Tedros Adhanom Ghebreyesus | RED/ACCIÓN
Opinión | 14 de marzo de 2019

Cómo la igualdad de género mejora la salud global

Las mujeres componen un 70% de la nómina de este y otros sectores de la salud en todo el mundo. Y, sin embargo, un nuevo informe de Global Health 50/50, publicado en vísperas del Día Internacional de la Mujer de este año, muestra que los hombres siguen detentando un poder desproporcionado en el sector sanitario y, además, ganan una parte desproporcionada de los salarios.

Tras haber destinado parte de nuestras carreras a reunir una fuerza de trabajadoras de la salud que lograron reducir a la mitad los fallecimientos por SIDA, la malaria y la tuberculosis en Etiopía. sabemos lo que pueden aportar las mujeres a la salud pública.

Por eso, durante el mandato de Ghebreyesus como director general, la Organización Mundial de la Salud tiene por primera vez en su historia un gabinete con equilibrio de género. Y, una vez lograda la paridad de género en los puestos altos de la institución en la sede central, nos esforzaremos por asegurar que lo hagan también las oficinas regionales y por país.

La paridad de género es un tema tanto práctico como moral. Tener más mujeres en puestos de liderazgo tiene un efecto de cambio positivo en una organización, mejorando el desempeño, la innovación, la creatividad, la resiliencia y la moral. Proporciona modelos de rol y sistemas de apoyo informales de los que las mujeres han carecido históricamente en el lugar de trabajo. Asimismo, reduce la tolerancia hacia conductas masculinas tóxicas en el trabajo como el acoso sexual.

Pero el género es también un determinante social clave de la salud, lo que convierte a la paridad de género en el sector de la salud en un ingrediente necesario para alcanzar los objetivos de los “tres mil millones” de la OMS. La meta es lograr que para 2023 mil millones más de personas que en la actualidad puedan tener pleno acceso a atención de salud, disfrutar de una mayor protección frente a emergencias sanitarias, y gozar de mayor salud y bienestar en general.

Entre otras cosas, sabemos que el género (es decir, las normas, roles y expectativas socialmente construidos sobre hombres y mujeres) tiene un profundo efecto sobre si uno se expone a lugares y productos dañinos, o si se comporta de modos que busquen y protejan la salud. También sabemos que la discriminación basada en género puede tener un efecto importante sobre la prestación de servicios de salud.

Y, no obstante, si bien poner énfasis en el género como un determinante social de la salud y establecer una paridad de género en los altos niveles gerenciales de la OMS podría parecer una obviedad, el informe Global Health 50/50 muestra que somos la excepción a la regla. Tras revisar las políticas y prácticas de cerca de 200 organizaciones de salud que emplean a más de cuatro millones de personas en 28 países, el informe señala vastas asimetrías de poder e ingresos entre hombres y mujeres.

Por ejemplo, en el informe de Global Health 50/50 se ve que más de un 70% de las organizaciones de salud son dirigidas en la actualidad por hombres, y que en un 40% de ellas, las mujeres ocupan menos de un tercio de los altos cargos. Y a pocos les sorprenderá que en estas organizaciones las trabajadoras del género femenino ganen, en promedio, un 13,5% menos que sus contrapartes varones.

Por desgracia, son cifras que están en línea con las que se puede hallar en las salas de juntas de los sectores corporativos y las organizaciones sin ánimo de lucro. Y son disparidades tanto más preocupantes cuando aparecen el sector de la salud mundial, dado su papel en la protección del bienestar y los derechos de toda la humanidad.

Desde la experiencia de la OMS, somos conscientes de que la paridad de género no surge de manera orgánica. Para lograrla es necesario un cambio organizacional deliberado y dirigido. Así, la nueva estrategia corporativa de la OMS apunta a la misión de la Agenda de Desarrollo Sostenible de “no dejar a nadie atrás” y pone un gran acento en la medición de las distribuciones de género, equidad y derechos en todos los programas de la institución. Eso significa que cada departamento tendrá la responsabilidad de mantener la paridad de género.

Pero, si bien poner la paridad de género al centro de las operaciones de la OMS es un importante primer paso, el objetivo mayor es dar soporte a nuestros estados miembros en prestar servicios a personas cuyas vidas, salud y bienestar dependen de los esfuerzos colectivos de sanidad pública. Para ello, tres prioridades deberían guiar nuestro enfoque hacia la salud mundial en todos los niveles, desde la clínica local que entrega atención esencial a los ministerios de salud nacionales y las instituciones multilaterales.

Primero, tenemos que asegurarnos de que el análisis de género esté presente en todas las estrategias de salud y misiones de los programas. Si no entendemos del todo los factores de género que afectan la salud humana, no podremos lograr resultados universales y justos.

Segundo, necesitamos con urgencia cerrar la brecha de poder e ingresos entre hombres y mujeres en el sector de la salud, impulsando para ello estrategias deliberadas para nivelar el terreno para las mujeres.

Y, tercero, tenemos que volvernos a comprometer con la transparencia y la rendición de cuentas en las organizaciones de la salud, incluida la igualdad de género. Solo entonces podremos erradicar culturas de administración tóxicas, mejorar la calidad de la atención y fomentar la apertura y la inclusión en todos los niveles.

Cuando gente de diferentes géneros y trasfondos colabora, trae sus propias experiencias y saberes, y el resultado es más que la suma de sus partes. Las organizaciones con diversidad toman mejores decisiones porque pueden considerar los problemas desde una amplia gama de perspectivas y esbozar potenciales soluciones desde múltiples contextos.

Las organizaciones de salud mundial, los ministerios de gobierno y las instituciones sanitarias nacionales deberían adoptar la igualdad de género no solo por su valor intrínseco, sino también porque funciona.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Tedros Ghebreyesus es Director General de la Organización Mundial de la Salud y Senait Fisseha es Profesora de Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Michigan.

© Project Syndicate 1995–2019.

Salud | 21 de septiembre de 2018

Los gobiernos deben alzarse en defensa de la salud y la cobertura universal

Hace apenas un siglo que la epidemia de gripe española se propagó por todo el mundo y mató a decenas de millones de personas. Mucho antes de la llegada a la luna, de Internet o del descubrimiento del bosón de Higgs, el mundo estuvo a merced de una enfermedad que atacó indiscriminadamente y no respetó las fronteras nacionales. La epidemia exigió una respuesta absolutamente extraordinaria.

Cien años después, las enfermedades contagiosas siguen atravesando fronteras más rápido y de manera más eficiente que la gente o los bienes. Pero otras epidemias, de enfermedades crónicas y no transmisibles (ENT), también son un flagelo para las comunidades de todo el mundo. En verdad, en términos de escala del sufrimiento humano y de los costos para la sociedad, estas enfermedades pueden ser inclusive más devastadoras que sus contrapartes contagiosas.

La ONU representa una oportunidad

En la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, los jefes de Estado globales se reúnen el 26-27 de septiembre para resaltar dos amenazas importantes para la salud. En el primer día, discutirán estrategias para poner fin a la tuberculosis (TB), una bacteria antigua que sigue siendo la enfermedad infecciosa más letal del mundo. La TB se cobra más de 4.000 vidas por día y está entre las diez causas principales de muerte a nivel global. Para agravar aún más las cosas, también es una causa importante de muerte asociada con la resistencia antimicrobiana, así como el principal asesino de la gente con VIH.

Luego, el segundo día, los líderes mundiales se reunirán para discutir planes destinados a combatir las principales ENT como el cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y pulmonares. En conjunto, las ENT son responsables de siete de cada diez muertes a nivel global. En total, las ENT matan a 41 millones de personas cada año, incluidos 15 millones de personas en la plenitud de la vida, entre los 30 y los 70 años. Además de hacer frente a la TB y las ENT, los líderes mundiales también discutirán maneras de promover la salud mental y el bienestar.

La urgencia de una cobertura universal

Los países en desarrollo llevan la peor parte de las epidemias de TB y ENT, ya que la mayoría de la gente que padece y muere prematuramente como consecuencia de estas enfermedades está en países de ingresos bajos y medios. Pero si bien la TB y las ENT son tipos muy diferentes de amenazas para la salud, la mejor respuesta para ellas es la misma: debemos construir sistemas de salud más sólidos que sean capaces de ofrecer cobertura sanitaria universal (CSU).

La CSU hace que la atención sanitaria sea accesible para todos, no importa sus circunstancias. Ofrece el rango pleno de servicios esenciales, desde prevención y tratamiento hasta cuidados paliativos y de rehabilitación para toda la gente, no sólo para quienes pueden pagarlos.

Los principios que sustentan la CSU se aplican tanto para proteger a la gente de la TB y las ENT como para promover la salud mental. Pero si bien la necesidad urgente de CSU es bien conocida, el cambio real no sucederá sin un mayor compromiso de los más altos niveles de gobierno.

Esto significa que los presidentes y los primeros ministros deben convertirse en defensores de la salud de su pueblo. Sólo si se garantiza una respuesta a nivel de gobierno se puede alcanzar la CSU, dado que lo que promueve una buena o una mala salud muchas veces está fuera de la jurisdicción de los ministerios de salud.

Al destacar los desafíos que plantean la TB y las ENT, las Naciones Unidas están brindándoles a los líderes políticos una posibilidad única para anteponer el bienestar de sus ciudadanos. Deberían recordar que promover la salud también tiene beneficios en muchos otros frentes, desde el desarrollo económico hasta la seguridad.

Hasta el momento, los gobiernos ya se han comprometido a alcanzar objetivos globales esenciales para la TB y las ENT. Con respecto a la TB, el mundo todavía necesita tratar a los 40 millones de personas que conviven con la enfermedad, y ofrecer atención médica preventiva a otros 30 millones, todo para 2022. Y para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, debemos poner fin a la epidemia en 2030. Los países pueden cumplir con estos objetivos haciendo inversiones destinadas específicamente a aumentar la prevención, la detección, el tratamiento y la investigación.

Las soluciones no pasan necesariamente por aumentar el gasto

En cuanto a las ENT, los ODS comprometen a los gobiernos a reducir en un tercio la cantidad de muertes prematuras ocasionadas por estas enfermedades. El progreso hacia este objetivo no ha sido lo suficientemente rápido como para garantizar que se cumpla antes de 2030.

Afortunadamente, existen recursos de bajo costo para que los gobiernos cumplan con estos objetivos y salven vidas. Las medidas regulatorias pueden proteger a la gente de exposición a las causas comunes de ENT: tabaco, alcohol, inactividad física y alimentos y bebidas altos en grasas saturadas, sal y azúcar. Las inversiones en los sistemas de salud pueden mejorar la detección de enfermedades y el tratamiento de trastornos como la hipertensión y la diabetes. Vacunar a las niñas contra el virus del papiloma humano (VPH) y someter a las mujeres a controles de rutina, puede reducir drásticamente las muertes de cáncer cervical.

En reuniones que se llevaron a cabo en Rusia y Uruguay el año pasado, los ministros de Salud de todo el mundo se comprometieron a acelerar las medidas contra la TB y las ENT. Ahora, llegó la hora de dar el próximo paso.

La Asamblea General de las Naciones Unidas es una oportunidad única para que los líderes mundiales impulsen un verdadero bien global –mejor salud para sus ciudadanos- promoviendo la cobertura universal para terminar con la TB, derrotar a las ENT y promover una mejor salud mental.

Tedros Adhanom Ghebreyesus es ex ministro de Asuntos Exteriores de Etiopía, es director general de la Organización Mundial de la Salud.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Fabrice Coffrini – AFP