Tecnología | RED/ACCIÓN
Tecnología | 18 de enero de 2019

Foto: David McNeW / AFP

Los usos de la inteligencia artificial que deberíamos seguir de cerca

Muchos expertos en tecnología con una visión catastrófica aseguran que la inteligencia artificial tomará el control de nuestros empleos y dominará el mundo. Por ejemplo, Elon Musk. Otros, mucho más racionales, como Will Knight y Karen Hao, especialistas del MIT, explicaron cuáles son los temas relacionados a la inteligencia artificial a los que deberíamos prestarles atención sin perder tiempo.

  • Autos que se manejan solos: Las compañías como Tesla o Google tienen tecnologías de avanzada para los vehículos que se manejan solos. Pero si este tipo de tecnologías funcionan mal significa que un auto pueda colisionar y, potencialmente, herir a seres humanos. Ya ha pasado en marzo de 2018.
  • Bots de manipulación política: A principio del año pasado vimos cómo Cambridge Analytica utilizó sistemas de inteligencia artificial para mostrarle a los usuarios información para cambiar su intención de voto. Este tipo de tecnologías mejoraron notablemente en los últimos meses y seguiremos viéndolas en 2019.
  • Algoritmos en la guerra: La inteligencia artificial está inundando cada aspecto de nuestras vidas y la guerra no se queda afuera. Durante el 2018 vimos cómo se armó un escándalo en Google por el proyecto llamado Maven a través del cual el buscador quería venderle algoritmos a la Fuerza Aérea de Estados Unidos para que utilice en el campo de batalla.
  • La vigilancia de rostros: Países como China están utilizando cada vez más el reconocimiento facial a nivel Estado para identificar no solo dónde están sus habitantes, sino lo que están haciendo. Es preocupante.
  • Deep fake: Es un tema que ya toqué en FUTURO. Se trata de una tecnología que permite usar la inteligencia artificial para crear videos pornográficos sorprendentemente convincentes pero falsos.
  • Discriminación a través de algoritmos: Hay ejemplos de sobra en los que en los equipos que desarrollan los sistemas de inteligencia artificial no hay la diversidad suficiente y, por ese motivo, cuando son aplicadas nos encontramos con sistemas que discriminan a grupos minoritarios.

Hay que dejar de tenerle miedo porque sí a la inteligencia artificial y prestarle atención a los usos que, de verdad, podrían generar problemas sociales en todo el mundo. Y esos problemas no son que los robots tomen las armas, sino que discriminen, que manejen vehículos sin ser lo suficientemente inteligentes o que sean utilizados para la guerra.

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Tecnología | 17 de enero de 2019

Ilustración: Mana Le Calvet

Conspiración tecnológica o una sociedad superficial: ¿qué hay detrás del #10YearChallenge?

Lo habrán visto: gente subiendo imágenes comparativas entre ellos hoy y ellos diez años atrás. Lo habrán hecho, incluso: un espejo de lo que fueron y lo que son, un recuerdo de aquel 15 de enero de 2009 y este 15 de enero de 2019. Habrán pensado dónde estaban aquel verano, cómo tenían el pelo, con qué amigo o familiar se juntaban que ya no.

Quienes saben de lo que hablo conocen el fenómeno como el #10YearChallenge (el desafío de los 10 años). Hay algo clave en ese nombre, la palabra desafío. Pensemos: ¿cuál sería, técnicamente, el desafío en todo esto? No solo validar nuestra vanidad, les aseguro.

La variante filosófica del asunto pregunta por qué nos divierte tanto. Un día algo sucede en las redes que todos hacen y parece relevante y por algún motivo no queremos quedarnos afuera. Nos lanzamos a eso como si fuera una aventura, como quien entra a una pista de baile en busca de su gran amor.

Pasó a fin de año con el Top Nine 2018, de repente todos ponían en Instagram un mosaico demodé con las nueve imágenes más celebradas de su año. ¿Por qué? ¿Qué nos falta y qué nos da aquello que se vuelve tendencia? Puse algunos likes en aquel entonces, algo del año ajeno contaba también mi año, pero no quise hacer el propio. Una voz de alerta, supongo.

También pasó con el huevo. Obviamente, si usted es una persona con relativa curiosidad se preguntará qué es el huevo. La respuesta es fascinante y parece una obra de Duchamp. A algún extraño habitante de esta tierra se le ocurrió hacer una cuenta de Instagram de un huevo en la que invitaba a la gente a ponerle like a ese huevo (el posteo único de la cuenta) y así lograr que fuera la imagen más likeada de la historia de Instagram (récord que ostentaba Kylie Jenner, la hermana de Kim Kardashian, con 18 millones). El truco funcionó y explotó ayer: siete millones empezaron a seguir la cuenta y la imagen acumuló 45 millones de likes.

Tengo amigos que respeto incluso que dieron su aporte para el éxito del huevo. Cuando les pregunté por qué, la respuesta fue una mueca tan inentendible como el like mismo. Esa mueca era la forma en la que el cosmos me avisaba lo obvio, lo que ya debí entender cuando compartí en Instagram la primera de mis notas: este es el mundo en que vivimos.

Entra entonces la segunda variante de la cuestión, y en este caso además la más interesante. Los creadores de huevo rápidamente pusieron un link en el perfil en donde uno puede comprar el merchandasing del testículo. Digamos que ahí el truco es más bien obvio y de mal gusto, ¿pero en un caso como el del 10 year challenge? Si subir imágenes es gratuito, ¿quién monetiza?, ¿qué dios detrás de dios saca provecho?

No tan difundido como el challenge pero casi, apareció una nota en Wired sobre el riesgo de exponer tan livianamente esta información y sobre la posibilidad de que el meme lanzado alegremente fuera en verdad un truco para entrenar un algoritmo de reconocimiento facial que tome en cuenta el envejecimiento.

En el artículo, la periodista Kate O’Neill dice: “los humanos son las fuentes de datos más ricas para la mayoría de las tecnologías emergentes en el mundo. Debemos saber esto, y proceder con la debida diligencia y sofisticación”. Además, expone las muchas maneras en que podría usarse “el desafío” para mejorar el machine learning.

Sí, las imágenes ya estaban a disposición en la web, dice, pero no necesariamente catalogadas o fechadas. Para ella, quienes aceptaron el desafío le indicaron a un posible algoritmo cómo eran antes y cómo son ahora. Dicho de otro modo, se clasificaron.

Lo mismo sugirió Nicholas Thompson, editor en Wired: “Digamos que querés entrenar un algoritmo de reconocimiento facial que tome en cuenta el envejecimiento. ¿Qué hacer? Tal vez empezar con un meme como # 10YearChallenge”. Para él, la movida que tanto divierte a la multitud bien podría ser una herramienta. ¿Es muy difícil pensarlo sin parecer un loco alterado por las teorías conspirativas que necesariamente terminarían teniendo base en el 9/11 y las Torres Gemelas?

Cualquiera que profundice sobre el tema va a encontrar rápidamente artículos sobre China. Es que el gigante asiático está desarrollando fuertemente tecnologías de reconocimiento biométrico. Por lo pronto, los chinos ya pueden extraer plata o registrarse en vuelos por medio de reconocimiento facial. La tecnología tiene cientos de bondades: es fácil encontrar a alguien que se pierde, es fácil detener delincuentes… pero toda virtud tiene al acecho a su enemigo más vulgar: el abuso de poder. Con esta técnica, quienes se opongan al gobierno podrían ser vigilados las 24 horas del día. Big brother, un poroto.

Consultado sobre el tema de challenge, Hipólito Giménez Blanco (consultor en tecnología y experto en e-commerce), dice: “Es sorprendente: aparece lo del #10YearChallenge y todos se suben a compartir datos gratis. Nadie piensa que está facilitando el trabajo de los data scientists y ayudando a los algoritmos a trabajar mejor”.

Y agrega: “¿Está mal que la gente ayude a mejorar los algoritmos? No necesariamente, pero sí me parece que está mal que no lo sepan. Hay que empezar a ver la información como un bien de cambio. Imaginemos esta situación: un día de tu cuenta de banco te sacan 500 pesos de prepo que van a ser utilizados para terminar con el hambre en el mundo. ¿Está mal que se termine el hambre en el mundo y que vos ayudes a eso? No. Pero por seguro en ese caso vas a pedir que te los pidan en lugar de sacártelos. Con la información es lo mismo, solo que no hay esa conciencia”.

¿Se imaginan? Le damos el poder de nuestro dinero y nuestra información a Greenpeace, Unicef y la fundación de Madonna en el África, ¿viviríamos en un mundo mejor? Me pregunto si un mundo mejor es un mundo que funciona bien pero en el cual somos marionetas, o uno que funciona mal pero donde todo es producto de nuestros actos y decisiones.

Yo no lo sé, por supuesto, pero seguro que Mark Zuckerberg tampoco. Ni él debe entender del todo el mundo del que es parte. Aunque claro, yo no lo entiendo desde mi departamento en el barrio porteño de Chacarita, él no lo entiende desde alguna isla a su nombre. Es solo una nimiedad paisajística, ¿pero por qué alguien que maneja esa cantidad de información es capaz de comprar una isla y yo no?

Es naif preguntárselo, pero Hipólito me ayuda en la respuesta: “Un ejemplo: los sitios necesitan validar permanentemente que la gente que llena los formularios online no sean robots sino personas, entonces se desarrolló una tecnología que se llama CAPTCHA. En principio era para identificar textos. Te muestran un texto, vos lo transcribís y con eso van creando una base de conocimiento que validan con patrones para saber que lo que escribiste sea lo que aparecía en la imagen. Eso evolucionó y ahora Google lo usa para casi todo. Ofrece el servicio de validación gratuita pero va recopilando información. Así por ejemplo te pide que reconozcas semáforos en fotos y bien podría cargar esa información en Waze, que ahora fue comprado por Google. Otra vez: es un ejemplo de cómo a veces sin saberlo estamos trabajando para grandes empresas o regalándoles información”, explica. Es decir, aunque algunos seamos chicatos para verlo, es un negocio absoluto tener dominio de la información de las personas.

Juan Melano, analista en tecnología, también analiza el fenómeno: “Esto ya lo vimos en Cambridge Analitica, era toda infomacion que salía de juegos inocentes que después se usaba con fines políticos”, dice.

Aunque advierte que “todas las cosas que compartimos es información pública que está siendo utilizado por empresas”, ve una luz de esperanza en algunos proyectos surgidos desde la industria misma de la tecnología: “Toda la iniciativa de OAI (Open Artificial Intelligence) de Elon Musk está encaminada hacia ese lado: si todos los algoritmos de inteligencia artificial que vamos creando son de open source o de código abierto podemos saber qué está haciendo esa inteligencia con los datos que nosotros le proveemos. Obviamente es medio utópico, pero es interesante el ejercicio para explicitar que se pueden hacer cosas no benignas con los datos y con los procesos de inteligencia artificial que hay detrás”.

Pienso cómo hacer trampa desde dentro yo también. Cómo engañar a la matrix. Lanzaría un nuevo desafío. Lo llamaría el Two Centuries Challenge. Postearía fotos del alma del ser humano entonces y el alma del ser humano hoy. Es un artefacto extraño, lo sé. ¿El hombre sigue siendo el lobo del hombre? O el espía, o el amante secreto que un día te deja desnudo en plena avenida de la libertad. ¿Será que los dinosaurios se fueron de mambo con la tecnología y chau? ¿Será que somos libres realmente o hijos de un algoritmo?

Cierro el pico. Aprete aquí abajo el botón minimizar. Prometo no robarle su huella dactilar.

Tecnología | 16 de enero de 2019

Foto: Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima

Argentina logró extender la vida de una central nuclear y así bajar las emisiones de gases de efecto invernadero

En diciembre de 2015, la central nuclear de Embalse, en Córdoba, dejó de producir energía: terminó el ciclo ideado por los canadienses que la pusieron en marcha en 1984. Sin embargo, la Argentina tiene demasiada experiencia en tecnología nuclear como para dejar que la central simplemente se apagara. Por eso encaró una mega obra y logró lo que sólo siete países del mundo podrían haber hecho: renovó la central, le dio más potencia y el 4 de enero encendió el reactor que generará electricidad para 3 millones de personas durante 30 años más.

Para el país es un hito tecnológico que incluso podría exportarse: en el mundo hay 50 centrales como la de Embalse que necesitarán una renovación y Argentina podría competir en esas licitaciones. La obra, además, ofrece una segunda oportunidad para las centrales nucleares: constituirse en el complemento ideal de las energías renovables, ya que a diferencia de las centrales térmicas de gas o fuel oil, no generan los gases de efecto invernadero que alimentan el cambio climático.

Sólo siete países podrían haberlo hecho

“Lo que pasó en Embalse demuestra que Argentina domina la tecnología CANDU, que es la de la central cordobesa. Y es un hito tecnológico en términos de habilidades y capacidad de organizarse y articular esfuerzos privados y públicos para darle una nueva vida útil a una central nuclear”, considera el físico Diego Hurtado, director del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica de la Universidad Nacional de San Martín.

Francia, China, Estados Unidos, Rusia, Japón y Corea del Sur son los otros países que dominan esta tecnología. También son los únicos que construyen centrales nucleares destinadas a generar energía.

Para entender la dimensión del proyecto que llevó adelante Nucleoeléctrica Argentina, la empresa estatal operadora de las tres centrales que tiene el país, sirve analizar algunas fechas y números. En primer lugar, el plan para extender la vida útil de Embalse empezó a diseñarse en 2005 y la obra en sí demandó tres años. La inversión global fue de US$ 2140 millones, casi cinco veces el presupuesto que el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) tiene asignado para todo 2019.

Crédito: Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima.

En el proyecto participaron 650 ingenieros, técnicos y especialistas. Y 4200 operarios. Todo el personal fue entrenado dos años antes de la obra y durante la ejecución de los trabajos.

Explicar la ingeniería de los trabajos llevaría muchas líneas, aunque se puede leer en un documento interno que lo resume. Pero las tareas más relevantes fueron el retubado del reactor, el cambio de los generadores de vapor, el aumento de potencia y la actualización de toda la instalación.

Reduce las emisiones de gases de efecto invernadero

La esencia de una central nuclear sucede en el núcleo del reactor. El de Embalse es de unos cinco metros de diámetro y paredes de acero. Ahí adentro ocurre de manera controlada un fenómeno físico: un átomo muy pesado, el uranio, se parte en dos cuando es bombardeado por neutrones, que son partículas muy pequeñas que conforman el átomo.

En ese proceso, además de los dos fragmentos en los que se divide el átomo, se liberan dos o tres neutrones que a su vez golpean otros átomos de uranio. Ese proceso, llamado fisión, produce una enorme cantidad de energía. Y esa energía es la que calienta el agua, generar vapor y alimentar una turbina que produce electricidad.

Lo podés entender fácil en este video de un minuto:

Fuente: Nucleoeléctrica Argentina.

Con la extensión de vida, Embalse también ganó potencia: pasó a ser de 683 megavatios, un 6 % más que antes. Es decir, cuando en invierno ya esté funcionando al 100 % de su capacidad, producirá energía como para 3 millones de personas. Y a un costo por debajo del promedio actual: US$ 47 el megavatio por hora, mucho menos que los US$ 75 promedio que paga hoy el Estado por la energía.

Con las tres centrales argentinas (sumando Atucha I y II) funcionando a pleno, la energía nuclear pasará a representar el 6 % de la matriz energética. Hoy, sin Embalse, es el 4,8 %.

Pero embalse representa algo más que un hito tecnológico. También, para varios especialistas, es una segunda oportunidad para la energía nuclear por su capacidad de complementar a las energías renovables sin emitir gases de efecto invernadero.

“La energía solar y eólica son intermitentes porque dependen de las condiciones climáticas para su generación. Por eso, las energías renovables deben complementarse con energía de base. Y lo que logramos al sumar energía nuclear es reemplazar en alguna proporción parte de la energía que la Argentina produce con las centrales térmicas, que son las que más gases de efecto invernadero producen”, analiza Julián Gadano, subsecretario de Energía Nuclear de la Nación.

Ocurre que en el país la energía eléctrica se produce en un 65 % por generación térmica, es decir en centrales que operan con combustibles fósiles: gas, fuel oil o carbón. Mientras que las centrales hidroeléctricas aportan un 27,5 % y las nucleares cerca del 5%. El resto, menos del 3% lo aportan las renovables.

Este gráfico muestra la evolución de la producción de energía eléctrica en Argentina, por tipo de fuente, en gigavatio-hora, para el período 1992-2017:

Fuente: Cammesa 2017

En gran medida por la composición de esta matriz es que el principal generador de gases de efecto invernadero es el sector energético.

“La central de Embalse va a evitar el equivalente de las emisiones anuales de seis centrales térmicas a gas o las emisiones equivalente a 1 millón de autos”, graficaron desde la Secretaría de Gobierno de Ambiente de la Nación.

Un pastilla de uranio (combustible de las centrales nucleares) del tamaño de una moneda de 25 centavos produce la misma cantidad de energía que 40 garrafas de gas natural o que una tonelada de carbón mineral o que 477 litros de petróleo, tal como lo ejemplifica este gráfico:

Fuente: Comisión Nacional de Energía Atómica.

Para el investigador de la Universidad Nacional del Centro, Gabriel Blanco, experto en emisiones y sus efectos en el cambio climático, las centrales nucleares efectivamente son más limpias en cuanto a la generación de gases de efecto invernadero, pero presentan otras dudas ambientales.

“El principal problema es qué hacer con los desechos combustibles (el uranio se mantiene radioactivo durante 10 mil años y por eso por ahora es almacenado en piletones dentro de los mismo predios de las centrales) y cuáles son los daños ambientales que genera extraer uranio”, remarca Blanco.

Las dudas sobre la cuarta central

La idea de que Argentina construya una cuarta central nuclear sigue en pie y está en la agenda del Gobierno. Sin embargo, para eso hay que pensar en una inversión que no baja de los U$S 6.000 millones. El socio para financiar esa central sería China, como se viene barajando desde hace por lo menos cuatro años, sin embargo por ahora no hay precisiones.

Desde la Subsecretaría de Energía Nuclear simplemente deslizan que en marzo puede haber novedades. “La intención es que Argentina pueda llegar al año 2050 con el 10 % de su energía producida por centrales nucleares”, se limita a decir Gadano.

Si bien Argentina domina gran parte de la tecnología nuclear, proporcionalmente genera menos energía nuclear que la media mundial, que es del 11 %.

Proporcionalmente, de los 30 países que tienen las 448 centrales nucleares del mundo, Francia es el país que más energía nuclear usa (72,8 % del total), seguido de Eslovaquia (54 %) y luego por Bélgica y Hungría (51,2 %). Para Estados Unidos representa el 19,6 %.

Mientras que de América Latina, sólo México (3,5 %) y Brasil (2,6 %) tiene centrales nucleares, pero con una incidencia menor dentro de su matriz energética que la que tiene la Argentina.  

La oportunidad de exportar conocimiento

“Lo que se logró en Embalse es sumamente importante. Porque una gran parte de las centrales CANDU están llegando a su fin de ciclo de vida útil. Por lo que la experiencia que obtuvo la Argentina es útil pensando en los reactores que tiene Canadá, Corea del Sur y China. En general todos los países están pensando extender el ciclo de vida. Y Argentina puede salir a ofrecer esos servicios”, considera Carla Notari, fundadora y decana del Instituto de Tecnología Nuclear Dan Beninson, de la Universidad Nacional de San Martín.

Nucleoeléctrica Argentina podría ser la encargada de salir a pelear ese mercado. Al menos eso aventura Julián Gadano: “Estamos estableciendo contactos para que Nucleoeléctrica tenga un perfil más exportador”.

La tradición argentina en tecnología nuclear ya le permitió al país exportar reactores de producción de radioisótopos para uso medicinales a varios países: Perú, Egipto, Argelia y, el último en 2006, a Australia. Mientras que actualmente, la estatal rionegrina INVAP fabrica uno para Holanda.

A eso hay que sumarle el diseño que realiza la Comisión Nacional de Energía Atómica de un pequeño reactor de potencia (para generar energía) que podría ser exportado y sumar operaciones por no menos de U$S 50.000 millones en las próximas dos décadas. Suena exagerado, pero aparece como posible: el prototipo de reactor, llamado CAREM, lo está construyendo la CNEA en Lima, partido de Zárate, y prevén terminarlo en 2021.

Podría convertirse en el desarrollo más importante en toda la historia nuclear nacional. El modelo, llamado CAREM, puede sentar las bases para que la Argentina de pelea en un mercado mundial que podría llegar a demandar 425 reactores de este tipo de aquí a 2035, según un informe de la Agencia de Energía Nuclear de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Tecnología | 11 de enero de 2019

Foto: Mandel Ngan / AFP

Bill Gates preocupado por la edición genética en humanos

Muchos hablan de la inteligencia artificial como la tecnología que generará verdaderos problemas a futuro incluso cuando no se sabe cómo evolucionará. Pero Bill Gates está preocupado por otra cosa: la edición genética en humanos. Según el creador de Microsoft esta técnica se trata del “debate público más importante del que no estamos hablando lo suficiente”.

Todo esto surge de una noticia que ya comentamos en una edición pasada de FUTURO: He Jiankui, un investigador chino, generó polémica a nivel mundial por haber modificado genéticamente los embriones de dos gemelas para volverlos más resistentes al VIH, del cual el padre es portador.

Según Gates las cuestiones éticas que involucra son inmensas y esta técnica “podría empeorar la desigualdad, especialmente si solo está al alcance de personas ricas”. “Este podría ser el debate público más importante del que no estamos hablando lo suficiente”, agregó.

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Tecnología | 10 de enero de 2019

La Inteligencia Artificial tiene el potencial de revolucionar el bienestar humano

Michael Chui es miembro del McKinsey Global Institute y un experto en el impacto de la tecnología en la sociedad.

El entusiasmo actual en torno a la inteligencia artificial no solo refleja el modo en que las aplicaciones de la tecnología podrían transformar las empresas y las economías, sino también la expectativa de que pueda dar respuesta a retos como el cáncer, la educación y el cambio climático. Obviamente, la idea de que pueda revolucionar el bienestar humano es atractiva, pero ¿cuán realista es?

Para responder a esa pregunta, el McKinsey Global Institute ha examinado más de 150 escenarios en que la Inteligencia Artificial se aplica o podría aplicarse para el bien común. Llegamos a la conclusión de que la IA podría convertirse en una potente contribución para resolver muchos tipos de desafíos de la sociedad, pero no es un remedio mágico… al menos no todavía. Si bien su alcance es amplio, antes de que se materialicen sus beneficios a escala global es necesario superar los obstáculos y riesgos de su aplicación.

La revolución ya está ocurriendo

No hay dudas de que la IA ya está cambiando la manera en que enfrentamos los retos para el desarrollo humano. Por ejemplo, en 2017 el software de detección de objetos y las imágenes por satélite ayudaron a los rescatadores en Houston mientras se desplazaban por los efectos del Huracán Harvey. En África, los algoritmos han ayudado a reducir la caza furtiva en parques naturales.

En Dinamarca, se usan programas de reconocimiento de voz para detectar si en las llamadas de emergencia los pacientes están sufriendo un paro cardíaco. Y en el MIT Media Lab, en los alrededores de Boston, los investigadores han recurrido al “refuerzo educativo” en ensayos clínicos simulados en que participan pacientes con glioblastoma, la forma más agresiva de cáncer cerebral, para reducir las dosis de quimioterapia.

Más todavía, esto es solo una fracción de lo que es posible. La IA ya puede detectar signos tempranos de diabetes a partir de datos de sensores del rimo cardiaco, ayudar a que niños con autismo manejen sus emociones y guiar a las personas con discapacidad visual. Si estas innovaciones se usaran y estuvieran disponibles ampliamente los beneficios sanitarios y sociales serían inmensos. De hecho, nuestra evaluación concluye que las tecnologías de IA podrían acelerar el avance en cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Los obstáculos para que el impacto se multiplique

Pero para que cualquiera de estas soluciones de IA signifique una diferencia a escala global, se debe aumentar radicalmente su uso. Para ello, primero debemos abordar los obstáculos para su desarrollo y, al mismo tiempo, reducir los riesgos que podrían volverlas más dañinas que benignas.

Por el lado del desarrollo, la accesibilidad de datos es uno de los mayores obstáculos. En muchos casos, los datos sensibles o comercialmente viables que tienen implicaciones para la sociedad son de propiedad privada y las organizaciones no gubernamentales no pueden acceder a ellos. En otros casos, la inercia burocrática mantiene en la oscuridad datos que podrían llegar a ser útiles.

Los llamados retos de implementación de “última milla” son otro problema común. Incluso en casos en que los datos están disponibles y la tecnología es madura, la falta de científicos de datos puede volverlas difíciles de aplicar en el ámbito local. Una manera de abordar la escasez de trabajadores con las habilidades necesarias para implementar y fortalecer capacidades de IA es que las compañías los empleen para dedicar más tiempo y recursos a causas benéficas. Deberían fomentar que los expertos de IA adopten proyectos pro bono y los recompensen por hacerlo.

Hay riesgos, por supuesto. Se puede hacer un uso indebido de las herramientas y técnicas de IA, de manera intencional o inadvertida. Por ejemplo, se pueden incluir sesgos en los algoritmos o conjuntos de datos de IA, lo que puede amplificar las desigualdades existentes cuando se usen las aplicaciones. Según un estudio académico, las tasas de error del software de análisis facial son de menos de 1% para hombres de tez clara, pero pueden llegar al 35% en el caso de mujeres de tez negra, lo que plantea importantes preguntas sobre cómo el prejuicio humano está presente en la programación de IA. Otro peligro obvio es el mal uso de la IA por quienes deseen amenazar la seguridad emocional, financiera, digital y física de las personas.

Los actores interesados de los sectores público y privado deben colaborar para dar respuesta a estos problemas. Por ejemplo, para aumentar la disponibilidad de los datos, las autoridades públicas y los actores privados deberían dar un mayor acceso a quienes busquen usar los datos para iniciativas en pro del bien público. Ya las compañías de satélites participan de un acuerdo internacional que las compromete a otorgar un acceso libre durante emergencias. Las relaciones de colaboración en torno a datos como estas se deben ampliar y convertirse en un rasgo de sus rutinas operacionales.

La IA se está convirtiendo con rapidez en una parte invaluable de las herramientas para el desarrollo humano. Pero para hacer realidad por completo su pleno potencial benefactor, hay que centrarse menos en las expectativas y más en los obstáculos que lo impiden.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Tecnología | 4 de enero de 2019

Ilustración: Mana Le Calvet

¿Cuáles deberían ser las metas para el mundo de la tecnología en 2019?

El 2018, sin lugar a dudas, no fue un buen año para las compañías tecnológicas. Si dejamos afuera de la ecuación a Apple, el resto tuvo graves inconvenientes. Facebook está a la cabeza, sin lugar a dudas, después de haber atravesado el escándalo de Cambridge Analytica, pero no fue la única. Amazon y los problemas con sus empleados no se queda atrás, la inteligencia artificial de los vehículos de Tesla causaron un accidente mortal, y el CEO de Google se tuvo que sentar en el banquillo y declarar ante Senadores estadounidenses por, entre otras cosas, los rumores del lanzamiento de un buscador censurado en China.

Por ese motivo desde el MIT hicieron una lista de temas que todas estas compañías deberían tener en cuenta para el año que recién arranca:

  1. Trabajar activamente para proteger los datos de los usuarios
  2. Luchar contra las fake news y el discurso de odio
  3. Promover la diversidad laboral
  4. Pagar los impuestos de manera justa
  5. Hay que dejar de usar a las firmas de comunicación para sortear las críticas (hola, Zuckerberg)
  6. Frenar los instintos anticompetitivos y monopólicos

La tecnología, sin lugar a dudas, puede hacer del mundo un lugar mejor, pero en el año que terminó las gigantes tecnológicas mostraron su lado oscuro y el poder al que accedieron por, entre otras cosas, pocas regulaciones y falta de leyes que protejan a las personas. Esperemos que no pase lo mismo en 2019.

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Tecnología | 28 de diciembre de 2018

¿Cuál es el mejor asistente de voz del mercado?

A medida que los parlantes inteligentes se vuelven un producto cada vez más convencional en los hogares de los EE.UU., los asistentes de voz (el software que “escucha” las órdenes que les damos) empiezan a tomar mucha importancia. Cada vez hay más personas que le piden a sus dispositivos, a través de comandos de voz, que realicen diferentes tareas como revelar el informe del clima, poner música o que hagan una búsqueda por ellos. El mercado de los asistentes de voz es muy competitivo, y tiene cuatro grandes jugadores: Assistant (de Google) Siri (de Apple) Alexa (de Amazon) y Cortana (de Microsoft).

Ahora un informe de la compañía Loup Ventures reveló cuál funciona mejor. Para eso les hicieron 800 preguntas a cada asistente. Google Assistant pudo contestar el 88% de ellas correctamente seguido por Siri con un 75%, Alexa con 73%, y Cortana con 63%. Lo bueno es que están mejorando de manera progresiva, porque el año pasado, en el mismo orden, contestaron el 81%, el 52%, el 64% y el 56%. 

Los tres grandes tienen sus propios parlantes inteligentes: Amazon Echo, Google Home, Apple HomePod. El asistente de voz Cortana, de Microsoft, se encuentra instalado en parlantes inteligentes de terceros. En los EE.UU. hay ya instalados unos 50 millones, y el líder es Amazon, quien inventó la categoría en 2015, con un 70% del mercado. Le sigue Google con el 24%, luego Apple con el 6%. Los analistas anticipan que el mercado seguirá creciendo en 2019.

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Tecnología | 21 de diciembre de 2018

Por primera vez, servicios online produjeron más series que cadenas de TV

Hace solo algunos años todavía parecía extraño que compañías de streaming produjeran series propias. Hoy que Netflix presente un producto original ya es algo cotidiano, pero 2018 se convirtió en el primer año en que este tipo de servicios superó al resto de las productoras.

La cadena FX presentó, nuevamente, su informe anual y reveló que servicios de streaming, como Netflix, Amazon o Hulu, crearon 160 series propias. Así logró superar a las cadenas abiertas, con 146, al cable básico, con 144, y las cadenas premium, con 45.

El mercado espera que esta tendencia se profundice. Warner presentará su propio servicio en 2019, Disney hará lo mismo supuestamente a fines del año que viene y Apple, si bien no confirmó nada, estaría trabajando también en uno.

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Tecnología | 14 de diciembre de 2018

Animación: Pablo Domrose

El CEO de Google declaró ante el Congreso de los Estados Unidos

Como sucedió con Mark Zuckerberg hace solo unos meses, Sundar Pichai, el CEO de Google, tuvo que sentarse a dar explicaciones ante a un grupo de representantes del Congreso de Estados Unidos, preocupados por su innegable poder: no solo se trata del buscador más grande del mundo, sino también de la plataforma de videos más consumida y el sistema operativo móvil más utilizado. Después de tres horas y media de preguntas, Pichai no dio ninguna sorpresa.

Si bien confirmó que hubo alrededor de 100 empleados de la empresa trabajando en el buscador censurado para China, aclaró que “por el momento” Google no hará ningún lanzamiento en el país asiático.

Los representantes del Congreso también le preguntaron acerca del algoritmo de YouTube y cómo pensaba la compañía combatir los contenidos relacionados a la supremacía blanca y el extremismo político. Apegado al manual, enfatizó que se trata de un sistema neutral: “YouTube es una plataforma importante y cuando encontramos violaciones a nuestras políticas, esos videos son eliminados”. Eso sí, reconoció que no supieron resolver aún el inconveniente de la viralización de teorías conspirativas que aunque no se trate de contenidos violentos, puede promover la desinformación. “Estamos buscando hacer más”, dijo.

En cuanto a la privacidad y la cantidad de información que tiene Google de sus usuarios, no aportó novedad: “Los usuarios tienen el control de la información que Google tiene sobre ellos. Para todos los servicios de Google, se puede elegir qué información se recopila y lo hacemos de forma transparente”.

Como también sucedió con Zuckerberg, fue obvio que los representantes del Comité Judicial de la Cámara de Representantes no sabían cómo funcionan los productos de Google y la manera en la que podrían haber puesto a Pichai contra las cuerdas. A diferencia del CEO de Facebook, el del buscador quedó mucho mejor parado.

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Tecnología | 13 de diciembre de 2018

Fútbol, dinero y muerte: qué somos los argentinos según Google

Somos lo que buscamos. Y con los reportes de Trends de cada fin de año, Google nos dice qué buscamos; en 2018, los argentinos quisimos saberlo todo (bueno, o al menos algo) sobre este top 5: el Mundial de Rusia, los vaivenes del dólar, las muertes de Débora Pérez Volpin y de Stan Lee, y los matches de Juan Martín del Potro.

Si somos lo que buscamos, entonces somos fútbol, dinero, muerte, más muerte y tenis.

Entre las personas más buscadas, también estuvieron Pity Álvarez, el líder de Viejas Locas e Intoxicados que este año mató a una persona; y Luis Miguel, cuya vida dio guión a una de las series más vistas.

En las tendencias internacionales, el Mundial de Rusia también fue lo más buscado. Y Stan Lee quedó en el cuarto lugar.

Francia y Croacia, en el Mundial 2018. Foto: Sportingnews.com

Meghan Markle, la esposa del príncipe Harry (ahora, Meghan, duquesa de Sussex), fue la persona más buscada en el índice propio de personas.

En su libro Everybody Lies: Big Data, New Data, and What the Internet Can Tell Us About Who We Really Are, Seth Stephens-Davidowitz, un ex analista de datos de Google, dice que Google Trends da cuenta de quiénes somos y de cuáles son nuestros intereses, mucho mejor que las encuestas. “Estoy ahora convencido de que las búsquedas en Google son el conjunto de datos más importante jamás recopilado sobre la psiquis humana”, dijo.

Esta ha sido nuestra verdad en 2018: los argentinos quisimos saber también qué significa “skere”, qué se celebra el 9 de julio y qué es el Misoprostol. 

Trap, historia y aborto (“Cómo va la votación del aborto en el Senado” rankeó en el segundo lugar en el índice propio de “Cómo”).

Checkeá todos los Trends para Argentina acá. Y los globales, acá.

Tecnología | 7 de diciembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Facebook y Mark Zuckerberg, otra vez en medio de la tormenta

Se siguen sumando problemas a Facebook: esta vez el legislador británico Damian Collins reveló un documento de 250 páginas donde se pueden leer, por ejemplo, mails entre Mark Zuckerberg, el fundador y CEO, y altos ejecutivos. Después del escándalo de Cambridge Analytica y un hack que sufrió la compañía que afectó a 50 millones de usuarios, este es un nuevo revés porque muestra el transfondo de controvertidas decisiones que tomó la compañía.

Algunos de los puntos más problemáticos:

  • Zuckerberg aprobó que se bloqueara la posibilidad de los usuarios de la red social Vine, que hoy ya no existe y era de Twiter, de encontrar amigos a través de Facebook.
  • La red social incluyó a ciertas compañías, como Airbnb o Netflix, en una lista blanca para que tuvieran acceso completo a los datos de los amigos de los usuarios. “No está claro si hubo consentimiento del usuario para esto”, dijo Collins.
  • Facebook accedió al historial de llamadas de los usuarios sin avisarles para poder hacer sugerencias de “Personas que quizás conozcas” y modificar las clasificaciones de las noticias.
  • Facebook usó Onavo, una de sus aplicaciones, para saber qué apps utilizaban sus usuarios sin que ellos lo supieran. Así es como habría decidido comprar WhatsApp por us$ 19.000 millones.

¿Qué dijeron desde la empresa? Que esto muestra solo una parte de la historia y hay cosas fuera de contexto. Además, que se tratan de documentos de 2014 y 2015 y que desde ese momento hasta ahora la plataforma cambió notablemente.

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Tecnología | 30 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Un científico chino dice haber modificado genéticamente a bebés

El investigador He Jiankui está en el medio de una polémica mundial por haber revelado, a través de un video que subió a YouTube, que modificó genéticamente los embriones de dos gemelas para volverlos más resistentes al VIH, del cual el padre es portador.

Científicos de todo el mundo se manifestaron en contra de Jiankui e incluso desde la SUSTech (Universidad del Sur de Ciencia y Tecnología, de China), donde trabaja el experto, dijeron que “desconocían el proyecto de investigación y su naturaleza”. El Comité Académico del departamento “cree que la conducta del doctor He Jiankui al usar CRISPR/Cas9 para editar embriones humanos violó gravemente la ética y los códigos de conducta académicos”. La técnica utilizada por el científico permite identificar y reemplazar partes indeseables del genoma de los embriones.

“Si es cierto, este experimento es monstruoso”, afirmó Julian Savulescu, profesor de la Universidad de Oxford. “Los embriones estaban sanos, sin enfermedades conocidas. La edición genética en sí misma es experimental y todavía está asociada con mutaciones no buscadas, capaces de causar problemas genéticos en etapas tempranas y más tardías de la vida, incluido el desarrollo de cáncer”.

Si bien esto generó una tormenta de críticas, todavía la investigación no pudo ser constatada porque no fue publicada en ninguna revista especializada y, por ende, tampoco pudo ser sometida a análisis. Aún así, se genera un debate científico, ético y filosófico.

Leé la edición completa de FUTURO, la newsletter con la tecnología que viene, hoy.

Tecnología | 23 de noviembre de 2018

Ilustración por Pablo Domrose

El Bitcoin sigue perdiendo valor y despierta críticas por su impacto ambiental

En diciembre del 2017 el precio de un Bitcoin (la criptomoneda basada en tecnología blockchain) rozaba los US$20.000. Todos querían invertir y subirse al tren de hacer plata fácil a través de internet. Un año más tarde su cotización está apenas por encima de los US$4.000. En el pico más alto el total de Bitcoins disponibles en el mundo estaban valoradas en unos US$323.000 millones. Hoy esa cifra es de unos US$80.000 millones si se suman los más de 17 millones que hay disponibles.

Después de su nacimiento en enero de 2009 y del éxito inicial de esta moneda virtual surgieron más de 2.000 criptomonedas como Ethereum, Ripple, Stellar, EOS y una extensa lista suman ahora un valor conjunto de US$147.000 millones. En enero esta cifra era de casi US$800.000 millones, es decir, perdieron el 82% del valor en moneda constante.

Los seguidores de esta moneda aseguran que es el futuro mientras que tanto sus detractores como la realidad indican que, al menos por ahora, es muy difícil confiar en ella por su extrema volatilidad. Y más críticas se alzaron hace pocos días, cuando nuevos cálculos demostraron que el método de acuñar nuevas monedas (computadoras que hacen complejos cálculos matemáticos) consume más del doble de energía eléctrica que lo que consumen las industrias de la plata y el oro.

Leé la edición completa de FUTURO, la newsletter de tecnología de RED/ACCIÓN

Tecnología | 16 de noviembre de 2018

Kate Crawford: “La inteligencia artificial amenaza con aumentar las desigualdades y limitar las libertades individuales”

Es la mirada de la investigadora líder de Microsoft, exmano derecha de Barak Obama en el tema, y una de las personas que más está luchando contra la grieta social y política que está generando la revolución tecnológica. “Quien controle la Inteligencia Artificial, controlará el mundo”, alerta la experta.

Crawford, que antes de zambullirse en el mundo de la tecnología lanzó tres álbumes y fue parte de un popular dúo de música electrónica en Australia, está enfocada en sacar a la luz los problemas sociales derivados de la revolución digital. Ella se dedica a estudiar cómo los algoritmos marginan a las minorías.

La irrupción de la inteligencia artificial y los algoritmos están teniendo un enorme impacto en la sociedad y Crawford advierte que si no se regula, amenaza con aumentar las desigualdades y socavar las libertades individuales.

La revolución tecnológica ya es una realidad y está cambiando rápidamente el trabajo, muchos de los cuales están desapareciendo y se están simplificando. Un estudio de McKinsey del año pasado advierte que esto generará aún mayor inequidad.

  • El Banco Mundial dice que el 57% de los trabajos en las economías desarrolladas están amenazados por la robotización y la inteligencia artificial y la automatización está creciendo a una tasa de 15% anual.
  • Dos de cada tres chicos que ahora entran a la escuela van a terminar trabajando en empleos que hoy no existen.

El Gobierno de Mauricio Macri ha hecho una fuerte apuesta a la economía del conocimiento y usar la revolución digital como una herramienta de inclusión y desarrollo. Y es por eso que invitaron a Crawford a Buenos Aires esta semana, en el marco del programa Argentina 2030 de la Jefatura de Gabinete.

“Creo que Argentina está muy bien ubicada para convocar a más expertos de diferentes disciplinas para empezar a pensar en las implicancias sociales de la inteligencia artificial. Posicionaría a la Argentina en un lugar de liderazgo, junto con otros países que están viendo esto como un tema interdisciplinario y social”, dijo Crawford en una reunión con periodistas en la Casa Rosada.

Crawford, que se reunió con Macri, dice que “ustedes tienen científicos sociales, antropólogos y sociólogos que están analizando el impacto social de esta tecnología. Hay que ver cómo se los incluye para que sean parte de estos desafíos de investigación. Creo que se podría hacer”.

El peligro de que no se regule

La razón por la cual la investigadora cree que es urgente desarrollar políticas públicas para regular la irrupción de la inteligencia artificial es porque está convencida de que si no lo hacemos, tendremos que enfrentar un enorme conflicto social.

El primer problema que ve es que la inteligencia artificial está concentrada en pocas manos: “Hay solo cinco grandes compañías en los Estados Unidos que están desarrollando inteligencia artificial y otras cuatro en China”, explicó la experta. “Estamos en una carrera para dominar esa tecnología”.

Y es por eso que Crawford dice que en el debate de cómo regularla y así desarrollar buenas políticas públicas, el factor geopolítico no puede quedar fuera  y es fundamental que las regiones trabajen de manera conjunta.

Actualmente hay una enorme brecha entre los que están haciendo los Estados Unidos y China, por un lado, y el resto del mundo. El temor de muchos expertos, incluyendo la investigadora de Microsoft,  es que los demás están quedando tan retrasados, que los países se convertirán en “clientes de los Estados Unidos y China”.

“A la hora de analizar estas tecnologías hay que preguntarse quién recibirá los mayores beneficios y quiénes correrán los mayores riesgos”, dice Crawford. Y es por eso que es imperativo “que se estudien las implicancias sociales y políticas de los algoritmos que se utilizan en el desarrollo de los sistemas de datos y machine learning”.

Dice que el mundo digital está reproduciendo las desigualdades del mundo real y es por eso que los políticos tienen que entender cómo funcionan los sistemas de inteligencia artificial.

“A los algoritmos se les enseña a identificar y retroalimentarse con la información. El problema es que esos mismos sistemas los está usando la policía en los Estados Unidos para predecir crímenes”. Explica que se alimenta al algoritmo de una forma que refleja patrones de barrios de alta criminalidad y con los prejucios de los propios programadores. Pero esos sesgos reproducen estereotipos y el sistema de inteligencia artificial lo toma como única verdad. “Les estamos inyectando nuestras limitaciones y nuestra forma de marginar”, dice Crawford.

Crawford dio como ejemplo el caso del sistema de reconocimiento de imágenes de Google que confundía fotos de gorilas con personas de tez negra y el sistema de análisis de CV que usaba Amazon y que automáticamente discriminaba a las mujeres a la hora de ofrecer recomendaciones de a quién contratar. El gigante del comercio online tuvo que desecharlo a las pocas semanas.

Las fallas fueron identificadas y los errores corregidos, pero estos casos, como también otros, dejaron en claro que los datos con los que se nutren los algoritmos son cruciales para evitar que haya discriminación. “Es muy difícil lidiar con los sesgos”, advirtió la especialista. Y es por eso que ella insiste en que es fundamental trabajar con equipos multidisciplinarios, que incluyan filósofos y sociólogos, a la hora de desarrollar esta tecnología.

El año del ajuste de cuentas

Esos dos ejemplos y el escándalo de Cambridge Analytics y Facebook han sido un balde de agua fría que ha despertado la conciencia acerca la necesidad de diseñar políticas públicas para asegurarse de que los algoritmos no pasen a controlarnos.

Y eso se ve en las recientes presiones de empleados en Google, Amazon y Facebook exigiendo tener un rol sobre el impacto social de la tecnología que construyen. Y en las protestas para que las empresas no trabajen con el Pentágono o la policía.

Crawford dice que ahora es absolutamente común usar la inteligencia artificial para analizar la situación crediticia, legal y laboral de los ciudadanos. Y es por eso que es tan importante entender la dimensión social y ética. Sino, se corre el riesgo de quitar libertades y de afectar la democracia. “Hay que crear sistemas de inteligencia artificial que tengan en cuenta el contexto social y cultural”. Y agrega que si la mayoría de la inteligencia artificial se desarrolla en China y los Estados Unidos, por definición tendrá sesgos y prejuicios que reflejan esas culturas.

En China, gracias a la inteligencia artificial, el Gobierno está construyendo un “sistema de crédito social” a través del cual el comportamiento de cada uno de sus 1.300 millones de ciudadanos es puntuado en una especie de ránking de confianza. El sistema otorga puntaje y monitorea el comportamiento de sus ciudadanos, desde la información fiscal, hasta el tiempo que pasan jugando a videojuegos. Para 2020, todos estarán obligatoriamente incluidos en una enorme base de datos nacional en la que cada uno recibirá un puntaje en función de sus conductas.

La necesidad de desarrollar pensamiento crítico

La investigadora dice que en Silicon Valley tienen claro estos problemas, pero encontrar una solución no es fácil. Y da como ejemplo el reciente pedido de Apple y Amazon para una mayor regulación de ciertos sectores de la industria, en particular los que se basan en datos personales.

“Se va a necesitar mucho pensamiento crítico y ésta es una de las cosas que tenemos que tener en cuenta como prioridad educativa. En los últimos diez años se ha dicho: ‘enseñen a los chicos a programar, a codificar, todos deben codificar’. Y eso no resolverá estos problemas. Además, la programación y la escritura de código se puede automatizar fácilmente”, explicó.

“Creo que más que aprender a programar hay que aprender a pensar de manera crítica. Y eso es algo que se debe aprender desde la primera infancia. Creo que a los 5 o 6 años, los niños ya deberían saber que estos sistemas no necesariamente les muestran el mundo tal como es, sino que les muestran un mundo muy específico, personalizado, manipulado”, concluyó.

Al respecto, Crawford tiene algunas sugerencias:

  • Expandir la investigación sobre las implicancias políticas y sociales de la inteligencia artificial.
  • Asegurarse de que investigación es interdisciplinaria y no dominada por ingenieros y científicos.
  • Desarrollar políticas públicas específicas para la industria de la inteligencia artificial y con ellas, un nuevo marco normativo.

“Es imperativo poner reglas para asegurarse que los que están más expuestos no sufran y para identificar quienes son los que más se verán beneficiados. Es un desafío enorme, pero necesario”, dice Crawford . “Se pueden hacer reglas y leyes para decidir de qué clase de mundo quieres ser parte y qué tipo sociedad pretendes”. Agrega que tenemos una pequeña ventana de oportunidad para hacer lo correcto y decidir el tipo de vida que queremos proteger. “Es una conversación que tenemos que tener como sociedad”.

Además de su trabajo como investigadora en Microsoft, en 2017 Crawford fundó con otros colegas de la Universidad de Nueva York el AI Now Research Institute, un instituto independiente que pretende ayudar a los gobiernos a corregir los sesgos de desigualdad de sus algoritmos.   

Tecnología | 13 de noviembre de 2018

El lado positivo de la disrupción digital

Durante gran parte de la historia moderna, la industrialización impulsada por las exportaciones y la riqueza de los recursos naturales fueron vistos como los únicos mecanismos para el crecimiento sostenido en los países en desarrollo. Pero hoy, las nuevas tecnologías están dando a los países más control sobre sus fortunas sociales y económicas.

A menudo la tecnología se presenta como una panacea de los problemas del mundo o una maldición persistente que causa alteraciones y desplazamientos a los más vulnerables, pero históricamente ninguna de estas caracterizaciones es precisa. Desde la máquina a vapor al ordenador personal, los inventos han transformado a las sociedades de maneras complejas. Sin embargo, en su conjunto la tecnología siempre ha creado más empleos y oportunidades económicas que las que ha destruido. Es probable que esta tendencia siga.

Hay razones para ser optimista

¿Por qué mi actitud animada? Porque veo que a mi alrededor los gobernantes están reposicionando sus economías para convertir el cambio tecnológico y la automatización en activos más que pasivos. Como observara hace poco la Comisión Caminos hacia la Prosperidad (Pathways for Prosperity), basada en Oxford, con “optimismo y acción colectiva” las llamadas tecnologías de frontera pueden empoderar hasta a los países más pobres.

Durante gran parte de la historia moderna, la industrialización para las exportaciones y la explotación de recursos naturales se vieron como los únicos mecanismos para un crecimiento sostenido en el mundo en desarrollo. Pero hoy, las nuevas tecnologías y la capacidad de combinarlas con innovaciones pasadas, han dado a la gente más poder sobre sus fortunas económicas.

Por ejemplo, el Servicio de Información de Suelos de África, financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates, ha combinado datos de fuente abierta y software de sensores remotos para reducir el coste del mapeo de suelos en un 97%. Esto ha dado a los pequeños campesinos de África nuevas herramientas para tomar decisiones basadas en evidencia sobre sus operaciones, con lo que se aumentan los rendimientos de las cosechas y se reducen los gastos de operación.

De manera similar, en Kenia Twiga Foods está usando tecnologías para optimizar la cadena de suministro, haciendo coincidir los cultivos rurales de frutas y verduras con comerciantes pequeños y medianos de Nairobi. Su enfoque ha ayudado a los agricultores a acceder a mercados más lucrativos, mayor amplitud de consumidores y mucho menores pérdidas y desechos posteriores a las cosechas. La inclusión digital puede ser una potente fuerza, en especial para las mujeres. Go-Jek, un servicio de entrega de comidas y viajes compartidos de Indonesia, ha elevado en un promedio de 44% los ingresos de los conductores al conectar por primera vez a muchos de sus proveedores, por lo general mujeres, a servicios bancarios.

También hay que invertir en educación y salud

No hay lugar a dudas de que para aprovechar al máximo el potencial transformador se requiere invertir más en la gente, en particular en mujeres y niños. Como argumentamos en el Informe Goalkeepers de la Fundación Gates de este año, una mejor atención de salud y acceso a la educación –dos pilares del “índice de capital humano” del Banco Mundial- pueden destrabar la productividad y la innovación, reducir la pobreza y generar prosperidad. Son logros esenciales para la capacidad de los países de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Para aprovechar la tecnología también serán necesarias reformas económicas delicadas, mejor infraestructura, instituciones más capaces y estrategias para hacer llegar soluciones digitales a poblaciones marginadas. Algunos países ya están tomando estos pasos. Por ejemplo, Indonesia ha lanzado un ambicioso programa para conectar 100 millones de personas adicionales a la banda ancha, en lo que es un reconocimiento a la importancia que juega la conectividad para impulsar las oportunidades económicas.

Y, sin embargo, para la mayor parte de los países más pobres, los servicios básicos de telefonía e internet siguen siendo prohibitivamente caros. Por ello los gobiernos, donantes y el sector privado deben trabajar en conjunto para crear modelos comerciales y de precios para recuperar costes y, al mismo tiempo, prestar un nivel adecuado de servicios digitales a los consumidores más pobres. Una estrategia de reducción de la pobreza que merece ser explorada es el acceso comunitario a la tecnología.

La asequibilidad no es el único factor que mantiene la tecnología fuera del alcance de los pobres. La brecha digital refleja patrones mayores de discriminación social, especialmente para las mujeres. Donde sea que vivan, tienen cerca de 40% menos probabilidades que los hombres de haber usado la Internet alguna vez, lo que sugiere que las inequidades sociales también generar disparidades en el acceso digital. Es de crucial importancia cerrar esta brecha. Cuando las mujeres tienen acceso a toda la gama de servicios digitales, desde la banca móvil a la telemedicina, suelen ser más pudientes, saludables y mejor educadas.

A medida que las autoridades en los países desarrollados y en desarrollo toman decisiones e invierten en lo que dará forma al paisaje en que se desenvuelva el cambio tecnológico, resulta gratificante verlos dialogar de manera significativa acerca de sus futuros digitales. En tanto y cuanto se incluya en estas conversaciones a ciudadanos que comprenden la tecnología y sus ramificaciones, es posible diseñar soluciones que satisfagan las necesidades de todos y cada uno.

Las tecnologías de vanguardia de hoy evolucionan a una velocidad vertiginosa. Pero con visión de futuro y preparación, el mundo puede ir reduciendo la disrupción que inevitablemente causarán para asegurar un crecimiento duradero e inclusivo. Si coordinamos nuestras inversiones en personas con las que destinamos a la innovación, la nueva “era digital” no dejará a nadie atrás.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Mark Suzman es Director Estratégico y presidente de Política Global y Defensa en la Fundación Bill y Melinda Gates.

© Project Syndicate 1995–2018

Tecnología | 12 de noviembre de 2018

Foto: Scott Eisen / AFP

Cómo acercar ciencia y política para mejorar la sociedad de hoy (y de mañana)

El ilustre filósofo español de la primera mitad del siglo XX José Ortega y Gasset aseguró que el progreso de la civilización humana se debe fundamentalmente a dos razones:

  • La democracia, la adquisición de derechos sociales y civiles y el establecimiento y consolidación de instituciones que trasciendan generaciones humanas.
  • La generación del conocimiento en su sentido más amplio y el desarrollo científico y tecnológico.

Para conseguir y mantener lo primero es fundamental la política. Para conseguir y mantener lo segundo resulta crucial la ciencia.

De poner política y ciencia a hablar juntas es de lo que trata

#CienciaenelParlamento, una iniciativa ciudadana independiente nacida el 1 de enero de 2018 en España.

De momento, ha logrado el apoyo de miles de personas y más de 200 instituciones (como la Fundación Cotec y FECYT). También de la Presidencia y de la Mesa del Congreso de los Diputados y de todos los grupos parlamentarios.

Esta semana, el Parlamento ha abierto sus puertas dentro de los actos conmemorativos del 40º aniversario de la Constitución. Científicos y políticos han aprovechado la oportunidad para debatir sobre temas de interés social.

Ciencia para la política: el asesoramiento científico

A menudo, cuando políticos y científicos se reúnen, el debate gira en torno a las políticas para la ciencia. Es decir, sobre el presupuesto con el que cuenta el sistema de I+D+I y cómo debería gestionarse.

Este ejercicio es necesario, pero ya existen numerosas organizaciones que se dedican a él. Por ello, #CienciaenelParlamento se propone trabajar en una dirección complementaria: hablar de ciencia para la política.

El objetivo es que el conocimiento científico se ponga a disposición de los legisladores en torno a temas de interés para la sociedad en general. Inteligencia artificial y big data, prevención del suicidio, enfermedades infecciosas, cambio climático y futuro energético y conciliación son algunos de los temas que se han tratado estos días.

Este asesoramiento científico independiente, neutral y ofrecido por igual a todos los grupos parlamentarios está implantado en parlamentos de países de nuestro entorno desde los años 80. Son las llamadas oficinas de asesoramiento científico y tecnológico, con las que cuentan Reino Unido, Francia, Alemania, Suecia, México e incluso el propio Parlamento Europeo.

Las Cortes Generales en España carecen de una oficina con esas características. Su meta, además de enriquecer las vías existentes por las que el conocimiento llega a los políticos, sería la de abrir otras nuevas y englobarse en el ecosistema internacional de oficinas de asesoramiento científico parlamentario.

Pero, ¿cómo funcionaría esa oficina? ¿Qué utilidad tendría para los políticos? Para responder a estas preguntas hemos llevado a cabo un piloto durante las jornadas #CienciaenelParlamento 2018:

Se están preparando informes breves de evidencias científicas. Estos se están redactando mediante la revisión exhaustiva de cientos de informes, artículos científicos y de decenas de entrevistas a expertos.

Se han organizado debates públicos y reuniones a puerta cerrada entre diputados y científicos.

Para facilitar que la conexión entre ciencia y política sea fluida y constructiva, se requiere del trabajo de técnicos de asesoramiento científico. Estos profesionales con formación científica y habilidades para la comunicación son los mediadores del conocimiento.

Su trabajo consiste en preparar los informes de evidencias y organizar las reuniones. Para ello, tienen que mantener un contacto continuo con los políticos y con los expertos científicos de la academia, la industria, el gobierno y el tercer sector. #CienciaenelParlamento ha formado, entre julio y septiembre, a 24 de estos técnicos.

Las jornadas #CienciaenelParlamento 2018

Los 4 debates públicos del 6 de noviembre en el Congreso de los Diputados han atraído a más de 225 asistentes y han podido seguirse en directo por los canales del Parlamento y por redes sociales. #CienciaenelParlamento fue trending topic nacional. Las 8 reuniones a puerta cerrada del 7 de noviembre han propiciado más escenarios donde profundizar en las relaciones entre ciencia y política.

Estas jornadas han creado un espacio de interacción entre mundos tan diferentes como el de la ciencia y la política con el fin de mejorar la sociedad. La principal sensación vivida por los allí presentes durante estas jornadas ha sido la de consenso.

Consenso en la comunidad científica sobre la necesidad de que este sea un espacio que permita transferir el conocimiento a la gestión pública y, por ende, a la sociedad. Como dice uno de los firmantes de este texto y promotor de #CienciaenelParlamento, Andreu Climent, “aunque la ciencia no es infalible, la toma de decisiones políticas informadas en el conocimiento existente aumenta las posibilidades de acertar”.

Consenso en la comunidad política, en todo el arco parlamentario, sobre la necesidad de una oficina de asesoramiento científico que le ofrezca información veraz y contrastada, señalándole las evidencias, los aspectos en los que todavía no hay unanimidad científica y las lagunas del conocimiento.

Esto mejoraría su actividad parlamentaria y, por lo tanto, su servicio a los ciudadanos. la Presidenta del Congreso, Ana Pastor, consideró crucial que los legisladores tengan “una fuente de información independiente a la que acudir a la hora de legislar, para tener el mejor conocimiento en cualquier materia compleja”.

El resultado fue su compromiso a establecer una oficina científica “antes de que termine esta legislatura”. Estas palabras recibieron el apoyo de políticos de todos los grupos parlamentarios y el respaldo del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades Pedro Duque.

Retomando las palabras de Ortega y Gasset, democracia y conocimiento han facilitado el progreso de la civilización humana. Políticos y científicos hemos de comunicarnos hoy para tener los máximos canales de colaboración posibles.

Solo así podremos resolver los retos actuales y futuros, garantizar el progreso del país y, sobre todo, propiciar que las futuras generaciones puedan beneficiarse de las acciones emprendidas hoy.

El asesoramiento científico es solo una de las muchas acciones por acometer para cumplir ese objetivo. Como dijo la química Rosalind Franklin: “La ciencia y la vida ni pueden ni deben estar separadas”.

Lorenzo Melchor, Coordinador de #CienciaenelParlamento, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

@The Conversation

The Conversation
Tecnología | 9 de noviembre de 2018

De qué forma Tinder modifica los modos en los que nos relacionamos

Un nuevo documental explora la forma en que Tinder y las apps de citas están provocando mutaciones en nuestro modo de relacionarnos: Swipe: Citas en la era digital (Swipe: Hooking up in the digital era) estrena en HBO esta semana.

Escuchar a Sean Rad, uno de los fundadores de Tinder y CEO de la compañía durante dos períodos, decir que tomó cursos de gerencia y de psicología para desarrollar mejor su app puede resultar inspirador y tranquilizador. O, quizás, un poco aterrador.

En el documental, Rad se presenta como el creador del botón de swipe en Tinder: gracias a este hijo de una familia de inmigrantes iraníes de Los Ángeles, estamos aceptando o rechazando gente con un solo movimiento de nuestro dedo gordo.

A esta altura se ha vuelto una acción tan usual (Tinder sola registra 1,5 millones diarios de swipes) que parece mentira que alguien la haya diseñado.

Pero el documental no te deja con una idea inspiradora o tranquilizadora sobre las aplicaciones de citas (también OKCupid, Grindr, Bumble, Hinge y, aunque no está mencionada en la película, podríamos incluir a happn): te deja con una idea aterradora.

Una imagen de Swipe

Lo que a lo largo de 127 minutos muestra la directora Nancy Jo Sales es la escasa profundidad a la que estas apps llevan nuestros noviazgos, las mutaciones que le dieron a lo que entendemos por “cita”, la gamification que generan en las relaciones (y la ludopatía que nos ensombrece), la fugacidad de nuestra atención a otros humanos e incluso cómo evoluciona una nueva dimensión de los asuntos de género (¿existe alguna chica que, en estas apps, no haya recibido nunca la foto –no solicitada– de un pene?).

“Mi opinión es que debemos mirar las intenciones corporativas detrás de estas aplicaciones”, dijo Nancy Jo Sales en una entrevista. Unos 40 millones de estadounidenses pasan en las apps 10 horas cada semana. “Nunca atribuiría ninguna culpa a los usuarios. Veamos cómo esta industria está configurando nuestra cultura y cuáles son los objetivos de la gente que diseña estas plataformas: el objetivo de estas plataformas es lograr que las personas las utilicen tanto como sea posible”.


Una imagen de Swipe.

En Swiped hay entrevistas con varios de los líderes de la industria, con académicos e investigadores, y con muchísimas personas que swipean a diario. En una parte del documental, Jonathan Badeen, uno de los directivos de Tinder, habla con franqueza sobre el modo en que el diseño de la acción de swipe se inspiró, en parte, en un experimento con palomas y granos realizado por el psicólogo conductual B.F. Skinner. El experimento concluyó que si las recompensas de granos no eran predecibles ni regulares, las palomas se quedaban repitiendo y repitiendo la acción que eventualmente podía conducirlas a esas recompensas.

En una entrevista con RED/ACCIÓN, Didier Rappaport, el creador de happn, decía que su app no está remoldeando los vínculos. Quizás los protagonistas de la industria no lo puedan vislumbrar, pero lo interesante de Swipe es que reflexiona en torno a todo esto.

Han pasado seis años desde que Tinder apareció y las apps de citas ya ocupan el segundo modo en el que las parejas hetero se conocen (y el primero entre las homo). Todo se ha dado tan rápido que aún nadie logra entender por completo de qué se trata… y qué nos espera en el futuro.

Swipe: Citas en la era digital se puede ver en HBO el lunes 12 de noviembre a las 22:00; el martes 13 a las 20:30; el jueves 15 a las 14:30; y el domingo 18 a las 24:00. También estará desde el lunes 12 de noviembre en HBO Go.

Tecnología | 7 de noviembre de 2018

La promesa de la Inteligencia Artificial para los países en desarrollo

La tecnología puede revolucionar la entrega de atención médica, ayuda para desastres, educación y servicios financieros, logísticos y empresariales.

Un error habitual de quienes observan las tendencias digitales es suponer que los avances tecnológicos no benefician a los consumidores en países en desarrollo: ya sea poseer el último teléfono inteligente o tener robots de limpieza como “empleados”, el acceso a las últimas innovaciones es una de las diferencias más visibles entre los países ricos y los pobres.

Esta divergencia se ha vuelto aun más pronunciada con la llegada de la inteligencia artificial (IA). Por ejemplo, la inmensa mayoría de los “altavoces inteligentes” (asistentes personales hogareños controlados mediante la voz, como Alexa de Amazon) se comercializa en países ricos. En 2017, más del 80% de los envíos mundiales de estos dispositivos tuvo por destino América del Norte.

El potencial para mejorar la vida de los países en desarrollo

Pero aunque la tecnología puede profundizar la desigualdad global, también tiene potencial para mitigarla. Esto es así porque la Inteligencia Artificial  puede hacer mucho más que controlar electrodomésticos: también puede revolucionar la entrega de atención médica, ayuda para desastres, educación y servicios financieros, logísticos y empresariales en los mercados emergentes.

La IA ya está transformando a países en desarrollo de todo el mundo. En Nepal usan aprendizaje automático para cartografiar y analizar necesidades de reconstrucción después de terremotos. En toda África, tutores artificiales inteligentes ayudan a los estudiantes a ponerse al día con las tareas. Organismos de ayuda humanitaria usan análisis de macrodatos para optimizar el envío de suministros a refugiados que huyen de guerras y otros padecimientos. Y en mi país (la India), pequeños agricultores usan IA para mejorar las cosechas y aumentar las ganancias.

Innovaciones como estas pueden acercarnos al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas en temas como erradicar la pobreza, poner fin a la desigualdad sanitaria, aumentar la escolarización y combatir el calentamiento global. Pero el mundo apenas está empezando a vislumbrar lo que la IA puede hacer por el progreso humano. Para aprovechar al máximo el poder de la IA al servicio del desarrollo, debemos encontrarle nuevas aplicaciones.

Por ejemplo, con el debido apoyo, los cielos de los países en desarrollo podrían ser surcados por drones para el envío de suministros médicos a hospitales remotos. Ya se está haciendo en las áreas rurales de Ruanda, donde un exclusivo acuerdo de colaboración entre el ministerio de salud y Zipline (una startup tecnológica de Silicon Valley) permite a médicos que trabajan en clínicas de difícil acceso pedir sangre para transfusiones por mensaje de texto: el pedido les llega en cuestión de minutos en paracaídas. Desde el inicio del programa en octubre de 2016, los tiempos de entrega se redujeron a la quinta parte, y fue posible salvar cientos de vidas.

Hay que combatir los miedos

Pero aunque usos innovadores de la IA como estos son impresionantes, no están asegurados. A menos que combatamos los temores (indebidos pero muy publicitados) a que las disrupciones provocadas por la IA sean peores que las ventajas, el increíble progreso que las empresas tecnológicas están logrando en el mundos subdesarrolladose frenará.

Hay diversas formas de evitarlo. Para empezar, las autoridades deben dar pleno apoyo a programas como la campaña “AI for Good” de Naciones Unidas, que busca fomentar un diálogo sobre aplicaciones útiles de la tecnología al trabajo humanitario. Quienes nos dedicamos al desarrollo tecnológico también debemos seguir identificando proyectos, iniciativas, think tanks y organizaciones a los que la cooperación con empresas de IA beneficiaría (como en el caso de Zipline en Ruanda).

Pero ante todo, no es posible un diálogo sobre el desarrollo de la Inteligencia Artificial con fines humanitarios en el que sólo participen organismos de ayuda, entidades de beneficencia y gobiernos: también deben estar presentes quienes invierten en tecnología.

Los emprendedores tecnológicos llevan demasiado tiempo centrados en resolver los problemas del Norte Global, sin prestar atención a las cuestiones generalmente asociadas con los países en desarrollo. Pero la tecnología móvil está generando nuevas oportunidades; y ahora tiene sentido, en lo humanitario y también en lo empresarial, apuntar a soluciones de IA fuera de los países occidentales.

Por eso fundé Rewired, un vehículo de inversión con cien millones de dólares que apoya a empresas embrionarias de IA y robótica dedicadas a la solución de cuestiones sociales importantes. Trabajamos con quienes están a la vanguardia de la percepción artificial (la capacidad de los robots para comprender e interpretar el mundo físico). Hemos invertido en empresas que buscan replicar el sentido humano del olfato, desarrollar prótesis inteligentes económicas y crear máquinas portátiles que sirvan para mejorar los procesos de fabricación.

Nuestro objetivo es financiar tecnologías con potencial para mejorar la calidad de vida en todos los países del mundo. Y creo que esa será la característica unificadora de la IA. Las máquinas que creamos hoy no sólo serán rentables: también nos acercarán a la solución de algunos de los mayores desafíos del mundo.

Traducción por Esteban Flamini

Tej Kohli es un emprendedor, empresario y filántropo del área de la tecnología, y fundador de Kohli Ventures, una empresa de capitales de riesgo centrada en soluciones tecnológicas.

© Project Syndicate 1995–2018

Tecnología | 5 de noviembre de 2018

Pierpaolo Barbieri: “El sistema financiero estuvo muy cerrado y sin competencia. Venimos a cambiar eso”

El creador de Ualá es el millennial que quiere revolucionar la manera en la que se hacen las transacciones financieras en la Argentina. La aplicación cumplió un año y ya tiene casi medio millón de usuarios, dos tercios de los cuales nunca tuvieron cuenta bancaria.

El economista e historiador acaba de levantar US$ 34 millones para seguir creciendo, dice que no le asusta la crisis y está apostando crear un proyecto de inclusión financiera para llegar a toda esa gente que no tiene acceso al sistema formal.

Tecnología | 5 de noviembre de 2018

Ilustración por Pablo Domrose

Supervisores virtuales: cómo convertir cualquier minuto libre en una changa (y cuáles son los riesgos)

Una app permite a sus usuarios hacer mandados para empresas a cambio de dinero. Funciona de manera parecida a apps como Rappi pero no está pensada para ser un trabajo full time sino para convertir el tiempo libre en una entrada de dinero. A las empresas a su vez les sirve para tener gente que trabaje para ellos en amplios territorios sin necesidad de contratarla.

¿Cómo funciona? Necesito un celular con internet y una cuenta en Mercado Pago. Y algo más, claro: la voluntad para convertir cualquier acción frugal del día a día en una forma de trabajo. La empresa calcula que de acá a dos años estarán facturando 5 millones de dólares por año.

Abro el celular. Me registro. Pongo mis datos y después de algunos pasos estoy sentado en un bar recibiendo misiones. Eso: misiones como si fuera un juego.

La cosa sigue así: tomo una misión. Tengo que ir al kiosco de la esquina y pedir cigarrillos, escuchar la respuesta del vendedor y felicitarlo o reprocharlo según cómo me responda.

Eso, en el mundo pre economía colaborativa, se llamaba ser mistery shopper, o cliente de incógnito. Para muchos, significó por años el trabajo soñado. El imaginario indicaba: te pagan por ir a un hotel cinco estrellas y chequear que efectivamente te traten como los dioses.

Por supuesto, eso sigue existiendo, pero ahora fue bajado a tierra por una app chilena que desembarcó este año en la Argentina y que propone la versión uber del mistery shopper.

Quiero decir, RocketPin (tal es el nombre de la app), se inscribe entre las aplicaciones de la sharing economy que proponen el aprovechamiento del tiempo de manera tal que todo tiempo libre genere un ingreso. Así, uno maneja un Uber los fines de semana si necesita plata extra, otro alquila su casa unos días en Airbnb si se va de viaje, y otro recorre la ciudad en bicicleta haciendo deliverys. Buenos, ahora hay que sumar la posibilidad de hacer misiones para empresas que buscan emisarios en cada rincón del país.

Hay una diferencia, sin embargo: mientras las apps antes nombradas se establecieron como fuente principal de ingresos, Rocket Pin propone un objetivo más modesto: ser apenas un ingreso extra. Es decir, no es que uno vaya a un barrio tal a realizar una misión, sino que estando en determinado lugar uno de pronto puede dedicar diez minutos para completar una misión y ganar unos pesos.

Pero claro, por más simpáticas que se presenten las asignaciones, no dejan de tener sus requisitos. Para saberlos en carne propia, la usamos brevemente. La misión de los cigarrillos era fácil pero suponía una cualidad molesta: estar dispuesto a decirle al vendedor que hizo las cosas mal en el caso de que no responda como describía la misión que debía responder. Dicho en criollo, hay algo de buche. Dicho en términos empresariales: está la exigencia lógica e inmanente de cualquier trabajo.

La app en números

Según informa la propia empresa, se creó con una inversión inicial de 150.000 dólares y luego recibieron inversiones por medio millón de dólares por empresas como Wayra Chile, Wayra Argentina y el fondo argentino Alaya Capital Partners.

RocketPin le cobra a sus clientes, las empresas, de acuerdo al número de visitas que les solicitan. Es una ecuación sencilla: RocketPin calcula cuánto le tiene que pagar a quien realice la misión y le suma un 20% por el trabajo operativo. Las proyecciones de la empresa son vender este año $1 millón de dólares, en el 2019 llegar a los 3 millones de dólares y en el 2020 alcanzar los 5 millones.

La app está en Chile, Argentina y Uruguay y entre sus clientes están CCU, AB InBev, Unilever, Kimberly Clark y P&G, entre otras. Ninguna de ellas tiene un contrato a largo plazo sino que pagan por campañas.

Primeras misiones

Los primeros pasos para ser aceptado como un agente Rocket Pin es hacer misiones desde el teléfono que básicamente son encuestas. Hay que leer atentamente las instrucciones y después responder un multiple choice. Algo así como el examen teórico del registro de conducir. Precio por las primeras encuestas: cero pesos. Requieren muy poco tiempo y son el requisito para pasar a ligas menores.

Uno arranca con puntaje cero. Recién al llegar a los 1000 puntos puede empezar a tomar misiones pagas, que pueden ser ir a un lugar como cliente incógnito, sacar fotos de algo o responder encuestas.

Después de dos misiones teóricas -aunque fuera una pavada, se siente lindo aprobar un examen otra vez- aparece el mercado de tareas más interesante. La primera que tomo: ir a comprar cigarrillos a un kiosco.

Foto: RocketPin

Para realizar una misión como esa hay que estar dentro de una radio de 200 metros del local al que hay que ir. Hay que tener el GPS activado y un teléfono con internet. Ser mayor de 18 años y tener una cuenta de mercado pago. El premio por una misión sencilla son aproximadamente 30 pesos. Las más difíciles (para las que se requiere mayor puntaje), pueden llegar a pagar 200. Es el valor que se empieza a configurar alrededor de este tipo de changas digitales: un repartidor de Rappi suele ganar entre 40 y 60 pesos por entrega, dependiendo de la propina. Las ventajas, claro, son la flexibilidad. La desventaja, no hay a quién reclamar. Es la paradoja del mundo de las apps: en el paradigma de la economía colaborativa, todos juegan para sí mismos.

La mirada de la empresa

Sebastian Bernadette es Jefe de Revenue Management en CCU Argentina (Cervecerías Unidas). Son uno de los clientes principales de RocketPin. “Nosotros usamos la aplicación para auditar la ejecución de precios y promociones en los autoservicios tanto nuestros como de la categoría de bebidas en general”, cuenta.

Los principales beneficios según él son la agilidad y la posibilidad de hacer mediciones y auditorías específicas en distintas zonas y provincias de la Argentina. “La velocidad de implementación es algo diferencial que permite tener una respuesta rápida a un cambio en el mercado”, explica.

La utilidad para la empresa es clara. Ahora bien, ¿qué es lo que le ofrece al usuario de a pie? La respuesta también parece evidente: dinero. ¿Pero vale la pena utilizar cada minuto libre para ganar unos pesos? Por supuesto, no siempre se elige, y menos en tiempos de crisis. ¿Pero cuál es la naturaleza de un trámite? ¿Tiene alma una visita al supermercado? Me pregunto por el verdadero precio de convertir hasta el último resquicio de frugalidad en un método de supervivencia. Porque a veces, digo, no hay mejor paga que la gratuidad.

No obstante, otra vez, las crisis pulverizan el lujo de hacerse algunas preguntas. En Argentina ya hay 45.000 clientes incógnitos registrados en la app. Hay días en que hay 500 misiones para hacer disponibles, y otros en los que hay 5000. Es difícil estimar cuánto dinero se puede hacer por mes. O recargas de celular, el otro método de recompensa que ofrece RocketPin.

Pongamos que lo único que se necesita para ser parte de esta comunidad de supervisores virtuales es tiempo. Pongamos que el tiempo es oro. Quién no lo recuerde bien haría repasar el video en el que Pepe Mujica lo deja claro: “cuando compras algo, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta, y es miserable gastar la vida para perder libertad”.

Nadie puede discutir que todo rebusque es válido en el país en que vivimos. En ese sentido, bienvenida sea la nueva salida laboral que plantea la aplicación. Un peligro debe ser mencionado, nomás: el riesgo de olvidarse que, como también dijo Pepe, “la felicidad está en ese cachito de tiempo que uno logra para gastarlo en aquellas cosas que a uno le gustan. Ahí eres libre”.

Tecnología | 24 de octubre de 2018

Qué es “¡Háblalo!”, la app argentina que le da voz a quienes no la tienen

Está presente en 45 países y la usan más de 40 mil personas con problemas auditivos o dificultades para expresarse verbalmente. La aplicación registra lo que quieren decir los usuarios y le pone voz.  Es gratis, funciona sin conexión y la creó un joven argentino de 19 años, campeón internacional de robótica.

¿Qué es? ¡Háblalo! es una aplicación que les facilita la comunicación a las personas con problemas auditivos o con dificultades para comunicarse verbalmente. Lo que hace es traducir a voz lo que el usuario quiere decir, y luego traducir a texto lo que el interlocutor responde hablando. De esta forma permite desenvolverse en la vida cotidiana a personas con diferentes dificultades de interlocución.

¿Quiénes la pueden usar? Está pensada para que sea una app no solo inclusiva sino también accesible. Es decir, no solo es fácil de usar sino que también es gratis y no necesita de internet para funcionar, ya que en muchos casos los usuarios están en zonas vulnerables y no tienen acceso a una red. Además, para que sea más accesible aún, funciona hasta en teléfonos con seis años de antigüedad.

¿Cómo funciona? Básicamente es un puente entre el usuario y el mundo exterior. La app se baja al teléfono y su uso es intuitivo. Utiliza el mismo traductor de Google para interpretar la voz y pasarla a texto. Para más detalles pueden visitar su web. Respecto al funcionamiento, este video lo explica fácilmente.

¿Quién la inventó? Su creador se llama Mateo Salvatto, un chico de 19 años nacido en Buenos Aires, especialista en programación y campeón internacional de robótica en el 2016 (en el campeonato Robotraffic, organizada por la universidad israelí Technion). No es un proyecto aislado: Mateo creó Asteroid Technologies, una empresa dedicada en su mayor medida a ¡Háblalo! pero con distintos proyectos en carpeta.

¿En qué países está? Según su creador, está presente en 45 países (cada uno en su idioma), y tiene más de 40 mil usuarios. Está en los cinco continentes, pero todavía no logró entrar a China, donde hay muchas restricciones. De todas formas, Mateo expuso su app en una convención en el gigante asiático.

Mapa de los países en los que está presente la app.

Mapa de los países en los que está presente la app.
Tecnología | 24 de octubre de 2018

Mi experiencia jugando Fortnite y los valores que no enseña

Dado que Fortnite se ha convertido rápidamente en uno de los videojuegos más populares del mundo —jugado por más de 125 millones de personas— decidí jugar yo mismo en un intento por comprender su atractivo.

Como padre y como polítólogo centrado en la educación y en su efecto en la sociedad democrática, me di cuenta de que el juego parece no enseñar a los niños los valores adecuados respecto a cómo se comportan e interactúan los adultos entre sí. De mi experiencia, salí pensando que el juego alienta a los jóvenes a ser egocéntricos en vez de buenos ciudadanos.

Algunos pueden preguntarse por qué un teórico político desea evaluar el efecto de un videojuego. No obstante, los filósofos políticos —ya en los tiempos de Platón— siempre han reconocido la influencia que los juegos tienen sobre el ámbito político. En el siglo XVIII, por ejemplo, el filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau observó que los juegos establecen hábitos y vínculos que determinan el tipo de actores políticos que los niños llegan a ser.

Por ese y otros motivos, creo que vale la pena examinar seriamente la influencia que podría tener Fortnite en cómo los niños ven a la sociedad y al mundo.

Una educación de Fortnite

Pero primero, hablemos un poco sobre la historia del juego en sí.

En la versión más popular de Fortnite, Battle Royale, nuestro personaje cae a una isla desde un autobús flotante junto a otros jugadores. El objetivo es ser el último superviviente. Se corre a través de bosques, paisajes urbanos y campos, se recolectan armas y pócimas, se mata a los otros jugadores, se construyen estructuras e incluso se puede bailar.

Como pasé varias semanas jugando, puedo asegurar que el juego acelera el ritmo cardíaco, te hace reír, permite la comunicación con otras personas y enseña estrategia, todo ello dentro de un mundo de fantasía.

Un profesor le contó a la revista Education Week que todos sus alumnos “hablan sobre Fortnite” y que el juego “distrae de una forma excepcional” porque los niños que no juegan también quieren ver las partidas de los que sí. Incluso hay algunos padres que contratan a tutores para que ayuden a sus hijos a mejorar sus habilidades en Fortnite.

Se puede jugar en las plataformas de juegos más sofisticadas, así como en los ordenadores y teléfonos móviles que tenemos en casa. Yo mismo jugué utilizando un móvil.

Un popular gamer de Fortnite, Richard Tyler Blevins, también conocido como Ninja, apareció recientemente en la portada de la revista deportiva ESPN. Cientos de miles de personas ven sus partidas y otros tantos juegan en Twitch, una plataforma de retransmisión de vídeos en directo, lo que le permite amasar una fortuna de quinientos mil dólares al mes.

Un hábito que requiere mucho tiempo

Los estudiantes juegan a Fortnite o ven jugar a otros por la noche, durante los fines de semana, en la biblioteca e incluso en clase.

Según una encuesta realizada por la empresa de formación financiera Lendedu, el jugador promedio pasa jugando entre seis y diez horas a la semana y el 7% de los encuestados dice que juega más de 21 horas a la semana. Además, según Lendedu, el jugador promedio gasta unos 85 dólares en el juego.

The New York Times publicó un artículo con consejos sobre cómo criar a un adicto a Fornite. El artículo aconsejaba a los padres que sacaran provecho del juego y que se lo tomaran como una ventaja.

Sin embargo, la pregunta más importante es: ¿cuáles son las consecuencias a largo plazo de criar a una generación de adictos a Fortnite?

Efectos nocivos e individualismo

La sociedad también debería pensar en las consecuencias para la salud de tener niños que juegan a videojuegos violentos durante largos períodos de tiempo.

En 2011, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana analizaron los cerebros de un grupo de hombres que anteriormente habían estado poco expuestos a videojuegos violentos. Así, la mitad del grupo jugó a un videojuego bélico durante 10 horas a la semana, mientras que el grupo de control no lo hizo. Cuando los investigadores realizaron un nuevo análisis cerebral dos semanas más tarde, descubrieron que el grupo que jugaba a videojuegos violentos mostró menos activación en las partes del cerebro que controlan la emoción y el comportamiento agresivo. Según el investigador principal, Yang Wang, “estos hallazgos indican que jugar a videojuegos violentos tiene un efecto a largo plazo en el funcionamiento cerebral”.

Las personas que juegan a este tipo de videojuegos durante largos períodos de tiempo tienden a desarrollar depresión, ansiedad y disociación de la realidad.

En el libro Glow Kids, Nicholas Kardaras explica que cuando un jugador logra un kill shoot o disparo mortal en este tipo de juegos, su cerebro libera una sustancia química que causa placer llamada dopamina. A su vez, esto hace que los videojuegos sean altamente adictivos.

Ya hay matrimonios en todo el mundo culpando a Fortnite y a otros videojuegos de sus divorcios.

Opiniones alternativas

No debemos apresurarnos a culpar a los videojuegos por los actos violentos que puedan ocurrir, ya que obviamente la mayoría de los niños que juegan a Fortnite no van a representar el juego en la vida real. Los defensores han señalado que Fortnite tiene un aspecto más infantil que otros juegos de disparos tales como Call of Duty o PlayerUnknown’s Battlegrounds. Dicho esto, Fortnite permite cortar a otras personas con un hacha o apuntarles con un arma. Como mínimo, el juego no está enseñando a los jóvenes a resolver posibles disputas mediante el diálogo.

Por último, y más problemático, Fortnite acostumbra a los niños a pensar principalmente en ellos mismos y, como mucho, en su pequeño círculo de amigos.

Cuando juegan a Fortnite, entran en su propio mundo. Para disfrutar al máximo, los jugadores usan auriculares y mantienen sus manos pegadas al teclado y al ratón. A veces hablan con otros jugadores o les envían mensajes de texto. Además, pueden jugar en modo playground, que se parece más a Minecraft que a un juego de disparos. No obstante, cada vez es más frecuente que las personas jueguen solas a la versión Battle Royale, cuyo objetivo es ser el último superviviente en una guerra de todos contra todos.

Amenaza para la democracia

En un artículo de opinión de Education Week se argumentó que jugar a Fortnite “es muy similar a jugar a los soldados en el bosque y a construir fuertes”. Esto es, en mi opinión, falso. Jugar con los amigos en un bosque construyendo cosas reales y usar la imaginación es una cosa. En cambio, jugar solo frente a una pantalla, construir cosas virtuales y manipular imágenes ya confeccionadas es otra totalmente distinta. Uno no tiene que preocuparse por otras personas ni cooperar o hablar con ellas para jugar a Fortnite.

En el libro La democracia en América, el teórico político francés Alexis de Tocqueville advirtió que la mayor amenaza para la democracia es el ‘individualismo’, una disposición a aislarnos de todos los que no pertenezcan a un pequeño círculo de personas con ideas afines.

En Fortnite, la zona de combate se reduce cuando la tormenta te empuja, lo que te acerca a los otros jugadores. De esta forma, se convierte en una metáfora más que apropiada para el juego. Fortnite encoge tu mundo para que solo pienses en tu propia supervivencia y —quizás— en la de algunos miembros de tu pandilla.

Fortnite puede no ser el único videojuego violento que enfatiza el individualismo y la supervivencia. No obstante, dada su popularidad actual y su atractivo para todo el mundo, vale la pena examinar su efecto en los individuos que conformarán la sociedad del futuro.

Nicholas Tampio es Profesor Asociado de Ciencias Políticas de Fordham University.

Foto: Frederic J. BROWN / AFP

Conversation
Tecnología | 22 de octubre de 2018

La promesa de la revolución digital para la salud pública

En su reciente y exitoso libro Factfulness, el ya fallecido experto en salud mundial Hans Rosling muestra que horrores tales como los desastres naturales, los derrames de petróleo y las muertes en el campo de batalla siguen una clara tendencia descendente, mientras que la productividad de las cosechas, las tasas de alfabetismo y otros indicadores de desarrollo están en alza. Basándose en hechos y datos comprobados, Rosling sostiene que hay motivos para el optimismo, aunque el mundo parezca cada vez más caótico.

También los hay en el ámbito de la salud mundial, por una sencilla razón. Así como la Revolución Industrial produjo avances trascendentales en medicina, la actual revolución digital nos permitirá mejorar la atención de la salud en modos que hace apenas unos años hubiera sido difícil imaginar.

Los objetivos de las Naciones Unidas son ambiciosos pero alcanzables

Casi todos los países del mundo se han comprometido a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, una agenda internacional para la mejora del bienestar de la humanidad y del planeta que es su sostén. En relación con la salud mundial, los ODS apuntan a eliminar las muertes infantiles por causas evitables y las grandes epidemias, y alcanzar la cobertura universal de salud.

Pese a ser sumamente ambiciosos, los ODS son claramente alcanzables. Sólo necesitamos aprovechar las oportunidades ofrecidas por Internet, los dispositivos móviles y otras tecnologías digitales, que ya están ampliando el acceso a la atención médica y mejorando su calidad en comunidades remotas.

Una gran oportunidad mejorar los servicios a lugares remotos

Tomemos por ejemplo la India. Hace unos meses, el gobierno del primer ministro Narendra Modi presentó el “Modicare”, el programa de seguro médico con financiación estatal más grande del mundo, que cubrirá a más del 40% de los 1300 millones de ciudadanos indios. El gobierno apunta a detener el incremento de enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes y el cáncer, y al mismo tiempo ahorrar a las familias gastos en salud causantes de pobreza. En un país del tamaño de la India, un programa de esta naturaleza depende en gran medida de la tecnología, para conectar a la gente con los servicios sanitarios, almacenar y analizar datos de los pacientes, y evitar errores catastróficos por la mezcla de historiales médicos.

La tecnología digital también habilita el acceso de pacientes en áreas remotas a los profesionales médicos más capacitados. El programa de telemedicina de la Fundación Novartis en Ghana logró que el 70% de las consultas médicas se gestione por teléfono, lo que ahorra a los pacientes trabajosos traslados a centros de atención primaria.

Las tecnologías digitales también están revolucionando la capacitación médica. En regiones aisladas, es común que los trabajadores sanitarios deban hacer largos trayectos a pie para recibir capacitación, e inevitablemente muchos terminan sin la formación que necesitan. Pero ahora los proveedores de atención médica pueden recibir capacitación por medio de teléfonos inteligentes y tabletas. Una de nuestras entidades asociadas, Last Mile Health, creó una plataforma digital enteramente dedicada a la capacitación comunitaria en salud. Estas y otras iniciativas están descentralizando la provisión de atención médica y la capacitación relacionada, y empoderando a los profesionales locales (todo lo cual es esencial para alcanzar la cobertura universal de salud).

No hace falta decir que las tecnologías digitales también impulsarán la próxima ola de terapias revolucionarias. En el campo de los ensayos clínicos, la tecnología de redes sociales mejoró la eficiencia de los procesos de reclutamiento, en tanto que la inteligencia artificial y el análisis predictivo han permitido acelerar la realización de los ensayos.

La gran promesa de la Banda Ancha

Pero de todas las tecnologías del espectro digital, la que producirá algunas de las mejoras más significativas será la banda ancha. En los países de bajos ingresos, el acceso a Internet de alta velocidad puede generar cambios en todos los niveles del sistema sanitario.

Pero la construcción de infraestructuras de banda ancha en países escasos de recursos es un desafío complejo. Muy a menudo, los servicios sanitarios digitales están fragmentados entre diversos organismos estatales, empresas y organizaciones no gubernamentales, lo que lleva a una gran duplicación de esfuerzos y a que se desaprovechen oportunidades de colaboración. Un caso ejemplificador es Uganda, donde en 2012 había tantos proyectos sanitarios digitales incompatibles, que el gobierno tuvo que poner una moratoria temporal a todos ellos.

El Grupo de Trabajo sobre Salud Digital de la Comisión de Naciones Unidas sobre la Banda Ancha, copresidido por la Fundación Novartis, está trabajando con especial énfasis en el uso de la tecnología para mejorar la atención de las ENT. Durante la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre, la Comisión publicó un informe titulado The Promise of Digital Health: Addressing Non-communicable Diseases to Accelerate Universal Health Coverage in LMICs [La promesa de la salud digital: el tratamiento de las enfermedades no transmisibles para acelerar una cobertura sanitaria universal en los países con ingresos bajos y medios]. El objetivo es ofrecer a las autoridades y demás partes interesadas recomendaciones pragmáticas que las ayuden a reimaginar modos de aplicar las tecnologías digitales al tratamiento de las ENT.

Es evidente que los gobiernos deben esforzarse en aumentar la integración interministerial de las iniciativas de salud digital y coordinar el trabajo con entidades privadas y sin fines de lucro en la medida de lo posible. Una colaboración de ese tipo ya se da en lugares como Filipinas, donde hay un comité nacional específico encargado de supervisar diversas iniciativas en digitalización de servicios sanitarios, lo que crea un entorno ideal para la innovación digital.

Pero la tecnología digital no es una panacea, así que hay que elegir bien las prioridades. La primera debería ser dar más importancia a los resultados. En muchos países, a los proveedores sanitarios se los recompensa por las tareas que realizan, no por los resultados finales; esto puede cambiar, con el uso de tecnologías digitales orientadas a los resultados.

Una segunda prioridad es mejorar el alfabetismo en datos. Las tecnologías digitales permiten capturar y analizar datos para extraer conocimiento en todos los niveles, desde la biología individual hasta las pautas mundiales de las enfermedades. Los programas de estudio destinados a proveedores y administradores de servicios sanitarios deberían incluir formación en estadística, gestión de datos y análisis de datos, para que puedan seguir el ritmo de los avances digitales.

Una prioridad final es tener presente que la tecnología digital sólo es valiosa cuando se la usa para mejorar el funcionamiento de los sistemas. Los médicos no deberían pasar más tiempo ingresando datos que atendiendo a los pacientes. Felizmente, cuando se la aplica bien, la tecnología digital ayuda a automatizar el proceso, liberando a los profesionales para que hagan lo que mejor saben hacer.

Han pasado tres años desde que el mundo ratificó los ODS, que incluyen como metas a corto plazo alcanzar la cobertura universal de salud y el acceso universal y asequible a Internet. Los avances recientes muestran que hay motivos para confiar en que lo lograremos, pero eso depende de que sepamos aprovechar la revolución digital en beneficio de todos.

Traducción por Esteban Flamini

Ann Aerts es la directora de la Fundación Novartis. Harald Nusser es director de Novartis Social Business.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Jean-Francois Monier – AFP

Tecnología | 19 de octubre de 2018

Ojo con enamorarse de la Inteligencia Artificial

Hay una lección en un mito de la antigua Grecia. Quienes advierten sobre los peligros potenciales y las consecuencias no deseadas de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático tienen razón al invocar a Pandora y su jarrón de miserias. De hecho, el mito de Pandora es en realidad más apropiado de lo que muchos creen, no por lo que dice sobre la curiosidad ingenua, sino por lo que nos dice sobre la relación de la humanidad con la tecnología.

En los debates sobre las implicaciones de la inteligencia artificial (IA), tarde o temprano alguno evoca el antiguo mito griego de la caja de Pandora. La versión popular moderna del cuento retrata a Pandora como una mujer trágicamente curiosa que al abrir una pequeña urna libera por error todos los males de la humanidad. Como aquello del genio que salió de la botella, el caballo que se escapó del establo o el tren que ya se fue de la estación, el mito de Pandora se ha convertido en un lugar común.

Sin embargo, en los debates sobre la IA y el aprendizaje automático, el cuento de Pandora real es mucho más pertinente de lo que muchos perciben. Nos enseña que es mejor oír a los “prometeicos”, preocupados por el futuro de la humanidad, que a los “epimeteicos”, que se dejan llevar muy fácilmente por la perspectiva de beneficios inmediatos.

Lo que dice el mito

La historia de Pandora es uno de los mitos griegos más antiguos, con primeros registros que datan de hace más de 2500 años, en tiempos de Homero. En el relato original, Pandora no era una muchacha inocente que no puede evitar la tentación de abrir un recipiente prohibido. En cambio, según nos dice el poeta Hesíodo, era una criatura “creada, no nacida”: un androide de apariencia real, hecho por Hefesto (dios de la invención) por encargo del todopoderoso Zeus y según sus crueles especificaciones, que debía comportarse como una cautivante doncella, para tenderles una trampa a los mortales, como manifestación del kalos kakon: “el mal oculto en la belleza”.

El nombre Pandora quiere decir “todos los dones”, y se debe a que todos los dioses aportaron algo a su composición. Una vez salida de la fragua de Hefesto, Hermes escolta a la encantadora “jovencita” hasta la Tierra y se la ofrece como prometida a Epimeteo; la dote que llevaba era la fatídica urna sellada, llena de otros “dones”.

Epimeteo era hermano de Prometeo, el titán rebelde defensor (y según algunos relatos, creador) de la humanidad. Preocupado por la evidente vulnerabilidad de los humanos, Prometeo enseña a hombres y mujeres el uso responsable del fuego y otras herramientas. Pero esto enfurece a Zeus, un despiadado tirano que custodia celosamente su acceso exclusivo a toda tecnología maravillosa. Como castigo, Zeus encadena a Prometeo a una roca y envía a su “dron”, un águila (también creada por Hefesto), para que le coma el hígado.

Por su parte, Pandora había sido pensada deliberadamente para castigar a la humanidad por aceptar el don del fuego recibido de Prometeo. Básicamente un seductor fembot con IA, no tenía padres, ni recuerdos de la infancia, ni emociones de ningún tipo, ni estaba destinada a envejecer y morir. Estaba programada para ejecutar una única misión malévola: ganar aceptación en la Tierra y luego abrir la urna.

La importancia de la previsión

Pero hay más en esta historia. Como nos dice Platón, el nombre Prometeo (“el que piensa antes”) es sinónimo de “previsión”; Prometeo siempre tenía en cuenta el futuro, a diferencia de su despreocupado hermano Epimeteo (“el que piensa después”). Siendo el más racional y justificadamente paranoide de los dos, Prometeo trata de advertir a su hermano para que no acepte el peligroso regalo de Zeus. Pero Epimeteo, fascinado con Pandora, la recibe imprudentemente en su vida. Sólo más tarde se dará cuenta de su terrible error.

De modo que la imagen popular que muestra a Pandora retrocediendo horrorizada mientras un enjambre de males sale de la urna es una creación moderna, lo mismo que la empalagosa imagen de la Esperanza que sale última del recipiente para traer alivio a las almas de los hombres. Las representaciones griegas clásicas muestran a Pandora como un astuto autómata: en su imagen más famosa pintada en una vasija aparece como una joven mujer muy erguida y con una inquietante sonrisa.

Además, en la antigüedad, a la Esperanza se la personificaba como una joven mujer llamada Elpis, considerada por lo general sinónimo de imprevisión. No era una bendición, sino símbolo de la incapacidad de anticipar el futuro o evaluar prudentemente las alternativas; no representaba el optimismo vital sino el pensamiento ilusorio. Y para los griegos era otra manifestación del kalos kakon: un mal hermoso desatado entre los humanos. Por eso al menos un artista antiguo retrató a Elpis/la Esperanza, casi igual que Pandora, con una sonrisita satisfecha.

Ahora que las tecnologías de IA y aprendizaje automático están convirtiéndose a pasos acelerados en “cajas cerradas”, el símbolo de la urna sellada de Pandora adquiere un nuevo significado. Pronto la lógica operativa de los sistemas de decisión basados en IA será inescrutable no sólo para sus usuarios, sino también para sus creadores. Entre otras amenazas, hay un claro riesgo de que los sistemas de IA sean “hackeados” por actores malignos o empleados por terroristas y tiranos.

Las advertencias de Hawkins y Gates

Cuando el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, Andrew McAfee (del MIT), Lili Cheng (de Microsoft) y otros optimistas de la IA nos aseguran que esta tecnología aportará grandes beneficios, es imposible no pensar en Epimeteo y Elpis. ¿Debemos realmente confiar en que la humanidad será capaz de ajustar y solucionar los problemas planteados por la IA conforme surjan?

Parece más prudente prestar atención a modernos pensadores prometeicos como el difunto Stephen Hawking, el fundador de Microsoft Bill Gates y otras 115 importantes figuras del ámbito tecnológico que en 2017 denunciaron la amenaza de las armas robóticas e inteligentes, y advirtieron: “No nos queda mucho tiempo. Una vez abierta esta caja de Pandora, será difícil de cerrar”. Estas inquietudes prometeicas también hallaron eco en Sergey Brin (cofundador de Google) y otros especialistas en ética aplicada a la IA, como Joanna Bryson y Patrick Lin, quienes alertan contra una aceptación irreflexiva de los “dones” de la IA antes de haber concebido el modo de controlarlos.

Encuestas recientes señalan que el optimismo sobre los beneficios potenciales de la IA se redujo considerablemente entre los profesionales del área. Al parecer, la comprensión de cómo funciona la IA se correlaciona con expectativas más realistas. Nuestro manejo del futuro de esta tecnología y de nuestra relación con ella debe guiarse no por la ciega esperanza, sino por la previsión basada en el conocimiento y la experiencia.

Traducción por Esteban Flamini

Adrienne Mayor, investigadora en Clásicos e Historia y Filosofía de la Ciencia en la Universidad Stanford, es becaria Berggruen para 2018‑2019 en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Conductuales de dicha universidad, y autora de Gods and Robots: Myth, Machines, and Ancient Dreams of Technology [Dioses y robots: mitos, máquinas y antiguos sueños tecnológicos], que se publicará en noviembre de 2018.

© Project Syndicate 1995–2018

Tecnología | 17 de octubre de 2018

Google cumple 20 años y mira al futuro desde el machine learning

El buscador por excelencia celebró su aniversario. Directivos de Latinoamérica explicaron que para la compañía los desafíos a futuro están en desarrollar la inteligencia artificial, la realidad aumentada, la realidad virtual y sobre todo el machine learning.

Google logró lo que todas las marcas sueñan: convertirse en un verbo. Y muy usado. Basta recordar el sin número de veces que googleamos al día. Pero como si eso fuera poco, con el tiempo el verbo sumó acciones: en Estados Unidos, por caso, el 20% de las búsquedas no se escriben, se preguntan por medio de la voz.

Por eso, para los que nacimos hace más de 20 años nuestra vida se podría dividir entre antes y después de Google. Es que hace algunas semanas el buscador por excelencia festejó sus 20 años de existencia. Lo hizo reuniendo a periodistas y especialistas en distintas ciudades del mundo. RED/ACCIÓN fue invitado a celebrarlo en Bogotá, Colombia.

Cuando Google nació, en 1998, “sólo tenía 25 millones de páginas indexadas. Hoy ya contamos con 400 mil millones de páginas en nuestro índice”, sostuvo Adriana Noreña, Vicepresidente para Google Hispanoamérica.

La compañía fue creada por Larry Page y Sergey Brin, dos amigos y estudiantes de la Universidad de Stanford, con el objetivo de organizar la información que había en Internet para volverla accesible y útil.

En las dos décadas que siguieron su fundación Google desarrolló, lanzó y adquirió innumerables innovaciones relacionadas a la tecnología. Desde las más conocidas como Gmail o YouTube hasta los globos superpresurizados que planea colocar en la estratosfera para garantizar señal de internet continua a regiones del planeta que hoy no la tienen.

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A eso hay que sumarle en lo que Google está trabajando a futuro. Aclarando que cuando hablamos de futuro, para la cultura de la compañía hablamos de los próximos 4 o 5 años. Por caso, la inteligencia artificial aplicada a la salud que permita detectar enfermedades antes de lo que un médico puede hacerlo. También el machine learning y su búsqueda por encontrar formas para que las computadoras aprendan. Más el impacto que pueda tener en el futuro cercano la realidad aumentada y virtual.

Para no dejar dudas hacia dónde está mirando la multinacional, Adriana Noreña, sostuvo: “nuestro CEO, Sundar Pichai, hace 10 años decía ‘mobile first’, hoy decimos ‘machine learning first’”.

Pero según Berthier Ribeiro-Neto, director del único Centro de Ingeniería de Google en Latinoamérica con base en Brasil, no hay que confundirse, “Google es una empresa con muchos productos pero la máquina de búsqueda sigue siendo clave”.

Por eso, explica, “hoy Google ya completa las palabras de búsqueda, trata de entender las intenciones de los usuarios a la hora de buscar y ofrece la búsqueda por voz porque a veces es difícil escribir. Ahora, ante una búsqueda proponer una serie de link consideramos que no es una buena respuesta y damos un texto ya elaborado. Si busca la receta del pollo asado, primero el buscador le devuelve un carro de videos y luego recetas. Sabemos que la dimensión humana que ofrecen los videos es muy importante en las búsquedas”.

Ahora, ¿qué buscan las personas cuando googlean? Buscan información sobre algo que les despertó interés. Por eso cada año, Google muestra qué términos y temas fueron los más populares, aquellos que marcaron y acompañaron la agenda de la sociedad.

Las palabras más buscadas de los últimos 10 años en Argentina

  • 2008 – Gran DT
  • 2009 – Facebook
  • 2010 – Mundo Gaturro
  • 2011 – Facebook
  • 2012 – Sube
  • 2013 – Padrón electoral
  • 2014 – Mundial 2014
  • 2015 – Padrón electoral
  • 2016 – Juegos Olímpicos Río 2016
  • 2017 – Padrón electoral

Las palabras más buscadas de los últimos 10 años en el mundo

  • 2008 – Obama
  • 2009 – Michael Jackson
  • 2010 – Chatroulette
  • 2011 – Rebecca Black
  • 2012 – Whitney Houston
  • 2013 – Nelson Mandela
  • 2014 – Robin Williams
  • 2015 – Lamar Odom
  • 2016 – Pokémon Go
  • 2017 – Hurricane Irma

Ante cada búsqueda Google devuelve las respuestas que sus algoritmos consideran más apropiadas. Para lo cual almacena de cada usuario datos específicos, como la geolocalización, las palabras que busca, las páginas que navega. De esta manera ajusta las respuestas al usuario.

Por eso también, las preguntas sobre la privacidad y seguridad de los datos fueron ineludibles durante el encuentro en Bogotá. De responderlas se ocupó Giovanni Stella, Country Manager para Colombia, Centro América y el Caribe: “Google invierte mucho en la seguridad y privacidad de los datos”, sostuvo. Y agregó: “cualquiera puede desactivar ‘compartir el historial con Google’. Eso sí, luego tendrá que aceptar que los resultados no sean tan precisos”.

Más allá de las controversias que generan las noticias falsas propagadas vía Youtube, que en muchos países ya es el segundo buscador más usado, Google sigue innovando con el objetivo de mantener su liderazgo en la organización de la información del mundo para hacerla universalmente accesible y útil.

Tecnología | 9 de octubre de 2018

Cómo es el modelo de innovación y start-ups en Israel

“Nosotros no contamos con recursos naturales como el agua, la tierra y el petróleo, y es por eso que decidimos invertir en la capacidad humana en innovación y los seguiremos haciendo por los próximos 70 años”. Así explicó el embajador de Israel en Argentina, Ilan Sztulman, la razón por la cual su país es el tercero entre los más innovadores del mundo (según la edición 2017 del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, y luego de Suiza y de Estados Unidos). Lo hizo el jueves pasado, cuando participó de una charla pública con el CEO de WeWork LATAM, Pato Fuks, en el piso 24 de la Torre Bellini de WeWork, en el centro de la ciudad de Buenos Aires.

Israel tiene 1 start-up por cada 1.844 habitantes. El modelo de negocios es múltiple: hay un programa que promueve la enseñanza tecnología en las  escuelas y también un sistema a través del cual cualquier ciudadano puede presentar sus proyectos de innovación, tecnología y sociedad para obtener financiación del Estado. La Autoridad de la Innovación, el organismo a cargo (que responde directamente al Primer Ministro), no demora más de dos semanas en responder y, si el proyecto es aprobado, además de obtener el 50% del financiamiento, recibe un lugar para trabajar y un tutor que ayudará en el desarrollo.

Ilan Sztulman, el embajador de Israel en Argentina, en el piso 24.

Ilan Sztulman, el embajador de Israel en Argentina, en el piso 24.

El embajador Sztulman mencionó los ejemplos de Waze y MobilEye, los dos nuevos desarrollos estrella del mismo país que ya había dado al mundo ICQ, Wix.com, Easy-Taxi, los procesadores Pentium y Celeron, y el USB.

“Nuestro objetivo es fomentar la creatividad y hacer que la gente quiera probar hacer cosas nuevas”, dijo el embajador Sztulman. “Si el proyecto funciona,  la empresa crece y luego se devuelve el dinero prestado. Si no funciona, no hay problema. Nosotros no tenemos límite. Es más, incentivamos a que pueden volver a intentarlo tantas veces como quieran porque creemos que ante el error se desarrollan mejores ideas. Se puede fallar y volver a intentar: creemos que el camino es más interesante que la meta”.

“No sabía que te fondean y que si fallás, podés ir de nuevo”, dijo a su turno el CEO Fuks. “Ustedes le hacen fácil la vida al que quiere emprender”. El embajador Sztulman le respondió: “Y ustedes pueden hacerlo con nosotros: como somos pocos, apenas 7 millones, firmamos acuerdos con otros países para exportar nuestro modelo. Y con Argentina ya lo hicimos. Los emprendedores argentinos pueden contactarnos en nuestra embajada. Creemos que el conocimiento tiene que ser internacional”.

Si querés emprender y te interesa recibir más información, contactate con la Embajada de Israel en Argentina.

Tecnología | 6 de octubre de 2018

El domingo a la noche inicia su viaje al espacio un satélite argentino único en el mundo

El lanzamiento del satélite más innovador y productivo que desarrolló y construyó el país entró en la cuenta regresiva: este domingo a las 23.21 iniciará un viaje de 10 días para alcanzar su órbita, a 600 kilómetros de la superficie terrestre.

El Saocom 1A, quinto satélite producido en el país, partirá desde California, Estados Unidos. El vehículo lanzador Falcon 9, de SpaceX, una empresa norteamericana de transporte aeroespacial, será el encargada de llevarlo hasta el espacio.

Actividades para seguir el lanzamiento

  • Más allá de la distancia, el lanzamiento podrá seguirse en vivo desde el Centro Cultural de la Ciencia (C3), en Godoy Cruz 2270, en Palermo. Desde las 20.30, la gente podrá ir al C3 para vivir una previa que incluye charlas con especialistas, actividades para entender el funcionamiento del satélite y juegos para toda la familia en los que habrá premios para los participantes.

Conocé las actividades que se harán en el C3

  • A las 23.15, se habilitará el auditorio principal para seguir el lanzamiento desde una pantalla gigante. Para asegurarse un lugar, hay que retirar la entrada una hora antes del lanzamiento.
  • En paralelo, el Planetario también habilitará su sala de espectáculos para poder ver el despegue de un nuevo satélite nacional. Probablemente, también haya una previa con charlas de especialistas, que en breve será definida en la agenda del sitio oficial del Planetario.
  • Además, quienes lo quiera seguir desde sus casas, la TV Pública hará una transmisión especial.
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Para qué servirá. El satélite fue desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Su construcción demandó 11 años y comenzó en 2007.

Las imágenes y datos serán útiles para prevenir y gestionar emergencias vinculadas a inundaciones, incendios forestales y plagas. Al sector productivo del campo, le ofrecerá información para ser más eficiente y competitivo. También generará información de cualquier parte del mundo, por lo que los servicios serán exportables.

Conocé en detalle cuáles son las prestaciones que dará el satélite

#SAOCOM 1A PREPARADOS LISTOS … En el Centro Espacial Teófilo Tabanera de la @CONAE_Oficial , el equipo del Centro de Control de Misión #SAOCOM súper motivado esperando entrar en operaciones. @invapargentina #VENG @ciencia_ar pic.twitter.com/9TV7Zlubv2

— CONAE (@CONAE_Oficial) 5 de octubre de 2018

Cuándo estará operativo. Una vez en órbita, las pruebas y calibraciones llevarán hasta 9 meses. Pero la idea es que empiece a operar en marzo de 2019, con una vida útil de 6 años.

Cómo funcionará. En 16 días dará la vuelta al mundo, por lo que podrá tomar imágenes de cualquier sitio. Por día, producirá 250 imágenes. Para funcionar, obtendrá energía mediante paneles solares. Al operar con microondas, produce información durante la noche y los días nublados, una condición que en nuestro país está presente el 60% del tiempo.

¿Es único en el mundo? Este satélite y uno gemelo que ya está en construcción se integrarán a cuatro satélites italianos, constituyendo un sistema único en el mundo por su resolución. Un ejemplo: cada pixel de los mapas que generan los satélites de la NASA o la Agencia Espacial Europea representan 9 km2. Mientras que cada pixel de los mapas que generará este sistema representarán 250 metros cuadrados.

Otro ejemplo: las imágenes satelitales que comercializan empresas privadas, como la argentina Satellogic o la estadounidense Planet, ofrecen buena resolución pero no identifican humedad en suelo.

Tecnología | 2 de octubre de 2018

Los dilemas éticos y jurídicos que presenta la revolución digital

El mundo del derecho no puede estar al margen de una imparable revolución tecno-científica que ya está afectando a derechos básicos de una sociedad insegura y desconcertada ante los profundos cambios que están generando una auténtica nueva realidad.

La nueva era tiene ya muchos nombres: la era de la perplejidad, la era de la incertidumbre, la era de la complejidad, y otros varios. Todos ellos son ciertos e incompletos. Todos ellos nos tienen que obligar a tomar más en serio los riesgos que se están generando para los derechos de la ciudadanía y en conjunto para la condición humana.

Al mundo del derecho se le están acumulando muchas y nuevas obligaciones a las que tendrá que responder con ingenio, talento, agilidad y flexibilidad si no quiere perder el protagonismo que le corresponde en una sociedad insegura y desconcertada ante los profundos cambios que están generando una auténtica nueva realidad. Y no va a ser tarea fácil.

El profesor José Esteve Pardo es en estos momentos el que viene analizando con mayor rigor este tema que resume así: “La ciencia, la filosofía, la sociología, que antes operaban con certezas, las están abandonando, dejando al derecho y a los poderes públicos ante su irrenunciable función de decidir. El problema es que ellas pueden permitirse la incertidumbre, el derecho no”.

El impacto de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial –que engloba temas como la robótica, la manipulación genética, la nanotecnología y otros muchos que a su vez se relacionan con el posthumanismo y el transhumanismo– se ha convertido en un eje clave de la vida actual que merece la pena conocer con más seriedad y profundidad de la que se está aplicando hasta el momento.

Habrá que partir de las siguientes ideas básicas:

Todos los avances tecnológicos y científicos tienen implicaciones jurídicas. Nuestro estamento no puede dar la espalda a esta realidad.

La ciudadanía en su conjunto no es consciente de cómo esos avances pueden afectar a sus derechos concretos y a la estructura y vertebración actual de la sociedad. El derecho a la intimidad y a la privacidad, –y no es el único ejemplo– se está diluyendo sin ninguna reacción eficaz. Temas aún más sensibles pueden estar en cuestión y en riesgo.

El mundo científico, con el decidido apoyo del mundo jurídico, tiene que hacerse más cercano al ciudadano y promover una divulgación mediática más constante y más comprometida sobre los efectos de sus investigaciones y descubrimientos.

El mundo político tiene así mismo el deber de ser consciente de estas nuevas realidades y abrir un debate tanto sobre el impacto en el sistema de pensiones como sobre los cambios y los riesgos que podrían generarse en otros muchos campos. No pueden seguir aislados en un gueto operando siempre a corto plazo por la presión electoral.

En todas estas tareas y deberes será vital organizar encuentros multidisciplinares en donde participen científicos y tecnólogos que nos eduquen y nos orienten en los nuevos procesos y en las implicaciones previsibles. Desde una mente fija y unidimensional es imposible entender problemas tan complejos y por lo tanto buscar las soluciones adecuadas.

El mundo jurídico no es el factor único ni el factor clave de este proceso, pero no puede renunciar a tener un protagonismo especial como estamento a quien corresponde regular, por medio de la ley, la convivencia ciudadana dando a cada uno lo suyo.

El mundo jurídico debe aprestarse, no a controlar ni a limitar los avances científicos y tecnológicos, –una tarea por demás imposible– pero sí a conocerlos con profundidad y prever –tarea no imposible pero sí extremadamente difícil– sus consecuencias en cuanto a derechos básicos y el orden legal en su conjunto.

Algunas de estas ideas figuran en el trabajo del 9 de marzo de 2018 del Grupo Europeo sobre Ética en la Ciencia y en las Nuevas Tecnologías, titulado Declaración sobre inteligencia artificial, robótica y sistemas autónomos. De hecho, este tema aparece en el orden del día de todos los encuentros sean jurídicos, empresariales, sociológicos o políticos.

La inteligencia artificial, como dice el documento de la Comisión Europea, no es ciencia ficción. Forma ya parte de nuestra vida cotidiana y nos afectará crecientemente, aceleradamente y de forma impredecible en los próximos tiempos.

Sobre ella, el desaparecido Stephen Hawking planteó la situación con términos dramáticos: “La inteligencia artificial puede suponer el fin de la humanidad”. Según este científico los sistemas avanzados de inteligencia artificial tendrán la capacidad de “tomar el control de los mismos, rediseñándose a un ritmo que aumentará cada vez más”, un ritmo que “los humanos, limitados por su evolución biológica, no podrán seguir y serán superados”.

Otros científicos –entre ellos Ray Kurzweil (La Singularidad está cerca. Editorial Lola Books, 2012)– dan por seguro que la inteligencia artificial superará a la humana antes del 2030 pero que no habrá conflicto sino cooperación entre ambas y algunos afirman que no es imposible que los robots puedan generar sentimientos y emociones como los humanos.

El desafío del aumento en la esperanza de vida

Al tema de la inteligencia artificial se une ahora la lucha por extender al máximo la longevidad. La gran mayoría de los niños europeos que nazcan estos días alcanzarán fácilmente los cien años y cada año la esperanza de vida –como consecuencia de la generalización de las dietas sanas, el ejercicio físico y los avances científicos en el tratamiento y prevención de enfermedades– irá aumentando entre dos y tres meses, con lo cual en pocas décadas podríamos estar hablando de edades medias de 120 o 130 años, una cifra que no debe sorprendernos porque también se duplicó la edad entre el siglo XIX y el XX.

Hay incluso autores que defienden la idea de la inmortalidad biológica y otros que propugnan la criopreservación en espera de nuevos descubrimientos científicos que pudieran permitir un renacimiento.

Es necesaria tener nuevas actitudes

Esta es la síntesis de una situación que va, en efecto, a imponer a los abogados, los académicos y los jueces nuevas tareas, nuevas actitudes y nuevos modos de convivir, incluso con agrado intelectual, con la incertidumbre y la complejidad.

Es una situación similar a la que vivieron otras generaciones ante cambios (entre ellos la imprenta, la luz eléctrica, el tren y el avión) tan esenciales, en términos de situación cultural, como los que estamos viviendo en la actualidad. Sabremos hacerlo. Hasta ahora no hemos fallado en adaptarnos a todas las realidades. Será una experiencia rica y fascinante.

La conclusión final es la de que el estamento jurídico no debe estar al margen –y en gran medida lo está– de una imparable revolución tecno-científica que ya está afectando y lo seguirá haciendo a derechos básicos de la ciudadanía y así mismo a la práctica judicial y profesional.

El ejemplo anglosajón

En los Estados Unidos se creó en 2014 una fundación que tiene entre sus objetivos para los próximos cien años vigilar las cuestiones éticas y legales que puedan generar la inteligencia artificial y sus aplicaciones concretas.

Hay varias asociaciones dedicadas al estudio del cerebro en donde los aspectos legales tienen un protagonismo continuo. La Universidad de Stanford ha creado un centro interdisciplinario (Codex) entre su facultad de derecho y la de ingeniería para intercambiar sus conocimientos y estudiar la integración del mundo tecnológico en su sistema legal.

Se publican desde hace tiempo revistas legales sobre todos los temas antes mencionados (Robotic Law Journal, Biology and Law, y otras) y son incontables los ensayos y los artículos sobre el impacto que puede tener la inteligencia artificial sobre la actividad legal en su conjunto y en concreto sobre los peligros que pueden generarse.

Una reciente noticia en este sentido: “La Universidad Carnegie Mellon y la firma de abogados K&L Gates han creado un fondo de diez millones de dólares para estudiar las implicaciones éticas y legales de la inteligencia artificial y otras tecnologías relacionadas”.

El mundo anglosajón ha sabido reaccionar y sigue avanzando en el proceso día a día. Habrá que seguir su ejemplo.

Antonio Garrigues Walker es Presidente de la Fundación Garrigues

Tecnología | 1 de octubre de 2018

Fogo Cruzado es un laboratorio de datos sobre violencia armada en el Estado de Río de Janeiro. Foto: Fogo Cruzado

¡Alerta, fuego! Las app de prevención en las favelas cariocas

A la hora de informar, los comunicadores comunitarios no sólo se proponen cambiar la perspectiva sobre la vida en las favelas, sino que también crearon herramientas para correr la voz sobre los conflictos armados. Una de las últimas novedades son dos aplicaciones de celular que informan -utilizando el método de crowdsourcing-, en tiempo real, sobre tiroteos. En las últimas semanas hubo tiroteos prácticamente todos los días.

Son “Onde tem tiroteio”  (OTT), y Fogo Cruzado, aunque la segunda es más popular porque cuenta con el apoyo financiero de Amnistía Internacional. Son bases de datos en la que un usuario ve un tiroteo y lo marca en un mapa online. Así, otros usuarios pueden consultar el mapa para saber cómo se encuentra determinada zona.

La intervención militar fue decretada por el presidente Michel Temer a mediados de febrero, alegando que las autoridades de Río de Janeiro no eran capaces de afrontar la ola de violencia que afectaba a la región; desde entonces y hasta el 31 de diciembre de este año la seguridad pública está en manos de las Fuerzas Armadas.

Los focos de conflicto suelen ir mutando por las distintas zonas de la ciudad. Cuando una favela está peligroso, los otros están tranquilos, y viceversa. Todas las semanas cambia el foco del conflicto. Hay días que un barrio se puede visitar sin ningún problema, y días que los locales recomiendan mejor ni acercarse.

A seis meses del decreto de intervención, los indicadores muestran que aumentaron las muertes derivadas de la intervención policial, y que los tiroteos aumentaron. “Las disputas entre las pandillas, incluyendo a las milicias, huyeron al control y los resultados muestran que el modelo de seguridad dependiente de municiones, tropas y equipos de combate no es capaz de producir los cambios que necesita Río”, dice el último informe del Centro de Estudios de Seguridad y Ciudadanía (Cesec) de la Universidad Cândido Mendes de Río de Janeiro (Ucam).

Desde su lanzamiento en julio de 2016, Fogo Cruzado registró más de 7.500 incidentes con disparos de armas, con un promedio de 17 por día durante el año pasado. Los reportes varían: pueden ser operaciones policiales, enfrentamientos entre bandas, o incluso pequeños delitos que se intensifican en conflictos armados. “Es una app de servicio, para ayudar al vecino, porque si no, nadie se entera”, aseguran en su página web. La creó la periodista Cecília Olliveira, luego de cansarse de no encontrar datos actualizados sobre  la violencia armada.

La App OTT envía una notificación con la frase “atenção a região” (atención a la región) cada vez que se reporta y comprueba un tiroteo. Desde el inicio de la intervención militar, en febrero, hasta la semana pasada, es decir en un poco más de seis meses, mandó la advertencia 3200 veces. “Esta herramienta fue creada para salvar a los ciudadanos de balas perdidas”, afirman.

Artículo realizado gracias a una residencia en la Casa Pública, de la Agencia Pública, Rio de Janeiro, Brasil.

Foto: Mauro Pimentel – AFP

Tecnología | 10 de septiembre de 2018

¿Estamos frente a la cuarta revolución industrial?

Conversamos con el economista Carl Frey, referente mundial en las investigaciones sobre el futuro del trabajo. Si bien advierte que algunos trabajos desaparecerán, asegura que las tareas que requieran de interacción entre personas tardarán más en desaparecer.

“Existen dos tipos de tecnologías: las que nos reemplazan en nuestras tareas y ponen muchísima presión en el mercado de trabajo; y las  que aumentan la productividad y ofrecen nuevas oportunidades laborales”. El que habla es Carl Frey. Está frente a cincuenta personas que escuchan atentos su diagnóstico. A su lado, Eduardo Levy Yeyati asiente ante cada argumento.

Lo que sucede es parte de la conferencia que brindó en el Centro Cultural de la Ciencia como parte del ciclo “Ideas”, una serie de eventos organizados por la Secretaría de Cultura de la Nación que propone abordar desde la cultura las distintas temáticas que se tratarán en el G20.

¿Quién es Frey? Básicamente, uno de los pioneros mundiales en las investigaciones sobre el futuro del trabajo. Mitad sueco, mitad alemán, es miembro principal del Programa de Empleo, Equidad y Crecimiento en el Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico en Oxford y del Departamento de Historia Económica en la Universidad de Lund. Sus investigaciones se centran en la transición de las naciones industriales a las economías digitales y los desafíos posteriores para el crecimiento económico, los mercados laborales y el desarrollo urbano.

“Pensemos en un caso extremo como el telescopio”, dirá en la conferencia. Y después: “no es que reemplazaba trabajadores sino que les permitía ver cosas inalcanzables. Esto era muy distinto a los robots que se implementan en una fábrica y dejan afuera a los operarios”.

Según él, la cuarta revolución industrial llegará de la mano de la inteligencia artificial. Y advierte cuáles son los empleos que están más en peligro, cuáles los que menos. Que un robot manipule una copa de vidrio, por caso, dice que será algo difícil de lograr. Que un software componga una pieza musical, difícil. Que un bot reemplace a un trabajador de atención al cliente, no aun. Estos y otros diagnóstico se pueden escuchar en su charla aquí abajo.

En conversación con RED/ACCIÓN, dirá que es difícil saber si la robotización nos dará más o menos tiempo libre. Según él, a lo largo de los años la historia demostró que a los hombres nos importa más crecer en bienes o riqueza antes que en tiempo libre.

¿En qué áreas los trabajadores tendrán ventaja por sobre la tecnología?
En áreas de interacciones sociales complejas. Vemos en los chatbots (un robot que chatea, básicamente) que hubo grandes avances. Como dije en la conferencia, hubo casos en los que un chatbot convenció al 30% de sus interlocutores de que era una persona, pero se decía que era un niño adolescente que hablaba inglés como una segunda lengua.

¿Las interacciones más complejas tardarán más en ser reemplazadas por bots?
En un futuro cercano es inconcebible pensar que una computadora va a reemplazar a un ser humano. Y lo mismo va para la creatividad. Dicen que las computadoras se están volviendo creativas, pero en realidad tiene más que ver con la originalidad que con la creatividad. Hacer combinaciones originales es posible, pero que cobre sentido es otra cosa.

¿Se adaptan mejor los países más desarrollados a los cambios?
En los 60 hubo un debate parecido al que hay ahora, y si ves cómo algunos países se adaptaron y otros no, es claro que los que tienen más recursos la tienen más fácil. La comunicación tiene mucho que ver también, cómo los países preparan a la gente para el cambio que se viene, explicando entre otras cosas cómo se van a implementar esos cambios, a qué tiempo y qué implicancias tendrá. Eso ayuda a que se vea como un cambio positivo y que no genere pánico.

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¿Hay alguna clave para que le gente no se sienta reemplazada sino aliviada por la llegada de la robotización?
Es difícil decir cómo debería sentirse la gente. Depende de cada uno y de qué opciones tengan.

¿Pero si bien alguno de estos cambios pueden traer relevamiento de tareas (y hacer que desaparezcan ciertos trabajos hechos por el hombre), el avance tecnológico no traerá también más tiempo libre para el ser humano?
En los últimos 100 años los salarios subieron un 800% pero lo que gastamos en ocio solo 10-15%. Eso demuestra una decisión personal, que no usamos mucho de lo que ganamos para el ocio. Pero también demuestra que valoramos tener más ingresos y trabajar para lograr esos ingresos.

¿Seguirán siendo importantes los títulos universitarios?
Es difícil decirlo. Hoy por hoy los empleadores están yendo más por la gente con mayor formación, de universidades reconocidas y demás. Eso por un lado. Por el otro, creo también que las universidades tendrán que cambiar el modo en que enseñan en pos de seguir siendo relevantes en el futuro. En particular, yendo hacia un modelo de enseñanza más modular, donde aprender es variable según lo que quieras hacer o lo que ya sepas. Por ejemplo, sistemas en donde los primeros tres años seguís un programa y los siguientes tres depende de vos. Hay personas a las que les lleva más tiempo que a otras llegar a los mismos resultados y hay que dejar que así sea.

¿Hay alguna diferencia entre inteligencia artificial y pensamiento artificial? Podemos hacer que la máquina aprenda, ¿pero podemos hacer que piense?
Es interesante, y la verdad que no lo sé. En ese aspecto debo decir que soy solo un humilde economista.

Carl Frey junto a Eduardo Levy Yeyati, luego de la charla. Fotos: Secretaría de Cultura de la Nación.
Carl Frey junto a Eduardo Levy Yeyati, luego de la charla. Fotos: Secretaría de Cultura de la Nación.


¿Por qué la gente aún viene a escuchar una charla? Podrían verla en YouTube y sin embargo están acá.
La gente afortunadamente aún valora la interacción humana. Mucha gente aún va a la caja del banco a hacer sus operaciones en lugar de ir al cajero. Eso muestra que es importante para nosotros interactuar con otros.

El lugar donde nacemos todavía determina nuestro prospecto de futuro. ¿Esto en el futuro cree que se profundizará o se revertirá?
Claramente en qué barrio o en qué ciudad naciste va a tener un impacto respecto de tus chances en la vida. Eso está fuera de discusión, lo que no significa que no tengas ninguna chance de prosperar si naciste en un lugar complicado. A futuro no sé qué sucederá, pero si miramos las últimas décadas, el lugar en el que naciste se ha vuelto más relevante, no menos.

Tecnología | 6 de septiembre de 2018

Google cumple 20 años convertido en una extensión de nuestro cerebro

Estamos perdiendo la cabeza por Google. Después de 20 años, los productos de Google se han vuelto parte de nuestra vida diaria, lo que ha provocado que la estructura de nuestra arquitectura cognitiva cambie y que, como consecuencia, nuestras mentes se expandan hacia el ciberespacio. Esto no es ciencia ficción, sino una de las implicaciones de la que se conoce como “la teoría de la mente extendida”, un punto de vista ampliamente aceptado en filosofía, psicología y neurociencia.

No cabe duda de que este es un cambio abrupto de la psicología humana, probablemente el mayor cambio con el que hayamos tenido que lidiar, y está ocurriendo a una velocidad apabullante. Después de todo, este mes Google cumple tan solo 20 años. Y aunque este cambio tenga consecuencias positivas, también trae consigo algunos problemas muy preocupantes a los que tenemos que enfrentarnos.

La mayor parte de mis investigaciones abarca asuntos relacionados con la identidad personal, la mente, la neurociencia y la ética. Desde mi punto de vista, cuanto mayor sea nuestro consumo de las características “personalizadas” de la Inteligencia Artifical de Google, mayor parte de nuestro espacio cognitivo le cedemos, lo que provoca que tanto la privacidad mental como la habilidad de pensar con libertad disminuyan. Además, se están encontrando pruebas de la posible relación entre el uso de la tecnología y problemas de la salud mental. Dicho de otra forma, no es seguro que nuestras mentes puedan soportar el estrés provocado por la tecnología. De hecho, puede que estemos cerca de alcanzar un punto de inflexión.

¿Dónde se acaba la mente y empieza el resto del mundo?

Esta fue la pregunta que plantearon en 1998 (el mismo año en el que Google salió a la luz) dos filósofos y científicos cognitivos, Andy Clark y David Chalmers, en el ya famoso artículo La mente extendida. Antes de su publicación, la respuesta más común entre los científicos era que la mente acababa en los límites del cráneo y la piel (básicamente, los límites del cerebro y del sistema nervioso).

Sin embargo, la respuesta de Clark y de Chalmers era algo más radical. Sostenían que, cuando integramos elementos del mundo exterior en nuestro proceso de pensamiento, esos elementos externos interpretan el mismo papel en nuestro proceso cognitivo que el que realiza nuestro cerebro. Como resultado, forman parte de nuestra mente en la misma medida que nuestras neuronas y conexiones sinápticas. La teoría de Clark y Chalmers produjo revuelo, pero, desde entonces, muchos otros expertos se han posicionado a su favor.

Nuestras mentes están conectadas con Google

Aunque Clark y Chambers publicaron su artículo antes de la llegada de los smartphones y del 4G, los ejemplos que utilizaron eran fantásticos: por ejemplo, el de un hombre que integraba un cuaderno en su vida diaria como si fuera una memoria externa. Como demuestran trabajos más recientes, la teoría de la mente extendida influye directamente en nuestra obsesión por los teléfonos móviles y otros dispositivos conectados a la web.

Cada vez más gente vive sometida bajo el yugo de los smartphones desde que se despiertan hasta que se acuestan. Es ya parte de nuestra naturaleza utilizar las aplicaciones de Google (motor de búsqueda, calendario, mapas, documentos, asistente de fotografía y demás). La fusión de nuestros procesos cognitivos con Google es una realidad. Parte de nuestra mente se encuentra hospedada, literalmente, en los servidores de Google.

Pero ¿acaso importa? Sí, importa por dos razones principalmente.

La primera es que Google no es una herramienta cognitiva pasiva. Sus últimas actualizaciones, dirigidas hacia la IA y hacia el aprendizaje automático, se centran en las sugerencias. Google Maps no solo te indica cómo llegar hasta donde quieras llegar (a pie, en coche o en transporte público), sino que también envía sugerencias personalizadas de lugares que cree que te interesarán.

Google Home, el asistente virtual de Google, que está a solo dos palabras de nosotros (“Ok, Google”), no solo nos informa rápidamente de lo que necesitamos, también puede organizar citas y reservar mesa a nuestro nombre en un restaurante.

Gmail hace sugerencias de lo que deduce que queremos escribir y, ahora, Google News nos envía notificaciones sobre noticias que imagina que serán de nuestro interés. Todo esto elimina la necesidad de pensar y de tomar decisiones por nosotros mismos. Google, afirmo de nuevo, completa, literalmente, los espacios vacíos de nuestros procesos cognitivos y de nuestras mentes, lo que causa que tanto la privacidad mental como la habilidad de pensar con libertad se retraigan.

¿Adicción o integración?

La segunda razón es que no parece que a nuestra mente le siente bien estar esparcida por internet. La preocupación por la “adicción a los móviles” ya no es un asunto marginal. Según informes recientes, el usuario medio del Reino Unido mira su móvil cada 12 minutos. Este hábito produce gran cantidad de efectos psicológicos negativos que acabamos de empezar a descubrir. La depresión y la ansiedad son los dos más relevantes.

Sin embargo, desde mi punto de vista la palabra “adicción” solo es otra manera de nombrar a la integración mencionada anteriormente. En mi opinión, la razón por la que nos cuesta tanto dejar de lado nuestros teléfonos móviles es que los hemos integrado en nuestros procesos cognitivos diarios. Cuando los usamos, pensamos. Por eso no es de extrañar que nos cueste dejar de utilizarlos. Hoy en día, que te quiten el teléfono móvil es parecido a que te practiquen una lobotomía. Para acabar con esa adicción/integración, y para recuperar nuestra salud mental, debemos aprender a pensar de otra manera y reconquistar nuestra mente.

Benjamin Curtis, profesor de Filosofía y Ética de la Universidad de Nottingham Trent en Inglaterra

Tecnología | 17 de agosto de 2018

Para qué servirá el satélite argentino que cada 16 días dará la vuelta al mundo

Si las condiciones meteorológicas son apropiadas, entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre será lanzado al espacio el Saocom 1A, un satélite hecho cien por ciento en el país. Partirá de California, en Estados Unidos, pero es de la Argentina y será operado por la Argentina. Así lo anunció la semana pasada la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

Para qué servirá. Las imágenes y datos serán útiles para prevenir y gestionar emergencias vinculadas a inundaciones, incendios forestales y plagas. Al sector productivo del campo, le ofrecerá información para ser más eficiente y competitivo. También generará información de cualquier parte del mundo, por lo que los servicios serán exportables.

Las prestaciones para el Estado. Serán gratuitas para las instituciones gubernamentales.

  • Elaborará un índice de crecida de ríos y hará pronósticos de inundaciones.
  • Identificará con precisión zonas inundadas.
  • Generará alertas de incendio al reconocer sequías peligrosas.
  • Monitoreará bosques: conservación, restauración y pérdida.
  • Hará predicciones cuando un ambiente se vuelva propenso para la reproducción de una especie dañina, como el mosquito transmisor del dengue o la langosta que arrasa con cultivos.
  • Obtendrá mapas de desplazamiento de glaciares.

Las prestaciones para el campo. Serán comercializadas, pero aún no fueron definidos a qué costos.

  • Permitirá conocer la humedad del suelo para definir con exactitud el mejor momento para sembrar o aplicar fertilizantes.
  • Ese índice de humedad ayudará a definir cuándo es necesario realizar un riego.
  • Ofrecerá la posibilidad de estimar la presencia de enfermedades en los cultivos, como la fusariosis, causada por un hongo que afecta a la espiga de trigo.

Si querés saber más sobre las prestaciones mirá este video.

Cuándo estará operativo. Ponerlo en órbita llevará hasta 10 días desde el lanzamiento, que lo hará SpaceX, una empresa estadounidense de transporte aeroespacial. Después, las pruebas y calibraciones llevarán hasta 9 meses. Pero la idea es que empiece a operar en marzo de 2019, con una vida útil de 6 años.

Cómo funcionará. En 16 días dará la vuelta al mundo, por lo que podrá tomar imágenes de cualquier sitio. Por día, producirá 250 imágenes. Para funcionar, obtendrá energía mediante paneles solares. Al operar con microondas, produce información durante la noche y los días nublados, una condición que en nuestro país está presente el 60% del tiempo.

Si querés saber más sobre el funcionamiento mirá este video.

¿Es único en el mundo? Sí, porque este satélite y uno gemelo que ya está en construcción se integrarán al Sistema Italo-Argentino de Satélites para Gestión de Emergencias (SIASGE), conformado por ahora por cuatro satélites italianos.

A su vez, este sistema así constituido es único en el mundo. Un ejemplo: cada pixel de los mapas que generan los satélites de la NASA o la Agencia Espacial Europea representan 9 km2. Mientras que cada pixel de los mapas que generará el SIASGE representarán 250 metros cuadrados.

Otro ejemplo: las imágenes satelitales que comercializan empresas privadas, como la argentina Satellogic o la estadounidense Planet, ofrecen buena resolución pero no identifican humedad en suelo.

“Al trabajar en posiciones y bandas complementarias, generan información única, por lo que también es una oportunidad económica para el país”, aseguró Laura Frulla, investigadora principal de la misión SAOCOM de la CONAE, que hasta esta misión ya había fabricado otros cuatro satélites, de los cuales ninguno sigue en operación.

Cómo es el satélite. Su construcción llevó 11 años y arrancó en 2007.

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Si querés saber más sobre el plan podés leer acá.

Tecnología | 16 de agosto de 2018

Los robots también tiene derechos

Se hace evidente la necesidad de definir las condiciones de legitimidad jurídica de las nuevas invenciones y establecer con precisión un régimen claro de derechos y obligaciones. Ese marco jurídico debe garantizar un progreso tecnológico que refuerce el libre desarrollo de la personalidad y los derechos fundamentales de los seres humanos, al tiempo que impida que la tecnología se convierta en una vía para hacer a las personas menos humanas.

Los autómatas, los mecanismos ingeniosos, nos fascinan desde la Antigüedad y abrieron el camino a otras criaturas mecánicas, como los robots, y después a ingenios inmateriales o no corporales como los sistemas de inteligencia artificial (IA). Luego vendrían los cíborgs, anunciando lo transhumano y lo posthumano, fruto de las investigaciones sobre las relaciones entre cerebro y máquinas.

Los robots han salido de las cadenas de montaje de las fábricas para circular por las carreteras, como sucede con los primeros prototipos de coches o camiones autónomos, para volar en espacios aéreos más bajos para entregar mercancías por medio de drones o realizar reconocimientos para detectar construcciones no declaradas. También están reemplazando a los electrodomésticos para crear hogares conectados e inteligentes, y están viajando a lugares más allá de la capacidad humana para abrir nuevas fronteras al descubrimiento espacial.

Más aún, estamos siendo partícipes de la incorporación gradual a nuestras vidas de los asistentes virtuales. Pueden ser antropomorfos o no, o incluso no tener ninguna forma tangible como es la aplicación Siri de Apple (Alexa de Amazon, Cortana de Microsoft o Google Now de Google). Y ya están disponibles humanoides como Pepper o Sanbot, cuyo propósito es ser un compañero emocional del propietario.

Próximamente, las administraciones públicas y los tribunales de justicia tendrán que lidiar con procedimientos relativos a todos ellos. A medio plazo, los robots interactuarán progresivamente de manera autónoma e independiente del control humano, con la posibilidad de que incluso las personas se hibriden con exoesqueletos para mejorar o restablecer sus funciones fisiológicas.

Las propiedades disruptivas de la Inteligencia Artificial

Lo que une a todos estos artefactos es que presentan cierto grado de autonomía en su funcionamiento, de impredecibilidad, y también cuentan con la capacidad de causar daño físico, lo que abre una nueva etapa en la interacción entre los seres humanos y la tecnología.

Además, los sistemas más avanzados no repiten instrucciones, sino que se adaptan interactivamente a las circunstancias, y tienen capacidad de aprendizaje, hasta con posibilidad de modificar su código. El daño es un efecto conjunto del software, hardware y forma de uso.

Así, surgen algunas preguntas. ¿Son nuestros marcos jurídicos en vigor adecuados para hacer frente a los avances de la robótica? ¿Pueden regularse las nuevas tecnologías robóticas, en particular si se caracterizan por un comportamiento autónomo cada vez mayor, dentro de los marcos legales y éticos existentes o, en caso contrario, deben hacerse más genéricas las normas jurídicas existentes para que incluyan a los robots y los sistemas de IA? o más bien ¿debemos aspirar a una disciplina jurídica autónoma y propia para los robots y la inteligencia artificial?

Un desafío regulatorio para los gobiernos

Esta revolución conlleva desafíos a los que la regulación existente no da respuesta. Es necesario abordar no sólo cuestiones jurídicas, sino también sociales, económicas, de salud y éticas con el objeto de garantizar la libertad, autonomía y seguridad de los seres humanos, esclareciendo cuestiones como cuál es la condición jurídica del robot, si deben tener o no un régimen especial de derechos y obligaciones, quién asume la responsabilidad de las acciones y omisiones de los sistemas autónomos e impredecibles, o el conjunto mínimo indispensable de medidas organizativas, técnicas y legales para asegurar su desarrollo seguro y minimizar los riesgos a los que están expuestas las personas.

El Derecho tiene que brindar un marco legal de referencia a los operadores del sector, que están seriamente preocupados por las implicaciones de sus actividades y, además, necesitan disponer de una cobertura jurídica ante potenciales creaciones que superen los confines de los laboratorios. Por otro lado, el Derecho está obligado a elaborar una regulación avanzada que pueda impulsar la robótica y asegurarle un desarrollo congruente con los valores propios de las constituciones y de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Entre las iniciativas reguladoras cabe destacar la Resolución del Parlamento Europeo, de 16 de febrero de 2017, con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica, que recoge las principales líneas de trabajo para el legislador al respecto:

La creación de una Agencia Europea de Robótica e Inteligencia Artificial.

La elaboración de un código de conducta ético voluntario que sirva de base para regular quién será responsable de los impactos sociales, ambientales y de salud humana de la robótica y asegurar que operen de acuerdo con las normas legales, de seguridad y éticas pertinentes. Prevé la exigencia de que los robots incluyan interruptores para su desconexión en caso de emergencia. Y recoge la necesidad de acordar una Carta sobre Robótica.

  • Promulgar un conjunto de reglas de responsabilidad por los daños causados por los robots.
  • Crear un estatuto de persona electrónica.
  • Estudiar nuevos modelos de empleo y analizar la viabilidad del actual sistema tributario y social con la llegada de la robótica.
  • Integrar la seguridad y la privacidad como valores de serie en el diseño de los robots.
  • Poner en marcha un Registro Europeo de los robots inteligentes.

Una nueva disciplina jurídica

Se hace evidente la necesidad de definir las condiciones de legitimidad jurídica de las nuevas invenciones y establecer con precisión un régimen claro de derechos y obligaciones.

La primera cuestión tiene que ver con la existencia de un marco jurídico que garantice un progreso tecnológico que refuerce el libre desarrollo de la personalidad y los derechos fundamentales de los seres humanos, al tiempo que impida que la tecnología se convierta en una vía para hacer a las personas menos humanas y más pasivas, con una autonomía reducida, con una dependencia creciente y una pérdida de la capacidad de iniciativa con una eventual situación de subordinación irreversible que pueda expropiar la libertad y la humanidad misma.

Su análisis jurídico debe enmarcarse dentro de una nueva rama jurídica autónoma, el Derecho de los Robots (Robot Law), para dar respuesta a estos insólitos desafíos y situaciones disruptivas, como en su momento sucedió con el Derecho del Trabajo o el Derecho Ambiental.

En definitiva, el Derecho ofrece herramientas para dar respuesta a este fenómeno disruptivo, si bien queda mucho por hacer.

Abordar estas cuestiones de manera organizada es una empresa colosal, que requiere un diálogo permanente y profundo que debe implicar a las disciplinas jurídicas, éticas y científicas si se quiere que sea fecundo y útil, para permitir a los diseñadores de robots evitar los problemas legales y éticos concernientes a los mismos. Y todo ello en una rama jurídica nueva, el Derecho de los Robots, que a la vez adaptará el Derecho general en vigor, y, en la medida de lo necesario, generará un Derecho nuevo que respete los principios jurídicos fundamentales de dignidad, libertad e igualdad.

Moisés Barrio Andrés es profesor de Derecho de Internet en la Universidad Carlos III de Madrid

Foto: WANG ZHAO / AFP

Tecnología | 4 de julio de 2018

En busca de mujeres (y otras minorías) en la industria tecnológica de Silicon Valley

El mundo de la tecnología lo dominan en su mayoría hombres blancos. Pero ya hay empresas donde mujeres, hispanos y otros grupos minoritarios están comenzando a ganar terreno, y con buenos resultados. La pregunta es por qué el resto de la industria no hace lo mismo.

Las empresas de tecnología de Silicon Valley han tenido serios problemas con la diversidad de género y racial, incluyendo acusaciones de un clima hostil hacia las mujeres y empleados de grupos minoritarios. Sin embargo, un nuevo análisis sobre información de empleos a nivel de las empresas que ayudé a realizar descubrió que algunas firmas parecen haber encontrado la manera de crear lugares de trabajo más heterogéneos.

Un informe de 2016 de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos, llegó a la conclusión de que la industria de la tecnología tiene problemas para contratar y retener a las mujeres (de todas las razas), así como a hombres negros e hispanos.

Un estudio de 2017 documentó que mientras que la gente de ascendencia asiática representa a un gran porcentaje de los trabajadores del área de la tecnología, su presencia en puestos ejecutivos y gerenciales está rezagada respecto de los hombres y mujeres blancos. Esto sugirió que hay una barrera que impide que los empleados asiáticos asciendan en la escalera corporativa.

Investigaciones recientes del Centro Amherst para la Equidad Laboral de la Universidad de Masschusetts, en donde me desempeño como director, analizaron información laboral sobre las 177 firmas de tecnología más grandes de Silicon Valley. Incluídas en este muestreo figuraban empresas de primera línea como Airbnb, Cisco, Facebook, Google y Uber. Pudimos confirmar que existe un problema de diversidad en Silicon Valley, a pesar de que también descubrimos que hay empresas que están haciendo un trabajo mejor que sus pares.

SiliconValley1

Cómo entender los problemas de diversidad

Se mencionan dos explicaciones comunes para el problema de la diversidad en la industria de la tecnología. La primera es que hay relativamente pocos postulantes variados en ambientes profesionales y educativos.

La segunda explicación, mencionada por críticos de la industria, es que las empresas de tecnología sólo les dan la bienvenida a los hombres blancos. Por ejemplo, dos tercios de todas las mujeres y tres cuartos de las mujeres negras de esta industria dijeron tener que demostrar lo que valían una y otra vez frente a gerentes y compañeros de trabajo. Además, la mayoría de las mujeres denunciaron haber recibido reacciones negativas de parte de colegas y gerentes cuando no se ajustaban a los estereotipos femeninos. Por otro lado, un informe reciente sobre gente que abandona las empresas de tecnología muestra que el trato injusto, irrespetuoso e influenciado por los estereotipos es algo generalizado y una fuente costosa de rotación de personal entre mujeres y minorías en este tipo de compañías.

Ambas explicaciones sugieren que los problemas son los mismos para cada empresa. Esto a nosotros nos parecía improbable: las empresas difieren en muchas formas y habíamos deducido que así era también en el manejo de la diversidad.

¿De qué manera promueven a las mujeres de forma equitativa muchos gigantes de Silicon Valley?

La mayoría de las empresas más grandes de Silicon Valley cuentan con un número relativamente bajo de mujeres en todos los niveles de puestos de trabajo. Pero algunas de estas empresas muestran una distribución más equitativa.

Análisis de los datos

En nuestro estudio analizamos información que las empresas facilitaron al gobierno federal respecto de los antecedentes étnicos y de género de la gente en diferentes niveles de la empresa, desde el nivel inicial al ejecutivo. Nos centramos en las 177 empresas más grandes de la región, pero también hicimos una comparación con 1.277 lugares de trabajo más chicos del área tecnológica de Silicon Valley.

Lo que descubrimos confirmó nuestras sospechas de que cada empresa es distinta, a pesar del problema general de diversidad en las empresas de tecnología grandes de Silicon Valley. En la mayoría de las 177 empresas principales que analizamos, había pocas mujeres en puestos técnicos y menos todavía en cargos ejecutivos altos. Las mujeres y hombres hispanos y negros eran algo excepcional y algo casi inexistente por completo entre los puestos ejecutivos y gerenciales. Las mujeres y hombres asiáticos demostraron estar presentes en los puestos técnicos, no así en los de liderazgo.

Estas empresas grandes cuentan con más hombres y mujeres negros que las 1.277 firmas más chicas, pero con menos asiáticos y con más hombres blancos.

¿Cuántos gigantes de Silicon Valley tienen fuerzas de trabajo diversas?

La mayoría de las empresas más grandes de Silicon Valley cuentan con empleados profesionales básicamente blancos. Pero algunas de ellas tienen grandes proporciones de no blancos.

Descubrimos que, en el 7 por ciento de estas firmas, la mayoría de los empleados son mujeres. En un puñado de empresas, los hombres y mujeres negros e hispanos representan a más del 5 por ciento de la fuerza de trabajo profesional y a más del 5 por ciento del área ejecutiva, una cifra que es cuatro veces su proporción en la fuerza de trabajo local. Y si bien hay firmas sin ningún hombre o mujer asiáticos en la gerencia, también hay empresas en las que más del 20 por ciento de los gerentes son hombres y mujeres asiáticos.

Una mirada al liderazgo

Tuvimos acceso a la información bajo la promesa de no identificar los nombres de las firmas en nuestra investigación. De todos modos, periodistas de Reveal divulgaron los números del puñado de empresas de Silicon Valley que difundieron públicamente su información laboral. En ese informe, entre las principales firmas que muestran diversidad de género figuran PayPal y Airbnb. Las mujeres de color son algo excepcional en todas las empresas, pero Lyft, Google y Square no tienen ninguna dama de color entre sus puestos ejecutivos.

Al extremo opuesto está Nvidia, una firma que está creciendo rápidamente en el campo de la inteligencia artificial, los videojuegos, la visualización y los centros de datos. La empresa aparece en los últimos puestos en términos de diversidad de género.

Lo que analizamos en nuestros datos fue si la raza y el género de los líderes influenciaba el tema de la diversidad. En líneas generales descubrimos que no. De todos modos, las compañías con mayor cantidad de hombres blancos en puestos ejecutivos tienden a tener menos asiáticos en los trabajos profesionales. Lo que resulta muy promisorio es que cuando hay mayor cantidad de gerentes mujeres blancas, las empresas tienden a contratar más congéneres hispanas y negras para todos los puestos profesionales.

¿Qué tan diversos son los despachos de ejecutivos de Silicon Valley?

La mayoría de las empresas más grandes de Silicon Valley cuentan con dotaciones de ejecutivos en su mayoría blancos, pero en algunas de ellas hay otros grupos étnicos que están comenzando a ganar terreno.

Las pruebas recogidas en otros estudios sugieren que el principal motivo detrás de las diferencias en diversidad es si los líderes, independientemente de su propio grupo demográfico, priorizan la contratación y mantención de una fuerza de trabajo diversa.

Los problemas de diversidad laboral son complejos. Pero sus soluciones no necesitan serlo. Todas estas 177 grandes empresas de tecnología desarrollan productos innovadores, compiten en dinámicos mercados globales, contratan en mercados laborales competitivos y están transformando rápidamente las sociedades del planeta. Nuestra investigación muestra que algunas de estas firmas también son capaces de contratar grupos diversos de empleados, lo que plantea la pregunta de por qué otros no hacen lo mismo.

Donald T. Tomaskovic-Devey es profesor de Sociología y director del Centro de Equidad Laboral, Universidad de Massachusetts Amherst.

Traducción: Silvia S. Simonetti

Tecnología | 27 de junio de 2018

Los robots no saben ser mujeres

Históricamente, el efecto de la innovación parece haber aumentado la participación y la demanda de mujeres. Ellas están mejor preparadas que los hombres para resistir a la automatización en el trabajo e incluso pueden beneficiarse de ella.

Las investigaciones demuestran que las mujeres están mejor preparadas que los hombres para resistir a la automatización en el trabajo e incluso pueden beneficiarse de ella.

Hay un gran número de mujeres en las empresas que necesitan trabajadores con habilidades sociales y empatía (como la enfermería, la enseñanza y la asistencia social). En estos puestos sería bastante complicado reemplazar a un trabajador humano por uno automatizado. En las economías avanzadas, las mujeres tienen, de media, mayor nivel educativo y de alfabetización digital, lo que les proporciona una gran ventaja en el mercado laboral, que está constantemente transformándose debido a la innovación tecnológica.

El miedo a los robots no es justificado

El miedo de que algún día los robots puedan ocupar la mayoría de los puestos de trabajo de los humanos no está justificado, como demuestran varios estudios. De hecho, el riesgo de la digitalización varía de manera considerable según los puestos de trabajo, dependiendo de las tareas y habilidades que haya que desarrollar y poseer.

Por ejemplo, los trabajos para los que sea necesario el trabajo físico durante mucho tiempo o en los que se usan las manos tienen mayor riesgo de digitalización que los trabajos que implican estar presentes para enseñar algo a alguien. Algo parecido ocurre con los trabajos en los que se requiere alfabetización y resolución de problemas, ya que tendrán un riesgo menor que los trabajos que requieren aritmética.

Las economías del trabajo de las mujeres y la automatización

La innovación tecnológica, de la que forma parte la automatización, cambia la manera en que se organiza y se realiza el trabajo entre los diferentes sectores de la economía.

Normalmente, el proceso es el resultado de un cambio progresivo de un trabajo no cualificado a un trabajo cualificado, siendo el primero cada vez más prescindible. Al mismo tiempo, las tecnologías han propiciado nuevas posibilidades en lo que se refiere a la flexibilidad laboral, a la formación a distancia y a la creación de redes de contactos.

Como resultado de esta transformación, algunas profesiones que tradicionalmente han empleado más a mujeres (las oficinas y el sector servicios) han prosperado, aumentando a su vez las oportunidades laborales para las mujeres.

Aunque la automatización puede suponer una amenaza para otros sectores en los que hay gran cantidad de trabajadoras (como las cadenas de montaje industriales o la agricultura de mano de obra intensiva), históricamente, el efecto de la innovación en estos sectores parece haber aumentado la participación y la demanda de mujeres.

La interacción entre la tecnología y el ser humano tiene un papel fundamental. Los cambios en la estructura salarial (por ejemplo, mayor demanda y, por consiguiente, mejores sueldos para el trabajo cualificado), unido a que las mujeres cada vez están mejor preparadas y han modificado sus desempeños familiares, hacen que su participación en el trabajo se traduzca en que todo sea más fácil y atractivo para un mayor número de mujeres. Esto es lo que ocurre en los países desarrollados.

Sobre todo, los debates económicos ponen de manifiesto que, aunque algunos sectores en los que trabajan muchas mujeres sean vulnerables a la digitalización, por lo general, ellas corren menor riesgo que los hombres y pueden, de hecho, beneficiarse incluso de un aumento de puestos de trabajo.

La evidencia está en los datos

Calcular el impacto de la automatización en los trabajos de la mujer no es tarea fácil, ya que este hecho es difícil de separar del resto de factores que determinan su participación. Así que, normalmente, las primeras investigaciones suelen depender de un análisis cualitativo de casos concretos que se han estudiado.

Recientemente, gracias a los avances en métodos de investigación y disponibilidad de datos, se han podido obtener valoraciones que confirman los beneficios potenciales de la automatización en cuanto a la participación de las mujeres y el empleo.

Lo que hay que tener muy presente es que, normalmente, este tipo de investigaciones se refieren a Estados Unidos y/o a un grupo relativamente pequeño de países desarrollados (OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Por ejemplo, un estudio de 2016 señalaba el hecho de que el progreso tecnológico aplicado al sector doméstico era una pieza clave para explicar la participación de las mujeres casadas de Estados Unidos. No solo consistía en una mejora de los electrodomésticos, sino en el hecho de que muchas mujeres ya no tenían que quedarse en casa para criar a sus hijos. También se tuvo en cuenta la forma en la que hacemos las tareas del hogar (por ejemplo, pedir comida o comprarla congelada en oposición a estar horas cocinando).

Siguiendo el mismo patrón, un estudio de la OCDE, también publicado en 2016, demuestra que, tras controlar una serie de factores, el riesgo de que los trabajos se automaticen es inferior para las mujeres que para los hombres.

Otra investigación muy reciente compara el riesgo de digitalización de los trabajos entre ocho economías avanzadas (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Rusia, Turquía, Japón y Corea). Se sacan dos conclusiones principales.

La primera, que las mujeres no corren tanto riesgo como los hombres sino, por lo general, menos. La única excepción es Japón, donde el riesgo de la digitalización para los hombres es menor que para las mujeres.

La segunda, los puestos no cualificados siempre son los más vulnerables. Sin embargo, en este tipo de empleos las mujeres tienen un riesgo menor que los hombres (de nuevo igual que antes, Japón es la excepción, ya que el riesgo entre hombres y mujeres en puestos poco cualificados es prácticamente el mismo).

Esto se debe a que, en las economías avanzadas, las mujeres consiguen trabajos que requieren altos niveles de habilidades sociales y empatía (como en enfermería) y son, por lo tanto, más resistentes a la automatización que otros empleos poco cualificados como los operadores de maquinarias o los trabajadores de las líneas de montaje.

Más que destruir empleos, la automatización es una forma de cambiar los trabajos de una forma que beneficia más a las mujeres que a los hombres. Esto no significa que la automatización vaya a eliminar la desigualdad de género del mercado laboral. Sin embargo, sí significa que las mujeres no tienen nada que envidiar a los hombres ya que, probablemente, se beneficiarán más de la llegada de los robots que ellos.

Fabrizio Carmignani es profesor en la Griffith Business School

Tecnología | 19 de junio de 2018

A mí, el celular me ayudó a encontrar la paz (o casi)

Esta nota fue escrita después de 431 minutos de meditación guiada, a lo largo de 44 sesiones en 63 días, usando la aplicación Headspace. Antes de comenzar yo estaba recién separado, hacía una semana había cambiado de trabajo y mi padre se recuperaba de un infarto. Además estaban: la ansiedad de nuestra época, la insatisfacción de mi generación, y la angustia de quienes vivimos en grandes ciudades. Más menos, ese fue el cuadro de situación que me llevó a bajar la aplicación por consejo de un amigo. Y aunque esa realidad no cambió materialmente (salvo por el dólar, claro, que subió como diez mangos en este tiempo), después de 431 minutos la situación es bastante diferente. Algo aprendí, y voy a tratar de contarlo en esta nota.

Si querés leerla con música de meditación, poné play acá abajo. Sino, seguí en silencio (como si fuera tan fácil…).

¿Qué corno es Headspace?

Literalmente, Headspace es “espacio para tu cabeza”. Es el nombre de la aplicación de mindfulness más famosa del mundo. Tiene más de 20 millones de descargas en 190 países y más de 1 millón de suscriptores que pagan casi 100 dólares por año. Sus creadores son Andy Puddicombe y Rich Pierson. Lo que hace la aplicación es básicamente enseñarte a meditar, pero según sus defensores el resultado final podría resumirse así: ser un poco más feliz.

Andy es inglés y tiene 45 años. A los veintipico dos amigos suyos murieron en un accidente de auto, y luego perdió a una media hermana. Decidió dejar sus estudios y viajar al Tíbet para hacerse monje budista. Su voz es la que escuchamos quienes usamos Headspace. Habla un inglés pausado y respira entre palabras. Como los sabios, me figuro.

La primera vez que lo escuché quedé fascinado. Fue en este video introductorio, antes de comenzar la sesión número 1.

Prometía, en pocos minutos de meditación, un cambio radical. ¿Pero puede caber en un teléfono, realmente, la clave de la felicidad?

En un teléfono, digo, y no es menor la paradoja. De allí vienen los whatsapp, las notificaciones, las fotos, los memes, los correos, las llamadas. El teléfono como puente entre la ansiedad y nosotros. El teléfono como un camino hacia fuera, nunca hacia dentro.

Excepto, pareciera, después de cinco minutos en Headspace. A lo largo de los días, se empieza a sentir que esa voz es a uno a quien le habla, que no son grabaciones a disposición de cualquiera sino pequeñas conversaciones privadas.

Hace algunos años, una amiga me regaló Cuando Todo se Derrumba, de Pema Chödrön, otra monje budista. Lo leí e intenté llevar a cabo la práctica que propone –eso que ella llama lojong–, pero no tuve mayores resultados. Con el tiempo –pongamos, una semana–, me olvidé la técnica.

Headspace logra avanzar ahí donde el libro no. Principalmente, por ir en el teléfono, por interactuar, por acompañar al principiante. Sus lecciones no se presentan como un corpus teórico que hay que adoptar, o como una forma de la sabiduría a la que se llega después del desapego y el ascetismo. Es, en cambio, una forma urbana del detenimiento.

En el dia 24, por mencionar uno, Andy propone iniciar algunos ejercicios sin el uso de la app en situaciones cotidianas: en la fila del supermercado, mientras se espera el colectivo, lo que sea. No es necesario, aclara, hacer el ejercicio completo. Basta con respirar y tratar de registrar las sensaciones del cuerpo. Ni elongar, ni corregir la postura, ni tomarse 10 segundos antes de insultar al enemigo de turno. Solo entretenerse con uno mismo unos segundos antes de volver a mirar el celular en busca de un divertimento.

Después de casi veinte años en el Tíbet, Andy vivió un tiempo en Moscú, donde empezó a dar cursos de meditación guiada. Según él, que practica desde chico, la mejor edad para adoptar la costumbre de la meditación es a los 3 años. Por eso, la aplicación también incluye packs para niños.

La idea se le ocurrió mientras estaba en Moscú, pero se materializó recién después de varias conversaciones con Rich Pierson, amigo suyo y co-fundador, a quien acompañó y guió en un momento de dificultad.

Juntaron plata entre amigos y familiares e invirtieron 50 mil dólares. Crearon una app que consistía en 365 meditaciones guiadas por Andy, una para cada día del año. Fue lanzada oficialmente en el 2010.

Su expansión llegó algunos años después. Hoy la compañía está radicada en Santa Mónica, California, y están por abrir nuevas oficinas en San Francisco. Vale más de 250 millones de dólares y están planeando ampliar la cantidad de idiomas, ya que solo funciona en inglés.

Hoy no es más un secreto a voces, como lo fue en los primeros años. Hay siete aerolíneas en el mundo que ofrecen la plataforma en sus vuelos, y la compañía hizo un convenio con Spotify para que los usuarios de algunos países escandinavos (Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia -de donde es Spotify-), pueden suscribirse a los dos servicios de manera conjunta por un precio especial.

Así y todo, Pierson no se conforma: dijo que su ambición es hacer que la aplicación sea la guía mundial indiscutida para llegar a una vida feliz. Pavada de objetivo.

Andy Puddicombe, creador de Headspace y quien guía las meditaciones de la aplicación.

Contra el sufrimiento

Cada vez que mi viejo sufre por amor (casi lo único por lo que sabe sufrir), recorre librerías y compra todo tipo de libros de autoayuda. En los momentos más agudos, suele llamar a los autores o las autoras de esos textos y toma sesiones de terapia con ellos. Sale a correr, va al gimnasio, aprende a respirar de manera consciente. Hace todo lo que considera que es trabajar por estar bien.

Yo algo heredé de eso, pero como intento ser un hombre de mi tiempo, en vez de leer autoayuda veo videos motivacionales en Youtube. Uno de los más conocidos es “Use protector solar”. En él, una voz en off, una voz cálida, una voz sabia, una voz que parece arroparte, llevarte una sopa y guiarte por los sueños más dulces, dice que el único consejo que te puede dar en esta vida es que uses protector solar. Pero antes dice, además, que no hay que desesperarse por saber quiénes somos, que mucha de la gente más interesante que conoció no sabía lo que quería hacer de su vida incluso hasta después de los cuarenta o los cincuenta, y que a lo largo de los años siempre vas a ver los precios irse para arriba.

En el mercado de la motivación hay infinitos ejemplos, mucho más después de la llegada de las charlas TED. Sin embargo, nada tan novedoso, nada tan efectivo como la sabiduría milenaria del budismo.

Estamos en una sociedad que todo lo resuelve por adición más que por supresión. La suma de elementos para alcanzar la felicidad (o un rato de serenidad apenas), puede ser infinita. Ahí comienza la ansiedad. Aplicación tras aplicación, red social tras red social. Pantalla tras pantalla. La sociedad, si te agarra flojito, te liquida.

Ahí es donde aparece Headspace. ¿Qué es, entonces? ¿La evolución de la auto ayuda? ¿O es más que eso? ¿La evolución de la religión, por caso, de la fe? ¿Del budismo tan solo? ¿Qué sería de Andy si decidiera de pronto ser un nuevo dios? Digo, ¿no es así que empiezan las religiones, con un profeta y varios seguidores? Con esta app edificando su iglesia, con este dolor de cada quién, con esta ruptura que nos inclina, derrotados, a creer. Por que yo, súbitamente, creo. Bautizado, apóstata y agnóstico, en algo finalmente creo. Pero me da pudor decirlo. Ahí va, otra consagración clerical: que sea con culpa, o que no sea.

Lo que aprendí

“Si estoy mal en el trabajo, me escapo 10 minutos y hago una sesión. Si tengo que tomar una decisión, hago una sesión antes. Si estoy pensando demasiado en algo y no llego a ningún resultado, hago una sesión”, me dijo Gonzalo Bourdieu cuando me habló de Headspace por primera vez. “La clave no es resolver esos problemas sino más bien dejar de girar en falso sobre ellos”, aclaró.

Para él la app se volvió fundamental en muy poco tiempo y decidió pagar. Sale 12 dólares por mes o 94 por año (cada cual puede hacer cálculo de cuánto es en pesos al momento de leer la nota, para evitar imprecisiones).

En mi caso, en mis primeras sesiones me quedaba dormido. Hay un video introductorio en el que te muestran la mejor posición para meditar, pero yo lo hacía acostado. Dormirme, en esos primeros días, era el mejor premio que podía recibir. Dormir como la pausa a todo. Pero como toda pausa era, a su vez, una postergación.

Conforme uno va a avanzando en las sesiones se da cuenta de que se trata exactamente de lo contrario, de estar más despierto, más consciente, sin que eso signifique estar alerta. Los que tendemos antes a la neurosis que a la calma solemos pensar en la felicidad como la ausencia de pendientes, ese momento en el que ya no tenemos nada urgente por resolver. Por supuesto, son momentos que duran segundos, minutos con suerte. La primera clave de la meditación es dejar de desear eso y simplemente notarlo.

Se pueden hacer sesiones de 3 minutos, de 5 o de 10. Ya una vez superada la muestra gratis, se liberan las opciones de 15 o de 20 minutos. Al principio uno se la pasa deseando escuchar lo que Andy tiene para decir. Se trata más de esa voz, de esas enseñanzas, que de la práctica en sí. Con las sesiones, va ganando peso el silencio, los momentos de recogimiento. Para mi, que soy un ansioso insoportable y no conozco ración del día en que no esté haciendo algo pensando en lo siguiente, un rato de silencio es mucho. Ahí cobran sentido las sesiones de 20 minutos, donde por momentos nada pasa pero el cuerpo, créase o no, queda vibrando.

El día 22 de mi práctica por ejemplo anoté el siguiente consejo de Andy: “el ejercicio no tiene por qué terminar con el fin de la sesión. Intentá llevar durante todo el día esa conciencia que logras en el ejercicio”. El día 23: “Es muy fácil olvidarse de estar en el presente”. El día 14: “la relación que alcances con vos mismo mediante la meditación afectará a tu relación con los otros, o incluso, con los que ya no te relacionas”.

Ahí está otra de las claves: Headspace como método de relacionamiento o de olvido. Tiene lógica: debemos ser muchos los que entramos en su universo para superar el dolor, para olvidar a alguien, para no tener que ir en el subte leyendo un libro con una flor en la tapa y una frase que deschave nuestra soledad, nuestra angustia o nuestra desesperación. Usar Headspace como carta de amor. Hacia otro, al principio, hacia uno, al final.

***

Esta nota fue escrita después de 431 minutos de meditación guiada, a lo largo de 44 sesiones en 63 días. Antes de comenzar yo estaba recién separado, hacía una semana había cambiado de trabajo y mi padre se recuperaba de un infarto. Y además estaban la ansiedad de nuestra época, la insatisfacción de mi generación, y la angustia de quienes vivimos en grandes ciudades. Pero la cosa es diferente ahora: pago 12 dólares por mes, medito cada vez que puedo, y aunque más no sea una sensación pasajera, de repente siento algo parecido a estar en calma. O casi. No pierdo las esperanzas, ahora yo también soy parte de una fe.

La música que acompaña a esta nota es de la Meditation Society of Australia.

Tecnología | 13 de junio de 2018

El enorme potencial de la tecnología para hacer que las ciudades sean menos desiguales

Existe el riesgo de que la desigualdad se profundice, a menos que los gobiernos locales reconozcan que las soluciones impulsadas por la tecnología son tan importantes para los pobres como para los más ricos.

En todo el mundo, los gobiernos están creando ciudades “más inteligentes” mediante el uso de datos y tecnología digital que contribuye a construir entornos urbanos más eficientes y habitables. Esto tiene sentido: con el crecimiento de la población urbana y la infraestructura bajo presión, las ciudades inteligentes estarán mejor posicionadas para gestionar el cambio.

Pero a medida que los sistemas digitales son cada vez más penetrantes, existe el riesgo de que la desigualdad se profundice, a menos que los gobiernos locales reconozcan que las soluciones impulsadas por la tecnología son tan importantes para los pobres como para los más ricos.

Aunque la población que no está online puede beneficiarse de las aplicaciones que se ejecutan en la vida cotidiana -como las señales inteligentes que mejoran el tráfico-, no tendrán acceso a toda la gama de programas que ofrecen las ciudades inteligentes. Siendo los teléfonos inteligentes la principal interfaz para la ciudad moderna, un primer paso crítico es cerrar la brecha digital y ampliar el acceso a redes y dispositivos.

Los planificadores urbanos pueden implementar tecnología de manera que las ciudades sean más inclusivas para los pobres, los discapacitados, los ancianos y otras personas vulnerables. Existen abundantes ejemplos al respecto.

En Nueva York, la Unidad de Participación Pública del Alcalde usa plataformas de datos interinstitucionales para coordinar iniciativas de puerta a puerta para residentes que necesitan asistencia. En el condado de Santa Clara, California, el análisis predictivo ayuda a priorizar los espacios de refugio para las personas sin hogar. En el metro de Londres, una aplicación llamada Wayfindr usa bluetooth para ayudar a los viajeros con discapacidad visual a navegar por las serpenteantes vías y escaleras mecánicas del metro.

Y en Kolkata, India, una startup con sede en Dublín, llamada Addressing the Unirdressed, ha utilizado el GPS para proporcionar direcciones postales a más de 120,000 habitantes de barrios marginales en 14 comunidades informales. El objetivo es brindar a los residentes un medio legal para obtener tarjetas de identificación biométricas, la documentación esencial necesaria para acceder a los servicios del gobierno y registrarse para votar.

Pero si bien estas innovaciones son ciertamente significativas, son solo una fracción de lo que es posible.

La salud pública es un área donde las pequeñas inversiones en tecnología pueden aportar grandes beneficios a los grupos marginados. En el mundo en desarrollo, las enfermedades prevenibles representan una parte desproporcionada de la carga de enfermedades. Cuando los datos se usan para identificar grupos demográficos con perfiles de riesgo elevados, las campañas de mensajería móvil de bajo costo pueden transmitir información de prevención vital. Las llamadas intervenciones de M-health en temas como vacunas, sexo seguro y cuidado prenatal y postnatal han demostrado mejorar los resultados de salud y reducir los costos de atención médica.

Otra área madura para la innovación es el desarrollo de tecnologías que ayudan directamente a los ancianos. Aquí, la creación de redes sociales locales podría ayudar a las personas mayores a mantenerse conectadas, tal vez atrayéndolas a programas de mentoría y tutoría que forjen lazos intergeneracionales. Las plataformas de e-career también podrían codificarse para vincular a los jubilados con oportunidades fuera del hogar. Y más ciudades podrían ofrecer consultas de telemedicina y video a los residentes ancianos que no pueden viajar fácilmente para ver a los médicos.

Salud, seguridad y medioambiente: tres áreas con potencial

De hecho, las ciudades de bajos ingresos que adoptan una planificación inteligente tienden a estar mejor posicionadas porque están construyendo infraestructura desde cero. De acuerdo con próximas investigaciones del McKinsey Global Institute, las soluciones de gobierno inteligente pueden mejorar entre un 10 y un 30% la salud, la seguridad, el medio ambiente y otros indicadores que miden la calidad de vida. De acuerdo a la investigación, las ciudades en el extremo superior de ese rango suelen ser las más pobres. Sin embargo, para hacer realidad este potencial, las ciudades pobres primero deben superar un problema más básico: las brechas en la infraestructura digital.

En ocasiones se acusa a los planificadores urbanos de promover conveniencias digitales que favorecen a los ricos y excluyen a los pobres. Pero como están demostrando las ciudades de todo el mundo, es posible implementar tecnologías que sirvan a todos, incluso a los que están al margen de la conectividad. A medida que el mundo urbano se vuelva “más inteligente”, las ciudades tendrán la oportunidad de ser más inclusivas. La alternativa -persistencia y profundización de las divisiones digitales entre las comunidades- no será fácilmente remediable.

Homi Kharas is Interim Vice President and Director of the Global Economy and Development program at The Brookings Institution.
Jaana Remes is a partner at the McKinsey Global Institute.

© Project Syndicate 1995–2018

Tecnología | 11 de junio de 2018

Todos locos por Fortnite

El videojuego ya es un fenómeno global: más de 50 millones de personas lo juegan alrededor del mundo. Aunque es gratuito genera varios negocios millonarios, y su modo más popular, el Battle Royale, alcanzó en febrero el récord de 3,4 millones de jugadores simultáneos online. Sus coreografías se volvieron virales y en la Argentina tiene una legión de jugadores, aunque genera críticas por su efecto adictivo. Acá te explicamos el fenómeno y compartimos lo que dicen los lectores de RED/ACCIÓN.


De qué se trata

En el Fortnite Battle Royale 100 jugadores conectados online “aterrizan” en una isla (sólos o en equipo de hasta cuatro personas) y mientras se “cazan” entre sí buscan armas, armaduras y recursos para hacer estructuras defensivas. La última persona o equipo que queda en pie, gana la partida, que puede durar entre 15 y 20 minutos aproximadamente.

Su brevísima historia

La primera versión del juego, conocida simplemente como Fortnite, se lanzó en julio de 2017 y era paga. Pero la versión Fortnite Battle Royale lanzado gratuitamente en septiembre de 2017 catapultó los jugadores y el tiempo de permanencia.

La estrategia multiplataforma

Una de las particularidad del Fortnite es su carácter multiplataforma: puede jugarse en PlayStation, Xbox, o apps para Android y Apple, y los jugadores de distintas plataformas pueden jugar simultáneamente entre sí.

Fortnite Battle Royale es el spin-off multijugador de Fortnite. | Foto: Epic Games


Fortnite Battle Royale es el spin-off multijugador de Fortnite. | Foto: Epic Games

El negocio

Más allá de que su versión más popular sea gratuita, Epic Games, la empresa que creó el juego, genera millonarios ingresos con ventas mediante las compras dentro de las apps. En marzo generó ingresos de US$ 223 millones, lo que lo puso al tope del ranking de videojuegos en términos de ingresos digitales. Hace pocas semanas Epic Games anunció u$s 100 millones para un fondo de premios en el primer año de juego competitivo.

El baile viral

El baile “Take the L de Fortnite: Battle Royale” se ha convertido en un fenómeno de masas. Antoine Griezmann, el delantero francés del Atlético Madrid y de la selección de Francia, es uno de los muchos jugadores de las ligas europeas que lo usan para celebrar sus goles. Entre las de 50 millones de personas lo juegan alrededor del mundo hay varios celebrities: rapperos, estrellas de la Premier League y pilotos de Fórmula 1.

Los bailes de Fortnite en el fútbol. Canal de YouTube: ItsAlex

Ninja, el jugador estrella

El “Leo Messi” de Fortnite es Ninja. En la plataforma Twitch genera ingresos mensuales de u$s 350.000. A eso hay que sumar los 4 millones de suscriptores que tiene en YouTube y sus contratos con marcas. En abril logró pasar a la primera posición como el deportista con más interacciones en redes sociales, dejando en segundo lugar a Cristiano Ronaldo, de acuerdo a cifras de la industria.

Ninja junto a Braddley Cooper. | Twitter: @ninja


Ninja junto a Braddley Cooper. | Twitter: @ninja

Otras datos del fenómeno

Fortnite está rompiendo todo tipo de récords en YouTube y Twitch, la popular plataforma de streaming. Superdata estima que ya es el más grande juego de consola de todos los tiempos en términos de ingresos y usuarios activos mensuales.

Se anticipa que este año Fortnite va a ganar diez veces más dinero en un año que todo el cine español.

La versión móvil del juego para iPhones recaudó 15 millones de dólares en menos de un mes. En mayo los usuarios móviles estaban gastando alrededor de u$s 1 millón diarios.

Usuarios del iPhone en Estados Unidos pasan más tiempo en la aplicación de Fortnite que en ninguna otra, incluyendo Instagram y Tinder. La única excepción es Netflix.

La BBC dice que se ha creado una microindustria alrededor del juego, con jugadores exitosos cobrando hasta u$s 30 la hora haciendo de guardaespalda y entrenadores a jugadores novatos.

El "punchface" es un golpe famoso de Fortnite | Foto: EpicGames


El “punchface” es un golpe famoso de Fortnite | Foto: EpicGames

Lo que dicen los lectores de RED/ACCIÓN

Para saber por qué Fortnite es el juego del momento, RED/ACCIÓN le preguntó a la comunidad si conocían el juego, qué les atrae o divierte, con quiénes y cuántas horas pasan con el videojuego y por qué es diferente a los otros juegos.

¿Cómo conociste el juego? La mayoría conoció el juego por amigos pero algunos mencionaron a los youtubers, que suelen subir videos donde prometen ayudar a mejorar las destrezas para las batallas.

¿Por qué jugás? Porque puede jugarse con amigos, es gratis y porque es muy divertido. Estos fueron los conceptos que más se repitieron cuando se les preguntó por qué el juego es atractivo. Otros resaltaron las coreografías.

¿Qué es lo que más te gusta del juego? César tiene 19 años y juega todos los días entre dos y tres horas días. Dice que le gusta la dinámica del juego y “su curva de aprendizaje”: “Me resulta atractivo el sentir que cada hora que paso jugando me perfecciono en batallas 1 a 1, y controlo mi habilidad de construcción y puntería”.

¿Qué te gusta menos? Los “celos” aparecen al tope del ranking. “Mi novio se la pasa día y noche jugando diossssss mio”, se descarga una novia despechada. “El juego por el que Lucas me cambia”, se descarga Zoe. Quizás hay un aprendizaje latente en encontrar el equilibrio lógico en cualquier proceso. O es un catalizador de lo que ya no funciona…

¿Qué sensaciones vas descubriendo? Son muchas y variadas, pero algunos ven en el juego un sendero de aprendizaje, un impulso a perfeccionarse cada día más, encontrar nuevos desafíos e ir descubriendo habilidades que se creían dormidas. Peo sobre todo, es casi un simulador del vértigo ciudadano que se hace rutina y termina siendo un objetivo buscado, como reconoce Manuel, de 16 años, sobre “la adrenalina que genera encontrarte con un rival”

¿Qué vas aprendiendo? Tomar decisiones con efectos instantáneas, además de motivador también enseña a vincular causa-efecto

¿Cómo te conectás con los demás en el juego? El atractivo de elegir cómo y con quién jugar: con amigos para delinear estrategias comunes y poder ejecutarlas coordinadamente. Incluso algunos, como Carlos, de 21 años, también valoran que se pueda jugar aun con gente que no se conoce hasta el juego.

¿Qué otras cosas te atraen del juego? Además de la adrenalina del combate, muchos aprecian, como Cintia, la simpleza y color de los gráficos, además de sus ingeniosos bailes característicos, que alienta a “para seguir metido en el juego aún cuando no lo estén jugando”.

¿Qué te sorprende? Se valora que para no dejar todo inmóvil, se introducen cambios constantes. La relación entre Epic Games y la comunidad es considerada como siempre atenta al pedido de los usuarios, que proponen cosas nuevas o quieren mejorar cosas existentes en el juego.

La estrategia para colarse en Rusia 2018

Este mes, con la atención del planeta enfocada en Rusia, donde el jueves comienza la Copa del Mundo de fútbol, Epic Games no quiso que Fortnite estuviera ausente de la fiesta. De acuerdo al medio deportivo español, El Desmarque, en las próximas semanas el juego introducirá un estadio de fútbol en el mapa, gradas incluidas. También habrá nuevos skins con colores futboleros. Cuatro chicos y cuatro chicas aparecerán con banderas de algunas de las selecciones que estarán en el Mundial (aunque se cuelan otras de equipos populares que no estarán en la cita rusa).

Tecnología | 7 de junio de 2018

Una cita con el creador de happn

Según el MIT Technology Review, la revista de tecnología del famoso instituto de Massachusetts, las citas online ya son el segundo entre los modos más usuales de conocerse para las parejas heterosexuales y el primero para las homosexuales. Y no sólo eso: los vínculos que nacen online tienden a ser más variados y por lo tanto menos conservadores. Al mismo tiempo, otras voces menos optimistas dicen que las apps de citas hacen que la gente se vea como un objeto.

Como sea, lo cierto es que todo esto, y mucho más, está conduciendo a las relaciones y a los noviazgos a una era nueva y fascinante, y este cambio está ocurriendo justo ahora, delante nuestro.

Argentina se lleva una buena tajada: el Obelisco, en Buenos Aires, es el sitio donde se producen más coincidencias entre usuarios de happn y los argentinos están en el Top 10 mundial de éxito de Tinder.

Didier Rappaport, el creador de happn, la aplicación que conecta a la gente que se cruza en la calle (siempre y cuando hagan un crush: se elijan), ha venido esta semana por primera vez a su inusual quinto mercado –luego de Brasil, India, Francia y Reino Unido–, donde 2 millones de argentinos usan su app.

En un encuentro de la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, Rappaport –que también ha sido el inventor de Dailymotion, una plataforma web de videos– presentó una encuesta sobre la percepción de los argentinos de las apps de citas: el 55% las usan o las usaron; el 69% de las mujeres y el 90% de los hombres darían el primer paso para un diálogo en la app; el 45% considera que las apps son un método aceptable para conocer gente; y el 28% cree que happn sirve para iniciar una relación seria.

Rappaport tiene 63 años y está casado desde hace 31, y conoció a su mujer con un método que es como un antepasado lejano de happn. Un dolor de muelas y la inesperada ausencia de su dentista lo llevaron a buscar ayuda en el directorio de Minitel, un viejo servicio de videotex. Así encontró a una dentista cerca de su casa. “Y esa mujer hoy es mi esposa”, dice. “Y déjeme decirle: seducir a alguien con la boca abierta y desde la silla del paciente no es nada fácil”.

Ahora, con happn Rappaport está empeñado en emular la vida real. “Cuando te cruzas con alguien, no sabes qué va a pasar: si sientes una fuerte atracción, puede quedar ahí o transformarse en un enamoramiento”, dice. “Nosotros ayudamos a hacer la primera movida y lo que sigue luego ya no es nuestro trabajo, aunque existan miles de testimonios de gente que se ha enamorado y que incluso ha tenido bebés luego de conocerse en happn”.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

-Usted ya tenía una larga carrera como emprendedor tecnológico cuando en 2013 desarrolló happn. ¿Por qué lo hizo?
-Pensé que podía traer algo nuevo a este espacio. Yo había iniciado ya muchas compañías digitales a lo largo de mi vida: cuando estoy empezando un nuevo proyecto, siempre checkeo la posibilidad de dar algo diferente. Pensé, luego de hablar con algunas personas sobre las citas, que el hecho de conocer gente nueva era algo importante para todos los seres humanos y por eso quise ayudar a la gente a reconectarse. Y pensé que las apps de citas eran demasiado virtuales y muchas veces engañosas.

-¿Pero por qué hizo una app para el amor?
-No es una app para el amor. Es una app que ayuda a la gente a conectarse. De hecho, cuando hablamos de happn nunca le decimos a la gente: “Vengan a happn y encontrarán el amor”. Quien lo diga, miente. Yo sólo uso la tecnología para ayudar a la gente a conectarse y luego la gente hace lo que quiere.

-Sin embargo, usted sabe que esto es en un contexto romántico…
-Sí, por supuesto. Pero, sabes, el mundo ha cambiado mucho. Hoy conoces a alguien y no sabes qué va a pasar. Por eso, lo más importante es hacer que la gente se conecte. Hoy es muy común empezar teniendo una noche con alguien y luego, quizás, enamorarse. Las cosas son al revés de lo que eran en el pasado. Y estamos viviendo en un mundo conectado digitalmente donde la conexión en la vida real es muy difícil. Ves, por ejemplo, que en Facebook tenés cientos de amigos, pero ¿con cuántos de ellos estás en contacto en la vida real? Nosotros queremos reconectarte con tu propio mundo. Cualquier otro servicio de citas es como un catálogo de personas, pero happn te muestra otra cosa: las personas que están alrededor tuyo ahora. Es lo mismo que si caminaras por la calle y vieras a quienes también están ahí.

-¿Cómo llegó a este concepto?
-Siempre empiezo mis compañías del mismo modo: hay algo que está fallando en el mercado y yo me fijo en eso. Probablemente, tenés muchos amigos solteros, ¿no? Yo también. Cuando les pregunto por qué están solteros, me dicen: “Porque es difícil conocer a alguien”. Eso es lo que está fallando. Entonces me pregunté: ¿Podemos dar una respuesta a esto? Pensé que usando geolocalización y tiempo real podría construir una herramienta que ayudara.

-¿Por qué cree que los argentinos somos tan entusiastas con happn?
-No sé, la gente se siente bien cuando se reconecta con su vida real.

-¿Cómo es la gente que usted ha encontrado aquí en Argentina?
-Muchas veces me dicen que el nivel de la gente que se encuentra en happn es muy bueno. Eso lo escucho en todos lados. Y no me sorprende porque, en realidad, en happn uno sólo ve a quienes lo rodean.

-¿Cómo es la data argentina que happn recolecta, comparada con la de los otros países?
-Podemos decir que en general los usuarios argentinos son muy activos y que las mujeres hacen, más frecuentemente que en otros países, la primera jugada para iniciar un diálogo. Pero el uso de happn alrededor del mundo es más bien homogéneo.

-En un nivel sociológico, ¿las apps de citas, y happn en particular, están dándole una nueva forma a los vínculos?
-No, happn no está remoldeando las relaciones. Mi misión, con esta app, no es proveer amor a mis usuarios, sino ayudarlos a conectarse mutuamente. Y luego, es su elección hacer algo con eso o no. Hoy la gente es muy materialista y no quiere que nadie le diga que va a enamorarse.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

-¿De verdad no cree que, aunque ciertamente no sea su objetivo, happn y otras apps moldean nuevos tipos de relaciones?
-Okay: sí, lo están haciendo. Y como le dije antes, a la vez no lo están haciendo. Pero sí, lo están haciendo. Déjeme explicarle una diferencia entre Tinder y happn. En Tinder está el swipe, se desliza. Y eso en happn nunca existirá. Swipe es un modo de descartar, pero no una foto, sino a un ser humano. Se hace muy fácilmente, con el movimiento de un dedo. Haciéndolo, se convierte a un ser humano en un objeto. Y así se crean relaciones que son en realidad superficiales porque la persona elegida no es un ser humano sino alguien que no conoces y que puedes descartar. Esto no lo verá en happn. El modo en el que construimos y comunicamos nuestra app es esencial. Iré aún más allá. Muchas veces, la gente dice que usando apps de citas como Tinder o happn las relaciones se convierten en un consumo de perfiles y por lo tanto las citas se vuelven un commodity.

-¿Y es así?
-No. Eso es erróneo porque el modelo de estas apps sigue un nuevo paradigma en la movilidad: “En cualquier momento, en cualquier lugar”. Cualquiera sea la app que construya, debe responder muy rápido al servicio requerido por el usuario. Hoy, el consumo en movimiento se da en un 80% con apps y en un 20% con la web. No es práctico meterte en un website en tu teléfono. Las apps dan esa respuesta sencilla y rápida de la que hablaba. Cuando entra en happn, está listo para tener una cita con dos clicks. No hay formularios declarativos porque eso no es parte del espíritu de la movilidad. Ésta debe ser simple, inmediata, adecuada, rendidora y gamified. Esos son los pilares de la movilidad. Entonces, del mismo modo en que se dice que con happn o Tinder las personas son un objeto a consumir, también se puede decir que en cualquier app uno define qué le gusta y recibe notificaciones. Hoy todo es así. Es un mundo instantáneo. Las apps de citas siguen el paradigma de cualquier app.

-¿happn modifica el destino y el azar de un encuentro entre dos personas?
-No cambia nada. El timeline de happn es la calle por la que el usuario camina. Nunca podemos saber cuándo vamos a encontrar el amor. El destino o el azar en happn y en la vida real son los mismos porque happn es el reflejo de la vida real.

-¿Cómo analizan en happn su data a niveles macro?
-Tenemos mucha data y con ella desarrollamos algoritmos de inteligencia artificial. Los datos públicos de nuestros usuarios que tomamos de Facebook no nos ayudan demasiado, pero a través del análisis de la data que genera happn es como podemos entender quiénes son nuestros usuarios y cuáles son sus comportamientos. A veces es sorprendente; por ejemplo, si veo que alguien se detiene cuatro veces por mes en una locación que es un cine y se queda ahí por tres horas, entonces fácilmente puedo deducir que esa persona es amante de las películas. Y cosas así. Pero hay algo que es muy importante en cuanto a la inteligencia artificial: no podemos entender todo a través de ella. La mayor parte del tiempo, los algoritmos no están comparando los datos en sí, sino la coordinación entre los datos. A veces vemos que hay una correlación fuerte entre los datos y entonces intentamos encontrar grupos o comunidades de personas. No es obligatorio saber qué datos estamos analizando para apreciar la correlación entre ellos.

-¿Cuál es el futuro de happn?
-Nosotros tenemos una identidad muy fuerte basada en el cruce de las personas. Esa es la base de nuestra app y todo lo que verá desde julio son nuevos features fundamentados en las localizaciones. Por ejemplo, si a alguien le gusta ir a un lugar, digamos una cafetería, podrá tener acceso también a los happners que van a esa misma cafetería y con los que nunca se cruza. Se trata de comunidades basadas en localizaciones.

-¿Cómo resuelve la paradoja de que los usuarios de happn que se conocen y que se ponen de novios dejan de usar la app? ¿El éxito personal de los usuarios atenta contra su modelo de negocios?
-Ese es el desafío más grande que tiene la app: cuando haces feliz a tus usuarios, se van. Si la gente dejara la app porque no le gusta, eso sería algo malo. Pero si se va porque ha encontrado a un compañero, nos hace muy felices. Todos los que trabajan en happn aman a la compañía y, créame, recibimos muchos testimonios de las parejas que se han formado. Tenemos una pared llena de las fotos que nos envían. Eso nos hace felices porque ese es nuestro trabajo. Si los usuarios dejan la app, es porque hemos tenido éxito. Y si su historia no funciona, son bienvenidos para regresar a la app.

Tecnología | 24 de mayo de 2018

Una app salteña golpea a la violencia de género

Eran las tres de la madrugada cuando un ruido casi insoportable despertó a Fernando Zerega. Acababa de dormirse hacía unos minutos: después de una larga jornada laboral se había duchado, había enchufado su Samsung Galaxy J7 y se había ido a la cama. En el medio de la noche salteña no vuela ni una mosca, pero ahora la alarma de la app Ángela Te Protege sonaba realmente estrepitosa. Una mujer en algún lugar de la ciudad había pulsado en su teléfono el botón de alarma de la aplicación: estaba en problemas, quizás incluso en peligro de muerte.

Para esto, exactamente, fue programada Ángela Te Protege: para dar a las mujeres en apuros una forma rápida y sencilla de pedir auxilio. Todo lo que la usuaria tiene que hacer es presionar el botón de pánico en la aplicación y así el teléfono móvil envía un SOS a una lista de contactos seleccionados, incluyendo las geolocalización.

Esa noche, Zerega tomó su teléfono inteligente y vio que el grito de ayuda venía de una amiga que vivía apenas a siete cuadras de su departamento. Zerega saltó de su cama, se vistió y salió corriendo.

Cuando llegó, el hermano de su amiga, que también había recibido la señal de ayuda, también apareció. Los dos hombres sabían que el matrimonio de esa mujer estaba en una crisis seria y entraron por una puerta lateral justo para sorprender al marido gritando, mientras la hija lloraba.

El hombre estaba completamente fuera de sí, pero en un instante se quedó en silencio. No entendía de dónde ni por qué habían venido estos dos aliados de su esposa; no tenía ni idea de la app y no sabía que ella había presionado en secreto el botón de pánico de Ángela Te Protege varias veces durante la discusión.

“Ese único hecho ya hizo que todo haya valido la pena”, dice Fernando Zerega. Han pasado cinco meses: es un jueves por la tarde de febrero de 2018 y él se sienta en el mostrador de su bar Zeppelin en Salta, todavía no hay clientes.

Aquí es donde todo empezó, entre aguardiente y vasos de cerveza. Una comensal que acababa de volver de Londres le contó acerca de un pub donde se preocupaban particularmente por la seguridad de las mujeres. Si una clienta tenía problemas con un hombre, ella podía acercarse a la barra y preguntar por “Ángela”. Con esa palabra clave, los camareros la ayudarían: pedirían un taxi para ella y echarían del pub al acusado.

A Zerega le gustó la idea y la adaptó a Zeppelin. Puso un letrero en el baño de mujeres donde se leía (y todavía se lee): “¿Tienes una cita que no funciona? ¿Estás en una situación que no te gusta? Pregunta por Ángela en el bar. Nuestro personal sabrá que estás en problemas, y pueden ayudarte”.

Un cartel con instrucciones para mujeres en peligro, en el bar de Fernando Zerega.

Un cartel con instrucciones para mujeres en peligro, en el bar de Fernando Zerega.

Salta es una de las provincias más pobres, pero también una de las más bellas. Se extiende desde los Andes hasta los bosques de quebracho, las empanadas salteñas son conocidas en todo el país y el Tren a las Nubes sube a 4.200 metros de altitud. Pero toda esta hermosa fachada también tiene un lado opaco: en ninguna parte del país hay más mujeres violadas que en Salta, y las estadísticas de la capital provincial muestran 18,5 casos por cada 100.000 habitantes, más del doble que el promedio nacional. El año pasado las autoridades registraron más de 500 casos de violencia doméstica contra mujeres, más de 1,5 por día.

En 2011, Cassandre Bouvier y Houria Moumni, dos jóvenes turistas francesas, fueron violadas y asesinadas en Salta. El caso fue cerrado rápidamente por la policía, pero el padre de Bouvier siguió regresando a Salta para continuar con una investigación y atraer la atención pública necesaria.

Tres años después de ese doble homicidio, en septiembre de 2014, el gobernador Juan Manuel Urtubey, decretó la Emergencia Pública en Materia Social por Violencia de Género. La gota que rebasó el vaso fueron los homicidios de una adolescente en el pueblito de frontera (su cadáver apareció del lado boliviano) y de una chica a manos de su ex pareja.

Habían sido doce femicidios en menos de nueve meses, y la Emergencia de Violencia de Género creaba juzgados de Violencia Familiar y de Género, y hogares de protección para las víctimas, a las que además se les entregaban botones antipánico.

El psicólogo social Mario Verde, de la Universidad Católica de Salta, explica el comportamiento anti-mujer de sus conciudadanos: “La cultura del gaucho marca el estilo de Salta”, dice.

Sigue: “El gaucho era respetuoso, caballero, gentil, rústico, leal, cristiano. Pero en el carnaval, que era tiempo de desenfreno, se emborrachaba. Ante la infidelidad de una mujer, el gaucho la castigaba. Ante la infidelidad de un gaucho, la mujer no podía más que quejarse porque él era el sostén del hogar”.

“Así fue durante todo el siglo XX, pero con las crisis económicas de los años 90 y de 2001, esto cambió”, continúa Verde. “El 80% de las fábricas salteñas fundieron. El hombre quedó desempleado y la mujer tuvo que salir a buscar trabajo. El hombre perdió toda su autoridad y se convirtió en un resentido. Se rindió, se abandonó al alcohol y a las drogas: la crisis impactó dentro del hogar. Así fue que aumentaron los femicidios. Y algo más: de diez femicidios, tres terminan con el suicidio del hombre. Es la frustración total”.

Houria Moumni y Cassandre Bouvier, asesinadas en Salta en 2011.

Houria Moumni y Cassandre Bouvier, asesinadas en Salta en 2011.

Zerega recuerda cuando sus hermanas eran adolescentes. “Salta era tranquila. Pero la delincuencia y la agresión han ido en aumento durante diez o quince años”, dice, en el mostrador del Zeppelin.

Él se ha convertido en un empresario de 40 años que siempre tiene varios proyectos en marcha al mismo tiempo. Después de estudiar Medicina, hizo un posgrado en gerenciamiento de hospitales, y también un curso de coaching y otro de programación neurolingüística. Trabajó en el área de distribución de una marca de cerveza y en el de una compañía de agua mineral. A los 32 años ya era gerente y, como le gustaban la noche y la diversión, tenía el bar Zeppelin y una pizzería. Cuando sufrió un ACV y se recuperó, cambió de vida.

Durante una conversación con una amiga que trabajaba en la industria informática, se dio cuenta de que la idea de Ángela no debía quedarse en un letrero del baño de mujeres. “Me di cuenta de que no hay nadie en Salta que no tenga un teléfono celular”, dice. “Argentina tiene algo menos de 44 millones de habitantes, y el mismo número de teléfonos. Así que tenía sentido usar estos dispositivos para combatir la violencia contra las mujeres”.

Fernando Zerega, creador de "Ángela Te Protege".

Fernando Zerega, creador de “Ángela Te Protege”.

A principios de 2017, cuando Zerega estaba desarrollando su aplicación, otro asesinato de una joven sacudió al país. Su nombre era Micaela García; tenía 21 años. Una noche, al salir de una discoteca, fue secuestrada, violada y estrangulada por un hombre, y durante el asesinato, su teléfono estuvo encendido todo el tiempo.

“Me sorprendió cuando me enteré”, dice Zerega, “porque mi app, que podría haberla ayudado, todavía no estaba lista”.

El multitudinario colectivo #NiUnaMenos ya había lanzado su app y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires estaba diseñando la suya.

Mientras tanto, Zerega trabajaba a toda hora con dos programadores en las mesas solitarias de su bar, que permanecía cerrado de día: el principal problema era diseñar un botón de pánico que pudiera ser activado discretamente por la usuaria. Pero Zerega y sus colegas resolvieron el problema, y en el primer año de funcionamiento Ángela Te Protege ya tiene 45.000 usuarios registrados y, en promedio, cinco activaciones del botón de pánico cada fin de semana.

Aunque por ahora la app sólo funciona para Android, su segunda versión –prevista para el mes junio– incluirá versión iOS. Además del Botón Antipánico, la app tiene una función llamada “Vuelta a Casa Segura”, que muestra en tiempo real –a través del GPS– el camino que la persona que tiene el teléfono está haciendo, por ejemplo a la salida de una discoteca.

Un simulacro de activación de botón antipánico: "Ángela Te Protege".

Un simulacro de activación de botón antipánico: “Ángela Te Protege”.

Pero las feministas no se entusiasmarían demasiado con Ángela te protege. Florencia Alcaraz, vocera del colectivo #NiUnaMenos, no la bajó a su celular. “Las nuevas tecnologías son una herramienta útil”, dice, “pero hay que pensarlas en función de su accesibilidad y no pueden ser una única respuesta como política pública”.

Victoria Valenti, de la Fundación Lapacho, que trabaja con víctimas y agresores en Salta, tampoco la probó, aunque conoció la historia yendo al Zeppelin. “Esta app es una idea muy innovadora y acá todo el mundo la conoce”, dice. Ni siquiera María Laura Postiglione, la presidenta del Observatorio de Violencia contra las Mujeres de Salta, examinó la app. “No tuve la oportunidad…”, dice. “No sé ni siquiera si está funcionando. ¿Está funcionando?”.

Angela Te Protege_ 1

Zerega conduce su Volkswagen Vento por las tranquilas calles de Saltas. Más allá, se puede ver el entorno montañoso. Checkea su teléfono móvil en cada semáforo: Google Trends, News, Bitcoins. Zerega no es un militante ni un referente de la lucha contra la violencia de género, sino un emprendedor que ahora usa un iPhone 7 Plus y que cambia el celular dos veces por año.

Por eso, en este viaje en auto puede pasarse todo el tiempo hablando sobre su paleta de productos, en la que también hay una app de servicios para niños que sufren de parálisis infantil, un juego que se llama Desafiados y algunos sitios web para hoteles y agencias rent-a-car. Sólo cuando detiene el motor, cuando hay silencio, muestra su mejor carta: el hombre que equipó a las mujeres con un ángel de la guarda digital, quiere lanzar su propia versión de Tinder. Una aplicación que facilite, por fin, el acercamiento entre hombres y mujeres.

* * *

[Esta nota fue publicada en el número 40 de la revista REPORTAGEN, de Suiza, en abril de 2018]
Portada de la revista Reportagen, de Suiza, en su número 40.
Tecnología | 23 de mayo de 2018

Mito o realidad: la tecnología está destruyendo los mercados minoristas

Cuando surgieron las ventas online para bienes y servicios de consumo, fueron aclamadas por empoderar a los consumidores, fomentar la competencia y reducir los costos de transacción. Pero las cosas cambiaron y ahora es la misma tecnología que amenaza el mantenimiento de mercados funcionales y competitivos.

La tecnología de la información no sólo está transformando los mercados, sino que también los vuelve ubicuos, en particular para los consumidores. Ahora, desde casi cualquier lugar del mundo, uno puede buscar bienes y servicios, comparar precios de distintos vendedores y dar instrucciones detalladas de envío y entrega, todo con un clic o un toque en la pantalla.

Es un sueño hecho realidad para cualquiera que haya crecido haciendo compras en mercados reales, físicos, con las mercancías exhibidas en estanterías, en plazas públicas o al costado del camino. En muchos casos, las compras de rutina demandaban largas esperas o un arduo regateo. Pero los mercados virtuales generan ahorros multidimensionales y reducen marcadamente los costos de transacción en todas las etapas del proceso.

Los mercados virtuales tienen potencial para mejorar sustancialmente el bienestar de los consumidores, al alentar la competencia de precios, la eficiencia y la mejora de la experiencia del cliente, ya se trate de motores de búsqueda o de plataformas centralizadas como Amazon. Y si los consumidores gastan en cada compra una fracción menor del ingreso disponible, les queda margen para consumir más, lo que estimulará la actividad económica general.

Promesa no cumplida

¿Pero están las ventas online haciendo realidad este potencial?

La descripción anterior es, por lo menos, anticuada. Hoy en día los negocios minoristas virtuales usan las actividades de los consumidores en Internet y otros datos personales para presentarles “precios personalizados”. Un ejemplo particularmente controvertido es el de las aerolíneas, que ahora usan información sobre los viajeros para individualizar los precios de los pasajes, en formas que en esencia anulan esa posibilidad de ahorro que antes ofrecían los mercados virtuales.

Si alguien busca en Internet un auto o una vacación más caros, ese hecho queda documentado mediante cookies de rastreo u otros medios de vigilancia en línea. Con esos datos, los anunciantes y vendedores digitales le ofrecerán relojes, muebles o pasajes aéreos más caros que los que mostrarían a un usuario de menos ingresos que busque las mismas categorías. Y en algunos casos, es posible que ofrezcan precios diferentes a personas diferentes por el mismo bien o servicio.

Como parte de la segmentación de mercados virtuales, las empresas digitales prueban distintos precios para estimar con exactitud la curva de demanda y su relación con las características de cada hogar. Por ejemplo, un artículo publicado en mayo de 2017 en The Atlantic señala: “Poco antes de la Navidad de 2015, el precio del condimento para tarta de calabaza se volvió loco (…) Por un tarro de una onza, Amazon pedía 4,49 dólares u 8,99 dólares, según el momento de la consulta”.

Esta forma de discriminación de precios es legal, siempre que no se base en diferencias de raza, etnia, género o religión. Llevada al extremo, implica que pronto podrían usarse datos sobre nuestras preferencias, ingresos y pautas de gasto para ponerle a cada transacción un precio calibrado individualmente. En ese caso, se extraería el 100% del excedente de los consumidores el 100% de las veces.

Es verdad que habrá bienes y servicios sin discriminación de precios, y existe la posibilidad de que vendedores físicos o nuevos competidores en busca de cuota de mercado moderen esta tendencia al ofrecer precios más bajos a todos. También puede ocurrir que en algunas industrias los datos lleguen a estar tan compartidos entre empresas competidoras que todas converjan a un único precio para cada persona. De hecho, es probable que ya exista esa clase de segmentación de precios, especialmente entre empresas que acumularon gran cantidad de datos públicos.

Esto hace pensar en la posibilidad de una fragmentación de los mercados tan extrema que a cada consumidor sólo se le ofrezcan estrictamente las alternativas elegidas conforme a sus perfiles de datos. Como cualquier estudiante de economía comprende, en una situación semejante el bienestar general disminuye, porque cada consumidor se ve obligado a pagar lo máximo que esté dispuesto a gastar en cada bien o servicio que adquiera, y no le queda ningún “extra” para sí mismo.

Big Data puede terminar siendo una amenaza para los consumidores

Para colmo de males, el veloz incremento de los requisitos de capital y habilidades necesarios para la producción (entre otros factores) está impulsando una tendencia hacia una menor competencia entre empresas en una amplia variedad de sectores en las economías avanzadas. Esto, sumado a la “extracción” sistemática del excedente de los consumidores, tendrá amplias consecuencias macroeconómicas, en particular por su efecto sobre las pautas de consumo privado. La tajada del pastel económico que los consumidores podrán comprar con el ingreso disponible se achicará en términos reales, y eso provocará una caída de la demanda agregada. De modo que a fin de cuentas, habrá menos para todos.

Mientras se discute lo que las empresas tecnológicas dominantes deberían poder hacer o no con los datos personales que obtienen de los usuarios en Internet, muchas de ellas siguen tomando esas decisiones por sí mismas (y por extensión, por todos nosotros). En aras del bienestar social en los años y décadas que vendrán, hay que asegurar que esas decisiones sean compatibles con la creación y el mantenimiento de mercados funcionales y competitivos. Al fin y al cabo, un sistema que beneficie a los consumidores beneficia a todos.

Traducción: Esteban Flamini

María González-Miranda es directora de práctica en macroeconomía, comercio internacional e inversión global en el Banco Mundial.
Ivailo Izvorski es economista principal en macroeconomía, comercio internacional e inversión global en el Banco Mundial.

© Project Syndicate 1995–2018

Foto por Igor Ovsyannykov en Unsplash

Tecnología | 21 de mayo de 2018

Hay que poner límites a los monopolios de la información

Los “infomonopolios” Google y Facebook, sujetos a pocas trabas regulatorias, han creado un valor inédito para los consumidores, al tiempo que obtienen un inmenso poder de mercado para ellos mismos. Pero ese poder crea oportunidades de abuso.

En las economías capitalistas modernas, se celebran las innovaciones que producen poder de mercado, pero se temen los riesgos que supone su descontrol. Riesgos que en ningún lugar son más visibles que en los monopolios informáticos actuales.

La cuestión de cómo alentar innovaciones transformadoras que generen poder de mercado y al mismo tiempo limitar el abuso de ese poder es muy anterior a la era digital. Un buen ejemplo en Estados Unidos es la historia de Sam Walton, fundador de Walmart, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que pasó de dueño de una tienda de productos baratos por franquicia en una ciudad pequeña a magnate multimillonario y jefe de lo que se convertiría en la mayor empleadora privada del mundo.

Es una historia emocionante de audacia y espíritu empresarial, con innovaciones que hoy se analizan en carreras de administración de empresas en todo el mundo (por ejemplo, la instalación de centros de distribución en regiones poco pobladas y la creación de cadenas de suministro globales). Y las inmensas ganancias que Walmart genera para sus dueños no son nada en comparación con el valor que provee a los clientes gracias a los precios bajos posibilitados por la capacidad de la empresa para comprar y vender a escala masiva.

Pero a Walmart también se la acusa de degradar los centros urbanos, crear una forma impersonal de hacer las compras y privar a los pequeños comerciantes de sus medios de vida. Algún día Walmart podría usar su poder de mercado para explotar a los clientes (aunque es probable que enfrente la competencia de otro leviatán más ambicioso, Amazon).

Hasta ahora, los estadounidenses en general han tolerado (e incluso aplaudido) la destrucción creativa asociada con la innovación empresarial, y han sido cautos en la limitación de posibles abusos. Pese a las normas que prohíben la fijación de precios “predatoria” y las fusiones “anticompetitivas”, en la práctica se permiten guerras de precios y adquisiciones que aumentan el poder de mercado de las empresas líderes. La división de empresas por orden de las autoridades (por ejemplo, Standard Oil en 1911 y AT&T en 1982) es muy infrecuente, y poco habitual que se regulen los precios cobrados por “monopolios naturales” (por ejemplo, las empresas de suministro eléctrico).

El poder dominante de Google y Facebook

Esta estrategia favorable a la innovación ayudó a convertir a Estados Unidos en una incubadora de empresas líderes mundiales, y eso no cambió por la revolución digital. Los “infomonopolios” Google y Facebook, sujetos a pocas trabas regulatorias, han creado un valor inédito para los consumidores, al tiempo que obtenían un inmenso poder de mercado para ellos mismos.

Estas empresas se adueñaron del negocio de los medios tradicionales, pero muchos de los perdedores eran ellos mismos oligopolios o monopolios. Cuando dominaban el espectro, las cadenas de televisión estadounidenses ABC, CBS y NBC cobraban a los anunciantes tarifas muy altas; y la presencia en cada ciudad de uno o dos periódicos dominantes evitaba una competencia de precios intensa. Esto ayuda a explicar por qué los problemas que atraviesan los medios tradicionales (muchos de ellos pertenecientes a familias ricas o conglomerados) generaron menos reacción incluso que la destrucción de los pequeños comercios independientes a manos de Walmart.

Es indudable que el crecimiento sin obstáculos ayudó a aumentar el valor que pueden ofrecer Google y Facebook. Cuantas más búsquedas hace Google, mejores los resultados. Cuantas más personas usan Facebook, más motivos hay para sumarse. Esto atrae anunciantes, cuyos pagos financian inversiones en mejora de la tecnología y agregado de funciones.

Pero el poder de mercado irrestricto crea oportunidades de abuso, en particular en lo relacionado con la privacidad de los usuarios. A diferencia de la televisión o los periódicos, estos leviatanes digitales no se limitan a dar a los anunciantes una audiencia, sino que adaptan los anuncios a cada consumidor por separado. No es una diferencia inocua, porque para hacerlo bien (y así maximizar el valor para los anunciantes, y con él, las ganancias de la plataforma), las empresas reúnen una cantidad inmensa de datos de los usuarios.

La actitud pasiva de los usuarios y gobiernos

Hasta ahora los usuarios se han mostrado increíblemente tolerantes hacia esta vigilancia electrónica; quizá, porque la mayoría de ellos no conocen los detalles de la recolección de datos. Casi todos se escandalizarían si una gran tienda de descuento espiara dentro de los carritos de compra para ver qué productos ofrecerle a cada cliente en la línea de cajas, incluso si eso ayudara a mantener bajos los precios, y si fueran máquinas las que miraran, en vez de seres humanos. Pero la mayoría de los usuarios ni se molesta en leer las condiciones de servicio de, por ejemplo, Facebook, antes de hacer clic y aceptarlas, y no les preocupa el grado de vigilancia que pueda haber.

De hecho, el seguimiento a gran escala de los usuarios se ha vuelto normal. La pregunta ya no es si está bien que Facebook monetice los datos personales de los usuarios, sino más bien si no tendría que pagarles por ellos, o incluso cobrar una tarifa de servicio a los que quieran excluirse del programa de recolección de datos.

Pero no está del todo claro que se pueda confiar en el uso que hacen estas empresas de los datos que reúnen. Facebook insiste en que no vende datos a los anunciantes, pero hace poco se descubrió que dejó a la consultora política Cambridge Analytica reunir los datos de casi 90 millones de usuarios. Y el testimonio que dio después de eso ante el Congreso de los Estados Unidos el fundador y director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, no fue particularmente tranquilizador, dada su renuencia a dar detalles concretos. Los congresistas (muchos de los cuales recibieron de Facebook donaciones de campaña) se limitaron más que nada a denunciar la imprudencia de la empresa, y Zuckerberg prometió muy seriamente aumentar la inversión en seguridad.

Pero ¿es realmente posible garantizar la seguridad de los datos que Facebook o Google acumulan? Por mucho que se invierta en proteger las grandes bases de datos, es difícil creer que en una organización de semejante tamaño nadie (miembro o no) podrá burlar esas protecciones. Ni siquiera la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos pudo impedir a Edward Snowden (un contratista de bajo nivel) irse con un tesoro de secretos de Estado en un pendrive.

En algunos casos, por ejemplo en servicios de salud o bancarios, los beneficios públicos del almacenamiento digital de datos justifican los riesgos. Pero en la mayoría de los casos, es mucho más seguro limitar la recolección de datos que confiar en su protección.

Poner normas que sólo permitan a los monopolios de la información actuales reunir legalmente una cantidad muy limitada de datos personales (digamos, lo que saben los periódicos de sus suscriptores) protegería a los usuarios, sin disminuir el atractivo de las plataformas para los anunciantes tanto que se vuelvan inviables. La falta de esos límites puede llevar a muchos usuarios a pensar que los riesgos de las plataformas superan los beneficios, un hecho que podría tener consecuencias políticas tan importantes como el ascenso económico de los infomonopolios.

Traducción: Esteban Flamini
Amar Bhidé es profesor en la Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia de la Universidad Tufts y autor de A Call for Judgment [Un llamado a la sensatez].
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Tecnología | 17 de mayo de 2018

Medio siglo después del nacimiento de Internet, Europa comienza a limitar el uso abusivo de nuestros datos

Internet cumple 50 años. Tras la violación a la privacidad de los usuarios por parte de Cambridge Analytica el mundo mira a la Unión Europea. Allí, el 25 de mayo entra en vigencia un nuevo reglamento de datos personales (GRDP) que demanda más transparencia a las corporaciones. Con la agencia de Acceso a la Información Pública la Argentina puede avanzar en ese camino.

Hoy, 17 de mayo, es el día de internet. El número 13 desde que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció la efeméride en la Cumbre de la Sociedad de la Información de Túnez. Si nos ponemos precisos, la Red tiene bastantes años más: en 2019 se cumplirán cinco décadas desde que, desde Santa Mónica, California, se conectaron los primeros nodos de Arpanet, la primera forma que adoptó el monstruo que hoy conecta al 43% de la humanidad.

Desde los 90, cuando internet comenzó a expandirse masivamente en Estados Unidos y luego por el mundo, la acompañaron las metáforas del progreso. En esos años, Al Gore, vicepresidente de la administración demócrata de Bill Clinton, había bautizado a la Red como una “autopista de la información”, una “supercarretera” que había que ayudar a desarrollar desde los gobiernos del mundo porque, a su vez, iba a llevar al progreso de los ciudadanos. La asociación era lineal: a más infraestructura, más conexiones, más comunicación, más libertad, más crecimiento económico.

Casi veinte años después, seguimos repitiendo ese mantra. También el de la supuesta “democratización” que ofrecen las tecnologías. “Utilizar el comercio electrónico es superdemocratizador del lado del comprador y del vendedor”, dijo Marcos Galperín, el fundador de la empresa argentina Mercado Libre a la periodista Martina Rúa. “La nube se está convirtiendo en el gran democratizador de los servicios de virtualización, big data e inteligencia artificial para todas las empresas”, según Larry Ellison, fundador de Oracle. “Con su plataforma Discover, Snapchat crea una relación más accesible entre marcas y consumidores, abrazando la democratización del mercado y la economía”, declaró Jeff Fromm, columnista de Forbes.

“La tecnología no hace más que mejorarnos la vida”, leemos como mantra de la publicidad tecno-optimista. Es cierto: gracias a ella hacemos cosas como ir al supermercado desde la computadora, llevamos en la mochila una colección infinita de libros en un lector digital o miramos del otro lado de la cámara a nuestro abuelo que vive lejos. También la tecnología aplicada a la salud mejoró la esperanza de vida de gran parte del planeta: en 2015 una persona vivía un promedio de 71 años, cinco años más que en el año 2000, el mayor salto desde el año 1960. Sin embargo, hay un problema que no mejoró, sino que, al contrario, se profundizó: la desigualdad.

Hoy, 8 personas en el mundo (todas ellas hombres) concentran la misma riqueza que el 50% de la humanidad. Y cuatro de ellos son dueños de empresas de tecnología: Jeff Bezos de Amazon, Bill Gates de Microsoft, Mark Zuckerberg de Facebook y Larry Ellison, el fundador de Oracle.. A diferencia de la anterior súper clase de millonarios, su poder no se basa en fábricas, pozos de petróleo o ferrocarriles. Su riqueza está en la concentración de grandes cantidades de datos personales, que recabaron sin una gota de sangre, sin una guerra ni una explosión.

Los dueños del mundo controlan grandes plataformas tecnológicas que conforman monopolios en distintos sectores de la economía. Google lidera las búsquedas, la publicidad y el aprendizaje automatizado. Facebook controla gran parte del mercado de las noticias. Amazon dirige el comercio en gran parte de Occidente. Uber no sólo quiere intermediar y ganar dinero con cada viaje, sino que busca convertirse en la empresa que transporte los bienes del futuro, incluso sin necesidad de conductores.

A casi 50 años de la primera versión internet, vivimos su etapa más concentrada. Un colonialismo digital donde unas pocas empresas se reparten la Red como alguna vez Europa dividió los límites de África a su antojo. Hasta ahora, las pocas luchas contra estos poderes han venido desde las leyes anti monopolio. En junio de 2017, la Comisión Europea aplicó a Google la mayor multa antitrust que se haya impuesto en la historia de Europa: 2.7 mil millones de dólares.

Con esa suma ejemplar, el organismo dijo que la empresa había favorecido en su buscador a su servicio de compras Google Shopping por sobre otros negocios competidores y le dio 90 días para abandonar la práctica, a riesgo de pagar el 5% de sus ingresos diarios, es decir 14 millones cada 24 horas, hasta cumplirlo.

“Google ha negado a otras empresas la oportunidad de competir en base a sus méritos y de innovar. Y, lo más importante es que ha negado a los consumidores europeos los beneficios de la competencia, la elección genuina y la innovación”, explicó la comisaria de la Competencia de la Unión Europea, la social liberal danesa Margrethe Vestager. Los números la avalan: 74% de los anuncios de compra-venta de Google que reciben clics pertenecen a su servicio Shopping. Como en las ocasiones anteriores (Google enfrenta acusaciones y conflictos legales por monopolio desde 2008 en Estados Unidos y 2010 en la Unión Europea), la corporación dijo que apelaría la multa y minimizó el problema. Poco después, el Washington Post reveló que sus ejecutivos donaron más dinero a la campaña de Barack Obama que cualquier otra empresa del país y participaron de una serie de reuniones en la Casa Blanca entre la acusación antimonopolio y el momento en que la misma fue abandonada por el gobierno.

Entonces, otras voces advirtieron que la mejor estrategia no era ir contra la estructura gigante de estas compañías, sino atacarlas en su corazón, en sus activos más pequeños pero a la vez valiosos: los datos. Si es la información lo que las hace ricas hoy y lo que les dará su poder mañana, entonces hay que quitarles el control absoluto de ese activo de la forma en que lo hacen hoy: de manera completa y con poca transparencia pública. Fascinados por lo que las empresas facilitan en nuestras vidas, dejamos de ver que todo lo que hacen es gracias a los datos. Sus algoritmos avanzados, sus servidores y chips con procesamiento ultra rápido, sus compañías de inteligencia artificial y toda la beneficencia que despliega en el mundo para garantizar su imagen positiva no serían nada sin esos granos de arena en forma de bits que le dan, todos juntos, su gran poder.

Madurar es dejar las excusas

Sentado frente a los senadores norteamericanos en el Capitolio y con un traje asfixiante para sus costumbres de remera, Mark Zuckerberg primero balbuceó y luego aceptó: “No es que nos oponemos a la regulación, senador. Sí: el reglamento de la Unión Europea puede ser un camino”.

Días después de la investigación periodística que había demostrado que Facebook había permitido que la consultora de big data inglesa Cambridge Analytica usara los datos de 50 millones de usuarios de su plataforma para hacerles llegar publicidad política, el dueño de la gran red social tuvo que admitir que su compañía no había cuidado (una vez más) los datos de sus usuarios, es decir, de sus clientes. Mientras tanto, del otro lado del Atlántico, en la Unión Europea los países ya habían acordado que a partir del 25 de mayo de 2018 sus ciudadanos estarían protegidos y podrían reclamar ante un problema similar.

El Reglamento General de Protección de Datos (GDRP por sus siglas en inglés) está vigente desde 2016, pero este año llega la hora de que los países lo comiencen a aplicar en sus territorios y sancionar a las empresas locales que no lo cumplan. La base del reglamento está en darles el poder a los usuarios. Y en hacer más transparentes la circulación de la información que las empresas (no sólo las de internet) tienen de los ciudadanos.

Entre otras cosas, establece que los europeos tienen derecho a saber para qué fines se utilizarán los datos, por cuánto tiempo se conservarán, si sus datos son transferidos, etc. Todo esto debe ser claro y sencillo de entender.

También, supone que cada persona le puede pedir a las empresas una copia de todo lo que recopila sobre ella, que un usuario puede corregir o revocar un dato, o que si prefiere trasladar su información a otro operador (más transparente, más barato, más justo) puede hacerlo sin dilación.

Además de multa por el no cumplimiento de estas reglas, sanciona a las compañías que no informen sobre filtraciones de datos o problemas de seguridad. Les pide que denuncien estos problemas en 72 horas. Entre otros avances interesantes, también dispone que se pueda indagar sobre los procesos automáticos de toma de decisiones, por ejemplo, los algoritmos que deciden si nos dan un crédito en el banco o, por poner un ejemplo porteño, si obtenemos una vacante en una escuela de la Ciudad de Buenos Aires.

La situación en Argentina

La entrada en vigor de esta norma ha despertado interés no sólo entre los europeos, sino también en Estados Unidos, que empieza a darse cuenta que sus grandes empresas necesitan mayores controles, y también en regiones como América Latina donde las leyes de protección de datos personales requieren una actualización.

La de Argentina, por ejemplo, es del año 2000, unas cuantas eras atrás en términos tecnológicos. “Nuestra reglamentación es muy completa y avanzada, pero también en los últimos años se abrió un proceso de reformas en el que participamos activamente”, sostiene Valeria Milanés, directora del área digital de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC).

En febrero de 2017, la Dirección de Datos Personales, entonces bajo el ala del ministerio de Justicia, abrió una consulta dentro del programa Justicia 2020. “Cámaras empresarias y organizaciones como ADC presentamos nuestras sugerencias. Hay una versión final del borrador de la ley y el presidente Macri anunció que se avanzaría con su tratamiento durante la apertura de sesiones legislativas de 2017”, señala Milanés. Sin embargo, el proyecto por ahora está en pausa.

Mientras tanto, la Dirección de Datos Personales, que entre sus funciones tiene también el control y la sanción de las violaciones a la información de las personas, se transformó en un organismo autónomo, bajo el nombre de Agencia de Acceso a la Información Pública. El cambio fue recibido como algo positivo por las organizaciones de la sociedad civil. Sin embargo, la Agencia hoy cuenta con un presupuesto menor al que necesita para su funcionamiento. “Esto limita su capacidad de acción. Si a eso le sumamos que todavía no tenemos Defensor del Pueblo, todavía queda bastante por avanzar en términos de aplicación efectiva de la ley actual o de una que la mejore en el futuro”, alerta Milanés.

Más allá de la Argentina, en el ámbito regional, el Grupo Agenda Digital del Mercosur también comenzó a reunirse y tratar la adecuación de las leyes de protección de datos personales de los países de la región. Tal vez, en el caso latinoamericano, también haya que apelar a la unión y a que la política, a través de los estados, recupere su accionar político frente a las corporaciones. La valentía, en la lucha contra los grandes poderes de internet, reside allí, en los usuarios reclamando nuestros derechos como ciudadanos.

Tecnología | 15 de mayo de 2018

Bluesmart, el unicornio argentino que no pudo ser

En 2014 inventaron la primera valija inteligente. Obama, Macri, Bolt y Manu Ginóbili tenían una. En 5 años levantaron cerca de US$ 20 millones en capital y proyectaban una valuación de US$ 200 millones a tres años. Pero hace dos semanas tuvieron que cerrar. Esta es la historia en la voz de sus fundadores e inversores.

“Tenemos noticias amargas para compartir. Los cambios en las políticas anunciadas por varias aerolíneas importantes a fines del año pasado -la prohibición del equipaje inteligente con baterías no extraíbles- ponen a nuestra compañía en una situación financiera y comercial irreversiblemente difícil. Después de explorar todas las opciones posibles para pivotar y seguir adelante, la compañía finalmente se vio obligada a cerrar sus operaciones y explorar opciones de disposición, incapaz de continuar operando como una entidad independiente”.

Con ese comunicado el sueño de dos emprendedores argentinos llegó a su fin hace dos semanas. El emprendimiento era Bluesmart y en 2014 sus fundadores habían lanzado la primera valija inteligente.

9 de cada 10 emprendimiento fracasa. Esta es la historia de uno de esos que pintaba para ser parte de los poquísimos que triunfa y así sumarse a historias de éxito argentino como MercadoLibre, Globant, OLX y Despegar.com, que se han convertido en unicornios tecnológicos (empresas con un valor de US$ 1.000 millones), celebrados en Palermo, Wall Street y Silicon Valley.

Los fundadores e inversores originales del proyecto tienen claro que Bluesmart no iba a ser un unicornio, pero se estimaba que en tres a cinco años la empresa de valijas inteligentes podría llegar a valer entre US$ 200 y US$ 250 millones. Aunque hay algunos que fueron parte del proyecto que dicen que la cifra es exagerada. A través de una serie de conversaciones y correos electrónicos con ellos, pudimos construir el relato de cómo nació el startup, cómo vivieron su rápido crecimiento y la lecciones aprendidas al tener que cerrarlo.

Publicidad de lanzamiento de la primera Bluesmart. Canal de Bluesmart en YouTube

El origen del sueño

La historia arranca en 2013 en un café de Nueva York. Ahí se juntaron los argentinos Diego Saez-Gil (34) y Tomás Pierucci (34) y pusieron en papel la idea de crear una valija inteligente con GPS y Bluetooth que pudiera ser localizada con un smartphone. Era la solución para uno de los grandes problemas de la industria de viajes: los 25 millones de equipajes que se pierden por año.

Pero antes de ese café, los dos argentinos habían sostenido varias reuniones virtuales. “Vivíamos en diferentes partes del mundo y no teníamos otra opción”, revela Pierucci.

El primer producto fue una valija de mano. Además de poder ver la locación del equipaje en cualquier parte, el sistema incluía un puerto USB para cargar teléfonos, tablets y computadoras, y la habilidad para bloquear el candado y pesar el equipaje.

Casi de inmediato las reacciones fueron unánimemente positivas. La BBC describió la valija como el “iPhone de las valijas”, luego ganó el prestigioso premio “Red Dot Design” y fue destacada en la tienda del Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York.

En 2014 lanzaron su primera versión. Obama, Macri y Manu Ginóbili tenían una. Susana Giménez dijo por twitter ser una fan. La leyenda de la NBA Shaquille O´Neal y Usain Bolt le dieron su visto bueno. Y Tony Hawk, el mejor “skater” del mundo les hizo una publicidad prácticamente gratis.

En 5 años levantaron cerca de US$20 millones en capital, US$5 millones en crowdfunding (vía Indiegogo) y llegaron a tener 70 empleados, 40 de ellos en Argentina. En el país invirtieron $100 millones y el gobierno de Mauricio Macri los destacó como un ejemplo.

A fines del año pasado se lanza la segunda generación de productos, con modelos que se venden entre US$250 y US$500.

La Series 2 de Bluesmart fue prohibida por las aerolíneas el 15 de enero de 2018. Foto: Bluesmart


La Series 2 de Bluesmart fue prohibida por las aerolíneas el 15 de enero de 2018. Foto: Bluesmart

Los fundadores, dos emprendedores seriales

Saez-Gil nació en Tucumán, y estudió en la Universidad Nacional de la misma provincia para luego completar un MBA en Stanford. Ya había tenido éxito con su primer emprendimiento: WeHostels, una aplicación para dispositivos móviles que permite a estudiantes y jóvenes mochileros viajar y encontrar hoteles de bajo presupuesto. La vendió en 2013 a StudentUniverse,el popular servicio de internet de viajes y turismo para estudiantes.

Tomás Pierucci es otro emprendedor serial. Nació en Buenos Aires y estudió marketing en la UCES, pero no terminó. Fundó Little Blue, que se convirtió en el mayor diseñador y proveedor de ropa para estudiantes en América Latina. En 2007 fundó Big Blue, una compañía que diseña y desarrolla productos de marketing, packaging y merchandising para empresas globales. Entre sus clientes están Disney y Coca Cola.

Pierucci (centro) y Saez-Gil (derecha), junto a Michael Seibel, CEO de Y Combinator. Crédito: Tomás Pierucci


Pierucci (centro) y Saez-Gil (derecha), junto a Michael Seibel, CEO de Y Combinator. Crédito: Tomás Pierucci

Con Bluesmart todo indicaba que Pierucci y Saez-Gil estaban en camino al éxito, pero en menos de dos meses, y por razones que escapan a la empresa o sus fundadores, tuvieron que cerrar.

Conversando con Pierucci uno no nota enojo, sino más bien una sensación de frustración. “Cometimos un millón de errores. Habernos mudado tanto fue un error (se mudaron 5 veces). Apostar a Silicon Valley como base de operaciones fue otro. Costaba armar el equipo, todo era muy caro, pero nada se compara con la frustración de ver un proyecto caerse por algo fuera de tu control. Pero es la vida del emprendedor”.

A través de un correo electrónico, Saez-Gil dice que es “lamentable” que la única razón por la que “se pudrió todo” fue una regulación que, analizada en detalle, no tiene una lógica convincente.

La tecnología y el sistema que desarrolló la empresa cumplía originalmente con todos los requisitos de los reguladores de la industria de la aviación y transporte en Estados Unidos (FAA, DOT y TSA, por sus siglas en inglés). Pierucci dice que tenían las cartas y los informes de las autoridades que lo confirman.“Se los llevamos a American Airlines, pero no hubo caso de convencerlos”.

El consenso en el mercado era que el producto era muy bueno, la tecnología era de primera y el equipo ejecutivo muy eficiente. Ariel Arrieta, fundador de NXTP Labs, un fondo de inversión que se especializa en aportar “capital semilla” a startups, fue uno de los inversores originales en el proyecto y un admirador de Pierucci y Saez-Gil. “Tuvieron mala suerte. Era un proyecto que ya había resuelto todo lo difícil. El equipo trabajaba muy bien y Bluesmart estaba en vías a ser un negocio rentable”.

Una evaluación similar hace otro de los inversores originales del proyecto, pero que prefiere mantener su identidad en reserva. “Estaban a tres años de ser un negocio muy apetecible para ser adquirido. No era el tipo de emprendimiento que daba para abrirse en bolsa. No tenía ese tipo de escala para ser unicornio, si una muy buena inversión”, es como lo explica.

Agrega que es muy destacable lo que hicieron en el poco tiempo que operaron. “Lo que lograron con el capital que levantaron es notable. Diseñaron un proyecto que el mercado aceptó y le gustó. Diego es un emprendedor que trabaja muy duro y con disciplina. Tomás tiene una gran capacidad de ejecución”. Y para enfatizar su punto, hace hincapié en que su fondo invertiría sin ningún reparo en cualquier nuevo proyecto que los dos decidan armar en el futuro. “La empresa estaba encarrilada a convertirse en una marca de lujo con tecnología”.

En mayo de 2017 la revista de American Airlines promocionaba los productos de Bluesmart.


En mayo de 2017 la revista de American Airlines promocionaba los productos de Bluesmart.

¿Qué pasó para que el proyecto se descarrilara?

Todo comenzó a descarrilarse en enero de este año. Fue entonces cuando a raíz de una recomendación de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), más de 280 aerolíneas comenzaron a prohibir las valijas inteligentes del tipo que producía Bluesmart, diseñadas con baterías no extraíbles. El argumento de IATA era que las baterías eran un riesgo de explosión en los vuelos.

Esa prohibición fue la causa por la cual en menos de cuatro meses Bluesmart tuvo que cerrar. Al momento de la recomendación de IATA, la empresa estaba aceptando pedidos para la segunda generación de sus valijas, la demanda era fuerte y reinaba el optimismo.

“El timing fue terrible. Aún no éramos rentable, pero no estábamos muy lejos. Necesitábamos crecer y hacer economía de escala para ser más productivos y bajar los costos. Y justo ahí nos cambian las reglas del juego”, explica con una pizca de bronca Pierucci.

Saez-Gil es incluso más directo: “fue justamente por razones de seguridad y de regulación” que hicieron el sistema con una batería no removible. Fueron las propias autoridades de Estados Unidos (FAA y DOT) las que “nos sugirieron que las hiciéramos no remisibles de modo de poder protegerlas con una caja plástica protectora para evitar golpes”.

Y para poner énfasis, Pierucci dice que las baterías son las mismas que utiliza Apple en sus productos, producidos por la misma fábrica en China. “Eran las mejores y las más caras. Si las aerolíneas aceptan iPhones y iMacs, porque no Bluesmart”, se pregunta.

If you remove the battery from the check luggage, how I track it if you lose it? And believe me, you lose a lot of suitcases.
Also, do you request to remove batteries as well from phones or laptops?

— Tomi Pierucci (@tomipierucci) 22 de enero de 2018

Voces críticas: ¿podrían haber anticipado el problema?

Hay inversores que critican que la empresa no haya pensado en la opción de hacer las baterías removibles como parte del modelo de negocios. Otros critican a los fundadores no haber decidido adaptar el diseño para acomodar la nueva normativa.

Pero Saez-Gil y Pierucci rechazan ambos argumentos. Apuntan a que hubiesen necesitado una nueva ronda de financiamiento para levantar el capital necesario para costear los cambios al productos y desarrollar el nuevo sistema. Uno de los inversores estima que el costo habría sido por sobre US$3 millones y para un startup del tamaño de Bluesmart, eso equivaldría a cerca de un 20% de todo el capital que levantaron desde que lanzaron el proyecto. “Yo los hubiese apoyado, pero habría sido difícil para ellos”.

Sobre el rediseño del producto Pierucci apunta a algo obvio: “si hacemos la valija con una batería removible nos convertimos en una empresa de equipaje más. ¿Que diferencia ofrecemos? ¿Dónde estaría el valor agregado que nos daba el sistema que desarrollamos?”. En su opinión, no valía la pena hacer ese cambio.

Luego del cierre de la empresa, los activos de Bluesmart, incluyendo la tecnología, diseño, marca y la propiedad intelectual fueron vendidos a la empresa Travelpro, una de las líderes en la industria de valijas de alta gama.

Las lecciones aprendidas y lo que se viene

Tanto Saez-Gil como Pierucci no son del tipo que se lamentan. Ambos dicen que aprendieron muchas cosas y que siguen comprometidos con ser emprendedores.

Saez-Gil está agradecido del apoyo en Argentina: “Recibimos mucho aliento y reconocimiento de miembros del gobierno”.

– ¿Alguna lección para otros emprendedores?

– Muchísimas, que esperamos compartir con el ecosistema emprendedor argentino cuando lo necesiten. Lo primero que se me viene a la cabeza es la importancia del foco, no tratar de hacer tantas cosas al mismo tiempo. Y querer correr demasiado rápido tiene un costo alto, a veces vale más ir despacio y con firmeza. De cualquier modo, nos sentimos orgullosos de haber jugado en grande y de haber creado algo de impacto global. Esperamos que otros emprendedores se animen a eso. Desde Argentina podemos innovar a  nivel mundial. No siempre se ganará, pero siempre valdrá la pena.

Pierucci no tiene claro su próximo proyecto, pero está tremendamente orgulloso de Bluesmart. “El equipo era demasiado bueno para ser verdad. Tuve mucho apoyo. Era gente hermosa, laburadora”.

¿Una lección a partir de este fracaso? “Es la vida del emprendedor. No hay que creerse el cuento de que todo es brillante. Sólo se cuentan las historias de éxito y no se habla mucho de los fracasos. Pero los fracasos existen, y sirven para aprender”.

Tecnología | 19 de abril de 2018

Mitch Lowe y Jimmy Wales

Jimmy Wales y Mitch Lowe: “Hay que repensarlo todo”

Conversamos con los fundadores de Netflix y Wikipedia sobre Facebook, el futuro del trabajo y el rol del Estado en el mundo digital

¿Cuantas noches hemos pasado en vilo viendo una serie en Netflix, sabiendo que no es sano y que nos hará llegar cansado y con ojeras a la oficina?

Casi 120 millones de nosotros estamos experimentando ese placer culposo de forma regular. Y el culpable es Mitch Lowe, uno de los cofundadores de Netflix, la empresa que está destruyendo el modelo de negocios de la televisión, el cable y desafiando al del cine.

Esta semana estuvo en la Argentina junto a Jimmy Wales, el creador de Wikipedia, otro emprendedor que también está abofeteando al establishment, rompiendo esquemas y desafiando el orden establecido.

Wales y Lowe son unos convencidos de que hay que romper con los viejos paradigmas para encarar la vida y los negocios.

“Una vez hablamos con Blockbuster porque queríamos que fueran nuestros socios. Se rieron de nosotros. Querían proteger sus ingresos y tuvieron miedo de innovar. Les ofrecimos vender la mitad por US$ 50 millones y lo rechazaron. Hoy generamos cerca de US$ 100 mil millones en ingresos y Blockbuster no existe”, cuenta Lowe.

La importancia de su plataforma no solo se mide en ingresos sino también en el cambio de hábitos que ha generado. Para dar un pantallazo, Lowe menciona dos datos.

1: A una ciudad mediana le tomaría 40 mil años ver todo el contenido que tiene Netflix.

2: Un viernes por la noche promedio, Netflix usa un tercio de la banda ancha de Estados Unidos.

Según él, las claves para el éxito de Netflix tuvieron que ver con dos decisiones: que el próximo capítulo de un serie comience en forma automática al final del que estás viendo, y dar la opción de saltarse los créditos. “Ayuda a reducir la fricción transnacional, que es el factor más importante de cualquier negocio que quiere generar lealtad y membresía”, dice.

Jimmy Wales por su parte afirma que Wikipedia es ya parte de la infraestructura del mundo y dice que la tecnología más disruptiva que está a punto de masificarse es la del auto autónomo.

Ambos emprendedores han estado en el epicentro de la revolución digital y se hicieron millonarios en el proceso, pero ahora creen que es hora de repensarlo todo.

En una larga conversación con RED/ACCIÓN, coinciden en que la revolución digital -al contrario de lo que prometía- está acentuando las desigualdades y dejando a millones en el camino. Y creen que el escándalo de Facebook exige un debate urgente acerca de la relación que tenemos con la tecnología y el rol del Estado.

“Estamos ante un desafío. Cuando la tecnología no se distribuye por igual pasa lo mismo que con el dinero: continúa haciendo que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. Y si eso no cambia y la tecnología no se distribuye ampliamente, las personas con mayor acceso y conocimiento dejarán atrás a las personas sin tecnología”, expone el cofundador de Netflix.

“Yo diría que la gente está reexaminando su relación con la tecnología y las redes sociales. Pensando qué tipo de expectativas y demandas tienen como consumidores respecto de sus datos y su privacidad. Y creo que Facebook debería tomarlo en serio porque hay muchas personas muy enfadadas. Nunca antes había visto gente diciendo que iba a dejar Facebook”, dice Jimmy Wales.

¿Cómo regular al Gran Hermano?

Tanto Lowe como Wales coinciden en que hay que replantear la relación que tenemos con la tecnología y el mundo digital, pero no tienen una posición definida respecto a si debería ser por medio de una mayor intervención del Estado.

Empresas como Google, Facebook, Amazon y Netflix tienen hoy una gran cantidad de información. Si es cierto que la información es el petróleo del siglo XXI, ¿no habría que regularla de manera más estricta?

Jimmy Wales es escéptico en este aspecto. “Creo que aún no sabemos realmente cómo sería una buena regulación, ni siquiera cómo regularíamos Facebook, qué significaría realmente eso. No olvidemos que una gran parte del funcionamiento de Facebook, lo que nos encanta como consumidores, requiere de que compartamos datos con ellos. Es decir, Facebook necesita saber quiénes son mis amigos porque esa es la base fundamental de su negocio, que es conectar amigos. Entonces, cualquier tipo de regulación torpe -y he visto muchas de ese tipo en el espacio de internet a través de los años- podrían causar mucho daño”, dice.

Cuidadoso, se pregunta quién pagará verdaderamente los costos de un cambio abrupto: “Una de las cosas que la gente olvida es que Facebook es una gran compañía con mucho dinero y muchos recursos, y cualquiera sea la regulación seguramente pueda arreglárselas para cumplirla. Pero ¿qué hay de las nuevas empresas? Si imponemos un régimen regulatorio muy complejo, es muy difícil para las personas innovar en este espacio y podemos terminar en una situación rígida. Es un tema complicado”, advierte.
Lowe es un poco más flexible. “El gobierno está allí para proteger a las personas esencialmente de ellos mismos”, dice. “Las empresas muchas veces no tienen claro lo que harán con los datos de la gente. Y en un escenario en el que lo ocultan, creo que es el papel perfecto para el gobierno exigirles que lo expliquen. Sabemos que Facebook es gratis, pero también sabemos que están recopilando una gran cantidad de datos, vendiendo todo eso y monetizando. Lo que debería pasar es que los consumidores tomen control de sus datos y que la gente empiece a pensar quién sabe qué acerca de ellos, y si eso les importa o no”, agrega.

¿Qué hacer con los desplazados?

La revolución digital y el boom tecnológico están cambiándolo todo, pero en un mundo globalizado hay millones de trabajadores que no solo no ven el fruto positivo de esos cambios, sino que temen la desaparición de sus trabajos. Entonces, ¿cuál es la respuesta?
Para Lowe la clave es la educación. “No podemos detener la tecnología ni evitar que las cosas se vuelvan cada vez más eficientes, mejores y más rápidas. Entonces debemos hacer un mejor trabajo para que la gente pueda mantenerse a la vanguardia”, dice.

Los programas para reeducar a los trabajadores desplazados por robots en general no han tenido éxito. Son esos trabajadores lo que en Gran Bretaña votaron por el Brexit y los que en EE.UU. votaron por Trump. Sienten que las elites los olvidaron, que la globalización les juega en contra…
Lowe: Tienes razón, absolutamente. Como ya dije, uno de los mayores problemas en el mundo es que los ricos se están haciendo más ricos y los pobres se están empobreciendo. Y eso significa que muchas cosas están quedando atrás con la tecnología. Por lo tanto, es definitivamente más fácil para alguien como yo pensar que la solución es realmente simple: invierte o que el gobierno cree un programa. Pero estás en lo correcto, no ha funcionado. Debo aceptar la realidad de que nunca vamos a resolver todo. Y pienso que solo se pueden hacer pasos incrementales. La pregunta -pero no sé la respuesta a esto- es si hace 50 años estábamos peor. ¿Lo estábamos o el mundo está mejorando? Es cosa de mirar los datos.

¿Creen en la capacidad de la tecnología para cambiar el mundo?
Lowe: Dijeron en su momento que la información e internet iban a cambiar el mundo para mejor porque daría más libertad de empoderar a las personas. Y lo que vemos es que algunas de las cosas que han resultado no son tan bellas. Deberíamos dar un paso atrás y recordar que efectivamente parte de la promesa de la revolución tecnológica sigue siendo cierta. Ha habido un cambio sorprendente en la vida de las personas, aunque es cierto que el control gubernamental de la información es menor que nunca.

¿Cuáles son los grandes aportes de la tecnología?
Lowe: Es una increíble revolución que las personas puedan aprender todo lo que quieran con la punta de los dedos, puedan organizarse para juntarse y crear movimientos sociales, incluso movimientos populistas que pueden no ser siempre populares entre el establishment. Sigue siendo posible que las personas cambien el mundo.

¿Qué piensa de las nuevas generaciones?
Lowe: Los millennials son fascinantes. Los admiro mucho, aunque también soy crítico. Admito que han puesto la calidad de vida y la calidad de su futuro por encima de trabajar duro y ganar dinero. Al mismo tiempo, a veces parece que no tienen la misma ética de trabajo que las generaciones anteriores. Pero como empresario eso significa que tienes que ser mucho más sensible y estar más cerca del consumidor y de tus trabajadores para saber lo que quieren. Todos desean cosas diferentes y lo desean exactamente a su manera. Y si usted en su negocio no puede personalizar su producto o servicio, tendrá dificultades para conseguir a los millennials. Y si no lo haces, te van a destruir en las redes sociales de forma inmediata.

De Wikipedia a WikiTribune

La esperanza de Jimmy Wales está puesta en su nuevo proyecto: WikiTribune, su antídoto contra las noticias falsas. Es una plataforma de noticias que junta a periodistas con una comunidad de voluntarios y se asegura de que los artículos tengan información verificada y mejorada.

El objetivo es publicar noticias con un impacto real en eventos locales y globales. “Las redes sociales y buscadores están diseñadas para que leas y escuches lo que quieres leer y escuchar. Los algoritmos de noticias están diseñados para confirmar lo que ya crees”, dice Wales.

¿Por qué surge WikiTribune?
Wales: Una de las cosas que más me ha molestado del último tiempo es ver cuántos periodistas han perdido sus trabajos en los últimos 10 años. Los periódicos locales de todo el mundo están siendo destruidos. Y no han sido reemplazados por otra cosa. El modelo comercial no funciona, ese es el problema por el que estoy realmente preocupado, y creo que tenemos que experimentar con nuevos modelos de negocios y nuevos modelos de producción. Debemos buscar cómo involucrar al público de una manera constructiva para que podamos permitirnos contratar a más periodistas.

¿Este periodismo puede sobrevivir como un negocio viable y generar información independiente?
Wales: Creo que sí. O eso espero. Una de las tendencias actuales más emocionantes que he visto es que la gente finalmente está empezando a suscribirse y a pagar por el periodismo.

Lowe y Wales coincidieron en el “Innovation Week”, evento organizado por Papelera Del Plata.

Tecnología | 16 de abril de 2018

Esclavos del celular: la obsesión de la que no nos queremos curar

Mijal Iastrebner y Sabrina Saladino son amigas. El jueves pasado, Mijal usó su iPhone 9 horas y 4 minutos. Sabrina usó el suyo 2 horas y 34 minutos. Mijal activó su teléfono 118 veces. Sabrina, 57. Mijal lo vio cada 6 minutos. Sabrina, cada 16. Las dos tienen 30 años. Mijal trabaja en una organización que investiga y apoya medios de comunicación independientes y Sabrina es diseñadora industrial.

“Mi celular nunca está apagado”, dice Mijal. “Lo uso para todo. Multitaskeo mucho. En días de oficina normales, respondo muchos mensajes. También juego mucho a un juego que no sé ni cómo se llama, pero en el que hay que cumplir misiones”. Su iPhone es su oficina cuando trabaja y su nexo con su marido cuando viaja. También para Sabrina el celular es un dispositivo activo, pero ella se pasa el día modelando en una computadora y trabajando en un taller, y por eso el tiempo que le dedica a su teléfono es casi la mitad de las 4 horas y 10 minutos que lo usamos en promedio. Mijal, en cambio, duplica esa medida.

La semana pasada hicimos un experimento con voluntarios reclutados en las redes sociales (bueno, en mis redes sociales). Queríamos saber cuán obsesionados estamos con el teléfono celular. ¿Lo usamos mucho? ¿Lo dejamos cuando queremos? ¿Lo miramos más que a cualquier otro objeto (¡o persona!)? ¿Le dedicamos más tiempo que a la almohada?

Así que lancé una botella al mar de mis redes y 40 personas (amigos, conocidos, anónimos y también algunos de mis compañeros del staff de RED/ACCIÓN) levantaron la mano y se sumaron al experimento. La mayoría fueron mujeres: 31; y sólo 9 varones. Las edades fueron entre 48 y 25 años. Tenían teléfonos iPhone, Motorola y Samsung; los usuarios de iOS instalamos la app Mute y los de Android, Checky. Medimos nuestros hábitos en dos días diferentes: la consigna fue usar menos el teléfono en la segunda jornada. Algunos participantes lo lograron; la mayoría no. Y no porque tuvieran una voluntad floja, sino porque pareciera que toda la vida ahora pasa por nuestros dispositivos.

Según nuestro experimento, la mayoría lo usa entre 2 y 3 horas por día. Luego estamos los que lo usamos entre 4 y 5 (mis datos: pasé de 5 horas y 17 minutos en el primer día a 4 horas y media en el segundo). Vienen después los que lo usan entre 3 y 4. Y entre 1 y 2. Y después, los demás: los que más lo usan me dijeron que no se imaginaban que pasarían tanto tiempo, cada día, mirando ese aparatito. Para rematar eso que me decían por chat, algunos usaron emojis culposos.

“Desde que una de mis hijas adolescentes se fue a estudiar a Londres, decidí ponerle un rastreador en el celular”, me dijo Natalia Moreno Casco, que trabaja en la administración de un colegio. En el primer día de este ensayo, Natalia activó su aparato 134 veces; en el segundo, 117 (¡ella sí logró bajar!). “Además, uso el teléfono para trabajar. Y también para ver la hora”. Como sea, hace poco Natalia se dio cuenta de que estaba utilizando demasiado el aparato. “Y ahora estamos empezando a tratar el asunto con mi psicólogo”, me dijo. Le pregunté si podía poner las palabras “adicción” u “obsesión” en la nota, justo aquí, en relación a ella. “¡Nada de eso!”, se espantó. “Es un tic, o es como el cigarrillo, me gusta fumar. Digo que quiero dejar el celular, pero lo digo de la boca para afuera”.

Entre los 40 voluntarios de este experimento hay tres tipos de usuarios: los que se la pasan viendo el teléfono, los que lo ven poco y los del medio. Miren esto:

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Hace poco, Sean Parker, creador de Napster y antiguo socio de Mark Zuckerberg en Facebook, confesó en una entrevista que las principales redes sociales, como Facebook e Instagram, buscan capturar la atención de los usuarios de un modo desaforado: “¿Cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo consciente?”, se preguntaron los programadores, según Parker. Otro arrepentido de las grandes ligas, Tristan Harris, ex diseñador ético de Google, fundó el Center for Humane Technology para denunciar la atropellada carrera en la que los colosos tecno pelean por su botín; es decir, por nosotros mismos, por nuestra atención, por nuestros pulgares, por los likes que ellos crearon y que nosotros no podemos dejar de poner a nuestros amigos.

Nuestra muestra dio un promedio 59 activaciones por día. La media de los que tienen un iPhone es justo 59. Pero los que usan Android, activan en promedio 70 veces por día.

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Una experiencia similar a ésta –realizada por dscout– llegó a un resultado de 2.617 toques diarios (donde un toque corresponde a cada vez que un dedo toca una pantalla). Los usuarios más enérgicos doblan la cifra con 5.427 toques diarios. Entre las cinco y las siete de la tarde, las pantallas arden.

Pero también están los que usan el teléfono como una herramienta.

Candelaria Domínguez Cossio, que tiene 25 años, lo activó 127 veces en nuestro primer día y 121 en el segundo. En su Samsung J5 hay mensajes de amigos, familiares, editores, compañeros de la carrera de Periodismo, otros de trabajo y hasta de un sindicato bancario en el que ella participa como delegada. “Si pudiera, volvería al Nokia 1100: mi vida sería mucho más fácil”, me dijo Candelaria.

Ella tuvo su primer celular a los 13 años. Yo a los 22. El mío era un Motorola Startac ya usado. Todavía recuerdo la sorpresa que sentí la primera vez que sonó. En esa época yo leía un par de libros por mes, iba al cine y hablaba por teléfono con mis amigos y con la chica que me gustaba. Ahora tengo un iPhone y, bueno, imagínense todo lo demás… sabiendo que lo activo 70 veces por día.

Tecnología | 16 de abril de 2018

La herramienta secreta de Cambridge Analytica

La compañía creó docenas de variantes de publicidad sobre distintos temas políticos, como inmigración, economía y portación de armas, todos ideados para distintos perfiles.

Las relaciones entre Cambridge Analytica y Facebook que ahora han salido a la luz cuentan con todos los condimentos de un thriller de Hollywood: un CEO estilo villano de las películas de (James) Bond, un multimillonario solitario, un soplón ingenuo y conflictuado, un sofisticado científico recabador de datos devenido en político, un intelectual con una ética aparentemente cuestionable y, desde ya, un presidente triunfante y su influyente familia.

Buena parte de la discusión estuvo centrada en de qué forma Cambridge Analytica pudo obtener información sobre más de 50 millones de usuarios de Facebook -y cómo fue que presuntamente no eliminó estos datos cuando se le pidió que lo hiciera.

De hecho, el enfoque de la empresa recopiladora de datos representa un brusco cambio en la forma como la analítica puede ser usada hoy como herramienta generadora de ideas y capaz de ejercer influencia.

Los encuestadores, por ejemplo, usan desde hace tiempo la segmentación psicográfica para captar a grupos determinados de votantes, organizando al público según su género, edad, ingresos, educación y grupo familiar.

Esos segmentos también pueden armarse en base a la afiliación política o los gustos a la hora de comprar. La máquina de análisis de datos que usó la candidata presidencial Hillary Clinton en su campaña de 2016 -bautizada Ada por la matemática y una de las pioneras en informática del siglo XIX- utilizó técnicas de segmentación vanguardistas para captar grupos de votantes con derecho a voto de la misma forma como lo había hecho Barack Obama cuatro años antes.

Cambridge Analytica fue contratada para la campaña de (Donald) Trump y ofreció un arma totalmente nueva para la maquinaria eleccionaria. Si bien utilizó del mismo modo segmentos demográficos para identificar a los grupos de votantes, tal como lo había hecho Clinton, Cambridge Analytica también hizo subdivisiones utilizando la segmentación psicográfica.

Como definición de clase, educación, empleo, edad y demás, la demografía es informativa. La segmentación psicográfica es conductual -una manera de segmentar según la personalidad.

Esto tiene mucho sentido. Resulta obvio que dos personas con idéntico perfil demográfico (hombres por ejemplo, blancos, de clase media, empleados y casados) pueden tener personalidades y opiniones marcadamente diferentes. También sabemos que adaptar un mensaje a la personalidad de una persona -sea abierta, introvertida, discutidora y demás- hace mucho para ayudar a que éste llegue.

Entendiendo mejor a la gente

Tradicionalmente han habido dos caminos para determinar la personalidad de alguien. O se le conoce muy bien -por lo general luego de un largo tiempo-. O se le pide que haga un test de personalidad y lo comparta con nosotros. Ninguno de estos métodos está abierto de manera real para los encuestadores. Cambridge Analytica encontró una tercera forma, con la ayuda de dos académicos de la Universidad de Cambridge.

El primero, Aleksander Kogan, les vendió el acceso a 270 mil tests de personalidad realizados por usuarios de Facebook a través de una aplicación online que él mismo creó con fines de investigación.

La entrega de datos a Cambridge Analytica estaba, al parecer, en contra del código de conducta interno de Facebook, pero recién ahora -en marzo de 2018- Facebook prohibió a Kogan en su plataforma. Además, los datos de Kogan venían con un plus: Kogan habría recogido los datos de Facebook entre los amigos de los que hicieron el test -y a un promedio de 200 amigos por persona esto sumaba alrededor de 50 millones de personas.

De todos modos, no todas las 50 millones de personas se sometieron a estos tests de personalidad. Aquí es donde entra el segundo académico de Cambridge, Michal Kosinski. Kosinski -quien sería de la idea que el “micro-targeting” (o micro focalización en castellano) (*) basado en los datos online podría fortalecer la democracia- ideó una forma para realizar ingeniería inversa (*) en un perfil de personalidad a partir de actividades de Facebook como los likes. Si optamos por darle un “me gusta” a las fotografías de atardeceres, mascotas o gente, aparentemente ello dice mucho sobre nuestra personalidad.

Tanto, de hecho, que sobre la base de 300 “me gusta”, el modelo de Kosinski es capaz de predecir el perfil de personalidad de alguien con la misma precisión que un cónyuge. Kogan desarrolló las ideas de Kosinski, las mejoró y llegó a un acuerdo con Cambridge Analytica. Armado con este botín -y sumado a datos adicionales recopilados en otro sitio- Cambridge Analytica elaboró perfiles de personalidad para más de 100 millones de votantes estadounidenses registrados.

Se dice que la empresa utilizó luego estos perfiles para publicidad dirigida a grupos específicos. Imagine, por ejemplo, que pudiera identificar a un segmento de votantes con un puntaje alto en meticulosidad y neurosis y otro con un número elevado en extroversión, pero bajo en apertura.

Claramente, la gente de cada segmento respondería de forma diferente a la misma publicidad política. Pero en Facebook no necesitan ver la misma publicidad en absoluto -cada uno verá un aviso hecho a su medida diseñado para provocar la respuesta deseada, sea votar por un candidato, no votar por él, o donar fondos.

Cambridge Analytica trabajó duro para crear docenas de variantes de publicidad sobre distintos temas políticos, como inmigración, economía y derecho de portación de armas de fuego, todos ideados para distintos perfiles de personalidad. No existe ninguna prueba en absoluto de que el equipo de maquinaria eleccionaria de Clinton contaba con idéntica habilidad.

Tanto la analítica conductual como los perfiles psicográficos están aquí para quedarse, independientemente de lo que ocurra con Cambridge Analytica -que criticó enérgicamente lo que denomina “afirmaciones falsas en los medios”. De una manera en la que industrializa lo que los buenos vendedores han hecho siempre al ajustar su mensaje y traslado a la personalidad de sus clientes.

Este enfoque para las campañas electorales -y para el marketing, de hecho- será el mayor legado de Cambridge Analytica.

Tecnología | 13 de abril de 2018

Facebook y el futuro de la privacidad online

El testimonio de Mark Zuckerberg ante el Senado de EE.UU. sirvió de poco para apuntalar la confianza pública en una empresa que trafica datos personales de sus usuarios. Su inmenso poder de lobby ha eludido cualquier tipo de regulación. Los mercados de datos personales han prosperado en base a la idea de podrían ser el “nuevo petróleo” de la economía digital así como -aparentemente- de la política.

NUEVA YORK – Chris Hughes, cofundador de Facebook, recientemente observó que el escrutinio público de Facebook “debió haberse producido hace mucho tiempo”, y dijo “me resulta sorprendente que no hayan tenido que responder más de estas preguntas antes”.

Los líderes de la industria de la tecnología de la información, especialmente en Europa, han venido advirtiendo sobre los abusos cometidos por Facebook (y otros portales) desde hace años. Sus percepciones y recomendaciones prácticas son especialmente urgentes hoy.

El testimonio del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, ante el Senado de Estados Unidos sirvió de poco para apuntalar la confianza pública en una empresa que trafica datos personales de sus usuarios.

El momento más elocuente del testimonio se produjo cuando Richard Durbin, senador por Illinois, preguntó si Zuckerberg estaría cómodo compartiendo el nombre de su hotel y la gente con la que había intercambiado mensajes esa semana, exactamente el tipo de datos rastreados y utilizados por Facebook. Zuckerberg respondió que no se sentiría cómodo ofreciendo esa información. “Creo que tal vez de eso se trate todo esto”, dijo Durbin. “Su derecho a la privacidad”.

La respuesta europea

Los críticos de Facebook vienen sosteniendo este punto desde hace años. Stefano Quintarelli, uno de los principales expertos en TI de Europa y un defensor destacado de la privacidad online (y, hasta hace poco, miembro del Parlamento italiano), ha sido un crítico persistente y profético del abuso por parte de Facebook de su posición de mercado y del mal uso de los datos personales online.

Ha defendido desde hace mucho tiempo una idea poderosa: que cada uno de nosotros debería retener el control de nuestro perfil online -perfil que debería ser fácilmente transferible entre portales-. Si decidimos que no nos gusta Facebook, deberíamos poder pasarnos a un competidor sin perder los enlaces a los contactos que siguen en Facebook.

Para Quintarelli, el abuso por parte de Cambridge Analytica de datos adquiridos de Facebook fue una consecuencia inevitable del modelo de negocio irresponsable de Facebook. Facebook ahora ha reconocido que Cambridge Analytica no es el único que explotó perfiles personales adquiridos de Facebook.

En comunicaciones personales conmigo, Quintarelli dice que el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, que entra en vigencia el 25 de mayo, después de seis años de preparación y debate, “puede servir como guía en algunos aspectos”. Según el RGPD, observa, “las organizaciones incumplidoras pueden enfrentar sanciones severas, de hasta el 4% de sus ingresos. Si el RGPD ya estuviera establecido, Facebook, para evitar esas penalidades, habría tenido que notificar a las autoridades sobre la filtración de datos inmediatamente después de tomar consciencia de ello, mucho antes de la pasada elección de Estados Unidos”.

Quintarelli enfatiza que “la competencia efectiva es una herramienta poderosa para aumentar y defender la biodiversidad en el espacio digital”. Y aquí el RGPD debería ser de ayuda, porque “introduce el concepto de portabilidad del perfil, por el cual un usuario puede mover su perfil de un proveedor de servicios a otro, como hacemos cuando pasamos nuestro perfil telefónico -el número de teléfono móvil- de un operador a otro”.

Pero “esta forma de propiedad de los datos de nuestro propio perfil”, continúa Quintarelli, “en efecto no basta”. Igualmente importante es “la interconexión: el operador en el que depositamos nuestro perfil debería estar interconectado con el operador de origen para que no perdamos contacto con nuestros amigos online. Esto es posible hoy gracias a tecnologías como IPFS y Solid, desarrolladas por el inventor de la web Tim Berners-Lee”.

Los datos personales, el “nuevo petróleo” de la economía digital

Sarah Spiekermann, profesora de la Universidad de Economía y Negocios de Viena (WU) y presidenta de su Instituto de Sistemas de Información de Gestión, es otra pionera de la privacidad online que ha advertido desde hace mucho tiempo sobre el tipo de abusos vistos con Facebook. Spiekermann, una autoridad global en materia de tráfico de nuestras identidades online para fines de publicidad dirigida, propaganda política, vigilancia pública y privada u otros fines nefastos, destaca la necesidad de tomar las riendas de “los mercados de datos personales”.

“Desde que el Foro Económico Mundial empezó a discutir los datos personales como una nueva clase de activos en 2011”, me dijo, “los mercados de datos personales han prosperado en base a la idea de que los datos personales podrían ser el “nuevo petróleo” de la economía digital así como -aparentemente- de la política”.

Como consecuencia de ello, “más de mil empresas hoy participan en una cadena de valor de información digital que recopila datos a partir de cualquier actividad online y ofrece contenido dirigido a usuarios online o móviles en el lapso de aproximadamente 36 segundos de su ingreso al reino digital”.

No son “sólo Facebook y Google, Apple o Amazon los que recogen y usan nuestros datos para cualquier fin que se nos pueda ocurrir”, dice Spiekermann. “Las plataformas de gestión de datos, como las operadas por Acxiom u Oracle BlueKai poseen miles de atributos personales y perfiles socio-psicológicos sobre cientos de millones de usuarios”.

Si bien Spiekermann piensa que “los mercados de datos personales y el uso de los datos en su interior deberían prohibirse en su forma actual”, piensa que el RGPD “es un buen motivador para que las empresas en todo el mundo cuestionen sus prácticas de compartir datos personales”.

También observa que “un ecosistema rico de servicios online amigables con la privacidad está empezando a funcionar”. Un estudio realizado por una clase de alumnos de WU “analizó las prácticas de recopilación de datos de nuestros principales servicios online (como Google, Facebook o Apple) y las comparó con sus nuevos competidores amigos de la privacidad”. El estudio, dice, “les da a todos la posibilidad de cambiar de servicios al instante”.

El inmenso poder de lobby de Facebook hasta ahora ha eludido esencialmente las ideas prácticas de Quintarelli, Spiekermann y sus colegas activistas. Sin embargo, el escándalo reciente le ha abierto los ojos a la población sobre la amenaza que plantea la inacción para la democracia misma.

La UE ha tomado la delantera en la respuesta, gracias a sus nuevas normas de privacidad, y propuso el cobro de mayores impuestos a Facebook y otros vendedores de datos personales online. No obstante ello, es posible hacer más. Quintarelli, Spiekermann y sus colegas defensores de la ética online nos ofrecen un camino práctico hacia una Internet que sea transparente, justa, democrática y respetuosa de los derechos personales.

Jeffrey D. Sachs, profesor universitario en la Universidad de Columbia, es director del Centro de Desarrollo Sostenible de Columbia y de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

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