Florencia, la atleta que sabe que siempre se puede | RED/ACCIÓN
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Florencia, la atleta que sabe que siempre se puede

Florencia, la atleta que sabe que siempre se puede

Aunque no los veía, ella recuerda que todos lloraban. La operación había salvado la vida de Florencia, que era una niña de ocho años, pero la había dejado definitivamente ciega. Ella, sin embargo, ya mostraba rasgos de un espíritu de superación que iba a llevarla bien lejos. A los 20 días de aquella intervención quirúrgica, ya había vuelto a practicar natación, el deporte que hacía entonces.

“Siempre tuve un espíritu salvaje”, cuenta entre risas Florencia Romero cuando recuerda su infancia. Hoy tiene 24 años, vividos casi siempre de la mano del deporte. Porque pese al retinoblastoma bilateral (un cáncer ocular) con el que nació y que le fue quitando paulatinamente su visión antes de quedar completamente ciega, Florencia nunca dejó de probar actividades. Desde hockey a natación (que practicó entre los 7 y los 18), pasando por esquí en los cerros de Esquel, la ciudad donde se crió. Acaso desde chica, Florencia nunca compró la idea de que una persona con discapacidad está condenada a una vida sin desafíos.

A los 13 años, Florencia fue a participar en natación a los Juegos Evita, en categoría adaptada. Cada deportista tenía que presentarse en más de una disciplina por lo que, para cumplir con el requisito, Florencia se anotó en atletismo. 

Y le fue muy bien: entre 2010 y 2013, en los Juegos Nacionales Evita, sumó victorias tanto en el agua como en la pista. En ese período, en los juegos del 2011, un entrenador nacional la conoció y le pidió que fuera a Buenos Aires a probarse al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNaRD). Pronto se convirtió en parte de la Selección y descubrió que, más que correr, era buena lanzando la bala y el disco (sus mejores marcas actuales son 9,67 metros y 30,27 respectivamente).

Florencia en su tercera participación en un Mundial, en Dubai 2019. Foto: paradeportes.com

“Ella es alguien muy positiva, muy perseverante, muy trabajadora”, dice de Florencia Yanina Valiente, quien la entrenaba en natación y en atletismo en Chubut y la conoce desde sus 7 años. “El deporte le permitió superarse constantemente, es alguien que cuando algo le sale mal, se enoja un poco, pero enseguida levanta la cabeza y busca cambiarlo”, agrega.

A medida que maduraba, Florencia comenzó a pensar a largo plazo y a entrenar para objetivos cada vez más altos.

Los registros hablan de un crecimiento deportivo y de un palmarés notable: tres finales mundiales en disco (2015, 2017, 2019) y la final en la misma especialidad en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016. También medalla de bronce en disco y de plata en bala en los Parapanamericanos de 2019, en Lima. Medallas que incluso podrían haber sido más, porque Florencia es la mejor de América entre lanzadoras de bala ciegas y una de las cinco mejores del mundo, pero en esa disciplina las personas ciegas compiten con quienes tienen visión disminuida, lo que la pone en desventaja.

Hoy, Florencia se entrena seis veces por semana y ni siquiera frenó cuando la pandemia le impidió ir al CeNaRD: se armó un gimnasio en su casa. Este año, la meta era clasificar para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, aplazados para el 2021.

Pero Florencia no se define por esos logros. “Antes que una medalla, soy una persona”, remarca. Y, de hecho, las enseñanzas que tuvo gracias al deporte denotan triunfos mucho mayores que cualquier trofeo. “El deporte me ayudó a afianzar la enseñanza de mi familia de que soy igual al resto, de que puedo manejarme independientemente. Mis entrenadores me tratan normalmente, no como ‘pobrecita’”, cuenta.  

Florencia, en el gimnasio que armó en su casa.

Florencia, entonces, entre entrenamientos y viajes, la ayudó a desterrar una idea que, dice, está muy instalada aún en la sociedad: “Creo que hay un estigma sobre la discapacidad. Ya la palabra discapacidad hace que la sociedad piense: ‘Uh, no puede, pobrecito’. Muchas personas con discapacidad se creen ese cuento y dejan que otros hagan las cosas por ello, en parte porque es más cómodo”.

“Si queremos cambiar este pensamiento, hay que educar tanto a la sociedad en general como a las personas con discapacidad”, añade la atleta. Y no son palabras vacías, sino un compromiso que ella misma asumió desde su vocación (también inspirada por los profesores que tuvo en la escuela para ciegos a la cual asistió): cursa el cuarto año de la carrera de educación especial.

“Quiero sacar a las personas con discapacidad de sus casas, mostrarles que pueden ser independientes y no depender de otras personas”, explica Florencia. Su anhelo es, finalizada su formación de grado, diplomarse en multidiscapacidades y sordoceguera (personas con más de una discapacidad) y atención temprana. 

Es que Florencia aprendió, mientras participaba en torneos y conocía a otros atletas con diferentes discapacidades cuál es el potencial que hay en cada persona. “Saber que existen diversidades múltiples y ser respetuosos ante esos problemas, entenderlos y ser empáticos: eso me deja el deporte adaptado. En el deporte convencional son todos iguales, todos los cuerpos buscan la perfección. Pero a nivel adaptado no vas a encontrar un deporte igual al otro. Es magnífico y me enseñó a respetar, a valorar la diversidad, a ser consciente y empática con el resto”.

Créditos: Textos y producción: David Flier. Coordinadora de proyecto: Luciana Coraggio. Desarrollo web: Dina Pérez. Participación de la comunidad: Belén Quellet. Locución: Macarena Dealesandro. Edición de imágenes: Denise Belluzzo. Edición general: Javier Drovetto.