Opinión | RED/ACCIÓN
Opinión | 18 de diciembre

El hambre aumenta por tercer año consecutivo por el cambio climático

Jessica Eise es la autora del influyente libro Cómo alimentar el mundo y Kenneth Foster es experto en la economía de producción agrícola

El número total de personas que se enfrentan a la escasez crónica de alimentos ha aumentado en quince millones desde 2016 y el gran culpable es el calentamiento global.

Actualmente, alrededor de 821 millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria, cifras que alcanzan el mismo nivel que hace casi una década. El informe indica que la situación está empeorando en América del Sur, en Asia Central y en la mayoría de las regiones de África.

También destaca un preocupante aumento de casos de anemia entre las mujeres en edad reproductiva. Esta condición afecta a una de cada tres mujeres del mundo, con consecuencias para su salud y desarrollo, así como para el de sus hijos.

Entre 2005 y 2014, la desnutrición mundial disminuyó, pero el ritmo de descenso fue cayendo de forma continuada. Hace varios años se detuvo por completo, y el hambre en el mundo empezó a ascender de nuevo.

Entre los factores que llevaron a este retorno se encuentra el cambio climático.

Si bien la malnutrición y la inseguridad alimentaria empiezan en el ámbito familiar, el hambre es un problema de todos. El daño provocado por la hambruna en las comunidades puede generar inestabilidad local y conflictos que se extienden más allá de las zonas afectadas.

Por ejemplo, la sequía y las malas cosechas en Centroamérica son algunas de las causas de la inmigración en la frontera con EEUU.

Fuente: The Conversation

Clima, tiempo y cosechas

Las causas de la inseguridad alimentaria son complejas y están interrelacionadas. En nuestro libro, How to Feed the World (Cómo alimentar al mundo) –una colección de ensayos de investigadores destacados–, analizamos los desafíos más urgentes.

Entre ellos, el cambio climático aparece como un problema preocupante que influye en todos los demás.

El clima de la Tierra ha pasado por períodos glaciales desde el origen de los tiempos. Sin embargo, en los últimos cincuenta años, las cosas han cambiado. Las temperaturas globales medias han aumentado de forma cada vez más rápida, con nuevas máximas registradas en 2014, luego superadas en 2015 y de nuevo en 2016.

El cambio climático también está aumentando la gravedad y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, como fuertes tormentas y sequías.

En consecuencia, algunas regiones del mundo se están volviendo más húmedas, como el norte de EEUU y Canadá, mientras que otras se están volviendo más secas, como el suroeste de EEUU. En el Medio Oeste del país los episodios de fuertes lluvias aumentaron en más de un tercio entre 1958 y 2012.

La agricultura es una de las industrias más expuestas y vulnerables al cambio climático. Los cultivos y el ganado son extremadamente sensibles a las temperaturas y a las precipitaciones. Una helada tardía en primavera puede ser devastadora y una ola de calor en la época de floración puede provocar que las cosechas se reduzcan bruscamente.

En resumen, la agricultura es la industria de “ricitos de oro”. El clima no debe ser ni demasiado cálido ni demasiado frío, y las precipitaciones deben ser “solo las adecuadas”.

Producir alimentos suficientes para todos los habitantes del planeta depende en gran medida del clima. Esto significa que no será posible frenar la hambruna sin adaptarse al cambio.

La importancia de la investigación agrícola

El cambio climático provoca que la información generacional e histórica sobre la agricultura sea menos valiosa. Lo que antes funcionaba quizás ya no se pueda poner en práctica en un clima alterado.

Cuando el conocimiento histórico ya no funciona, los agricultores tienen que confiar en otras fuentes de información, como meteorólogos, agrónomos y otros científicos, así como en el desarrollo de nuevas tecnologías sostenibles.

Los agricultores de las economías más avanzadas ya dependen totalmente del conocimiento científico, en el que muchas veces intercede el sector privado o los servicios de extensión locales.

Sin embargo, los agricultores de los países más pobres, que en muchos casos sufrirán los impactos más graves, casi nunca tienen acceso a este conocimiento y solo representan el 3% del gasto mundial en investigación agrícola.

Sin inversiones para compartir los descubrimientos de las investigaciones, muchos avances de los países más ricos no se trasladarán a los países pobres.

La influencia generalizada del cambio climático

El cambio climático también agudiza otras necesidades de la producción global de alimentos.

Pongamos como ejemplo el papel crucial del agua: solo el consumo de carne representa aproximadamente un 22% del uso global de agua, y esta necesidad aumentará en un planeta más cálido.

El cambio climático también altera los patrones de lluvias: en algunos lugares no tendrán agua suficiente para cultivar, mientras que en otros quizás llueva en un mal momento, con poca frecuencia, o en episodios de fuertes lluvias más prolongados.

Incluso los factores aparentemente dispares, como el comercio internacional, se ven afectados, con repercusiones importantes para la seguridad alimentaria. A medida que el cambio climático genera cambios permanentes en la geografía de las zonas de producción agrícola de todo el mundo, el comercio internacional surge como un importante mecanismo de resiliencia para reducir el hambre y mejorar el acceso equitativo a los alimentos.

Por ejemplo, en 2012, una ola de calor y una sequía causaron importantes pérdidas en las cosechas de maíz de EEUU. Los productores del hemisferio sur se adaptaron a este déficit, lo que permitió controlar la subida de los precios en Estados Unidos. Esto solo fue posible gracias al comercio internacional.

Una respuesta efectiva al cambio climático también será clave para avanzar en muchos otros retos relacionados con la seguridad alimentaria, como frenar la pérdida de alimentos, mejorar la nutrición o promover sistemas de producción sostenibles.

Los países productores de alimentos necesitarán políticas creativas y nuevas tecnologías para enfrentarse a estos retos con éxito.

Adaptarse a las nuevas condiciones

Se prevé que en 2030 el cambio climático llevará a más de cien millones de personas a una situación de extrema pobreza. Adaptarse al cambio climático es una de las claves para combatirlo, y la tecnología puede ayudar.

Por ejemplo, la agricultura de precisión puede aprovechar los ordenadores, los sistemas de posicionamiento global, los sistemas de información geográfica y los sensores para proporcionar los datos necesarios para darle a cada pequeña parcela de terreno exactamente lo que necesita.

También se está generando interés en el uso de la tecnología tradicional del cultivo de cobertura para mitigar el impacto del cambio climático.

Con la aparición de la nanotecnología, podemos hacer mediciones a una escala menor, incluso “nano”, como mejorar el uso de los fertilizantes y pesticidas.

Al colocar productos químicos en pequeñas cápsulas o en geles, se puede controlar cuándo y cómo utilizar esos productos para que sean más efectivos, al tiempo que se reducen las emisiones de sustancias químicas y los vertidos.

Pero al final, todo depende de cada uno. Las personas deben ejercer su poder social para mitigar el cambio climático pues a todo el mundo le importa la seguridad alimentaria del futuro.

The Conversation
Opinión | 14 de diciembre

Huawei, el celular low cost al centro de la guerra comercial entre China y EE.UU.

Jeffrey D. Sachs es economista de Harvard y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. The New York Times lo describe como “probablemente el economista más importante del mundo”.

El conflicto de la administración Trump con China tiene poco que ver con los desequilibrios externos de Estados Unidos, los mercados chinos cerrados o incluso el supuesto robo de propiedad intelectual de China. Tiene todo que ver con contener a China al limitar su acceso a mercados extranjeros, tecnologías avanzadas, servicios bancarios globales y quizás incluso universidades de los Estados Unidos.

El arresto de Meng Wanzhou, directora financiera de Huawei, es una peligrosa jugada del gobierno del presidente estadounidense en su creciente conflicto con China. Si (como supuestamente dijo Mark Twain) muchas veces la historia rima, nuestra era recuerda cada vez más al período anterior a 1914. Igual que las grandes potencias europeas de entonces, Estados Unidos, gobernado por una administración decidida a afirmar el dominio estadounidense sobre China, está empujando al mundo hacia un desastre.

El contexto del arresto es sumamente importante. Estados Unidos pidió a Canadá arrestar a Meng en el aeropuerto de Vancouver, donde se hallaba en ruta a México desde Hong Kong, y extraditarla a Estados Unidos. Esa jugada es casi una declaración de guerra de Estados Unidos contra la comunidad empresarial china.

Casi sin precedentes, expone a los empresarios estadounidenses que viajan al extranjero a un riesgo mucho mayor de que otros países tomen con ellos medidas similares.

No es común que Estados Unidos arreste a altos directivos de empresas (estadounidenses o extranjeros) por delitos presuntamente cometidos por las compañías a las que pertenecen; sí lo es que sean arrestados por presuntos delitos personales (como malversación, soborno o violencia).

Es verdad que los directivos deberían ser responsables (incluso penalmente) de las transgresiones de sus empresas, pero comenzar esta práctica con una importante empresaria china, en vez de empezar con los numerosos directores ejecutivos y financieros estadounidenses culpables de actos de esa naturaleza, es una sorprendente provocación contra el gobierno, la comunidad empresarial y el pueblo de China.

El arresto es una excusa de Trump

A Meng se la acusa de violar las sanciones estadounidenses a Irán. Pero hay que analizar su arresto en el contexto de las numerosas empresas (estadounidenses o no) que han violado sanciones de Washington contra Irán y otros países. Por ejemplo, en 2011, JP Morgan Chase pagó 88,3 millones de dólares en multas por violar sanciones de Estados Unidos contra Cuba, Irán y Sudán. Pero a Jamie Dimon no lo bajaron a la fuerza de un avión para ponerlo bajo custodia.

Y además, JP Morgan Chase no es la única empresa que haya violado sanciones estadounidenses. Desde 2010, las siguientes grandes instituciones financieras pagaron multas por ese motivo: Banco de Moscú, Banco de Tokio-Mitsubishi, Banco do Brasil, el Banco Nacional de Abu Dhabi, el Banco Nacional de Pakistán, Bank of America, Bank of Guam, Barclays, BNP Paribas, Clearstream Banking, Commerzbank, Compass, Crédit Agricole, Deutsche Bank, HSBC, ING, Intesa Sanpaolo, JP Morgan Chase, PayPal, RBS (ABN Amro), Société Générale, Standard Chartered, Toronto-Dominion Bank, Trans-Pacific National Bank (ahora llamado Beacon Business Bank) y Wells Fargo.

Ninguno de los directores ejecutivos y financieros de estos bancos infractores fue arrestado y puesto bajo custodia por esas infracciones. En todos los casos, se consideró responsable a la empresa, no a un directivo individual. Tampoco se los hizo responsables de las numerosas infracciones cometidas antes o después de la crisis financiera de 2008, por las que, según un cálculo reciente, los bancos pagaron la asombrosa suma de 243 000 millones de dólares en multas.

En vista de este historial, el arresto de Meng constituye un sorprendente desvío respecto de lo habitual. Sí, que los directores ejecutivos y financieros rindan cuentas, pero empecemos por casa, para evitar la hipocresía, la conducta interesada disfrazada de altos principios y el riesgo de incitar un nuevo conflicto global.

Trump apunta a debilitar la economía china

Es bastante evidente que la acción estadounidense contra Meng es en realidad parte de un intento más amplio de la administración Trump de debilitar la economía china, apelando para ello a aranceles, cierre de mercados occidentales a las exportaciones chinas de alta tecnología y a evitar la compra china de empresas tecnológicas estadounidenses y europeas. No sería exagerado decir que es parte de una guerra económica contra China (y muy imprudente, por cierto).

Huawei es una de las empresas tecnológicas más importantes de China, lo que la convierte en uno de los blancos principales del intento de la administración Trump de frenar o detener el avance de China en varios sectores de alta tecnología.

Las motivaciones de Estados Unidos en esta guerra económica son en parte comerciales (proteger y favorecer a empresas estadounidenses rezagadas) y en parte geopolíticas. No tienen nada que ver con la defensa de la legalidad internacional.

La tecnología 5G está al centro de la disputa

Estados Unidos ha puesto a Huawei en la mira sobre todo por el éxito de la empresa en la comercialización mundial de tecnologías 5G de avanzada; afirma que plantea un riesgo de seguridad concreto porque tiene herramientas de espionaje ocultas en su hardware y software. Pero el gobierno estadounidense no ha dado pruebas que sustenten esta afirmación.

En este sentido, es reveladora una reciente diatriba contra Huawei aparecida en el Financial Times. Tras conceder que “en TIC no puede haber pruebas concretas de interferencia, a menos que uno tenga la suerte de encontrar la aguja en el pajar”, el autor se limita a afirmar que “no se puede correr el riesgo de poner la propia seguridad en manos de un potencial adversario”.

Dicho de otro modo, aunque no podemos realmente señalar una conducta inapropiada por parte de Huawei, de todos modos debemos poner a la empresa en la lista negra.

Cuando las normas del comercio internacional obstaculizan las tácticas mafiosas de Trump, entonces según él son las normas las que tienen que cambiar. Es lo que admitió el secretario de Estado Mike Pompeo en Bruselas la semana pasada, cuando declaró: “Nuestra administración está abandonando o renegociando legalmente tratados, acuerdos comerciales y otros esquemas internacionales desactualizados o perjudiciales que no sirven a nuestros intereses soberanos o a los intereses de nuestros aliados”. Pero incluso antes de salir de estos acuerdos, el gobierno de Trump los está destruyendo con acciones imprudentes y unilaterales.

El inédito arresto de Meng es incluso más provocador porque se basa en sanciones extraterritoriales de los Estados Unidos, es decir, en la afirmación de que Estados Unidos puede ordenar a otros países que dejen de comerciar con terceros, como Cuba o Irán. Pero sin duda Estados Unidos no toleraría que China o cualquier otro país les diga a las empresas estadounidenses con quién pueden o no pueden comerciar.

La fiscalización de sanciones referidas a actores no nacionales (por ejemplo, sanciones estadounidenses a una empresa china) no debería quedar en manos de un solo país, sino del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a través de acuerdos alcanzados en su seno.

En ese sentido, la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad exhorta a todos los países a eliminar las sanciones contra Irán, como parte del acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear iraní. Pero ahora Estados Unidos (y sólo Estados Unidos) niega la competencia del Consejo de Seguridad en estos temas. La administración Trump, no Huawei ni China, es la mayor amenaza actual a la legalidad internacional y con ella a la paz mundial.

Traducción: Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 13 de diciembre

Dejar de comer carne no va a salvar el planeta

Frank M. Mitloehner es Profesor de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de California y es considerado uno de los expertos más influyentes en el estudio del impacto medioambiental de la industria ganadera. 

El impacto del cambio climático en nuestro planeta es alarmante. A medida que los efectos nocivos se han intensificado, la carne se ha convertido en un objetivo público. Cada día más gente aboga por comer menos carne para salvar el medio ambiente. Algunos activistas, incluso, proponen poner un impuesto a la carne para reducir su consumo.

Argumentan que la producción genera más gases de efecto invernadero que todo el sector del transporte. Sin embargo, esta afirmación es falsa (como podremos comprobar más adelante), pero la persistencia de este idea lleva a suposiciones inexactas en relación con el consumo de carne y el cambio climático.

Mi investigación se centra en analizar las formas en que la agricultura animal afecta a la calidad del aire y al cambio climático. En mi opinión, existen muchas razones para optar bien por consumir proteínas animales o bien por elegir un menú vegetariano. Sin embargo, renunciar a la carne y sus derivados no es la panacea para el medio ambiente como muchos nos quieren hacer creer y, llevado al extremo, también puede producir consecuencias nutricionales negativas.

Récord en carne y gases de efecto invernadero

Gran parte de la mala reputación de la carne se centra en la afirmación de que la ganadería es la mayor fuente de gases de efecto invernadero del mundo. Por ejemplo, un análisis publicado por el Worldwatch Institute de Washington en el año 2009 aseguraba que el 51% de la emisión de GEI (gases de efecto invernadero) en el mundo procedían de la cría y procesado del ganado.

Pero según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, las principales fuentes de emisión de GEI en E.E.U.U. en 2016 fueron la producción eléctrica (28% del total de emisiones), el transporte (28%) y la industria (22%). La agricultura y la ganadería representaron apenas un 9% de las emisiones, cifra a la que la ganadería contribuye con un irrisorio 3,9%. Los números demuestran que la ganadería no se puede comparar con el transporte en términos de contaminación.

¿Por qué se ha llegado entonces a esa conclusión? En 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó un estudio titulado La larga sombra del ganado: problemas ambientales y opciones. El informe, que atrajo la atención internacional, afirmaba que la ganadería producía un asombroso 18% de los gases de efecto invernadero en todo el planeta. La agencia llegó a una conclusión sorprendente: el ganado hacía más daño al clima que todos los tipos de transporte juntos.

Esta afirmación es falsa y fue desmentida por Henning Steinfeld, el autor principal del informe. El error residía en que los analistas de la FAO llevaron a cabo una evaluación integral del ciclo de vida para estudiar el impacto climático de la crianza del ganado, pero a la hora de analizar el transporte emplearon un método diferente.

Para el ganado, la FAO tuvo en consideración todos los factores asociados a la producción de carne, entre los que se encuentran las emisiones generadas por la elaboración de fertilizantes, la conversión de bosques en pastos, el cultivo de pienso y las emisiones que provienen de los animales (eructos y deposiciones) desde su nacimiento hasta su muerte.

Sin embargo, cuando analizaron las emisiones de carbono producidas por el transporte ignoraron los efectos sobre el clima que provienen de la fabricación de materiales y piezas de los vehículos, el ensamblaje de los mismos y el mantenimiento de carreteras, puentes, aeropuertos y otras infraestructuras. En su lugar, solo tuvieron en cuenta las emisiones de coches, camiones, trenes y aviones. Como resultado, la comparación que hizo la FAO de las emisiones de gases de efecto invernadero entre ganadería y transporte estaba completamente distorsionada.

Durante una conferencia dirigida a científicos en San Francisco el 22 de marzo de 2010, señalé el error presente en el informe, lo que levantó una gran polvareda que produjo un importante seguimiento mediático. En un acto que les honra, la FAO reconoció inmediatamente su error, pero desgraciadamente la afirmación inicial de que la ganadería producía el mayor porcentaje de gases de efecto invernadero ya había recibido una gran cobertura por parte de los medios. Todavía hoy luchamos para demostrar que no es así.

En su informe de evaluación más reciente, la FAO estimó que la ganadería produce un 14,5% de los gases de efecto invernadero de las actividades humanas a escala mundial. No existe una evaluación del ciclo de vida completo del transporte con la que se pueda comparar. Sin embargo, tal y como señala Steinfeld, las emisiones directas del transporte se pueden comparar con las emisiones directas e indirectas del ganado, situándose las primeras en un 14%, frente al 5% de las segundas.

Una producción menos nociva

Mucha gente sigue pensando que dejar de comer carne solo un día a la semana influirá en la lucha contra el cambio climático. Nada más lejos de la realidad. Un estudio reciente demuestra que incluso si todos los estadounidenses eliminasen todas las proteínas animales de sus dietas, las emisiones de gases de efecto invernadero del país solo se verían reducidas en un 2,6%. Según los resultados de nuestra investigación en la Universidad de California en Davis, si toda la población de Estados Unidos se sumara a la práctica del Meatless Monday (Lunes sin carne), se apreciaría una reducción de gases de tan solo el 0,5%.

Además, los cambios tecnológicos, genéticos y de gestión que han tenido lugar en la agricultura y la ganadería de Estados Unidos durante los últimos 70 años han hecho que la producción ganadera sea más eficiente y menos nociva para el medio ambiente. Según la base estadística de la FAO, las emisiones directas de gases de efecto invernadero en EE.UU. han disminuido un 11,3% desde 1961, mientras que la producción de carne procedente de la ganadería se ha multiplicado por más de dos.

La demanda de carne está creciendo en las economías emergentes y en vías de desarrollo, con Oriente Medio, el norte de África y el sudeste asiático a la cabeza. Aun así, el consumo de carne por individuo en estas regiones todavía dista mucho del de los países desarrollados. En 2015, la media de consumo de carne anual per cápita en los países con economías sólidas fue de 92 kilogramos, mientras que en Oriente Medio y en el norte de África fue de 24 kilos, reduciéndose hasta los 18 en el sudeste asiático.

En cualquier caso, dado el crecimiento previsto de la población en el futuro, países como Estados Unidos deberán adoptar prácticas más sostenibles para la cría del ganado.

Foto: The Conversation

El valor de la agricultura animal

Si la agricultura estadounidense prescindiera de los animales se reducirían en un grado muy pequeño las emisiones de gases, pero también sería más difícil alcanzar los objetivos nutricionales básicos. Muchos de los críticos con la ganadería señalan que si los agricultores cultivasen plantas únicamente, podrían producir una mayor cantidad de comida y de calorías por persona. Pero los humanos también necesitamos muchos micro y macronutrientes fundamentales para la salud.

Resulta complicado elaborar un argumento acerca del déficit calórico de Estados Unidos, especialmente si nos atenemos a las tasas de obesidad infantil y en adultos del país. Además, no todas las partes de las plantas son comestibles (o apetecibles). La cría de ganado añade valor económico y nutricional a la agricultura vegetal.

Por ejemplo, el ganado consume plantas cuya energía reside principalmente en la celulosa, que no es digerible para los humanos y muchos otros mamíferos, pero las vacas, las ovejas y otros rumiantes pueden digerirla y liberar la energía que contiene. Según la FAO, cerca del 70% de las tierras agrícolas del mundo son dehesas que solo pueden ser utilizadas como tierras de pastoreo para ganado rumiante.

La proyección del crecimiento poblacional a nivel mundial se sitúa en 9.800 millones de personas para el año 2050. Cómo alimentar a una cantidad tan desorbitada de habitantes supondrá un desafío brutal. Los nutrientes por ración de la carne superan a los de las opciones vegetarianas, y los animales rumiantes crecen gracias a alimentos que no son comestibles para los humanos. La cría de ganado, además, supone unos ingresos económicos necesarios para los pequeños agricultores de países en vías de desarrollo: se estima que la ganadería es el sustento principal de mil millones de personas en todo el mundo.

El cambio climático demanda atención urgente, y la industria ganadera genera una gran cantidad de efectos negativos que afectan al aire, al agua y a la tierra. Este impacto, junto con el vertiginoso crecimiento de la población mundial, nos proporciona razones más que de sobra para continuar trabajando en la búsqueda de una mayor eficiencia en la agricultura animal. Personalmente, considero que el punto de partida debe situarse en hechos amparados por la ciencia.

The Conversation
Opinión | 11 de diciembre

Alcanzar la soberanía energética en el camino hacia la sostenibilidad: el ejemplo europeo

Iñigo Capellán-Pérez es investigador del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid

Aunque la comunidad científica lleva décadas avisando sobre el rumbo que lleva esta civilización, el margen y el tiempo de acción se agota. No son pocos quienes piensan que incluso se podría haber alcanzado una situación irreversible.

El objetivo es recuperar terreno en aspectos básicos como la alimentación, las finanzas, la información o las comunicaciones. En este contexto, la energía, componente vital para el funcionamiento de nuestra sociedad, no es una excepción. Diversas iniciativas ciudadanas han creado en los últimos años cooperativas de energías renovables.

La energía nos provee de bienes y servicios a costa de elevados impactos ambientales

La energía disponible ha sido, y es, un factor decisivo para el desarrollo a lo largo de la historia de la humanidad. Nuestro actual modelo no escapa a este hecho, y se caracteriza por unos ingentes niveles de consumo energético, responsables de grandes impactos ambientales.

De hecho, el sector energético es actualmente uno de los mayores contribuyentes a la degradación de la biosfera. Como consecuencia, mina de forma irresponsable la base de la que depende nuestro modo de vida.

En este contexto de acuciante crisis ambiental, y teniendo en cuenta el agotamiento de recursos no renovables, será necesaria una gran concienciación social para aceptar los cambios que se avecinan. También para una gestión adecuada –sostenible, eficiente e igualitaria- de los recursos renovables, en la que las personas participen de su gestión, como mostró la nobel de Economía Elinor Ostrom. Transformar los modos de generación, uso y gestión energéticos es necesario (aunque no suficiente) para alcanzar una sociedad sostenible.

Cooperativas de energías renovables y transición energética

Las energías renovables, además de reducir la huella ecológica, ofrecen un gran potencial transformador desde un punto de vista social debido a su modularidad y capacidad de generar energía a nivel local, permitiendo el desarrollo de iniciativas democráticas y participativas.

Las cooperativas tratan de explotar este potencial. Para ello generan y comercializan energías renovables de forma colectiva, lo que promueve un modelo descentralizado de energía, en contraposición al sistema centralizado actual.

Desde los años 1970 han surgido en Europa miles de cooperativas de este tipo, en países como Alemania, Holanda y Dinamarca. En España, este modelo es más reciente y aún minoritario: la primera fue Som Energia, en 2010. Algunas cooperativas centradas en la distribución de electricidad -no solo renovable- sí existían desde hace décadas.

Hoy están en fuerte crecimiento en España. Agrupan a unos 60 000 socios cooperativistas y suministran electricidad a unos 100 000 contratos, como analiza un estudio publicado recientemente centrado en estas organizaciones.

Paradójicamente, la crisis económica ha generado dinámicas virtuosas en el contexto energético estatal. Mostró las grandes deficiencias del proceso de liberalización del mercado de la electricidad, todavía dominado por un número pequeño de empresas grandes tradicionales. También, el problema social de la pobreza energética.

Esto, unido a la politización de las cuestiones energéticas a partir del Movimiento 15M, estimuló la movilización de la población con el objetivo de alcanzar la soberanía energética.

Las cooperativas de energías renovables han surgido en España durante un periodo de hostilidad, por parte del Gobierno, a la introducción de más potencia de generación renovable. Por eso han tenido que aplicar métodos innovadores como la financiación de instalaciones por crowdfunding o mediante “acciones energéticas”.

Estas organizaciones también cooperan y comparten procesos de aprendizaje y experiencias, unidas en una plataforma común “Unión Renovables” con el objetivo de reforzar su posición. Han demostrado también la capacidad de desbordar su propio campo y difundir nuevas ideas a nivel social y político, como el municipal.

Todavía tienen una presencia pequeña en el sistema energético español, pero la replicación del modelo constituye una gran baza para la transición energética sostenible y democrática.

El mito de las energías renovables como únicas responsables del déficit 

Hasta 2010, las energías renovables gozaron de un gran apoyo institucional. España se convirtió en un “paraíso” para la inversión en este tipo de tecnologías, pero en los años siguientes el panorama cambió de manera drástica.

La introducción de barreras a la instalación de renovables fue justificada como una respuesta al sobredimensionado de las primas que estas recibían. Dichas primas fueron responsabilizadas del problema del déficit de tarifa, deuda del estado con las empresas eléctricas, que llegó a alcanzar cifras estratosféricas (26 000 millones de euros en 2013). Este déficit es la diferencia entre los ingresos que las empresas perciben por los pagos de los consumidores y los costes que la normativa les reconoce por suministrar electricidad.

Sin embargo, aunque algunas políticas desarrolladas para promover tecnologías de energía renovable mostraron inconvenientes, no es correcto responsabilizar solo a estas nuevas centrales del déficit de tarifa. De hecho, el desajuste comenzó en el año 2001, cuando la contribución de las renovables era insignificante.

Por otro lado, las primas al régimen especial representaban tan solo una parte del coste total del sistema eléctrico (aproximadamente, el 35 % en el año 2012). Además, no hay que olvidar que sus incentivos también incluían primas sustanciales a recursos no renovables (incineración de residuos o cogeneración, este último a principalmente partir de gas natural fósil).

Por otro lado, el propio diseño del mercado hace que un aumento del suministro proveniente de las renovables tienda a reducir el precio de la electricidad, lo que tiende a compensar el coste de las primas.

Dada la falta de transparencia sobre los costes del sistema, las verdaderas causas del déficit de tarifa no podrán ser identificadas hasta que se realice una auditoría pública, que hasta el momento ha sido rechazada en el Congreso.

El análisis pormenorizado muestra que el relato de que el déficit del sistema fue causado por las subvenciones a las nuevas renovables fue una interpretación interesada, promovida por las empresas tradicionales del sector eléctrico.

Estas empresas, tradicionalmente beneficiadas por la opacidad del sistema energético, habían además invertido poco en renovables y mucho en centrales de gas natural fósil en la década de los 2000, que funcionaban bajo mínimos por la crisis.

Este episodio demuestra que aún son necesarios profundos avances en la transparencia y regulación del mercado energético en España. Solo así podremos avanzar hacia un sistema energético sostenible y democrático.

Iñigo Capellán-Pérez es Investigador del Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas, Universidad de Valladolid

@The Conversation

The Conversation
Opinión | 10 de diciembre

Foto: Sergio LIMA / AFP

La amenaza a la democracia no es la economía sino la política

Andrés Velasco, ex Ministro de Hacienda de Chile durante el gobierno de Michelle Bachelet, es Decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics and Political Science. 

El reciente giro hacia el autoritarismo en países como Brasil, Gran Bretaña y EE.UU. no es una respuesta a la desigualdades económicas, sino más bien un reflejo del fracaso de la política a la hora de abordar las quejas de la ciudadanía.

El nuevo populismo se suele achacar a una generación o más de salarios medios estancados. En países como Estados Unidos y el Reino Unido, la distribución de ingresos ha empeorado, y el 1% más rico cosecha la gran parte de los beneficios del crecimiento económico.  

La crisis financiera global de 2008 no solo causó mucho dolor, sino que también reforzó la convicción de que Wall Street es enemigo del ciudadano común y corriente. No es sorprendente entonces que la política se haya vuelto tan conflictiva.

Si esta historia resultara correcta, la conclusión en cuanto a políticas sería simple: echar a los políticos que se vendieron a la banca, subir impuestos a los ricos y redistribuir los ingresos de manera más vigorosa. Con esto, el populismo desaparecería más temprano que tarde.

La hipótesis de la inseguridad económica

Pero por muy políticamente atractiva que sea esta versión, no es una buena descripción de la realidad. No se ajusta a los hechos en los mercados emergentes, y es posible que ni siquiera se aplique a Estados Unidos y al Reino Unido.

Poco después de la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos, el experto en estadística Nate Silver señaló que Hillary Clinton obtuvo mejores resultados que Barack Obama en 2012 en 48 de los 50 condados con mayor nivel educacional del país. Y Clinton perdió terreno en relación a Obama –un promedio de 11 puntos porcentuales– en 47 de los 50 condados con la escolaridad más baja. “La Educación, No El Ingreso, Predijo Quién Votaría Por Trump”, fue la conclusión.

Desde entonces, se han realizado cientos de regresiones que intentan aclarar qué tipos de personas votaron por Trump o por el Brexit. El título de un importante estudio reciente resume el debate: “La amenaza al estatus, en lugar de las dificultades económicas, explica la votación en la elección presidencial de 2016”. He aquí el título de otro estudio: “Cambio de votación en la elección de 2016: cómo las actitudes raciales y hacia la inmigración, no la economía, explican los cambios en la votación de los blancos”.

La explicación cultural

Y ¿qué pasa en el Reino Unido? Una investigación realizada en la London School of Economics, que examina a 380 autoridades locales, concluye que si bien el nivel educacional y la demografía son predictores confiables de quiénes votaron en junio de 2016 por abandonar la Unión Europea, la exposición al comercio y la profundidad de los recortes presupuestarios no lo son.

Es decir, la hipótesis de la “reacción cultural” parece más convincente que la de la “inseguridad económica”. Y esta conclusión no se limita a Estados Unidos y al Reino Unido. Pippa Norris y Ronald Inglehart, quienes han analizado el desempeño de los partidos políticos en 31 países europeos, concluyen: “En general, encontramos que los indicios más coherentes respaldan la tesis de la reacción cultural”.

Ahora bien, no se necesita la sofisticación de la econometría para notar que más allá de los cómodos confines de América del Norte y Europa Occidental, el populismo de derecha está afectando precisamente a los países cuyo desempeño económico es fuerte –y esto es justo lo opuesto de lo que predeciría la hipótesis de la “inseguridad económica”–. La economía de Turquía ha crecido a una tasa anual del 6,9% desde 2010, y la de Filipinas lo ha hecho al 6,4% en el mismo período. Allí no hay estancamiento económico.

Polonia y Hungría son economías más ricas, de modo que en esos países se esperarían tasas de crecimiento más bajas; así y todo, desde 2010 su PIB anual se ha elevado a aceptables tasas promedio de 3,3% y 2,1%, respectivamente. O, consideremos a la vecina República Checa, donde el desempleo apenas alcanza el 2,3% ­–el nivel más bajo de la Unión Europea– y cuya economía creció el 4,3% en 2017.

El país tiene pocos inmigrantes y no ha sufrido crisis alguna de refugiados. Sin embargo, los partidos populistas obtuvieron el voto de cuatro de cada diez electores en las últimas elecciones generales, un incremento de diez veces en apenas dos décadas.

Más allá de los datos sobre el crecimiento económico, no se puede negar que en estos países la mayor parte de la ciudadanía vive mucho mejor que la generación anterior. En 1995, el salario anual promedio en Polonia era de US$15.800, y hoy es de US$27.000. El aumento en Hungría es similar.

El caso de Brasil es diferente: el país pasó por una enorme recesión en 2025 y 2016, durante el segundo mandato de la presidenta Dilma Rousseff. Sin embargo, anteriormente tuvo políticas fuertemente redistributivas, iniciadas por el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso y continuadas por Luiz Inácio Lula da Silva. De acuerdo al diario The New York Times, Lula benefició a “decenas de millones de brasileños” con “los programas sociales de su administración”. Hace una década, Obama se refirió a él como “el político más popular de la Tierra”.

La conclusión parece inevitable: lo que da origen a los populistas no son los problemas sino los logros económicos.

Hay un último hecho espinudo que considerar: si la causa estuviera en un aumento de las demandas de redistribución, entonces estaríamos presenciando un incremento en el populismo de izquierda, no de derecha. En efecto, Andrés Manuel López Obrador acaba de lograr una rotunda victoria en México, Syriza todavía gobierna en Grecia, Podemos ha adquirido peso en España, y Nicolás Maduro continúa haciéndole la guerra a su propio pueblo en Venezuela.

Pero lo extraordinario es el éxito de populistas de derecha, desde Trump en Estados Unidos hasta Viktor Orbán in Hungría, desde Matteo Salvini en Italia hasta Jair Bolsonaro en Brasil, y desde Jarosław Kaczyński en Polonia hasta Rodrigo Duterte en Filipinas. Y a pesar de que sus políticas probablemente no mejoren sino que empeoren la distribución de ingresos, estos políticos siguen recibiendo aplausos de parte de los votantes.

El fracaso de la política

No se trata de negar la intensidad de las quejas económicas, ya sea en el norte de Inglaterra, el oeste medio de Estados Unidos, el este de Turquía, o las favelas de Brasil. El punto es que la política dicta la forma en que procesamos la experiencia del éxito o del fracaso económico. Un giro hacia el populismo y el autoritarismo sugiere que la política ha fracasado a la hora de abordar dichas quejas.

Más aún, centrarse exclusivamente en la economía puede conducir a la complacencia: bastaría con sentarse a esperar que la economía se recupere. E intentar combatir el populismo y el iliberalismo alrededor del mundo a través de una mera manipulación de la distribución de ingresos podría constituir solo un nuevo ejemplo de la arrogancia tecnocrática. Estas son tentaciones peligrosas que se debe evitar.

Las elites políticas tradicionales parecen estar cada vez más desconectadas. Su arrogancia –recordemos que Clinton llamó a los partidarios de Trump “un conjunto de deplorables”– no ha ayudado.

Tal vez los votantes detestan el establishment político porque es corrupto (como en Brasil y México), o porque llegó al poder a través de un financiamiento turbio de las campañas (como en Estados Unidos), o porque lleva demasiado tiempo en el poder (como los socialdemócratas en gran parte de Europa y el Partido Popular en España). Los detalles varían, pero el mensaje está claro: los múltiples errores de las elites políticas tradicionales las convierten en el sustento ideal para los populistas antiestablishment.

Por lo tanto, aunque necesitamos cambios económicos, necesitamos cambios políticos aún más. De otro modo, seguirá aumentando el número de votantes que se inclinan por los populistas.

Traducción de Ana María Velasco

Andrés Velasco, excandidato a la presidencia y ex Ministro de Hacienda de Chile, es Decano de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics and Political Science.

© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 7 de diciembre

Julian King: “Cómo garantizar que la revolución digital nos beneficie a todos”

King es el comisionado de la Unión Europea para la Unión de Seguridad, un portafolio que coordina la lucha contra el terrorismo yihadista y la radicalización, el cibercrimen y las fake news

El mundo se está precipitando hacia un futuro digital más descentralizado, caracterizado por vínculos sin precedentes entre personas, datos y objetos. Para aprovechar los beneficios de la innovación, sin crear vulnerabilidades masivas, debemos anticiparnos y abordar las amenazas ahora.

Necesitamos una estrategia que equilibre la necesidad de aprovechar la innovación tecnológica para proteger nuestro futuro económico y la necesidad de evitar crear una enorme vulnerabilidad para la seguridad en el proceso.

La persona que realizó una gran inversión en canales fluviales justo antes de que empezara a funcionar el ferrocarril es digna de compasión. Se puede entender, por ejemplo, que el gestor del Canal de Bridgewater (posiblemente el primer canal de Inglaterra) se opusiese con vehemencia a los planes de la línea ferroviaria Liverpool-Manchester.

Pero el avance de la tecnología no pudo detenerse, como tampoco los nuevos retos que esta planteó. Lo mismo puede decirse hoy de las innovaciones digitales. Cuando finalmente se inauguró la línea ferroviaria Liverpool-Manchester, en 1830, resultó ser un éxito revolucionario que puso en marcha la era del vapor y cambió el mundo en modos totalmente imprevisibles.

Estamos viviendo una revolución de conectividad

Al tiempo que nos adentrábamos en la era del ferrocarril, con la propagación de ramificaciones de vías férreas por todo el mundo en vías de industrialización, se alcanzaba un nuevo nivel de conectividad que los delincuentes no tardaron en aprovechar. En efecto, finalmente hubo que crear una nueva fuerza policial para seguir el ritmo de los tiempos.

Ahora que el mundo está a las puertas de otra revolución de conectividad, sobre todo en términos de infraestructuras que cambiarán radicalmente la manera en que nos conectamos los unos con los otros, no deberíamos pasar por alto las enseñanzas que nos dejó esta experiencia. Y a diferencia de la llegada del ferrocarril, esta revolución no solo afectará al transporte.

Olvidémonos de la Internet de las Cosas. De lo que se está hablando aquí es de la Internet de Todo: un futuro digital más descentralizado, que conecte a las personas, los datos y las cosas como nunca antes.

En términos de seguridad, tenemos que evitar a toda costa quedarnos sentados, por así decirlo, en una barcaza de carga que avanza lentamente por el canal, mientras vemos pasar, a toda velocidad, el tren de las 8.15 con destino a Manchester.

Los desafíos de la revolución

Tenemos que examinar con lupa las vulnerabilidades estratégicas que estas tecnologías traerán consigo y anticipar la manera en que agentes malintencionados podrían tratar de explotar las nuevas infraestructuras digitales en beneficio propio o de utilizarlas como si fuesen armas.

Algunos retos están ya a la vista, como el uso indebido de las redes sociales para difundir desinformación, incluso con herramientas de vanguardia, como los vídeos falsificados de gran calidad y la inteligencia artificial.

Pero, sobre todo, hablamos también de las propias infraestructuras. El despliegue de la quinta generación de la tecnología de las comunicaciones móviles, 5G, plantea un reto particular, puesto que será la espina dorsal de la conectividad global. Esto suscita dudas estratégicas y de seguridad sobre cuestiones como la seguridad y la procedencia de la cadena de suministro.

¿Cómo podemos tener la certidumbre de que los componentes utilizados en las futuras generaciones de la tecnología europea, y no solo la 5G, vayan a ser seguros? La seguridad de la cadena de suministro digital ya dista mucho de ser estanca (véanse, por ejemplo, los recientes informes de empresas que han encontrado misteriosos chips en las placas madre de sus servidores, añadidos, aparentemente, en el momento de su fabricación).

El Gobierno británico ha advertido a las empresas de telecomunicaciones que elijan con mucho cuidado a sus proveedores, mientras que Estados Unidos ha estado contemplando la posibilidad de limitar algunos tipos de inversiones extranjeras directas en tecnologías clave, como las de los semiconductores y la robótica.

La Internet de la confianza

Para asegurar la cadena de suministro de las infraestructuras digitales, necesitamos una mayor transparencia por lo que respecta a la procedencia de los componentes tecnológicos. Mantener una gran diversidad de proveedores es también de crucial importancia.

Además, son necesarias normas y reglas comunes para establecer la fiabilidad de los socios internacionales. Esta es la base de una reciente propuesta que el presidente francés, Emmanuel Macron, presentó en el llamamiento de París a favor de la confianza y la seguridad en el ciberespacio.

Internet, según Macron, se ha convertido en una zona de conflicto en la que agentes malintencionados aprovechan las vulnerabilidades de los productos y servicios digitales. Él propone que Europa cree una Internet de la Confianza, basada en la legalidad y la cooperación. Y yo estoy de acuerdo. Los europeos deben poder seguir disfrutando de su vida en línea con la seguridad de que sus derechos y valores fundamentales, como la libertad de expresión, están protegidos.

La necesidad de acción es urgente, ya que el tren de la tecnología avanza ya por la vía. Por tanto, tenemos que pensar en términos de reducción de los riesgos y asegurarnos al mismo tiempo de que estamos sentando las bases para evitar que en el futuro se repita la situación en la que nos encontramos en la actualidad.

Es cierto que para hacer frente a este enorme desafío tenemos que evitar respuestas miopes, como el proteccionismo y otras medidas que frenan la innovación. Afrontarlo significa medir la escala y el alcance del riesgo, y tomar una decisión verdaderamente estratégica. Para Europa esto significa no solo proteger las cadenas de suministro, sino perseguir inversiones coordinadas a gran escala en nuestras industrias tecnológicas. La Comisión Europea ocupa una posición excepcional para impulsar esta labor intersectorial.

Porque no es demasiado tarde para que Europa proteja su futuro digital. Incluso el propietario del Canal de Bridgewater advirtió finalmente que los tiempos estaban cambiando y realizó grandes inversiones en su rival, la compañía de ferrocarril.

Julian King, ex embajador británico ante Irlanda y Francia, es el comisionado de la UE para la Unión de Seguridad.

© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 6 de diciembre

Bernard-Henri Lévy: “Los chalecos amarillos ganaron el primer round. Ahora, ¡a mostrar responsabilidad!”

El filósofo francés e influyente pensador dice que si el movimiento  permite que el odio apasionado se imponga a la fraternidad genuina y eligen el sabotaje por sobre la reforma, sólo generarán caos, no mejoras, en la vida de la gente humilde y vulnerable.

Desde el momento en que el gobierno francés canceló su planeado aumento del impuesto a los combustibles en respuesta a las protestas masivas, resultó evidente que la medida sería percibida como inadecuada, insignificante y, por sobre todas las cosas, incapaz de tener algún efecto tranquilizador. Honor a quien honor merece: los Chalecos Amarillos dicen ser una expresión del pueblo soberano. Pero ahora tienen una gran responsabilidad.

Por empezar, deben anunciar una suspensión de las manifestaciones y bloqueos durante un período lo suficientemente largo como para aceptar el diálogo propuesto por el primer ministro Édouard Philippe, si no más.

En particular, deberían renunciar al tan promovido “Acto IV” del movimiento el 8 de diciembre, que está fermentando en Facebook desde la noche del sábado y que, según todos esperan, será más violento, destructivo y trágico que los capítulos anteriores. Ha habido suficientes muertes, heridas y daño (incluidos algunos de los monumentos más famosos de París).

Si los Chalecos Amarillos deciden que la máquina que han activado los ha superado, y que ya no pueden frenar el Acto IV, deben prepararse durante las protestas para ayudar a la policía a expulsar a los “camisas pardas” violentos que estarán circulando entre ellos.

Atento a los que no quieren diálogo

Porque los saboteadores de la extrema derecha y de la extrema izquierda sin duda reaparecerán para saquear, aterrorizar y profanar; está en los Chalecos Amarillos decir una vez más, esta vez como si realmente estuvieran convencidos: no en nuestro nombre. Si los Chalecos Amarillos declaran una suspensión o siguen protestando, nada beneficiaría más a su causa que disociarse –decisivamente y sin ambigüedades- de todos los especuladores políticos que sacarían provecho de su miseria.

El elenco de oportunistas es muy conocido. Por un lado está Jean-Luc Mélenchon que, habiendo terminado cuarto en las elecciones presidenciales de 2017 superado por Emmanuel Macron, busca desesperadamente nuevos seguidores.

Luego está François Ruffin, el líder el movimiento anti-austeridad Nuit Debout (Despiertos toda la noche), con sus reclamos antirrepublicanos irresponsables de “¡Macron, renuncie!” Y también está Marine Le Pen, que oscila cómicamente entre enorgullecerse o arrepentirse de su llamado a ocupar los Campos Elíseos el sábado pasado, volviéndose así responsable de lo peor de lo que allí se dijo y se hizo.

Y finalmente están los intelectuales que, como Luc Ferry y Emmanuel Todd, sugieren que tal vez no fue “por casualidad” que a los saboteadores les resultara tan fácil acercarse, asaltar y saquear el Arco de Triunfo. Esa retórica tiende la peor de todas las trampas para un movimiento popular: la trampa del pensamiento conspirativo.

El dilema de los líderes de la protesta

En otras palabras, los Chalecos Amarillos están en una encrucijada. O son lo suficientemente valientes como para parar y tomarse el tiempo necesario para organizarse, siguiendo un camino no muy diferente del propio La République en Marche! de Macron que, en retrospectiva, podría parecer el mellizo que nació antes que los Chalecos Amarillos.

El movimiento de Macron también tenía un ala derecha y un ala izquierda. Y sabía que era un nuevo espacio político, involucrado en un diálogo o inclusive en una confrontación que conduciría a una consideración honesta de la pobreza y el alto costo de vida. Si los Chalecos Amarillos construyen un movimiento que crezca a la altura del de Macron, pueden terminar escribiendo una página en la historia de Francia.

O pueden terminar careciendo de esa valentía y conformándose con el placer insignificante de ser vistos por televisión. Se dejarán conquistar hasta intoxicarse con el espectáculo de las luminarias y los expertos de la France d’en haut (la elite francesa) que parecen comer de su mano y aferrarse a cada una de sus palabras.

Pero si los Chalecos Amarillos permiten que el odio apasionado se imponga a la fraternidad genuina y eligen el sabotaje por sobre la reforma, sólo generarán caos, no mejoras, en la vida de la gente humilde y vulnerable. Se internarán a toda velocidad en el lado más oscuro de la noche política y terminarán en el basurero de la historia, donde podrán codearse con esos otros amarillos, los “Socialistas Amarillos” de comienzos del siglo XX del sindicalista proto-fascista Pierre Biétry.

Los Chalecos Amarillos deben elegir: reinvención democrática o una versión actualizada de las ligas nacional socialistas; voluntad de reparar o afán por destruir. La decisión dependerá de la esencia histórica del movimiento –si sus reflejos son buenos o malos y si, en el análisis final, posee coraje político y moral.

De manera que la pelota está en el terreno de los Chalecos Amarillos. Tienen iniciativa, tanta como Macron. ¿Dirán “Sí, creemos en la democracia republicana?” ¿Y lo dirán en voz alta y clara, sin equívocos? ¿O se ubicarán en la tradición del nihilismo paranoico y contaminarán sus filas con los vándalos políticos que Francia todavía produce en abundancia?

Bernard-Henri Lévy es uno de los fundadores del movimiento “Nuevos filósofos”. Sus libros incluyen Left in Dark Times: A Stand Against the New Barbarism, American Vertigo: Traveling America in the Footsteps of Tocqueville, y más recientemente, The Genius of Judaism.

© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 5 de diciembre

AMLO, Bolsonaro, Trump y el futuro de la democracia en las Américas

El estreno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente de México pronto será seguido por la del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, y por la culminación de dos años completos de mandato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Aunque cada uno es un evento único, todos comparten algunas características esenciales. Lo más importante, cada uno representa un resultado político que podría haberse evitado.

Desde la caída del Muro de Berlín, la democracia representativa parecía estar rodando en gran parte del mundo. Los gobiernos democráticos reemplazaron a las dictaduras en América Latina, África y partes de Asia, y fueron apoyados por un frente unido de democracias más antiguas en el Atlántico Norte. Pero todo esto comenzó a cambiar en los últimos años.

Desde Hungría y Polonia hasta Italia e incluso Alemania, las fuerzas políticas emergentes están desafiando la gobernabilidad democrática. Aunque el resurgimiento del actual nacionalismo populista puede desvanecerse, por ahora debe verse como una amenaza grave. Gran parte de esto era previsible, y podría haberse evitado si aquellos que deberían haberlo sabido no hubieran permanecido pasivos.

Democracia de extremos

En ninguna parte es esto más cierto que en Estados Unidos, México y Brasil. Aunque AMLO proviene de la izquierda y Bolsonaro y Trump de la derecha, los tres son indiferentes, aunque no desdeñosos, a los procesos democráticos. Trump, por ejemplo, ya ha socavado las normas de gobierno democrático en EE. UU. Si no lo ha hecho a través de una política sustantiva, ciertamente lo ha hecho con su retórica.

A través de la imposición de cargos escandalosos de un fraude electoral inexistente, alentando abiertamente a sus compañeros republicanos a participar en la supresión de votantes e invitando a potencias extranjeras a lanzar ataques cibernéticos contra sus oponentes, Trump ha socavado la credibilidad de las elecciones estadounidenses. Sus intentos de debilitar las políticas de asilo, junto con su imposición de una prohibición de viajar por motivos religiosos, representan un rechazo de los valores estadounidenses fundamentales. Su politización del poder judicial y los ataques a la prensa están claramente impulsados por el deseo de eliminar todos los controles de su poder.

El caso mexicano

Por su parte, AMLO ha pasado su período de transición introduciendo consultas populares para revertir decisiones importantes como la construcción de un nuevo aeropuerto fuera de la Ciudad de México. Al celebrar ese referéndum, él y su partido se saltaron las instituciones oficiales que supervisan las elecciones mexicanas, no solo seleccionando los sitios de votación en sí mismos, sino también contando los votos. Cuando se anunció que la iniciativa había sido aprobada, nadie se sorprendió, y el peso mexicano se desplomó frente al dólar.

Más recientemente, los legisladores del partido de AMLO impusieron una medida a través del Congreso que militariza la única fuerza policial nacional civil de México. Mientras que AMLO había prometido previamente una nueva estrategia en la guerra contra las drogas, ahora ha doblado la apuesta de su antecesor. Los militares permanecerán en las calles, pero sus uniformes serán de un color diferente. Lo más amenazador de todo es que AMLO ha recurrido a una estrategia similar a la usada por Hugo Chávez para instalar proconsules seleccionados en cada uno de los 32 estados de México. Estos datos leales dejarán de lado efectivamente al gobernador debidamente electo de cada estado.

Lo que se vienen en Brasil

Bolsonaro, por su parte, ha anunciado que la policía brasileña tendrá “carta blanca” para matar criminales. Su objetivo es militarizar la aplicación de la ley en todo el país y hacer que las armas estén ampliamente disponibles para el público. Al igual que Trump, Bolsonaro prácticamente ha declarado la guerra a varios medios de comunicación, especialmente a Folha de S.Paulo, el periódico de mayor circulación en Brasil.

También como Trump, Bolsonaro ha desencadenado una letanía de comentarios racistas, sexistas, homofóbicos y nativistas que no deben ser descartados como simples fanfarronadas. Hay muchas razones para creer que al menos algunas de sus declaraciones se traducirán en políticas una vez que esté en el poder. Con cinco ex generales en el gabinete de Bolsonaro, el gobierno de Brasil tendrá más oficiales de alto rango que en ningún otro momento desde el final de la dictadura militar en 1985.

Aunque el ministro de justicia de Bolsonaro, Sérgio Moro, es un juez muy admirado que dirigió la campaña anticorrupción Lava Jato, él en solitario no puede equilibrar este nivel de militarización. Y, además, su credibilidad ha sido cuestionada por su papel en impedir que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva se postule en las elecciones que Bolsonaro acaba de ganar.

¿Podría haberse evitado todo esto? En el caso de los EE. UU., recuerde que en el verano de 2016 los republicanos de “Nunca por Trump” pidieron un cambio de regla que hubiera permitido a los delegados en la Convención Nacional Republicana votar con su “conciencia” en lugar de hacerlo de acuerdo con los resultados preliminares del estado. Pero el comité de reglas del partido rechazó la propuesta por temor a enojar a la base republicana.

En cuanto a Brasil, muchos habían advertido antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 7 de octubre que solo Lula podría derrotar a Bolsonaro en una segunda vuelta. Pero a principios de septiembre, el tribunal electoral de Brasil dictaminó que la condena anterior de Lula por cargos (dudosos) de corrupción lo descalificó para postularse. A pesar del hecho de que la corte le había dado a Bolsonaro un camino claro hacia la victoria, los demócratas de Brasil permanecieron en silencio, en lugar de unirse a Lula.

Finalmente, en México, fue obvio que AMLO ganaría de forma aplastante y obtendría una amplia mayoría en el Congreso si los otros partidos no se unían. Eso habría requerido que el contendiente en tercer lugar, José Antonio Meade, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), abandonase y respaldase al candidato en segundo lugar, Ricardo Anaya, del Partido Acción Nacional. Pero ni el PRI ni la comunidad empresarial ni los intelectuales de México pudieron acordar proceder en consecuencia.

La amenaza del autoritarismo

Como resultado, EE. UU., Brasil y México enfrentan el mismo problema. Y los demócratas en los tres países no lo resolverán a menos que se unan en defensa de la democracia, incluso si no están de acuerdo en cuestiones políticas básicas. Eso significa enfrentarse a la deriva autoritaria a través de cualquier medio democrático disponible.

Ceder a los nombramientos judiciales, a los principales proyectos de obras públicas y a las propuestas para “armar a la gente” no es una estrategia ganadora. Aquellos que aún creen en la democracia deben llevar su caso a todas partes: a los votantes del país, así como a los amigos y aliados en el extranjero. En estos tiempos infelices, los demócratas se hundirán o nadarán juntos.

Jorge G. Castañeda, ex ministro de Relaciones Exteriores de México (2000-2003), es profesor de política y estudios latinoamericanos y caribeños en la Universidad de Nueva York.
© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 4 de diciembre

Un experimento con bots muestra cómo se propagan las fake news

En esta era de conexiones digitales globales instantáneas, la encarnación actual de noticias falsas se ha convertido en un flagelo que es explotado para obtener rédito político o personal. Y los medios sociales, diseñados para alentar a los usuarios a contribuir y compartir contenidos, se han convertido en los grandes facilitadores de la propagación de fake news.

Según el resultado de una investigación publicada la semana pasada en la influyente revista científica PLOS ONE, se necesita nada más que una pequeña cantidad de noticias falsas para convulsionar cualquier debate o discusión sobre un tema dado. Pero existe una manera para desalentar esas fake news que se propagan y hasta para eliminarlas por completo.

La investigación es experimental, basada en modelos y simulaciones, pero muestra al menos que es posible contrarrestar la proliferación de la información errónea.

El aumento de fake news

La proliferación de información falsa y dañina es algo que ha acosado a las sociedades durante siglos.

Desde países que se inmiscuyen en la política de las democracias y partidos políticos que intentan manipular a la opinión pública a una industria de las noticias falsas centrada en las ganancias, todos han explotado esta propagación por algún provecho, sembrando la confusión y la discordia en las poblaciones víctima que toman como blanco.

El juego de simulación

Hicimos algunos experimentos con el objetivo de comprender los mecanismos más esenciales que determinan la conducta de las fake news in la población.

Específicamente nos interesaban dos cuestiones:

Cuál es el impacto que pueden tener las fake news en la formación de consenso dentro de una población. El impacto del costo de distribución de las fake news en su capacidad para infectar a un grupo poblacional

En el mundo real, los costos pueden ser externos, como las multas, las sanciones, las exclusiones, los gastos para crear y distribuir noticias falsas. O pueden ser internos, como los sentimientos de pérdida o incomodidad debidos a ser ridiculizado o avergonzado.

La herramienta que utilizamos fue una simulación evolutiva, en la que simples robots de software dentro de una población interactúan, jugando el conocido juego Prisoner’s Dilemma. Básicamente, en este juego hay un prisionero que traiciona a otro y gana mucho, mientras que el traicionado pierde fuerte, en tanto que ambos ganan modestamente si cooperan y sufren de igual forma si se traicionan mutuamente.

A diferencia de trabajos previos en este campo, creamos un poco ladinos a estos robots, agregándoles un código que les permitía engañarse entre sí. La víctima de este engaño se confunde con la intención del otro jugador, o está convencida de que el opositor es un “buen tipo” dispuesto a colaborar sin egoísmos.

Nuestro código se basó en nuestros trabajos sobre modelado teórico informativo de los engaños, que permite que los engaños conocidos sean esquematizados bajo la forma de modelos de teoría de juego. Cada uno de los que engañaban en la simulación incurría en un costo cada vez que hacían trampa, que era luego restado del premio que ganaban en el juego Prisoner’s Dilemma.

¿Cuántas fake news se necesitan para afectar el consenso?

Descubrimos que aún un pequeño porcentaje de jugadores tramposos dentro de un grupo poblacional -menos de un 1% en nuestra simulación- era capaz de alterar las conductas de cooperación en la población simulada.

En el caso extremo de los engaños libres de costo -en donde los creadores de fake news no tienen obstáculos- las conductas de cooperación desaparecieron por completo. Sólo cuando el costo de los engaños era mayor que cero sobrevivía la cooperación. Cuando los costos eran muy altos, la cooperación prosperaba de hecho.

Vimos también que en todas las simulaciones, la capacidad de engañar a los jugadores para sobrevivir dependía mucho del costo de los engaños. Si el costo era lo suficientemente alto, los tramposos no podían sobrevivir dentro del grupo.

Si aplicamos esto a la proliferación de las fake news, los costos muy elevados van a conducir a su extinción.

Del experimento al mundo real

¿Qué nos dicen estos resultados experimentales sobre el mundo real de la distribución de fake news entre los medios sociales y la prensa?

El primer resultado, y el discutiblemente más importante, es que se necesitan pocas fake news para crear un caos en una población, y evitar que se cree un consenso, algo esencial para los debates públicos. Si las víctimas están confundidas o creen en falsedades es irrelevante. Lo que se ve afectada es su capacidad para llegar a un consenso.

Nuestros modelos se centraron en pequeños grupos de “influencers” que debaten activamente distintos temas. Allí donde los influencers no se pueden poner de acuerdo, los seguidores a su vez no pueden alinearse detrás de un consenso. Esta es una de las razones por las que las fake news son tan destructivas para las sociedades democráticas.

El segundo resultado de mayor interés es aquel de adosar un costo elevado a la producción, pero, en especial, la distribución de las fake news sería la herramienta más eficaz con la que contamos para derrotar su propagación. Una elevada inversión de parte de la sociedad en lo que tiene que ver con aumentar estos costos bien vale la pena porque los efectos de las fake news son sumamente perturbadores.

Rompiendo la cadena

Hace más de una década, la investigación sobre la guerra de la información descubrió que el delivery de apoderados era un importante multiplicador en la distribución de propaganda tóxica.

Por ejemplo, los medios de prensa que distribuían filmaciones e imágenes violentas producidas por terroristas actuaban como agentes de los terroristas que fabricaban la propaganda, lo supieran o no.

Los usuarios de medios sociales que comparten fake news actúan de igual modo como agentes de los fabricantes de fake news. Esos usuarios son vistos por lo general como víctimas de las fake news -que lo son por lo general-, pero toda vez que comparten fake news se vuelven participantes del engaño del productor de esas fake news.

El hecho de asignar un costo a la distribución de las fake news en los medios sociales no es directo. La exhibición informal de afiches generales de fake news es una opción, lo que concuerda con la psicología evolutiva de la detección del tramposo.

Organizaciones de medios sociales como Facebook dicen estar tratando de ser más proactivos en la detección de fake news y noticias falsas ya sea a través de tecnología de aprendizaje con maquinas o detectores de hechos de terceros y dicen haber registrado algunos éxitos recientes.

Pero ambas ideas chocan con el problema más complejo de determinar exactamente qué es, o no es, una fake news. Muchas veces se define como fake news a hechos desagradables.

La objetividad y confiabilidad de los detectores de hechos pueden variar mucho -las verdades en tierra firme se ven oscurecidas muchas veces por prejuicios y limitaciones en la comprensión-.

En este momento, contrariamente a las afirmaciones de los proveedores de medios sociales, la AI no está ocupada en encontrar y desterrar a las fake news, lo que pone la responsabilidad en nosotros los humanos de nuevo.

Todos podemos ayudar simplemente pensando un poco antes de “poner un like”, compartir o escribir un doble tweet en alguna información en los medios sociales. Hagamos tal vez algunas búsquedas para ver si la información se conoce y es tomada como cierta o falsa.

El control de insecticidas es una práctica establecida en los ecosistemas biológicos, y es algo claramente atrasado para el ecosistema informativo.

Por Carlo Kopp y Kevin Korb son acádemicos de la Universidad de Monash

The Conversation ©
Traducción: Silvia S. Simonetti

The Conversation
Opinión | 3 de diciembre

Foto: AFP

Luchar contra el calentamiento global, la desigualdad y la crisis migratoria es caro

La cooperación internacional necesita fondos. El mundo de hoy debe combatir el cambio climático y enfrentar una serie de otras amenazas a la paz y la estabilidad internacionales. Sin embargo, debido a que los impuestos y el gasto se llevan a cabo de manera abrumadora a nivel nacional y local, las necesidades que deben abordarse a nivel global y regional se están volviendo cada vez más insatisfechas.

La provisión actual de bienes y servicios públicos es peligrosamente inadecuada. El sistema de las Naciones Unidas, la Unión Europea y otros organismos multilaterales están bajo fuerte presión, porque sus presupuestos no están a la altura de sus responsabilidades.

Aunque unos pocos ideólogos del libre mercado todavía sostengan que hay que dejar que corporaciones motivadas por el lucro dirijan el mundo sin intervención estatal, la experiencia demuestra lo contrario. El Estado es esencial para la provisión de acceso universal a servicios vitales como la salud y la educación; infraestructuras (por ejemplo, autopistas, ferrocarriles y redes de distribución eléctrica); y financiación para la investigación científica y las primeras etapas del desarrollo tecnológico. También es necesario para cobrar impuestos a los ricos y transferir ingresos a los pobres. De lo contrario, nuestras sociedades se volverán peligrosamente desiguales, injustas e inestables (como está pasando hoy en Estados Unidos).

En los países exitosos de altos ingresos, el Estado cobra al menos el 25% del producto nacional en impuestos para desempeñar estas funciones. En las economías más exitosas del mundo, entre las que se destacan las socialdemocracias del norte de Europa, el Estado recauda en impuestos alrededor del 50% del producto nacional. Estos ingresos se usan para tres funciones vitales: provisión de servicios públicos, inversiones públicas y transferencias de los ricos a los pobres.

Hoy es urgente extender estas tres funciones públicas al nivel supranacional. Grupos de países vecinos (por ejemplo la UE y la Unión Africana) necesitan servicios públicos, inversiones públicas y transferencias a través de las fronteras nacionales, a menudo con la participación de decenas de países en simultáneo. Los organismos regionales necesitan presupuestos regionales adecuados para desempeñar sus funciones vitales. La ONU en su conjunto también necesita un presupuesto adecuado que le permita financiar iniciativas globales para combatir el cambio climático, proteger los océanos, erradicar la pobreza extrema, resistir la proliferación nuclear y detener conflictos locales a través del Consejo de Seguridad de la ONU antes de que se conviertan en desastres globales.

La UE, la UA y otras agrupaciones regionales deberían estar tendiendo redes regionales de distribución eléctrica basadas no en combustibles fósiles sino en fuentes de energía renovables (por ejemplo, eólica, solar e hídrica). También deberían estar transfiriendo fondos desde las regiones más ricas hasta las más pobres, para eliminar bolsones de pobreza persistente. Y deberían estar protegiendo a la naturaleza sin distinción de fronteras e invirtiendo mucho más en ciencia y tecnología para aprovechar la revolución digital.

Pero los recursos presupuestarios disponibles para la cooperación multilateral son ínfimos. Mientras muchos estados miembros de la UE cobran en impuestos al menos el 25% del producto nacional para financiar el gasto público en los niveles nacional y local, el presupuesto conjunto de la UE sólo cuenta con el 1% del ingreso combinado de los estados miembros. El Banco Europeo de Inversiones ofrece financiación adicional para proyectos de inversión, pero dependiente de la obtención de fondos en el mercado.

La razón de la subfinanciación es obvia. Los impuestos están bajo jurisdicción de gobiernos nacionales y locales, que defienden celosamente sus prerrogativas tributarias; en la UE, los gobiernos nacionales acordaron transferir sólo el 1% del producto nacional a Bruselas para uso conjunto.

El resultado es una UE con aspiraciones muy grandes y un presupuesto operativo muy pequeño. Peor aún, los nacionalistas europeos (por ejemplo, los partidarios del Brexit en el Reino Unido) afirman que el presupuesto de la UE es demasiado grande, en vez de terriblemente pequeño. Ningún país podría sostenerse con sólo el 1% del producto nacional; y es posible que tampoco la UE pueda hacerlo con un presupuesto tan minúsculo. La cantidad de servicios públicos, inversiones y transferencias en el nivel paneuropeo es una exigua fracción de lo que se necesita para una unión realmente efectiva.

La situación es todavía peor en el nivel global. El presupuesto regular de la ONU es sólo 2700 millones de dólares al año, es decir, sólo el 0,003% del producto total mundial (90 billones de dólares). La recaudación total anual del organismo, incluidos aportes adicionales de los estados miembros para operaciones humanitarias y de mantenimiento de la paz, ronda los 50 000 millones de dólares (el 0,06% del producto mundial), apenas una fracción de lo que realmente se necesita. Aunque los estados miembros de la ONU han propuesto medidas acertadas y audaces como los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el acuerdo de París sobre el clima, carecen de medios financieros para implementarlas.

Pese al reducido presupuesto de la ONU, el gobierno estadounidense no deja de acusar a la institución de estar sobredimensionada y ser demasiado cara. Estados Unidos aporta alrededor del 22% del presupuesto regular anual de 2700 millones de dólares (es decir, unos 600 millones de dólares al año), pero eso es menos de dos dólares por cada estadounidense… Sumando aportes para mantenimiento de la paz y otros pagos, la contribución anual total de Estados Unidos llega a unos 10 000 millones de dólares (aproximadamente 30 dólares per cápita). Con su avaricia, Estados Unidos se perjudica a sí mismo. Es posible que el costo final, para Estados Unidos y para el mundo, de la subinversión crónica en las necesidades globales ascienda a varias decenas de billones de dólares.

Además de los aportes a través de la ONU, los países de altos ingresos hacen transferencias directas a otros más pobres en la forma de ayuda oficial al desarrollo. El valor neto combinado de estas ayudas ronda los 150 000 millones de dólares al año, o sea, sólo el 0,31% del ingreso de los países donantes, que hace mucho prometen destinar a estas ayudas el 0,7% de sus ingresos. Como estas transferencias globales son tan pequeñas, persiste la pobreza extrema en un mundo de abundancia. Y los países ricos todavía no cumplen sus viejas promesas de proveer a los países pobres al menos 100 000 millones de dólares al año para financiar proyectos relacionados con el clima.

El mundo debe tomarse en serio equiparar la financiación multilateral con las necesidades multilaterales. La UE debe duplicar lo antes posible el presupuesto al 2% del producto paneuropeo (y seguir aumentándolo con el tiempo). Asimismo, el mundo debería dedicar al menos el 2% del producto mundial a la provisión de bienes y servicios públicos globales para erradicar la pobreza extrema, combatir el cambio climático, proteger la naturaleza, salvar a millones de indigentes de una muerte prematura, garantizar la escolarización universal y sostener la paz a través de la ONU.

Ha llegado la hora de pensar en nuevos impuestos globales (sobre los ingresos corporativos, las cuentas offshore, las transacciones financieras internacionales, el patrimonio neto de los multimillonarios y la contaminación) para financiar las necesidades de un mundo interconectado y bajo presión. Con creatividad, cooperación y previsión, podemos movilizar nuevos fondos para convertir nuestra enorme riqueza global en bienestar sostenible para todos.

Traducción por Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Copyright: Project Syndicate, 2018.


Opinión | 29 de noviembre

Foto: Drew Angerer/Getty Images/AFP

2018 podría ser el año más peligroso para los periodistas en todo el mundo

El asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi fue un recordatorio espantoso de que la prensa está siendo atacada. Y, sin embargo, el mayor riesgo para la profesión no son los asesinos contratados que llevan sierras para huesos; más bien, son preocupaciones mundanas como recortes presupuestarios y demandas cada vez más intensas para los reporteros.

Cuando se computen los números finales, 2018 podría ser el año más peligroso del que haya registro para los periodistas en todo el mundo. Y no necesariamente por la violencia. Es más,  la mayoría de los peligros que enfrenta la profesión son mucho más mundanos. Cinco son los que se destacan.

Primero. La cantidad de oportunidades de trabajo está mermando, y los puestos se caracterizan por bajos salarios, una inseguridad laboral perpetua y oportunidades limitadas de progreso. En Estados Unidos, por ejemplo, el empleo en las redacciones ha caído casi un 25% en menos de diez años, mientras que la inscripción en las principales facultades de periodismo ha disminuido más recientemente.

Segundo. Las “Big Tech” están superando a las organizaciones de noticias en la carrera para atraer un talento limitado. El periodismo necesita gente capacitada en tecnología para liderar proyectos de periodismo de investigación y gestionar la transición digital de la industria. Pero, en este momento, la mayoría de los ingenieros informáticos ven un futuro más brillante en plataformas como Facebook y Google, que pueden ofrecer salarios más altos, una mayor seguridad laboral y un mejor equilibrio entre vida y trabajo que, inclusive, los medios de prensa más grandes.

Tercero. El periodismo es mucho menos glamoroso de lo que fue alguna vez. Hace años, los corresponsales extranjeros curtidos que aparecían en la televisión y en las portadas de los principales diarios atraían a reporteros jóvenes a la profesión. Y si bien la mayoría de quienes mordimos el anzuelo nunca nos aventuramos más allá del ayuntamiento, nos atraía de todos modos la noble misión de obligar a los poderosos a hacerse cargo de sus actos. Pero en el entorno de redes sociales distribuidas de hoy, los corresponsales extranjeros son raros, y los “influenciadores” de las redes tienen más probabilidades de ser estrellas populares que los especialistas en asuntos políticos.

Cuarto. Aun cuando el salario y el prestigio disminuyen, las presiones de la redacción se intensifican. Cuando un reportero “novato” empieza a trabajar en una empresa de medios hoy, la capacidad de escribir un gran texto ya no basta; los periodistas jóvenes también tienen que contar con habilidades de audio y video, capacidades de periodismo de datos y experiencia en redes sociales. Estas habilidades podrían llevar a mejores productos nuevos, pero nadie es bueno en todo. Exigir que ellos lo sean y hacerles demandas interminables podría alentar a los reporteros a abandonar la profesión.

Cinco. Los incesantes ataques retóricos a los integrantes de los medios tradicionales por parte de líderes como el presidente norteamericano, Donald Trump –cuyo discurso sobre las “noticias falsas” apunta a la credibilidad de la propia profesión- están surtiendo efecto. Si bien la confianza en los medios de noticias viene aumentando en las últimas encuestas, la constante difamación de la integridad e inteligencia de los periodistas amenaza con hacer mella en la profesión.

Juntos, estos cinco desafíos están afectando y mucho al negocio periodístico, y esto plantea un riesgo para la propia democracia. Sin medios libres e independientes, los ciudadanos no pueden tomar decisiones informadas. En verdad, cuando el periodismo profesional está ausente, la gente fácilmente puede perderse en una maraña de información muchas veces no confiable, o incluso caer presa de expertos autoproclamados movidos por intereses personales y de propaganda. El periodismo es la brújula de la democracia; debemos encontrar una manera de recalibrarla.

Primero y principal, los periodistas necesitan protección. Eso significa garantizar no sólo su seguridad, sino también su capacidad para acceder a la información y reportar sus hallazgos sin miedo a las represalias. Como mínimo, los ataques a periodistas como Khashoggi deben investigarse plenamente, y la comunidad internacional debe hacer responsables a sus perpetradores y condenarlos.

De todos modos, el respaldo a los medios debe ir más allá de castigar a quienes tienen la audacia de asesinar a un periodista. Por ejemplo, se necesitan más programas para ayudar a cultivar talento joven. Los gobiernos podrían ofrecer subsidios, dar exenciones tributarias y patrocinar iniciativas que ofrezcan formación en periodismo y nuevos medios. Los futuros periodistas necesitan modelos de rol, pero también necesitan las capacidades técnicas para convertirse ellos mismos en modelos de rol.

Quizá lo más importante sea que los defensores de los medios en todas partes deben trabajar para aumentar el alfabetismo de la población en materia de medios. Los nuevos consumidores deben entender cómo funciona el periodismo, cómo hacen su trabajo los periodistas y por qué los medios de noticias profesionales son componentes esenciales de una democracia de buen funcionamiento. Hasta que el público valore la producción que generan los periodistas profesionales, una escasez de talento será el próximo gran desafío para el periodismo. Y podría terminar siendo el más importante.

Alexandra Borchardt es directora de Programas de Liderazgo en el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo.

© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 28 de noviembre

Foto: AFP

Lo que Trump y Xi Jinping deberían negociar en Buenos Aires

Antes de la reunión entre el presidente de Estados Unidos y el líder chino  en la cumbre del G20 en Argentina, es difícil ser optimista de que se está logrando un avance significativo entre los Estados Unidos y China. Pero una agenda de sustancia debe usarse como una lista de verificación contra cualquier acuerdo que los dos líderes puedan alcanzar.

Teniendo en cuenta las acusaciones que van y vienen entre Estados Unidos y China antes de la muy esperada reunión a celebrarse el sábado, la resolución del conflicto ha cobrado gran urgencia. Las alternativas plantean graves riesgos para ambos países: una guerra comercial en constante  escalada, una guerra fría, o incluso una guerra caliente. Estos riesgos pueden evitarse, pero sólo si ambos líderes están dispuestos a comprometerse de manera fundamental.

No hay ninguna duda sobre que durante mucho tiempo se ha estado montando un conflicto serio. Contrariamente a la narrativa de Estados Unidos, el problema no es el enorme déficit comercial bilateral entre las dos economías más grandes del mundo. Dicho déficit es, en gran parte, una consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos que afligen a ambas partes: China ahorra demasiado y Estados Unidos ahorra muy poco. Estas disparidades de ahorro dan lugar a desequilibrios comerciales multilaterales que no pueden resolverse mediante esfuerzos bilaterales.

Una relación desequilibrada

Estados Unidos registró déficits comerciales en mercancías con 102 países en el año 2017, mientras que China tuvo excedentes comerciales con 169 países en el año 2016. Si se realizan ajustes para disminuir una parte del desequilibrio multilateral en un país deficitario o uno ahorrador en cuanto a excedentes, lo ajustado simplemente se asigna a otros de los socios comerciales de dicho país. En el caso de Estados Unidos, esto daría lugar a mayor costo de importaciones – el equivalente funcional de un aumento de impuestos a los consumidores. En el de China, significaría una mayor penetración de sus exportaciones dentro de otros mercados.

La obsesión con el juego de culpabilizarse por los desequilibrios comerciales bilaterales pasa por alto la posibilidad de que esta sea una lucha clásica dentro de una relación de codependencia. Sí, es cierto que China ha dependido durante mucho tiempo de Estados Unidos, como el país que se constituye en su la principal fuente de demanda externa para la economía china liderada por las exportaciones.

Pero, también es cierto que Estados Unidos necesita de las importaciones de bajo costo provenientes de China para que sus consumidores con ingresos limitados puedan hacer que sus ingresos les alcancen para subsistir; Estados Unidos también depende de China para ayudar a financiar los déficits presupuestarios crónicos de su gobierno, ya que China es el principal comprador extranjero de bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Y, China – en su calidad del tercer mercado de exportación más grande y de mayor crecimiento para Estados Unidos – se ha convertido en una fuente cada vez más importante de demanda para las empresas estadounidenses.

El marco de la codependencia es importante debido a que subraya la necesidad de un acuerdo y compromiso conjuntos. Al igual que en las relaciones interpersonales, la codependencia económica puede ser desestabilizadora y, en última instancia, destructiva. Cuando uno de los socios cambia de rumbo, el otro, sintiéndose despreciado, arremete en respuesta.

China, en este caso, es el agente de cambio – ya que China está desplazando su modelo de crecimiento desde la manufactura a los servicios, desde las exportaciones al consumo interno y desde la tecnología importada a la innovación nativa. Paralelamente, China también está pasando del ahorro excedentario a la absorción de ahorros, dejando menos ahorros libres para prestar a su socio deficitario, Estados Unidos.

Sintiendo incomodidad consigo mismo, Estados Unidos se juzga amenazado por un socio que está cambiando las reglas de esta relación. Si bien Trump ha actuado en respuesta a esas amenazas de manera mucho más agresiva que sus predecesores, es inconfundible el sentimiento bipartidista en Estados Unidos que en la actualidad se alinea en contra de China.

La urgencia de llegar a un acuerdo

Según una encuesta de Axios de septiembre de 2018, el 80% de los republicanos – cuyo partido político desde tiempo atrás es el que más apoya el libre comercio – es de la opinión de que el aumento en los aranceles sería bueno para Estados Unidos. Los principales republicanos, como el vicepresidente Mike Pence y el ex secretario del Tesoro Henry Paulson, han advertido sobre una nueva guerra fría con China, mientras que los principales demócratas han llegado a la conclusión de que China ha invalidado su papel como un actor mundial responsable.

En un momento de amenazas y contra amenazas perennemente crecientes, el imperativo de arribar a un acuerdo negociado no puede ser subestimado. La próxima reunión entre Trump y Xi brinda la oportunidad de replantear el conflicto como un desafío estratégico para las dos principales economías del mundo.

Existen cuatro posibles vías que se deben considerar:

Acceso a los mercados: Después de diez años de tortuosas negociaciones, está muy cerca el momento de un avance importante con respecto a un tratado de inversión bilateral entre Estados Unidos y China (TBI). Ambas partes tendrían que ofrecer concesiones.

Un tratado levantaría los límites máximos a la propiedad relacionados a la inversión extranjera directa de las corporaciones multinacionales en ambos países, eliminando la polémica estructura empresarial de la sociedad de riesgo compartido (joint-venture) en China que Estados Unidos continúa tildando de manera insistente – e incorrecta, en mi opinión – como un mecanismo para la transferencia forzosa de tecnología. Un TBI también permitiría una expansión de la propiedad china de activos domiciliados en Estados Unidos – lo que representa un desafío para el impulso anti-China de la reciente legislación que amplía los poderes de supervisión del Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos.

Ahorro: Ambos países deben comprometerse a realizar ajustes macroeconómicos responsables. Estados Unidos necesita ahorrar más, revirtiendo la imprudente trayectoria que destruye el presupuesto, misma que se vio reforzada por los imprevistos y sobredimensionados recortes de impuestos del año pasado. Volver a edificar el ahorro, en lugar de los aranceles, es la estrategia más efectiva para reducir los déficits comerciales con China o con cualquier otro socio comercial. Al mismo tiempo, China necesita ahorrar menos, poniendo a trabajar su vasto conjunto de capitales para financiar la red de seguridad social del país, que a su vez es esencial para un reequilibrio económico impulsado por el consumidor.

Seguridad cibernética: El ámbito digital es el campo de batalla de la Era de la Información, y el acuerdo de septiembre de 2015 entre el presidente Barack Obama y Xi claramente no fue lo suficientemente lejos como para calmar las tensiones persistentes sobre espionaje, piratería y disturbios vía Internet. Los dos países deben tomar la iniciativa para forjar un acuerdo cibernético mundial, completo con métricas combinadas con respecto a incursiones cibernéticas, objetivos de reducción de ataques, y un mecanismo sólido de resolución de controversias.

Diálogo: Es fantástico que los dos presidentes se reúnan nuevamente después de sus conversaciones amigables e íntimas previas en Pekín y Mar-a-Lago. Esas reuniones llegaron después de compromisos más formales, como el Diálogo Estratégico y Económico. Pero, todos estos esfuerzos han sido eventos episódicos que son de largo alcance en cuanto a su brillo y de corto alcance en cuanto a su sustancia. Sería más productivo tener una secretaría permanente que se involucre a tiempo completo en esfuerzos de colaboración relativos a temas clave de política (incluyendo entre ellos el intercambio de datos, la investigación conjunta y la consulta público-privada).

A la luz de los recientes acontecimientos contenciosos entre Estados Unidos y China, es difícil ser optimista sobre que un avance significativo está al alcance de la mano. Una agenda sustancial debe usarse como una lista de verificación que se contraste con cualquier acuerdo que Trump y Xi puedan alcanzar. El mundo entero observa con atención.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

Stephen S. Roach, académico de la Universidad de Yale y ex presidente de Morgan Stanley Asia, es el autor de Unbalanced: The Codependency of America and China.
© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 27 de noviembre

La importancia de las vacunas

Ya sea que usted viva en las barriadas de Karachi y sea parte de la población que vive por debajo de la línea de pobreza o ya sea que usted trabaje como banquero en Wall Street, las “súper bacterias” resistentes a los fármacos se encuentran entre las amenazas más graves para su salud.

La capacidad de controlar las enfermedades infecciosas es la base de la medicina moderna, y las vacunas son claves para mantener a raya estas enfermedades. Pero las vacunas también pueden limitar la propagación de cepas resistentes a los medicamentos al reducir el uso de antibióticos y son claves en la lucha contra las “superbacterias”.

Una epidemia que en la actualidad azota a Pakistán ilustra el potencial de las vacunas. Durante dos años, los profesionales de la salud han estado tratando de contener un brote de tifoidea ampliamente resistente a fármacos (Tifoidea XDR). Incluso se han informado de casos vinculados a Pakistán entre viajeros que regresan a Estados Unidos y al Reino Unido. Lamentablemente, la tifoidea XDR es difícil de diagnosticar, y los médicos a menudo recetan antibióticos que son ineficaces. Esto, a su vez, prolonga la duración y la gravedad de la enfermedad, y puede llevar a la muerte.

Pero, ¿qué pasaría si, en primer lugar, los médicos en Pakistán tuviesen la capacidad para prevenir la tifoidea? Creemos que sí pueden prevenirla. Gavi, la alianza mundial para las vacunas y la inmunización, está ayudando a distribuir una nueva vacuna, y si la campaña de inmunización es exitosa, con el transcurso del tiempo dicha campaña llevará a una reducción en el uso innecesario de antibióticos, que es el factor principal que impulsa el aumento y la propagación de súper bacterias mortales por todas partes.

La amenaza de las superbacterias

Cada año, en todo el mundo alrededor de 700.000 personas mueren a causa de infecciones resistentes a los fármacos. Pero, las súper bacterias también representan una amenaza para la efectividad de la medicina moderna; si no se aborda esta situación, la resistencia a los antimicrobianos (RAM) podría hacer que un mayor número de infecciones sean intratables, las terapias contra el cáncer sean ineficaces, las cirugías de rutina se tornen en imposibles de realizar; e, incluso, los partos no sean seguros.

Ya sabemos que las vacunas ayudan a reducir el riesgo de la RAM. Por ejemplo, las inmunizaciones contra infecciones bacterianas del cerebro y los pulmones – como lo son las enfermedades neumocócicas y la Haemophilus influenzae tipo b, o Hib en los niños – han reducido drásticamente la carga de la enfermedad en Estados Unidos y alrededor del mundo, disminuyendo la necesidad de antibióticos de manera paralela. Lo más importante: si bien las súper bacterias desarrollan resistencia a los fármacos, no se hacen resistentes a las vacunas.

Y, sin embargo, a pesar de la efectividad de las vacunas en la lucha contra la RAM, no estamos aprovechándolas al máximo. Por ejemplo, la cobertura mundial para la vacuna Hib es del 72%, pero sólo alrededor del 44% de los niños del mundo reciben el esquema completo de la vacuna antineumocócica. La vacunación universal, solamente en el caso de la vacuna antineumocócica, llevaría a una reducción anual estimada de 11,4 millones de días de antibióticos para niños menores de cinco años.

Es necesario desarrollar políticas públicas

En forma sucinta, se necesita aumentar con urgencia el uso de las vacunas que ya están disponibles – incluyendo la vacuna contra la tifoidea – y, además existe la necesidad de desarrollar vacunas nuevas. En el caso de las vacunas existentes, la principal prioridad debería ser garantizar el acceso universal, lo que requerirá de una gran expansión en la coordinación internacional. Un nuevo informe encargado por Wellcome destaca muchas oportunidades adicionales para que las vacunas tengan un impacto positivo en la salud mundial y la RAM.

La Organización Mundial de la Salud ha creado una lista de patógenos mortales que requieren nuevos antibióticos, y ha colocado en los primeros lugares de dicha lista a aquellos que causan la salmonela, la gonorrea y la shigelosis. Sin embargo, en primer lugar, también se necesitan vacunas para prevenir estas enfermedades.

Para lograr ese objetivo, y evitar la RAM de manera paralela – se debe gastar significativamente más dinero en investigación y desarrollo de vacunas. Mediante el aumento de las inversiones ahora, se tendrán nuevas vacunas disponibles para ayudar a que los proveedores de atención sanitaria se mantengan siempre un paso adelante de las súper bacterias.

En el transcurso de las próximas décadas, la combinación de cambios demográficos, cambio climático y migración humana agravará la RAM, ya que facilitará la propagación de patógenos. De hecho, si la trayectoria actual no se ralentiza ni se invierte, hasta el año 2050, aproximadamente diez millones de personas podrían sucumbir a enfermedades resistentes a los fármacos cada año, lo que costaría a la economía mundial 100 millones de millones de dólares. No podemos perder más tiempo, debemos introducir nuevas vacunas al mercado.

Si bien es necesario hacer más por el fortalecimiento de los procesos de investigación y desarrollo (I+D) dirigidos a encontrar nuevas herramientas de diagnóstico y nuevos antibióticos para tratar infecciones resistentes a los fármacos, se debe también dedicar una atención similar al descubrimiento, desarrollo y aceptación de vacunas.

Wellcome es coanfitrión de un evento en Accra que se celebrará del 19 al 20 de noviembre que tiene como objetivo movilizar la acción mundial relativa a la RAM. El evento de “convocatoria a la acción” – que se organiza en colaboración con los gobiernos de Ghana, Tailandia y el Reino Unido, así como la Fundación de las Naciones Unidas, y el Banco Mundial – irá en busca de convertir los compromisos de manejo de enfermedades en solucione viables para la RAM.

Cuando los profesionales de la salud tengan las herramientas adecuadas para abordar la RAM, se salvarán millones de vidas en todo el mundo. Y, cuando se implementen ampliamente vacunas eficaces, las súper bacterias dejarán de ser tan amenazantes.

Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos

Seth Berkley es presidente de Gavi, la alianza mundial para las vacunas y la inmunización. Jeremy Farrar es director de Wellcome Trust, una fundación benéfica a nivel mundial que se dedica a mejorar la salud.

© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 26 de noviembre

Amazon, Google y Facebook: los nuevos alcaldes de sus ciudades

Los gigantes tecnológicos tienen una fuerza laboral combinada de más de 400.000 personas y una capitalización de mercado combinada de 2,3 billones de dólares, aproximadamente el PBI de Francia. Saber cómo estas empresas contribuyen a nuestra experiencia urbana es una obligación.

Estos nuevos actores globales están redefiniendo aspectos clave como el trabajo, la movilidad, el ocio o incluso la forma de vida. Nuestras ciudades son los campos de prueba de un sinfín de innovaciones. Se espera que aproximadamente el 70% de la población mundial viva en ciudades en 2050 y que el 95% de todo el crecimiento de la población urbana se concentre en los países en vías de desarrollo. 

No hay duda de que tras los grandes gurús tecnológicos hay experimentos urbanos. Belmont es una ciudad futurista en el suroeste de Arizona, concebida con una “visión de vanguardia” por Bill Gates, el fundador de Microsoft.

Oakland, en California, es otro campo de experimentación social, en el que otro emprendedor de Silicon Valley, Sam Altman, se ha involucrado para analizar los efectos sociales que conlleva garantizar una renta básica mínima a sus residentes.

Pero más allá de estos ejercicios de acupuntura urbana, lo que es importante es saber quién está al frente de las decisiones que definen el día a día de nuestras ciudades. Nuestra experiencia cotidiana nos lleva a oscilar sin transición aparente entre la realidad digital y la analógica, entre lo físico y lo virtual. Y eso, unido a la rapidez e impacto de los cambios, hace que saber quién manda en nuestras urbes sea una obligación. Estos son algunos ejemplos del porqué:

Apple, o cómo interactuar en la ciudad

Apple está construyendo paradigmáticas tiendas en las que han redefinido la experiencia de “ir de compras”. De la transacción a la excitación de adentrarse en un espacio-evento en el que siempre pasa algo auspiciado por free wifi. Lo que allí pasa es algo similar a la recreación de una plaza pública con control de acceso. Un lugar en el que se espera un repertorio de interacciones entre las que, por supuesto, no se descarta la compra.

Así, la nueva tienda en Carnegie Library, Washington DC, que se abrirá en breve bajo la atenta mirada de los arquitectos Foster + Partners, ocupará el espacio antes reservado a los usuarios de dicha biblioteca, que ahora podrán olfatear el aroma del último iPhone mientras miran qué pasa en el escenario.

Google, el primer vecindario del mundo construido con datos

Sidewalk Toronto es la entidad que aglutina a Waterfront Toronto (agencia gubernamental) y Sidewalk Labs, perteneciente a Alphabet, es decir, Google. Una entidad que tiene como objeto la creación de una comunidad residencial y comercial mixta en la costa este de Toronto, en Canadá. Una ciudad bien elegida, como diría el economista y urbanista Richard Florida al hablar de los territorios más aptos para la innovación, porque en ella se dan las tres tes: tecnología, tolerancia y talento.

Y desde hace tiempo Toronto acumula una clase creativa culturalmente diversa, en un cluster altamente tecnológico, dato que no ha pasado desapercibido para ubicar allí la primera ciudad “de internet hacia arriba”. El miedo por la apropiación de datos de todos los residentes parece mitigarse, ya que recientemente se ha anunciado que se entregarán a una organización independiente, llamada Civic Data Trust. Mientras tanto, el mundo sigue la iniciativa con fascinación.

Uber, la movilidad como servicio y el futuro del trabajo

Cuando Uber anunció que se iba a poner a repartir comida de Uber Eats mediante drones, todos alzamos la vista al cielo. El advenimiento de la conducción sin conductor es hoy por hoy una realidad, y Uber uno de sus grandes exploradores. En el cuartel general de Pittsburgh, situado en Robotics Row junto a las sedes de otras compañías de robótica, el edificio de Uber aparece discreto desde el exterior. De sus proximidades entran y salen constantemente unos 200 coches Volvo de alta tecnología, equipados con cámaras LIDAR giratorias de 360 grados, recogiendo datos y acumulando unidades de prueba con pasajeros reales de Uber.

Uber, en línea con lo que se está investigando en Países Bajos, China o Suiza, trabaja con opciones de transporte público autónomo, transbordadores eléctricos sin conductor con capacidad de hasta nueve personas, y también autobuses sin conductor, opciones que podrían redefinir el tráfico en nuestros días, y sobre todo el diseño de nuestras ciudades.

En todo esto hay cambios importantes sin aparente conexión entre sí. La proximidad de un inmueble a un nodo de transporte público como valor en alza, y la reducción de las fuentes de ingresos de los Ayuntamientos son dos de ellos, pero también la transformación del futuro del trabajo, de conductor a gestor de la movilidad…

Las propiedades inmobiliarias, ya sean oficinas o viviendas, se empiezan a valorar al alza cuanto más cerca están de un nodo de transporte público.

A su vez, los gobiernos locales están empezando a ver que sus hasta ahora garantizados ingresos por impuestos de circulación, multas de tráfico y estacionamiento, pueden verse reducidos dramáticamente. Si los millennials ya no quieren tener coche, y la movilidad es un servicio básico como la electricidad, hay que explorar nuevas oportunidades en las que la ciudadanía debe implicarse.

Las “Olimpiadas” de Amazon

El gigante del comercio electrónico utiliza su sede de Seattle como laboratorio en el que testar desde nuevos modelos de comercio minorista a opciones de logística, como Amazon Go, Pickup Storefront, etc. Y mientras lo ha estado haciendo, se ha fraguado a la vista de todos un proceso de selección al más puro estilo olímpico.

La candidatura para ser la segunda sede de Amazon, el HQ2, como se ha venido a llamar, se ha decidido hace unos días. Tras casi un año de incertidumbre, durante el cual el alcalde de Frisco (Texas) prometía construir el 40% de una ciudad sin terminar una vez que Amazon se asentara allí, o el de Stonecrest (Georgia), que estaba dispuesto a que la ciudad se llamara Amazon, o el de Nueva Jersey, que ofrecía rebajar impuestos, la sede ha ido a parar a Crystal City (Norte de Virginia) y a Long Island (Nueva York). Una dualidad que se justifica nuevamente, en relación con las tres T´s antes mencionadas.

Definitivamente, soplan vientos de cambio. Hubo un tiempo en que los gobiernos invertían en infraestructuras y los ciudadanos tenían voz en los problemas locales. Ahora Apple nos dice cómo interactuar en la ciudad, Google controla nuestros datos, Uber redefine el transporte como servicio, y Amazon si una ciudad es apta o no para albergar su sede. ¿Son estas empresas nuestros nuevos alcaldes?

Cristina Mateo Rebollo PhD, Directora Ejecutiva de la Escuela de Diseño y Arquitectura de la IE University

The Conversation
Opinión | 25 de noviembre

También somos nosotros

Los hechos de violencia en la final de la Libertadores son un espejo en el que nos vemos reflejados. En un momento triste como este, donde cincuenta personas ejercen la violencia y provocan lo que provocaron, podemos pensar que “el problema somos nosotros”.

Así nos vemos, y así nos ven.

Y eso nos pone más tristes.

Pero también somos nosotros los 18.000.000 de trabajadores que van a trabajar cada día, los 12.000.000 de chicos que van diariamente a estudiar, y los 150.000 docentes que van a enseñar.

También somos nosotros las 10.000 médicas y médicos que cada día salen a sanar y a curar, los 200.000 artistas que comparten su arte, los 40.000 bomberos que cada día salvan vidas, los 15.000 autores que escriben su libro y las 2.000 personas que hoy van a donar sangre.

También somos nosotros las 6.000.000 de madres que hoy abrazan a su familia.

Y los 65.000 espectadores que fueron al estadio y volvieron a casa pacíficamente.

Todos ellos, también somos nosotros.

Que la tristeza no nos confunda.

Los 43.000.000 de argentinos que construyen y edifican la Argentina soñada.

Esos, también somos nosotros.

Opinión | 23 de noviembre

Foto: Rodrigo Mendoza

El futuro del trabajo y la competencia global por el talento

Más de un 3% de la humanidad vive fuera de su país de nacimiento. Pero si bien la proporción de migrantes en la población mundial se ha mantenido más o menos estable por seis décadas, su composición sí ha cambiado en forma radical.

Cerca de un 75% de los migrantes con altas habilidades residen en los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Australia; más del 70% de los ingenieros de software de Silicon Valley han nacido en el extranjero. Pero bien podría ser que los que van a la delantera hoy sean los rezagados del mañana.

Debido a la globalización de la demanda de talento, la relación de migrantes con habilidades complejas ha crecido radicalmente con respecto a la de aquellos con habilidades más básicas, y esto tiene una dimensión claramente geográfica.

La guerra de talentos

Hay muchos factores tras este cambio en la composición de los flujos migratorios, como la Cuarta Revolución Industrial, los menores costes de transporte y comunicaciones (los migrantes con habilidades complejas tienden a viajar a destinos más lejanos que sus contrapartes con habilidades más básicas) y las pocas oportunidades educacionales en sus países de origen. Sin embargo, la principal causa es el creciente reconocimiento de que el capital humano juega un papel clave en la economía actual del conocimiento.

Se está librando una “guerra por el talento” mundial y las empresas que administran bien su conjunto de talentos van a la vanguardia. La mayor parte de las corporaciones multinacionales insisten hoy en que los ejecutivos de alto potencial ganen experiencia global trabajando en otros países, y han convertido la movilidad internacional en un requisito para sus puestos de alta gerencia. Algunos de los actores más conocidos de la economía global, como Google, Microsoft, Alcoa, Clorox, Coca-Cola, McDonald’s, Pepsi y Pfizer, tienen directores ejecutivos inmigrantes.

La demografía también tiene un papel clave en las tendencias migratorias globales. Mientras la mayor parte del mundo desarrollado está envejeciendo, en muchos países en desarrollo se da una creciente proporción de jóvenes. En India hay cuatro personas de 20 años por cada una de 65 años, mientras que en Europa Occidental esa proporción es de uno a uno. Al mismo tiempo, los salarios promedio en los países de altos ingresos son 70 veces más altos que en los ingresos bajos. La combinación de estos diferenciales demográficos y salariales han sido un potente motor para la migración.

Aunque la carrera global por el talento inicialmente hizo que los países desarrollados crearan visas especiales para atraer profesionales altamente capacitados, desde entonces el sentimiento político hacia los migrantes se ha vuelto negativo. La migración ahora se ve como una amenaza a los trabajadores nativos de los países de destino, incluso cuando la evidencia empírica muestra que el efecto de desplazamiento del trabajo es muy pequeño. Por ejemplo, en Silicon Valley la inmigración no ha producido una baja en los salarios o el ingreso sobre las habilidades.

Los inmigrantes son en su mayoría un aporte económico

El efecto adverso de los migrantes en las finanzas públicas del país de destino es también muy limitado. Puede que al principio supongan un coste neto, pero es pequeño y más corto que el de escolarizar a un recién nacido nativo. Lo más importante es que los inmigrantes con educación superior en realidad han contribuido positivamente a las finanzas públicas de los países desarrollados, ya que pagan más impuestos que el dinero que usan en bienes y servicios públicos.

La movilidad del talento global también beneficia a los países de origen, porque ayuda a integrarlos a los mercados mundiales, lo que compensa algunas de las falencias que enfrentan las empresas en los países en desarrollo, como resultado de la menor inversión pública, la inadecuada capacitación y equipamiento y los escasos recursos para adquirir licencias tecnológicas o propiedad intelectual. Sin duda, la inmigración no es un método óptimo de largo plazo para mejorar la productividad en una economía del conocimiento, pero sí acelera la difusión tecnológica en el corto plazo.

Otra potente fuerza para el intercambio y la integración económica global es la Internet, que algunos han llegado a ver como un sustituto de la movilidad global. Pero si bien permite la provisión a distancia de algunas formas de trabajo, no ha desplazado a las redes de diáspora. Aunque la tecnología de la información y las comunicaciones (TIC) ha reducido la importancia de las conexiones tradicionales de la diáspora, ellas también han complementado sus innovaciones. Por ejemplo, el intercambio de conocimientos y tecnología a través de los vínculos de India con su diáspora ha permitido al país a saltar por sobre las etapas de desarrollo tradicionales.

En su conjunto, el mundo se ha beneficiado inmensamente con el aumento del comercio global y la movilidad del capital. Ahora es tiempo de cosechar los beneficios de la movilidad del talento. A diferencia del comercio y las finanzas/capitales, la migración sigue estando muy restringida, a pesar de que el crecimiento económico depende en gran medida de la disponibilidad de oportunidades de empleo y mayores ingresos sobre el trabajo, lo que a su vez exige movilidad, tanto global como nacional.

Las autoridades cuentan con muchas herramientas para mejorar la movilidad global del talento. El carácter multifacético del tema llama a establecer más relaciones de colaboración entre los sectores público y privado. Las empresas y universidades son los principales participantes de la carrera global por el talento, pero las organizaciones de gobernanza global, los bancos de desarrollo multilaterales y los grupos de la sociedad civil también tienen papeles clave que desempeñar. También lo tiene la tecnología, que hoy hace posible la movilidad del talento virtual a través de videoconferencias, plataformas digitales, bolsas de trabajo en línea y otras aplicaciones.

La carrera global por el talento seguirá acelerándose a medida que los países compitan por los más brillantes. Los países de ingreso medio que no forman parte de la OCDE (especialmente China e India) se están convirtiendo en un destino cada vez más importante para el trabajo con habilidades complejas. A medida que estos países crecen, seguirá declinando el atractivo económico global de las economías avanzadas. En sus marcas, listos… ¡ya!

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Ejaz Ghani es Economista en Jefe del Banco Mundial.
© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 21 de noviembre

Ilustración por Pablo Domrose

Internet: los beneficios de la desconexión

Es un hecho: cada vez pasamos más tiempo en Internet. Y, de forma paralela, cada vez hay más personas que intentan desconectarse. Aunque aprecian las ventajas que ofrecen las tecnologías, desean establecer límites con el fin de no estar constantemente disponibles. Pero ¿a qué se debe este deseo de desconectarse de Internet?

La comunidad científica señala tres razones principales: pasar tiempo en línea disminuye nuestra productividad, es adictivo y perjudica la salud.

Menor productividad

Tengo que escribir un artículo científico con motivo de una conferencia sobre el cambio climático. Es hora de que empiece. Me pongo delante del ordenador. Creo un documento de Word. Selecciono los estudios científicos. Tengo una pila de libros a mi derecha, una infusión de ortigas a mi izquierda, y una hora por delante para trabajar en el artículo.

Inevitablemente, estoy conectada a Internet para comprobar mis fuentes y pulir mis argumentos. Inevitablemente, recibo entre uno y cinco correos electrónicos a los que no respondo, pero que me desconcentran. El teléfono vibra, el ordenador lanza notificaciones y la tableta me envía anuncios. Para controlar esta subida inesperada de cortisol, trato de calmarme mirando fotos en Instagram, un vídeo en YouTube y varias entradas de un blog. Al final, he perdido 20 minutos.

¿Les resulta familiar esta escena? Según un estudio llevado a cabo por Microsoft, la capacidad de concentración del ser humano ha pasado de 12 a 8 segundos en diez años. ¿La causa? La omnipresencia de las pantallas.

Un estudio de la Universidad de California en Irvine revela que trabajar mientras se es interrumpido constantemente aumenta el nivel de estrés, pues tenemos tendencia a trabajar más deprisa para recuperar el tiempo perdido. Hoy, una de cada cuatro personas consulta su smartphone cada 30 minutos, y el 25% de los millennials lo mira más de cien veces al día. Estos comportamientos afectan a nuestra productividad y aumentan nuestro nivel de estrés.

Internet es adictivo

Es posible que hayan llegado a sus oídos expresiones como FOMO (fear of missing out o miedo a perderse algo), digital detox (desintoxicación digital) o slow technology (filosofía de la desconexión). La sociedad posindustrial está remodelando sus fundamentos en torno al mundo digital. Utilizamos lo digital para todo, todo el tiempo: para trabajar, comunicarnos con las personas de nuestro entorno, hacer la compra, realizar operaciones bancarias, preparar las próximas vacaciones u ocuparnos de los deberes de los hijos.

Lo que, en un principio, se concebía como una herramienta se está convirtiendo en una obsesión. ¿Pierde usted la noción del tiempo cuando navega por Internet? ¿No puede evitar mirar su smartphone cuando vibra? ¿Le entra pánico cuando olvida el teléfono en casa? Es posible que esté usted enganchado al mundo digital.

En Estados Unidos y en Europa se han llevado a cabo estudios que indican que el 38% de la población mundial sufre un trastorno de adicción a Internet, también denominado ciberadicción. Una de las causas que se señalan para explicar esta dependencia es una alteración física del cerebro a nivel estructural.

El uso de Internet afecta a algunas partes del cerebro prefrontal asociadas al recuerdo de detalles y a la capacidad de planificar y jerarquizar las tareas, lo que nos incapacita para establecer prioridades en nuestra vida. La consecuencia es que pasar tiempo en línea se vuelve prioritario, y los quehaceres de la vida cotidiana ocupan un segundo plano.

Internet perjudica la salud

Una de las preguntas que planteo a menudo a los participantes en un estudio realizado para mi tesis sobre la relación del ser humano con la naturaleza en la era digital es: “¿Cómo se siente después de pasar una hora o más delante de la pantalla?”. Todavía estoy esperando encontrar a la persona que me responda que se siente mejor. En general, las respuestas van de “cansado” a “vacío”.

Hay estudios que demuestran la existencia de una fuerte correlación entre depresión y tiempo conectado. En Internet, tratamos de establecer una relación con el otro y con el mundo. Nos conectamos con los demás, pero nos conectamos mal. 

Adopte la slow technology

Ahora, cuando me siento desbordada por la reclamación constante e imprevisible de mi conexión wifi, justo antes de agobiarme, me desconecto. El movimiento en favor de la slow technology (filosofía de la desconexión) responde precisamente a la necesidad de adoptar un enfoque racional de nuestro consumo digital. Cada vez más profesionales proponen retiros de digital detox (desintoxicación digital), consistentes en hacer una escapada a la naturaleza y dejar el móvil apagado. Hay trucos y consejos que se pueden poner en práctica desde ya para restablecer un equilibrio en nuestra relación con el mundo numérico, y también para recuperar el bienestar físico y mental.

Estas son algunas soluciones slow tech sencillas que se pueden adoptar:

  • Coloque en la mesita de noche su viejo despertador de pilas. Deje de usar el móvil como despertador y acuérdese de mantenerlo fuera del dormitorio.
  • Practique un ayuno digital alterno. Se trata de tomar conciencia del tiempo que pasamos pegados a la pantalla y reducirlo: no mirar el smartphone ni el ordenador después de las siete de la tarde o desconectarnos por completo un día a la semana (podría ser el domingo); por ejemplo, puede consultar el correo electrónico el sábado por la tarde antes de las siete y no volver a mirarlo hasta el domingo por la tarde, a las siete.
  • Haga ejercicio. Por lo general, el tiempo que pasamos delante de una pantalla es tiempo en el que permanecemos inmóviles. Decídase a ir en contra de esta tendencia estática y ofrezca a su cuerpo y su mente los beneficios antidepresivos que aporta la actividad física.
  • Pase tiempo en la naturaleza. Numerosos estudios muestran que la naturaleza ejerce un efecto calmante en el sistema nervioso, refuerza el sistema inmunitario, contribuye a bajar la tensión arterial e incluso refuerza la capacidad visual, que se ve sobrecargada cuando pasamos demasiado tiempo mirando una pantalla.
  • Busque ayuda para adoptar este planteamiento que contradice la tendencia general de exceso de consumo y conexión. No, no está solo. Y sí, hay otras formas de vivir. Puede participar en actividades de grupo que le permitan volver a centrarse en sus sentidos y sus sentimientos. Por ejemplo, puede aprender a tocar un instrumento de música, tallar madera o practicar jardinería aunque viva en una ciudad, entre otras muchas actividades.

Todavía retengo el sabor de eternidad y la impresión de lentitud que aportaba el aburrimiento relajante de los días de mi vida anterior a Internet. No olvido que se puede vivir sin Internet aunque el mundo nos imponga la necesidad de permanecer conectados a la Red.

Me preocupo cuando veo niños y niñas de tres años manejando una tableta incluso antes de saber escribir; niños y niñas que, dado que la humanidad se transforma presa de fuerzas que son superiores a ella y que determinan su forma de avanzar hacia el progreso, no conocerán una vida sin Internet. Y es que no hay marcha atrás. Y usted, ¿qué opina? ¿Cómo lleva su relación con el mundo tecnológico? Deje un comentario más abajo y sigamos esta conversación.

Mélusine Martin es candidata a un Doctorado de la universidad de La Sorbonne, París, Francia

The Conversation
Opinión | 16 de noviembre

La música disminuye la ansiedad en los enfermos de cáncer

En la actualidad, el cáncer es una de las enfermedades más importantes debido al número de afectados y se prevé que su incidencia aumente en los próximos años. Es compleja y afecta todos los niveles de la persona: físico, psicológico y social; tanto en lo referente a la conducta del paciente como al entorno.

La ansiedad es un síntoma psicológico presente en todos los enfermos oncológicos. Se puede definir como una sensación desagradable, manifestada mediante una tensión emocional, que puede verse acompañada de síntomas somáticos en respuesta a factores de estrés internos o externos y que provoca comportamientos poco adaptativos.

El estrés, un enemigo del paciente

Los niveles elevados de ansiedad generan malestar en el paciente. Esto le impide afrontar la enfermedad, tomar decisiones sobre su propia salud e incluso rechazar procedimientos, al no tolerarlos bien.

Por eso es importante identificar y tratar la ansiedad. Para ello se aplican, por este orden, medidas no farmacológicas, apoyo profesional y, por último, tratamientos farmacológicos.

Entre los primeros, la musicoterapia se define como “el uso de la música en la consecución de objetivos terapéuticos tales como son la restauración, el mantenimiento y el acrecentamiento de la salud, tanto física como mental”. Se puede aplicar de forma individual o grupal en todas las edades.

Esta técnica ha demostrado ser muy útil en el tratamiento de la ansiedad en pacientes oncológicos. Por tanto, nos planteamos si sería factible utilizar la musicoterapia para disminuir la ansiedad en los pacientes oncológicos tratados en la Unidad de Hospital de Día del Hospital Clínico Universitario de Valencia.

Nuestro objetivo fue tratar de medir el grado de ansiedad en este grupo de pacientes. Con ese fin de analizar el nivel previo y posterior a la intervención con musicoterapia. Para una vez comparados los resultados, comprobar si la música había disminuido o no el nivel de ansiedad de los pacientes oncológicos.

Para pacientes con cualquier tipo de tumor

Como método de recolección de datos hemos utilizado el cuestionario State Trait Anxiety Inventory (STAI), uno de los más utilizados para medir la ansiedad. Esta herramienta analiza los dos componentes: la ansiedad rasgo (estable y basada en la personalidad) y la ansiedad de estado (transitoria y basada en factores de estrés externos).

La población del estudio estuvo compuesta de 74 pacientes mayores de edad diagnosticados de cáncer, sin importar el tipo de tumor, localización o estadio, que recibían tratamiento en el servicio de día del Hospital. En torno al 70% fueron mujeres y el 30% hombres, con una media de edad de 55 años.

Se hicieron dos mediciones separadas en el tiempo, mediante el cuestionario STAI. La técnica de musicoterapia empleada fue pasiva. Esta consistió en la escucha de piezas musicales seleccionadas mientras se administraban los tratamientos. Más tarde, se compararon los resultados obtenidos en el cuestionario y se analizaron.

La disminución en la ansiedad estado y rasgo del grupo fue significativa en ambos casos. En el grupo control, que no había escuchado música alguna, estas medidas apenas variaron. Conviene destacar que la disminución en el grado de ansiedad estado fue mayor que en el grado de ansiedad rasgo.

Resultados efectivos

Podemos afirmar que la musicoterapia resultó efectiva, al disminuir los niveles de ansiedad estado y rasgo en el grupo intervención. Estos resultados son muy similares a los obtenidos en otras investigaciones relacionadas con la musicoterapia y la ansiedad, con similar diseño y método de recolección de datos.

Aunque es necesario ser precavidos, los resultados obtenidos no se pueden generalizar a toda la población. Las características de la muestra no son representativas, pues los pacientes no fueron seleccionados de forma aleatoria.

También es importante valorar el sesgo de aplicar el mismo cuestionario en dos momentos diferentes. Además, no se valoró la posible influencia de factores como la edad, el sexo, el entorno familiar y el apoyo social, el tipo de tumor, su localización y pronóstico, que podrían afectar a los resultados.

No obstante, sí es posible ver que la musicoterapia disminuye la ansiedad del enfermo oncológico y aumenta su sensación de bienestar. Por todo ello, recomendaríamos la utilización de esta técnica durante la administración de tratamientos en los servicios oncológicos.

Ramón Camaño Puig es Doctor Europeo por Leeds Metropolitan University (1997-Leeds, UK), diplomado en Enfermería y licenciado en Comunicación Audiovisual, ambos títulos por la Universidad de Valencia.

The Conversation
Opinión | 15 de noviembre

La comunidad como el eje de una sociedad próspera

Familias estables, buenos trabajos, escuelas sólidas, espacios públicos abundantes y seguros, y orgullo por las culturas e historia locales: estos son los elementos esenciales de las sociedades prósperas. Ni los mercados globales ni el estado-nación pueden abastecerlos adecuadamente, y algunas veces los mercados y los estados los socavan.

La economía enseña que la medida del bienestar de un individuo es la cantidad y variedad de bienes que puede consumir. Las posibilidades de consumo a su vez se maximizan al proporcionar a las empresas la libertad que necesitan para aprovechar las nuevas tecnologías, la división del trabajo, las economías de escala y la movilidad. El consumo es la meta; la producción es el medio para ello. Los mercados, en lugar de las comunidades, son la unidad y el objeto de análisis.

Nadie puede negar que esta visión de la economía centrada en el consumidor y en el mercado ha producido muchos frutos. La deslumbrante variedad de bienes de consumo disponibles en las megatiendas o puntos de venta de Apple de cualquier ciudad importante del mundo hubiera sido inimaginable tan solo hace una generación.

La irrupción de la desigualdad

Pero claramente no todo ha salido bien. Las divisiones económicas y sociales dentro de nuestras sociedades han provocado una amplia reacción en una amplia gama de entornos, desde Estados Unidos, Italia y Alemania en el mundo desarrollado hasta países en desarrollo como Filipinas y Brasil. Esta agitación política sugiere que las prioridades de los economistas pueden no haber sido del todo apropiadas.

Dos libros, uno de Raghuram Rajan y otro publicado este mes por Oren Cass, revisan nuestra cosmovisión económica y argumentan que deberíamos poner la salud de nuestras comunidades locales al frente y al centro de nuestras políticas públicas y nuestras vidas. Familias estables, buenos trabajos, escuelas sólidas, espacios públicos abundantes y seguros, y orgullo por las culturas e historia locales: estos son los elementos esenciales de las sociedades prósperas. Ni los mercados globales ni el estado-nación pueden abastecerlos adecuadamente, y algunas veces los mercados y los estados los socavan.

Los autores provienen de diferentes puntos de vista. Rajan es economista en la Universidad de Chicago y ex gobernador del Banco de la Reserva de la India. Cass se encuentra en el centro de derecha del Manhattan Institute for Policy Research y fue director de política nacional de la campaña presidencial del republicano Mitt Romney. No necesariamente se esperaría que un economista de Chicago o un republicano moderado tratara los mercados y la hiperglobalización con escepticismo. Pero ambos están perturbados por lo que ven como los efectos en las comunidades.

La importancia de crear comunidades

Rajan llama a la comunidad el “tercer pilar” de la prosperidad, tan importante como los otros dos pilares: el estado y el mercado. No menos que el poder estatal centralizado excesivo, escribe, la globalización no administrada puede desgarrar el tejido de las comunidades locales. Cass dice explícitamente que la política comercial y de inmigración de los Estados Unidos debería centrarse en primer lugar en los trabajadores estadounidenses.

Esto significa garantizar que los mercados laborales locales sean saludables y que haya muchos empleos en bienes con salarios decentes. Ambos autores enfatizan los beneficios del comercio y rechazan el proteccionismo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero están de acuerdo en que pudimos haber ido demasiado lejos en la hiperglobalización y no hemos prestado suficiente atención a los costos para las comunidades.

Cuando una fábrica local se cierra porque una empresa ha decidido subcontratar a un proveedor al otro lado de la frontera, se pierden más que los cientos (o miles) de empleos que se trasladan al extranjero. El impacto se multiplica a través de la reducción del gasto en bienes y servicios locales, lo que significa que los trabajadores y empleadores de toda la economía local se sienten afectados. Los ingresos fiscales del gobierno local también caen, por lo que hay menos dinero para gastar en educación y otros servicios públicos. La anomia, la desintegración familiar, la adicción a los opiáceos y otros males sociales suelen seguir.

La respuesta habitual de los economistas es pedir “una mayor flexibilidad en el mercado laboral”: los trabajadores simplemente deben abandonar las áreas deprimidas y buscar empleo en otros lugares. Pero como Cass nos recuerda, la movilidad geográfica debe ir acompañada de “la oportunidad de quedarse”. Incluso en tiempos de migración significativa, la mayoría de las poblaciones locales se quedaron y necesitaban buenos empleos y comunidades sólidas.

Alternativamente, los economistas podrían recomendar compensar a los perdedores del cambio económico, a través de transferencias sociales y otros beneficios. Dejando a un lado la viabilidad de tales transferencias, es dudoso que sean la solución. El desempleo socavará el bienestar individual y de la comunidad, incluso si los niveles de consumo se mantienen mediante subvenciones en efectivo.

En última instancia, es solo a través de la creación y expansión de empleos bien pagados que las comunidades locales pueden ser vitales. La propuesta de Cass es fomentar el empleo a través de subsidios salariales. Rajan enfatiza el papel de los líderes locales que pueden movilizar los activos de la comunidad, generar un compromiso social por parte de los residentes locales y crear una nueva imagen, todo en el contexto de políticas estatales más favorables y una globalización administrada.

Otros economistas han defendido programas de políticas industriales dirigidas regionalmente, fomentando asociaciones entre empleadores locales y universidades. Sin embargo, otros recomiendan el gasto público local, como programas de capacitación laboral para pequeñas y medianas empresas.

Las puertas que nos abren las nuevas tecnologías

No tenemos una buena solución sobre qué funciona mejor, y se necesitará una buena cantidad de experimentación de políticas para avanzar. Pero la urgencia de la acción se ve acentuada por el hecho de que las tendencias tecnológicas en curso amenazan con exacerbar los problemas existentes de las comunidades.

Las nuevas tecnologías digitales tienden a mostrar economías de escala y efectos de red, que producen concentración en lugar de localización de la producción. En lugar de difundir las ganancias, crean mercados que se llevan todos los ganadores.

La globalización de las redes de producción aumenta aún más estos efectos. La forma en que equilibramos estas fuerzas con las necesidades de las comunidades no solo determinará nuestras fortunas económicas, sino también nuestro entorno social y político. Como muestran Cass y Rajan, es un problema que los economistas ya no deberían ignorar.

Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, es el autor de Straight Talk on Trade: Ideas para una economía mundial sana.

© Project Syndicate 1995–2018

Opinión | 14 de noviembre

Foto: Cindy Ord / AFP

Trump post elecciones: poder en caída, furia en aumento

Los próximos meses pueden ser especialmente peligrosos. A medida que la posición política del presidente de los Estados Unidos se debilita y los obstáculos que enfrenta se incrementan, su inestabilidad representará un peligro cada vez mayor.

El drama de la presidencia de Donald Trump ha girado en torno de si un presidente extremista podría ejecutar un programa político extremista contra la voluntad de la mayoría de los estadounidenses. Hasta ahora la respuesta ha sido negativa; y el resultado de la elección intermedia lo hace mucho más improbable. Pero las crecientes frustraciones de Trump pueden llevarlo a un derrumbe psicológico, con consecuencias potencialmente angustiosas para la democracia estadounidense y para el mundo.

Trump ha buscado implementar su agenda radical de tres maneras distintas. La primera fue usar las mayorías republicanas en las dos cámaras del Congreso para tratar de aprobar leyes pese a la fuerte oposición popular. Este método funcionó una vez, con la rebaja del impuesto corporativo de 2017, porque los donantes del Partido Republicano insistieron en que se aplicara la medida; pero fracasó cuando Trump intentó derogar el Obamacare, ya que tres senadores republicanos se opusieron.

El segundo método es el uso de decretos ejecutivos para eludir al Congreso. Aquí los tribunales han intervenido reiteradas veces; la más reciente fue a días de la elección, cuando un tribunal federal de distrito suspendió los trabajos en el oleoducto Keystone XL, un proyecto al que los ambientalistas se oponen intensamente con el argumento de que el gobierno de Trump no presentó una “explicación razonada” de sus acciones. Trump ha abusado de su autoridad en forma reiterada y peligrosa, y los tribunales siguen forzándolo a retroceder.

La tercera táctica de Trump fue tratar de poner a la opinión pública de su lado. Pero a pesar de sus frecuentes mitines, o tal vez debido a ellos y a su vulgaridad incendiaria, el índice de rechazo de Trump ha superado al índice de aprobación desde los primeros días de su gobierno. En la actualidad, su índice general de rechazo es 54%, contra un 40% de aprobación (con aproximadamente un 25% de aprobación fuerte). No ha habido un cambio sostenido a favor de Trump.

En las elecciones legislativas, que Trump describió como un referendo sobre su presidencia, los candidatos demócratas para la Cámara de Representantes y el Senado superaron con creces a sus adversarios republicanos en términos absolutos. En la competencia por la Cámara, los demócratas recibieron 53.314.159 votos en el nivel nacional, contra 48.439 810 para los republicanos. En la competencia por el Senado, los demócratas superaron a los republicanos por 47.537.699 votos a 34.280.990.

Sumando los votos por partido en los últimos tres ciclos electorales (2014, 2016 y 2018), los candidatos demócratas al Senado superaron a los candidatos republicanos por unos 120 millones de votos contra 100 millones. Sin embargo, los republicanos mantienen una ligera mayoría en el Senado, donde a cada estado lo representan dos senadores sin importar el tamaño de su población, porque los republicanos tienden a ganar escaños en los estados menos poblados, mientras que los demócratas prevalecen en los grandes estados costeros y del medio oeste. 

El nuevo escenario para la Casa Blanca

Sin embargo, desprovisto del control de la Cámara de Representantes, Trump ya no podrá aprobar leyes impopulares. Sólo políticas con apoyo de ambos partidos tendrán una chance de ser aprobadas en las dos cámaras.

En el frente económico, las políticas comerciales de Trump se volverán todavía menos populares en los meses venideros, cuando agotado el estímulo efímero de la rebaja del impuesto corporativo, la economía estadounidense se enfríe como consecuencia de la creciente incertidumbre sobre la política comercial global, que paraliza la inversión empresarial, y del aumento simultáneo del déficit fiscal y de los tipos de interés. Los mendaces argumentos de seguridad nacional que adujo Trump para la suba de aranceles también serán objeto de cuestionamientos políticos y quizá judiciales.

Es verdad que Trump podrá seguir nombrando jueces federales conservadores con la casi certeza de que la mayoría republicana en el Senado confirmará sus nombramientos. Y en asuntos de guerra y paz, Trump actuará con un nivel de independencia terrorífico respecto del Congreso y de la opinión pública, un problema que aflige al sistema político estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Lo más probable es que Trump, como sus últimos predecesores, mantenga a Estados Unidos empantanado en guerras en Medio Oriente y África, pese a la poca comprensión o apoyo de la opinión pública.

Las nuevas vulnerabilidades de Trump

Sin embargo, hay tres motivos más para creer que el poder de Trump se debilitará significativamente en los próximos meses. En primer lugar, es muy probable que el fiscal especial Robert Mueller logre documentar ilícitos graves por parte de Trump, sus familiares o sus asesores cercanos. Antes de la elección Mueller mantuvo un perfil bajo, pero es casi seguro que pronto oiremos más de él.

En segundo lugar, los miembros demócratas de la Cámara de Representantes comenzarán a indagar en los manejos impositivos y comerciales de Trump, para lo cual tienen la potestad de dictarle intimaciones legales (subpoenas). Hay fuertes indicios de que Trump cometió actos de evasión fiscal importantes (como explicó hace poco el New York Times) y que enriqueció ilegalmente a su familia siendo presidente (una demanda que obtuvo vía libre judicial lo acusa de violar la cláusula de la Constitución referida a recibir dádivas de gobiernos extranjeros). Es probable que Trump ignore o resista las intimaciones, lo que puede ser el inicio de una seria crisis política.

En tercer lugar, y más importante, Trump no es un simple político extremista, sino que padece lo que el profesor Ian Hughes denominó hace poco “una mente en desorden”, llena de odio, paranoia y narcisismo. Según dos de sus observadores cercanos, el contacto del presidente con la realidad “seguirá disminuyendo” conforme enfrente cada vez más obstáculos políticos, investigaciones de sus manejos impositivos y comerciales, los hallazgos de Mueller y una oposición política fortalecida. Es posible que ya lo estemos viendo, en la conducta errática y agresiva de Trump desde la elección.

Los próximos meses pueden ser especialmente peligrosos para Estados Unidos y para el mundo. Conforme la posición política de Trump se debilite y aumenten los obstáculos que enfrenta, su inestabilidad mental será cada vez más peligrosa. Podría explotar de furia, despedir a Mueller y acaso tratar de iniciar una guerra o reclamar poderes de emergencia para restaurar su autoridad. Todavía no hemos visto a Trump totalmente enfurecido, pero es probable que lo veamos pronto, al estrecharse todavía más su margen de maniobra. En tal caso, mucho dependerá del funcionamiento del orden constitucional estadounidense.

Traducción por Esteban Flamini

Jeffrey D. Sachs es profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. También es director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

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