Sustentabilidad | RED/ACCIÓN
Sustentabilidad | 17 de enero de 2019

Foto: Amali Tower / Climate Refugees

Refugiados climáticos: una marcha silenciosa que desafía al mundo entero

Un granjero mexicano que ve perjudicada su actividad por los cambios en los patrones de las lluvias. Un padre nigeriano preocupado por el estilo de vida que lleva su hijo al tener que movilizarse por la sequía. Los dos tienen algo en común: la eterna búsqueda por sobrevivir. No son protagonistas de películas de ciencia ficción de un futuro muy lejano. Son historias de vida del presente.

Según el Banco Mundial, para 2050 habrá más de 143 millones de migrantes internos por motivos climáticos en África al sur del Sahara, Asia Meridional y América Latina. Hoy, no hay definición global que los incluya, no hay política que los proteja. Son la cara invisible del cambio climático. Representan uno de los principales desafíos de nuestro tiempo. Y necesitan de una primera acción: que hablemos sobre ellos.

El problema: breve descripción de una realidad que alarma

Las actividades humanas, basadas en la explotación de combustibles fósiles, emiten gases de efecto invernadero que generan un aumento de la temperatura del planeta. Los efectos de este cambio climático son múltiples e implican una realidad: hay personas que no pueden continuar con su vida en el lugar habitual.

El aumento en el nivel del mar pone en riesgo la supervivencia de las islas y ciudades costeras. El estrés hídrico -con períodos de sequías y otros de intensas precipitaciones que conllevan inundaciones- pone en alerta el futuro de muchas comunidades en SudAmérica. Los ciudadanos deberán iniciar una dificultosa marcha para sobrevivir. Ya se empieza a hablar de refugiados climáticos.

El debate: cuando las palabras y las definiciones importan

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un refugiado es quien huye de conflictos armados o persecusión y, como le es peligroso volver a su país, necesita asilo en otro lugar. Allí, los Estados y organizaciones le brindan asistencia y protección. Mientras que un migrante es quien elige trasladarse para mejorar su vida en busca de un trabajo o educación, pero aún recibe la protección de su país de origen al cual puede volver.

En la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 -aún vigente- los motivos ambientales brillan por ausencia en la teoría, pero no en la práctica. “Es una definición que prevé a la raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opinión política como motivos de persecución, pero no al clima. La falta de una definición sobre los refugiados climáticos impide poder precisar de quiénes estamos hablando”, reflexiona Ignacio Odriozola, abogado de la Universidad de Buenos Aires e investigador para la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (Resama).

Refugiados en África. Foto: Amali Tower / Climate Refugees

Cuando la cuestión ambiental es causa de movilización, también valen las diferencias de conceptos. “Puede haber un terremoto y no necesariamente eso genera migrantes o refugiados por motivos ambientales. La incidencia tiene que ser tal que no implique un desplazamiento temporario y donde los medios de subsistencia ya no estén garantizados luego del desastre natural. Un mismo terremoto puede significar para algunos la obligación de desplazarse y llegar a otra región, y para otros una simple evacuación temporaria”, diferencia Odriozola.

“Podemos estar años buscando una definición. Definitivamente, el cambio climático va a reconfigurar la migración. Es ridículo pensar que los cambios del clima no van a afectar los movimientos de las personas”, opina Alex Randall, director de programa de la Climate and Migration Coalition.

La clave: las personas detrás de cada evento climático

Mortaza Behboudi es un joven fotoperiodista. La causa que le permite contar con el pasaporte de refugiado afgano en Francia fue política. Pero, por fuera de su situación personal,  su visión es más amplia: “En la isla griega de Lesbos conocí a muchas personas que tuvieron que abandonar Bangladesh por los desastres naturales. Ellos, como tantos otros desplazados por el clima, no tienen ningún estatus. La definición de refugiados es importante para garantizarles protección internacional. Los refugiados no somos sólo refugiados. Por la guerra, la persecución, la situación política o el clima, tuvimos que dejar nuestro país. Necesitamos protección fuera de nuestro hogar”. Hoy, Mortaza dedica su profesión a visibilizar historias de refugiados.

“A pesar de que la definición de refugiado no incluye al cambio climático, si le preguntas a algunos de los afectados te dirán que son refugiados, que se sienten como tales”, manifiesta Amali Tower, fundadora y directora ejecutiva de Climate Refugees.

Refugiados en África. Foto: Amali Tower / Climate Refugees

La organización realiza investigaciones de campo para visibilizar las historias de quienes se vieron obligados a abandonar sus hogares por motivos ambientales. “Estamos hablando de desplazamientos humanos. El énfasis debe estar en las personas. Ello nos permitirá pasar de la discusión y el debate sobre la ciencia al hecho de que lo que se dice está ocurriendo. Y está sucediendo hoy, no mañana”, subraya.

De entre esas historias de vida, Amali recuerda la de un refugiado nigeriano en el país vecino: Níger, que tuvo que movilizarse en varias ocasiones en un mismo año por la sequía. “Él estaba preocupado. Las razones ambientales lo obligaron a tener que elegir estar cerca del curso del agua del lago para sobrevivir y resignar la educación de su hijo a quien no pudo enviar al colegio”.

El caso de Leo: una historia entre millones

“El tifón Haiyan tuvo un impacto significativo en mi vida y en mi familia”, con estas palabras Leo Christian V. Lauzon empieza a contarnos su historia a través de un chat de Facebook. Nació y creció en Tacoblan, la ciudad de Filipinas más afectada por el fenómeno natural.

Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. Foto: Leo Lauzon

Tras el tifón, su casa y sustento estaban destruidos. “La paz y la seguridad eran un problema. Cuando los reclusos pudieron escapar de las cárceles y las personas estaban desesperadas por encontrar comida, surgieron delitos como el robo y el saqueo”, recuerda. Mientras, escaseaba el agua limpia y la comida, reutilizaban el agua de lluvia para lavar los platos y bañarse, y había dificultades para conseguir medicamentos.

Dos semanas así fueron suficientes para tomar la decisión de abandonar Tacoblan. “Mientras nos dirigíamos a la ciudad portuaria de Ormoc, yo lloraba. Solía salir de la ciudad para participar en conferencias, reuniones y capacitaciones. Pero esa vez me iba como desplazado interno”. Algunos decidieron volver, otros migraron a otras ciudades.

Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. Foto: Leo Lauzon

El tifón Haiyan dejó más de 10.000 muertos en Filipinas. Leo perdió a su tía y un primo. A cinco años, todavía espera que el gobierno realice las pruebas de ADN en los restos encontrados para darles un entierro adecuado. El estrés tras el tifón afectó la salud de su abuela y su propia vida no fue la misma desde entonces.

Su mensaje hoy es claro: “Es hora que los gobiernos comiencen a considerar el clima como una causa de migración y enfrenten la realidad de que algunas personas serán refugiados climáticos, les guste o no. Es importante para los países en desarrollo, como Filipinas, que el cambio climático sea reconocido como causa de migraciones y se integre en sus políticas”.

El desafío: no se migra por una sola causa, sino por muchas

Cada vez que se habla del muro que Donald Trump quiere construir entre Estados Unidos y México, Randall recuerda el testimonio de un granjero mexicano que vio afectada su actividad por los cambios en los patrones de la lluvia. Año tras año, cruzaba la frontera para hacer otros trabajos en suelo norteamericano y volvía a México con su familia para el período alto de cosecha. “Para él la habilidad de cruzar la frontera era una cuestión de supervivencia ante el cambio climático”, expresa Randall.

En su más reciente presentación en la COP24 en Polonia, el ex vicepresidente norteamericano, Al Gore, mostró un diferencial con sus exposiciones anteriores: se refirió a la incidencia de la sequía en los movimientos migratorios en Centroamérica. Es más, argumentó que la propia crisis migratoria desde Siria a Europa tuvo también su causa climática: “La sequía de 2006-2010 convirtió la tierra fértil en desierto”.   

¿Se movilizan por el clima? ¿Por la situación política? ¿Por una crisis social? Randall es contundente: “El movimiento migratorio no se produce por una única causa. Venimos hablando mucho sobre migraciones, pero poco sobre las causas climáticas del problema”. Odriozola coincide: “Ningún tipo de desplazamiento es monocausal. Lo que da la pauta de que hablamos de refugiados climáticos es cuando el factor climático incide sobre todos los demás”.

La actualidad: entre la decisión política y la resistencia cultural

Además de una definición que lo incluya, el problema exige acciones. ¿Cómo se responde desde la política? En diálogo con el programa radial Sábado Verde, Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica de España, argumenta: “Es un tema que merece una atención mucho más seria y una anticipación mucho más clara. Cuando la gente deja el lugar en el que vive, lo hace llevada por la desesperación y la voluntad de buscar una alternativa allí donde no se le ofrece”.

Residente de la comuna de Jérémie, en Haití, tras el devastador paso del huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

Para la referente española, hay dos caminos sobre los cuales trabajar. Primero, evitar que una persona llegue a abandonar su sitio a través de la prevención y la generación de resiliencia “para que uno pueda quedarse donde está y donde quiere estar”. Segundo, cuando el contexto es tal que la salida es inevitable, la comunidad internacional deberá responder de una forma solidaria.

Ante la crisis actual del multilateralismo, Odriozola considera que las soluciones vendrán a nivel regional, no universal. Pero advierte la importancia de considerar a los afectados en ese camino. “Puede haber solidaridad de ciertos países en recibir a estas personas, pero también hay reticencia de ellas a irse. Los ciudadanos de las islas del Pacífico Sur, por ejemplo, no quieren irse sino que exigen justicia climática: reclaman terminar con la degradación del ambiente para garantizar su supervivencia”.

Residente de la comuna de Jérémie, en Haití, tras el paso del huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

¿Por qué esta resistencia? El investigador es claro: “Estás perdiendo tu territorio y, en parte, la misma definición de Estado, que incluye territorio, población, gobierno, soberanía. Es parte de la identidad”.

Una primera solución: la información como poder para el cambio

Los expertos coinciden: debemos iniciar la conversación a través de sus protagonistas para llevar el tema a la agenda política internacional y promover acciones concretas. ¿Qué podemos hacer nosotros? “Apoyar nuestro trabajo y el de las organizaciones. En nuestro caso, el dinero se destina a las investigaciones de campo que visibilizan las historias”, responde Tower.

Haití tras el huracán Matthew, en 2016. Foto: UN / Logan Abassi

La conversación nos necesita conscientes y conocedores de la problemática. Ello es lo que impulsó al equipo de Climate and Migration Coalition a organizar el curso online “Cambio climático y migración: predicciones y política”. Randall nos anticipa: “El curso incluye conocimientos básicos sobre la temática, los motivos ambientales por los cuales la gente migra, las investigaciones científicas que explican el cambio climático y, lo más importante, testimonios de personas, historias de vida”. La propuesta es gratuita, digital, global y en inglés. Inicia el próximo 14 de febrero.

Inscribite

El curso no está dirigido a nadie en particular, más bien a todos los interesados en el tema. El presente nos desafía a mostrar estas historias, a exigir una respuesta política internacional, a visibilizar esa cara invisible del principal problema de nuestro siglo: el cambio climático. Tower nos deja un mensaje para reflexionar: “Usen sus voces para promover el cambio en sus comunidades; hablen a nivel local, estatal e internacional; firmen una petición; marchen en una protesta; usen su voz para expresar su preocupación. El cambio climático es un problema con la capacidad de impactarnos a todos por igual”.

Sustentabilidad | 16 de enero de 2019

Ilustración: Mana Le Calvet

Playas de plástico en Buenos Aires: el mejor (o peor) ejemplo del impacto de nuestro consumo

Inauguramos SUSTENTABLES allá en noviembre de 2018 hablando de plásticos, plásticos y plásticos, y la urgente necesidad de reducir su consumo y eliminar los descartables. Con una comunidad internacional más concientizada sobre el tema, aún atravesamos una etapa de hacernos cargos de los errores del pasado.

Siempre le aconsejo a amigos, familiares y a las audiencias en las charlas que si quieren conocer cuál es el real impacto de nuestro consumo, que vayan a una playa, que observen el agua, que miren la arena. Ahí se hace visible aquello que parece invisible al momento de deshacernos de una botella, un cigarrillo o una bolsa. Y así lo ha confirmado esta semana el Censo de Basura Costera de la Fundación Vida Silvestre.

La investigación de campo en las arenas de la provincia de Buenos Aires evidenció que más del 80% de los residuos en las playas bonaerenses son plásticos.

De los 46.673 residuos recolectados, ¿cuáles fueron los más destacados? Bolsas plásticas, colillas de cigarrillo, restos plásticos, restos de nylon, tapitas, botellas y otros residuos. Todos residuos que tuvieron que tener otro destino, toda una contaminación evitable, toda una responsabilidad de nuestra parte que no debemos olvidar.

El censo se realizó en un área de 81 hectáreas alrededor de 16 localidades bonaerenses con la participación de 535 voluntarios.

Cada material que se arroja en un ambiente costero, cada mínimo kilo de basura que sale de una boca de tormenta o sistema pluvial llega al mar que, con sus movimientos, regresa parte de ellos a la orilla. El resto queda flotando en las aguas, afecta a especies animales y contamina los mares. Y no ocurre sólo en la famosa “isla de plástico del Pacífico”, sucede aquí en San Clemente, Villa Gesell, Mar del Plata, Necochea, Bahía Blanca…

Los resultados del censo buscan dar información para que se realicen las acciones necesarias, desde políticas de gestión de residuos hasta la concientización de locales y visitantes. Por eso, hoy los tips del final te invitan a involucrarte por esta causa.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 10 de enero de 2019

Foto: The Island President

Maldivas: la esperanza es lo último que se pierde ante el cambio climático

(Katowice, Polonia) Maldivas es un conjunto de 1.190 pequeñas islas dispersas en el Océano Índico, al sur de la India. Sus traslúcidas aguas turquesas y fina arena blanca lo convierten en un atractivo turístico perfecto. Pero su calma paradisíaca se ve interrumpida por el cambio climático y una realidad que alarma: Maldivas puede ser uno de los primeros países en desaparecer por el aumento del nivel del mar.

“No estamos preparados para morir. Y las Maldivas no tiene intención de morir”, asegura ferviente Mohamed Nasheed, actual activista ambiental y ex presidente de uno de los países con mayor biodiversidad en su fondo marino, especialmente rico en arrecifes de coral. “No vamos a ser las primeras víctimas de la crisis climática. En su lugar, vamos a hacer todo lo posible para mantener nuestras cabezas fuera del agua”.

El caminar de Nasheed en las inmediaciones de la COP24 -la conferencia anual en cambio climático- en suelo polaco no era solitario: siempre rodeado de periodistas expectantes por su opinión sobre el estado de las negociaciones y de representantes de la sociedad civil fanatizados por obtener una foto. Tras años de conflictos políticos en su país y hasta un exilio, Nasheed había regresado al juego.

“Casi 10 años desde la última vez que estuve en estas negociaciones, nada parece haber cambiado mucho. Todavía estamos usando las mismas viejas palabras, los mismos puntos tediosos. Tal sea el momento de decirnos algunas verdades difíciles. Las emisiones de carbono siguen aumentando. Y todo lo que parece que estamos haciendo es hablar, hablar y hablar. Hay algo malo en la forma en cómo estamos hablando y en lo que estamos haciendo. No estamos ganando la batalla”, reclamó ante una COP24 que dejó mínimos avances en la implementación del Acuerdo de París.

Foto: The Island President

En diálogo con RED/ACCIÓN, Nasheed se refirió a la postura de determinados países de no dar la bienvenida al informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) sobre un calentamiento global del 1.5°C como límite -cifra conquistada por los países insulares en el Acuerdo de París-: “Es bastante tonto que alguien no crea lo que establece un informe científico. El informe del IPCC debe ser bienvenido, la mayoría de los países quiere hacerlo, pero hay algunos pocos que no. La ciencia es ciencia, no es política. No se puede negociar con las leyes de la física”.

Comprender la importancia de su regreso a las negociaciones climáticas, obliga a hacer un recorrido por su lucha ambiental y política. En 2008 Nasheed fue el primer presidente de Maldivas elegido democráticamente. El cambio climático se volvió en un tema central de su agenda política. El motivo era tan simple como complejo: Maldivas puede desaparecer por el aumento en el nivel del mar.

Maldivas es el país localizado a menor altitud del mundo, más de la mitad de sus islas se encuentra a menos de un metro sobre el nivel del mar. En un futuro no muy lejano, sus ciudadanos se verán obligados a abandonar ese territorio paradisíaco en busca de un nuevo hogar como refugiados climáticos. Según el informe del IPCC, con el calentamiento del 1.5°C para 2100, el nivel del mar tendría un crecimiento 10 cm inferior al escenario de los 2°C. National Geographic, explica el vínculo cambio climático-nivel del mar por tres factores: la mayor dilatación de las aguas tras el aumento de su temperatura, el derretimiento de los glaciares, y la pérdida de hielo en Groenlandia y la Antártida Occidental.

“La velocidad de los vientos ya es más alta de lo que solía ser y eso incide en las olas del océano. Todo ello implica una serie de problemas: contaminación del agua, erosión costera, blanqueamiento de corales. Todas estas cuestiones se conectan con nuestra vida”, reflexiona con RED/ACCIÓN.

Como presidente, Nasheed estableció políticas para reducir las emisiones contaminantes con la meta a 2020 de convertir a Maldivas en una de las primeras naciones carbono neutral. Convocó a una reunión de gabinete debajo del agua (literal) para despertar conciencia global sobre cuál sería el escenario de su país si no se actuaba con rapidez ante el cambio climático. Su primer año como presidente se vio documentado en el filme “The Island President”, que se proyectó en salas argentinas de cine en 2012 en el marco del Green Film Fest.

Su lucha ambiental se vio acompañada de una lucha política. Con detenciones durante los inicios de su actividad previo a la presidencia; Nasheed debió renunciar a su cargo en 2012 en lo que denunció como un golpe de estado. Le siguió una condena a 13 años de prisión por delitos de terrorismo que la propia Organización de Naciones Unidas cuestionó y que lo llevó a un exilio de dos años en Reino Unido. En noviembre pasado, Nasheed fue absuelto y regresó al lugar que lo vio nacer y al cual espera preparar de lo inevitable: quedar bajo el agua.

¿Cuál es para él la solución ante tantas conversaciones y escasos avances en la acción? “En lugar de pedir recortes (de emisiones), deberíamos exigir aumentos en energía limpia -como la eólica y solar-. Si les pedimos a los grandes emisores que inviertan tanto en energía limpia,  terminarían dejando de invertir en combustibles fósiles y de usarlos. Los países en desarrollo no les estamos pidiendo dinero, sino que inviertan en nuestras economías y en las suyas para modificarlas. Hay nuevas tecnologías disponibles, debemos invertir en ellas. Necesitamos replantear lo que estamos exigiendo: demandemos algo positivo, en lugar de exigir algo negativo”. ¿Su mensaje para los líderes del mundo?  “Si no actúan ahora, si condenan el futuro, entonces no pueden ser los futuros líderes. Debemos poder pensar más allá de los ciclos electorales, y tener una visión más amplia de la política”.

Una renuncia “a punta de pistola”, detenciones, condena, exilio y una política internacional que parece no darle aún las acciones que su país necesita para no quedar bajo el agua, ¿qué le da esperanza para continuar en esta lucha a quien se considera representante de “una nación de sobrevivientes”? “No puedes rendirte. No puedes perder la esperanza. No puedes morir en la desesperación. Haremos todo lo posible para asegurar la supervivencia de nuestro país. Pero sólo podemos sobrevivir como nación si también sobrevivimos como planeta. Creo que podemos ganar contra todo pronóstico y debemos seguir luchando… y nunca, nunca, nunca rendirnos”.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 9 de enero de 2019

¿Por qué el mundo debe cambiar hacia las energías renovables cuanto antes?

Los argumentos son múltiples, las razones están a la vista y la explicación puede encontrarse en un simple enunciado: porque es la vía más eficiente y en armonía con el ambiente para reducir las emisiones contaminantes.

Desde la Revolución Industrial a la fecha, las actividades humanas se han multiplicado bajo un sistema dominado por la explotación de combustibles fósiles -como el petróleo y el carbón-. Este sistema energético ha generado altas emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo al cambio climático. Luego de años de discusión y de un sector privado que se resistía -con el argumento primero de “cuán costosas eran las nuevas alternativas ‘ecofriendly’”-, hoy ya casi no quedan dudas: las energías renovables son la solución más conveniente, e incluso más competitiva desde lo económico, para hacer frente al cambio climático.

Renovables, renovables, renovables. Venimos mencionándolas en casi todas las newsletters semana a semana. Pero, ¿qué son? Son tipos de energía que proceden de fuentes ilimitadas con capacidad de regeneración, como el sol y el viento. Durante los últimos años, la necesaria lucha frente al cambio climático impulsó su crecimiento tanto en países desarrollados como en desarrollo. Pero todos saben que aún hace falta más, por eso desde este viernes 11 al domingo 13 representantes del sector público y privado se reunirán en Abu Dabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, para la novena edición de la Asamblea General de IRENA, la Agencia Internacional de Energías Renovables. ¿El propósito? Avanzar en las acciones y los marcos necesarios para acelerar la transición. Cabe recordar que la Agenda de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas establece en su objetivo 7 una meta clara a 2030: garantizar el acceso universal a energía asequible, confiable, sostenible y moderna para todos.¿Cómo venimos con el tema en Argentina? Al momento de escribir esta newsletter, el 4.91% de la energía del país procede de fuentes renovables (eólica, fotovoltaica -solar-, biomasa, hídrica; en ese orden). ¿Eso es mucho o poco? Es bajo en comparación con el objetivo del 8% que marcaba la Ley de Energías Renovables para fines de 2017 y expectante para la desafiante meta del 20% para 2025. Es un crecimiento en comparación con donde estábamos hace apenas un año. Es escaso en relación con el increíble potencial que tenemos en nuestro diverso territorio: desde el imponente sol del norte hasta los fuertes vientos patagónicos. ¿Vos también podés saber cuánta energía renovable se usa en el país al momento de leer SUSTENTABLES? ¡Claro! En esta nota de RED/ACCIÓNte explicamos cómo.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 9 de enero de 2019

Salven a las abejas: en Finlandia desarrollan una vacuna comestible para protegerlas

Un equipo de científicos de la Universidad de Helsinki desarrolló la primera vacuna comestible para abejas. Previene algunas infecciones microbianas (como la loque americana) y se administra mediante una pieza azucarada que come la abeja reina. Luego, transmite su inmunidad a sus crías.

Las abejas están amenazadas en todo el mundo, entre otros factores por los pesticidas. El glifosato, el agroquímico más usado en la Argentina, mata la flora y le quita alimento a las abejas. Al mismo tiempo, los neonicotinoides, que se usan en el cultivo de maíz, intoxican a las abejas, provocándoles una pérdida en su orientación que impide que vuelvan a la colmena. Eso, multiplicado por miles de abejas, ha sido estudiado y tiene un nombre: colapso de colonias. Y una consecuencia: el vaciamiento de las colmenas.

En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que la cantidad de colmenas comerciales ha descendido a la mitad en los últimos 75 años, al tiempo que los cultivos que requieren de polinización han aumentado en un 300 por ciento.

La vacuna desarrollada en Finlandia es novedosa porque hasta hace poco tiempo se creía que los insectos carecían de anticuerpos y que, por lo tanto, era imposible vacunarlos. Pero en 2014 el equipo de Helsinki encontró que las mariposas podían transmitir su inmunidad a sus crías. Y luego continuó sus investigaciones con abejas.

“Si podemos salvar aunque sea a una pequeña parte de las abejas con este invento, creo que haríamos nuestra buena acción, salvando un poco al mundo”,  dijo Dalial Freitak, la directora del proyecto, a la agencia AFP. “Un aumento del 2 al 3 por ciento de la población de las abejas sería incluso enorme”.

El apicultor Marcelo Sosa inspecciona una colmena en la que ya no hay abejas en Córdoba, en marzo de 2018.

La vacuna no está aún en el mercado, pero su existencia es una buena noticia para los apicultores. Los científicos de Helsinki aseguran que su tecnología podrá usarse junto con otras soluciones en el futuro también para combatir enfermedades fúngicas y otras infecciones bacterianas.

Sustentabilidad | 4 de enero de 2019

Foto: Secretaría de Energía de Jujuy.

Mirá cuánta de la energía que usamos ahora en la Argentina es renovable

Qué pasó. Un nuevo parque solar comenzó a producir energía en Ullum, provincia de San Juan. Tiene capacidad como para abastecer a 20.000 hogares. Es el octavo parque solar que se suma a la red desde 2016 y el número 24 de energías renovables si se suman los proyectos eólicos, pequeñas hidroeléctricas y centrales de biomasa y biogás.

Por qué es importante. Permite ampliar el porcentaje de renovables dentro de la matriz energética nacional, que por ley ya debería representar el 8 % y llegar al 12 % a fines de este año, pero que hoy está lejos de esos porcentajes. En esta nota te contamos exactamente cuánta de la energía que estamos usando ahora mismo proviene de fuentes renovables

El dato preciso, ahora. Cammesa, la empresa que administra el mercado mayorista eléctrico del país, ofrece el dato preciso, y en cualquier momento del día, del porcentaje de energía renovable que estamos usado.

Por ejemplo, ahora, a las 11.20 de este viernes 4 de enero, el 3,64 % de la energía que demanda el país es producida por fuentes renovables.

Querés saber qué porcentaje de energía renovable consumimos ahora

Cuál es la capacidad máxima de cada fuente. La aplicación de Cammesa permite, además, saber qué sector de las renovables es el que está satisfaciendo en mayores proporciones la demanda y qué capacidad instalada tiene, por lo que si se dieran las condiciones climática ideales (mejores viento o sol, por ejemplo) podrían aportar más energía al sistema.

Cómo evolucionó el sector. La construcción de centrales y parques de energía renovables fue una de las promesas de campaña de Mauricio Macri. Y aunque no lograron avanzar con el vértigo que se anunció, en tres años se construyeron y entraron en operaciones 24 centrales con una potencia de 625 megavatios. En total ya son 82 las plantas de energía renovable.

Con ese panorama, la evolución del aporte de las renovables a la demanda de energía pasó de un 1,9% en diciembre de 2015 a poco más del 4% en noviembre de 2018, tal como lo muestra este gráfico.

Fuente: Subsecretaría de Energía Renovables de la Nación.

Además, hay 93 obras para construir parques solares, eólicos, de biomasa y biogás que aportarán 3.834 megavatios. Cerca del 80% de esos planes estarían listos durante 2019, según aseguraron desde Subsecretaría de Energías Renovables de la Nación.

Qué ocurre en el mundo. El país está lejos de lo que ocurre a nivel global, donde las renovables aportan en promedio un 10,4% de la energía, según Ren21, una red global que monitorea el avance de las energías renovables.

La cifra también está lejos de la incidencia que tienen las energías limpias en Uruguay (44%, con predominio de las eólicas), Brasil (19%, combinando eólica y pequeñas hidroeléctricas) o Chile (17%, también con eólica e hidroeléctricas), según el sitio Climatescope, que permite comparar las matrices energéticas de los países.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 3 de enero de 2019

Foto: Alberto Pighin

Capioví, el pueblo que combina el espíritu navideño con el arte de reciclar

Apenas 6000 habitantes y un espíritu inquebrantable de colaboración. Esos son los dos ingredientes básicos de la receta de una Navidad como la que se vivió una vez más en la localidad misionera de Capioví.

La particularidad es la decoración de la ciudad hecha exclusivamente con material reciclado. Botellas de plástico, cajas de cartón, bolsas y chapitas fueron las grandes “vedettes” de las Fiestas. La tradición que comenzó en 2009 ya reutiliza más de 100.000 botellas cada año para la decoración navideña. Y otras ciudades del país ya los están imitando.

La idea inicial de la propuesta surgió de la mano de Alberto “Beto” Pighin y su mujer Mirta Fischer, que hicieron un viaje a Brasil 10 años atrás y advirtieron que el pueblo de Gramado -ubicado a 80 Km. de Porto Alegro- celebraba la Navidad utilizando material reciclable. “Vimos eso y quisimos traer esa idea acá”, contó Pighin a RED/ACCIÓN. Y remarca: “Pensamos en algo que quede, que supere lo religioso y que sea significativo”.

Por entonces, la esposa de Pighin daba clases de catequesis en la localidad. Y puso en marcha esta propuesta en las aulas, de la mano de la artesana Úrsula Kleiner. Esa tradición luego salió del ámbito religioso y creció hasta transformarse en una costumbre local. Para la decoración, los vecinos de Capioví recolectan botellas plásticas que luego son moldeadas con fuego y pintadas.

Foto: Alberto Pighin

De esta manera, no solo llenan de “espíritu navideño” a la localidad, además contribuyen a frenar la contaminación del río homónimo a la ciudad, que antes recibía miles de botellas anualmente, que hoy son reutilizadas.

Para recolectar los materiales para la decoración, los habitantes de Capioví colocan cestos y bolsas en distintos espacios como fiestas municipales y escolares. Por cada bolsa de residuos juntan entre 20 y 30 botellas. “Cuando comenzamos con esto, también algunos pueblos vecinos nos ofrecían elementos para colaborar”, recuerda Pighin.

Uno de los problemas que encontraban quienes arrancaron con esta propuesta en 2009 era la dificultad para hallar un espacio que les permitiera guardar durante todo el año las botellas hasta la llegada de la Navidad siguiente. Entonces, la solidaridad hizo lo suyo.

“Al principio, los habitantes prestaban sus patios para moldear y cocer los materiales y las botellas se almacenaban en la torre de la iglesia del pueblo o en los garajes de los mismos vecinos”, relata Pighin. Pero con el paso del tiempo, se construyó un espacio con este fin específico. Hasta allí serán llevadas en pocos días las estructuras que adornaron al pueblo estas fiestas.

Premio al vecino que cuida su jardín

Pero la “Navidad reciclada” no es la única iniciativa medioambiental que identifica a Capioví. Habitualmente, municipalidad pone en marcha diferentes propuestas para cuidar el planeta tales como la plantación de árboles, la recolección de botellas y una muy particular: los concursos anuales de parquización. Estos certámenes premian a los vecinos que tengan el jardín de su casa mejor cuidado y en buen estado con una exención impositiva. “El primer premio consiste en un ahorro total de las tasas municipales del año y el segundo, en un 50% de descuento en el pago de estas retenciones”, resumió Pighin.

A partir de esta serie de iniciativas, los habitantes de la localidad comenzaron a modificar su visión sobre la ecología en general, y el cuidado de los espacios públicos de su ciudad, en particular. “En un principio, los vecinos desconfiaban de la ‘Navidad reciclable’, pensaban que la gente iba a romper todo y que la decoración no iba a durar nada”, rememoró Pighin.

Pero, finalmente, “todos cuidaron de esta propuesta y, si alguna vez hubo algún daño, inmediatamente los mismos vecinos lo arreglaron ya que la Navidad de Capioví se convirtió en propiedad comunitaria”.

Foto: Alberto Pighin

A su vez, los primeros niños que colaboraban con la actividad, y en ese momento tenían 10 años, hoy superan los 20 y colaboran con la difusión del evento, del que también participan.

Inspirar a otros

La propuesta que nació una década atrás una pequeña localidad misionera tuvo tal éxito que, con el paso del tiempo, sus creadores comenzaron a notar que el interés por la ‘Navidad eco-friendly´ trascendía las fronteras de la provincia que le dio origen. “En la localidad santafesina de Franck nos preguntaron cómo lo habíamos hecho y ellos también lo implementaron, pero con su propio estilo”, explicó Pighin.

En estas fechas, los vecinos de Capioví se muestran orgullosos de este logro que llevó años construir. Y que en la última Nochebuena hizo brillar a toda la localidad bajo un espíritu de amor y cuidado que trasciende a sus habitantes que desde su lugar trabajan para mejorar el planeta.

Sustentabilidad | 2 de enero de 2019

Foto: Leonardo Zavattaro / TELAM – AFP

Qué efectos tendrá en cada rincón de la Argentina el cambio climático

Existe un dato preciso y una proyección: la temperatura mundial promedio subió 1 °C desde la época preindustrial, mientras que si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero esa suba será de 1,5 °C entre 2030 y 2052. Es un problema grave y esencialmente global.

Sin embargo y pese a que la mitigación del cambio climático depende de acciones globales, hay precisiones sobre las consecuencias que sufre la Argentina. Sabemos cómo varió la temperatura en cada provincia y cuáles son sus efectos sobre el ambiente. Y lo que es más sorprendente, podemos saber dónde la temperatura escalaría hasta 5 °C, qué ríos se están secando y qué costas son devoradas por el mar. Te lo contamos en esta nota y te mostramos cómo podés saber lo que podría pasar exactamente en tu ciudad.

Brevísima explicación sobre por qué cambia el clima

Como consecuencia de la producción de energía, la quema de combustibles fósiles, la generación de residuos urbanos, la agricultura y la deforestación aumenta en la atmósfera la concentración de gases (como el dióxido de carbono) que se llaman de efecto invernadero.

Justamente se los denomina así porque producen un efecto similar al de un invernadero: atrapan parte de radiación terrestre. Y eso hace que suba la temperatura del planeta y se altere el clima.

Así cambió la temperatura de nuestro país

Según la región, subió entre 0,5 y 1 °C. Hay zonas de provincias como Río Negro, Chubut, San Juan, Mendoza o Entre Ríos donde la temperatura promedio está 1 °C arriba que hace medio siglo, como lo muestra este mapa al sombrear en rojo los sitios donde subió la temperatura y en cuántos grados:

Fuente: Informe del Estado del Ambiente 2017 hecho por la Secretaría de Gobierno de Ambiente de la Nación.

“Si a nivel global siguiéramos con los mismo niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, el máximo aumento de temperatura será en el Norte y Noroeste de nuestro país, con temperaturas promedio, para el período 2081-2100, 5 °C más altas que las promedio del corte 1986-2005”, explica Inés Camilloni, experta del Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera de la UBA y parte de los científicos que colaboran con el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

En cambio, sigue Camilloni, la Patagonia tendría para el mismo período entre 2 °C y 3 °C más que hoy.

Ya existen varias muestras del daño que el cambio climático puede causar en el país con tormentas fuera de lo común, inundaciones y olas de calor. Lo que hicieron especialistas de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) es mapear los padecimientos y riesgos de cada una de las regiones del país en base a estudios científicos de la Secretaría de Ambiente de la Nación y del IPCC, entre otras investigaciones.

Ciudad y Gran Buenos Aires: inundaciones y avance del dengue

Se proyecta que las precipitaciones y el nivel del Río de la Plata seguirán aumentando a lo largo del siglo. Esto incrementaría la frecuencia de las inundaciones.

“El Río de la Plata ya subió 20 centímetros desde los primeros registros. Si sigue creciendo, el riesgo de inundaciones en la cuenca baja de los ríos Matanza, Riachuelo y Reconquistas será mayor”, advierte Enrique Maurtua, a cargo del área de cambio climático de FARN.

Pero además se espera un aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor. “Con temperaturas más cálidas y condiciones más húmedas, aumenta el riesgo del avance de vectores, como el mosquito del dengue o la vinchuca, por ejemplo”, completa Maurtua.

Como varias villas están sobre los márgenes de arroyos y ríos, como en el caso del Riachuelo, aparece un desafío: realojar esos barrios para evitar que se inunden.

La Plata es uno de los municipios bonaerenses golpeados por las inundaciones. Foto: Eva Cabrera

Región centro: sequías prolongadas y olas de calor

En La Pampa, San Luis, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Chaco y Formosa se proyectan más olas de calor, en especial al norte de esta región. También más al norte, las sequías serán más prolongadas y podría haber grandes pérdidas económicas por bajo rendimiento de cultivos.

Mientras que en contraposición se espera aumento de lluvias en la zona sur y centro de esta región, por lo que habrá más condición de humedad y en consecuencia podría expandirse la frontera agrícola.

Fuente: FARN

“Será más factible introducir cultivos que hoy no sobrevivirían en determinadas zona”, señala Maurtua y advierte, entonces, que el desafío es “afianzar sistemas productivos sustentable para evitar el deterioro de los suelos y la degradación ambiental”.

Litoral y pampa húmeda: inundaciones y más sequías

El informe de FARN remarca que las sequías y olas de calor serán más frecuentes. Sirve recordar que la sequía que en 2018 afectó Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y La Pampa generó pérdidas en cosechas de soja y maíz por 6.000 millones de dólares y fue incluida como uno de los 10 fenómenos climáticos más destructivos del año en el mundo.

Pero en la misma región, habrá que prever lluvias más intensas e inundaciones. “Los cambios en el uso del suelo de esta región han incrementado los caudales de los ríos de la cuenca del Plata, potenciando el riesgo de inundaciones”, dicen desde FARN y explican que la necesidad de salvaguardar ganado de las inundaciones en el Litoral es un buen ejemplo de que el fenómeno ya se está dando.

La sequía provocó estragos en Benito Juárez. Foto: Juan Mabromata – AFP

Noroeste: temperaturas extremas y escasez de agua

La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy conforman la región donde se proyectan los mayores aumentos de temperatura y de días con olas de calor. Las altas temperaturas podrían continuar acelerando la evaporación del agua y de esa manera disminuir la disponibilidad en la región.

“Es la región que corre mayores riesgos de impacto social debido a las olas de calor y el estrés hídrico”, apunta FARN.

A su vez, estiman que habrá una fragmentación y reducción de los humedales altoandinos. “Esto puede traer problemas ecosistémicos que afecten a la población de llamas. Y en consecuencia a producciones locales que trabajan con su lana”, ejemplificó Maurtua y remarcó que las temperaturas “podrían afectar las horas de trabajo y de esparcimiento al aire libre en las épocas más cálidas”.

Cuyo: deshielo y menos disponibilidad de agua

Las principales consecuencias del cambio climático en Mendoza y San Juan están vinculadas al agua. Se espera que disminuyan aún más las áreas de los Andes que están cubiertas por hielo.

Ese deshielo y la disminución de las precipitaciones están acelerando el agotamiento de las aguas superficiales, por lo que se prevé mayor vulnerabilidad de varias economías regionales.

“La industria del vino depende de los ríos de deshielo y es uno de los sectores que mayor previsiones está tomando al respecto”, advierte Maurtua y remarca que se espera una reducción significativa de los caudales de los ríos San Juan, Mendoza y Atuel.

Estepa patagónica: desertificación y erosión costera

Se estima una disminución de las lluvias y un aumento de la temperatura, lo que provocaría un escenario de mayor aridez en la estepa de Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz.

Ese cuadro puede acelerar el proceso de desertificación de miles de hectáreas como consecuencia de la degradación del suelo. Lo dramático es que cada año en todo el país, aunque principalmente en la Patagonia, 2 millones de hectáreas se suman a las 100 millones de hectáreas secas del país que están en proceso de degradación y desertificación.

En Ingeniero Jacobacci, Río Negro, el suelo es casi desértico. Crédito: INTA Bariloche.

A su vez, el aumento del nivel del mar podría acelerar los procesos erosivos sobre las costas, aumentando el retroceso de las playas y acantilados.

Andes Patagónicos: reducción de glaciares e incendios forestales

El aumento de la temperatura acelera la reducción de las zonas cubiertas de hielo en Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Se espera que también disminuyan las lluvias, lo que reduciría el caudal de muchos ríos, por ejemplo el Santa Cruz, y en consecuencia se daría un retroceso de los bosques patagónicos. Estas condiciones más secas, aumentarían además el riesgo de incendios forestales.

“La falta de recursos hídricos generaría nuevos desafíos para el sector productivo de frutas y hortalizas. Además, el caudal insuficiente de los ríos podría afectar negativamente la producción de energía eléctrica”, señalan desde FARN.

Qué puede pasar en la ciudad en la que vivís

A partir de datos estadísticos respecto de cómo cambió el clima en el país, distintos escenarios futuros y datos socioeconómicos de cada ciudad, hoy es posible identificar cuáles son los principales riesgos del cambio climático en el lugar donde vivís.

Es factible gracias a una herramienta interactiva que armó la Secretaría de Gobierno de Ambiente de la Nación. Se trata del Sistema de Mapas de Riesgo del Cambio Climático (Simarcc).

Este sistema permite proyectar, municipio por municipio, el nivel de riesgo en un futuro cercano (hasta 2039) o lejano (hasta 2100) respecto a las noches tropicales, días de olas de calor, temperaturas máximas, períodos de sequías o de precipitaciones intensas.

El nivel de riesgo que otorga la herramienta se da al proyectar cómo evolucionarán esos aspectos climáticos en dos escenarios (de emisiones altas o medias de gases de efecto invernadero) y al cruzarlos con índices de pobreza, mortalidad infantil y acceso agua de la ciudad seleccionada.

Por ejemplo, en Iruya, Salta, el riesgo de que aumenten los días de olas de calor es alto, tal como lo muestra este mapa hecho con esta aplicación:

“Es un aporte para definir políticas públicas y acciones de adaptación al cambio climático. Es aplicable en la orientación de programas, elaboración de planes sectoriales, planificación del territorio, actividades preventivas y planificación de inversión”, explica Carlos Gentile, secretario de Cambio Climático de la Nación.

Gentile lo cuenta de manera gráfica: “Uno puede proyectar a partir de esta herramienta cómo deben ser las líneas de alta tensión o los rieles de un tren como para que soporten determinado aumento de temperatura; qué viabilidad futura tiene una hidroeléctrica en determinado río; hacía dónde se corren las isohietas con precipitaciones indicadas para determinados cultivos; qué vectores tropicales (como el dengue) pueden aparecer en nuevas áreas o qué poblaciones necesitarán una asistencia respecto a la accesibilidad al agua”.

Querés saber cómo evolucionaría el clima en tu ciudad

Qué hace Argentina para mitigar la emisión de gases

El país espera no exceder las 483 mega toneladas de dióxido de carbono para 2030. “Para un país en vías de desarrollo y que necesita crecer, eso significa una reducción del 18% respecto a los niveles de emisiones a los que llegaríamos si instrumentáramos las medidas que tenemos planeado hacer. Además trabajamos en un segundo escenario de mayor esfuerzo que implicaría una reducción del 37%”, aseguró Gentile.

Para lograrlo, se creó en 2016 un gabinete de cambio climático que conforman los ministros. De ahí salieron las propuestas para alcanzar la meta. El aporte más sustancial lo deberá hacer el área de Energía, con el incremento de renovables en la matriz energética.

En segundo lugar, el gobierno apuesta a no seguir perdiendo superficie de bosques e implantar nuevos, algo que hoy se evidencia como difícil. El Ministerio de Producción deberá trabajar con las cámaras sectoriales para alcanzar mayor eficiencia energética y que aprovechen procesos productivos para generar su propia energía.

El área de Transporte debe apuntalar al transporte público para desalentar el uso de autos y mejorar rutas y trenes, para así hacer más eficiente el transporte de cargas. Finalmente, Agroindustria debe trabajar en la incorporación de prácticas productivas más sustentables.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 26 de diciembre de 2018

Cómo pasar a la práctica y empezar hábitos sustentables en el 2019

Empezar la dieta, empezar el gimnasio, empezar un nuevo proyecto… ¿por qué no empezar un nuevo hábito sustentable? O más bien el interrogante podría ser, ¿por qué no cambiar un hábito cotidiano para que sea sustentable?

Yo lo hago cada año y por eso quiero invitarte al desafío. Lo ideal es comenzar por acciones que ayuden a reducir tu huella de carbono, es decir, aquellas emisiones más contaminantes que contribuyen al cambio climático como nuestro uso de la energía, la manera en que nos movemos por la ciudad y hasta qué comemos. Para los dos primeros casos, el cambio es simple. En primer lugar, ser eficientes en el uso de la energía: usarla sólo cuando sea necesario. En segundo lugar: caminar o usar la bicicleta para distancias cortas, y priorizar el transporte público por sobre el vehículo particular para distancias más largas.

La alimentación merece un párrafo aparte. El más reciente informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) sobre un calentamiento de la temperatura del planeta en 1.5°C, mencionaba en sus recomendaciones el reducir el consumo de carne. Otros estudios anteriores también consideraban esta medida como crucial. ¿Acaso es por el cariño de los investigadores con los animales? No, sino el impacto que la producción de carne genera en el ambiente. Desde la cantidad de emisiones de metano (sí, los propios gases de la vaca) y carbono que genera hasta la huella hídrica que contiene (es decir, el agua que se utiliza a lo largo de todo el proceso de producción). ¿Es racional que utilicemos 15.000 litros de agua por cada kilo de carne vacuna? Sé que en “el país del asado” es difícil decirte que comas menos carne y más verduras, pero al menos comenzar a reducir las cantidades diarias o semanales es un pequeño paso que puede marcar una diferencia. El diario británico The Guardian elaboró un interesante artículo al respecto (en inglés): ¿Por qué comer menos carne es lo mejor que podés hacer por el planeta en el 2019?

Comencé SUSTENTABLES allá el 14 de noviembre hablando del 2018 como el año de la lucha frente a los plásticos, así que quiero retomar brevemente el tema aquí con una simple, pero compleja pregunta: ¿Qué plástico de un sólo uso te proponés sacar de tu rutina en el 2019: los sorbetes, los vasos de café, las botellas, las bolsas?

Cómo modificar hábitos para que sean más sustentables

  1. Analizar tu rutina y descubrir cuál es el mayor impacto ambiental que generás. En mi caso, usaba muchas bolsas para juntar las necesidades de mi perra (honestidad!) así que empecé a reutilizar envases de pan lactal, sachets de leche o fideos. 
  2. Elegí un cambio por vez. Si hacemos todo junto es más probable que no tengamos éxito. En 2017 incorporé el vaso reutilizable para tomar café y reemplazar los descartables. En el 2018 sumé una cuchara/tenedor de aluminio plegable que va conmigo siempre en la cartera para, por ejemplo, tomar un helado. ¿2019? Se los contaré en unas semanas desde Nueva York. 
  3. Incorporá el cambio de hábito a tu rutina de la forma más natural, ¡que no sea un problema! Al empezar a separar los residuos, organizá los cestos separadores de forma tal que la separación sea sencilla y práctica. 
  4. Compartí con otros, pero… ¡no obligues! Es genial contarles a los demás lo que estás haciendo para cuidar al ambiente, pero cada uno tiene su propio tiempo. Incluso en una convivencia, vas a ver que de a poco la otra persona adopta tus hábitos sin la necesidad de pedirles que lo hagan. Cuando conocí a mi novio, él comía carne y hoy ya prácticamente lleva una alimentación vegetariana, no por pedido mío sino por propia elección 🙂

Este es un fragmento de la newsletter SUSTENTABLES. Para recibir gratis la versión completa cada miércoles en tu mail:

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 20 de diciembre de 2018

Crédito: Proyecto Yaguareté

El retorno del yaguareté: el felino más grande de America está de vuelta en zonas de Chaco y Formosa

Qué pasó. Pobladores locales y guardaparques encontraron pisadas de yaguaretés en el norte de Chaco y Formosa. Las huellas fueron fotografiadas y luego un grupo de investigadores del Conicet confirmó que efectivamente eran pisadas del felino más grande de América.

Por qué es importante. Los registros reafirman que el yaguareté no está extinto en zonas de esa región de parque chaqueño donde no se habían encontrado rastros desde hacía 12 años. Los científicos calculan que en toda esa región quedan entre 15 y 20 animales, por lo que más allá de la buena noticia, la vulnerabilidad de la especie sigue siendo altísima.

Dónde fue el hallazgo. En Chaco, las pisadas se encontraron en El Impenetrable. Mientras que en Formosa fueron en un área cercana a Paraguay, por lo que se cree que los yaguaretés se mueven entre ambos países, cruzando a nado el Pilcomayo.

Por qué no se precisa el sitio. Lo hacen para evitar que cazadores ilegales se acerquen al lugares. Ocurre que la principal amenaza actual es la caza, que está prohibida.

Los matan por tres razones: hay pobladores que lo hacen por una cuestión cultural o de tradición, hay quienes lo cazan con la idea de resguardar su ganado y hay casos en los que la captura se da por el “temor” que provoca o por miedo a que mate animales domésticos.

En qué otras zonas hay yaguaretés. En el país hay tres poblaciones, aisladas una de otras, que suman entre 200 y 250 animales, por lo que se encuentra en peligro crítico de extinción.

• La más grande está en la selva de yungas de Salta y Jujuy. Ahí creen que hay entre 100 y 150 animales.

• En la selva misionera, principalmente dentro del parque nacional Iguazú. Estiman que hay entre 60 y 80 yaguaretés. Es la única población de la que hay certezas de que está creciendo.

• La del parque chaqueño, que abarca parte de Chaco, Formosa y Santiago del Estero, es de entre 15 y 20 felinos.

• Finalmente, hay un proyecto de reintroducción de yaguaretés que la Fundación CLT lleva adelante en los Esteros del Iberá, donde por ahora hay cinco adultos y dos cachorros, pero están en corrales de cría.

Por qué hay tan pocos. Históricamente, el yaguareté vivió desde el norte de la Patagonia hasta el norte del país. El territorio que ahora habitan representa el 5% de la superficie que originalmente ocupó. Esa pérdida se debe principalmente al avance de la frontera agropecuaria. Mientras que la depredación de animales se dio principalmente por la caza, que recién fue prohibida en la década del ’80. Miles de pieles se exportaban todos los años.

Fuente: Red Yaguareté

Qué hacen con los registros. “Una vez que identificamos las huellas, coordinamos con los guardaparques y armamos mapas para establecer cuáles eran los mejores lugares para ubicar las cámaras que nos van a permitir conocer las características de estos animales y cuáles son sus hábitos”, explica Verónica Quiroga, investigadora del Conicet en el Instituto de Diversidad y Ecología Animal de la Universidad Nacional de Córdoba.

Parte del equipo que halló los rastros en Chaco. Crédito: Proyecto Yaguareté.

Qué se está haciendo para protegerlo. A nivel país, existe el Plan Nacional de Conservación del Monumento Natural Yaguareté, que apunta a la conservación y recuperación de la especie y su hábitat. También hay varias leyes provinciales, en Salta, Misiones y Chaco, que apuntan a proteger la especie.

Guardaparques se ocupan de patrullar las reservas para evitar la caza. 

El Proyecto Yaguareté, en tanto, está liderado por científicos e investigadores especializados en biodiversidad y conservación. Tiene una doble misión: crear información científica del tema y promover acciones concretas.

También hay varias iniciativas de asociaciones, como la Red Yaguareté o la Fundación CLT.

Si viste un yaguareté en cautiverio o querés aportar algún dato que creas de interés, podés informarlo ahora 

Sustentabilidad | 20 de diciembre de 2018

Foto: UNFCCC

Tres preguntas para entender la última conferencia en cambio climático

(Katowice, Polonia) 29 estudiantes de escuelas polacas entonan un llamado el último día de las negociaciones climáticas y repiten “¿Qué hay de nosotros?”. Su compañera de 15 años, Malgorzata Czachowska, asegura a la prensa: “Los líderes saben lo que tienen que hacer”. Los carteles muestran el tiempo científico que nos queda para revertir la situación: 12 años.

La conferencia anual de Naciones Unidas (ONU) en cambio climático, COP24, concluyó en la noche del último sábado en Katowice, Polonia. Dejó un documento de 133 páginas que aún se analiza. Dejó el logro de un camino a seguir. Dejó un sabor amargo que transforma esa afirmación de Malgorzata en un interrogante: ¿Los líderes hacen lo que tienen que hacer?

Lejos de los tecnicismos y augurios de éxitos, aquí tres preguntas para comprender lo que esta Conferencia de las Partes nos dejó para continuar en la senda de la acción ante el cambio climático… antes que sea demasiado tarde.

1. ¿Hubo acuerdo?

Afortunadamente y después de extensas horas extras de negociaciones que parecían no concluir nunca, la respuesta hoy es favorable. Como nos había anticipado a RED/ACCIÓN Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), esta COP24 tenía el gran desafío de definir un paquete de reglas que marcara el rumbo de cómo implementar el Acuerdo de París -principal documento consensuado entre los países para hacer frente al cambio climático-.

En suelo polaco y frente a un multilateralismo en crisis, ese “rulebook” o reglamento fue aprobado. “¡Es un excelente logro!”, expresó Espinosa finalizada la cumbre y argumentó: “Es una hoja de ruta para que la comunidad internacional aborde de manera decisiva el cambio climático. Si bien algunos detalles deberán finalizarse y mejorarse con el tiempo, en términos generales se avanzó”.

Las reglas que se aprobaron guiarán la implementación del acuerdo: cómo se unificarán los criterios de medición de emisiones contaminantes, cómo se harán más transparentes las acciones de reducción de emisiones a través de la presentación de reportes periódicos, cómo dar seguimiento al financiamiento para apoyar a las economías con menos recursos a implementar políticas de mitigación y adaptación.

Hubo un tema en el que las partes no llegaron a consenso, por diferencias con Brasil: los mecanismos de mercado, que proporcionan instrumentos flexibles para disminuir los costos de reducir las emisiones. Este punto del reglamento pasó a discusión para la siguiente conferencia.  

2. ¿Fue ambicioso?

Manuel Pulgar Vidal, Líder de Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), ayuda a responder este interrogante: “Los líderes mundiales llegaron a Katowice con la tarea de responder al último informe científico, que dejó en claro que sólo tenemos 12 años para reducir las emisiones a la mitad y evitar un calentamiento global catastrófico. Han logrado avances importantes, pero lo que hemos visto en Polonia revela una falta de comprensión fundamental por parte de algunos países de nuestra crisis actual. Afortunadamente, el Acuerdo de París está demostrando ser resistente a las tormentas de la geopolítica global. Ahora necesitamos que todos los países se comprometan a aumentar la ambición climática antes de 2020, porque el futuro de todos está en juego”.

Cuando en 2015 se llegó a consenso en la capital francesa sobre el Acuerdo de París para hacer frente al problema, las partes pidieron al Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) realizar un informe que evidencie cuál sería el escenario de un calentamiento global de 1.5°C como límite para 2100. Mientras que el Acuerdo establece un objetivo que se ubique por debajo de los 2°C para ese año.

Al respecto el Informe Especial del IPCC fue contundente: nos quedan 12 años para reducir al menos a la mitad las emisiones contaminantes y evitar los efectos más devastadores del cambio climático. Para que ello sea posible, los cambios deberían ser drásticos: desde las políticas de gobierno hasta las acciones cotidianas de los ciudadanos.

Como menciona Pulgar Vidal, todos llegamos a Katowice esperando un impacto de ese informe en las mesas de negociación. El resultado fue el contrario. Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia y Kuwait -principales países petroleros del mundo- se opusieron a darle la bienvenida al reporte científico. Aunque el resultado final fue “darle la bienvenida a su completa conclusión” en tiempo y forma. ¿Celebramos la puntualidad científica, pero no hacemos nada con ella?

Si hoy todos los países cumplen con sus objetivos nacionales de reducción de emisiones, lejos estamos de llegar a los 2°C y aún más al 1.5°C: estaríamos ante un calentamiento de entre 3 y 4°C. Entre tanto número, David Paul, ministro de Ambiente de la República de las Islas Marshall, da significado a estas cifras: “Para muchos aquí el 1.5°C es simplemente un número. Para nosotros, significa poder sobrevivir”. De continuar la generación de emisiones y el consecuente incremento de las temperaturas, el aumento en el nivel del mar amenaza con hacer desaparecer las islas que él representa.

3. ¿Cómo seguimos?

Pulgar Vidal citó una fecha que no debemos olvidar de ahora en adelante: 2020. Ese es el año en el que los países deberán presentar sus propuestas más ambiciosas de reducción de emisiones contaminantes. Es decir, no pueden ser las mismas ni inferiores a las publicadas con anterioridad. Deben ir por más.

Consciente de cómo funciona la política, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, quiere asegurarse que ello ocurra. Por eso, convocó a los líderes a la sede en Nueva York en septiembre de 2019 para una Cumbre sobre el Clima donde espera que, al menos, le muestren cuáles son sus planes para alcanzar ese objetivo tan desafiante.

Luego, será el turno de la región latinoamericana para dar el protagonismo en el liderazgo de las negociaciones. Finalmente, Chile será sede de la 25° edición de la COP. Con una fecha aún a confirmar entre fines de 2019 y principios de 2020, la COP25 será la oportunidad para que las decisiones políticas se alineen a la emergencia climática que ya ha evidenciado la ciencia.

Si Polonia había tenido la paradoja de ser sede de la COP24 y contar con un 80% de su electricidad procedente de la quema de carbón, Chile cuenta aún con tiempo para ir en línea con el nuevo desafío que asumió y sumarse a la firma del Acuerdo de Escazú, el documento que busca garantizar la participación de los ciudadanos en temas ambientales en América Latina.

La joven Malgorzata se expresó cantando con sus compañeros gracias a otra joven: la activista sueca Greta Thunberg, protagonista de esta conferencia que movilizó a cientos de estudiantes alrededor del mundo para exigir a los líderes acciones urgentes.

Entre tantas discusiones, tantas conferencias en agenda, tantas promesas, las palabras de la estudiante polaca responden por sí solas cualquier interrogante que uno pueda hacerse: “El tiempo para hablar ha terminado, el tiempo para actuar es ahora”.  

Sustentabilidad | 19 de diciembre de 2018

Intervención por Pablo Domrose | Foto: Janek Skarzynski – AFP

Los jóvenes van a cambiar el mundo. Perdón, los jóvenes ya están cambiando el mundo

“Sólo hablan de seguir adelante con las mismas malas ideas que nos metieron en este lío, incluso cuando lo único sensato que pueden hacer es poner el freno de emergencia. No son lo suficientemente maduros como para contar las cosas como son. Incluso esa carga la dejan para sus hijos”. Así, sin pelos en la lengua, Greta Thunberg se dirigió a los representantes de 190 países que negociaban las directrices para implementar el Acuerdo de París en cambio climático en la COP24 en Katowice, Polonia.

Las palabras de la activista sueca de 15 años -que padece una condición de autismo- representaron a las de millones de jóvenes que, en todo el mundo, se hicieron eco de su mensaje. “Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos. Hasta que no comiencen a centrarse en lo que debe hacerse en lugar de lo que es políticamente posible, no habrá esperanza. No podemos resolver una crisis sin tratarla como una crisis”, aseguró.

Discurso de Greta Thunberg en la COP24

El involucramiento de Greta por la acción climática no surgió en esta COP. Desde agosto pasado, con el verano más caluroso para su país, cada viernes no asiste al colegio y se dirige al parlamento sueco para realizar una sentada, una huelga por el clima (#ClimateStrike) exigiendo que se cumplan las promesas climáticas.

Otros estudiantes europeos han seguido, desde entonces, sus pasos. Incluso, el pasado viernes 30 estudiantes de escuelas polacas se manifestaron en las escaleras del predio entonando una canción cuyo estribillo repetía: “¿Qué hay de nosotros?”.

Frente a una COP que dejó gusto a poco en lo que a ambición refiere, están ellos: los jóvenes. Esos que ven que los “líderes” no toman las decisiones necesarias para garantizarles un futuro en este planeta. Esos que ya no tienen miedo en decir las cosas como son.

Los jóvenes marchan, cantan y se expresan; escriben artículos en los medios de sus países; se organizan para recoger tres toneladas de basura en las costas de San Isidro como ocurrió el pasado domingo; se reúnen para debatir cómo cambiar el mundo; toman decisiones sobre qué comer, qué marcas vestir, qué medio de transporte utilizar y hasta cuántos hijos tendrán en el futuro en función de una urgencia que tienen en claro -ellos mejor que los decisores-: necesitamos actuar hoy ante el cambio climático, antes que sea demasiado tarde.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 19 de diciembre de 2018

Video: James Goetz. Animación: Pablo Domrose.

La historia de los campesinos que plantaron 14 millones de árboles para salvar Haití

Inés se despierta a las 4 de la mañana, le prepara el desayuno a sus 8 hijos y luego camina 3 horas por las montañas húmedas de Haití hasta llegar a su terreno de trabajo. Allí, lidera un equipo de más de 50 campesinos encargados de plantar árboles de mango, lima, cacao, roble y cedro sobre suelo deforestado.

A sus 55 años, Inés forma parte de una comunidad de 1.400 trabajadores rurales haitianos conocida como CODEP, que en la última década ha plantado más de 14 millones de árboles en la isla. Su objetivo es revertir el impacto ambiental que ha tenido la deforestación en el país, y al mismo tiempo empoderar a comunidades locales a través del trabajo y la educación.

El problema de la deforestación en Haití es uno que ha sido ampliamente documentado por académicos y especialistas ambientales. En su libro “Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”, el geógrafo y escritor estadounidense Jared Diamond identifica la deforestación como uno de los principales factores que explican la actual desigualdad económica y política entre Haití (el país más pobre del hemisferio oeste) y la República Dominicana.

“Cuando uno se para en la frontera entre los dos países, mira hacia el este y ve bosques de pino. Cuando se da vuelta y mira hacia el oeste, no ve nada excepto campos sin ningún árbol”, escribe Diamond. “Este visible contraste ejemplifica la diferencia entre los dos países en su enteridad”.

La deforestación es un problema que afecta a decenas de países en el mundo, particularmente en América Latina, África Subsahariana y Asia Sudoriental. Según el informe 2018 sobre El Estado de los Bosques del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), América Latina es una de tres regiones donde continúa la deforestación. Pero la situación de los bosques de Haití es una de las más graves.

Según relata Diamond, solo el 1% de la tierra de Haití se encuentra forestada, mientras que en la República Dominicana este porcentaje es del 28%. Aunque estos datos han sido cuestionados (la FAO indica que el porcentaje de tierras con bosques en Haití es del 3.5%), la diferencia entre los dos países es clara cuando se compara su superficie a través de imágenes satelitales.

“Existen tres principales causas de deforestación en Haití: el uso de madera y carbón como principal recurso para cocinar, la ganadería que evita que los bosques se regeneren, y la demanda de tierra para agricultura”, explica a RED/ACCIÓN James Goetz, biólogo y conservacionista estadounidense que trabaja hace dos décadas en la isla.

Según datos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la producción de leña y carbón es la principal causa de deforestación en Haití, ya que el 70% del consumo energético del país se genera a partir de la madera.

También existe un factor histórico. Durante la colonización francesa de Haití en los siglos 17 y 18, muchos de los bosques nativos fueron arrasados para dar lugar a plantaciones de azúcar. Cuando Haití declaró su independencia en 1804, debió pagarle una indemnización a Francia para que reconozca su soberanía. Mucha de esta deuda fue pagada con la venta de madera de árboles nativos.

Además, según Goetz y Diamond, la falta de política pública para conservar las áreas forestadas del país generó un detrimento aún mayor de los bosques haitianos.

“El Estado nunca hizo nada para proteger a los bosques, para ayudar a la gente a que tenga algo de comer”, dice Goetz. “Es por eso que las mismas comunidades se tuvieron que organizar para reforestar el país”.

Una solución multidimensional liderada por comunidades locales

“Cuando era jóven, la tierra de las montañas era tan blanca como la palma de mi mano. Estaba todo descubierto, no había ni un árbol”, recuerda René, un campesino que nació y creció en un pueblo al sur de Haití, en la comuna de Leogane. “Ahora es totalmente diferente, está todo verde, tenemos todo tipo de especies de árboles”.

El esfuerzo de reforestación en Leogane comenzó en 1990, cuando un grupo de campesinos, junto con voluntarios de Carolina del Norte, Estados Unidos, formaron CODEP. La organización tenía como objetivo mejorar la salud de la tierra para facilitar la agricultura y así alimentar a más familias. Con el tiempo, el grupo se percató de que la mejor manera de lograr esto era plantando árboles.

“Con los árboles no sólo se nutre la tierra y se previene la erosión, lo que disminuye el riesgo de inundaciones y avalanchas”, explica Michael Anello, el director ejecutivo de Haití Reforestation Partnership, una organización de Estados Unidos que trabaja en conjunto con CODEP. “También se genera una fuente de comida e ingreso a través de los frutos cultivados de los árboles”.

En las últimas tres décadas, CODEP ha plantado el equivalente a 10.000 hectáreas de árboles en el sur del país (algo similar a 15 canchas de fútbol completas), lo que representa la mayor iniciativa de reforestación de Haití.

Sitios de plantación de CODEP. Foto: Lucía Wei He.

Junto con campesinos de 17 lakous (pueblos) de la región, el colectivo también ha logrado implementar un modelo de negocios a través del cual los participantes de CODEP venden las frutas y distintos cultivos de los árboles (como café, maní y porotos) en mercados locales. Con este ingreso, CODEP le paga a cada campesino un sueldo mensual o un bono por los árboles plantados.

“La idea era crear bosques de trabajo, a través de los cuales los campesinos no solo trabajen para cuidar el ambiente, sino también para poder mantener a sus familias”, cuenta Anello.

Campesinos parte de CODEP. Foto: Lucía Wei He.

A través de la alianza con la Haití Reforestation Partnership, los campesinos de CODEP también reciben donaciones para comprar semillas y otros materiales de cultivo, y capacitaciones en temas como técnicas de agricultura e ingeniería.  

En paralelo, CODEP también fundó una escuela a la cual asisten más de 120 estudiantes, la mayoría de ellos hijos de los mismos campesinos que forman parte de CODEP.

Para muchos de los campesinos, construir un futuro mejor para las próximas generaciones es el principal incentivo para seguir trabajando, día tras día, plantando árboles.

En las palabras de Jean Claude, un campesino que hace casi 30 años trabaja con CODEP: “Sí, es difícil trabajar tantas horas bajo el sol, pero si plantamos árboles, el día de mañana nuestros hijos van a poder trabajar bajo la sombra”.

Enteráte cómo podés ayudar.

Sustentabilidad | 14 de diciembre de 2018

Foto: UNFCCC

Al Gore: “No nos estamos moviendo lo suficientemente rápido ante el cambio climático”

(Katowice, Polonia) Al Gore es contundente. Como activista ambiental, es consciente del daño de nuestras acciones en el planeta. Pero también, como ex vicepresidente de Estados Unidos (EEUU), sabe mejor que nadie cómo funciona la política.

Mientras se desarrollan los últimos momentos más desafiantes de las negociaciones aquí en la COP24 (Conferencia de las Partes), busca llevar su mensaje de urgencia de acción ante el cambio climático a todos los públicos: desde ciudadanos locales a tomadores de decisión.  

Una fila de personas de todas las edades esperando durante 40 minutos, una niña en segunda fila ansiosa por ver a su héroe, un grupo de jóvenes chinas expectantes por tomarse una selfie con él. Tres escenas que describen las lo que genera la participaciones de Al Gore en el plenario de la COP, en un evento con mayoría de ciudadanía local polaca y en una conversación organizada por China.

Sabe mejor que nadie cómo comunicar arriba de un escenario, pero este contexto es distinto. Las negociaciones para definir cómo implementar el Acuerdo de París no vienen como se esperaba -y como el planeta necesita-. Y él no se calla: “Es evidente que no nos estamos moviendo lo suficientemente rápido”. Aquí tres temas centrales que Al Gore abordó en su participación en la COP24.

1. La ciencia es contundente

Con imágenes en movimiento, el fundador de Climate Reality Project -una organización que forma en cambio climático a personas alrededor del mundo- muestra cómo las actividades del ser humano generan emisiones contaminantes, contribuyendo a un aumento de la temperatura media del planeta. “Lo que va a los océanos, vuelve a nosotros de distintas maneras”, asegura mientras ejemplifica cómo el aumento de la temperatura en las aguas intensificó eventos naturales, como los Huracanes Harvey en EEUU o María en Puerto Rico, en los últimos años.

Fotografías de los actuales representantes de Arabia Saudita, EEUU y Rusia (incluso la referida al famoso saludo entre Putin y el príncipe árabe durante el G20 en Buenos Aires), lo hacen reflexionar sobre sus posturas aquí en las negociaciones climáticas: “Los tres principales productores de petróleo están pretendiendo que el último Informe Especial del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) sobre un calentamiento global del 1.5°C como límite no es real, y lo es”. Cada uno de los datos y las cifras que acompañan sus presentaciones tienen un respaldo científico.

Foto: UNFCCC

2. Hay falta de voluntad política

“Ésta es una COP difícil. El período entre el Acuerdo de París en 2015 y la mejora en las propuestas de reducción de emisiones de los países en 2020 es crítico. Acá hay que adoptar el reglamento para implementar el Acuerdo y avanzar en los principios de transparencia”, se expresa en territorio de un país como Polonia donde el 80% de la electricidad procede de la quema de carbón, una de las fuentes más contaminantes.

Al respecto, Al Gore vislumbra el debido rumbo: “Necesitamos políticas que dejen de subsidiar la quema de combustibles fósiles y que promuevan la aceleración de la transición. Seguimos subsidiando más a los combustibles fósiles que a las energías renovables. Y hay una definición para eso: es demente”.

Como estadounidense y ex representante político de su país, le es inevitable hacer mención a la actual Administración de Washington bajo Donald Trump, a quien considera como “la cara visible del negacionismo del cambio climático en el mundo”. Pero, al respecto, emite un mensaje para quienes están desesperanzados con su gobierno: “Más allá de su decisión, los Estados Unidos recién podrán salirse del Acuerdo de París un día después de las próximas elecciones presidenciales. Mientras tanto, debemos continuar con nuestro trabajo para implementar las políticas que necesitamos”.

Foto: UNFCCC

3. La revolución sustentable está en marcha

¿Hay esperanza al final del camino? Para Al Gore sí, y ya estamos recorriendo ese rumbo. “Las instalaciones de energía solar crecen mientras bajas sus costos de inversión”. De hecho, él mismo ejemplifica con su propio país: “La industria en la que está creciendo más rápido el trabajo es la solar. La segunda es la técnica en turbinas eólicas. Se trata de una revolución sustentable que está basada en nuevas herramientas”.

“Es un movimiento que no para, pero no lo estamos haciendo con la rapidez que necesitamos”, advierte el ex vicepresidente de Estados Unidos y reflexiona: “El cambio climático hace sentir sus efectos más rápido que lo que nosotros estamos actuando. Nos estamos quedando sin tiempo”. Y si la revolución ambiental viene de la mano de la energía solar y la eólica, para él también la revolución política vendrá en un sentido circular: “Cualquiera que dude que las decisiones que estamos tomando nosotros, los seres humanos, tienen un profundo impacto; recuerde que la voluntad política es, en sí misma, una fuente renovable”.   

A pesar de tantos años de frustraciones por las decisiones políticas, a sus 70 años Al Gore se sigue subiendo a los escenarios para hablar sobre la importancia de actuar ante el cambio climático. ¿Qué le da esperanza para continuar? “Todos los que están ahí escuchándome, todos los que son parte de un movimiento global. Las generaciones jóvenes están demandando un mundo mejor. Estamos en las primeras etapas de una revolución sustentable”.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 13 de diciembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

La carrera de obstáculos del arándano argentino: aranceles, competidores y… smoothies

Hace pocos días partió a China, por primera vez en la historia, un cargamento de arándanos argentinos: 720 kilos desde un campo de Concordia, en Entre Ríos. Destino: Shenzhen. El Secretario nacional de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, apareció en una fotografía con los dueños del campo: la negociación con el gobierno chino había llevado seis años.

El arándano está de moda, y no sólo en tu smoothie o en tu yogurt con granola, sino también en la balanza comercial: es la tercera fruta más exportada de la Argentina (luego del limón y la pera) y genera ingresos por 100 millones de dólares. Aquí es un fruto relativamente nuevo, pero en su breve historia pasó de ser un cultivo casi desconocido a un producto top de los agronegocios, y de orgullo nacional a víctima de los impuestos. China abre lo que un fruticultor calificó como “posibilidades alucinantes”, pero ¿podrá el arándano argentino aprovecharlas?

“No es un negocio para cualquiera: cultivando arándanos hemos tenido mucha gente, y mucha fracasó”, dice Federico Bayá, el presidente del Comité Argentino de Blueberry.

Cuando esta historia comenzó, en las verdulerías argentinas era raro encontrar un kiwi o siquiera un pomelo rojo. Año: 1992. El pionero fue Francisco Caffarena, un ingeniero empleado en una empresa automotriz, que, envalentonado por la maestría de negocios que acababa de terminar, compró 3.000 plantas de arándanos en Estados Unidos y las sembró en un pequeño campo en Zárate.

“Cuando viajaba al exterior, veía unas pelotitas azules muy simpáticas, que empecé a apreciar por el gusto”, dice Caffarena, que hoy tiene 65 años y sigue en el negocio con su firma Vergel. “Yo no las conocía y mis amigos tampoco, pero como se dice tanto eso de que acá se puede cultivar de todo, decidí hacerlo”.

No fue fácil: consultó agrónomos que le dijeron que iba a fracasar y en el antiguo Instituto Argentino de Sanidad y Calidad Vegetal (IASCAV, hoy reemplazado por el SENASA) no sabían de qué hablaba cuando quiso iniciar los trámites de importación. Ninguno de ellos había probado jamás un smoothie. Pero al final Caffarena lo logró.

Francisco Caffarena en su campo de Zárate, en 1993. 

“Desde el principio pensé que el negocio estaba en la exportación”, dice. Se trataba de abastecer al hemisferio norte en contraestación y en “primicia”: cosechando en septiembre, antes que lo hiciera en noviembre la competencia chilena, que ya venía con experiencia.

Caffarena pasó los siguientes años viajando: a lo largo de la década de 1990, abrió algunos mercados europeos (Reino Unido, Francia, Bélgica) y, luego de fabricar una compleja cámara de fumigación (que costó alrededor de 200.000 dólares), también logró exportar a Estados Unidos, el principal comprador de arándanos del mundo.

Como por goteo, otros jugadores entraron en el negocio: durante diez años hubo apenas 500 hectáreas sembradas y Caffarena les vendía las plantas a los demás. Pero con la devaluación de 2002, ese número se multiplicó a 1.200 hectáreas y un año después, a 2.000.

Los arándanos no crecen como una flor silvestre en el monte. Necesitan capital: una hectárea sembrada puede llegar a demandar 50.000 dólares de inversión. Se paga por las plantas, las mallas antigranizo, el sistema de riego, el sistema antiheladas y la mano de obra (10 a 20 personas en la época de cosecha, trabajando de lunes a lunes). No es un costo barato, pero aún así la superficie cultivada creció por la entrada al negocio de algunos de los fruticultores más poderosos de la Argentina (los productores tucumanos de limón) y también por los novatos del sector privado (grupos de amigos que se asociaban para cultivar 15 0 20 hectáreas).  

Todos ellos iban detrás de un sueño y no era preparar los mejores smoothies de la ciudad, sino entrar en la ventana del hemisferio norte, que era grande y podía dar muchas ganancias a un país estancado en el crack de 2001/2002.

Así, la curva del arándano se disparó. En 2003, el diario La Nación publicó un artículo titulado “Un cultivo nuevo, azul y rentable” y para 2005, ya había 2.800 hectáreas sembradas. Por un kilo de arándanos, un productor recibía hasta 10 dólares (tres veces más que hoy). Para 2007, eran 3.000 hectáreas. Y para 2008, 4.000. Mientras Tucumán, Entre Ríos y Buenos Aires se convertían en los territorios principales para el negocio, empresas estadounidenses y chilenas llegaban a la Argentina a comprar campos.

Pero, cuando ya se exportaban 15.000 toneladas de arándanos y el país parecía estar listo para pelear contra Chile por el primer puesto como productor en el hemisferio Sur, algo ocurrió: la crisis de 2008 sacudió los campos.

Las superficies comenzaron a caer tan exponencialmente como antes habían crecido. Según un estudio del INTA, en 2009 las hectáreas decrecieron a 3.500; en 2011, a 2.900; en 2013, a 2.600. Y ahí se han estancado hasta hoy (la meseta sólo vio un pico en 2014). Chile, por su parte, tiene 16.500 hectáreas: su modelo sin fisuras es como el pasto muy verde del vecino perfecto. Para la Argentina, en cambio, exportar ahora a China es una apuesta esforzada por recuperar un pasado que se recuerda idílico.

Superficie sembrada  con arándanos en la Argentina, entre 2001 y 2014. Fuente: INTA.

Entonces, no más fiesta de smoothies: ¿qué pasó? “Fue como un proceso de depuración”, dice Bayá. “Mucha gente fracasó porque había puesto cualquier variedad de arándanos en cualquier tierra”.

Una pequeña explicación: en 2008, el año de la crisis, el 80% de los campos de arándanos estaban sembrados con la variedad O’Neal. Para lograr más kilos de una fruta que además fuera más apetecible, hubo que hacer lo que los productores llaman “recambiar el plantel varietal” y traer nuevo “material genético”. Así fueron llegando otras variedades. Snow Chaser, Emerald, Jewell, Farthing: arándanos desarrollados por universidades estadounidenses, que tardan más en marchitarse y que pueden resistir mejor un viaje de varios días por mar (desde hace cuatro años, la producción argentina está abandonando el flete aéreo por sus costos).

La temporada de arándanos 2018 comenzó en octubre. Foto: Comité Argentino de Blueberry.

“En todos estos años, la inflación en pesos, el dólar atrasado, la carga salarial alta y las retenciones hicieron que la Argentina perdiera competitividad”, sigue Bayá. El país cobra un 12% de derechos de exportación de arándanos para todos los destinos, mientras que Chile y Perú, los competidores más directos, tienen tratados de libre comercio con China, la Unión Europea y los Estados Unidos (muchos smoothies garantizados).

Y ésta es la mala noticia por detrás del reciente gran anuncio: para comerciar con China, un productor argentino de arándanos debe pagar un 30% de arancel, un flete caro y ese impuesto local del 12%.

Las cajas de arándanos argentinos listas para partir a China. Foto: Comité Argentino de Blueberry.

Por todo esto, en los últimos cinco años Perú (empujado por la instalación de compañías chilenas) le arrebató a la Argentina el segundo puesto como exportador austral. “Nos pasó por arriba”, dicen los productores argentinos.

Pero hay un posible remedio. Bayá cree que funcionaría una ley de promoción de economías regionales para el sector frutícola. “Esta ley debería contemplar la reducción de cargas sociales, la eliminación de retenciones, el aumento de reintegros, y un plan fitosanitario nacional para controlar y erradicar de plagas que ponen en riesgo el acceso a mercados”, explica.

Los optimistas dicen que se podría llegar a exportar a China dos tercios de la producción local. Sólo el tiempo dirá si la Argentina está lista para esta oportunidad.

Sustentabilidad | 12 de diciembre de 2018

Crédito: Lyra Films / CLT

Crean por ley dos reservas marinas y 2018 es récord en la instauración de áreas protegidas

El Senado convirtió en ley el plan para darle protección al 10% del Mar Argentino al crear dos áreas marinas protegidas frente a Tierra del Fuego.

Con la sanción de este proyecto, el país concreta el mayor avance de su historia hacia la conservación de su mar: pasó de proteger un 3% a alcanzar el 10%, un compromiso internacional al que adhirió cuando se suscribió al Convenio sobre la Biodiversidad Biológica y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que establece justamente preservar el 10% de las zonas costeras y marinas antes de 2020.

La propuesta instaura dos parques oceánicos del tamaño de las provincias de Formosa y Misiones con distintos niveles de protección, desde la prohibición absoluta de toda actividad hasta zonas donde se podrá pescar o navegar pero de manera controlada.

Además, con la materialización de este proyecto, 2018 pasó a ser el año en el que más áreas protegidas se crearon, ya que a estos dos parques marinos se le suman Aconquija (Tucumán), Iberá (Corrientes), Traslasierra (Córdoba) y Ciervo de los Pantanos (provincia de Buenos Aires).

De esa manera se supera la marca alcanzada en 1937, año en que se crearon cinco parques nacionales, entre los cuales figuran Perito Moreno, Los Glaciares y Lanín.

La importancia de las áreas protegidas marinas. Un informe de la Administración de Parques Nacionales dice que las redes de pesca dejan una huella en el fondo del mar y arrasan con invertebrados, como corales, esponjas, medusas y estrellas de mar. Cuando el daño se perpetúa, hablan de huellas de mar muerto. Y también advierten sobre la pesca incidental de peses que luego descartan y la muerte de aves y otras especies que quedan atrapadas en las redes.

Las protecciones que se instaurarán están contempladas por ley y ofrecen distintos niveles, que van de más restrictivos a más permisivos. En este gráfico se entienden fácilmente cuál es el objetivo de esa gradualidad:

Ahora veamos qué tipo de protección le darán exactamente a las futuras áreas marinas protegidas. Yaganes tendrá proyectada una zonificación tridimensional.

  • El fondo marino constituirá una reserva nacional marina estricta. Es decir, se prohibiría toda actividad salvo la investigación científica y la necesaria para monitorear el lugar. No se puede pescar, explorar el suelo en busca de hidrocarburos, visitar la zona ni hacer ejercicios militares.
  • Un amplio sector, el más alejado de la costa, tiene su columna de agua zonificada como parque nacional marino. Ahí no podrá haber actividades pesqueras pero sí educativas y turísticas, pero en armonía con la conservación.
  • Finalmente, la columna de agua cercana a Tierra del Fuego será una reserva nacional marina de usos múltiples, dónde sí se permitirá pescar, pero con métodos menos agresivos, más controlados y limitados en cuanto a períodos estacionales y volúmenes.

Burdwood II se dividirá en dos sectores:

  • Al oeste, en el sector proyectado como reserva nacional marina, se contempla el uso sostenible. Es decir que se podrá pescar pero bajo las reglas que se disponga en el plan de manejo. También se habilitarían actividades turísticas y educativas. 
  • Al este, operará el sector propuesto como reserva nacional marina estricta. Es decir, de absoluta conservación, pero con la posibilidad de realizar actividades científicas.

Quiénes respaldan la plan. El plan fue impulsado por las 16 ONG que conformaron el Foro para la Conservación del Mar Patagónico, como Fundación Vida Silvestre, FARN y Aves Argentinas. También de la comunidad científica y de otras ONG, como The Conservation Land Trust Argentina (CLT), que impulsa la campaña Sin Azul no hay Verde, que justamente hace foco en la necesidad de proteger el mar.

Sustentabilidad | 12 de diciembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

COP24: A la espera de avanzar en la acción ante el cambio climático

“Hay avances, pero aún queda mucho trabajo por hacer”. Esta es la frase que, desde el lunes, define la situación aquí en la segunda semana de la COP24. El desafío para esta edición es casi tan importante como el hecho de haber logrado un Acuerdo de París un día como hoy hace tres años: ahora se trata de implementarlo. Para ello, son múltiples los temas que se ponen en juego a través de un paquete de reglas que marcarán su puesta en práctica.

No voy a entrar en los tecnicismos que se ponen en juego (porque creéme, son muchos), sino que el balance general de los avances alcanzados y desafíos futuros, vendrán una vez concluida la cumbre. Mientras, son importantes las palabras de Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención a cargo de la COP: “Nadie está esperando a que estén listos los acuerdos para empezar a actuar ante el cambio climático. La transición hacia un modelo sustentable de desarrollo ya está en marcha”. Con ella conversé en exclusiva para RED/ACCIÓN y aquí pueden leer la entrevista.

Ya celebrado el G20 y analizando los consensos allí alcanzados, la Argentina está presente en la COP24, con el Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, como su principal representante. Su pedido ante la Convención se alinea con el de otros países latinoamericanos: que los países que históricamente más han contaminado sean los que aporten financiamiento para las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático de los países en desarrollo. Su desafío futuro será ver cómo continúa el trabajo en las negociaciones con Brasil, bajo el nuevo gobierno de Bolsonaro, y cómo continúa defendiendo la explotación de gas en Vaca Muerta como una vía entre sus medidas de reducción de emisiones. Mientras tanto… la espera.

Marchar por la salud del planeta… y la nuestra

Una seguridad pocas veces vistas, un frío que me congelaba los dedos para tomar imágenes, consignas de todo tipo con un lema en común: no queda tiempo para salvar el planeta, hay que actuar ahora. Entre las casi mil personas que se manifestaron este sábado en los alrededores del predio de la COP, la vi a ella: Clara. En su cochecito, bien abrigada con su campera rosa, con una mirada profunda que me invitaba a leer el cartel que llevaba sobre sus piernas: “¡Peligro! El gas ‘natural’ es un combustible fósil y es altamente adictivo”. Le pregunté a su mamá, Anna, por qué marchaba. Su respuesta fue contundente: “Porque creo que algo hay que hacer. Porque quiero que mi hija y mis nietos vivan en un planeta vivible”.

La movilización tuvo sus réplicas en otras ciudades de Europa. Aquí en Katowice me encontré con diversos testimonios que pueden concentrarse en dos grandes grupos: los activistas internacionales que asisten a la conferencia y reclaman urgencia en la acción climática, y familias locales que exigen al gobierno polaco terminar con la explotación de combustibles fósiles. En Polonia, el 80% de la electricidad es generada a partir de la quema de carbón. Sus emisiones contaminantes no sólo alteran el ambiente, sino que afectan la propia salud de los habitantes. Mientras Anna “espera que los líderes hagan lo que tienen que hacer en la mesa de negociación”, le compró un libro infantil a Clara que genera conciencia sobre los residuos. “Pequeños actos”, me dice y que ya dejan un impacto en esas futuras generaciones que marchan por un mundo mejor desde el presente.

Recibí SUSTENTABLES

Información para actuar y cuidar al planeta. Todos los miércoles, por Tais Gadea Lara.

Ver todos las newsletters

Sustentabilidad | 12 de diciembre de 2018

Foto: Administración de Parques Nacionales

Las cifras que avalan la apuesta del Gobierno para que los parques nacionales impulsen las economías regionales

La gestión de Mauricio Macri ha aumentado considerablemente la superficie destinada a parques nacionales y este año fue histórico, ya que se crearon cuatro áreas protegidas: Aconquija (Tucumán), Iberá (Corrientes), Traslasierra (Córdoba) y Ciervo de los Pantanos (provincia de Buenos Aires). Es parte de una apuesta para hacer del turismo vinculado a la naturaleza un elemento clave de una política de desarrollo económico inclusivo y sustentable. Y ahora hay números que avalan ese rumbo.

Un nuevo estudio de la consultora Elypsis revela que el impacto directo del gasto en turismo vinculado a la naturaleza podría alcanzar los US$ 3.400 millones y el impacto total sería de US$ 6.400 millones. Eso generaría 309 mil nuevos puestos de trabajo que permitirían sostener una población de alrededor de 600 mil personas.

La industria del turismo en números:

  • En 2017 los parques nacionales recibieron 2,7 millones de visitantes residentes y 1 millón de extranjeros. En los últimos 20 años las visitas se multiplicaron por cinco, muy por arriba del crecimiento general del turismo.
  • En la Argentina, la industria del turismo es más grande que el sector ganadero y más grande que la producción automotriz. El año pasado el gasto en turismo en el país fue de US$ 15 mil millones. Dos tercios de ese gasto se explican por el turismo interno, mientras que la llegada de turistas internacionales aportó el tercio restante. La cifra equivale a 1,5 veces el valor de la producción de carne vacuna o de la industria automotriz y es similar a la producción anual de petróleo y gas e incluso a la de soja.
  • El 30% de ese gasto global en turismo fue generado por el denominado turismo de ocio “por naturaleza”. Elypsis dice que el potencial turístico vinculado a la naturaleza en Argentina es enorme y que como industria tiene la capacidad de recaudar el equivalente al 20% de las reservas y ser el motor para el desarrollo económico regional.
  • El estudio muestra que una habitación de una posada permite facturar US$ 15 mil al año, que es lo mismo que se produce de carne bovina en 250 hectáreas. Pero mientras la ganadería da un empleo cada 1.000 hectáreas, los hospedajes dan mucho más trabajo.
  • Los parques nacionales capturan un alto porcentaje del turismo extranjero, que gasta entre US$ 100 a US$ 120 por noche. En tanto el turista argentino gasta entre US$ 30 a US$ 34 por noche.
Uno de los gráficos que ilustran el informe de la consultora Elypsis.

El desafío para la Argentina

Según la consultora, para que el país materialice su potencial turístico, tiene que recuperar el terreno perdido en los últimos años. Argentina fue el país con la peor performance exportadora de turismo de la región, tanto en los últimos 10 años como en los últimos 20 años.

Desde la implementación del cepo en 2011 hasta el año pasado, el turismo receptivo cayó un 12% y el vinculado al ocio (sierras, ríos y montañas) bajó un 30%, llegando a los niveles de 2005.

Argentina perdió participación como destino del turismo internacional. Pasó de representar 13% en América Latina en 1995 al 7% en 2016. En el Cono Sur, el deterioro fue mayor: Argentina recibía la mitad del turismo en 1996, cayó al 33% en 2011 y a solo el 28% en 2016.

Elypsis dice que una reinserción exitosa del país a los flujos internacionales de turismo permitiría, bajo un escenario optimista, que el gasto en turismo vinculado a la naturaleza aumentara de US$ 5.300 millones a US$ 11.700 millones al año.

El estudio muestra que el turismo está detrás del desarrollo territorial y poblacional de muchas ciudades del Interior y en muchos casos son el principal sostén de la economía. Ciudades como el Chaltén o Calafate, en Santa Cruz; Villa La Angostura o San Martín de Los Andes, en Neuquén; Iguazú, en Misiones; o Esquel y Epuyén, en Chubut, vieron crecer su población a un ritmo mucho más rápido que el país. Y eso se debe principalmente al turismo.

La posibilidad de observar animales silvestres es uno de los imanes turísticos. Crédito: Fundación CLT

El rol de la fundación Tomkins

El estudio de Elypsis fue encargado por la fundación The Conservation Land Trust (CLT), del filántropo y ambientalista estadounidense Douglas Tompkins, fallecido hace tres años. Su esposa, Kris, lidera la fundación y está enfocada en asegurar su legado en Argentina y en Chile.

CLT donó las tierras para la creación del Parque Nacional los Esteros del Iberá. En Iberá se lleva adelante la restauración y reintroducción de fauna más importante de América Latina.

Tomkins dice que le gustaría ver que las comunidades alrededor de los parques nacionales entiendan que existe un vínculo entre un ecosistema saludable y una comunidad sustentable: “Las comunidades que se benefician lo van a proteger del calentamiento global y deterioro más que nadie y esa es nuestra apuesta”.

Sustentabilidad | 11 de diciembre de 2018

Foto: UNFCCC

Patricia Espinosa: “La transición hacia un modelo sustentable de desarrollo ya está en marcha”

(Katowice, Polonia) Patricia Espinosa ocupa un cargo desafiante. Es la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC). Ella es quien lidera el proceso para que los gobiernos lleguen a un consenso para actuar ante el cambio climático.

En una agenda cargada de reuniones, presentaciones y eventos, la representante oriunda de México conversó unos minutos con periodistas hispanoamericanos. Dos palabras califican la charla con RED/ACCIÓN: ambición y urgencia. Es lo que se necesita en los próximos años para revertir la situación en la que se encuentra nuestro planeta.

Reconoce que está durmiendo poco estos días. El motivo es obvio: se desarrolla aquí, en suelo polaco, la segunda semana de negociaciones de la COP24. En esta Conferencia de las Partes se espera definir cómo implementar el Acuerdo de París, ese documento histórico para hacer frente a uno de los principales desafíos de nuestro siglo: el Cambio Climático.

Foto: UNFCCC

– En los últimos meses conocimos diversos estudios con un mismo componente de advertencia: lo que se hace es insuficiente, las emisiones contaminantes crecen y seguirán creciendo. ¿Qué hay que hacer para no salir de esta COP24 con algo que desanime, con algo que no sea suficiente para lo que el planeta necesita?

– Por un lado, la evidencia científica nos confirma que los eventos climáticos extremos que estamos viendo y que están causando muertes en todo el mundo, son reales. Esto no va a mejorar por sí sólo. Tenemos que tomar cartas en el asunto. Por otro lado, tenemos un Acuerdo de París que estableció metas que son consideradas por la evidencia científica como las correctas, como aquellas que no nos van a llevar a los efectos más catastróficos del cambio climático. Lo que necesitamos ahora es que todo eso se traduzca en la voluntad política de poner en marcha un marco de directrices para la implementación del acuerdo. Ello junto con un mensaje claro: la necesidad de incrementar los niveles de ambición de las metas de los países. Y acompañado por compromisos reales en materia financiera.

– ¿Cómo considera que vienen trabajando los países en sus contribuciones nacionales de reducción de emisiones contaminantes?

– Como aún no tenemos los lineamientos para la implementación del Acuerdo de París, no contamos todavía con un instrumento que nos permita medir el progreso. Sin embargo, tenemos información de lo que se está haciendo. Me animo a decir que hay ya mucho en marcha en los países para poder avanzar hacia la implementación de los compromisos que presentaron en París. Es clarísimo que nadie está esperando a que estén listos los acuerdos para empezar a actuar. Esa transición hacia un modelo sustentable de desarrollo ya está en marcha. Además, es muy claro que está vinculada con los principales problemas del desarrollo, como la pobreza o el hambre, una agenda básica de todos los países, especialmente aquellos en desarrollo.

Foto: UNFCCC

– Justamente los países en desarrollo son, al mismo tiempo, los más vulnerables a los efectos adversos del cambio climático. ¿Cuál es su postura en estas negociaciones para conseguir un buen acuerdo?

– Esta conferencia inició desde el primer día con delegaciones que vinieron dispuestas a trabajar, a discutir los temas y textos, a tratar con mucha claridad la necesidad de llegar a acuerdos. Los países en desarrollo están en una actitud exigente y me parece que ello es claro y legítimo. Al mismo tiempo, creo que aquí estamos viendo una actitud constructiva, en el sentido de que lo que se está buscando es un acuerdo. Hay conciencia de que una falta de acuerdo o una finalización que no sea exitosa, no favorece a nadie. De lo que se trata es de cuál es el mejor acuerdo posible que podemos encontrar. Eso no es fácil porque es una agenda muy diversa, de temas muy técnicos, en donde hay muchas interrelaciones entre lo que se discute en un lugar y otro. En esta segunda semana, cuando la presidencia toma bajo su responsabilidad la negociación de todo el proceso, eso puede darnos una oportunidad de integrar mejor la visión de lo que esperamos para esta COP.

Foto: UNFCCC

– Usted también mencionó el financiamiento como un tema clave en las negociaciones. ¿Qué rol considera debe jugar el sector privado?

– El papel del sector privado es fundamental en esta transformación porque, en gran medida, es el que define mucho de las economías de los países. Afortunadamente, estamos viendo que diversas empresas ya están asumiendo esta agenda como propia y la están viendo como una agenda de beneficio para ellos.  El sector privado lo reconoce, por un lado, como un riesgo que hay que asumir y, por otro, como un área de oportunidad. En el sector financiero también hay una evolución. Una cosa es que un banco invierta algunos de sus recursos en acciones de cambio climático y otra muy distinta es que -como ya algunos lo están haciendo- alineen todo su portafolio de proyectos con la acción ante el cambio climático.

Entre todo el tecnicismo detrás de estas negociaciones climáticas, Espinosa subraya la importancia de entender al cambio climático desde sus efectos en las personas y recuerda una experiencia que vivió horas antes de la entrevista: “Conocí a un grupo de peregrinos que vinieron caminando desde Roma, muchos de ellos han perdido la mayor parte de su familia en eventos climáticos extremos. Una de las jóvenes me dijo ‘esto no es broma’. Estamos hablando de tragedias”. La mejor respuesta a ello es la acción.

Ambición y urgencia son las dos consignas que continuarán marcando como objetivo y desafío el rumbo de las negociaciones en estos días que restan bajo la nieve en Katowice.

Sustentabilidad | 7 de diciembre de 2018

Reparar para preservar el planeta: el club comunitario argentino que crece en Latinoamérica

“El mejor residuo es el que no se genera nunca”, dice Melina Scioli, la joven argentina que en 2015 co-fundó el Club de Reparadores, un movimiento que busca promover la reparación de objetos como una práctica sustentable y un hábito de consumo responsable.

Desde su creación, el club ha organizado encuentros en Buenos Aires, Córdoba, Bariloche, Montevideo y Nueva York, en los cuales más de 3.500 participantes lograron reparar miles de objetos, desde bicicletas y muñecas, hasta batidoras eléctricas y radios. Este fin de semana, se organiza el último encuentro del año en Buenos Aires.

“Vivimos en una sociedad de obsolescencia, en la cual descartamos objetos todo el tiempo. Antes, si se te rompía el teléfono o un electrodoméstico, lo mandabas a arreglar. Ahora se compra uno nuevo. Es insostenible”, dice Scioli.

La generación de residuos es uno de los desafíos ambientales más importantes de la Argentina. En 2015, el país generó por día un promedio de 1,02 kilogramos de basura por persona, o una tonelada cada dos segundos (cerca de los 15 millones de toneladas por año).

Además de promover el cuidado ambiental a través de la reparación de objetos, el Club de Reparadores busca generar un vínculo entre comunidades, voluntarios y gente interesada en temas de sustentabilidad.

“Trabajamos sobre el músculo comunitario. Cuando vienen voluntarios que entregan de manera solidaria todos sus saberes para ayudar al otro, eso empodera y genera una conexión. La gente se va sabiendo que si pueden reparar ese objeto, también pueden reparar otras cosas”, dice Scioli.

Este sábado, 8 de diciembre, será el último encuentro del club del año en la Ciudad de Buenos Aires. 

Sumáte al encuentro.

Sustentabilidad | 6 de diciembre de 2018

Crédito: Kevin Zaouali-Lyra Films / Sin Azul no hay Verde

Qué se podría hacer y qué no en las áreas marinas protegidas aprobadas por Diputados

El plan para darle protección al 10% del Mar Argentino dio un primer paso ayer, cuando la cámara de Diputados aprobó por unanimidad el proyecto de ley que crea dos áreas marinas protegidas frente a Tierra del Fuego.

La propuesta busca que dos áreas oceánicas del tamaño de las provincias de Formosa y Misiones tengan distintos niveles de protección: desde la prohibición absoluta de toda actividad hasta zonas donde se podrá pescar o navegar pero de manera controlada.

Antes de conocer cómo funcionarían estas reservas en el medio del océano, veamos por qué es importante lo que ocurrió ayer en el Congreso.

Desde el punto de vista “formal”, si no se lograba la media sanción, el proyecto iba a perder estado parlamentario y la discusión legislativa debía arrancar de cero el año que viene. Ahora, en 2019 sólo habrá que generar consenso en el Senado para que el plan se convierta en ley.

Unanimidad: todos los diputados presentes en la sesión de ayer respaldaron el plan.

Además, el país pasaría de tener apenas un 3% de su mar protegido a alcanzar el 10%, un compromiso internacional al que adhirió cuando se suscribió al Convenio sobre la Biodiversidad Biológica y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que establece proteger el 10% de las zonas costeras y marinas antes de 2020.

La importancia ambiental. Un informe de la Administración de Parques Nacionales dice que las redes de pesca dejan una huella en el fondo del mar y arrasan con invertebrados, como corales, esponjas, medusas y estrellas de mar. Cuando el daño se perpetúa, hablan de huellas de mar muerto. Y también advierten sobre la pesca incidental de peses que luego descartan y la muerte de aves y otras especies que quedan atrapadas en las redes.

Crédito: Leo Tamini, Aves Argentinas / Foro para la Conservación del Mar Patagónico

La pesca y la explotación petrolera en el mar atentan contra la salud de los océanos, que a su son determinantes para el planeta: absorben el 90% de la radiación solar, generan el 50% del oxígeno, concentran el 80% de la biodiversidad del planeta y el 40% de la población depende de la variedad de vegetales y animales marinos y costeros.

Sin embargo, la salud de los océanos está en duda: el agua es un 32% más ácida que antes de la revolución industrial, hay 13 mil trozos de plástico por km2 y el 31,4% de las poblaciones de peces de interés comercial están sobre explotadas, según la ONU.

Qué propone el proyecto. Las dos áreas marinas protegidas que se buscan instrumentar por ley son Yaganes y BurdwoodII. La primera estaría 90 millas (144 kilómetros) al sudeste de Ushuaia y abarcaría 69.000 km2, casi la misma superficie que Formosa. La otra se ubicaría al este de la Isla de los Estados y al sur de las islas Malvinas. Tendría 28.900 km2, como la superficie de Misiones, y sería una ampliación de BurdwoodI, la única reserva estrictamente marina que hoy tiene el país, creada en 2013.

Las protecciones que se instaurarían están contempladas por ley y ofrecen distintos niveles, que van de más restrictivos a más permisivos. En este gráfico se entienden fácilmente cuál es el objetivo de esa gradualidad:

Crédito: Foro para la Conservación del Mar Patagónico.

Ahora veamos qué tipo de protección le darían exactamente a las futuras áreas marinas protegidas. Yaganes tendría proyectada una zonificación tridimensional.

  • El fondo marino constituirá una reserva nacional marina estricta. Es decir, se prohibiría toda actividad salvo la investigación científica y la necesaria para monitorear el lugar. No se puede pescar, explorar el suelo en busca de hidrocarburos, visitar la zona ni hacer ejercicios militares.
  • Un amplio sector, el más alejado de la costa, tiene su columna de agua zonificada como parque nacional marino. Ahí no podrá haber actividades pesqueras pero sí educativas y turísticas, pero en armonía con la conservación.
  • Finalmente, la columna de agua cercana a Tierra del Fuego sería una reserva nacional marina de usos múltiples, dónde sí se permitiría pescar, pero con métodos menos agresivos, más controlados y limitados en cuanto a períodos estacionales y volúmenes.

Burdwood II se dividiría en dos sectores:

  • Al oeste, en el sector proyectado como reserva nacional marina, se contempla el uso sostenible. Es decir que se podrá pescar pero bajo las reglas que se disponga en el plan de manejo. También se habilitarían actividades turísticas y educativas. 
  • Al este, operaría el sector propuesto como reserva nacional marina estricta. Es decir, de absoluta conservación, pero con la posibilidad de realizar actividades científicas. 

Quiénes respaldan la idea. El plan es impulsado por las 16 ONG que conformaron el Foro para la Conservación del Mar Patagónico, como Fundación Vida Silvestre, FARN y Aves Argentinas. También de la comunidad científica y de otras ONG, como The Conservation Land Trust Argentina (CLT), que impulsa la campaña Sin Azul no hay Verde, que justamente hace foco en la necesidad de proteger el mar.

Sustentabilidad | 5 de diciembre de 2018

Animación: Pablo Domrose

COP24: Comenzó la conferencia anual con el desafío de definir la urgente acción ante el cambio climático

“París 2.0”. Ésta es la definición que muchos le han atribuido a la 24° edición de la Conferencia de las Partes (COP24), el evento anual en negociaciones climáticas que inició en Katowice, Polonia, el domingo pasado. Este año es tan -o casi más- importante que el 2015, cuando se consensuó el Acuerdo de París en la capital francesa (de allí su nombre). ¿Por qué esta relevancia? Durante estas dos semanas, los distintos gobiernos deberán avanzar en la definición del llamado “rulebook”, es decir, el conjunto de reglas y procesos necesarios para implementar el Acuerdo de París. En criollo: cómo se van a poner en práctica todas esas bellas palabras del documento para que el aumento de la temperatura del planeta no supere los 2°C a fin de este siglo.

“Pido a todos los líderes que vengan a la cumbre preparados para abordar no sólo su progreso hacia el logro de sus objetivos en virtud del Acuerdo de París, sino también para delinear sus planes y su progreso hacia el aumento de su ambición”, expresó en la ciudad polaca António Guterres, secretario general de Naciones Unidas. En su paso previo por Buenos Aires, conversé con él para RED/ACCIÓN sobre la importancia de políticas más urgentes y ambiciosas en acción climática. Pueden leer la nota aquí.

América Latina será una de las regiones más observadas este año en la Conferencia. Por un lado, en el plenario de apertura, se realizó un pedido para que se reconozca la vulnerabilidad que está atravesando la región a los efectos del cambio climático. Por otro lado, la siguiente COP25 debería celebrarse en la región en 2019 y el único candidato hasta hace unos días era Brasil que, bajo el electo gobierno de Bolsonaro, crítico del Acuerdo, ya dio marcha atrás con la propuesta. Al momento, Chile, Costa Rica y Guatemala se perfilan como candidatos; pero el financiamiento de un evento de tal tamaño se plantea como el principal desafío para los países latinos.

Recibí gratis SUSTENTABLES

Sustentabilidad | 30 de noviembre de 2018

Foto: ONU

¿Actuarán los líderes políticos con la urgencia y ambición que el planeta necesita?

En suelo argentino para participar de la Cumbre de Líderes del G20, António Guterres, el secretario general de Naciones Unidas (ONU), organización socia del foro, se mostró contundente y preocupado sobre la necesidad de incrementar la ambición y urgencia de las políticas de acción climática.

Sus preocupaciones no son casuales: el cambio climático es, junto con el comercio, uno de los temas más desafiantes por estas horas en el G20 con vistas a alcanzar una declaración final consensuada entre las partes, incluyendo a Donald Trump (conocido negacionista del problema).

“El cambio climático está avanzando más rápido que nuestras acciones”, aseguró Guterres quien describió sus más recientes efectos alrededor del mundo, desde el aumento de las temperaturas hasta el incremento en el nivel del mar.

“Las realidades se vuelven peores que las proyecciones meteorológicas. Estamos ante una multiplicación de desastres naturales cada vez más dramáticos e intensos”, expresó y alertó: “Ello tiene consecuencias humanitarias cada vez más trágicas. Las cosas se están volviendo peores de lo que pensamos y hay un cierto sentimiento de que ha fracasado la voluntad política. Es absolutamente necesario restaurar la voluntad política para hacer frente al cambio climático. A nivel de los gobiernos, del sector privado, de las ciudades, de la comunidad, de los ciudadanos”.  

Ante ese fracaso, el interrogante es uno: ¿cómo se promueve en los gobiernos una acción más comprometida para responder a la urgencia del planeta? En diálogo con RED/ACCIÓN, el máximo representante de ONU aseguró: “Mi profunda creencia es que el cambio climático debe ser tomado en serio. Estamos pidiendo a todos un sentido constructivo de compromiso para evitar una división norte-sur (en referencia a países más desarrollados y más contaminantes, y aquellos menos desarrollados y más vulnerables a los efectos del problema) que sería dramática”.

Con los pies en Buenos Aires, pero la mente ya trabajando en lo que acontecerá en Katowice, Polonia, Guterres nos recuerda la importancia de la próxima COP24 que se celebrará allí: “Es necesario que en esta próxima conferencia en cambio climático se alcance un compromiso sobre el programa del trabajo del Acuerdo de París -principal documento global existente sobre el tema-“.   

António Guterres en una visita a refugiados en Bangladesh / Foto: ONU

Para promover un mayor control de las políticas climáticas y alentar una creciente ambición en los gobiernos de sus políticas de reducción de emisiones contaminantes, Guterres convocó a una Cumbre del Clima para septiembre de 2019 en Nueva York. “Esta convocatoria es justamente para pedirles a los Estados que incrementen sus niveles de ambición, que sean capaces de reconducir el mundo a una perspectiva de un incremento de las temperaturas del planeta no mayor a 1.5°C o 2°C. Ello no está ocurriendo aún”, aseguró a nuestro medio.

Mientras el complejo de yacimientos no convencionales de petróleo y gas Vaca Muerta sigue apareciendo aquí en el G20 como la gran política de desarrollo del gobierno argentino -incluso en diálogo con Trump-, Guterres incorpora otro tema fundamental que requiere de acción urgente: “Es necesario tomar un conjunto de medidas que se están dando muy lentamente. Seguimos con subsidios a los combustibles fósiles. El problema ya no se trata de otorgar subsidios a las energías renovables para que sean competitivas. Las energías renovables ya son competitivas. Pero si siguen las políticas de subsidios a los combustibles fósiles, no podremos avanzar en la implementación del Acuerdo”.

Al respecto, el secretario ilustró la situación con una anécdota: “La edad de piedra no terminó porque desapareció la piedra. Los combustibles fósiles no van a terminar porque ellos desaparezcan. Tenemos que apostar más a las invenciones de sus alternativas. La tecnología ya está de nuestro lado”.

El cambio climático es uno de los principales desafíos que enfrenta el mundo en la actualidad. Así lo ha considerado Guterres en conjunto con otras crisis mundiales, como el terrorismo y las migraciones. “Vivimos un momento de falta de confianza en la comunidad internacional y un nivel de confrontación entre poderes tal que muchos creen que no tiene sentido realizar una reunión del G20. Pero es justamente por esa falta de confianza y grado de conflicto que es absolutamente esencial tener un encuentro de tan alto nivel como el G20”, describió el secretario.

En vísperas por conocer mañana la Declaración Final de la Cumbre de Líderes, Guterres subrayó: “Es importante que los países se reúnan para alcanzar una globalización justa, es decir, que sea una globalización que no deje a nadie atrás”. Su esperanza es una: que los países lleguen a un fuerte documento para el apoyo de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Durante el primer día de la Cumbre de Líderes en Buenos Aires, António Guterres se reunió con los cancilleres de China y Francia para subrayar la importancia de avanzar en políticas climáticas urgentes y ambiciosas. Su próximo destino lo llevará al otro lado del océano: la COP24 en Polonia. Los ojos del mundo miran uno y otro lugar. El desafío en común es uno: ¿Actuarán los líderes políticos con la urgencia y ambición que el planeta necesita?

Sustentabilidad | 29 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

La carne de laboratorio argentina quiere llegar a tu plato

En pocos años (muy pocos: tres, cuatro, cinco), una hamburguesa como la que hoy estás comiendo en tu almuerzo podría provenir ya no de una vaca, sino de un laboratorio. Será carne y tendrá las mismas células que la carne vacuna, pero habrá sido creada (¿fabricada?) en una incubadora de células llamada “biorreactor”.

Estados Unidos, Holanda, Israel y ahora también Argentina son los cuatro países que compiten en la carrera por el desarrollo de esta nueva carne a la que se conoce como carne celular, sintética o cultivada. Los investigadores quieren resolverlo cuanto antes: saben que a medida que la población del planeta se multiplica, el tiempo se agota.

“Hacia el año 2050, un esquema ganadero como el actual no va a ser sostenible”, dice Sofía Giampaoli, una ingeniera química de 29 años que está liderando el proyecto argentino de carne celular, llamado Granja Celular, nacido como una tesis de una maestría del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y presentado en BioArgentina 2018, el encuentro de nuevas ideas en biotecnología.

“Hoy se necesitan 56 billones de animales para satisfacer la demanda anual en el mundo”, sigue. “Hacia 2050 está producción se va a duplicar, pero eso no es sostenible y necesitamos alternativas proteicas a los animales: por ejemplo, una alternativa proteica animal para la que no se necesite criar a esos 56 billones de animales”.

Crédito: Granja Celular.

El procedimiento comienza con un poco de células tomadas de una vaca viva (microbiopsias de 15 a 20 miligramos de tejido, obtenidas del músculo del glúteo). De esas microbiopsias se aísla el tejido muscular, que es cortado en pequeños pedacitos de 2 milímetros cuadrados. Cada uno de estos pedacitos es colocado en una placa que contiene “alimento” para células (nutrientes, sales, aminoácidos y azúcares), dentro de una incubadora con atmósfera controlada a 37 grados. Dos semanas después, hay suficientes células madre como para dejar de lado la biopsia y trabajar con estas nuevas células.

El proceso continúa. Las células se “amplifican”: cada cuatro o seis días se separan en otras placas para que sigan creciendo. Esto se repite hasta 30 veces, buscando identificar a las células que se multiplican más. Así se convierten en “células inmortales”: son las células útiles para hacer carne en el laboratorio.

En otras palabras, se replica el mismo proceso biológico que sigue una célula hasta convertirse en carne, pero afuera de la vaca.

De aquí a unos cinco años, se espera que el proceso funcione para el mercado y que la “fabricación” de una pieza similar a la carne picada lleve alrededor de un mes.

Para la década de 2030 habrá, además, bifes y otros cortes de carne: productos pensados en su textura, que se realizarán con técnicas de bioimpresión o impresión 3D.

Con el apoyo de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y de la aceleradora de negocios Grid Exponential, la ingeniera Sofía Giampaoli y su socia, la biotecnóloga Carolina Bluguermann (becaria posdoctoral del CONICET), planean trabajar el año que viene en la selección y en la multiplicación de las células, y en el desarrollo del tejido muscular.

Para el año 2020 esperan tener listo un prototipo; es decir, una pieza de carne con tejido adiposo y muscular. Para 2021, contar con un biobanco de líneas celulares de distintas razas de animales (como Aberdeen y Hereford). Y, si todo va bien, llegar al mercado.

Foto: Sofía Giampaoli

“Será un producto más saludable (porque se podrá controlar la cantidad de grasa), más sustentable (porque la agroindustria es muy contaminante y ya no habrá espacio para los animales) y más considerado con la ética animal (porque no habrá que sacrificar vacas)”, dice Giampaoli.

Aunque suena a futurismo, no lo es. Diego Luzuriaga, el director de la Maestría en Dirección Estratégica & Tecnológica del ITBA, donde nació el proyecto de Granja Celular, dice: “Estamos lejos de que la carne celular sea masiva, pero la tecnología para hacerla está al alcance de la mano”. Este tipo de emprendimientos empiezan pareciendo de ciencia ficción y se ven aparentemente difíciles, pero en un punto ocurre la innovación tecnológica: “Aparecen los actores interesados y se aceleran todos los procesos”, dice.

Un ejemplo: el científico Mark Post, de la universidad holandesa de Maastricht, presentó en agosto de 2013 la primera hamburguesa de carne celular (de tejido muscular, sin tejido adiposo). Le costó 290.000 euros. Pero ahora mismo, Post dice que, llevada a escala de mercado, esa misma hamburguesa costaría sólo 9 euros.

“Desde muy chica me interesó el impacto ambiental que generamos como especie”, dice Giampaoli. “Y también la escasez y la mala distribución de los alimentos”. Ahora ella misma se ha metido entre las quince compañías que en todo el planeta trabajan en el desarrollo de un nuevo alimento. “A nivel mundial, todo está en sus primeros estadíos: hay mucha incertidumbre, pero también muchas oportunidades”.

Sustentabilidad | 28 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

G20 y cambio climático: entre la urgencia del planeta y la debilidad de las decisiones políticas

Como les anticipaba en la newsletter de la semana pasada, el propio Sherpa argentino, Pedro Villagra Delgado, reconoció que el cambio climático, junto con el comercio, serán los dos temas de más difícil consenso para la declaración final del G20. El motivo es obvio: la postura de Donald Trump respecto de la acción ante el problema. La preocupación creció esta semana cuando algunos medios -como el especializado Climate Home– tuvieron acceso a un borrador del documento y comunicaron la debilidad con la que aparecería el tema, en pos de ese consenso tan deseado por la presidencia argentina. 

Cabe recordar que el año pasado, el documento final del G20 mostraba una postura clara de las partes, a excepción de los Estados Unidos, sobre el significado del Acuerdo de París como un consenso “irreversible”. La presidencia argentina del G20 no quiere excepciones en esta oportunidad, pero entonces ¿se resignará darle al problema la magnitud que se merece en pos del consenso?

En mis redes sociales, muchos me preguntaron cuál es el real impacto del G20 para la acción climática. Al respecto es importante aclarar que el G20 no es el espacio de las negociaciones climáticas específicamente; por el contrario, ello ocurre en la COP24 (Conferencia de las Partes) que inicia el próximo domingo 2 en Katowice, Polonia. ¿Ello le quita importancia a lo que la declaración defina sobre cambio climático? ¡Claro que no! Este Grupo de 20 países representa el 80% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Su compromiso en el documento final será una señal política sobre las acciones futuras que realicen… para bien… o para mal. El interrogante sigue siendo el mismo: ¿llegarán los líderes a escuchar el llamado de la Tierra a tiempo?

Recordá que ya tengo mis acreditaciones en mano para ambos eventos. ¿Qué te gustaría conocer más en detalle al respecto? ¿Qué contenidos sobre estos dos eventos te gustaría leer en RED/ACCIÓN? Podés hacer tus preguntas y sugerencias acá:

Leé la edición completa de SUSTENTABLES, la newsletter con información para actuar y cuidar al planeta.

Sustentabilidad | 27 de noviembre de 2018

El plan para proteger el 10% del Mar Argentino se demora y hasta podría retroceder

La posibilidad de que el 10% del Mar Argentino sea protegido por ley a través de la creación de dos parques nacionales frente a Tierra del Fuego se demora y hasta podría retroceder si antes de fin de año la Cámara de Diputados no le da media sanción al proyecto.

El plan, que tiene consenso científico y de ONG ambientalistas, fue presentado en el Congreso en noviembre de 2017. Pero si antes del 31 de diciembre no logra ser tratado en una sesión extraordinaria, el proyecto perderá estado parlamentario y deberá ser presentado de nuevo en 2019, un año en el que el parlamento estará muy condicionado por las elecciones presidenciales.

Por qué está demorado. El proyecto de ley tiene dictámenes de las comisiones de Relaciones Exteriores y de Presupuesto, pero requiere que también sea aprobado por Intereses Marítimos. Es ahí donde encuentra observaciones por parte del diputado del Frente para la Victoria por Entre Ríos, Julio Solanas, que preside esa comisión.

Solanas apoya la idea de crear áreas marinas protegidas pero pidió más tiempo para estudiar los argumentos técnicos que llevaron a elegir preservar esas zonas y no otras. Además duda sobre si la Administración de Parques Nacionales, que quedaría a cargo de las áreas, puede realmente hacerse cargo de la gestión. “Hay que desdramatizar la situación y garantizar un estudio y debate de mayor profundidad”, argumentaron desde su entorno.

Qué propone el proyecto. Las dos áreas marinas protegidas que se buscan instrumentar por ley son Yaganes y Burdwood II. La primera estaría 90 millas (144 kilómetros) al sudeste de Ushuaia y abarcaría 69.000 km2, casi la misma superficie que Formosa. La otra se ubicaría al este de la Isla de los Estados y al sur de las islas Malvinas. Tendría 28.900 km2, como la superficie de Misiones, y sería una ampliación de Burdwood I, la única reserva estrictamente marina que tiene el país, creada en 2013.

Las reservas estarían frente a Tierra del Fuego. | Crédito: The Conservation Land Trust

Las futuras áreas se sumarían a los 43.000 km2 de espacios marinos protegidos que suman Burdwood I y las 25 reservas provinciales que incluyen porciones de mar. De esa manera, el país pasaría de tener un 3% del mar protegido a alcanzar el 10%, un compromiso internacional al que adhirió cuando se suscribió al Convenio sobre la Biodiversidad Biológica y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que establecen proteger justamente el 10% de las zonas costeras y marinas antes de 2020.

Yaganes está en los inicios de la corriente de Malvinas, que se mueve hacia el norte y la describen como la columna vertebral del Mar Argentino. Es un área de conexión física y biológica entre el Pacífico y el Atlántico. Los biólogos la ejemplifican como un supermercado de aguas frías, profundas y rico: hay desoves, reproducción y alimentaciones de especies carismáticas, como pingüinos, lobos y elefantes marinos. La zona es importante, además, para dos especies amenazadas: el albatros errante y la ballena fin.

En Burdwood II el propósito es salvaguardar una muestra bien conservada de hábitats de alta profundidad para proteger especies raras o con funciones clave en el ecosistema, como esponjas y corales. También incluye sectores de reproducción de peces de interés comercial, como la polaca, merluza negra y sardina fueguina. Y ayudaría a preservar a los pingüinos de penacho amarillo, cachalotes, delfines, petreles y albatros.

Qué dicen los impulsores del proyecto. “Será frustrante e incomprensible dejar pasar esta oportunidad luego de dos años de trabajo con los mejores científicos argentinos, equipos de profesionales del estado nacional en seis ministerios, la gobernación de Tierra del Fuego, la sociedad civil, el sector privado, y todos los que participaron activamente en el consenso del proyecto de ley”, se lamentó Emiliano Ezcurra, vicepresidente de la Administración de Parques Nacionales.

El plan tiene el respaldo de las 16 ONG que conformaron el Foro para la Conservación del Mar Patagónico, que viene reclamando por el avance del proyecto en el Congreso. “El concepto de parques nacionales es un concepto de bien común, porque el fin principal es la conservación, salvaguardar el ambiente. Sería lamentable que no pudiese avanzar el proyecto”, señaló el biólogo marino Claudio Campagna, presidente del Foro. 

Una de las principales amenazas del Mar Argentino es la pesca inmoderada. A lo que se le suma la pesca ilegal: unos 400 buques de otros países se ubican en el límite de la milla 200 (unos 370 km), entran y salen de la jurisdicción nacional sin permiso. Esa sobreexplotación pone en jaque la biodiversidad del océano porque provoca desequilibrios en la cadena de alimentación: 59 tipos de aves, peces, tortugas y mamíferos están tipificados como amenazados de extinción, de acuerdo al listado elaborado por la ONG The Conservation Land Trust Argentina (CLT).

Esta ONG, una de las impulsoras del proyecto, lleva adelante el programa de Conservación Marina de CLT, que impulsa la campaña Sin Azul No Hay Verde. Así también desde las redes reclaman por el avance del proyecto.

Por qué es importante proteger el mar. Un informe de la Administración de Parques Nacionales asegura que las redes de pesca dejan una huella en el fondo del mar y arrasan con invertebrados, como corales, esponjas, medusas y estrellas de mar. Cuando el daño se perpetúa, hablan de huellas de mar muerto.

La salud de los océanos es determinante para el planeta y resulta sencillo de argumentar con cifras: absorben el 90% de la radiación solar, generan el 50% del oxígeno, concentran el 80% de la biodiversidad del planeta y el 40% de la población depende de la variedad de vegetales y animales marinos y costeros.

Sin embargo, la salud de los océanos está justamente en duda: el agua es un 32% más ácida que antes de la revolución industrial, hay 13 mil trozos de plástico por km2 y el 31,4% de las poblaciones de peces de interés comercial están sobreexplotadas, según la Organización de las Naciones Unidas.

Sustentabilidad | 27 de noviembre de 2018

Foto: Federico López Calsina | Ilustración: Pablo Domrose

La producción sin pesticidas ni fertilizantes gana terreno: la Argentina es el segundo país con más hectáreas destinadas a alimentos orgánicos

Cada vez que cosechan alguna verdura o fruta, Federico López Calsina se pone a sacar fotos. De él y de los que trabajan en su huerta. Posan junto a rabanitos, paltas y zanahorias en la quinta de 12 hectáreas que tiene en Palma Sola, un pueblo ubicado a 160 kilómetros de la capital jujeña. Suena exagerado pero siente que producir alimentos de forma natural y sin afectar la tierra y el ambiente es un hito. Y lo festeja con fotos.

Federico no usa fertilizantes, pesticidas ni semillas modificadas genéticamente. Cuida cada gota de agua y rota los cultivos para no agotar los nutrientes del suelo. Lo hace desde 2015 y no es un hippie verde. Es uno de los emprendedores que hicieron que la Argentina sea el segundo país del mundo con más hectáreas destinadas a la producción orgánica de vegetales y animales.

En el país hay 3,2 millones de hectáreas cultivadas o con ganado gestionadas con los cuidados que permiten certificar como producto orgánico, según el último informe del Senasa. Esa superficie equivale al tamaño de la provincia de Misiones.

Sólo Australia, con 22,6 millones de hectáreas, destina más superficie al modelo productivo agroecológico, de acuerdo al ranking que elabora todos los años el Instituto de Investigaciones de Agricultura Orgánica de Suiza.

Federico Calsina tiene 12 hectáreas de cultivos orgánicos en Jujuy. En esta foto, posa junto a un gran rabanito. Crédito: AgroHolon.

“Lo más interesante es que este sector tiene muchísimo para crecer. De total de alimentos a nivel mundial, los orgánicos son sólo el 3% o 4%. Y en el país apenas superan el 1%. Y que el sector tenga espacio para crecer es bueno para todos”, se entusiasma Ricardo Parra, presidente del Movimiento Argentino de Producción Orgánica (MAPO).

Es bueno para todos, insiste Parra, y se basa en un círculo que describe virtuoso: si el sector crece, mayor superficie productiva quedaría bajo prácticas que no afectan el ambiente; más personas accederían a alimentos más sanos; y el país aumentaría las exportaciones, ya que la inmensa mayoría de lo producido tiene gran demanda afuera.

Los números le dan la razón. El sector orgánico argentino está en ascenso desde hace unas dos décadas. En superficie productiva, el año pasado creció un 12%. Ya hay 1.157 productores que lograron certificar su campo como orgánico. Mientras que otros 350 iniciaron el proceso de transición para certificar, algo que les puede llevar hasta tres años, pero que pronostica que la expansión continúa.

“Lo que más quiero es vender las frutas y verduras en Jujuy, que la gente de acá pueda alimentarse de mi huerta, comer sano. Después que pueda cumplir eso, compraré más hectáreas y pensaré en exportar”, señala Calsina, del emprendimiento jujeño AgroHolon.

Las aspiraciones de Calsina van a contramano de la generalidad. Porque el 97% de lo que se produce como orgánico certificado en el país se exporta. Estados Unidos, Europa (principalmente Alemania y Suiza) y Japón son los principales destinos.

“Lo que ocurre es que migrar de un campo productivo convencional a uno certificado como orgánico lleva tres años durante los cuales las cosechas de esas temporadas tienen mayores costos pero no las podés vender a precio orgánico, que es entre un 30% y un 50% superior al convencional. Por eso, lo más común es que el productor decida la conversión una vez que firma un acuerdo comercial para exportar por cinco años o más”, explica Parra y cuenta que para minimizar el costo de la transición el Mercado Central tiene el stand Paralelo Orgánico, donde se venden cosechas bajo prácticas orgánicas pero aún no certificadas.

Esta situación explica en gran medida que la producción orgánica del país no sea exactamente representativa de la matriz agrícola nacional, ya que responde a una demanda y no estrictamente a la oferta. Hoy los cuatro principales cultivos son los de soja, trigo, pera y manzana, con volúmenes que van de 20 mil a 30 mil kilos.

Video: Orgánico Argentina

De la producción animal, la lana de oveja lidera el ranking con unos 650 mil kilos, seguido por unos 525 mil kilos de miel. De carne vacuna apenas se producen unos 2.500 kilos. Mientras que de los productos industrializados, la azúcar de caña, el vino, la harina de soja y el puré de pera son lo más producido.

Apuntalar el mercado interno es uno los desafíos del sector. Y en esa apuesta se ponen en juego dos variantes. Por un lado, la necesidad de bajar los costos para que el precio de los orgánicos se acerque lo más posible al precio de los alimentos convencionales. Y en segundo lugar, difundir los atributos de lo orgánico como producto y como concepto sustentable.

“Los costos podrán ir bajándose a medida que se logre mayor escala productiva (hoy sólo el 2% de la superficie productiva del país es de orgánicos). También pueden ayudar los desarrollos tecnológicos para conseguir mayor rendimiento con el mismo cuidado ambiental”, considera Parra y aclara que la producción orgánica requiere una certificación del establecimiento (entre $ 10 mil a $ 15 mil) y de cada cosecha, lo que implica una supervisión del campo y de los procesos por parte de técnicos especializados y de una certificadora, que a su vez se queda con el 1% del valor de venta.

La panificadora Hausbrot tiene 1500 hectáreas de cultivos orgánicos en Tres Arroyos. Produce panificados para 34 sucursales. Crédito: Hausbrot. 

En gran medida, las políticas para bajar costos y desarrollar tecnología saldrán del plan estratégico que está elaborando la Comisión Asesora para la Producción Orgánica. Entre otros aspectos, el plan permitirá fomentar la producción de materias primas orgánicas que permitan a su vez elaborar productos industrializados orgánicos.

“El potencial que tenemos para crecer es enorme”, coincide Mario Schneider, dueño e hijo de los fundadores de Hausbrot, la panificadora de orgánicos que nació en 1988 y ya tiene 34 locales y 1.500 hectáreas de cultivos orgánicos en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. “Por ejemplo, nos cuesta mucho conseguir leche orgánica, lo que hace que no podamos certificar como orgánicos algunos productos elaborados con leche”, explica Schneider.

Es que en todo el país hay sólo dos tambos certificados como orgánicos. Otro producto que no se puede hacer es mayonesa, porque nadie en el país produce vinagre orgánico.

La difusión es el otro punto clave. Ya existe un catálogo para conocer, contactar y comprarle directamente a los productores que hay en el país. También existen ferias que rotan por la ciudad de Buenos Aires y el país.

Mirá el catálogo y contactá a un productor

“El consumidor argentino no está muy informado respecto a qué significa que un producto sea orgánico. Por eso, ahora, entre el 4 y el 7 de diciembre hacemos la primera Semana Nacional de los Alimentos Orgánicos, con una feria en el Obelisco que abrirá de 12 a 19”, cuenta Mercedes Nimo, directora Nacional de Alimentos y Bebidas, que depende de la secretaría de Agroindustria, que a su vez incluyó a los orgánicos entre los 20 sectores prioritarios para apuntalar dentro del plan Argentina Exporta.

Pedro Landa, director técnico de la Organización Internacional Agropecuaria (OIA), una de las cuatro certificadoras del país, considera que el consumidor argentino comenzó a demandar productos orgánicos, “lo que generó desarrollo de proyectos específicos para abastecerlos” y que “grandes exportadores de productos dejaran de exportar una parte de su producción para volcarla al mercado interno”.

Sin embargo, por ahora el consumo interno de orgánicos representa el 1,2% del total. Los países que más desarrollado tienen este mercado superan el 5%. Dinamarca es el máximo exponente, con un 8,5%. Lo sigue Suiza (7,7%), Luxemburgo (7,5%), Suecia (7,3%) y Austria (6,5%).

Sustentabilidad | 20 de noviembre de 2018

El aire que está quitando años de vida

Un residente Nueva Delhi pierde en promedio diez años de esperanza de vida por la contaminación del aire, según un nuevo estudio de la Universidad de Chicago. Durante 2016, los 20 millones de habitantes de la capital de la India estuvieron expuestos a una concentración de partículas finas, conocidas como PM2,5, diez veces mayor a la recomendada por la OMS. 

Noemi Cassanelli / AFP

Las PM2,5 son partículas muy pequeñas, tienen un diámetro menor a 2.5 micrómetros, esto es un grosor tres veces menor al de un cabello humano. Esto las hace altamente peligrosas para la salud, ya que pueden infiltrarse en la sangre a través de los pulmones. La exposición continua a las PM2,5 aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de cáncer de pulmón.

Foto Chandan Khanna / AFP

Estas partículas finas contiene sustancias químicas, orgánicas, polvo, hollín y metales, y son generadas por los automóviles, camiones, fábricas, quema de madera y otras actividades.

Dominique Faget / AFP

El estudio del Instituto de Política Energética (EPIC) estima que a nivel mundial la contaminación del aire reduce la esperanza de vida de 1,8 años en promedio en 2016. Este dato coloca la polución como principal peligro para la salud humana, antes del tabaco (1,6 años), el alcohol y las drogas (11 meses) e incluso las guerras y el terrorismo (22 días).

“Hoy en día, en todo el mundo, las personas respiran un aire que representa un grave riesgo para su salud”, declaró en un comunicado de prensa el profesor Michael Greenstone, director de EPIC.

Money Sharma / AFP
Sustentabilidad | 20 de noviembre de 2018

Ilustración por Pablo Domrose

Iberá: la región de ex cazadores que lidera la restauración de fauna más grande de América Latina quiere vivir del turismo

Bruno Leiva dejó de cazar. Guardó el lazo y la escopeta. Vendió las últimas pieles de yacarés, ciervos e iguanas. Los mismos que le prohibieron vivir de la caza en los Esteros del Iberá le dieron trabajo: vigilar que nadie hiciera lo que él y cientos de cazadores hacían con los animales.

Bruno tiene 67 años y ese cambio lo vivió en 1983, cuando Corrientes declaró área protegida al humedal más grande del país. Tenía 32 años, había crecido entre bañados y pastizales, y siempre llevaba un cuchillo en la cintura. Ese fue el punto de partida de un plan asombroso: en Iberá se lleva adelante la restauración y reintroducción de fauna más importante de América Latina.

Dimensionar el proyecto es difícil. Primero hay que considerar su extensión física para entender por qué el Gobierno correntino pronostica que la recuperación de los esteros y la reaparición masiva de animales harán que se incrementen las visitas y que por lo menos 7 municipios puedan vivir del turismo y otros 15 se beneficien indirectamente.

Los Esteros del Iberá ocupan parte del norte y centro de Corrientes, y suman 1.300.000 hectáreas o el 15% de la provincia. De esa superficie, 550 mil hectáreas están protegidas bajo la figura de un parque provincial.

Otras 157 mil hectáreas serán preservadas con la creación de un parque nacional que la cámara de Diputados aprobaría en la sesión de la semana que viene a partir de la donación de tierras hecha por la fundación The Conservation Land Trust (CLT), del filántropo estadounidense y creador de la marca de ropa North Face, Douglas Tompkins, fallecido hace tres años. La suma de las dos áreas instaurará el Parque Iberá, de 700 mil hectáreas.

Fuente: The Conservation Land Trust.

Sobre los bordes y límites de los esteros hay siete pueblos, con unos 29 mil habitantes, que empezaron a orientar su economía al turismo. Son Concepción, San Miguel, Mburucuyá, Loreto, Chavarría, Carlos Pellegrini y Yofré, que a su vez son algunas de los sitios desde donde se puede entrar a los esteros.

“Estos siete pueblos vivirán del turismo. No hay dudas. Y algunos más también. Hoy los esteros son visitados por 60 mil personas al año, un 20% son turistas de otros países. Se quedan en promedio dos noches. Pero de acá a cinco años proyectamos que llegarán 200 mil visitantes por año, con mayor proporción de extranjeros, que gastan unos 200 dólares por día”, augura Sergio Flinta, coordinador del Comité Iberá, el ente que elaboró el plan maestro para la zona y que está integrado por los gobiernos nacional, provincial y municipales.

La actividad además, se derramará por otros 15 municipios, que suman 170 mil habitantes, que están un poco más alejados pero que ofrecen otros servicios: abastecimientos, bancos, centros médicos y aeropuertos. Por ejemplo, Mercedes, Santo Tomé e Ituzaingó.

Uno de los atractivos de Iberá es que resulta sencillo poder ver animales. Crédito: CLT.

El modelo de desarrollo de Iberá tiene dos ejes. Por un lado, la producción de naturaleza. Así le llaman a la restauración del ecosistema y a la reintroducción de especies extintas, lo que aumenta la presencia de animales silvestres. Restituidas esas condiciones, el interés de los turistas por visitar un sitio que reúne 350 aves y el 30% de la biodiversidad del país es un hecho.

El otro eje pasa por crear infraestructura, como vías de acceso, hospedajes y gastronomía, pero revalorizando la cultura local: su música (el chamamé), la comida regional, el idioma guaraní, sus creencias, sus artesanías y su vestimenta.

La restauración del ecosistema de Iberá es lo que vuelve al proyecto único en América Latina y comparable a experiencias internacionales como las de los parques nacionales de Sudáfrica.

En gran medida, la población de animales, como por ejemplo el yacaré y el carpincho, se empezó a recuperar en 1983, con la instauración de los esteros como reserva. Sin embargo, otras especies, como el oso hormiguero, el tapir, el yaguareté, el lobo gargantilla, el pecarí y el guacamayo rojo, directamente estaban extintas como consecuencia de la caza y principalmente por el avance de la ganadería y la agricultura, que les quitó territorio. Además había muy pocos venados de las pampas, pavas de monte y grandes águilas, como la coronada.

Esas especies son las que CLT empezó a reintroducir desde 2006. La ONG viene trabajando en el lugar desde 1998, cuando Tompinks compró las estancias que suman 157 mil hectáreas y están siendo donadas al Estado nacional. Parte de esas tierras eran campos arroceros, explotaciones forestales de pinos o estancias ganaderas.

Actualmente ya hay unos 100 osos hormigueros en Iberá. Crédito: Matías Rebak (CLT)

La bióloga Sofía Heinonen, directora de CLT Argentina, cuenta que si bien Brasil tuvo éxito en la reintroducción del mono tití leoncito y Ecuador logró la recuperación de las tortugas en Galápagos, ningún proyecto de América Latina incluyó tantas especies. “Nuestro modelo se inspira en el de Sudáfrica, el del parque Kruger, donde fueron reintroducidas unas 40 especies de fauna local, como el rinoceronte blanco”, revela Heinonen.

Ahora 70 personas trabajan en la reintroducción de especies y dan cuenta de la evolución de la población en el sitio de la fundación. Hay animales que vienen de familias que los tenían en cautiverio, de zoológicos o de otras reservas del país o Sudamérica. Los venados llegan en helicópteros, de a uno, desde el noreste de Corrientes, donde los capturan para hacer lo que llaman “traslocación”.

Los tapires llegaron de reservas de Tucumán y Salta, y de un zoo de Mendoza. Crédito: CLT. 

De yaguareté hay por ahora cinco adultos y dos cachorros, pero están en corrales de cría. Los osos hormigueros son casi 100, como los venados- Los tapires sueltos son seis y los pecaríes de collar, alrededor de 50. Por ahora, hay solo siete guacamayos rojos sobrevolando la reserva. Y los ciervos de los pantanos, que eran unos 2.000, pasaron a ser cerca de 8.000.

“Pronto vamos a traer una pareja de lobos gargantilla”, adelante Heinonen y revela que en el programa de reintroducción de especies se llevan invertidos unos 15 millones de dólares. Mientras que destinarán 1 millón por año más de aquí a 2026, cuando planean tener poblaciones “fuente” los suficientemente numerosas como para que las especies se reproduzcan solas.

En CLT se entusiasman con la idea de que, como ocurrió en Sudáfrica, los estancieros que tienen campo en el entorno del Parque Iberá reconviertan su economía y se dediquen al turismo. Es que dentro de las 1.300.000 hectáreas de esteros, hay 600 mil hectáreas en poder de particulares, pero dentro de un área de reserva provincial, por lo que sólo pueden hacer actividades agropecuarias de bajo impacto ambiental.

“Una habitación de una posada permite facturar 15 mil dólares al año, que es lo mismo que se produce de carne bovina en 250 hectáreas”, afirma Heinonen y remarca que la ganadería da 1 empleo cada 1.000 hectáreas mientras los hospedajes dan mucho más trabajo. Por ejemplo, la Hostería Rincón del Socorro, de CLT, tiene 9 habitaciones y emplea 40 personas.

Los esteros tienen 1.300.000 hectáreas. Y unas 700 mil forman el Parque Iberá. Crédito: Douglas Tompkins (CLT).

En CLT tienen a mano un estudio del mes pasado con el que buscan sustentar la hipótesis de que la demanda turística vinculada a la naturaleza crece exponencialmente: la consultora Elypsis relevó que los parques nacionales recibieron 2,7 millones de visitantes residentes y 1 millón de extranjeros. Eso marca que en los últimos 20 años las visitas se multiplicaron por cinco, muy por arriba del crecimiento general del turismo.

Un buen ejemplo para explicar lo que está ocurriendo en los siete pueblos desde donde se puede acceder al Iberá es contar lo que pasa en Carlos Pellegrini, un pueblo de 1.000 habitantes ubicada a 350 kilómetros de la capital correntina y a dos horas en auto desde la ciudad de Mercedes.

“Pellegrini tenía 2.000 habitantes y en pocos años quedaron solo 500. Se sumaron tres factores: bajó el precio del arroz y quebraron las arroceras; reubicaron la ruta 14 que pasaba por la zona; y se prohibió la caza. La gente tuvo que irse. No había trabajo. Pero ahora están volviendo porque hay empleo y oportunidades ligadas al turismo”, reconstruye Diana Frete, vice intendenta de Pellegrini.

En 1997 se abrieron tres hospedajes, que fueron inversiones de familias porteñas. A partir del año 2000, pobladores locales empezaron a adaptar sus casas para alojar huéspedes. “Ahora tenemos una capacidad de 700 camas en 25 emprendimientos. Y somos mil habitantes”, cuenta Fretes.

En Pellegrini muchos de los cazadores ahora guían turistas que quieren observar aves y animales de la zona, organizan salidas a caballo y los llevan en bote por el Lago Iberá, desde donde es muy fácil ver yacarés, ciervos y carpinchos. “Trabajé como guardaparque hasta 1995 –cuenta Bruno Leiva, el cazador con el que arrancamos esta nota-. Pero ahora me dedico con mi hijo y mi nieto a pasear y guiar turistas. Les cuento las historias de cuando era cazador”.

Muchos habitantes de Pellegrini trabajan como guardaparques o guías turísticos. Crédito: CLT

Esa reconversión de Pellegrini se dio de manera controlada a partir de la elaboración de un nuevo código de edificación. Las construcciones tienen que ser de techos a dos o cuatro aguas (tradicionales de la zona), con frentes adornados con lajas y de solo una planta. Además, no se puede tener más de cinco habitaciones por hospedaje, de manera tal que sean más las familias que puedan vivir del turismo.

Hoy las cifras oficiales marcan que en Pellegrini, el 80% de la población de 15 a 64 años trabaja. Mientras que el 55,4% de esos ocupados está empleado en el sector privado, principalmente turístico. “Cuando llegamos a la zona, la pobreza alcanzaba al 85% de los habitantes. Hoy sigue siendo alta, porque está en el 36%, pero logramos mejorar muchísimo”, señala Heinonen, que también participa en la discusión pública para desarrollar los pueblos del entorno de Iberá.

Junto al turismo llegaron las inversiones públicas. El comité Iberá prevé cerrar el año con un desembolso de unos $ 400 millones en infraestructura para la zona. En Pellegrini hicieron unas diez obras: están trazando una pista de aterrizaje para vuelos charters, hicieron de ripio unas 50 cuadras de tierra; armaron una peatonal y un centro de artesanos; trazaron cloacas y una planta de tratamiento; hicieron llegar el tendido eléctrico; y acaban de instalar una puesto de gendarmería.

Leiva dice que desde que dejó de cazar y se dedicó a cuidar a los animales y llevar a turistas a que los puedan ver vive mejor. Afirma que la mayoría de los cazadores que ahora guían turistas viven mejor que antes. Y reconoce que tiene un sueño: ver un yaguareté. Porque cuando tenía 18 años y empezaba a cazar, en los Esteros del Iberá ya estaba casi extinto. “Sé que hay varios ejemplares en un corral de cría. Pero para mí, esto va a estar completo cuando el Iberá vuelva a tener yaguaretés”.

Sustentabilidad | 20 de noviembre de 2018

Erradicar el hambre depende del libre comercio

De la granja a la mesa, la comunidad internacional se enfrenta a retos cada vez mayores para erradicar el hambre y la desnutrición. Y, sin embargo, pese a que algunas partes del mundo están evidentemente mejor dotadas que otras en términos de clima, suelo, agua y geografía, hay alimentos en abundancia para todos. Entonces, ¿por qué es la inseguridad alimentaria un problema para tantas personas en tantos países?

Lo que faltan son las condiciones adecuadas para que quienes lo necesitan tengan acceso a alimentos saludables y nutritivos. Los países con excedentes tienen que estar en posición de suministrar a los países deficitarios, y más aún ahora que el cambio climático está socavando las condiciones para la producción de alimentos en muchas partes del mundo.

La necesidad de tener reglas y normas internacionales

En otras palabras, para conseguir que todos los hogares tengan acceso a la cantidad, calidad y variedad de alimentos nutritivos necesarios para llevar una vida saludable y satisfactoria es necesario que exista un comercio libre, predecible, no discriminatorio y justo. Lo que, a su vez, solo puede garantizarse a través de las normas mundiales acordadas en la Organización Mundial del Comercio (OMC); unas normas que, hasta el momento, han permitido un aumento del 270 % en el comercio mundial de productos alimentarios y agrícolas desde 1996.

Desde luego, el sistema de comercio mundial no está exento de problemas, y algunos países no siempre respetan las reglas. Además, existen importantes deficiencias en materia de control de las restricciones a las exportaciones (cuyo objetivo sería reducir la incertidumbre en los países que dependen de las importaciones) y de las subvenciones y barreras comerciales que distorsionan el mercado. En 2017, estas últimas supusieron 330 000 millones de dólares estadounidenses en todo el mundo. Es necesario actualizar las normas comerciales para reflejar los cambios que se han producido en los mercados y en las políticas desde que se creó la OMC en 1995, en especial, el aumento de la importancia de las economías emergentes.

Es imperativo que las reformas del comercio agrícola estén sobre la mesa. Estas reformas deben ser parte de una estrategia integrada más amplia que incluya otras políticas e inversiones nacionales (respaldadas, en caso necesario, por ayuda internacional). El objetivo debe ser garantizar que más personas puedan beneficiarse de las nuevas oportunidades que brinda la economía mundial y que aquellos que más lo necesitan cuenten con ayuda disponible.

Tres medidas urgentes 

Para aprovechar los beneficios del comercio de productos alimentarios y agrícolas, la comunidad internacional debe hacer tres cosas. En primer lugar, los gobiernos deben ayudar a los agricultores (en especial, a los agricultores familiares) a ser más eficientes.

Esto implica invertir en infraestructuras (también digitales) y educación, aplicar un registro de tierras y derechos de propiedad y apoyar la investigación en los ámbitos de la conservación de recursos escasos, la lucha contra el cambio climático y la mejora de la sostenibilidad y la resiliencia frente a los impactos. Cada uno de estos ingredientes es necesario para posibilitar que los agricultores consigan unos ingresos dignos. Pero podrían no ser suficientes; en muchos casos, los gobiernos también deberán diseñar programas de seguridad alimentaria, como son los sistemas de seguros sociales y las transferencias directas dirigidas a las personas con menos recursos.

La segunda tarea de los gobiernos es alejarse de las intervenciones en el sector agrícola que distorsionan los mercados y dañan el medio ambiente. Muchos gobiernos intentan mejorar los ingresos de los agricultores estableciendo unos precios elevados dentro del país y levantando barreras comerciales para impedir las importaciones.

En último término, estas medidas aumentan los precios para los consumidores, agravan la presión sobre los recursos, socavan la biodiversidad y contribuyen al incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por último, los gobiernos tienen que anclar estas reformas en normas internacionales, de forma que se genere confianza en que las medidas nacionales se mantendrán. Con independencia de la forma que adopten, estas normas internacionales deben estar redactadas de forma que fomenten y premien las políticas e inversiones nacionales adecuadas en agricultura.

El hecho de que las políticas agrícolas no hayan girado de forma más rápida hacia la dirección que acabamos de describir ha tenido un gran coste, para el propio sector y para la comunidad internacional. Pese a todo, las importantes medidas que los gobiernos han adoptado con vistas a prohibir las subvenciones a la exportación demuestran que todavía es posible avanzar.

De cara al futuro, la máxima prioridad debe ser abordar las cuestiones pendientes de resolver con todos los actores sentados a la mesa, dejando fuera los tabús. Los responsables de formular las políticas deben reconsiderar las ayudas nacionales, teniendo en cuenta las actuales condiciones del mercado y de las políticas. Además, se debe mejorar el acceso a los mercados y convencer a los países de que se comprometan con un régimen más estricto de cumplimiento de las cuestiones relacionadas con la competencia de las exportaciones y con las restricciones a las exportaciones.

Erradicar el hambre, acabar con la inseguridad alimentaria y asegurar la sostenibilidad son prioridades a escala mundial que necesitan una acción colectiva. Debemos fortalecer, y no debilitar, la cooperación internacional. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la OCDE continuarán apoyando los esfuerzos de la OMC para promover el comercio de productos alimentarios y agrícolas.

Intensificaremos nuestros esfuerzos para ayudar a los países a adoptar las políticas que necesitan para conseguir un crecimiento inclusivo de la productividad y la seguridad alimentaria para todos.

Ángel Gurría es Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. José Graziano da Silva es Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

© Project Syndicate 1995–2018

Sustentabilidad | 6 de noviembre de 2018

Foto: Administración de Parques Nacionales

Qué regiones del país necesitan con más urgencia ser protegidas con parques nacionales

El país sumó en 2018 tres parques nacionales y el Congreso se prepara para aprobar la creación de otros cuatro, lo que puede hacer que la última década sea una de las más prolíficas en cuanto a conformación de áreas protegidas nacionales.

Sin embargo, la Argentina necesita preservar 10,8 millones de hectáreas más para lograr que el 17% de la superficie terrestre nacional tenga algún resguardo antes de 2020, tal como se comprometió el país en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el acuerdo de mayor consenso internacional.

Ese incremento de áreas protegidas debe darse esencialmente en regiones que están poco protegidas y en muchos casos muy degradadas: Gran Chaco, Espinal, Pampa, Delta y Altos Andes.

Hoy el país tiene 46 parques o reservas naturales nacionales. Mantienen intangibles 4,6 millones, dos veces la superficie de la provincia de Tucumán. Pero ese espacio no es representativo de todas las ecoregiones.

Mientras en el sur el 32% de los Bosques Patagónicos están preservados, el resto de las regiones no llega al 6%. Y hay áreas como los pastizales pampeanos que solo tienen el 0,01% de sus suelos protegidos, tal como lo expone el siguiente gráfico:

Fuente: Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

Si a las áreas protegidas nacionales se le suman las reservas provinciales y municipales, el país alcanza las 36,6 millones de hectáreas protegidas en 483 áreas. Eso representa el 13% del territorio, lo que ubica al país por debajo del promedio mundial del 15%, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Por eso la Argentina necesita incorporar 10,8 millones de hectáreas más para alcanzar la meta internacional del 17%.

Al ordenar las zonas protegidas por provincia queda expuesta la baja preservación de tierras en Córdoba (0,72%), La Pampa (0,76%), Santiago del Estero (1,50%), Buenos Aires (5,10%) y San Luis (5,55%).

Esas referencias coinciden justamente con la poca protección que existe en las regiones mencionadas al principio de esta nota.

Fuente: Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

Un sistema originado desde el sur

“El sistema de parques nacionales ofrece una gran preservación de Bosques Patagónicos porque cuando nace la figura había grandes superficies fiscales en esa zona y porque en aquel momento la conservación estaba más asociada al paisajismo”, explica Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace.

Los primeros seis parques fueron creados entre 1934 y 1937. Más allá de Iguazú, los otros cinco resguardaron bosques de la Patagonia. Esos parques -Nahuel Huapi, Los Glaciares, Perito Moreno, Los Alerces y Lanín- conservan 2,2 millones de hectáreas, la mitad del área que cubren todos los parques del país.

El 32% de los Bosques Patagónicos está protegido por parques. Foto: Administración de Parques Nacionales.

Entre la década del ‘40 y de los ‘80, no hay una gran expansión de los áreas protegidas. Pero en los ‘90 se produce un importante crecimiento del sistema, con la creación de 11 parques y el objetivo puesto en asegurar la biodiversidad y proteger especies amenazadas.

“Existe en la década del ‘90 una decisión de ampliar el sistema de la mano de especialistas que venían de la conservación y se sumaron a la gestión pública, como Juan Carlos Chébez. Y también porque hay mayor participación de las provincias, que son las que deben ceder la jurisdicción ambiental a Parques Nacionales para que se pueda crear un área protegida”, explica Sofía Heinonen, presidenta de la Fundación Flora y Fauna.

Un tironeo político y económico

La dificultad de conformar parques nacionales en las zonas subrepresentadas son varias. La primera tensión es económica.

“Donde el suelo es productivo es más complejo porque hay más intereses. Me refiero a zona donde predomina la agricultura y la ganadería, como el espinal o la pampa; o la minería en los Altos Andes, en San Juan”, apunta Giardini.

Heinonen remarca que para preservar áreas de Espinal o Pampa habría que hacer más bien un trabajo de restauración, ya que en gran medida es una región que se perdió. “La selva de Montiel, en Entre Ríos, o la depresión del río Salado, en Buenos Aires, podrían ser zonas donde el monte tiene cierta conservación y sería importante impulsar áreas protegidas”, considera Heinonen.

La ecoregión del Gran Chaco es una de las menos resguardadas por parques. Foto: Administración de Parques Nacionales.

El Gran Chaco representa una quinta parte del suelo argentino, pero los parques nacionales preservan el 0,56% de la subregión del Chaco Húmedo y el 0,93% del Chaco Seco.

Desde hace 20 años esa ecoregión sufre una gran deforestación por el avance de los cultivos de soja y la ganadería intensiva. Y de hecho fue el área más deforestada el año pasado.

“En esta región hay que crear áreas protegidas extensas, que agrupen zonas de valor paisajístico, ríos, puntos de avistaje de fauna y buenos accesos. De esa manera, el parque podrá generar una productividad asociada al turismo, algo que pueden aprovechar las comunidades de los alrededores, muchas de ellas muy pobres”, explica Heinonen y marca un segundo desafío, más político: que las provincias asuman un rol protagónico para impulsar nuevas áreas protegidas en la zona.

De las 5,6 millones de hectáreas que ocupan el Delta y las Islas del Paraná, apenas 11 mil están protegida por parques o reservas nacionales. “En esa zona hay mucho desarrollo urbano por lo que sería importante ampliar el área de conservación. Y también asegurar las nuevas formaciones, ya que el Delta está en continuo crecimiento”, señala Heinonen.

Los Altos Andes es una de las regiones que necesita ampliar su sistema de resguardo. Foto: Administración de Parques Nacionales.

Cuatro futuros parques nacionales

En lo que va de 2018 se crearon tres parques nacionales: Aconquija, en Tucumán; Traslasierra, en Córdoba; y Ciervo de los Pantanos, en el partido bonaerense de Campana.

Además hay cuatro proyectos de ley para conformar nuevas áreas: Iberá, en Corrientes; Mar Chiquita, en Córdoba; y Yaganes y Burdwood II, dos parques nacionales marinos.

Aconquija, Iberá y Mar Chiquita son áreas que se consolidaron o están a punto de hacerlo gracias a la compra y donación de tierra por parte de filántropos, un patrón que marca el modelo de expansión de esta década: los nuevos parques nacionales se consolidan principalmente por la donación de tierras por parte de fundaciones como las creadas por el estadounidense Douglas Tompkins –fallecido- o el suizo Hansjörg Wyss.

“Los proyectos sobre la superficie terrestre nos permitirían incrementar en un 25%, aproximadamente, el área continental protegida por parques nacionales. Mientras que con las dos áreas marinas llegaríamos al 10% de todo el Mar Argentino”, aseguró Emiliano Ezcurra, vicepresidente de la Administración de Parques Nacionales.

El rol de las áreas protegidas

Son una estrategia fundamental para la conservación a largo plazo de la diversidad biológica y cultural. También ayudan a proteger cuencas hidrográficas y suelos; colaboran con la regulación del clima; y proveen recursos y materias primas, alimentos y medicinas.

Además contribuyen al control biológico de plagas y enfermedades; y brindan el marco ideal “in situ” para la investigación científica, la educación y la capacitación ambiental.

También permiten el desarrollo de actividades turísticas y recreativas sustentables que habilitan el desarrollo social y económico local y regional.

Sustentabilidad | 1 de noviembre de 2018

Las 4 lecciones que expertos trajeron a Buenos Aires para ayudarnos a construir ciudades más sustentables

América Latina es la región más urbanizada del mundo. El 85% de su población vive en ciudades, lo que implica un gran desafío ambiental. Mayor compromiso de las empresas, trabajar con gobiernos locales y cambiar hábitos de consumo, entre las principales recomendaciones de especialistas internacionales y nacionales.

La lucha contra el cambio climático es un desafío particularmente relevante para las ciudades. Más de la mitad de la población mundial vive en zonas urbanas. En América Latina, esta cifra alcanza al 85% de la población, haciéndonos la región más urbanizada del mundo.

Al mismo tiempo, según las Naciones Unidas, las ciudades son responsables por más del 75% de las emisiones de dióxido de carbono en el mundo, a pesar de solo ocupar el 2% del territorio. Entonces, ¿qué acciones deben tomar los gobiernos, el sector privado y los ciudadanos para luchar contra el cambio climático en sus ciudades?

Esta pregunta fue uno de los ejes de diversos encuentros que se llevaron a cabo esta semana en Buenos Aires en el marco del Urban 20, una iniciativa que reunió a representantes de ciudades de todo el mundo para discutir sobre sus más importantes desafíos y planes de acción. Aquí, 4 lecciones y desafíos ambientales para las ciudades que nos dejaron las jornadas de esta semana.

Foto: Juan Mabromata / AFP
Foto: Juan Mabromata / AFP

1. Poner el foco en las comunidades más vulnerables

En los próximos años, millones de personas en regiones urbanas estarán afectadas por temperaturas más extremas, crecientes niveles de mar, mayores precipitaciones e inundaciones, , y tormentas más frecuentes y fuertes.

Pero, según expertos, las comunidades más afectadas serán las más vulnerables económicamente.

“Aunque el cambio climático sea un fenómeno que nos afecte a todos, son generalmente las comunidades más vulnerables las que sufren más sus impactos”, dice Enrique Viale, abogado ambientalista y docente, uno de los participantes del Encuentro Internacional por Ciudades Igualitarias. “Es mucho más fácil para alguien que tiene ingresos afrontar las consecuencias del cambio climático y mudarse si es necesario”.

En la Ciudad de Buenos Aires, vecinos de distintas villas ya sienten el impacto del cambio climático y el deterioro ambiental en sus vidas.

“En Villa Inflamable tenemos una situación muy grave de contaminación ambiental. Tanto las industrias como quienes habitamos en el barrio hemos ganado espacio a las lagunas que eran nuestros desagotes naturales, y casas que nunca se inundaban hoy en día se inundan”, dice Martín Alejandro Álvarez, vecino del barrio ubicado dentro del Polo Petroquímico de Dock Sud. “Las empresas hacen campañas de concientización, pero ¿qué hacen en sobre esa contaminación que me genera día a día? Me afecta mi ambiente, me afecta mi vida”.

Foto: Juan Mambromata / AFP
Foto: Juan Mambromata / AFP

2. Repensar el actual modelo económico y el rol del sector privado

“Las grandes compañías deben dejar de pensar en la responsabilidad social empresaria como una donación, sino como una inversión”, dice Marta Cruz, cofundadora y directora de NXTP Labs, un fondo de capital con base en Argentina que invierte en startups que buscan generar un impacto positivo a gran escala.

Tanto Cruz como otros expertos ambientales manfiestan la importancia de repensar las dinámicas de empresas y el sector privado para priorizar el futuro ambiental de nuestras ciudades.

“Como fondo de inversión invertimos con propósito en compañías que estén buscando un retorno económico, pero también un impacto social y ambiental. Buscamos empresas que puedan cumplir con estas tres condicionantes”, dijo Cruz durante un evento organizado por la revista Americas Quarterly. “Estamos ayudando a crear compañías que en el futuro puedan ser positivas para nuestra sociedad y países”.

Además de existir una tendencia global hacia las inversiones en empresas con impacto, en Argentina 75 pymes y grandes empresas adoptaron como propósito generar mejoras sociales y ambientales, certificando su compromiso con una norma internacional conocida en el país como Sistema B.

Foto: Daniel García / AFP
Foto: Daniel García / AFP

3. Trabajar con gobiernos locales

“Antes esperábamos a que sea el gobierno nacional el que actúe primero en temas ambientales”, dice Raisa Banfield, actual vicealcaldesa de la Ciudad de Panamá, ex activista ambiental, y panelista en el evento de Americas Quarterly. “Pero empezamos a darnos cuenta que los problemas ambientales empiezan en las ciudades, y somos los gobiernos locales, las intendencias, los municipios, los que tenemos la responsabilidad más directa de incidir sobre la vida de las personas”

A través de una iniciativa local, en septiembre de este año, Banfield firmó un acuerdo para reemplazar todo el plástico en el Municipio de Panamá con alternativas biodegradables, compostables o reutilizables.

Pero a pesar de enfatizar la responsabilidad de los gobiernos locales en la lucha contra el cambio climático, Banfield cree que el desafío más grande es lograr una articulación entre distintos niveles de gobierno y el sector privado para implementar políticas ambientales sostenibles.

Este es uno de los principales factores, por ejemplo, que ha impedido el avance de la limpieza del Riachuelo, que atraviesa la Ciudad de Buenos Aires y 14 municipios de la Provincia.

Plastico

4. Tomar acciones individuales

¿Qué podemos hacer a nivel personal para lograr un futuro más sostenible? Muchas cosas, dice Mariana Matija, una de las jóvenes que participó esta semana de Ciudades por Jóvenes, un evento que reunió a más de mil jóvenes de América Latina para hablar sobre el futuro de las ciudades.

“Generalmente pensamos que las soluciones ambientales deben venir desde una institución o el gobierno. Claramente debe haber un compromiso ahí, pero eso no significa que a nivel personal no podamos hacer algo”, dice Matija, quien escribe sobre cómo, a nivel personal, podemos cuidar el planeta.

Uno de los desafíos ambientales más urgentes de Argentina es la producción de residuos. El país genera una tonelada de basura cada dos segundos. Para Matija, pequeños cambios en nuestros estilos de vida pueden contribuir a la reducción de estos residuos.

En su blog, “Cualquier cosita es cariño”, Matija comparte desde ideas sobre cómo vivir una vida con menos basura, hasta recetas para hacer shampoo en barra con productos naturales.

“Hay muchas cosas que se vuelven tendencia, como la idea de una vida zero waste, o comprar ciertos productos. Pero no pasa por comprar productos específicos. Hay que entender que el producto más sostenible es el que ya tenemos”, dice Matija.

“Necesitamos un medioambiente sostenible para siquiera estar haciéndonos preguntas sobre nuestras ciudades. Y es responsabilidad de todos generar este cambio. Sin planeta saludable no hay ciudades, fin”.

Sustentabilidad | 30 de octubre de 2018

Foto: Greenpeace

Las multinacionales prometen reducir el plástico que producen y usan como embalaje

Empresas como Coca Cola, PepsiCo, Danone y Unilever firmaron ayer un compromiso para eliminar los envases plásticos innecesarios y sustituir los modelos descartables. Buscan que en 2025 todo el embalaje de plástico se pueda reutilizar y reciclar de forma fácil.

Qué pasó. Más de 250 organizaciones, entre las que se encuentran algunos de los mayores productores de envases plásticos, firmaron ayer en Bali, Indonesia, un acuerdo global que busca “erradicar” la generación de residuos y la contaminación por plásticos.

El “Acuerdo Global de la Nueva Economía del Plástico” está liderado por la ONG británica Fundación Ellen MacArthur en colaboración con la ONU Medio Ambiente y fue presentado durante la 5° conferencia internacional Nuestro Océano (Our Ocean).

Qué objetivos asumieron. Según detalla la ONU, son tres:

  • Eliminar los envases plásticos problemáticos o innecesarios y sustituir los modelos de empaques desechables con otros reutilizables.
  • Innovar para garantizar que 100% del embalaje de plástico se pueda reutilizar, reciclar o compostar de forma fácil y segura para 2025.
  • Aumentar significativamente las cantidades de plásticos reutilizados y convertidos en nuevos empaques o bienes para circular el plástico que ya se ha producido.

Quiénes lo acordaron. Ente los firmantes hay compañías que utilizan el 20% de los envases de plástico producidos a nivel mundial, entre las que figuran Danone, Grupo H&M, L’Oréal, Mars Incorporated, PepsiCo, The Coca Cola Company y Unilever.

También asumieron el compromiso grandes productores de envases como Amcor y fabricantes de plásticos como Novamont y el especialista en gestión de recursos Veolia.

Por qué es importante. Según la ONU, el impacto del plástico en el ambiente es muy grave:

  • Desde 1950 a hoy se generaron más de 8.300 millones de toneladas de plástico, la mayoría productos descartables.
  • Alrededor de 13 millones de toneladas de plástico son tiradas en los océanos cada año, afectando la biodiversidad, la economía y potencialmente nuestra salud.
  • El plástico puede tardar más de 400 años en degradarse, así que la mayoría del material todavía existe en alguna forma.
  • El 99% de los plásticos se producen a partir de productos químicos derivados del petróleo, el gas natural y el carbón, todos los cuales son recursos no renovables.
  • Si siguen las tendencias actuales, para 2050 la industria del plástico requerirá el 20% del consumo total de petróleo del mundo.

Qué pasa en la Argentina. Hace dos semanas, la Secretaría de Ambiente de la Nación presentó el Informe de Estado Ambiental y le dedicó algunos párrafos al plástico:

  • En 2014 se reciclaron 235.000 toneladas de plástico, lo que representa apenas el 12 % del total generado. Pero en 2016 ese recupero bajó a las 200.000 toneladas.

Foto: Greenpeace

Sustentabilidad | 30 de octubre de 2018

Las empresas argentinas que quieren ser las mejores para el mundo

Exactamente 75 pymes y grandes empresas del país adoptaron como propósito generar mejoras sociales y ambientales. Lo incluyen en sus estatutos y certifican ese compromiso con una norma internacional conocida en el país como Sistema B. Se trata de un modelo mundial en el que la aspiración ya no es ser la mejor empresa del mundo sino la mejor para el mundo. ¿Cuáles son las firmas nacionales que tomaron este camino?

El negocio de Matías Portela es negocio para todos. Es un círculo virtuoso para la ciudad de Córdoba. Si vende más juegos para chicos, habrá más nenes desafiando su ingenio. Los cartoneros que le consiguen el material que usa para hacer las casas, castillos y aviones para armar y colorear sumarán más ingresos.

Las fábricas que recorren los cartoneros en busca de descartes enviarán menos basura al relleno sanitario. Y las mujeres de barrios humildes que se encargan de la terminación de los juegos y el empaquetado tendrán más trabajo.

Cuando Matías, un ingeniero industrial de 34 años, renunció a su carrera en Volkswagen, lo hizo para idear un negocio en el que no hubiese perdedores: “Desde 2011, cuando nació Ondulé, hasta hoy vendimos 92 mil juguetes, reciclamos 47 mil kilos de cartón y le dimos empleo estable a 15 mujeres que trabajan desde sus casas, jamás le financiamos el pago y respetamos sus plazos de entrega”.

La pyme de Matías es una de las 75 empresas del país que lograron certificar como empresas B o Benefit corporations, según su nombre en inglés. Se trata de un modelo de negocio que además de buscar la rentabilidad tiene como propósito conseguir un impacto social y ambiental positivo.

Ondulé produce juegos con cartón reciclado por cooperativas.
Ondulé produce juegos con cartón reciclado por cooperativas.

El propósito es parte del ADN y también del estatuto

“A diferencia de los programas de Responsabilidad Social Empresaria (SRE) o las donaciones, la empresa B tiene ese propósito como génesis. Sucede desde adentro, es parte de su ADN”, explica Francisco Murray, director Ejecutivo de Sistema B, representante en la Argentina de B-lab, la ONG estadounidense que en 2007 desarrolló la herramienta de evaluación de sostenibilidad y el proceso de certificación para empresas llamadas de triple impacto: económico, social y ambiental.

En 2013, un año después de aterrizado el modelo en la Argentina, en el país había 15 empresas certificadas. Cinco años después se multiplicaron por cinco hasta llegar a las 75 que existen hoy.

“Crece la cantidad de empresas B porque hay mayor compromiso de los empresarios, que entienden que ya no alcanza con pagar los impuestos y que el Estado se encargue del resto. Estos emprendedores entienden que lo correcto es buscar el propósito dentro de la misma empresa”, analiza Murray, que en su época de emprendedor fundó Páez, una empresa de calzado que certificó como empresa B.

Mientras que en toda América Latina hay 414 empresas trabajando bajo esa filosofía, la Argentina es el tercer país de la región con más firmas dentro del ecosistema, solo detrás de Chile y Brasil. En el mundo, en tanto, son 2.655.

El propósito que trabaja cada empresa debe ser incluido en el estatutos, de modo que sus directores y gestores deben rendir cuentas ante los accionistas, por ejemplo, sobre el impacto logrado. Y al mismo tiempo, los directores pueden no ceder ante un reclamo de los accionistas orientado a trabajar exclusivamente en la rentabilidad.

“Cuanto más crecemos, más gente tiene agua para tomar”

A las empresas que persiguen este modelo les gusta decir que no pelean por ser la mejor empresa del mundo sino la mejor empresa para el mundo. Mucho de eso hay en la historia de Proyecto Agua Segura, el emprendimiento que hace tres años creó el médico Nicolás Wertheimer, de 29 años.

“Cuanto más crecemos, más gente va a tener agua para tomar”, dice Nicolás, que empezó él solo comercializando unos filtros suizos para que las comunidades aisladas del país puedan purificar y tomar el agua de ríos, lagunas o de lluvia.

Proyecto Agua Segura busca dar accceso al agua en comunidades aisladas.
Proyecto Agua Segura busca dar accceso al agua en comunidades aisladas.

Ahora, la firma tiene 20 empleados y trabaja con varias ONG, empresas y el sector público. “Hacemos diagnósticos, relevamientos e instalaciones que buscan asegurar el acceso al agua a través de distintas tecnologías”, cuenta y revela que la decisión de dejar la guardia del hospital municipal de Vicente López por este proyecto fue muy sencilla: “Puse en Google la frase ‘inventos que cambian el mundo’ y me apareció el filtro que después traje al país”.

Entre las empresas B argentinas no hay un rubro que predomine ni una facturación promedio. Lo único que las une es la convicción de combinar el negocio con aportes sociales y el cuidado del ambiente en el que se desarrolla.

Hay bodegas que cuidan el ambiente al extremo, textiles que trabajan con telas recicladas, proyectos forestales sustentables, imprentas que solo trabajan con materiales biodegradables, productoras de agua, restoranes que no desperdician nada de comida, joyerías que reutilizan cuero de descarte y empresas que se dedican exclusivamente a aprovechar la basura.

Hay emprendimientos pequeños y empresas multinacionales, como Danone y Natura. Y también empresas históricas, como la licorería Porta Hermanos, fundada en 1882 y actualmente con 550 empleados.

“Nuestro crecimiento estará siempre enfocado a generar valor a la sociedad en la que vivimos y a nuestra gente y sus familias, en particular. Más empleo, de mejor calidad, y sustentable. Más oportunidades para nuestra gente, mayor vinculación con nuestros vecinos. Mejor utilización de los recursos, mayor eficiencia energética. Procesos que recuperen subproductos con la meta de reducir la generación de residuos”, cuenta Inés Castro Castellanos, directora de Institucional y Marketing de Porta.

Porta tiene 550 empleados y uno de sus propósitos es lograr que progresen.
Porta tiene 550 empleados y uno de sus propósitos es lograr que progresen.

El modelo también ofrece ventajas competitivas

Además de la vocación de colaborar con la comunidad, las empresas que certifican también encuentran beneficios. Como la certificación debe renovarse cada tres años, promueve un proceso de mejora continua; además logran un mejor posicionamiento porque suelen ser destacadas por los medios e invitadas a eventos; y atraen talentos, ya que muchos jóvenes prefieren trabajar en una empresa que tiene propósitos sociales y ambientales.

“También se les abren mercados internacionales. Porque muchos países buscan y pagan más por productos que tienen esta certificación”, señala Pedro Cascales, director de Comunicación de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), donde tiene una serie de programas para capacitar y formar a las pymes en iniciativas sociales y ambientales.

Por ejemplo, trabajan en eficiencia energética y en tres programas federales para colaborar en comunidades vulnerables con útiles escolares, al inicio declases; abrigos, cuando arranca el invierno; y regalos, en la previa de las fiestas de fin de año.

Otro beneficio es el de ser parte del ecosistema B, ya que muchas empresas prefieren elegir proveedores que tengan la misma filosofía. “Dos de nuestros clientes son empresas B, pero también tenemos de cliente a Mercado Libre, que nos elige por el propósito que tenemos”, cuenta Andrea Jatar, quien en 2014 fundó una empresa de viandas y catering.

Andrea tiene 50 años y es ingeniera en sistemas. Después de trabajar 20 años como empleada en una consultora, decidió abrir De la Olla, una empresa que prepara y entrega a domicilio viandas saludables. El negocio genera varios impactos. Uno social, porque emplea a personas con discapacidades; y otro ambiental, porque los envíos los hace en envases retornables y porque toda la materia prima que usa son productos orgánicos.

“Y un tercer impacto es en la salud, porque quienes consumen nuestras viandas reciben una comida saludable”, asegura Andrea, que estudió gerenciamiento de cocina en la escuela del Gato Dumas.

De la Olla prepara viandas con alimentos orgánicos y emplea discapacitados.
De la Olla prepara viandas con alimentos orgánicos y emplea discapacitados.

El proceso de certificación como empresa B puede llevar hasta un año. Comienza con un cuestionario de unas 200 preguntas sobre cinco áreas de la empresa: gobernanza, modelo de negocios, prácticas ambientales y laborales. Para poder seguir el proceso de certificación hay que lograr que el puntaje que se obtiene luego de contestar las preguntas no baje de 80.

Por ejemplo, Proyecto Agua Segura obtuvo 108,9, De la Olla sacó 129,1 y Ondulé 86,2. Los resultados de todas las empresas que certificaron pueden revisarse en el sitio web.

Luego del cuestionario y de verificar el puntaje, es necesario presentar la documentación así como también recibir y superar una auditoría.

Quienes ya certificaron y también los que lideran Sistema B ahora trabajan para que a nivel nacional haya una ley que reconozca a este tipo de empresas, tal como existe en países como Estados Unidos e Italia.

El proyecto de ley, que ya está redactado y fue enviado al Congreso por el Poder Ejecutivo, se encuentra en análisis en la cámara de Diputados. “La ley no propone alcanzar un beneficio impositivo, sino que el objetivo es identificar, reconocer y promover a los emprendimientos de impacto social y ambiental. Los diversos beneficios surgirán del mercado o de políticas que el Estado pueda implementar a través de programas de compras públicas preferenciales, facilidades de acceso al crédito o a fondos”, explicaron desde Sistema B.

Si tenés una empresa y querés saber cuál es el impacto social y ambiental de tu negocio podés medirlo con este test gratuito


EMPEZAR EL TEST

Sustentabilidad | 29 de octubre de 2018

Foto: Reeve Jolliff

El futuro de la Antártida está en juego

El futuro de la conservación antártica está en juego. Veinticuatro países y la Unión Europea se reunirán esta semana en Hobart, Australia, con el objetivo de votar sobre una propuesta para extender la protección de los océanos alrededor del Polo Sur. Tras varios intentos fallidos, hay importantes intereses geopolíticos en juego.

La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), una organización internacional que regula el uso de recursos en la Antártida acordó en el 2002 la creación de una red de áreas marinas protegidas (AMP), en línea con la recomendación de científicos, ambientalistas y la sociedad civil a nivel global de proteger el 30% del océano para el 2030.

“La Antártida es la última frontera donde aún no ha llegado la explotación de los recursos naturales a nivel industrial”, dijo Milko Schvartzman, especialista argentino en conservación marina. Argentina es una de las siete naciones que mantiene un reclamo territorial sobre la Península Antártica. También tiene la mayoría de las bases y personal localizado en la zona.

“Es uno de los pocos lugares en el mundo que no ha sido afectado por la actividad humana y por esta razón es esencial para la investigación científica”, agregó Schvartzman.

Sin embargo, hasta ahora el progreso ha sido lento. En el 2009, los estados miembros de la CCRVMA acordaron la primera área marina protegida, que cubre 94,000 kilómetros cuadrados al sur de las Islas Orcadas del Sur. Luego, en 2016, la Comisión llegó a los titulares cuando negoció con éxito el parque marino más grande del mundo, cubriendo 1,55 millones de kilómetros cuadrados en el Mar de Ross.

Estos logros generaron esperanzas de avances similares durante las consecuentes reuniones anuales, que buscan expandir las actuales AMPs y crear otras nuevas. Pero las discusiones se prolongaron. Los países se han opuesto a la extensión de las AMPs, afirmando su derecho de acceso a aguas ricas en kril y otros recursos como minerales y petróleo.

Foto: Reeve Jolliff
Foto: Reeve Jolliff

Las propuestas

Hay tres propuestas sobre la mesa en el marco de las conversaciones que se llevarán adelante este año. Cada una es distinta y con diferentes esperanzas de avance.

La propuesta más antigua es la de proteger tres grandes bloques de océano y fondo marino a lo largo de la Antártida Oriental, en una zona rica en corales de agua fría y en los campos de forrajeo de pingüinos. En las conversaciones de la CCRVMA esta fue una iniciativa que se ha discutido durante seis años consecutivos, pero sin lograr ningún progreso significativo.

Con los años, la propuesta se ha reducido. Inicialmente, se propusieron siete áreas que cubren 1.9 millones de kilómetros cuadrados de océano; esto se disminuyó a tres áreas que cubren 1 millón de kilómetros cuadrados. Protegerá ecosistemas y características únicas, incluidos los sitios donde se forma el agua del fondo antártico (esta es el agua más fría del océano, la cual posee una influencia considerable sobre cómo se mueven las corrientes).

La segunda propuesta (ahora en discusión  en el comité científico, constituyendo una etapa previa antes de su tratamiento en comisión), es crear un AMP de 1,8 millones de kilómetros cuadrados en el área del Mar de Weddell y adyacente a la Península Antártica. En el caso de crearse, sería la reserva natural más grande del mundo.

El AMP de Weddell fue presentado originalmente por la UE y desde entonces ha ganado el apoyo de varios países. Greenpeace lanzó una campaña con el objetivo de presionar a los gobiernos para que la aprobaran y obtuvo el apoyo de dos millones de personas. Se espera que la propuesta llegue a la comisión este año, donde se discutirá su aprobación.

“Esto crearía un refugio seguro para los pingüinos, las ballenas y el krill, salvaguardando su entorno”, dijo Louisa Casson, activista sénior de océanos en Greenpeace. “El mar de Weddell es uno de los lugares más prístinos del planeta. Tenemos la oportunidad de protegerlo antes de que se genere algún tipo de daño “.

Finalmente, Argentina y Chile han trabajado de forma conjunta en una propuesta para crear un AMP al oeste de la Península Antártica. Se encuentra en una etapa temprana y se presentará al comité científico en la reunión de este año. El área es particularmente vulnerable a los impactos del turismo, la actividad pesquera y el calentamiento global.

“Es el área de la Antártida y el mundo más afectado por el calentamiento global. Ha habido una disminución masiva en la cantidad de hielo. La Antártida es el centro de la pesca de krill”, dijo Rodolfo Werner, asesor principal de la Coalición Antártica y Océano Austral (ASOC), que ha asistido a las reuniones de la CCRVMA durante más de diez años.

¿Qué es lo que está en juego?

La falta de extensión de las AMPs en la Antártida podría generar graves consecuencias para sus ecosistemas, concuerdan los expertos, especialmente considerando que después del 2048 se espera que el protocolo ambiental actual y vigente que prohíbe la minería (el Tratado Antártico) sea revisado.

Los geólogos estiman que la Antártida posee al menos 36 mil millones de barriles de petróleo y gas natural, aunque las evaluaciones varían ampliamente. Una combinación de cambio climático y pesca a escala industrial ya está amenazando a la población de kril en las aguas antárticas. La población de pingüinos podría disminuir en casi un tercio hacia fines de siglo debido a los cambios en el kril, cuyo tamaño podría reducirse hasta en un 40 por ciento.

Las poblaciones de krill ya han disminuido en un 80% desde la década de 1970, gracias a una expansión de la industria de pesca de kril, que se prevé que crezca en el orden del 12% anual en los próximos tres años.

Al mismo tiempo, se registró una tendencia alcista en el turismo en la Antártida desde el 2011, con 41,966 personas que llegaron durante el período 2017-2018, significando un crecimiento del 16 por ciento en comparación con el período anterior, según la Asociación Internacional de Operadores de Turismo en la Antártida (IAATO). Todo ello ejerciendo una enorme presión sobre la biodiversidad en la zona.

Resultados probables

Existen sentimientos encontrados entre los expertos consultados por chinadialogue. Algunos tienen la esperanza de que se aprueben las nuevas protecciones, mientras que otros son más escépticos.

Para Mike Walker, coordinador para Europa de ASOC, quien trabajó en la campaña del Mar de Ross, la reunión de este año “se encuentra en una mejor posición” que la del año pasado, gracias a los esfuerzos diplomáticos realizados durante su preparación.

En cambio, para Mariano Aguas, jefe del programa antártico de la ONG argentina Vida Silvestre, “no habrá mucho progreso” debido a las diferentes posiciones de los países.

“La CCRVMA arriesga su reputación si no realiza ningún avance durante este año”, dijo Andrea Kavanagh, directora de trabajo antártico de Pew y Océano Austral. “Prometieron tener una red de AMPs para preservar la biodiversidad en el área. Si no pueden hacer eso ponen en tela de juicio cuáles son sus prioridades “.

teodor-bjerrang-19841-unsplash

Posiciones de los países

Bajo las reglas de la CCRVMA, los 25 miembros de la comisión -24 países y la Unión Europea- deben acordar la adopción de una propuesta. La necesidad de un consenso universal ha generado que el progreso sea especialmente desafiante, dados los diferentes intereses entre los países negociadores.

Se reduce a un debate entre los países principalmente occidentales que buscan establecer AMPs de protección absoluta (donde las industrias vinculadas a la pesca, minería, perforación y otras industrias extractivas estén prohibidas), y aquellos países que desean mantener los derechos de pesca y otras formas de extracción, como China y Rusia, según afirmó el Dr. Nengye Liu, profesor titular de la Universidad de Adelaide.

“El debate es entre la pesca y los estados de conservación. Ha habido un cambio entre los países desarrollados que están presionando para que no haya actividad en las AMPs. “Esto no ha sucedido todavía en China, que se ha convertido en el mayor productor de pesca marina del mundo en la última década”, dijo.

“China está avanzando hacia una pesca sostenible, lo cual significa que quieren seguir pescando en el futuro”, agregó el profesor.

China comenzó a pescar krill antártico en el 2009 y ha ampliado rápidamente sus actividades. Junto con Noruega y Corea del Sur, se encuentran entre las mayores naciones pesqueras de krill antártico, con Noruega a la cabeza en términos de capacidad de captura y procesamiento, y China en el número de embarcaciones.

En 2017, el decimotercer Plan Quinquenal de China, destinado a la tecnología de la industria pesquera, requería que el país aumentara su capacidad de pesca y procesamiento de kril. Pero un libro blanco sobre la actividad de China en la Antártida, publicado el mismo año por la Administración Estatal Oceánica, incluía la protección del medio ambiente como un principio clave.

“China no se opone a las AMPs, pero quieren tener más tiempo para poder pensar en ello”, dijo Jiliang Chen, investigador de Greenovation Hub y especialista en la política antártica de China.

“Hay un acuerdo general de que debe establecerse una red, pero los países pesqueros (como China) tienen más preocupaciones”.

Un estudio realizado por Greenpeace analizó los movimientos de los barcos de pesca de kril en la región y descubrió que operaban cada vez más “en las inmediaciones de las colonias de pingüinos y zonas de alimentación de ballenas”. También resaltó el gran número de incidentes de barcos de pesca involucrados en aterrizajes, derrames de petróleo y accidentes.

Reconociendo su rol, un grupo de compañías responsables del 85% de la pesca de kril en aguas antárticas anunció una “parada voluntaria y permanente” para sus operaciones en áreas claves, incluidas las “zonas de amortiguamiento” alrededor de los criaderos de pingüinos. La medida había presionado a los gobiernos para que actuaran más rápido en la AMP.

Los expertos concuerdan en que las reservas marinas antárticas ofrecen una oportunidad única para conservar y estudiar áreas naturales que en gran parte se encuentran intactas. Aunque el estado de la AMP hace poco para evitar los efectos del cambio climático, puede ayudar a garantizar que las otras actividades no exacerben los impactos.

Al mismo tiempo, los parques marinos antárticos forman parte de un esfuerzo internacional más amplio para proteger el 10% de los océanos del mundo en AMPs para 2020, un objetivo desafiante considerando que menos del 4% está protegido.

“Mirando hacia atrás, se ha avanzado mucho. Lleva mucho tiempo, pero así es como funciona “, dijo Kavanagh.

“Los países que sólo se preocupaban por la pesca ahora están asumiendo compromisos. Rusia ha hecho un gran trabajo en áreas protegidas en el Ártico. China está realmente preocupada por el cambio climático. Hay muchas razones para tener esperanza y ser positivo.”

Sustentabilidad | 26 de octubre de 2018

“La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas”

Cuatro millones de argentinos se enfrentan diariamente a una seria inseguridad alimentaria. Hilal Elver, experta en alimentación de las Naciones Unidas se mostró preocupada por estas cifras tras su visita de 10 días al país. También, advirtió sobre los riesgos que, para el país, implica la política oficial de privilegiar la agricultura industrial por sobre la familiar.

Entre el 12 y el 21 de septiembre, la relatora especial sobre el Derecho a la Alimentación del organismo se reunió con funcionarios de varios ministerios y reparticiones oficiales. También dos provincias: Buenos Aires y Chaco.

En Buenos Aires mantuvo reuniones con pequeños productores de La Plata y recorrió la Isla Maciel, en Avellaneda, donde habló con vecinos que recurren a comedores comunitarios para su alimentación diaria.

En Chaco, visitó los hogares y conversó con miembros de la comunidad Qom en zonas urbanas y rurales. Visitó, además, dos escuelas primarias y un hospital local. El informe final con sus conclusiones será presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en marzo de 2019.

–¿Qué fue lo que más la impactó en su visita en la Argentina?
–Observé un aumento en la cantidad de personas que van a los comedores comunitarios o que se saltean una comida, y niños y niñas que se ven obligados a depender de los comedores escolares para tener su comida diaria. La crisis económica repercute en la calidad de los alimentos ofrecidos por estos espacios por el incremento de precios.

–¿Cuáles considera que son  los principales desafíos nacionales en torno a las políticas alimentarias?
–Todos los funcionarios de Gobierno con los que me reuní, me aseguraron que las consecuencias del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no tendrían impacto alguno en los esquemas de protección social, ya que incluye una cláusula de garantía en este sentido. De todos modos, creo que los efectos indirectos de la crisis económica no pueden ser subestimados y deben tomarse todas las medidas necesarias para asegurar que los derechos de la población y sus medios de subsistencia no sean adversamente afectados. Mi preocupación no son solo los grupos más vulnerables sino también el impacto en la gran población de clase media de Argentina. Soy consciente que durante y aún después de la crisis financiera de 2001, una enorme cantidad de argentinos cayó por debajo de la línea de pobreza. A toda costa debe evitarse que se repita esta experiencia.

–¿Qué aspectos le preocupan del modelo económico?
–Entiendo los desafíos que enfrenta la Argentina. Pero soy crítica de esta decisión del Gobierno, de aprovechar la crisis económica actual para desmantelar el apoyo al sector de la agricultura familiar. El gobierno argentino debería apoyar el sector de la agricultura familiar en el país, a fin de proteger la disponibilidad de alimentos. La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas, con cifras cercanas a los 27 millones de hectáreas por año. En la última década, se destruyeron más de tres millones de hectáreas de bosques para dar lugar a la producción de granos y ganado. No solo debe considerarse la rentabilidad y el crecimiento económico a corto plazo.

–¿Cuál es su opinión respecto al uso de los plaguicidas?
–En Argentina, en los últimos 25 años la aplicación de plaguicidas aumentó diez veces su volumen, de 38 a 370 millones de kilogramos, con un incremento del área cultivada de un 50%, de 20 millones a 30 millones de hectáreas. El glifosato, que en 2015 la Organización Mundial de la Salud declaró como una sustancia probablemente carcinógena, se aplica indiscriminadamente en el país, sin tener en cuenta la existencia de escuelas o pueblos en las cercanías. El uso de plaguicidas está mínimamente regulado y frecuentemente se ignoran las normas internacionales de la FAO. Ni las guías de las empresas ni las leyes provinciales advierten a las comunidades vecinas de los riesgos para su salud o propia vida.

–En estos diez días en el país, pudo recorrer el Chaco ¿Cómo afectó la expansión de las actividades agrícolas a las familias de los pueblos indígenas?
–Las familias se vieron forzadas a dejar las zonas en las que vivían y, en algunos casos, tuvieron que migrar hacia las ciudades cercanas en busca de trabajo. Además, el desmonte como parte de la expansión de la frontera agrícola, limitó severamente la disponibilidad y el acceso a las plantas, así como a los animales de caza y la pesca.

Durante este viaje, realicé el seguimiento de una decisión del año 2007 como resultado de un reclamo que presentó el Defensor del Pueblo de la Nación ante la Corte Suprema de Justicia, y que involucra el fallecimiento de integrantes de la comunidad originaria Qom en la región conocida como El impenetrable. La Corte Suprema ordenó a los gobiernos nacional y provincial que tomaran una serie de medidas para asegurar que los habitantes de la región reciban atención sanitaria y alimentaria adecuadas. Este caso ilustra la importancia del papel que juega el Defensor del Pueblo de la Nación, por lo que es clave que se designe alguien para ocupar el cargo lo antes posible, para que pueda plantear los casos de violación de los derechos humanos. El cargo está vacante desde el año 2009.

–¿Los argentinos llevan una alimentación saludable?
–La dieta argentina tiende a mostrar una monotonía de alimentos, con un consumo concentr

Sustentabilidad | 26 de octubre de 2018

Foto: Tais Gadea Lara

La lucha frente al cambio climático necesita cambios urgentes y ambiciosos

En octubre se presentaron los resultados del informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). ¿Sus conclusiones? Limitar el aumento de la temperatura de la Tierra en 1.5°C para fin de siglo es necesario, es posible y requerirá de cambios sin precedentes.     

“Este informe ha evaluado específicamente cuáles fueron los impactos del cambio climático hasta el momento con un calentamiento de aproximadamente 1°C en relación con los valores preindustriales, y cómo sería un escenario de 1.5°C en relación al de 2°C”, explica en diálogo con RED/ACCIÓN Carolina Vera, investigadora argentina del Clima en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-CONICET-UBA) y vicepresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC.

Comprender la importancia de esta cifra nos remonta a diciembre de 2015 en territorio francés. Los países se reunieron para consensuar un documento histórico en la lucha internacional frente al cambio climático: el Acuerdo de París. Tenía un objetivo claro: “mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2°C con respecto a los niveles preindustriales”. La cifra se veía acompañada por otra, resultado de la lucha de las islas y los países más vulnerables por incluirla: el 1.5°C. Ese número que fue protagonista de titulares sólo aparecía bajo “esfuerzos” tendientes a alcanzarlo.

Por pedido de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), el IPCC -organización internacional que reúne a los principales expertos científicos en la temática- presentó “Calentamiento global de 1.5°C”: un informe sobre cuáles serían los efectos e impactos asociados a un calentamiento de la Tierra en 1.5°C, basado en 6.000 referencias científicas y realizado por 91 expertos de 40 países.  

NATURALEZA 1 - Foto Pexels

1.5°C versus 2°C

El nuevo reporte del IPCC evidencia los escenarios disímiles entre un aumento del 1.5°C y uno de 2°C. Con un incremento del 1.5°C habría menor extinción de especies animales y vegetales, el mar subiría 10 centímetros menos para 2100, una menor pérdida de los arrecifes de coral que desaparecerían casi por completo con un escenario de 2°C. Por el contrario, superar esa cifra significaría un notable incremento en las temperaturas, precipitaciones intensas y sequías; lo que afectaría no sólo a la producción de alimentos sino también al crecimiento económico y la salud humana.

El IPCC destaca que “de continuarse la tasa actual, el calentamiento global alcanzaría el 1.5°C entre 2030 y 2052”. Consultada en el programa radial Sábado Verde, Inés Camilloni, Dra. en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires y científica argentina que participó en el reporte del IPCC, explicó: “Buenos Aires sería una de las ciudades afectada por el aumento en el nivel del mar, sumado a las tormentas (como la Sudestada) y el aumento de los caudales de los ríos producto del aumento en las precipitaciones”.

Ante ello, Jagoda Munić, directora de Friends of the Earth Europa, destaca la importancia de acelerar la transición del actual sistema de producción basado en la explotación de combustibles fósiles a otro basado en las fuentes renovables (como el sol y el viento): “La era de los combustibles fósiles tiene que terminar: ese es el mensaje del informe”. Farhana Yamin, CEO de Track 0, agrega: “Cada país debe establecer una fecha para eliminar las emisiones de combustibles fósiles y los subsidios a fin de que podamos alcanzar las emisiones netas a cero a más tardar en 2050”.

Argentina aún está lejos de esa meta. Según el Informe del Estado del Ambiente presentado recientemente por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, durante 2017 el 86,9% de la oferta interna de energía provino de la explotación de combustibles fósiles (53,6% de gas natural, 32% de petróleo y 1,3% de carbón). Las energías renovables -con nuevos proyectos adjudicados- se ubican en el 13% restante, junto con fuentes hidroeléctrica y nuclear.

¿Y ahora? El después del informe.

Cuáles serán las implicancias de este nuevo informe en la toma de decisiones políticas. “La gente está respondiendo a este informe. Varios países ya están presentando sus objetivos de emisiones netas cero en sus legislaciones. Estamos empezando a ver los signos del progreso que queríamos obtener del informe”, respondió Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo 3 del IPCC, quien aseguró que lo primero que haría al regresar a Reino Unido sería dar una charla en el Parlamento local sobre el reporte.

De igual forma lo hará Valerie Masson-Delmotte, copresidente del Grupo de Trabajo 1 del IPCC, en su retorno a Francia: “Esto no se trata sólo de los gobiernos. Me gustaría ver que el informe se comparta ampliamente entre la sociedad civil y los estudiantes universitarios de todo el mundo. El conocimiento que trasciende del reporte da claves a múltiples personas sobre cómo actuar, no sólo a los gobiernos”.

¿Y en Argentina? Camilloni cuenta: “Desde el sector político, el reporte todavía no tuvo mucho impacto visible como sí ocurrió en otros países, donde la respuesta de convocatoria a los científicos fue inmediata, por ejemplo, en Europa o Australia. Aquí todavía no se inició ese proceso más allá de la difusión en los medios de comunicación. Todavía hay tiempo para reaccionar, poner las cartas sobre la mesa y empezar la discusión. Si la convocatoria no sale desde el sector político, seremos los científicos los que promoveremos que ello ocurra”.

Entre las soluciones que propone el informe, se destacan la transición energética, el cambio en las dietas alimenticias y su forma de producción garantizando la seguridad alimentaria, y el uso de la tecnología para reducir emisiones contaminantes (con objetivos netos cero para 2050) y capturar carbono.

“El reporte intentó cubrir todos los espectros que la discusión global en el tema requiere: información con el mayor nivel de certeza posible sobre los impactos y la reducción necesaria de emisiones para limitar el calentamiento al 1.5°C”, explica Vera y subraya: “Es información que no había estado consolidada con estas características. Hasta el momento eran opiniones. El informe le da robustez a esa discusión que antes era una probabilidad”. Desde el IPCC aseguran que el reporte “será un aporte científico clave en la Conferencia de la Partes (COP24) en Katowice, Polonia, en diciembre próximo”.

Tras la alarma de los datos, llega el momento de la acción. Así lo asegura Camilloni: “Lo más contundente del reporte es que hay que cambiar todo. Implica una transformación cultural, de nuestra forma de producir. No sólo hay que cambiar todo, sino que hay que hacerlo en poco tiempo, porque, en algunos casos, las consecuencias pueden llegar a ser irreversibles”.

Sustentabilidad | 23 de octubre de 2018

Cuáles son los planes de la Argentina para enfrentar sus cinco desafíos ambientales más urgentes

Proteger los bosques frente al avance de la frontera agrícola, atenuar el riesgo de desertificación de un tercio del territorio nacional, acelerar el desarrollo de las energías limpias, incrementar el tratamiento y reciclado de residuos, y reducir la emisión de dióxido de carbono son los principales desafíos ambientales de la Argentina.

Los planes para cada uno de ellos fueron presentados la semana pasada, cuando se publicó el Informe del estado del ambiente 2017, un trabajo minucioso de 612 páginas en el que la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación analiza con datos oficiales cómo evolucionó la salud ambiental de la Argentina.

El documento, que se presenta por segundo año consecutivo y por tercera vez en la historia, analiza además cuáles son los procesos productivos y sociales que más afectan el entorno ambiental.

A continuación, un detalle de los cinco problemas ambientales más urgentes que tiene que resolver el país, qué hace para lograrlo y qué resolvieron los países que atraviesan situaciones parecidas.

1. Deforestación: la expansión agrícola avanza sobre los bosques

Por primera vez desde que en 2007 se aprobó la ley que protege los bosques, la deforestación en el país no bajó sino que subió un 10%.

En 2017 desaparecieron 172.639 hectáreas o el 0,38% de los bosques. En 2016, los desmontes habían bajado a 155.851. Así se cortó un período de diez años en los cuales se había bajado la tasa de deforestación del 1% al 0,35%, aunque siempre muy por arriba del promedio mundial del 0,08%.

Los desmontes en Chaco, Santiago del Estero, Salta y Formosa significaron el 72% de la deforestación.

En la Secretaría de Ambiente reconocen que el aumento de la deforestación podría explicarse por la reactivación agropecuaria, alentada por la baja de las retenciones a las exportaciones del sector en el período 2016/2017.

“La expansión de la frontera agropecuaria es una de las principales causas de pérdida de bosques, que son desmontados para el cultivo de diferentes especies, principalmente soja”, afirman desde la Secretaría. Y agregan que esa expansión obliga a que la ganadería se desplace hacia zonas de bosque.

La pérdida de áreas boscosas tiene consecuencias ambientales y sociales: incremento de gases de efecto invernadero por la liberación de dióxido de carbono, erosión de suelos, inundaciones por la desaparición de un reservorio natural de agua de lluvia, pérdida de biodiversidad, y migración de las poblaciones rurales.

Los planes en la ArgentinaExiste una apuesta a fortalecer la partida instaurada por la ley de bosques para financiar proyectos de restauración o explotación sustentable de bosques. En 2017 se asignaron $ 556 millones, el monto de inversión más alto desde la sanción de la ley, pero apenas un 8% de lo que determina la ley.

“Un instrumento que desarrollamos con el Conicet y la CONAE y lanzaremos en breve es un sistema de alerta temprana de deforestación. A través de imágenes satelitales, cada 15 días se emitirán alertas de posibles focos de deforestación”, adelantó Diego Moreno, secretario de Política Ambiental en Recursos Naturales.

Otro plan es el de restauración de bosques degradados, con experiencias en ocho provincias. Y hay un cuarto programa, Bosques y Comunidades, que ayudar a las comunidades indígenas y criollas a que aprovechen el potencial productivo del bosque mediante la explotación forestal y la cría de animales, pero sin degradarlo. Esa línea ya alcanza a unas 75 comunidades que tienen 410.000 hectáreas.

La Secretaria de Ambiente tiene planes de restauración e implantación de bosques.

La Secretaria de Ambiente tiene planes de restauración e implantación de bosques.

Experiencias internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) identificó en el informe 2018 sobre El Estado de los Bosques del Mundo varios países que ampliaron la superficie de bosques.

A la cabeza están Filipinas (3,3%), Chile (1,8%), Laos (1%), Gabón (0,9%), Vietnam (0,9%), China (0,8%), Francia (0,7%), India (0,3%), Australia (0,2%) y Estados Unidos (0,1%).

En Chile, el gobierno apostó a la producción forestal y avanzó con la plantación de bosques y métodos de explotación sustentables. Ocurre que el sector forestal está orientado al comercio internacional y exporta por U$S 6.100 millones al año, solo superado por la minería

2. Desertificación: el crecimiento de las tierras secas

El informe de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable sostiene que unas 100 millones de hectáreas de tierras secas, el 37% del país, entraron en un proceso de degradación, y si no se detiene puede convertir esa superficie en algo parecido a un desierto.

Lo dramático es que cada año unas 2 millones de hectáreas se suman a la zona erosionada. Este fenómeno es relevante en Río Negro, La Pampa, San Luis, Mendoza, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy.

En Ingeniero Jacobacci, Río Negro, el suelo es casi desértico. Crédito: INTA Bariloche.

En Ingeniero Jacobacci, Río Negro, el suelo es casi desértico. Crédito: INTA Bariloche.

Las causas suelen ser el sobrepastoreo, una excesiva carga ganadera y desmontes para aprovechar la madera o despejar el terreno para actividades agrícola. Cuando disminuye la vegetación por esas causas, el viento o el agua erosionan la tierra.

“Lo que se pierde es la capa fértil del suelo”, explicó Almut Therburg, coordinadora del Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación. Con menos flora, la tierra pierde capacidad de retener agua. Y así se retroalimenta la degradación.

La pérdida de suelo tiene un impacto económico y ambiental. La Secretaría de Ambiente estimó en U$S 29,9 millones anuales la pérdida por menor productividad en cultivos de soja, maíz y trigo. Y advierte que las tierras secas con procesos de desertificación aportan cerca del 40 % de la producción agrícola y el 47 % de la ganadera.

Las consecuencias ambientales son la pérdida de los servicios ecológicos de la tierra, como la función de regulación hídrica, la captura de carbono y la conservación de biodiversidad.

Los planes en la ArgentinaEl problema tiene una relación directa con la actividad agropecuaria. Por eso, la Secretaria de Ambiente trabaja en la difusión de 90 prácticas de manejo sustentable en 11 provincias. Son técnicas, procedimientos y desarrollos tecnológicos para desarrollar actividades no degraden el suelo.

“Antes de fin de año, lanzaremos un plan nacional de lucha contra la desertificación, que incluirá la promoción de esas prácticas y la implementación de beneficios para los productores que las adopten”, confió Diego Moreno.

Habrá que ver también qué impacto puede lograr ForestAR, un programa nacional con el que se busca implantar bosques orientados a la explotación maderera pero de manera sustentable.

Experiencias internacionales. La FAO estima que en el mundo dejan de ser productivas entre 6 y 7 millones de hectáreas de suelo cada año. Por lo que la desertificación es un problema global.

Diego Moreno contó que la Argentina intercambia experiencia con especialistas de México y China, donde su estrategia para combatir la erosión de tierras pasa principalmente por la reforestación y la implementación de prácticas productivas sustentables.

3. Energías limpias: la urgencia de acelerar su desarrollo

La mitad de la emisión de gases de efecto invernadero que genera el país las produce el sector energético. Y eso ocurre porque si bien hubo cambios en la matriz energética, las renovables sólo aportan el 2%.

En las últimas décadas se dio un proceso de sustitución de los hidrocarburos en la generación de energía. La participación del petróleo, que en 1960 representaba el 70 % de la matriz, se redujo al 32%. Pero no aumentaron las renovables: como contraparte hubo un incremento del gas natural, que representaba menos del 10 % y en la actualidad llega al 54 %.

Evolución de la producción de energía eléctrica en Argentina, por tipo de fuente.


Evolución de la producción de energía eléctrica en Argentina, por tipo de fuente.

Los planes en la ArgentinaCon el comienzo de la nueva gestión, hace dos años, el país realmente orientó inversiones al desarrollo de plantas de energía renovables, principalmente parques solares y eólicos.

Desde la Subsecretaría de Energías Renovables de la Nación, que dirige Sebastián Kind, aseguran que, gracias al plan Renovar, ya “hay 70 plantas de generación de energías limpias en construcción, 20 de ellas solares”. Entre todas, prevén aportar 2700 megavatios, lo que ampliaría la participación de las renovables al 8% de la matriz.

Según la ley 27191, las renovables debieron haber representado el 8% de la matriz ya en diciembre de 2017 y alcanzar el 12% en 2019.

El parque solar  La Cumbre, en San Luis, fue inaugurado este año.

El parque solar La Cumbre, en San Luis, fue inaugurado este año.

Experiencias internacionales. A nivel mundial, las renovables representan el 10,4% de la generación mundial, según Ren21, una red global que monitorea el avance de estas energías.

La cifra también está lejos de la incidencia que tienen las energías limpias en Uruguay (44%, con predominio de las eólicas), Brasil (19%, combinando eólica y pequeñas hidroeléctricas) o Chile (17%, también con eólica e hidroeléctricas), según el sitio Climatescope, que permite comparar las matrices energéticas de los países.

4. Residuos: una tonelada de basura cada dos segundos

En 2015, la generación de residuos en Argentina dio un promedio de 1,02 kilogramos por persona, 45.000 toneladas diarias o una tonelada cada dos segundos. Marca un aumento leve en la generación de basura.

Kilos de basura que genera por día una persona en la Argentina. Fuente: Secretaria de Ambiente de la Nación.


Kilos de basura que genera por día una persona en la Argentina. Fuente: Secretaria de Ambiente de la Nación.

En cuanto a la composición de la basura, en la Ciudad de Buenos Aires el 14% era papel o cartón, el 13% plásticos, el 6% textiles, el 4% vidrios y el 2% metales. Es decir que el 39% de la basura es reciclable. Sin embargo, el reciclaje en la ciudad de Buenos Aires sólo llega al 26% de la basura.

Existe otro dato desalentador: en 2014 se reciclaron 235.000 toneladas de plástico, lo que representa apenas el 12 % del total generado. Pero en 2016 ese recupero bajó a las 200.000 toneladas.

A nivel país, el informe de Ambiente señala que existen cerca de 5.000 basurales a cielo abierto sobre unas 8.600 hectáreas. Y advierten que alrededor del 37% de la población no está cubierta por el servicio de disposición final adecuada de sus residuos.

El relleno sanitario de Ensenada recibe basura de municipios del sur bonaerense. Crédito: CEAMSE

El relleno sanitario de Ensenada recibe basura de municipios del sur bonaerense. Crédito: CEAMSE

Los planes en la ArgentinaDesde la Secretaría de Ambiente remarcan que el problema es desafiante porque el manejo de los residuos es por ley responsabilidad de los municipios.

De todos modos, Thierry Decoud, secretario de Control y Monitoreo Ambiental, señaló que trabajan en una serie de leyes que apuntan a garantizar el tratamiento de algunos productos.

Por un lado, el Congreso ya discute un proyecto de ley de responsabilidad extendida del productor, que establece que quienes producen o importan bienes que una vez descartados necesitan un tratamiento especial deben ayudar a diseñar el circuito de disposición final. Eso, por ejemplo, le cabría a los fabricantes o importadores de electrodomésticos y neumáticos.

Otra proyecto en el que trabaja la Secretaría es en la actualización de ley de residuos peligrosos, orientando la norma hacia el recupero de esos desperdicios.

La posibilidad de contar con una ley que regule qué responsabilidad deben tener las empresas que comercializan bebidas en envases plásticos por ahora no está en la agenda inmediata.

Experiencias internacionales. En Estocolmo, capital Suecia, la basura vale oro: se recicla el 99% de sus desechos. Su gestión contempla la prevención, reutilización y reciclaje.

El sistema de recolección de basura es diferenciado: se separan alimentos, que se usan para hacer fertilizantes, compost o biogás; los textiles, que se usan para fabricar ropa; y los papeles.

La basura que no se reutiliza, llega a las 32 estaciones de procesamiento de basura y producción de energía. De hecho, su propia basura no es suficiente para generar toda la energía necesaria en el país, por lo que importan 800.000 toneladas de otros países.

5. Temperatura: reducir la emisión de dióxido de carbono

Aunque no depende sólo de la Argentina, el compromiso de minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero es uno de los principales desafíos ambientales y está atado, en gran medida, a cuánto pueda avanzar el país en la resolución de los temas analizados en esta nota.

La última medición local, de 2014, determinó que el país emitió 369 megatoneladas de dióxido de carbono. La mayor participación de esas emisiones corresponde al sector energético (53%),; seguido por la agricultura, ganadería, silvicultura y deforestación (39%); luego por la industria (4%); y finalmente los residuos (4%).

De que el país y el mundo logren reducir las emisiones depende que la temperatura no suba más allá de 1,5° respecto de los niveles preindustriales. Hoy, según el informe de Ambiente, la temperatura del país subió entre 0,5° y 1°, según la zona.

Para lograr que el aumento de temperatura no supere ese límite, los expertos de la ONU sobre el cambio climático (IPCC) aseguran que las emisiones de CO2 deberán caer un 45% de aquí a 2030 y el mundo deberá alcanzar en 2050 una “neutralidad de carbono”. Es decir, tendrá que dejar de emitir más CO2 del que se retira de la atmósfera.

Los planes en la Argentina. La meta que el país espera alcanzar es no exceder las 483 mega toneladas de dióxido de carbono para 2030. “Para un país en vías de desarrollo y que necesita crecer, eso significa una reducción del 18% respecto a los niveles de emisiones a los que llegaríamos si instrumentáramos las medidas que tenemos planeado hacer. Además trabajamos en un segundo escenario de mayor esfuerzo que implicaría una reducción del 37%”, aseguró Carlos Gentile, secretario de Cambio Climático de la Nación.

Para lograrlo, se creó en 2016 un gabinete de cambio climático que conforman los ministros. De ahí salieron las propuestas para alcanzar la meta. El aporte más sustancial lo deberá hacer el área de Energía, con el incremento de renovables en la matriz energética.

En segundo lugar, el gobierno apuesta a no seguir perdiendo superficie de bosques e implantar nuevos, algo que hoy se evidencia como difícil. El Ministerio de Producción deberá trabajar con las cámaras sectoriales para alcanzar mayor eficiencia energética y que aprovechen procesos productivos para generar su propia energía.

El área de Transporte debe apuntalar el transporte público para desalentar el uso de autos y mejorar rutas y trenes, para así hacer más eficiente el transporte de cargas. Finalmente, Agroindustria debe trabajar en la incorporación de prácticas productivas más sustentables.

Experiencias internacionales. El pacto para reducir emisiones se selló en 2015 en Francia y se lo conoce como el Acuerdo de París. En ese encuentro de líderes mundiales se acordó que cada país, desarrollado o no y sin importar su PIB, establezca metas para reducir las emisiones.

Por eso resulta prematuro hablar de casos exitosos. Pero sí hay un punto de partida: según datos de las Naciones Unidas, en 2016 las emisiones globales fueron de 51.900 megatoneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq).

En ese escenario, China, Estados Unido y la India son los que más gases lanzan a la atmósfera y por lo tanto son los que más contribuciones pueden hacer al ambiente. La participación porcentual de Argentina, en cambio, representa un 0,7% de las emisiones globales.

Emisiones de gases de efecto invernadero por país (2014). Fuente: CAIT, World Resources Institute

Emisiones de gases de efecto invernadero por país (2014). Fuente: CAIT, World Resources Institute
Sustentabilidad | 11 de octubre de 2018

DCIM101MEDIADJI_0872.JPG

Crearon un parque nacional que ayudará a evitar inundaciones en la cuenca del Luján

Lo aprobó el Congreso y está en Campana, en el norte de la provincia de Buenos Aires. Ocupa 5.288 hectáreas, un área equivalente a un cuarto de la superficie de la ciudad de Buenos Aires.

Como gran parte son humedales, el área contribuye a retener agua los días de tormenta o sudestada. Lleva el nombre de Ciervo de los Pantanos porque contribuirá a la preservación de ese animal.

Qué pasó. La provincia de Buenos Aires sumó un nuevo parque nacional. Lleva el nombre de Ciervo de los Pantanos y está a 60 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, en el partido de Campana.

Además de ayudar a preservar la fauna y flora típica de un humedal ofrece un beneficio ambiental determinante: contribuye a evitar inundaciones en los municipios del noroeste del conurbano.

El proyecto se materializó ayer, cuando la Cámara de Senadores convirtió en ley el plan que integra 4.088 hectáreas de la reserva Otamendi, en poder de la Administración de Parques Nacionales, con otras 1.200 de la reserva Río Luján, de jurisdicción bonaerense.

Es el segundo parque nacional en jurisdicción bonaerense, ya que en 2009 se había creado Campos del Tuyú para preservar 3.000 hectáreas de pampa, entre General Lavalle y San Clemente del Tuyú.

Y es el parque número 45 del país. Entre todos, protegen 4,4 millones de hectáreas, casi dos veces la superficie de la provincia de Tucumán.

Un invitación especial. César Toledo, guardaparque del flamante parque nacional, invita a los lectores a visitar el lugar y cuenta cuáles son sus atracciones:

Parque Nacional Ciervo de los Pantanos (1)
Crédito: Administración de Parques Nacionales


Cómo llegar y en qué horarios visitar el parque

Por qué es importante. El sitio preserva pastizales pampeanos, un área de barranca, islas del Delta y sobre todo humedales, lo que convierte al lugar en vital para minimizar los riesgos de inundaciones.

  • “Por su ubicación, tan metropolitana y urbanizada, será un parque muy importante. Porque los humedales tienen la capacidad de regular excesos de agua al retener, absorber el agua y filtrarla al acuífero subterráneo”, explicó geógrafa Patricia Pintos, del Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad de La Plata.
  • “Gran parte de los valles de inundación de la cuenca del Luján fueron alterados por la construcción de desarrollos inmobiliarios. Por eso es sumamente importante este nuevo parque: asegura la conservación de una gran porción de humedales”, sostuvo Marta Andelman, de la Fundación Humedales
  • Ocurre que en la cuenca baja del río Luján -incluye Pilar, Campana, Escobar y Tigre- había hasta 2015 unas 9200 hectáreas de humedales que fueron rellenados para hacer 66 barrios cerrados. Por eso, cuando llueve mucho o hay sudestada, es más probable que el río Luján desborde y provoque inundaciones.

Qué biodiversidad resguarda. Más allá de las modificaciones que hubo en la zona, el parque reúne uno de los sectores mejor conservados. Sus 5500 hectáreas son un refugio de 309 especies de aves y 49 de mamíferos.

  • Vive o se resguarda el ciervo de los pantanos, una especie amenazada por la caza furtiva y la pérdida de su hábitat en el Delta.
  • Se estima que hay solo 800 ejemplares en la zona del Delta inferior, es decir desde Puerto Ibicuy, en Entre Ríos, hasta la desembocadura del Paraná en el Río de la Plata. Por eso, el nombre elegido para el parque es Ciervo de los Pantanos.
  • También sirve para conservar especies como el lobito de río, la comadreja y el gato montés.
  • Entre las aves, destacan la presencia de la pajonalera de pico recto, de la pava de monte y de la palomita azul. Y hay algunos registros del burrito colorado.

Dónde está ubicado. El parque ocupa un área equivalente a un cuarto de la superficie de la ciudad de Buenos Aires. Está cercado al oeste por la autopista Panamericana, al norte por la ciudad de Campana, al este por el río Paraná, y al sur por el Luján y el arroyo Las Rosas.

Sustentabilidad | 11 de octubre de 2018

El último informe sobre el calentamiento global no debe paralizarnos

El tan esperado nuevo informe del panel de clima de las Naciones Unidas que se publicó esta semana hace una lectura sombría: para evitar graves perturbaciones económicas y sociales y proteger los ecosistemas esenciales, debemos limitar urgentemente el aumento de la temperatura global a 1,5°C.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la entidad de las Naciones Unidas a cargo de proporcionar evidencia científica y consenso sobre el cambio climático y sus implicancias para quienes toman las decisiones y el público, acaba de publicar su último y muy esperado informe.

El reto que nos presenta es inmenso.

Para evitar graves consecuencias económicas y sociales y proteger ecosistemas esenciales, necesitamos con urgencia limitar el aumento de la temperatura global a menos de un 1,5º Celsius del nivel preindustrial. Para lograr las reducciones necesarias en emisiones de gases de invernadero se requerirán valentía, creatividad y tomar algunas opciones difíciles. Pero la experiencia de Costa Rica demuestra que, en el largo plazo, lo que se obtiene para todos supera con creces los sacrificios.

El cambio climático no es el primer gran desafío que nuestro país –uno de los que cuenta con mayor biodiversidad por metro cuadrado- ha tenido que superar para preservar su belleza natural. La desforestación para el pastoreo de ganado casi redujo a la mitad la superficie boscosa a lo largo de las cuatro décadas previas a 1986. La inversión estatal en la protección de estos recursos naturales fue esencial, y significó eliminar los subsidios para la industria ganadera y los incentivos perversos para la reforma agraria.

El ejemplo de Costa Rica

Una vez desaparecidos los subsidios y los incentivos negativos, la población de ganado se redujo en un tercio en Costa Rica, lo que quitó presión a las tierras destinadas al pastoreo. En las décadas transcurridas desde entonces, los bosques se han recuperado y hoy cubren más de la mitad del país. Y mientras la cubierta forestal se duplicó, el ingreso per cápita costarricense se triplicó. A partir de esta base, la economía ha crecido de manera sostenible y el país se ha convertido en un líder mundial del ecoturismo.

Hoy, como lo deja en claro el último informe del IPCC, el aumento de las temperaturas es la nueva amenaza a la biodiversidad y a nuestra economía. Todos debemos combatirlo.

Costa Rica, por su parte, se ha fijado lo que el Presidente Carlos Alvarado ha llamado la “titánica y hermosa tarea” de descarbonizar la economía. Uno de los objetivos del plan nacional de descarbonización, que se iniciará en diciembre, es asegurar que el mercado refleje adecuadamente los costes del cambio climático.

Apostar a descarbonizar la economía

Esta política apunta a hacer que los combustibles fósiles sean económicamente no competitivos, y crear incentivos para usar cerca del 100% de la energía renovable de Costa Rica en el sector del transporte para reducir la dependencia del petróleo. Estos incentivos vienen reforzados por una moratoria de la explotación del gas y el petróleo, respetada por cinco gobiernos distintos. Hacer que el sector energético funcione adecuadamente –objetivo que une a ambientalistas y economistas- significa reconocer que un impulso cortoplacista a la economía no puede justificar los costes de largo plazo de los combustibles fósiles.

Como ministro y activista medioambiental, ambos estamos de acuerdo con que el gobierno tiene un papel importante que desempeñar para lograr la descarbonización. Sin embargo, también será esencial el trabajo de actores no estatales, como los negocios y las comunidades locales. Por ello, la política del gobierno se ha centrado en fomentar las iniciativas turísticas de bajo impacto y origen comunitario que valorar el conocimiento local. La experiencia de Costa Rica demuestra que la protección ambiental se logra mejor con alianzas entre la población local y los líderes nacionales, unidos por la causa común de la conservación.

En el fondo, el enfoque de Costa Rica al cambio climático gira en torno a la gente, no a la industria ni los mercados. Nuestro compromiso con el tema se sustenta en la comprensión de los enormes riesgos y costes sanitarios que implica no hacer nada. Costa Rica destina recursos importantes a enfrentar problemas como el dengue y la malaria, porque nuestro pueblo sigue siendo nuestro recurso más importante. Mantenerse por debajo del límite de los 1,5ºC significa 3,3 millones de menos casos de dengue al año en América Latina y el Caribe, menos gente en riesgo de contraer malaria y menor inestabilidad alimentaria y desnutrición a causa de las más altas temperaturas y los patrones climáticos inestables.

Costa Rica se enorgullece de estar a la vanguardia mundial al poner en la práctica este enfoque. Como resultado, somos uno de los pocos países listos para superar los compromisos asumidos en el acuerdo climático de París. No será fácil adoptar todos los cambios, y para hacerlos realidad serán necesarias perseverancia y un compromiso con la adaptabilidad. Otros países que acordaron en el marco del acuerdo de París elevar la ambición de sus planes climáticos nacionales para 2020 pueden aprender de nuestra experiencia en buscar la descarbonización, invertir en recursos naturales y reconocer la importancia del clima para una población sana.

Una de las lecciones más evidentes es la interdependencia de estas políticas. El cambio climático es un problema colectivo que ningún país puede solucionar por si solo con políticas aisladas. Pero esta interdependencia no puede convertirse en una excusa para la parálisis. Limitar el calentamiento a 1,5º Celsius es una meta alrededor de la cual todos podemos unirnos de diversas maneras.

El Foro de la Vulnerabilidad Climática que se celebrará el mes próximo reunirá a los líderes de los países más vulnerables en la primera cumbre completamente virtual de jefes de estado. Junto con la próxima cumbre intergubernamental clave, la COP24 en Polonia en diciembre, las autoridades políticas tienen una oportunidad de demostrar que comprenden las bases científicas del informe del IPCC y están preparadas para dar pasos ambiciosos hacia el logro del objetivo del 1,5º.

A menos que lo hagamos todos juntos, ninguno se librará de las consecuencias.

Traducido por David Meléndez Tormen

Mónica Araya es fundadora y Directora Ejecutiva de Nivela, encabeza el grupo ciudadano Costa Rica Limpia y es Vicepresidenta de la Asociación Costarricense de Movilidad. Carlos Manuel Rodríguez es el Ministro de Medio Ambiente y Energía de Costa Rica.

© Project Syndicate 1995–2018 Foto: Philippe Lopez – AFP

Sustentabilidad | 10 de octubre de 2018

The Anthropocene Project: cuando el arte nos advierte de que estamos destruyendo el planeta

Los cineastas canadienses Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier lideran el proyecto artístico que busca cercar la conciencia medioambiental al público. Entre los temas que aborda están la ganadería industrial, la moda rápida y el plástico en el mar.

Hay ya muchas voces de alarma, y todas intentan ir al unísono. Estudios desde diversas áreas científicas nos están dando el mismo aviso: nuestro paso por el planeta Tierra está siendo devastador. Que ya basta. Que debemos tomar conciencia y hacer algo de manera urgente. Y mientras seguimos pensando, como ciudadanos, en qué soluciones podemos aportar y en cómo implementarlas, cada vez cobran más fuerza algunas teorías desesperanzadoras. Como la del Antropoceno: una época geológica en la que los cambios medioambientales ya no dependen en gran medida de las fuerzas naturales, sino de la acción humana.

Supondría aceptar que la humanidad le ha ganado la batalla a la naturaleza en una lucha en la que todos hemos salido perdiendo.

Con este mensaje, los cineastas canadienses Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier, junto con el fotógrafo también canadiense Edward Burtynsky, emprendieron el proyecto artístico colaborativo The Anthropocene Project. El resultado es un documental, unas exposiciones artísticas y un libro, accesibles para el público desde finales de septiembre de 2018.

file-20180920-129874-1kuely5

Ya nos lo estaban contando

Ellos no son los primeros creadores en acercar la conciencia medioambiental al espectador. Documentales de alto impacto como The True Cost (2015), Terra (2015) o Before the Flood (2016) ya nos abrieron los ojos ante la inmensidad de la huella humana. Incluso películas animadas como Wall·E (2008) ofrecían un futuro distópico que cada vez podemos sentir menos disparatado.

El best seller de Yuval Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses (2015), o los ensayos No Logo (2000) y Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2015) de Naomi Klein, suponen también buenos antecedentes a proyectos como este, transmitiendo a través de la cultura una perspectiva científica y reflexiva global.

El público ya está sobre aviso. La ganadería industrial, la moda rápida o el plástico en el mar son los temas a menudo abordados por estas y otras producciones culturales para concienciarnos sobre las (catastróficas) consecuencias de nuestras decisiones como consumidores. Pero salir de la burbuja de comodidad del primer mundo no es tarea fácil.

La respuesta del artivismo

Necesitamos una comunicación creativa que se imponga al discurso del mercado. Esta es una de las tareas principales del artivismo. Concebido como un nuevo modo de hacer arte comprometido con la realidad, el artivismo busca espacios discursivos no convencionales, como la ciudad o las nuevas tecnologías, con el objetivo de entablar una conversación directa con el ciudadano. Se trata de hacerle ver qué hay detrás de lo que le están contando, y de hacerle reflexionar sobre las alternativas. Porque como afirman Alado-Vico, Jivkova-Semova y Bailey, “la fuerza del artivismo no radica simplemente en su vanguardia estética, sino en su poder revulsivo para señalar la injusticia, la desigualdad o el vacío en el desarrollo humano”.

No solamente el medio ambiente es objeto del artivismo, sino otras cuestiones relevantes como el género, la raza o las decisiones políticas. Un buen ejemplo de artivista contemporáneo es Banksy.

Estas prácticas, por su carácter abierto, disruptivo e interactivo, no suelen provenir de las instituciones artísticas. Sin embargo, muchas iniciativas se han llevado a escala profesional. Esto les ha hecho perder la esencia democrática del artivismo pero (y para) ganar, en cambio, audiencias masivas.

Así nacieron las producciones contenidas en The Anthropocene Project.

¿Arte y ciencia? Sí

El trabajo artístico de los tres canadienses surge a raíz de su colaboración con el grupo de investigación Anthropocene Working Group, de la Universidad de Leicester (Reino Unido). Los creadores le han dado voz desde el arte a una teoría científica demoledora que merecía ser transmitida al gran público. Del ámbito de los congresos, revistas científicas y reportajes de especialización pasará a las pantallas de cine, a las librerías y los museos.

La pieza central del proyecto es el documental The Anthropocene: The Human Epoch (2018):

Lo cierto es que esta creación audiovisual no se puede considerar de manera aislada en el trabajo de Baichwal, Pencier y Burtynsky. Es el tercer documental de una serie orientada a anunciar el impacto humano sobre el planeta. Así pues, anteriormente ya lanzaron Manufactured Landscapes (2006) y Watermark (2013).

Junto al documental se publicará un libro que principalmente contiene las fotografías del artista visual Edward Burtynsky, quien ha consagrado su trabajo a retratar la transformación que los paisajes naturales han sufrido por mediación de manos humanas. En esta obra también se leerán textos de Margaret Atwood, la aclamada autora de la novela El Cuento de la Criada (1985).

Las fotografías de Burtynsky serán además el material de exposiciones temporales que llegarán a Europa en 2019. Anthropocene Project culmina así un proyecto transmedia en el que destacará el uso de medios interactivos como la realidad aumentada, haciendo más cercana la experiencia para el público.

Nuestro papel

La industria cultural y los artistas comprometidos están abriendo un camino activista de concienciación ecológica. ¿Cuál es nuestro rol como público? El auge de movimientos sociales como Fashion Revolution, Slow Fashion o Zero Waste indica que estos nuevos discursos están funcionando, que se está gestando un cambio de mentalidad. Sumarnos o no depende de nuestro comportamiento como consumidores.

Somos el último eslabón de la cadena, pero, precisamente por ello, también somos los que tenemos la capacidad de cambiar las cosas.

Elena Bellido-Pérez, Investigadora de la Universidad de Sevilla – Gloria Jiménez-Marín, Profesora de publicidad y RR.PP, Universidad de Sevilla

Sustentabilidad | 9 de octubre de 2018

DCIM100MEDIADJI_0005.JPG

En la puna jujeña instalan un parque solar de 600 hectáreas, el más grande de Sudamérica

Desde marzo de 2019 aportará energía como para abastecer tres veces la población de Jujuy. Tendrá un total de 1.200.000 paneles, que llegan de China vía Chile.

El parque producirá energía a un costo de 60 dólares el megavatio por hora, lo mismo que se paga en promedio por la energía que se consume actualmente en todo el país.

Desde fines de septiembre un barco chino con 110 contenedores llenos de paneles solares y otras piezas desembarca todas las semanas en Puerto Angamos, en el norte de Chile. Lo espera una flota de camiones que se ocupa de que los equipos crucen la cordillera y completen un viaje de 700 kilómetros hasta su destino definitivo: la puna jujeña.

En diciembre serán 200 contenedores semanales y a fin de año habrán terminado de traer los 1.200.000 paneles que cubrirán 600 hectáreas y convertirán ese territorio desértico en el parque solar más grande de Sudamérica.

“Estamos trabajando para que en marzo de 2019 estemos vendiendo energía a la red”, se entusiasma Mario Pizarro, secretario de Energía de Jujuy y hace una cuenta impactante: el parque que financia el banco chino EximBank y levantan tres constructoras de ese país asiático producirá energía como para abastecer a 600 mil hogares, tres veces la cantidad de viviendas que hay en todo Jujuy.

La zona del parque, que será administrado por una empresa estatal jujeña, se la conoce como Cauchari, está a 300 kilómetros de San Salvador de Jujuy y a 4200 metros de altura. Es uno de los lugares con mayor radiación solar del mundo, solo comparable con el desierto de Sahara. Y por lo tanto es un sitio ideal para un parque solar.

Porque está cerca del trópico de Capricornio y los rayos de sol caen verticalmente sobre los paneles. Porque la altura hace que la columna de aire que separa los paneles del Sol sea menor. Y porque es un clima seco y en promedio hay 6,5 horas de sol pleno por día.

La construcción del parque empleo hoy a 200 personas, pero llegará a 800.

La construcción del parque empleo hoy a 200 personas, pero llegará a 800.

Un hito que posiciona a las energías renovables

Cauchari será el séptimo parque solar del país, pero el primero en hacer un aporte significativo de energía eléctrica al país: 300 megavatios. Hoy operan siete (cinco en San Juan y dos en San Luis), pero entre todos suman apenas 56 megavatios.

Para entender el hito que significará el parque de Jujuy sirve exponer que la central nuclear Atucha I tiene una potencia de 362 megavatios. Y que desde que el Gobierno nacional lanzó el programa RenovAR, a mediados del 2016, se construyeron y entraron en funcionamiento 14 proyectos de generación de energía renovable por 343 megavatios.

Pero además de mayor escala en la producción, Cauchari demostrará que el costo de generación de la energía solar es competitiva en relación al costo de las centrales térmicas que funcionan a gas, gasoil o fueloil, y que producen en el 65% de la energía que genera el país.

Por contrato, el Estado nacional pagará 60 dólares por cada megavatio-hora que Cauchari aporte a la red, el mismo precio que pagó durante todo agosto pasado por la energía que se usó en todo el país. Y a la empresas JEMSE le permitirá ganar 25 millones de dólares por año.

“Lo que pasó es que bajaron los costos para la obtención de las obleas de silicio y la fabricación de las celdas y los módulos solares. Y eso incidió en los costos de construcción de los parques solares. Los paneles representan entre el 20% y el 30% de la inversión”, señala José Luis Polti, coordinador de la Maestría en Energías Renovables de la regional Buenos Aires de la Universidad Tecnológica Nacional.

Polti remarca otro dato auspicioso: “Las parque solares que comenzaron a construirse después de Cauchari ya prometen un costo de 49 dólares el megavatio-hora”. Es decir, ofrecerían energía limpia y más barata que la de las centrales térmicas.

Incidir en la matriz energética nacional

Cuando Cauchari empiece a operar hará que la producción de energías renovable del país crezca en un 25%. Eso ocurrirá porque las 70 plantas de energía renovable activas suman una potencia de 1114 megavatios, entre parques solares y eólicos; pequeños aprovechamientos hídricos (no se cuentan las represas de más de 50 megavatios por la alteración que producen en el ambiente); y plantas de biomasa y biogas.

Toda esa infraestructura, de todos modos, aporta apenas el 2% de la energía que necesita el país, muy lejos de lo que ocurre en el mundo, donde en promedio es del 10,4%, según Ren21, una red global que monitorea el avance de las energías renovables.

La cifra también está lejos de la incidencia que tienen las energías limpias en Uruguay (44%, con predominio de las eólicas), Brasil (19%, combinando eólica y pequeñas hidroeléctricas) o Chile (17%, también con eólica e hidroeléctricas), según el sitio Climatescope, que permite comparar las matrices energéticas de los países.

EnergiaSolarEolicaTop10

También está lejos de los porcentajes de participación de las renovables que, según la ley 27191, debe tener el país: 8% para diciembre de 2017; 12% en 2019; 16% en 2021; 18% en 2023; y 20% en 2025.

Pero más allá de esos números, es cierto que el país encuentra en los proyectos de generación de energías renovables un sector en el cual logró importantes inversiones que empezarán a notarse a partir de 2019.

Desde la Subsecretaría de Energías Renovables de la Nación, que dirige Sebastián Kind, impulsor de la ley 27191, aseguran que “hay 70 plantas de generación de energías limpias en construcción, 20 de ellas solares”, con una inversión de 4.443 millones de dólares. Entre todas, prevén aportar 2700 megavatios, lo que permitiría ampliar la participación de las renovables al 8% de la matriz.

Y detallan que sumando los proyectos inaugurados en los últimos dos años, los que están en obra y los que se planean construir son 147 iniciativas para producir 4466 megavatios. De esa potencia, los parques solares aportarían 38%.

“Si en 2025 llegáramos al 20% de la matriz conformada por renovables, la energía solar podría explicar la mitad de ese porcentaje”, pronostica Julio Duran, jefe del Departamento de Energía Solar de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEA).

Conocé los 147 proyectos de energía renovable

Menos contaminación y mayores alternativas

El principal argumento para que las renovables ganen terreno dentro de la matriz energética mundial es ambiental. Las centrales térmicas que operan con combustibles fósiles generan emisiones de dióxido de carbono y esas emisiones son las que aceleran el cambio climático y el calentamiento global.

Polti detalla que cada 1000 megavatios que se generan a partir de centrales de energía renovable se evita una emisión comparable a la que producen 900 mil autos en un año. Y además. el país se ahorra alrededor de 300 millones de dólares en combustibles fósiles.

La incorporación de energía eólica y solar también permite diversificar la matriz energética, lo que al país le da mayores alternativas y menos dependencia del precio de los combustibles.

“Las centrales térmicas son necesarias porque los parques solares y eólicos generan energía de manera intermitente, cuando hay sol y viento. Sin embargo y mientras se dan las condiciones climáticas, permiten inyectar electricidad a la red sin costos ambientales. Y hay que tener en cuenta que el país, en horas pico o meses de mucho calor, importa energía de países limítrofes”, señala Salvador Gil, director de la carrera de Ingeniería en Energías de la Universidad Nacional de San Martín.

Horas de sol

En Jujuy, donde en marzo del año que viene inaugurarán el parque solar más grande de Sudamérica, ejemplifican el ahorro y el costo ambiental que se evita con un ejemplo muy gráfico: esa zona de la puna recibe por cada metro cuadrado una cantidad de radiación solar que equivale a la energía que produce un barril de petróleo de 190 litros.

Sustentabilidad | 4 de octubre de 2018

Foto: Scania

Estocolmo: un paseo por el futuro

La capital de Suecia recicla el 99% de sus desechos que se convierten en energía. Sus ciudadanos no usan dinero en efectivo y casi no van al banco.

Recorrer Estocolmo es asomarse a una postal del futuro de nuestras ciudades. La capital de Suecia es modelo de sustentabilidad energética, integrando un ambicioso plan de reciclado de basura (recicla el 99% de sus desechos) y la generación del biocombustible clave para su movilidad.

Semanas atrás recorrimos la ciudad invitados por Scania, la fábrica de camiones que ya no se define a sí misma como una empresa de transporte, sino una de sustentabilidad.

El futuro parece limpio, silencioso, diverso y bello. Esa sensación se me repetía ante cada almuerzo o caminata. La vajilla que albergó todas las comidas siempre era reciclada de uno u otro modo: cerámica, vidrio, etc. Los baños, mixtos, modernos, tecnológicos. Las puertas automáticas. La ciudad, inteligente. Así lo define la iniciativa Smart City Sweden bajo los pilares de que la comunicación, la infraestructura y su integración tecnológica fluyan.

Tan futurista es que es la sociedad con menos efectivo del planeta. Durante mi estadía, logré ver un billete y una moneda el último día. Lo mostró la guía, analógica, que aún tenía billetera. En la sede de Scania, uno de los ejecutivos contaba que hacía diez años que no pisaba un banco y el mismo tiempo que no usaba efectivo. De hecho, no conoce cómo luce la moneda nueva, que lleva a Greta Garbo en su billete de 100 y a Ingmar Bergman en el de 200. Paralelamente, el país ya trabaja en generar su propia criptomoneda estatal, la e-Krona, un gran remate a la ciudad protagonista del “Síndrome de Estocolmo”.

La empresa Scania ya no se define como una empresa de transporte sino de sustentabilidad. Foto: Scania.
La empresa Scania ya no se define como una empresa de transporte sino de sustentabilidad. Foto: Scania.

En Suecia, la basura vale oro: se recicla el 99% de sus desechos. Su gestión contempla la prevención, reutilización, reciclaje y todas las alternativas al reciclado. Caminar por sus calles sorprende bastante. Grandes tachos de basura con carteles indicativos de lo que hay que tirar, todas, a menos de 300 metros de cualquier área residencial. Uno más grande, apartado, dice “Human Bridge”, el nombre de la organización que se encarga, entre otras cosas, de reutilizar y reciclar la ropa que los vecinos verten en el contenedor y darle una nueva vida. Se gestionan alrededor de 8.000 toneladas de textiles al año, de las cuáles, más de un millón van a personas necesitadas. Las otras estaciones de reciclaje corresponden a comida, plástico, diarios, metal, vidrios, lamparitas, pilas y desechos electrónicos.

Son obligatorios por ley y permiten que la basura se convierta en energía. A lo largo de su territorio hay 32 estaciones de WTE (de desecho a energía) para su procesamiento. Como esto no es suficiente para generar toda la energía necesaria en el país, se importan alrededor de 800.000 toneladas de basura desde el Reino Unido, Italia, Noruega e Irlanda. El sistema de recolección, de la empresa Optibag, funciona con un lector óptico que separa las bolsas por color y los destina a su correcta utilización. Los alimentos, por ejemplo, se usan para hacer fertilizantes, compost y el biogás de los vehículos. Las verdes contienen comida, las rojas papel, etc. Algunos contenedores incluso tienen música, para que tirar la basura sea más agradable.

Tres toneladas de basura quemada pueden generar la misma energía que una tonelada de fuel oil. Hoy, 950.000 hogares suecos usan calefacción con esta energía y y 260.000 se abastecen totalmente por ella. Es que todo se recicla, hasta el humo. Las bolsas blancas, por ejemplo, se incineran a 850°C. El vapor desprendido mueve las turbinas que abastecen de electricidad a escuelas y la red de calefacción municipal. El humo de las plantas de incineración genera 99.9 % de dióxido de carbono no tóxico y agua que se filtra.

Un tacho de basura para ropa. Foto: Irina Sternik.
Un tacho de basura para ropa. Foto: Irina Sternik.

El biocombustible, eficiencia limpia y verde

Los micros que circulan por las calles se alimentan de biogás. Son silenciosos y funcionan con el combustible generado en las plantas WTE. Junto con Scania visitamos una de las plantas de Scandinavian Biogás, que desde 2005 participa del ecosistema circular para convertir a la basura orgánica en energía. En ese mismo año, el gobierno Sueco prohibió enterrar residuos orgánicos y la industria del biogás y biometano terminó de consolidarse. La arquitectura del lugar se asemeja a cualquier planta de tratamiento, aunque en este caso, el olor a gas dentro de ellas no pasaba desapercibido. El tratamiento quirúrgico de las aguas residuales y la basura es impactante y el gas que se obtiene es sostenible y reduce las emisiones de CO2 en un 90%, contra un 15% de gas natural.

Al ser una empresa de origen sueco, Scania comenzó su transición hacia la sustentabilidad 30 años atrás. Y para esto, no solo modificó el sistema de construcción de vehículos, desde el packaging hasta el agua que utilizan, sino también la movilidad de sus propios empleados en la compañía. En la planta de Estocolmo están probando una app llamada ScaniaGO para conectar a los empleados con los medios de transporte públicos para que vayan de una sede a la otra. Hay bicicletas eléctricas, buses y autos particulares, aunque también es como un Waze inteligente que integra un calendario y entrega, a través de notificaciones, mensajes a los empleados.

Allí tuvimos la oportunidad de probar sus últimos camiones y buses con el motor V8, a gas, para la generación de energía que tiene un método de tracción rinde un 40% más que un diesel tradicional, reduce un 20% las emisiones CO2 y emite menos ruido, disminuyendo el impacto ambiental.

CiudadAutosElectricos

Todos los vehículos, tanto de Suecia como del resto del mundo, están conectados entre sí y suman 350.000 en total. En Argentina, son 10.700 los que eligieron conectarse a ScaniaOne, un servicio que permite mejorar la performance de los recorridos y los camiones o buses a través de inteligencia artificial, analizando la mejor ruta e informando sobre el estado de cada motor.

El objetivo de la empresa es, para el 2025, reducir en un 50% las emisiones de CO2; y para el 2040, llevarlas a 0%. Además esperan que para el 2050 todos sus vehículos sean “Fosil Free Electricity” y en el caso de que no se pueda comprar energía alternativa, resolverlo a través de la solar. Si nos vamos un poco más lejos en el tiempo, el objetivo es que estén conectados, electrificados y sean autónomos.

En una maqueta interactiva pudimos ver cómo funcionan los colectivos en tándem que estarán disponibles en 2022 en Singapur. Los “platooning” son un convoy de transporte con distancia de dos metros, sólo el de adelante maneja, lo que genera no sólo ahorro de combustible por la eficiencia aerodinámica sino también son más seguros y ecológicos.

También vimos el caso emblemático de Cartagena, Colombia, con el sistema Bus Rapid Transit (BRT) que, reemplaza con un solo ómnibus a 60. Cuenta con dos líneas troncales de este sistema, con un total de 147 micros a gas Scania Euro6 con información en tiempo real sobre el consumo de combustible, las rutas elegidas, el comportamiento del conductor y las necesidades del servicio.

Suecia alberga también la primera ruta eléctrica del mundo, una especie de Scalextric donde los rieles generan la transmisión magnética que reemplazarán al combustible, aunque por el momento la prueba sólo tiene 2 kilómetros.

En Suecia pueden verse por todos lados los vehículos eléctricos, sus estaciones de carga, y la gran variedad de transporte urbano. Hay desde “Teslas” hasta bicicletas de todo tipo y color. Algunas tienen carritos para llevar bebés, perros y otras simplemente son eléctricas. Las ciclovías, que se multiplican en todas las direcciones, están bien diseñadas y señalizadas. Todos lo ciclistas entre sí se respetan, aunque no estoy ocurre lo mismo con los peatones.

¿Se puede replicar algo de esto en Buenos Aires? En lo que respecta al transporte urbano, Alejandro Pazos, gerente de comunicación de la compañía, indica que están trabajando para implementar en la Ciudad de Buenos Aires junto con su gobierno dos buses que funcionan con combustible alternativo para el transporte urbano de pasajeros para el 2019: “Uno de ellos con gas y el otro con biodiesel. La línea con la que se trabajará es la 132, que posee un recorrido sumamente exigente 100% dentro de la ciudad. El objetivo es monitorear y medir durante un año la performance de ambos vehículos y compararla con aquellos propulsados a diésel, con la idea de analizar el nivel de emisiones de CO2, su nivel de ruido, el mantenimiento, etc”.

Para finalizar nuestra visita a uno de los países menos contaminantes del mundo, visitamos IKEA, empresa sueca que pretende reducir en un 30% las emisiones de carbono en transportes y servicios para 2020 y cumplir con su objetivo de cero emisiones en el 2030. El ecosistema de Suecia está en orden.

Sustentabilidad | 1 de octubre de 2018

Solidaridad social para el desarrollo sostenible

El difunto Kofi Annan dijo una vez que el cambio climático es el “problema existencial de nuestro tiempo”. Una ola de eventos climáticos extremos el verano pasado -desde incendios forestales en California y Suecia hasta inundaciones en India y sequías en Australia- muestran lo acertado que estaba. Y como también entendió Annan, enfrentar esta crisis no significa solo proteger la economía o el medio ambiente; también implica defender la justicia, preservar los derechos humanos y comprometerse con la solidaridad social.

Durante más de cuatro décadas, estos valores han motivado mi trabajo para avanzar en el desarrollo sostenible a nivel nacional e internacional. En la década de 1980, mientras ocupaba el cargo de primera ministra de Noruega, presidí la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, por invitación del entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. El informe de 1987 de la Comisión, “Nuestro futuro común”, se convirtió en un documento histórico que atrajo la atención de los presidentes, primeros ministros y ministros de finanzas de todo el mundo hacia el desarrollo sostenible. También estimuló la Conferencia de 1992 sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, y continúa influyendo en las discusiones globales.

Combatir el cambio climático es clave para una mayor justicia social

Hoy escribo como miembro de The Elders, un grupo de líderes independientes fundado por Nelson Mandela para trabajar por la paz, la justicia y los derechos humanos. La acción climática es integral para el progreso en todas estas áreas.

Sabemos qué es necesario hacer. Las emisiones de dióxido de carbono deben ser gravadas y reducidas. Deben eliminarse los subsidios a las industrias de combustibles fósiles. Y el apoyo financiero debe entregarse a los países menos desarrollados, que son más vulnerables a los efectos del cambio climático, a pesar de haber contribuido poco significativamente al problema.

La falta de compromiso político

¿Por qué no se están tomando estos pasos? Con algunas excepciones lamentables y conspicuas, los líderes mundiales reconocen la realidad del cambio climático. Ven el daño que los fenómenos meteorológicos extremos pueden infligir en hogares, infraestructuras y medios de vida, y escuchan las advertencias de los científicos del clima de que las condiciones tenderán a deteriorarse.

Pero una estrategia climática suficientemente audaz exige coraje y compromiso político por parte de los líderes. Además, tales estrategias deben actualizarse continuamente para reflejar las cambiantes realidades socioeconómicas -desde la globalización y la inteligencia artificial hasta una mayor conciencia de la discriminación por género y raza- a fin de asegurar el apoyo de los ciudadanos, especialmente de los más jóvenes.

Por supuesto, los ciudadanos comunes, una vez más, especialmente los jóvenes, también tienen la responsabilidad de ayudar a lograr una acción climática efectiva. Los desafíos que enfrenta el mundo pueden parecer abrumadores, pero el trabajo de sus ciudadanos es simple: comprometerse. Esto significa cambiar sus propios comportamientos, incluyendo votando en elecciones, exigiendo más acciones de los líderes, y dando un paso adelante para liderar ellos mismos.

En su ardiente estudio sobre la valentía y la cobardía humanas, “Un enemigo del pueblo”, el dramaturgo noruego Henrik Ibsen escribió: “Una comunidad es como un barco; todos deberían estar preparados para coger el timón”. Con nuestro barco global siendo arrojado por aguas tormentosas y peligrosas, cada uno de nosotros debe estar listo para mostrar el liderazgo de una manera apropiada y realista, ya sea dentro de nuestra comunidad o a nivel nacional o internacional.

Tenemos claro el camino que puede guiarnos hacia la seguridad. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, acordados por los 193 estados miembros de la ONU en 2015, cubren todos los elementos interconectados de la vida y el desarrollo humano, desde la salud, la educación y el medio ambiente hasta la paz, la justicia, la seguridad y la igualdad.

Por ejemplo, no puede haber desarrollo, sostenible o no, sin una población mundial saludable. Sin embargo, como mi compañero en The Elder, el ex secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y yo vimos de primera mano en un viaje reciente a la India, millones de personas en ese país se ven inmersas en la pobreza cada año debido a los costos de salud.

La buena noticia es que India también está demostrando que las reformas innovadoras a nivel estatal y nacional pueden mejorar el acceso. En particular, las clínicas Mohalla, del gobierno del estado de Delhi, fieles a su nombre (mohalla significa comunidad o vecindario en hindi), ofrecen un paquete básico de servicios esenciales de salud, que incluye medicamentos, diagnósticos y consultas sin cargo.

Muchos países de todo el mundo comparten el desafío de la salud que enfrenta India, incluidos los más ricos, como Estados Unidos. Abordarlo demandará no solo más innovación, sino también la aplicación de soluciones existentes como las Clínicas Mohalla, basadas en el reconocimiento de que la salud es un bien público y que los sistemas de atención de salud efectivos se basan en la solidaridad social, el mismo principio común en todos de los ODS.

El hecho es que cada jefe de estado, cada gobierno y cada ciudadano tiene la responsabilidad de garantizar que logremos los ODS. En ese sentido, los objetivos refutan la opinión de que la mejor manera de maximizar la prosperidad y la seguridad es poner en primer lugar el propio país y sus intereses, al mismo tiempo que lo aísla de sus vecinos.

Hay medidas que son urgentes

Alcanzar los ODS -y, por lo tanto, enfrentar la crisis climática- requerirá enfrentar aquellos intereses políticos, comerciales y económicos que buscan mantener la desigualdad del orden actual. También exigirá que revisemos nuestros estilos de vida insostenibles y nuestros patrones de producción y consumo, mientras enfrentamos el problema del rápido crecimiento de la población. Todos tendremos que asumir nuestra responsabilidad.

Este año, personas en todo el mundo conmemoran el centenario del nacimiento de Mandela. Mandela, uno de los líderes más destacados y visionarios que el mundo haya visto, entendió que el desarrollo humano es un esfuerzo colectivo e integral. “Vencer la pobreza”, declaró una vez, “no es una tarea de caridad, es un acto de justicia”.

Honremos el legado de Mandela tomando medidas urgentes, cooperativas e integrales para lograr los ODS. Leguemos a nuestros hijos y nietos un mundo del que nos sintamos orgullosos.

Gro Harlem Brundtland fue primera ministra de Noruega y actualmente es presidenta interina de The Elders, un grupo de líderes mundiales independientes que trabajan por la paz y los derechos humanos.

© Project Syndicate 1995–2018 Munir Uz Zaman – AFP

Sustentabilidad | 28 de septiembre de 2018

Kris Tompkins: “Los parques nacionales deben ser una estrategia para cambiar el rumbo de la crisis de extinción y repensar la economía”

A tres años de la muerte de su marido Douglas, la ambientalista y filántropa norteamericana está enfocada en asegurar el legado en Argentina y en Chile. Dice que le gustaría ver que las comunidades alrededor de los parques nacionales entiendan que existe un vínculo entre un ecosistema saludable y una comunidad sustentable.

Tomkins Conservation es el nombre que engloba todos los proyectos de conservación de Kristine y Douglas Tomkins. La iniciativa de la pareja norteamericana comenzó en Chile hace 25 años, se expandió a la Argentina y ya acumula una inversión de 345 millones de dólares. Con esos fondos adquirieron 881.839 hectáreas para destinarlas a la conservación permanente. El compromiso siempre ha sido el mismo: crear parques, conservar la biodiversidad, restablecer especies ausentes o extintas, fortalecer el activismo ambiental y promover la agricultura ecológica.

Fueron ambientalistas y filántropos antes de que esos roles se pusieran de moda. A casi tres años de la muerte de su esposo, Kristine supervisa los proyectos y está atando cabos sueltos de la visión que compartió con Doug para asegurar el legado. En la Argentina, uno de sus proyecto más ambicioso es la creación del parque nacional de los Esteros del Iberá.

–Cuando ustedes comenzaron eran pioneros. Ahora la gente tiene más consciencia y el mundo ve un desarrollo sustentable, en armonía con el ambiente, como la única opción. ¿Es optimista sobre el camino en el que estamos?

–Debo decir que soy pesimista sobre este siglo pero optimista acerca del próximo.

–¿Por qué?

–Hace 40 años la economía global no estaba entrelazada. Todavía era una economía que no se había globalizado y habían pocas multinacionales. A eso se suma el factor tecnología, que hace que todo cambie más rápido. Además tenés ecosistemas que se están descomponiendo y estamos viviendo la extinción de especies más rápida y más grande de la historia; y por último, está el cambio climático. Y ni siquiera he mencionado que hay numerosas comunidades que viven en regiones marginales que se están desmoronando y con millones de personas sufriendo. Y sin embargo, hay un presidente en los Estados Unidos que está eliminando regulaciones y que quiere abandonar el Acuerdo de París. Y si uno mira a la historia de las civilizaciones en declive, la cultura siempre le ha ganado al sentido común. Eso es lo que siempre pasa, ¿verdad? Por eso soy pesimista.

–¿Pero no está mirando al vaso medio vacío?

–No estoy tan segura. Estamos siendo testigos de la mayor extinción de especies en la historia de la humanidad y de que la brecha entre los ultra ricos y los ultra pobres sigue creciendo. No existe el compromiso de hacer lo que sea necesario para cambiar esa realidad. Estamos en un mundo en el que la visión parece ser ‘sálvese quien pueda’. Entonces no, no soy muy optimista.

–¿Y qué tiene que cambiar?

–Para ser positivo, debe haber cambios fundamentales en la forma en que la gente piensa sobre su papel en la sociedad y lo que quiere para sí misma y su familia. Hace poco estuve con el decano de Harvard Business School y me preguntó: ‘¿Qué opinás de Harvard o Stanford?’. Mi respuesta fue que ‘creo que estás educando a empresarios para la década de los 80. Les estás haciendo un flaco servicio a la sociedad. Están pasando muchas cosas allá afuera. Y tú eres el líder en una de las universidades más influyentes del mundo’.

–¿No cree que ha habido un cambio en la mentalidad? Mal que mal algunas de las batallas que usted y Doug tuvieron que pelear ya las ganaron.

Sí, eso es cierto, pero eso es el 0,000001% de los casos. Pero tenés que mirar el efecto neto y ahí no ha cambiado mucho.

-Bueno, le doy un ejemplo. En la banca, un acuerdo de fusiones y adquisiciones o una oferta de bonos no puede ocurrir sin que se pida un estudio de impacto ambiental adecuado de la operación. Ese es un cambio positivo, ¿no?

-Lo es, pero ¿podés decir honestamente hoy que tus hijos y tus nietos heredarán un mundo mejor?  No quiero deprimirte, pero tiene que haber cambios tectónicos en el sistema y una de las medidas para esto son los patrones de migración humana. Y esos patrones pintan un futuro sombrío.

¿Por qué sucedió Brexit? O, ¿por qué ganó Trump? ¿Por qué crece el nacionalismo en Europa? Para mí, todas estas son macro tendencias que son el resultado de la escasez y la sequía, que han generado una migración gigante. Hay millones que se están muriendo de hambre en ciertas áreas del mundo. Y esas no son tendencias que queremos ver. No queremos ver migraciones masivas de humanos. Entonces, tiene un cambio mucho más rápido para comenzar a ver una reversión de estas tendencias. Eso es todo lo que estoy diciendo.

tomkinsconservation

–Ustedes están atando todos los cabos sueltos de los 25 años de trabajo en Sudamérica. ¿Cuál es el legado que quiere dejar?

–Me gustaría ver la restauración de pastizales y bosques; que la vida silvestre dentro de los parques sea abundante; y ver que los animales abundan y se reproducen en forma sustentable. Que las comunidades alrededor de estas áreas –junto a los gobiernos regionales y nacionales– entiendan que la sustentabilidad de su futuro se debe en gran medida a ese ecosistema saludable; y que existe un vínculo entre un ecosistema saludable y comunidades sustentables.

Tompkins Conservation en números

  • 881.839 hectáreas adquiridas para conservación permanente.
  • 5 nuevos parques nacionales declarados y 1 expansión de parque existente.
  • 25.000 ovejas mudadas de la estancia Valle Chacabuco para comenzar el proyecto Parque Nacional Patagonia.
  • 33% es el porcentaje anual de crecimiento de la población en peligro de venados de las pampas de Iberá y 6 las comunidades asesoradas en desarrollo económico en ecoturismo.
  • 2210 becas entregadas a organizaciones sin fines de lucro que trabajan para la protección de la Tierra.
Sustentabilidad | 27 de septiembre de 2018

La tormenta perfecta que se le viene a la industria de los combustibles

Una avalancha de eventos climáticos extremos intensificarán, este año, la presión política sobre las empresas de combustibles fósiles. Cómo las compañías de petróleo y gas manejen sus crecientes desafíos políticos será tan importante para su valoración como lo son ahora sus operaciones diarias.

Éste ha sido un año de acontecimientos climáticos extremos, desde la “Bestia del Este” que congeló gran parte del Reino Unido en marzo hasta el huracán Florence en la costa este de Estados Unidos y el tifón Mangkhut en las Filipinas. Los científicos normalmente vacilan antes de asegurar que cualquier desastre natural en particular es resultado del cambio climático, pero la intensidad general de las tormentas en verdad parece estar asociada a la acumulación en la atmósfera de gases de efecto invernadero (GEI) generados por el hombre.

Sin embargo, en la mente de muchos, para echar culpas no hace falta esperar una certeza científica plena. Existen decenas de millones de personas cuyas vidas se han visto afectadas seriamente por los desastres naturales, y quizá miles de millones de personas que han percibido cambios en los patrones climáticos en los últimos años. Al igual que un porcentaje creciente de políticos y la mayoría de los medios, muchas de estas personas se están convenciendo de que nuestra dependencia de los combustibles fósiles es una de las causas subyacentes.

Una industria que se merece las críticas

La industria de los combustibles fósiles es un blanco legítimo de las críticas, a partir de que sus productos representan el grueso de las emisiones anuales de GEI. Las grandes petroleras, en particular, se han visto afectadas por una cantidad de acciones relacionadas con su rol en el cambio climático. Además de protestas en sus instalaciones en los últimos años, han enfrentado resoluciones de sus accionistas en reclamo de un cambio hacia fuentes de energía renovable, campañas de desinversión y una creciente cantidad de demandas legales vinculadas al clima, particularmente en Estados Unidos.

Sin embargo, en todo caso, el asedio político a la industria de los combustibles fósiles recién acaba de empezar. Aun si los acontecimientos climáticos extremos terminen no siendo tan alarmantes como predicen los científicos expertos en clima, la población muy probablemente dirigirá más y más su ira a la industria cada vez que tenga lugar un huracán, una inundación, un tifón, una ola de calor o una helada.

Es más, a medida que se propague la conciencia sobre el cambio climático, los políticos y la población necesitarán un blanco simple y fácil al que echarle la culpa. Sin duda, uno podría apuntar con el dedo a los miles de millones de consumidores que conducen coches que funcionan a gasolina y dependen de los combustibles fósiles para aclimatar e iluminar sus hogares. Pero todo político que aspire a ganar una elección sería tonto si les echara la culpa a los votantes.

En la práctica, esto significa que las empresas de combustibles fósiles –particularmente las que tienen sus casas matrices en países de la OCDE- tendrán que transitar un entorno operativo intensamente cuestionado en los próximos años. En términos de valor accionarial, saber manejar los desafíos sociales y políticos no será menos importante que encontrar y producir hidrocarburos.

Hoy en día, gran parte del activismo de los accionistas contra la industria se centra en torno de hasta qué punto las reservas de hidrocarburos de las empresas pueden terminar siendo comercialmente inviables en la medida que el mundo abandona los combustibles fósiles. Pero en el corto plazo, la respuesta política negativa contra la industria planteará una mayor amenaza para las valuaciones que los “activos varados”.

Esa reacción negativa podría presentarse de varias formas. Es probable que las campañas de desinversión cobren fuerza y atraigan a accionistas más grandes. Las demandas legales relacionadas con el clima podrían empezar a extenderse más allá de Estados Unidos y, en definitiva, derivar en multimillonarias recompensas por daños, como en los casos contra las grandes compañías tabacaleras. Los movimientos de protesta para alterar las operaciones en la costa podrían volverse una rutina. Y los gobiernos podrían decidir imponer suspensiones al nuevo desarrollo de hidrocarburos, o aplicar impuestos punitivos a las empresas de combustibles fósiles. Por cierto, el gobierno de Nueva Zelanda recientemente prohibió toda exploración offshore de petróleo y gas a futuro –una medida que otros países pueden terminar imitando.

La pobre reacción política

¿Por qué alguien debería derramar lágrimas por las grandes petroleras y sus inversores? Después de todo, muchas de las presiones políticas que se describen aquí sirven para enfrentar el cambio climático, lo que requiere reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y acelerar el cambio a energías renovables.

Aun así, una reacción negativa precipitada contra las empresas de combustibles fósiles también podría tener algunos efectos perversos. Los políticos la podrían utilizar para distraer la atención del ritmo lento de la reforma de la política energética nacional. En la mayoría de los países se necesita esa reforma con urgencia para cumplir con los objetivos climáticos. También, inclusive en un escenario en el que el incremento de la temperatura promedio global se mantenga dentro de los 2° Celsius de los niveles preindustriales (el límite máximo según el acuerdo climático de París de 2015), seguirá siendo necesario producir combustibles fósiles. Como un superpetrolero gigante, el sistema de energía global no se puede cambiar de un momento para el otro. Abandonar los combustibles fósiles llevará muchos años, durante los cuales la demanda de petróleo, gas y carbón continuará.

A la luz de estas realidades, un riesgo del embate político intensificado contra las empresas de combustibles fósiles es que la industria podría ser empujada a las sombras. En lugar de achicarse en tamaño o centrarse en una transición a energías renovables, la industria podría trasladar la producción a empresas privadas en lugar de públicas. O la producción podría migrar a empresas menos transparentes en países no pertenecientes a la OCDE.

En cualquiera de los dos casos, estas entidades corporativas serán menos susceptibles a la presión de activistas progresistas e inversores con un interés social. Los productores menos escrupulosos estarán felices de seguir explorando y extrayendo sin freno, porque se sentirán incluso menos obligados que los jefes cuestionados de las grandes petroleras y las grandes explotadoras de carbón a demostrar que están ayudando a reducir las emisiones de GEI. En tanto el movimiento para enfrentar el cambio climático siga forjando su estrategia para los próximos años, éste es un riesgo a tener en cuenta.

Daniel Litvin es director gerente de Critical Resource, una consultora que asesora a empresas de recursos en materia de sostenibilidad y riesgo de la “licencia para operar”, y autor de Empires of Profit: Commerce, Conquest, and Corporate Responsibility.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Martin Bernetti – AFP

Sustentabilidad | 26 de septiembre de 2018

Comenzó Sustainable Brands y las grandes empresas discuten cómo hacer negocios cuidando el planeta

Se realizó la primera jornada del evento que reúne marcas líderes de todo el mundo comprometidas con la sustentabilidad y el medio ambiente. Las empresas buscan redefinir la manera en que entienden los negocios y su relación con la comunidad.

Logo SB18 horizontal-01

Buenos Aires es la cuarta ciudad del mundo en sumarse al evento siendo sede. Este año el lema es Rediseño, que forma parte de una trilogía de trabajo: en el 2017 se trabajó Redefinir, este año Rediseñar, y en el 2019 será Implementar.

Dentro de ese plan de trabajo, las charlas de esta edición a su vez se dividieron en tres tópicos:

  • Mindset (cambiar la forma en que tenemos programada la cabeza)
  • Innovación (proponer soluciones novedosas)
  • Impacto (poner el ojo en el impacto que produce lo que hacemos o podemos hacer)

Gabriela Korovsky abrió el evento en representación de la organización de Sustainable Brands Buenos Aires.

  • “Debemos poner el bien común en el centro de la escena”.
  • “Lo bueno es que la conciencia no tiene retorno: una vez que lo viste, lo viste”.

Luego tomó la posta la antropóloga Ximena Díaz Alarcón, que hizo de maestra de ceremonias de la mañana, presentando a cada uno de los speakers.

El primero fue Mark Lee, miembro del consejo de SB. Algunas de los datos y opiniones destacadas que aportó:

  • “Es el sector privado por sí solo el que se está preguntando cómo seguir adelante”
  • “Unilever, Patagonia y Interface son las compañías del mundo que más están integrando la sustentabilidad en sus estrategias de negocios. Unilever primero, con gran diferencia por sobre el resto”.
  • “Natura es la única empresa de latinoamérica que figura entre las diez empresas con mayor compromiso con la sustentabilidad. La empresa brasilera lidera la región”.
  • “Una de las cosas que aprendí es que no se puede ir solo, se requiere colaboración”

Invitó a los presentes a bajar su libro, en el que presenta una checklist que debiera hacer cada empresa para saber si está trabajando en la dirección de la sustentabilidad.

Erin Meezan, de Interface, presentó la visión del crador de su empresa. "¿Cuál es el negocio de que la tierra se acabe?", planteó.
Erin Meezan, de Interface, presentó la visión del crador de su empresa. “¿Cuál es el negocio de que la tierra se acabe?”, planteó.


Rediseñando el futuro de los negocios

En otra de las mesas se debatió sobre el camino que tomarán las empresas. Algunas conclusiones, de la mano del propio Mark Lee, Erin Mezzan (Interface), Camilla Haugsteen (Ouroboros), Nicole Miller (Biomimicry), y Pedro Tarak (Sistema B Internacional). Un dato no menor: casi todos en ese panel tenían botellas de agua de metal y no de plástico.

  • “Es importante conocer a la gente que hace los productos, ver qué vidas tienen para pensar hacer algo que genere impacto” – Nicole Miller.
  • “A veces hablamos de transparencia, estructuras y métodos, pero nos olvidamos de que trabajamos con personas. Nosotros lo primero que hacemos es darle permiso a nuestra gente: permiso para pensar distinto, para decir lo que piensa, para proponer cosas… Fue una política sumamente importante para llegar a nuestras metas de sustentabilidad” – Erin Meezan.
  • “Si uno pone metas altas, es más fácil que inspire a los demás que si pone metas medianas. Nuestro objetivo al asesorar a una empresa es 100% renovable y cero daño para el medioambiente”.

Simultáneamente, en otros escenarios se destacaron charlas entre emprendedores nacionales e internacionales. Entre los oradores más celebrados de la mañana estuvo Magda Choque Vilca, ingeniera agrónoma jujeña que habló sobre el valor de una papa nativa de su región.

También se presentó Javier Lioy, fundador de Gota y presidente de la ONG La Usina. En una charla inspiradora contó cómo logró generar un mercado laboral para personas con diferentes discapacidades.

La presentación de Karen Vizental, de Unilever.
La presentación de Karen Vizental, de Unilever.


Por la tarde se destacó, entre otros, el italiano Nicola Cerantola, creador de Ecologing. Dio una charla en perfecto español y dejó varios conceptos flotando en el aire. Algunos de los más interesantes:

  • “Me habían enseñado a hacer productos, pero nunca cuáles eran los efectos que generaban esos productos”
  • “Para 2030, las demandas de energía y alimentos subirán un 50%, y la de agua un 40%. Hay que prepararse en esa dirección”.
  • “El paradigma de la producción cambiará: se empezará a producir a medida y a demanda”
  • “Econyl es una propuesta de economía circular que propone hacer circular las cosas. Hoy hay gente que está pescando redes de pesca hundidas antes que peces porque es más rentable. En el modelo Econyl no se venden productos sino servicios, entonces vos podés devolver una red vieja y te dan una nueva”.
Sustentabilidad | 21 de septiembre de 2018

????????????????????????????????????

¿En qué mundo queremos vivir? Lo discutirán las marcas líderes en el Sustainable Brands 2018, en Buenos Aires.

El martes 25 y miércoles 26 se llevará a cabo en el Centro Cultural de la Ciencia un evento al que acudirán marcas líderes de todo el mundo para debatir sobre cómo ser cada vez más sustentables. Oradores nacionales e internacionales darán conferencias y habrá workshops.

Logo SB18 horizontal-01

¿Cómo será el mundo en el que vamos a vivir? ¿Cómo queremos que sea? No hay conciencia de futuro razonable que no se desprenda de esas dos preguntas. Será justamente lo que se discutirá durante los dos días del Sustainable Brands 2018, que tendrá lugar el 25 y 26 de septiembre en el Centro Cultural de la Ciencia.

Pero no es una pregunta por el futuro general o los deseos de cosas imposibles que cada uno pueda tener. De lo que se trata es de redefinir la relación de las marcas con el mundo actual y futuro. ¿Cuán sustentable puede ser una marca, en un mundo que no lo es? ¿Dónde habitarían, en todo caso?

Bajo la creencia de que mediante la estimulación de la innovación se puede cambiar la forma de hacer no solo negocios sino de construir un mundo mejor, las marcas líderes buscan cada vez más generar un impacto neto positivo en su entorno. ¿Cuáles son las mejores formas y los mayores desafíos? De eso se hablará en el evento, del que RED/ACCIÓN es Media Partner.

Pero, ¿qué es entonces Sustainable Brands? En palabras de la propia institución organizadora: “es la mayor comunidad de aprendizaje e inspiración internacional, que pone en el centro del debate la función de las marcas para la construcción de un futuro sustentable”.

Distribuidos en tres ejes temáticos: Redesigning Mindset, Redesigning Innovation y Redesigning Impact; llegarán a Buenos Aires oradores nacionales e internacionales de primer nivel. Además, cada tarde habrá diferentes workshops.

La primera en hablar, a las 9:15 hs del martes 25 será Ximena Díaz Alarcón, cofundadora de Trendsity, que oficiará de maestra de ceremonias invitando a los presentes a “rediseñar el mundo en el que vamos a vivir”.

La seguirá el estadounidense Mark Lee, director ejecutivo de SustainAbility, con su charla “A todo o nada: El futuro del liderazgo en los negocios”.

Luego Camilla Haugsten (con su charla: La transformación empresarial requiere un cambio de mentalidad), Soledad Izquierdo hablará de su experiencia en The Coca Cola Company (Nuestro camino hacia el futuro: Rediseñar el negocio), y la ingeniera agrónoma Magda Choque Vilca (Guardianes de la tierra).

A su vez, habrá conferencias simultáneas en los distintos espacios del Centro Cultural de la Ciencia. Quienes quieran leer un resumen detallado de cada charla pueden hacerlo acá, o directamente bajarse el programa completo en este link y utilizarlo como guía para no perderse ninguna conferencia.

¿Cuál es el rol de las marcas para seguir siendo competitivas en un escenario cambiante? “La sustentabilidad e inclusión en todas nuestras sociedades, en este Siglo XXI, se tornan imprescindibles. Y son las empresas y los emprendedores la llave para abrir las puertas de ese nuevo mundo. Poner en valor eso que hoy llamamos social, pero que no debe ser una antinomia con la palabra mercado pueden estar entretejidos -a través de la tecnología-”, adelanta por ejemplo Alejandro Sewrjugin, que se presentará el primer día a las 18:25 en el Auditorio, con una charla sobre la creación de valor.

El segundo día abrirá la jornada María Laura Tinelli, directora y cofundadora de Acrux, que hablará sobre lo que ella llama “el ecosistema del impacto”. Y cerrará el día Agustina Besada con una charla sobre el mal uso del plástico y su relación con el océano.

Qué respuestas saldrán de los dos días de debates, imposible saberlo todavía. Apenas se pueden anticipar las preguntas. No es poco: haya o no soluciones, las preguntas son la mejor manera de inventar lo que no sabemos.

Sustentabilidad | 17 de septiembre de 2018

Los desafíos que enfrentan las familias agricultoras, que alimentan a más del 60% del mercado interno

Son parte del campo que no exporta. Son los productores de la agricultura familiar que ven peligrar su trabajo por la eliminación de subsidios y la falta de acceso a la tierra. Organizados buscan alternativas para seguir produciendo.

En dos hectáreas y media de una quinta en El Pato, provincia de Buenos Aires, Javier Paniagua sembró una variedad de verduras que resplandecen bajo el sol del invierno. Después de una semana de lluvia, es probable que pierda un porcentaje de su producción. Pero está tranquilo, tal vez porque siguió los pasos correctos: la rotación de los cultivos le permitió aprovechar los nutrientes de la tierra, el abono natural sirvió para fortalecerlos.

DSC_9642
Fotografía: Rodrigo Mendoza

Desde hace tres años, parte de su producción se comercializa a través de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), un grupo de quince mil familias, en territorio argentino, que comprendió que si se organizaba, podría lograr un precio más justo por su trabajo: hasta un 50% del precio de venta frente al 5% que reciben en el mercado convencional.

La UTT se formó con el objetivo de lograr el acceso a la tierra y la soberanía de los alimentos. Verduras, carnes, conservas y panificados se venden y distribuyen a través de nodos y almacenes, el último fue inaugurado en Capital Federal y se encuentra en Almagro, la agricultura familiar es la que alimenta a más del 60% del mercado interno.

DSC_9590
Fotografía: Rodrigo Mendoza

“Nosotros manejamos un precio fijo, lo acordamos con la administración y cumplimos con los pedidos pero son tiempos difíciles para la vida del campo y sobre todo para la agricultura familiar”, dice Javier Paniagua.

Aumentaron los alquileres de las tierras, también los impuestos, y a partir del próximo año, el Monotributo Social Agropecuario (MSA) que era gratuito, tendrá un costo que muchas familias no podrán pagar: 268 pesos por persona que antes subsidiaba Agroindustria. Por eso, y por las condiciones precarias en las que trabajaban, el 18 de julio miembros de la UTT realizaron una protesta frente a la Rural. El mismo día en que se inauguraba la exposición más tradicional de la industria agrícola y ganadera exportadora, ellos organizaron un #verdurazo en el que regalaron 10 mil kilos de verdura a la gente.

DSC_9521
Fotografía: Rodrigo Mendoza

“El MSA era una herramienta para blanquear el trabajo que uno hacía, al quitarlo se invisibiliza a los pequeños productores”, opinaba Mariana, una productora de una quinta agroecológica de Esteban Echeverría y delegada de UTT. A su vez, denunciaba el desmantelamiento de los entes que los asistían, como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF).

Desde inicios de 2016, los 860 despidos sufridos en la secretaría perjudican el vínculo que mantenía el Estado con cerca de 200 mil productores campesinos de todo el país. En el caso de la provincia de Salta, 4.500 familias de productores del NOA están padeciendo los recortes de la SAF.

Mientras que Rosalía Pellegrini, una de las voceras de la UTT, explicaba que el MSA era un apoyo para la agricultura familiar que produce los alimentos en condiciones de precariedad. “Se vive alquilando una tierra que sale hasta 10 mil pesos la hectárea, en casillas de madera, los insumos son a precio dólar, el combustible está carísimo. Hoy en Buenos Aires tenemos 100 hectáreas de producción totalmente agroecológica, una fábrica de bioinsumos y trabajamos para que todo el cordón hortícola empiece a desarrollar prácticas de agroecología pero eso es muy difícil sin políticas públicas de apoyo al pequeño productor”.

DSC_9734
Fotografía: Rodrigo Mendoza

El 2 de agosto se desarrolló una audiencia en la Comisión de Asuntos Cooperativos y Mutuales de la Cámara de Diputados de la Nación. Les explicaron cómo los afectaba el sistema de reempadronamiento que los compromete a pagar lo que antes era gratuito.

Salvador Torres, del Movimiento Agrario de Misiones decía: “Para los agricultores familiares el monotributo fue una manera de tener identidad. Jamás imaginamos que un productor se jubile o poder facturar. Somos sujetos productivos, pagamos impuestos pero la agricultura sigue siendo negocio de unos pocos. El impuesto que nos cobran es confiscatorio”.

En comunicación telefónica, el Secretario de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo Territorial, Santiago Hardie, que mantuvo charlas con los productores, explicó que el Monotributo Social siempre estuvo destinado a efectores sociales que atravesaran cierta vulnerabilidad, por lo que el Estado, a través del Ministerio de Desarrollo Social, otorgaba el beneficio del 75% del costo del monotributo y el efector social tenía que pagar el otro 25%.

DSC_9795
Fotografía: Rodrigo Mendoza

El problema es que desde 2017 el beneficio se congeló y muchos nuevos productores no pudieron anotarse en el Registro Nacional de la Agricultura Familiar (ReNAF) y, en junio pasado, el por entonces Ministerio de Agroindustria, transformado desde el 3 de septiembre en Secretaría de Gobierno, anunció que se haría una actualización de la base para los que quisieran acceder al monotributo social y se eliminaría ese subsidio.

“Verificamos que era una política que no tenía el efecto buscado, que es la formalización del productor. Muy pocos utilizaban la factura y la obra social, por estar lejos terminaban yendo a hospitales públicos”, sostiene Hardie. Y habla de 105 mil beneficiarios que lo usaban poco, o que no les correspondía por tener otra actividad, que multiplicados por $268, son cerca de 30 millones de pesos por mes que el Ministerio ahorrará a partir de 2019. Lo cierto es que hasta el cierre del plazo, 15 mil personas habían actualizado sus datos y solo la mitad había aceptado pagar el cargo del monotributo, los otros lo dieron de baja.

DSC_9826
Fotografía: Rodrigo Mendoza

Cuando Javier Paniagua llegó hace 20 años a la Argentina desde Paraguay tenía 17 y nunca había escuchado hablar de los conceptos de orgánico y agroecológico. Su hermana le prestó un techo, probó suerte en la construcción y después empezó a trabajar en una quinta en donde se empleaba primero por hora y luego por un porcentaje de las ganancias. Pasó de la floricultura a la horticultura, y del uso intensivo de agroquímicos al aprendizaje de otras técnicas que aprendió cuando juntó el dinero suficiente para alquilar un terreno y se vinculó con la UTT. Hace dos años, se capacitó con técnicos del Consultorio Técnico Popular (COTEPO), e inició un camino sin retroceso.

El camino se vincula con la sabiduría de un hombre que utiliza técnicas ancestrales para cuidar los cultivos: el ingeniero agrónomo Jairo Restrepo. El colombiano naturalizado brasileño, es consultor de la Organización de las Naciones Unidas, (ONU), y viaja y asesora a organizaciones que quieran aprender sobre agricultura orgánica. Los biofertilizantes son claves para que la vida brote y crezca, diversa, por eso enseña a fermentar el abono, a preparar caldos minerales.

DSC_9949
Fotografía: Rodrigo Mendoza

“Los campesinos son los principales proveedores de los alimentos para más del 70% de la población mundial, mientras que la agricultura industrial solo provee el 30% y usa más del 75% de los recursos agropecuarios del planeta. Es un modelo insostenible”, explica el agrónomo en un video que tuvo gran repercusión en el medio.

Javier Paniagua sueña con que se sancione la ley que le permita pagar un crédito por la tierra, algo para dejarle a su familia. “Muchos compañeros no piensan en la tierra que les vamos a dejar a nuestros hijos, algunos terminan enfermos por usar venenos. Yo tengo una hija de doce años y le enseño a querer la tierra, no me voy a ir de acá. Ella es el futuro”.

Sustentabilidad | 13 de septiembre de 2018

Una cumbre de asambleas populares latinoamericanas definirá reclamos regionales en defensa del agua

Qué pasará. Este fin de semana se hará en Catamarca una cumbre que buscará resaltar la necesidad de preservar el agua como “bien común y vital”. Participarán asambleas vecinales, referentes de derechos humanos, ambientalistas, comunidades originarias e investigadores del país y de América Latina.

  • Se desarrollará a lo largo del sábado, domingo y lunes en la sede de la Universidad Nacional de Catamarca bajo el nombre de “Primer Cumbre Latinoamericana del Agua para los Pueblos”.
  • La agenda propone mesas de trabajo y talleres liderados por 40 especialistas de universidades, ONG y agrupaciones populares.
  • Las actividades son abiertas y gratuitas.
afiche cumbre

Por qué es importante. Quieren que el encuentro se establezca como un espacio regional para agrupar esfuerzos en defensa del agua como recurso natural, como herramienta para posicionar sus reclamos en la agenda pública y como instrumento formal para elevar pedidos a los estados.

  • Conformarán una red para aunar criterios y acciones.
  • Pretenden afianzar relaciones entre las comunidades.
  • Trabajarán sobre buenos ejemplos de políticas públicas.
  • Consensuarán un documento final con el que planean clarificar reclamos comunes.

“Así como los gobiernos y los organismos internacionales tienen sus cumbres sobre el agua, queremos instaurar una cumbre impulsada desde los pueblos”, señaló Rosita Farías, referente de la Asamblea El Algarrobo, de Andalgalá. Ese grupo lleva dos décadas de lucha socioambiental contra la mina de oro y cobre La Alumbrera, el primero proyecto de megaminería de la Argentina, instalado en 1997.

Qué les preocupa. Debatirán acerca del impacto que tienen sobre el agua seis actividades: la megaminería, los agronegocios, la expansión de la frontera urbana, las represas, la energía nuclear y el uso de fracking hidráulico para extraer petróleo y gas.

  • En Argentina, el Informe del Estado del Ambiente, elaborado por el entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, reconoce a los agroquímicos como uno de los principales contaminantes del agua.
  • El mismo informe señala que el sector que más agua consume es el agrícola y el agroindustrial. A nivel mundial y según la FAO, esa actividad representa el 70% de la extracción mundial de agua.
  • El vertido de efluentes en áreas urbanas, en tanto, constituye en la Argentina uno de los principales contaminantes de los cursos de agua.
  • Hay unas 450 mil familias que en el país no tienen agua en sus casas y además tiene necesidades básicas insatisfechas, según datos del censo 2010.
Semáforo. Los colores indican la intensidad del problema asociado al acceso a agua y cloacas. Rojo, para más intensidad, y verde, para menos.


Semáforo. Los colores indican la intensidad del problema asociado al acceso a agua y cloacas. Rojo, para más intensidad, y verde, para menos.

Quiénes confirmaron su presencia. Participarán el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel; Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; el experto en ecosistemas de agua dulce Lino Pizzolón, del Observatorio del Agua de la Universidad Nacional de la Patagonia; y el sociólogo e investigador del Conicet Mauricio Berger, de Universidad Nacional de Córdoba, entre otros.

  • Habrá alrededor de 300 referentes y asambleístas de Tucumán, Misiones, Neuquén, Buenos Aires, Chubut, La Rioja, Córdoba, Salta, San Juan, Mendoza y Santa Fe.
  • De la región, vendrán representantes de San Pedro de Atacama, del Movimiento Agua y Territorio, y de la Red por los Ríos Libres, los tres de Chile. De Brasil participarán miembros del Movimiento de Afectados por las Represas. Y de Bolivia vendrán del Colectivo de Profesionales en Derechos Humanos.

Por qué se hace en Catamarca. El encuentro es organizado por Pucará, una colectivo de asambleas vecinales catamarqueñas que militan contra la minería.

La actividad de las asambleas en la provincia es alta, sobre todo como espacio de oposición a la instalación de nuevos proyectos mineros y de lucha contra las exploraciones activas. Cuestionan entre otros aspecto, el uso de millones de litros de agua por día para operar esas minas.

Fotos: Asamblea El Algarrobo

Sustentabilidad | 7 de septiembre de 2018

El plástico que nos estamos comiendo, tomando y respirando

Existe el impacto visual de lo evidente (fotos de tortugas marinas atragantándose con bolsas) pero también el impacto silencioso de las micropartículas de plástico que andan dando vueltas por nuestros cuerpos. Este es uno de los mayores desafíos medioambientales de la historia.

¿Qué pueden tener en común una alfombra y un preservativo, una sombra de ojos y un neumático, un polar y una toalla femenina, un exfoliante facial y un pañal? Lo mismo que los vasos de take away de café y los sorbetes, los potes y las cucharitas de helado, las bandejitas de comida y el film, los sachets de leche y los packagings de golosinas, fideos y casi cualquier otro envoltorio, en general, que vean en un supermercado..

Si en esta nota esperaban encontrar un listado de todos los tipos de plásticos que consumimos, olvídenlo. Hoy son más de 700 calcula Antonio Brailovsky, economista especializado en temáticas medioambientales. Desde fines de los 50, cuando empezamos a sintetizar a gran escala estas cadenas de moléculas –o polímeros– a partir de derivados del petróleo, y aprendimos a agregarles aditivos para hacerlos brillantes, flexibles o lo que quisiéramos, inundaron nuestro mundo. El Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente ahora empezó a decir que nos hicimos adictos.

Vida de plástico

“Desde la década del 90 se sabe que el aire interior de las casas y oficinas está más contaminado que el del exterior, por la cantidad de químicos que les metemos, con los plásticos entre los mayores responsables”, dice Claudio Ardohain, consultor en bioarquitectura. “El enemigo número uno es el PVC (policloruro de vinilo), que se usa para cañerías, cableados eléctricos, revestimientos, aberturas: emite vapores de cloro y dioxinas, para estabilizarlo se le agregan metales como plomo y mercurio y para darle flexibilidad, ftalatos, todo sumamente tóxico. También tenés PVC en las cortinas de blackout, que antes tuvieron teflón, otro plástico muy cuestionado”.

Las dioxinas, según la Organización Mundial de la Salud, son contaminantes persistentes –duran mucho tiempo tanto en el cuerpo humano como en los ecosistemas–, están presentes en todo el planeta y son carcinógenas. Los ftalatos, que también se usan para producir los policarbonatos de mamaderas, utensilios de cocina y juguetes sexuales, están prohibidos en muchos países e incluso en bajas concentraciones fueron asociados a alteraciones genitales en recién nacidos, que los absorben a través de las madres.

“El segundo peor es el poliuretano, que tenés en los colchones, acolchados, almohadas, alfombras”, sigue Ardohain. “Todos los plásticos emiten compuestos orgánicos volátiles, elementos que pueden convertirse en vapores o gases: algunos van al aire y otros se disuelven en agua. Muchos son disruptores endocrinos (causan alteraciones hormonales). Cuando la espuma de poliuretano deja de emitir compuestos volátiles empieza a desintegrarse, y el polvito se hace tan finito que atraviesa las fundas y se pueden alojar en las vías respiratorias.”.

Los síntomas de intoxicación con plastificados y pinturas, en cambio, son tan agudos que ya aprendimos a evitarlos. “Cuando un plástico es nuevo es cuando más compuestos volátiles emite. Luego, con el tiempo, bajan, y el plástico envejece y empieza a desprender fragmentos y compuestos semivolátiles, que son a veces peores todavía”, explica el consultor.

Hay un problema subiendo por la cadena alimenticia

De acuerdo a un informe de Greenpeace, la mayoría de la basura plástica oceánica no está formada por las botellas y recipientes de comida que se ven en las fotos sino por microplásticos, que miden menos de 5 milímetros: algunos son fabricados así, como las microesferas de cremas exfoliantes o el glitter de los maquillajes; otros provienen de la lenta rotura de piezas más grandes por efecto de los rayos UV o las olas, o bien se desprenden del caucho sintético de los neumáticos, o de la ropa de poliéster, lycra, acrílico y demás fibras sintéticas, incluyendo, por supuesto, el PET (tereftalato de polietileno) reciclado.

Hay que pensar en lo minúsculo y multiplicarlo por cantidades abrumadoras. En el área metropolitana de Buenos Aires, por caso, AySA trata un 20% de las aguas residuales (datos del Plan Nacional del Agua); el resto se vuelve a verter, contaminado, en los ecosistemas, porcentaje que se repite a nivel global.

“Se estima que el 80% de la contaminación por plásticos en océanos se relaciona con la mala gestión de residuos urbanos, que terminan yendo a través de los ríos, o en las localidades que están sobre las costas por arrastre, al mar”, explica el ingeniero agrónomo Diego Wassner, docente e investigador de la UBA, quien dirigió uno de los escasísimos estudios locales sobre este tema en las playas bonaerenses. Allí, en la franja de los primeros 10 centímetros de arena, a lo largo de un total de 20 kilómetros cuadrados, él y sus alumnos encontraron ocho toneladas de pedacitos de plástico de entre 5 y 25 milímetros.

La pregunta clave es: ¿qué pasa cuando un pez se come un micro plástico y nosotros nos comemos al pez? ¿O a una vaca o un pollo que tomó agua con microplásticos? “Si los peces comen pedazos grandes, muchas veces se produce la muerte por asfixia u obstrucción intestinal”, dice Wassner. “Pero hay un efecto más sutil, que tiene que ver con un fenómeno químico por el cual las partículas plásticas más chiquitas, las que no vemos, atraen a compuestos que están dando vueltas en el medioambiente y son muy estables y tóxicos: dioxinas, restos de DDT, de agroquímicos. Estas moléculas tienen afinidad química y quedan adsorbidas, como pegadas. Entonces, cuando eso se lo come un krill, un crustáceo o lo que sea, se incorpora a la red trófica y se va transfiriendo y magnificando”, explica Wassner. .

Básicamente indestructibles

Una investigación de las universidades de Georgia y California y la ONG Sea Education Association, que es la única referencia que existe, estima que llevamos fabricados unos 8.300 millones de toneladas de plástico, de las cuales un 30% seguiría en uso; del resto, el 9% habría sido reciclado, el 12% incinerado y el 79% tirado en rellenos, vertederos o los ecosistemas. Pero todos los plásticos de la historia, de una u otra forma, siguen entre nosotros. “La gran ventaja comercial del plástico es su gran desventaja ambiental: algo hecho para durar simplemente dura”, reflexiona Brailovsky.

“El problema es que a veces el uso efectivo de un plástico es un ratito. Después, se rompe. Los pedazos pueden ir a un relleno sanitario; pero ahí nada se descompone, las cosas se fosilizan porque están comprimidas, no hay oxígeno. De modo que todo lo que vaya a un relleno queda ahí. Ese plástico se irá rompiendo en trozos cada vez más pequeños, micro, nano; ya no se va a ver, pero seguirá estando allí, interactuando con nosotros, con la fauna, etc., y terminará de desaparecer cuando se queme. Es decir, de aquí a 20 mil millones de años”, precisa.

Boicot

Si en esta nota esperaban encontrar estadísticas nacionales, olvídenlo: en la Argentina no se hacen monitoreos gubernamentales de microplásticos en el mar, los ríos o el agua de red, ni tampoco mediciones sobre la generación de impactos ambientales.

Tampoco van a poder leer aquí recomendaciones oficiales, como de químicos de la división Plásticos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, sobre, por ejemplo, cuáles son los más tóxicos o los espurios, las mezclas que no pueden reciclarse, para evitarlos. Sólo Leila Devia, que es abogada especialista en derecho ambiental y directora del Centro Regional Sudamericano de Capacitación y Transferencia de Tecnología dependiente del Convenio de Basilea, cuya sede está en el INTI, ofrece referencias sobre las últimas estrategias adoptadas en la Unión Europea, que, pueden servir de modelo a nuestras autoridades. “Es un tema que estamos empezando a abordar”, dice Alejandra Acosta, directora de Sustancias y Productos Químicos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. “Hay una mesa entre las distintas áreas del Ministerio que está definiendo cuál va a ser el plan de trabajo en materia de plásticos”, agrega.

Hay algunos actos de sensatez que cada uno puede poner en práctica: separar los residuos y disponerlos en los lugares correctos. Tener una casa totalmente libre de plásticos hoy no es posible, dice Ardohain, pero sí minimizarlos. “Usar colchones o futones rellenos de lana natural o algodón; en vez de blackout, telas gruesas como corderoy o jean que son 100% algodón; lustrar los pisos de madera con cera (emiten bencenos, pero que se evaporan en 24 horas), o silicona, un plástico que se considera inocuo; comprar juguetes de madera y peluches de algodón; etc.” . La cocina es una zona roja. “Si tenés tablas de plástico y sartenes de teflón llevalas a un punto verde. Cuando ponés un recipiente de plástico en el microondas, hay migración química al alimento; usá vidrio o cerámica. Las pavas eléctricas de plástico, por más que sea polietileno, uno de los más amigables, van a producir migración química al agua; buscá una que en su interior sea de metal. a última campaña que lanzó Naciones Unidas, cortita y al pie, al alcance de la comprensión de todos, “ tenemos un único pedido”, dijo António Guterres, el Secretario General, el 5 de junio. “Rechaza el plástico descartable. Si no puedes reusarlo, rehúsalo”. Mientras los gobiernos terminan de diseñar soluciones gradualistas con la industria, llamar al boicot de lo que se usa y se tira parece lo más desnaturalizador y viable. Sólo por hoy, no compren nada que venga con plástico descartable. Y ojalá haya muchos emprendedores que vean el filón.

Foto: Claudio Reyes – AFP

Sustentabilidad | 6 de septiembre de 2018

4 lecciones de la Feria Masticar sobre el futuro de la alimentación

Pollo al mole negro al estilo Oaxaca, goulash de búfalo, polenta ahumada frita, ostras, choripán, helado y tortas son algunos de los platos que se van a poder degustar del 6 al 9 de septiembre en la octava edición de la Feria Masticar.

Desde el 2012, la feria gastronómica organizada por ACELGA (Asociación de Cocineros y Empresarios Ligados a la Gastronomía) reúne puestos de comida, un mercado de productos regionales, clases de cocina, y una variedad de talleres en un predio en el barrio porteño de Colegiales.

Pero este año, también ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el futuro de la alimentación y cómo productores, chefs y consumidores podemos contribuir a una industria alimentaria más sustentable y justa. Aquí 4 enseñanzas para explorar durante la feria.

1. Dejar de desperdiciar comida, el mayor desafío

En Argentina se desperdician más de 16 millones de toneladas de comida cada año. Gran mayoría de esta comida se encuentra en buen estado, pero se echa a perder por falta de recursos, tiempo o información.

El desperdicio ocurre en todos los niveles del circuito de producción alimentaria: desde el campo donde se cultivan las verduras, hasta la cocina de los mejores restaurantes y la heladera de cada hogar. ¿Cómo se desperdicia la comida y qué podemos hacer para dejar de tirarla? De eso trata el taller “No tires más comida”, que se llevará a cabo en la feria el jueves 6 de septiembre a las 17 hs.

El rol de los productores
Agustín Benito, agrónomo y uno de los dueños de Sueño Verde, una productora de vegetales de la Provincia de Buenos Aires, es uno de los expositores en este panel. En conversación con RED/ACCIÓN, Benito habla sobre los desafíos de minimizar el desperdicio de comida y las distintas técnicas que implementan desde la empresa.

  • “Cuando tenemos un exceso de producción, porque el clima fue bueno y se produjo más de lo que demandan los clientes, por ejemplo, hay una problemática concreta. Tenemos un producto altamente perecedero pero no hay negocio para cosecharlo porque el costo es muy alto y no hay demanda. Entonces ahí, ¿qué hacemos?”
  • “La primera prioridad es convertirlo en un alimento humano. Por ejemplo, con albahaca hacemos pesto, y con papas y batatas hacemos chips. La segunda prioridad es transformarlo en alimento animal. Nosotros trabajamos con un criador de chanchos que se lleva la merma de la lechuga que cultivamos. La tercera manera es transformarlo en microenergía o compost, y recién la última opción es la basura”.

Rescatar la comida que se tira
En el 2017, los bancos de alimentos del país rescataron más de 9 millones de kilos de comida que, en lugar de terminar en la basura, se sirvieron en 28 millones de platos en 2.500 comedores y hogares de ancianos o niños. Durante el taller también se presentará Nilus, una plataforma que usa la tecnología y modelos de economía colaborativa para rescatar alimentos y llevarlos a los que más los necesitan.

El compost: cómo reciclar comida en el hogar
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), el compostaje tiene el potencial de reciclar hasta 150 kilos de desechos de comida cada año por hogar. Pero para muchos, la falta de información sobre cómo compostar es una de las barreras más grandes para empezar a hacerlo. En un taller a las 19:30 hs del jueves, Santiago Macías (chef de iLatina) y Claudia Nuñez (de la consultora Proyecto Sustentable), buscan contestar a las preguntas: ¿Por dónde empiezo?¿Puedo hacerlo en un balcón? ¿Cómo se hace?

29365334105_458d4e031c_o

2. Las mujeres y el futuro de la agricultura

Las mujeres rurales tienen un rol clave en la producción de los alimentos del mundo. Representan ¼ de la población mundial y producen más de la mitad de los alimentos que se consumen en el mundo. Sin embargo, a la mayoría no le reconocen sus derechos. Si ellas tuvieran igual acceso que los hombres a la titularidad de tierras, financiación y capacitaciones, “podrían producir entre un 20% y un 30% más de alimentos en el mundo”, según la FAO. Esto equivaldría a una cantidad de alimentos para alimentar 4 veces a la población de Argentina.

Con el fin de sensibilizar sobre el rol de las mujeres en la agricultura familiar, nutricionistas, cocineras y representantes de la Unión de Trabajadores de la Tierra darán un taller a las 18 hs del jueves titulado “Sin mujeres no hay agricultura familiar: ¿Quién cultiva lo que comemos?”

Feria Masticar 5

3. La importancia de comer lento

Otro de los ejes importantes de la Feria Masticar de este año será el movimiento “Slow Food”, o comida lenta. Fundado en 1989 en Italia, el movimiento tiene como objetivo “prevenir la desaparición de culturas y tradiciones alimentarias locales, contrarrestar el auge de los ritmos de vida acelerados y combatir el desinterés general sobre los alimentos que se consumen, su procedencia y la forma en la que nuestras decisiones alimentarias afectan el mundo que nos rodea”.

Slow Food tiene representantes en 160 países de todo el mundo, incluyendo Argentina, donde dos de sus principales referentes, Miryam Gorban (nutricionista) y Perla Herro (cocinera), estarán presentes en la Feria Masticar.

Paralelamente, en línea con el objetivo de preservar las tradiciones alimentarias locales, el mercado de la feria contará con una variedad de productos regionales: desde miel de atamisqui de Santiago del Estero y quinoa de Jujuy, hasta azúcar mascabo de Misiones y frutos rojos de Chubut.

000_HG1T9

4. El dilema del cultivo de salmón en Ushuaia

Existen en el país dos iniciativas que buscan introducir el cultivo de salmón en la provincia de Tierra del Fuego. Una es el proyecto “Innovación Acuicultura Argentina” gestionada por el ex Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación (ahora Secretaria). La otra es el “Proyecto de Acuicultura Nacional”, un convenio entre el gobierno nacional y el Reino de Noruega.

Aunque el desarrollo de acuicultura de salmones podría significar un importante desarrollo económico para el país, ambientalistas cuestionan el modelo de producción y su potencial impacto en la biodiversidad. Para muchos, el caso de Chile sirve como ejemplo del impacto ambiental que las granjas de salmón podrían tener en la Patagonia.

Un taller de la Feria (viernes a las 17 hs) buscará hablar sobre los mitos y verdades de la producción de salmón en Chile, y las enseñanzas que Argentina debería tomar en cuenta antes de embarcarse en un proyecto similar. En conversación con RED/ACCIÓN, Alex Muñoz, director para América Latina de National Geographic Pristine Seas y uno de los panelistas, adelanta algunos de los puntos principales del taller:

  • “No es natural que el salmón esté en la Argentina, ya que es un pez del hemisferio norte. Además es carnívoro y muy voraz, y por lo tanto es una especie invasora que puede depredar a las especies nativas”.
  • “El salmón de cultivo es una alternativa más barata al salmón silvestre, que es el que tiene la calidad y los beneficios que la gente espera. El salmón que se produce en Chile es producido de una manera muy sucia, con muchos colorantes y antibióticos”.
  • “Argentina tiene la oportunidad de evitar un error histórico. En Chile nosotros no tuvimos esa oportunidad y ahora conocemos los impactos que tuvo esta actividad. Esperamos que los hermanos argentinos puedan prevenir y aprender de la catástrofe de Chile”.

Más información sobre la Feria Masticar:

  • Fechas: 6-9 de septiembre del 2018
  • Horarios: Jueves de 14 a 23hs, Viernes-Domingo de 12 a 23hs
  • Dirección: Zapiola y Matienzo, Colegiales
  • Lista de charlas y talleres de oficio: acá
  • Lista de productores del mercado: acá
Sustentabilidad | 5 de septiembre de 2018

La apuesta de Argentina a imitar el boom del salmón de Chile choca con los ambientalistas

Luego de la rápida expansión en Chile, Argentina quiere avanzar en la instalación de granjas de salmón en la Patagonia. El proyecto, en una etapa de pruebas, es cuestionado por organizaciones ambientales por su modelo de producción e impactos en la biodiversidad.

El interés de los países del Cono Sur en la industria salmonera llega en respuesta a una mayor demanda del producto en diversas partes del mundo, entre ellas China. El gigante asiático es el mercado que más ha crecido para el salmón chileno, duplicando en el primer semestre del año la cantidad exportada, de acuerdo a cifras oficiales.

“China es un mercado muy relevante y somos optimistas de que va a seguir creciendo. El consumo está en aumento y el salmón ya es parte de su dieta. Hace muchos años estábamos esperando que esto ocurriera”, sostuvo Arturo Clement, presidente de SalmonChile, cámara que agrupa a las empresas productoras de Chile.

Argentina impulsa la industria del salmón

Con miras a dicho interés, Argentina comenzó estudios de factibilidad para iniciar la producción en el país, específicamente en el Canal de Beagle, en Tierra del Fuego. El primer paso será evaluar los sitios potencialmente adecuados para la producción, de acuerdo a voceros de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura.

Pero dichos estudios son vistos como una mera formalidad para especialistas en biodiversidad y organizaciones ambientales, que vienen siguiendo hace años el interés de expandir la producción en la Patagonia.

Su desarrollo, aseguran los expertos consultados, viola el Convenio de Diversidad Biológica, un acuerdo internacional firmado por Argentina y Chile que prohíbe la introducción de especies exóticas como el salmón.

“Hay grandes chances de que se instalen las salmoneras. Tienen el capital y los inversionistas interesados. Estamos sumamente preocupados: avanzar con su desarrollo provocaría daños irreversibles al ambiente”, sostuvo Alexandra Sapoznikow, coordinadora del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia.

Organismos invertebrados únicos de la región, como corales de agua fría y esponjas, se verían afectados por la introducción de esta especie, afirman especialistas.

En Chile y Noruega, principales productores mundiales de salmón, los pescados viven a base de alimento balanceado a base de harina de soja y gran parte de este termina en el fondo marino, generando exceso de nutrientes y baja cantidad de oxígeno en el mar.

“Cada jaula contiene entre 30.000 y 50.00 salmones, los cuales defecan todo el día y contaminan el mar. Las feces se descomponen y producen nitrógeno y oxígeno, alterando la calidad del agua y y favoreciendo el desarrollo de algas”, sostuvo Juan Carlos Cárdenas, director de la ONG chileana Ecoceanos.

Además, los salmones frecuentemente se escapan de las jaulas y amenazan los pescados nativos.

“El salmón no es una especie nativa y eso trae problemas. Como es carnívoro, devora a otras especies alrededor y compite con ellas”, afirmó Estefanía González, coordinadora de Océanos en Greenpeace Chile. “La Patagonia tiene condiciones geográficas únicas y una gran diversidad ambiental. Una actividad industrial e intensiva de una especie exótica no es compatible con esa diversidad”.

Argentina y Chile podrían aprender mucho de sus experiencias pasadas. Un siglo atrás, ambos introdujeron la trucha a los ríos patagónicos, principalmente para pesca deportiva. Sin embargo, la reproducción descontrolada llevó a que los números de la especie invasiva crecieran rapidamente, generando impactos devastadores en los ecosistemas acuáticos locales.

Chile, el mayor productor regional

La mayor parte del salmón rosado que se come hoy en América Latina proviene de criaderos chilenos. El país trasandino exporta principalmente dos especies: Salmon salar (más conocido como salmón del Atlántico) y Salmon coho (también llamado salmón del Pacífico).

Las cifras oficiales marcan que Chile exporta 820.000 toneladas de salmón por año al mundo, que representan unos u$s 4.700 millones de dólares. Estados Unidos, Japón, Brasil y Rusia son los mayores destinos de exportación, con un rol creciente de China, habiendo enviado 24.000 toneladas al gigante asiático en la primera mitad del año.

Se espera que las exportaciones chilenas a China crezcan todavía más de la mano de un mayor consumo de productos de mar. China actualmente consume 37% de la producción global de productos de mar, una cifra que superará el 50% en la próxima década. Sin embargo, hay una relación inversa con la calidad de la comida importada.

“Chile ofrece un salmón más económico y de peor calidad que el noruego. Sus ventas a los mercados más exigentes como Estados Unidos están cayendo, mientras que las exportaciones a los países con reglas más débiles no paran de crecer”, sostuvo Alex Muñoz, director para América Latina de la iniciativa Océanos Prístinos de National Geographic.

Diversas prácticas utilizadas en la producción de salmón son frecuentemente cuestionadas por especialistas.

Por ejemplo, las jaulas de producción están rodeadas de redes con pinturas en base a metales pesados como el cobre, para así evitar que se adhieran organismos marinos. Dichas sustancias son altamente tóxicas y dañinas para la biodiversidad.

Al mismo tiempo, se utilizan colorantes para que la carne del salmón sea rosada, ya que en realidad al producirlo de manera industrial la carne es de color blanco. El salmón silvestre se alimenta de camarones y cangrejos y eso es lo que le da su particular color.

Consumo de antibióticos

La producción industrial de salmón puede significar problemas para la biodiversidad, pero también para los consumidores, expuestos a los altos niveles de antibióticos que se usan en la producción.

Oceana, una ONG chilena, estima que por peso, Chile usa alrededor de 700 veces más antibióticos que Noruega para producir salmón. Mientras que Chile produjo 727.8 toneladas de salmón usando 382.5 toneladas de antibióticos en 2016, el último año del que se tiene información, Noruega produjo casi el doble (1.233 toneladas) usando 523 kilos, o media tonelada, de antibióticos.

De acuerdo con la cámara salmonera chilena, el salmón llega a los consumidores sin antibióticos, los cuales se usan como promotores de crecimiento y no de manera preventiva.

El productor debe respetar un período de carencia, es decir, dejar pasar un lapso para que el pez metabolice el químico y lo elimine de su cuerpo. Sin embargo, esto no ocurre en todos los casos y los antibióticos a través de la ingesta de salmón pueden generar resistencia a los mismos.

Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han pedido a las empresas que utilicen los antibióticos de manera responsable.

“Se usa una cantidad exorbitante de antibióticos y no hay regulaciones que controlen su uso. La industria le da antibióticos a salmones sanos para evitar que se enfermen”, sostuvo Cárdenas.

China comenzó a importar salmón chileno luego de un conflicto diplomático de más de cinco años con Noruega. Mientras tanto, las preocupaciones acerca de la seguridad alimenticia crecieron en el país asiático, considerando las nuevas regulaciones que autorizaron categorizar y vender a la trucha como salmón.

Pero mientras que Chile y Argentina buscan capitalizar el crecimiento del consumo del salmón y las reglas flexibles de China, en otras partes del mundo las importaciones están cayendo.

Grandes cadenas de supermercados de Estados Unidos y Canadá han rechazado en los últimos años las importaciones de salmón de Chile por su alta cantidad de antibióticos. El caso del estado de Washington, en Estados Unidos, es el más reciente respecto a la prohibición instalar centros de cultivo.

Para Muñoz, ignorar todo esto generaría un desastre ambiental.

“La Patagonia argentina es uno de los últimos ecosistemas salvajes y prístinos del mundo. Argentina cometería un error histórico si desarrolla la salmonicultura. Es una especie exótica e invasora que genera un problema ambiental difícil de resolver”

Fermin Koop en Diálogo Chino | Foto: Martin Bernetti – AFP

Sustentabilidad | 4 de septiembre de 2018

Por qué cada vez más familias y empresas crean reservas naturales privadas

En los últimos diez años, surgieron 88 iniciativas y ya hay 291 en todo el país. Entre los impulsores, hay filántropos, emprendedores turísticos y empresarios que quieren hacer que sus producciones sean más amigables con el ambiente.

Entre todas, suman 876.745 hectáreas protegidas. Algo así como 43 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires, según se desprende de un relevamiento hecho por la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas,

Cuando heredaron el campo en Misiones, los hermanos Teza pensaron que tenían tres opciones: rematarlo, plantar yerba o desmontarlo para vender cedro y lapacho.

Pero esas 350 hectáreas de selva en El Soberbio no tuvieron ninguno de esos destinos. “No necesitábamos la plata y a los seis hermanos nos gustó la idea de que el campo de mi viejo sea conservado”, cuenta Diego Teza, que tiene 47 años, es ingeniero agrónomo y se dedica a hacer auditorías ambientales.

Los Teza armaron 10 kilómetros de senderos por la selva y a fines de 2015 lograron que el Gobierno de Misiones le reconociera oficialmente que tenían una reserva natural. A cambio de conservar el ambiente, le redujeron los impuestos.

La reserva se llama El Cantar de la Pachamama y la visitan sobre todo turistas de hoteles y lodges de El Soberbio, que tiene como principal atractivo a los Saltos del Moconá, unas cataratas que están en el límite con Brasil. Para entrar, pagan un ticket “a voluntad” que es para el guardaparques.

La reserva está rodeada por el arroyo Chafaríz, que desemboca en el río Uruguay.
La reserva está rodeada por el arroyo Chafaríz, que desemboca en el río Uruguay.

“No queremos ganar dinero, sólo que en un futuro la reserva genere fondos como para costear su mantenimiento”, asegura Diego y dice que lo hacen por las próxima generaciones, para que no se pierda más selva misionera.

La de la familia Teza es una de las 88 reservas naturales privadas que se crearon en el país en los últimos diez años y que llevaron a que ya haya 291 reservas instauradas por particulares y empresas.

Entre todas, suman 876.745 hectáreas protegidas. Algo así como 43 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires, según se desprende de un relevamiento hecho por la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas, que este fin de semana reunió en Misiones a 130 propietarios y miembros de ONG que trabajan en la consolidación de este tipo de espacios.

En Misiones se realizó el 3° Encuentro Nacional de Reservas Naturales Privadas.
En Misiones se realizó el 3° Encuentro Nacional de Reservas Naturales Privadas.

De la filantropía a la sustentabilidad productiva

Las razones por las que un particular o una empresa deciden crear una reserva son varias. Hay decisiones filántropas, como la de los Teza o la de Douglas Tompkins, un conservacionista norteamericano millonario que murió en 2015 y que compró 150.000 hectáreas en los Esteros del Iberá, en Corrientes, para conformar una reserva que será donada al Estado y se convertirá en un nuevo parque nacional.

“Además hay más conciencia sobre el recurso natural sobre el que se desarrollan actividades productivas. Muchos propietarios quieren seguir sembrando o teniendo ganado pero de una manera sustentable, por lo que una parte de su campo lo convierten en reserva”, explica Florencia Morales, coordinadora de la red.

Eso explica que ya son 67 las reservas impulsadas por empresas. Está la de Toyota, de 21 hectáreas en Zárate; o la emblemática de Villavicencio, de 72 mil hectáreas en Mendoza, donde hacen compatible la conservación y la extracción de agua.

Villavicencio es la tercer reserva privada más grande del país, con 72 mil hectáreas.
Villavicencio es la tercer reserva privada más grande del país, con 72 mil hectáreas.

La azucarera Ledesma, en tanto, mantiene intangibles 91 mil hectáreas de yungas en Jujuy, una forma también de asegurarse la “producción” de agua que ocurre en esa selva y que luego riega sus ingenios.

Esta manera de hacer más amigable la producción también les permite certificar normas internacionales y agregarle valor o diferenciar sus cultivos, carne o madera.

En la reserva El Carrizal, muy cerca de Las Toninas, Federico Quiroga, cría ganado pero mantiene el pastizal. Es decir, no siembra pasturas exóticas. De esa manera, en sus 2300 hectáreas preserva las 500 especies vegetales del pastizal autóctono. Y en un futuro podrá certificar su carne como amigable con el ambiente.

También el turismo de naturaleza se volvió más exigente y valora aquellos complejos que instauran reservas dentro de sus predios. Eso ocurre con Puerto Bemberg, un predio turístico ubicado a 35 minutos de las Cataratas del Iguazú. Ahí crearon una reserva de 198 hectáreas.

“Además en los últimos años creció la cantidad de profesionales que tiene una orientación ambiental. Eso también influye en lo que está ocurriendo hoy”, afirma Morales, que estudió ciencias ambientales la Universidad de Madrid y se recibió en 2006, cuando todavía la Universidad de Buenos Aires no tenía esa especialidad.

Las obligaciones que asumen

Para que un predio se constituya en reserva tiene básicamente dos caminos posibles. Su dueño puede tramitarlo ante el estado provincial o certificarlo ante una ONG, como Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre, Temaiken, Pro-Yungas, Azara o Hábitat y Desarrollo, por citar algunas de las 11 organizaciones que integran la red.

Los propietarios se comprometen a conservar los ambientes naturales y promover acciones para mejorar las condiciones de la flora y la fauna. También prohíben la caza y el uso de agroquímicos.

Mientras que la infraestructura y el desarrollo productivo, si lo tuvieran, deben estar limitados a un sector específico. Esa actividad, además, tiene que contar con un plan de manejo sustentable que justamente garantice que no afecte el área intangible.

Según cada caso, esas responsabilidades pueden ser acordadas de por vida, en un convenio por 20 años o hasta que el privado decida otro fin para el territorio.

Aunque existen pocos incentivos estatales, algunas provincias, como Misiones o Entre Ríos, ofrecen descuentos impositivos. También pueden llegar a aplicar a fondos nacionales, como los que instaura la ley de Bosques, o internacionales, que en ambos casos buscan apuntalar iniciativas conservacionistas. Finalmente, como se dijo antes, estas iniciativas ayudan a que lo que puedan producir en ese entorno lleve un certificado de sustentabilidad.

Si tenés un predio que creas que puede tener valor para ser conservado, podés ponerte en contacto con la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas:


CONTACTATE

Cuáles son sus principales contribuciones

En primer lugar, las reservas naturales privadas aumentan la superficie protegida del país, que según los compromisos internacionales ya suscriptos, debe llegar al 17% del territorio en 2020. Actualmente, entre parques nacionales y reservas naturales ronda el 12%, según los últimos datos oficiales del área de Ambiente de la Nación.

“Estas reservas reflejan que existen otras formas de pensar el territorio sembrando la opción de la conservación. Además, dan apoyo a acciones de educación e investigación y contribuyen en la difusión de buenas prácticas productivas y del valor de la biodiversidad”, enumeró la bióloga Alejandra Carminati, coordinadora del proyecto Áreas Protegidas Privadas de la Fundación Vida Silvestre.

Para ejemplificar cuál es su aporte, contamos algunas de las iniciativas:

Refugio de huemules

10333491_737805222907523_3046104908252104197_o

Nombre: Los Huemules
Lugar: Lago Argentino, Santa Cruz
Ecoregión: Bosques patagónicos
Perfil del propietario: Copropietarios de un barrioSuperficie: 5.600 hectáreas

La reserva nació de la mano de un desarrollo inmobiliario: un loteo para levantar 92 casas y un hotel en pleno bosque patagónico. El proyecto fue desarrollado por Cielos Patagónicos y se desarrolló sobre 5.800 hectáreas, de las cuales 5.600 quedaron intangibles y como reserva.

Ahora, los dueños de la reserva son los propietarios de los lotes. A Los Huemules lo visitaron 3.000 personas en 2017. Los turistas pagan un ticket de $ 300. Pero los alumnos de colegios, los residentes y los investigadores que llegan de todo el país entran gratis.

“Nuestro principal aporte es a la conservación del huemul. Ya logramos identificar a 15 ejemplares”, asegura Federico Reese, administrador del campo. El huemul es el principal herbívoro del bosque andino patagónico y está en peligro de extinción: quedan sólo 1500 ejemplares entre Argentina y Chile.

Purificador de agua

74 alto x 104 o 105 ancho

Nombre: El Potrero
Lugar: Gualeguaychú, Entre Ríos
Ecoregión: Humedales, selva en galería y monte de espinal
Perfil del propietario: FamiliarSuperficie: 18.000 hectáreas

Se trata de una reserva de la familia de Marcos Pereda y Azul García Uriburu. Cuando compraron el campo, de 30.000 hectáreas, con una gran extensión de humedales, la idea era secarlo para hacerlo productivo. “Cuando conocimos bien el lugar, tuvimos una corazonada: esto tiene que ser importante como para conservarlo. Llamamos a especialistas y nos explicaron que esto era como un riñón, que purificaba el agua y alimentaba los acuíferos subterráneos”, explica Azul, directora de la reserva.

Esa visión hizo que la familia limitara la siembra de maíz, soja y trigo y la explotación forestal de eucaliptus a un 40% del campo. El resto, unas 12.000 hectáreas de humedales, selva en galería y monte de espinal fue constituido como una reserva que es visitada gratis por escuelas y grupos en general.

En la zona hay 700 especies de plantas, 285 de aves, 48 de anfibios y reptiles y 29 de mamíferos.

La selva del yaguareté

Yaguaretee
Fotografía: Ramón Moller Jensen.

Nombre: Rubichana
Lugar: General Belgrano, Misiones
Ecoregión: Selva paranaense
Perfil del propietario: FamiliarSuperficie: 800 hectáreas

Entre 2009 y 2016, Fabiana Giussani y Gabriel Andreanó fueron compraron distintos lotes de selva misionera hasta conformar una predio de 800 hectáreas. Son porteños y se dedican a la venta de repuestos de equipos de refrigeración, pero se involucraron en el proyecto por filantropía, para ayudar a conservar una de las ecoregiones con mayor biodiversidad.

“Por ahora la reserva es exclusivamente para favorecer la conservación”, asegura Fabiana y cuenta que uno de los principales aportes es a la preservación del yaguareté, del que se estima que quedan apenas 250 ejemplares en todo el país.

Con registros de video hechos en la reserva y la ayuda de científicos del Conicet que integran el Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico, ya lograron identificar cuatro yaguaretés. Por ser registros inéditos pudieron ponerle nombres a los ejemplares:  Teté y su cachorro Doti; Jerovia y La Vándala.

Sustentabilidad | 29 de agosto de 2018

La lucha contra el cambio climático se acerca a un punto de inflexión

Los científicos coinciden que la fecha clave es 2020 si queremos lograr la neutralidad de carbono a mediados de siglo. Pero mientras casi 50 países han alcanzado sus picos de emisiones, todavía hay motivos para ser optimista.


El mes próximo, se celebrará en San Francisco la Cumbre Global de Acción Climática, una de las reuniones internacionales sobre el cambio climático más grandes que el mundo haya visto. Se pretende que el evento, cuyo tema es “llevar la ambición al siguiente nivel”, sea una plataforma de lanzamiento para una acción acelerada que permita al mundo alcanzar los objetivos fijados por el acuerdo de 2015 sobre el clima firmado en París. Es una oportunidad única para avanzar en el combate al calentamiento global, pero para aprovecharla es imprescindible que se involucren todas las partes interesadas.


El mes próximo, se celebrará en San Francisco la Cumbre Global de Acción Climática, una de las reuniones internacionales sobre el cambio climático más grandes que el mundo haya visto. Se pretende que el evento, cuyo tema es “llevar la ambición al siguiente nivel”, sea una plataforma de lanzamiento para una acción acelerada que permita al mundo alcanzar los objetivos fijados por el acuerdo de 2015 sobre el clima firmado en París. Es una oportunidad única para avanzar en el combate al calentamiento global, pero para aprovecharla es imprescindible que se involucren todas las partes interesadas.

En París la comunidad internacional acordó limitar el aumento de la temperatura global media a no más de 2 grados Celsius (y mejor aún 1,5 °C) por encima de los niveles preindustriales. A tal fin, se encomendó a los gobiernos nacionales la tarea de elaborar planes de acción climática propios, llamados “contribuciones determinadas a nivel nacional” (NDC por la sigla en inglés).

Hay motivos para ser optimista

Pero los gobiernos nacionales no pueden hacerlo solos. Cada uno debe hacer su parte (incluidos actores en todos los niveles de gobierno, dirigentes empresariales, inversores y la sociedad civil). Esto demanda una nueva forma de multilateralismo inclusivo, que también es aplicable a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, complementarios de los compromisos del acuerdo de París.

Es una tarea inmensa, pero abundan los motivos para el optimismo. Hay un interés global nunca antes visto en la creación de un futuro descarbonizado y climáticamente seguro, con una economía ecológica dinámica, una sociedad próspera y un medioambiente saludable.

En todo el mundo, en 2017 el 70% del agregado neto de capacidad de generación de energía correspondió a fuentes renovables (según el Informe 2018 sobre la situación mundial de las energías renovables). Además, como parte de la Coalición Under2, más de 200 estados, regiones y gobiernos municipales se han comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero al menos un 80% por debajo de los niveles de 1990 de aquí a 2050.

Los centros urbanos también están demostrando capacidad para el liderazgo y la innovación en relación con el clima. La ciudad de Nueva York ordenó reacondicionar 14 500 de sus edificios más contaminantes. Shenzhen se convirtió en la primera ciudad del mundo provista de una flota de autobuses totalmente eléctrica. Curitiba (Brasil) introdujo un nuevo modelo de producción urbana de alimentos. Y Oslo creó un presupuesto climático como guía para la toma de decisiones financieras.

El rol del sector privado

En el nivel empresarial, la coalición We Mean Business informa que más de 700 empresas, con un valor total de mercado superior a los 16 billones de dólares, han formulado compromisos de largo alcance para el clima. Y 289 inversores, con una cartera conjunta de activos de alrededor de 30 billones de dólares, se sumaron a la iniciativa quinquenal Climate 100+, que busca trabajar con los principales emisores corporativos de gases de efecto invernadero de todo el mundo para mejorar la gobernanza en lo referido al cambio climático, limitar las emisiones y mejorar la publicación de información financiera relacionada con el clima. Se prevé que con esto la emisión mundial de bonos verdes este año puede alcanzar los 300 000 millones de dólares.

Pero todavía falta mucho para estar a salvo. Los científicos coinciden en que para lograr neutralidad de carbono (un nivel de emisión tan bajo que asegure su absorción por los bosques, los suelos y otros sistemas naturales) a mediados de siglo, las emisiones mundiales de dióxido de carbono deben dejar de crecer y empezar a disminuir en 2020. Hasta ahora, han alcanzado (o es posible que hayan alcanzado) este punto de inflexión unos 50 países, y pronto se les sumarán otros. Es un avance, pero no es suficiente.

Lo cierto es que la tasa actual de acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera nos llevará en poco tiempo muy por encima del límite de 1,5 °C, superado el cual los peores efectos del cambio climático serán inevitables. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes, como muestran las temperaturas récord registradas en el mundo este año. De seguir las tendencias actuales, es muy posible que la temperatura mundial media aumente 3 °C, lo que pondrá en riesgo sistemas naturales como los arrecifes de coral, las selvas y las regiones polares.

Todas las partes involucradas deben reafirmar su compromiso en la lucha contra el cambio climático. Para impulsarlo, la Cumbre Global de Acción Climática y sus organismos asociados han emitido una amplia variedad de desafíos nuevos, que incluyen el objetivo de generación nula de residuos urbanos, llegar a que 500 empresas se pongan metas con respaldo científico e iniciativas para acelerar la adopción de vehículos no contaminantes.

Estos esfuerzos no sólo protegerán el medio ambiente, sino que también estimularán la economía. Un informe reciente de New Climate Economy indica que sólo en el sector transporte, la transición a una economía descarbonizada puede crear en todo el mundo 23 millones de empleos al año.

Tal vez lo más importante es que una muestra de acciones ambiciosas en esta lucha por parte de los líderes de diferentes sectores puede inspirar a los gobiernos nacionales a aumentar las NDC antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en diciembre en Polonia, donde se terminarán de definir las pautas de implementación del acuerdo de París.

Actuar separados es difícil; actuar juntos nos inspira y nos ayuda a todos a hacer más. Y tenemos que hacer más, si queremos dejar a las generaciones futuras un planeta sano.

Traducción por Esteban Flamini

Patricia Espinosa es secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Anne Hidalgo es alcaldesa de París y presidenta del grupo C40 Cities.

© Project Syndicate 1995–2018 / Foto: Joel Saget – AFP

Sustentabilidad | 28 de agosto de 2018

Cooperación: la clave para combatir el cambio climático en América Latina

Cooperación entre regiones, entre países al interior de la región, entre ciudades, entre organismos no estatales, entre científicos y tomadores de decisiones, entre hombres y mujeres, entre todos estos actores juntos. La cooperación, el trabajo conjunto, el compartir experiencias parece ser ese eslabón que se necesita con urgencia para incrementar la ambición de acción climática en una de las regiones más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero que también se esfuerza por ser líder en ese propósito.

Así se ha manifestado en la celebración de la Semana del Clima de América Latina y el Caribe en Montevideo, Uruguay. El evento formó parte de una serie de semanas climáticas que ya tuvieron sus ediciones en África y Asia-Pacífico en abril y julio pasado, respectivamente. Bajo el lema “Intensificando la acción climática”, durante estos cuatro días representantes de gobiernos, empresas, sociedad civil y organismos multilaterales trabajaron conforme el objetivo de multiplicar la ambición climática en la región y movilizar a nuevos actores para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

El rol de nuevos actores

“Creíamos que las negociaciones eran globales y sólo se daban en el ámbito de las Conferencias de las Partes (COPs). Siguen siendo globales, pero también se han sumado los actores no estatales”, asegura Manuel Pulgar Vidal, Líder en Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y ex presidente de la COP20 en Lima (Perú), y explicita: “Si no trabajamos a nivel doméstico, no hay forma de implementar el Acuerdo de París. Hay que incorporar los planes de acción climática al plan de desarrollo nacional de cada país. Hay que vincular la acción climática con otros temas. Hay que lograr que un sólo esfuerzo tenga un mismo efecto multiplicador”.

El ex ministro de Ambiente de Perú participó en uno de los paneles que tuvieron a la cooperación Sur-Sur como protagonista del debate durante la primera jornada de la Semana del Clima, con el propósito de demostrar su importancia para el cumplimiento de las metas climáticas de los países de la region y la implementación del Acuerdo.

En conversación con Diálogo Chino, Pulgar Vidal expresó al respecto: “Este tipo de cooperación puede realizar un aporte muy fuerte para la acción climática en la región latinoamericana. La gran crítica a la cooperación más habitual ha sido que ha respondido a una agenda impuesta por un país desarrollado que no es sostenible en el tiempo porque luego se modifica su prioridad y que no responde necesariamente a la realidad del país beneficiado. Si somos conscientes que esa es la lógica de la cooperación histórica, ¿cuánto, vinculándonos entre nosotros, podemos hacer para que la cooperación responda a una agenda común, consensuada previamente?”.

Pulgar Vidal subrayó la importancia de hacer esa cooperación sostenible en el tiempo: “No estando repetiendo en el día a día lo que ya probamos. Tenemos que lograr que esa cooperación sea transparente para intercarmbiar las experiencias que hagan que los resultados de ese vínculo beneficien a todos los países”.

Cooperación Triangular y Sur-Sur

Algunas de esas experiencias comenzaron a compartirse durante los talleres de la Semana del Clima, no sólo entre gobiernos nacionales sino también entre los actores no estatales y aquellos representantes de los niveles subnacionales y urbanos. Tal fue el caso de la presentación del proyecto de un trabajo conjunto entre las ciudades latinoamericanas de Buenos Aires (Argentina), San Pablo (Brasil) y Santiago de Chile (Chile).

Patricia Himschoot, gerente de Cambio Climático de la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lo describe: “Es un proyecto que venimos trabajando desde hace un año en el marco de la cooperación Sur-Sur con el Instituto Interamericano para la Investigación en Cambio Global y que se basa en un trabajo co-diseñado entre científicos y tomadores de decisiones para plantear un sistema de indicadores de seguimiento de acciones. En el medio, estamos los técnicos gestores que actúamos como traductores”. Una parte del financiamiento del proyecto cuenta con la aceptación de un grupo chino, pero aún hace falta complementar lo restante para la puesta en marcha.

Uno de los elementos centrales de este proyecto es el rol ciencia para la toma de decisiones frente al cambio climático. Al respecto, el vicepresidente del Instituto de Meteorología de Uruguay, Gabriel Aintablián, manifiesta: “Es un ejemplo de cómo se puede, desde un instituto, generar un espacio de potencial conocimiento esencial para la región que articule a tres megaciudades de países con realidades totalmente distintas. Y se genera desde un espacio enteramente americano con voluntad de intercambiar experiencias para poder diagramar políticas públicas. Eso es la verdadera triangulación”.

DialogoChino2

Aintablián es contundente sobre la importancia de los científicos latinoamericanos para la acción climática local: “Nadie mejor que alguien de la región para comprender los problemas de la región. Difícilmente pueda venir un noruego, un finlandés, un alemán a explicarte lo que es el Río de la Plata o la transformación energética de Uruguay o la protección de océanos en Colombia. Tenemos una capacidad de conocimiento en la región muy importante. Hay que generar esos espacios de diálogo con los políticos”.

En su discurso durante el panel de Alto Nivel, el ministro de Ambiente de Brasil, Edson Duarte, subrayó la importancia de la cooperación Sur-Sur, a través del impulso del Diálogo de Talanoa de Brasil para identificar dónde estamos y hacia dónde queremos ir, instando a otros países de la región a seguir el mismo camino, pero también a Sudáfrica, India y China para que organicen sus propios diálogos nacionales.

“En nuestra NDC -contribución determinada nacional- hay una mención clara de fortalecer nuestras acciones de cooperación Sur-Sur. A través del Fondo Amazonía, apoyamos la instalación de instrumentos para monitorear la deforestación en los ocho países de la cuenca del Amazonas, haciendo una contribución extremadamente relevante para la protección del clima global mediante la preservación de la selva tropical más grande del planeta”, expresó.

En este sentido, Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), manifestó en conversación con Diálogo Chino: “Lo que ha hecho Brasil para realizar un monitoreo en tiempo real de las áreas de deforestación y la medición de emisiones brinda un enorme espacio de oportunidad para que otros países de la región se puedan beneficiar”.

Para una de las máximas representantes, que confesó que “su trabajo la llevó a Europa, pero su corazón sigue de este lado del Atlántico”, la cooperación Sur-Sur cumple un rol complementario en todos estos procesos de acción climática: “América Latina y el Caribe tienen una tradición de cooperación Sur-Sur que se ha ido fortaleciendo a lo largo de los últimos 10-15 años en muchos ámbitos, por ejemplo, las medidas de protección y prevención en caso de desastres”.

Los próximos pasos a seguir

¿Hacia dónde vamos luego de esta Semana del Clima en Montevideo? Físicamente, muchos de los oradores y asistentes aquí presentes viajarán a Iguazú (Misiones, Argentina) para participar de lo que será la segunda reunión del Grupo de Trabajo de Sustentabilidad Climática del G20 (Grupo de los 20) la próxima semana, incluyendo a Espinosa y Pulgar Vidal.

Algunos de ellos también viajarán luego a Bangkok (Tailandia), para avanzar en las negociaciones climáticas en una sesión intersesional adicional. El propósito de todos estos eventos es uno: cumplir con las expectativas de ambición e implementación del Acuerdo de París en la próxima COP24 a desarrollarse en Katowice, Polonia, en diciembre próximo.

Espinosa enumera tres objetivos que deben alcanzarse en esta próxima COP24: incrementar la acción climática en el corto plazo con vistas a que los países formulen planes climáticos con metas más ambiciosas, concluir el programa de trabajo del Acuerdo de París, e incrementar los flujos financieros. La Semana del Clima en Montevideo buscó centrarse en el primero, con múltiples oportunidades y desafíos de trabajo que deberán continuarse entre los distintos actores con la cooperación como base.

En esos tres objetivos, hay una cuestión que buscará hacer su lugar para una cooperación igualitaria: la de género. Con desigualdades que se perciben desde la falta de políticas y leyes hasta la escasa consideración para los paneles de discusión, las mujeres buscan hacer sentir su voz como uno de los grupos más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero también como uno de los que se desempeña a diario para liderar la acción.

“Durante esta semana se habló de trabajar en la acción climática no de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba. Y eso implica fortalecer a las organizaciones de base. Abajo estamos nosotros, los pueblos indígenas”, manifiesta Carol González Aguilar, líder indígena, y asegura: “Para cumplir las metas de acción climática necesitamos a los de arriba… y a los de abajo”.

González Aguilar es miembro de la Secretaría Técnica de Mujeres de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). Su política de género busca asegurar la equidad al interior de la organización y sus distintas filiales. Agradecida por poder hacer oír su voz en un evento de estas características, la joven colombiana recuerda la importancia de escuchar a las mujeres e involucrarlas en los procesos de negociaciones: “El 53% del carbono almacenado en la cuenca amazónica está en nuestro territorio. Las mujeres indígenas somos aliadas fundamentales para cumplir las metas que todos los países tienen que cumplir”.

*Esta nota apareció originalmente en Diálogo Chino y se publica con su autorización.

Diálogo Chino es una iniciativa de chinadialogue, un sitio web independiente, bilingüe, en chino e inglés que promueve la comunicación acerca del medio ambiente y el cambio climático. Es una organización sin fines de lucro con sedes en Londres y Beijing.

Sustentabilidad | 21 de agosto de 2018

Cómo proteger el planeta transformando el sistema alimentario

Cinco propuestas para transformar los sistemas actuales para producir alimentos más nutritivos que provoquen un impacto medioambiental menor. Clave es cambiar la cría de ganado, el cultivo de alimentos y el reciclaje de aguas residuales.

Estar en deuda con la naturaleza es peligroso, porque cuando las reservas de agua se agoten y no queden ni aire limpio ni tierra cultivable, no dispondremos de un segundo planeta que nos facilite estos recursos. Pero ese es el escenario al que ahora mismo nos dirigimos.

El 1 de agosto de 2018 tuvo lugar un suceso anual conocido como el “Día de la Deuda Ecológica”. Ese día señala la fecha en que ya se han consumido más recursos de los que el planeta puede generar a lo largo de un año. La de este 2018 es la fecha más temprana en la que se ha señalado.

Uno de los aspectos que más presión ejerce sobre las limitaciones del planeta es nuestro sistema alimentario. Este representa la forma en la que la humanidad cultiva, produce, transporta y consume alimentos. La forma en la que estas actividades se llevan a cabo hoy favorecen el cambio climático y la deforestación. Está disminuyendo las reservas de agua dulce y la biodiversidad.

Debemos transformar los sistemas alimentarios actuales para producir alimentos más nutritivos que provoquen un impacto medioambiental menor. Con este fin ya hay en marcha una serie de iniciativas repartidas por todo el mundo. Aquí presentamos cinco propuestas científicas, relacionadas con la cría de ganado, el cultivo de alimentos y el reciclaje de aguas residuales.

Todas ellas podrían ayudarnos a saldar esta deuda, cada vez mayor, que tenemos con el planeta.

Medidas inteligentes

Reducir las emisiones animales: Después del sector energético y del transporte, el sistema alimentario constituye uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Es responsable de alrededor de una cuarta parte de las emisiones totales.

La cría de ganado para producir carne y lácteos supone un 14,5%, debido al gas metano que expulsan los animales.

Una investigación impulsada por el Instituto Internacional de Investigaciones Agropecuarias trabaja en Brasil y Uruguay en la identificación de vacas que produzcan menores emisiones de metano.

Una vez identificadas, se podrán criar y reproducir de forma natural. Se espera que esta medida reduzca las emisiones asociadas a la ganadería entre un 5 y un 20%.

Recuperar alimentos olvidados: El 75% de los alimentos producidos en el mundo procede solo de doce tipos de cultivo y cinco especies animales. Se estima que unas 940 especies de plantas cultivadas están en peligro de extinción.

Existen multitud de alimentos olvidados que son resistentes a los cambios del clima, cargados de nutrientes y que podrían producirse de forma sostenible. La berenjena africana es de color rojo o anaranjado y tiene unas hojas extremadamente ricas en calcio, hierro y betacaroteno (que el cuerpo transforma en vitamina A).

Resulta lógico estudiar estos tesoros nutricionales abandonados con la misión de suplir la demanda mundial de alimentos. Científicos del Consorcio Africano de Cultivos Huérfanos, organizado por el Centro Agroforestal Mundial, emplean técnicas de hibridación con cultivos infrautilizados para mejorar su resiliencia y calidad nutricional.

Agricultura de precisión: El nitrógeno, el fósforo y el potasio son nutrientes esenciales para el crecimiento de los cultivos alimenticios. El abuso de estos fertilizantes empieza a superar la cantidad máxima de sustancias químicas que la naturaleza puede asimilar.

Un estudio llevado a cabo por el Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria en un área de cultivo de trigo localizada en México ha demostrado que una aplicación más precisa de nitrógeno disminuye significativamente las emisiones y vertidos asociados a su uso. Todo ello sin afectar a las cosechas.

Algunos investigadores estudian y promueven prácticas responsables para ayudar a los agricultores a emplear los fertilizantes de una forma más eficiente. Para ello analizan la cantidad de nitrógeno presente en el suelo y el clima. Han probado sensores portátiles capaces de calcular el nitrógeno que necesitan las plantas, lo que pueden indicar a los agricultores la cantidad óptima de fertilizante que deben emplear.

En 2017 y 2018, agricultores mexicanos del Valle de Yaqui ya usaron dispositivos con sensores similares acoplados en drones para obtener recomendaciones sobre las necesidades de fertilizante de más de 400 hectáreas de cultivos de trigo.

Controlar la deforestación desde el cielo: Se estima que la agricultura fue, entre 2000 y 2010, responsable del 80% de la deforestación mundial.

La producción de aceite de palma, que se emplea en infinidad de productos, desde el pan hasta el helado, es uno de los principales causantes de la deforestación. Los agricultores de los países productores destruyen bosques constantemente para plantar palmas de aceite.

El Centro para la Investigación Forestal Internacional ha elaborado un mapa que permite el control de prácticas no sostenibles. Este cuenta con una herramienta, conocida como “Atlas de Borneo”, que muestra, a través de imágenes por satélite actualizadas con regularidad, el impacto que tienen las 467 plantaciones extractoras de aceite de palma de la isla en las áreas forestales cercanas. También cualquier indicio de expansión de las plantaciones existentes.

El objetivo es que esta mayor transparencia promueva la eliminación de prácticas no sostenibles en las cadenas de abastecimiento por parte de las compañías.

Reciclar aguas residuales: Alrededor de un 84% del agua dulce del mundo se destina a la agricultura. Se espera que para 2030 la demanda agraria de agua será superior a la cantidad de agua disponible, dejando totalmente desabastecida la demanda para uso doméstico.

Más de la mitad del agua dulce del mundo acaba convertida en residuos inutilizables. Por este motivo, el Instituto Internacional de Gestión del Agua ha estudiado hasta 24 propuestas para la reutilización de aguas residuales de manera que esta resulte rentable.

En Bangladesh, por ejemplo, el agua residual de un complejo hospitalario, que normalmente habría acabado vertida en un río cercano, ha sido reutilizada en la producción de alimentos ricos en proteínas para la cría de peces.

Los beneficios de la venta de estos peces rápidamente superaron los costes del proceso, de manera que la propuesta comportó ventajas tanto a nivel económico como de seguridad alimentaria para la zona.

Saldar nuestra deuda

La naturaleza es implacable, como el cobrador del frac. Pero como reflejan estos proyectos, y otros tantos gestionados por científicos de todo el mundo, la humanidad no está perdida. Todavía nos quedan muchas opciones por explorar para conseguir un sistema alimentario más sostenible y saldar nuestra deuda con el planeta.

Elwyn Grainger-Jones, Director Ejecutivo de el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR)

Sustentabilidad | 17 de agosto de 2018

El plan para ampliar el parque nacional Aconquija de Tucumán

PARTE II

FUENTE DE RIQUEZAS

El plan para ampliar el parque nacional Aconquija de Tucumán

Por Javier Drovetto | Diseño y desarrollo: Maxi De Rito y Dina Pérez
16 de agosto de 2018








El parque nacional Aconquija tiene una fecha de nacimiento: 4 de julio de 2018, día en que se creó por ley. Pero esa fecha ignora las iniciativas anteriores y complementarias que se dieron con el mismo objetivo: conservar esas sierras y selvas tucumanas. Y no dice nada de los planes futuros de ampliación.

Las primeras reservas en la zona tienen 82 años. Y la instauración del parque nacional está lejos de ser definitiva: ya hay un plan para incorporar 14 mil hectáreas a una superficie que entre reservas provinciales y nacionales ya blinda 111.000 hectáreas de yungas.

Además existe una previsión de alcanzar las 180.000 hectáreas, hasta preservar todo el Aconquija.

En este mapa interactivo, te contamos cómo se consolidó el sistema de conservación actual y cuáles son los planes para asegurar un área que protege recursos hídricos para 2 millones de personas, desde el sur de Tucumán y Santiago del Estero hasta el norte de Córdoba.

Finca La Florida, el primer hito

La primera medida para resguardar un ambiente que va de los 700 a los 5000 metros de altura la tomó la Gobernación de Tucumán en 1936. Ese año, la provincia compró 10 mil hectáreas de selva subtropical, pastizal de neblina y pastizal altoandino de una finca que se había mantenido prácticamente virgen: La Florida.

De esa manera se conformó el primer parque provincial. Fue apenas dos años después de la creación de los dos primeros parques nacionales: Iguazú y Perito Moreno.

Dos nuevas reservas provinciales

Cuatro años después, en 1940, 890 hectáreas que corren paralelos a la ruta 307, entre los kilómetros 20 y 38, son instauradas como área reserva natural provincial. Buscan preservar la quebrada del río Los Sosa, con bosques de cedros, nogales y laureles en los márgenes.

Ya en 1965, la provincia declara parque provincial unas 10 mil hectáreas del departamento de Tafí del Valle. Contiene ambientes de yungas y altoandina.

La reserva de yungas más austral

En 1972 se da otro gran paso: la provincia destina a reserva natural 20 mil hectáreas de la estancia Santa Ana. El límite oeste de la reserva son las cumbres de Santa Ana. El valor principal de la medida es que se convierte en la reserva de yungas más austral del país.

Es la reserva de bosques más grande de la provincia. Los propietarios del predio eran las familias Hileret y Quinteros, quienes tenían un ingenio azucarero en parte de la estancia.

El primer parque nacional de Tucumán

Tucumán tuvo su primer parque nacional justamente en las serranías del Aconquija. Fue creado por ley en 1995, con 18 mil hectáreas de yungas y altos andes. Se trata de Los Alisos, que hoy pasó a formar parte del nuevo parque nacional Aconquija. De hecho, hoy es el único portal de acceso a la reserva.

Ubicado entre los ríos Jaya y Las Pavas, sobre la ladera oriental de los cerros nevados del Aconquija, se extiende entre los 847 y los 5200 metros, por lo que es el parque nacional con mayor altitud del país.

Un mesías hizo posible el parque Aconquija

Aunque tiene un perfil bajo, poco duró la reserva con la que intentó manejarse Hansjörg Wyss, un multimillonario suizo de 82 años. Fue él, uno de los principales filántropos del mundo, quien puso los 14 millones de dólares necesarios para comprar y donar a favor de la Administración de Parques Nacionales siete estancias vecinas o cercanas al parque nacional Los Alisos.

Esas estancias agregan 50 mil hectáreas y pasaron a formar parte del nuevo parque nacional Aconquija, aprobado por el Congreso el 4 de julio de 2018.

“Wyss no quiere protagonizar la noticia, pero él comparte la visión que tenemos nosotros sobre la necesidad asegurar la recuperación de ecosistemas muy dañados”, asegura Sofía Heinonen, presidenta de la Fundación Flora y Fauna Argentina, la ONG que administró las donaciones de Wyss.

Una reserva a favor de los diaguitas

En la misma ley sancionada en julio, se incorpora al parque nacional, pero con el estatus de reserva nacional, unas 12 mil hectáreas que el Instituto Nación de Asuntos Indígenas le reconoce posesión ancestral a la comunidad diaguita de la zona.

El acuerdo establece el compromiso de otorgarle la titularidad de las tierras, de las sierras Los Ñuñorcos, a la comunidad de pueblos originarios, pero con destino a reserva. Esa figura permite que la comunidad mantenga ciertas actividades en el cerro mientras no afecten su preservación, como la cría de animales y el aprovechamiento de madera.

Un plan para sumar 11 estancias

En la legislatura tucumana están trabajando en un plan para hacer una primera ampliación del parque Aconquija. “Existen 11 estancia que sus dueños están dispuestos a vender”, adelanta el ex diputado nacional por Tucumán Miguel Nacul, principal impulsor del parque Aconquija y, en 1995, del parque Los Alisos.

Esa ampliación permitiría sumar 13.910 hectáreas.

El primer paso está por darse: este año la legislatura cedería por ley la jurisdicción ambiental de esas tierras a la Nación. Una vez hecha la sesión, el Congreso debe aceptarla. “Creemos que durante lo que queda de 2018 podemos llegar a la media sanción en el Congreso, por lo que p