Dolly Chugh | RED/ACCIÓN
Harvard Business Review | 18 de marzo de 2019

Cómo usar los privilegios para ayudar a otros

Suelo olvidar que soy heterosexual. Simplemente, no pienso mucho al respecto. Cuando me preguntan qué hice este fin de semana, o al poner fotografías familiares en mi oficina, no tengo motivos para preguntarme si incomodará a alguien. Nuestra cultura está planteada para que personas heterosexuales, como yo, seamos nosotras mismas sin pensarlo mucho. Sin embargo, para los colegas gays o las colegas lesbianas, una simple pregunta sobre el fin de semana o una decisión sobre cómo decorar el espacio de trabajo conlleva un significativo estrés. Un estudio reciente encontró que el 46% de los empleados LGBTQ no hablan de su orientación sexual dentro de sus lugares de trabajo, por razones que van desde el temor a perder su empleo hasta el ser estereotipados. Es muy poco probable que una persona no heterosexual tenga el privilegio de pasar un día entero sin recordar su orientación sexual.

Este privilegio, de poder olvidar parte de lo que usted es, no es exclusivo de los heterosexuales. Lo mismo sucede, si usted es blanco, cristiano o no tiene discapacidades. En esos casos, puede vivir su vida sin pensar constantemente acerca de esas identidades. Este privilegio es ordinario porque se mezcla con las normas y las personas a nuestro alrededor, y por ello es fácilmente olvidado.

Este privilegio ordinario es de hecho una oportunidad. Los investigadores de la temática confirman que aquellos con privilegios tienen el poder para alzar la voz en defensa de quienes carecen de este y tienen una influencia particularmente efectiva cuando lo hacen. Muchos de nosotros, que buscamos la oportunidad de pelear contra los prejuicios y sesgos en el lugar de trabajo y en la cultura en general, podríamos estar perdiendo la oportunidad que tenemos frente al espejo: usar la naturaleza ordinaria de lo que somos como una fuente de poder extraordinario.

He aquí algunas cosas que puede hacer:

  • Comience a aprender cuáles son los desafíos que las personas que carecen de su privilegio encuentran en el trabajo, la escuela y en sus comunidades. Puede usar internet como punto de partida para encontrar relatos en primera persona.
  • Busque oportunidades de hablar y actuar. Confrontar a las personas es sólo una de las muchas formas en que podemos usar nuestro privilegio. También podemos hacer preguntas, plantear temas y añadir perspectivas que no están emergiendo orgánicamente en las discusiones. Podemos introducir datos, invitar a personas a las conversaciones y crear interés en ideas distintas. Podemos amplificar las opiniones de las personas que no están siendo escuchadas en las reuniones y traer conversaciones de regreso cuando alguien es interrumpido. Podemos dar crédito por el trabajo de las personas y esparcir la voz sobre su talento. 
  • Debe ser cuidadoso de no hablar por encima del grupo al que pretende respaldar. No es inusual el ponernos accidentalmente en el centro, en lugar de colocar ahí a las personas de las que tratamos de ser aliados. En lugar de ello, de un paso al costado y aprenda de las personas cuyas vidas son directamente afectadas por la situación.

Aquello en lo que menos pensamos podría ser el lugar desde el que podemos hacer el mayor bien. Cada uno de nosotros tiene una forma de privilegio, y eso son buenas noticias, porque significa que casi todos tenemos más influencia de la que nos damos cuenta.

Dolly Chugh es profesora asociada en la Stern School of Business de New York University.

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group