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“Mi perra de asistencia me cambió la vida”: la historia de Nicolás Stupenengo y Sofía

Un accidente en el agua le quitó la posibilidad de volver a caminar, pero su perra de asistencia le devolvió la alegría. En esta nota, Nicolás nos cuenta cuándo conoció a Sofía, cómo cambiaron sus días y qué es lo que más disfruta de su compañía. Y cómo la ley 26.858 le permite entrar a todas partes con ella.

Nicolás Stupenengo tenía una vida muy activa antes del año 2006: trabajaba como asistente de dirección, hacía deporte y le encantaba viajar y salir a correr en grupo. Pero cuando el 31 de diciembre de ese año se tiró al mar desde unas rocas en Puerto Pirámides, sus días cambiaron para siempre. 

“Lo que pasó fue que con el impacto al agua se me rompió una vértebra, y eso me generó una lesión en la médula espinal“, explica Nicolás sentado en silla de ruedas en su departamento de Núñez, donde hace unos años tuvo que volver a aprender a vivir solo. Al lado de él Sofía, su perra de asistencia, le pide mimos. 

Antes del accidente, Nicolás nunca había tenido un perro y ni siquiera sabía que existían los perros de asistencia. Hoy admite que no podría haber atravesado la pandemia sin Sofía y que ahora no está nunca solo: como la ley 26.858 le permite entrar a todas partes con ella, están las 24 horas del día juntos. “Sofía es una compañía alucinante, es puro amor y alegría. Es eso, parece poco pero es un montón“, agrega.

Nicolás y Sofía se conocieron hace nueve años, en una feria del libro infantil. Al principio, él empezó a entrenar con un perro macho que se llamaba Canva: “Pero cuando me dijeron “probá con Sofía“, me enamoré“. Los primeros días conviviendo juntos fueron un caos. Volver a vivir solo y aprender a cuidarse a sí mismo y a una perra, no le fue fácil en los comienzos y casi decide abandonar. Pero ahora se lo agradece a sí mismo: “Sofía me ayudó a ordenarme, es alegría todos los días“. 

Hoy Sofía es clave en la vida de Nicolás, porque lo ayuda constantemente en traerle las cosas que no puede alcanzar o que se le caen al piso. La ropa y las zapatillas para vestirse en las mañanas; las llaves, el teléfono y la billetera cuando sale a la calle; el control remoto de la televisión o una toalla si se olvidó de llevársela al baño. Su perra le ahorra tiempo y le simplifica la vida, pero además, le transmite cariño y alegría cuando se está quedando sin fuerzas. 

Después de 15 años de aquél accidente, Nicolás encontró en su nueva cotidianeidad una nueva vida posible. Además de trabajar todos los días en el Gobierno de la Ciudad, continúa desarrollando su carrera como actor, y hace algunos meses estrenó su primera obra titulada “Nicolás anda“, donde junto a Sofía cuenta su historia desde un escenario. 

“Hoy me paso meses sin pensar en que estoy en silla de ruedas, porque no estoy en silla de ruedas, yo uso una silla de ruedas para ciertos momentos del día. Así como uso una cama, como uso un bipedestador, que es la máquina que uso para pararme, como uso una silla de baño. Pero soy una persona“, aclara Nicolás cada vez que le preguntan cómo es vivir de esta manera. Y añade que si bien Sofía significa una ayuda enorme, también es una gran responsabilidad: así como lo asiste todos los días, él se encarga de que siempre esté tan cuidada como él.

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