Ansiedad y fobia social en adolescentes: cuando los trastornos se esconden | RED/ACCIÓN

Ansiedad y fobia social en adolescentes: cuando los trastornos se esconden

La ansiedad es una respuesta que todos los seres humanos poseemos y aparece cuando nuestro cerebro percibe una amenaza que pone en riesgo nuestra vida. Por tanto, la ansiedad nos prepara para lo que pueda acontecer, buscando soluciones que nos pongan a salvo. Esta experiencia tiene un importante valor adaptativo para la supervivencia.

El conflicto surge cuando nuestro cerebro dispara las alarmas y sentimos palpitaciones, sudor, ahogo e incluso pánico. Estos síntomas paralizan y crean un mundo amenazante en situaciones cotidianas, que interpretamos como un peligro real.

El valor preventivo del temor

El temor, junto a otras emociones, tiene un valor preventivo importante ante un posible daño que podamos sufrir. Pero cuando esta emoción se activa, es tan fuerte que puede prevalecer sobre otras funciones neurofisiológicas, emocionales o cognitivas y por esta razón la reconocemos e interiorizamos.

Pasamos gran parte de nuestra vida dedicados a relacionarnos directa o indirectamente con otros seres humanos. Esta interacción, para la mayoría, nos resulta reforzante y necesaria porque somos fundamentalmente sociales.

Pero para otras muchas personas, estas relaciones sociales cotidianas son un martirio y las viven con gran malestar. Especialmente cuando se trata de adolescentes con ansiedad social. Mientras los demás pueden disfrutar y aprender de una conversación en grupo, para ellos puede convertirse en un reto difícil o imposible de realizar.

Terror irracional a una evaluación negativa

La fobia social suele comenzar en la adolescencia, y supone un temor irracional a la evaluación negativa por parte de los demás. Este temor les induce a evitar aquellas situaciones sociales que temen no controlar. La conducta de evitación puede ocasionar una reducción de la libertad personal, un aislamiento social y una soledad impuesta casi total.

En la infancia, los estados de ansiedad son cada vez más frecuentes y muchos niños y preadolescentes parecen enfrentarse a problemas serios y aparentemente infranqueables. Según el informe del Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute), los trastornos de ansiedad en la infancia y la adolescencia son los más habituales en todo el mundo y cifra en aproximadamente 117 millones los niños y adolescentes de todo el mundo que han sufrido un trastorno de ansiedad.

Síntomas de ansiedad en el 20% de los adolescentes

El 20 % de los adolescentes españoles sufre algún síntoma de ansiedad (Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA)).

El problema no suele resultar fácil de detectar ya que, tanto en niños como en adolescentes, se oculta bajo otros comportamientos o problemas médicos. Algunos muestran su vulnerabilidad con un temor desproporcionado, con dolor físico o con la evitación de situaciones, mientras que otros reaccionan con mayor inquietud, hostilidad u oposición.

En el caso particular de los adolescentes, sus dificultades se atribuyen con frecuencia a una falta de madurez, o se tiende a banalizar sus malestares como una timidez. Esta interpretación resta importancia a la gravedad de los síntomas que pueden estar experimentando y dejar pasar un tiempo muy valioso en el cual se puede tratar de forma eficaz un problema que, de no tratarse, tendrá mayores consecuencias negativas en la vida adulta.

Un problema difícil de detectar

Los adolescentes con ansiedad social muchas veces desconocen o no reconocen lo que les ocurre, pero tienen muy claras sus limitaciones y lo que no se ven capaces de hacer.

Normalmente, se refieren a sí mismos como torpes, con dificultad para hablar con los demás. Refieren sentimiento de soledad, pocos amigos, pérdida de oportunidades y autoestima muy baja ante la frustración que les supone el hecho de ver que sus ilusiones no se satisfacen por culpa de su ansiedad.

A todo ello, se suma la inestabilidad de un cuerpo en pleno desarrollo que con frecuencia crece lo que no se desea y no crece lo que se desea, pero que tiene que cumplir con unos cánones establecidos por la sociedad y el grupo de iguales.

La ansiedad social genera todo un temor sobre la propia imagen. Quien la sufre trata de evitar que le vean como se ve a sí mismo. Teme actuar erróneamente y sufre ante la posibilidad de sentir un descrédito personal. Continuamente cree estar siendo evaluado por los demás y eso le lleva a estar alerta en cada situación temida.

¿Cuáles son las consecuencias?

Las consecuencias dependerán de la cantidad de situaciones de temor y en función de ellas su vida se sentirá más o menos limitada. Consciente de su temor y limitaciones, así como de las renuncias a situaciones que incluso desea, provoca un discurso interior negativo y anticipatorio sobre todo lo que pueda suceder.

Cuando todo gira en torno a un mundo interior y los pensamientos van a gran velocidad, es muy difícil que aflore un discurso fluido. Como resultado, por la boca solo salen monosílabos, la cara está rígida y el cuerpo se repliega con la mirada hacia abajo evitando mirar a los ojos de los demás.

Los jóvenes con ansiedad social cuando solicitan ayuda, al igual que los adultos, expresan su impotencia, sentimiento de soledad, falta de amigos, incapacidad para disfrutar, dificultades para relacionarse con los demás, hablar ante un grupo, a personas con autoridad, etc.

La dificultad aumenta desde situaciones esporádicas hasta los casos más graves donde toda su vida gira alrededor del trastorno. Con cierta frecuencia se presentan consumos elevados de alcohol porque bajo sus efectos sienten que pueden desinhibirse y librarse de su propia prisión, percibiendo que son capaces de hacer lo que los demás hacen con total naturalidad y sin esfuerzo.

Dificultades educativas

Son jóvenes que pueden presentar dificultades educativas, frustración ante situaciones de aprendizaje o conflictos vitales y que no logran estar a la altura de las exigencias académicas y sociales de su entorno.

Como consecuencia pueden manifestar una baja autoestima y una elevada vulnerabilidad frente al acoso escolar.

Está en manos de los adultos la capacidad para detectar las señales que diferencian una soledad voluntaria a una impuesta o que diferencian a una persona feliz de alguien que solo aparenta serlo para no defraudar.

María Jesús Irurtia Muñiz, Profesora Titular de Psicología, Universidad de Valladolid

© The Conversation. Republicado con permiso.

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