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Instantánea

El líder norcoreano en Rusia

Kim Jong-Un asistió hoy a una ceremonia de bienvenida al llegar a Rusia. El encuentro con el presidente Vladimir Putin ocurrirá pocos meses después del fracaso de la cumbre entre Kim y el presidente estadounidense Donald Trump en Hanói, Vietnam. La última cumbre bilateral entre Corea del Norte y Rusia fue en 2011, a pesar de que ambos países comparten frontera. Foto: Kirill Kudryavtsev / AFP

POR QUÉ ES IMPORTANTE: especialistas coinciden en que el respaldo de las principales potencias le daría a Corea del Norte poder para negociar con EEUU y China.

Cultura | 24 de abril de 2019

Feria del Libro: la edición 2019 va más allá de la literatura

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es la fiesta de las letras, pero la mayoría de los autores que exploran las formas y las historias no son los que llenan las salas para más de mil personas, un privilegio sólo reservado a los escritores best-sellers y a algunas figuras que se mueven en los bordes del oficio, como booktubers o actores. Ésta no es necesariamente una obviedad: festivales como el FILBA (de literatura), el BAN y el Azabache (ambos de género negro) o incluso el reciente Basado en Hechos Reales (BaHR, de periodismo) han generado filas de personas que quieren ver a caras nuevas.

En cambio, el público de la Feria del Libro (que este año puede llegar a más de 1.200.000 personas) es heterogéneo; a veces, ni siquiera es muy lector. Por eso este encuentro, que llega a su edición número 45 en un año de crisis y caída de ventas, ahora se reinventa: con menos figuras internacionales que en otras ocasiones (Arturo Pérez-Reverte y Rosa Montero, dos potentes best-sellers, son los invitados estrella) hay una oportunidad para una expansión más allá de las fronteras de la literatura.

Así, la Feria ofrece un Encuentro Internacional de Booktubers (con la participación de los mexicanos Claudia Ramírez y Alberto Villarreal), una Convención Blogger (con entrevistas públicas a Antonio Santa Ana y a Sara Búho) y un Encuentro Bookstagrammer (con la autora Pamela Stupia). No es la primera vez que la Feria mira a estas tribus, pero 2019 concentra más actividades que nunca.

La es un fenómeno de masas que atrae a más de un millón de personas. Foto: Fundación El Libro.

Además, por segundo año la Feria contará con Orgullo y Prejuicio, un espacio dedicado a la diversidad sexual. Según el comunicado oficial, cuenta con “una librería especializada en cuestiones de género, culturas de la disidencia sexual y feminismos, más un auditorio con una programación diaria propia”. Y por primera vez se desarrollará un lugar de Diversidad Funcional y Discapacidad, con stands de libros y un auditorio.

Barcelona será la Ciudad Invitada de Honor, con más de 100 actividades culturales y una comitiva de 56 autores e ilustradores, 8 especialistas del mundo de la literatura y 14 artistas, entre los que se destacan Héctor Lozano (creador y guionista de la serie Merlí, que vendrá acompañado por el actor Carlos Cuevas), Carlos Zanón, Paula Bonet, Marina Garcés, Eva Baltasar y Maite Carranza.

“Indudablemente”, dice Oche Califa, el director institucional y cultural de la Fundación El Libro, “apelaciones como éstas, muy visibles y para públicos específicos, tienden a mejorar el resultado promocional y comercial de los libros”.

Para el mercado editorial, 2019 es un año poco feliz: la industria ha caído en ventas (entre un 10 y un 12%, en unidades, en comparación con el primer trimestre de 2018, según la Cámara Argentina de Publicaciones) y en producción (25% es la cifra no oficial que, en promedio, afecta a las grandes editoriales, y algunos de sus sellos vieron recortes de hasta un 50%). Pero la Feria será, según Califa, “un fenómeno de masas”: “El 80 por ciento de nuestro público vino a la Feria tres veces o más, y otro gran porcentaje no frecuenta las librerías, pero después de venir a la Feria quizás entra a alguna”.

Sumado a eso, las editoriales grandes pagan precios muy altos por los stands y las salas, por el salario de los vendedores que contratan y por las horas extra que cumplen sus propios empleados cuando se suman a esos stands (una persona de Random House-Mondadori que habló con RED/ACCIÓN, por ejemplo, hizo 70 horas extra en la edición 2018 de la Feria). “La inversión es imposible de recuperar”, dice en reserva una fuente de la industria. “Con suerte, las editoriales grandes salen empatadas. Pero la Feria es una gran vidriera y alcanza a esa gente que lee un libro por año”. Las editoriales más pequeñas comparten stands y casi no contratan vendedores: mandan a sus empleados. Así pueden generar ganancia.

Para el mercado editorial, 2019 es un año poco feliz: la industria ha caído en ventas y en producción. Foto: Fundación El Libro.

Entre las 992 actividades que tiene el programa oficial de la Feria, Matías Gómez (conocido en YouTube como Matías G.B., autor del blog Cenizas de papel) estará en cuatro: firmará Esos raros relatos nuevos, una antología de la cual es parte junto a otros seis autores (su cuento se llama “La sombra negra”); conducirá un taller sobre redes sociales; dará junto a @alvinbooks, un bookstagrammer, una charla; y participará del Encuentro Internacional de Booktubers. “A ese evento siempre van unas mil personas, se llena de lectores y es una buena experiencia”, dice.

Matías G.B., que tiene 21 años, entró a la comunidad de la literatura juvenil (que el mercado cataloga como young-adult) a sus 15, pero él ya leía desde los 11. “Fuimos creciendo y fue mutando lo que leemos”, dice. “Primero fueron los bloggeros, después los booktubers y por último, los bookstagrammers. Todo esto está muy bueno porque pudimos conseguir amigos en Internet para compartir lecturas”. Acaba de terminar El adulto, de Gillian Flynn, y está leyendo 14/7, una trilogía de Pamela Stupia, pero explica que hoy no hay ningún libro que esté de moda entre los influencers, como ocurría con Bajo la misma estrella, de John Green; Las ventajas de ser invisible, de Stephen Chbosky; o Los juegos del hambre, de Suzanne Collins. “Esa era una literatura juvenil que tenía mucha presencia cuando todos empezamos”, dice.

Rodolfo Reyna, presidente de la Cámara Argentina de Publicaciones (que reúne a 68 miembros; entre ellos, las editoriales grandes y las cadenas de librerías), se autodefine como “un defensor de la Feria porque siempre es buena”. Y explica que los influencers “son nuevos canales de comunicación… y después algunos se convierten en autores”.

De hecho, la industria los mira y los contrata. “Cada etapa de las tres Bs (y quién sabe cuántas más habrá) revolucionó el mundo del libro”, dice –respecto de booktubers, bloggers y bookstagrammers– Federico Valotta, booktuber y blogger (lleva adelante el blog Atrapado en la lectura); y miembro del equipo de marketing de una editorial grande. “De hecho, cuando los booktubers estaban en un boom, ya había varios bloggers que estaban trabajando en editoriales. Hoy en día que ya cada ‘boom’ ha pasado, encontramos gente de cualquiera de las tres categorías en las editoriales”.

La Feria del Libro muta, como muta su industria: mañana el encuentro será inaugurado a las seis de la tarde por la antropóloga feminista Rita Segato y entonces el mundo de los libros se expandirá todavía un poco más.

Sociedad | 24 de abril de 2019

Ilustración: Pablo Domrose

La industria de la moda necesita una “revolución” que revierta el trabajo precario y la contaminación

Considerada en “emergencia ambiental” por Naciones Unidas por el agua que desperdicia y la emisión de gases que genera, la industria de la moda esconde condiciones de trabajo precarias, sueldos injustos y desigualdades de género entre sus empleados. Ante ello, el movimiento global Fashion Revolution tiene un objetivo claro: revolucionarla.

En el marco del sexto aniversario de la tragedia del complejo fabril de Rana Plaza en Bangladesh, el Índice de Transparencia del movimiento revela avances nunca antes alcanzados. Pero también recuerda que todavía queda mucho por hacer para lograr una industria ética. Te contamos qué empresas internacionales asumieron mayor compromiso y cuáles desoyen las recomendaciones.

La tragedia que marcó un antes y un después

En la mañana del 24 de abril de 2013 el mundo miró a Bangladesh. La fábrica textil de ocho pisos del Rana Plaza, en precarias condiciones de infraestructura, se desplomó en cuestión de segundos. Allí confeccionaban sus prendas marcas de ropa internacionales. Allí murieron 1.138 personas. Allí más de 2.500 personas resultaron heridas. En su mayoría, eran mujeres.

La posteriormente conocida como “tragedia del Rana Plaza” mostró el lado más oscuro de la industria de la moda: las pésimas condiciones en las cuales trabajan las personas detrás de las prendas que se lucen en las imponentes vidrieras de shoppings de las grandes ciudades o las extensas pasarelas de desfiles.

Conmovida y shockeada ante la tragedia, la diseñadora británica Carry Somers dio vida a Fashion Revolution (“Revolución de la Moda”, en su traducción al español), una iniciativa global que busca promover una industria de la moda más ética. El eje para que ello sea posible: la transparencia. A seis años de la tragedia, la pregunta es una: ¿cuánto cambió la industria de la moda?

Avances históricos que exigen más

La tragedia evidenció la falta de conocimiento sobre el proceso de producción de la industria textil, no sólo para los consumidores sino también para las propias empresas que tercerizan los servicios, que desconocen a sus proveedores, que no visibilizan su cadena de valor.

Por ello, la iniciativa Fashion Revolution orientó sus actividades en dos ejes. En primer lugar, la participación activa de los consumidores a través de una pregunta: ¿quién hizo mi ropa?

Fashion Revolution

Con una prenda puesta al revés en un posteo en redes sociales, se alentó a millones de personas alrededor del mundo para que consulten a las marcas respecto de las personas detrás de la ropa que usaban. ¿El momento? La Semana de la Revolución de la Moda, que toma la fecha del 24 de abril como central y que este 2019 se celebra alrededor del mundo desde el pasado lunes 22 hasta el próximo domingo 28.

La respuesta a ese interrogante lleva al segundo eje: que las empresas brinden información sobre las características sociales, económicas y ambientales de sus procesos de producción.

Pero había un problema: no había tal relevamiento de datos o no se lo quería dar a conocer. Así surgió el Índice de Transparencia de la Moda, una iniciativa de Fashion Revolution que analiza la información provista por más de 200 marcas de ropa y minoristas de reconocimiento internacional sobre variables como política y compromisos; gobernanza; trazabilidad; evaluación y remediación de proveedores; y, especialmente este año, implementación de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El objetivo fue impulsar a las marcas a que visibilicen la información sobre sus procesos de producción, sobre los actores involucrados y sobre las condiciones que garantizan (o no) en cada eslabón de la cadena. Hoy se publicó su tercera edición.

“Estamos viendo mejoras, estamos viendo que hay esfuerzos en lugares como Bangladesh y Camboya para alcanzar mejores salarios que permitan asegurar que los ingresos dignos no estén lejos de ningún trabajador de la sociedad. Pero aún hay mucho por hacer”, destaca Somers en diálogo con RED/ACCIÓN desde Reino Unido y analiza: “El Índice demuestra que algunas marcas están siendo pioneras en divulgar información sobre cómo sus distintas políticas se ponen en práctica. Hay muchas otras marcas que dan a conocer sus políticas, pero ofrecen poca información sobre, por ejemplo, cómo es la gobernanza en su cadena de suministro, cómo están trabajando para implementar los ODS”.

Lo más sobresaliente de esta edición del informe: las marcas de ropa deportiva y al aire libre lideran el camino de la transparencia. Tres marcas de este rubro (Adidas, Reebok y Patagonia) registraron un 64% de los 250 puntos disponibles en la evaluación del Índice. Es la primera vez desde el inicio de la evaluación anual que unas marcas obtienen más del 60%. En líneas generales, el Índice revela un aumento del 8.9% en la puntuación promedio de las marcas, mostrando esfuerzos significativos hacia una mayor transparencia. H&M, por ejemplo, obtuvo un 61% del puntaje ubicándose en el quinto puesto del ranking.

Empresas que tuvieron un índice de transparencia superior al 40%:

El ranking completo, en la página 31 del informe

Para Somers, esa doble participación de consumidores que preguntan y empresas que aporten los datos de sus procesos al Índice es igual de necesaria para alcanzar una industria más transparente: “Ambos están conectados porque si se da más información, ayuda en su credibilidad ante los consumidores quienes podrán tomar mejores decisiones de compra y tener más confianza en la marca. Además, es una clara ventaja para las empresas porque la transparencia mejora la reputación de su negocio”.

Desafíos que permanecen y hay que enfrentar

El Índice es contundente: ninguna marca logra un puntaje superior al 70% en el análisis. Cinco marcas obtuvieron un puntaje cero este año: Eli Tahari, Jessica Simpson, Mexx, Tom Ford y Youngor. Es decir, aún se requiere más información, más voluntad de publicarla, más transparencia.

Empresas que tuvieron un índice de transparencia por debajo del 40%:


“Todavía hay mucho trabajo por hacer. Todavía falta información detallada sobre los resultados y el impacto de sus esfuerzos. Las principales marcas están revelando muy poca información y datos sobre sus prácticas de compra, lo que significa que todavía no tenemos visibilidad de lo que están haciendo para ser socios comerciales responsables ante sus proveedores”, advierte Sarah Ditty, directora de Políticas de Fashion Revolution que lideró la realización del reporte.  

Al preguntar a Somers si algún resultado del relevamiento de este año la sorprendió, su respuesta es contundente: “No hay nada que me sorprenda. Más bien, creo que es bastante decepcionante ver cómo las marcas no están poniendo en práctica ciertas políticas. Por ejemplo, el 63% de las marcas incluye políticas de igualdad salarial, pero sólo el 33.5% publica la brecha salarial anual de género dentro de la empresa. Es decir, no podemos saber si la política de igualdad salarial es realmente efectiva”. Según el movimiento, las mujeres constituyen la mayor fuerza laboral en la industria de la moda, desde la fábrica hasta la tienda.

Ditty asegura: “Continuaremos usando el Índice para medir el progreso de las marcas y ayudarlos a presionarlas más y más rápido para que asuman mayor responsabilidad por sus políticas y prácticas”.

El impacto en el ambiente es uno de los principales desafíos para la industria. Hace un año, Naciones Unidas calificaba a la moda como “una emergencia ambiental”. Más precisamente al modelo de “fast-fashion”, es decir, aquella ropa que se vende a bajo precio para vender más, con procesos no dignos de trabajo y un interés en actualizar la vestimenta todo el tiempo.

¿Los motivos de la “emergencia ambiental”? Las cifras hablan por sí solas: la moda es la segunda industria que más agua utiliza en sus procesos (2.700 litros de agua para producir una camiseta de algodón), produce el 20% de las aguas residuales a nivel global y es responsable del 8% de las emisiones de dióxido de carbono en el mundo (más que todo el transporte aéreo y marítimo internacional juntos).

¿Cómo se traslada ello a la información que conocen o comparten las marcas? Con algunas disparidades: el 55% de las 200 marcas publica la huella de carbono anual en sus sitios web, pero sólo el 19,5% revela las emisiones de carbono en la cadena de suministro, que es donde se produce más del 50% de las emisiones de la industria. Del mismo modo, el 35% de las marcas divulga el porcentaje de energía renovable que están usando en sus instalaciones, pero sólo el 6% comparte el porcentaje de uso de esa energía en la cadena de suministro.

Kirsten Brodde, líder de la Campaña Detox de Greenpeace Internacional -dirigida a “desintoxicar” a la industria y terminar con la contaminación textil de ríos y océanos- manifiesta en el informe: “Con sólo 12 años para alcanzar el ambicioso objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados, las empresas en cada etapa de la producción textil y logística tienen que hacerse una pregunta: ¿sos parte del problema o de la solución? La transparencia es clave para entender cuánto contribuye cada compañía a las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la contratación, el teñido, la producción y el envío de sus prendas. Es hora de la acción climática, ahora”.

Las recomendaciones desde Fashion Revolution a las empresas del sector para actuar ante el cambio climático: innovar, usar menos recursos y ayudar a sus clientes a consumir menos, cuidar mejor su ropa y usarla por más tiempo.

El poder revolucionario de los emprendedores y los ciudadanos

En la búsqueda por una moda más ética, cada vez son más los emprendedores que deciden iniciar proyectos con la sustentabilidad como ADN.

En vínculo permanente con América Latina y tras un reciente viaje a México, Somers evalúa los desafíos que se presentan en la región: “Hay muchas pequeñas marcas sustentables que quieren hacer una diferencia, que quieren trabajar para cambiar el modelo de la industria, comenzar desde cero y ser sustentables. Pero aún ellas tienen problemas con la transparencia: temen que el ser transparentes afecte su cadena de suministro. Queda mucho aún por hacer para poder asegurarles a los pequeños empresarios que ser transparentes no es tan difícil”. Su consejo: más pequeñas marcas podrían unirse en un objetivo común.

Con esa recomendación coincide Alejandra Gougy, fundadora de Cosecha Vintage -marca nacional que diseña prendas a partir del reciclado con valor (upcycling) de scrap de medias y fibras naturales- y creadora de la Asociación Moda Sostenible Argentina (AMSOAR), respecto del mundo emprendedor en el país: “Tenemos que trabajar en aprender a cómo ser una comunidad sostenible. No hay al momento una conciencia de comunidad y eso lleva a veces a repetir el modelo de la moda tradicional. Aprender a ser una comunidad está directamente relacionado a ser ciudadano. Un diseñador sostenible es un ciudadano con derechos y obligaciones”.

Frente a los desafíos del sector y la crisis nacional, Gougy se expresa desde la pasión por lo que hace: “Ser sostenible es una camiseta que te ponés y para la cual siempre le vas a encontrar la vuelta para llegar a la meta propuesta”. Condiciones dignas en la cadena de valor implican formas de trabajo y salarios que se ven reflejados en un precio final del producto más elevado. Por ello para la emprendedora, la venta al exterior es una oportunidad para los emprendedores locales.

En su última visita a la Argentina, Somers podía dar cuenta de la historia detrás de cada una de las prendas que vestía: quién las hizo, de dónde venían, qué característica tenían las marcas, qué personas se encontraban detrás. Su mensaje es claro: “La Revolución de la Moda tiene que ser más de un día o una semana; tiene que ser un estilo de vida cada vez que comprás una prenda, cada vez que le preguntás a una marca quién hizo tu ropa, cada vez que hacés sentir tu voz en las redes sociales”.

Sie7e Párrafos | 24 de abril de 2019

Un mundo de escrituras, comentado por Miguel Russo

Un mundo de escrituras
Martyn Lyons y Rita Marquilhas (compiladores)
Ampersand

Uno (mi comentario)

A mediados de 1991, dentro de la crisis producida por la caída del muro de Berlín, Cuba se quedó sin papel. En ese momento, centenares de escritores comenzaron a escribir sus textos en las paredes de las ciudades. La pregunta cae de maduro: ¿se escribe igual en un medio que en otro? Los once ensayos compilados por los investigadores Martyn Lyons y Rita Marquilhas en Un mundo de escrituras viene a saldar una deuda histórica en el estudio de la escritura: el del soporte en el que se realizó, desde las tablillas de arcilla hasta la pantalla de un ordenador.

De ese modo, este libro plantea el recorrido de las prácticas letradas a través de los materiales utilizados en la información. Pero, además de un compendio dirigido a intelectuales, los autores bucean en un océano de anécdotas y datos históricos que están al alcance de todo el público lector. Por ejemplo, las teorías adivinatorias e interpretativas con las que los eruditos de la corte daban cuenta de la realidad dentro de los claustros de las bibliotecas de Nínive y de Babilonia. O el rol de las mujeres copistas (a quienes paradójicamente les estaba vedada la creación literaria) en el desarrollo de la narrativa de los siglos XIV y XV. O la batalla por los primeros usos del papel que, en función de su deterioro más rápido que el del pergamino, potenció la noción de pérdida prohijando una de las preocupaciones del Renacimiento. O la no menos cruenta disputa entre la pluma de ganso afilada y la estilográfica de punta de acero. También entran en estudio los usos de la escritura en el espacio urbano como una suerte de confrontación textual ente el ejercicio pleno de la libertad de escribir y lo plasmado en palabras por las clases bajas y los niños (a través de diarios, cartas, misivas, composiciones escolares y detalles autobiográficos), notoriamente dejados de lado en la historia de la literatura. Un capítulo aparte merece la influencia de la máquina de escribir en las formas literarias. Desde la insólita reacción del periodista y escritor estadounidense Hunter Thompson, que el 20 de febrero de 2005, mientras escribía en su casa de Colorado, sacó la máquina de escribir a la nieve, le pegó un tiro y luego se disparó quitándose la vida, hasta la no menos asombrosa reflexión de Friedrich Nietzsche: “nuestros instrumentos de escritura también operan sobre nuestro pensamiento”.              

Dos (la selección)

Las ventajas del nuevo soporte, el papel -que era más fácil de conseguir que el pergamino, que su producción era más simple y que era seis veces más económico-, lo hicieron atractivo para los usuarios europeos de mediados del siglo XIII. Según las pruebas que se han conservado, la revolución del papel se produjo en el período comprendido entre 1250 y 1300. Aproximadamente en esos cincuenta años, aparecieron los primeros documentos escritos sobre papel en el sur de Francia (1248), Italia (1275) e Inglaterra (1307). Sin embargo, las autoridades recibieron con quejas bastante coherentes la difusión del nuevo medio. Los primeros príncipes que adoptaron el papel fueron también los primeros en advertir sus limitaciones como tecnología útil para registrar datos de forma duradera. Por ejemplo, en 1231, Federico II Hohenstaufen -emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, cuyo reinado se caracterizó por todo tipo de innovaciones en el arte de gobernar y en los procedimientos burocráticos- prohibió que se consignaran en papel los documentos públicos de importancia y exigió que se volcaran en pergamino. El decreto decía así: “Como es de esperar que los documentos merezcan confianza durante muchos años en el futuro, nos parece conveniente que no sucumban a los peligros de la destrucción por envejecimiento. En los tribunales o fuera de ellos, no se aceptará prueba alguna registrada por escrito sobre papel, a menos que sea una constancia de deudas contraídas o de su pago”.

Concedió a los notarios imperiales dos años de plazo para transferir a pergamino los documentos registrados en papel. El hecho de que exceptuara en el decreto a los recibos es también interesante porque sugiere que el uso del papel estaba ya muy difundido en las operaciones comerciales. La preocupación del emperador por la duración de los registros oficiales puede haber surgido cuando observó que los documentos de los reyes anteriores de Sicilia ya se estaban deteriorando. En la década de 1220, Federico ordenó que documentos emitidos por su predecesor cincuenta o sesenta años antes fueran copiados nuevamente “porque el tiempo empezaba a arruinarlos”

Tres

A diferencia de otras prácticas de escritura más restringidas en cuanto a los públicos y espacios de difusión, los escritos urbanos se caracterizaron por interpelar prácticamente a todos los sectores de la sociedad, lo que no es óbice para que determinados edictos pudieran incumbir más a unos grupos que a otros, ni para que algunos libelos infamantes disfrutaran de mayor eco en el barrio o comunidad donde vivían las personas implicadas. Su difusión normalmente efímera, circunscripta a momentos y situaciones temporalmente determinadas, no resta un ápice de valor a la importancia que ellos tuvieron a la hora de transmitir los mensajes que interesaba propagar a las instituciones de poder, como era el cometido de los edictos y otros escritos similares, o bien cuando se quiso rechazar el comportamiento de autoridades políticas y eclesiásticas, criticar los excesos de los gobernantes o manifestar la disidencia respecto de algunos de los principios que sustentaron el sistema político, social y moral de la monarquía católica a uno y otro lado del Atlántico.

Más allá del analfabetismo de la época, la fijación de los textos en las paredes y el efecto añadido de la transmisión oral o las copias que solían hacerse de algunos, especialmente de los libelos y pasquines, aseguraban su amplia difusión, que estuvieran al alcance de todos, como oportunamente se consignaba en la parte final de los edictos.

Cuatro

En 1967, pese a suscribir personalmente las teorías de que la escritura es un sistema fundamentado en el lenguaje, Archibald Hill señaló muchos errores que iban surgiendo en la clasificación estándar. Incluso en sistemas alfabéticos como el inglés y el finés el enfoque sobre la representación del lenguaje es muy diferente. Por otra parte, rechazaba la opinión de los lingüistas de que los sistemas semasiográficos (los que dan cuenta de una lengua no hablada) jamás podían representar ideas que todavía no se hubiesen expresado con el habla, vislumbrando así una nueva tipología de la escritura que relacionara todos los sistemas entre sí. Yendo aún más allá, Albertine Gaur argumentó que la definición de escritura es en realidad un tema que se inscribe en el ámbito más vasto de la teoría de la información. Al respecto, escribió: “Cada sociedad guarda la información que es esencial para su supervivencia, la información que le permite funcionar con eficiencia. De hecho, no hay diferencia fundamental entre el alfabeto y las pinturas rupestres prehistóricas, los elementos para ayudar a la memoria (dispositivos mnemotécnicos), los registros amerindios llamados winter counts, los contadores, los nudos realizados con cuerdas y los sistemas pictográficos, silábicos o consonánticos. No hay inscripciones primitivas, no existen sistemas precursores de la escritura ni sistemas de transición (expresiones que utilizan con frecuencia los libros que hablan de la historia de la escritura); solo hay sociedades en un nivel determinado de desarrollo económico y social que emplean ciertas formas para almacenar la información. Si una forma determinada cumple su finalidad en lo que a una sociedad particular se refiere, entonces (para esa sociedad particular) es ‘escritura propiamente dicha’”.

Cinco

Durante milenios, la comunicación humana se vio muy afectada por los materiales que utilizaba. La marca y el objeto sobre el que se asienta están vinculados por un simple hecho físico: sin el objeto que constituye el soporte, no podríamos ver siquiera las marcas que trazamos. Afirmación verdadera para todas las marcas hechas con la finalidad de comunicarnos. Incluso las pantallas en las cuales leemos los textos codificados de la información digital son objetos materiales que ponen a nuestro alcance el producto final de un proceso de inscripción iniciado en los teclados. El concepto de “inscripción” allana el camino hacia concepciones más amplias del sistema y de la legibilidad que esa otra categoría, totalmente legítima pero más estrecha, de escritura glotográfica (la referida a una lengua hablada). No solo pone de manifiesto la necesidad de un análisis riguroso del proceso específicamente material que requieren las marcas comunicativas hechas sobre un objeto, sino que también evoca las circunstancias sociales y tecnológicas de hecho, las propias creencias cosmológicas, que nos permiten comunicar información. Más neutral y abarcador que el término “escritura”, el de “inscripción” remite al acto originario de grabar marcas sobre objetos que las conservan y las muestran. Esa mayor amplitud del concepto pone a disposición del análisis empírico la vastedad de datos que aportan todas las culturas que hacen uso de inscripciones, así como la información que proporcionan las diversas disciplinas que se dedican a estudiarlas.

Seis

“En el día de la fecha, en el pedestal de la estatua de la República situada frente al Instituto, se han descubierto las siguientes palabras, pintadas en color verde: ‘¡Viva el Rey!’. Las letras miden unos 10 cm de altura. Están ubicadas en la parte del pedestal que da sobre el Sena. Los transeúntes no prestan demasiada atención a esta inscripción”.

Este informe, fechado el 29 de diciembre de 1884, corresponde a uno de esos nuevos agentes del orden. Semejante precisión sobre un texto pintado sobre piedra parece trivial hoy en día, cuando la lucha contra los grafitis -categorizada como “vandalismo”- forma parte rutinaria de las tareas policiales. No ocurría lo mismo a finales del siglo XIX. Este registro de una inscripción ilícita es una actividad de poca importancia, pero significativa: se inscribe en un momento de redefinición de las funciones de la policía, inaugura una mirada y da comienzo a una práctica. El agente en cuestión no solo describe con precisión la ubicación de las palabras escritas, sino también el tamaño, el color, el soporte físico y la consistencia de la inscripción. Asimismo, consigna la perturbación que causa, eso que en nuestros días llamamos la “saliencia” de un texto.

¿Cómo se ha hecho posible semejante registro de lo que se escribe? ¿Qué interés podía tener un policía que hacía su ronda en anotar con tanta minucia algunas letras trazadas con pintura verde?

“Ayer a la noche a las 10 y media, los inspectores Dulac y Mignot de mi unidad arrestaron a un tal Duleux, Paul de diecinueve años, nacido en Bray-sur-Somme, hijo de Jules y de Louise Turquet, soltero, que se dijo empleado de comercio y declaró vivir en el número 24bis de la Rué de Charenton. Ese individuo estaba tomando notas en una libreta, en el cruce de la Rué de la Cité y el Quai du Marché Neuf. Después de interrogarlo sobre qué le parecía tan interesante para tomar notas al respecto y, en vista de sus confusas respuestas, fue trasladado al cuartel de policía”.

¿Por qué, de pronto, ese hombre que toma notas en un lugar público se vuelve sospechoso? Más importante todavía: ¿por qué el acto de escribir merece ser observado por los inspectores y descripto en un informe? Esa extraña práctica de la lectura, que hasta entonces no formaba parte de la tarea policial salvo en raras ocasiones, parece vinculada con el auge masivo de la cultura escrita. La mirada policial era, sobre todo, una prolongación de la mirada médica, y esa mirada instaló lo que hemos denominado un panóptico de segundo tipo (derivado del que imaginaron los hermanos Bentham a fines del siglo XVIII): el panóptico gráfico esbozado por Foucault en Vigilar y castigar. Es un nuevo dispositivo de control que descansa en los lectores en tanto policías de la escritura: policías que registran los escritos que encuentran, reúnen los textos que reciben los ciudadanos y vigilan el espacio público, buscan textos ilícitos, hacen batidas para hallar publicaciones clandestinas y luchan contra los textos anónimos.

Siete

Lo que más impresionó a los primeros observadores y usuarios de la máquina de escribir fue la velocidad mecánica. Precisamente esa rapidez fue lo que interesó a Mark Twain, quien compró su primera máquina por mera curiosidad en 1873 y se quedó perplejo cuando le dijeron que una mecanógrafa podía escribir con ella 57 palabras por minuto. A mano, nadie podía soñar con escribir mucho más de veinte palabras por minuto. A menudo se le adjudica a Twain el lugar de primer escritor que empleó una máquina de escribir porque él mismo proclamó: “Soy la primera persona del mundo que aplicó la máquina de escribir a la literatura”. Calculaba que la primera novela que escribió a máquina fue Las aventuras de Tom Sawyer (1876), pero la memoria le jugó una mala pasada: la primera fue Vida en el Misisipi (1883). La verdad es que Twain dictaba el texto a una taquígrafa y que nunca aprendió a escribir nada más que “el muchacho estaba sobre la cubierta en llamas”. Para Mark Twain, la máquina de escribir era una novedad costosa que él utilizaba para impresionar a quienes lo visitaban. No tardó mucho tiempo en hartarse y querer deshacerse de ella hasta que, al final, se la regaló a su cochero.

En la década del 20, Arthur Hoffman, jefe de redacción de la revista Adventure desde 1912 hasta 1927, entrevistó a muchos autores de narrativa y concluyó que solo la máquina de escribir les permitía llevar sus ideas al papel con la misma velocidad con que su imaginación las producía. Les preguntó cuál era el método que menos “interfería” con el proceso creador, en otras palabras, qué instrumento los demoraba o estorbaba más. De los 111 escritores que contestaron la pregunta, 43 respondieron que se les escapaban algunas ideas porque su método para registrarlas era más lento que su imaginación y que por ese motivo tomaban notas para evitar esa pérdida. Otros 55 dijeron que no tenían ese problema. Muchos de esos escritores de narrativa pulp declararon que la máquina de escribir era una herramienta muy valiosa. Max Bonter combinaba la máquina de escribir y la taquigrafía, y tecleaba aun más rápidamente de lo que pensaba, de modo que, según reconoció, el resultado era una “catarata de estupideces”.

Miguel Russo nació en Buenos Aires en 1956. Lector, escritor, periodista y crítico cultural en diversos medios nacionales y extranjeros, su último libro es Doce miradas para entender un país.


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Opinión | 24 de abril de 2019

Cómo cambia nuestro sentido del gusto a medida que envejecemos

La forma en la que percibimos los sabores comienza a cambiar en torno a los 60 años. A partir de entonces, la sensibilidad del sentido del olfato empieza a disminuir y es cuando cumplimos los 70 cuando el problema se agudiza. Una dieta saludable, un estilo de vida activo y un consumo moderado de los cincos sabores podría ayudar a retrasar los cambios en las papilas gustativas

El gusto es un fenómeno complejo. En lugar de experimentar la sensación que produce a través de un solo sentido (como hacemos con la vista, por ejemplo), funciona gracias al trabajo conjunto de los cinco sentidos, que nos permiten apreciar y disfrutar de la comida y la bebida.

En primera instancia, la inspección visual que realizamos nos indica si debemos considerar consumir un determinado alimento. Después, al comer, el aroma y el sabor se combinan para que, al paladear, podamos percibir los diferentes matices. A su vez, la mezcla de ingredientes, texturas y temperaturas pueden producir un impacto mayor en nuestra experiencia gustativa.

Este trabajo en equipo significa que si por desgracia una persona perdiera alguno de los sentidos (especialmente el olfato o el gusto) su capacidad para disfrutar de la comida se podría ver afectada. Piense en la última vez que tuvo un resfriado o la nariz congestionada. Es probable que la pérdida temporal del olfato cambiase la manera en que saboreó la comida, redujera su apetito e incluso le empujase a comer de más para saciarse y verse satisfecho.

Cuando nos hacemos mayores tiene lugar una circunstancia parecida. La manera en que percibimos los sabores comienza a cambiar en torno a los 60 años, cuando la sensibilidad del sentido del olfato empieza a disminuir hasta llegar a los 70, momento en que el problema se agudiza.

Sentidos colaborativos

Tal y como hemos mencionado anteriormente, cuando nuestro sentido del olfato pierde efectividad y no es capaz de detectar y discriminar diferentes olores, nuestra percepción gustativa se ve afectada. La degradación de la sensibilidad del olfato que acompaña a la edad se debe a varios motivos, entre los que se incluyen la reducción del número de receptores olfatorios (encargados de reconocer diferentes moléculas que presentan olores distintos) situados en la parte trasera de la cavidad nasal y la cada vez menor regeneración de las células receptoras.

Otra razón por la que el sentido del gusto se ve deteriorado con la edad reside en los cambios en la estructura de las papilas gustativas, unos elementos rugosos que contienen receptores del gusto en la boca, la lengua y el paladar.

Un tipo de papilas, la fungiforme (que alberga una elevada cifra de receptores gustativos), disminuye tanto en cantidad como en forma (se cierra) a medida que envejecemos. Cuanto más abierta sea la papila, los químicos presentes en los alimentos tendrán más facilidad para entrar en contacto con los receptores, lo que hace posible saborearlos. Por el contrario, las papilas cerradas reducen la superficie en la que los receptores y los ingredientes se pueden encontrar, lo que resulta en una percepción más pobre del gusto de la comida.

Los cambios en los sabores

Masticar mal es otros de los factores que contribuyen a la escasa apreciación de los sabores. Debido al envejecimiento o a la salud oral deficiente, algunas personas pierden sus dientes y muchas de ellas recurren a las dentaduras postizas. Sin embargo, estas pueden influir negativamente en la efectividad de la masticación y la descomposición de la comida, especialmente si no han sido ajustadas correctamente.

En consecuencia, esto puede dificultar la disolución de los ingredientes en la saliva y reducir el contacto de estos con los receptores sensoriales que se encuentran en las papilas gustativas.

Asimismo, la secreción de saliva puede disminuir como resultado del envejecimiento, lo que significa que la cantidad de fluido que transporta la comida a los receptores es menor y los ingredientes no se disuelven con la misma facilidad, por lo que el sabor no se percibe completamente.

La salud general también juega un papel importante en el funcionamiento de nuestro sentido del gusto a cualquier edad.

Otras causas y algunos remedios

Las lesiones en la cabeza, las infecciones respiratorias, el cáncer, la radiación, la ingesta de medicamentos y el contacto diario con elementos como el tabaco y las partículas dañinas pueden contribuir al desgaste del sentido del gusto, condición que se puede ver agravada con el tiempo, ya que según envejecemos aumenta nuestra exposición a estos factores.

No obstante, el gusto no disminuye para todos por igual. Las variaciones son diversas en función de las personas y del género, por lo que no todo el mundo muestra el mismo nivel de deterioro cuando alcanzan cierta edad.

Aunque llegar a algunas situaciones es inevitable, se pueden llevar a cabo acciones para, al menos, reducir la pérdida del gusto.

Los primeros pasos de nuestra investigación, por ejemplo, indican que mantener una dieta saludable, un estilo de vida activo y un consumo de bajo a moderado de los cincos sabores (dulce, ácido, salado, amargo y umami) podría ayudar a ralentizar los cambios en las papilas gustativas.

Anita Setar es académica de la Universidad Metropolitana de Cardiff y organiza cursos cortos para la industria y las escuelas para capacitar al personal y promover la ciencia de la alimentación.

© The Conversation. Republicado con permiso.

Vida Cotidiana | 24 de abril de 2019

Ilustración: Chi Birmingham / The New York Times

Consejos para correr mientras estás embarazada

Decidir seguir corriendo durante el embarazo o no es una decisión personal basada en su salud, cómo se encuentra el bebé y cómo se siente durante los nueve meses. Si corría antes del embarazo, puedes continuar corriendo como lo estabas haciendo, dice el Dr. Joel B. Heller del Centro Médico North Shore y coautor de “La Atleta Embarazada”. Aquí hay algunas cosas que debes considerar.

PRESTE ATENCIÓN AL DOLOR. A medida que progrese su embarazo, aumentará de peso, su centro de gravedad cambiará y sus tejidos conectivos se aflojarán. Así que correr se sentirá diferente durante el embarazo. ¿Lo principal a tener en cuenta? El dolor. A medida que sus ligamentos se estiran y se ablandan, pueden hacer que sus articulaciones, especialmente sus pies y tobillos, sean susceptibles a lesionarse, dice el Dr. Heller. Tampoco ayuda que corras con muchos más kilos en tu cuerpo. Sus pies también pueden aplanarse o hincharse, por lo que si sus zapatos comienzan a ponerse apretados o incómodos, pruebe un par de tamaño medio o grande. Si su espalda comienza a sentir la tensión de su cuerpo en crecimiento, una banda de soporte para el embarazo puede reducir la tensión en la espalda y la pelvis, dice el Dr. Heller.

SU CUERPO CAMBIARÁ. “Creo que es hora de que reconozcamos que tener un bebé va a cambiar la forma en que corres”, dice el Dr. Bryan Heiderscheit, profesor de ortopedia y rehabilitación en la Universidad de Wisconsin en Madison. En un pequeño estudio, el Dr. Heiderscheit descubrió que el paso de la mujer cambia a medida que avanza el embarazo. Para algunas mujeres en el estudio, sus pelvis comenzaron a inclinarse hacia adelante a medida que avanzaban sus embarazos, lo que alteró sus avances. También hubo más movimiento pélvico de lado a lado. Hasta un año después, estos cambios parecían permanecer. Es posible que desee centrarse en fortalecer los pequeños músculos en el abdomen que estabilizan la pelvis, dice el Dr. Heiderscheit. Trabaja en levantar conscientemente la barriga hacia arriba y en múltiples ocasiones también “imaginar que estás tratando de cortar el flujo de orina”, dice.

TOMARLO FÁCIL DESPUÉS DEL NACIMIENTO. Los ligamentos permanecen sueltos hasta seis semanas después del nacimiento, por lo que es posible que desee esperar ese tiempo para comenzar a correr nuevamente, dice el Dr. Heller. Cuando lo hagas, empieza lento. No evalúe su progreso después del parto en función de la rapidez con la que otros corredores regresan. Algunos profesionales pueden comenzar a correr casi inmediatamente después de dar a luz, pero son la excepción.

© 2019 The New York Times

Harvard Business Review | 23 de abril de 2019

Cómo decirle que no al trabajo irrelevante y a las fechas de entrega fantasiosas

La diferencia entre vivir una vida de productividad tranquila o una vida de resentimiento estresante pudiera estar en una simple habilidad: aprender a decir que no.

Decir que “no” puede ser difícil. Como experta en la administración del tiempo, frecuentemente ayudo a mis clientes a que aprendan a poner límites y rehusar pedidos cuando sea necesario. He aquí algunas estrategias para decir “no” en tres áreas fundamentales: compromisos de tiempo, tareas y encuadres de tiempo.

Compromisos de tiempo

Cuando alguien te pide que te comprometas de forma constante a algo, pregúntate, “¿Esta es la inversión correcta de mi tiempo?”

Digamos que te piden ser voluntario en un comité. Es una buena iniciativa, pero no está alineada con tus pasiones o metas de desarrollo. Podría implicar de tres a cinco horas de tu tiempo laboral cada mes. Para declinar en forma educada, decí: muchas gracias por pedirme ser parte de este comité, me siento realmente honrado, pero tengo que declinar, porque estoy a mi máxima capacidad en este momento. Gracias por tu comprensión.”

Tareas

Cuando alguien te pide hacer algo que no es tu trabajo, tenés todo el derecho de decir que no. Probá decir: “esa no es mi área de especialidad. Te daré la información de contacto de Cheryl, y estoy seguro de que ella estará encantada de ayudarte con ese tema.”

Cuando te piden asumir un proyecto opcional y vos ya tenés demasiado por hacer, también es decir que “no” de manera educada. Podrías decir: “suena como una iniciativa muy interesante, pero desafortunadamente, ya estoy al máximo actualmente. Probablemente sea mejor dársela a alguien que pueda dedicarle más tiempo y atención.”


Si estás en una reunión donde los colegas discuten tareas que necesitan completarse, y no tenés tiempo de tomar más responsabilidades, no digas nada. El no ofrecerse a ayudar es una de las mejores formas de decir que no.

Encuadres de tiempo

Algunas veces hay tareas necesarias, que caen dentro de tus responsabilidades, pero el momento en que te piden tu ayuda genera dificultades. Si recibes un gran proyecto y la fecha de entrega no es alcanzable, puedes negociar. Si la situación involucra a tu jefe, podés explicarle los compromisos que ya tenés y pedir indicaciones respecto a en qué poner el foco primero. Si es alguien distinto a tu jefe, y tenés la habilidad de poner límites, podés plantear una contrapropuesta.

Si es alguien diferente a tu jefe y vos no tenés la autoridad para discutir respecto a las fechas de entrega, quizá necesites involucrar a tu jefe en esa conversación. Pruebe algo como: “entiendo que te gustaría que esto esté listo a finales de mes, pero con los otros proyectos que tenemos en marcha no será posible cumplir esa meta. Me gustaría proponer una fecha de entrega para mediados del próximo mes. ¿Suena razonable?”

Decir “no” no es fácil, pero vale la pena. Comunícate rápidamente ya que las personas típicamente aceptan el no con más facilidad cuando vos no lo aplazas. Además, comunícate con confianza. No necesitás disculparte en exceso. Recuerda, al decir que no, le estás diciendo sí a lo que más importa: tu tiempo.

Elizabeth Grace Saunders es instructora de administración del tiempo y fundadora de Real Life E Time Coaching and Speaking.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Sie7e Párrafos | 23 de abril de 2019

Diarios de Bicicleta, comentado por Gustavo Noriega

Diarios de bicicleta
David Byrne
Reservoir

Uno (mi comentario)

El escocés David Byrne cobró fama y reconocimiento eterno como líder de la banda postpunk, avant garde y pop Talking Heads, con la cual grabó hasta 1991. Luego siguió una carrera prolífica como solista. Además, Byrne es una persona inteligente, curiosa, atenta e interesada por todo. Uno de sus intereses es el urbanismo, al que ejercita mientras recorre en bicicleta las distintas ciudades del mundo que visita como estrella del rock. El andar en dos ruedas por ciudades desconocidas, mecanizando movimientos y abriendo los sentidos, le permite poner la mente en un modo en el cual las reflexiones fluyen espontáneas.

Diarios de bicicletas las pone por escrito, agrupadas por ciudad, permitiéndonos recorrer el mundo pensando problemas contemporáneos de una manera libre y desenfadada. Se suceden ciudades (Berlín, Estambul, Buenos Aires, Manila, Sidney, Londres, San Francisco y Nueva York), pensamientos, anécdotas y experiencias vitales. Atención al capítulo sobre Buenos Aires, escrito a comienzos de la década del 90, cuando vino a presentar Rei Momo. Allí habla con familiaridad y conocimiento de la escena musical local, mencionando a La Portuaria, Juana Molina, Los Auténticos Decadentes y otras bandas: es fácil suponer que si es tan preciso en este tema, donde lo podemos encontrar fácilmente en falta, también lo será en ciudades menos conocidas por nosotros. Un detalle notable:  en nuestra capital queda desolado por la falta de ciclistas y nos diagnostica una inhabilidad congénita para salirnos del auto. ¡Qué vuelva ahora a defender las bicisendas!

Dos (la selección)

Desde principios de los años ochenta, he usado la bicicleta como principal medio de transporte en Nueva York. Primero lo hice a modo de prueba, y me sentí cómodo incluso en una ciudad como esta. Me dio una sensación de energía y libertad. Tenía una vieja bicicleta de tres marchas, una reliquia de mi infancia en las afueras de Baltimore, y para la ciudad de Nueva York no necesitas mucho más. En aquellos tiempos, mi vida estaba más o menos restringida al centro de Manhattan -el East Village y el SoHo- y enseguida me di cuenta de que la bicicleta era una forma fácil de hacer recados durante el día o de trasladarme de manera eficiente a clubes, galerías de arte o locales nocturnos, sin tener que buscar un taxi o la parada de metro más cercana. Ya sé que uno no piensa normalmente en que salir de copas y montar en bicicleta sea algo compatible, pero hay muchas cosas que ver y oír en Nueva York, y descubrí que corretear de un sitio a otro en bicicleta era sorprendentemente rápido y eficaz. Así que me quedé con la bicicleta, a pesar de su aura demodé y del peligro que entrañaba, ya que por entonces muy poca gente circulaba en bici por la ciudad. Los conductores de aquellos tiempos no estaban acostumbrados a compartir la vía con los ciclistas, y te cortaban el paso o te lanzaban contra los coches aparcados, incluso más que ahora. Al hacerme un poco mayor quizá consideré también que pedalear era una buena forma de hacer un poco de ejercicio, pero al principio no pensaba en eso. Simplemente, me sentía bien deambulando por aquellas sucias calles llenas de baches. Era muy estimulante.

Tres

Leo en el periódico inglés The Guardian que, en 2004, el Pentágono envió a la administración Bush un informe en el que afirmaba que el cambio climático es una realidad, que es una amenaza mayor que el terrorismo, y que tendrá -no <<podría tener>>- enormes repercusiones políticas a escala global. Predecía una convulsa situación a nivel mundial, una lucha por la supervivencia y los recursos que desembocará inevitablemente en un estado de guerra casi permanente en todo el globo. Qué perspectiva tan halagüeña… ¡Y el informe procedía del Pentágono, no de la Agencia de Protección Medioambiental!

Cuatro

El uso de la bicicleta no hará que esta o cualquiera de las muchas predicciones catastrofistas se cumplan durante el tiempo que nos queda de vida, pero quizá las ciudades que afronten ahora las realidades del clima, la energía y el transporte tengan más posibilidades de sobrevivir, incluso de prosperar, aunque la idea de prosperar parece casi morbosa, dado el gran número de ciudades insostenibles que inevitablemente agonizarán por las sequías, las inundaciones, el desempleo y el vacío de poder. Puede que algunas de las ciudades por las que he padaleado desaparezcan antes que yo, ya que están agotando sus recursos de una manera que el resto del continente y del planeta no podrá soportar mucho tiempo más. No voy en bicicleta a todos lados porque sea ecológico o digno de elogio. Lo hago básicamente por el sentido de libertad y por el placer que me da. Y me doy cuenta de que, en este sentido, pronto tendré mucha más compañía de la que he tenido en el pasado, y que muchas ciudades se están preparando para estos inevitables cambios que nos beneficiarán.

Cinco

La ciudad, situada en el terreno aluvial del río de la Plata, es bastante llana, lo cual, sumado a su clima templado y sus calles más o menos ordenadas en cuadrícula, la hacen perfecta para moverse en bicicleta. Aun así, podría contar con los dedos de una mano el número de gente del lugar que vi circulando en bicicleta. ¿Por qué? ¿Llegaré a descubrir por qué nadie se mueve en bici por esta ciudad? ¿Hay alguna explicación oculta y secreta a punto de revelarse ante mí? ¿O soy un estúpido ingenuo? ¿Es por lo temerario del tráfico, por el elevado número de robos, por lo barato de la gasolina y porque el coche es un símbolo imprescindible de estatus? ¿Tan menospreciada está la bicicleta que incluso los mensajeros usan otros medios para desplazarse?

Seis

No creo que se deba a ninguna de estas razones. Creo que simplemente nadie ha considerado en serio la idea de moverse en bicicleta. El meme ciclista no se ha implantado o nunca arraigó. Me inclino a darle la razón a Jared Diamond, quien, en su libro Colapso, afirma que la gente desarrolla afinidades culturales con cierto tipo de alimentos, maneras de desplazarse, tipos de ropa y costumbres tan arraigadas que, según explica el autor, persistirán en sus hábitos hasta llevarla, a veces arrastrando a toda su civilización, a la extinción. Diamond aporta numerosos precedentes históricos: por ejemplo, en el siglo xix, una colonia escandinava en Groenlandia cuyos miembros persistieron en dedicarse a la ganadería, una actividad a todas luces poco práctica. Nunca adoptaron ni adaptaron -porque era culturalmente inaceptable- la dieta o los hábitos de los esquimales locales, con lo que acabaron muriendo cuatrocientos años, tiempo más que suficiente para convencerse de cuál era el mejor camino. Por supuesto, en esta era de total dependencia de los combustibles fósiles y de cambio climático, las lecciones de historia de Diamond tienen una resonancia amenazadora. Así pues, aunque nos guste pensar que la gente no puede ser tan estúpida como para encaminarse directamente hacia la autodestrucción -con todos los medios para la supervivencia justo delante de sus narices-, puede hacerlo, y de hecho lo hace.

Siete

No digo que ir en bicicleta sea una cuestión de supervivencia -aunque puede ser una parte importante de cómo podamos sobrevivir en el futuro-, pero aquí en Buenos Aires parece una forma tan sensata de desplazarse que la única explicación que se me ocurre de que nadie pedalee por las calles es cierta aversión cultural. El hecho de que yo me mueva en bicicleta se considera aquí tan insólito que ha atraído el interés de la prensa y ha sido comentado por los periódicos locales.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

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Actualidad | 23 de abril de 2019

El capitalismo de las apps y la irrupción del precariado

En el tercer trimestre de 2018, sólo el 44 % de la población económica activa mayor de 18 años tenía un empleo pleno de derechos en la Argentina, uno de cada cuatro contaba con un trabajo regular pero precario (con niveles de ingresos superiores a los de subsistencia, pero sin afiliación alguna al Sistema de Seguridad Social), y el 18,6% estaba en una situación de subempleo inestable (realizando changas, trabajos temporarios o no remunerados, o siendo beneficiarios de programas de empleo con contraprestación). El 9,9% estaba desempleado.

Las cifras provienen de un informe que publicó esta semana el Observatorio Social de la UCA y que revela que entre 2010 y 2018 los empleos precarios e inestables casi duplicaron su peso en el mercado laboral y son la principal razón de que el desempleo no se haya disparado.

Los economistas y expertos laborales explican que en parte esto se debe a la decadencia sistemática y estructural de la economía argentina, pero advierten que un factor no menor es el gran avance tecnológico y las nuevas relaciones de trabajo generadas por la revolución digital que ha hecho posible la irrupción de empresas como Uber, Rappi y Glovo. La tecnología ha cambiado el modelo de relación laboral tradicional, estable y que venía acompañada de todos los derechos sociales.

Mi colega, Lucía Wei He, publicó un reportaje el año pasado en el que hizo hincapié en que el crecimiento exponencial de estas empresas en los últimos años ha hecho surgir una problemática común para este tipo de apps alrededor del mundo: ¿cuál es la verdadera relación laboral con sus trabajadores? ¿Son cuentapropistas? ¿Empleados?

Uber, Rappi o Glovo afirman que los repartidores no son empleados sino trabajadores independientes o “microempresarios” que trabajan sin jefe ni horario fijo. Al ser considerados trabajadores independientes, la empresa no se responsabiliza en el caso de accidentes o robos.

El año pasado Uber generó ingresos por más de 11 mil millones de dólares, empleó a más de 16 mil trabajadores alrededor del mundo y atrajo a 75 millones de usuarios regulares que fueron transportados por 3,9 millones de “socios conductores”. Pero a esos millones de choferes Uber no les tuvo que pagar seguros, aportes jubilatorios ni obra social.

Estos jornaleros digitales son el corazón del precariado y, aunque en muchos casos generan ingresos por encima del nivel de pobreza o suficiente para contribuir a la economía familiar o financiar una vida de estudiante, no tienen prácticamente ningún derecho laboral. En Argentina, en su gran mayoría carecen de cualquier cobertura médica y no realizan ningún aporte para su jubilación, lo cual profundiza aún más el déficit en los sistemas previsionales nacional y de las provincias. Tampoco la seguridad social percibe dinero alguno de los empleadores.

La CGT lo tienen claro. En varios informes que ha hecho circular, advierte que el futuro del trabajo “traerá aparejado la destrucción y creación de empleos, el surgimiento de nuevos sectores, cambios en nivel y tipo de cualificaciones requeridos, y la concentración de la riqueza y las desigualdades”. Y critica que en los debates sobre esta temática, “poco se ha dicho acerca de si este mundo que se nos presenta como de productividad digital, tecnología y robótica nos permitirá construir una sociedad más justa para el presente y para el futuro”.

Maximiliano Arranz, Secretario Adjunto la Asociación Sindical de Motociclistas y Mensajeros (ASiMM), dice que “el futuro del trabajo lo tenemos bastante estudiado desde 2016. Y nuestra postura es que la tecnología tiene que estar al servicio del trabajo, al servicio de la gente, y no viceversa. No estamos para negociar nuestros derechos. Estamos para defenderlos”, dice .

Para Arranza la llamada economía colaborativa es un eufemismo para no llamarla “economía de la miseria”. Sobre empresas como Rappi o Uber, advierte que “en la Argentina no se le va hacer fácil. Sin la ola migratoria este tipo de empresas no existen”. Arranza insiste en que el Gobierno tiene que asegurar que respeten la legislación laboral argentina.

ASiMM cuenta con más de 4.500 afiliados en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, de los cuales dos mil ciento cincuenta pertenecen a empresas tecnológicas (app/plataformas).

Uber admite que la recesión en Argentina ha sido un factor favorable para su desarrollo local, ya que el aumento del desempleo ha generado una mayor oferta de conductores. Y da como ejemplo que el 20% de sus conductores en Buenos Aires estaban desempleados inmediatamente antes de unirse a Uber.

Enrique Stile, abogado del estudio Marval, O’Farrell & Mairal, dice que el aspecto laboral en estas plataformas digitales es un problema en todo el mundo. Y explica que “la economía colaborativa está directamente atada con la evolución tecnológica y con la demanda de la gente, es algo que no se puede evitar. Pero es necesaria su reglamentación (…) y el problema es que la ley siempre está un paso atrás de los avances tecnológicos”.

Un estudio del Centro de Estudios Laborales y Sociales sobre la tecnología y el trabajo dice que en las últimas décadas se ha producido un proceso de polarización de las ocupaciones en Argentina. El empleo ha crecido en las áreas más cualificadas (los técnicos y profesionales) y ha aumentado la demanda por el personal de los servicios. Pero se ha producido una disminución clara del empleo en “las ocupaciones de cualificación intermedia, en particular, los oficinistas, los artesanos y trabajadores cualificados de las manufacturas y los operadores de maquinarias”.

Una problemática mundial

La emergencia del trabajador precario fue uno de los temas que dominó la agenda de la reunión del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) este año en Davos, Suiza. Se estima que, de aquí a 2022, desaparecerán 75 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, aunque se crearán 133 millones, lo que obliga a los trabajadores a reinventarse.

Una de las conclusiones de Davos fue que hay que lograr que la globalización funcione para todos, no solo para unos pocos. Los votantes están cada vez menos dispuestos a aceptar los excesos y en juego está la gobernabilidad.

“La creciente brecha entre quienes forman parte del precariado y los privilegiados se está reforzando con los modelos de negocios de la Cuarta Revolución Industrial, que a menudo hacen que las ganancias sean para quienes son dueños del capital o de la propiedad intelectual. Cerrar esa brecha requiere que reconozcamos que estamos viviendo en un nuevo tipo de economía impulsada por la innovación, y que se necesitan nuevas normas, estándares, políticas y convenios globales para salvaguardar la confianza del público. La nueva economía ya ha perturbado y recombinado innumerables industrias, y ha desplazado a millones de trabajadores”, dijo Klaus Schwab, el inventor de foro de Davos.

Hace unos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organizó un evento en Buenos Aires como parte de la celebración del centenario de su creación, en la que se discutió el futuro del trabajo. Un informe que publicó en febrero advirtió que “los gobiernos deben estar alertas ante los cambios, porque los riesgos que en muchos casos conllevan (como una ampliación de la brecha entre ricos y pobres) pueden –y deben– ser atajados con políticas adecuadas”.

Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo y representante del Gobierno en la OIT, en ese mismo encuentro señaló que la economía argentina no ha podido generar procesos de inversión sostenibles para que haya empleos de calidad”. Y apuntó también a los sindicatos: “a veces no terminan de entender la naturaleza de los cambios y entonces son, de alguna manera, partícipes de las deformaciones del mercado laboral”.

Opinión | 23 de abril de 2019

¿Quién debería decidir cómo deciden los algoritmos?

Al contrario de las historias de ciencia ficción en las que las máquinas se vuelven conscientes y se hacen cargo, las aplicaciones de inteligencia artificial solo harán lo que los humanos les dicen que hagan. Por lo tanto, es de interés para todos considerar cómo las tecnologías como los autos que conducen por sí mismos manejarán dilemas éticos de vida o muerte en el mundo real.

En los últimos años, el estudio “Máquina moral” del MIT ha relevado las preferencias públicas respecto de cómo deberían comportarse las aplicaciones de inteligencia artificial en diferentes entornos. Una conclusión a partir de los datos es que cuando un vehículo autónomo (VA) se topa con un escenario de vida o muerte, la manera en que uno piense que debería responder depende en gran medida del lugar de dónde uno proviene y lo que sabe sobre los peatones o los pasajeros involucrados.

Por ejemplo, en una versión VA del clásico “dilema del tranvía”, algunos podrían preferir que el coche atropellase a un asesino convicto y no que lastimase a otros, o que atropellara a un ciudadano mayor antes que a un niño. Sin embargo, otros podrían decir que el VA simplemente debería tirar los dados para evitar una discriminación impulsada por los datos.

Por lo general, estas disyuntivas están reservadas para los tribunales o para las investigaciones policiales después del hecho. Pero en el caso de los VA, las decisiones se tomarán en cuestión de milisegundos, y esto no alcanza para llegar a una decisión informada. Lo que importa no es lo que sabemos nosotros, sino lo que sabe el coche. La pregunta, entonces, es qué información deberían tener los VA sobre la gente que los rodea. ¿Y se debería permitir que las empresas ofrecieran sistemas éticos diferentes en busca de una ventaja competitiva?

Consideremos el siguiente escenario: un coche de China tiene estándares de fabricación diferentes a los de un coche de Estados Unidos, pero es transportado a Estados Unidos y usado allí. Este coche hecho por chinos y un coche fabricado en Estados Unidos van camino a una colisión inevitable. Si el conductor del coche chino tiene preferencias éticas diferentes que el conductor del coche estadounidense, ¿qué sistema debería prevalecer?

Más allá de las diferencias culturales en las preferencias éticas, también debemos considerar las diferencias en las regulaciones de datos en los diversos países. Un coche fabricado por chinos, por ejemplo, podría tener acceso a datos de condición social, lo que le permite a su algoritmo de toma de decisiones incorporar información adicional con la que no cuentan los fabricantes de autos norteamericanos. Datos más ricos podrían conducir a mejores decisiones y más consistentes, ¿pero esa ventaja debería permitir que un sistema se imponga a otro?

Claramente, antes de que los vehículos autónomos copen las rutas en masa, tendremos que establecer dónde recae la responsabilidad por la toma de decisiones algorítmica, ya sea en las autoridades municipales, los gobiernos nacionales o las instituciones multilaterales. Es más, necesitaremos nuevos marcos para gobernar esta intersección de los negocios y el estado. Lo que está en juego no es sólo lo que los VA hagan en escenarios extremos, sino cómo las empresas van a interactuar con diferentes culturas en el desarrollo e implementación de algoritmos de toma de decisiones.

Es fácil imaginar que todos los fabricantes de VA no harán más que publicitar sistemas éticos que premien la vida del conductor por sobre las otras cosas, o que permitan al usuario modificar sus propios marcos éticos. Para impedir esta “tragedia de los comunes”, tendrán que existir marcos para establecer comunicación y coordinar decisiones entre los VA. Pero al desarrollar este tipo de sistemas en los diferentes contextos culturales, los responsables de las políticas y los empresarios se enfrentarán a nociones culturales muy diferentes respecto de la soberanía, la privacidad y la autonomía individual.

Esto plantea desafíos adicionales, porque los sistemas de IA no toleran la ambigüedad. Diseñar una aplicación de IA desde cero exige una especificidad profunda; para bien o para mal, estos sistemas sólo hacen lo que uno les dice que hagan. Eso significa que las empresas, los gobiernos y otros proveedores tendrán que hacer elecciones explícitas cuando codifican los protocolos de respuesta para diferentes situaciones.

Sin embargo, antes de que eso suceda, los responsables de las políticas tendrán que establecer el alcance de la responsabilidad algorítmica, para determinar qué decisiones, si las hay, deberían quedar en manos de las empresas o los individuos. Las que caigan dentro de la esfera del estado tendrán que ser debatidas. Y dado que estas cuestiones éticas y morales no tienen respuestas fáciles, es poco probable que surja un consenso. A no ser que haya una resolución definitiva, necesitaremos crear sistemas que por lo menos faciliten la comunicación entre los VA y arbitren disputas algorítmicas e incidentes automovilísticos.

Dada la necesidad de especificidad al diseñar los algoritmos de toma de decisiones, es razonable que se necesite un organismo internacional para fijar los estándares de acuerdo con qué dilemas morales y éticos se resuelvan. Los VA, después de todo, son apenas una aplicación de la toma de decisiones algorítmica. De cara al futuro, los estándares de responsabilidad algorítmica tendrán que ser gestionados en muchos dominios.

En definitiva, la primera pregunta que debemos decidir es si las empresas tienen derecho o no a diseñar marcos éticos alternativos para la toma de decisiones algorítmica. Podríamos decir que no.

En una era de IA, algunos componentes de las cadenas de valor globales terminarán siendo automatizados como algo natural, momento en el cual ya no serán considerados zonas en las que las empresas busquen una ventaja competitiva. El proceso para determinar y juzgar una responsabilidad algorítmica debería ser una de esas áreas. De una u otra manera, se tomarán decisiones. Es mejor que esto suceda de manera uniforme, y del modo más democrático posible.

Mark Esposito es profesor de Negocios y Economía en la Universidad de Harvard, Terence Tse es cofundador de Nexus FrontierTech, Joshua Entsminger es miembro de la Ecole des Ponts Center for Policy and Competitiveness y Aurélie Jean es científica informática y colaboradora externa del Ministerio de Educación de Francia.

© Project Syndicate 1995–2019.

Harvard Business Review | 23 de abril de 2019

La psicología detrás del comportamiento poco ético

En una cálida tarde después de una reunión de estrategia fuera de la oficina, un equipo de ejecutivos llega a un conocido restaurante local. El CEO no está contento con la mesa y pide que los cambien. Un joven mozo rápidamente encuentra al gerente, quien les explica que no hay otras mesas disponibles.

El grupo trata de cambiar de tema, pero nuevamente es interrumpido por el CEO. “¿Soy el único al que le incomoda la vista? ¿Están haciendo obras hoy?” exige saber. El mesero intenta una explicación. “Nos estás a la altura” replica el CEO. Después de que el mozo se aleja, alguien hace un chiste sobre la inteligencia del hombre. Esto parece agradarle al CEO, que responde con su propia ocurrencia despectiva. El grupo se ríe.

Si usted estuviera presente en esa comida, ¿le diría al CEO que no aprueba su lenguaje y comportamiento? ¿Trataría usted de poner un mejor ejemplo, o se quedaría en silencio?

Esta escena encapsula tres dinámicas psicológicas que llevan a cruzar líneas éticas, las mismas dinámicas que entran en juego cuando se cruzan líneas mucho mayores en la arena corporativa. 

¿Cómo saber cuando usted, o su equipo, están en camino a una falla ética? He aquí consejos para identificar y combatir cada dinámica:

  • Omnipotencia: Cuando alguien se siente tan merecedor que considera que las reglas del comportamiento decente no le aplican a él. Una forma de evaluar si ha alcanzado un “pico de omnipotencia” es si sus decisiones solo reciben aplausos, deferencia o silencio. El contrapeso psicológico a la omnipotencia es asumir sus defectos. Especialmente si está en una posición de liderazgo, asuma que tiene debilidades y piense regularmente sobre ellas. Cultive un grupo de pares que le digan la verdad incluso cuando esta sea desagradable.
  • Adormecimiento cultural: Cuando gradualmente comienza a aceptar y encarnar normas desviadas. Psicológicamente, usted está haciendo un intercambio entre adaptarse a la cultura y mantenerse sincero con lo que valora. Comience a buscar señales de captura moral: breves momentos en los que no se reconoce. Pregúntese si se sentiría cómodo diciéndole lo que está pasando a un periodista o a un juez. También puede ser útil obtener una perspectiva externa. Recurra a un amigo o familiar que pueda detectar cambios que usted no perciba en sí mismo.
  • Negligencia justificada: Cuando comienza a racionalizar acciones y se dice a usted y a otros, “esta es una situación excepcional.” Combátala obligándose a sí mismo y a sus colegas a actuar correctamente, recompensando el comportamiento ético y definiendo sus límites. Esto podría ser tan simple como hacer una lista de cosas que no hará por ganancia o placer, leyéndola con regularidad y mostrándosela ocasionalmente a su equipo como recordatorio.

Incluso aunque la mayoría de las empresas tienen algunos contrapesos culturales, los líderes también deben ser conscientes de las condiciones psicológicas que empujan a las personas — incluyendo ellos mismos — a cruzar líneas éticas. Entre más preparado esté para manejarlas, será más probable que mantenga intacta su integridad.

Merete Wedell-Wedellsborg es una consejera ejecutiva.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 23 de abril de 2019

Ilustración: Tyler Varsell / The New York Times

Una cosa que podés hacer para luchar contra el cambio climático

David Reay, un científico del clima de la Universidad de Edimburgo en Escocia, es un experto en la gestión del carbono. También le gusta el pan recién hecho. Entonces, cuando su máquina de pan se rompió, inmediatamente fue online para buscar una nueva. Encontró que una máquina similar costaría el equivalente a unos $80 dólares. También aprendió que podría reemplazar la parte rota por aproximadamente $8.

Con la ayuda de un video que mostraba cómo cambiar la parte rota, el trabajo tomó solo unos 15 minutos. “Fue realmente satisfactorio”, dijo, y agregó que las reparaciones de bajo costo también ayudan al clima. “Se evita la huella de carbono de comprar un nuevo reemplazo”.

El Dr. Reay, quien ha escrito extensamente sobre cómo conducir una vida sostenible, dijo que, con el aumento de las compras en línea y el envío más rápido, se ha vuelto extremadamente fácil para las personas reemplazar, en lugar de arreglar, las cosas que se rompen.

“Es tan tentador”, dijo, al señalar un informe de ENDS Europe, un servicio de noticias ambientales, que encontró que la tasa de reemplazo de los grandes electrodomésticos en Alemania casi se duplicó entre 2004 y 2013. El Dr. Reay dijo que la gente en general “ni siquiera piensa en las consecuencias” de tirar aparatos que se pueden reparar.

Otro informe, de la consultora Deloitte en 2016, reveló que las emisiones del sector de equipos eléctricos y electrónicos de Europa “podrían dividirse en dos si se hicieran esfuerzos mínimos” para aumentar la reutilización. Eso equivaldría a decenas de millones de toneladas menos de emisiones de gases de efecto invernadero por año.

El Dr. Reay dijo que la caída sería aún mayor si se incluyeran otros productos, como la ropa. “La industria de la moda tiene un impacto ambiental significativo”, dijo, “y tiende a ser bastante desechable”.

El Dr. Reay encontró su video instructivo en YouTube. Otro recurso de reparación en línea es IFixit, que ofrece guías prácticas y reparaciones de foros de discusión. En Europa, las “fiestas” y los “cafés” de reparaciones también están empezando a surgir.

También hay un movimiento para apoyar las leyes de “derecho a reparar” que requerirían que las compañías hagan que sus productos sean más fáciles de arreglar. Casi dos docenas de estados en Estados Unidos están considerando tal legislación.

“Es una situación win-win”, dijo el Dr. Reay. “Usted ahorra dinero y realmente reduce el impacto ambiental”.

© 2019 The New York Times

Salud | 22 de abril de 2019

Foto: Cris Bouroncle / AFP | Ilustración: Pablo Domrose

Tiene cura y tratamiento gratuito, pero crecen los contagios y ya hay más de 11 mil enfermos de tuberculosis

A pesar de los tratamientos que permiten su cura y de que la terapia es gratuita, la Argentina no sólo no logra erradicar la tuberculosis sino que registró un leve aumento en la cantidad de casos. ¿Los motivos? El número de contagios crece cuando aumenta la pobreza, los enfermos no siempre completan los seis meses de régimen que demanda su cura y muchos profesionales no notifican los casos. En el país, la tuberculosis (TBC) es un problema sanitario importante que afecta sobre todo a la población vulnerable, joven y activa. En 2017 se notificaron 11.659 casos y 706 muertes.

¿Qué es la tuberculosis? Es una enfermedad causada por una bacteria, Mycobacterium tuberculosis, que casi siempre afecta a los pulmones.

Es curable y prevenible, sin embargo la tasa de enfermos cada 100 mil habitantes aumentó un 2,6% entre 2015 y 2017.

¿Cuál es el alcance e impacto de la enfermedad en el país?

  • Hay 11.659 personas con tuberculosis, según el último dato oficial, de 2017. El Gran Buenos Aires, Salta y Jujuy son las jurisdicciones con mayor tasa de enfermos.
  • En 2017 murieron 706 personas como consecuencia de la enfermedad.
  • Mata especialmente a personas jóvenes, económicamente activas o que lo serán en pocos años.
  • Según el Boletín de Tuberculosis publicado a fines de marzo de 2019 por la Dirección de Sida, ETS, Hepatitis, TBC y Lepra de la Secretaría de Salud de Nación, los menores de 20 años representaron el 17,9% (2.083) del total de los casos registrados en 2017.
  • Mientras están enfermos, los jóvenes no pueden trabajar y tampoco conseguir trabajo mientras dura el tratamiento.

¿Por qué podría erradicarse?

  • La enfermedad no debería tener impacto porque “los tratamientos efectivos y curativos son gratuitos”, subraya Claudia Rodríguez, a cargo de la Dirección que realizó el Boletín.
  • Por eso “es responsabilidad del Estado estar alerta para buscar y detectar a los enfermos y a quienes tienen latente la enfermedad para ofrecerles el tratamiento efectivo para su erradicación”.

Podés informarte por teléfono sobre la enfermedad y su tratamiento:

LLAMÁ ACÁ

¿Por qué hay años con “picos” epidemiológicos?

Claudia Rodríguez listó elementos que debemos tener en cuenta para responder esta pregunta:

  • En los períodos de crisis socio económicas, el aumento de la pobreza, el hacinamiento y la falta de controles de salud favorecen la aparición de más casos de tuberculosis porque generan ambientes más propensos a la transmisión.
  • El grupo más vulnerable es el más pobre y con menos acceso al sistema de salud.
  • Muchos profesionales no toman conciencia de la importancia que tiene notificar los casos de tuberculosis y entonces no lo hacen. De hecho, la Dirección de Epidemiología trabaja en sensibilizarlos para que lo notifiquen.
  • Otro aspecto importante es que los equipos de salud sepan detectar posibles enfermos e infectados. Hay deficiencia en eso también, por eso desde la Secretaría están capacitando en ese sentido.

Los dos primeros aspectos marcados por Rodríguez se vuelven más que relevantes cuando observamos que según el último informe del INDEC, de fines de marzo pasado, la crisis económica sumió al 32% de los argentinos en la pobreza. Es decir, a 12.950.000 personas. La suba de más de 6 puntos porcentuales respecto a un año atrás, es la más alta desde la crisis de 2001 y significa casi 2,7 millones de nuevos pobres.

Este gráfico permite ver cómo aumentan los casos durante los años de crisis, como por ejemplo los posteriores a la crisis del 2001:

¿Quiénes son los que más riesgo de contagio tienen? Los familiares, los amigos con los que estudia o los compañeros de trabajo de una persona tuberculosa. De hecho, cada vez que se diagnostica un caso, se estudia a la familia y a las personas con las que pasa largos períodos.

Las personas infectadas con el bacilo tienen un 10% de posibilidades de enfermar de tuberculosis. Sin embargo, este riesgo es mucho mayor para las personas cuyo sistema inmunitario está dañado, como ocurre en casos de infección por el VIH, malnutrición o diabetes, o en quienes consumen tabaco.

¿Cómo se transmite y cuáles son los síntomas?

¿Cómo se trata? Con medicación antituberculosa. El tratamiento es gratuito y está disponible en todos los hospitales y centros de salud. Solamente requiere que se tomen los medicamentos en tiempo y forma durante seis meses.

Los dos primeros meses el enfermo toma 4 drogas diferentes con el objetivo de disminuir la cantidad de bacilos y así prevenir la transmisión, la severidad de la enfermedad y la muerte.

En los cuatro meses siguientes, ingiere dos drogas durante cuatro meses para erradicar el bacilo del organismo y así evitar la recaída de la enfermedad.

Durante el tratamiento las personas pueden padecer dolores y hasta dificultades para caminar. De allí que debe ingerir también un complemento vitamínico B.

Ahora, si la persona está infectada pero no enferma, sólo necesita un tratamiento simple de una pastilla durante seis meses, que no tiene efectos secundarios importantes.

¿Por qué los enfermos no completan los tratamientos? Para que el tratamiento sea efectivo debe hacerse en tiempo y forma, exige que se respeten horarios, dosis, ingestas de comida y visitas a los profesionales que hacen el seguimiento. Esto hace que para muchas personas que no tienen garantizadas las comidas del día, estos requerimientos sean difíciles de cumplir.

Abandonar el tratamiento o no empezarlo puede ser letal. Si no reciben el tratamiento adecuado, hasta dos terceras partes de los enfermos tuberculosos mueren.

¿Qué se les sugiere hacer a los profesionales antes esta situación? “Lo que ha demostrado ser más efectivo es el tratamiento que se realice cerca de la casa del enfermo, que le permite ser observado por una persona de una sala o centro de salud cercano, concurriendo cada 15 días”, detalla Rodríguez.

También desde la Dirección les recomiendan a los profesionales que den la medicación fragmentada para que el enfermo vuelva y lo puedan controlar. Y si no vuelve, puedan visitarlo o llamarlo y verificar qué pasó: si se mudó, tomó mal el medicamento, si lo interrumpió o no tiene medicación suficiente, entre otras cosas.

El trabajo de los profesionales también es importante en la prevención, en saber cómo investigar y detectar a las personas contagiadas dentro de los contactos íntimos del paciente, que no son parte de la  familia.

Hasta 15 contagios. A lo largo de un año, un enfermo tuberculoso puede infectar de 10 a 15 personas por contacto estrecho.

Una recomendación para todos. Toser sobre su brazo siempre disminuye la transmisión en enfermedades respiratorias como la gripe y la tuberculosis.

Sie7e Párrafos | 22 de abril de 2019

El final del silencio, comentado por Mariana Dimópulos

El final del silencio
Marina Franco
Fondo de Cultura Económica

Uno (mi comentario)

¿Cuál es la distancia entre el recuerdo y la Historia? Marina Franco consagra su último libro a aplicar esta pregunta, habitual en la historiografía del siglo XX, sobre un objeto de estudio al que ha dedicado buena parte de sus investigaciones: el pasado argentino reciente. Así como Un enemigo para la nación (FCE, 2012) se planteaba describir los inicios de la represión anteriores al año 1976, El final del silencio también se estructura alrededor de una pregunta por los orígenes, esta vez sobre el surgimiento de los reclamos por las violaciones de derechos humanos ocurridas durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional (PRN). El resultado de su investigación muestra que esa distancia entre recuerdo e Historia es grande, al menos en este caso, y que los colectivos nacionales (el nosotros de los argentinos, aquí) son especialmente proclives a las proyecciones anacrónicas. Pero no solo los colectivos; también buena parte de la historiografía parece haberse quedado con el cuadro que asocia el final de la Guerra de Malvinas con un impulso social generalizado y unánime por denunciar y condenar la represión.

Gracias a la lectura de diarios de época y de entrevistas, además de la inclusión de notables documentos militares, el libro demuestra que ese cuadro tiene muchos más matices de los que tendemos a creer. Ese impulso dependió, en buena parte, de la arrasadora crisis económica que trajo el fin de la dictadura. Las huellas están en varios niveles, desde los hechos “noticiables” hasta los usos del lenguaje (pasar de la “petición por el paradero de personas” a “los desaparecidos”) y en las construcciones discursivas más complejas, como la teoría de los dos demonios (Alfonsín declaraba en campaña: “se combatió al demonio con las armas del demonio”). Las ambigüedades partidarias fueron muchas (piénsese en la implicación de un ala del peronismo con los militares, que data al menos de 1975). Todos los sectores y los actores sociales y políticos principales quedaron involucrados: los partidos, la Iglesia, los medios de comunicación y el sistema judicial. Los únicos que no mostraron ambigüedad alguna, por supuesto, fueron los promotores por excelencia de las denuncias: los organismos de derechos humanos.

La vocación final del libro, podemos decir, recuerda una pregunta que el jurista y escritor alemán Bernhard Schlink planteó con su idea de una “culpa del pasado”. Esa culpa es colectiva. Franco muestra perfectamente que vale mucho más la pena cuestionarnos sobre el pasado reciente en este sentido, y no tanto en el de los supuestos usos al que puede haber sido sometido.

Dos (la selección)

El segundo trayecto engarza justamente con el anterior que tiene que ver con una pregunta que me acompaña hace muchos años: como una sociedad experimentada, construye y procesa su relación con la violencia extrema del Estado. Indagaciones previas a este trabajo me habían llevado a la constatación de que en los primeros años setenta, desde mucho antes del golpe de Estado de 1976, las figuras de la subversión, entendidas como las amenazas extremas del orden, habían estado profundamente arraigadas política, pública y socialmente, y que había existido un consenso fuerte en torno a la campaña represiva emprendida de manera abierta por las Fuerzas Armadas a partir de 1975. Más aún, que ello había estado ampliamente respaldado por los actores del sistema político: gobierno constitucional peronista, dirigentes de la oposición, diputados, senadores, sindicalistas, miembros de la jerarquía eclesiástica, cámaras empresariales y profesionales, entre tantos otros. Sin embargo, ocho años después, en 1983, las imágenes más potentes eran las de “las Madres” en Plaza de Mayo y la sociedad en la calle acompañando sus reclamos y exigiendo democracia. Si había sido así, la pregunta imperiosa era cuándo y cómo se había producido ese cambio. ¿Cuándo los derechos humanos y el reclamo por los desaparecidos y la represión comenzaron a ser tales en el discurso público dominante? Hay cierto consenso difuso en que eso ocurrió alrededor de lo que llamamos “la transición”, esto es, vagamente, entre la guerra de Malvinas y los inicios del gobierno de Alfonsín. Pero si fue así, ¿cómo sucedió? ¿Cómo fue que amplios sectores sociales pasaron de sentirse amenazados por aquel enemigo vasto y exigir que el Estado se abatiera sobre él con todo su peso a condenar esa misma represión? Nos gusta pensar que el Nunca más, publicado en 1984, y el Juicio a las ex Juntas en 1985 condensan y simbolizan parte de ese amplio cambio social. En ese sentido, en otro trayecto de investigación yo había explorado los primeros meses del gobierno de Alfonsín y, en efecto, en 1984 ese cambio todavía aparecía como complejo y difuso. ¿Pero qué había pasado en el tramo final de la dictadura para llegar al Nunca más y a los juicios de 1985?

Tres

Para concluir, resta decir que el objetivo último de este libro es llamar la atención sobre ciertas memorias sociales -entendidas en toda su amplitud, desde las narraciones escolares y para todo público hasta las miradas académicas- que muchas veces sin quererlo han construído un relato tranquilizador sobre el encuentro de los argentinos con los crímenes atroces del Estado y con la demanda de justicia en la última etapa del régimen. Revisar sin complacencia supone desnaturalizar prejuicios, miedos y construcciones sociales, porque en ellos reside buena parte de las condiciones de posibilidad de la violencia del Estado. Desde luego, los asesinos son los asesinos, pero esto no nos libera ni nos exime como sociedad de preguntarnos por nosotros mismos.

Cuatro

Hugo Quiroga ha señalado que gobierno y partidos estaban unidos por una base de acuerdo implícita sobre la incuestionable legitimidad del régimen militar y sobre la reivindicación de la acción contra la subversión. Por los tanto, en ese contexto -observa Quiroga- hubiera sido imposible que emergiera una real denuncia de las violaciones a los derechos humanos. En efecto, la historia que se reconstruye en este libro indica que solo cuando se fue quebrando la primera condición -la legitimidad del régimen- pudo emerger una crítica a la situación represiva. Pero antes de ello, lo analizado en este capítulo muestra que el proceso de deslegitimación del régimen estaba claramente en marcha para 1979 y 1980 y que la crítica a la represión, o lo que luego serían “las violaciones a los derechos humanos”, todavía no ocupaba un lugar significativo evidente en ese proceso. Por el contrario, esa dimensión represiva parecía seguir funcionando como baluarte último de la legitimidad restante. En contraste, como veremos más adelante, hacia el final de la dictadura la represión terminaría por transformarse en parte clave de esa deslegitimación. Pero incluso así, esa crítica se concentraría en la objeción de las “secuelas”, los “métodos” y los “excesos”. En todo caso, cuando el cuestionamiento a la represión emergió con toda su fuerza, concreto y tardío, ya quebraba poco del PRN y casi nada de su legitimidad inicial.

Cinco

Existe un consenso generalizado sobre que la guerra de Malvinas dio pie al comienzo de la transición por su impacto en el derrumbe del poder militar y representó una verdadera “mutación” en relación con los derechos humanos. Como señala Paula Canelo, esa guerra fue el tiro de gracia porque a partir de entonces la prioridad del régimen pasó a ser la mera preservación corporativa en torno a su premisa básica: la no revisión de la lucha antisubversiva. El proceso analizado muestra efectivamente esa situación desde el lado militar; pero también evidencia que “el problema de los desaparecidos” estaba instalado en la escena pública -con el alcance limitado que hemos visto y con esa formulación reductiva- antes de la guerra y que se mantuvo así bastante tiempo después. De hecho, luego del conflicto bélico, las fuerzas políticas se mantuvieron durante largo tiempo disponibles para alguna forma de negociación o de cierre que podía ser incluso alguna variable de “olvido”. La guerra no parece entonces haber sido un parteaguas en ese aspecto, pero sí en el progresivo endurecimiento social, civil y político frente a las Fuerzas Armadas, que no se centró en los derechos humanos (al menos hasta mediados de 1983), sino en la crítica y objeción global al régimen, de la cual los “desaparecidos” eran un aspecto. Como vimos, las consignas espontáneas de las protestas sociales hacían alusión a un rechazo frontal a los militares, pero no había en ellas un énfasis específico en los derechos humanos y/o los desaparecidos.

Seis

El análisis realizado también muestra el rol central y específico que tuvo el silencio militar, la negativa a dar información y la reafirmación cínica de sus baluartes ideológicos en el proceso de agotamiento de otras vías -fueran las del reclamo o la negociación- para el consiguiente fortalecimiento del camino que llevó a la revisión posterior de los crímenes. Los integrantes de la corporación militar, salvo escasísimas excepciones, nunca estuvieron dispuestos a hablar o brindar información, y la convicción de la lucha antisubversiva como una cruzada salvadora los une desde aquellos años de la dictadura hasta el presente. En todo caso, cuando en 1978 o 1982 las organizaciones humanitarias exigían una respuesta preguntando “¿dónde están?”, reclamaban algo que creían decible y explicable. El tipo de crimen resultaba tan inimaginable que la consigna “aparición con vida” tenía un sentido tan político como literal. La verdad demandada por ese entonces eran datos e informaciones sobre sus seres queridos a los que muchos todavía esperaban con vida. Hoy, como señala Valentina Salvi, “la verdad” que siguen demandando esos mismos actores se ha transformado, por sobre todo, en una categoría política que impugna los crímenes, el silencio y la negación sostenidos durante cuarenta años. Por eso mismo, el proceso analizado aquí muestra el carácter no sólo político sino también descontextualizado de las posiciones que, especialmente con intenciones de limitar el proceso de justicia actual, han planteado una dicotomía entre “verdad” y “justicia”, sosteniendo que en Argentina el camino que se inició desde 1985, centrado en la vía judicial, fue en detrimento de la obtención de la información sobre lo sucedido y de las posibilidades de “reconciliación”. En otros términos, que se podría haber elegido otro camino y sacrificado algo de la búsqueda de justicia para obtener más verdad de parte de los victimarios y avanzar hacia un imaginario “reencuentro”. Como deja en evidencia este libro, más allá de la justicia como objetivo ético y reparatorio, el camino se fue fijando en torno a la opción de la judicialización -casi a contramano del deseo inicial de muchos actores políticos civiles- porque se erigió como respuesta a la negativa y al silencio, a la confirmación del asesinato y a la autorreconfirmación de las Fuerzas Armadas sobre la misión que se habían adjudicado.

Siete

EL RECORRIDO histórico presentado en este libro muestra el carácter indeterminado y relativamente abierto del proceso que llevó a la investigación y justicia de los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas en Argentina. Si la mayoría de los actores políticos dominantes estaba dispuesta a “cerrar el pasado” y solo unos pocos sostenían la necesidad de investigar y, eventualmente, buscar alguna forma de justicia, ¿cómo fue que la opción minoritaria terminó prevaleciendo?

El primer dato evidente es el peso de la infatigable acción de las organizaciones de derechos humanos que lograron instalarse en la escena pública, multiplicando luchas y estrategias y aprendiendo a explotar cada uno de los resquicios que dejaba el proceso de derrumbe del régimen. Pero ello no hubiera tenido el peso que adquirió si no hubiera existido, hacia el final del período, esa disposición social y política masiva para repudiar de manera global el poder militar y, en consecuencia, comenzar a escuchar el dolor de quienes se habían volcado a las calles a reclamar por sus seres queridos. Tampoco hubiera tenido ese peso si las Fuerzas Armadas no se hubieran endurecido en sus posiciones una y otra vez, obligando a los partidos a hacerse cargo del tema y ampliando el rechazo social. Y en eso también tuvo un papel importante la voluntad política de Alfonsín, que a pesar de haber obtenido una amplia mayoría de votos por su reinvención de un horizonte de expectativas en torno a la democracia, siempre había estado en franca minoría en relación con su política de derechos humanos, incluso dentro de su propio partido. También es indudable que el grado de apertura e incertidumbre del proceso político de esos años estuvo fuertemente marcado por el tipo de crimen -sin cuerpos, sin datos, sin identidades- que puso a todos los actores en un compás de espera de respuestas y de  “aparición con vida” que el régimen no podía resolver sin incriminarse -tal como en definitiva hizo con el “Documento final de la Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo” (“Documento final”)-. Tal vez el asunto público quedó fijado largo tiempo en “el problema de los desaparecidos”, ocultando tras de sí el carácter global del proyecto político autoritario y la amplitud de la represión y de sus víctimas, porque de todo lo hecho por las Fuerzas Armadas ese era el único aspecto que impedía el “cierre” liso y llano que muchos actores civiles reclamaban. Ello hace evidente una horrorosa paradoja: la preocupación castrense por no dejar huellas a través del método de la desaparición forzada de personas hizo del crimen el más imborrable de nuestra historia colectiva.

Mariana Dimópulos (Buenos Aires, 1973), narradora, ensayista y traductora.

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Opinión | 22 de abril de 2019

El FMI está alimentando una nueva crisis argentina – otra vez

El presidente Mauricio Macri ya ha firmado dos acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Y los acontecimientos recientes sugieren que la larga y problemática historia del país con el Fondo podría repetirse.

La primera vez que Argentina tuvo que pedir prestado al Fondo Monetario Internacional fue en 1958. En las seis décadas posteriores, el país ha firmado 22 acuerdos con el Fondo. La mayoría descarriló posteriormente o terminó en fracaso.

A pesar de sus credenciales pro-mercado, el actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, se ha sumado a este desfile de decepciones. En poco más de tres años, su gobierno ha firmado dos acuerdos con el FMI. Y los acontecimientos recientes sugieren que la problemática historia de Argentina con el Fondo podría estar a punto de repetirse.

El último capítulo comenzó en junio de 2018, cuando el país tenía déficits fiscales y de cuenta corriente que, combinados, equivalían a un 11% combinado del PBI. Los inversores desconfiaron de los bonos argentinos, lo que obligó al gobierno de Macri a acudir al Fondo en busca de ayuda.

Con el fuerte respaldo de los Estados Unidos, a la Argentina pronto se le otorgó un préstamo del FMI de US US$ 50.000 millones para ser usado en los próximos tres años. El gobierno pretendió que esto era solo un programa “precautorio”: Argentina no necesitaba el dinero, lo importante era que los inversores privados supieran que estaba a su disposición.

Sin embargo, solo dos meses después, Macri admitió que Argentina necesitaba incluso más de US$ 50 mil millones, y que los necesitaba de inmediato. En la jerga del FMI, el acuerdo tenía que ser “cargado de frente”.

En este punto, la amistad de Macri con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (se conocían del mundo inmobiliario) dio sus frutos. El Fondo acordó, aunque a regañadientes, recargar el préstamo con $ 7 mil millones adicionales, lo que lo lleva a US$ 57 mil millones. Además, alrededor del 90% del monto total, o US$ 51,2 mil millones, se desembolsarán antes de la próxima elección presidencial de Argentina a fines de 2019.

Este es el préstamo más grande jamás otorgado por el FMI a un país, y la economía en crisis de Argentina depende mucho de ese apoyo financiero. El 15 de abril, el Fondo envió una cuota de US$ 9.6 mil millones. Pero, en lugar de usar este dinero para acumular sus reservas de divisas o recomprar deuda en dólares, el gobierno de Macri lo va a usar para comprar pesos argentinos.

Como era de esperar, la prima de riesgo de Argentina se ha disparado. Los inversores están inquietos, y no solo porque la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner encabeza las encuestas. Saben que, al concentrar prácticamente todo el apoyo financiero del FMI en su actual mandato, Macri también ha concentrado los vencimientos de las obligaciones de reembolso de Argentina con el Fondo.

Como el FMI tiene el estatus de acreedor preferencial, será el primero en la fila de acreedores y, por ende, el primero en cobrar. En otras palabras, si después del 2020 la Argentina no tiene suficientes dólares para pagar a todos sus acreedores, los inversionistas privados podrían verse obligados a reestructurar sus reclamaciones con pérdidas. Ellos lo saben y también saben que tienen una oportunidad limitada para salir de Argentina. Es probable que la usen pronto.

El gobierno argumenta que el Tesoro necesita vender los US$ 9.6 mil millones de dólares en el mercado interno para cubrir los gastos presupuestarios denominados en pesos. Que el gobierno use préstamos en dólares del Fondo para comprar pesos argentinos parece alarmante, pero el FMI aceptó. Sin embargo, el gobierno sólo podrá comprar pesos argentinos en dosis homeopáticas, de hasta US$ 60 millones de dólares por día, a través del banco central y en subastas públicas.

Esto no tiene sentido. En virtud de su acuerdo con el FMI, el gobierno se comprometió que en 2019 no tendrá déficit en su balance presupuestario primario (antes de los pagos de intereses) y también a refinanciar al menos el 70% de todos los vencimientos de capital y de intereses de la deuda pública en pesos. El gobierno está cumpliendo con éxito ambas condiciones. Más aún, está refinanciando más del 100% de los vencimientos de capital e intereses de la deuda pública en pesos, superando la meta de este año.

Por lo tanto, el gobierno no tiene necesidad presupuestaria de utilizar los dólares del FMI para comprar pesos. Más bien, las autoridades, con el respaldo del Fondo, utilizarán el dinero para mantener estable el tipo de cambio hasta las elecciones de este año, aumentando las posibilidades de reelección de Macri.

El FMI no debería apoyar esto, por varias razones. Para empezar, los argumentos falsos para justificar el disparate de endeudarse con el FMI para comprar pesos, pondrá en peligro los esfuerzos (incluso los míos) para normalizar las relaciones entre Argentina y el Fondo. En segundo lugar, los dólares que el gobierno se propone vender para comprar pesos serán muy necesarios para que el próximo gobierno pueda hacer frente a los pagos de deuda e intereses que vencen en 2020.

Además, tener US$ 9,6 mil millones de dólares, en lugar de la cantidad equivalente de pesos depreciados, pondría al próximo gobierno en una posición un poco más cómoda si, como parece inevitable, necesita renegociar el actual acuerdo del FMI con Argentina.

Por otra parte, Macri podría incluso fracasar en su objetivo de asegurar un peso estable hasta las elecciones, dado que una subasta diaria de US$ 60 millones no le dará al gobierno suficientes municiones para evitar picos de volatilidad en el mercado de divisas.

Finalmente, mientras más deuda tenga la Argentina con un acreedor privilegiado como el FMI, más difícil será convencer a los inversionistas privados, “no privilegiados”, de reconducir sus créditos y continuar financiando el país en 2020 y posteriormente.

Lamentablemente, la historia puede estar a punto de repetirse. En octubre de 2001, unos 60 días antes de que incumpliera el pago de sus deudas, Argentina solicitó un préstamo de US$ 8 mil millones del Fondo. La mayor parte de este dinero se usó para comprar pesos a inversionistas institucionales que abandonan el país. El FMI está a punto de volver a cometer el mismo error. No debe esperar un resultado diferente.

Héctor R. Torres, es Senior Fellow del Centro Internacional para la Innovación en la Gobernanza. Fue Director Ejecutivo para Argentina en el Fondo Monetario Internacional y miembro de la Organización Mundial del Comercio.

© Project Syndicate 1995–2019.


Harvard Business Review | 22 de abril de 2019

Ser mentor de un colega podría ayudar a bajar el estrés

Distintas investigaciones demostraron que los empleados jóvenes se benefician de recibir mentoría. También, se puede observar que la orientación por parte de colegas de mayor jerarquía mejora el desempeño y satisfacción laboral de los mentoreados. Sin embargo, sabemos mucho menos respecto a cómo la mentoría podría beneficiar a los mentores.

Nos interesó, particularmente, entender cómo la mentoría podría ayudar a los mentores que trabajan en ocupaciones estresantes. Investigaciones previas han sugerido que la mentoría puede mejorar la salud emocional de los mentoreados cuando se establece una relación cercana y de confianza. Nos preguntábamos si los mentores recibirían los mismos beneficios de salud mental gracias a dicha relación.

Realizamos un estudio longitudinal de un programa formal de mentoría en una fuerza policial inglesa. Los resultados mostraron que los mentores experimentaron menores niveles de ansiedad, y describieron sus trabajos como más significativos, en comparación con los que no dieron mentoría. A partir de nuestras entrevistas aprendimos que la mentoría les brindó a los oficiales, tanto de bajo como de alto nivel, un espacio para discutir y reflexionar sobre sus preocupaciones. Los mentores escucharon los relatos de ansiedad contados por sus mentoreados y entendieron que estos sentimientos — que ellos también compartían — eran comunes. Tanto mentores como mentoreados se sintieron más cómodos al discutirlas y compartir diferentes mecanismos para lidiar con ellas. Los mentores muchas veces consideraron que sus interacciones con colegas más jóvenes son terapéuticas.

Muchos mentores a los que entrevistamos también señalaron que la mentoría incrementó el significado de su trabajo. Hablaron acerca de cómo la dirección de proyectos de largo plazo y las reuniones muchas veces les impedían realizar lo que describieron como “trabajo policial real”. Esto significaba que tenían menos oportunidades de ver el impacto de su trabajo en las vidas de las personas. Sin embargo, podían ser testigos de resultados más directos e inmediatos al ayudar a los policías jóvenes a los que orientaban.

¿Por qué la mentoría tiene este impacto en los mentores? A pesar de las presiones que acompañan a sus roles, los oficiales de policía tienden a no buscar apoyo de otros oficiales, incluyendo colegas de mayor nivel. Esto es para evitar el estigma negativo asociado con los desórdenes de salud mental. Por lo tanto, la mentoría ofrece una forma de que los oficiales construyan confianza dentro de una relación, colocando las bases para una comunicación abierta y honesta sobre temas sensibles.

Creemos que la mentoría tiene el potencial para respaldar la salud mental de los mentores en otros entornos. Aunque el trabajo policial es diferente de muchas ocupaciones, el estigma que rodea la salud mental se extiende en muchos lugares de trabajo.

Por supuesto, la mentoría es una inversión y los beneficios no siempre son inmediatos. Los compromisos laborales pueden interponerse en el camino e impedir reuniones constantes, dejando a algunos mentores y mentoreados sin poder establecer conexiones personales. Las organizaciones necesitan dedicar recursos para la mentoría y permitir la flexibilidad necesaria para que crezcan estos espacios. Aquellos que se comprometan con ser mentores podrían sorprenderse de los beneficios multidimensionales.

Michael Gill es profesor asociado de estudios organizacionales en la Saïd Business School, University of Oxford. Thomas Roulet es académico senior en teoría de las organizaciones en la Judge Business School, University of Cambridge.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group

Vida Cotidiana | 22 de abril de 2019

Foto: Piotr Redlinski / The New York Times

Cómo hacer yoga donde sea

El tiempo invertido en viajar, cambiarse y ducharse después de la clase, y encontrar un estudio de yoga para practicar fuera de casa puede ser una inversión significativa (a veces valiosa), pero también requiere tiempo, dinero y posiblemente arreglos para el cuidado de niños. Cultivar una práctica en el hogar puede permitirle mantenerse al día con el yoga incluso cuando no puede ingresar a un estudio. Estos consejos harán que sea más fácil eliminar el estrés de la clase de yoga y hacerlo donde sea que estés.

EMPIEZA PEQUEÑO. Comience con una secuencia corta, como la que se incluye en las guías de yoga que se encuentran en nytimes.com/guides. Tal vez pienses que el yoga es siempre una clase de una hora, pero su práctica en el hogar puede consistir en algunas posturas combinadas con una meditación.

ASEGÚRESE DE PRACTICAR EN UN LUGAR TRANQUILO. Si eso no es posible, podría ponerse unos auriculares que se muevan bien y reproducir música de su lista de reproducción de yoga favorita. Coloque su mat de yoga en madera dura o cemento (idealmente no alfombra). Si tiene que usar alfombra, use una alfombra resistente.

TRATE DE PRACTICAR AL MISMO TIEMPO CADA DÍA PARA ENTRAR EN UNA RUTINA DIARIA. Pero no te rindas si te olvidas por un día o una semana o incluso un año: el yoga siempre está ahí para ti.

AGREGA ALGO DE MÚSICA. La música puede ser un motivador para hacer yoga en casa o en clase, incluso si algunas tradiciones de yoga no fomentan la música. Si te gusta practicar con música, las elecciones que hagas pueden ayudar a establecer el estado de ánimo. Varían ampliamente según el estudio y el profesor, así que para tener una idea de la diversidad de opciones, intente buscar en Spotify. Estas pueden ser utilizadas en una práctica en el hogar, por profesores de yoga en clases de estudio o simplemente escuchadas por diversión en cualquier momento.

© 2019 The New York Times