2019 es el Año de las Lenguas Indígenas: cuántas, cuáles y cómo se hablan en la Argentina | RED/ACCIÓN

2019 es el Año de las Lenguas Indígenas: cuántas, cuáles y cómo se hablan en la Argentina

Ilustración: Pablo Domrose

Unos 40 estudiantes de la Universidad Nacional de Formosa se reunieron para revitalizar sus raíces wichíes y regresar a sus pueblos una vez recibidos. Se autodenominan “la Comunidad”. También cantan, con su grupo Honhat Les. “Allá en las comunidades hablamos en wichí todo el tiempo, es complicado el cambio de idioma en la ciudad”, dice Bruno Vega, uno de ellos. Tiene 27 años y es uno de los dos jóvenes que han salido en los últimos años de El Potrillo, un pueblo de 2.500 habitantes, para ir a la universidad.

Allí, donde la escuela da clases en lengua wichí, aún hay ancianos que no hablan español. “El idioma wichí es muy difícil”, dice Vega. “Pero tenemos que conservar nuestra lengua y nuestra cultura para mantenernos como pueblo”.

Vega es uno de los 370 millones de indígenas que hay en el mundo. Así lo calcula la Organización de Naciones Unidas (ONU), que acaba de proclamar a 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas (IYIL2019, por su sigla en inglés).

Una mujer wichí jutno a sus hijos en la Comunidad de Lote 8, en Formosa. Foto: Gentileza Patricio Sutton / RCR

La ONU estima que sólo el 3% de la población mundial habla el 96% de las casi 6.700 lenguas que hay en el mundo, y el resto habla conglomerados idiomáticos gigantes como el inglés, el chino mandarín o el español. En cambio, los pueblos indígenas constituyen menos del 6% de la población mundial, pero hablan más de 4.000 lenguas.

Lenguas en peligro de extinción

El panorama es dramático: algunas estimaciones advierten que más de la mitad de las lenguas del mundo se habrán extinguido para el año 2100 y según el Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro, unos 3.000 idiomas están hoy mismo en riesgo de desaparecer.

Comunidad Ambay Potý, en Misiones. Foto: Gentileza Patricio Sutton / RCR

“Las lenguas indígenas no son únicamente métodos de comunicación”, indica el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, “sino que también son sistemas de conocimiento amplios y complejos que se han desarrollado a lo largo de milenios. Son fundamentales para la identidad de los pueblos indígenas, la conservación de sus culturas, sus concepciones e ideas y para la expresión de la libre determinación. Cuando las lenguas indígenas están amenazadas, los pueblos indígenas también lo están”.

En la Argentina, según el último censo nacional, 955.032 personas se reconocen como pertenecientes o descendientes de pueblos originarios. Sin embargo, no hay estadísticas recientes respecto a cuántas de ellas hablan las lenguas de esas culturas y ni siquiera se sabe cuántos idiomas hay en nuestro país.

Pero sí se puede indicar que hay cinco predominantes: guaraní (idioma oficial en la provincia de Corrientes), mapuche (o mapuzugun), quechua (o runa simi), toba-qom (o qomlaqtaq) y wichí (o wichíhlamtés). También se habla pilagá, mocoví y tehuelche. El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas ofrece en su web una carta de derechos traducida a aquellas cinco lenguas.

“Las lenguas aborígenes nos hablan de una diversidad evolutiva que viene de tiempos literalmente inmemoriales”, dice Patricio Sutton, el director ejecutivo de la Red Comunidades Rurales. “Son también fuente de una identidad y de un orgullo cultural esenciales para que cada individuo pueda desarrollarse en forma plena y con sentido comunitario, para que no se sienta avasallado, menospreciado o segregado”.

Los maestros, celadores de otros mundos

“La lengua materna es sagrada”, dice Vilma Sosa, una maestra de comunidades indígenas de Formosa. “Y si en las escuelas de las comunidades la enseñanza de esas lenguas es efectiva, es gracias a los docentes indígenas, que lucharon durante muchos años por ganarse su lugar”.

En esa provincia hay unos 500 maestros indígenas para alrededor de 20.000 alumnos. Son MEMA: Maestros Especiales de Modalidad Aborigen. Trabajan en unas 350 escuelas bilingües a donde muchas veces los niños más pequeños llegan hablando no más que qom, wichí o pilagá.

“En las comunidades del monte, todos hablan la lengua”, sigue Sosa. “Pero en algunas comunidades periurbanas la lengua se va perdiendo porque los que la hablan son discriminados”.

Una maestra y una alumna durante una actividad de la Red Comunidades Rurales en la comunidad wichí de Tucumancito, en Formosa. Foto: Gentileza Hernán Pérez Aguirre / RCR

Si, como pensaba el filósofo y lingüista Ludwig Wittgenstein, la experiencia de hablar un idioma conduce a una percepción determinada del mundo, entonces el mundo no es el mismo para los idiomas originarios que para el castellano. La concepción circular del tiempo, un universo sin marcas diferenciales de género y la marca de la experiencia vivida en los tiempos verbales son un ejemplo.

“La cosmovisión de nuestro pueblo es muy diferente”, dice Javier Karai Villalba, un referente comunitario mbyá guaraní que fue elegido por el Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. “Nuestra lengua expresa nuestra espiritualidad, nuestras comidas, nuestra salud, nuestras plantaciones y mucho más. Hay bastantes palabras en guaraní que no tienen traducción en castellano”.

Una de ellas es “Yvy Marãe’y”: se refiere a la “Tierra Sin Mal”, a la idea de un sitio donde existe un equilibrio entre mente, cuerpo y ambiente.

El Cacique Francisco Benítez da su testimonio y Javier Karai Villalba lo traduce . Imágenes: Hernán Pérez Aguirre / Red Comunidades Rurales. Grabado en Ambay Poty, una comunidad mbyá guaraní en Misiones.

Villalba nació en una aldea de 300 familias llamada Perutí, situada en Misiones, una provincia en la que hay unas 140 comunidades guaraníes que reúnen a 15.000 habitantes. Sólo el 5% del suelo misionero está habitado por estas comunidades (justamente, la falta de tierra es uno de los desafíos más grandes que enfrentan las comunidades aborígenes y ese es un factor para que los jóvenes se vean forzados a migrar a las ciudades, y pierdan sus raíces).

“El mundo avanza muy rápido”, sostiene Villalba, “y nosotros, como pueblo indígena, hemos quedado acorralados para mantener nuestra cultura”. En esas comunidades, mucha gente tiene celulares. “Es más fácil aprender la cultura del exterior que la propia, y así el sentido de un pueblo se pierde”, dice Villalba.

Sin embargo, las lenguas originarias logran contraatacar y en la ciudad de Buenos Aires hay sitios donde son enseñadas. Por ejemplo, en el Laboratorio de Idiomas de la Facultad de Filosofía y Letras, de la UBA. En este verano de 2019, hay dos cursos de quechua: uno intensivo y otro de acercamiento a través de la música. Durante el año, hay clases en seis niveles. Además, hay lecciones de guaraní y de mapuche.

“A medida que avanzás en el idioma, te adentrás en un mundo completamente nuevo”, dice Josefina Navarro, profesoras de quechua y coautora del libro de aprendizaje Akuychis: Kichwata Rimanaychispaq. Tiene 32 años y nació en Jujuy, pero vino a Buenos Aires a estudiar Filosofía. Descubrió que en la facultad dictaban clases de la lengua que hablaba su abuela, y que sus padres nunca habían aprendido. “La quise recuperar”, dice. Ahora ella misma la transmite.

“Nos cuesta comprender que estas lenguas no son barreras sino puentes”, dice  Sutton, de la Red Comunidades Rurales. “Que poseen conceptos, expresiones y cosmovisiones.  Que nos nutren en todo sentido. Todo lo que podamos hacer para cuidarlas, comprenderlas y saber utilizarlas será nuestro legado a las generaciones futuras. Que sean un tesoro o apenas unas monedas rotas depende de nosotros”.

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