"La escuela debe preparar ciudadanos capaces de tomar posición ante los problemas actuales" | RED/ACCIÓN

Qué cambios necesita la escuela para volverse realmente significativa

En esta entrevista, el sociólogo especializado en educación Emilio Tenti Fanfani asegura que debe preparar ciudadanos conscientes y capaces de tomar posición ante los problemas actuales como la concentración de riqueza o la crisis de las democracias. Y al hablar del rol de maestras y maestros, advierte que "cualquier cambio profundo debe contemplar la jerarquización intelectual y social del docente".

La cuarentena aceleró la inclusión de la tecnología en la agenda pública. Foto: Télam

Emilio Tenti Fanfani. Foto: Emilio Tenti Fanfani

Estos meses de educación a distancia y desde las casas hizo que las familias vieran el proceso de aprendizaje de sus hijos como nunca antes lo habían visto. Y también que estuvieran más atentas a lo que funcionarios y especialistas decían sobre educación. Así, la pandemia acercó a las familias y estudiantes un debate que especialistas venían dando desde hace años: qué cambios requiere el sistema educativo argentino para volverse realmente significativo para niños, niñas y adolescentes.

Para enriquecer este debate nos pareció interesante acercarles la mirada de Emilio Tenti Fanfani. Él es sociólogo especializado en Educación y se desempeña como profesor en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). En este momento está preparando un seminario de cuatro conferencias para la Fundación Archipiélago y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Además, fue investigador principal del Conicet, y docente e investigador en diversas universidades y centros de investigación de Colombia, México, Francia y Argentina.

Se ha hablado mucho de los cambios que requiere el sistema educativo. ¿Cuál es su mirada al respecto?
—Desde antes, pero aún más durante la pandemia, se priorizó la discusión sobre los medios y los procedimientos. Y si bien estos son importantes, antes es necesario redefinir los sentidos y los fines de la educación general básica. Las grandes transformaciones que están viviendo las sociedades contemporáneas (científico-tecnológicas, socioeconómicas, culturales, etcétera) obligan a pensar qué conocimientos básicos requieren las nuevas generaciones para insertarse en la sociedad, no solo como productores, sino como ciudadanos, padres y madres de familia, etcétera. Ahora, para ser efectivo, cualquier cambio profundo del sistema escolar tiene que pasar por una profunda jerarquización intelectual y social de los docentes. Porque ya sabemos que no funcionan las reformas educativas que se decretan desde arriba, mediante cambios legales, curriculares, etcétera.

¿Qué significa eso en la práctica?
—Que los docentes no son autómatas que siguen órdenes. Ellos deben participar del debate y discusión acerca de la educación necesaria para la Argentina del presente y el futuro. En la pospandemia hay que aprovechar para rediseñar al sistema en función de los grandes desafíos políticos, sociales y culturales contemporáneos. Por ejemplo, la concentración de la riqueza, el conocimiento, el poder militar, crisis de las democracias representativas, el dominio de la racionalidad técnica por sobre el conocimiento tradicional, la destrucción de la diversidad cultural de la humanidad, la destrucción ecológica. El programa escolar debe preparar a los ciudadanos conscientes de estas problemáticas y capaces de tomar posición en relación con las mismas.

¿Cómo debería formarse un docente para dar respuesta a estas cuestiones?
—Una vez definido el nuevo sentido cultural de la escuela, será necesario rediseñar una nueva institucionalidad. Y junto con ella, los modelos pedagógicos. Habrá que pensar qué capital cultural deberán adquirir y utilizar los maestros para desempeñar su tarea de diseñadores y orientadores de las oportunidades de aprendizaje de los alumnos. La formación docente deberá ser nacional y al mismo tiempo federal, es decir sensible a los particularismos de los diversos territorios que conforman la nación. Y se deberá contemplar que la complejidad creciente del trabajo de educar requiere de una cualificación profesional más sólida y más amplia que la que ofrecen los sistemas actuales de formación docente.

Hace un momento habló de los dilemas que debería contemplar la escuela. ¿Cuáles serían?
—Los dilemas son muchos. Como ejemplo puedo citar la tensión entre la cantidad de información que llega a los ciudadanos y sus capacidades de interpretarla y darle un sentido. Durante su formación general básica, los ciudadanos deberían incorporar algunas categorías de percepción, de distinción y valoración que les permita orientarse en medio de tanta información, muchas veces contradictoria que le ofrecen los medios masivos de comunicación, internet, las redes sociales. Los grandes dilemas del mundo actual no se entienden a partir de una sumatoria de saberes disciplinarios, sino mediante una cultura integrada en base en problemas y no en “materias”.

Volviendo a los docentes, ¿cómo se forma a un docente para que pueda trabajar todo estos dilemas que presenta la sociedad?
—Creo que hay que ir hacia un modelo como el que tienen los países más avanzados, donde para ser maestro de primaria o secundaria, primero hay que ser licenciado en algo: biología, física, química, letras. La formación docente vendría después, en el nivel de una maestría de dos años. Allí se aprendería la pedagogía y las otras ciencias de la educación. Claro que este modelo, para ser viable requiere de una profunda reforma de las condiciones de trabajo y del salario y carrera de los docentes. 

Esto significaría redefinir muchas cosas…
—Sí y una de ellas es que los maestros se formen en las universidades y no en institutos donde la formación que se ofrece no se distancia fuertemente de la lógica pedagógica del nivel secundario. El mundo universitario ofrece otra experiencia a sus estudiantes, otro nivel de autonomía, otra mirada de las disciplinas científicas, amplía la mirada, favorece la participación política y estudiantil, ofrece contactos y además provoca otros estímulos intelectuales. De hecho, Argentina es uno de los pocos países donde los maestros de primaria todavía no se forman en las universidades y no tienen nivel de licenciatura, lo cual facilitaría la realización de postgrados como la maestría y el doctorado. 

¿Ve que el impacto de la pandemia a escala global abre una posibilidad para que estos temas se discutan?
—Hay dos versiones, una pesimista y otra más optimista. Algunos creen que puede ser una buena oportunidad de construir un nuevo humanismo, de discutir algunos efectos perversos de la globalización, del mercado, del achicamiento de lo público, de lo colectivo. Yo no sería tan optimista. Creo que va a haber una lucha que no me animo a predecir más allá de esto. Una lucha entre aquellos que querrán aprovechar las circunstancias para limitar al máximo el papel del maestro y reemplazarlo por la educación a distancia o virtual. Y en la lucha no solo pesarán los argumentos, los debates pedagógicos y epistemológicos, sino también los intereses, incluso económicos de empresas que venden servicios educativos a nivel global. No hay que olvidar que la Argentina invierte alrededor del 5% de su PBI en educación formal. La mercantilización de la educación a nivel global tiene actores interesados en echar mano de una proporción significativa de estos recursos para hacer negocios.

Esta entrevista fue publicada originalmente en Reaprender, la newsletter sobre educación que edita Stella Bin. Podés suscribirte en este link.

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