Opinión | RED/ACCIÓN

Entendiendo la economía y el mercado de la pandemia

Los peores fundamentos económicos y pronósticos se vuelven más aparentes en los resultados bursátiles. En un momento en que las noticias genuinas sugieren que los precios de las acciones deberían estar hundiéndose, sin alcanzar niveles récord, las explicaciones basadas en la psicología colectiva, la viralidad de las ideas y la dinámica de las epidemias narrativas pueden arrojar algo de luz.

Las enseñanzas del confinamiento

La pandemia de COVID-19 es el mayor choque sincronizado que el mundo ha experimentado en generaciones. Pero esta crisis no será la última de su tipo. Necesitamos urgentemente aprender todo lo que podamos de la experiencia actual y adaptar las prácticas de desarrollo internacional y la investigación en consecuencia.

Nos debemos un debate sobre el uso de datos digitales de nuestra conducta

Las tecnologías digitales, los datos del comportamiento humano y la toma de decisiones algorítmicas desempeñarán un papel cada vez más crucial para abordar las crisis futuras. A medida que confiamos cada vez más en los grandes datos para resolver problemas importantes, la pregunta más importante que enfrentamos no es qué podemos hacer con ellos, sino qué estamos dispuestos a hacer.

¿Salvados por la pandemia?

La crisis de COVID-19 ha alineado los imperativos climáticos y económicos más estrechamente que nunca. Si el mundo aprovecha esta oportunidad histórica, las generaciones futuras seguramente recordarán 2020 como el año en que la humanidad derrotó una pandemia y salvó al planeta.

Es hora de una gran cancelación de deudas para los países más vulnerables

Ahora que la pandemia de COVID-19 ha dado paso a una fuerte recesión económica, los mercados emergentes y los países en desarrollo altamente endeudados (como Argentina) se enfrentan a crisis fiscales potencialmente ruinosas, cuyos costos recaerán en los ciudadanos comunes. Afortunadamente, hay una manera de abordar el problema que es práctica y justa.

Cómo la desigualdad profundiza la crisis del COVID-19

La alta desigualdad socava la cohesión social, erosiona la confianza pública y profundiza la polarización política, todo lo cual afecta negativamente la capacidad y disposición de los gobiernos para responder a las crisis. Esto explica por qué Estados Unidos, Brasil y México representan casi la mitad de las muertes reportadas en el mundo desde el comienzo de la pandemia.

El manifiesto de la gente común

Las protestas históricas que arrasaron Estados Unidos se veían venir hace mucho tiempo, no solo como respuesta al racismo y la violencia policial, sino también como una revuelta contra la plutocracia arraigada. Con un número creciente de estadounidenses que caen en el desempleo y la inseguridad económica, mientras que las grandes corporaciones rescatan y recortan los costos laborales, algo tuvo que explotar.

Necesitamos diversidad en las salas de prensa digital

Las salas de redacción demográficamente uniformes han estado produciendo contenido uniformemente homogéneo durante décadas, y la falta de diversidad en los medios ha empeorado en las últimas décadas. La razón más probable es que los líderes de la industria continúan considerando la transformación digital como una cuestión de tecnología y proceso, en lugar de talento y capital humano.

La pandemia tiene que sacarnos de la inercia

Con una recesión económica tan severa como la Gran Depresión y condiciones políticas similares a las de antes de la Primera Guerra Mundial, la globalización pende de un hilo. El mundo necesita desesperadamente un liderazgo colectivo efectivo, y no solo para contener el COVID-19.

El desarrollo sostenible comienza con los niños

El surgimiento de activistas adolescentes del clima como Greta Thunberg no es un truco. De hecho, para impulsar la acción climática y lograr un desarrollo sostenible, los niños deben ser el centro de las estrategias nacionales, y darles un futuro saludable debe colocarse por encima de todas las demás preocupaciones.

El contrato social pospandemia

Si bien muchas propuestas recientes para reformar el capitalismo cambiarían sustancialmente la forma en que operan nuestras economías, no alteran fundamentalmente la narrativa sobre cómo deberían funcionar y no representan una desviación radical. Lo más crítico es que eluden el desafío central que debemos abordar: reorganizar la producción.