La era de Asia como centro de gravedad del mundo ya llegó | RED/ACCIÓN

La era de Asia como centro de gravedad del mundo ya llegó

Para 2040, es probable que Asia genere más del 50% del PBI mundial, y podría representar casi el 40% del consumo. Este progreso refleja la integración de al menos cuatro "Asias", cada una en una etapa diferente de desarrollo económico, y cada una de ellas juega un papel único en impulsar el crecimiento global de la región.

En el siglo XIX, el mundo se europeizó. En el siglo XX, se americanizó. Ahora se está asiatizando, y mucho más rápido de lo que muchos creen.

El ascenso de Asia fue veloz. Hogar de más de la mitad de la población mundial, la región escaló de la condición de bajos ingresos a la de medios ingresos en el transcurso de una sola generación. Es probable que en 2040 genere más del 50% del PBI mundial, y tal vez casi el 40% del consumo mundial.

Una nueva investigación del McKinsey Global Institute muestra hasta qué punto el centro de gravedad del mundo se está corriendo a Asia. La región tiene una participación cada vez mayor en los flujos mundiales de comercio, capital, personas, conocimiento, transporte, cultura y recursos. El único de ocho tipos de flujos transfronterizos globales que va en dirección contraria es el de residuos, lo que refleja la decisión de China y otros países asiáticos de reducir la importación de basura desde los países desarrollados.

Asia ya equivale a cerca de un tercio del comercio internacional de bienes (hace diez años era la cuarta parte). En más o menos el mismo período, sus usuarios de aerolíneas pasaron del 33% al 40% del total mundial, y su participación en los flujos de capital creció del 13% al 23%.

Esos flujos han sido motores de crecimiento en las ciudades asiáticas. La región alberga 21 de las 30 ciudades más grandes del mundo, y cuatro de las diez más visitadas. Y algunas de las ciudades menos conocidas de Asia ya están en el radar de los inversores. En Rangún (capital comercial de Myanmar), la inversión extranjera directa (IED) en nuevas instalaciones en la industria del conocimiento llegó a 2600 millones de dólares en 2017 (en 2007 fue casi inexistente).

Del mismo modo, Bekasi, una pequeña ciudad cerca de Yakarta, se ha convertido en la Detroit de Indonesia, como centro de la industria automotriz y motociclística del país. Durante la última década, la IED en el sector fabril de la ciudad creció a un ritmo promedio del 29% anual. Y en la India, Hyderabad (que en 2017 produjo más de 1400 patentes) ya le está pisando los talones a Bangalore, el equivalente local de Silicon Valley.

Pero los flujos que motorizan el progreso de Asia no son sólo externos: también hay dinámicas redes intrarregionales. Alrededor del 60% del total del comercio de bienes de los países asiáticos es intrarregional y se basa en cadenas de suministro continentales cada vez más integradas. También están creciendo los flujos de fondos e inversiones: más del 70% de la financiación de startups asiáticas procede de la región. Y otro factor de integración regional son los flujos de personas (el 74% de los viajeros en Asia son asiáticos).

Lo que hace posibles estos flujos es la diversidad asiática. De hecho, hay al menos cuatro “Asias”, cada una de ellas en una etapa diferente del desarrollo económico y desempeñando un papel propio en el ascenso global de la región.

La primera Asia comprende a China, anclaje económico de la región, que provee una plataforma de conectividad e innovación a sus vecinos. En 2013‑17, el país generó el 35% del total de IED con origen en Asia, y alrededor de un cuarto de esas inversiones se destinó a otras economías asiáticas. Y en 2017 produjo el 44% de las solicitudes de patentes del mundo, lo que refleja el veloz aumento de su capacidad de innovación.

El segundo grupo (“Asia avanzada”) también provee tecnología y capital. En 2013‑17, estos países proveyeron un billón de dólares de IED (el 54% del total regional). Corea del Sur sola proveyó el 33% de todos los flujos de IED a Vietnam. De Japón salió el 35% de la IED que ingresó a Myanmar y el 17% de Filipinas.

Después está la “Asia emergente”, que comprende un grupo relativamente diverso de pequeñas economías emergentes que no sólo proveen mano de obra, sino también potencial de crecimiento, debido a un aumento de la productividad y del consumo. Estas economías están profundamente integradas con sus vecinos regionales: en promedio, representan el 79% de los flujos intrarregionales de bienes, capital y personas, el porcentaje más alto de las cuatro Asias.

En cambio, la participación promedio del cuarto grupo (“Asia fronteriza y la India”) en los flujos intrarregionales es 31%, la menor del continente. Pero esta cifra (que refleja los lazos históricos con Europa, Medio Oriente, África y los Estados Unidos) está destinada a aumentar conforme estas economías, históricamente menos integradas, estrechen lazos con sus vecinos asiáticos. Este grupo tiene mucho que ofrecer, incluida una fuerza laboral relativamente joven que está aprovechando el mercado asiático para vender sus servicios y una clase media en expansión que puede servir como nuevo mercado para las exportaciones regionales.

Las diferencias entre las cuatro Asias son complementarias, lo que hace de la integración una poderosa fuerza para el progreso. Por ejemplo, cuando la fuerza laboral de un país envejece, otro con población más joven ocupa su lugar. La mediana de edades de la población india era 27 en 2015, contra 37 en China y 48 en Japón, y se espera que sea apenas 38 en 2050.

Asimismo, cuando los salarios (y con ellos los costos de fabricación) comienzan a aumentar en un país, otra economía en una etapa anterior de desarrollo asume su lugar en la fabricación de bajo costo. Entre 2014 y 2017, cuando China bajó del 55% al 52% del total de exportaciones con uso intensivo de mano de obra de las economías emergentes, Vietnam subió 2,2 puntos porcentuales y Camboya, 0,4 puntos porcentuales.

Los observadores llevan años hablando del potencial futuro de Asia. Pero el futuro ya llegó. Hemos ingresado al “siglo asiático”, como lo llama Parag Khanna, y ya no hay vuelta atrás.

Jonathan Woetzel es asociado sénior en McKinsey, director del McKinsey Global Institute y coautor de No Ordinary Disruption: The Four Global Forces Breaking All the Trends.

© Project Syndicate 1995–2019.

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