Así cambió el mundo por el coronavirus, según 17 expertos

De presagio a realidad: 17 especialistas marcan los cambios que impuso la pandemia y los comparan con lo que habían pronosticado

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Ilustración: Julieta de la Cal

De presagio a realidad: 17 especialistas marcan los cambios que impuso la pandemia y los comparan con lo que habían pronosticado

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20 de diciembre de 2021

Que el sistema de salud pasará a ser más robusto, la inversión en ciencia se definirá como una prioridad, cambiará la forma de remunerar a los artistas, el Estado será el garante del orden social y se modificarán las formas de enseñanza para dar un lugar protagónico a las y los alumnos. Esos fueron algunas de las predicciones que expertos y expertas le dieron a la RED/ACCIÓN en abril de 2020.

Pero, ¿qué modificaciones realmente impuso la crisis generada por el coronavirus? Lo analizan Hugo Spinelli, Carolina Kurz, Pierpaolo Barbieri, Inés Camilloni, Ignacio Carballo, Adriana Amado, Tomás Escobar, Mayra Arena, Sergio Mohadeb, Ayelén Oliva, Melina Furman, Vilma Rosciszewski, Fabricio Ballarini, Melina Masnatta, Paola de los Santos, Carlos Pérez y Yukiko Arai.

Salud

Hugo Spinelli
Director del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Nacional de Lanús.

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La pandemia, en hechos fácticos, cambió poco y nada al sistema de salud. Quizás, sí se podría decir que tomaron relevancia en la agenda pública los sistemas públicos de salud, la necesidad de un primer nivel de atención, etcétera.

Sin embargo, no hubo cambios rotundos, algo que marque un antes y un después. En cambio, la pandemia dejó problemas que todavía no están resueltos, por ejemplo las patologías no COVID-19, el atraso de cirugías, etcétera. Esos cambios tampoco son fáciles de cambiar. Cambiar implica asumir conflictos, enfrentar intereses creados, que no se pueden solucionar en un solo gobierno. Además, afectan a un tema tan fuerte para la gente como es la salud.

Aprendizajes seguro que hubo, pero aprender es una cuestión muy subjetiva. Yo lo que puedo afirmar es que no hubo cambios en el sistema. Y que estos aprendizajes no se transformaron en modificaciones de todo el sistema.

(En abril de 2020, fue el infectólogo Pedro Cahn, director científico de Fundación Huésped, quien contestó cómo se imaginaba el mundo después del coronavirus).

Creo que la pandemia va a producir un antes y un después en el sistema sanitario. A nivel individual, hay cosas que estamos aprendiendo, como el lavado de manos, la manera de toser o la manera de estornudar, teniendo cuidado, limpiando las superficies. Me parece que hay hábitos personales que van a introducir un cambio.

Igual, lo que me parece más importante es que esta pandemia nos va a dejar como lección la importancia que tiene contar con un importante y fuerte sistema de salud pública, capaz de responder a las epidemias y a las emergencias como estas. Y un estado presente para atender a las necesidades sociales.

Me parece que muchas de las discusiones de si Estado sí o Estado no, van a quedar saldadas con esta experiencia. Y a esto no lo digo yo, lo dice el Financial Times en sus editoriales, lo ha dicho Emmanuel Macron, el presidente de Francia, hablando de la necesidad de fortalecer otra vez el estado de bienestar y la sanidad pública.

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Cultura

Carolina Kurz
Lic. en Artes Combinadas (UBA), gestora cultural e investigadora.

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Transcurridos casi dos años de pandemia, es indudable que uno de los sectores más golpeados es el de la cultura. Para este sector, cuya gran parte depende del trabajo “en vivo” para subsistir, y que se desarrolla en los márgenes de la economía formal, el parate ha sido demoledor.

En este sentido, resulta interesante pensar cómo la pandemia puso de manifiesto con total crudeza la situación de precariedad laboral en el sector cultural, y la necesidad de construir marcos que aseguren los derechos sociales básicos en lxs trabajadores del sector. Por otro lado, se generaron nuevas formas de producción artístico-culturales virtuales ante la falta de presencialidad, pero que plantean y profundizan lógicas de flexibilización y precarización laboral.

¿Podemos pensar en algún sentido esta crisis del mundo de la cultura como una oportunidad? Creo (espero) que sí: la oportunidad de repensar el valor de la cultura y el arte, de visibilizar las problemáticas del trabajo en el sector, la importancia de que el Estado garantice el derecho a la cultura y la necesidad de lxs trabajadores de la cultura de organizarse colectivamente para visualizar nuevas realidades, más justas y equitativas.

(En abril de 2020, fue la escritora, dramaturga y guionista Claudia Piñeiro quien contestó cómo se imaginaba el mundo después del coronavirus).

Esta cuarentena está dejando muy claro el valor de la cultura: hay gente encerrada que se sostiene viendo gratuitamente obras de teatro online, leyendo, viendo series o viendo conciertos.

En relación a esto, en el ámbito de la literatura, pero también en el de los actores, surgió una discusión sobre la liberación de los derechos, que también tienen que ver con la remuneración de los artistas. 

Yo creo que al discutir de esa manera nos equivocamos. Una situación como esta cuarentena no debe llevar a restablecer las reglas del mundo anterior (que, por lo menos en la literatura, ya no servían). Tenemos que encontrar una forma de remunerar a un artista más allá de lo que vende, y preguntarnos cuánto vale para nosotros la cultura.

Cuando salgamos de esto tenemos que romper las reglas del mundo anterior, barajar y dar de nuevo: el mundo anterior es desigual y entrará de nuevo en crisis con otro virus o con lo que sea.

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Cambio climático

Inés Camilloni
Científica climática. Doctora en Ciencias de la Atmósfera.

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Durante este tiempo, la ciencia siguió avanzando. No se detuvo. Aún con los desafíos de husos horarios y complicaciones individuales, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) continuó trabajando y el resultado fue un reporte contundente que dejó mensajes claros sobre qué es lo que está pasando con el cambio climático.

El informe fue un llamado a la acción climática que tuvo impacto en la COP26. Ayudaron los instrumentos de comunicación más accesibles, que haya más medios involucrados y que la gente tenga mayor nivel de información.

Por otro lado, la pandemia no fue un respiro para el planeta. Durante el 2020 las emisiones anuales de CO2 se redujeron alrededor de un 6% respecto de 2019, pero luego recuperaron sus niveles. Conocer ese número de reducción sirvió para evaluar qué sectores fueron los que más contribuyeron a reducir las emisiones. Ahí es donde aparece el transporte como sector clave y, sobre todo, el transporte terrestre.

Uno puede tomar esos datos como una oportunidad. Si tenemos que hacer una transición energética rápida hay una oportunidad en el sector del transporte terrestre. No esperamos que se detenga el transporte, pero sí que se transformen las formas en las que se realiza. Reducir las emisiones que se requieren para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París (reducción de un 7% año a año) requiere de una ambiciosa acción. Todavía estamos lejos de alcanzarlo.

La pandemia expone las consecuencias de que los gobiernos no tengan un plan estratégico de acción frente a una crisis. Individualmente, demostraron ser capaces de responder rápido, pero a veces no fue suficiente. El rol de la ciencia, especialmente la local, acompañando el diseño y la puesta en marcha de esas políticas estratégicas resultó fundamental.

La pandemia y el cambio climático exponen las injusticias a nivel socioeconómico, las tensiones geopolíticas, las campañas conspirativas; demuestran por qué hace falta seguir trabajando de forma urgente y planificada. 

La pandemia aparece como un fenómeno con un comienzo claro y con un final probablemente no tan lejano, pues se supone se encontrará una vacuna. En cambio, el cambio climático está y va a seguir estando. Aún cuando las voces escépticas usen la pandemia como argumento para hacer frente a la crisis económica y desestimar la acción climática; la ciencia tendrá que continuar explicando por qué sigue siendo urgente la acción climática.

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Economía

Ignacio Carballo
Economista de la UBA y UCA, especialista en inclusión financiera.

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No cabe duda que si hay una cosa buena que nos dejó la pandemia es que promovió la inclusión digital en términos amplios, producto de los confinamientos durante 2020, como no habíamos visto en la historia de la humanidad. Esto impulsó a que la población adopte tecnologías digitales y de esa manera se promovieron muchas industrias, principalmente la de comercio electrónico.

Pero para mí eso no fue tan revelador como lo que sí sucedió también en 2020 y es que la banca, que estaba muy retrasada en cuanto a inclusión financiera, recuperó terreno. Incorporó tecnologías que ya eran básicas y ahora finalmente puede competir: todos los bancos tienen sus apps, canales digitales, billetera virtuales, QRSs, y cosas por el estilo.

Desde el lado regulatorio, la pandemia puso sobre la mesa y en relevancia el acceso a los servicios financieros. El ejemplo del 3 de abril de 2021 viendo la cola de adultos mayores tratando de cobrar su jubilación fue un punto de inflexión, mostró la urgencia de tener sistemas financieros inclusivos y también aceitados para poder implementar buenas políticas públicas.

Esto pasó en todo el mundo, no solo en Argentina. Y pasó a ser urgente. ¿Lo que se viene? Es impredecible e incomparable con el pasado.


(En abril de 2020, fue el economista y periodista Santiago Bullat quien contestó cómo se imaginaba el mundo después del coronavirus).

La pandemia está produciendo un efecto inédito en la economía mundial: los países se frenaron por completo. Y a diferencia de otros momentos de la historia, las medidas estatales a nivel sanitario y económico son fácilmente comparables.

Una discusión que tuvo lugar en la Argentina giró en torno a quién te salva de una crisis: si el Estado o el mercado. Tan básica es la misma que es fácil llegar a una conclusión: ambos se retroalimentan para sobrevivir.

El impacto en el trabajo será enorme. Ya previo a la irrupción de la pandemia, el futuro del trabajo a nivel global estaba marcado por dos grandes tendencias: el avance tecnológico y el envejecimiento de la población. Se estima que 1 de cada 4 empleos en la región tiene altas chances de ser automatizados en los próximos dos años y la Argentina no podrá escapar. A eso hay que sumar la desventaja de que somos una economía muy informal y la mayor parte de nuestra población joven tiene bajos estándares educativos.

Por ello, los objetivos de mediano plazo de la economía deberán enfocarse en mejorar el acceso a la tecnología y calificar a las tareas más repetitivas.

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Política internacional

Ayelén Oliva
Politóloga, periodista y analista de política internacional.

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La pandemia nos ha vuelto peores. Estamos más pobres, más fragmentados y con más incertidumbre que antes. En América Latina, estos tres elementos alimentan dinámicas propias. Por un lado, el incremento del nivel de pobreza hace que imaginar modelos de desarrollo más promisorios, que incorporen demandas como la transición ecológica, sea como intentar bordar con pedazos de hilos rotos.

Por otro lado, la región nunca en los últimos años ha estado tan fragmentada como en este momento. La ausencia de un objetivo común hace difícil proyectar políticas a mediano y largo plazo. Por último, el miedo a perderlo todo que provocan los dos elementos anteriores funcionan como alimento para las reacciones conservadoras. La crisis de representación que impacta de manera negativa en los partidos de centro posibilita el surgimiento de expresiones de extrema derecha a las que no estábamos acostumbrados. La situación actual no ilusiona. Habrá que evitar minimizar el enojo social que causa este presente para recuperar una idea de futuro tranquilizadora.

La pandemia generó cuatro quiebres. Uno: volvió a poner en el centro de la escena al Estado como garante del orden pero también del bienestar social. Dos: recuperó el valor de la ciencia, golpeada por el avance de teorías colapsistas llevadas al extremo por nuevos líderes negacionistas. Tres: golpeó a grandes centros de poder de la economía por el freno del comercio internacional pero también a economías más frágiles por la urgencia de inyectar liquidez mediante políticas de emergencia. Cuatro: la pandemia nos recuerda que las decisiones políticas dependen de los gobiernos locales pero que los problemas globales exigen respuestas globales.

La coordinación internacional se convirtió en una acción clave que va desde la socialización de información hasta el envío de insumos. 

La respuesta que Estados Unidos y China así como los mercados y los organismos internacionales puedan dar a estos cuatro quiebres diseñará el escenario futuro. No me atrevo a proyectar uno.

Pronosticar en medio de esta tragedia es arriesgado. Creo más conveniente identificar las rupturas, sumarlas al tablero de geopolítica como fichas de un juego que se está librando ahora. La pregunta es si esta pandemia revirtió el orden conocido para forzar nuevos pactos sociales o si, por el contrario, provocará los anticuerpos de su permanencia.

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Educación

Melina Furman
Doctora en Educación e Investigadora del CONICET.

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Estamos cerrando el año lectivo de 2021, el segundo en pandemia. Un año en el que pudimos volver paulatinamente a la presencialidad. Vuelvo a leer lo que escribí a comienzos del año pasado y creo que uno de los efectos de la pandemia fue, efectivamente, que los docentes de todos los niveles tuvimos que explorar nuevos modos de enseñar y evaluar.

En ese proceso, fuimos renovando nuestra caja de herramientas pedagógicas e integrando las tecnologías digitales para seguir enseñando y sosteniendo el vínculo con los estudiantes a distancia.

También aprendimos todos (familias, docentes, directivos, estudiantes) sobre lo irreemplazable que resulta para los alumnos la presencialidad como espacio de contención y bienestar emocional, como modo de encontrarse entre ellos y con los docentes, de tener un espacio fuera de casa para convivir con pares y aprender a generar comunidad.

A su vez, la pandemia amplificó la desigualdad que ya teníamos en nuestro sistema educativo, con muchos chicos y chicas que no volvieron a la escuela este año o lo hicieron con enorme necesidad de recuperar los aprendizajes no alcanzados.

Estos dos años nos dejan la necesidad de seguir reconstruyendo para que nadie quede afuera del derecho a aprender. Y para que lo que enseñemos en la escuela ayude a construir y sostener proyectos de vida con sentido para todos los estudiantes.

Lo que pasó con la pandemia es que por primera vez docentes de todo el mundo estamos teniendo que adaptar nuestras clases a la modalidad a distancia. Así, nos estamos dando cuenta de que hay recursos disponibles que podemos aprovechar: videos, libros en línea, plataformas para que los estudiantes trabajen colaborativamente a distancia. 

Hoy, con esfuerzo y frustración porque cambiar esto no es nada fácil, estamos incorporando nuevas estrategias que van quedando en nuestro repertorio.

La pandemia también reveló la diferencia entre los hogares en cuanto a conectividad y dispositivos disponibles para los y las estudiantes. Y ahí, espero que también nos dé el empujón para garantizar a todos los chicos y chicas del mundo el acceso a estas herramientas.

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Sexualidad

Vilma Rosciszewski
Médica ginecóloga, sexóloga clínica, comunicadora y docente de la UBA.

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El aislamiento trajo la posibilidad de que todos estemos en las redes, tanto las personas que buscaban información como las que somos sexólogos y ginecólogos. Empezamos a hablar sobre muchos temas y a escuchar preguntas.
Las redes, especialmente TikTok, favorecieron muchísimo a aquellas personas que querían mostrar sus diferentes orientaciones sexuales y formas de identificarse. Esto dio la posibilidad de que aquellas personas que no se sentían a gusto consigo mismas, pudieran identificarse con lo que veían y dijeran: “eso es lo que me pasa, lo que estoy viendo en este video”.

También se habló mucho de la posibilidad del “permiso”. Permiso a mirarte, a tocarte, a conocerte. Hablamos de orgasmos, de relaciones abiertas, de querernos y querer a los demás.

Las personas se permitieron seguir disfrutando sin importar las edades. Aprendimos que la sexualidad no es solo ver qué método anticonceptivo usar para prevenir un embarazo no deseado o una infección de transmisión sexual. Es decidir el método anticonceptivo, más permitirse el placer.

(En abril de 2020, fue Sol Ferreyra, médica y comunicadora sobre salud sexual y reproductiva, quien contestó cómo se imaginaba el mundo después del coronavirus).

La pandemia generará un antes y un después principalmente en la masturbación. Muchas personas se vieron forzadas a pasar la cuarentena solas y no quedó otra que la autoexploración. Este tiempo de pandemia obliga a hacer una introspección, a pensar en uno y en una.

Las personas que viven solas o están separadas de sus parejas encuentran en la masturbación una fuente de placer que por ahí antes no tenían tanto tiempo de explorar. Además, hay mucho material en redes, como nunca antes hubo.

Respecto a nuestras relaciones con otras personas, hay que ver qué pasa cuando termine la cuarentena. Puede que haya habido avances en situaciones donde había algo que no funcionaba, como no. Creo que después de esta cuarentena va a haber separaciones y divorcios, como también va a haber relaciones afianzadas.

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Ciencia

Fabricio Ballarini
Científico. Biólogo e investigador del CONICET.

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Lo que cambió en el ámbito de la ciencia es que, lógicamente, el COVID-19 se volvió un tema de vital relevancia. Todas las investigaciones, de distintas áreas, se volcaron al tema. En primer lugar, por la preocupación que genera y, por otro lado, por la incidencia de las editoriales o revistas científicas sobre el tema. Eso generó que cualquier área intentase abarcar la temática del COVID.

Otro aspecto fundamental es que ya es un hecho que estamos en era de los preprints, de los trabajos rápidos, sin revisión de pares. Venía con cierto crecimiento pero de golpe aparecieron miles y miles de preprints. Esta semana (NdR: esta idea fue formulada el 6 de diciembre de 2021), sobre la variante Ómicron, ya estamos todos esperando no el paper sino el preprint. O sea trabajos que salen sin pasar por controles. Esas revisiones hacen más rico y avalado al paper. Lo mejoran. Pero lo hacen más lento. Entonces, tener esa opción de los preprints es fundamental y creo que fue un cambio rotundo. Esa celeridad de los procesos nos permite analizar una pandemia casi en tiempo real.

Por último, hay un cambio en la comunicación. Así como se aceleraron los papers y aparecieron o se empezaron a difundir más los preprints, aparecieron representantes de la comunidad científica que, además de mandar a publicar papers y de mandar preprints, escriben en sus redes sociales. Eso es alucinante y no había sucedido nunca en la historia de la ciencia. Esa diversidad de voces y de gente interesada en contar, interpretar, analizar y criticar datos es realmente muy rica.

Puede generarse un antes y un después de la pandemia en el vínculo entre la ciencia, la política y la sociedad. Antes, una de las ideas más utópicas que teníamos los investigadores y las investigadoras era que las decisiones políticas referidas a salud pública, a medio ambiente, a educación y más, tuvieran en cuenta las evidencias científicas sobre esos temas.

Hasta este momento siempre hubo una lucha interna en la que científicos y científicas debíamos justificar la utilidad de las investigaciones para la sociedad. No había un valor específico sobre los resultados y eso le daba la libertad a la clase política de no darle importancia a la investigación.

Hoy creo que se ve a las claras, se puede contar en cantidad de muertos, lamentablemente, cuáles son los Estados o cuáles fueron los políticos que no tomaron las decisiones que los especialistas indicaban.

Ahora los estados van a tener que considerar a la ciencia como una prioridad fundamental dentro de sus presupuestos, y la sociedad va a entender que el rol de la ciencia no es un juego. Y que esto se podía haber previsto si el mundo hubiese considerado al ámbito académico y científico como una prioridad. 

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Tecnología

Tomás Escobar
Emprendedor tech y cofundador de Acámica, plataforma de enseñanza de tecnología.

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Lo que más cambió es definitivamente la adopción del aprendizaje remoto y las dinámicas remotas para aprender. Sin la pandemia, esto hubiese tardado probablemente unos 10 años.

Igual, creo que el aprendizaje remoto aún está en su infancia. Todavía es una mera traslación del aprendizaje en un aula presencial a un aula virtual. No se están aprovechando a las tecnologías que hay disponibles como sí estamos viendo en otras industrias como la del entretenimiento, con Netflix o Spotify, por ejemplo.

De todos modos, la aceleración en la adopción del aprendizaje remoto por parte de las personas ahora permite dos cosas. Por un lado, empezar a analizar la enorme cantidad de datos que se necesitan para evolucionar esa forma de aprendizaje y, por el otro, aprovechar que los inversores empezaron finalmente a invertir en ese futuro.

El camino que tomará creo que tiene que ver con el aprendizaje adaptativo, donde cada persona podrá aprender distinto y, sobre todo, a su ritmo. Se trata de una experiencia que solo puede ser generada online y a escala porque utiliza el poder de los datos y la tecnología de machine learning para empezar a construir un aprendizaje único para ese alumno que no tendrá que seguir adaptándose al sistema o a un grupo que va a otra velocidad.

Si bien para eso todavía nos faltan algunos años, ya estamos en ese camino.

Adopción: muchas tecnologías vienen creciendo pero con más resistencia en algunos países que otros, como los cobros o los pagos virtuales. Al utilizarlas por necesidad en la cuarentena, muchos perderán el miedo y descubrirán sus ventajas.

Gobiernos: esta es una oportunidad histórica para que los estados dejen atrás viejos procesos y adopten nuevas tecnologías para ser más modernos y eficientes. Los países que lo aprovechen saldrán muy bien posicionados.

Cambio en el hábito laboral: habrá más presencia de trabajo remoto en las organizaciones, adaptando muchas profesiones para poder trabajar a distancia de manera eficiente.

Cyber vigilancia: en China está ocurriendo para combatir la pandemia y otros países con posturas firmes en cuanto a la privacidad también consideran utilizar estos datos para salvar vidas. Iniciativas que plantean un debate moral que llevaría años en situaciones normales en la coyuntura de una pandemia pueden acelerarse.

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Inclusión financiera

Pierpaolo Barbieri
Fundador de Ualá e historiador de Harvard.

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La pandemia nos enseñó que tenemos que cambiar nuestra relación con el dinero físico. En verdad, aceleró cambios que ya se venían viendo, como una aceleración muy grande en la digitalización del dinero. Aunque nuestra región, América Latina, sigue muy rezagada si la comparamos con China, el sur de Asia, Europa o los Estados Unidos.

De todos modos, creemos que esa brecha, esa diferencia, se va a achicar en el futuro y Latinoamérica va a crecer mucho más rápido. La pandemia nos está enseñando eso. Lo vemos con el comienzo de la interoperabilidad en las transferencias en Argentina, que es un gran hito. También en el open banking, que crece en Brasil y se está planeando para México, y la portabilidad financiera, que se está discutiendo en Chile y Perú.

Todas esas cosas hacen a un sistema financiero más robusto y más profundo, que es algo que necesitamos para romper la inequidad que existe en América Latina, en término de acceso a cuentas.

Es decir, la pandemia cambió la relación de la gente con el dinero y también cómo trabajamos. En Ualá, por ejemplo, nos cambió la forma en la que contratamos a las personas. Hoy, nuestro equipo está conformado por personas que viven en 19 provincias y tienen 15 nacionalidades diferentes. Tenemos gente en 45 ciudades de 6 países. Antes de la pandemia, esto no era así. Nuestro equipo era, en su mayoría, de Buenos Aires. Eso ha cambiado para siempre.

Las imágenes que vimos hace unos días con jubilados sufriendo en las filas de los bancos personalmente me duelen. Saber que creció hasta un 70% la morosidad en el pago de servicios, en parte porque el 50% de las personas los abonan de forma presencial, nos obsesiona a seguir trabajando por la inclusión financiera, pero de verdad. 

El futuro no son los turnos en los bancos. El COVID-19 puso en imágenes lo atrasados que estamos como país en términos de inclusión financiera. 

Personas y empresas se están reconvirtiendo. Vemos un crecimiento del 45% en la carga a través de CBU. Las pymes también se vieron obligadas a estar y cobrar de forma online. Una lucha de hace años se logró en 20 días.

Qué tanto se avance en la digitalización de las finanzas dependerá del trabajo coordinado entre el Estado, el sector público y la sociedad. No solo hay que disponibilizar mecanismos sino también educar. Todavía hay mucho camino por correr. Porque con más opciones ganamos todos. Y de esta salimos entre [email protected]

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Comunicación

Adriana Amado
Docente e investigadora especializada en comunicación y periodismo.

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No podemos decir que la pandemia haya cambiado sustancialmente cosas, sino que catalizó procesos que estaban en latencia o que estaban resistidos. Uno de ellos tenía que ver con la dicotomía presencialidad/virtualidad, que se presentaba como dos órdenes de la vida incompatibles hasta que la pandemia nos mostró que no solo son complementarios sino que están indisociados.

Muchas de las relaciones personalísimas las seguimos de manera remota y muchas relaciones que creíamos cercanas, la pandemia nos mostró que eran insustanciales. Lo mismo con algunos rituales, como las reuniones de trabajo o ciertas convocatorias que la presencialidad limitaba a lo local y que ahora expandieron un diálogo que enriquece el intercambio ciudadano.

Lo que aprendimos es que el cambio en las relaciones no está determinado por lo tecnológico, sino que lo tecnológico es el sustrato en donde se expresan vínculos que ya estaban en latencia en tendencias como la globalidad, la interculturalidad y las hibridaciones: la pandemia mostró que son parte del espíritu de los tiempos y que están extendidas popularmente. No dudo de que este intercambio global va a determinar un cambio mental sustancial para los próximos años.

Pero los medios siguen aferrados a relaciones que eran en ausencia: no manejan las interacciones personalizadas del siglo XXI. Siguen aferrados a la virtualidad que generaba lo masivo y no entienden la personalización que paradójicamente se genera en las redes virtuales.

(En abril de 2020, fue el escritor y productor cultural Hernán Casciari quien contestó cómo se imaginaba el mundo después del coronavirus).

Supongo que se va a precipitar la debacle del papel, que esta suspensión de vida normal hará más rápida nuestra adecuación al mundo digital, de hecho lo está haciendo. Creo que es otra de las bendiciones que le vamos a adjudicar a la pandemia en el futuro: acercarnos al futuro.

Por otro lado, yo espero que por lo menos produzca un antes y un después en revisar nuestras reuniones presenciales de trabajo, por lo menos. La mayoría de las que tuve en los últimos diez años se hubieran podido resolver con un correo electrónico. Nadie se estaba dando cuenta de eso hasta ahora. 

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Pobreza

Mayra Arena
Estudiante de Ciencias Políticas y oradora en TEDx.

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En lo que más la pegué en mi pronóstico de 2020 es en que no iba a cambiar nada. Efectivamente y a grandes rasgos, en relación a la pobreza la pandemia no cambió nada. Pifié en pensar que iba a haber más respeto por la salud. Se vio que nuestra sociedad está tan politizada partidariamente que muchos van en contra del criterio de salud, de bienestar social y de respetar normas científicas básicas. No pensé que la vacuna o el barbijo iban a ser una cuestión política. Ese tipo de cosas mostraron el nivel de intensidad que tiene la Argentina en cuanto a los partidos. No responsabilizo a la oposición, pero sí al fanatismo partidario.

En cuanto a la economía y las injusticias, veo todo igual o incluso peor.

No creo que la pandemia cambie la forma en la que la sociedad ve la pobreza, ni cómo se trata de erradicar. Creo que sí se está viendo muy afectada la forma de ver a la salud pública. Me parece que se empieza a entender que el bienestar del otro es mi bienestar, que la salud del otro es mi salud y que sin importar quién trabaje más, quién se esfuerce más y quién gane más, nos conviene que todos estemos sanos. 

Ojalá que se empiece a entender que mientras haya personas en condiciones de hambre, de miseria y de desigualdad, cada uno se va a aferrar a lo que puede, cada uno va a comer lo que puede, y se pone en peligro a sí mismo y pone en peligro a los demás. 

Es una lástima que haya tenido que ocurrir una pandemia de estas dimensiones, donde todos corremos peligro y todos tenemos que modificar drásticamente nuestras vidas, para que un sector entienda que nadie tendría por qué comer algo que no está en condiciones de ser comido. Es una lástima que tenga que pasar algo tan grave para que se entienda, que no está bueno para nadie.

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Emprendedores

Melina Masnatta
Emprendedora social y directora ejecutiva Chicas en Tecnología.

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Me sorprendió volver a leer y encontrarle sentido a lo que dije a comienzos de la pandemia (no lo cambiaría). Quizás sí, profundizaría. Hoy se sigue confirmando el protagonismo de la tecnología y su aspecto democratizador. Así como también se enfatiza y profundiza el sentido relacional/vincular y la búsqueda de centrarse en las personas para darle propósito, un para qué a eso que nos encuentra digitalmente.

Hoy, el triple impacto se convirtió en algo urgente, así como la búsqueda de la calidad de las interacciones, la salud mental y el balance en el uso de pantallas.

Es tiempo de entender cuál fue el impacto (cognitivo/emocional/interpersonal) y tomar decisiones sobre hacia dónde y cómo queremos seguir reconfigurando los escenarios tecnodigitales que impactan en lo real.

La pandemia nos trajo certezas en un escenario de incertidumbre: las metodologías que se usan en el ambiente emprendedor son más que necesarias: identificar problemas basados en evidencia, datos; idear soluciones ágiles basadas en las personas, implementar y evaluar para volver a iterar.

Y de la mano de estas acciones, la tecnología es sin duda la respuesta. Sin embargo entendimos que tenemos que darle un propósito, un para qué. Aquí los emprendimientos también están aprendiendo a que ya la rentabilidad no es el único aspecto a considerar, sino el impacto social ¿Qué estamos cambiando para la persona a la que le acercamos una solución? El triple impacto también se posiciona como la respuesta en estos escenarios urgentes.

Finalmente, y no por eso menor, los vínculos sociales cobraron sentido nuevamente: cómo nos sentimos y qué deseamos son el termómetro para generar empatía y entender realmente a las personas a las que les acercamos propuestas cuando emprendemos. Somos red, más allá de Internet, y más allá de las distancias geográficas. El aspecto humano es el diferencial.

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Mater y paternidad

Paola de los Santos
Puericultora y psicóloga social.

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Respecto al año pasado algo se modificó porque las madres volvieron a las consultas pediátricas. Si bien a muchas la presencialidad les da tranquilidad, tampoco lo hacen con la misma asiduidad que antes. Muchas de las cosas las siguen manejando de manera virtual porque les sigue cerrando muchísimo esa modalidad cuando no hay una necesidad concreta de tocar al bebé o evaluarlo en persona.

Respecto de la lactancia, sigo recibiendo comentarios que dicen que, para quienes tienen bebés y pudieron sobrellevarlo sin mayores dificultades, la pandemia tuvo su lado positivo que fue poder estar en familia y disfrutar de sus hijos e hijas, porque de otra manera no hubiesen podido hacerlo y hubiesen estado trabajando muchísimas horas con sus bebés en otros lugares.

Recibo muchos mensajes de mujeres que agradecen haber tenido ese tiempo y la disponibilidad, no solo para establecer una lactancia exitosa si no para poder escuchar las charlas informativas respecto a eso. Hay muchas personas que valoran haber tenido ese espacio y ese tiempo para estar en casa y en familia."

No sé si la mater-paternidad se va a modificar, quizás sí a pensar de otra manera. En lo que a mí respecta, que es la lactancia, algo que estoy viendo con la cuarentena es que los bebés no pueden ir a los controles de peso, que suelen presionar tanto a las madres y a las familias. Ahora no se pueden hacer.

Y lo que está pasando es que los bebés están bien igual, y que la lactancia está funcionando porque los y las pediatras, que atienden de manera virtual, se guían por lo que les dicen las mamás. Les hacen preguntas, las mamás les mandan fotos y les dicen: “Debe estar bien de peso”, y probablemente lo estén. Pero hasta este momento, el peso de los bebés era como una carrera a contrarreloj que tenían que correr las mujeres.

No digo que no tenga que haber un acompañamiento en el desarrollo, pero a las mamás esa instancia de control, con todo lo que implica esa palabra, las asustaba. Los y las pediatras ahora tienen que escuchar sinceramente la palabra de la mamá, porque es casi la única herramienta que tienen, y eso me parece genial, porque las palabras de la mamá son sabias. La lactancia supera un montón de cosas y también va a superar esto.

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Derecho

Sergio Mohadeb
Abogado UBA y autor del blog derechoenzapatillas.com.

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Son varios los cambios ocurridos a lo largo de estos casi dos años. En lo económico y regulatorio, en general vemos cómo se consolida un paradigma de mayor intervención del Estado, con una restricción mayor en algunos derechos fundamentales. Algo que es muy usual en las situaciones de emergencias.

En lo que respecta a la constitucionalidad de las medidas, debe analizarse en cada caso. En tal sentido, la biopolítica se expande a la regulación de casi todos los órdenes de la vida, relaciones, datos personales, salud y movilidad. Ya sea desde el Estado o desde otras entidades. Por ejemplo: clubes o consorcios, con reglamentos minuciosos.

El derecho de emergencia también fue otra de las situaciones presentes. Claro está, en países con instituciones débiles, la normativa podría aplicarse de modo desigual y terminar perjudicando a quien menos poder tiene. De hecho, muchas veces los avances sobre la libertad no se retrotraen pasada la situación de emergencia.

La libertad de expresión también se vio comprometida. Un punto fundamental es la regulación en el discurso que hacen algunas plataformas online, como ser Instagram, Google o Facebook, con el pretexto de que se ve amenazada la salud. El fundamento de la libre expresión de ideas es justamente poder debatir hasta las incoherencias manifiestas.

Otras cosa que se observa es el auge de las regulaciones en las compras online y del teletrabajo. Es algo que la pandemia aceleró bastante. "

Un debate que se dio, y se puede reflejar jurídicamente, es el tema del acceso a la salud. En la Argentina hay ya un vasto desarrollo sobre el tema, con cobertura universal, por el sistema público, privado o de obras sociales. Pero sí se puso en discusión la asignación de los recursos. Algo parecido puede darse con la seguridad social.

De seguro habrá un desarrollo jurisprudencial sobre la fuerza mayor, un supuesto en el cual una persona que no cumple un contrato no es culpable (Código Civil). Es posible que los jueces apliquen la regla del esfuerzo compartido y resuelvan los casos en relaciones patrimoniales (contratos) según criterios de equidad, si no hay culpa de las partes (no fue a propósito el incumplimiento). Es de creer que los conflictos que puedan surgir serán resueltos de buena fe. 

Un tema importante que en la Argentina tenemos algo postergado en debate público es el derecho de datos personales y de privacidad: ¿Cuánta información nos permitimos ceder? ¿Cuánto puede monitorear el Estado y hasta qué punto intervenir?

También creo que esta emergencia abre paso a nuevas formas de colaboración más informales, a relajar las exigencias de ciertos contratos y a tener más herramientas para que los actos sean digitales. Es posible que el derecho incorpore estas innovaciones.

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Carlos Pérez
Creativo y presidente de la agencia BBDO Argentina.

El ya casi lugar común de la pandemia como fast forward (avance rápido) de procesos humanos también aplica a lo que ha sucedido con el marketing y la publicidad en estos dos años. Hubo un salto en el tiempo hacia adelante. Y en el lugar en el que caímos, parecen (todo es mutante) identificarse cuatro coordenadas.

Valores. Si al comienzo de la pandemia el “storydoing” (hechos que certifiquen mis creencias ante mi audiencia) se impuso como una forma ética de abordar una realidad distópica, hoy queda claro que las compañías/marcas requieren un sistema de valores constatables para existir.

Agilidad. Las mismas compañías que migraron sus operaciones de presencial a remoto en dos días, son las que hoy experimentan con similar fluidez propuestas comerciales o mensajes, miden aceptación, reformulan y vuelven al mercado.

Personalización masiva. El siglo XX fue el de dos coordenadas básicas: nivel socioeconómico (ABC1, C2, C3, D, E) y segmentación etaria (18 a 25 años). El siglo XXI post pandemia es el nirvana de la identificación, y el desafío está en pensar tantos mensajes y propuestas de valor como personas a las que queremos llegar.

Privacidad. ¿Cómo comunicarle mi producto a cada persona sin violentar su “zona de intimidad”? ¿Cómo establecer estrategias de llegada cuando la zona de intimidad de cada persona es diferente? Facebook y todas las plataformas con vocación de omnipresencia han visibilizado un tema sobre el que hay más preguntas que respuestas. Quizás debamos redactar en términos personales un Preámbulo de Uso de Datos para relacionarnos con las marcas.

Unos cuantos meses antes de que diera a luz RED/ACCIÓN, escuché estas tres preguntas: ¿Cuál es el rol del periodismo hoy? ¿Su misión es solo registrar los problemas de la sociedad? ¿O puede ser parte de la solución? 

Le ha tomado más de un siglo al periodismo para llegar a estas preguntas y actuar en consecuencia. Un camino muy similar han recorrido las compañías y en especial ese artefacto simbólico llamado Marca. Las palabras claves en este viaje son dos: storydoing y storytelling, traducidas simplemente como “decir” y “hacer”. El siglo XX ha sido el del “decir”. 

El marketing y su brazo más dúctil, la publicidad, crecieron y se hicieron fuertes contando atractivas historias. O siendo más precisos aún: conceptos. Disney es magia, Coca-Cola, felicidad. La ley 5 de las 22 leyes de Ries y Trout comprimen de manera certera esta capa geológica: “lo más poderoso es poseer una palabra en la mente de los clientes”. 

Pero llegó Internet y con ella la interacción. Ya no hay algunos que cuentan y otros escuchan. Todos tienen la palabra. Un cambio sísmico del que emergen marcas más “humildes”: escuchan, conversan, responden a demandas. El camino nos ha traído hasta el storydoing, el hacer. Lo que digo, ¿es verdadero? Hablo de felicidad… ¿promuevo la felicidad, por ejemplo, con mi política de recursos humanos? Integridad, eso es lo que se le está pidiendo a las marcas. La pandemia en ese sentido lo ha acelerado todo: ya no es lo que las marcas hacen por sus clientes. Es lo que hacen o dejan de hacer por la especie.

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Trabajo


Yukiko Arai

Directora de la Oficina de País de la OIT para la Argentina.

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En 2020, a escala mundial, se perdieron 255 millones de empleos a causa de la pandemia —un impacto cuatro veces mayor al de la crisis financiera de 2008-09—. Esta crisis sanitaria, económica y social expuso grandes desigualdades entre naciones, pero también hacia dentro de los países, así como entre mujeres y hombres. Estos efectos aceleraron las tendencias del mundo del trabajo que se observaban antes de la irrupción de la COVID-19 (pobreza, desigualdad, salud, cambio climático, transformación tecnológica y demográfica, economía de cuidados, brechas de género, desempleo juvenil, informalidad, entre otros). Son temas interrelacionados y, para superarlos, requieren de una respuesta global coordinada.

En América Latina será prioritaria la reinserción laboral de los segmentos más vulnerables de la sociedad —en especial, mujeres y jóvenes— a través de creación de trabajo decente, sobre todo entre las micro, pequeñas y medianas empresas. En este contexto, se requieren ajustes para redoblar esfuerzos hacia la formalización, junto a una mirada crítica de los esquemas de protección social.

La OIT procura esta meta y acompaña a gobiernos, empleadores y trabajadores mediante el diálogo social. El objetivo: reducir la desigualdad y la pobreza, mediante políticas inclusivas, sostenibles y resilientes que aumenten oportunidades para más y mejor trabajo, así como para cumplir la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

(En abril de 2020, fue Pedro Américo Furtado, por entonces Director de la Organización Internacional del Trabajo en Argentina, quien contestó cómo se imaginaba el mundo después del coronavirus).

Entre los aprendizajes que seguro nos dejará esta pandemia, muchos afectan al mundo del trabajo. Primero, el impacto sanitario, económico y social del coronavirus mostró déficits en los actuales sistemas de protección social y desequilibrios en las relaciones de empleo; explicitó aún más los graves efectos de la informalidad. Esos y otros problemas señalan que es crucial invertir en políticas integrales e inclusivas que pongan a las personas en el centro.

Una segunda lección llama a acelerar la transición hacia sistemas económicos sostenibles y establecer instrumentos que aseguren, junto a la salud y seguridad de los trabajadores. Por último, el rol de los organismos multilaterales es fundamental para diseñar y desarrollar respuestas coordinadas que contribuyan a proteger a las personas, sostener los empleos e ingresos y estimular la economía global. Y más que nunca, el diálogo social entre los trabajadores, los empresarios y el Estado es clave para construir un futuro de mayor bienestar para todas las personas.

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Producción periodística: Ariana Budasoff, Axel Marazzi, Daniela Noguera, David Flier, Florencia Tuchin, Iván Weissman, Javier Sinay, Luciana Coraggio, Lucía Castro, Renata Berra, Rocío Viñes y Tais Gadea Lara. Coordinación general: Stella Bin. Edición general: Javier Drovetto. Ilustración: Julieta de la Cal. Diseño y desarrollo: Dina Perez.

Hagamos que el periodismo no solo sirva para contar el mundo, sino también para cambiarlo.