La Matanza en la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO: qué implica en su política educativa | RED/ACCIÓN

La Matanza en la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO: qué implica en su política educativa

Silvina Gvirtz es pedagoga y secretaria de Ciencia, Tecnología y Políticas Educativas del distrito más poblado del país, recientemente incorporado al selecto grupo. En esta entrvsita detalla la tarea que se hace en el partido bonaerense desde hace años, qué puntos deberán afianzar y cómo fue su realidad en la pandemia.

Foto: Municipio de La Matanza.

Silvina Gvirtz


La Matanza es el distrito más grande del país, con una población de 2.281.194 habitantes. De ellos, 438.507 son estudiantes que asisten a instituciones de educación formal. Silvina Gvirtz es pedagoga y trabaja como secretaria de Ciencia, Tecnología y Políticas Educativas en este partido. Hace un par de semanas, el municipio bonaerense fue incorporado por la UNESCO a su Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje.


—¿Qué significa para un municipio ser parte de la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO?
—La UNESCO reconoce el aprendizaje a lo largo de la vida. Es decir, en nuestro caso reconoce el trabajo que hacemos desde el nivel inicial hasta las universidades, institutos de formación docentes e institutos de formación laboral sobre todo los enfocados a las nuevas tecnologías. Eso también implica que el municipio deberá continuar presentando los resultados de los monitoreos de estas políticas. De no hacerlo, nos sacarían de la red. También nos permite formar parte, junto a otras 200 ciudades de distintas partes del mundo, de espacios en los que pensar nuevas políticas públicas.


—¿Esta situación cambia su estructura o forma de trabajar?
—Para reforzar lo que veníamos haciendo, propusimos a UNESCO crear un Comité de Ciudad de Aprendizaje que incluya a todas los actores de cultura, deporte, producción y desarrollo social. Y este comité conformará un consejo consultivo con las universidades, escuelas, centros culturales, organizaciones de la sociedad civil, representantes del gobierno municipal y provincial, sindicatos, empresas, etcétera. Para proponer proyectos a futuro y monitorear lo que se viene haciendo. Un aspecto a destacar es lo que ya hemos ganado, porque desde que empezamos a armar la propuesta a UNESCO contamos con la ayuda del municipio cordobés de Villa María —que forma parte de la Red desde hace años—. Y desde que fuimos elegidos, con ellos y San justo, en Santa Fe, venimos intercambiando experiencias e ideas.


—¿Cuáles son las políticas, entonces, que deberá sostener o profundizar La Matanza?
—Deberá sostener la inversión en el programa "A la escuela, mejor con libros", que entrega textos a todos los alumnos desde jardín hasta 3° año del secundario. Y un programa de 10.000 becas (de 1.000 pesos por mes) a estudiantes secundarios —en su mayoría—, aunque también hay de primaria, terciarios y de universidades. Este último programa, es gestionado por los directores o rectores de las instituciones y tienen por objetivo evitar el abandono. También tenemos que reparar y restituir el material que se entregó a los jardines de infantes (unos 400, que atienden a 75.000 chicos): 10 computadoras, más un cañón, una pantalla y una plataforma que creó el municipio.


—¿Y que planes tienen de cara al futuro?
—Tenemos que seguir avanzando en lo que es la incorporación de tecnología en la Educación. Para eso, ya entregamos 8000 kits de robótica en las secundarias y comenzamos a distribuir en las primarias. También a capacitar a docentes en robótica. En esa línea es que desarrollamos Plaza Ciencia, donde 118 escuelas de La Matanza mostrarán todo lo que hicieron este año en ciencia y tecnología. Además, la comunidad podrá ver lo que se está haciendo en el mundo. Por último, tenemos que sostener la capacitación docente en la que venimos trabajando.


—¿Qué evaluación haces de lo que ha pasado con la educación durante la pandemia?
—La situación se nos complicó a todos. La ventaja en nuestro caso es que los chicos tuvieron los libros de todas las materias, porque logramos distribuirlos durante los pocos días de clases o los hicimos llegar después. Esto facilitó mucho. De todos modos. Nuestra realidad es que 20 o 25% de nuestros estudiantes tiene muy buena conectividad y puede sostener clases sincrónicas. Mientras que el 75% se conecta por Facebook o WhatsApp. La ventaja es que como los chicos tienen todos los libros elegidos por los inspectores, teniendo en cuenta un programa curricular que ellos hicieron, es más fácil indicarles actividades.


—¿Y qué balance hacés en la pandemia sobre los demás roles que cubre la escuela?
—Respecto a otros roles, a través de nuestras escuelas se entregan más de 200.000 bolsones de comida cada 15 días. Y ese encuentro con las familias, si bien está lejos de las clases presenciales y de la contención que estas ofrecían, también se sostiene.


Esta entrevista fue publicada originalmente en Reaprender, la newsletter sobre educación que edita Stella Bin. Podés suscribirte en este link.


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