Martina Rua | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 21 de febrero de 2019

¿Cuándo?, comentado por Martina Rua

¿Cuándo?
Daniel H. Pink
Paidos

Uno (mi comentario)

Pink lo hizo de nuevo. Después de su hit DRIVE (2010), el libro con el que nos enseñó sobre la ciencia detrás de nuestras motivaciones, Daniel H Pink, este abogado devenido en best seller sobre productividad y negocios, se metió esta vez con el tiempo, con nuestro tiempo. Cuándo (Paidós, 2018) es un manual que te provoca a que mires de una manera completamente nueva a las 24 horas de tu día. No da lo mismo cuándo y cómo hacemos lo que hacemos. De hecho, nuestra elección puede generar resultados antagónicos. (…)

Pink, un autor generoso y didáctico, condensa de una manera llana y ejecutable (cierra cada capítulo con ejercicios) un sinfín de recetas con un fuerte anclaje científico interdisciplinario, que nos dan pistas sobre el arco de factores que tenemos que contemplar para tomar nuestro tiempo por las riendas. 310 páginas y más de 200 papers académicos después, te encontrás con una obra repartida en tres partes:

  • El día
  • Comienzos, finales y mitades
  • Sincronizar y pensar

Aprendí un montón leyéndolo. Invertí tiempo en conocer mi reloj biológico y estoy intentando no maltratarlo tanto y hacerla más caso a lo que va marcando. Empecé a modificar conductas, como estar más atentas a los ¨valles¨ de mi día, valorar las pausas y la importancia de la sincronización de mis tiempos biológicos con los tiempos y las necesidades de mis distintos proyectos. Ojalá se tienten con estos párrafos. Porque como dice Miles Davis: “Los tiempos no son lo más importante. Lo son todo”.

Dos (la selección)

Cuando Francesca Gino, de la Universidad de Harvard, y dos investigadores daneses observaron los resultados de los exámenes realizados por dos millones de alumnos daneses en un periodo de cuatro años, y las correspondencias entre las puntuaciones y las horas del día en que estos habían hecho el examen, encontraron una correlación interesante, aunque perturbadora. Los alumnos sacaban mejores notas por la mañana que por la tarde. De hecho, por cada hora que pasaba antes de hacerles el examen, las puntuaciones bajaban un poco más. Los efectos de hacer los exámenes a horas más tardías eran similares a tener unos padres con un nivel de ingresos o estudios ligeramente menores, o a perder dos semanas de un año escolar. Los tiempos no lo eran todo, pero eran muy importantes. Lo mismo parecía ocurrir en Estados Unidos. Nolan Pope, economista de la Universidad de Chicago, analizá las puntuaciones de los exámenes estandarizados y las calificaciones por grado de aproximadamente dos millones de estudiantes de Los Ángeles. Al margen de a qué hora empezaran las clases, “tener matemáticas en los dos primeros periodos de la jornada escolar, en vez de en los dos últimos, elevaba la calificación por grado de los alumnos de matemáticas”, así como las notas de los exámenes en todo el estado de California. Aunque Pope dice que no está exactamente claro por qué ocurre esto, “los resultados tienden a mostrar que los alumnos son más productivos en las primeras horas de la jornada escolar, especialmente en matemáticas”, y que los colegios deberían estimular el aprendizaje “cambiando simplemente el momento en que se realizan las tareas”. Pero ten cuidado antes de cambiar tus propios horarios de trabajo para encajar todas las cosas importantes en las horas antes de comer. No todo el trabajo cerebral es el mismo.  Como ejemplo, aquí va otra pregunta con trampa.

Ernesto comercia con monedas antiguas. Un día, le llevan una preciosa moneda de bronce. En una cara de la moneda se ve la efigie de un emperador y en la otra, la fecha 544 a. C. Ernesto examina la moneda, pero en vez de comprarla, llama a la policía. ¿Por qué lo hace?

Tres

En resumen, nuestros estados de ánimo y nuestro rendimiento oscilan a lo largo del día. Para la mayoría de nosotros, los estados de ánimo siguen un patrón común: pico, valle y recuperación, y eso ayuda a moldear un doble patrón de rendimiento. Por las mañanas, durante el pico, la mayoría nos lucimos en problemas como el de Linda: un trabajo analítico que requiere agudeza, vigilancia y concentración. Más tarde, durante la recuperación, a la mayoría se nos facilitan problemas como el de la moneda: un trabajo de insight o comprensión que necesita menos inhibición y propósito (las depresiones de mediodía son buenas para muy pocas personas, como explicaré en el siguiente capítulo). Somos como versiones móviles de la planta de De Mairan. Nuestras capacidades se abren y se cierran de acuerdo con un reloj que no controlamos, pero quizá hayas detectado una ligera cautela en mi conclusión. Fíjate que he dicho “para la mayoría de nosotros”. Hay una excepción al patrón general, especialmente en el rendimiento, y es una excepción importante. Imagínate que estás de pie junto a tres personas que conoces. Probablemente, uno de ustedes cuatro sea un tipo distinto de organismo con un tipo diferente de reloj.

Cuatro

La sincronía afecta incluso a nuestra conducta ética. En 2014, dos investigadores identificaron lo que denominaron “efecto de moralidad matutina”, según el cual las personas son menos propensas a mentir y hacer trampa en las tareas por la mañana que más tarde. Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron que una explicación del efecto podría ser que, simplemente, la mayoría de las personas son cronotipos matutinos o intermedios. Si se tiene en cuenta la condición de búho, el efecto es más matizado. Si: los que se levantan pronto presentan un efecto de moralidad matutina, pero los búhos nocturnos son más éticos por la noche que por la mañana. “La forma como encaja el cronotipo de una persona con el momento del día ofrece un predictor más completo de la eticidad que el que ofrece únicamente el momento del día”, escriben estos investigadores.

Cinco

Un poco es mejor que nada. Un problema de las tardes es que, si hacemos una misma tarea durante demasiado tiempo, perdemos de vista el objetivo que intentamos cumplir, un proceso conocido como “habituación”. Hacer pausas breves en una tarea puede prevenir la habituación, ayudarnos a mantener la concentración y a reactivar nuestro empeño en un objetivo. Las pausas breves frecuentes son más eficaces que las pausas puntuales. DeskTime, una empresa que crea software para el control de la productividad, dice que “lo que tienen en común el 10 % de nuestros usuarios más productivos es su habilidad de hacer pausas eficaces”. En concreto, tras analizar sus propios datos, DeskTime afirma haber descubierto la proporción áurea del trabajo y el descanso. Las personas con un alto rendimiento, según las conclusiones de su investigación, trabajan 52 minutos y después descansan 17. DeskTime nunca ha publicado los datos en una revista que haga revisiones por pares, así que tu kilometraje podría variar. Pero hay abundantes pruebas de que las pausas breves son eficaces y de que son una pequeña inversión que brinda considerables beneficios. Incluso las “micropausas” puedes ayudar.

Seis

La mejor forma de recuperarse de un comienzo en falso es evitarlo desde el principio. Y la mejor técnica para hacerlo es una cosa llamada pre mortem. Seguramente habrás oído hablar del post mortem: cuando los forenses y los médicos examinan un cadáver para determinar la causa de la muerte. En el pre mortem, una idea del psicólogo Gary Klein, se aplica el mismo principio, pero el examen se hace antes, no después. Supongamos que tu equipo y tú están a punto de embarcarse en un proyecto. Antes de empezarlo, reúnanse para realizar un pre mortem. “Imaginemos que han pasado dieciocho meses y nuestro proyecto es un completo desastre”, le dices a tu equipo, “¿qué salió mal?”. El equipo, usando el poder del sesgo prospectivo, sugiere algunas respuestas. Quizá la tarea no estaba claramente definida; quizá la hacían muy pocas personas, o demasiadas, o las equivocadas, quizá no tenían un líder claro o unos objetivos realistas. Al imaginar el fracaso de antemano -pensando qué podría provocar un comienzo en falso-, puedes anticipar algunos de los posibles problemas y evitarlos cuando empiece el proyecto de verdad.

Siete

En el ámbito de la cronobiología, a esas señales externas se les llama zeitgeber (un término alemán que significa literalmente “dador de tiempo”): “señales ambientales que pueden hacer que el reloj circadiano se sincronice”, como explica Till Roenneberg. El razonamiento de Ancona ayudó a determinar que los grupos también necesitan zeitgeber. A veces, el referente que da el ritmo es el único líder, alguien como David Simmons. De hecho, la evidencia demuestra que los grupos suelen ajustarse a las preferencias rítmicas de los miembros con mayor estatus de su grupo. No obstante, el estatus y la estatura no siempre coinciden. La competición de remo es uno de los pocos deportes de carreras donde los atletas dan la espalda a la línea de meta. Solo un miembro del equipo mira al frente. Y en el equipo de primera división femenina de las NCAA en la Universidad George Washington, esa persona era Lydia Barber, la timonel. En los entrenamientos y competiciones, Barber, que se graduó en 2017, se sentaba en la popa de la barca con un micrófono de diadema fijado a la cabeza y gritaba las instrucciones a las ocho remeras. Lo tradicional es que los timoneles tengan la menor estatura y peso posibles para que la barca tenga que llevar menos peso. Barber solo mide un metro veinte (tiene enanismo), pero su temperamento y su destreza son una mezcla tan implacable de concentración y liderazgo que, en muchos aspectos, es ella la que lleva al barco.

Martina Rua es periodista especializada en Innovación, co autora de La Fábrica de Tiempo


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