El aire acondicionado en el corazón de una nueva política de eficiencia energética | RED/ACCIÓN

El aire acondicionado en el corazón de una nueva política de eficiencia energética

Un simple cambio en nuestro enfoque de la eficiencia energética puede permitir que más personas en todo el mundo se mantengan frescas, beneficien a los consumidores y aplanen la curva de la demanda de energía y las emisiones relacionadas con la refrigeración.

Es posible que el aire acondicionado (AC) nos refresque, pero está cocinando el planeta.

Este verano ha sido extremadamente cálido en países de todo el mundo. Agosto fue el segundo más cálido de la historia. El calentamiento global y la mayor intensidad de las olas de calor veraniegas, junto con un mayor nivel de urbanización y salarios en alza, están generando un aumento radical en la demanda de unidades de aire acondicionado o climatización. La Agencia Internacional de Energía (AIE) pronostica que la cantidad de unidades funcionando aumentará desde los actuales 1,6 mil millones a 5,6 mil millones en 2050. A lo largo de los próximos 30 años cada segundo se venderán diez acondicionadores de aire.

Estos aparatos contribuyen de manera importante a las emisiones de gases con efecto invernadero que causan el cambio climático, tanto directamente por los refrigerantes basados en hidrofluorocarbono (HFC) que contienen, como de forma indirecta por la energía que consumen. Un informe reciente dado a conocer por la AIE y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas es el último en destacar este peligro, describiéndolo como “uno de los problemas más cruciales e inadvertidos de nuestro tiempo sobre el clima y el desarrollo”.

La Enmienda de Kigali de 2016 al Protocolo de Montreal sobre Sustancias que destruyen la Capa de Ozono apunta a reducir la producción y el consumo de HFC en más de un 80% para 2047. Si se implementa, podría evitar un 0,4ºC de calentamiento global en este siglo. Pero, si bien la Enmienda de Kigali es una ruta para abordar el tema de los refrigerantes, el mundo debe ahora enfrentar el problema de la intensidad energética de los aparatos de climatización.

La mayor parte de las unidades de climatización que se venden hoy en día son 2 a 3 veces menos eficientes que los mejores productos disponibles comercialmente, en gran parte debido a que los consumidores adquieren las unidades más baratas, con escasa o ninguna comprensión de las implicancias en los costes en la vida útil de su compra. La AIE estima que, si se difundieran ampliamente los acondicionadores de aire más eficientes del mercado, se podría reducir a la mitad la demanda energética de la climatización.

Si bien la industria de la climatización necesita seguir produciendo unidades de la manera más eficiente posible, podemos y debemos adoptar medidas para impulsar la compra de los mejores productos que estén disponibles. Para ello, debemos dar vuelta el problema de la eficiencia, lo que a su vez exigirá que las autoridades y este sector de la industria converjan y muestren un sólido liderazgo.

Una manera de impulsar la eficiencia energética es la intervención sobre las políticas, específicamente los estándares mínimos de rendimiento energético (EMRE). En la actualidad, estos se encuentran justo por encima de los climatizadores con peor rendimiento, a fin de mantenerlos fuera del mercado y dar cierta protección a los consumidores.

Pero en vista de la creciente aceleración del mercado, las autoridades deberían establecer los EMRE teniendo como referencia los mejores productos disponibles comercialmente, y con ello fijarlos justo debajo del techo tecnológico, en lugar de justo por encima de los que tienen el peor rendimiento.

Este importante cambio no solo protegería a los consumidores, sino que reduciría considerablemente los costes del ciclo de poseer y utilizar unidades de climatización. Al mismo tiempo, todavía permitiría un buen margen para competir, haciendo con ello que se abaraten los precios de venta de las unidades más eficientes.

Una medida así podría imitar y aprovechar el programa Top Runner japonés, iniciado en 1999, que en la práctica sirve de impulso al mercado local de climatizadores, al tiempo que crea ahorros de energía y reduce los costes del ciclo de vida útil. El plan alienta a los consumidores a comprar las mejores unidades disponibles comercialmente a través de un programa de etiquetado, el que a su vez aumenta las economías de escala y reduce los costes. Y al exigir al mercado tecnologías de climatización más eficientes, Top Runner también reafirma la confianza de los inversionistas.

Si este objetivo de máxima eficiencia se aplicara en todo el mundo, se reduciría el coste de ciclo de vida útil para los consumidores de poseer una unidad de climatización por un factor de 2 a 3 y eliminaría la necesidad de más de 1.300 gigavatios de capacidad de generación eléctrica mundial. Además, evitaría entre 157 y 345 gigatoneladas de emisiones de dióxido de carbono a lo largo de las próximas cuatro décadas.

Por consiguiente, el establecimiento de políticas basadas en los mejores productos de climatización disponibles comercialmente en lugar de los más vendidos evitaría emisiones, reduciría el gasto estatal en generación de energía y ahorraría dinero a los consumidores, todo esto mientras se sigue incentivando al mercado a que desarrolle productos que funcionen mejor.

Mejor todavía, un cambio de política como ese prepararía al mercado para productos de climatización con un mayor potencial de eficiencia que ya están desarrollándose. En 2018, una coalición internacional lanzó el Global Cooling Prize (Premio Global a la Climatización), galardón para identificar un aparato de climatización de habitaciones residenciales que use una cantidad de energía notablemente menor y contenga refrigerantes con escaso o ningún efecto sobre el clima.

Ocho equipos han desarrollado tecnologías que podrían tener un impacto climático cinco veces menor que las unidades estándar de climatización que hoy se ofrecen en el mercado. Tras las pruebas que se realizarán este otoño, en marzo de 2021 se premiará al ganador con $1 millón por su innovadora solución de climatización.

Llevar una tecnología así al nivel global ahorraría a los consumidores $1 billón en costes operacionales en los próximos 30 años y evitaría hasta un 0,5ºC de calentamiento para fines de siglo. Y eso incluye apenas el sector residencial.

Un simple cambio de enfoque hacia la eficiencia energética podría hacer que más personas se mantengan frescas en todo el planeta, beneficiaría a los consumidores y bajaría la curva de emisiones y demanda energética relacionada con la climatización. Si queremos productos de aire acondicionado que no dañen el clima, debemos dar un salto hacia su techo tecnológico.

Iain Campbell es investigador sénior del Rocky Mountain Institute. Caroline Winslow es miembro del Buildings Team del Rocky Mountain Institute.

© Project Syndicate 1995–2019.

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