José Natanson | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 4 de diciembre

El ciclo de la ilusión y el desencanto: una mirada profunda y liberal

El ciclo de la ilusión y el desencanto
Lucas Llach y Pablo Gerchunoff
Crítica

Comentario y selección de párrafos por José Natanson, periodista y politólogo, Director de Le Monde diplomatique Edición Cono Sur y de Capital Intelectual.

Uno (mi comentario)

En este libro clásico, Pablo Gerchunoff y Lucas Llach se proponen explicarel gran misterio de la economía argentina: un patrón de crecimiento alocado que la lleva de la cumbre al abismo cada tantos años, en una sucesión monótona de crisis cuasiterminales seguidas de recuperaciones aparentemente milagrosas seguidas de crisis que parecen aún más letales seguidas de recuperaciones… y así hasta hoy. El ciclo de la ilusión y el desencanto, que es como llaman al subibaja, comienza tan atrás en el tiempo como en la etapa de la consolidación nacional, a fines del siglo XIX, y se extiende hasta nuestros mismísimos días. A diferencia de la mayoría de los economistas, que no suelen destacarse ni por su amplitud de miras ni por la calidad de su prosa, Gerchunoff y Llach logran trasmitir con claridad y hasta elegancia su visión de la historia económica argentina, que integra la economía con las dimensiones políticas, sociales y culturales y sobre todo se detiene en los dilemas de los actores: ¿por qué tal presidente actuó como actuó? ¿por qué tal ministro de Economía decidió tal cosa? Como el ciclo se repite, en la edición corregida y aumentada editada en mayo de este año se añade un capítulo sobre la economía kirchnerista, del que extraje cinco de los seis párrafos seleccionados. Allí se puede apreciar tanto la profundidad del libro como la mirada liberal desde la cual está escrito.

Dos (la selección)

“De la historia de la política económica argentina puede decirse (y, de una manera u otra, se ha dicho) infinidad de cosas, pero hay una que no se ha oído jamás: nadie ha dicho que se trate de una historia monótona. La Argentina fue en algún momento el país de crecimiento más rápido y en algún momento el de crecimiento más lento; fue un caso de intensísima integración comercial y financiera al mundo y también un caso de cerrazón como pocos otros países; pudo pasar en pocos años de la hiperinflación a la deflación, del Estado empresario a uno de los más rápidos privatizadores del mundo, de ser el país mas caro de la región al más barato; del endeudamiento al default, y luego de otro default al endeudamiento. El péndulo de la política económica se movió más rápido y con más violencia que en otras latitudes, causa y consecuencia de una economía también marcadamente inestable.”

Tres

Fuente: INDEC y Graciela Bevacqua

Cuatro

“Pocos meses después de estos momentos críticos, Kirchner iniciaría una presidencia que sería recordada por el crecimiento a “tasas chinas” (en referencia a la similitud con el fuerte crecimiento del gigante asiático). El período 2003-2003 fue probablemente el quinquenio de mayor expansión del producto por habitante de la historia argentina. La inflación, en tanto, hacia el final del primer año de gestión del nuevo presidente, se ubicaría apenas un 3,7% anual. ¿Cómo pudo ser eso posible cuando pocos meses antes del país se hundía en una profunda crisis? Ocurrió que la presidencia de Duhalde, en muchos aspectos dramática, sentó las bases de una configuración macroeconómica que dio sus mejores frutos durante los años posteriores: la devaluación había dado lugar a un tipo de cambio real significativamente alto, que una vez asentado el polvo de la crisis permitía una macroeconomía más saludable: salario real bajo pero con amplio margen para crecer, superávit fiscal y superávit externo. Todos estos elementos constituyeron las condiciones iniciales de una recuperación que sorprendió a muchos, y marcaban las principales diferencias económicas entre el final de la convertibilidad y la llegada de Kirchner al poder. Otros aspectos, como la apertura comercial instaurada en los 90 o la privatización de los servicios públicos, no habían sufrido mayores alteraciones.”

Cinco

“Tras la victoria de Cristina en 2007, el gobierno parecía ser consciente de que, a pesar del favorable contexto externo, la economía requería ciertos ajustes. Ante un resultado fiscal que se había deteriorado sensiblemente en el año electoral, el crecimiento del gasto público se moderó, como ya había ocurrido en los meses posteriores a los comicios legislativos de dos años antes. Por otra parte, en noviembre de 2007, poco después de las elecciones, el gobierno saliente de Néstor Kirchner dispuso un aumento de las retenciones a las exportaciones de granos, que en el caso de la soja implicaba que pasarían del 27,5% al 35%. Desde el oficialismo se justificaba la medida argumentando que buscaba evitar que la suba de precios internacionales que se registraba por entonces tuviera impacto en el mercado interno. Más allá de ese argumento -más justificado en productos como el trigo que en el de la soja, con un peso directo en la canasta de consumo local muy limitado-, lo cierto es que implicaba un aumento de los ingresos del Estado. Kirchner dejaba así una mayor holgura fiscal a su esposa, con una medida que en principio parecía no tener antecedentes de rebeliones agrarias generalizadas frente a un aumento de las retenciones- y de hecho no los tuvo en ese momento. Parecía que, al menos desde lo fiscal, se intentaba ordenar la economía después de cierto desborde del año electoral.”

Seis

“Con estatizaciones directas o con intervenciones en compañías que formalmente continuaban en manos privadas, durante estos años el Estado aumentó su injerencia en materia empresaria y lo hizo con un enfoque que replicó el observado en otros aspectos de la administración: el de privilegiar el presente por sobre el futuro mediato. Fue así que las tarifas de buena parte de los servicios públicos -transporte, electricidad y agua, entre otros, particularmente en el área metropolitana de Buenos Aires- permanecieron durante los doce años de gobiernos kirchneristas congeladas o con ajustes por debajo de la inflación. Esto implicaba un beneficio inmediato a los consumidores de estos servicios, lo que ocurría tanto a costa de desalentar las inversiones -comprometiendo así la prestación futura- como de mayores subsidios que el Tesoro giraba a estas empresas, multiplicando así las derogaciones del fisco. Esto último, sumado a otras políticas -como la muy popular ampliación de la cobertura previsional- llevó a un fuerte aumento del gasto público en relación al tamaño de la economía, alcanzando un nivel nunca antes visto en el país.”

Siete

“El kirchnerismo dejaba su marca en la historia de la economía argentina completando un arco completo de ilusión y desencanto; el tercer ciclo de ilusión y desencanto de una democracia de tres décadas. Con la fulgurante recuperación de los primeros años, impulsada por circunstancias internas peculiares y condiciones externas favorables, pareció posible una combinación de reparación social y renacimiento productivo manteniendo la integración al mundo y suspendiendo los conflictos sectoriales típicos de la Argentina. Pero fue, en cierta medida, un espejismo. Con la economía llegando al pleno empleo en la transición entre Néstor y Cristina Kirchner con la inversión del descenso, se le pidió a la política económica lo que no podía dar: crecimiento a «tasas chinas» y salarios reales en aumento. Los síntomas de esta tensión fueron inflación y una apreciación cambiaria que arrinconaron a los gobernantes en un pasadizo cada vez más angosto, en el que siempre optaron por las bifurcaciones que minimizaban el costo presente aun a costa de renunciar a la arquitectura macroeconómica imperante en la mayor parte de Sudamérica. Se sucedieron entonces la manipulación de los índices de precios, el cepo cambiario, los permisos previos para importar y exportar, la conquista del Banco Central y la utilización de fondos jubilatorios para solventar el gasto corriente. A largo plazo, la apuesta por el corto plazo está, por definición, condenada a enfrentarse a dificultades insalvables: a reactivación, en la que todos ganan y en la que no son necesarias las inversiones, no puede ser un estado permanente.”


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