Shishir Mehrotra | RED/ACCIÓN
Harvard Business Review | 22 de febrero de 2019

¿Cómo se verá el software una vez que cualquiera pueda crearlo?

En 2008 -cuando Netflix todavía entregaba DVDs por correo- decidí unirme a la más reciente adquisición de Google, una plataforma de video llamada YouTube. Es difícil imaginarlo ahora, pero entonces muchas personas eran escépticas acerca de YouTube. Para ellas, estaba lleno de vídeos de gatos y estaba perdiendo dinero a una tasa impresionante. Yo lo veía en forma diferente.

Tenía confianza en nuestro potencial porque observaba cómo se acumulaban las pruebas. Cada día escuchaba acerca de una persona inesperada que obtenía un millón de suscriptores de la noche a la mañana.

Mi historia favorita de éxito improbable en la plataforma tenía como protagonista a Sal Khan, mi amigo de la universidad. Khan comenzó a publicar vídeos de YouTube como una forma de orientar a su sobrina. Los vídeos eran simples transmisiones de él resolviendo problemas de álgebra, pero las personas los amaron. Una noche, durante una cena, Khan me preguntó si los números de reproducciones que estaba viendo eran reales. Y, si lo fueran, ¿debería renunciar a su trabajo como analista de fondos de cobertura y dedicarse a tiempo completo a los vídeos? Le dije que no podía prometer nada, pero que yo estaba apostando mi carrera a los videos en línea. Khan renunció, y su Khan Academy es ahora una de las redes educativas más grandes del planeta.

Creadores como Khan no sólo estaban apareciendo en YouTube. Estaban en Etsy vendiendo sus artesanías. Estaban en Airbnb, abriendo sus propios hostales. Pienso que también podría categorizarse a Fortnite y Minecraft en esta tendencia: incluso en los videojuegos, las personas estaban diseñando sus propias experiencias.

En todas estas instancias, las plataformas dieron un paso de costado y permitieron que las comunidades de usuarios se convirtieran en comunidades de creadores. Le llamo a esta La Generación Creadora, y predigo que sus integrantes irán ahora por el software: En lugar de comprar soluciones unitalla fabricadas por otros, las personas querrán construirlo ellas mismas.

Por décadas, la industria del software ha luchado con el proceso de la democratización. Yo diría que es por su interface. Crípticas APIs, puntos y coma perfectamente colocados, parámetros de línea de comando delicadamente ordenados. Es claro que el software necesita una nueva interfaz, un nuevo lenguaje.

Algunos se han dado cuenta. Compañías como Glitch, Zapier y IFTTT tratan de permitirle a todos hacer cosas que usualmente sólo los desarrolladores pueden lograr. Otras, como Airtable y QuickBase, están trayendo las bases de datos a una audiencia mucho más amplia. Mi propia compañía, Coda, cree que la nueva interfaz será una que conocemos y en la que confiamos: un documento. Los creadores comienzan con un lienzo en blanco y un cursor parpadeante, y usan una nueva serie de bloques para crear documentos tan poderosos como las apps.

¿Qué pasará cuando las personas que pasan todo el día usando software puedan finalmente crear el propio? Comenzará con empresas emergentes diseñando apps para pequeñas audiencias. Las compañías funcionarán con sus propias apps, cientos de ellas, creadas específicamente para cada equipo, proyecto y reunión. Todos los equipos e individuos previamente no atendidos obtendrán una solución perfecta sin necesidad de rogarle a un ingeniero.

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El panorama del software se volverá más amplio e interesante, pero también más ruidoso. Por cada solución brillante, probablemente habrá cien que no lo sean tanto. Veremos una explosión de ideas, llena de software que nunca hubiéramos esperado. Así es como funciona la Generación Creadora.

Personalmente, no puedo esperar.

Shishir Mehrotra es cofundador y CEO de Coda

©HBR, distribuido por The New York Times Licensing Group