloche, el CIC de Villa Palito ofrece una variedad de talleres semanales con el fin de fomentar un tratamiento más integral de la salud mental. Estos incluyen actividades como gimnasia, cine comunitario, arteterapia, y una orquesta infanto-juvenil. En total, los talleres reúnen a alrededor de  100 vecinos cada semana. La mayoría son mujeres o jóvenes.

A sus 12 años, Priscila participa del taller de Arte, Cultura y Transformación (ARCUTRA), donde junto a otros adolescentes está preparando una obra de teatro en la que hablan sobre cuestiones de género y distintos estereotipos sociales. “Me gusta estar afuera haciendo algo”, cuenta tímidamente.

Al mismo tiempo, a través de estos talleres, el equipo de profesionales busca borrar la división doctor-paciente que predomina en el modelo de salud mental tradicional.

“Estos talleres permiten tener un acercamiento a la comunidad desde otra mirada. La comunidad nos conoce a raíz de las diferentes actividades que realizamos, donde la salud mental no es pensada desde la lógica salud-enfermedad”, dice Cynthia Rivero, otra de las psicólogas del equipo.

Conocé la historia de Río Negro

Salud mental en las comunidades más vulnerables

Con sus 10.000 habitantes, Villa Palito es uno de los barrios populares más grandes de La Matanza, en el conurbano bonaerense. En las últimas dos décadas, gracias al trabajo de los vecinos, logró convertirse en un modelo de integración socio-urbana: se construyeron casas, asfalto, y redes cloacales. Pero al mismo tiempo se crearon distintas instituciones que permitieran una integración socio-urbana completa de la villa. Una de estas fue el equipo de salud mental del CIC.

“La salud mental es una aspecto de la salud que afecta a otras dimensiones de la vida, está ligada al trabajo, a la educación, a la vivienda”, dice Wajnerman. “Lo que hacemos con estos talleres es tratar de transmitir una idea: que vos mismo podes crear tu realidad”.

Según los últimos datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el malestar psicológico se duplica entre los adultos que viven bajo la línea de pobreza cuando se los compara con la población considerada “no pobre”. Los indicadores de pobreza infantil también son alarmantes. En Argentina, a casi la mitad de los niños más vulnerables nunca les contaron un cuento, y más de la mitad no tienen libros infantiles en su casa.

“Ser indigente o pobre tiene un alto costo psicológico”, dice Agustín Salvia, director de Investigación del Observatorio, agregando que tener asistencia psicológica es más importante para las comunidades vulnerables, pero generalmente es visto como un lujo en materia de salud pública.

Es por esto que, para el equipo de salud mental de Villa Palito, es importante poder trabajar estos aspectos “invisibles” de la pobreza, para poder lograr un desarrollo integral de la comunidad.

“La fragmentación social es un desafío en estos barrios. Hay mucho encierro y aislamiento en relación a otros ámbitos de la sociedad. Pero también existen lazos muy fuertes dentro de la comunidad. El desafío es reconocerlos y fortalecerlos,” dice Mariana Soccodato, psicología comunitaria parte del equipo de Envión, un proyecto de la Provincia de Buenos Aires enfocado en promover los derechos de los chicos entre 12 y 21 años.

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La ley nacional

Desde 2010, Argentina cuenta con una ley de salud mental que demanda el cierre de los manicomios, la creación de dispositivos alternativos y la ejecución de un censo nacional de personas internadas en psiquiátricos. Hasta ahora, la implementación de la ley fue casi nula, pero algunas provincias y municipios, como La Matanza, están de a poco avanzando para cambiar el paradigma de salud mental a nivel local.

En el 2014, junto con el apoyo del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la Secretaría de Salud de La Matanza lanzó una red de Servicios Integrados de Salud Mental y Adicciones que cuenta con centros de atención en más de 10 localidades. Actualmente, el área de el municipio también está realizando diferentes capacitaciones de salud mental comunitaria para profesionales de las distintas localidades.

Para el equipo de salud mental de Villa Palito, una de las claves para que otros barrios y municipalidades puedan establecer un sistema de salud mental comunitario e integral es el trabajo entrelazado entre el municipio y la comunidad del barrio.

“Uno de los logros de Palito fue incorporar vecinos al equipo de salud mental, para que puedan capacitarse, que puedan trabajar en el territorio día a día”, dice Soccodato. “En todas las comunidades existen redes que tienen el objetivo de ayudar y asistir en solidaridad. Es cuestión de crear equipos comunitarios. Solo así puede ser una iniciativa sustentable”.

Salud | 14 de agosto de 2018

Un equipo de oftalmólogos operará gratis, en Salta, a 300 personas que no pueden ver

El proyecto lo lidera el oftalmólogo Gerardo Valvecchia, quien hace dos años se contactó con una organización que atiende a personas que han perdido la vista por falta de atención médica, en África. Tres meses después fue a operar a Mozambique y esta semana hará lo mismo en Argentina.

El hijo de Carlos, el carpintero, y de Rosa, la ama de casa que trabajó siempre en su hogar de Quilmes, en la zona sur del conurbano bonaerense, está en el Foro de oftalmología FacoElche de España. En un momento se encuentra con Elena Barraquer Compte, la catalana que pertenece a la cuarta generación de la saga de oftalmólogos Barraquer. El médico argentino Gerardo Valvecchia se acerca con la decisión de aquellos que tienen en claro cuál es el camino de su deseo y le dice:

—¡Quiero que me lleves a África!

Valvecchia conoce en detalle el trabajo de la Fundación que encabeza Elena. Como directora ejecutiva del Programa de Cooperación Internacional de la Fundación realizó más de cien misiones médicas en países subdesarrolados. Durante 13 años operaron de cataratas a 12 mil personas indigentes, atendieron a más de 80 mil pacientes y entregaron más de 50 mil lentes. Los números reflejan una pasión.

“Mi pasión son los viajes a África. También vamos a Sudamérica, donde hay más necesidad, donde te das cuenta de que tu ayuda es fundamental”. Elena Barraquer sostiene que con las operaciones de cataratas no solo se les devuelve la vista a los pacientes sino que le devuelven la posibilidad de ganarse la vida, de vivir y de alimentar a sus familias.

El encuentro entre el argentino y la catalana ocurrió en 2016. Tres meses después de ese diálogo Valvecchia viajó a Mozambique en una de las misiones de la Fundación Elena Barraquer. Dos años después, se realizará la primera misión en Argentina: será en Salta del 18 al 21 de agosto próximo. La campaña de cirugía de cataratas es organizada en conjunto por la Sociedad de Oftalmología de Salta y la Fundación Barraquer de España, con la colaboración de Ministerio de Salud de la provincia del noroeste y del Consejo Oftalmológico Argentino. Programan realizar 300 cirugías.

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Crédito fotos: Gerardo Valvecchia

Llegar a la vulnerabilidad

“Existen millones de zonas de vulnerabilidad, pero es muy complejo llegar”, sostiene Valvecchia, quien se graduó en la Universidad de Buenos Aires. Por ello, destaca el rol de los socios locales para ejecutar la logística en los traslados de los pacientes que se van a operar en Salta, ya que la gran mayoría no viven en la capital provincial, sino que llegarán desde pequeñas localidades donde no existen ni hospitales ni sanatorios privados con el equipamiento necesario para realizar las cirugías. De los 300 pacientes, 200 serán trasladados por socios del Club de Leones hasta el centro de salud donde se realizarán las operaciones.

El costo de los equipamientos para las cirugías -que van de 50 mil a 100 mil dólares- más el de los materiales hacen que las operaciones de cataratas sean inaccesibles para un sector de la población que vive en zonas periféricas y que no cuentan con una obra social privada. “Son casos extremos que están por fuera del sistema sanitario. Y lo increíble es que son casos reversibles, miles de personas que pueden volver a ver”, sostiene el médico que también es Director Asociado del Centro de Ojos Quilmes.

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Crédito fotos: Gerardo Valvecchia

Salta: misión argentina

Durante las semanas previas al viaje, Valvecchia comienza su día a las 5 de la mañana. Son horas que le dedica para organizar cada detalle del viaje. Desde distintos puntos del país se van sumando oftalmólogos a esta primera misión argentina, como el caso del rosarino Rubén Lorenzetti. Si bien Salta es el primer destino, ya proyectan viajar a Entre Ríos y a la Patagonia.

Sabiendo que existen muchas zonas vulnerables en el país, a la hora de elegir los lugares donde harán los tratamientos los médicos consideran que no es lo mismo que los pacientes vivan en el conurbano bonaerense o en el gran Rosario donde la distancia en kilómetros hasta un centro de cirugía es menor y eso hace viable que aquellos que necesiten la operación poseen más herramientas y posibilidades para operarse. Pero otra es la realidad en pequeñas localidades y comunas lejanas a las metrópolis.

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Crédito fotos: Gerardo Valvecchia

Detrás de cada operación hay una historia de vida. En Salta esperan para operarse siete niños que actualmente perdieron su visión por distintos accidentes. Poder devolverle la posibilidad de ver a esos niños, motiva a los médicos porque sostienen que les llena el corazón. “Algo hay que devolverle a sociedad. Uno viaja de una manera y vuelve de otra, regresa feliz”, sostiene Valvecchia, quien dijo que esta misión está generando un efecto contagio para poder replicar la experiencia entre tres y cuatro veces por año.

“Vamos a ir a donde nos llamen”, promete el médico, quien describe que las acciones se pueden llevar a cabo gracias al apoyo de diversas empresas que colaboran a través del Consejo Argentino de Oftalmología, organismo que nuclea las voluntades y otorga transparencia a la misión sanitaria. “Cuando yo me retire espero que quede otro al frente de este proyecto. Esta experiencia será un éxito si derrama”, agrega.

La herencia de Mozambique

Al sureste de África, a orillas del océano Índico, está Mozambique. Un país con 22 millones de habitantes, con una esperanza de vida muy baja y con una de las tasas de mortalidad infantil más elevadas del mundo. “En Mozambique hay solo 18 oftalmólogos de los cuales solo nueve realizan operaciones”, grafica Valvecchia quien sostiene que en Maputo, la capital “se convive con la muerte”. El país que consiguió la paz en 1992, tras la descolonización de Portugal y una sangrienta guerra civil, la esperanza de vida es de 47 años. La gente muere de tuberculosis, de lepra o SIDA.

Cuando los oftalmólogos llegaron en la misión de 2016 se hospedaron en el orfanato de un hospital de Maputo. “Nosotros no nos vamos a asustar de esa realidad, que no difiere tanto con ciertas zonas marginales de Argentina. Pero, de pronto, para un europeo entrar a una casa de adobe con piso de tierra, le resulta lejano”, agrega el argentino nacido en Quilmes. Recuerda que, a metros de la habitación donde se alojaron los médicos, había pacientes que agonizaban. Muchos de ellos internados por paludismo.

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Crédito fotos: Gerardo Valvecchia

“Yo me considero un ‘bicho’ de quirófano. Cuando comencé con la oftalmología me atraían los equipos, las máquinas, las computadoras, el rayo láser. Parecía un área de la medicina salida de la ciencia ficción”, sostiene el argentino. Y esa distancia entre la ciencia ficción y la realidad de África se agiganta cuando se topan con los cientos y cientos de personas con ceguera. Valvecchia recuerda la historia de un ingeniero mozambiqueño de unos 50 años que había estudiado en Cuba y hablaba español. Estaba ciego desde hacía un año. Gracias a la operación de cataratas recuperó la visión. Y tres días después, regresó al centro de salud donde operaban para agradecer. En español, dijo: “Volví a vivir”.

Dos abuelas, que habían perdido la visión hacía seis años, vieron por primera vez a sus nietos. En la África profunda, Gerardo Valvecchia sintió que las misiones de la Fundación Elena Barraquer debían llegar a la Argentina. Dos años después de aquel viaje, se cumplirá el sueño del médico de Quilmes que sostiene que encontró su primera vocación en la carpintería de su viejo. “Aprendí a operar gracias a la ductilidad que me dio la carpintería, al lado de mi viejo”. El hijo de la ama de casa y del carpintero jubilado lidera una misión donde 300 personas volverán a ver, a sentir y a vivir el mundo que los rodea.

Salud | 2 de agosto de 2018

Sobrepeso y obesidad, los graves riesgos de un país mal nutrido

El sobrepeso ya es una pandemia que afecta a 2000 millones de personas en el mundo y provoca 3,4 millones de muertos por año. La Argentina ocupa el primer lugar de América Latina en los índices de obesidad y el problema de la mala nutrición afecta sobre todo a los niños.

El ser humano es el único animal sobre la tierra que padece obesidad y ya existe una pandemia declarada. Los expertos aseguran que es consecuencia del entorno en el que se vive hoy, que ya no coincide con el entorno para el cual su cuerpo fue desarrollado. La Argentina ya se ubica en el primer lugar entre los países de América Latina y el Caribe con mayor cantidad de obesos por habitantes. Al mismo tiempo, la obesidad infantil también está creciendo a gran escala en todo el mundo con los riesgos que esto implica a futuro para la población más joven.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta más de 2000 millones de personas con sobrepeso, de las cuales 650 millones son obesas. Una persona con obesidad tiene más riesgo de sufrir diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares , algunos tipos de cáncer, apnea del sueño y, problemas osteoarticulares, entre otros. De hecho, cada año fallecen alrededor de 3,4 millones de personas adultas en el mundo como consecuencia del exceso de peso y la obesidad, según la OMS.

Los cambios en las formas de consumir alimentos, de cocinarlos y envasarlos junto con los productos de una industria alimentaria poderosa que impone sus pautas de consumo forman parte de una coyuntura muy propicia para que la obesidad siga creciendo desde hace por lo menos cuatro décadas. Vivimos en lo que los especialistas consideran un ambiente obesogénico y los datos dan cuenta de esto.

La Argentina lidera un penoso ranking: según la OMS, la tasa de sobrepeso del país es la más alta de América Latina: 60 por ciento. De esta forma, comparte el podio junto con Canadá y Estados Unidos. El mismo ministro de Salud de la Argentina afirmó que se trata del problema más grave en materia de salud pública que enfrenta el país.

¿Pero qué es la obesidad y cómo llegó a convertirse en una pandemia? Como afirma Marcelo Rubinstein, investigador superior del CONICET y Director del Instituto en Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) “la obesidad no es una enfermedad en sí misma, sino una condición en la que el cambio de un conjunto de factores fisiológicos, bioquímicos y clínicos aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer, entre otras. Al instalarse ese conjunto de cambios, llamado síndrome metabólico, el organismo presenta una gran dificultad de controlar la concentración de glucosa en la sangre – resistencia a la insulina- y con el tiempo se pueden deteriorar los vasos sanguíneos en todo el cuerpo. La ingesta exagerada de azúcares y harinas aumenta la cantidad de energía acumulada en forma de grasa que en las condiciones de vida actuales deja de representar una ventaja adaptativa para convertirse en un problema crónico y creciente de deterioro de la salud.”  

A pesar de lo que algunos suponen, la obesidad no responde a un trastorno genético. Tampoco se trata de una adicción a la comida sino más bien un trastorno de híper consumo. Uno come más de lo que necesita, pero no porque lo pida el cerebro sino porque hay una terrible influencia de señales que te llevan a comer. De esta forma, Rubinstein explica que “nosotros somos organismos perfectamente adaptados a vivir en un mundo donde conseguir alimentos era absolutamente esencial y esos alimentos era escasos y cambiantes en la manera en como se distribuían. Además, para conseguirlos necesitábamos competir contra propios y ajenos. El problema es que ahora no sólo el plano inclinado está al revés, sino que vivimos en un mundo en el cual no hay que hacer grandes esfuerzos por conseguir alimentos, sino que hay una sobre producción de comestibles baratos con propiedades nutricionales escasas y que al consumirse en altas cantidades y frecuencia deterioran nuestra salud”.

Pero el aumento de la oferta alimentaria no asegura que se tenga una alimentación balanceada, que aporte la cantidad adecuada de nutrientes necesarios para mantener un peso adecuado y llevar una vida activa y saludable. De hecho, por primera vez en la historia de la humanidad hay más sobrepeso que desnutrición, dos caras de la misma moneda en muchos casos. Es que en los últimos veinte años la industria alimentaria fue capaz de producir alimentos baratos y con muy bajo valor nutricional convirtiéndose en una parte importante de la comida diaria de las personas con menos recursos. “Los estudios epidemiológicos han marcado en últimos años un traslado de obsesos de los sectores con mejores condiciones socioeconómicas a sectores con escasos recursos. Las comidas procesadas resultan mucho más barata y accesible que aquellos productos más naturales y altos en nutrientes”, señala el investigador.
El presidente Mauricio Macri en la inauguración de sesiones legislativas de 2018 se refirió a la necesidad de combatir esta epidemia al tiempo que sostuvo que “somos el país con mayor obesidad infantil en América Latina y, aunque sorprenda, somos uno de los cuatro que más azúcares consume en el mundo”. El presidente no se equivoca. La obesidad infantil es una de las problemáticas más graves. No sólo está creciendo la cantidad de niños con sobrepeso, sino que estamos asistiendo a las primeras generaciones de bebes obesos. “Esto es totalmente nuevo, se trata de las primeras generaciones que van a vivir menos que las anteriores porque tiene una enfermedad crónica no transmisible con efectos gravísimos”, afirma Rubinstein.

Entre los menores de cinco años se concentran las tasas más altas de obesidad infantil en nuestro país. El Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional elaborado por la Organización Panamericana de la Salud /OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura indican que el 10% de los niños menores de cinco años padecen obesidad, y ubica a la Argentina en el segundo lugar dela regió.

Uno de los grandes problemas es que la obesidad es muy difícil de revertir en adultos sino se controla en la niñez. “El cuerpo acumula en su memoria todo lo bueno y lo malo.. Es muy difícil cambiar la curva de lo que el cerebro computa de cuál es el peso corporal a defender”, explica Marcelo Rubinstein.

La gran pregunta que hay que hacerse entonces es sencilla: qué consumen nuestros niños. Según cifras oficiales del Ministerio de Salud, el 80% realiza ingestas elevadas de azúcar y el 100% consume sodio por encima de lo recomendado en detrimento de la presencia de frutas y verduras en la dieta. Los expertos coinciden en que lo recomendable es que los chicos incorporen el 17% de sus calorías a partir de las frutas y las verduras; contra un 7% mostrado por las estadísticas  A su vez, solo en 1 de cada 4 escuelas ofrece frutas y verduras en los kioscos mientras que en 8 de cada 10 se venden bebidas azucaradas..

Algunas experiencias exitosas

Todos los especialistas coinciden en señalar que la única solución para enfrentar esta pandemia es aplicar fuertes políticas públicas para cambiar la cultura alimentaria de la población. El desafió no es sencillo pero varios países ya trabajan en esta dirección cuyo objetivo es disminuir el consumo de productos perjudiciales para la salud a través de la aplicación de impuestos específicos a bebidas azucaradas, etiquetado informado de productos, campañas de bien público en medios de comunicación y estímulos a beber agua corriente en los hogares y espacios públicos.

Un caso ejemplar es el chileno que decidió aplicar una serie de medidas concretas: restricciones a la publicidad, rediseños obligatorios de los envases y reglas sobre los etiquetados para transformar los hábitos alimentarios. La ley 20.606, además, prohíbe la venta de comida chatarra en las escuelas chilenas y no permite que sean publicitados durante programas televisivos o en sitios web dirigidos a públicos infantiles. También se prevé que el año próximo ni siquiera podrán aparecer en TV, radio o salas de cine entre las 6 y las 22 horas. La industria alimentaria rápidamente mostró su rechazo por esta iniciativa, llegando incluso hasta la justicia, pero no lograron revertirla. Todo lo contrario a lo que sucedió en Argentina cuando, a fines de 2017, se dio marcha atrás con la posibilidad de aplicar un impuesto a la bebidas azucaradas para fomentar un disminución en su consumo directamente vinculado a la obesidad. Apenas conocido el proyecto, la empresa Coca Cola anunció que pondría en revisión su plan de inversiones en el país. En Argentina se consumen 137 litros per capita de bebidas azucaradas, el doble que hace dos décadas.

La OMS ha señalado que existe suficiente evidencia respecto de que los impuestos selectivos al consumo, diseñados apropiadamente, resultan en una disminución del consumo de bebidas azucaradas, especialmente si estos incrementan en 20% o más el precio a minoristas. El camino estaría entonces en una decisión política capaz de sostener con firmeza medidas a largo plazo que permitan modificar las pautas de consumo y alimentación en toda la población. De lo contrario, el avance de la enfermedad lenta y silenciosa, traerá consecuencias aún más graves.

Salud | 2 de agosto de 2018

Las dos mejores formas de reducir la mortalidad infantil

La prevención de la muerte en la primera infancia es uno de los principales objetivos de la comunidad de salud global. Sin embargo, si bien se necesitarán grandes inversiones en infraestructura de atención para lograr este objetivo, lo más probable es que los mejores resultados provengan del fomento de la inmunización y la lactancia materna.

Una de las metas más ambiciosas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas es el compromiso con poner fin a las muertes evitables de recién nacidos y niños en el transcurso de la próxima década. Si se cumple, en 2030 ningún país tendrá una tasa de mortalidad neonatal superior a 12 muertes por cada 1000 nacimientos; esto es un cuarto de la tasa actual en algunas partes de África subsahariana.

Dada la magnitud del desafío, se necesitarán enormes inversiones en infraestructura sanitaria y planificación. Pero tal vez el modo más eficaz de reducir la mortalidad infantil sea alentar la adopción de dos recursos inmediatamente disponibles: la vacunación de las madres y la lactancia materna.

La solución no pasa sólo por aumentar los recursos y la inversión

La protección de los niños contra una muerte prematura comienza antes del nacimiento. Cuando una mujer se vacuna contra enfermedades comunes como la gripe, su organismo crea anticuerpos que reconocen virus y refuerzan las defensas naturales contra diversos patógenos. Durante el embarazo, estas proteínas protectoras se transmiten al bebé a través de la placenta.

Lo interesante es que los beneficios continúan después del nacimiento. Por ejemplo, si bien la vacuna contra la gripe no está aprobada para su uso en bebés de menos de seis meses, se ha comprobado en ensayos clínicos que los niños de madres vacunadas están mejor protegidos contra la enfermedad. En un estudio con madres y sus bebés en Bangladesh, se registró una asombrosa reducción del 63% en los casos de gripe entre bebés nacidos de madres vacunadas; del 36% en enfermedades respiratorias graves entre las madres; y del 29% en esas mismas enfermedades entre los bebés.

La vacunación materna contra la gripe también ayuda a proteger a los bebés contra la neumonía, una causa frecuente de mortalidad infantil. En un análisis de 2018 de ensayos de vacunas realizados en Nepal, Mali y Sudáfrica, se halló que los bebés de madres vacunadas tenían 20% menos de probabilidad de desarrollar neumonía. Esto beneficia sobre todo a los niños demasiado pequeños para recibir una vacunación completa contra el Streptococcus pneumoniae y la gripe. Con los datos de estos y otros estudios, los gobiernos de países de bajos ingresos deberían ser capaces de planificar campañas de vacunación más inteligentes y reducir sustancialmente las tasas de morbilidad y mortalidad infantil.

El segundo modo de reducir la mortalidad infantil (la lactancia materna) es probablemente el más efectivo. La leche materna es la nutrición perfecta para un bebé, ya que le provee todas las proteínas, grasas, vitaminas, minerales y enzimas que necesita para mantenerse sano. Y mejor aún, las madres producen todo el tiempo nuevos anticuerpos que ayudan a fortalecer el sistema inmunitario del pequeño hijo.

Convencer a la madres de los beneficios de lactancia materna

Por desgracia, las tasas de lactancia materna están muy por debajo de los niveles deseados. Sólo el 40% de los bebés del mundo se alimentan exclusivamente con leche materna durante al menos los primeros seis meses de vida, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las razones son complejas, pero un factor que ha contribuido a la disminución de la lactancia materna en muchos países es la falta de educación, sumada a agresivas campañas publicitarias de los fabricantes de leche de fórmula. Hace poco se acusó a Estados Unidos de tomar partido por la industria de las leches de fórmula al oponerse a una resolución de la OMS en apoyo de la lactancia materna.

Convencer a las madres para que den el pecho debería ser más sencillo. Para empezar, los bebés amamantados son menos propensos a contraer otitis bacteriana y meningitis, o a sufrir enfermedades gastrointestinales y diarrea. Estas ventajas se mantienen mientras el bebé reciba el pecho.

La lactancia materna también beneficia a las madres. Está comprobado que las mujeres que alguna vez dieron el pecho son menos propensas a desarrollar enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer de mama y la diabetes tipo 2. Muchas de estas ventajas derivan del hecho de que la lactancia ayuda a eliminar el exceso de grasa que se acumula en el cuerpo de la madre durante el embarazo. De hecho, producir leche para un solo bebé quema hasta 500 calorías al día.

La mayoría de las nuevas madres pueden amamantar, pero algunas mujeres no tienen capacidad para producir suficiente leche, debido al agotamiento, la depresión o la debilidad física que sigue a una cirugía posparto. Hay madres que sencillamente no pueden satisfacer las necesidades del bebé, y otras carecen del apoyo médico o social necesario para resolver la logística de la lactancia. Sin embargo, para aquellas que pueden ofrecer a sus bebés al menos seis meses de leche materna, los beneficios son significativos.

Si la comunidad internacional está realmente decidida a cumplir las metas sanitarias fijadas por los ODS, debe redoblar esfuerzos para alentar a más madres a vacunarse contra enfermedades evitables y amamantar a sus recién nacidos. Estas dos prácticas por sí solas pueden ser más eficaces para reducir la mortalidad infantil que cualquier otra iniciativa sanitaria global.

Traducción por Esteban Flamini

Melvin Sanicas, inmunólogo y médico sanitarista, es experto médico regional en Sanofi Pasteur.

© Project Syndicate 1995–2018

Salud | 27 de julio de 2018

Los beneficios económicos y sociales de la planificación familiar

Las mujeres pobres, con menos educación o residentes de áreas rurales enfrentan importantes obstáculos económicos, culturales e institucionales al control de la natalidad, y en su desesperación suelen apelar a métodos de prevención del embarazo peligrosos. Si tuvieran acceso universal a información y servicios relacionados con la planificación familiar voluntaria, se evitarían hasta tres de cada cuatro muertes maternas y hasta un quinto de las muertes infantiles.

La decisión de empezar una familia es una de las elecciones más importantes que puede hacer una persona. También es un derecho humano fundamental; sólo los adultos, en forma individual, deberían poder decidir si quieren tener hijos, cuándo y con qué frecuencia. Sin embargo, para millones de personas en todo el mundo este derecho sigue sin ser realidad.

En los países en desarrollo hay más de 200 millones de mujeres que quieren postergar o evitar el embarazo, pero no usan anticonceptivos modernos. Las mujeres pobres, con menos educación o residentes de áreas rurales enfrentan importantes obstáculos económicos, culturales e institucionales al control de la natalidad, y en su desesperación suelen apelar a métodos de prevención del embarazo peligrosos. Si las mujeres tuvieran acceso universal a información y servicios relacionados con la planificación familiar voluntaria, se evitarían hasta tres de cada cuatro muertes maternas y hasta un quinto de las muertes infantiles.

Es un método eficaz de salvar vidas y reducir costos

Pero la planificación familiar no sólo salva vidas; también reduce costos. Por cada dólar que se invierte en servicios de salud reproductiva, se ahorran 2,20 dólares en costos sanitarios relacionados con el embarazo. Además, postergar la maternidad permite a las mujeres participar en la fuerza laboral remunerada por más tiempo, estimulando así la economía y la prosperidad de las comunidades pobres.

Algunos gobiernos ya se dieron cuenta de estos beneficios y están asignando fondos en respuesta. Por ejemplo, el ministerio de salud de Tailandia aumentó su presupuesto para planificación familiar, sobre la base de que el gasto adicional ahora reducirá costos sanitarios más tarde.

La evaluación de las autoridades tailandesas es correcta: cuando los países en desarrollo hacen inversiones que empoderan a los jóvenes para iniciar una familia sólo cuando estén listos, las tasas de natalidad se reducen y aumenta la proporción de la población activa respecto de la dependiente. Se prevé que estos “dividendos demográficos” sean particularmente altos en los países de África subsahariana, donde aproximadamente un tercio de la población está en la franja de diez a 24 años de edad.

Para los pobres, el Estado es la única opción

Pero a pesar de las muchas ventajas relacionadas con los servicios de planificación familiar, en demasiados países esta porción vital del sistema sanitario sigue subfinanciada. La Coalición para los Insumos de Salud Reproductiva, un grupo internacional de activismo e investigación, calcula que en los próximos tres años los países en desarrollo tendrán un déficit de 793 millones de dólares en la financiación de elementos anticonceptivos. Para las mujeres pobres, en particular, los servicios con financiación del Estado suelen ser la única solución de planificación familiar segura y eficaz. La falta de programas públicos disminuye la capacidad de planificar una familia y aumenta la tasa de embarazos no deseados.

La inversión en capital humano, acompañada de políticas económicas adecuadas y un buen funcionamiento de los mercados laborales, ofrece importantes réditos a las economías en desarrollo. Una plena financiación de las necesidades de planificación familiar en los países pobres ayudaría a sacar a millones de personas de la pobreza, mejorar los índices educativos y resolver la disparidad salarial de género en el Sur Global. Por estas y muchas otras razones, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) está totalmente comprometido a ayudar a los países a defender el derecho de las personas (y especialmente las mujeres) a decidir si quieren tener hijos y cuándo.

El UNFPA se ha planteado como objetivo que de aquí a 2030, todas las mujeres del mundo puedan acceder a servicios de planificación familiar sin temor a costos o consecuencias. Pero no podemos hacerlo solos; necesitamos que los líderes en los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil nos ayuden a alcanzar esta ambiciosa meta.

Se necesita un nuevo marco legal

Los países desarrollados podrían resolver el faltante de fondos para planificación familiar con sólo 20 centavos por persona al año, una suma ínfima en comparación con los beneficios previstos para las personas, las familias y las economías. Pero además de un aumento de la inversión, para proteger a las mujeres y empoderar a las parejas jóvenes se necesitan nuevas políticas, leyes y cambios a la implementación de regulaciones actuales.

El objetivo de ampliar el acceso a atención médica y servicios de planificación familiar no es nuevo; hace cincuenta años, en la Conferencia Internacional de Derechos Humanos celebrada en Teherán, la comunidad internacional declaró: “Los padres tienen el derecho humano fundamental de determinar libremente el número de sus hijos y los intervalos entre los nacimientos”. En aquel momento, la idea era visionaria; ahora sabemos que hacerla realidad es una condición para el desarrollo.

Traducción por Esteban Flamini

Natalia Kanem es subsecretaria general en las Naciones Unidas y directora ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

Copyright: Project Syndicate, 2018. | Foto: Reuters

Salud | 25 de julio de 2018

Los algoritmos pueden mejorar la vida de las personas con depresión

Se estima que hay en el mundo 300 millones de personas que padecen depresión, con un incremento del 18% desde el 2005. Comprender su lenguaje puede ayudarnos a entender la forma de pensar de las personas que padecen esta enfermedad.

La depresión puede influir en casi todo, desde la forma en que nos movemos o dormimos, hasta la manera de interactuar con las personas que nos rodean. Se percibe incluso en la forma en que hablamos y en nuestra expresión escrita. A veces, este “lenguaje de la depresión” puede provocar efectos en los demás. Fíjese en el impacto de los poemas y de las letras de las canciones de Sylvia Plath y Kurt Cobain. Ambos se suicidaron después de padecer depresión.

Los científicos llevan mucho tiempo intentando encontrar la relación entre la depresión y el lenguaje. La tecnología está ayudando a despejar esta incógnita. Nuestro nuevo estudio, publicado en la revista Clinical Psychological Science, ha descubierto que algunas palabras ayudan a detectar si alguien padece depresión.

Tradicionalmente, los análisis lingüísticos en este ámbito los habían realizado investigadores a través de la lectura y la toma de apuntes. En la actualidad, los métodos de análisis computacional de textos permiten procesar en cuestión de minutos una gran cantidad de datos. Esto posibilita que se detecten características lingüísticas que los humanos podemos pasar por alto, calculando el porcentaje de prevalencia de las palabras y de las clases de palabras, la diversidad léxica, el promedio de longitud de las frases, las estructuras gramaticales y muchas otras características.

Hasta ahora, los escritos de carácter personal, como los diarios de las personas con depresión, han sido útiles. Un ejemplo de ello son las obras de artistas conocidos como Cobain y Plath. Con respecto a la palabra hablada, fragmentos del lenguaje natural de las personas con depresión también han sido útiles. En conjunto, las conclusiones de esta investigación demuestran de manera clara y contundente las diferencias entre el lenguaje de las personas con síntomas y sin síntomas de padecer depresión.

El contenido y estilo del lenguaje son reveladores

El lenguaje se puede dividir en dos componentes: contenido y estilo. El contenido está relacionado con lo que expresamos, es decir, el significado de nuestras declaraciones. Es sorprendente que casi nadie se haya dado cuenta de que los que tienen síntomas de padecer depresión usan gran cantidad de palabras que expresan emociones negativas, sobre todo adjetivos y adverbios negativos, como “solitario”, “triste” o “fatal”.

Más interesante aún es el uso de los pronombres. Las personas con síntomas de padecer depresión usan muchísimo más el pronombre de primera persona del singular, “yo”, y mucho menos los pronombres de las segundas y terceras personas del singular y del plural, como “ellos/as” o “él/ella”. Este patrón indica que las personas con depresión está más centradas en ellas mismas y menos unidas a los demás. Los investigadores afirman que los pronombres ayudan a identificar la depresión mejor que las palabras que expresan emociones negativas.

La obsesión por los problemas personales y el aislamiento social son características propias de la depresión. Sin embargo, no se sabe por qué presentan diferencias según se trate de atención o de manera de pensar. ¿La depresión hace que las personas se centren en ellas mismas o son las personas que se centran en ellas mismas las que acaban padeciendo depresión?

El estilo del lenguaje está más relacionado con cómo nos expresamos que con el contenido de lo que transmitimos. Nuestro laboratorio ha llevado a cabo un análisis masivo de datos de 64 foros en línea sobre salud mental, revisando lo dicho por alrededor de 6.400 miembros. Las palabras absolutistas, que expresan magnitud o probabilidad absoluta, como “siempre”, “nunca”, “totalmente”, han sido las más relevantes en los foros de salud mental, superando incluso a los pronombres o a las palabras que expresan emociones negativas.

Desde el comienzo de nuestro estudio pensamos que las personas con depresión tendrían una visión del mundo más en blanco y negro que los demás, y que eso se manifestaría en el estilo del lenguaje. Comparado con otros 19 foros de control, el predominio de las palabras absolutistas es aproximadamente un 50% mayor en los foros sobre ansiedad y depresión, y un 80% mayor en los foros sobre pensamientos suicidas.

Los pronombres produjeron un patrón distributivo similar al de las palabras absolutistas en los foros, pero el efecto fue menor. Sin embargo, las palabras que expresan emociones negativas fueron, paradójicamente, menos predominantes en los foros sobre pensamientos suicidas que en los foros sobre ansiedad o depresión.

Nuestra investigación incluye también foros sobre recuperación, en los que los miembros que sienten que se han recuperado de la depresión escriben entradas positivas y motivadoras sobre su recuperación. Aquí es donde nos damos cuenta de que las palabras que expresan emociones negativas se usan igual que en los foros de control, mientras que las palabras que expresan emociones positivas se usaron un 70% más. No obstante, el predominio de las palabras absolutistas fue mucho mayor que en los foros de control, pero un poco menores que en los foros de ansiedad y depresión.

Las personas que ya han padecido depresión son las que, de manera significativa, pueden volver a recaer. Sin embargo, la enorme tendencia al pensamiento absolutista, incluso cuando no existen síntomas de depresión, es una señal de que es una de las causas que pueden provocar un nuevo episodio de depresión. Ocurre lo mismo con el uso de los pronombres, pero no con el de las palabras que expresan emociones negativas.

Conclusiones prácticas

Comprender el lenguaje de la depresión puede ayudarnos a entender la forma de pensar de las personas que padecen esta enfermedad, pero también podemos obtener conclusiones muy prácticas.

Los investigadores están combinando el análisis automático de textos con el aprendizaje automático (ordenadores que aprenden a través de la experiencia sin ser previamente programados) para clasificar distintos tipos de salud mental.

Esta clasificación supera la que ya habían realizado psicólogos cualificados. Es importante saber que la clasificación del aprendizaje automático será mejor cuanto mayor número de datos se le añadan y cuanto más sofisticados sean sus algoritmos. Es algo que va más allá de del estudio de los patrones de absolutismo, negatividad o uso de pronombres de los que hemos hablado. El uso de ordenadores para identificar con exactitud las subcategorías de los problemas de salud mental, como el perfeccionismo, los problemas de autoestima y la ansiedad social, está recién empezando.

Dicho esto, hay que recalcar que el uso de un vocabulario asociado a la depresión no significa que se padezca. Pero la Organización Mundial de la Salud estima que hay en el mundo 300 millones de personas que padecen depresión, con un incremento del 18% desde el 2005. Esto es así aunque tengamos a nuestro alcance muchas más herramientas para detectar esta enfermedad, para mejorar nuestra salud.

Mohammed Al-Mosaiwi es PhD en Psicología de la Universidad de Reading.

Salud | 17 de julio de 2018

Qué es el Registro de Electrodependientes y por qué puede salvar vidas

A pesar de que hay una ley que protege a las personas electrodependientes, muchos afectados lo ignoran. Según la Asociación Argentina de Electrodependientes, de un total de 3.800 personas, solo fueron incorporadas 9 al registro nacional, y hay 2200 solicitudes pendientes aún sin resolver.

Qué dice la Ley. La Ley 27351 establece que todas las personas electrodependientes deben anotarse en un registro nacional a partir de lo cual no se les cobrará el consumo de energía.

  • El proyecto de Ley fue presentado por el diputado Carlos Castagneto (Frente para la Victoria).
  • Significó el primer proyecto en el gobierno de Macri en ser aprobado por unanimidad y sin cambios.
  • Lo mismo sucedió en senadores y a mediados de 2017 se sancionó. En el mismo año fue reglamentada por el Poder Ejecutivo.
  • Además de Castagneto, fueron clave algunos padres de personas electrodependientes, quienes luego crearon la Asociación Argentina de Electrodependientes.
  • Son ellos quienes más trabajan por la difusión de la ley y la confección del registro nacional.

Cómo funciona el registro. Se baja un formulario de la pagina web del Ministerio de Salud de la Nación, que debe ser llenado y avalado por un médico que certifique la electrodependencia.

  • Luego se remite el formulario al ministerio por correo postal con una factura de luz (a nombre del responsable del electrodependiente), y se espera el alta de parte del organismo.
  • Una vez que el Ministerio le da de alta, automáticamente también se da el alta como beneficiario en la empresa de energía.

Aún no funciona de manera ágil. Según la Asociación Argentina de Electrodependientes (AAdE), la inscripción en el registro es fácil de hacer pero demora demasiado en computarse.

  • Entre que se inicia el trámite y el Ministerio lo acepta, pasan entre seis y ocho meses.
  • El beneficio no es retroactivo al momento del inicio del registro.
  • La AAdE se reunió hace dos semanas con el Ministerio, que se comprometió a revisarlo para que sea más ágil y resolver en los próximo 60 días todas las solicitudes pendientes.
Paso a paso para inscribirse en el Registro de Electrodependientes. Fuente: Ministerio de Salud de la Nación.


Paso a paso para inscribirse en el Registro de Electrodependientes. Fuente: Ministerio de Salud de la Nación.

Cómo era la situación antes. Hasta la llegada de la ley el vínculo de los afectados era directamente con la empresa. No intervenía en nada el Estado.

  • Había un registro de electrodependientes que dependía exclusivamente de la distribuidora de energía, pero esto no suponía ningún beneficio más allá de un supuesto trato preferencial.
  • En el marco del aumento de tarifas se empezó a discutir cómo se apoyaba a los electrodependientes porque muchas familias podían afrontar el gasto.
  • Las personas electrodependientes necesitan tener conectados varios equipos, por lo cual su consumo es elevado.

La Ley no se aplica en todo el país. Si bien la mayoría de las provincias adhirieron, cuatro no lo hicieron y una quinta adhirió pero vetó su implementación.

  • Las provincias que no adhirieron son San Juan, La Rioja, Santiago del Estero y Entre Ríos.
  • Jujuy adhirió, pero luego el gobernador Morales vetó la ley porque, según él, la situación de los electrodependientes en su provincia ya estaba contemplada.

Cuántos electrodependientes hay en la Argentina. No existe esa información de manera oficial. Conforme se difunda la ley y se anote la gente en el registro, va a empezar a saberse con mayor precisión.

  • Se estima que entre Capital Federal y el Conurbano Sur hay alrededor de 4000 casos.
  • Según la AAdE, de un total de 4.000 personas, solo fueron incorporadas 90, y hay 2200 solicitudes pendientes aún sin resolver.
  • Algunos están a la espera de que les salga el trámite y otros directamente no están al tanto de la existencia de la Ley.

Qué falta. Llegar a todos los destinatarios. Que el Estado tome la causa y haga campañas para que los derechos lleguen a quienes les corresponden.

Cómo sigue el tema. El diputado Castagneto presentó un proyecto para incorporar al censo del 2020 la figura de los electrodependientes.

  • Si se hiciera, podría haber un número más atinado de cantidad de caso.
  • El ejemplo de Chile lo atestigua: importaron el proyecto de Ley de la Argentina, hicieron un censo antes de aplicarlo, y encontraron 19 mil personas electrodependientes.
¿Conocés a alguien electrodependiente? Avisale que se registre:

ENVIALE ESTE MAIL

Esta nota fue publicada originalmente en julio de 2018, una semana después de la muerte un chico electrodependiente a causa de un prolongado corte de luz. Aquí su historia:

Qué pasó. Murió un niño de 5 años a causa de un corte de luz.

  • Se trata de Valentino Ladislao, quien era electrodependiente.
  • Las personas electrodependientes necesitan para sobrevivir la asistencia permanente de aparatos que consumen energía eléctrica.
  • Su casa se quedó sin luz y luego de 14 horas, murió.
  • Si bien la madre tenía una deuda con la compañía eléctrica de más de 60 mil pesos, desde Edesur dijeron que el corte no fue por eso sino que respondió a un corte programado.

Por qué no lo llevó al hospital. Trasladar a los chicos en esa situación suele ser delicado por su estado de vulnerabilidad y los virus intrahospitalarios que pueden contraer.

  • Por eso es importante que se asegure el suministro de energía las 24 horas.
  • Los equipos médicos suelen funcionar a batería unas horas, tiempo en el cual la empresa debiera disponer otra fuente de electricidad.

Se podía evitar. La compañía debió haberle llevado una fuente alternativa de energía, aun más tratándose de un corte programado.

  • Para lamentablemente Valentino (como más del 90% de los electrodependientes) no estado anotado en el registro.
  • Sin embargo, tanto su madre como otras miles de personas desconocían que existe una Ley que protege a las personas electrodependientes.
Salud | 16 de julio de 2018

Radiografía del chagas: qué deberíamos hacer para erradicarlo

En la Argentina se estima que hay más de un millón y medio de personas con chagas. Es decir, 3,5% de la población. Muchas de ellas, la mayoría, no lo sabe. Algunos incluso no lo sabrán nunca. El mal de chagas es un parásito que puede vivir en el cuerpo por más de treinta años sin manifestarse, hasta que empieza a generar problemas cardíacos o digestivos, además de otros deterioros.

Muchos pueden recordar las campañas masivas en las que se explicaba qué era el chagas, qué la vinchuca y qué el Trypanozoma cruzi (el parásito). Presente sobre todo en el norte del norte del país, la vinchuca es un insecto que se alimentan de sangre y transmite el parásito a través de la materia fecal que depositan en la piel de las personas al momento de alimentarse.

Con los años, el control vectorial (evitar el contagio vía vinchuca) fue avanzando, aunque todavía quedan provincias en el país en las que es causa de contagio.

Sin embargo, una de las principales causas de la expansión del chagas no es la vinchuca sino la transmisión de madre hijo: es el 40% de los casos. Si quisiéramos tener un país libre de chagas, es ahí donde hay que avanzar. ¿Lo estamos haciendo?

¿En qué coinciden el Estado y el sector privado?

Según la Ley 26.281, es de interés nacional “la prevención y control de todas las formas de transmisión de la enfermedad de Chagas, hasta su definitiva erradicación de todo el territorio nacional”. Hacia esa dirección caminan todos los actores.

Patricia Angeleri es la Directora Nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación. Si bien aclara que no hay una estadística oficial, coincide con todas las organizaciones que tratan el tema en el número estimado de chagásicos que hay en el país.

Según un informe de ACIJ (Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia), hay 1.505.235 personas con chagas en la Argentina (de los cuales al menos 250 mil son chicos menores de 14 años). En total en el mundo hay entre 6 y 7 millones de casos. Nuestro país es el que mayor cantidad de enfermos tiene: más del 20% de la población chagásica mundial.

La doctora Ana Pereiro (de la Fundación Mundo Sano) advierte que además somos exportadores, ya que muchos de los pacientes de alrededor del planeta contrajeron acá la enfermedad. Y agrega que, estimativamente hablando, de los 1300 chicos que nacen con chagas al año en la Argentina, solo se detecta y se trata al 30%.

Esta es hoy la principal urgencia: cortar con la transmisión vertical y tratar a los niños en el primer año de vida. Para esto, hay otro factor fundamental: la detección.

Existen 114 especies de vinchucas en América. Sólo estos nueve han sido encontradas en territorio nacional. Fuente: Ministerio de Salud de la Nación.
Existen 114 especies de vinchucas en América. Sólo estos nueve han sido encontradas en territorio nacional. Fuente: Ministerio de Salud de la Nación.


“Según los últimos estudios, 9 de cada 10 niños y niñas tratadas en forma temprana negativizan la serología para el chagas mientras que, sin tratamiento, cerca del 30 % desarrollará una patología cardíaca o digestiva”, dice el informe de ACIJ.

Por otro lado, para evitar que las madres sigan transmitiendo el parásito a los hijos, es fundamental tratarlas. Ana Pereiro destaca que en el caso de las mujeres en edad fértil, cuando hacen el tratamiento pueden eliminar el parásito de su cuerpo y asegurarse que sus hijos no nazcan con chagas.

“Surgieron informes que dicen que si a una mujer en edad fértil se le da el tratamiento, se puede evitar que sus hijos nazcan con chagas. Entonces es obligatorio tratarlas”, sostiene Pereiro.

¿Existe un medicamento?

Actualmente producido por el laboratorio ELEA, el medicamento se llama Abarax (Benznidazol) y está disponible. Es, además, el primer medicamento contra el chagas aprobado por la FDA de Estados Unidos (Administración de Alimentos y Medicamentos). El Ministerio de Salud de la Nación es el responsable de la compra y la distribución gratuita de estas pastillas para quien las necesite.

“Ya se repartió a todas las provincias. Estamos ajustando con los referentes provinciales la necesidad. El laboratorio incluso también nos ha ofrecido darnos medicamentos de manera gratuita. Es una ayuda que viene bien. Sin embargo, hay que trabajar mucho con los equipos de salud, sobre todo para ver bien la pertinencia del tratamiento”, subraya la doctora Angeleri.

“Venimos de una época en que el tratamiento para el chagas era con el mismo medicamento que ahora, con la diferencia de que se pensaba que no generaba nada. Ahora empieza a haber evidencia de que sí genera resultados”, dice.

¿Por qué hay médicos que siguen dudando del medicamento? Ana Pereiro explica: “hacemos medicina basada en evidencias, entonces puede pasar que haya profesionales que no hayan visto los trabajos que indican estos conocimientos nuevos. Ahora bien, un profesional que está especializado en la materia no puede ignorar estos avances. Y si los conoce y decide ignorarlos estamos frente a una irresponsabilidad grave”.

Un test de chagas en la provincia de Chaco. Foto: Telam
Un test de chagas en la provincia de Chaco. Foto: Telam


¿En qué no coinciden todos?

Qué porcentaje de los enfermos de chagas está bajo tratamiento es un misterio. Desde el laboratorio ELEA estiman que menos del 1% de los pacientes diagnosticados. Sin embargo, en el Ministerio de Salud no tienen un número (y sostienen que es difícil que el laboratorio tenga sustento para su estimativo), pero están trabajando en generar mayor información y capacitar cada vez a más instituciones médicas sobre el protocolo para detectar chagas. En muchos casos, los médicos no hacen ese análisis porque no lo consideran pertinente.

Para las organizaciones, los médicos consultados y el laboratorio, parte fundamental de la solución es capacitar a las instituciones médicas y a la población. En este sentido, creen que una campaña de comunicación masiva sería clave para comenzar a erradicar el chagas. Por su parte, si bien comparte el diagnóstico, el Ministerio no consideran que la campaña de comunicación sea el factor fundamental.

De todas formas, Angeleri aclara que están preparando la comunicación del Día Nacional de la Lucha Contra el Chagas (el 31 de agosto), y que dentro del plan general de comunicación el chagas es prioridad. Sin embargo, dice: “No tenemos planificado a corto plazo una campaña masiva de comunicación. No sé si eso cambiaría el termómetro. Me cambia trabajar con la población, con los equipos de salud y con las herramientas de información. Eso nos va a dar una base de sustentación más robusta para poder avanzar”.

“Lo que también estamos haciendo a nivel nacional es la vigilancia sistemática que da cuenta de los análisis que se hacen, para saber realmente a qué pacientes atendemos y les damos tratamiento. Estamos reorganizando el sistema de información respecto del chagas. A su vez trabajamos con los sistemas de salud para que los médicos se preocupen por el chagas”, agrega la Directora. Los boletines de vigilancia se pueden leer todas las semanas en la web del Ministerio de Salud.

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El chagas no es cosa de campo

Jaime Altcheh es el Jefe de Servicio de Parasitología del Hospital Gutiérrez. Allí llevan tratados a más de mil chicos con chagas, a los que se les ofrece diagnóstico y tratamiento de forma gratuita.

Miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), dice que todo el que haya nacido en la zona norte del país debería hacerse el análisis de chagas, no importa dónde esté, ya que los procesos migratorios cambiaron el panorama.

“En Buenos Aires no hay vectores pero es donde está la mayor población de gente con chagas. No es solo un problema de ranchos. Uno de los principales problemas con los que lidiamos es que la gente cree que las zonas urbanas están exentas y hoy no es así para nada”, explica.

Los países que mejor luchan contra el chagas

Chile ha hecho un fuerte control del vector. Si bien no tienen la misma vinchuca que hay en la Argentina, han logrado controlarlo y ya casi no hay contagio por esa vía.

España es otro ejemplo. Naturalmente no tienen agente transmisor, pero sí han lidiado con el problema. “Es un país que no teniendo la enfermedad autóctona ha sido receptora de mucha población de zonas con chagas. Ellos van a la cabeza en términos de diagnóstico y tratamiento, y en cuanto a la investigación que están haciendo. Hay centro de investigación en Madrid, otro en Barcelona y otro en Valencia, y están muy avanzados. Se produce muy buena información. España ha hecho las cosas mejor que nosotros”, concluye la doctora Angeleri.

Salud | 6 de julio de 2018

“La Ley Justina ayuda a que cada uno haga su decisión sobre la donación de órganos”

El miércoles pasado, la Ley Justina (cuyo texto completo se puede leer aquí) fue aprobada en el Congreso. Los diputados, como antes los senadores, la votaron por unanimidad y así dispusieron que todas las personas mayores de 18 años sean donantes de órganos o tejidos, salvo que dejen una constancia expresa de lo contrario. La norma tiene más de 70 artículos y entrará en vigencia en 90 días, en los que el INCUCAI debe reglamentarla.

Ezequiel Lo Cane fue quien impulsó el proyecto. Su hija, Justina, de 12 años, falleció el año pasado mientras esperaba un trasplante de corazón. “De alguna manera, aportamos un granito de arena para que todo esto mejore”, dice él ahora. “No hay palabras, lo que sentí con la sanción de la ley fue enorme”.

Crédito: Multiplicate x 7

Crédito: Multiplicate x 7

¿Cómo se implementará la ley?
La gente del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) se juntará con las organizaciones de médicos que correspondan para consolidar todo el proceso y reglamentarla. Desde el punto de vista formal, el INCUCAI debe liderar la reglamentación porque es el representante del Ministerio de Salud y del Poder Ejecutivo. Nosotros, desde Multiplicate x 7, veremos cómo podemos aportar con un foco que estará puesto en lo que necesitan las familias y las personas: la contención.

¿Qué decía la ley anterior, que fue modificada por la Ley Justina?
Decía que si uno se muere y no se registró nunca como donante en el INCUCAI, la familia decidía si los órganos se donan o no. Lo mismo pasaba, en general, aunque uno estaba registrado como donante en el carnet de conducir porque en el 80% de los casos, esos registros no se trasladaron al INCUCAI. E incluso si uno se registró como donante, al morirse se le avisaba a la familia que los órganos se iban a extraer y la familia podía decir que no estaba de acuerdo e interponer una acción legal. Si uno se registró como no donante, cuando muere no se le preguntaba nada a nadie. Pero cabía la posibilidad de que la familia lograra que los órganos se donaran igual. La última palabra siempre la tenía la familia.

Justina Lo Cane con su padre. | Crédito: Ezequiel Lo Cane

Justina Lo Cane con su padre. | Gentileza de Ezequiel Lo Cane

¿La Ley Justina simplifica todo?
Sí. Se le quita la decisión a la familia y facilita la decisión del sí y del no. Quien no quiera ser donante, se registra como tal. Decide uno mismo; la familia no. De esta manera se hace una diferencia tremenda en tiempos, y en respeto al dolor y a la situación que atraviesa la familia. Es una cuestión de sensibilidad y de tiempo. Y, por ende, de vida. Ahora se perderán menos oportunidades de trasplantes. Y además, la ley establece artículos que mejoran el proceso de donación y trasplante. Por ejemplo, se fija un traslado prioritario aéreo para quien necesita un trasplante en un sitio lejano: si esta persona va al aeropuerto y no tiene lugar en el avión, se le da prioridad de viaje.

¿Cómo lograste que el tema se tratara de un modo tan rápido y eficiente en el Congreso?
No fue fácil. Demandó tiempo para explicar a los senadores y diputados, y para trabajar y coordinar opiniones diferentes de profesionales, médicos y familiares. Me junté también con policías, abogados, gendarmes, abogados y profesionales del área de trasplantes. Hubo actitud y compromiso de parte de todas las personas con las que estuvimos trabajando; incluso de las que estaban en desacuerdo con algunos puntos. Trabajamos con una gran diversidad de roles. Las cosas como éstas tienen que suceder porque día a día en Argentina mueren unas 6 o 7 personas porque no les llega un trasplante. Tenemos que actuar.

Crédito: Multiplicate x 7

Crédito: Multiplicate x 7

Hay gente que se queja en las redes sociales diciendo que, con la Ley Justina, el Estado pasa a ser el dueño de los cuerpos. ¿Qué le responderías?
Esta ley no toma posesión de nada; al contrario, ayuda a que cada uno tome su decisión. Esa es una posición a la que le falta información para entender la situación. La gente tiene todo el derecho de dudar y nosotros con gusto lo explicaremos siempre que haga falta.

Otra crítica llega desde algunos médicos, que opinan que el sistema de salud no está listo para funcionar con la Ley Justina. ¿Qué les dirías a ellos?
Si algo no está preparado, hay que prepararlo. Y justamente esta ley prepara al sistema de salud. Por ejemplo, en la ley se exige que los centros de salud tengan personal capacitado para donación y trasplante, y guardias; se pide una cantidad de temas mínimos con los cuales capacitar a los profesionales; se establece pedidos muy específicos acerca de qué, cuándo y cómo tiene que comunicar el médico con respecto a estos procesos; y se pide información acerca de las diálisis que se están realizando (hay entre 20.000 y 30.000 personas que no están en lista de espera, pero que deberían ser informadas porque su salud podría empeorar). En sus más de 70 artículos, esta ley, que no es improvisada, contempla todo lo necesario para que el sistema de salud se prepare mejor.

Salud | 12 de junio de 2018

El portal que promueve la inclusión laboral de personas con discapacidad

En Argentina hay casi 2 millones de personas con discapacidad en edad laboral que no tienen empleo. Inclúyeme es un sitio que busca conectar a estas personas con empresas inclusivas. Hasta ahora, lograron que más de 1.400 personas con discapacidad consigan trabajo en Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay.

A los tres años, Melanie fue diagnosticada con hipoacusia, o pérdida de audición. A los seis, empezó a usar audífonos en un oído, y a los ocho en los dos.

“Mi mamá me leía cuentos y yo le contestaba cualquier cosa, o pedía que me repitiera todo el tiempo”, recuerda la joven que ahora tiene 26 años.

A pesar de su discapacidad auditiva, Melanie pudo terminar el colegio y completar la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Matanza.

“Nunca había visto mi hipoacusia como una discapacidad, porque nunca me había impedido hacer algo. Para mi ya era normal estar con los audífonos”, dice la joven que ahora tiene 26 años.

Pero no fue hasta el momento de buscar trabajo que Melanie se encontró con la barrera laboral que enfrentan millones de personas con discapacidad en el país y el mundo. A pesar de haber terminado su carrera universitaria y tener experiencia en trabajo voluntario y periodismo universitario, estuvo meses sin poder conseguir trabajo estable, ni siquiera una pasantía.

Fue entonces cuando a través de un amigo conoció Inclúyeme, un portal laboral para personas con discapacidad. A través del portal, Melanie cargó su CV, postuló a trabajos en diversas empresas, y tuvo numerosas entrevistas laborales. Finalmente, hace dos semanas, empezó su primer trabajo.

Barreras de inclusión

El último Censo Nacional de 2010 indica que en la Argentina hay más de 5 millones de personas con discapacidad. Según la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (ENDI), el 75% de las personas con discapacidad en edad laboral no trabaja. En otras palabras, en Argentina hay casi 2 millones de personas con discapacidad entre los 14 y 65 años que no tienen empleo.

Las barreras para la inclusión laboral de las personas con discapacidad son diversas y atraviesan factores físicos, culturales, políticos y legales. En 2014, la R.E.D. de empresas por la diversidad, una iniciativa que busca promover la diversidad y la inclusión dentro de empresas, llevó a cabo una investigación para determinar las principales barreras laborales que enfrentan las personas con discapacidad.

Según esta investigación, existen tanto barreras internas de las empresas (por ejemplo, espacios arquitectónicos poco accesibles o preconceptos sobre el desempeño y habilidades de las personas con discapacidad), como también barreras externas a las empresas (por ejemplo, obstáculos en el sistema educativo formal y la desconexión entre la oferta y la demanda laboral).

Pero sobre todo existen barreras sociales. Una encuesta que realizó Inclúyeme en Latinoamérica a más de 2000 personas con discapacidad, muestra que el 58,4% de las personas con discapacidad se sienten discriminadas en el momento de buscar trabajo.

“Las personas nos cuentan que llegan a una entrevista laboral y lo primero que ve el entrevistador es su discapacidad. Entonces, en vez de durar 40 minutos o 1 hora, la entrevista dura 10 minutos”, cuenta Gabriel Marcolongo, fundador y CEO de Inclúyeme. “De las personas que entrevistamos, todas coincidían que trataban de esconder su discapacidad para no ser discriminadas en el proceso de selección”.

Inclúyeme ofrece capacitaciones para personas con discapacidad y empresas inclusivas. Foto: Inclúyeme.
Inclúyeme ofrece capacitaciones para personas con discapacidad y empresas inclusivas.
Foto: Inclúyeme.

Una solución tecnológica

Melanie es una de las 1.400 personas con discapacidad que han conseguido trabajo a través del portal Inclúyeme desde su creación en el 2013. Para Marcolongo, la inspiración de crear el portal surgió desde su experiencia personal.

“Me tocó vivir de primera mano cómo a alguien con discapacidad se le cierran las puertas laborales, incluso con educación”, cuenta Marcolongo. De chico, su padre perdió la visión de un ojo y a pesar de haber completado su carrera universitaria y de posgrado, estuvo 2 años hasta encontrar un trabajo.

Inclúyeme funciona como un portal de empleo que busca ayudar a las personas con discapacidad a conseguir trabajo. En el portal, pueden crear un perfil, subir su CV y certificado de discapacidad, y postular a distintas búsquedas laborales. Al mismo tiempo, ayuda a empresas que quieren contratar a personas con discapacidad a postular avisos y encontrar los candidatos apropiados.

Desde su creación, el portal se ha expandido a Brasil, Chile, México, Perú y Uruguay. Su red de clientes incluye más de 350 empresas nacionales e internacionales que utilizan el portal para encontrar talento. Entre todos los países hay 200,000 personas registradas en el portal.

Además de funcionar como un portal de empleo, Inclúyeme también ofrece consultorías para asesorar a empresas que busquen ser más inclusivas.

“Las empresas lo que necesitan son las ganas de ser inclusivas. Después nosotros los ayudamos a aprender cómo entrevistar, decidir los puestos apropiados, y entender por qué es importante contratar a alguien con discapacidad”, dice Marcolongo.

Para Marcolongo, contratar a personas con discapacidad no se trata solo de una misión social, sino que también tiene beneficios de negocios para las empresas.

“Como empresa, la política es siempre tomar los mejores empleados que puedas para tu organización. Desde ese punto de vista, la estrategia debería ser buscar en el 100% de la población, no solo una fracción. Pero hoy en día el 12% de las personas en argentina tienen alguna discapacidad queda fuera del mercado laboral”, dice Marcolongo.

Un marco regulatorio que acompaña

En Argentina existen varias iniciativas del estado que buscan promover la inserción laboral de las personas con discapacidad.

Según la Ley 25.689, el Estado nacional está obligado a ocupar personas con discapacidad en una proporción no inferior al 4% de la totalidad de su personal. Esto incluye los tres poderes del estado, organismos descentralizados o autárquicos, entes públicos no estatales, empresas del Estado y empresas privadas concesionarias de servicios públicos.

Sin embargo, existen informes que determinan que la mayoría de los organismos públicos no están cumpliendo con la ley.

Además, desde el 2006, Argentina cuenta con un Programa de Inserción Laboral para personas con discapacidad, el cual promueve la inserción de los trabajadores con discapacidad mediante incentivos económicos a empleadores públicos y privados para su contratación. Bajo el programa, el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social aporta durante un período de tiempo determinado parte del salario de un trabajador con discapacidad. Dependiendo del sector de trabajo y la carga horaria del puesto, esta ayuda económica puede variar entre $1200 y $2000 al mes.

Según Stefan Tromel, especialista en discapacidad de la Organización Internacional del Trabajo, estas políticas incentivan a la inclusión laboral de personas con discapacidad a largo plazo.

“Muchas empresas comienzan su trabajo en el ámbito de la discapacidad para poder cumplir por la normativa legal vigente pero pronto se dan cuenta de las ventajas que contratar a personas con discapacidad tienen para sus empresas”, dice Tromel. “Por ejemplo, se dan cuenta del impacto positivo de la imagen de la empresa ante sus clientes y cómo una empresa más diversa es más capaz de hacer frente a las necesidades cambiantes del mercado”.

Pero para Marcolongo, aunque estas políticas son un paso hacia la dirección correcta, no son suficientes.

“Todo lo que es discapacidad está atravesado por salud, educación y empleo. No podes atacar ninguno individualmente si queres solucionar el problema en serio”, dice Marcolongo. “Si hay un buen sistema de tratamiento para una persona con discapacidad, puede generar más capacidades. Si esa persona logra acceder un sistema de educación donde sean accesibles las aulas, y los profesores puedan dar buenas clases adaptadas, puede que esa persona se reciba. Y si el mercado laboral está maduro, puede aceptar a estas personas”.

Fabián tiene 44 años y nació sordo. De pequeño aprendió a leer, escribir y hablar gracias al apoyo de un colegio especializado en discapacidades auditivas, lo que le permitió completar sus estudios con normalidad. Pero tal como Melanie, se enfrentó con una barrera al momento de buscar trabajo.

“Fui a muchos a talleres de búsquedas de empleo, talleres para aprender cómo entrevistar, constantemente modificaba y mejoraba mi currículum vitae,” cuenta.

A través de una amiga hipoacúsica, Fabián conoció Inclúyeme y empezó a utilizar el portal para buscar trabajo. Luego de postularse a varios cargos, consiguió una posición en Gire Soluciones, una empresa de servicios tecnológicos, a principios de este mes. Allí trabaja en el área de datos y sistema de cheques.

Pero sobre todo, como Melanie, trabaja para derribar las barreras sociales que obstaculizan el desarrollo personal y profesional de las personas con discapacidad.

“Es importante que la gente se informe, que entienda que tener algún tipo de discapacidad no significa que una persona esté incapacitada para trabajar”.

Salud | 30 de mayo de 2018

Cómo la vida de Justina cambió la donación de órganos en Argentina

ACTUALIZACIÓN: El 4 de julio la Cámara de Diputados sancionó por unanimidad la Ley Justina, por la cual todas las personas mayores de edad son donantes, a menos que hayan expresado lo contrario.

* * *

Justina Lo Cane llevaba una semana internada en el Sanatorio de La Trinidad cuando su padre se puso a investigar qué hacían las familias que estaban, como ellos, atravesando una situación dramática al filo del destino. Su hija era una niña de 12 años, de cabello lacio y rubio, con dientes grandes y una mirada luminosa: su rostro era el que viene a la mente si uno piensa en una niña angelical.

Cuando Justina tenía un año y medio había recibido un diagnóstico: padecía de una cardiopatía congénita dilatada, cavitada y compactada. Desde entonces había tomado remedios y había hecho una rutina normal, pero un día, luego de una década, aparecieron los dolores de cabeza y las náuseas. La vida es impredecible; pronto el asunto se tornó grave. Tan grave como para necesitar un trasplante de corazón.

“Por lo que vi en ese momento, todos los familiares en condiciones similares pedían por el órgano que necesitaban y hacían campañas”, dice ahora Ezequiel Lo Cane, el padre de Justina. “Así que pensé en difundir nuestra historia y se lo conté a mi hija. Pero cuando le pregunté si quería que iniciáramos la campaña, ella me dijo: ‘Papi, ayudemos a todos los que podamos, no sólo a mí’”.

Justina en su cuarto del sanatorio. Foto: www.facebook.com/multiplicatex7/

Justina en su cuarto del sanatorio. Foto: www.facebook.com/multiplicatex7/

Justina había sido internada una semana atrás, el 31 de julio de 2017. Luego había vuelto a su casa, adonde se suponía que iba a esperar hasta que llegara el corazón, pero las cosas se complicaron un poco y tuvo que regresar al sanatorio. El 9 de agosto Ezequiel Lo Cane inició la campaña bajo el nombre de “Multiplicate x 7”. “Son siete los órganos principales que se pueden donar”, explica ahora. “El mensaje era: el día que te vas, multiplicá tu vida por siete”.

En septiembre la campaña comenzó a hacerse visible y en los meses que siguieron se convirtió en una formidable cruzada por la donación de órganos. Y, tal como había pedido Justina, no era sólo por ella, sino por todos. Entre las más de 600 fotos que hasta el día de hoy se ven en la cuenta de Facebook de MultiplicateX7 hay rostros de famosos, de anónimos y de gente internada a la espera de un trasplante: es una comunidad con más de 115 mil seguidores, y continúa creciendo.

En el inicio de la campaña, la cifra de donantes mensuales registrados en el INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) dio un salto: pasó de 6.490 en junio a 14.192 en agosto. Luego se mantuvo en ese nivel: en septiembre se registraron 11.487 personas y en octubre, 12.641. Una parte importante de los donantes se registraron en las elecciones, cuando fueron a votar. Otra, en el sitio web del INCUCAI.

El equipo de River participó de la campaña en noviembre de 2017.

El equipo de River participó de la campaña en noviembre de 2017.

“La relevancia fue muy fuerte en las redes sociales porque el mensaje era abarcador”, dice Lo Cane. Entre cientos de videos se veían los de Lali Espósito, Facundo Arana, Germán Pavlovsky y Juana Viale; y también los de equipos de rugby, de hockey y de fútbol. Todos sostenían un mismo cartel que decía: “Multiplicate x 7 #LaCampañaDeJustina”.

Pero mientras las semanas pasaban, puertas adentro las cosas se volvían más difíciles. Lo Cane y la madre de Justina, Paola Stello, dormían con ella todas las noches y cada día hablaban con los médicos para seguir el tratamiento, y con otros especialistas para comprender cómo era el mundo de la donación y los trasplantes, un mundo del que casi nadie sabe demasiado y del que todos deberíamos saber un poco más.

Hasta entonces, Lo Cane había tenido un mínimo contacto con todo esto: había decidido dar los órganos de su padre, fallecido en 2009 a causa de un ACV, y él mismo se había anotado como donante al momento de renovar su licencia de conducir (aunque luego se enteró de que, como muchos casos, esa información no había sido trasladada a los registros del INCUCAI).

Donar un órgano es ofrecerse con la generosidad más absoluta; recibir uno es esperar con la paciencia más dolorosa. En esos días hubo abrazos solidarios al hospital de la Fundación Favaloro (adonde Justina había sido trasladada luego de estar 15 días en el Sanatorio de La Trinidad), hubo una maratón y también eventos solidarios en escuelas. La discusión acerca de la importancia en la donación de órganos llegaba a todos los medios, pero el donante no aparecía.

En septiembre, mientras Facebook se inundaba de mensajes de amor cada día, Justina seguía esperando. “Atravesaba esos meses con templanza, dignidad, bondad y alegría”, dice su padre. “Nunca dio un grito. Y se alegraba cada vez que otro chico recibía un órgano”.

La situación no era alentadora: por una complicación, le fue colocada una máquina con dos cánulas que irrigaban su pecho, lo que derivó en una trombosis en su pierna. En uno de esos días, Justina le preguntó a su padre qué iba a pasar si el corazón no llegaba nunca.

La campaña por Justina salió en la portada del diario La Nación el 3 de noviembre de 2017.

La campaña por Justina salió en la portada del diario La Nación el 3 de noviembre de 2017.

“La espera es pura desesperación”, dice Gustavo De Mare, el padre de Vicky, una niña que recibió un trasplante de intestino en 2013, cuando tenía dos años. De Mare, que es parte de la Red Solidaria, fue un participante activo de la campaña por Justina. “En la espera uno puede paralizarse, amedrentarse, llorar y seguir hasta que no haya más alternativas. O puede salir a la búsqueda”.

Su hija había afrontado 25 operaciones antes del trasplante y llegó al estado de emergencia nacional; en otras palabras, su vida pendió de un hilo y también por ella hubo una gran campaña. “Nunca hay que perder las esperanzas, ni siquiera cuando la ciencia y la estadística no acompañan”, sigue De Mare.

“Lo que sí hay que hacer es rodearse de gente positiva y salir a manifestar al mundo: a los colegios, a los medios, a las ONGs, adonde sea”, dice. “Yo estoy seguro de que la familia tan solidaria que donando el órgano de su propio hijo le salvó la vida a mi hija conocía nuestro caso”.

El 6 de noviembre circuló un rumor: Justina podría recibir el corazón de otra niña que, como ella, tenía 12 años. Ésta se llamaba Abril Bogado y había sido asesinada en la periferia de la ciudad de La Plata, en la madrugada del día anterior, cuando dos ladrones emboscaron el auto en el que volvía a casa junto a su familia.

El crimen de Abril, salvaje e inexplicable, conmocionaba a la opinión pública; la expectativa de Justina también. Se trataba de la vida de dos niñas buenas y era insoportable, para una buena parte de la sociedad que apenas podía ser espectadora, no tener la chance de revertir las cosas.

Abril Bogado tenía 12 años.

Abril Bogado tenía 12 años.

La posibilidad de esa donación duró apenas unas horas, hasta que los médicos explicaron que en el caso de Abril no se había podido “llevar a cabo el protocolo de diagnóstico de muerte bajo criterios neurológicos dada la inestabilidad hemodinámica de la niña, hecho que la llevó a un paro cardíaco irreversible, circunstancia que imposibilita la donación de órganos”.

En otras palabras, sólo se pueden tomar los órganos de una persona que haya fallecido, con diagnóstico de muerte encefálica, idealmente en una sala de terapia intensiva. Y ese no había sido el caso de Abril.

Por otro lado, el corazón nunca fue un órgano sencillo. “Su trasplante tiene limitaciones”, dice Horacio Vogelfang, el jefe del Servicio de trasplante cardíaco del Hospital Garrahan, donde se realizan alrededor de 12 intervenciones cada año. “El corazón se debe trasplantar 2, 3 o a lo sumo 4 horas luego del fallecimiento del donante. En cambio, el riñón, por dar un ejemplo, puede ser trasplantado hasta 36 horas después”.

Justina Locane 1

En cuatro meses, la campaña que había impulsado Justina elevaría el número de donantes inscriptos por día de 80 a 330. Unos 16.000 se registrarían sólo por MultiplicateX7. “Nos fuimos dando cuenta de que cuando la gente se informa sobre donación y trasplante, se compromete”, dice Lo Cane.

El año de 2017 terminaría siendo récord en el registro de donantes y también en trasplantes. Sin embargo, estos se mantuvieron en un valor parejo (entre 160 y 202 operaciones) a lo largo de los 12 meses. Esto significa que el número de donantes posibles puede crecer, pero el de donantes reales no. Y eso se debe, más que nada, a los agujeros del sistema sanitario.

Argentina no es el mejor país en esta cuestión. Hoy hay 7.831 personas en la lista de espera del INCUCAI. El año pasado, 799 fallecieron porque el órgano no llegó a tiempo. “Estas muertes están sucediendo hoy, mañana, la semana que viene. Son todas muertes evitables con la donación”, se lee en una carta firmada por un médico especialista, que ha circulado en estos días entre sus colegas. “Esta es una tragedia evitable que está sucediendo en frente nuestro”. ¿A qué se debe la tragedia? Antes que nada, dice quien escribe, a la falta de donantes.

En Argentina hay ahora 13 donantes por cada millón de habitantes. En la Comunidad Europea hay 21. España, el país líder, tiene 47.

Antonio Laje informa sobre la campaña en TV. Foto: MultiplicateX7

Antonio Laje informa sobre la campaña en TV. Foto: MultiplicateX7
Un tweet del actor Facundo Arana. Imagen: MultiplicateX7

Hacia noviembre, cuando mucha gente ya estaba al tanto de la historia de Justina y mucha otra ya había tomado noción sobre la importancia de la donación de órganos, la consigna cambió: Justina estaba muy mal, se encontraba en terapia intensiva y ahora era ella misma el centro de los “corazonazos” que se organizaban en las puertas de la Fundación Favaloro y del INCUCAI.

Y así pasaron los días.

Hasta que llegó el 22 de noviembre.

Y es que esta historia no tiene un final feliz.

“No podemos parar de llorar”, decía la carta pública con la que su familia anunció el fallecimiento de Justina, que ocurrió ese día. “Se nos fue el sol. Se nos fue Justina. Esperó 4 meses y luchó, con todas sus fuerzas, para que llegara ese corazón. Por múltiples factores que afectan al sistema de salud argentino nunca llegó la salvación para ella. Todos los que vivieron una situación igual lo saben. El sistema nunca juega a favor de los pacientes”.

Justina Locane 3

Pero la historia continúa aún luego de su final: la campaña sigue.

De hecho, MultiplicateX7 se ha agrandado y hoy mismo el Senado trata la “Ley Justina” para plantear algunas modificaciones a la Ley Nacional 24.193 de Donación de Órganos. “Esta propuesta simplificará y mejorará el proceso de donación y trasplante”, dice Ezequiel Lo Cane, el impulsor de la Ley Justina. No es casualidad que hoy sea el Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos.

“Tengo muy presente el pedido de mi hija”, sigue. “Es uno de los últimos pedidos que me hizo, y el más importante”. Su objetivo es convertir a Argentina en un país líder en donación y trasplante, y no la tiene fácil. Pero dice que nada lo detendrá para lograrlo.

En noviembre, el mes en el que Justina murió, se registraron como donantes 103.841 personas. Algunos meses antes, en marzo, mientras ella comenzaba las clases de sexto grado en el colegio Sworn sin imaginar que su destino la llevaría a cambiar para siempre la discusión sobre donación y trasplante en Argentina, sólo habían sido 1.721. La vida es impredecible, pero la voluntad de los hombres puede influir en su curso.

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Salud | 29 de mayo de 2018

Por qué miles de niños en Argentina necesitan una Ley Nacional de Equinoterapia

Francisco tiene 18 años y le apasionan los caballos. Cuando tenía un mes y medio de vida, sobrevivió a un paro respiratorio que le causó un daño neurológico severo. Después de varios estudios, los médicos determinaron que Francisco sufría de parálisis cerebral, y que era probable que nunca pudiera caminar ni levantar la cabeza por sí solo. Pero casi dos décadas después, y a pesar del diagnóstico, Francisco camina, levanta la cabeza, y anda a caballo dos veces por semana.

La primera vez que Francisco se subió a un caballo fue cuando apenas tenía tres meses. Luego del paro, los médicos le hablaron a su madre sobre los beneficios de la equinoterapia, y cómo el tratamiento podría ayudar a Francisco a mejorar la postura, adquirir la marcha, y ubicarse en el espacio.

“La equinoterapia le cambió la vida”, dice hoy Elena Cataldi, mamá de Francisco.

Tras ver el impacto que la equinoterapia tuvo en Francisco, Cataldi creó en el 2005 la Fundación de Equinoterapia del Azul, en Salta. La fundación se dedica a la rehabilitación de personas con diferentes patologías, particularmente niños con parálisis cerebral, autismo y otras discapacidades severas, mediante el uso terapéutico del caballo y su entorno.

Hoy en día, la fundación atiende a más de 90 personas, y es una de las 200 instituciones de equinoterapia del país que están impulsando una Ley Nacional de Equinoterapia. A pesar de que 8 provincias ya han sancionado leyes provinciales de equinoterapia, a nivel nacional todavía no existe una ley que regule la actividad, la reconozca como un método terapéutico válido, y por ende la incorpore al Plan Médico Obligatorio de obras sociales y prepagas.

“La equinoterapia mejora mucho la calidad de vida, desde el punto de vista motor, social y emocional. ¿Cómo no voy a querer que más chicos como Francisco puedan acceder a este tipo de terapia?”, dice Cataldi.

La fundación Equinoterapia del Azul atiende a más de 90 personas, y es una de las 200 instituciones del país que están impulsando una Ley Nacional de Equinoterapia.  Foto: Equinoterapia del Azul.
La fundación Equinoterapia del Azul atiende a más de 90 personas, y es una de las 200 instituciones del país que están impulsando una Ley Nacional de Equinoterapia. Foto: Equinoterapia del Azul.

Los orígenes de la equinoterapia se remontan a la Antigua Grecia, cuando los caballos se utilizaban como apoyo terapéutico para personas con patologías incurables. En la edad moderna, la equinoterapia se desarrolló a mediados del siglo XX en Alemania, Austria y Suiza como complemento a la terapia física tradicional, luego expandiéndose a Estados Unidos y Canadá.

En Argentina, la práctica comenzó en 1978 de la mano de María de los Ángeles Kalbermatter, fundadora de la Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para Discapacitados (AAAEPAD). A los 27 años, Kalbermatter fue diagnosticada con cáncer y sufrió una amputación de la pierna derecha. Fue durante su recuperación que descubrió la equinoterapia.

“Vi que en otros países se usaba la equitación como terapia, pero acá no había nada de eso”, cuenta Kalbermatter, que ahora organiza actividades de equinoterapia en el Hipódromo de Palermo y en Campo de Mayo, en la Provincia de Buenos Aires. Allí asisten más de 900 chicos con diversos tipos de discapacidad, ya sea sensorial, física, o mental.

Según expertos, la equinoterapia tiene beneficios físicos, psicológicos y emocionales.
Según expertos, la equinoterapia tiene beneficios físicos, psicológicos y emocionales.

Es una tarde fresca de otoño en el Club Hípico La Horqueta, en San Isidro. En uno de los corrales de equitación, Iñaki se encuentra tomando su clase semanal. Arriba de su caballo, practica su postura, canta canciones, y cabalga de espaldas. Cada vez que pasa en frente de sus padres, que lo observan desde fuera del corral, les manda besos por el aire.

Iñaki tiene 4 años y nació con síndrome de Down. A sus 2 años, empezó a practicar equinoterapia a recomendación de sus médicos para mejorar su equilibrio, postura, y tono muscular.

“Además de todos los beneficios físicos, Iñaki generó un vínculo muy especial con los animales. A la segunda clase ya se había subido al caballo. Le encanta”, dice Alejandra, la mamá de Iñaki.

La equinoterapia se basa principalmente en tres principios terapéuticos: la transmisión del calor corporal del caballo, los impulsos rítmicos y la cadencia de paso equivalentes a los de la marcha humana. A través de distintas actividades sobre el caballo, los pacientes mejoran su postura, equilibrio, y habilidades motrices. Además de los beneficios físicos, expertos en el tema también notan importantes beneficios psicológicos y emocionales.

“Enseñamos a los chicos a cuidar al animal, a interpretar su estado de ánimo. Se genera un vínculo emocional”, dice Celeste Álvarez, instructora de equinoterapia de Iñaki. “Además se genera un autoestima que es fundamental para los chicos que tienen una discapacidad. Los niños pueden pasar situaciones difíciles de discriminación con otros chicos en el colegio. Pero arriba del caballo somos todos iguales”.

Todos los pacientes que practican equinoterapia junto a Iñaki son derivados por sus pediatras, médicos de cabecera, o neurólogos.

Jimena Lupo, licenciada en terapia ocupacional y supervisora de equinoterapia, explica que dependiendo de la patología y edad de cada chico, se arma un plan personalizado en conjunto con el equipo de rehabilitación de cada paciente. En vez de ser una terapia aislada, se trabaja de manera interdisciplinaria y complementaria con el equipo de terapias tradicionales.

Aunque no haya números oficiales, se estima que miles de niños y adultos con discapacidad alrededor del país usen la equinoterapia para complementar otras terapias tradicionales. Sin embargo, solo en 8 provincias (Salta, Tucumán, Mendoza, Chaco, La Pampa, Chubut, Río Negro y Santa Fe) es una actividad regulada y es cubierta por las obras sociales provinciales.

En el resto del país, a falta de una ley que reconozca la equinoterapia como un tratamiento válido y la incorpore en el Programa Médico Obligatorio, las obras sociales no están obligadas a cubrir los costos de este tipo de terapia.

Según Cataldi, quien impulsó el proyecto de ley en Salta en el 2016, uno de los obstáculos más grandes es el costo que conlleva la actividad.

El precio de una sesión de equinoterapia puede costar entre $470 y $800 la media hora, dependiendo del tipo de centro y su ubicación. La mayoría de los niños hacen este tipo de terapia por lo menos una vez a la semana, lo que implica un costo mensual mínimo de $1.880-$3.200.

“El costo de mantenimiento de la equinoterapia es muy alto. La mayoría de los centros que hay a nivel país somos organizaciones sin fines de lucro. Tenemos muchos chicos becados, pero hay otros que no podemos becar y que no pueden entrar porque la obra social no los cubre”, cuenta Cataldi.

Otro de los grandes obstáculos es la falta de evidencia científica que determine de manera definitiva los beneficios de la equinoterapia. Entre 2006 y 2016, se publicaron 156 investigaciones biomédicas sobre la equinoterapia alrededor del mundo. Sin embargo, muchos expertos concuerdan que estos estudios no proveen evidencia conclusiva sobre la efectividad de la práctica. Esto también impacta en la disposición de las obras sociales para cubrir los costos de la equinoterapia.

A sus 7 años, Martina practica equinoterapia hace casi 3 años. A pesar de que su obra social le cubrió el tratamiento los primeros dos años, este año dejó de hacerlo.

“Nos llegó una carta de la obra social diciendo que no iban a cubrir más la equinoterapia y recomendandonos que haga kinesiología porque está comprobado que ese tipo de terapia funciona”, cuenta María Victoria Andrade, la mamá de Martina.

Actualmente, hay 3 proyectos de ley nacionales que esperan ser tratados en el congreso para que chicos como Francisco, Iñaki y Martina puedan acceder a la equinoterapia a través de sus obras sociales.

Además de instituir la equinoterapia como un método terapéutico y complementario de terapias tradicionales, estos proyectos buscan reglamentar la actividad.

“Hay centros que trabajan muy bien, con la infraestructura y el equipo adecuado. Pero necesitamos que haya un ente regulador a nivel nacional que asegure que la actividad se norme y se regule”, dice Cataldi, que es la impulsora de uno de los proyectos.

En marzo de este año, la senadora nacional de Río Negro, Silvina García Larraburu, presentó por segunda vez el proyecto de ley S-394/18 para implementar un Programa Nacional de Equinoterapia que busca “establecer un marco normativo e institucional” y “reconocer el valor terapéutico, biológico, psíquico y social de la equinoterapia”.

En el 2016, el proyecto llegó a la comisión de salud pero no fue tratado. Desde el despacho de la senadora aseguran que hasta ahora no ha habido oposición política hacia el proyecto, pero que es esencial que las organizaciones involucradas y la ciudadanía se movilizen para demandar el tratamiento parlamentario del proyecto, que actualmente espera ser tratado en la comisión de salud.

Con este fin, los centros de equinoterapia alrededor del país lanzaron en las últimas semanas una campaña en redes sociales con el mensaje “Argentina necesita una #LeyNacionalDeEquinoterapia”. Para acompañar la campaña, la Red Nacional de Equinoterapia lanzó una petición en Change.org que ya lleva más de 18.000 firmas.

Firmá la petición para que se sancione la Ley Nacional de Equinoterapia FIRMÁ

Al mismo tiempo, el Club Hípico La Horqueta está llevando a cabo un trabajo de investigación junto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evaluar de manera cuantitativa los beneficios de la equinoterapia.

“La idea es brindar evidencia científica que demuestre que la equinoterapia funciona y que es un tratamiento integral que brinda posibilidades en un ambiente ajeno a los centros de salud”, dice Valeria Moletto, especialista en neurodesarrollo e investigadora de desvíos del desarrollo para la OMS. “Vamos a ir documentando el progreso de un grupo de chicos con parálisis cerebral y autismo y presentar la evidencia a la OMS para que de una vez se pueda generar una ley nacional”.

Salud | 16 de mayo de 2018

Llevar la igualdad de género al mundo de la salud pública

El género puede influir en si uno fuma tabaco, hace ejercicio regularmente o tiene acceso a una alimentación nutritiva. Y dado que más del 75% de la fuerza laboral en el área de la salud a nivel mundial es femenina, también suele determinar quién se ocupará de nosotros cuando estemos enfermos.

En las últimas décadas, la comunidad internacional se ha propuesto la tarea de alcanzar un amplio rango de objetivos sociales y ambientales, muchos de los cuales están consagrados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) para 2030.

Hemos defendido muchos de estos objetivos, así como esfuerzos similares que precedieron a los ODS, porque creemos que estos proyectos colectivos son necesarios para crear el tipo de mundo que queremos para nuestros hijos y nietos. Pero también llegamos a la conclusión de que son demasiados los esfuerzos para cumplir con los compromisos globales que carecen de los mecanismos significativos de reporte necesarios para ser exitosos. Si hablamos en serio respecto de traducir los pronunciamientos ampulosos en un progreso real para la gente y el planeta, esto tendrá que cambiar.

Consideremos la salud pública, una cuestión que afecta a todos. La agenda global en esta área determina las normas y los estándares que forjan la manera en que los actores públicos y privados promueven la salud, previenen las enfermedades y administran la atención médica. Esta agenda incluye iniciativas de investigación y bienes públicos globales como las vacunas y los programas de emergencia en caso de brotes epidémicos. Y reúne a la gente para trabajar en conjunto en pos de ofrecer una cobertura de salud universal y garantizar el derecho de todos a la salud.

En el marco de los ODS, las cuestiones separadas de género y salud están entrelazadas, porque el género en sí es un impulsor importante de resultados en materia de salud. El género puede influir en si uno fuma tabaco, hace ejercicio regularmente o tiene acceso a una alimentación nutritiva. Y dado que más del 75% de la fuerza laboral en el área de la salud a nivel mundial es femenina, también suele determinar quién se ocupará de nosotros cuando estemos enfermos.

Un nuevo desafío para la mujer

Durante décadas, la comunidad de salud global ha hecho caso omiso del papel crítico de las relaciones desiguales de poder, particularmente en relación al género, al determinar los resultados de salud. En este momento, uno pensaría que existe un alto grado de igualdad de género en el sector de la salud. Pero un informe reciente realizado por el grupo de defensa de la igualdad de género Global Health 50/50 demuestra lo contrario.

En verdad, el informe, que revisó el trabajo de 140 organizaciones en el sector global de la salud, es una lectura perturbadora. Muchas de estas organizaciones, vergonzosamente, no abordan las disparidades de género. La mitad de las estrategias de las organizaciones no incluyen un compromiso específico con la igualdad de género; y si bien un tercio sí se centra en la salud de las mujeres y de las niñas, no hacen ninguna mención de los riesgos relacionados con el género.

La situación es aún peor para los hombres y los niños que, sin importar el país, probablemente vivan vidas más cortas y menos saludables que sus pares femeninas. Según el informe Global Health 50/50, sólo un tercio de las organizaciones adoptan una estrategia de género en cuanto a las necesidades de salud de toda la población, y ninguna organización apunta a los hombres y los niños específicamente.

Es más, sólo el 43% de las organizaciones encuestadas han implementado medidas específicas para respaldar las carreras de las mujeres en la salud pública, a pesar de una composición enormemente femenina de la fuerza laboral en el ámbito de la salud. No debería sorprender que la mayoría de estas organizaciones estén dirigidas por hombres. En toda la muestra, el 80% de los presidentes de directorio y el 69% de los jefes ejecutivos son varones.

Organizaciones internacionales en deuda

Para nosotras, uno de los resultados más desalentadores del informe es que las dos terceras partes de las organizaciones no desglosan los datos por sexo. Sin datos, transparencia y una responsabilidad adecuada sobre las disparidades de género, no puede haber ningún progreso en materia de igualdad de género.

De todos modos, los resultados del informe no son todos negativos. La Agencia Sueca Internacional de Cooperación para el Desarrollo, la organización BRAC con sede en Bangladesh, Save the Children International y el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria están entre una decena de organizaciones que hacen un buen trabajo en general. Lo que tienen en común son líderes comprometidos que han adoptado medidas proactivas para garantizar el progreso.

Todas las organizaciones exitosas han adoptado políticas y hojas de ruta claras para impulsar el cambio organizacional. Han establecido sistemas de rendición de cuentas, que incluyen medidas para garantizar que se incluya la competencia de género en las descripciones de los empleos y en las evaluaciones de desempeño del personal. Y han creado entornos laborales flexibles, que incluyen las licencias parentales y otras políticas orientadas a la familia.

De cara al futuro, esperamos ver que todas las organizaciones globales de salud adopten medidas concretas para abordar las deficiencias identificadas en el informe Global Health 50/50. En su defecto, recomendaríamos que el informe del año próximo también clasifique a las organizaciones en cuestión, para dejar en claro cuáles son las que siguen rezagadas.

Las mujeres alguna vez tuvimos que luchar por el derecho al voto, y ahora estamos peleando por una licencia parental paga e igual salario. Pero debemos avanzar aún más, defendiendo también la transparencia y la igualdad de género en la esfera de la salud pública global.

Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda, fue administradora del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Sania Nishtar, que copreside la Comisión Independiente de Alto Nivel de la Organización Mundial de la Salud sobre Enfermedades No Transmisibles, fue ministra federal de Pakistán y fundadora y presidente de Heartfile.

© Project Syndicate 1995–2018

Salud | 14 de mayo de 2018

La sociedad argentina frente al desafío de integrar a las personas con trastornos mentales

Hugo Pérez tiene 57 años y hace 8 años que está internado en el Hospital Neuropsiquiátrico Colonia Domingo Cabred, en Luján. A unos 80 kilómetros, en el barrio de Barracas de la Ciudad de Buenos Aires, Andrea Scaturro y Karina Senabre están internadas hace más de una década en el Hospital Moyano. Los tres tienen mucho en común: padecen un trastorno de salud mental pero hace años que obtuvieron su alta médica. Sin embargo, siguen internados.

La situación de estas personas con padecimientos mentales contrasta con la de personas como José y Angie, quienes viven en Bariloche y, a pesar de haber sufrido psicosis aguda, viven en su propia casa y participan a diario de varios talleres y clases.

Según la Ley Nacional de Salud Mental, sancionada en 2010 y reglamentada en 2013, Hugo, Andrea, Karina, y muchos otros en la misma situación deberían ser trasladados a dispositivos comunitarios fuera del psiquiátrico, como casas de medio camino o viviendas asistidas. Pero a falta de estos recursos, y debido a un lento avance en la implementación de la ley, siguen institucionalizados.

“La ley argentina de salud mental es una ley modelo, es innovadora para la región en materia de salud pública. Entre otras cosas, por su enfoque en los derechos humanos de las personas con trastornos mentales”, sostiene Hugo Cohen, médico especialista en psiquiatría y asesor de la Organización Panamericana de la Salud. “Ahora, cuando uno va a ver cuestiones concretas… la implementación es casi nula”.

Al respecto, el nuevo Director Nacional de Salud Mental, Luciano Grasso, aseguró que se están dando los primeros pasos hacia la implementación de la ley.

Una ley modelo

Entre otras reformas al sistema, la ley prohíbe la creación de nuevos manicomios, exige el cierre de los manicomios existentes para el 2020 y su sustitución por dispositivos alternativos. También establece que las internaciones de salud mental se realicen en hospitales generales.

Desde la comunidad internacional, instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) concuerdan en que este modelo de salud mental comunitaria es el que se debería implementar para un tratamiento más integral y humano de los trastornos mentales.

En un informe sobre el tema, la OMS declara: “Sabemos que las grandes instituciones mentales ya no representan la mejor opción para los pacientes y sus familias. Esas instituciones llevan a una pérdida de habilidades sociales, restricción excesiva, violaciones de derechos humanos, dependencia, y una reducción en oportunidades de rehabilitación”.

El desafío de la implementación

La ley Argentina también requiere de que cada dos años se haga un censo nacional en todos los centros de internación en salud mental del ámbito público y privado.

“La idea del censo no es solamente medir el número de personas internadas, sino también sus condiciones de vida, cuántos años llevan institucionalizadas, cómo viven”, explica Celeste Fernández, coordinadora del área de discapacidad y derechos humanos de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).

Según los plazos establecidos por la ley, ya deberían haberse realizado 4 censos de este tipo. Pero hasta el día de hoy, no se ha realizado ninguno. Los psiquiátricos públicos en el país, según estiman los especialistas, alojan a unas 50.000 personas. Sin incluir a las internadas en instituciones privadas.

“Esta falta de datos impide crear una red adecuada de dispositivos alternativos, no se sabe cuáles son las necesidades de la población, si simplemente requieren de una enfermera en su casa, un programa de reinserción laboral, o una casa de medio camino”, dice Fernández.

Al respecto, Grasso revela que el primer censo de instituciones psiquiátricas públicas y privadas del país estará terminado en diciembre de este año. Luego de obtener el aval de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Órgano de Revisión de Salud Mental, la dirección lanzará dos pruebas piloto en La Rioja y Jujuy esta semana.

Pero según un relevamiento realizado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en el 2017, el censo es solo uno de los elementos de la ley en la que no ha habido avance en los últimos 8 años. “Tampoco se avanzó en un programa orientado al cierre de los manicomios, no se ampliaron los cupos para disponer internaciones por razones de salud mental en los hospitales generales, ni se desarrolló una política de viviendas asistidas para quienes podrían ser externados”.

Según las organizaciones de la sociedad civil mencionadas, la falta de avance en la implementación de la ley no solo se da en la Ciudad y provincia de Buenos Aires, sino en casi todo el país.

“Los hospitales psiquiátricos en Córdoba, Mendoza y Santa Fe viven una situación muy parecida. Usan la medicación como único método de tratamiento, la sobremedicación como método de normalización de conductas, el encierro como medida terapéutica”, dice Macarena Sabin Paz, coordinadora del área de salud mental del CELS. “Todas estas son prácticas que produce el mismo sistema manicomial”.

Falta de capacitación

La falta de avance en la implementación de la ley de salud mental se arraiga en una confluencia de factores. Uno de ellos es la falta de capacitación adecuada de los profesionales.

“Históricamente, las currículas y los planes de formación están vinculados a un modelo asistencial e individual, donde se privilegia el hospital psiquiátrico. Estamos formados para trabajar en el ámbito privado”, dice Grasso. “Tener profesionales que tengan otra mirada requiere otro tipo de formación. No hay una mirada integral, de procesos terapéuticos y comunitarios”.

En este sentido, la Dirección Nacional de Salud Mental en colaboración con la OMS busca implementar una estrategia de formación de profesionales.

“Tenemos una línea de capacitación en la cual se los entrena para abordar los temas de salud mental en el primer nivel de atención y a abordar las urgencias en las guardias”, cuenta Grasso. “Pero también hay que tratar de avanzar en reformas curriculares en la carrera de grado. Para eso estamos planificando reuniones con distintas facultades para acercarles un documento con sugerencias curriculares”.

La línea de capacitación usa las guías de entrenamiento del programa de acción para superar las brechas en salud mental (mhGAP por sus siglas en inglés) de la OMS.

El desafío presupuestario

Otra barrera, hasta el momento, es la presupuestaria. Según lo establecido por la ley, el presupuesto otorgado a salud mental debe ser por lo menos un 10% del presupuesto total de salud. Sin embargo, un informe realizado por ACIJ muestra que, en base a los datos disponibles, el presupuesto de salud mental representa menos del 2% del total destinado a salud.

Asimismo, solo alrededor del 0.03% del presupuesto de salud está destinado a la Dirección Nacional de Salud Mental, que se encarga de ejecutar la ley sancionada en 2010.

“En gran medida, los recursos presupuestarios siguen estando fuertemente vinculados a los hospitales psiquiátricos y no a recursos para que la gente pueda vivir en la comunidad y no en los psiquiátricos”, dice Sabin Paz.

Sobre este aspecto, Grasso aclara que se están implementando partidas presupuestarias que no provienen del presupuesto específico de la Dirección Nacional de Salud Mental.

“Hay muchas acciones que tienen un financiamiento muy importante por fuera de la dirección”, dice Grasso. “El costo de la construcción de viviendas se está presupuestando bajo el Ministerio de Salud y el de Obras Públicas. Y la OPS financia parte del censo y la formación del mhGAP”.

Un cambio social

Tanto Grasso como las organizaciones de sociedad civil concuerdan que, para lograr una reforma integral del sistema de salud mental, es tan importante un compromiso político como social.

“Nadie debería vivir en un hospital. Tenemos que aprender a ser tolerantes con la diversidad y convencer que alguien con un trastorno de salud mental no es peligroso” dice Grasso. “La desmanicomialización la hacemos si nos juntamos políticos, trabajadores, usuarios de salud mental y familiares, para transformar lo imposible en posible.”

*Foto de portada: Hospital psiquiátrico Melchor Romero en La Plata. Crédito: CELS.

Salud | 9 de mayo de 2018

Chau manicomios: Cómo Río Negro se convirtió en un modelo mundial con su programa de salud mental

A sus 47 años, José González es tímido, serio. Raramente sonríe. Pero cuando la música empieza a sonar en el salón cultural de Bariloche, deja el mate de lado, agarra la mano de su novia, Angie, y sale a la pista a bailar. Los rodean otras parejas, familias, niños, algunos con la cara pintada, otros vestidos con trajes coloridos de murga.

Es una escena que, para un observador común, podría estar sucediendo en cualquier parte del mundo. Pero para José y Angie, la realidad en esta tarde lluviosa, de música y mates compartidos, sería otra si no fuese por el hecho de que viven en la provincia de Río Negro, en Argentina.

José estuvo internado 11 años en el hospital general de Bariloche por psicosis aguda. En su expediente clínico, los médicos lo habían clasificado como un “Psicótico Crónico Irrecuperable”. “Me desesperaba por salir”, cuenta.

Alrededor suyo, animadas por la misma música, las historias se repiten. Angie también sufría de psicosis aguda y pasó varios meses internada. Maxi, de 27 años, estuvo internado en el hospital dos años y medio. “Los psicólogos decían que me iba a quedar loco”, dice. Cristian estuvo encerrado en su propia casa toda su infancia y adolescencia, lo que le causó un retraso mental profundo. De hecho, a los 33 años solo habla unas pocas palabras, pero se comunica con su mirada, con su sonrisa, con su baile.

Si estas personas vivieran en otra provincia, lo más probable es que en vez de estar bailando con sus vecinos y familiares, estarían internadas en hospitales psiquiátricos. Pero un movimiento liderado por médicos, psicólogos, y otros profesionales cambió el paradigma de la salud mental en Río Negro. Y con ello, las vidas de José y Angie, entre muchas otras.

José González y Angie Barrios estuvieron internados por cuadros graves de psicosis aguda. Ahora viven juntos en una casa en Bariloche. / Fotos: Lucía Wei He
José González y Angie Barrios estuvieron internados por cuadros graves de psicosis aguda. Ahora viven juntos en una casa en Bariloche. / Fotos: Lucía Wei He

Sobre una calle de ripio, a pocas cuadras del centro de la ciudad de Bariloche, se encuentra el Centro Cultural Camino Abierto. Detrás de unos murales coloridos, funciona lo que se conoce en el ambiente de la salud mental como una estructura intermedia: un dispositivo de inclusión social para personas con problemas de salud mental.

“Hay dos paradigmas de atención en salud mental. Uno que tiene que ver con un modelo más guiado al control, a la medicación, a proteger más a la familia y a la sociedad que a las personas. Y otro de salud mental comunitaria, en el cual el fin principal es la inclusión”, explica Mirta Elvira, psicóloga y fundadora de Camino Abierto.

El objetivo de Camino Abierto es tratar los síntomas de trastorno mental que no se suelen tratar en instituciones tradicionales como hospitales psiquiátricos: la retracción, la exclusión, la estigmatización social. Esos síntomas, según explica Elvira, causan un dolor a veces mucho mayor que los síntomas que se suelen tratar con medicamentos, como las alucinaciones y los delirios.

Con el fin de lograr esta inclusión, el centro cultural organiza distintos talleres para los vecinos. Dependiendo de la época del año, reúne entre 25 y 85 personas por día. Allí, José hace talleres de Inglés y literatura, mientras que Angie toma clases de cerámica y carpintería.

El centro también ofrece talleres de teatro, yoga, radio y cinematografía. Además, cuenta con una empresa social que confecciona bolsas reciclables, uniformes hospitalarios, entre otros productos. En 2009, los participantes formaron su propio grupo de murga, Salto de Alegría. Así, en la mayoría de los eventos culturales de la ciudad, se los puede ver bailando junto a otras murgas, con sus trajes amarillos y verdes.

Celebración de los 10 años de la Fundación Camino Abierto.
Celebración de los 10 años de la Fundación Camino Abierto.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 4 personas en el mundo padece de algún tipo de trastorno mental. Dentro de esta población, dos tercios no reciben ningún tipo de atención, alerta la OMS. Y los que si la reciben, se encuentran generalmente internados en hospitales psiquiátricos (o manicomios). Contra todo lo previsto, estas instituciones conducen a la pérdida de habilidades sociales, restricciones excesivas, dependencia, y violaciones de derechos humanos.

Este no es el caso de Río Negro.

Esta provincia fue la primera en la región en implementar una Ley de Salud Mental, en 1991. Y es la única en el país que pudo concretar el proceso de desmanicomialización: la transición de un modelo basado en el encierro en hospitales psiquiátricos, a un modelo en el que se crean diversos dispositivos para lograr que las personas puedan eventualmente reinsertarse en la sociedad.

Río Negro tiene 33 municipios, de los cuales 31 cuentan con equipos interdisciplinarios de salud mental. Hace 30 años que se cerró el último psiquiátrico que funcionaba en la provincia y  que no se practica electroshock sobre personas con trastorno mental (una práctica aún común en el resto del país, incluyendo la Ciudad de Buenos Aires).

En vez de ser institucionalizados en psiquiátricos, las personas afectadas con trastornos mentales se atienden en los hospitales generales de la provincia, que cuentan con guardias de salud mental y médicos capacitados en el tema. Muchos de ellos se formaron en la Residencia Interdisciplinaria de Salud Mental Comunitaria, de la cual participaron más de 80 profesionales desde 1994.

“Hay servicios que trabajan muy bien. De hecho hay profesionales que vienen desde Estados Unidos o Canadá para capacitarse en Río Negro”, cuenta Hugo Cohen, médico especialista en psiquiatría, ex jefe del programa de salud mental de Río Negro, y uno de los líderes en la redacción e implementación de la ley.

Cohen, quien también viajó por toda la región como asesor de salud mental para la Organización Panamericana de la Salud, considera que uno de los equipos que mejor trabaja en el mundo se encuentra en un pequeño pueblo rionegrino reconocido por sus montañas y bosques: El Bolsón.

El Hospital de Área de El Bolsón cuenta con un equipo de salud mental, un centro cultural, una huerta orgánica, un hogar, y una empresa social.
El Hospital de Área de El Bolsón cuenta con un equipo de salud mental, un centro cultural, una huerta orgánica, un hogar, y una empresa social.

Dentro del Hospital de Área de El Bolsón, pasando el sector de clínica general y antes del de ginecología, se encuentra el sector de salud mental. Allí trabaja un equipo de 25 personas formado por psicólogos, médicos, trabajadores sociales, y residentes de psicología.

El servicio, que opera hace casi 40 años, atiende a personas con trastornos mentales, evalúa su situación y formula una estrategia interdisciplinaria para su tratamiento. Algunas veces, la persona requiere de una internación en el hospital general, pero en la misma sala que cualquier otro paciente. Es más, muchas veces, la mayor parte del trabajo sucede fuera del hospital.

“Si bien el problema es de salud mental, no podemos pensar en una respuesta solo desde una perspectiva sanitaria”, dice Sandra Caccavo, jefa del servicio de salud mental del Hospital de Área de El Bolsón. “Una institución psiquiátrica quita la identidad, hace uniforme a las personas. Se necesita una red de instituciones y de comunidades para lograr su reinserción social”.

En El Bolsón, esta red consta no sólo del equipo que trabaja en el hospital, sino también de un salón donde se realizan diversos talleres y un hogar donde las personas con trastornos mentales pueden bañarse y cocinar. Además, una empresa social los capacita en servicios profesionales como catering y turismo. Esta es una de las 8 empresas sociales que emplea a personas con trastornos mentales, en la provincia.

“Nosotros evaluamos la autonomía que perdieron en su vida, su trabajo, sus lazos personales. Y para revertir esa situación, los acompañamos al supermercado y a hacer trámites”, cuenta Caccavo.

Otra figura clave en esta red interdisciplinaria es el operador de salud mental, miembros de la comunidad que se capacitan para acompañarlos en el proceso de recuperación. Estas personas, además de asistirlos en temas relacionados con medicamentos y visitas médicas, los ayudan a recuperar habilidades que han perdido, ya sean laborales o interpersonales.

“Es importante saber que hay un lugar donde ellos pueden hacer cosas a la par de otros”, dice Ramón Domínguez, un cocinero del hospital que hace más de 20 años decidió capacitarse para ser un operador de salud mental. “Las actividades los saca de la penumbra de su crisis, los saca de su enfermedad”.

En Río Negro, la transición de un sistema manicomial a uno de salud mental comunitaria no fue fácil ni rápida.

“El tema de la ley fue complejo, se debatió mucho”, escribió Cohen en una nota publicada hace algunos años. “Cambios tan profundos como buscar respuesta humanas y justas para los que tienen sufrimiento mental es muy difícil concretarlo desde arriba a través de leyes y academias”.

En Río Negro, estos cambios fueron posibles gracias al trabajo territorial de diversos actores clave (psicólogos, psiquiatras, políticos, expertos en salud mental) que juntaron esfuerzos para establecer un régimen de salud mental alternativo en la provincia.

“Fue un trabajo de hormiga”, cuenta Elvira, quien hacía recorridas por el barrio con mate en mano para hablar con los vecinos que se oponían a la apertura de Camino Abierto.

Eventualmente, este trabajo culminó en el cierre del último neuropsiquiátrico de la provincia en 1988, la sanción de la ley en 1991 (que fue redactada por Cohen y otros expertos en el modelo de salud mental comunitaria) y su consiguiente reglamentación.

Todavía quedan desafíos y discusiones, como concordar un presupuesto adecuado para el programa de salud mental de la provincia, pero las principal batalla, la de sensibilización, está ganada.

“No todos los servicios de la provincia funcionan bien. Hay algunos que tienen que mejorar y otros que no son recomendables”, dice Cohen. “Pero lo importante es que en la provincia el tema ya no es una cuestión de partido político. Está instalado que el encierro no funciona”.

Usuarios de salud mental de Camino Abierto celebran los 10 años desde la apertura del centro.
Usuarios de salud mental de Camino Abierto celebran los 10 años desde la apertura del centro.

Cuando Mirta Elvira decidió abrir el Centro Cultural Camino Abierto en el 2009, Carmen Ruiz, una vecina del barrio, fue a una radio para hablar en contra de la apertura del centro. “Los vecinos decían que iban a venir violadores, gente de las cárceles”, cuenta Carmen. Para impedir que se instale el centro en su barrio, Carmen juntó firmas de vecinos para apelar la decisión.

Una tarde lluviosa, diez años después, Carmen se encuentra en el salon cultural de Bariloche. Allí, ella baila, actúa y comparte mates con José y Angie. Desde hace una década que participa de los talleres de Camino Abierto. ¿Qué cambió?

“Conocí a las personas con trastornos mentales, entendí su realidad”.

Salud | 25 de abril de 2018

No jugaré: la dura recuperación de los jugadores compulsivos

Muchos de ellos perdieron todo y algunos terminaron internados. Pero otros lograron frenar a tiempo. En un país en el que hay 98.717 máquinas tragamonedas, ¿cómo es la vida de los ludópatas que eligen pelear contra su adicción y qué organizaciones existen para ayudarlos?

***

“Hoy mentís, mañana robás y pasado matás”. Marta lo asegura con naturalidad. Dice que es progresivo, que el juego se va apoderando de la persona hasta pararla sobre el límite de lo trágico e irreversible.  

La de Marta pudo ser una tragedia. Fue un día de semana a las ocho de la noche. Llevaba 10 horas de juego en el bingo Congreso de Belgrano. Llevaba 2 años jugando 10 horas por día. Había mentido para que ni su marido, un empresario, ni sus hijos, en aquel momento de 8 y 14 años, supieran que se pasaba el día jugando cartones de bingo. También había robado dólares de una caja fuerte familiar que tenían en un banco, más o menos lo que sale un departamento.

Esa noche, luego de esas 10 horas habituales de juego, sintió que el bolillero giraba en su cabeza. “Empecé a gritar números. El bolillero giraba y yo cantaba los números que iban saliendo. No podía dejar de hacerlo. Salí a la calle, me agarré la cabeza, me la sacudí, pero no podía hacer que el bolillero parara”.

Marta iba de un lado a otro gritando números. Estalló su cabeza contra una pared. La llevaron en ambulancia a un hospital, la sedaron y le curaron la herida en la cabeza. Al médico le mintió, le dijo que se había caído.

Fue la última vez que mintió para ocultar que era jugadora compulsiva y la última vez que jugó. El auxilio lo encontró en un grupo de jugadores anónimos al que nunca dejó de ir: “Llevo 16 años, ocho meses y tres días sin jugar”.  

* * *

Las apuestas en los juegos de azar tienen miles de años. Hay dados primitivos hechos de huesos de ovejas del año 3500 A.C. El Imperio Romano llegó a decretar que los niños debían aprender el arte de las apuestas. Sin embargo, el deseo desenfrenado de jugar fue considerado patológico por la Asociación de Psiquiatría Americana recién en 1980. Y la Organización Mundial de la Salud lo incluyó dentro de los trastornos de los hábitos y del control de los impulsos 12 años después, en 1992.

“Es una enfermedad”, afirma la psicóloga Norma Yegro. Desde 2005 y después de una década trabajando en centros de adicciones, se ocupa de ayudar a los ludópatas. Es la coordinadora del Centro provincial de Prevención y Atención al Jugador Compulsivo de Avellaneda. “Es una enfermedad psíquica, una adicción comportamental. La compulsión no es por consumir una sustancia sino por la necesidad irrefrenable de jugar”, amplía Norma y cuenta que actualmente tiene 60 pacientes en recuperación. Subraya “en recuperación”. Y después explicará que el alta puede llevar entre un año y dos. Nunca hablará de cura: “Frenamos la compulsión, pero cada paciente debe seguir una terapia individual para elaborar lo que está por debajo del juego y hace que exista una situación latente”.

Norma dice que es feliz en el trabajo. Cuando un paciente logra el alta, organiza un festejo. Van otros jugadores que participan de los grupos de terapia y familiares. Meriendan. Se abrazan mucho. A veces lloran. Con varios sigue en contacto. Algunos la visitan, buscan afecto.

“La compulsión al juego tapa una angustia. Vienen personas que no superaron la muerte de un familiar, veteranos de Malvinas, echados del 2001, abuelos solos o gente que simplemente no encontró cómo reemplazar su deseo de jugar al fútbol. Angustiados”. Dice eso, pero aclara que no todas las personas tapan la angustia con una compulsión. “No a todos nos pasa”. Piensa unos segundos y señala: no todos se animan a hablar de lo que lo angustia y tampoco todos tienen alguien con quien hablar. Y expone que uno de los primeros síntomas del jugador compulsivo es jugar solo.

* * *

Miguel tiene 74 años y hasta hace siete era vendedor de pintura. Trabajaba en la calle. Trabajaba solo. Salía temprano de su casa de Lomas del Mirador, partido de La Matanza, para levantar pedidos y cobrar lo que la empresa ya había entregado. Cuando los clientes lo hacían esperar, hacía tiempo en el bingo de Lanús. Jugaba a las máquinas tragamonedas. Jugaba solo.

Lo hizo entre 2008 y 2011, tres años vertiginosos en los que pasó de hacer tiempo en el bingo a estar de ocho de la mañana a seis de la tarde. Jugó sus ahorros, pidió prestado y terminó robando: usó el dinero que recaudaba para la empresa. “Llegaba a casa y no quería que me hablaran. Si me preguntaban algo, encontraba una excusa para irme a caminar solo. En el único lugar donde estaba bien era frente a las maquinitas. Me sentía Rockefeller, pero no tenía un mango”.

Miguel entró en tratamiento en un centro para ludópatas en 2011. Tuvo miedo de que su familia, su mujer y sus dos hijas, lo dejara. En 2013 le dieron el alta y aunque se anima a decir que se considera curado, tiene un hábito que lo hace sentir seguro. Cuando cobra la jubilación, hace compras o paga impuestos, le rinde cuentas a su mujer. Casi no maneja plata.

“Estoy alerta, pero curado. Siento que no tengo tiempo”, dice. A la mañana, lleva a su nieto de 3 años al jardín. Y al mediodía lo va a buscar. A la tarde lo cuida junto a su mujer. “Si tengo un rato libre, me pongo a planear el viaje a Salta. Voy a subir a un avión por primera vez”, anuncia y aunque dice que es un “llorón” (y que el día del alta se lloró “todo”)  se muestra firme. La seguridad no es sólo patrimonio personal: “Nunca estoy solo”.

* * *

En la ciudad de Buenos Aires hay dos salas de juego: el Hipódromo de Palermo y el casino de Puerto Madero. También, 1274 agencias de lotería.

En la provincia de Buenos Aires hay 11 casinos, 45 bingos, 4370 agencias de lotería y 90 agencias hípicas.

En todo el país hay 98.717 máquinas tragamonedas.

Hasta 2016, la Argentina ocupaba el noveno puesto entre los países con más tragamonedas del mundo, según un informe de The Gaming Technologies Association, institución que agrupa a fabricantes australianos de ese tipo de máquinas. Se ubica detrás de Japón, Estados Unidos, Italia, Alemania, España, Australia, Reino Unido y Canadá.

En la ciudad de Buenos Aires y los 40 municipios bonaerenses que conforman la región metropolitana, entre el 0,83 % y el 1,18 % de las personas padece ludopatía, según un relevamiento de la Universidad Di Tella hecho en mayo de 2015. Algo así como un jugador compulsivo cada 100 personas. Como en la región viven 15 millones de personas, cerca de 150 mil porteños y bonaerenses podrían estar atravesando problemas para dejar de apostar.

El informe concluye que la incidencia local puede ser considerada “moderada o baja” si se la compara con estudios hechos en otros países, donde la prevalencia va de un 0,2 % a un 7 %. Sin embargo, se expone que la incidencia argentina es alta si se la compara con la de Nueva York (0,5 %) o muy baja si se la confronta con la del estado de Florida (3,5 %).

Para asistir a los ludópatas, la provincia de Buenos Aires tiene 10 centros especializados, que entre 2005 y 2018 atendieron 7765 personas.

La ciudad de Buenos Aires no tiene centros especializados, pero deriva a los jugadores a los hospitales Rivadavia, Álvarez y Clínicas, a un centro de salud mental o a un centro de sindicato de los trabajadores del sector. 

Jugadores Anónimos de Argentina tiene 70 grupos en por lo menos 15 provincias. Asiste a unas 700 personas.  

Tanto la ciudad como la provincia de Buenos Aires tienen un 0800 para orientar a los jugadores y cuentan con un programa de autoexcluidos, un sistema por el cual los ludópatas pueden pedir que se les prohíba entrar a bingos y casinos: 1530 porteños y 1625 bonaerenses tienen vigente ese pedido. Los jugadores del resto del país también cuentan con los centros de asistencia que los institutos de lotería provinciales tienen a lo largo del todo el territorio nacional.

La red sanitaria es escasa si se contempla la posibilidad de que sólo en la región metropolitana podría haber 150 mil personas enfermas por el juego. La demanda latente es evidente: el año pasado, Loterías de la Provincia de Buenos Aires hizo una campaña publicitaria y de difusión en barrios y escuelas. Las llamadas al 0800 pasaron de 787 en 2016 a 1992 en 2017.

* * *

Carlos Casasa tenía 19 años cuando empezó a trabajar en un casino de La Pampa. Ahora tiene 46 y es el gerente de operaciones del Hipódromo de Palermo, el lugar del país donde más tragamonedas se concentran: unas 4500.

En un día, recibe cerca de 10.000 jugadores. Unos 100 podrían ser jugadores compulsivos, siguiendo la prevalencia diagnosticada por la Universidad Di Tella.

Carlos dice que los ve, que hay jugadores que pueden estar sentados 10 horas frente a una máquina. Y asegura que cuando ocurre eso, intentan cortarles el juego con conversaciones, sugiriendo que se vayan a descansar, que vuelvan mañana.

“Hay jugadores que se hacen pis encima por no dejar de jugar. No se dan cuenta o no quieren dejar la máquina”, asegura Carlos y jura que le pasó en todos los casinos en los que trabajó: La Pampa, Mendoza, Trelew y Puerto Madero.

El Hipódromo tiene, por turno, 40 empleados de seguridad y 70 auxiliares que recorren las máquinas tragamonedas. También 1200 cámaras. Esa estructura le sirve, entre otras cosas, para tratar de evitar que los autoexcluidos entren a la sala. Muchos jugadores piden que no los dejen entrar, firman los formularios de autoexclusión, acceden a que les saquen una foto y hacen el trámite ante un testigo y una persona de su confianza. “Pero muchos quieren volver a entrar. Se dejan la barba, se cortan el pelo, se ponen peluca. Se disfrazan”, cuenta Carlos.

A veces los frenan en el acceso, cuando los reconocen los empleados de seguridad, que todos los días deben memorizar desde una tablet las caras de los autoexcluidos. O los reconocen los de monitoreo de cámaras. Otra veces logran entrar y juegan durante horas.

* * *

En el Hipódromo de Palermo tienen un programa para prevenir la ludopatía. Distribuyen folletos sobre la enfermedad, pegan calcomanías sobre el tema y pasan videos que hablan del juego compulsivo en los televisores de las salas. Le llaman programa de Juego Responsable.

El mismo nombre le pusieron otros 20 casinos y bingos de la Cámara Argentina de Salas de Casinos y Bingos para acciones muy parecidas. Lotería de la Ciudad también define así su programa para prevenir la ludopatía. Lotería de la Provincia, en cambio, enmarca sus campañas bajo el nombre de programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo.  

Javier, un jugador compulsivo que está en recuperación hace 7 años, considera que no puede jugar de manera responsable y cree que pedirle eso es como sugerirle a un alcohólico que tome un vaso de vino, pero que lo haga de manera responsable.

La obsesión de Javier era la quiniela. Jugaba a las 11 loterías del día. A 20 números por lotería. Hacía 200 apuestas por día. “Soy pastelero y trabajaba en dos panaderías. De los dos sueldos, uno y medio me lo jugaba. Recién el año pasado terminé de pagar las deudas”.

Javier tiene 42 años, es de Caseros, está divorciado y tiene tres hijos. Los ve a los cuatro. Considera que ahora se llevan bien. La salida la encontró en un grupo de jugadores anónimos, una asociación de la que es el presidente a nivel nacional. En el grupo le enseñaron a elegir a un poder superior a él y más poderoso que el juego. Algunos eligen a su mujer, a un amigo, a otro jugador. Él, como la mayoría, eligió a Dios. “La idea es que ese poder más grande que nosotros mismos pueda devolvernos una manera normal de pensar, sentir y vivir”.

Para Javier, haber pedido perdón le ayudó a recuperar a sus afectos. A la madrugada, desde Córdoba, en una reunión nacional de jugadores anónimos, llamó a su mujer por teléfono: “Le pedí perdón. Por todo lo que falté en casa, porque la trataba mal, porque la insulté mucho”.

* * *

Buenos Aires es una de las provincias que tiene una red específica para tratar al jugador. Al analizar el perfil de las 7765 personas que se atendieron en los centros especializados en los últimos 14 años, se desprende que el 53 % fueron hombres y el 47 % mujeres. 7 de cada 10 jugadores compulsivos tenía entre 31 y 60 años cuando pidió ayuda. Los que terminaron el secundario o completaron el primario representaron el 60 %. La mitad eran empleados, un 20 % autónomos, un 11 % amas de casa y un 7 % jubilados.

Respecto al hábito, el 81 % jugaba todos los días. Y sobre el tipo de juego, el 64 % tenía a las máquinas tragamonedas como juego favorito, un 14 % a la ruleta electrónica, un 8 % a la ruleta tradicional, un 4 % al bingo y un 3 % a la quiniela.

Lo que no puede determinar la estadística es cuánto sufren por tener la necesidad irrefrenable de jugar. “La ludopatía es una adicción con índices muy altos de suicidio”, asegura Vanina Naccarati, directora de la Fundación WGM para la Prevención de la Ludopatía.

Vanina se basa en un trabajo presentado por Montserrat Gómez García, docente del postgrado en Adicciones Comportamentales y Manipulación Psicológica de la Universidad de Barcelona. En ese trabajo, la especialista señala que “se considera que hasta un 90% de los jugadores patológicos presentan ideación suicida, por lo que se constata que la tasa de suicidio entre los ludópatas es seis veces superior a la de la población general”.

La Fundación WGM asiste a organizaciones vinculadas a los juegos de azar y trabaja en la instrumentación de medidas preventivas. Vanina señala que muchos casinos capacitan al personal sobre juego compulsivo y establecen buenas formas de advertirle al jugador sobre los riesgos de ingresar en un ciclo compulsivo. “Pero muchos casino solo pegan stickers con un mensaje sanitario. Y con eso solo no alcanza”, advierte y remarca como negativo que en la ciudad de Buenos Aires no haya centros públicos especializados en atención al ludópata.

La falta de redes de contención y tratamiento aparecen pese a que el juego le aportó a los estados provinciales $ 12.600 millones en 2016, según datos de la Asociación de Loterías Estatales Argentinas (ALEA).

* * *

“El mensaje que yo quiero dar es que no existe el término ex jugador”. Marcelo es porteño, tiene 41 años y tiene una productora de televisión. Para él, como para los demás jugadores entrevistados, el que tuvo una compulsión por el juego tiene que mantenerse alerta, seguir asistiendo a un grupo de autoayuda, hacer terapia individual y sumar herramientas para evitar recaídas.

Marcelo se dio cuenta de que estaba enfermo hace seis años, cuando en 35 días perdió $ 200 mil de una indemnización. Se iba “de gira”: salía a las 9 de la mañana y recorría los casinos de Tigre, Palermo y Puerto Madero. Volvía a su casa a las ocho de la noche.

En 2014 firmó la autoexclusión en Palermo. Pero a los días volvió a ir. Nadie lo detuvo: “Hasta robé. Porque me encontré una tarjeta de débito en el cajero, cuando todavía no los habían prohibido, y saqué plata que no era mía”.

Encontró contención en un grupo de jugadores anónimos. Y aunque tuvo recaídas, hace un año que no juega. “El cambio es interno. En mi caso estoy corrigiendo defectos de carácter. Yo jugaba cuando sentía tristeza, resignación, enojo. Y aunque sabía que siempre que iba a jugar salía peor del casino, no podía detenerme”.

El sentimiento de Marcelo es el que los psicólogos señalan como la necesidad de jugar para perder o jugar para inconscientemente repetir una pérdida vinculada a lo emocional.

* * *

Con 10 días de diferencia, en marzo pasado ingresaron al Senado dos proyectos de ley sobre prevención de la ludopatía. El 16 de marzo, entró uno del senador mendocino Julio Cobos. Y el 26 de marzo, otro del jujeño Mario Fiad. Los dos pretenden instaurar un 0800 nacional, crear un registro nacional de autoexcluidos e instrumentar campañas de difusión. También instan, según cada proyecto, a que las salas pongan relojes para que el jugador sepa qué hora es y hace cuánto juega; pretenden prohibir que los programas de fidelización premien con crédito para seguir jugando y que haya cajeros en un radio de 300 metros del predio; y establecen incluir compulsivamente en el registro de autoexcluidos a quienes están obligados a pagar cuotas alimentarias por sus hijos.

No es la primera vez que al Congreso llegan iniciativas para instaurar un plan nacional para prevenir el juego compulsivo. La ex diputada nacional Gabriela Albornoz, hoy legisladora en Jujuy, fue una de las que en su momento impulsó un proyecto. En los considerandos de la propuesta, que ya perdió estado parlamentario, relevó como primer antecedente un proyecto de ley de 2011.

El proyecto de Cobos también pretende bancarizar la actividad para prevenir la evasión fiscal, algo que según reconoce el propio senador puede hacer aún más complicado que el proyecto avance. “Si habláramos sólo de la prevención de la ludopatía, podría salir más rápido”, señaló Cobos y agregó: “Insistiremos y si vemos que hay trabas, dividiremos el proyecto en dos para que una cosa no frene la otra”.

Al Congreso, según revelan desde el entorno del senador, los que fueron a quejarse por la iniciativa fueron los casinos. Lo que más temen los casinos es la bancarización, algo que desalentaría al jugador que esconde su compulsión. Y se puede explicar con una cifra: aunque no hay cajeros automáticos, en las cajas del Hipódromo de Palermo, por ejemplo, se puede pagar el crédito con tarjeta de débito, pero apenas el 3 % de las apuestas ingresa por esa vía, según afirman en esa sala de juegos. O sea que el 97 % son apuestas en efectivo. “Si prospera la ley, los pagos quedarían registrados. Y la gente, el jugador, tendrá registro real de todo lo que jugó”, afirma Cobos.

Podrían calcular cuánto perdieron en un mes, un año o una década. Sus familiares, a quienes suelen engañar para ir a jugar, podrían dimensionar a través de los resúmenes de cuenta su comportamiento con el juego. Porque como señala Marta, el primer testimonio publicado en esta nota, uno de los primeros síntomas del jugador compulsivo es el de mentir para ocultar que no puede dejar de jugar.

Fuente: Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo de la Provincia de Buenos Aires.
Fuente: Programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo de la Provincia de Buenos Aires.
Salud | 24 de abril de 2018

Cómo luchan contra la tentación del suicidio los jóvenes de Fiambalá

Los suicidios se han convertido en la segunda causa de muerte entre los jóvenes de Argentina. Por año, afecta a 14 de cada 100.000. Una ciudad catamarqueña logró revertir esa tendencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que para 2020 el suicidio y la depresión serán epidemia en el mundo. Y el Centro de Asistencia al Suicida (CAS) alerta desde su página web que el suicidio juvenil se ha convertido en la segunda causa de muerte de ese grupo etario afectando cada año a 14 de cada 100.000 jóvenes en Argentina.

“Si bien el suicidio existe desde siempre, en las últimas décadas la cantidad de personas que optan por terminar con sus vidas ha acelerado su aumento. El alcohol, las droga, el bullying, el ciberbullying, la bulimia, la anorexia, la falta de contacto humano, de familia… hace que se camine hacia un sinsentido que acercan al suicidio”, explica la presidenta del CAS, la psicóloga Fernanda Azcoitía.

Este sinsentido afecta a las poblaciones más vulnerables: los adolescentes y jóvenes. Por eso, la OMS destaca que el suicidio es la segunda causa de muerte en los jóvenes de entre 15 y 29 años.

En ese contexto, cabe pensar que es necesaria una política pública para trabajar en prevención y asistencia. Sin embargo, detalla Azcoitía, “desde el estado nacional no se ha hecho nada integral. En 2015, se sancionó y promulgó la Ley 27.130, de Prevención del Suicidio. Pero aún no se reglamentó”.

Consultado el Ministerio de Salud de la Nación, organismo responsable de la reglamentación de la ley, respondieron vía mail que la ley “se encuentra en proceso, siguiendo los pasos administrativos del ministerio”.

Pero algunas provincias sí han legislado sobre el tema. Un ejemplo es Catamarca, que tiene la ley provincial 5262, sancionada en 2008 y reglamentada en 2010.

Tasas de suicidio por provincia:

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en 2013, en Catamarca se suicidaron 43 personas. Ese año los habitantes de Fiambalá, una de las localidades más afectadas por esta problemática, contabilizaron 18 suicidios en jóvenes de entre 12 y 23 años.

Para ayudar a armarse una composición mental sobre el impacto del suicidio en Fiambalá, cabe contemplar que según el Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC), en 2010, esta localidad del oeste de Catamarca tenía 4.639 habitantes y si se suma a los ciudadanos de las localidades linderas ascienden a 8.000

La historia de Ana

Ana es el nombre de fantasía que elegimos para preservar la identidad de esta menor de 16 años que vive en Fiambalá. Si bien Ana era una niña cuando se dió esa tasa de suicidios en su pueblo, pocos años después ella también pensaba en suicidarse.

Su mamá era la directora de una escuela de un pueblo cercano, pero no tanto como para ir y venir todos los días. Ana sólo la veía los fines de semana. “Mi papá también trabajaba mucho y yo estaba con una niñera. Me sentía sola”. El llanto y la voz entrecortada de Ana atraviesan kilómetros hasta escucharse en mí teléfono. No la interrumpo. Sigue llorando y hablando: “Sentí que la vida era una mierda, que cuando tenía problemas mi mamá no estaba y no veía salida posible”.

Logra calmarse cuando recuerda lo mucho que insistió su mamá para que ella fuera al retiro espiritual que organizaba cada año el grupo de misioneros de la porteña Parroquia Santa Magdalena Sofía Barat. Grupo que por entonces, ya habían desarrollado el Proyecto El Camino.

Ese día, Ana quería ir a la “Fiesta del Médano”, una fiesta popular que se realiza todos los años, al aire libre, sobre un médano. “Pero mi mamá, que me veía mal, no me dejó ir. Y me mandó al retiro. Yo no quería ir porque creía que me iba a sentir sola y me iban a hacer rezar. Yo sólo iba a la iglesia los domingos, por obligación. Llegué casi llorando a la escuela 314 donde se hacía el encuentro”.

Ese verano de 2016, durante el retiro, Ana no sólo se contactó con jóvenes a los que les pasaban cosas similares si no que pudo contar sus angustias. En ese marco, su mamá le escribió una carta. “Me dijo que la perdonara por no haber estado, que me quería”, Ana vuelve a llorar. “Cuando salí la abracé y todo comenzó a cambiar. Entonces, yo solo pensaba en mí. Ahora pienso en los demás también, en lo que otros necesitan”.

Pasaron un par de años de aquel encuentro y Ana ya era otra Ana. Observó que una conocida de cuando ella iba al jardín de infantes ponía en sus estados de WhatsApp que estaba mal. La llamó, la escuchó decir que quería matarse, la dejó hablar y le dijo que si la necesitaba ella estaba ahí. Y cada vez que la necesitó trató de estar. Poco a poco se fue recuperando y hoy es su compañera de secundaria.

Historias como la de Ana, contadas en primera persona, son frecuentes en Fiambalá. En parte porque Proyecto El Camino, que se conformó a partir de la situación que detectaron allí, trabajó duro para revertir el número de suicidios.

“Nosotros íbamos a misionar a Fiambalá y los pueblos de alrededor desde 2007. Cuando nos enteramos del número de suicidios en 2013, entendimos que teníamos que cambiar. Nuestra propuesta no era suficiente para las necesidades de los jóvenes”, explica Joaquín Casaburro, uno de los fundadores de El Camino.

Al proyecto, hoy los expertos lo miran con mucha atención, viendo la posibilidad de replicar su accionar en otros lugares.

Cómo trabaja El Camino

Los misioneros visitaban la zona desde 2007. Para los que no saben, “misionar es compartir la vida desde una mirada creyente”, explica Casaburro. Y profundiza: “Visitábamos a la localidad durante 15 días en verano y en invierno. Nos hospedábamos en escuelas o clubes. Por la mañana tomábamos mate y charlábamos en alguna casa, por la tarde organizábamos juegos con los más chicos y por la tardecita-noche charlas y actividades con los jóvenes”.

Pero el invierno de 2013 fue diferente. Mientras estaban en Fiambalá se suicidó Hugo, “un chico de 16 años que jugaba muy bien al fútbol y al que conocíamos bastante”. A partir de esa muerte comenzaron a averiguar y descubrieron la alta tasa de muertes por suicidios entre los jóvenes.

“Ese año leímos mucho sobre los suicidios en Catamarca y empezamos a tejer redes”, cuenta Casaburro. Se contactaron con José Lumerman, un psiquiatra especializado en suicidios que trabaja en el Instituto Austral, en Neuquén. Y él los ayudó a comprender el fenómeno.

“Entendimos que la pobreza y la injusticia llevan a la depresión, la violencia, el desgano, el no querer vivir. También la adoración a San La Muerte, muy difundida en la zona, impactan sobre la mirada que se tiene de la vida y la muerte”, explica Casaburro.

Lumerman los alentó a que siguieran haciendo las misiones, profundizando la escucha, la charla y la celebración: comer rico, cantar, jugar. “El nos remarcó que con las misiones podíamos generar un vínculo de cercanía rápidamente. Algo que a un profesional de la salud o al Estados le costaba mucho tiempo construir”, dice Casaburro.

El psiquiatra también les explicó que “el primer responsable es el Estado y que no se puede abordar esta problemática sin incluirlo”.

En 2015, El Camino comenzó a funcionar en Fiambalá con el objetivo de empoderar a jóvenes con potencial de liderazgo. Cuando arrancaron eran 12 jóvenes. Hoy, son más de 120.

Reunión de jóvenes de Fiambalá, en marzo pasado. Proyecto "El Camino".
Reunión de jóvenes de Fiambalá, en marzo pasado. CRÉDITO: Proyecto “El Camino”.

Empezaron haciendo un retiro en una escuela, con 50 chicos y chicas, que duró 4 días. El primer día los invitaron a pensar en quiénes eran, su identidad, su propia historia. Se escucharon relatos de violencia de género, abusos e injusticia social.

El segundo día les propusieron reflexionar sobre quiénes eran ellos con los demás, cómo eran sus vínculos, sus amigos, sus noviazgos y la familia. “Esa noche les entregamos a cada uno una carta que le habían escrito sus padres”, detalla Casaburro.

El tercer día, “buscamos pensar quiénes somos frente a Dios y cómo sanar nuestros dolores”. Y el cuarto y último día, “tras ese recorrido introspectivo trabajamos en qué querían hacer, aclarándoles que nosotros estábamos dispuestos a acompañarlos en los proyectos que decidieron hacer y que no queríamos que los jóvenes se siguieran quitando la vida”. Resolvieron hacer un grupo misionero.

De ahí en más, todos los meses, dos jóvenes de El Camino viajan desde Buenos Aires para ayudarlos a organizarse. Casaburro cuenta que los acompañan en reuniones con el personal de la Intendencia para explicar la importancia de que el Estado trabaje con profesionales, psicólogos o psiquiatras. “También los apoyamos en la organización de juegos y actividades especiales para los más chicos durante las vacaciones de invierno y los retiros que hacemos los veranos”.

Así, en el recorrido que exige la organización de estos eventos, “los jóvenes comenzaron a involucrarse con la comunidad, a entablar otras relaciones. Pidieron colaboración a los comerciantes, al hospital, a la intendencia, al cura y las familias. Ellos mismos fueron armando un programa de prevención al suicidio. A tal punto que en 2016 la tasa fue de cero, en 2017 se produjeron dos suicidios y en 2018 ninguno”, sostiene Casaburro.

Como parte del mismo proyecto, en 2017 trajeron a 50 jóvenes de entre 12 y 22 años a Buenos Aires. La mayoría nunca había salido de Fiambalá.

Los llevaron a Ciudad Oculta, nombre con el que se conoce a la Villa 15,​ localizada en el barrio porteño de Villa Lugano, donde pudieron ver cómo sus habitantes se organizan bajo distintos objetivos. A las canchas de Boca y River; a comer a McDonald’s y cuatro días de campamento en Villa Gesell.

El objetivo del viaje era mostrarles herramientas de gestión, empoderamiento y liderazgo. Fueron 8 días fuera de sus casas, de su pueblo. ¿Lo que más les impactó? “Las personas en situación de calle entre tanta gente esquivándolos, sin detenerse”, describe Casaburro.

Los jóvenes recorren los pueblos cercanos a Fiambalá. Proyecto "El Camino".
Los jóvenes recorren los pueblos cercanos a Fiambalá. CRÉDITO: Proyecto “El Camino”.

“Así, vimos que después de esta experiencia los chicos se vuelven otras personas. Muchas veces se convierten en líderes convocantes dentro de sus familias, las organizan. Por eso, nosotros creemos que el suicidio se puede trabajar con dispositivos simples, de alto impacto”, sostiene.

Precisamente, Proyecto El Camino busca ser una usina generadora de estos dispositivos. Hace pocas semanas los jóvenes de Fiambalá votaron a sus referentes. Cada comunidad eligió al suyo por uno o dos años. La idea a mediano y largo plazo, revela Casaburro “es empoderar a los jóvenes para que ellos se conviertan en los futuros líderes sociales y políticos”.

El trabajo de El Camino no es para soslayar. Menos cuando desde el Centro de Asistencia al Suicida se resalta que las estadísticas nos muestran que más de la mitad de los alumnos tienen pensamientos suicidas antes de terminar la escuela secundaria.

Por eso el CAS tiene online una guía para el docente, además de dar charlas y capacitaciones de prevención.

Por último, vale aclarar que los suicidios o intentos de suicidios pueden depender no sólo de cuestiones socio ambientales, sino además de una estructura psíquica descompuesta. En esos casos, el amor al prójimo no cura la enfermedad mental, de modo que no alcanza para tocar los resortes ni las causas del problema mental. Sólo la ayuda de profesionales logra revertir la dolencia.

Para el resto de los casos, las misiones religiosas y escuchar al que sufre alivian la angustia y la soledad humana, previniendo el suicidio.

Salud | 23 de abril de 2018

Cómo trabaja el equipo que salva vidas del suicidio

En Argentina se suicidan 3.000 personas por año. En ese mismo lapso, 31 voluntarios del Centro de Asistencia al Suicida atienden más de 1.000 llamados. Si todos pusiéramos en práctica sus técnicas básicas, habría mucha menos personas con pensamientos suicidas.

En una época en la que la vertiginosidad cotidiana dificulta la escucha y el encuentro con el otro, cuando Pedro se suma a una reunión impone otro ritmo. Él mira a los ojos y escucha de manera atenta. No sólo no interrumpe en ningún momento mientras se le hace una pregunta, si no que se calla apenas otro comienza a hablar. Tal vez es un hábito adquirido producto de su actividad como voluntario en el Centro de Asistencia al Suicida (CAS).

En Argentina se suicidan unas 3.000 personas por año. 3.139 en 2016 para ser más exactos, según datos del Ministerio de Salud de la Nación, que RED/ACCIÓN abre a la comunidad a través de este link. Y Pedro es uno de los 31 voluntarios que con su escucha intenta que cada vez haya menos personas que decidan terminar con su vida. Él atiende los llamados que las personas hacen desde la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires al 135 o desde el resto del país al 011-5275-1135.

La cantidad de personas que decidieron terminar con sus vidas no ha variado sustancialmente desde 2007, cuando el organismo oficial registró 2.996 suicidios.

Pedro tiene 57 años, es ingeniero químico y trabaja en una pequeña empresa a la que entra a las 8.30 hs.. Sale a las 17 hs. y el día que le toca cumplir su turnos de cuatro horas semanales como voluntario anónimo tiene una hora para llegar a su casa o a la oficina del CAS y sentarse frente al teléfono y la computadora.

A esas herramientas sumará sus años de entrenamiento y con ellos tratará de convencer a la persona que lo llama de que a él su padecer le importa. Puede parecer que el objetivo es pequeño al lado de una decisión tan enorme como el suicidio. Sin embargo, los especialistas coinciden en que es uno de los factor determinante.

Pedro vive en el Gran Buenos Aires junto a su mujer y como su trabajo es anónimo son muy pocas las personas que saben de su tarea en el CAS. Por eso, Pedro no es su verdadero nombre, sino uno elegido al azar para proteger su identidad. Su esposa, su hija, su yerno y dos o tres amigos son los únicos que saben de su obsesión por salvar vidas del suicidio.

El CAS se creó hace 50 años y funciona en una oficina prestada, de 1,50 por 2 metros, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. El lugar está equipado con un escritorio, dos sillas, una computadora y dos líneas telefónicas. Una en la que reciben las llamadas y otro para contactar al 911 o 107, en los pocos casos que es necesario hacerlo y que la persona lo autoriza.

A cada persona que llama, el voluntario le pregunta el nombre de pila, con el objetivo de establecer un diálogo más personal. Luego, “se le pregunta o se lo deja hablar de su problema. Cuando manifiesta tener pensamientos suicidas se le permite hablar libremente sobre ello”, explica Pedro.

El anonimato, tan celosamente cuidado por los voluntarios del CAS, y la confidencialidad tienen el propósito de generar un clima íntimo en el que el consultante realmente se sienta cómodo para hablar.

De hecho, hace algunos años una de las voluntarias era una actriz muy conocida a la que solían preguntarle si esa voz era la de la actriz. “Siempre me dicen que mi voz se parece a la de ella, pero no, nada que ver”, respondía la voluntaria.

“El voluntario va conociendo al consultante, sus problemas y lo que él está reclamando. Aunque muchas veces su reclamo no se condiga con lo que realmente necesita”, revela Pedro.

Lo más importante, repetirá varias veces durante la entrevista, es que el consultante se sienta escuchado y se escuche a sí mismo. En este “reflexionar juntos” suelen aparecer alternativas de acción, muchas veces propuestas por él mismo.

Si la persona está en riesgo inminente y acepta ayuda, el voluntario le solicita la dirección y el teléfono para enviarle una ambulancia o la policía. Siempre con el consentimiento del consultante. “Las pocas veces que anotamos estos datos, una vez pasado el pedido de ayuda el papel se rompe para preservar, en lo que a nosotros respecta, el anonimato del llamado”, detalla Pedro.

Los voluntarios tampoco dan ningún dato sobre ellos y se comprometen a no hacer públicas las historias que escuchan, ni siquiera en forma anónima.

Escuchar al otro

En 2017 el CAS recibió unos 1000 llamados efectivos y estiman que al ritmo que vienen este año alcanzarán los 1500. “Esto es porque sumamos más voluntarios, ya somos 31, y hemos difundido nuestro trabajo en las redes y en los medios”, explica Alberto Fernández, secretario de la organización sin fines de lucro.

A esos 1000 llamados hay que sumarle unos 1000 más por año, provenientes de unas 30 personas que se comunican con asiduidad. “Es gente que encontró en nosotros un espacio de escucha para calmar su ansiedad”.

“Los voluntarios se forman para abrazar con una ternura que no se ve en otro lugar”, dirá Juan, un ciudadano que hizo la capacitación pero que no se sumó como voluntario. Por año, el Centro de Asistencia al Suicida forma a 20 voluntarios. La mayoría no se suma a la atención en las guardias. De hecho, aún no tienen cubiertas las 24 horas de atención. Sin embargo, para el CAS, en esos casos enseñar a escuchar a las personas es un valor que aporta salud a la sociedad.

Cada voluntario hace por lo menos una guardia semanal de cuatro horas. A esto se suma una supervisión quincenal, una reunión de una o dos horas con todo el equipo en la que se aúnan criterios porque el trabajo es muy solitario. “La mitad de las guardias se hacen fuera de la oficina del CAS. Quienes cuentan con las condiciones mínimas que tiene la guardia realizan su labor de manera externa”, cuenta Fernández.

La escucha activa de los voluntarios implica mucha concentración y compromiso emocional. “Uno se prepara anímicamente para estar disponible para el otro. Pero no somos impermeables al dolor del otro. Hay días que resultan agotadores. Una guardia puede no recibir ningún llamado, o recibir cuatro o cinco”, describe Pedro.

De los datos relevados por el Ministerio de Salud, llama la atención que siempre la cantidad de varones que se suicidan superen tres o cuatro veces, dependiendo la edad, al número de mujeres.

Esta relación entre los suicidios por género es compartida con la mayoría de los países del mundo. Tal vez por eso, los llamados al CAS siguen una proporción inversa. Reciben tres o cuatro veces más llamados de mujeres que de varones.

¿Por qué ocurre esto? “Se han ensayado varias explicaciones desde la psicología, la cultura y la biología. La más sencilla es que los hombres se suicidan más porque piden menos ayuda. Y ¿por qué piden menos ayuda? Eso sí hay que explicarlo desde lo cultural. En países como Nueva Zelanda o Argentina, donde la cultura exalta un modelo masculino autosuficiente, los suicidios masculinos son aún mayores”, explica Fernández.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo se suicidan 800.000 personas al año, lo que equivale a un suicidio cada 40 segundos. Y por cada adulto que se suicida, estiman hay 20 que lo intentaron. 78% de esas muertes ocurren en países de bajo-medio ingreso.

Para la región, los datos encienden una alarma sobre Uruguay, un país al que los argentinos sabemos mirar como ejemplo de calidad de vida.

La OMS, en un informe elaborado en 2014 reveló que en América, América Latina más Norte América, se suicidan unas 65.000 personas por año.

La creencia indica que la gente se suicida por una causa. Sin embargo, los que trabajan con esta problemática la desmienten. “El que se suicida no lo hace por una causa. Es más, existe esta suposición incluso en personas con ideas suicidas, de que el suicidio acontece por una causa específica: un duelo, una separación, una enfermedad o una crisis económica. La falsedad de esta idea se hace evidente cuando vemos que la mayoría de las personas que atraviesan esas situaciones no se suicidan”, describe Fernández.

Por eso, ellos no hablan de causas, si no de “disparadores” en un proceso que es mucho más amplio. Así lo explica la psicóloga Fernanda Azcoitía, presidenta del CAS: “Detrás de cada suicidio hay una historia y el desarrollo de una personalidad que acepta al suicidio como alternativa válida”.

Los que conforman el CAS entienden que el suicidio es un proceso que tiene varias etapas. “Tal vez empieza con un problema, que se transforma en crisis y que pasa a ser fantasía suicida y se transforman en idea y plan suicida. Muchas veces escuchamos: ‘Yo no me quiero matar, pero…’”, relata Pedro.

Como la idea suicida es vergonzante las personas no la cuentan, por eso es importante el anonimato. En los llamados, dice Pedro, “hay gente que nos cuenta que hace 20 años hace terapia, pero nunca le contó a su psicólogo sus ideas suicidas. Otros nunca fueron al psicólogo. Por eso es importante que uno muestre interés e invite a hablar al otro”.

“Esto no significa que no le pueda pasar a cualquiera, pero no por un hecho puntual sino por toda una historia que nosotros llamamos proceso suicida y suele abarcar años”, amplía Azcoitía. Por lo mismo, la recuperación de esta condición de riesgo tampoco puede ser inmediata. Exige un compromiso con la vida y una actitud de lucha frente a los problemas que es lo que los voluntarios buscan incentivar en los consultantes.

Por eso, generalmente es el consultante el que corta la llamada. “Muchas veces, entusiasmado por poner en práctica lo que descubrió”, cuenta Pedro.

Pocos voluntarios son psicólogos. “No necesitamos serlo porque lo que hacemos es algo más primitivo, que es la asistencia. La capacidad de consolar al otro que tiene un millón y medio de años de historia. Es sólo un ser humano escuchando a otro ser humano., generando un espacio íntimo de confianza mutua para hacer lo que es más distintivo de nuestra especie, brindar consuelo desde la escucha y la palabra. Por eso también es tan agotadora la tarea”, detalla Pedro.

Los días que tiene guardia en el CAS, Pedro termina a las 22 hs. Suele pasar que los llamados lo afectan y le cuesta desengancharse. “Pero intentamos no seguir pensando sobre el tema una vez que terminó el turno. De nada sirve darle vuelta al tema. Eso se logra con entrenamiento. Porque al comienzo uno se queda enganchado con las historias, con lo que podría haber dicho y no se le ocurrió”.

Por eso, cada voluntario tiene un padrino al que puede llamar y con el que analiza por qué se queda enganchado. En estos casos siempre se resalta que lo realmente importante es lo que se hizo: detenerse y escuchar al otro de manera atenta, interesado por ayudarlo a encontrar otra mirada para las cosas que lo angustian.

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Salud | 12 de abril de 2018

Soy María y quiero donar mi pelo

La quimioterapia se lleva el cabello de los niños casi de un día para otro. Pero un montón de voluntarios que no se conocen entre sí han creado una forma fascinante para ayudarlos.

Hace calor y María lleva el pelo atado. Es oscuro y grueso; muy ondulado. Si se lo suelta, le llega por debajo de la cadera, casi que la abriga. Por un año se lo dejó crecer: ahora finalmente lo cortará y lo meterá en un sobre para enviarlo por correo.

“Hola soy María, tengo 10 años y quiero donar mi pelo para que hagan pelucas para los chicos con cáncer”. La última semana de febrero, cuando ya estuvo segura de que el largo de su cabello era el correcto, María escribió esta frase en un mail dirigido a la Red Solidaria.

La historia había comenzado un año antes, cuando vio por televisión en el programa Puentes de Esperanza a unas voluntarias que armaban pelucas para pacientes con cáncer y pedían donaciones de cabello. Ella quedó muy sorprendida de las consecuencias de la quimioterapia y decidió enviar el suyo. Comenzó así una espera de meses: su pelo debía superar 15 centímetros y todavía no lo tenía lo suficientemente largo para que, al cortarlo, le quedara por los hombros.

“Cuando vi que mostraban a los nenes en el hospital, me puse a pensar que muchas mujeres siempre se quejan de su pelo, del color, del largo. Pero esta nena no tenía pelo. Así me dieron ganas de donar el mío”, dice con voz muy baja pero firme.

María en su casa de Glew, unos días antes de cortar su pelo.
María en su casa de Glew, unos días antes de cortar su pelo.

Es tímida y cuando habla prefiere mirar por la ventana. Está sentada en el living comedor de su casa en Glew. El lugar es sencillo, pero sus muñecos y una alfombra de goma eva de su hermana menor le dan calidez al ambiente. Afuera, su perro recorre de punta a punta un jardín amplio y bien cuidado, que da a una calle de tierra. Mientras la escucha, a su mamá, Noelia, que trata de hacer dormir a su hija menor, se le llenan los ojos de lágrimas. “Ella quiso hacer todo esto sola. Yo sólo respondí sus preguntas y la ayudé a mandar un mail”, dice.

Unas semanas después de ese encuentro, llegó a la redacción una foto: María sostiene orgullosa tres mechones larguísimos. Su pelo cae hasta los hombros y su sonrisa es grande.

Pelucas de Esperanza

El programa de televisión que vio María contaba la historia de Pelucas de Esperanza, un banco de pelucas de Gualeguaychú que las fabrica con los mechones de pelo natural que llegan de todo el país. Evangelina García Blanco, dueña de una peluquería y creadora del banco, tuvo la idea en el año 2010, cuando la hermana de una de sus empleadas enfermó de cáncer y le pidió que le armara una peluca porque no podía pagar los 10.000 pesos que costaba la pieza más barata que había en el mercado. Y ni soñar con la más cara, que salía 70.000 pesos. En la Argentina, lograr que la quimioterapia no se vea es un privilegio costoso para un paciente.

Abrir el sobre. Sacar el mechón de pelo. Separarlo por color y extensión. Desenredarlo y ordenarlo sobre la mesa para que queden todos los cabellos a la misma altura. Pegarlo con cinta. Coserlo con máquina o a mano sobre una tira de tul elastizado para formar una cortina. Colocar un gorro de red sobre un maniquí y zurcir la cortina al gorro.

Y entonces sí: la peluca está creada.

“La hicimos con el pelo que teníamos acá y lo cosimos a breteles de corpiño y elásticos de bombacha. Mirábamos YouTube para aprender a armarla”, cuenta García Blanco, la creadora de Pelucas de Esperanza, en una conversación telefónica con RED/ACCIÓN. Después de la primera, la voz se fue corriendo a poco por Gualeguaychú y muchas mujeres comenzaron a pedirle más piezas. Pero el verdadero desafío surgió cuando García Blanco recibió un pedido para una nena de cuatro años. “No sabíamos hacer una peluca tan chiquita, entonces armamos una campaña por Facebook para ver si alguien la podía donar”. Esa persona llegó del otro lado del Atlántico: Feliciano Juan Román, un entrerriano radicado en Madrid que hace pelucas para teatro, se la envió por correo. Como vio que la iniciativa tenía buenas intenciones pero poca técnica, Román aprovechó un viaje de visita a su provincia y le enseñó a García Blanco y a sus colaboradoras algunos trucos; por ejemplo, a usar cortinas de pelo tejidas con telar.

Cortinas de pelo natural, listas para ser cosidas a un gorro.
Cortinas de pelo natural, listas para ser cosidas a un gorro. Foto: Rodrigo Mendoza

“En ese momento, el banco se empezó a viralizar por Facebook y mucha gente nos contactó para donar pelo o para llevarse una peluca o para armar en otro lugar un centro como el nuestro”, dice García Blanco. Desde entonces, hay ocho nuevas filiales con voluntarios en distintos puntos del país. Sólo en Gualeguaychú, ya entregaron 400 pelucas que fueron usadas, devueltas, reacondicionadas y prestadas de nuevo hasta tres veces por unas 1200 personas. Pelucas de Esperanza recibe entre 200 y 250 mechones por semana de voluntarios y de algunas peluquerías que quisieron sumarse y colaborar con sus recortes. “Nuestro slogan es: el pelo crece y el amor también”, dice García Blanco. “Nosotras cambiamos una peluca por una sonrisa”.

Peluca en construcción: se van agregando cortinas hasta que queda totalmente cubierto el gorro.
Peluca en construcción: se van agregando cortinas hasta que queda totalmente cubierto el gorro. Foto: Rodrigo Mendoza

Los chicos del Garrahan

Cada año, 180 niños con tumores neurológicos llegan al hospital de pediatría Dr. Juan Pedro Garrahan, en la ciudad de Buenos Aires. Sólo en 2017 se recibieron 28.569 consultas oncológicas: el 35 por ciento del total nacional. Según el Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino (ROHA), 1.400 niños son diagnosticados año a año con esta enfermedad, que es la principal causa de muerte entre los 5 y los 15 años. La Argentina tiene un problema con este asunto: cada 100.000 habitantes, 217 se enferman de cáncer anualmente. En relación al resto de la región, es una tasa de incidencia media-alta.

Muchos de los niños que llegan al hospital Garrahan son tratados con quimioterapia para interrumpir la formación de células enfermas (y también sanas). La droga hace efecto en dos semanas: a partir de entonces, el pelo cae de a mechones. De un día para el otro queda en la almohada, en el plato de comida, en la bañadera. En todos lados.
“Cuando escuchan la palabra ‘quimioterapia’, la primera pregunta que me hacen los pacientes es cuándo se les va a caer el pelo y cuándo les va a volver a crecer”, dice Lorena Baroni, una neurooncóloga infantil del Garrahan, en una charla breve. Es viernes por la tarde y los pasillos están en ebullición. Lejos de un aura lúgubre, el lugar es un auténtico hospital para niños, con murales en las paredes y áreas marcadas con colores. Padres, médicos y pacientes recorren los larguísimos corredores con paso veloz.

El hospital tiene su propia fundación para conseguir pelucas si algún niño pide una, pero se entregan con una condición: los niños deben ser pacientes mayores de 9 años. Si una niña más pequeña quiere una peluca, su médico debe justificar que realmente la necesita.

Pelucas lúdicas, especialmente para niñas. Imitan el pelo de las princesas y son muy populares entre las más chiquitas.
Pelucas lúdicas, especialmente para niñas. Imitan el pelo de las princesas y son muy populares entre las más chiquitas. Foto: Rodrigo Mendoza

Fernando Contreras, un neurocirujano oncológico del mismo equipo, conoce de memoria el proceso de los pacientes: comienzan con una preocupación por la estética y a medida que atraviesan el tratamiento, van enfocándose en la recuperación. “Al principio es un golpazo para ellos; sobre todo para las mujeres”, dice. “Por eso el uso de pelucas puede ayudarlas en la reinserción. Como los tratamientos oncológicos son ambulatorios, salvo que haya complicaciones, el paciente sigue con su vida cotidiana. A veces no quieren volver al colegio, aún terminado el tratamiento, hasta que no les haya crecido el pelo”. Cuando Contreras hace intervenciones en la cabeza tiene mucho cuidado con las cicatrices y las áreas que va a rapar. A veces es inevitable hacer varias incisiones y las niñas igual le piden que les deje los mechones aunque no se vean bien. “Quieren tener la sensación de tener pelo, de tocarlo”, dice.

Por historias como éstas, la senadora Silvia Elías de Pérez, de la UCR, presentó un proyecto de ley para crear lo que ella llama “Red nacional de asistencia estética para pacientes con tratamientos oncológicos”. El objetivo de la ley es fortalecer los bancos de pelucas con campañas de donación, brindarles capacitaciones a sus responsables y formar un órgano coordinador de todos los bancos del país. “Hay pacientes que pueden comprar una peluca, pero ¿qué pasa con los que no pueden? Es muy importante el cuidado estético en las personas con cáncer, y sobre todo de las mujeres”, dice la senadora. Además, quiere promover que este tipo de recursos se incluya en la cobertura de cualquier obra social.

Donantes de distintos puntos del país envían por correo sus mechones a los talleres de pelucas.
Donantes de distintos puntos del país envían por correo sus mechones a los talleres de pelucas. Foto: Rodrigo Mendoza

La historia de Ana

Dos semanas antes de cumplir 13 años, a Ana le diagnosticaron un linfoma de Burkitt que afectaba su hígado y sus ovarios. La quimioterapia empezó inmediatamente y el 26 de septiembre de 2014, el día de su cumpleaños, se le cayó el primer mechón de pelo. Unas horas después tuvo fiebre y la internaron.

Ana no recibió la peluca con el cabello de María, pero en esta historia Ana y María son los dos extremos de un mismo hilo, de un ovillo que se agranda a medida que recorre camino.

“Lo primero que pensé cuando me dijeron que tenía cáncer es: ‘Me voy a quedar pelada’”, dice Ana, que logró salir adelante: hoy tiene 16 años y está en remisión, con controles periódicos.

“Pensé que iba a perder mi pelo rubio, una de las cosas más lindas que tenía”, sigue, en una charla por teléfono. Su voz es alegre y habla de su enfermedad con mucha seguridad y sin dramatismos: “Te volvés una experta”, aclara ante este comentario de sorpresa.

Antes de que acabara su primera internación, su hermana Mirian comenzó a buscar pelucas oncológicas y se encontró en Facebook con Pelucas de Esperanza. Sin dudarlo, se cortó el pelo muy corto, recogió lo poco que quedaba del cabello que se le había caído a Ana y llevó todo a Gualeguaychú para que hicieran una peluca. “Disfruté de ella todo lo que pude. Era muy chica y me interesaba mucho mi apariencia. Era raro ir por la calle y que me miren. Después, con el tiempo, fui aceptando mi condición”, cuenta Ana.

Luego de la primera parte del tratamiento, Ana tuvo una recaída y debió hacer más quimioterapia, y luego un trasplante autónomo de células madres; es decir, células de su propio cuerpo. “El poco pelo que me había crecido se me volvió a caer”, dice.

“Después del trasplante, terminé con todo. Y empezaron a pasarme cosas maravillosas: tuve mi fiesta de quince, mis dos hermanas se casaron y me encantó usar mi peluca. Hasta la mandé a peinar”. Después de todo esto, Ana decidió que quiere estudiar medicina.

Todavía no devolvió su peluca: dice que es muy especial para ella y que le cuesta entregarla, pero que “si alguien la necesita, la va a tener”. En su perfil de Instagram, Ana tiene fotos de su fiesta, con un vestido celeste y la peluca peinada en un recogido. También hay de las otras, con un gorro de lana o directamente pelada. En las más nuevas lleva el pelo corto y todavía muy fino. Su sonrisa es siempre la misma.

El otro lado del ovillo

La peluquera le dividió el pelo en tres. Ató cada mechón con una gomita y la deslizó para que queden justo debajo de los hombros. “¿Estás nerviosa?”. María no contestó: asintió con la cabeza, mirando al espejo. “¿Muy?”. María se sonrió y asintió con más fuerza. Por un segundo se agarró de la bata de animal print que la cubría como una frazada. Cuando la tijera se acercó e hizo el primer corte a ella le dio risa. Chac, chac, chac. Y los mechones ya no fueron suyos. La peluquera los peinó con la mano y los dejó en un costado. “Bueno, ahora sí, vamos a emparejar”.

María envió por correo sus mechones gruesos a Doná Cabello Argentina, un taller de pelucas oncológicas en Baradero que nació como un centro de recolección de pelo, pero que ahora ofrece pelucas a unos 90 pacientes por año y recibe unos 200 sobres por mes. Algunas de sus voluntarias se capacitaron en Pelucas de Esperanza. Todos los sábados, el taller se pone en marcha y del centro cultural que funciona durante la semana queda poco.

El sonido de las máquinas de coser se apropia del lugar, los estantes se llenan de cabezas de plástico con peinados sofisticados y en las sillas se apilan cajas rubias, castañas y hasta canosas. Diez mujeres voluntarias abren paquetes con mechones, los catalogan por color y extensión, arman las pelucas y reciben a quienes llegan para probárselas. Si las personas que las necesitan no pueden viajar, la peluca se envía por correo. Todo lo que hacen las voluntarias queda registrado en una página de Facebook para que los donantes de pelo vean el destino y los interesados, conocer su trabajo. Por estos días, Doná Cabello necesita el tiempo y la experiencia de una peluquera profesional.

A diferencia de otros bancos, incorporaron la peluca lúdica para niñas: es de tela que imita el pelo las princesas de los dibujos animados. Melenas rosas, celestes y verdes; con flores y vinchas brillantes. “La peluca de pelo natural debe ser devuelta, pero la peluca lúdica se regala y en general las niñas pasan más tiempo con esta. Para ellas es un juego, es como disfrazarse”, dice Isabel Fidalgo, al frente de la iniciativa. Los niños que donan muchas veces escriben cartas para quienes reciban las pelucas y Fidalgo trabaja para que la donación de cabello se difunda tanto como la de sangre. “Las pelucas alivian mucho a la gente”, dice. “Es muy gratificante ver cómo llegan con dudas y con la cabeza baja y luego se van contentas”.

Fidalgo se frena un instante, piensa y dice: “Es impresionante la cadena de cosas que ocurren hasta que la peluca por fin está terminada: desde la persona que dona su mechoncito, pasando por todo el tejido y la elaboración, hasta el que se la prueba y se la lleva. Todos los sábados entregamos pelucas y siempre nos despedimos llorando de emoción”.

María ya se cortó el pelo y lo donó. Ahora está convenciendo a sus amigas para que hagan lo mismo. Ante la pregunta de qué espera que pase con sus mechones, se encogió de hombros y respondió con sencillez: “Espero que un nene reciba esa peluca. Que lo haga feliz. Creo que me gustaría conocerlo algún día”.

María, ya con el pelo corto, envió sus mechones por correo.
María, ya con el pelo corto, envió sus mechones por correo.

Los nombres de algunas personas mencionadas en esta nota han sido cambiados para preservar su intimidad.

Si querés donar pelo:
Doná Cabello Argentina (Baradero)

Ayudá

Pelucas de Esperanza (Gualeguaychú)
 Teléfono: 03446-426509

Ayudá

Fotografía: Rodrigo Mendoza