Santiago Giralt | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 15 de enero de 2019

El gran espejo del amor entre hombres

El gran espejo del amor entre hombres
Ihara Saikaku
Interzona

Selección y comentario por Santiago Giralt, director de cine, escritor y productor.

Uno (mi comentario)

Dos de las novelas más antiguas, piedras angulares de la literatura japonesa del período Heian, fueron escritas por mujeres: Murasaki Shikibu, autora de esa maravilla que es La historia de Genji, y Sei Shonagon, autora de El libro de la almohada. Sus estilos se oponen: Shikibu parece una novelista del siglo XIX por su arco narrativo y psicológico, en cambio Shonagon retrata trazos de la vida cotidiana, allá por el siglo XI. (…)

(sigue mi comentario)

El gran espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku, texto del siglo XVII, tiene puntos en común con ambas pero, a su vez, se emparenta con Las Mil y Una Noches, El Decamerón o Los Cuentos de Canterbury. Una combinación de relatos morales, eróticos, picarescos o trágicos, centrado en el amor homosexual. En los tiempos que corren,  leídos desde los ojos del siglo XXI, la directa misoginia de algunos párrafos y la forma en que trata el amor a las mujeres puede resultar insultante. Sin embargo, como documento y registro de una era, deja constancia de los modos del amor entre hombres, registros que, desde la Grecia Clásica hasta el presente, se pueden leer como una historiografía de la sexualidad disidente. Amores entre samurais, actores que combinan su trabajo en escena con la prostitución, actores travestidos que venden su sexualidad como mujeres: formas del gran espejo del amor entre hombres que no dejan de sorprender por su actualidad y su reflejo del presente. Una mención extra merece la extraordinaria edición de Interzona, con tapa dura, cosido a la vista y un espejo en el medio que nos hace, como lectores, reflejarnos en el espejo de lo que se cuenta.

Dos (la selección)

Guiaba su embarcación hacia la ensenada de Tamatsushima, donde estaba anclado un llamativo bote con siete u ocho jóvenes. A diferencia del resto de los botes, no había sonido de cánticos Noh o golpeteos en tambores de mano. En cambio, se veía a los muchachos acurrucados de dos con hombres que parecían sus amantes. Algunos se susurraban palabras con sus cabezas pegadas, o simplemente yacían uno al lado del otro. Otros se divertían con concursos de dibujos o luchas con abanicos. Nada hay tan envidiable como un bote lleno de jóvenes enamorados.

Tres

Alguna veces, un gran señor ama a uno de sus pajes profundamente, e incluso después de que el muchacho ha crecido y ha formado su familia es incapaz de olvidar sus encantos juveniles.  Es algo digno de alabanza. Algo que señala el diferente aroma que tiene el amor por los muchachos comparado con el amor por las mujeres. Una mujer es una criatura de circunstancial interés para los hombres, en tanto la atracción por el joven es imposible de comprender a menos que experimentes por ti este tipo de amor.

Cuatro

Lluvia en la noche de luna llena y viento cuando los cerezos están en su esplendor, compendian lo que son tragedias en la vida. Pero habrá otras primaveras, otros otoños en que estas cosas puedan disfrutarse nuevamente. Nada es tan trágico como la vida sacrificada por honor. ¿Quién sabe después de todo lo que nos espera en el otro mundo?

Cinco

-¿Cual es la última moda en la capital? -preguntó uno.

-Frugalidad y acumular dinero -fue la respuesta. Pero esa no era ninguna novedad.

Seis

Hasta entonces los actores no dividían su tiempo entre la actuación diurna y su ofrecimiento nocturno. Uno podía solicitarlos en cualquier momento, y alegremente aceptaban su invitación y pasaban el dia bebiendo contigo. Si te enamorabas de alguno, te entregaba su amor tal como lo hacen los muchachos en todas las sociedad, y no lo lamentaban.

Siete

Y aunque muchos jóvenes actores como él, Ito tenía por naturaleza un hablar suave y estaba dotado de una conducta serena que lo convertía en el actor adecuado para los papeles de mujer. La manera como se vestía establecía modas, y su aspecto era impecable. Hablaba con una voz agradable y dulce, sobresalía en la danza, y era capaz de seguir cualquier ritmo a la perfección. Sus actuaciones eran sobrehumanas. En Rescate de Yoshino tenía el papel de la cortesana que va al encuentro de su cliente. La platea decía que su belleza de glicina hacía que en comparación, la verdadera Yoshino se cierra como un marchito cerezo.


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