Irina Sternik | RED/ACCIÓN
Sustentabilidad | 4 de octubre

Foto: Scania

Estocolmo: un paseo por el futuro

La capital de Suecia recicla el 99% de sus desechos que se convierten en energía. Sus ciudadanos no usan dinero en efectivo y casi no van al banco.

Recorrer Estocolmo es asomarse a una postal del futuro de nuestras ciudades. La capital de Suecia es modelo de sustentabilidad energética, integrando un ambicioso plan de reciclado de basura (recicla el 99% de sus desechos) y la generación del biocombustible clave para su movilidad.

Semanas atrás recorrimos la ciudad invitados por Scania, la fábrica de camiones que ya no se define a sí misma como una empresa de transporte, sino una de sustentabilidad.

El futuro parece limpio, silencioso, diverso y bello. Esa sensación se me repetía ante cada almuerzo o caminata. La vajilla que albergó todas las comidas siempre era reciclada de uno u otro modo: cerámica, vidrio, etc. Los baños, mixtos, modernos, tecnológicos. Las puertas automáticas. La ciudad, inteligente. Así lo define la iniciativa Smart City Sweden bajo los pilares de que la comunicación, la infraestructura y su integración tecnológica fluyan.

Tan futurista es que es la sociedad con menos efectivo del planeta. Durante mi estadía, logré ver un billete y una moneda el último día. Lo mostró la guía, analógica, que aún tenía billetera. En la sede de Scania, uno de los ejecutivos contaba que hacía diez años que no pisaba un banco y el mismo tiempo que no usaba efectivo. De hecho, no conoce cómo luce la moneda nueva, que lleva a Greta Garbo en su billete de 100 y a Ingmar Bergman en el de 200. Paralelamente, el país ya trabaja en generar su propia criptomoneda estatal, la e-Krona, un gran remate a la ciudad protagonista del “Síndrome de Estocolmo”.

La empresa Scania ya no se define como una empresa de transporte sino de sustentabilidad. Foto: Scania.
La empresa Scania ya no se define como una empresa de transporte sino de sustentabilidad. Foto: Scania.

En Suecia, la basura vale oro: se recicla el 99% de sus desechos. Su gestión contempla la prevención, reutilización, reciclaje y todas las alternativas al reciclado. Caminar por sus calles sorprende bastante. Grandes tachos de basura con carteles indicativos de lo que hay que tirar, todas, a menos de 300 metros de cualquier área residencial. Uno más grande, apartado, dice “Human Bridge”, el nombre de la organización que se encarga, entre otras cosas, de reutilizar y reciclar la ropa que los vecinos verten en el contenedor y darle una nueva vida. Se gestionan alrededor de 8.000 toneladas de textiles al año, de las cuáles, más de un millón van a personas necesitadas. Las otras estaciones de reciclaje corresponden a comida, plástico, diarios, metal, vidrios, lamparitas, pilas y desechos electrónicos.

Son obligatorios por ley y permiten que la basura se convierta en energía. A lo largo de su territorio hay 32 estaciones de WTE (de desecho a energía) para su procesamiento. Como esto no es suficiente para generar toda la energía necesaria en el país, se importan alrededor de 800.000 toneladas de basura desde el Reino Unido, Italia, Noruega e Irlanda. El sistema de recolección, de la empresa Optibag, funciona con un lector óptico que separa las bolsas por color y los destina a su correcta utilización. Los alimentos, por ejemplo, se usan para hacer fertilizantes, compost y el biogás de los vehículos. Las verdes contienen comida, las rojas papel, etc. Algunos contenedores incluso tienen música, para que tirar la basura sea más agradable.

Tres toneladas de basura quemada pueden generar la misma energía que una tonelada de fuel oil. Hoy, 950.000 hogares suecos usan calefacción con esta energía y y 260.000 se abastecen totalmente por ella. Es que todo se recicla, hasta el humo. Las bolsas blancas, por ejemplo, se incineran a 850°C. El vapor desprendido mueve las turbinas que abastecen de electricidad a escuelas y la red de calefacción municipal. El humo de las plantas de incineración genera 99.9 % de dióxido de carbono no tóxico y agua que se filtra.

Un tacho de basura para ropa. Foto: Irina Sternik.
Un tacho de basura para ropa. Foto: Irina Sternik.

El biocombustible, eficiencia limpia y verde

Los micros que circulan por las calles se alimentan de biogás. Son silenciosos y funcionan con el combustible generado en las plantas WTE. Junto con Scania visitamos una de las plantas de Scandinavian Biogás, que desde 2005 participa del ecosistema circular para convertir a la basura orgánica en energía. En ese mismo año, el gobierno Sueco prohibió enterrar residuos orgánicos y la industria del biogás y biometano terminó de consolidarse. La arquitectura del lugar se asemeja a cualquier planta de tratamiento, aunque en este caso, el olor a gas dentro de ellas no pasaba desapercibido. El tratamiento quirúrgico de las aguas residuales y la basura es impactante y el gas que se obtiene es sostenible y reduce las emisiones de CO2 en un 90%, contra un 15% de gas natural.

Al ser una empresa de origen sueco, Scania comenzó su transición hacia la sustentabilidad 30 años atrás. Y para esto, no solo modificó el sistema de construcción de vehículos, desde el packaging hasta el agua que utilizan, sino también la movilidad de sus propios empleados en la compañía. En la planta de Estocolmo están probando una app llamada ScaniaGO para conectar a los empleados con los medios de transporte públicos para que vayan de una sede a la otra. Hay bicicletas eléctricas, buses y autos particulares, aunque también es como un Waze inteligente que integra un calendario y entrega, a través de notificaciones, mensajes a los empleados.

Allí tuvimos la oportunidad de probar sus últimos camiones y buses con el motor V8, a gas, para la generación de energía que tiene un método de tracción rinde un 40% más que un diesel tradicional, reduce un 20% las emisiones CO2 y emite menos ruido, disminuyendo el impacto ambiental.

CiudadAutosElectricos

Todos los vehículos, tanto de Suecia como del resto del mundo, están conectados entre sí y suman 350.000 en total. En Argentina, son 10.700 los que eligieron conectarse a ScaniaOne, un servicio que permite mejorar la performance de los recorridos y los camiones o buses a través de inteligencia artificial, analizando la mejor ruta e informando sobre el estado de cada motor.

El objetivo de la empresa es, para el 2025, reducir en un 50% las emisiones de CO2; y para el 2040, llevarlas a 0%. Además esperan que para el 2050 todos sus vehículos sean “Fosil Free Electricity” y en el caso de que no se pueda comprar energía alternativa, resolverlo a través de la solar. Si nos vamos un poco más lejos en el tiempo, el objetivo es que estén conectados, electrificados y sean autónomos.

En una maqueta interactiva pudimos ver cómo funcionan los colectivos en tándem que estarán disponibles en 2022 en Singapur. Los “platooning” son un convoy de transporte con distancia de dos metros, sólo el de adelante maneja, lo que genera no sólo ahorro de combustible por la eficiencia aerodinámica sino también son más seguros y ecológicos.

También vimos el caso emblemático de Cartagena, Colombia, con el sistema Bus Rapid Transit (BRT) que, reemplaza con un solo ómnibus a 60. Cuenta con dos líneas troncales de este sistema, con un total de 147 micros a gas Scania Euro6 con información en tiempo real sobre el consumo de combustible, las rutas elegidas, el comportamiento del conductor y las necesidades del servicio.

Suecia alberga también la primera ruta eléctrica del mundo, una especie de Scalextric donde los rieles generan la transmisión magnética que reemplazarán al combustible, aunque por el momento la prueba sólo tiene 2 kilómetros.

En Suecia pueden verse por todos lados los vehículos eléctricos, sus estaciones de carga, y la gran variedad de transporte urbano. Hay desde “Teslas” hasta bicicletas de todo tipo y color. Algunas tienen carritos para llevar bebés, perros y otras simplemente son eléctricas. Las ciclovías, que se multiplican en todas las direcciones, están bien diseñadas y señalizadas. Todos lo ciclistas entre sí se respetan, aunque no estoy ocurre lo mismo con los peatones.

¿Se puede replicar algo de esto en Buenos Aires? En lo que respecta al transporte urbano, Alejandro Pazos, gerente de comunicación de la compañía, indica que están trabajando para implementar en la Ciudad de Buenos Aires junto con su gobierno dos buses que funcionan con combustible alternativo para el transporte urbano de pasajeros para el 2019: “Uno de ellos con gas y el otro con biodiesel. La línea con la que se trabajará es la 132, que posee un recorrido sumamente exigente 100% dentro de la ciudad. El objetivo es monitorear y medir durante un año la performance de ambos vehículos y compararla con aquellos propulsados a diésel, con la idea de analizar el nivel de emisiones de CO2, su nivel de ruido, el mantenimiento, etc”.

Para finalizar nuestra visita a uno de los países menos contaminantes del mundo, visitamos IKEA, empresa sueca que pretende reducir en un 30% las emisiones de carbono en transportes y servicios para 2020 y cumplir con su objetivo de cero emisiones en el 2030. El ecosistema de Suecia está en orden.