Cómo pueden las mujeres impulsar la transición verde - RED/ACCIÓN

Cómo pueden las mujeres impulsar la transición verde

El cambio a la energía sostenible brinda a las sociedades la oportunidad de abordar la discriminación sistémica de género. Afortunadamente, los gobiernos, las empresas, las universidades y las ONG reconocen cada vez más la necesidad de hacer que la transición verde sea más diversa e inclusiva.

El mundo necesita desplazarse del actual sistema energético basado en combustibles fósiles a la neutralidad de carbono. Evidentemente, para ello será necesario que los países desplieguen energías renovables y las integren en la red eléctrica, aumenten la eficiencia energética, actualicen la infraestructura, y perfeccionen la gobernanza de los mercados de electricidad y energía.

Es menos evidente que para alcanzar el éxito del antedicho cometido será necesario que las mujeres puedan contribuir a la transición en igualdad de condiciones que los hombres.

Las transiciones energéticas diferirán en función de las prioridades de desarrollo de cada uno de los países, la proporción de la población con acceso a las redes eléctricas, la actual matriz energética, y la demanda proyectada.

Algunas transiciones pueden consistir simplemente en la retroadaptación de activos antiguos e insostenibles a fin de reducir las emisiones de dióxido de carbono, mientras que otras pueden formar parte de una estrategia de desarrollo multifacética para la transformación social, en la cual se incorpore la igualdad de género y la inclusión. Sin embargo, todos los países deberían comprometerse a crear empleos y a no dejar a nadie atrás.

Si bien los datos disponibles varían considerablemente, las mujeres probablemente representan – como máximo – un tercio de la fuerza laboral mundial en el sector de la energía sostenible. Y, su participación generalmente es mucho menor en las llamadas profesiones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y en puestos ejecutivos. Como era de esperar, la toma de conciencia sobre la dinámica de género en el lugar de trabajo también tiende a ser baja.

Además, las políticas que podrían ayudar a corregir el actual desequilibrio en el sector – como por ejemplo, la flexibilidad de horarios, la licencia parental, los planes de reincorporación al trabajo, la contratación y promoción sin sesgos, y las juntas directivas y paneles equilibrados en cuanto al género – son escasas.

Estas barreras que impiden la plena participación de las mujeres son, ante todo, una violación de los derechos humanos, en particular del derecho de las mujeres a una participación plena e igualitaria en la vida de sus comunidades. Los gobiernos, consiguientemente, tienen el deber de eliminar la discriminación contra las mujeres y establecer marcos que ayuden a empoderarlas y permitan su progreso.

Además, la infrarrepresentación de las mujeres priva a las transiciones energéticas de diversos talentos y, por lo tanto, impide el cambio transformador necesario para alcanzar los objetivos climáticos mundiales y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. A la inversa, la participación igualitaria de las mujeres en la fuerza laboral es demostrablemente buena para los negocios, la economía, el desarrollo social y el medio ambiente.

Estos hallazgos no son nuevos. El Banco Mundial en su Informe sobre Desarrollo Mundial del año 2012, por ejemplo, subrayó que la igualdad de género no sólo es un objetivo fundamental de desarrollo por derecho propio, sino que también mejora la productividad de una economía y las perspectivas de las generaciones futuras.

Y, durante la recesión económica mundial de 2009, una encuesta a nivel mundial realizada por la consultora McKinsey & Company llegó a la conclusión de que las mujeres líderes representan “una ventaja competitiva en y después de las crisis”. Asimismo, el hecho de tener un mayor porcentaje de mujeres en puestos de decisión aumenta la innovación y la rentabilidad, disminuye el riesgo, y mejora las prácticas de sostenibilidad.

Las transiciones energéticas verdes brindan oportunidades para abordar la discriminación sistémica de género y permiten a las sociedades cosechar los beneficios de una fuerza laboral más diversa. Esto se debe, en parte, a que la energía sostenible es un campo nuevo y de rápido crecimiento; se espera que el número de personas empleadas en todo el mundo en el sector aumente de un estimado de 11 millones hoy a más de 42 millones hasta el año 2050. Además, el alcance de las transiciones exige una gama diversa de aptitudes, entre ellas aptitudes en ingeniería civil, ciencias ambientales, mercadotecnia, enseñanza y acción comunitaria.

La buena noticia es que los gobiernos, las empresas y las universidades de todo el mundo están implementando una amplia variedad de estrategias para hacer que la transición verde sea más diversa e inclusiva. Por ejemplo, la constitución de Ruanda del año 2003 establece una cuota femenina mínima obligatoria del 30% en todos los órganos de toma de decisiones, incluidos aquellos relacionados con el desarrollo sostenible y la energía. La cuota obligatoria envió una poderosa señal a la sociedad y se cumplió con creces, ya que más que se duplicó en las elecciones parlamentarias de los años 2013 y 2018, en las que las mujeres ganaron más del 60% de los escaños.

En el mundo de los negocios, la firma turca Polat Energy recientemente obtuvo un “préstamo de género” de $44 millones para financiar la construcción del parque eólico más grande de Turquía. Las condiciones del préstamo mejorarán si la empresa demuestra un mayor progreso con dirección a la igualdad de género en comparación con una línea de base inicial.

En otros lugares dentro del sector energético, Wind Denmark ha ido más allá de la ya generosa política de licencia parental del país, para ambos mujeres y hombres, mientras que ScottishPower aboga a favor de un programa de “regreso al trabajo”. Del mismo modo, el fabricante de turbinas eólicas Siemens Gamesa promueve acuerdos de trabajo flexibles y un análisis transparente de las brechas salariales entre géneros, lo que recientemente condujo a que el gobierno del Reino Unido certifique que las empleadas de esta empresa en el Reino Unido ganan el 95% de lo que perciben sus colegas masculinos.

Las instituciones académicas y las ONG también están desempeñando su papel. La universidad australiana UNSW Sydney ha informado un aumento del 78% en las inscripciones de mujeres en el primer año de ingeniería desde que lanzó su programa de mujeres en ingeniería en el año 2014. Y, la Global Women’s Network for the Energy Transition – una ONG internacional que ofrece programas de establecimiento de vínculos con fines profesionales (networking), tutoría y capacitación para mujeres – publicó recientemente un estudio sobre cómo hacer que la energía sostenible sea más diversa en cuanto al género.

Las transiciones energéticas son esenciales para limitar el calentamiento global y construir un futuro más sostenible. Lograrlas va a favor del interés de todos. A medida que los países de todo el mundo se embarcan en “reconstruir mejor” después de la pandemia COVID-19, las estrategias de transición energética deberían ser un elemento clave dentro de cualquier paquete de estímulo. Y, dichas estrategias tendrán muchas más probabilidades de éxito si las mujeres desempeñan un papel central.

Irene Giner-Reichl, embajadora de Austria en Brasil y Surinam, es presidenta del Foro Mundial sobre Energías Sostenibles, cofundadora y presidenta de la Global Women’s Network for the Energy Transition, y vicepresidenta de REN21.

EN PROFUNDIDAD