The Anthropocene Project: cuando el arte nos advierte de que estamos destruyendo el planeta | RED/ACCIÓN

The Anthropocene Project: cuando el arte nos advierte de que estamos destruyendo el planeta

Los cineastas canadienses Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier lideran el proyecto artístico que busca cercar la conciencia medioambiental al público. Entre los temas que aborda están la ganadería industrial, la moda rápida y el plástico en el mar.

Los cineastas canadienses Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier lideran el proyecto artístico que busca cercar la conciencia medioambiental al público. Entre los temas que aborda están la ganadería industrial, la moda rápida y el plástico en el mar.

Hay ya muchas voces de alarma, y todas intentan ir al unísono. Estudios desde diversas áreas científicas nos están dando el mismo aviso: nuestro paso por el planeta Tierra está siendo devastador. Que ya basta. Que debemos tomar conciencia y hacer algo de manera urgente. Y mientras seguimos pensando, como ciudadanos, en qué soluciones podemos aportar y en cómo implementarlas, cada vez cobran más fuerza algunas teorías desesperanzadoras. Como la del Antropoceno: una época geológica en la que los cambios medioambientales ya no dependen en gran medida de las fuerzas naturales, sino de la acción humana.

Supondría aceptar que la humanidad le ha ganado la batalla a la naturaleza en una lucha en la que todos hemos salido perdiendo.

Con este mensaje, los cineastas canadienses Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier, junto con el fotógrafo también canadiense Edward Burtynsky, emprendieron el proyecto artístico colaborativo The Anthropocene Project. El resultado es un documental, unas exposiciones artísticas y un libro, accesibles para el público desde finales de septiembre de 2018.

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Ya nos lo estaban contando

Ellos no son los primeros creadores en acercar la conciencia medioambiental al espectador. Documentales de alto impacto como The True Cost (2015), Terra (2015) o Before the Flood (2016) ya nos abrieron los ojos ante la inmensidad de la huella humana. Incluso películas animadas como Wall·E (2008) ofrecían un futuro distópico que cada vez podemos sentir menos disparatado.

El best seller de Yuval Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses (2015), o los ensayos No Logo (2000) y Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2015) de Naomi Klein, suponen también buenos antecedentes a proyectos como este, transmitiendo a través de la cultura una perspectiva científica y reflexiva global.

El público ya está sobre aviso. La ganadería industrial, la moda rápida o el plástico en el mar son los temas a menudo abordados por estas y otras producciones culturales para concienciarnos sobre las (catastróficas) consecuencias de nuestras decisiones como consumidores. Pero salir de la burbuja de comodidad del primer mundo no es tarea fácil.

La respuesta del artivismo

Necesitamos una comunicación creativa que se imponga al discurso del mercado. Esta es una de las tareas principales del artivismo. Concebido como un nuevo modo de hacer arte comprometido con la realidad, el artivismo busca espacios discursivos no convencionales, como la ciudad o las nuevas tecnologías, con el objetivo de entablar una conversación directa con el ciudadano. Se trata de hacerle ver qué hay detrás de lo que le están contando, y de hacerle reflexionar sobre las alternativas. Porque como afirman Alado-Vico, Jivkova-Semova y Bailey, “la fuerza del artivismo no radica simplemente en su vanguardia estética, sino en su poder revulsivo para señalar la injusticia, la desigualdad o el vacío en el desarrollo humano”.

No solamente el medio ambiente es objeto del artivismo, sino otras cuestiones relevantes como el género, la raza o las decisiones políticas. Un buen ejemplo de artivista contemporáneo es Banksy.

Estas prácticas, por su carácter abierto, disruptivo e interactivo, no suelen provenir de las instituciones artísticas. Sin embargo, muchas iniciativas se han llevado a escala profesional. Esto les ha hecho perder la esencia democrática del artivismo pero (y para) ganar, en cambio, audiencias masivas.

Así nacieron las producciones contenidas en The Anthropocene Project.

¿Arte y ciencia? Sí

El trabajo artístico de los tres canadienses surge a raíz de su colaboración con el grupo de investigación Anthropocene Working Group, de la Universidad de Leicester (Reino Unido). Los creadores le han dado voz desde el arte a una teoría científica demoledora que merecía ser transmitida al gran público. Del ámbito de los congresos, revistas científicas y reportajes de especialización pasará a las pantallas de cine, a las librerías y los museos.

La pieza central del proyecto es el documental The Anthropocene: The Human Epoch (2018):

Lo cierto es que esta creación audiovisual no se puede considerar de manera aislada en el trabajo de Baichwal, Pencier y Burtynsky. Es el tercer documental de una serie orientada a anunciar el impacto humano sobre el planeta. Así pues, anteriormente ya lanzaron Manufactured Landscapes (2006) y Watermark (2013).

Junto al documental se publicará un libro que principalmente contiene las fotografías del artista visual Edward Burtynsky, quien ha consagrado su trabajo a retratar la transformación que los paisajes naturales han sufrido por mediación de manos humanas. En esta obra también se leerán textos de Margaret Atwood, la aclamada autora de la novela El Cuento de la Criada (1985).

Las fotografías de Burtynsky serán además el material de exposiciones temporales que llegarán a Europa en 2019. Anthropocene Project culmina así un proyecto transmedia en el que destacará el uso de medios interactivos como la realidad aumentada, haciendo más cercana la experiencia para el público.

Nuestro papel

La industria cultural y los artistas comprometidos están abriendo un camino activista de concienciación ecológica. ¿Cuál es nuestro rol como público? El auge de movimientos sociales como Fashion Revolution, Slow Fashion o Zero Waste indica que estos nuevos discursos están funcionando, que se está gestando un cambio de mentalidad. Sumarnos o no depende de nuestro comportamiento como consumidores.

Somos el último eslabón de la cadena, pero, precisamente por ello, también somos los que tenemos la capacidad de cambiar las cosas.

Elena Bellido-Pérez, Investigadora de la Universidad de Sevilla - Gloria Jiménez-Marín, Profesora de publicidad y RR.PP, Universidad de Sevilla

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