Diagnóstico: adicción a Netflix. Tratamiento: parpadear 10 veces... y otros ejercicios | RED/ACCIÓN

Diagnóstico: adicción a Netflix. Tratamiento: parpadear 10 veces... y otros ejercicios

En la primera semana de octubre, un hombre de Bangalore, India, se acercó a una clínica especializada con un pedido inédito de ayuda: no podía parar de mirar Netflix. “Adicto a Netflix”, fue el diagnóstico que le dio la clínica SHUT (Servicio para el uso saludable de tecnología, por sus siglas en inglés), que depende del Instituto Nacional de Salud Mental y Neurociencias.

El caso se difundió a través de los medios del mundo mientras el paciente seguía su tratamiento de rehabilitación. A cargo de él estuvo el doctor Manoj Sharma, profesor de Psicología Clínica y líder del equipo profesional de SHUT, donde llegan por semana unos 10 casos de jóvenes y adolescentes con problemas con la tecnología. “Las series le ayudaban a relajarse, a abstraerse del entorno”, cuenta en su consultorio, de paredes llenas de carteles con advertencias sobre el uso excesivo de dispositivos electrónicos.

El paciente tiene 26 años, es soltero y vive con sus padres y su hermana mayor, quien trabaja en una empresa del rubro tecnológico. Él mismo buscó ayuda profesional luego de más de 3 años sin trabajar: tras graduarse en el nivel terciario en Humanidades, no logró insertarse en el campo laboral.

“Su familia le demandaba que consiguiera trabajo. Él se comparaba con sus amigos o parientes, a quienes les iba bien. Todo contribuía al estrés”, dice Sharma. “Encontró seguridad y relajación al mirar Netflix. Empezó con 2 a 3 horas por día, pero de a poco aumentó la cantidad. Menos de un año y medio más tarde miraba entre 6 y 7 horas diarias. Incluso alguna vez llegó a estar 10 horas seguidas frente a la pantalla”.

Para él, en los casos de adicción a la tecnología pasa lo mismo que con la adicción a sustancias: “la gente se automedica, usa la tecnología como una droga para estar relajado”. El paciente lo pone en estas palabras: “Estaba perdiendo el control al mirar Netflix”.

“Está bien mirar Netflix por recreación; el problema es cuando afecta al estilo de vida de la persona”, remarca Sharma. Dice que algunas áreas que se modifican con el exceso de tecnología son el descanso, el cuidado del aspecto físico (“algunos pasan 2 semanas sin bañarse”), las actividades al aire libre y las relaciones interpersonales.

Para el paciente, Netflix se había convertido en el eje de su vida. “Cada vez que estaba en casa sentía una urgencia que me empujaba a encerrarme en mi habitación a mirar”, dijo. A su familia le daba “cualquier excusa” para aislarse en su cuarto y fijar su vista en la pantalla (casi siempre la de su celular). “Me dormía a las 2 o 3 de la madrugada, al otro día me despertaba tarde. Estaba inquieto y posponía trabajar en mi carrera profesional” dijo.

El joven había llegado a establecerse objetivos. “Se decía, como si fuera una tarea: ‘Tengo que mirar esta cantidad de episodios’”, explica Sharma. Su paciente le contó que llegó a mirar 60 horas de contenido en 30 horas reales, saltándose las partes que no le interesaban. Esto le generaba una especie de orgullo. En un día, “solía mirar más de 15 o 20 shows”, los cuales iban “de historias románticas hasta acción o cualquier otro contenido”.

En qué consistió el tratamiento

La rehabilitación comenzó con métodos de relajación y terapia psicológica, enfocada en formas de disminuir el estrés. Más tarde se trabajó en controlar la irritabilidad y las emociones y en reforzar la motivación.

“Le recomendamos que el horario de irse a dormir no se vea afectado por el uso de Netflix. También hacer un corte a los 30 minutos”, dice Sharma. En ese corte, aconseja “parpadear 10 veces, mover la cabeza hacia los lados, mover las muñecas e interactuar con alguien”, ya que “eso reduce los efectos físicos de uso excesivo y promueve el control”.

El tratamiento dio sus frutos. En un mes, el paciente miraba no más de 2 capítulos en forma consecutiva (siempre con pequeños cortes a los 30 minutos). A mediados de febrero, tras 4 meses de tratamiento, podía mantener la moderación: veía no más de 2 horas diarias y nunca más de 2 capítulos seguidos.

Esto mejoró la comunicación del paciente con su familia y lo ayudó a reenfocar su carrera: se unió a un curso de negocios por correspondencia. Y, mientras continúa las sesiones de terapia cada dos semanas, escribe un libro con su experiencia para concientizar a otros.

“Aprendí a reemplazar Netflix por otras actividades. Ahora priorizo mi carrera y me veo más con gente”, resumió el paciente. El rápido progreso, aclara Sharma, no es algo habitual: “Su caso es especial porque él vino por su cuenta. En chicos que no reconocen el problema, y son traídos por sus padres, un cambio así puede llevar unos 3 a 6 meses”.

Un fenómeno en crecimiento

Aunque el caso apareció en los titulares del mundo como el primero de un adicto a Netflix a escala global, el rótulo es difícil de establecer. “Es el primero que se da cuenta y pide ayuda. Mucha gente está en esa situación pero no se puede diagnosticar porque no se da cuenta”, dice Leticia Luque, psicóloga e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en adicción a la tecnología.

Luque señala que “el fenómeno de la adicción a la televisión ha aumentado”. En 2016, una investigación de la UNC que ella codirigió -con una muestra de 628 personas de las ciudades de Córdoba y de Villa del Totoral (también de la provincia mediterránea)- arrojó que el 12,7% de los casos analizados hacía un uso “patológico” de la televisión y un 23,1% un uso abusivo. A fines del siglo pasado, un estudio similar mostró un porcentaje del 1,8% para uso patológico.

Luque relaciona el aumento de la teleadicción con la propagación del streaming, que da al usuario un alto grado de control y la posibilidad de mirar ininterrumpidamente sin esfuerzo. “A diferencia de otras adicciones, como a las compras, el uso excesivo del streaming no genera costos extras”, aclara. Y enfatiza que “en general el adicto no relaciona los cambios en su comportamiento con mirar tanta TV”.

“Es la familia o el entorno el que debe advertir excesos de este tipo, pero a veces la familia se comporta de la misma manera”, advierte. “Es un problema socialmente tolerado”, se leía en el informe de 2016.

La psicóloga no demoniza la tecnología. “Lo malo es el uso que se hace de ella”, aclara. “Ahora uno se puede dar un ‘atracón’, mirar por varias horas sin parar (en la jerga se lo conoce como binge watching)”. Luque advierte que si bien esto no representa necesariamente una adicción, es algo que puede llevar a la misma.

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