Directores jóvenes + Restaurantes sin mozos | RED/ACCIÓN

Directores jóvenes y geniales + Restaurantes sin mesas ni mozos

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

Además, las películas que (casi) nadie vio por culpa de la pandemia. Y como bonus track, tres libros para llevar a tu casa y devorar de una sentada.

Directores jóvenes y geniales + Restaurantes sin mesas ni mozos

¡Hola, sibarita! En esta edición rescato a cuatro directores de cine que sorprenden por su genialidad y por tener menos de 40 años. Además, me pongo un poquito reflexiva sobre la última revolución gastronómica en la ciudad, aka restaurantes sin mesas y sin mozos. Sumo un par de películas que pasaron desapercibidas el año pasado… básicamente porque en 2020 pasaron cosas.

Y al final de esta edición, tres libros para considerar si entrás en una librería y andás con pocas ideas.

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DEL “EN QUÉ PUEDO SERVIRTE”… AL “SERVITE”

No sé si te diste cuenta, pero en la ciudad de Buenos Aires está habiendo una revolución que cuestiona ciertos supuestos que uno tiene cuando va a comer afuera. El simple hecho de comer sentado, el cobro del cubierto, la institución de la panera, la atención de camareros…  todo esto está bajo revisión.

  • Una prueba de esto es, por ejemplo, mi última visita a La Kitchen, un café de especialidad a unas cuadras de Parque Saavedra que consiste en un mostrador y un par de mesas afuera, sin camareros/as. El lugar está muy de moda. Inevitable resultado: hay que hacer una fila (que en ocasiones es tan larga que cruza la calle) para hacerse de algo tan simple como un fosforito y un doppio. La ecuación de 40 minutos de fila, a cambio de 10 minutos de placer, no es negocio.

    Los dueños de La Kitchen dejaron inscripciones con un marcador sharpie sobre las mesas, los ventanales, incluso las puertas de los baños. Son todos pedidos a los clientes, firmados con un corazoncito y un porfi (lo encuentro bastante pasivo-agresivo). Ejemplo: hacé la fila, pedí en mostrador y llévate tu pedido a la mesa, porfi. Cuando termines, por favor traete las tazas y todo lo que hayas ensuciado, porfi. No te lleves a la mesa más sobrecitos de azúcar de los que vas a usar porque después los tenemos que tirar y eso contamina, porfi. Y por supuesto, no tires el papel al inodoro porque se tapa, porfi.
  • El sábado pasado también hice fila de media hora para pedir mi almuerzo en Hola Chola, un garage-ventana a la calle en Núñez cuyo sándwich de milanesa de gírgolas, chipá relleno y generosas jarras de vermú despiertan pasiones. A cada minuto, llegan peregrinos desde todas las esquinas de la ciudad. El garage bordea con una plaza chiquita y barrial y está contra las vías de tren. El plan es muy carismático: llegás, pedís, vas a la plaza, desenrollás tu mantel para picnics (ese que no tenés) y esperás que te avisen que está listo tu pedido a través de un megáfono. Los vecinos de la zona se quejaron porque la plaza se les llena de forasteros hípsters y veganos. Hay mesas de ajedrez con inscripciones de “reservado para vecinos”… y ay de vos si no lo respetás.
Hola Chola queda en Paroissien 1871, CABA.
  • Otro boliche con esta filosofía es La Épica, una pizzería que da a Parque Saavedra y cuyo gran diferencial es que presta reposeras para que te vayas a comer la zapi a la plaza. La idea está buena y, si ciertas variables estuviesen más controladas, la experiencia sería la gloria. La realidad se parece más a comer una pizza no-muy-crujiente en un descampado (Parque Saavedra anda medio mal de pasto, como tantas otras plazas porteñas), y sobre unas reposeras que parecen diseñadas para gnomos. Comí en silencio y con el coxis comprometido, mientras miraba a un grupo de vecinos que tomaba una clase de taekwon do.

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DIRECTORES QUE TODAVÍA NO TIENEN CANAS

  • Xavier Dolan: Este director canadiense es el primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en directores jóvenes contemporáneos. Es realmente impresionante lo que el tipo produjo en tan poco tiempo. Muchos lo conocieron a partir de Mommy, pero mi preferida es sin dudas Tom à la ferme. Tengo recuerdos hermosos de la escena final, cuando suena el tema “Going to a Town”, de Rufus Wainwright. Mi novio dice que esa canción se parece a una mía, “El Astronauta”.
Xavier Dolan trabajó con Marion Cotillard y otros grandes actores en No es más que el fin del mundo (2016).
  • Hu Bo: El caso del chino Hu Bo es trágico. Tras crear la que, para mí, es una de las cinco mejores películas de este siglo, An Elephant Sitting Still, este cineasta, que tenía sólo 29 años, se quitó su propia vida. En este, el único largometraje que llegó a hacer, los personajes son parecidos a él mismo: sus rutinas, interrumpidas por situaciones estresantes, transcurren bajo una atmósfera gris y nebulosa que, muchas veces, los dejan sin salida. “No importa donde vayas. Cuando llegues, todo seguirá igual”, dice un personaje a otro en algún punto de la película.
  • Bi Gan: Nacido en 1989, escribió y dirigió la hermosa Long Day's Journey Into Night, cuyos. El portal Rotten Tomatoes, que suele ser despiadado, le dio un porcentaje de aprobación del 93%. Los últimos 59 minutos consisten en un plano secuencia rodado en 3D, lo que significa que para el efecto completo hay que ponerse esos anteojos, que suelen usarse más para películas de superhéroes que para estas joyitas. En una entrevista, Gan contó que, después de mirar Stalker de Andréi Tarkovski, se dio cuenta que era posible hacer películas diferentes, originales y autenticas, sin que siguiesen la fórmula aburrida de las películas mainstream.
  • Mati Diop: Esta franco-senegalesa hizo historia cuando en 2019 se convirtió en la primera cineasta africana en competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, gracias a su película Atlantics. Todavía no cumplió los 40 años y ya tene una vasta carrera dentro del cine: antes de ser directora, por ejemplo, actuó en 35 Shots of Rum, de la maestra Claire Dennis
Además de cineasta, Hu Bo usaba el pseudónimo Hu Qian para escribir novelas.

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PELÍCULAS QUE (CASI) NADIE MIRÓ POR CULPA DE LA PANDEMIA

  • Never Rarely Sometimes Always: En esta hermosa y sencilla película lanzada en 2020, dos chicas del estado de Pensilvania, Estados Unidos (adonde el aborto no está permitido), viajan a la ciudad de Nueva York con la dirección de una clínica anotada en un papel y la expectativa de poder hacerse esa intervención.
  • I'm Thinking of Ending Things: Cuando me enteré que la nueva película de Charlie Kaufman se había estrenado en Netflix tuve un momento de escepticismo: ¿cómo podía ser verdad? El cine que siempre hizo este director es “lo menos Netflix” que hay. Y si bien I'm Thinking of Ending Things no resultó ser para nada mi película favorita de Kaufman, es genial como todo lo que él hace. Estamos hablando de una bocanada de aire fresco en una época de remakes, precuelas y secuelas, una época en la que cualquier actor formado cuelga los botines y accede a ponerse una capa de superhéroe para una peli de Marvel.
  • First Cow: Hay una frase, mal atribuida a Balzac, que dice “detrás de cada gran fortuna reside un gran crimen”.  Esta película lo confirma. Sinopsis: En 1820, dos amigos vagabundean en busca de trabajo. Uno de ellos, que es pastelero, decide que va a empezar a robar leche de una vaca que tiene dueño y con esa matera prima hacer las tortas más deliciosas del condado. Pequeño spoiler: ambos se vuelven ricos.
  • The Assistant: Me acuerdo que durante la cuarentena, en el año pasado, estuve haciendo listas de nuevas películas para mirar y fue así que terminé descargando esta. Otra película lenta, pero ¿cuál es el apuro cuando tenés que estar encerrado todo el día en tu casa? La cámara sigue la rutina de una secretaria que trabaja en una oficina y pone luz en las situaciones vergonzosas que se viven en estos ambientes. Lejos de la retórica sexual, romántica (y profundamente sexista) que siempre existió en torno al vínculo entre secretarias y jefes, la película tiene más que ver con relaciones de poder asquerosas en un espacio tóxico.

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BONUS TRACK: ÚLTIMAS LECTURAS

En Serotonina, Houllebecq retrata de manera despiadada la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI.
  • Serotonina - Michel Houellebecq: Este novelista es quizás uno de los más polémicos hoy vivos. Este, su último libro, es un ejemplo perfecto de cómo la literatura puede generar momentos de goce en lectores cansados del la corrección política. Los personajes de Houellebecq son bastante asquerosos, lo que lleva a que mucha gente termine transfiriendo ese asco hacia el propio escritor.
  • La extranjera - Claudia Durastanti:  Cada vez me gusta más leer libros autobiográficos. Estoy bastante de acuerdo con una frase de Simone de Beauvoir: en uno de sus varios libros autobiográficos dice: “es imposible escribir sobre tu propia vida sin iluminar la vida de los otros”. Las andanzas de la joven Claudia Durastanti (su infancia en Brooklyn, su familia en Italia, los problemas de sus padres) llevan a que también uno viaje a través de su propia historia. Otro recomendado del género: Léxico familiar, de la italiana Natalia Ginzburg.
  • La chanson douce - Leila Slimani: Alguien me habló de este libro en un grupo de lectura que solía frecuentar. La Chanson Douce es una novela muy curiosa en su forma. En la primera página, el lector se encuentra con que una babysitter comete el más atroz de los crímenes: asesina a un bebé. El resto del libro transcurre en una especie de flashback, y la tensión no para de crecer. Esto es raro si consideramos que el final de la historia ya nos es conocido. Quizás por eso ganó el Goncourt, premio literario más importante de Francia, allá por 2016.

¡Te veo el próximo jueves!

Delfina

Recibí CHILLAX.

Lo mejor de la comida, bebida y cultura de Buenos Aires, todos los jueves. Por Lucía Wei He.

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