Javier Sinay | RED/ACCIÓN
Sustentabilidad | 13 de diciembre

Ilustración: Pablo Domrose

La carrera de obstáculos del arándano argentino: aranceles, competidores y… smoothies

Hace pocos días partió a China, por primera vez en la historia, un cargamento de arándanos argentinos: 720 kilos desde un campo de Concordia, en Entre Ríos. Destino: Shenzhen. El Secretario nacional de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, apareció en una fotografía con los dueños del campo: la negociación con el gobierno chino había llevado seis años.

El arándano está de moda, y no sólo en tu smoothie o en tu yogurt con granola, sino también en la balanza comercial: es la tercera fruta más exportada de la Argentina (luego del limón y la pera) y genera ingresos por 100 millones de dólares. Aquí es un fruto relativamente nuevo, pero en su breve historia pasó de ser un cultivo casi desconocido a un producto top de los agronegocios, y de orgullo nacional a víctima de los impuestos. China abre lo que un fruticultor calificó como “posibilidades alucinantes”, pero ¿podrá el arándano argentino aprovecharlas?

“No es un negocio para cualquiera: cultivando arándanos hemos tenido mucha gente, y mucha fracasó”, dice Federico Bayá, el presidente del Comité Argentino de Blueberry.

Cuando esta historia comenzó, en las verdulerías argentinas era raro encontrar un kiwi o siquiera un pomelo rojo. Año: 1992. El pionero fue Francisco Caffarena, un ingeniero empleado en una empresa automotriz, que, envalentonado por la maestría de negocios que acababa de terminar, compró 3.000 plantas de arándanos en Estados Unidos y las sembró en un pequeño campo en Zárate.

“Cuando viajaba al exterior, veía unas pelotitas azules muy simpáticas, que empecé a apreciar por el gusto”, dice Caffarena, que hoy tiene 65 años y sigue en el negocio con su firma Vergel. “Yo no las conocía y mis amigos tampoco, pero como se dice tanto eso de que acá se puede cultivar de todo, decidí hacerlo”.

No fue fácil: consultó agrónomos que le dijeron que iba a fracasar y en el antiguo Instituto Argentino de Sanidad y Calidad Vegetal (IASCAV, hoy reemplazado por el SENASA) no sabían de qué hablaba cuando quiso iniciar los trámites de importación. Ninguno de ellos había probado jamás un smoothie. Pero al final Caffarena lo logró.

Francisco Caffarena en su campo de Zárate, en 1993. 

“Desde el principio pensé que el negocio estaba en la exportación”, dice. Se trataba de abastecer al hemisferio norte en contraestación y en “primicia”: cosechando en septiembre, antes que lo hiciera en noviembre la competencia chilena, que ya venía con experiencia.

Caffarena pasó los siguientes años viajando: a lo largo de la década de 1990, abrió algunos mercados europeos (Reino Unido, Francia, Bélgica) y, luego de fabricar una compleja cámara de fumigación (que costó alrededor de 200.000 dólares), también logró exportar a Estados Unidos, el principal comprador de arándanos del mundo.

Como por goteo, otros jugadores entraron en el negocio: durante diez años hubo apenas 500 hectáreas sembradas y Caffarena les vendía las plantas a los demás. Pero con la devaluación de 2002, ese número se multiplicó a 1.200 hectáreas y un año después, a 2.000.

Los arándanos no crecen como una flor silvestre en el monte. Necesitan capital: una hectárea sembrada puede llegar a demandar 50.000 dólares de inversión. Se paga por las plantas, las mallas antigranizo, el sistema de riego, el sistema antiheladas y la mano de obra (10 a 20 personas en la época de cosecha, trabajando de lunes a lunes). No es un costo barato, pero aún así la superficie cultivada creció por la entrada al negocio de algunos de los fruticultores más poderosos de la Argentina (los productores tucumanos de limón) y también por los novatos del sector privado (grupos de amigos que se asociaban para cultivar 15 0 20 hectáreas).  

Todos ellos iban detrás de un sueño y no era preparar los mejores smoothies de la ciudad, sino entrar en la ventana del hemisferio norte, que era grande y podía dar muchas ganancias a un país estancado en el crack de 2001/2002.

Así, la curva del arándano se disparó. En 2003, el diario La Nación publicó un artículo titulado “Un cultivo nuevo, azul y rentable” y para 2005, ya había 2.800 hectáreas sembradas. Por un kilo de arándanos, un productor recibía hasta 10 dólares (tres veces más que hoy). Para 2007, eran 3.000 hectáreas. Y para 2008, 4.000. Mientras Tucumán, Entre Ríos y Buenos Aires se convertían en los territorios principales para el negocio, empresas estadounidenses y chilenas llegaban a la Argentina a comprar campos.

Pero, cuando ya se exportaban 15.000 toneladas de arándanos y el país parecía estar listo para pelear contra Chile por el primer puesto como productor en el hemisferio Sur, algo ocurrió: la crisis de 2008 sacudió los campos.

Las superficies comenzaron a caer tan exponencialmente como antes habían crecido. Según un estudio del INTA, en 2009 las hectáreas decrecieron a 3.500; en 2011, a 2.900; en 2013, a 2.600. Y ahí se han estancado hasta hoy (la meseta sólo vio un pico en 2014). Chile, por su parte, tiene 16.500 hectáreas: su modelo sin fisuras es como el pasto muy verde del vecino perfecto. Para la Argentina, en cambio, exportar ahora a China es una apuesta esforzada por recuperar un pasado que se recuerda idílico.

Superficie sembrada  con arándanos en la Argentina, entre 2001 y 2014. Fuente: INTA.

Entonces, no más fiesta de smoothies: ¿qué pasó? “Fue como un proceso de depuración”, dice Bayá. “Mucha gente fracasó porque había puesto cualquier variedad de arándanos en cualquier tierra”.

Una pequeña explicación: en 2008, el año de la crisis, el 80% de los campos de arándanos estaban sembrados con la variedad O’Neal. Para lograr más kilos de una fruta que además fuera más apetecible, hubo que hacer lo que los productores llaman “recambiar el plantel varietal” y traer nuevo “material genético”. Así fueron llegando otras variedades. Snow Chaser, Emerald, Jewell, Farthing: arándanos desarrollados por universidades estadounidenses, que tardan más en marchitarse y que pueden resistir mejor un viaje de varios días por mar (desde hace cuatro años, la producción argentina está abandonando el flete aéreo por sus costos).

La temporada de arándanos 2018 comenzó en octubre. Foto: Comité Argentino de Blueberry.

“En todos estos años, la inflación en pesos, el dólar atrasado, la carga salarial alta y las retenciones hicieron que la Argentina perdiera competitividad”, sigue Bayá. El país cobra un 12% de derechos de exportación de arándanos para todos los destinos, mientras que Chile y Perú, los competidores más directos, tienen tratados de libre comercio con China, la Unión Europea y los Estados Unidos (muchos smoothies garantizados).

Y ésta es la mala noticia por detrás del reciente gran anuncio: para comerciar con China, un productor argentino de arándanos debe pagar un 30% de arancel, un flete caro y ese impuesto local del 12%.

Las cajas de arándanos argentinos listas para partir a China. Foto: Comité Argentino de Blueberry.

Por todo esto, en los últimos cinco años Perú (empujado por la instalación de compañías chilenas) le arrebató a la Argentina el segundo puesto como exportador austral. “Nos pasó por arriba”, dicen los productores argentinos.

Pero hay un posible remedio. Bayá cree que funcionaría una ley de promoción de economías regionales para el sector frutícola. “Esta ley debería contemplar la reducción de cargas sociales, la eliminación de retenciones, el aumento de reintegros, y un plan fitosanitario nacional para controlar y erradicar de plagas que ponen en riesgo el acceso a mercados”, explica.

Los optimistas dicen que se podría llegar a exportar a China dos tercios de la producción local. Sólo el tiempo dirá si la Argentina está lista para esta oportunidad.

Tecnología | 13 de diciembre

Fútbol, dinero y muerte: qué somos los argentinos según Google

Somos lo que buscamos. Y con los reportes de Trends de cada fin de año, Google nos dice qué buscamos; en 2018, los argentinos quisimos saberlo todo (bueno, o al menos algo) sobre este top 5: el Mundial de Rusia, los vaivenes del dólar, las muertes de Débora Pérez Volpin y de Stan Lee, y los matches de Juan Martín del Potro.

Si somos lo que buscamos, entonces somos fútbol, dinero, muerte, más muerte y tenis.

Entre las personas más buscadas, también estuvieron Pity Álvarez, el líder de Viejas Locas e Intoxicados que este año mató a una persona; y Luis Miguel, cuya vida dio guión a una de las series más vistas.

En las tendencias internacionales, el Mundial de Rusia también fue lo más buscado. Y Stan Lee quedó en el cuarto lugar.

Francia y Croacia, en el Mundial 2018. Foto: Sportingnews.com

Meghan Markle, la esposa del príncipe Harry (ahora, Meghan, duquesa de Sussex), fue la persona más buscada en el índice propio de personas.

En su libro Everybody Lies: Big Data, New Data, and What the Internet Can Tell Us About Who We Really Are, Seth Stephens-Davidowitz, un ex analista de datos de Google, dice que Google Trends da cuenta de quiénes somos y de cuáles son nuestros intereses, mucho mejor que las encuestas. “Estoy ahora convencido de que las búsquedas en Google son el conjunto de datos más importante jamás recopilado sobre la psiquis humana”, dijo.

Esta ha sido nuestra verdad en 2018: los argentinos quisimos saber también qué significa “skere”, qué se celebra el 9 de julio y qué es el Misoprostol. 

Trap, historia y aborto (“Cómo va la votación del aborto en el Senado” rankeó en el segundo lugar en el índice propio de “Cómo”).

Checkeá todos los Trends para Argentina acá. Y los globales, acá.

Sociedad | 7 de diciembre

Jubilación con cambio de género… y otros desafíos para la administración pública y privada

A los 59 años, Sergio Lazarovich, un empleado de la sección salteña de la AFIP, cambió de género y se convirtió en Sergia. Fue en 2017, y cuando el 18 de enero siguiente cumplió 60, inició, como cualquier mujer de esa edad, los trámites de jubilación. Si se hubiera jubilado bajo la categoría de varón, tendría que haber esperado a los 65 años.

“Lo hice porque estoy convencida, las motivaciones son mías y no tengo que explicarle nada a nadie”, dijo Sergia cuando fue acusada de hacer el cambio para dejar de ir a trabajar. Su caso motivó una discusión en torno a los desafíos que los asuntos de género  proponen a la administración pública y privada.

La ANSES (Administración Nacional de la Seguridad Social), en su circular número 18 del año 2012, ya había tratado el tema de la modificación de datos filiatorios: “Toda persona tiene derecho al reconocimiento de su identidad de género”, se lee allí. Y, según la Ley de Identidad de Género, “ninguna norma, reglamentación o procedimiento podrá limitar, restringir, excluir o suprimir el ejercicio del derecho a la identidad de género de las personas, debiendo interpretarse y aplicarse las normas siempre a favor del acceso al mismo”.

Crédito: https://www.gba.gob.ar/radioprovincia/

Una propuesta de algunos abogados previsionalistas para casos como el de Sergio/Sergia Lazarovich es que la jubilación sea compuesta y proporcional a los años trabajados bajo cada género. De esta manera, una persona que cambia de género podría retirarse, quizás, no a los 60 ni a los 65, sino a los 63 años.

“La Ley de Identidad de Género es muy reciente y querer solucionar todos estos temas en pocos años es una locura”, dice Adrián Frascino, un abogado que cuenta en su haber con más de 4.000 jubilaciones iniciadas. “A la administración pública hay que darle tiempo: sus tiempos nunca son los tiempos de la gente. Lo que debemos hacer mientras tanto es resolver en favor de los derechos previsionales de la gente”.

Desde la aprobación de la Ley de Identidad de Género, casi 7.000 personas cambiaron su documento. Y el 2 de noviembre pasado, María Carolina González Devesa, de 32 años, se convirtió oficialmente en Carolina Gerónimo González Devesa: en su DNI y en su partida de nacimiento ahora figura la categoría indefinida de sexo. Es el primer caso de sexo indefinido en el mundo.

Todo esto genera algunas confusiones no resueltas.

Por ejemplo, en el registro de músicos del Instituto Nacional de la Música (INAMU). Allí hay casi 50 mil personas: el 18% llevan sexo femenino y el 82%, masculino, pero unos pocos casos, menos de cinco, se registraron sin un género determinado. Y eso trae una pregunta puertas adentro del Instituto: ¿cómo otorgar un subsidio a una persona sin género preciso cuando el sistema pide uno?

Incluso el sistema de administración de viajes de una aerolínea puede entorpecerse. A mediados de noviembre, Alessandra Fernandes, una chica trans de 25 años, quiso cargar unas millas que tenía pendientes de dos vuelos que había hecho antes de iniciar un trámite de cambio de género. Es decir, cuando todavía usaba un documento donde figuraba un nombre masculino diferente a “Alessandra”.

“No podía subirlas al sistema con mi nombre actual: me indicaba error”, dice. “Me comuniqué con la empresa y me respondieron que no podían acreditarme las millas porque yo había volado con mi nombre anterior”. 

Entonces Alessandra lanzó un tweet, y cuando la historia se hizo viral, la compañía le acreditó las millas. “Respondieron de manera rápida”, dice. “No me molestó el error, pero sí la forma en que se comunicaron. Sentí que se invisibilizaba a las personas que el sistema no considera”.  

Dos diputadas nacionales (Silvia Horne y Lucila de Ponti, del Movimiento Evita) presentaron un proyecto para eliminar la categoría “sexo”de todos los documentos de identidad y papeles oficiales. “El Estado debe respetar el género autopercibido de acuerdo a cómo lo siente cada persona”, se lee en el texto. Y la diputada de la provincia de Buenos Aires Alejandra Lordén (UCR) elevó un proyecto para que esa cámara de diputados se dirija a la Nación y pida a la ANSES que altere el prefijo del CUIL de las personas que han cambiado su género.

El asunto es que el prefijo identifica al género: “20” para los varones y “27” para las mujeres. También se usa un número indefinido (“23”), pero su número final indica, de nuevo, género masculino (“9”) o femenino (“4”). Por lo tanto, si una persona trans quiere obtener una constancia de CUIL, aparece su género original. “Modificar este trámite en la ANSES se corresponde a los derechos adquiridos por las personas transgénero”, se lee en el proyecto de la diputada Lordén, “y que han quedado plasmados en la Ley 26.743 [de Identidad de Género]”.

El sistema del CUIL es un sistema rector de la identidad que luego es replicado en muchos otros sistemas. “Creemos que el CUIL, así como está hoy, puede ser fuente de discriminación laboral en el futuro para una persona trans”, dice Mauro, un técnico en informática cuyo hijo es un varón trans de 14 años llamado Gonzalo (prefiere no dar su apellido). “En la obra social a la que estamos afiliados, por ejemplo, duplicaron el registro de Gonzalo por error, manteniendo en ambos casos el mismo número de CUIL, y cuando íbamos a la farmacia su credencial a veces estaba dada de baja”.

La administración de las obras sociales no siempre funciona perfectamente con las personas trans: las prestaciones están separadas por género y no es usual que un varón trans (o sea, alguien nacido mujer) pueda hacerse cada año un checkeo ginecológico; por ejemplo, una prueba de Papanicolaou. “Este tipo de cosas, y la falta de profesionales amigables, genera que muchísimas personas trans no vayan al médico ni para un checkeo”, dice Mauro, el padre de Gonzalo.

“Poco a poco se podrá ir demostrando que la categoría legal del sexo carece de sustento jurídico”, dice Eleonora Lamm, la subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Mendoza, que acompañó a la persona que protagonizó el primer caso de género indefinido. “Porque la categoría sexual no se corresponde con la Ley de Identidad de Género, que habla de ‘género’ y no de ‘sexo’. Por ende, no hay inconveniente en otorgar derechos sobre la base de otras pautas, o de ninguna pauta, o sin tener en cuenta el sexo”.

Actualidad | 5 de diciembre

Foto: Juan Mabromata / AFP

Las razones por las que el gobierno lanza en este momento el polémico nuevo reglamento de uso de armas de fuego

Al aprobar la nueva normativa para las fuerzas federales (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria), la Casa Rosada gatilló un fuerte debate sobre la política de seguridad.

La posición oficial del Gobierno es aclarar la normativa y dar certezas con el nuevo Código Penal a las fuerzas para el uso de las armas de fuego. Aseguran que no hay un cálculo político e insisten en que el nuevo reglamento es consistente con el derecho internacional y lo que se hace en otros países.

Además, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, responsable de avanzar con la iniciativa, deslizó que detrás del timing no hubo un cálculo político al explicar que la medida es parte de un compromiso “que nosotros tomamos con nuestro electorado: la lucha contra el narcotráfico, la lucha para tener mejor seguridad y la lucha para que la figura central sea la víctima y no el victimario”.

La mirada política a la nueva doctrina

El timing del nuevo reglamento da lugar a una lectura política. “Hay tres razones que se combinaron: dos contextuales y una estratégica”, dice el politólogo Andrés Malamud, de la Universidad de Lisboa.

“Las contextuales son la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, que amplió el rango de lo aceptable, y el éxito del G-20, que dejó ‘dulce’ al gobierno y a la sociedad, reduciendo los anticuerpos ante medidas polémicas. Patricia Bullrich es la ministra más popular y efectiva del gobierno y la que, al mismo tiempo, polariza mejor. Hasta que maten a un inocente, esta política será popular. Y quizás después también”.

Malamud también ve una razón estratégica: “La necesidad de colocar una medida política popular en medio de la recesión económica”.

El timing según el Gobierno

Según fuentes del gobierno, estaba planeado tratar el tema en el marco de la reforma del Código Penal, pero ésta se demoró. Para no seguir esperando, el Ministerio de Seguridad lanzó la reforma ahora. “Es una derivación de una política que venimos llevando adelante”, dijo a RED/ACCIÓN una fuente oficial. “Buscamos mayor capacitación, formación y empoderamiento para las fuerzas de seguridad. Por otro lado, hicimos muchas consultas con jueces y encontramos que pedían una reglamentación clara para los hechos en los que hubiera fuerzas de seguridad involucradas”.

Desde el gobierno aseguran que el momento del anuncio de la medida no tiene relación con los problemas del partido entre River y Boca, ni con el operativo exitoso del G-20. Y, aunque este tipo de decisiones tienen un impacto fuerte en la opinión pública, los funcionarios niegan que haya un cálculo político.

“No hicimos encuestas para medir la aceptación”, dijo a RED/ACCIÓN la fuente. “Esto estaba en estudio hace bastante”. Pero, por ejemplo, una encuesta de Latinobarómetro para el PNUD indica que un 19% de los latinoamericanos señala que la delincuencia es el problema más importante de su país (la segunda posición, luego de los problemas económicos).

La polémica al interior de Cambiemos

Ayer Elisa Carrió tweeteó: “La reglamentación para fuerzas de seguridad dictada por la ministra Bullrich viola los derechos humanos fundamentales. Nosotros no vamos a ir al fascismo”.

También se opusieron públicamente a la que llaman “doctrina Chocobar” organizaciones como CELS, CORREPI y Abuelas de Plaza de Mayo. Y el ex juez federal de La Plata Carlos Rozansky denunció a Bullrich por los delitos de abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público.

Sustentabilidad | 29 de noviembre

Ilustración: Pablo Domrose

La carne de laboratorio argentina quiere llegar a tu plato

En pocos años (muy pocos: tres, cuatro, cinco), una hamburguesa como la que hoy estás comiendo en tu almuerzo podría provenir ya no de una vaca, sino de un laboratorio. Será carne y tendrá las mismas células que la carne vacuna, pero habrá sido creada (¿fabricada?) en una incubadora de células llamada “biorreactor”.

Estados Unidos, Holanda, Israel y ahora también Argentina son los cuatro países que compiten en la carrera por el desarrollo de esta nueva carne a la que se conoce como carne celular, sintética o cultivada. Los investigadores quieren resolverlo cuanto antes: saben que a medida que la población del planeta se multiplica, el tiempo se agota.

“Hacia el año 2050, un esquema ganadero como el actual no va a ser sostenible”, dice Sofía Giampaoli, una ingeniera química de 29 años que está liderando el proyecto argentino de carne celular, llamado Granja Celular, nacido como una tesis de una maestría del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y presentado en BioArgentina 2018, el encuentro de nuevas ideas en biotecnología.

“Hoy se necesitan 56 billones de animales para satisfacer la demanda anual en el mundo”, sigue. “Hacia 2050 está producción se va a duplicar, pero eso no es sostenible y necesitamos alternativas proteicas a los animales: por ejemplo, una alternativa proteica animal para la que no se necesite criar a esos 56 billones de animales”.

Crédito: Granja Celular.

El procedimiento comienza con un poco de células tomadas de una vaca viva (microbiopsias de 15 a 20 miligramos de tejido, obtenidas del músculo del glúteo). De esas microbiopsias se aísla el tejido muscular, que es cortado en pequeños pedacitos de 2 milímetros cuadrados. Cada uno de estos pedacitos es colocado en una placa que contiene “alimento” para células (nutrientes, sales, aminoácidos y azúcares), dentro de una incubadora con atmósfera controlada a 37 grados. Dos semanas después, hay suficientes células madre como para dejar de lado la biopsia y trabajar con estas nuevas células.

El proceso continúa. Las células se “amplifican”: cada cuatro o seis días se separan en otras placas para que sigan creciendo. Esto se repite hasta 30 veces, buscando identificar a las células que se multiplican más. Así se convierten en “células inmortales”: son las células útiles para hacer carne en el laboratorio.

En otras palabras, se replica el mismo proceso biológico que sigue una célula hasta convertirse en carne, pero afuera de la vaca.

De aquí a unos cinco años, se espera que el proceso funcione para el mercado y que la “fabricación” de una pieza similar a la carne picada lleve alrededor de un mes.

Para la década de 2030 habrá, además, bifes y otros cortes de carne: productos pensados en su textura, que se realizarán con técnicas de bioimpresión o impresión 3D.

Con el apoyo de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y de la aceleradora de negocios Grid Exponential, la ingeniera Sofía Giampaoli y su socia, la biotecnóloga Carolina Bluguermann (becaria posdoctoral del CONICET), planean trabajar el año que viene en la selección y en la multiplicación de las células, y en el desarrollo del tejido muscular.

Para el año 2020 esperan tener listo un prototipo; es decir, una pieza de carne con tejido adiposo y muscular. Para 2021, contar con un biobanco de líneas celulares de distintas razas de animales (como Aberdeen y Hereford). Y, si todo va bien, llegar al mercado.

Foto: Sofía Giampaoli

“Será un producto más saludable (porque se podrá controlar la cantidad de grasa), más sustentable (porque la agroindustria es muy contaminante y ya no habrá espacio para los animales) y más considerado con la ética animal (porque no habrá que sacrificar vacas)”, dice Giampaoli.

Aunque suena a futurismo, no lo es. Diego Luzuriaga, el director de la Maestría en Dirección Estratégica & Tecnológica del ITBA, donde nació el proyecto de Granja Celular, dice: “Estamos lejos de que la carne celular sea masiva, pero la tecnología para hacerla está al alcance de la mano”. Este tipo de emprendimientos empiezan pareciendo de ciencia ficción y se ven aparentemente difíciles, pero en un punto ocurre la innovación tecnológica: “Aparecen los actores interesados y se aceleran todos los procesos”, dice.

Un ejemplo: el científico Mark Post, de la universidad holandesa de Maastricht, presentó en agosto de 2013 la primera hamburguesa de carne celular (de tejido muscular, sin tejido adiposo). Le costó 290.000 euros. Pero ahora mismo, Post dice que, llevada a escala de mercado, esa misma hamburguesa costaría sólo 9 euros.

“Desde muy chica me interesó el impacto ambiental que generamos como especie”, dice Giampaoli. “Y también la escasez y la mala distribución de los alimentos”. Ahora ella misma se ha metido entre las quince compañías que en todo el planeta trabajan en el desarrollo de un nuevo alimento. “A nivel mundial, todo está en sus primeros estadíos: hay mucha incertidumbre, pero también muchas oportunidades”.

Sociedad | 22 de noviembre

Ilustración por Pablo Domrose

Una ley busca acompañar a los chicos criados en “hogares” cuando salen al mundo

“En la vida en el hogar se ve un poco de todo”, dice Cristian Guarasci, que tiene 31 años y dejó, hace una década, el hogar de menores donde fue criado desde que su madre perdió su custodia. “Te levantás, te hacés la cama, barrés la habitación, ayudás en la cocina. Pero, en general, es un vida buena. Para mí fue genial porque yo con mi vieja no iba a tener un buen futuro: ella nos descuidaba todos los días”.

Como él, en la Argentina hay unos 9.800 chicos que no están siendo criados por su familia, sino en “dispositivos formales de cuidado”: familias de acogimiento, familias sustitutas, pequeños hogares y hogares convivenciales (ya no existen los orfanatos de otras épocas). El problema, para todos ellos, ha sido cómo resolver la vida cuando, a los 18 años, salen al mundo. Pero una nueva ley intenta resolver el asunto.

Se trata de la Ley 27.364, sancionada en mayo de 2017 (y reglamentada la semana pasada): la Ley Nacional de Egreso. Reconoce el derecho de estos jóvenes de contar con un apoyo personalizado en su tránsito a la vida adulta y establece que, a partir de los 13 años, podrán tener un referente que los acompañe y, una vez que dejen el hogar o la familia, también recibirán una asignación económica mensual hasta los 21 años (o hasta los 25 si están estudiando). Será el 80% de un salario mínimo.

“Las principales dificultades que enfrentan son el acceso a la vivienda y al trabajo digno, y la falta de estudios y de apoyo”, dice Mariana Incarnato, la directora ejecutiva de Doncel, una asociación civil que impulsó la sanción de la Ley y que –junto a Aldeas Infantiles SOS, Fundación Voz, UNICEF y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia– organizó, el martes pasado, el primer Festival Mandate / Foro Nacional de Jóvenes Sin Cuidados Parentales, donde se reunieron más de 120 chicos y chicas.

“Comparativamente, a otros chicos de esa edad tan corta no les toca enfrentar todo eso”, dice Incarnato. Doncel trabajó con jóvenes que ya habían dejado los hogares: con ellos armó el colectivo Guía Egreso, un espacio de acción y discusión que confluyó en una propuesta a la diputada Ana Carla Carrizo (UCR), quien llevó el tema al Congreso. “A mayor autonomía y edad, menor cuidado, pero ese cuidado no se puede cortar de modo abrupto”, sigue Incarnato.

Cristian Guarasci, que trabajó en el proyecto de ley desde Guía Egreso, vivió casi diez años en el hogar Alborada, del barrio porteño de Villa Devoto, al que llegó en diciembre de 1999. Antes había estado con familias. Tiene seis hermanos que corrieron una suerte parecida, a los que sigue viendo. “Yo iba a visitarlos siempre que podía, pero eso no era muy seguido porque trabajaba y tenía dos horas de viaje; ellos estaban en un hogar en Garín”, recuerda. Hace nueve meses trabaja como repositor. Vive con uno de sus hermanos y se acaba de comprar una moto con la que se mueve a todos lados.

“Cuando yo me fui, alquilé una casita cerca del hogar: estaba solo y no tenía ni a quién mandarle un mensaje, pero ahora los chicos van a tener más apoyo”, dice. “Ya no va a pasar más que un chico se vaya del hogar sin ayuda”.

Una investigación paraconocer la situación

Doncel y Guía Egreso realizaron una investigación en la ciudad de Buenos Aires sobre la alta vulnerabilidad social que los jóvenes que vivieron en instituciones de cuidado enfrentan en su vida adulta. Detectaron que el 45% de ellos no terminó la educación obligatoria y no está estudiando, pero al 90% le gustaría continuar sus estudios. Entre los que tienen más de 25 años y egresaron de hogares (u otros dispositivos), el porcentaje sin estudios secundarios llega al 66%, mientras que para la población promedio de su misma edad es del 25,1%.

“La imposibilidad para seguir estudiando en ese período generalmente marca la interrupción definitiva de sus trayectorias educativas”, se lee en la investigación. “Esto se suma a las dificultades para conseguir vivienda y para lograr inserción laboral y a la falta de apoyo económico y emocional como los principales obstáculos que enfrentan quienes egresan de hogares, al cumplir la mayoría de edad”.

El 46% no trabaja y está buscando empleo, y sólo el 34% tenía trabajo al momento del egreso. Más de la mitad señaló que el dinero no le alcanza nunca o casi nunca para cubrir sus gastos básicos. El 31% vive en situaciones habitacionales precarias (hotel, pensión, parador u hogar de tránsito) y un 30% vivió alguna vez en la calle. Por otra parte, el 30% fue madre o padre antes de los 20 años (un porcentaje considerablemente alto si se lo compara con el 7,1% de toda la población adolescente de la ciudad de Buenos Aires que fue padre o madre).

Según el estudio, viven en promedio 6 años de su vida en estas instituciones, aunque la ley indica que este tipo de situación debería ser excepcional y que una familia sustituta debería acogerlos cuanto antes. Algunos, incluso, se quedan en los hogares luego de cumplir 18 años: es difícil iniciar la vida afuera sin sostén económico y por eso alargan su estadía allí.

Mara Bustamante tiene 20 años y vive en el hogar Aldeas Infantiles, en Luján, desde hace nueve años. “Nosotros, con mi hermano, peleábamos mucho para que nos adoptara alguien”, dice. “No queríamos llegar a los 18 años y ser sacados del hogar sin un techo, sin trabajo ni nada”.

Dos de sus siete hermanos fueron adoptados. Mara estudia en una escuela secundaria técnica de electromecánica y sueña con anotarse en la carrera de Veterinaria (en el hogar hay dos gatos y dos perros). Y trabaja: los días de semana en el kiosco de la escuela; los fines de semana, vendiendo entradas en una cancha; y de noche, vendiendo entradas en un boliche y en la barra. “Estoy cerca del egreso y sé que va a ser difícil vivir sola en las primeras semanas”, sigue. “Pero me siento preparada”.

Mara sonríe. Ella podría ser, cuando la ley comience a aplicarse, una de las primeras beneficiadas por la nueva legislación.

Salud | 19 de noviembre

Cómo es el protocolo del estudio de cannabis medicinal en el Hospital Garrahan

Hace tres semanas comenzó un ensayo clínico con marihuana medicinal en el Hospital de Pediatría Profesor Dr. Juan Pedro Garrahan. Está dirigido a pacientes con epilepsia refractaria (en casos que no responden a anticonvulsivos, dietas especiales ni cirugías) y ha sido ideado y supervisado por los mismos médicos del hospital.

El objetivo de la investigación es, según los voceros del hospital, evaluar la eficacia y la seguridad del nuevo fármaco (aceite de marihuana provisto por el laboratorio APHRIA de Canadá, que lo dona para todos los pacientes en los que se demuestre que funciona) y contar con sustento médico y académico para su administración.

La modalidad del estudio es ambulatoria y los controles se realizan por consultorios externos. Roberto Caraballo, jefe de Neurología a cargo de este estudio, dijo que “el uso del cannabis medicinal puede ser una esperanza para los pacientes y las familias”. El cannabis será suministrado por vía oral y como un fármaco de complemento al tratamiento. 

El trabajo en el laboratorio del hospital. Fuente: Hospital Garrahan.

Luego de que la ley 27.350 fuera aprobada por unanimidad y creara el Programa Nacional para el Estudio y la Investigación del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis, los pacientes ya forman parte del ensayo y tienen entre 1 y 16 años. Se incorporarán ocho niños por mes hasta llegar a al menos 50 de los que se atienden en el Hospital Garrahan, y otros 50 que se atienden en centros de salud de otras provincias.

El estudio cuenta con la aprobación de la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación y es el primero en Latinoamérica referido a uso de cannabis medicinal en pediatría como parte del tratamiento en pacientes con encefalopatías epilépticas.

Aunque la investigación durará dos años, los primeros resultados se obtendrán en marzo de 2019.

CAMEDA (asociación civil de Cannabis Medicinal Argentina) informa que la planta de marihuana se utilizó por miles de años en distintas culturas alrededor del mundo para distintos fines; entre ellos, la medicina. La planta posee distintos principios activos: los cannabinoides, que tienen muchas propiedades medicinales y que se pueden usar para tratar cáncer, epilepsia, glaucoma, esclerosis múltiple, fibromialgia, dolor crónico, etcétera. Por ahora, la epilepsia refractaria es la única patología contemplada para la investigación en la Argentina.

Según un comunicado del hospital, 1 de cada 100 niños y niñas tiene epilepsia. Y muchos de ellos presentan casos severos de la enfermedad. En el Garrahan se trata la mayoría de los casos de epilepsias refractarias.

Mamá Cultiva Argentina, la ONG de las madres que se autoproveen de cannabis cultivada en casa para tratar a sus hijos, fue una delas fuerzas principales para que se apruebe la ley en el Congreso, en 2016. Agrupadas,las madres se convirtieron en una voz poderosa e informada.

Aunque dos familias de la organización entraron al programa de Garrahan, no hay un contacto formal entre las madres y las autoridades médicas. “Nosotras venimos denunciando desde hace mucho que los médicos no nos acompañan en los tratamientos con cannabis”, dice ahora Valeria Salech, la madre de Emiliano (que ya hace cuatro años usa cannabis medicinal) y la presidenta de Mamá Cultiva.

En un comunicado reciente, la organización dice que celebra el inicio del ensayo clínico, pero: “no podemos dejar de notar que en las declaraciones vertidas por las autoridades del Hospital en el diario Clarín, se omite e invisibiliza lo insuficiente de la investigación para dar respuesta a miles de personas para quienes el cannabis para la salud YA ES UNA REALIDAD CONCRETA: personas que adquieren aceites en el mercado clandestino o que se han empoderado en sus terapias y están ejerciendo su soberanía sanitaria a través del autocultivo”.  

Valeria Salech. Fuente: www.instagram.com/mamacultivaargentina

Valeria Salech dice que las madres se dieron cuenta, en su recorrido, de que los tratamientos son personalizados, con lo cual las cepas y las dosis dependen de cada quien, de la auto-observación y de la atención constantes. Pero el ensayo clínico del Garrahan será un test sobre un solo aceite.

“El estudio que tan pomposamente se anuncia es sólo pediátrico”, dice el comunicado de la organización. “Nos preguntamos: ¿qué pasará durante esos dos años con los miles de adultes, con múltiples condiciones de salud, que siguen a la espera de una respuesta por parte del Estado Nacional? ¿Qué pasará con los miles de niñes que padecen o no epilepsia refractaria y quedarán fuera de la pequeña muestra seleccionada para esta investigación? ¿Qué sucederá si, como es posible que pase (ya que el protocolo del estudio implica misma dosis para todes), la investigación fuera insuficiente o no alcanzará resultados positivos?”.

Sociedad | 14 de noviembre

Intervención por Pablo Domrose

Qué es el género indefinido y por qué llegó para quedarse

El 2 de noviembre pasado, María Carolina González Devesa, de 32 años, se convirtió oficialmente en Carolina Gerónimo González Devesa: a un nombre de mujer y a uno de varón se sumó, en su documento y en su partida de nacimiento, la categoría indefinida de sexo.

Ocurrió en Mendoza, donde el Registro Civil procedió con una una resolución administrativa enmarcada en la Ley de Identidad de Género. Y fue el primer caso de sexo indefinido en el mundo. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de “género indefinido”?

Hay mucha gente que no se siente ni hombre ni mujer, y ni siquiera trans. De hecho, en el Grupo de Atención a Personas Transgénero del Hospital General de Agudos Carlos G. Durand (uno de los pocos hospitales que en la Argentina atiende este tema), la consulta por el género indefinido o fluido es la que, en los últimos tiempos, más ha crecido entre los adolescentes, y hoy ocupa entre un 15% y un 20% de todas las consultas que se registran allí.

Frente a esta realidad, las taxonomías son escasas: el género ha pasado a ser flexible y su condición binaria ya parece algo de los tiempos del Arca de Noé.

“Soy una persona de género fluido, gender fluid nos dicen”, escribe SaSa Testa en el libro Soy Sabrina, soy Santiago: Género fluido y nuevas identidades, que es la primera autobiografía de una persona no binaria publicada en la Argentina. “Como sea, no me autopercibo ni totalmente mujer ni totalmente varón. Me chupa un huevo si, cuando me cruzan por ahí, me ven XX o XY o andrógino”.

SaSa Testa. Gentileza: Editorial Planeta

“Correrse del binario y saber que no se es ni hombre ni mujer”, dice ahora SaSa Testa, “te hace dar cuenta de que el mundo en sí mismo está pensado de una manera binaria, con una lógica dicotómica, que hace que estés adentro o afuera de algo”.

SaSa nació como Sabrina Betania pero más tarde se asumió como Santiago Nicolás Testa. Tiene 33 años, da clases de Castellano, Literatura y Latín, y ya había publicado antes otros dos libros. Aunque el mundo siempre espera definiciones, SaSa asegura que una persona puede elegir no darlas. En su libro escribió: “¿Qué lugar nos queda para lxs que no estamos a gusto ni allá ni acá? Me cuestan las certezas. La contradicción permanente también es una forma de habitar el mundo. No le debo a nadie la coherencia”.

El trámite que se siguió en el caso de Mendoza fue el mismo que en cualquier otro de cambio de identidad de género. “Cuando completó el formulario, le aconsejé que en el apartado de sexo pusiera: Ninguno, conforme me habilita la Ley de Identidad de Género”, dice Eleonora Lamm, la subdirectora de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la provincia, que acompañó a la persona que protagonizó este caso.

Luego del capítulo mendocino, dos diputadas nacionales (Silvia Horne y Lucila de Ponti, del Movimiento Evita) presentaron un proyecto para eliminar la categoría “sexo” de todos los documentos de identidad y papeles oficiales. “El Estado debe respetar el género autopercibido de acuerdo a cómo lo siente cada persona”, se lee en el texto.

La creciente liberalización de las identidades pone en jaque al sistema administrativo público: pensiones, salud y elecciones son sólo tres áreas, entre muchas, ordenadas de un modo binario. “Poco a poco se podrá ir demostrando que la categoría legal del sexo carece de sustento jurídico”, dice Eleonora Lamm.

“La categoría sexual no se corresponde con la Ley de Identidad de Género, que habla de ‘género’ y no de ‘sexo’. Por ende, no hay inconveniente en otorgar derechos sobre la base de otras pautas, o de ninguna pauta, o sin tener en cuenta el sexo”, dice Lamm. Cada área deberá adaptarse, y la jubilación se podría otorgar sobre la base de los años trabajados.

Alexis pasa música y tiene una línea de ropa.

Alexis tiene 22 años y no nació con este nombre, sino con un nombre femenino que hoy define como su “deadname”. De hecho, la única condición que puso para darme una entrevista fue que no le pregunte aquel primer nombre. “Ese otro nombre es como si fuera de otra persona”, dice. “Y no sé quién es esa otra persona”.

Ahora ocupa sus días trabajando en su propia línea de ropa, pero eso no le da mucho dinero y siente la precarización de una persona trans. Algunas noches organiza encuentros en los que pasa música. Desde que era una niña fue consciente de que había ciertas actividades de nena que le gustaban (jugar con muñecas y maquillarse) y también otras de nene (patear una pelota o mover autitos), pero recién a los 16 años, gracias a lo que encontró en Internet, comprendió que existían vivencias del género no clásicas.

Luego, en fiestas queer como Brandon, Eyeliner y Turbo, pero también en Facebook, tumblr y reuniones “marica-queer”, vislumbró lo que llama “un escape del mundo cis heternormado” y conoció a muchas de sus amigas trans, fluidas y no binarias que le dieron empoderación y contención en momentos confusos, difíciles.

“Yo no me siento una chica, pero tampoco quiero ser del todo un chico”, dice Alexis. “Me muestro acorde a mis ganas y defino mis tiempos de fluctuación de un género a otro. Hay puntos del espectro que me gusta habitar más tiempo que otros”.

Hace un tiempo inició un tratamiento de reemplazo hormonal que le produjo cambios en la voz, en el vello corporal y en la contextura física. No lo hizo para verse completamente como un varón, sino para explorar ese territorio incierto que existe en su propio cuerpo. “Se siente como muchas emociones juntas”, explica. “Es gratificante porque me veo como creo que soy, con mis estándares de belleza, en un cuerpo no binario. Así quise construirme. Pero también da miedo. Porque cuando cambiás tu imagen te exponés a violencias y discriminaciones para las que nadie te prepara”.

Alexis eligió su nombre por su cualidad unisex. Y también eligió un segundo nombre, Perseo, porque significa “destruir”. “Tuve que destruir muchas cosas para ser quien soy ahora”, dice.

Adrián Helien, médico psiquiatra y director del GAPET (Grupo de Atención a Personas Transgénero), en el Hospital Durand. Foto: JS.

Al mismo tiempo que en Mendoza se labraba ese primer documento de identidad de sexo indefinido, el género fluido se consolidó como uno de los grandes temas en el XXV Simposio de la Asociación Mundial de Profesionales de la Salud Transexual, que se celebró en Buenos Aires. Y también será un tema principal en el próximo Congreso Argentino de Psiquiatría, en Mar del Plata, en abril del año que viene.

“Es el gran tema”, dice Adrián Helien, médico psiquiatra, director del Grupo de Atención a Personas Transgénero (del Hospital Durand) y autor del libro Cuerpxs equivocadxs: Hacia la comprensión de la diversidad sexual (en coautoría con la periodista Alba Piotto). “Hay que deconstruir las categorías binarias aunque puedan ofrecer un carácter tranquilizador: el género no soporta las clasificaciones estancas”.

En su sala de consultas, Helien acompaña a los pacientes en su búsqueda. “Algunos hacen un tratamiento hormonal, otros no”, dice. “La solución tiene que ser a medida de cada uno. Se trata de la diversidad corporal y de las distintas conformaciones corporales. Sin extremos”.

Dentro de lo incierto, es claro que estamos viviendo un radical cambio de época y que no hay vuelta atrás. “En lugar de insistir en que los hombres y las mujeres pueden ser y pueden hacer cualquier cosa, yo y otras personas no binarias nos preguntamos por qué sólo categorizamos a las personas como mujeres y hombres”, escribe, en un artículo titulado Why be nonbinary? (publicado en aeon), el profesor de Yale Robin Dembroff.

Sigue: “Las preguntas por las categorías que deben guiar nuestra vida social no pueden responderse describiendo el mundo, porque lo que en realidad preguntan es cómo debemos describir el mundo. Son preguntas normativas. Los filósofos han discutido durante mucho tiempo las razones por las cuales algunas categorías son mejores que otras. Las identidades no binarias nos obligan a colocar las categorías binarias de género bajo un escrutinio similar a las consideraciones morales y políticas. Debemos preguntarnos no solo cuáles son estas categorías, sino también si debemos continuar usándolas, y por qué”.

SaSa Testa, a su modo, lo dice más crudo: “Al principio, cuando no podía verbalizar casi nada de esto, quizás era un poco más condescendiente con los demás. Ahora, en cambio, no puedo dar más definiciones que ésta: no soy ni hombre ni mujer”.

Salud | 14 de noviembre

Cómo es la vida de los niños con diabetes de tipo 1 y por qué la información es vital

Theo tiene 12 años y vive con diabetes desde los 2. Es diabetes de tipo 1, una enfermedad crónica que se caracteriza por la falta de producción de insulina y, en consecuencia, por el aumento de la glucosa en la sangre. Theo se cuida y toma precauciones pero, por lo demás, hace una vida normal.

Los niños y los adolescentes tienen más chance de desarrollar diabetes de tipo 1 que cualquier otra enfermedad crónica. Hoy es el Día Mundial de la Diabetes y en una charla que tuvo lugar el viernes pasado, organizada por el Centro de Información de Naciones Unidas (CINU) y por la Asociación para el Cuidado de la Diabetes en Argentina (CUI.D.AR), siete niños, algunos de sus padres y dos médicas contaron cómo es el asunto.

“Desde los 2 años, me empecé a medir [la glucosa] seis veces por día, empecé a contar todos los carbohidratos que comía y a aplicarme insulina”, dice Theo. “Porque si no, la glucosa me subía por las nubes”. Theo sabe que una medialuna se come a conciencia, y algunas otras cosas por el estilo que sus amigos desconocen. “Esto no es tan fácil de manejar, pero tampoco es imposible”, dice. “Depende de si sos responsable o no”.

Crédito: Cui.d.ar

Una persona puede ser diagnosticada con diabetes de tipo 1 a muy temprana edad, pero si recibe atención constante (lo que los médicos hoy llamaron estar “bien adherido” a un tratamiento), su expectativa de vida es la misma que la de alguien sin diabetes de tipo 1. Una de las médicas mencionó el caso de una paciente que actualmente tiene 82 años y que fue diagnosticada a los 7. Y el de Elizabeth Hughes Gossett, que en 1918 se convirtió en una de las primeras niñas en ser tratadas con insulina y que, luego de unos 42.000 pinchazos, alcanzó los 75 años, una carrera como jueza y la maternidad de tres hijos.

¿Cuáles los signos más claros de la diabetes de tipo 1? El niño o la niña toma mucha agua, orina mucho y pierde peso.

Según un estudio de 2011 del Comité de Pediatría de la Sociedad Argentina de Diabetes, el 12% de los chicos con diabetes de tipo 1 en nuestro país tienen menos de 12 años. Pero muchos pediatras no están demasiado entrenados en la detección temprana de esta condición: a menor edad, el diagnóstico se hace menos claro y tarda más en llegar. Hay casos de bebés con diabetes de tipo 1 en los que se creyó que sufrían de asma, de infecciones gastrointestinales o de cuadros meníngeos.

Mientras tanto, el Senado argentino tiene en carpeta un proyecto de ley para ordenar protocolos respecto a niños con diabetes en las escuelas.

“Los chicos pueden comer de todo, pero antes de hacerlo tienen que medirse la glucosa y aplicarse insulina”, dice Gabriela, la madre de Theo. “Es muy abrumador al principio y uno cree que no va a poder. Pero después los chicos se adaptan, hacen un hábito y saben que el ejercicio también es muy bueno”.

Conocé la campaña #VivirConDiabetesNoImpideSoñar

Tecnología | 9 de noviembre

De qué forma Tinder modifica los modos en los que nos relacionamos

Un nuevo documental explora la forma en que Tinder y las apps de citas están provocando mutaciones en nuestro modo de relacionarnos: Swipe: Citas en la era digital (Swipe: Hooking up in the digital era) estrena en HBO esta semana.

Escuchar a Sean Rad, uno de los fundadores de Tinder y CEO de la compañía durante dos períodos, decir que tomó cursos de gerencia y de psicología para desarrollar mejor su app puede resultar inspirador y tranquilizador. O, quizás, un poco aterrador.

En el documental, Rad se presenta como el creador del botón de swipe en Tinder: gracias a este hijo de una familia de inmigrantes iraníes de Los Ángeles, estamos aceptando o rechazando gente con un solo movimiento de nuestro dedo gordo.

A esta altura se ha vuelto una acción tan usual (Tinder sola registra 1,5 millones diarios de swipes) que parece mentira que alguien la haya diseñado.

Pero el documental no te deja con una idea inspiradora o tranquilizadora sobre las aplicaciones de citas (también OKCupid, Grindr, Bumble, Hinge y, aunque no está mencionada en la película, podríamos incluir a happn): te deja con una idea aterradora.

Una imagen de Swipe

Lo que a lo largo de 127 minutos muestra la directora Nancy Jo Sales es la escasa profundidad a la que estas apps llevan nuestros noviazgos, las mutaciones que le dieron a lo que entendemos por “cita”, la gamification que generan en las relaciones (y la ludopatía que nos ensombrece), la fugacidad de nuestra atención a otros humanos e incluso cómo evoluciona una nueva dimensión de los asuntos de género (¿existe alguna chica que, en estas apps, no haya recibido nunca la foto –no solicitada– de un pene?).

“Mi opinión es que debemos mirar las intenciones corporativas detrás de estas aplicaciones”, dijo Nancy Jo Sales en una entrevista. Unos 40 millones de estadounidenses pasan en las apps 10 horas cada semana. “Nunca atribuiría ninguna culpa a los usuarios. Veamos cómo esta industria está configurando nuestra cultura y cuáles son los objetivos de la gente que diseña estas plataformas: el objetivo de estas plataformas es lograr que las personas las utilicen tanto como sea posible”.


Una imagen de Swipe.

En Swiped hay entrevistas con varios de los líderes de la industria, con académicos e investigadores, y con muchísimas personas que swipean a diario. En una parte del documental, Jonathan Badeen, uno de los directivos de Tinder, habla con franqueza sobre el modo en que el diseño de la acción de swipe se inspiró, en parte, en un experimento con palomas y granos realizado por el psicólogo conductual B.F. Skinner. El experimento concluyó que si las recompensas de granos no eran predecibles ni regulares, las palomas se quedaban repitiendo y repitiendo la acción que eventualmente podía conducirlas a esas recompensas.

En una entrevista con RED/ACCIÓN, Didier Rappaport, el creador de happn, decía que su app no está remoldeando los vínculos. Quizás los protagonistas de la industria no lo puedan vislumbrar, pero lo interesante de Swipe es que reflexiona en torno a todo esto.

Han pasado seis años desde que Tinder apareció y las apps de citas ya ocupan el segundo modo en el que las parejas hetero se conocen (y el primero entre las homo). Todo se ha dado tan rápido que aún nadie logra entender por completo de qué se trata… y qué nos espera en el futuro.

Swipe: Citas en la era digital se puede ver en HBO el lunes 12 de noviembre a las 22:00; el martes 13 a las 20:30; el jueves 15 a las 14:30; y el domingo 18 a las 24:00. También estará desde el lunes 12 de noviembre en HBO Go.

Cultura | 12 de noviembre

En Buenos Aires se festejó el cumpleaños del Emperador de Japón

El último jueves, pasadas las siete de la tarde, las estrofas de Kimi ga yo, el himno nacional de Japón, sonaron en el jardín de la residencia del embajador de Japón en la Argentina, y así comenzó una ceremonia en la que se festejó el natalicio del Emperador.

El evento se repite todos los años y no es una reunión de amigos con una torta, algunas botellas de champagne y muchos regalos, sino un ritual que se llama “Tennō tanjōbi” y que en Japón marca un día feriado: en el país que alberga a la casa real más antigua del mundo (125 generaciones), el cumpleaños del Emperador es algo muy serio.

El himno nacional de Japón es uno de los más breves: dura 1 minuto y 46 segundos, y tiene apenas una estrofa. La letra dice:

Que tu vida [o tu reino]
dure mil generaciones,
ocho mil generaciones,
hasta que los guijarros
se hagan rocas
y de ellas brote el musgo.

Y ya: eso es todo (se sabe que los japoneses son maestros en el arte de lo mínimo). Así que, en una tarde porteña soleada, este himno suena como el soundtrack de un infrecuente sueño de verano. 

Akihito, el actual monarca, nació el 23 de diciembre de 1933. Es hijo del famoso Hirohito, el emperador derrotado en la Segunda Guerra Mundial. Su reinado comenzó en 1989 y fue, comparado con el de su padre, muy tranquilo. Por eso tuvo tiempo para continuar con su interés por la biología marina (incluso ha escrito artículos para revistas científicas) y por la historia de la ciencia durante el período Edo y la era Meiji.

El festejo del natalicio en Buenos Aires suele adelantarse para evitar los congestionamientos de agenda y de tráfico de fin de año, y algunos de los concurrentes lo agradecen recordando el calor intenso de Tennō tanjōbi en 2016. Porque ésta es una ceremonia de gala, y si hay 38 grados es difícil mantener las buenas formas con vestidos largos, sacos y corbatas.

En Tokio, en cambio, el Emperador cumpleañero sale a saludar desde un balcón del Palacio Imperial (que durante el resto del año está cerrado al público). Lo acompaña la Emperatriz Michiko, lo protege un vidrio antibalas, lo rodea la nieve que cae, lo aclama una multitud.

Llegan los invitados. Crédito: 
Jason K Photo para Embajada del Japón.

En la ceremonia porteña del último jueves, con protocolo diplomático, el embajador Noriteru Fukushima recibió en la puerta a cada uno de los cientos de invitados. Muchos de ellos pertenecen a la colonia local. El embajador los saludó con un apretón de manos. Cinco mujeres en kimono lo rodeaban.

El embajador N. Fukushima. Crédito: 
Jason K Photo para Embajada del Japón.

Luego dio un discurso. Dijo que las relaciones bilaterales han cumplido 120 años y la embajada de Japón en nuestro país, 100. Y que en 2018 la relación comercial se intensificó y creció la participación de las empresas japonesas en la Argentina. La tendencia comenzó cuando Mauricio Macri asumió la presidencia: “Es una época de oro en las relaciones bilaterales”, dijo Fukushima, un embajador activo que ha trabajado detrás de los encuentros que el presidente argentino ya tuvo algunas veces con el Primer Ministro Shinzo Abe.

Protagonistas de la danza folclórica. Crédito: 
Jason K Photo para Embajada del Japón.

Hubo un número de danza folclórica (de la prefectura de Kochi) y hubo mucha comida: sushi, carne wagyu, tempura, arroz en varias formas y (serenos) ríos de sake. María Eugenia Suárez, la actriz, estaba ahí con su pareja, Benjamín Vicuña. A ella le dicen “China”, pero en verdad sus bisabuelos eran japoneses y por eso ella es @sangrejaponesa en Instagram.

También estaban ahí los cocineros Donato de Santis, Takehiro Ohno y Ximena Sáenz; la escritora y guionista Carolina Aguirre (muy fan de Japón), el escritor y periodista Osvaldo Bazán; y nuestra hāfu más famosa: María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, hija de Yosaburo Kodama, detrás de dos grandes lentes de sol ovalados.

El año que viene, el Emperador Akihito abdicará del trono, que va a heredar su hijo Naruhito. Será la primera vez que un emperador japonés lo haga en casi 200 años. Eso significa que la ceremonia de Tennō tanjōbi cambiará de día porque se celebrará el 23 de febrero; o sea, en el cumpleaños del futuro emperador.

Acompañantes del embajador. Crédito: 
Jason K Photo para Embajada del Japón.

Todo fue un perfecto evento diplomático y a las nueve y media de la noche comenzó a sonar por un parlante la “Canción del adiós”. Es una manera sutil que en Japón indica que algo ha terminado y que hay que dejar el lugar. Suele sonar en los shoppings y en los supermercados. Así que los invitados comenzaron a irse de la residencia.

El embajador Fukushima los esperaba de nuevo en la puerta, ofreciéndoles la mano, ahora con unas palabras de despedida y una última tradición: un calendario de regalo.

Sociedad | 8 de noviembre

Cómo impactaría en Buenos Aires el proyecto de Código Urbanístico que debate la Legislatura

Esta semana terminaron, en la Legislatura, las audiencias públicas por el nuevo Código Urbanístico de la ciudad de Buenos Aires (y por el Código de Edificación que lo acompaña), que reemplazará al de 1977, aún vigente (aunque con modificaciones en 1989 y 2000).

Pero aún no hay consenso acerca de su efectividad: para algunas voces críticas, el código (que según el Gobierno de la Ciudad es un instrumento de planificación urbana que regula y ordena el tejido y los usos del suelo urbano) no es todo lo bueno que podría ser.

El código tiene diferentes funciones: establece qué, cómo y dónde se puede construir, y regula la actividad del sector constructor privado en “armonía” (cita textual) con el espacio público. En definitiva, el código es el marco clave para determinar cómo crecerá la ciudad en el futuro. ¿Más? Leelo acá.

La Legislatura de la ciudad deberá votar en las próximas semanas a favor o en contra de un proyecto que trabaja sobre cinco ejes, que son cinco problemáticas. Muchos especialistas, algunos a favor del proyecto oficial y otros en contra, coinciden en que estos ejes merecen un debate; sin embargo, hay diferentes opiniones en torno a cómo avanzar sobre ellos.

  1. Ciudad homogénea: las alturas máximas de cada cuadra estarán igualadas.
  2. Mixtura de usos: los barrios serán, a la vez, residenciales, comerciales, industriales y mucho más.
  3. Cuidado del patrimonio histórico: se crearán herramientas para promover la puesta en valor.
  4. Ciudad verde y sustentable: se incorporarán técnicas como riego hídrico.
  5. Ciudad integrada: las villas miseria serán urbanizadas.

Una de las preguntas más discutidas es ¿qué se puede construir? El nuevo código propone una ciudad homogénea; o sea, con altura fija para los edificios de la misma cuadra, y con alturas máximas en avenidas, calles y pasajes. De hecho, habrá seis alturas máximas.

Esto significa que la ciudad será (un poco más) previsible porque los vecinos sabrán qué altura máxima se podrá construir en su cuadra. Se busca más simpleza y claridad al eliminar los parámetros matemáticos (FOT: Factor de Ocupación Total; FOS: Factor de Ocupación Suelo; tangente) que hasta hoy rigen la ecuación respecto a la altura de los edificios.

El modelo de manzanas de alturas parejas es de tradición europea y, a esta altura, también es un modelo clásico. Basta ver el Ensanche de Barcelona como un caso testigo y aquí se aprecia en los edificios de la Diagonal Norte.

Pero algunas voces críticas se preguntan: ¿es la altura homogénea de por sí algo bueno? París, una ciudad construida en ese modelo, tiene también un modelo para generar irregularidad intencionadamente en su rive gauche (la orilla izquierda del río Sena) y lo mismo ocurre con los proyectos MVRDV en algunas ciudades de Holanda.


Fuente: GCBA

Aunque en septiembre Franco Moccia, el ministro porteño de Desarrollo Urbano y Transporte, dijo que “la Ciudad de Buenos Aires está cada vez más cerca de tener un marco normativo adaptado a los desafíos del siglo XXI”, unas 130 asambleas y organizaciones contrarias al proyecto habían conformado algunos meses antes el Frente por una Planificación Ciudadana Integral.

Desde esa tribuna lanzaron un “Manifiesto en rechazo al tratamiento legislativo del nuevo Código Urbanístico y del nuevo Código de Edificación”: dicen que si el proyecto se aprueba, se avanzará en un ciclo de entrega de tierras públicas a manos particulares, privatizaciones de servicios públicos y consolidación de negocios inmobiliarios especulativos.

“Una de las grandes críticas que le hacemos al proyecto es por los temas que no trata”, dice Jonatan Baldiviezo, abogado urbano, ambientalista y de derechos humanos, y presidente del Observatorio del Derecho a la Ciudad. “El Plan Urbano Ambiental es el mandato normativo que ordena la actualización del código, pero este código sólo habla detalladamente sobre la capacidad constructiva de las parcelas. No se refiere al espacio público, que en una ciudad suele ser el 40% del territorio, ni tampoco a las relaciones entre las personas. Es un código urbanístico hecho para el sector inmobiliario”.

Baldiviezo señala que en Río de Janeiro los espacios verdes y el mar están incorporados a la ciudad, y que en Buenos Aires eso no está contemplado.

El sector de los constructores tampoco está satisfecho. El presidente de la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU), Damián Tabakman, señala la larga duración del debate y se refiere a las torres, que ya no podrán germinar libremente. Las más altas sólo serían construidas en áreas en desarrollo: sobre la Avenida General Paz y en parcelas sobre el Riachuelo.

“Los desarrolladores no consideramos esto como lo más óptimo, pero estamos dispuestos a admitir lo que se estaría aprobando democráticamente por la mayoría”, dice Tabakman. “De todas formas, lo que más nos preocupa en este momento es que no se termine la etapa de debate y que continúe habiendo incertidumbre al respecto, lo cual dificulta la valuación de terrenos”.

Fuente: GCBA

Hay algo que atraviesa el Código: más allá de la ubicación de las torres, la nueva norma incrementará la constructibilidad en la ciudad. Buenos Aires tiene un volumen edificado de 104 millones de metros cuadrados, pero su capacidad es de más de 200 millones y Carlos Colombo, el subsecretario de Planeamiento Urbano, le dijo a Clarín que “la Ciudad está construida en un 66% de acuerdo a los parámetros que marca el código vigente”.

En el Plan Ambiental Urbano se habla de “recupero de la valorización del suelo”: es un modo de que el Estado perciba un impuesto o un tributo cuando se aumenta la capacidad edificatoria en zonas beneficiadas con, por ejemplo, una estación de subte o un parque. Pero el proyecto de Código Urbanístico casi no toca el tema.

“El Código Urbanístico aumenta la edificabilidad pero, si no implementa un recupero de la valorización del suelo, está regalando todo el valor de ese suelo que aumentó”, explica Luis Baer, investigador del CONICET y del Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires.

Cuando Bogotá construyó su sistema de buses Transmilenio (en el cual se inspira el metrobús porteño), se ordenó una contribución en las propiedades de la avenida de circulación y del entorno inmediato. Una parte de lo recaudado se utiliza para planes de vivienda social.

“La oportunidad de hacer un nuevo código debería servir para discutir otras cosas, como vivienda social y transporte”, dice Lorena Vecslir, investigadora del CONICET y del Instituto de Geografía de la Universidad de Buenos Aires. “En Barcelona, por ejemplo, cada emprendimiento debe destinar un 30% a vivienda social. El proyecto de Código Urbanístico de Buenos Aires dice que en algunos casos se podrá promover la vivienda social, pero no habla de exigir”.

La discusión continuará la semana que viene, cuando la Legislatura vuelva a tratar el tema.

Sociedad | 31 de octubre

El viaje de dos Cascos Blancos hacia una misión humanitaria por los migrantes venezolanos

El buque hospital USNS Comfort, de la Armada de los Estados Unidos, está navegando por Perú y asistiendo cada día a unos 750 pacientes. La Argentina, que se sumó a la misión, envía ahora a otros dos voluntarios.

“Ser voluntario, solamente por trabajar una en salud, es algo innato”, dice Carolina Piagentini, una instrumentadora quirúrgica que dedica sus días a la guardia del Hospital Argerich y a la Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias y que ahora, un domingo a las 3:46 de la madrugada, viste una camiseta de Cascos Blancos y viaja en un remís hacia el aeropuerto de Ezeiza. A Piagentini la acompaña Aldo Buffa, un enfermero de la ciudad de Santa Fe que, como ella, es voluntario de Cascos Blancos.

Todavía es de noche pero cuando se haga de día los dos despegarán en un vuelo hacia Perú. Allí abordarán el buque hospital USNS Comfort, de la Armada de los Estados Unidos, que se encuentra en una misión para dar asistencia sanitaria a los migrantes venezolanos en Ecuador, Perú, Colombia y Honduras.

Piagentini y Buffa son el recambio de otros cinco enviados que, como ellos, son voluntarios civiles de Cascos Blancos (una iniciativa de ayuda humanitaria creada por la Argentina, que depende del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, y que está avalada por la ONU y la OEA).

Aquellos cinco voluntarios (una médica pediatra, una odontóloga, un odontólogo, una psicóloga y una enfermera) trabajaron en el barco durante 18 días, desde que éste zarpó de la Estación Naval de Norfolk, Virginia. Hoy mismo, en el aeropuerto de Ezeiza, se cruzarán con Piagentini y Buffa para darles algunos consejos y contarles cómo será su vida a bordo de esa nave que cuenta con 12 quirófanos, un tomógrafo computarizado y máquinas de rayos X.

“Los voluntarios nos conocemos trabajando en momentos no muy gratos, en emergencias, cuando hay que actuar”, dice Buffa, mientras la ciudad de Buenos Aires va quedando atrás. “Para uno, tratar de ayudar a las personas es parte de la vida, sabiendo que trabajar en una situación crítica es una responsabilidad muy grande: hay que cuidar y atender a otra persona, siendo uno frío para actuar pero teniendo el corazón tierno”.

El barco Comfort puede recibir 200 nuevos pacientes al día, tiene la misma capacidad operativa de un hospital y en esta nueva misión busca aliviar la presión sobre los sistemas sanitarios de los países que reciben el flujo de los migrantes venezolanos. El gobierno colombiano indicó que unos 400.000 venezolanos regularizaron su situación en Colombia, donde la cifra de atención de urgencias viene creciendo desde 2015. Al mismo tiempo, las estimaciones indican que entre 1 millón y 5 millones de personas han emigrado de Venezuela en los últimos dos años, lo que representa entre el 3% y el 16% de la población de ese país.

El Embajador Alejandro Daneri, presidente de la Comisión de Cascos Blancos, saluda al capitán del barco USNS Comfort en Virginia. Foto: Cancillería Argentina.

El Embajador Alejandro Daneri, presidente de la Comisión de Cascos Blancos, saluda al capitán del barco USNS Comfort en Virginia. Foto: Cancillería Argentina.

Para Piagentini y Buffa, ésta es la primera misión con Cascos Blancos fuera de la Argentina. Además de ellos, en el barco hay otros civiles provenientes de California y algunos latinoamericanos.

Un rato más tarde, ya en el aeropuerto de Ezeiza, se encuentran con Paul Dal Din, una médica pediatra que integró el primer grupo de enviados argentinos y que acaba de aterrizar en Ezeiza esta misma madrugada. Los otros cuatro voluntarios aterrizarán en un rato. Mientras Dal Din estuvo en el Comfort, el barco ancló a ocho millas de la costa ecuatoriana. Desde allí se trasladaban hacia el puerto, en botes para 40 pasajeros y helicópteros para 20, pacientes y médicos.

Ahora, mientras toman un café entre turistas y viajeros ansiosos, Dal Din les cuenta a Piagentini y a Buffa que vio gente que hizo fila durante tres días para ser atendida; que en los puestos de atención en tierra había un laboratorio con máquinas de ultrasonido y rayos X, y que en el barco se hacían ecocardiogramas y tomografías; que el Comfort tiene tres niveles de acción: misión de combate, situación de desastre (por ejemplo, terremotos y huracanes) y misión humanitaria (donde provee atención masiva sin alta complejidad). Que cada noche se anuncia el horario en el que hay que presentarse al día siguiente y que la atención a los pacientes comienza a las 8:30 de la mañana. Que hay que adecuarse al ritmo militar, un ritmo distinto al civil. Que los enchufes son de patas rectas, al estilo estadounidense, y que no hay camas, sino cuchetas.

“Nosotros vamos a una cita a ciegas”, dice Piagentini. “No sabemos con qué patologías nos vamos a encontrar, ni con qué cirugías. Pero estamos listos para que nos den las indicaciones y para trabajar”. El check-in en el mostrador de la línea aérea ya está hecho y, en breve, los dos voluntarios argentinos pasarán el control de migraciones. Ya amaneció. Entonces llega la hora. Cada vez está más cerca el despegue y, por ende, el USNS Comfort y los migrantes.

Sociedad | 29 de octubre

El III Encuentro Mundial de Jóvenes reúne en Buenos Aires a 500 estudiantes

Hoy comenzó el III Encuentro Mundial de Jóvenes en la ciudad de Buenos Aires: unos 500 estudiantes de 30 ciudades de todo el mundo se reúnen en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) para realizar actividades desde el arte, el juego y el pensamiento; y aprender metodologías educativas para poner en práctica en su comunidad. El objetivo es renovar la educación recibida y plasmar en un documento la agenda mundial desde su propia perspectiva.

El Encuentro, que se realiza entre los días 29 de octubre y 1 de noviembre, está organizado por ORT Mundial y Pontificia Scholas Occurrentes, siguiendo un acuerdo firmado ante el Papa Francisco en la Ciudad del Vaticano en octubre de 2017. “ORT y Scholas comparten un objetivo común: hacer del mundo un lugar mejor a través de la educación”, dice Darío Werthein, presidente de ORT Mundial. “Esta colaboración nos permitirá llegar a más lugares y que todos y cada uno de los niños desarrollen su potencial, sin importar de donde provengan”.

Jovenes 2

Los estudiantes tienen entre 14 y 18 años y llegan desde Brasil, Colombia, España, Estados Unidos, Haití, Israel, Italia, México, Mozambique, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana y Sudáfrica.

Para los próximos días, las actividades incluyen salidas de campo y visitas al Museo Nacional de Bellas Artes, al Congreso de la Nación y a la Casa Rosada; y una charla con sobrevivientes del Holocausto.

Educación | 26 de octubre

Francesco Tonucci y algunas ideas para mejorar las escuelas

El pedagogo italiano abogó por la inclusión real de cada niño en su colegio.

“¿Por qué la escuela, como institución, tiene problemas?”, preguntó ayer ante un auditorio lleno Francesco Tonucci. Pedagogo italiano nacido en 1940, dibujante y autor de muchos libros en los que aboga por la inclusión de todos los niños en el sistema escolar, Tonucci dio una conferencia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. “La escuela tiene problemas porque es para pocos. Por ejemplo, un niño que puede reparar el motor de un auto en 10 minutos pero que no es bueno en álgebra, es considerado un burro”.

La conferencia, titulada “Necesitamos la niñez para transformar la escuela”, fue organizada por la Fundación Arcor y por la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). En días anteriores, Tonucci se había presentado en las ciudades de Arroyito, Villa María y Córdoba.

Tonucci (en el medio) en la conferencia de ayer, en la Facultad de Derecho de la UBA.


Tonucci (en el medio) en la conferencia de ayer, en la Facultad de Derecho de la UBA.

Tonucci se apoyó varias veces en la Convención internacional sobre los derechos del niño y de la niña, donde se acuerda que hay que llevar la capacidad de los chicos al máximo. Para Tonucci, el hecho de que los niños se adapten a la escuela y no al revés, es contrario a la Convención. “Necesitamos una escuela que promueva y apruebe a todos los alumnos”, dijo, “pero no porque los alumnos sean buenos, sino porque la escuela sea buena y pueda ofrecer a cada alumno los instrumentos para desarrollar sus capacidades y vocaciones: aquellos para los que nació”.

También dijo que los alumnos deben ser parte del gobierno de una escuela: “Una escuela no puede ser adecuada si no conoce qué piensan los alumnos. Por eso deben ser parte de su gobierno. Y también porque de este modo podrán sentirla ‘su’ escuela y vivirla como un regalo”.

Sociedad | 25 de octubre

Qué podés hacer si te discriminan: conocé tus derechos

El domingo pasado, una pareja gay fue agredida por besarse en una pizzería. Ahora, el INADI anuncia que dará una capacitación a los empleados del establecimiento.

El INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) acaba de anunciar que dará una capacitación a los empleados de la pizzería Accademia della Pizza (en Avenida Scalabrini Ortiz y Avenida Santa Fe), donde el domingo pasado dos varones gays, novios, de 22 y 21 años de edad, fueron agredidos por besarse. El encargado de la pizzería, el lavacopas y el mozo que los atendieron fueron quienes los insultaron, incluso persiguiéndolos en la calle.

Luego de que el dueño de la pizzería despidiera a esos tres empleados, el 5 de noviembre el INADI dará este taller para sensibilizar y concientizar a todos los empleados del lugar “con la intención de brindarles herramientas para prevenir prácticas discriminatorias en la atención al público, en cumplimiento con las leyes nacionales”, de acuerdo a un comunicado.

Según la Ley de Actos Discriminatorios 23.592, discriminar es impedir, obstruir, limitar o menoscabar el pleno ejercicio de los derechos y garantías de una persona utilizando como pretexto su género, etnia, creencias religiosas o políticas, nacionalidad, situación social o económica, orientación sexual, edad o caracteres físicos, entre otras condiciones, que pueden ser variables.

Tenés derecho a que no te discriminen, y si lo hacen podés denunciar. Pero antes es conveniente que te asesores en la sede central del Instituto (Avenida de Mayo 1401, ciudad de Buenos Aires, de 9:30 a 15:30; también hay delegaciones en otras ciudades del país). Además, de lunes a viernes, de 8 a 18 horas, el INADI recibe las denuncias con el formulario ya completo y firmado, que podés descargar previamente de la web. La denuncia también se puede remitir por correo postal a Avenida de Mayo 1401. Todos los días del año hay una línea telefónica gratuita para hacer consultas: 0800 999 2345.

“La capacitación es una de las principales herramientas que tiene el INADI para promover un cambio cultural”, dicen sus autoridades en el comunicado respecto al episodio de la pizzería, “de manera que la sociedad argentina sea cada día más plural e igualitaria, celebre la diferencia y la diversidad como un valor que nos enriquece”.

Sociedad | 25 de octubre

Niñas, niños y adolescentes trans: cómo acompañarlos en su viaje personal

“¿Cuándo comenzó la transición de Gonzalo?”, pregunta Mauro, un técnico informático de 42 años, acerca de su hijo, un varón trans de 14. “No lo sé. Eso lo sabe él. Es difícil decir cuándo empezó, pero para nosotros fue hace un año y medio, cuando la persona que yo creía que era mi hija de 12 años me dijo que era mi hijo y que había elegido el nombre de Gonzalo”. Desde entonces, Mauro y su pareja, una luthier de 37, siguen y aprenden de su hijo día a día. ¿Cómo acompañar a alguien joven (o incluso muy joven) en su transición? No hay recetas.

Me viene naciendo un hijo de 12 años

— MauroEnConstrucción (@_elmauro) 6 de mayo de 2017

En este campo las cosas cambiaron drásticamente cuando, en el año 2012, entró en vigencia la Ley de Identidad de Género: en la Argentina los niños, las niñas y les niñes en general tienen un respaldo legal para tomar en sus propias manos y sobre sí mismos una decisión respecto a quiénes son y cómo quieren ser vistos y nombrados.

Esa decisión se ve muy difícil a ojos de los adultos, pero no siempre lo es para les niñes y los, las y les adolescentes. “Nunca fui a un psicólogo para hablar sobre mi identidad de género”, dice Leandra Levine, que tiene 20 años y que se convirtió en la primera egresada trans del colegio Carlos Pellegrini, al que había ingresado en primer año con un nombre masculino. “La identidad de género no le conflictúa tanto a une misme como lo hace a la sociedad”, sigue. “A mí sólo me faltaba adecuar mi aspecto a lo que la gente pudiera percibir para que estuviera en sintonía con mi identidad de género”.

Leandra Levine tiene 20 años y se convirtió en la primera egresada trans del colegio Carlos Pellegrini.

Leandra Levine tiene 20 años y se convirtió en la primera egresada trans del colegio Carlos Pellegrini.

“Lo más importante es que los padres puedan deconstruir las ideas que tienen respecto al binarismo de género”, dice Levine. “Ese binarismo no ayuda al proceso de acompañamiento de une hije trans porque puede inculcarle ideas que no le permitan expresarse con total libertad. Lo más importante es dejar que se exprese como le salga. A fin de cuentas, cada persona tiene una mezcla de cosas femeninas y masculinas”.

Desde la aprobación de la Ley de Identidad de Género, casi 7.000 personas cambiaron su documento. De ellas, unas 100 son niñas, niños y niñes. Este año, la televisión viene dando cuenta del tema con 100 días para enamorarse, la tira de Telefé en la que Maite Lanata interpreta a Juani, una adolescente lesbiana que explora su identidad de género sin recurrir a los adultos.

La Ley de Identidad de Género no patologiza la condición trans y establece que toda persona tiene derecho a “ser tratada de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada”. Y esto contempla también a los menores de edad, algo que nunca antes había sido legislado en ningún otro país. Aunque la Ley no pide una intervención quirúrgica por reasignación genital, tratamientos hormonales, recetas firmadas por psiquiatras ni tampoco terapias psicológicas, los menores de 18 años deben tramitar su nuevo documento con sus padres y con un abogado.

Así que un año después de su promulgación, un niño que al nacer había sido anotado en su documento como Manuel cambió su nombre al de Luana y se convirtió, a los 6 años, en la primera niña trans en obtener su nuevo DNI. La primera niña trans en la Argentina, y la primera en el mundo.

“[Lulú] no quería esos genitales que determinaban que era varón; hasta quiso que no existieran más y ahí fue cuando me desesperé. Sentí miedo de que pudiera lastimarse”, contó Gabriela Mansilla, su madre. A los dos años, su entonces hijo le decía: “Yo, nena”. “Y cuando yo le decía: ‘No, sos un varón’, se daba la cabeza contra la pared”, dijo la madre, que ya escribió dos libros contando su historia y la de muchos otros, y que fundó la organización Infancias Libres de Violencia y Discriminación.

“Si decidís acompañar a tu hijo o hija en esta transición, te morís de miedo”, dice ahora Mauro, el padre del niño trans Gonzalo. “Le preguntás a tu psicólogo, o buscás uno. Pedís cita con el o la psicóloga de tu hije, si es que tiene. Te fijás en Internet y te da más miedo porque leés que el promedio de vida de la gente trans es de 35 o 40 años, que en la comunidad trans está todo por hacerse, que el mundo no está listo, que hay una Ley de Identidad de Género a la que en realidad nadie conoce y que no hay protocolos para que se cumpla. A la vez, hacés un proceso interno con tu familia. Se trata de acompañar a tu hije, de llamarle por el nombre que eligió para sí. De escucharle. De preguntarle qué necesita”.

Adrián Helien, médico psiquiatra y director del GAPET (Grupo de Atención a Personas Transgénero), en el Hospital Durand. Foto: JS.

Adrián Helien, médico psiquiatra y director del GAPET (Grupo de Atención a Personas Transgénero), en el Hospital Durand. Foto: JS.

La medicina también puede acompañar de algún modo a quienes quieren dar el paso. Uno de los pocos hospitales que en la Argentina atiende estos casos es el Hospital General de Agudos Carlos G. Durand. Allí, en la División de Urología, funciona el Grupo de Atención a Personas Transgénero (GAPET), un equipo interdisciplinario nacido en 2005.

“Obviamente, la identidad de género diversa no es una patología”, dice Adrián Helien, médico psiquiatra y director del GAPET, autor del libro Cuerpxs equivocadxs: Hacia la comprensión de la diversidad sexual (en coautoría con la periodista Alba Piotto). “Pero cuando un chico o una chica reclama atención y se angustia de forma insistente, persistente y coherente respecto a su identidad de género, hay que hacer algo. Si los padres no escuchan, esto se convierte en un tema de salud porque a la larga ese niñe tendrá seis veces más de posibilidad de sufrir una depresión y hasta ocho más de cometer un suicidio”.

Helien explica que todo cambió desde la aprobación de la Ley de Identidad de Género, pero habla de “una deuda en el sistema de salud: la Ley es realmente de avanzada y otorga derechos pero no tiene un correlato activo en las políticas públicas de atención a las personas trans en el país porque en muy pocos lugares se las atiende de forma integral”. Sigue: “No hay formación profesional, no existe en grado ni en posgrado y los profesionales mantienen esto por su propio esfuerzo”. Sin embargo, la gente necesita ayuda: sólo este año, Helien viajó a dar conferencias a Posadas, Corrientes, Santiago del Estero y Bariloche; y a Mendoza, Rosario y Cipoletti, adonde colabora con la creación de nuevas unidades médicas especializadas en transgénero.

En el Hospital Durand, Helien coordina –desde 2016 y dentro del área general trans– un equipo especial para niñes y adolescentes compuesto por dos pediatras, una endocrinóloga infantojuvenil. Y por él mismo. “Trabajamos en la salud transicional, en cuerpo y mente, de un niñe hacia su verdadera identidad de género, que generalmente también es una transición social”, dice. Hay grupos de apoyo para jóvenes y padres en los que participan alrededor de 70 niñes. La consulta es una vez por semana, una vez cada dos, o cada tres. “Algunes niñes vienen a explorar su situación genérica, a reafirmar su identidad de género, a una sola consulta, o trabajamos sobre la aceptación de los familiares o el respeto en las escuelas”, dice Helien. Si la escuela no integra a un alumno o a una alumna, él puede escribir una nota dirigida al establecimiento o dar parte a las trabajadoras sociales que también están en su equipo. Ellas llaman a los directivos escolares y les explican que esta situación está amparada por la ley. “Si eso no funciona, asesoramos para hacer una intervención legal”, dice Helien.

Para los padres y para los médicos, las decisiones más delicadas llegan en la pubertad de los hijos, de las hijas y de les hijes. La pregunta es: ¿iniciar tratamientos para bloquear el desarrollo hormonal o no iniciarlos? Depende, entre otras cosas, de las necesidades que siente cada niñe. “Es algo que hay que hablar mucho y cada caso es único”, dice Mauro, el padre de Gonzalo.

Leandra Levine en la tapa de la revista Viva, de Clarín.

Leandra Levine en la tapa de la revista Viva, de Clarín.

Al lado de todo eso, cambiar el DNI parece sencillo. “Sólo es un trámite”, dice Leandra Levine, que lo hizo a sus 18 años. La tarea consiste en pedir la partida de nacimiento con el nuevo nombre, y luego encargar el documento de identidad definitivo. El asunto entero lleva algunos meses.

Pero la burocracia aplicada a una ley sin protocolos claros siempre puede complicarlo todo: “El expediente de la partida de nacimiento de Gonzalo se perdió por un tiempo y eso nos demoró”, dice su padre. “Después lo encontraron. Para tramitar el DNI, los empleados nos pidieron la partida de nacimiento vieja y, como sabíamos que eso no era necesario, tuvimos que conseguir que una autoridad nos hiciera una nota para avanzar con el trámite. Al final, lo logramos. Nos enviaron el DNI a casa. Llegó el mismo día en que Gonzalo cumplía años: fue como si volviera a nacer”.

Actualidad | 25 de octubre

Quién es Alejandro Roisentul, el odontólogo argentino que podría ser postulado al Premio Nobel de la Paz

Desde que comenzó la guerra civil en Siria, más de 15.000 médicos han abandonado ese país y hasta el 80% de sus instalaciones sanitarias han sido dañadas. Por eso el trabajo persistente de un cirujano maxilofacial argentino, Alejandro Roisentul, que atiende a los heridos sirios en el hospital israelí Ziv (situado en la zona de Safed, cerca de la frontera entre Israel y Siria), ha destacado a tal punto que una fundación llamada Friends of Ziv lanzó en septiembre una campaña global para postular a Roisentul y a sus colegas al Premio Nobel de la Paz.

Roisentul, que tiene 53 años y egresó de la carrera de Odontología de la Universidad de Buenos Aires en 1986, es ahora el director de la Unidad de Cirugía Maxilofacial del hospital. Ha atendido, desde 2013 y junto a su equipo, a unos 4.000 sirios gravemente heridos, de los cuales el 17% eran niños. Lo ha hecho sin importar que Siria e Israel sean enemigos históricos. “La medicina es el antídoto al odio”, afirma la fundación Friends of Ziv.

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Empezando otro día de trabajo en la sala de cirugía Starting a new day at the surgical room @doctor.story @docsclub #oralandmaxillofacialsurgery #oralandmaxillofacialsurgeon #cirugiaoralymaxilofacial

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“Yo he jurado el juramento Hipocrático cuando me recibí en la UBA muchos años atrás”, dijo Roisentul a Radio Jai, “y aprendí que uno tiene que tomar las decisiones no sólo en favor personal, sino que hay que pensar en la comunidad y el bien general de la humanidad. Mucho no hablamos con los pacientes, pero existe el lenguaje de los ojos, ese que es más fuerte y que no miente”.

Actualmente hay 331 candidatos para el Premio Nobel, entre los que se cuentan 216 personas y 115 organizaciones. “Me siento súper orgulloso de poder, de alguna manera, representar el arduo trabajo de muchos enfermeros, paramédicos y médicos”, dijo Roisentul, “que desde hace ya años están brindando asistencia médica a niños, adolescentes, mujeres y jóvenes que han escapado de los horrores de la guerra civil de Siria”.

Salud | 18 de octubre

Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama: el impacto de esta enfermedad en la Argentina

La tasa de mortalidad disminuye en la Argentina de manera sostenida desde 1996, pero aún es alta. Con causas no muy claras, la detección precoz sigue siendo la piedra angular de la lucha contra esta enfermedad.

El 19 de octubre es el Día de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, fijado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y las acciones para aumentar la atención, la detección precoz, el tratamiento y los cuidados paliativos se refuerzan en la Argentina a lo largo de todo el mes de octubre.

Las causas del cáncer de mama no están muy claras, por lo que la detección precoz sigue siendo la piedra angular de la lucha contra esta enfermedad. Cuando se detecta a tiempo y se establece un tratamiento adecuado, las posibilidades de curación son elevadas.

La mamografía es el método de diagnóstico que ha demostrado ser efectivo en descubrir el nódulo cuando es muy pequeño y asintomático.

La decisión de hacer o no una mamografía debe ser personalizada y conversada con la médica o médico, según la pertinencia de realizar el estudio. pic.twitter.com/MNeXOrAktN

— Instituto del Cáncer (@inc_argentina) 16 de octubre de 2018

El Programa Nacional de Control de Cáncer de Mama (PNCM) del Instituto Nacional del Cáncer (INC) presenta una charla virtual sobre esta enfermedad, disponible online hasta el 9 de noviembre. Más información: aquí y en www.campus.inc.gob.ar.

El Ministerio de Salud de la Nación estima que al final de este año se habrán producido más de 21.000 nuevos casos en el país, lo cual representa el 31,8% de todos los cánceres entre las mujeres. La tasa de casos más elevada se registra en la provincia de San Luis (21 casos por cada 100.000 mujeres) y la más baja, en Santiago del Estero (10,8 casos por cada 100.000 mujeres). Por otro lado, más del 75% de las mujeres con cáncer de mama no tienen ningún antecedente familiar de esta enfermedad.

Luego de Uruguay, la Argentina es el país de América con la tasa de mortalidad más alta por este cáncer. En nuestro país el cáncer de mama es el de mayor incidencia en mujeres, con una tasa de 73 casos por cada 100.000. Y es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres: se producen más de 5.800 fallecimientos cada año. Sin embargo, esta mortalidad ha disminuido de manera sostenida desde 1996, a un ritmo anual de 0,9% durante el período 1996-2013 y luego 2,1% entre 2013 y 2016.

Actualidad | 17 de octubre

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Los Cascos Blancos participarán en una misión humanitaria para asistir a los migrantes venezolanos

El buque hospital USNS Comfort, de la Armada de los Estados Unidos, partió el pasado 10 de octubre de la Estación Naval de Norfolk, Virginia, para llevar a cabo una nueva misión: dar asistencia sanitaria a los migrantes venezolanos en Ecuador, Perú, Colombia y Honduras. El barco, que aún está navegando con rumbo sur, tiene 894 pies (272 metros) de eslora y cuenta con 12 quirófanos, un tomógrafo computarizado y máquinas de rayos X. La misión durará 11 semanas, tratará a unos 750 pacientes por día y realizará hasta 20 cirugías diarias a bordo. En la primera etapa de esta misión del Comfort, participan cinco voluntarios de Cascos Blancos.

Vale destacar que Cascos Blancos es una iniciativa de ayuda humanitaria creada por la Argentina, que depen del del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, y avalada por la ONU y la OEA.

Los cinco argentinos abordo son: una médica pediatra, una odontóloga, un odontólogo, una psicóloga y una enfermera. Todos ellos trabajarán integrados al equipo multidisciplinario de los Estados Unidos.

El Embajador Alejandro Daneri, presidente de la Comisión de Cascos Blancos, saluda al capitán del barco USNS Comfort en Virginia. Foto: Cancillería Argentina.

El Embajador Alejandro Daneri, presidente de la Comisión de Cascos Blancos, saluda al capitán del barco USNS Comfort en Virginia. Foto: Cancillería Argentina.
Los voluntarios de Cascos Blancos y el Embajador Alejandro Daneri, antes de zarpar, en Virginia, Estados Unidos. Foto: Cancillería Argentina.

Los voluntarios de Cascos Blancos y el Embajador Alejandro Daneri, antes de zarpar, en Virginia, Estados Unidos. Foto: Cancillería Argentina.

“Los Cascos Blancos están formados por voluntarios civiles”, explica el Embajador Alejandro Daneri, presidente de Cascos Blancos (una organización netamente argentina), que estuvo en Norfolk cuando la nave zarpó. “Somos una red de redes entre las que hay agencias nacionales, internacionales, organizaciones públicas y privadas, universidades, clubes y más”. Sus acuerdos con entidades van desde la ONU hasta la UBA, por ejemplo.

Gracias a los @CascosBlancos de Argentina que serán parte de la misión humanitaria de EEUU que brindará asistencia sanitaria a migrantes de #Venezuela https://t.co/5AGpNzWTcY

— EmbajadaEEUUArg (@EmbajadaEEUUarg) 11 de octubre de 2018

En la última década, el USNS Comfort ha visitado 18 países en el Caribe, América Central y América del Sur, dando tratamiento médico (con más de 6.000 cirugías) a casi 390.000 personas. El barco puede recibir 200 nuevos pacientes al día, tiene la misma capacidad operativa de un hospital y en esta nueva misión busca aliviar la presión sobre los sistemas sanitarios de los países que reciben el flujo de los migrantes venezolanos.

Las estimaciones indican que entre 1 millón y 5 millones de personas han emigrado de Venezuela en los últimos dos años, lo que representa entre el 3% y el 16% de la población de ese país. El gobierno colombiano indicó que unos 400.000 venezolanos regularizaron su situación en Colombia, donde la cifra de atención de urgencias viene creciendo desde 2015.

Los voluntarios de Cascos Blancos en Cúcuta, en el puesto argentino de asistencia para migrantes en la frontera entre Colombia y Venezuela.

Los voluntarios de Cascos Blancos en Cúcuta, en el puesto argentino de asistencia para migrantes en la frontera entre Colombia y Venezuela.

En total, la Argentina enviará a la misión del USNS Comfort a 18 voluntarios, repartidos en cinco grupos. Como ellos, todos los miembros de los Cascos Blancos desarrollan sus actividades a través de la cooperación, la solidaridad y la participación comunitaria.

“Es un organismo enteramente civil, que actúa a solicitud de un Estado afectado o en el marco de un llamamiento internacional bajo los principios de imparcialidad, neutralidad, independencia y humanitarismo”, sostiene Daneri. Los Cascos Blancos ya han participado, desde 1994, en más de 420 misiones a lo largo de 81 países, en los cinco continentes: principalmente en África, Asia, Sudamérica y el Caribe.

En los últimos dos años, por ejemplo, dieron apoyo (en coordinación con ACNUR) a los refugiados sirios en el campamento Jarahiye, en la zona de Bekaa occidental, a 55 kilómetros de Beirut y prestaron asistencia médica (en coordinación con la ONU) en Haití luego del huracán Matthew. En junio de este año, los Cascos Blancos instalaron una unidad sanitaria en la ciudad colombiana de Cúcuta, justo en el paso de frontera con Venezuela, que asistió a más de 3.000 migrantes venezolanos.

“Los Cascos Blancos, siendo líderes en la región, actuamos en la asistencia humanitaria, la gestión integral del riesgo, la resiliencia y la rehabilitación y reconstrucción”, resalta Daneri. Y conluye: “Por eso nos embarcamos en esta nueva misión”.

Sociedad | 15 de octubre

Cómo superan por amor las diferencias culturales los venezolanos y los argentinos

Las relaciones de pareja abren un nuevo capítulo en la migración venezolana a la Argentina: un encuentro de idiosincrasias que puede influir en nuestros comportamientos

Cuando Andrea –una venezolana– se bajó del colectivo en la parada de la Avenida Nueve de Julio, Matías –un argentino que iba sentado un poco más atrás– también se paró y la siguió. Él no había podido dejar de mirarla desde que ella se había subido. Así que la alcanzó y la tomó del brazo, y cuando Andrea se aterró, él tuvo que pedirle perdón y explicarle que no quería atacarla. “Pará, pará, no te asustes”, le dijo, “es que sos re linda, ¿no me das tu número?”. Gilberto –un tatuador venezolano– y Lucía –una argentina que pinta y hace bordados– se likeaban fotos en Instagram antes de chatear y de tomar la decisión de verse. Ella, que estudiaba en Córdoba, viajó hasta Buenos Aires para conocerlo. Ahora viven juntos. Carmen –una venezolana que trabaja en un call-center y estudia Psicología– conoció a Maximiliano –un argentino que atiende en un negocio familiar de repuestos de autos– en la red social Badoo. En Venezuela ella nunca había usado una app de encuentros. Elan –un venezolano– esperó a que Analía –una argentina– se quedara dormida para irse de su casa. Quería evitar una discusión luego de una noche de mal sexo. Mariano –un argentino– trabajaba como administrativo en el mismo sanatorio en el que Yaritza –una doctora venezolana– atendía pacientes. Primero fueron buenos amigos. Ahora, novios. Se van a casar en marzo de 2019.

Todos ellos, y muchos más, son los protagonistas de un nuevo capítulo de la migración venezolana a la Argentina: las relaciones de pareja que van surgiendo con mayor o menor formalidad. Una ola expansiva cultural, un encuentro de idiosincrasias que, a la larga, generará una mixtura en nuestros comportamientos.

Mariano y Yaritza se conocieron en el trabajo y se van a casar.
Mariano y Yaritza se conocieron en el trabajo y se van a casar.

En febrero de este año, la Dirección Nacional de Migraciones otorgó radicaciones temporarias y permanentes a unos 4.000 venezolanos. Esto significa un 53% más que en febrero de 2017, cuando el número fue de 2.600. En nuestro país, unos 44.000 venezolanos recibieron radicaciones temporarias y permanentes entre 2016 y 2017, y la comunidad venezolana, que hace tres años no era demasiado numerosa en el país, hoy es la tercera más grande, luego de la paraguaya y la boliviana. Según la Asociación de Venezolanos en la República Argentina (ASOVEN), cerca de 70.000 venezolanos viven hoy en la Argentina y alrededor del 70% son profesionales jóvenes que trabajan en el área de servicios.

Carmen y Maximiliano: se conocieron por Badoo.
Carmen y Maximiliano: se conocieron por Badoo.

“Culturalmente, argentinos y venezolanos pueden verse muy similares, pero hay algunas diferencias”, dice Sergio Yepez, un psicólogo venezolano que trabaja con parejas en Buenos Aires y que está al frente de la Asociación Mutual Argentino Venezolana. “La mujer venezolana que llega a la Argentina, en su condición de mujer migrante, busca un compañero, alguien que la acompañe, la proteja y comparta su felicidad. La mujer argentina, en cambio, toma un compañero de juego que luego podrá convertirse en un socio, incluso en lo económico: las salidas se pagan a medias”. Los hombres también pueden comportarse diferente: “El venezolano tiende a ser más galante y siente una responsabilidad por la mujer. Es lógico que pague las salidas. El argentino puede ser más seco y directo”.

Hace un año y seis meses, cuando llegó sola y con 22 años a Buenos Aires, Carmen consiguió un trabajo para pagar las cuentas. Estaba muy enfocada en su objetivo: terminar la carrera de Psicología. La vida social quedaba en un segundo plano, pero sus amigas, desde Venezuela, le insistieron en que usara una app para conocer a alguien. Los viernes a la noche se quedaba estudiando y extrañaba a los suyos. “Quítate los prejuicios”, le dijeron ellas desde allá.

Carmen empezó a hablar con Maximiliano en Badoo; luego pasaron a Instagram. Chatearon durante tres semanas y para la primera cita ella eligió ir a Plaza Serrano, un lugar bien concurrido, porque temía ser víctima de una red de trata. “No tenía ninguna referencia, no lo podía relacionar a él con un colegio ni con una universidad, ni con nada porque yo no soy de aquí”, dice. “Por eso fui con un poco de resistencia. Pero después de buscar lugar en dos bares y de quedarnos al final en el tercero, me sentí cómoda con él, bastante cómoda”.

Gilberto y Lucía, un venezolano y una argentina, ahora viven juntos.
Gilberto y Lucía, un venezolano y una argentina, ahora viven juntos.

Los primeros encuentros de parejas argentino-venezolanas se dieron en Venezuela en las décadas de 1960 y 1970. El país vivía un auge económico impulsado por la industria petrolera: el producto bruto interno por habitante se multiplicaba 2,5 veces, la inflación era baja y la democracia era sólida. Muchos gerentes de las corporaciones transnacionales afincadas en Venezuela habían llegado desde la Argentina, al igual que una estampida de exiliados políticos.

La segunda ola de parejas, que está ocurriendo ahora mismo en la Argentina, no tiene una combinación clara. Hay hombres argentinos con mujeres venezolanas, hay mujeres argentinas con hombres venezolanos, hay hombres argentinos con venezolanos y hay mujeres argentinas con mujeres venezolanas.

Catherine Fulop y Osvaldo Sabatini, el dúo más famoso de esta especie, se casaron en 1998 y son padres de dos hijas. Se conocieron en un estudio de televisión. “No podíamos dejar de hablarnos o vernos”, dijo ella. “Yo sabía que algo importante me iba a pasar con ese hombre”.

“El color del Caribe es más dulce: el ‘mi amor’ y el ‘te quiero’ aparecen de parte de los venezolanos más pronto”, dice el psicólogo Sergio Yepez. En Venezuela, una mujer “cuaima” es una mujer que se impone en la relación, muy dada, cariñosa pero también celosa. “Los hombres y las mujeres venezolanas se enredan con el histeriqueo argentino: no lo entienden”, sigue Yepez. “El cortejo es diferente. Incluso el baile es distinto: en Venezuela, el baile es entretenimiento, no es sólo la antesala a la relación sexual. Para una venezolana, el perreo no es más que un paso de baile”.

Caracas Bar, en Palermo, es el principal punto de reunión nocturna de la comunidad venezolana en Buenos Aires.
Caracas Bar, en Palermo, es el principal punto de reunión nocturna de la comunidad venezolana en Buenos Aires.

Se ve cómo bailan un hombre y una mujer, ambos venezolanos, en una noche en Caracas Bar, el punto de reunión nocturna de la comunidad: se mueven al ritmo de un track de Nacho (la estrella de reggaetón criada en Maracaibo), bajan, llegan a estar casi en cuclillas. Y esto es un bar, ni siquiera es una discoteca. “Con un argentino todo es más ‘in your face’”, dice Félix Ovalles, el gerente del bar. “Pero cuando la distancia cultural se supera, viene lo lindo, viene la pregunta del primer desayuno juntos: ¿arepas o medialunas?”.

Andrea, que al final le dio su teléfono a Matías cuando éste la persiguió bajando del colectivo, piensa que a los hombres argentinos no les gusta comprometerse demasiado, sino vivir el momento y ya. “Van por lo que quieren”, dice.

Fue en agosto. Él tenía 33 años; ella, 30. Los dos acababan de separarse. Matías le chateó un poco después de pedirle su número y tuvieron una cita en una cervecería de Avellaneda, que no fue muy distinta a una cita en Caracas y que incluyó un primer beso. A ella, él le pareció “súper guapo y simpático”. Unos días después, Matías le propuso pasar un fin de semana en Villa Gesell. “La facilidad para hablar, para comunicarse, para expresarse sin barreras”, dice Andrea, “todo es muy distinto”. Ahora ella está en Barcelona. Fue a visitar a su hija, una niña de 10 años que vive allá con su padre. No sabe cuándo vovlerá a la Argentina. “Si hubiese conocido antes a Matías, con más tiempo, seguro que me enganchaba”, piensa ella.

Cultura | 12 de octubre

Cirque du Soleil creará un espectáculo sobre Messi

Lio Messi tendrá su propio espectáculo del Cirque du Soleil. Se lanzará en 2019 y, según el comunicado oficial de prensa, “se inspirará en el increíble talento y los logros de esta leyenda del fútbol, que encarna el espíritu y los valores únicos de su deporte”.

“Me parece increíble y a la vez una locura que el Cirque du Soleil cree un espectáculo basado en mi vida, mi pasión, mi deporte”, dijo Messi. “Cirque du Soleil es uno de los shows favoritos de nuestra familia”.

El Cirque du Soleil viene de reestrenar “Séptimo día”, su homenaje a Soda Stereo, en el Luna Park. La compañía parece vivir la vida trashumante de un circo clásico, pero en realidad es el circo más convocante del planeta y tiene ahora 20 tours en unas 120 ciudades. A lo largo de un año, presenta más de 6.000 funciones frente a 9 millones de espectadores. También hubo espectáculos de homenaje a a los Beatles, Elvis Presley y Michael Jackson.

“Estamos encantados de trabajar con semejante leyenda viva”, dijo Jonathan Tétrault, presidente y director de operaciones del Cirque du Soleil. “Estamos convencidos de que dar vida al legado de Messi en el escenario emocionará a las audiencias y hablará con todos los fanáticos del fútbol. Tenemos la oportunidad de trascender el deporte y presentarlo de una forma totalmente nueva para inspirar al mundo”.

messi cirque

El show está producido en conjunto con PopArt Music y Sony Music. “Es un orgullo para PopArt Music participar en este proyecto junto con el Cirque du Soleil y Leo Messi”, dijo Sergio Lavié, cofundador de PopArt Music. “Además estoy seguro que este show batirá todos los récords, de igual manera que Messi lo hace en el fútbol”.

Sociedad | 11 de octubre

Se aprobó una modificación a ley de donación de alimentos

Qué pasó. Ayer el Congreso modificó la ley 25.989, conocida como Ley Donal, cuyo objetivo es incentivar las donaciones de alimentos y contribuir a satisfacer las necesidades de las poblaciones más vulnerables. Luego de que el proyecto fuera aprobado en la cámara de Diputados en julio, ahora la cámara de Senadores lo confirmó: la modificación consiste en la reincorporación a esta ley de su artículo 9, un artículo que en la versión original del texto (del año 2004) establecía que, en caso de haberse entregado los alimentos en buena fe, cumpliendo con las exigencias bromatológicas, el donante quedaba liberado de responsabilidad por los daños y perjuicios que pudieran producirse (salvo que se tratase de hechos u omisiones dolosas).

Qué puede pasar. Con esta modificación, la Red Argentina de Bancos de Alimentos (una organización que logró el consenso de la industria y de los Ministerios de Agroindustria y Desarrollo Social de la Nación para que el tema se tratara en el Congreso) evalúa que se podría pasar de rescatar 9 millones de toneladas de alimentos a 30 millones de toneladas; aumentar de 2.100 a 5.000 el número de organizaciones comunitarias que reciban las donaciones; y extender las personas beneficiarias de 300.000 a 800.000.

¡Con mucha alegría y orgullo les contamos que se acaba de APROBAR LA #LEYDONAL!
Significa: + donaciones – menos desperdicios + alimentos para los que + necesitan. Los Bancos de Alimentos celebramos juntos esta gran noticia en el Mes de la Alimentación. GRACIAS a todos x el apoyo! pic.twitter.com/K2CUJp4Wby

— RedBancosdeAlimentos (@RedBdeA) 11 de octubre de 2018

En 2017, los bancos de alimentos argentinos rescataron el equivalente a 28 millones de platos servidos. Pero según un estudio del Ministerio de Agroindustria, de 2015, en Argentina se pierde cerca del 45% de la producción frutihortícola en la cadena de producción y aproximadamente el 12,5% de la producción total de alimentos. “Tenemos que entender cómo prevenir y evitar que la comida se siga desperdiciando”, sostiene Natascha Hinsch, la directora ejecutiva de la Red Argentina de Bancos de Alimentos.

Sociedad | 9 de octubre

Los Bancos de Alimentos funcionan en nueve provincias argentinas.

Los senadores discutirán la modificación de la ley de donación de alimentos

Mañana, la Cámara de Senadores tratará la reforma a la ley 25.989, conocida como Ley Donal, cuyo objetivo es incentivar las donaciones de alimentos y contribuir a satisfacer las necesidades de las poblaciones más vulnerables. Los senadores votarán acerca de la reincorporación a esta ley de su artículo 9, un artículo que en la versión original del texto (del año 2004) establecía que, en caso de haberse entregado los alimentos en buena fe, cumpliendo con las exigencias bromatológicas, el donante quedaba liberado de responsabilidad por los daños y perjuicios que pudieran producirse (salvo que se tratase de hechos u omisiones dolosas). Así, es posible que mañana la nueva Ley Donal quede a la espera de la promulgación del Poder Ejecutivo.

La norma original se sancionó en el año 2004 y establece quiénes pueden donar, qué productos y cómo, pero el artículo 9 de su primer proyecto fue vetado en ese momento. Ahora, luego de 14 años, se tratará de nuevo en la Cámara de Senadores (a principios de julio, la Cámara de Diputados se pronunció a favor de la reincorporación de este artículo con 145 votos afirmativos, 48 negativos y dos abstenciones).

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“Esperamos que con la reincorporación del artículo 9, las empresas se animen a donar más”, dice Natascha Hinsch, la directora ejecutiva de la Red Argentina de Bancos de Alimentos (REDBdA), una organización que logró el consenso de la industria y de los Ministerios de Agroindustria y Desarrollo Social de la Nación para que el tema se tratara en el Congreso. “Con el resguardo del artículo 9, podríamos presentarle el modelo a empresas nuevas de un modo distinto”.

En 2017, los bancos de alimentos argentinos rescataron el equivalente a 28 millones de platos servidos. Pero la Red Argentina de Bancos de Alimentos evalúa que si se reforma la ley, en los próximos años se podría pasar de rescatar 9 millones de toneladas de alimentos a 30 millones de toneladas; aumentar de 2.100 a 5.000 el número de organizaciones comunitarias que reciban las donaciones; y extender las personas beneficiarias de 300.000 a 800.000.

“Hay empresas que no donan alimentos a causa de la ausencia de aquel artículo 9”, dice Hinsch. “Muchas confían en nosotros, pero así y todo hay otras que prefieren no entregar sus productos. La industria sigue presentando temores. Nosotros queremos allanar el camino”.

Según un estudio del Ministerio de Agroindustria, de 2015, en Argentina se pierde cerca del 45% de la producción frutihortícola en la cadena de producción y aproximadamente el 12,5% de la producción total de alimentos. “Tenemos que entender cómo prevenir y evitar que la comida se siga desperdiciando”, dice Hinsch.

Hay distintas formas de colaborar con la Red de Bancos de Alimentos


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Tecnología | 9 de octubre

Cómo es el modelo de innovación y start-ups en Israel

“Nosotros no contamos con recursos naturales como el agua, la tierra y el petróleo, y es por eso que decidimos invertir en la capacidad humana en innovación y los seguiremos haciendo por los próximos 70 años”. Así explicó el embajador de Israel en Argentina, Ilan Sztulman, la razón por la cual su país es el tercero entre los más innovadores del mundo (según la edición 2017 del Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, y luego de Suiza y de Estados Unidos). Lo hizo el jueves pasado, cuando participó de una charla pública con el CEO de WeWork LATAM, Pato Fuks, en el piso 24 de la Torre Bellini de WeWork, en el centro de la ciudad de Buenos Aires.

Israel tiene 1 start-up por cada 1.844 habitantes. El modelo de negocios es múltiple: hay un programa que promueve la enseñanza tecnología en las  escuelas y también un sistema a través del cual cualquier ciudadano puede presentar sus proyectos de innovación, tecnología y sociedad para obtener financiación del Estado. La Autoridad de la Innovación, el organismo a cargo (que responde directamente al Primer Ministro), no demora más de dos semanas en responder y, si el proyecto es aprobado, además de obtener el 50% del financiamiento, recibe un lugar para trabajar y un tutor que ayudará en el desarrollo.

Ilan Sztulman, el embajador de Israel en Argentina, en el piso 24.

Ilan Sztulman, el embajador de Israel en Argentina, en el piso 24.

El embajador Sztulman mencionó los ejemplos de Waze y MobilEye, los dos nuevos desarrollos estrella del mismo país que ya había dado al mundo ICQ, Wix.com, Easy-Taxi, los procesadores Pentium y Celeron, y el USB.

“Nuestro objetivo es fomentar la creatividad y hacer que la gente quiera probar hacer cosas nuevas”, dijo el embajador Sztulman. “Si el proyecto funciona,  la empresa crece y luego se devuelve el dinero prestado. Si no funciona, no hay problema. Nosotros no tenemos límite. Es más, incentivamos a que pueden volver a intentarlo tantas veces como quieran porque creemos que ante el error se desarrollan mejores ideas. Se puede fallar y volver a intentar: creemos que el camino es más interesante que la meta”.

“No sabía que te fondean y que si fallás, podés ir de nuevo”, dijo a su turno el CEO Fuks. “Ustedes le hacen fácil la vida al que quiere emprender”. El embajador Sztulman le respondió: “Y ustedes pueden hacerlo con nosotros: como somos pocos, apenas 7 millones, firmamos acuerdos con otros países para exportar nuestro modelo. Y con Argentina ya lo hicimos. Los emprendedores argentinos pueden contactarnos en nuestra embajada. Creemos que el conocimiento tiene que ser internacional”.

Si querés emprender y te interesa recibir más información, contactate con la Embajada de Israel en Argentina.

Sociedad | 28 de septiembre

Barcelona: el problema de ser uno de los destinos más visitados de Europa

Una manifestación recorrió ayer algunos de los principales puntos de la ciudad de Barcelona portando un féretro, en una representación de un imaginario cortejo fúnebre del “turismo masivo”. Decenas de personas caminaron con el ataúd (decorado con fotos de hoteles, de Airbnb y de cruceros) desde la Plaza de Catalunya hasta la Plaza de Sant Jaume, y allí hicieron un falso entierro. Ayer fue el día Mundial del Turismo y en Barcelona, una ciudad de 1,6 millones de habitantes que cada año recibe a más de 30 millones de turistas (y que ya es la quinta más visitada de Europa, luego de Estambul, Londres, París y Roma), la fecha no pasó desapercibida.

“Hay toda una serie de conflictos generados por la explotación turística de la ciudad y de los barrios y en realidad, todos confluyen en lo mismo: la exclusión de los vecinos y la mercantilización de la ciudad”, dice Daniel Pardo, miembro de la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible, que lucha contra la “turistificación” que comenzó en 1992 con los Juegos Olímpicos.

La Asamblea organizó el cortejo fúnebre, que llevó en primera fila un letrero que decía: “Contra el turismo de masas, decrecimiento turístico”. En el discurso del entierro, uno de sus portavoces dijo: “El turismo es una industria extractiva y de las más contaminantes”.

“La expulsión directa de los vecinos se da con el desplazamiento del parque de vivienda a usos de alojamiento turístico”, sigue ahora Daniel Pardo, en un bar de la zona del Borne, un antiguo barrio obrero devenido en uno de los más cotizados de la ciudad. “Y también con la transformación del tejido comercial: el comercio de uso cotidiano es desplazado por negocios y servicios turísticos que a los vecinos nos resultan inútiles. En el medio hay un tejido mixto, como por ejemplo de bares, pero los que están enfocados hacia el turismo tienen unos precios que resultan inasumibles, con lo cual también somos expulsados de esos lugares y tenemos que ir a buscarlos más lejos, lo cual dificulta la vida cotidiana”.

Daniel Pardo, en una calle del Borne, en septiembre. Foto: JS

Daniel Pardo, en una calle del Borne, en septiembre. Foto: JS

¿Cuáles son los barrios más afectados?
Toda la Ciutat Vella (Ciudad Vieja): la Barceloneta, la Rivera, el Gótico y el Raval. También hay fuertes impactos en el Poble Sec y en Sant Antoni. Y afecta ya a una corona grande: Gràcia, el Eixample, Poblenou, Sagrada Familia. Lo que hace diez años era Ciudad Vieja e inmediaciones, hoy ha hecho una expansión que deja pocas periferias fuera.

¿Qué consecuencias tiene la relación entre el sector turístico y el sector inmobiliario?
El sector turístico y el sector inmobiliario están íntimamente ligados. Eso pone a los residentes a competir, por las viviendas, con unas capacidades adquisitivas internacionales que no tienen nada que ver con los salaries locales. Todo eso redunda en la no renovación de contratos de alquiler para los vecinos. Hay que decir que también hay estudios en los cuales se estudia la exclusión por los pisos turísticos y hoteles, y posteriormente las afectaciones más directas. Existe la convicción de que ésta es una cuestión de salud pública, en tanto y en cuanto acaba creando problemas de nervios y de salud mental a la gente; especialmente a colectivos sensibles como la gente mayor o las criaturas.

Flyer web del cortejo fúnebre por el turismo masivo, organizado por la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible.

Flyer web del cortejo fúnebre por el turismo masivo, organizado por la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible.

La industria turística dice que los ingresos del turismo son vitales para la ciudad.
Es cierto, la industria turística provee cada vez más de puestos de trabajo directos e indirectos a la ciudad, pero no hay que engañarse, no son puestos que llegan de la nada. La economía turística está ocupando la economía de la ciudad y esos trabajos pasan a ser de un sector que tiene algunas de las peores condiciones laborales. El salario medio en el sector del turismo es aproximadamente la mitad del salario medio en la ciudad. Está, además del desplazamiento de las viviendas de los vecinos, el hecho de que el turismo va acompañado por un monocultivo de ocio nocturno, lo cual especializa la economía y además tiene repercusiones serias en el descanso nocturno de los vecinos. Se está excluyendo a la gente.

¿Qué es el turismo sostenible?
Es un turismo compatible con una ciudad sostenible, compatible con la vida propia de la ciudad como ecosistema. Ahora mismo, la industria del turismo es extractiva. No es una convivencia justa: básicamente, está erosionando a las comunidades en los barrios de Barcelona y eso no es sostenible.

Los miembros de la Asamblea, en una reunión en el Ayuntamiento de Barcelona.

Flyer web del cortejo fúnebre por el turismo masivo, organizado por la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible.

¿Cómo tendría que ser el turismo en Barcelona?
No lo sabemos porque esto ha crecido demasiado: no sabemos en qué momento se sobrepasó el límite. Lo que nosotros tenemos como propuesta firme es un camino de decrecimiento turístico. Se está imponiendo un sector que no es justo con la ciudad porque muchísimo dinero no se redistribuye nada bien y además provoca una serie de impactos que a nivel de derechos sociales es bestial. Toda economía que se implante en un lugar debería aspirar a mejorar la vida de su población. Hay una forma de enfocarlo que es muy clara: la industria turística produce unos beneficios terribles, pero eso es mentira. Es decir, en la práctica es así, pero es una mentira porque hay un montón de gastos extras que están externalizados al sector público. Empezando por la promoción: hay mucha promoción pública del sector turístico. Toda esta afluencia turística provoca una serie de gastos a nivel del nivel de seguridad, mantenimiento y rehabilitación urbana de la ciudad. Todo eso sale de nuestros impuestos y el medio de transporte utilizado en la ciudad los turistas es la red pública de transportes, subvencionaba por igual para todo el mundo. Hay una población que está pagando los impuestos y que viene a abaratar los costos que tiene la industria turística. Si tuviéramos un marco de legislación laboral razonable que exigiera que el sector turístico pagase los salarios como los tiene que pagar, no sería negocio y al día de hoy quién está detrás del sector turístico a nivel mayor son los fondos de inversión que les da igual adónde ir porque lo que buscan es la máxima rentabilidad.

¿Cómo es el plan que lograron ustedes con el Ayuntamiento de Barcelona con respecto a los pisos de alquiler (especialmente, a los de AirBnB)?
Uno de los proyectos estrella del Ayuntamiento fue lo que se llamó el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos, que pretendía estudiar la ciudad en cuanto a presencia y densidad de alojamientos turísticos; y en base a diferentes niveles de saturación, establecer normativas. Para eso hubo un proceso en el cual nosotros, como Asamblea, participamos activamente. El Ayuntamiento defendía que había zonas en las que había que permitir la existencia de nuevos pisos, que es lo que acabó pasando. El plan que se aprobó quedó lejos de lo que queríamos: nosotros pensamos que no puede haber nuevos pisos turísticos en ningún sitio de la ciudad.

Turistas en Barcelona, en septiembre. Foto: JS

Turistas en Barcelona, en septiembre. Foto: JS

¿En Barcelona hay más regulaciones para AirBnB?
La regulación del AirBnB entra en la regulación de apartamentos turísticos. Desde la moratoria de 2015 no hay nuevas licencias de pisos turísticos en muchas zonas de Barcelona y en el distrito Centro no las hay desde 2005. Eso no quiere decir que no haya más pisos turísticos: hay muchísimos más, pero son todos ilegales. La capacidad de inspectores es limitada y la capacidad sancionadora también. Si los vecinos del edificio quieren que un departamento ya no sea para AirBnB, tienen que hacer un acuerdo general un trámite para cambiar los estatutos de la comunidad. Desde el movimiento vecinal se pide que sea al revés: que por defecto no se pueda abrir un nuevo piso para AirBnB y que, si se consigue el acuerdo en el edificio, se pueda.

Pero… ¿Barcelona podría prescindir del dinero que llega con el turismo?
Las preguntas son: ¿La ciudad podría prescindir de sus habitantes? ¿Qué es más importante? ¿La actividad económica o los habitantes? ¿El beneficio o los derechos? Nuestra propuesta no es tan ingenua como para decir: “No, fuera el turismo”. Si eso ocurre de la noche al día se provocaría una crisis bestial. Lo que estamos promoviendo es una transición. Y de hecho hablamos de la necesidad de fomentar otras economías que vengan a ocupar ese mismo lugar. Hay que pensarlo en términos de reconversión industrial. No es fácil, no tenemos una respuesta mágica. Creemos que es un debate en términos de soberanía económica, de que la ciudad pueda decidir a qué quiere dedicar sus esfuerzos económicos. Pero el decrecimiento turístico va a llegar antes o después. Puede ser accidental y salvaje o puede ser consensuado y trabajado, seguro que duro, pero pensado.

Salud | 26 de septiembre

“En trasplante de órganos, lo más importante es detectar al donante”

Cada noche, tres aviones sobrevuelan los cielos de España llevando órganos en pequeñas heladeras. La actividad de donación y trasplantes en este país es intensa y apresurada: España es el líder mundial, con un índice de 47 donantes de órganos por millón de personas (hay unos 5.000 trasplantes anuales; o sea, 13 por día) y este número crece desde hace 25 años. Es casi cinco veces superior al registro argentino, donde hay 10 donantes por millón de personas. “Todo está muy coordinado”, dice Jaume Tort, el director de la Organización Catalana de Trasplantes (OCATT).

“Normalmente, los procesos de traslado de órganos ocurren de tarde y de noche. Por la mañana se detecta a los enfermos. Si fallecen, se habla con la familia y se consiguen las autorizaciones. O con el juez, si hiciera falta. Luego se mandan los datos del donante y se cuadran en la lista de espera a ver cuál es el receptor. Si hay que viajar a buscar el órgano, una ambulancia recoge a un equipo de médicos y lo lleva al aeropuerto. Otra ambulancia espera en el aeropuerto de destino y los lleva directo al hospital y al quirófano. El mismo equipo médico del trasplante hace la extracción del órgano y regresa a toda velocidad”.

La Organización Catalana de Trasplantes funciona en un edificio grande y silencioso, de pasillos amplios, en el Poblenou, cerca del puerto de Barcelona. Esta región, donde en 1965 se realizó el primer trasplante de riñón de España, es récord del país: en 2017 se hicieron 1.106 trasplantes, un 5,7% más que el año anterior. Cataluña es el sitio en el que se hacen más trasplantes en el mundo.

“Hay pacientes que están en fase muy crítica y para ordenarnos usamos criterios clínicos objetivables”, dice Tort. “La prioridad es del enfermo que está peor y luego, su localización; como más cerca esté alguien, menos tiempo perderemos en el proceso. Para un trasplante de riñón hay doce horas. Pero para pulmón y corazón, cuatro horas. La literatura científica habla de hasta ocho horas, pero según la experiencia de nuestros equipos no es más de cuatro”.

Crédito: OCATT

Crédito: OCATT

¿Por qué Cataluña es la región récord?
Cataluña destaca más en trasplante que en donación porque aquí hacemos mucho trasplante de donante vivo: entre el 40 y el 45% de trasplante con donante vivo de riñón y de hígado de España se hace en Cataluña. Por lo demás, tenemos el mismo modelo que el resto del país.

¿Cómo hace España para tener un modelo tan eficaz?
Hay varios elementos que explican por qué estamos en esta posición de liderazgo desde hace tantos años. Primero, la sociedad es solidaria. Pero, según algún estudio que se hizo, no lo somos más que muchos otros países. La clave del modelo español es el sistema organizativo que hay alrededor de la donación, más que del trasplante. El sistema se basa en tres niveles de coordinación: uno, a nivel del Estado; otro a nivel regional; y luego, y ésta es la clave real, a nivel hospitalario. La clave es la figura del coordinador hospitalario de trasplantes. Cada hospital tiene uno. En un inicio era un nefrólogo, porque se hacían más trasplantes de riñón, pero ahora es un intensivista, un médicos especialista en unidades de cuidados intensivos, o un anestesista, porque hay muchos de ellos en las unidades de enfermos críticos.

¿Qué hace exactamente el coordinador hospitalario de trasplantes?
Detecta al donante. Si nadie busca o se entera de que una persona va a fallecer en poco tiempo, no vas a tener donantes. Alguien tiene que estar mirando eso cada día, y no sólo viendo a los enfermos que están en la fase final, sino también viendo las defunciones que se producen en el hospital. El medico famoso que sale en la televisión es el cirujano que hace el trasplante, pero este señor es famoso gracias a un compañero suyo que nunca es famoso, pero que ha detectado al donante y ha hablado con la familia.

¿El hospital es el territorio clave?
Sí. El paciente donante tiene que estar en la unidad de cuidados intensivos porque cuando se certifica la muerte cerebral, los órganos tienen que seguir trabajando; si no, no funcionarán.

¿Y si alguien fallece en la calle no puede ser donante?
Es más difícil. Lo tienes que remontar. Te da pocos minutos: cinco, diez, quince. Cada persona es distinta, cada parada cardíaca es distinta. ¿Personas en la calle que hagan una parada cardíaca? Se habla de diez minutos sin reanimar. Pero esto es muy poco frecuente. Un donante habitual en países como el nuestro es alguien de edad que fallece en el hospital. Además, ahora hay mucha menos accidentabilidad en las carreteras. Un efecto secundario de los pocos accidentes de tráfico es que no hay donantes jóvenes. Los donantes por accidente de tráfico, en nuestro caso, no llegan a ser el 5%.

Crédito: OCATT.

Crédito: OCATT.

En la Argentina, la Ley Justina, sancionada recientemente, indica que todo el mundo es donante, salvo quien diga lo contrario. ¿En España es igual?
España tiene un sistema de opting out; o sea, de consentimiento presunto. Esto quiere decir que todos somos donantes por ley. Pero, de hecho, no lo aplicamos en un sentido estricto. ¿Qué hacemos? Siempre, siempre, siempre hablamos con la familia. La familia tiene la última palabra. Si la familia dice que no, es no.

¿Por qué lo hacen así, si la ley no lo indica?
Porque ¿cómo sabemos cuál era la opinión de un donante? Pues a través de sus familiars. No tenemos un registro en España de quienes han dicho que no. Los que no lo quieren se lo dejan dicho a la familia o lo dejan escrito en sus “voluntades anticipadas”. En definitiva, en España finalmente está todo en manos de la opinión de tus propios.

¿Cómo hizo España para comenzar a ser tan eficaz hace 25 años?
Había una tradicion médica muy potente, especialmente aquí, donde se hicieron los primeros trasplantes. El modelo de coordinación se creó en Barcelona antes que en España, un poco con la necesidad de ordenar el trabajo que se hacía.

Crédito: Wikimedia.

Crédito: Wikimedia.

¿En qué puede seguir mejorando el sistema?
Nuestro gran objetivo es contener la lista de espera. El año pasado hicimos 160 trasplantes de hígado y tenemos 119 personas en la lista: parece un asunto solucionado, pero no lo es porque el tema es que el donante y el receptor sean compatibles.

Y ahora, ¿siempre hay en marcha campañas de concientización sobre el tema?
¿Campañas como tales? No hacemos. Por suerte, no nos hacen mucha falta porque tenemos una tasa de donación muy alta. Pero sí hay un trabajo en determinados entornos; por ejemplo, en los medios de comunicación, donde intentamos ser muy transparente. También trabajamos en las escuelas y en los institutos. Trabajaríamos más, pero no tenemos recursos. Aunque el sistema no ha puesto nunca un reparo económico ante un trasplante.

¿El mayor número de trasplantes ha generado más dilemas éticos?
No, no tenemos en este momento temas éticos. Creo que el sistema está muy, muy consolidado.

Sociedad | 19 de septiembre

Top Manta, la tienda de ropa con la que los manteros africanos sorprenden a Barcelona

DESDE BARCELONA-. La remera que dice “Black Manters – Barcelona” es un éxito de ventas. Se trata, en realidad, de un juego de palabras entre “Black Panthers” (el nombre de la organización socialista, nacionalista negra y revolucionaria​​ de los Estados Unidos) y “manteros”, el término con el que se conoce a los vendedores ambulantes en todo el mundo hispano. Aquí, en Barcelona, un grupo de manteros africanos abrió hace un año su propia tienda de ropa, donde venden remeras y buzos con quince diseños diferentes, bolsas de tela, zapatillas y muchos libros sobre temas africanos. “Nosotros mismos hacemos todo”, dice Mansour Dgite, detrás del mostrador. “Ésta es la creación de los africanos”.

La tienda es una experiencia única en el mundo, funciona en la calle de En Roig, del barrio del Raval (en la Ciudad Vieja), y se llama Top Manta, lo mismo que la marca de ropa propia. Según el diccionario de la Fundéu (la Fundación del Español Urgente de la agencia EFE), “‘top manta’ es el negocio o el puesto ambulante en el que se venden copias ilegales de discos, películas, camisetas deportivas y muchos otros productos a precios mucho más baratos que los del artículo original”.

Pero las camisetas sobre las que Top Manta estampa sus diseños, que son de la marca Continental Clothing, tienen la etiqueta Fair Wear Foundation (FWF), que asegura las buenas condiciones de los trabajadores textiles; el sello Global Organic Textile Standard (GOTS), que es la norma internacional de procesamiento textil para fibras orgánicas; la etiqueta Fairtrade Cotton, que asegura que la prenda se ha fabricado con algodón de comercio justo certificado y que proviene de productores de comercio justo; y la etiqueta Fair Share, que incluye una pequeña tasa que se añade directamente al salario de los trabajadores textiles.

En el negocio de Top Manta hay remeras, buzos, bolsas de tela, zapatillas y libros. Fotos: JS

En el negocio de Top Manta hay remeras, buzos, bolsas de tela, zapatillas y libros. Fotos: JS

El inicio de Top Manta (bajo la protección del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona) demandó nueve meses de preparación y diseño, y una campaña de crowdfunding en la que, con el lema de “Ropa legal hecha por gente ilegal”, se juntaron más de 67.000 euros para lanzar una asociación registrada oficialmente y arrancar un proyecto de empresa social en el mundo de la moda.

Según esa propuesta de crowdfunding, por cada 100 euros recaudados, 35 se invierten en ropa. De los 65 restantes, 50 son para gastos de la asociación y 15 para el “beneficio colectivo”. Luego de cuatro asambleas, el Sindicato decidió la distribución de los recursos del “beneficio colectivo” en: un Fondo de vivienda, un Fondo legal, un Fondo de salud, un Fondo de educación, una Futura cooperativa, Participación política y Cultura.

Ahora, en un buen día de comercio (cuando, además de la tienda, las prendas de Top Manta se ofrecen en fiestas y reuniones), se venden hasta 300 remeras. Cada una cuesta 15 euros.

Según la propuesta de crowdfunding, por cada 100 euros recaudados, 35 se invierten en ropa. De los 65 restantes, 50 son para gastos de la asociación y 15 para el “beneficio colectivo”.

Según la propuesta de crowdfunding, por cada 100 euros recaudados, 35 se invierten en ropa. De los 65 restantes, 50 son para gastos de la asociación y 15 para el “beneficio colectivo”.

Mansour Dgite tiene un hermano que migró hacia Buenos Aires y una mujer y dos hijos en Dakar, la capital de Senegal. Allí nació él hace 44 años. Hoy viste una remera negra, que también es una creación de Top Manta, en la que se lee: “Fake Sistem. True Clothes” (“Sistema falso. Ropa verdadera”). “Nuestras camisetas viajan: van adonde quieren los que las llevan puestas”, dice Dgite. “Pero la gente que las ha hecho no se puede mover de aquí. Ellos son ilegales, pero hacen algo legal”.

Se calcula que en Barcelona hay entre 400 y 600 manteros (es la ciudad española con más manteros; en Madrid hay entre 150 y 200). Trabajan 12 horas por día para ganar 30 euros. La mayoría son africanos (la organización Espacio del Inmigrante indica que también hay unos 50 paquistaníes y 15 latinoamericanos) y carecen de documentos: su situación es muy precaria. Unos 150 pertenecen al Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes. Y 15 trabajan en Top Manta.

“Mantero” y “migrante” son palabras asociadas en España, donde hasta fines de julio 20.992 habían llegado a través del Mediterráneo, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Ese número era casi idéntico a la totalidad de 2017: 22.108 personas. La tasa de muerte hacia España es de casi 1 de cada 70 migrantes, y este país ya ha superado a Italia y a Grecia como primer destino para quienes cruzan el Mediterráneo.

Mientras tanto, la ministra de Industria, Comercio y Turismo de España, Reyes Maroto, acaba de anunciar en Madrid nuevas medidas para combatir la venta ambulante ilegal y también una campaña de concienciación para consumidores. Según el diario El País, dijo que el “top manta” supone una forma de “competencia desleal” que perjudica a las tiendas y “distorsiona” la imagen de España.

El senegalés Mansour Dgite sostiene el diseño más vendido de Top Manta.

El senegalés Mansour Dgite sostiene el diseño más vendido de Top Manta.

Pero en abril, la marca Top Manta mostró sus diseños (creados con la ayuda del Centro Universitario de Diseño de Barcelona) en un desfile organizado junto a la plataforma digital PlayGround. “Queremos sacar de la calle a las personas que están invisibilizadas pero que tienen un gran potencial”, dijo entonces el director de PlayGround Do, Cristian Palazzi. “Y queremos dejar de vender productos de otras personas y ofrecer los nuestros”, agregó uno de los diseñadores africanos, Lamine Sarr.

“Los migrantes no nacieron manteros”, dice Mansour Dgite. “No queremos ser manteros”. Él mismo tenía su tienda de zapatos y zapatillas en la ciudad de Dakar: vendía Tim Duncan, Nike Gary Payton y otros modelos. “Pero aquí me dicen que no tengo derechos, que soy ilegal. En el mundo somos todos iguales: la gente ilegal en realidad no existe. El mundo no es de los que dicen que uno es ilegal, el mundo es de todos”.

Además de la falta de un trabajo con todos los derechos, los manteros sufren la vigilancia y el hostigamiento de las autoridades. En marzo, la policía persiguió en Madrid, desde Sol hasta Lavapiés, a un mantero que en ese mismo momento sufrió un ataque al corazón y murió. Se llamaba Mame Mbaye, tenía 35 años y había llegado desde Senegal hacía más de diez años. “Un mantero es un chico que viene a buscar su vida, a buscar algo para comer”, dice Dgite, indignado por lo que pasó. “Ellos dicen que son más normales que él, pero al final lo han matado”.

España ha superado a Italia y a Grecia como primer destino para quienes cruzan el Mediterráneo.

España ha superado a Italia y a Grecia como primer destino para quienes cruzan el Mediterráneo.

Sin embargo, aquí en Barcelona el negocio va bien y los encargados de Top Manta sueñan con abrir una tienda en Madrid y otra en Valencia. “Es una cuestión de voluntad”, dice Dgite, orgulloso. “Has dejado a toda tu familia allá, has cruzado el mar, días y días en el mar, has llegado aquí, todo eso…”.

Su viaje hasta Europa, en 2007, duró nueve días, incluyendo dos en el puerto senegalés de Saint Louis, de donde zarpó junto a otros compañeros a través de un mar embravecido. Dgite no cuenta los detalles; simplemente dice: “Me fui porque quería hacer algo, crecer. No había ninguna guerra, pero el sistema… ya sabes… Todavía la colonización pesa sobre África. Es un continente muy rico pero esa riqueza no es para nosotros, sino para otra gente”.

Unos 150 manteros pertenecen al Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes. Y 15 trabajan en Top Manta.

Unos 150 manteros pertenecen al Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes. Y 15 trabajan en Top Manta.

Algunos de los que estaban a punto de irse de Senegal con él no conocían nada acerca de España, pero igual compartían entre todos las ideas que tenían para el futuro. “Éramos optimistas”, dice Dgite. “Sabíamos lo que estábamos por hacer. Muchos de los chicos eran pescadores y conocían muy bien el mar. En el barco había comida y no teníamos miedo. Hay que tener cojones para hacer ese viaje: es un viaje muy triste, pero es un desafío para recordar toda la vida”. Dgite sólo volvió a Dakar en 2010; desde 2014 sus papeles no están perfectamente en regla y si saliera de España ya no podría volver a entrar.

Justo entonces, mientras evoca sus antiguos días en casa, dos chicas entran en la tienda. Vienen a buscar unas prendas que compraron en la campaña de crowdfunding. Se toman un rato para revisar los buzos y al final eligen el de “Black Manters”. Dgite, como cualquier vendedor de ropa, le dice a una de ellas que se lo pruebe y que se mire al espejo. “Le queda muy bien”, agrega luego.

Cultura | 5 de septiembre

La extraordinaria vida nómade de los acróbatas de Séptimo Día

El show de Cirque du Soleil que homenajea a Soda Stereo volvió al Luna Park con 36 acróbatas y artistas llegados de 18 países. Cómo es la vida trashumante del circo más convocante del planeta.

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“Soy la única acróbata en un grupo de saltos tumbling y cada día entreno con cuatro o cinco muchachos haciendo mis rutinas: verdaderamente, ellos se han convertido en mis hermanos”, dice Betsy Zander, una de las artistas del Cirque du Soleil que viene recorriendo toda América con el espectáculo “Séptimo día”. Zander tiene 26 años y estudió en la Escuela de Negocios de la Universidad George Washington, pero desde hace un año y medio todos los días (salvo los lunes) se pone en la piel de Soda, uno de los personajes de esta obra que la compañía canadiense le dedica a Soda Stereo. “Nos hemos convertido en una familia porque el elenco es muy pequeño”, sigue ahora, en un rincón del Luna Park, mientras a su alrededor tres acróbatas rusos saltan varios metros. “Compartimos los camarines y mantenemos una relación con cada cual, mucho más de lo que ocurre en un show de 100 artistas donde la gente apenas se saluda”.

Junto a Betsy Zander viajan otras 81 personas, de las cuales 36 son artistas, saltarines y acróbatas. La compañía parece vivir la vida trashumante de un circo clásico, pero en realidad ésta es apenas una de las veinte, o más, que el Cirque du Soleil, el circo más convocante del planeta, tiene ahora tours por unas 120 ciudades y que, a lo largo de un año, presentan más de 6.000 funciones frente a 9 millones de espectadores. “Séptimo día”, que está narrado en torno a los temas de la banda de Gustavo Cerati, inició sus funciones en Buenos Aires el año pasado y ya pasó por 16 destinos (Los Ángeles, Ciudad de México, Lima y Santiago, entre ellos). Esta semana ha regresado al Luna Park: aquí, donde en su debut hizo 73 funciones y alcanzó un récord histórico, el show se despedirá.

“Si uno viaja por diferentes países con la gente con la que trabaja, se hace amigo y encuentra similitudes en ellos aunque todos seamos de diferentes sitios”, sigue la acróbata Betsy Zander.

Sus compañeros han nacido en 14 países. Los del equipo de banquine (que son una docena de cirqueros que realizan pirámides humanas y secuencias de acrobacias sincronizadas) nacieron en Rusia y en Ucrania, y también hay uno que viene de Kazajistán. El número de “Hombre al agua”, que se realiza en una pecera de 6,3 metros de alto, está a cargo de un especialista hawaiano en apnea y de una ex deportista japonesa que integró el equipo de nado sincronizado de su país. El clown que protagoniza el fragmento de “Sobredosis de TV” es argentino. El personaje de L’Assoifé, un muchacho que al ponerse los auriculares hace que cobre vida el mundo circense de Soda Stereo, está a cargo de Noah Nielsen, un genio del diábolo que se crió en un pueblito canadiense. Los dos médicos que cuidan al staff son de Brasil y de México. También hay franceses, ingleses y españoles. Y una belga y una danesa.

Ésta es la cuarta colaboración creativa del Cirque du Soleil (que nació en Quebec en 1984) con músicos de renombre internacional. Las otras tres fueron con la música de Elvis Presley, los Beatles y Michael Jackson, lo que devuelve a Soda Stereo –quizás la banda más grande del rock en español– a un nivel de trascendencia que ya había alcanzado en su gira de despedida de 1997 (la de “Gracias totales”) y en la de su regreso de 2007, cuando dio conciertos en nueve países para más de un millón de fans.

“Séptimo día”, una gran apuesta del Cirque du Soleil para América Latina, se convirtió en uno de sus mayores éxitos: fue el primer show en la historia de la compañía que vendió más de 500.000 tickets antes de su estreno y el primero que habilitó un sector para el público de pie (como si fuera un show de rock). Esta idea del “campo” fue propuesta por los dos Soda Stereo sobrevivientes, Charly Alberti y Zeta Bosio, quienes el jueves pasado fueron a ver una función en el Luna Park y recibieron una ovación.

Pero mover este show-récord implica un trabajo minucioso. Además de las 82 personas que lo hacen posible hay 20 acompañantes (parejas, hijos, amigos). Y 23 camiones que recorren las rutas, país a país, con unas 60 toneladas de luces, piezas de escenario, cables, pantallas y parlantes. En cada ciudad hay un grupo de asistencia de 50 empleados y una cocina que prepara 300 platos de comida por día (incluido el de un único acróbata vegano). Y, a la hora de hacer las reservas de hotel, todos los artistas duermen en habitaciones individuales.

“El circo se convirtió en mi casa”, dice Guillermo “Toto” Castiñeiras, que lleva ya 12 años en el Cirque du Soleil. “Viajé por todos lados, pero siento que en realidad estuve en un solo lugar, que es mi trabajo: la actuación. Vivir viajando es como nunca aburrirse, es como tener un mapa nuevo para recorrer todo el tiempo. Hay adrenalina porque no sabés con qué te vas a encontrar, pero en verdad la esencia de la gente es siempre la misma y la encontrás cuando salís a la calle y la mirás a los ojos”.

En este show hay dos disciplinas que Cirque du Soleil nunca antes había puesto en escena. Una se llama “cadena aérea”: Oleg, uno de los acróbatas rusos, se sujeta de una cadena larguísima que pende del techo y la trepa y la desanda retando a la gravedad durante varios minutos, mientras suena “En la ciudad de la furia”.

La otra es suspensión capilar, y es uno de los números más increíbles del espectáculo. Zendra Tabasco, que nació en Emiliano Zapata, un pueblito del estado mexicano de Tabasco, se hace un peinado con muchísimas trenzas entre las que se coloca un gran aro de acero. El aro pende de una cuerda que cae desde el techo, y Zendra Tabasco pende del aro. Así parece que flotara mientras suena “Luna roja”. Al verla, uno piensa que su cuero cabelludo debe estar ardiendo mientras soporta los 45 kilos que ella pesa, pero luego de su ensayo Tabasco cuenta que si el peinado de trenzas está bien hecho, no hay dolor.

Así que se relaja. Habla de otra cosa: “Volver acá es cerrar el ciclo donde empezó y es muy emocionante”, dice. “Estamos todos bastante movidos porque han sido casi dos años de convivencia muy íntima e intensa. Convivir con gente tan diversa, pues, te abre ventanas mentales que antes no estaban ahí”. En un rato, ella estará en el escenario junto al resto de la troupe. Sonarán los acordes de “Prófugos” y, como cada noche, Soda Stereo volverá a ser puro presente.

Fotografía: Prensa Soda Stereo SEP7IMO DIA by Cirque du Soleil

Sociedad | 29 de agosto

El nuevo comienzo de los venezolanos en la Argentina

María López, una médica venezolana de 32 años que migró a la Argentina en febrero de 2017, se presentó en la Universidad Nacional de Córdoba tres veces, en julio y agosto de este año, para rendir tres exámenes. Al aprobarlos logró revadilar su título de Medicina. “Estaba tan nerviosa al momento de presentarme: ¡había bajado siete kilos en dos meses!”, dice. “Era mucho tiempo y mucho dinero invertido”. Eso, sumado a los trámites que hizo en los ministerios de Educación y de Relaciones Exteriores de Venezuela para apostillar su diploma.

En diciembre ya había rendido otros tres exámenes: todo le costó 11.000 pesos y ahora debe pagar el equivalente al 70% del sueldo de un profesor universitario (aunque ella todavía no sabe cuánto dinero es) para completar el trámite y obtener su título argentino de Medicina.

Especializada en Ginecología y Obstetricia, desde que llegó a la Argentina ha trabajado en un kiosco y también cocinando arepas. Vive en Quilmes junto a toda su familia, que migró siguiéndola a ella y a su hermano Ángel, un abogado que aquí está empleado en un call center y estudia en la Universidad Nacional de Quilmes. El otro hermano, Ramón, es un ingeniero petrolero que programa apps. El padre, también llamado Ramón, es un licenciado en Administración de empresas que trabaja como encargado de una funeraria. Y la madre, Gloria, cocina junto a su hija, la joven médica que ahora, luego de aprobar los exámenes, tiene en trámite un título provisional que le permitirá obtener una matrícula provincial con la que podrá empezar a trabajar en Córdoba. Después buscará una matrícula nacional.

Entre 2016 y 2017, unos 44.000 venezolanos recibieron radicaciones temporarias y permanentes en la Argentina. Crédito: Luna Maximiliano - Télam

Entre 2016 y 2017, unos 44.000 venezolanos recibieron radicaciones temporarias y permanentes en la Argentina. Crédito: Luna Maximiliano – Télam

En la Argentina, las organizaciones de venezolanos calculan que hay cerca de 70.000 inmigrantes llegados de Venezuela. Vincenzo Pensa, el presidente de la Asociación de Venezolanos en la República Argentina (ASOVEN), dice que “el 70% son profesionales jóvenes”. Uno de los asuntos más importantes para ellos es la revalidación del diploma. “Muchos consiguen trabajo, no lo podemos negar, pero es precarizado o está fuera de su área: hay ingenieros químicos lavando autos”, explica Pensa.

Esos migrantes también conducen autos de Uber, atienden bares, venden ropa, hablan en call centers y limpian pisos. Toman cualquier trabajo y envían parte del dinero que ganan a Venezuela para ayudar a mantener a la familia que ha quedado allá.

En febrero de este año, la Dirección Nacional de Migraciones de la Argentina otorgó radicaciones temporarias y permanentes a unos 4.000 venezolanos: un 53% más que en febrero de 2017, cuando el número fue de 2.600. Por la crisis económica que perjudica a Venezuela, los ciudadanos están abandonando masivamente su país: una encuesta de Datos Group mostró en marzo que el 40% de los venezolanos quiere migrar y se calcula que 5 millones lo han hecho en los últimos años, lo que representa más del 16% de la población. Entre 2016 y 2017, unos 44.000 recibieron radicaciones temporarias y permanentes en la Argentina. Esto es un 10% del total de radicaciones concedidas oficialmente a todas las personas que las han solicitado. Aunque ya Venezuela no forma parte del Mercosur, el gobierno argentino les exige la misma documentación que la que deben presentar los ciudadanos de un país de esa alianza.

“La Argentina es un país de puertas abiertas”, dice el psicólogo venezolano Aquiles Rafael Pérez Delgado. “Completamente. Lo certifico”. Él llegó al país junto a su esposa, una ingeniera química que fue trasladada a la filial local de una compañía transnacional, y decidió hacer dos posgrados al mismo tiempo para relacionarse con sus colegas locales. Tres años después hizo la revadilación de su título en la Universidad de Buenos Aires: lo obtuvo sin rendir ninguna materia nueva; dice que tuvo suerte. “El argentino valora mucho la recomendación directa”, explica. En el colegio secundario en el que trabaja como tutor de alumnos ya ha recomendado a dos personas y fueron contratadas.

El psicólogo Aquiles Rafael Pérez Delgado hizo dos posgrados en la Argentina.
El psicólogo Aquiles Rafael Pérez Delgado hizo dos posgrados en la Argentina.

Según los datos oficiales, de los 31.167 inmigrantes que llegaron en 2017 desde Venezuela, 15.680 eran universitarios. Entre ellos había 4.136 ingenieros, 1.599 administradores de empresas, 1.143 técnicos, 856 abogados, 615 periodistas, 245 chefs y 250 arquitectos.

Para la mayoría, el problema de confirmar su diploma tiene dos causas: es caro (la Universidad de Buenos Aires cobra alrededor de 20.000 pesos por la revisión y revalidación) y lleva tiempo (entre 10 meses y un año).

Gerlis Márquez acaba de recibir su DNI y espera revalidar su título pronto.

Gerlis Márquez acaba de recibir su DNI y espera revalidar su título pronto.

Mientras tanto, para muchos el secreto es mantener en alto el ánimo. “Hay que hacer bien el trabajo porque nos honra, sea lo que sea”, dice Gerlis Márquez. Tiene 45 años, es licenciada en Educación especial y Psicopedagogía, y llegó en febrero de este año.

Su vida había cambiado completamente entre 2012 y 2017: antes era la directora y la dueña de una escuela preescolar en Caracas, tenía una casa en un barrio residencial llamado Los Rosales y un buen auto. “Vivíamos muy bien”, dice. En apenas cinco años tuvo que cerrar la escuela, perdió el dinero para pagar un seguro de medicina para sus dos hijas y para sí misma, y se quedó incluso sin servicio de agua. Finalmente, vendió todo y migró con sus dos niñas y con su padre, que la siguió poco después.

En Buenos Aires, adonde vivió al principio compartió un monoambiente con otras cuatro personas (entre las que estaban sus dos hijas), la recibieron una amiga y también el hijo mayor de su ex pareja. Ahora vive en Beccar y trabaja cuidando a un anciano de 93 años. “Hay mucho trabajo aquí”, dice. “Cerca de donde vivo, de cada cinco trabajadores en los negocios, vendedores o meseros, dos son venezolanos. Sí, muchos son profesionales, pero igual están felices”.

La semana pasada, Márquez obtuvo su DNI. Ahora, con el documento en la mano, va a pedir un turno para convalidar su diploma. Sueña con trabajar como psicopedagoga o acompañante pedagógica. “Tengo muchas ganas de empezar de nuevo”, dice. Es pura esperanza.

Cultura | 22 de agosto

El auge del aymara, el idioma de las palabras alucinantes como “Aruskipt’asiñanakasakipunirakispawa”

Un grupo de estudiantes pasa al frente a dar una lección sobre hierbas medicinales y remedios naturales en un aula donde se dictan clases de lengua aymara. Llevan consigo ramitas de ruda, de chachacoma y de lampaya, y las muestran hablando en ese idioma, que fue de los collas y de otros pueblos andinos que habitaron las tierras de Bolivia y Perú. Pero como el idioma aymara es mucho más que palabras y sonidos, la clase termina con una degustación de papas y ajíes. “La lengua sin la cultura no es lengua, y la cultura sin la lengua no es cultura”, dice Sonia Siñani, la profesora, que viste una amplia pollera, una mantilla clara y un sombrero al estilo tradicional de las cholas paceñas.

En El Alto, una populosa ciudad satélite de La Paz, Siñani se toma tres autobuses y taxis compartidos para venir todos los días a dar clases en tres turnos: mañana, tarde y noche. El aula está adentro de la radio San Gabriel, que fue fundada por un sacerdote en 1955 para evangelizar y alfabetizar a la población originaria, y que desde 1986 da clases de aymara a distancia y también en presencia. “Aquí en Bolivia, las 36 lenguas originarias han recuperado su importancia”, dice Siñani. “Se trata de revalorizar nuestra cultura y de comunicarnos con los hablantes aymaras de las provincias”.

El renacimiento de la lengua aymara viene desde 2012, cuando Bolivia, reconvertido en un Estado Plurinacional, dictó su Ley General de Derechos y Políticas Lingüísticas. Allí, entre otras cosas, se ordena “recuperar, vitalizar, revitalizar y desarrollar los idiomas oficiales en riesgo de extinción, estableciendo acciones para su uso en todas las instancias del Estado Plurinacional de Bolivia”.

El aymara había sido declarado como un idioma oficial de este país ya en 1977, pero en la actualidad los 360.000 funcionarios públicos deben aprenderlo (o alguna otra lengua originaria), son traducidas las leyes y las disposiciones, y las escuelas enseñan esos idiomas nativos junto al castellano y a los extranjeros (por eso, desde 2013 el gobierno ha capacitado a unos 138.000 profesores de lenguas originarias). Pero todavía no hay una academia de la lengua aymara y su escritura no ha sido homologada. “Nos hace falta”, dice Siñani.

Todo esto ocurre en tiempos de conglomeración lingüística, cuando idiomas colosales como el inglés, el chino mandarín y el español avanzan por sobre los idiomas locales u originarios. Según el Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro, unos 3.000 idiomas están en riesgo de desaparecer, de un total de 7.000 existentes en el mundo. El 4% de los idiomas son hablados por el 96% de la población mundial y, por otro lado, el 96% de las lenguas son utilizadas por el 4% de los habitantes. Hay más de 200 idiomas que tienen apenas 10 hablantes.

La escritura del aymara aún no ha sido homologada por una academia de la lengua y los lingüistas piden una. Foto: JS.

La escritura del aymara aún no ha sido homologada por una academia de la lengua y los lingüistas piden una. Foto: JS.

Tan temprano como en 1584, en un informe titulado Anotaciones generales de la lengua Aymara, producido en el III Concilio de Lima (una asamblea de la provincia eclesiástica del Perú acerca de la cristianización de los indígenas), se lee: “Esta lengua aymara es copiosa y de mucho artificio, y suave de pronunciar; y en frases y modos es tan elegante y pulida como la Quichua en el Cuzco, y en la copia de vocablos, sinónimos, y circunlocuciones mucho más abundante”.

El aymara es un idioma sufijante, aglutinante y algebraico: a una raíz nominal o verbal se pueden sumar hasta 15 sufijos.

Por ejemplo, “Aruskipt’asiñanakasakipunirakispawa” es una sola palabra que significa “Tenemos que conversar, no más, siempre” o “Debemos comunicarnos, no más, siempre”.

“Cuando hablas el idioma, ahí está toda la cultura aglutinada: el llanto, la risa, las bromas”, dice Siñani. “Nuestros ancestros vivían en comunión con la Madre Tierra y con el cosmos. Respetaban a las plantas, a los animales, a las piedras sagradas, a los cerros y a las deidades. Convivían: pareciera que cada objeto tenía vida para ellos. Pero con la invasión de los españoles, todo eso se ha roto”.

Sonia Siñani, en El Alto, en la puerta de Radio San Gabriel. Foto: JS.

Sonia Siñani, en El Alto, en la puerta de Radio San Gabriel. Foto: JS.

Siñani, que además de dar clases en el aula también las da por radio, nació en la provincia de Los Andes, al oeste de La Paz. Trabajó como maestra de escuela en los valles y en el altiplano por una década antes de mudarse a El Alto, adonde ya vivían sus tres hijos. Llegó a la radio para dar clases de alfabetización en castellano, pero terminó enseñando aymara. Su padre, Juan, era un profesor de escuela, como ella. Su madre, Valentina, en cambio, fue una campesina que sólo sabía hablar en aymara.

El aymara viaja a todo el mundo con los migrantes. “Algunos ya no quieren hablarlo, pero es difícil que olviden su identidad”, dice Siñani. “Pueden pensar: ‘Allá seré otro pero cuando vuelva, volveré a ser yo mismo’”.

Papas y ajíes en la clase de aymara de la profesora Sonia Siñani. Foto: JS.

Papas y ajíes en la clase de aymara de la profesora Sonia Siñani. Foto: JS.

En los primeros días de noviembre de 2016, Fabiola Acarapi Álvarez, una estudiante de Ingeniería en Sistemas de la Universidad Católica Boliviana que por entonces tenía 18 años, decidió crear una app para aprender aymara. Estaba terminando su segundo curso de Programación y se entusiasmaba haciendo aplicaciones básicas. Algunos de sus amigos cursaban una materia de aymara en la universidad y no les resultaba fácil, así que ella (que además aprendía inglés por su cuenta con Duolingo) les dijo: “¿Por qué no buscan una aplicación?”. Pero no había ninguna demasiado buena. “Me dije: ‘¿Por qué no hacerlo? Tengo las habilidades y el tiempo. Lo hago’. Y lo hice”, cuenta ahora.

Usó Android Studio. Le llevó un mes. Cuando la tuvo, se la pasó a sus amigos y ellos, a los suyos. Luego le agregó más palabras, más frases y más verbos, y decidió invertir 29 dólares para subirla a Play Store con el nombre de “Aprende Aymara”. En marzo de 2017 ya tenía 5.000 descargas. Se expandió hacia Chile y Perú. Y un año y medio después tiene 17.000 descargas, algunas desde sitios tan alejados como los Estados Unidos y el Reino Unido. Ahora Acarapi Álvarez está desarrollando una nueva versión para niños: su hermanita de 13 años es la tester principal.

Fabiola Acarapi Álvarez en La Paz, en agosto de este año. Foto: JS.

Fabiola Acarapi Álvarez en La Paz, en agosto de este año. Foto: JS.

Acarapi Álvarez es hija de un profesor de Matemáticas en colegios alejados de El Alto y de una vendedora de instrumentos musicales. Todo lo hace sola, de modo independiente y gratis. “Dar un nivel básico de aymara no debe ser monetizado”, dice. “No gano dinero, pero aprendo haciendo y además logro un impacto social con chicos a los que les gusta el aymara. Estoy enfocada a crear un impacto social, a ver soluciones con la tecnología”.

Su tío, que vive lejos de La Paz, y su abuelo, que tiene 92 años y que nació a orillas del lago Titicaca, son sus dos ayudantes principales y quienes ponen voz a las grabaciones de la app. “El Ministerio de Educación ha editado muchos diccionarios, pero ¿por qué no hacerlos en digital y públicos, abiertos a todo el mundo?”, dice.

Mucha gente le escribe. Hace poco, un hombre le preguntó cómo se dice “guerrero” en aymara: quería llamar así a su hijo.

Aprende Aymara

De las lenguas autóctonas de Sudamérica, el aymara es la tercera más extendida luego del quechua y el guaraní. Es hablada también en Perú, en Chile y escasamente en Argentina, y se calcula que es el primer idioma del 18% de los bolivianos, que son casi 2 millones de personas, y que otro millón también lo conoce. En esta nueva edad dorada del aymara, Álvaro García Linera (el vicepresidente de Evo Morales, el líder que impulsó la creación del Estado Plurinacional en 2010) dijo que “en el futuro, el que no sepa una lengua indígena estará perdido, será considerado un ignorante”.

Si, como pensaba el filósofo y lingüista Ludwig Wittgenstein, la experiencia de hablar un idioma conduce a una percepción determinada del mundo, entonces el mundo no es el mismo para el aymara que para el castellano. “El idioma aymara es de una riqueza muy dulce para la comunicación y la conversación; mucho más que el castellano”, dice la profesora Sonia Siñani. “En aymara te hablan muy ‘suavito’ y con sentimiento, por eso es ameno y cariñoso”.

Cultura | 16 de agosto

La cruzada de Matías Martin para que los nietos llamen a los abuelos

“Esta sección funciona como un homenaje”, dice Matías Martin acerca de “Llamá a tus abuelos”, un segmento en el que cada martes uno de sus oyentes le dice a su abuelo, al aire, cuánto lo quiere. Ocurre en el programa Basta de todo (lunes a viernes, 13 a 17 hs., Metro FM 95.1) y se ha convertido en una de las secciones más tiernas de la radio.

“La idea surgió de una frase que yo decía mucho al aire: ‘No te cuesta nada llamar a tus abuelos para decirles que los querés, te demanda un minuto y medio o dos minutos y a ellos les cambiás el día’”, dice Martin. “Lo dije muchas veces al aire, después lo probamos como sección y funcionó”. Desde 2016, cuando comenzó el formato, más de 100 oyentes participaron: primero ellos hablan con sus abuelos, luego intervienen los conductores del programa. “La sección más simple termina siendo una de las mejores”, dice Martin.

Él no conoció a sus abuelos, pero sí a sus abuelas. Rosario, la madre de su padre, se ocupaba de 25 nietos. “Tenía buena onda, pero éramos muchos”, dice él. En cambio, con Nelly, la madre de su madre, tenía una relación muy cercana. “Ella trabajaba en un sindicato minero y después del trabajo nos juntábamos a comer”, recuerda Martin. “Nos hacía regalos y nos cocinaba”.

Ahora, dos de sus hijos (y de Natalia Graziano) tienen una sola abuela: la madre de Martin, que para ellos es la abuela Betina. Pero su hijo mayor, Luca, tiene otra madre (Nancy Duplaá) y otros abuelos. “Por supuesto que yo estimulo ese vínculo con los nietos”, dice él. “Cuando nuestros hijos son chicos, nosotros, los padres, necesitamos a los abuelos para que nos ayuden a criarlos”.

Hubo muchísimos abuelos que salieron al aire. La abuela Filomena, por ejemplo, había sido víctima de un cuento del tío con el que le había sido robado todo el dinero con el que pretendía viajar a conocer el pueblo de su niñez, y Basta de todo le devolvió esa oportunidad que parecía perdida y la envió a Italia. Fue, quizás, el mejor episodio de “Llamá a tus abuelos”.

La abuela Gladys, una de las mujeres llamadas en el programa.

La abuela Gladys, una de las mujeres llamadas en el programa.

“Le pregunté a una oyente que había sentido cuando le dijo a su abuelo que lo quería mucho”, dice Martin. “Uno en general no le dice eso a su abuelo, sino que se lo demuestra acompañándolo”. Ella le respondió que había sentido palpitaciones y que las manos se le habían puesto frías. “Y lo que me queda es que si querés vivir una situación emocionante, de adrenalina, no tenés que ir a buscarla a ningún lado, sino que podés encontrarla diciéndole a tu abuelo cuanto lo querés”.

Más información:

Llamá a tus abuelos: la sección más emotiva de la radio [Clarín]

Sociedad | 1 de agosto

El largo viaje de los venezolanos hacia la Argentina

Preguntamos a qué comunidades de inmigrantes en Argentina les gustaría conocer y entre las propuestas, estaba la comunidad Venezolana. Aquí la segunda de una serie de artículos que iremos publicando.

Se estima que en nuestro país viven cerca de 70 mil venezolanos. En lo que va del año ya se otorgaron 4.000 radicaciones temporarias y permanentes. Muchos llegan por tierra, en travesías en ómnibus que duran entre 11 y 15 días. Paran en las fronteras y en las grandes ciudades, y llegan agotados pero con los sueños intactos.*

Orlando Aponte, que es venezolano y tiene 41 años, llegó a la Argentina el 28 de enero pasado. Había salido de Caracas en ómnibus 11 días antes. Luego de trabajar en Direct TV por 14 años como ejecutivo de ventas, la compañía lo despidió cuando la importación de decodificadores mermó. Después trabajó por tres meses en una empresa de impresoras y de computadoras. Finalmente, en una fiambrería. María Victoria Maceda, originaria de Coro, una ciudad colonial situada a seis horas de Caracas, también vino en ómnibus. Estuvo 12 días en las rutas sudamericanas y llegó a la terminal de Retiro el 22 de noviembre del año pasado. Eligió la Argentina junto a su novio porque ya tenían familia aquí y no querían seguir dispersándose. Mayluth Mujica tenía en Venezuela auto y trabajo, pero cada vez que salía a la calle veía que a todo el mundo le faltaba alimentos y medicamentos. Se fue por tierra hasta Boa Vista, en Brasil, y luego voló hasta Buenos Aires. Su marido llegó hace unas semanas. La primera hija de ambos nacerá en diciembre.

Trasandes

Orlando, María Victoria y Mayluth son tres migrantes que se vieron forzados a dejar su vida en su país y que eligieron rehacerla aquí. No son exiliados políticos ni refugiados con estatus protegido, sino gente más o menos común que ya no pudo continuar con una rutina digna y que se sumó a otros 70.000 que, según la Asociación de Venezolanos en la República Argentina (ASOVEN), ya viven aquí.

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La mayoría llegó en los últimos dos años. Muchos vienen en ómnibus desde Caracas: el viaje dura alrededor de 15 días y el cambio de vehículo se da en las capitales o en las fronteras. Es el modo más barato de llegar y cuesta alrededor de 600 dólares. En la ruta algunos hacen amigos, pero también hay peligros.

En Cúcuta, donde está el paso de frontera más transitado entre Venezuela y Colombia, hay una fila larga y desordenada: llegar hasta la ventanilla en un día cualquiera puede demandar ocho horas. A veces, los agentes maltratan a los migrantes. A veces se quedan con su dinero. Por eso los migrantes lo guardan del modo más imaginativo que se les ocurre. La mayoría de ellos va a Colombia, a Ecuador y a Chile. En general, cruzan el territorio colombiano en un solo autobús y cambian en la frontera con Ecuador, adonde también hay muchísimos venezolanos. Otros se suben al micro en el lado colombiano de la frontera y se bajan después de dos días y medio, ya en Lima.

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“Cuando vas cruzando la frontera, la idea de volver duele mucho porque sabes que sólo será posible en el largo plazo”, se lamenta Mayluth Mujica. “Nunca hubiese querido partir porque soy muy apegada a mi familia, pero allá no tenía nada y mi sueldo era de 5 dólares por mes”, dice María Victoria Maceda. “Hay momentos en el ómnibus en los que pierdes la noción del tiempo”, asegura Orlando Aponte, que casi no durmió en todos esos días por la expectativa que tenía y que, como muchos, recuerda el viaje como una aventura irreal.

Angely Pacheco, 30 años, médica

“Me crié en el barrio El Valle, de Caracas, una zona de clase trabajadora. Soy hija de una costurera y de un operario de seguridad industrial, y hermana de un empleado de call center y de una madre de dos hijos. Alguna vez fuimos parte de una clase media pujante, pero ya no. El 24 de agosto de 2017 dejé Venezuela porque ya ni siquiera podía pagar mis gastos y tengo una niña de 9 años, que ahora vive con su padre en Barcelona pero que espero ver pronto: quiero revalidar mi título de Medicina y traerla.

El viaje fue bien apresurado y lo hice con Bárbara, una amiga y colega. Llevé un bolso grande de 15 kilos con dos pantalones, dos pares de zapatos, tres camperas, algunas remeras y unas pocas cosas más; entre ellas, mi diario de viaje, donde tomé nota de todo.

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Volamos en avión hasta Táchira y luego fuimos en una combi hasta la frontera, que pasamos a pie. Llegamos a la mañana y recién a la noche, ya del lado colombiano, pudimos tomar un bus a la próxima frontera: Rumichaca, con Ecuador. Ese bus tenía unos asientos muy incómodos, iba mucha gente y hacía mucho frío: fue un viaje de 12 horas, pero no dormimos. En Rumichaca había muchos venezolanos humildes y profesionales: cuando te exilias de tu país, todos nos vemos igual de mal y de miserables.

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En el viaje haces amigos y yo conocí a Diana y a Olexis, que también venían a la Argentina. Casi nadie habla de sus penurias en la ruta porque ya todos las conocemos. ¿De qué se habla? Del plan a futuro, de la comida y de la compañía. Así fuimos conociendo gente y paramos en Guayaquil, donde nos recibió un amigo y nos quedamos cuatro días descansando.

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De ahí fuimos a Lima, con una parada en la frontera, que era horrible y desolada, y donde ya no se veían más venezolanos. Todo ese trayecto se me hizo eterno, pero al menos pude dormir. Cuando despertaba, lo que veía por la ventanilla era un cielo marrón o grisáceo, y neblina. Perú es súper vasto y parecía que nunca íbamos a pasarlo. En Lima estuvimos sólo tres horas y ahí tomamos otro bus hacia Tacna, justo antes de la frontera con Chile. Fue, de nuevo, súper largo. El paisaje cambió a montañas, medanales, curvas, desfiladeros, valles, arrozales y, a veces, pueblitos. Allí, en una parada, una señora subió a vendernos fruta; le compramos porque sólo veníamos comiendo galletas y sándwiches de miga.

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De Tacna pasamos a Cálama, ya en Chile. La frontera había sido bien meticulosa, y me sorprendió ver muchos peruanos y bolivianos con bultos de papel higiénico: nunca supe para qué llevaban tantos. En Tacna nos quedamos un día y medio en un hostal, y seguimos hacia Salta, bordeando la frontera con Bolivia. Ese tramo, con nieve y flores, fue el más bello de todo el viaje.

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En la frontera argentina, un oficial me selló el pasaporte y cuando me preguntó a qué venía, le dije la verdad. “Felicidades, bienvenida”, me respondió. “Todo te va a salir bien. Tenés 90 días para regularizar tu situación”.

Luego de 18 horas llegamos a Salta, cenamos panchos y tuvimos que dormir en la terminal. Fue horrible. Pasaban los policías y nos despertaban con sus cachiporras, pero nosotras no podíamos más del sueño que teníamos.

El bus a Buenos Aires tardó 20 horas y llegamos a la mañana. Una amiga nos esperaba. La entrada a la ciudad se veía muy fabril, pero cuando salí de la terminal de Retiro fue un amor a primera vista. La mayor parte de este largo viaje fue un disfrute. A fin de cuentas, sabía que no podía estar peor que antes”.

Félix Mendoza, 22 años, músico

“Con un amigo nos queríamos ir a Europa, pero no era tan sencillo, y aunque en la Argentina no teníamos amigos ni parientes, sabíamos que este país daba muchas facilidades a los inmigrantes y por eso lo elegimos: decidimos empezar de cero y así estuve un año ahorrando, dentro de lo posible, para venir. Al final viajé solo. ¿La despedida? Nunca vas a sentir algo así en tu vida hasta que lo hagas, pero para mí era ahora o nunca, así que lo hice y el 18 de diciembre de 2017 a las siete de la tarde me subí al ómnibus.

FelixMendoza

Me bajé en la frontera con Colombia y la crucé caminando. Había una fila inmensa y como yo estaba rodeado de mucha gente, le dije al guardia que iba en un grupo, le mentí, y así pasé más fácil. De Cúcuta me tomé un bus hasta Lima. A bordo no te daban comida y en una zona muy alta de Colombia me dio un dolor de cabeza extraño y me desmayé. Según me contó mi compañero de asiento, empecé a convulsionar. Me desperté rodeado de gente, no sé cómo fue. Pararon el bus, bajé a tomar aire, tomé agua, me dieron un dulce… Creo que me pasó porque sólo estaba alimentándome con pan y tortillas con mayonesa y atún. Quizás no era bueno. Y me asusté: no tenía a nadie, iba a mi suerte y luego, cada vez que el bus subía una montaña, le pedía a mi compañero de asiento que estuviera atento a mí, por si me volvía a desmayar. Pero por suerte ya no se repitió.

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En Ecuador todo anduvo bien y el 24 de diciembre llegamos a Lima. Allí conseguí un boleto a Buenos Aires por 200 dólares y un amigo de una amiga me recibió allí tres días. Lima es una ciudad súper ajetreada, pero luego de una hora de colectivo y otras tres de caminar, llegué a la casa de él, justo a tiempo para la cena de Navidad. ¡Fue mágico!

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Estuve tres días en Lima y después seguí, todo recto hacia Chile. Traté de alimentarme bien, pero sólo tenía un desayuno de una galleta con café, un almuerzo y un sándwich para cada noche. Pasamos a Chile luego de un trámite de mucha tensión en la frontera, porque nos preguntaron muchas cosas. Vi gente que tuvo que dejar ollas y frutas.

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Cuando el bus entró a Argentina por Mendoza, me sentí como en el cielo. La frontera argentina fue la primera en la que me dijeron “Bienvenido”, y yo casi me pongo a llorar de la emoción. A alguien que ha dado todo para venir acá, que le digan eso es muchísimo.

Desde Mendoza me tomé un último autobús y 16 horas después llegué a Buenos Aires. Ver la ciudad fue como vivir el momento en el que vuelves a nacer. Yo estaba hipnotizado ante la ventanilla mirando los peajes, los edificios y los estadios; y pasamos por un puente desde el que vi el Obelisco por 3 segundos, pero para mí fue como si hubieran sido 10 horas.

En Retiro no me esperaba nadie, pero tenía un contacto y lo llamé. Vino a buscarme 6 horas después. Aproveché ese tiempo para comerme mi último pancito”.

Sociedad | 25 de julio

¿Qué buscan los venezolanos en la Argentina?

Preguntamos a qué comunidades de inmigrantes en Argentina les gustaría conocer y entre las propuestas, estaba la comunidad Venezolana. Aquí el primero de una serie de artículos que iremos publicando.

En febrero de este año, la Dirección Nacional de Migraciones otorgó radicaciones temporarias y permanentes a unos 4.000 venezolanos. Esto significa un 53% más que en febrero de 2017, cuando el número fue de 2.600. Por la crisis económica que perjudica a Venezuela, los ciudadanos están abandonando masivamente su país: se calcula que 5 millones han emigrado en los últimos años, lo que representa más del 16% de la población.

En nuestro país, unos 44.000 venezolanos recibieron radicaciones temporarias y permanentes entre 2016 y 2017. Esto es un 10% del total de radicaciones concedidas oficialmente: la comunidad venezolana, que hace tres años no era demasiado numerosa en Argentina, hoy es la tercera más grande, luego de la paraguaya y la boliviana.

“Calculamos que hoy hay cerca de 70.000 venezolanos en Argentina”, dice Vincenzo Pensa, el presidente de la Asociación de Venezolanos en la República Argentina (ASOVEN). “Lo duro en Venezuela empezó hace tres años y ahí comenzó la desesperación de la gente por salir. El 70% de los migrantes son profesionales jóvenes”.

Sergio Yépez, un psicólogo que está al frente de la Asociación Mutual Argentino Venezolana, dice que es de Caracas, pero que tiene amigos en todas partes: “Mi familia terminó fragmentada en Colombia, Panamá, España y Alemania”. Yépez explica que en Argentina hay dos generaciones de migrantes venezolanos: “Una de jóvenes profesionales y otra de estudiantes que dejaron sus estudios allá y los retomaron acá. Ellos, mientras estudian, trabajan y financian la vida de los padres, algo que es antinatural”.

Crédito: Instagram/psicologosvenezolanos.ar

Crédito: Instagram/psicologosvenezolanos.ar

El itinerario

Muchos vienen en ómnibus desde Caracas, en un viaje que dura alrededor de 15 días y en el que cambian de vehículo en las capitales o en las fronteras. Es el modo más barato de llegar.

“En Venezuela un dólar representa un sueldo”, dice Pensa, de ASOVEN. “Un pasaje de avión sale alrededor de 1.200 dólares, sea por la ruta Caracas-Panamá-Buenos Aires o por Caracas-Boa Vista-Buenos Aires. Por eso la mayoría viene por tierra y entra a Argentina por Salta, Mendoza y Puerto Iguazú”.

Los que salen de las provincias orientales del país van por Manaos hasta Foz do Iguazú, y desde ahí a la terminal de ómnibus de Retiro. Otros eligen combinar tierra-aire yendo en ómnibus hasta algún aeropuerto de Brasil. Por ejemplo, hacen la ruta Caracas-Manaos-San Pablo-Buenos Aires.

En el camino muchos se hacen amigos, pero también hay peligros. “Supe de una chica que le sustrajeron el pasaporte en Brasil, estuvo dos o tres meses trabajando para una familia y fue abusada”, dice Yépez, de la Asociación Mutual Argentino Venezolana. Según una versión, a algunas mujeres les han ofrecido 1.000 dólares en Venezuela para viajar a nuestro país, diciéndoles que una vez que llegaran podrían devolverlo trabajando como empleadas, aunque aquí las forzarían a prostituirse. Los referentes de las asociaciones dicen que no conocen casos, pero que están atentos.

Un stand en BA x Venezuela. Crédito: Facebook ASOVEN

Un stand en BA x Venezuela. Crédito: Facebook ASOVEN

En Argentina

La mayoría de los venezolanos vive en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano. Se habla incluso de “Palermo Caracas”: muchos viven en el barrio de Palermo cuando llegan, pero después, por los precios, se reparten por toda la ciudad. También hay núcleos en La Plata, Córdoba, Rosario, Mendoza y Neuquén (donde se asientan los que trabajaron con el petróleo en Venezuela).

Los referentes de las asociaciones coinciden en que los venezolanos en Argentina necesitan dos cosas: un trabajo digno y una vivienda digna. Pero, para eso, antes que nada necesitan un DNI, que puede ser temporario o permanente.

Giovanni Meza, de la Unión de Venezolanos en la Argentina (UVENAR), dice que no es difícil conseguirlo, porque el gobierno dictó una resolución para facilitarlo. “Pero igual sigue habiendo un problema porque la cantidad de migrantes es cada vez mayor”, agrega, “y por lo tanto el DNI se retrasa y llega luego de dos o tres meses”.

Uno de los obstáculos que muchos tienen para conseguir su DNI argentino es la falta de un certificado apropiado de antecedentes penales, que deben traer desde Venezuela. “Se complica conseguirlo y puede costar hasta 7 millones de bolívares; o sea, 7 sueldos: es una trama de corrupción muy grande”, dice Pensa, de ASOVEN.

A veces un migrante lo recibe firmado a mano, sin el apostillado oficial internacional, pero de ese modo aquí no sirve. Cuando la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina lo rechaza y pide un número internacional de verificación electrónica, intima al migrante y lo envía al consulado venezolano a seguir con el trámite. Pero el consulado venezolano en Argentina no acepta ese certificado de antecedentes penales hecho a mano en Venezuela.

“Lo correcto sería que el consulado acepte ese certificado, pero no lo hace”, dice Meza, de UVENAR. “Esto pasa también en Chile y en Perú, donde los gobiernos les dieron más atribuciones a sus direcciones de Migraciones para resolver este tipo de cosas sin depender de los consulados venezolanos en esos países”. Ahora, el gobierno argentino también hace lo mismo.

Otro de los asuntos es la revalidación de los títulos profesionales para trabajar. “Muchos consiguen trabajo, no lo podemos negar, pero es precarizado o está fuera de su área: hay ingenieros químicos lavando autos”, explica Pensa.

Un show en BA x Venezuela. Crédito: Facebook ASOVEN

Un show en BA x Venezuela. Crédito: Facebook ASOVEN

Los que quedan en Venezuela

“El venezolano no es migrante por naturaleza; no le gusta irse para siempre”, dice Yépez. “Hay un doble objetivo en migrar: salvarse y salvar a los que quedaron allá. Por eso hay que enviar dinero todos los meses”.

Venezuela no tiene cambio directo y los bancos reciben el dinero a una taza oficial, que no es la real. Por eso la plata se manda por medios muy diversos, pero no es a través de los bancos, sino de financieras e individuos. Por cada 100 dólares, se cobran 50 de comisión. Con la diferencia en el cambio, que es abismal, hacen negocio los que transfieren: siete casas financieras en Buenos Aires que envían el dinero a Caracas. Algunas lo transfieren a Brasil y desde allí se pasa a pie por la frontera a Venezuela, donde finalmente se deposita en la cuenta del destinatario.

“No conozco un solo venezolano que no envíe todas las semanas 1.000 o 2.000 pesos”, dice Yépez. “Y las transferencias se hacen apenas se puede, porque la inflación en Venezuela crece todos los días”.

Sociedad | 19 de julio

Prisioneros norcoreanos, ya en Argentina. Foto: libro “La inmigración coreana en Argentina”, de Lee Kyo Bum, editorial Sunyoungsa, Seúl, 1990.

Los 12 prisioneros norcoreanos y el historiador que los rescató para la memoria

En los años 1956 y 1957, 12 prisioneros de guerra norcoreanos llegaron a la Argentina. Kim Kwan Ok fue uno de ellos: tenía 27 años cuando arribó sin conocer el idioma español ni casi nada sobre la Argentina. “¡Únicamente la vi en el mapa!”, dice hoy, a punto de cumplir 89 años. “Nunca pensé en llegar acá… ¡Corea del Norte, usted sabe qué lejos está!”.

Como él, también los otros 11 norcoreanos eran muy jóvenes y venían de pasar un tiempo en el frente de batalla de la Guerra de Corea (1950-1953) y otro en el enorme campo de prisioneros de Geoje-do, en las inmediaciones de la ciudad de Busan.

Kim Kwan Ok, en Buenos Aires, en julio de 2018. Foto: JS
Kim Kwan Ok, en Buenos Aires, en julio de 2018. Foto: JS

La paz nunca se acordó y técnicamente las dos Coreas siguen en guerra hasta hoy, pero cuando se firmó un cese de fuego, la repatriación de miles de prisioneros (entre los que también había soldados chinos) fue uno de los puntos más delicados. Una comisión formada por naciones neutrales, con India a la cabeza, supervisó el regreso de 83.000 norcoreanos hacia el Norte y el asentamiento de otros 22.000 en el Sur. Una minoría de 88, compuesta por 76 norcoreanos y 12 chinos, prefirió emigrar. Muchos quisieron ir a Estados Unidos, pero como no era un país neutral, no pudieron. Quisieron probar en México, para viajar luego hacia el norte. Pero México no abrió sus puertas.

En cambio, Argentina y Brasil sí lo hicieron.

“Brasil me parecía muy caluroso y por eso elegí Argentina”, dice el señor Kim.

Prisioneros chinos y norcoreanos en un campo cerca de Busan, en abril de 1951. Foto: Gahn, State Dept.  (USIA)/ Wikimedia.

Prisioneros chinos y norcoreanos en un campo cerca de Busan, en abril de 1951. Foto: Gahn, State Dept. (USIA)/ Wikimedia.

Antes de llegar a la Argentina, él y los demás fueron enviados a la India, adonde pasaron otros tres años en un nuevo campo de prisioneros en Madras (ahora Chennai); sin embargo, podían deambular por la ciudad con menos restricciones que en Geoje-do. Allí el señor Kim aprendió el oficio de criador de pollos y el de fotógrafo.

“El viaje a la Argentina fue en avión”, dice. “En ese momento, era un avión de cuatro motores a hélice. India, Suiza, Francia, España, África, Montevideo, Buenos Aires: bastante largo el viaje. La única parada de varios días fue en Francia, pero como éramos de un país comunista no nos dejaron salir. Tres días vivimos en el aeropuerto. Ni siquiera en un hotel”.

Venir a Argentina fue una odisea para esos 12 emigrantes que ya nunca más volvieron a ver a su familia. Corea del Norte se convirtió en el territorio más cerrado del mundo: sus fronteras están ultravigiladas.

Ese país está tan lejos de Argentina que en 2017, cuando parecía que el líder Kim Jong-un y el Presidente Donald Trump desatarían una guerra nuclear, Mar del Plata fue señalada como el sitio más seguro del planeta porque era el más apartado de Pyongyang.

En 1995, la prensa surcoreana publicó una historia sobre los prisioneros norcoreanos en Argentina.
La historia en la prensa surcoreana.

La comunidad coreana en Argentina

Como sea, los 12 prisioneros aquí se convirtieron en pioneros de una comunidad que comenzaría a formarse oficialmente casi diez años más tarde, cuando Argentina y Corea del Sur firmaron un acuerdo intergubernamental para promover la inmigración. En 1965, un grupo de trece familias se asentó en Choele Choel, en la provincia de Río Negro, y se convirtió en el primer contingente. El señor Kim, que las recibió, fue también el primer director de la Asociación Coreana Argentina.

La comunidad coreana alcanzó un máximo de unas 50.000 personas en 1996; desde entonces, mucha gente se ha ido. Hoy hay 20.000 personas: muchas se destacan en el comercio, en la industria, en la cultura y en la gastronomía.

Kim Kwan Ok, el primero a la izq., junto a otros prisioneros norcoreanos, ya en Argentina. Foto: libro "La inmigración coreana en Argentina", de Lee Kyo Bum, editorial Sunyoungsa, Seúl, 1990.

Kim Kwan Ok, el primero a la izq., junto a otros prisioneros norcoreanos, ya en Argentina. Foto: libro “La inmigración coreana en Argentina”, de Lee Kyo Bum, editorial Sunyoungsa, Seúl, 1990.

Contar el cuento

Conocemos la historia del señor Kim gracias a Lee Kyo Bum, otro inmigrante como él, que la escribió en La historia de la emigración coreana en la Argentina, un libro publicado por la editorial Sunyoungsa en Seúl, en 1990 (su título original, en coreano, es levemente distinto y podría traducirse como “La inmigración coreana en Argentina”). Allí se cuenta la odisea, hoy casi olvidada, de los doce prisioneros norcoreanos que llegaron a Argentina luego de la guerra.

“En la Argentina, Lee Kyo Bum escribía todos los días”, dice Christina H. Lee, que se crio con él y con su familia en el barrio de Flores, y que ahora es una profesora de la Universidad de Princeton. “Estaba muy preocupado por legar al futuro la historia de la inmigración coreana y le interesaba mucho la cuestión de la integración”.

2La historia de la emigración coreana en Argentina", el libro de Lee Kyo Bum

Lee Kyo Bum nació en 1922 cerca de Seúl y estudió Historia en una universidad de Tokio, aunque nunca se graduó. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado en el ejército japonés y enviado a combatir a Manchuria. En algún momento, escapó del ejército. Como los japoneses habían ocupado cruelmente Corea durante varias décadas, Lee Kyo Bum se unió a los chinos.

“Luego de la victoria, pensó que los chinos lo dejarían regresar a Corea, pero, en cambio, fue enviado a un campo de reeducación comunista donde vio unas matanzas y una crueldad que en la guerra no había conocido”, dice su nieta, Christina H. Lee. También escapó de ese campo de reeducación: Lee Kyo Bum atravesó varias provincias y por fin volvió a Seúl. La Guerra de Corea comenzaría en poco tiempo, pero esta vez él no lucharía.

Los años pasaron y en agosto de 1977 emigró a la Argentina. Dejó Corea del Sur porque uno de sus cuatro hijos estaba participando demasiado activamente en la nueva política progresista que se oponía al Presidente Park Chung-hee, el hombre que dirigía el despegue económico del lado capitalista coreano. Oponerse a Park no era algo gratuito en los años setenta, cuando las dos Coreas vivían bajo la tensa influencia de Estados Unidos, la Unión Soviética y China. El padre consideró que existía un peligro real de que su hijo fuera encarcelado o incluso asesinado. Y como en los años setenta la comunidad coreana ya estaba organizada en la Argentina y había facilidades para la inmigración, Lee Kyo Bum decidió que viviría aquí con su familia.

Lee Kyo Bum y su mujer, Kim Min Jung, en Corea, en la década de 1990.

Lee Kyo Bum y su mujer, Kim Min Jung, en Corea, en la década de 1990. Foto: Gentileza Christina H. Lee.

“En esa época, los coreanos que venían a la Argentina eran gente que buscaba más oportunidades; sabía que éste era un país con mucha tierra, y no más”, dice Christina H. Lee.

Su abuelo se pasaba el día escribiendo y pensando, y tenía discípulos entre los coreanos en la Argentina. “Su libro sobre la comunidad coreana le llevó mucho tiempo: unos cinco años”, dice su nieta. “Viajó también a Brasil y a Japón para buscar precedentes de la inmigración coreana”. Lee Kyo Bum, que también fue director de la Asociación Coreana Argentina, tenía la idea de que la inmigración coreana debía llegar a integrarse tanto como la italiana.

Pero con los años, la familia Lee se dispersó y uno solo de los cuatro hijos vive aún en la Argentina. Los demás están repartidos entre Corea y Estados Unidos. Él mismo volvió a Seúl, adonde quería morir. Su nieta lo visitó allí y luego viajó en 2011 a su funeral, que fue al estilo tradicional y duró varios días. Ella cree que si no fuera por todo lo que su abuelo la estimuló, jamás habría llegado a Princeton.

Adenda: en busca de los 12 prisioneros

La Guerra de Corea es un problema en tiempo presente: las familias divididas, como la del señor Kim, se han repartido a lo largo del mundo. Y mientras no puedan recuperar contacto, el crimen de su partición continúa vivo.

Los 12 prisioneros coreanos que llegaron a Argentina en 1956 y en 1957 son:

  • Lim Ik Kan
  • Han Yong Mo
  • Park Chang Kun
  • Park Sang Shin
  • Hong Il Sob
  • Jang Ki Doo
  • Jung Jung Hee
  • Kim Kwan Ok
  • Jung Choo Won
  • Cho Chol Hee
  • Son Jae Ha
  • Lee Cho Kyun
La lista de los 12 prisioneros coreanos. Foto: Asosiación de Coreanos en Argentina.

La lista de los 12 prisioneros coreanos. Foto: Asociación de Coreanos en Argentina.

Contar la historia completa de ellos nos permitirá comprender mejor de qué se trata el conflicto que protagoniza Kim Jong-un, que nos puede parecer extraño o lejano, pero que en realidad está mucho más cerca de lo que creemos.

Ayudanos a encontrar a los 12 inmigrantes coreanos, aquellos hombres que cambiaron su destino de prisioneros y que en Argentina se convirtieron en pioneros de una comunidad esforzada y pujante.

Si sabés algo de ellos o de sus descendientes, por favor escribinos a javiersinay@redaccion.com.ar

Queremos saber más.

* * *

Ésta es la segunda nota sobre los prisioneros norcoreanos que llegaron a la Argentina en 1956 y 1957. Leé aquí la historia completa de Kim Kwan Ok.

Sociedad | 18 de julio

El señor Kim está vivo y está en Argentina, pero en Corea del Norte su familia no lo sabe

Nació en Pyongyang, luchó en la Guerra de Corea y en 1957 llegó a nuestro país con otros 11 prisioneros. Su historia está íntimamente ligada al apretón de manos de Kim Jong-un y Donald Trump. Ayudanos a encontrar a sus compañeros.

* * *

En algún momento del año 1950, quizás en agosto o en septiembre, un muchacho de 20 años llamado Kim Kwan Ok marchó al frente de batalla en el río Nakdong, justo en el extremo sur de Corea: hasta hacía unos días, este chico estaba trabajando en un tribunal, ayudando con el papeleo y las cosas más sencillas, ganando algo de dinero para darle de comer a su familia. Su padre había muerto, y su madre y sus tres hermanos menores dependían de él.

Kim Kwan Ok no sabía hacer la venia ni disparar un arma, pero había sido reclutado a la fuerza por el gobierno comunista de la región norte de Corea y había sido asignado a una batería antiaérea compuesta por algunos adolescentes que manejaban un cañón soviético: la Guerra de Corea acaba de comenzar y mantendría en vilo al mundo en los tres años siguientes, y aún más. Sus consecuencias continúan hasta hoy.

“Ese día en el río Nakdong muchos murieron, yo tuve suerte”, dice Kim Kwan Ok, que está a punto de cumplir 89 años. “Yo vi todo eso. Dios me salvó. Un montón murieron, algunos quedaron sin piernas, otros sin brazos. Feo, muy feo. Yo tuve suerte”.

Soldados preparándose para una de las batallas del río Nakdong. Foto: Wikimedia.

Soldados preparándose para una de las batallas del río Nakdong. Foto: Wikimedia.

El señor Kim vive en Buenos Aires. Nació en 1929 en Pyongyang, esa ciudad que hoy es la capital de Corea del Norte, un país que en la prensa anglosajona suele aparecer como el “reino ermitaño” porque es el más cerrado del mundo y escapar es casi imposible. También es una dictadura comunista embarcada en una carrera nuclear que ahora mismo, luego de que su líder Kim Jong-un estrechó la mano del Presidente Donald Trump, parece haberse desacelerado.

El señor Kim toma un café en un restaurante de la Avenida Independencia. Habla español con acento oriental y lo mezcla con sonrisas frecuentes. Sus ojos rasgados se han hecho pequeños con la edad y mientras conversa se pierden en los recuerdos de Corea: sus quince días en la guerra, los aviones norteamericanos en el cielo, su improvisado uniforme marrón, los soldados que de noche gritaban “¡mamá!”, el miedo y la confusión. El señor Kim ya no sabe nada sobre sus tres hermanos, que quedaron en Pyongyang. Así son las historias de la Guerra de Corea.

Kim Kwan Ok nació en Pyongyang en 1929. Foto: JS

La contienda comenzó en 1950, cuando los comunistas encabezados por Kim Il-sung (el abuelo del actual gobernante norcoreano) marcharon al sur con la ayuda de los chinos y llegaron hasta el río Nakdong. Estaban a punto de tomar toda la península cuando una coalición de 16 países encabezada por Estados Unidos entró para expulsarlos. Luego de tres años de combate, la situación quedó empatada y se firmó un cese de fuego. Pero no la paz: técnicamente, las dos Coreas siguen en guerra hasta hoy.

Kim Il-sung, líder norcoreano, firmando el armisticio en 1953. Foto: Wikimedia.

Kim Il-sung, líder norcoreano, firmando el armisticio en 1953. Foto: Wikimedia.

“Cuando los norteamericanos entraron, a nosotros nos ordenaron volver al Norte”, sigue el señor Kim. Él, que no era comunista ni militar, no quería seguir combatiendo. “Íbamos por senderos de montaña. Éramos un grupo dirigido por un oficial. En un momento, de noche, varios nos escapamos: teníamos miedo de lo que nos podía pasar si nos descubrían, pero igual lo hicimos”.

El señor Kim actúa algunos gestos cuando no encuentra las palabras. Ahora hace como que apunta un rifle, ahora como que levanta las manos: en un lugar de la provincia de Chungcheong del Norte, una patrulla surcoreana encontró a los desertores y los capturó.

“Y ya quedé prisionero”, sigue. “Prisionero de Corea del Sur. Me mandaron a un campo de prisioneros en Busan. Todos éramos del Norte y chinos: todos juntos, 7.000. Mitad chinos, mitad coreanos”. Era el campo de Geoje-do.

– ¿Cuánto tiempo estuvo ahí?
– Tres años y medio.

– ¿Cómo era la vida en ese campo?
– ¡Feo, feo! Adentro de ese campo… ¡mataban a la gente! Mataban a la gente que no conocían y no pasaba nada. No había ley.

“Quedé prisionero de Corea del Sur. Me mandaron a un campo en Busan. Todos éramos del Norte y chinos: todos juntos, 7.000. Mitad chinos, mitad coreanos”

– Kim Kwan Ok –

Prisioneros chinos y norcoreanos en un campo cerca de Busan, en abril de 1951. Foto: Gahn, State Dept.  (USIA)/ Wikimedia.

Conocemos la historia del señor Kim gracias a Lee Kyo Bum, otro inmigrante como él, que la escribió en La inmigración coreana en Argentina, un libro publicado por la editorial Sunyoungsa en Seúl, en 1990. Allí se cuenta la odisea, hoy casi olvidada, de los doce prisioneros norcoreanos que llegaron a Argentina luego de la guerra.

Cuando acabó el conflicto, en el campo de Geoje-do les dieron a elegir a los prisioneros: podían volver a Corea del Norte, podían quedarse en Corea del Sur o podían emigrar, con la ayuda de Naciones Unidas, a un país neutral.

El señor Kim pensó que no podía regresar al Norte, de cuyo ejército había escapado: “Me matan, seguro”. Pero en el Sur no tenía dinero, ni propiedades, ni parientes. Su vida cambió totalmente.

La repatriación de los prisioneros fue uno de los puntos más delicados en el armisticio que firmaron las dos Coreas en 1953. La Comisión de Repatriación de Naciones Neutrales, con India a la cabeza, supervisó el regreso de 83.000 norcoreanos hacia el Norte y el asentamiento de otros 22.000 en el Sur. Una minoría de 88, compuesta por 76 norcoreanos y 12 chinos, prefirió emigrar. Muchos quisieron ir a Estados Unidos, pero como no era un país neutral, no pudieron. Pidieron por México, para viajar luego hacia el norte. Pero México no abrió sus puertas.

En cambio, Argentina y Brasil sí lo hicieron.

El primer contingente de prisioneros norcoreanos se embarca hacia Argentina, en 1955. Foto: Asociación de Coreanos en Argentina.

El primer contingente de prisioneros norcoreanos se embarca hacia Argentina, en 1955. Foto: Asociación de Coreanos en Argentina.

El 9 de febrero de 1954, estos prisioneros dejaron Corea en un barco rumbo a su primera parada: Madras (ahora Chennai), en la India. Desde allí, luego de tres años en otro campo (aunque menos restrictivo), serían trasladados a Sudamérica.

El señor Kim examina la lista de los doce prisioneros que eligieron venir a Argentina, entre los que él se cuenta.

  • Lim Ik Kan: “Está vivo. Tiene una hija que vive en Canadá”.
  • Han Yong Mo: “Se fue a Norteamérica”.
  • Park Chang Kun: “Está en Norteamérica. Vive”.
  • Park Sang Shin: “No sé a dónde está”.
  • Hong Il Sob: “Está en Corea. No sé cómo andará”.
  • Jang Ki Doo: “No sé a dónde está”.
  • Jung Jung Hee: “No sé a dónde está”.
  • Kim Kwan Ok: “Yo”.
  • Jung Choo Won: “Falleció. Fue capitán de barco”.
  • Cho Chol Hee: “Se fue a Norteamérica. Murió”.
  • Son Jae Ha: “Vivía acá, pero ya murió. Dejó dos hijas”.
  • Lee Cho Kyun: “No sé a dónde está”.
La lista de los 12 prisioneros coreanos. Foto: Asosiación de Coreanos en Argentina.

La lista de los 12 prisioneros coreanos. Foto: Asociación de Coreanos en Argentina.

Cuando llegó a Argentina, al señor Kim le costó conseguir un empleo. Pero encontró una tintorería japonesa de casualidad, “en Viamonte 366”, y allí trabajó durante un año. Luego ingresó al laboratorio de revelado de Otto Hess, una compañía de óptica, con sección de fotografía. Más tarde consiguió un puesto como fotógrafo de sociales en La Boca y Barracas. “Yo tenía una cámara Konica”, dice. “Famosa máquina no podía comprarme, no tenía plata”. Con los años, llegó a ser también martillero público y a trabajar en el campo y en un supermercado.

Kim Kwan Ok fue fotógrafo y martillero público, entre otras cosas. Foto: JS

Y mientras tanto se casó, tuvo un hijo, fundó la Asociación Coreana y se convirtió en su primer presidente: el señor Kim consiguió la radicación de 2.000 coreanos y por eso fue invitado después a Seúl, adonde el gobierno surcoreano lo condecoró. Luego viajó dos veces más, también invitado.

Con los años, el señor Kim se convirtió en un respetado personaje de la comunidad coreana: uno de sus patriarcas.

Sólo le falta cumplir una misión en la vida: reencontrarse con su familia. “En esta situación, no sé si ocurrirá”, dice, con un poco de melancolía. “Estoy esperando, pero ¿cuánto tiempo? Va a haber que esperar cien años, por lo menos. Toda la vida. Qué triste, es muy triste”. Hasta el día de hoy sigue soñando, a veces, con su madre. Ella se llamaba Hang Su-ok.

– ¿Quiere volver a Corea del Norte?
– Cuando esté bien, volveré. Cuando no haya comunistas, entonces sí, iré en seguida. Antes no. ¡Si voy, me matan! Totalmente, no, en contra.

– ¿Intuye que sus hermanos están vivos?
– Yo creo que sí. Alguno seguro murió, pero son tres.

– ¿Será que sus hermanos creerán que usted murió en la guerra?
– ¡Claro, claro! Les mandé cartas varias veces. Nunca me contestaron. El gobierno comunista no permite que lleguen las cartas. Para ellos, yo no existo más. Pero estuve acá todos estos años.

Epílogo

La Guerra de Corea es un problema en tiempo presente: las familias divididas, como la del señor Kim, se han repartido a lo largo del mundo. Y mientras no puedan recuperar contacto, el crimen de su partición continúa vivo.

Contar la historia completa de los doce prisioneros coreanos que llegaron a Argentina en 1956 y en 1957 nos permitirá comprender mejor de qué se trata el conflicto que protagoniza Kim Jong-un, que nos puede parecer extraño o lejano, pero que en realidad está mucho más cerca de lo que creemos.

Ayudanos a encontrar a los otros 11 inmigrantes coreanos, aquellos hombres que cambiaron su destino de prisioneros y que en Argentina se convirtieron en pioneros de una comunidad esforzada y pujante.

Si sabés algo de ellos o de sus descendientes, por favor escribinos a javiersinay@redaccion.com.ar

Queremos saber más.

English version of this article

Mr. Kim is alive and is in Argentina, but in North Korea his family doesn’t know it

He was born in Pyongyang, he fought in the Korean War and in 1957 he came to Argentina with 11 other prisoners. His story is intimately linked to the handshake of Kim Jong-un and Donald Trump. Help us find his relatives.

Sometime in the year 1950, perhaps in August or September, a 20-year-old boy named Kim Kwan Ok marched to the front in the Nakdong River, just at the southern tip of Korea: until a few days ago, this same boy was working in a courtroom, helping with paperwork and the simplest things, earning little money to feed his family. His father had died, and his mother and three younger brothers relied on him.

Kim Kwan Ok did not know how to make a pass  or fire a weapon, but he had been forcibly recruited by the communist government of North Korea and had been assigned to an anti-aircraft battery composed of a group of teenagers who were driving a Soviet cannon: the Korean War has just started and would keep the world in suspense for the next three years—  and even longer. Its consequences continue to this day.

“That day in the Nakdong River many died, I was lucky,” says Kim Kwan Ok, who is about to turn 89 years old. “I saw it all. God saved me. Many died, some were left without legs, others without arms. It was ugly, very ugly. I was lucky”.

Mr. Kim lives in Buenos Aires. He was born in 1929 in Pyongyang, a city that today is the capital of North Korea, a country that usually appears in the Anglo-Saxon press as the “Hermit Kingdom” because it is the most isolated/isolated/shut-off in the world and escaping is almost impossible. It is also a communist dictatorship embarked on a nuclear race that right now, after its leader Kim Jong-un shook hands with President Donald Trump, seems to have slowed down.

Mr. Kim drinks coffee at a restaurant on Avenida Independencia. He speaks Spanish with Oriental accent and mixes it with frequent smiles. His slanted eyes have become smaller with age and while conversing they get lost in the memories of Korea: his fifteen days in the war, the American planes in the sky, his improvised brown uniform, the soldiers who screamed at night in their dreams “Mom!”, the fear and confusion. Mr. Kim does not know anything about his three brothers, who stayed in Pyongyang. Such are the stories of the Korean War.

The war began in 1950, when the communists led by Kim Il-sung (the grandfather of the current North Korean leader) marched south with the help of the Chinese and reached the Nakdong River. They were about to take the entire peninsula when a coalition of 16 countries led by the United States entered to expel them. After three years of fighting, the situation was tied and a ceasefire was signed. But not peace: technically, the two Koreas are still at war until today.

“When the Americans entered, they ordered us to return to the North,” Mr. Kim continues. He, who was not a communist nor a military man, did not want to continue fighting. “We were walking through mountain trails. We were a group led by an officer. At a moment, at night, several of us escaped: we were afraid of what could happen to us if they discovered us, but we did it anyway.”

Mr. Kim  uses gestures when he can’t find the words he is looking for in Spanish. Now he’s aiming a rifle, now he’s raising his hands: somewhere in the province of Chungcheong North, a South Korean patrol found the deserters and captured them.

“And I became a prisoner,” he continues. “Prisoner of South Korea. They sent me to a prison camp in Busan. We were all from the North and China: all together, 7,000. Half Chinese, half Korean.” It was the Geoje-do prisoners war camp.

How long were you there?
Three and a half years.

What was life like in that camp?
Ugly, ugly! Inside that camp… they killed people! They killed people they did not know and nothing happened. There was no law.

We know the story of Mr. Kim thanks to Lee Kyo Bum, another immigrant like him, who wrote about Korean immigration in Argentina, and published a book with the Sunyoungsa publishing house in Seoul, in 1990. The book tells the odyssey, almost forgotten today, of the twelve North Korean prisoners who arrived in Argentina after the war.

When the conflict ended, in the camp of Geoje-do the prisoners were given the choice to return to North Korea, stay in South Korea or emigrate, with the help of the United Nations, to a neutral country.

Mr. Kim thought he could not return to the North, from whose army he had escaped: “They would have kill me, for sure.” But in the South he had no money, no property, no relatives. His life had changed completely.

The repatriation of the prisoners was one of the most delicate points in the armistice signed by the two Koreas in 1953. The Neutral Nations Repatriation Commission, headed by India, oversaw the return of 83,000 North Koreans to the North and the resettlement of another 22,000 in the South. A minority of 88, composed of 76 North Koreans and 12 Chinese, preferred to emigrate. Many wanted to go to the United States, but since it was not a neutral country, they could not. They asked for Mexico, to travel later to the north. But Mexico did not open its doors.

On the other hand, Argentina and Brazil did.

On February 9, 1954, these prisoners left Korea on a ship for their first stop: Madras (now Chennai), in India. From there, after three years in another camp (although less restrictive), they would be transferred to South America.

Mr. Kim examines the list of the twelve prisoners who chose to come to Argentina, among whom he finds himself.

Lim Ik Kan: “He’s alive. He has a daughter who lives in Canada. “

Han Yong Mo: “He went to North America.”

Park Chang Kun: “He is in North America. He lives”.

Park Sang Shin: “I do not know where he is”.

Hong Il Sob: “He’s in Korea. I do not know if he is fine. “

Jang Ki Doo: “I do not know where he is”.

Jung Jung Hee: “I do not know where he is”.

Kim Kwan Ok: “Me.”

Jung Choo Won: “He passed away. He was a ship captain. “

Cho Chol Hee: “He went to North America. He died”.

Son Jae Ha: “He lived here, but he died. He has two daughters. “

Lee Cho Kyun: “I do not know where he is”.

When he arrived in Argentina, Mr. Kim had a hard time getting a job. But he found a Japanese dry cleaners by chance, “in Viamonte Street, number 366”, and he worked there for one year. Then he entered the laboratory of Otto Hess, an optics company with a photography section. Later he got a position as party photographer in La Boca and Barracas neighbourhoods. “I had a Konica camera,” he says. “I couldn’t buy a famous machine: I did not have money.” Over the years, he also became a public auctioneer and worked in the fields and in a supermarket.

In the meantime he got married, had a son, founded the Argentine-Korean Association and became its first president: Mr. Kim facilitated the resettlement of 2,000 Koreans and was invited later to Seoul, where the South Korean government condecorated him. He then traveled there twice more, also invited.

Over the years, Mr. Kim became a respected man of the Korean community in Argentina: one of his patriarchs.

He only needs to fulfill a mission in his life: to reunite with his family. “In this situation, I do not know if it will happen,” he says, with a bit of melancholy. “I’m waiting, but how long? I will have to wait a hundred years, at least. A lifetime. How sad, it’s very sad.” To this day he continues to dream, sometimes, with his mother. Her name was Hang Su-ok.

Do you want to go back to North Korea?
When it’s free, I’ll go back. When there are no communists, then yes, I will go at once. Not before. If I go, they kill me! Totally, no, won’t go.

Do you think your brothers are alive?
I think so. Some of them probably have died, but they are three.

Do you think your brothers believe that you died in the war?
Of course, of course! I sent them letters several times. They never answered. The communist government does not allow letters to arrive. For them, I do not exist anymore. But I was here all these years.

Epilogue

The Korean War is a problem in the present time: divided families, like Mr. Kim’s, have been distributed throughout the world. And while they can not recover contact, the crime of their partition is still alive.

Telling the full story of the twelve Korean prisoners who arrived in Argentina in 1956 and 1957 will allow us to better understand how the conflict of Kim Jong-un, which may seem strange or distant, is much closer to us than we believe.

Help us find the other 11 Korean immigrants, those men who changed their destiny as prisoners and who in Argentina became pioneers of a strong and struggling Korean community.

If you know something about them or their descendants, please write to javiersinay@redaccion.com.ar

We want to know more.

Mujeres | 12 de julio

Alicia Reina: “Manejar autos me gustó desde siempre”

El automovilismo es históricamente masculino. En ese ambiente, ella es la piloto de rally más popular de la Argentina. Compitió en cinco ediciones del Dakar y se salvó del fuego en la última. Ahora se prepara para volver.

En enero de este año, Alicia Reina vio cómo todos sus esfuerzos desaparecían en un instante cuando en las dunas calientes de San Juan de Marcona, en Perú, su camioneta Toyota Hilux de doble cabina quedó envuelta en llamas.

Reina, una piloto rionegrina de rally, es la conductora argentina con más participaciones en el Dakar desde que esta carrera llegó a Sudamérica: compitió cinco veces y recorrió Fiambalá, las dunas de Belén, Copiaco, Iquique, La Serena, los campos de Paraguay, San Luis, Córdoba, Jujuy y Tucumán.

Pero la edición de este año fue su pesadilla por una pérdida de nafta que causó una hoguera de humo negro. “Fue durísimo porque en ese incendio se fue el trabajo de cinco años”, dice ella. “Me dije: chau, Dakar”.

Reina y su copiloto, Dante Pelayo, lograron salir a tiempo de la camioneta, pero el fuego avanzó tan rápido que ni siquiera pudieron tomar un extinguidor. Un rato después Reina se abrazaba, delante de la carcasa de hierros negros y retorcidos en la que se había convertido su Toyota, con su preparador técnico, Adrián Farroni, que también es su marido.

“Habíamos hecho mucho para poder competir en el Dakar”, dice. “Mi marido vendió su camioneta, hicimos rifas, sorteamos vehículos cero kilómetro… No fue fácil llegar hasta ahí”.

Reina, que admira a Juan Manuel Fangio y a Juan Gálvez, fue la primera mujer que compitió en rally en Argentina y es una de las más populares entre todos los pilotos. Pero no vive de las carreras, sino de un corralón en el que vende materiales de construcción, ferretería y electricidad.

En Catriel, donde nació y vive, aprendió a manejar cuando tenía 11 años. “Me enseñó mi hermano y aprendí mirándolo a él y con un poco de coraje”, dice. No recuerda qué auto fue el primero que condujo, pero sí que era uno de los muchos que tuvo su padre. Un Peugeot 504 o quizás un Renault 18. “Manejar me gustó desde el principio”, dice. “Y cuando salíamos de vacaciones me gustaban los kartings y los cuatriciclos”.

A los 24 años, cuando ya era una mujer casada, empezó a competir en karting siguiendo a su marido, que también corría, y ganó tres campeonatos seguidos. Luego participó en carreras de cuatriciclo, en el rally regional de Río Negro y Neuquén, en dos categorías del rally nacional (donde fue subcampeona) y en el Dakar, la competencia más exigente del mundo, a la que ella llegó en 2014.

Para entonces ya tenía dos hijas y su marido había pasado a trabajar en los boxes con ella. Ahora donde mejor se entienden es entre motores: “¡Es muy difícil trabajar con tu marido!”, dice ella, riéndose. “Pero esto lo compartimos con mucha pasión”.

“Alicia Reina es una piloto perseverante, comprometida con lo que hace y muy calma”, explica su psicóloga deportiva, Julieta Jacobo. “No se toma los problemas con preocupación o ansiedad, y tiene buen control de la presión”.

Gracias a esa personalidad, la piloto pudo afrontar el shock del incendio en la carrera de Perú y ahora planea el regreso: armando una nueva camioneta, ahorrando y buscando sponsors, Reina y su marido se preparan para competir en la próxima edición del rally Dakar. Cuando vuelva a estar en la largada será como volver a cumplir un sueño. Y sentirá lo que siempre siente cuando corre: “Mucha adrenalina, felicidad y algo así como: ‘Sí, una puede’”.

AliciaReina

Nombre: Alicia Reina
Edad:  44 años
Profesión: Corredora de rally
Sector en el que trabaja: Automovilismo
Lugar de Nacimiento: Catriel, Río Negro.
Lugar en el que desarrolla su actividad: Sudamérica

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
La pasión y los nuevos desafíos.

2. ¿Qué te hace feliz?
Mis hijas: Florencia, de 25 años, y Carla, de 22. Están estudiando Contabilidad en Córdoba y juegan al rugby en el club de la Universidad Nacional de Córdoba,  en el seleccionado de Córdoba y Carla también en las Pumas. ¡No somos una familia normal! Toda mi familia me hace feliz. Y además mi pasión como corredora me hace feliz.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Cuando no puedo cumplir con algo, no duermo bien. Asumir compromisos sin saber si voy a llegar no me deja nada tranquila.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
A los políticos. Yo no los entiendo. Una trata de confiar, pero hace años que venimos sin estabilidad en este país. Hay mucha inseguridad y la educación también está mal.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
No lo recuerdo. Per era bastante machona: mi hermano andaba en bicicleta y yo lo seguía, y así con todo…

Sociedad | 11 de julio

La Visita de las Cinco: un nuevo modo de construcción de memoria en la ex ESMA

En los últimos dos años, las visitas guiadas por el edificio del Casino de Oficiales de la antigua ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) se volvieron un evento en el que sobrevivientes, analistas e invitados especiales se unieron al público y también a un cronista para descender juntos a un infierno argentino y muy real. Aunque en realidad, se trata de un ascenso: el principal espacio recorrido son los altillos. Ahora, el libro La Visita de las Cinco, de descarga gratuita, recopila la experiencia.

Carlos "Maco" Somigliana, del Equipo Argentino de Antropología Forense.

Carlos “Maco” Somigliana, del Equipo Argentino de Antropología Forense.

“La Visita de las Cinco es una visita pero también un recorrido performático”, dice Alejandra Naftal, la directora ejecutiva del Museo Sitio de Memoria ESMA, el organismo que funciona en el antiguo Casino de Oficiales, un edificio destinado originalmente al esparcimiento y descanso de los marinos.

Por “performance” se entiende, por ejemplo, la visita del 30 de julio de 2016, en la que se habló de la identificación de los restos de las madres de la Iglesia de la Santa Cruz, con Carlos “Maco” Somigliana y Mabel Careaga como invitados, y Diego Golombek como cronista; la visita del 25 de marzo de 2017, que trató la muerte y la desaparición de Rodolfo Walsh, con Horacio Verbitsky y Martín Gras como invitados y Marcelo Figueras como cronista; o la del 27 de agosto de 2016, que se refirió a la anulación de las leyes de impunidad, con Graciela Lois y Darío Sztrajnszrajber como invitados, y Luis Bruschtein como cronista.

La cantante Celsa Mel Gowland participó de una visita en la que fueron representadas las mujeres de la Iglesia de la Santa Cruz, secuestradas en 1977.

La cantante Celsa Mel Gowland participó de una visita en la que fueron representadas las mujeres de la Iglesia de la Santa Cruz, secuestradas en 1977.

En los altillos de la ESMA, conocidos puertas adentro como “Capucha” y “Capuchita”, fueron apiñados entre 1976 y 1983 muchísimos detenidos desaparecidos, y en los sótanos fueron interrogados y torturados. Se calcula que unos 5.000 estuvieron secuestrados aquí, aunque el número exacto sigue siendo un enigma. La mayoría fueron arrojados vivos al mar en los vuelos de la muerte; unos 600 sobrevivieron.

En 2004, la ESMA pasó a ser una administración del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, y desde un primer momento se abrieron las visitas guiadas por el Casino de Oficiales, aun cuando algunas áreas estaban siendo utilizadas por los funcionarios que instruían la megacausa ESMA. Desde 2016, cuando se cumplieron 40 años del golpe de Estado, el último sábado de cada mes se destina a la Visita de las Cinco.

Victoria Montenegro y Sebastián Rosenfeld: los dos, hijos de padres hoy desaparecidos. Rosenfeld, como otros 33 niños, nació en la ESMA.

Victoria Montenegro y Sebastián Rosenfeld: los dos, hijos de padres hoy desaparecidos. Rosenfeld, como otros 33 niños, nació en la ESMA.

“Cuando pensamos en este proyecto, lo imaginamos como algo cómodo para el incómodo e incómodo para el cómodo”, dice Naftal, la directora ejecutiva. “Con esto queríamos decir que éste tenía que ser un espacio de reparación, de homenaje y de contención para las víctimas, pero también un espacio de incomodidad, de interpelación y de sacudida para los indiferentes”.

En la Visita de las Cinco también han participado los familiares de los desaparecidos. “Encontraron en esta actividad un espacio de contención y de encuentro”, dice Naftal. Cuenta que la familia de Lelia Bicocca (quien fue secuestrada en 1977 y quien, durante su cautiverio, dibujó un comic llamado Il Capuchino) se juntó por la visita en la que ella fue recordada y desde entonces su hermano va a todos los encuentros; y lo mismo pasó con la familia del periodista Enrique Raab, que permanece desaparecido. Ahora, otros parientes de otras víctimas que también fueron retenidas en la ESMA le piden a los organizadores que se hagan visitas en torno a esos casos.

La inauguración de la muestra sobre el Mundial de 1978. Desde la izq.:  Alejandra Naftal, Ricardo Coquet, Cristina Muro, Jorge Olguín y Alfredo "Mantecol" Ayala.

La inauguración de la muestra sobre el Mundial de 1978. Desde la izq.: Alejandra Naftal, Ricardo Coquet, Cristina Muro, Jorge Olguín y Alfredo “Mantecol” Ayala.

“La Visita de las Cinco es un polo que atrae atención y genera interés y conciencia”, dice el carpintero Ricardo Coquet, que estuvo secuestrado en la ESMA desde marzo de 1977 hasta diciembre de 1978. Ahí adentro fue obligado a trabajar en un taller y en tareas administrativas; y a escribir “Montoneros” en una bandera para simular que los miembros de esa organización eran quienes habían secuestrado de las monjas francesas Alice Domon y Leónnie Duquet.

Hace poco, en el Sitio de Memoria se inauguró la muestra “El Mundial en la ESMA”, a propósito de la vida en el centro clandestino durante la Copa del Mundo de 1978. Esa muestra se puede ver en estos días. Ricardo Coquet fue invitado al evento de apertura junto a otros sobrevivientes y allí pudo hablar con Jorge Olguín, campeón del mundo con la Selección Argentina en ese momento.

“Olguín me dijo que sentía culpa por no saber lo que había pasado, pero nosotros no le reclamábamos nada a los jugadores; al contrario, los alentábamos desde el sótano, en medio de esa dicotomía que sentíamos”, dice Coquet, que también participó de la Visita de las Cinco. “Para mí, volver a este lugar tiene su carga emocional… pero siento que tengo que hacerlo para cumplir con mi deber de testigo”.

Desde la izq.: Lita Boitano (de la organización Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas), Vera Jarach (madre de Franca Jarach, una estudiante de 18 años desaparecida y vista por última vez en la ESMA) y Alejandra Naftal.

Desde la izq.: Lita Boitano (de la organización Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas), Vera Jarach (madre de Franca Jarach, una estudiante de 18 años desaparecida y vista por última vez en la ESMA) y Alejandra Naftal.

Alejandra Naftal, la directora ejecutiva del Sitio de Memoria, fue secuestrada a los 17 años y permaneció desaparecida en el Vesubio, un centro clandestino de detención del Ejército, antes de ser enviada a otros lugares. “Para mí, haber podido hacer el proyecto de la Visita de las Cinco es como el moño del paquete”, dice. “Desde que salí de estar detenida, en algún lugar mío siempre estuvo inscripto que algo tenía que hacer con esta historia”.

En esos años, Naftal estudió Cine, Letras, Ciencias de la Educación, Química y finalmente Museología. Mientras tanto, siempre tuvo claro que tenía que dar su testimonio. Apenas recuperada su libertad, se había exiliado y había declarado ante Amnistía Internacional. Cuando volvió a Argentina, lo hizo ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y en el Juicio a las Juntas.

“Haber estudiado museología tiene que ver con esa búsqueda”, dice. “La ex ESMA, que fue un espacio de horror y de exterminio, hoy se convirtió en un espacio de libertad y de respeto”.

—- Descargá acá el libro La Visita de las Cinco —-

La Visita de las Cinco
Salud | 6 de julio

“La Ley Justina ayuda a que cada uno haga su decisión sobre la donación de órganos”

El miércoles pasado, la Ley Justina (cuyo texto completo se puede leer aquí) fue aprobada en el Congreso. Los diputados, como antes los senadores, la votaron por unanimidad y así dispusieron que todas las personas mayores de 18 años sean donantes de órganos o tejidos, salvo que dejen una constancia expresa de lo contrario. La norma tiene más de 70 artículos y entrará en vigencia en 90 días, en los que el INCUCAI debe reglamentarla.

Ezequiel Lo Cane fue quien impulsó el proyecto. Su hija, Justina, de 12 años, falleció el año pasado mientras esperaba un trasplante de corazón. “De alguna manera, aportamos un granito de arena para que todo esto mejore”, dice él ahora. “No hay palabras, lo que sentí con la sanción de la ley fue enorme”.

Crédito: Multiplicate x 7

Crédito: Multiplicate x 7

¿Cómo se implementará la ley?
La gente del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) se juntará con las organizaciones de médicos que correspondan para consolidar todo el proceso y reglamentarla. Desde el punto de vista formal, el INCUCAI debe liderar la reglamentación porque es el representante del Ministerio de Salud y del Poder Ejecutivo. Nosotros, desde Multiplicate x 7, veremos cómo podemos aportar con un foco que estará puesto en lo que necesitan las familias y las personas: la contención.

¿Qué decía la ley anterior, que fue modificada por la Ley Justina?
Decía que si uno se muere y no se registró nunca como donante en el INCUCAI, la familia decidía si los órganos se donan o no. Lo mismo pasaba, en general, aunque uno estaba registrado como donante en el carnet de conducir porque en el 80% de los casos, esos registros no se trasladaron al INCUCAI. E incluso si uno se registró como donante, al morirse se le avisaba a la familia que los órganos se iban a extraer y la familia podía decir que no estaba de acuerdo e interponer una acción legal. Si uno se registró como no donante, cuando muere no se le preguntaba nada a nadie. Pero cabía la posibilidad de que la familia lograra que los órganos se donaran igual. La última palabra siempre la tenía la familia.

Justina Lo Cane con su padre. | Crédito: Ezequiel Lo Cane

Justina Lo Cane con su padre. | Gentileza de Ezequiel Lo Cane

¿La Ley Justina simplifica todo?
Sí. Se le quita la decisión a la familia y facilita la decisión del sí y del no. Quien no quiera ser donante, se registra como tal. Decide uno mismo; la familia no. De esta manera se hace una diferencia tremenda en tiempos, y en respeto al dolor y a la situación que atraviesa la familia. Es una cuestión de sensibilidad y de tiempo. Y, por ende, de vida. Ahora se perderán menos oportunidades de trasplantes. Y además, la ley establece artículos que mejoran el proceso de donación y trasplante. Por ejemplo, se fija un traslado prioritario aéreo para quien necesita un trasplante en un sitio lejano: si esta persona va al aeropuerto y no tiene lugar en el avión, se le da prioridad de viaje.

¿Cómo lograste que el tema se tratara de un modo tan rápido y eficiente en el Congreso?
No fue fácil. Demandó tiempo para explicar a los senadores y diputados, y para trabajar y coordinar opiniones diferentes de profesionales, médicos y familiares. Me junté también con policías, abogados, gendarmes, abogados y profesionales del área de trasplantes. Hubo actitud y compromiso de parte de todas las personas con las que estuvimos trabajando; incluso de las que estaban en desacuerdo con algunos puntos. Trabajamos con una gran diversidad de roles. Las cosas como éstas tienen que suceder porque día a día en Argentina mueren unas 6 o 7 personas porque no les llega un trasplante. Tenemos que actuar.

Crédito: Multiplicate x 7

Crédito: Multiplicate x 7

Hay gente que se queja en las redes sociales diciendo que, con la Ley Justina, el Estado pasa a ser el dueño de los cuerpos. ¿Qué le responderías?
Esta ley no toma posesión de nada; al contrario, ayuda a que cada uno tome su decisión. Esa es una posición a la que le falta información para entender la situación. La gente tiene todo el derecho de dudar y nosotros con gusto lo explicaremos siempre que haga falta.

Otra crítica llega desde algunos médicos, que opinan que el sistema de salud no está listo para funcionar con la Ley Justina. ¿Qué les dirías a ellos?
Si algo no está preparado, hay que prepararlo. Y justamente esta ley prepara al sistema de salud. Por ejemplo, en la ley se exige que los centros de salud tengan personal capacitado para donación y trasplante, y guardias; se pide una cantidad de temas mínimos con los cuales capacitar a los profesionales; se establece pedidos muy específicos acerca de qué, cuándo y cómo tiene que comunicar el médico con respecto a estos procesos; y se pide información acerca de las diálisis que se están realizando (hay entre 20.000 y 30.000 personas que no están en lista de espera, pero que deberían ser informadas porque su salud podría empeorar). En sus más de 70 artículos, esta ley, que no es improvisada, contempla todo lo necesario para que el sistema de salud se prepare mejor.

Actualidad | 4 de julio

Diputados aprobó con modificación la ley de donación de alimentos

La Cámara de Diputados votó con modificaciones la reforma en la ley 25.989, conocida como Ley Donal. Esta es una norma que busca incentivar las donaciones de alimentos para contribuir a satisfacer las necesidades de las poblaciones más vulnerables.

Durante 2017, los bancos de alimentos (que unen las puntas desconectadas del circuito alimentario: el descarte y la falta) rescataron en Argentina unos 9.5 millones de kilos de comida que, en vez de terminar en la basura, se sirvió en 28 millones de platos repartidos en 2.500 comedores y hogares de ancianos o niños.

La Ley Donal se sancionó en el año 2004 y estipula quiénes pueden donar, qué productos y cómo debe hacerse, pero el artículo 9 de su proyecto original fue vetado. Y ese es el que ahora, luego de 14 años, se está tratando de nuevo en la Cámara de Diputados.

“Pedimos que se reincorpore el artículo 9 porque se refiere a la responsabilidad de los donantes”, dice Natascha Hinsch, la directora ejecutiva de la Red Argentina de Bancos de Alimentos (REDBdA), una organización que logró el consenso de la industria y de los Ministerios de Agroindustria y Desarrollo Social de la Nación para que el tema se tratara en el Congreso.

Con la modificación de la ley se espera que aumenten las donaciones de alimentos.

Con la modificación de la ley se espera que aumenten las donaciones de alimentos.

Preguntas y respuestas

1- Entonces, ¿por qué es importante que se reincorpore el artículo 9?

Porque el artículo 9 establecía que, en caso de haberse entregado los alimentos en buena fe, cumpliendo con las exigencias bromatológicas y de inocuidad del código alimentario argentino, el donante quedaba liberado de responsabilidad por los daños y perjuicios que pudieran producirse (salvo que se tratase de hechos u omisiones que significaran delitos).

Sin el artículo 9, el donante de alimentos no tiene ningún resguardo legal. Con su reincorporación,  el donante sólo responderá cuando no haya observado las condiciones de inocuidad aparente y de salubridad de los alimentos donados; cuando no haya  actuado de buena fe; y cuando no haya evitado un daño predecible.

2- ¿Cuánta comida se desperdicia en Argentina?

Según un documento de la REDBdA, se echan a perder cada año unas 16 millones de toneladas de alimentos. A la vez, el 32% de la población se encuentra en situación de pobreza y riesgo alimentario.

3- ¿Con esta ley los Bancos de Alimentos serán los únicos que podrán recibir donaciones?

No, esta ley rige para el proceso de donación de alimentos en general, sea cual sea la organización receptora.

4- ¿Qué puede cambiar con la aprobación de la ley?

La REDBdA evalúa que en los próximos años se podría pasar de rescatar 9 millones de toneladas de alimentos a 30 millones de toneladas; aumentar de 2.100 a 5.000 el número de organizaciones comunitarias que reciban las donaciones; y extender las personas beneficiarias de 300.000 a 800.000.

5- ¿Las empresas ganan plata con esto?

No. Según la REDBdA, hoy a las empresas donar la comida les resulta más caro que tirarla. La donación deja a las empresas sin la posibilidad de recuperar la inversión.

6- ¿Cómo se aseguran los bancos de alimentos de que los productos que entregan son aptos para el consumo?

Los bancos de alimentos cuidan al extremo los procedimientos para la clasificación, almacenamiento y distribución de los alimentos entre las organizaciones comunitarias, según se lee en un documento de la REDBdA. Además, capacitan a las organizaciones comunitarias que reciben los alimentos.

Foto apertura: Fanton Osvaldo / Télam

Sociedad | 4 de julio

Lenguaje inclusivo: la revolución hablada de los adolescentes

El 12 de junio pasado, mientras once colegios secundarios de Buenos Aires eran tomados por algunos de sus alumnos en apoyo de la despenalización del aborto, la vicepresidenta del centro de estudiantes del Carlos Pellegrini, una adolescente de 17 años, fue entrevistada por un canal de noticias. “Hay poques diputades que están indecises y queremos mostrarles que a nosotres no nos va a pasar por al lado que decidan que sigan muriendo mujeres o decidan frenar eso”, dijo. Luego continuó, siempre cambiando las “o” por las “e” para romper con la convención de un género masculino omnipresente: estaba hablando con lenguaje inclusivo.

El video de la entrevista se viralizó rápidamente. Para algunos (incluido el periodista Eduardo Feinmann, que confrontó en una entrevista con otra adolescente por este asunto) era como un stand-up extravagante; para otros, un ejemplo de la potencia política que puede cargar una lengua.

En los días que siguieron, el lenguaje inclusivo dejó un reguero de pólvora en los medios, al tiempo que estos descubrían la expansión en hablantes muy jóvenes y la contigüidad nada casual con la discusión por el aborto.

“Toda lengua es un organismo vivo y dinámico”, dice Santiago Kovadloff, poeta, filósofo y miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. “Estamos viendo un proceso evolutivo que se traduce en fenómenos sintomáticos que provienen de fenómenos sociales: una demanda que no sólo es lingüística y que no podemos prever dónde se va a detener”.

Las lenguas evolucionan por varios motivos: el contacto y la “contaminación” con otras lenguas, el ahorro de energía en la articulación o en la sintaxis, la evolución histórica de la sociedad que la habla, la permanencia de “errores” que se adoptan como usos correctos y también la adopción de nuevos elementos o modos para nombrar o configurar nuevas realidades. En este momento, el idioma español castellano, que se formó en el siglo XI, parece estar atravesando un movimiento de sus placas tectónicas.

Las preguntas de fondo son: ¿Por qué el género gramatical masculino se usa para definir un plural que a veces incluye más mujeres que hombres? ¿Por qué se codificó como lo que los lingüistas llaman técnicamente “género no marcado” y el femenino quedó como “género marcado”?

¿Y por qué hasta ahora nunca nos había llamado la atención?

“Usar el género gramatical masculino fue por mucho tiempo una manera económica y efectiva de llamar a los grupos de acuerdo a la mayoría de sus miembros”, dice Karina Galperin, Doctora en Lenguas y Literatura Romances de la Universidad de Harvard y profesora de la Universidad Di Tella. “Pero la expansión rápida del lenguaje inclusivo se da porque las cosas cambiaron y es ridículo, por ejemplo, hablar de ‘los ministros’ en el nuevo gabinete español, donde 11 entre 17 son mujeres”.

Todo lenguaje es político, dicen algunos lingüistas. “En este caso la modificación no es sólo por una voluntad política”, sigue Galperin. “Todo lenguaje es político, pero también es práctico”.

El lenguaje inclusivo no es sólo un movimiento en el idioma español: también se da en el francés, el portugués, el alemán y el hebreo. En España hay guías publicadas para su uso en dependencias oficiales. En Francia, el gobierno lo prohibió en textos oficiales y la Academia de la Lengua lo describió como una “aberración ‘inclusiva’” que pone al idioma “en peligro mortal”.

El asunto comenzó hace unos 20 años en los ámbitos contraculturales y de activismo político antisexista reemplazando las “a” y las “o” con “@” y con “x”. En vez de “todos” y “todas”, “tod@s” o “todxs”.

Pero con las “e” las cosas se aceleraron.

“La ‘@’ y la ‘x’ daban una solución al asunto del género gramatical porque imponían un género neutro, pero la ‘e’ trajo una ventaja”, dice Galperin. “Con la ‘e’ se puede hacer una práctica oral del lenguaje inclusivo”.

Hace poco, la Real Academia Española de la Lengua se pronunció en contra del uso de la “e”:

#RAEconsultas El uso de la letra «e» como supuesta marca de género es ajeno al sistema morfológico del español, además de ser innecesario, pues el masculino gramatical funciona como término inclusivo en referencia a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos.

— RAE (@RAEinforma) 18 de junio de 2018

“La potencia de lenguaje inclusivo está en el ámbito público”, dice el lingüista Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras. “Es un fenómeno discursivo político retórico”.

Mientras que la Academia Argentina de Letras no se ha pronunciado sobre el tema, en un artículo titulado “La lengua en el centro de un debate social: el caso del lenguaje inclusivo”, publicado en el sitio web del Departamento que dirige, Kalinowski sostiene que la discusión debe girar en torno a las percepciones que se asocian a un determinado uso lingüístico, más que a la discriminación esencial de ese uso.

“La lengua no se cambia por decisión, salvo excepciones mínimas y marginales”, dice. “Un cambio gramatical tan grande como éste nunca se vio en la historia: implica nuevos pronombres y nuevas morfologías frente a una estructura que se ubica muy profundamente en las reglas que los hablantes tienen en la cabeza. Por ahora, esto es parte de una lucha política, pero la lengua no va a cambiar tan rápido”.

Hay 577 millones de hispanohablantes y lo que sí parece claro es que la mayoría de los que usan el lenguaje inclusivo son muy jóvenes. En un post de Facebook, la novelista Fernanda García Lao, de 51 años, escribió:

La vida del lenguaje inclusivo recién empieza.

“Incluso los universitarios ya son viejos para hablarlo”, dice Karina Galperin. “Y aunque este componente generacional también tiene que ver con la militancia política, en realidad está más allá de ella. La nueva generación tiene una realidad diferente a la de los mayores. Los jóvenes ven un mundo diferente, más igualitario. Por eso, el lenguaje inclusivo no es un intento de hacer menos machista a la lengua, sino de ponerla a la par de una realidad”.

Foto apertura: Twitter.com/vickyginzberg

REDACCION | 4 de julio

MONO #2, la revista desplegable de RED/ACCIÓN: la infografía total de Messi, la escritura a mano y Esther Wojcicki

Este mes, MONO, la publicación desplegable de papel para los miembros de RED/ACCIÓN, trae cinco notas con lo mejor de nuestro periodismo.

En la doble página en tamaño Sábana, una infografía total de Leo Messi: sus 613 goles y sus hazañas. Y además, un retrato en el que el periodista y editor español Juan Cruz examina a un 10 tremendo y único que gambetea, avanza, piensa en contra de la velocidad y gestiona la jugada con los ojos cerrados. Messi no es de este mundo y ni siquiera es del mundo del fútbol, y mono propone una pausa para pensarlo.

MONO no es una revista ni un diario; es otra cosa. El truco está en una hoja que se pliega tres veces y que adquiere tres formas diferentes, que son tres muestras de lo que el periodismo puede ofrecer en papel: Sábana, Tabloide y Revista.

En nuestra doble página de Tabloide, el filósofo Santiago Kovadloff plantea algunas reflexiones en torno al fin del hábito (¿o deberíamos decir “el arte”?) de escribir a mano. Frente al avance de los teclados touch, ¿caerán en desuso la tinta y el papel? Las plumas se están volviendo elementos cada vez más infrecuentes, lo mismo que la letra plasmada por la mano, que dice algo único acerca del sujeto: tensiones, sensualidad de movimientos, propensión a la armonía (o al caos), impulsos y psiquismo. Lo mejor: no sólo presentamos aquí las reflexiones del filósofo, sino también, de puño y letra, las páginas originales en las que escribió y corrigió su texto.

Chani Guyot, el director de RED/ACCIÓN, sigue la pista de Kovadloff y en su columna cuenta cómo hace el escritor norteamericano Paul Auster para escribir novelas como 4 3 2 1. Es que él también escribe a mano. Y eso, en todo caso, es dejar una huella. Nosotros esperamos que nuestro camino de periodismo con propósito e impacto también la deje.

MONO tiene una entrevista en su doble página de tamaño Revista con Esther Wojcicki, la “matriarca” de Silicon Valley. “Tenemos que usar a nuestros hijos a usar sus teléfonos para aprender”, nos dijo.

MONO es una publicación en papel para los miembros de RED/ACCIÓN: átomos, no bits. Active aquí su membresía. Lea MONO, dese un gusto.

MONO2


Cultura | 28 de junio

Japón se benefició con la regla del Fair Play, pero no fue de casualidad

Japón perdió ante Polonia en el cierre del Grupo H, pero aun así pasó a la rueda de octavos de final del Mundial gracias a la regla del Fair Play. Cuando dos equipos igualan en puntos, diferencia de gol, goles a favor y enfrentamientos entre sí, esta norma define la clasificación del que tiene menos tarjetas rojas y amarillas. Pero no es casualidad que Japón sea el primer equipo en la historia beneficiado por la regla del Fair Play: en este país el respeto es un bien nacional.

Cualquiera de nosotros sabe que los japoneses se saludan haciendo una reverencia. Viajando por Japón durante algunos meses descubrí, además, que allí todo el mundo te atiende con una sonrisa, que incomodar al prójimo es lo peor que puede ocurrir en la vía pública, y que la hospitalidad es como una obsesión. Se llama omotenashi. En el subte está prohibido hablar por teléfono a fin de no perturbar a los demás; en todos los restaurantes te reciben con una taza de té de cortesía; en los correos hay filas de personas que envían postales y saludos a todos sus conocidos; en la calle nadie agrede ni se mete con nadie. Lo vimos también en las gradas de Rusia 2018: al final de cada partido, los hinchas de este equipo recogen su basura.

El equipo concentrado. Fuente: Twitter.com/JFA

El equipo concentrado. Fuente: Twitter.com/JFA

Todo esto tiene su origen en Tokio, una ciudad relativamente joven que nació como un caserío en torno a un castillo feudal en el año 1457. Se llamaba Edo. Su desarrollo fue veloz y ya en 1603 el shogunato Tokugawa, una suerte de gobierno militar informal que tenía el control casi absoluto del país, estableció su sede allí.

La ciudad creció rápidamente, se desarrolló en su economía y alcanzó una demografía sorprendente para la época. Muchos hombres de campo y de otros pueblos migraron a Edo. Si uno quiere darse una idea de sus dimensiones debe evocar el gran incendio de 1657: dejó más de 100.000 muertos. Los historiadores calculan que su densidad de población, entonces y en las décadas siguientes, era cuatro veces mayor a la actual. Y eso, teniendo en cuenta que hoy Tokio es la ciudad más poblada del mundo: tiene 37 millones de habitantes.

Vestuarios de Japón en Ekaterinburg. Foto: Twitter.com/jfa_samuraiblue

Vestuarios de Japón en Ekaterinburg. Foto: Twitter.com/jfa_samuraiblue

Para organizar a esa multitud que había arribado a la ciudad, el shogunato promulgó un código de conducta: el Edo Shigusa, los “buenos modales de Edo”, donde se anotaron reglas de cortesía y de convivencia para que nadie se peleara con nadie.

Mientras tomábamos un café en un bar de Tokio repleto de gente (y a la vez bastante silencioso), Mario Castro Ganoza, un periodista peruano que vivía allí desde hacía más de 25 años, me explicó toda esta historia. “Lo más importante fue la mentalidad o el espíritu con el cual el pueblo japonés aplicó las reglas del Edo Shigusa”, me dijo Mario. “Las convirtió prácticamente en una filosofía, en una forma de afrontar la vida diaria”. Lo mismo que el Fair Play.

Jorge Luis Borges y María Kodama en Japón. Una foto del libro "Atlas", de Kodama.

Jorge Luis Borges y María Kodama en Japón. Una foto del libro “Atlas”, de Kodama.

A Borges, Japón lo fascinaba desde que tenía once o doce años. Siendo un niño había leído algunos libros de Lafcadio Hearn, un escritor de origen grecoirlandés que en el siglo XIX se asentó en Japón, recopiló su folklore y se lo presentó a Occidente. Ya anciano, Borges recorrió Japón con María Kodama. Viajó tres veces –en 1979, 1980 y 1984– y luego lo describió como “un país del todo civilizado”. A Borges no le gustaba el fútbol, pero seguramente habría apreciado la actual clasificación de los nipones a octavos de final.

No es casualidad que Japón sea el primer país en la historia de los mundiales que se beneficia con la regla del Fair Play. Es justicia poética y futbolera.


Uncategorized | 27 de junio

Cómo administrar un grupo gigante de WhatsApp (y no morir en el intento)

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Cómo administrar un grupo gigante de WhatsApp (y no morir en el intento)

Los chats colectivos de WhatsApp se volvieron tan populares como descontrolados. Organizarlos puede ser una tarea difícil.

por Javier Sinay

27 de Jun 2018








A fines de marzo, la diseñadora Agustina Wall creó un grupo de WhastApp que se llama “Femianuncios”. Lo hizo cuando otro grupo en el que participaba, uno para transporte de mujeres, comenzó a desvirtuarse con pedidos y ofertas de trabajo entre sus usuarias. “La idea de este nuevo grupo”, dice, “era que cada una pudiera publicar lo que tenía para ofrecer (trabajo, por ejemplo) o solicitar ayuda ante alguna necesidad (arreglos en la casa, algún servicio, recomendar a alguien)”.

Femianuncios llegó al máximo de miembros permitidos para un grupo de WhatsApp: 256. “En un principio el grupo creció por la necesidad y la situación actual”, dice Wall. “Pero me parece que a medida que nos fuimos ‘conociendo’, se generó un lindo grupo en el que, además, se encuentra respuesta rápida a cualquier situación”.

En el grupo hay una conductora de camión de flete, varias propuestas de terapias alternativas, recomendaciones de bicicleterías, venta de ropa y adopción de perros callejeros, entre muchas otras cosas. Todo el tiempo hay gente dialogando y todo el tiempo el celular de Agustina, un Samsung A5, suena con nuevos mensajes.

El ícono del grupo Femianuncios
El ícono del grupo Femianuncios

Administrar un grupo de WhastApp grande es como organizar a cualquier conjunto de personas, pero no se trata de liderar con carisma sino de tutelar lo más desapercibidamente posible.

Argentina es el séptimo país del mundo con más usuarios de WhatsApp: lo utiliza el 57% de los adultos con acceso a Internet y el 93% de los usuarios de smartphones: 26 millones de personas. Pero en un país en el que la disciplina no hace a la idiosincrasia nacional, administrar un grupo puede volverse complicado.

¿Cómo no volverse loco? Dos palabras son clave: reglas y foco.

“Creo que el respeto y la cordialidad son fundamentales”, dice Wall, de Femianuncios. Gastón S. (prefiere no dar su apellido), que creó y administra un grupo de hosts de AirBnB de 85 personas y otro de superhosts (los anfitriones con las mejores calificaciones en esa plataforma), dice: “Un grupo tiene que tener un reglamento para evitar que se vaya de tema y que la gente se pelee”. Su hermano gemelo tiene un grupo de Facebook, “Numismática Argentina”, con casi 9.300 usuarios. “Los grupos de WhastApp y los de Facebook son primos”, dice Gastón S. “En ambos casos, funcionan bien con una misma impronta: respeto y normas. Si no, el grupo se descontrola”.

Captura de pantalla del grupo "Verduras agroecológicas".
Captura de pantalla del grupo “Verduras agroecológicas”.

Laura Orsi administra un grupo que se llama “Verduras agroecológicas”, que ofrece los productos de un mercado territorial que integra productores, consumidores y universidades (que hacen la logística y la asistencia técnica). La distribución se hace en diferentes “nodos”, de La Plata al conurbano norte, y el grupo de WhastApp del nodo de Orsi tiene más de 100 miembros que reciben la oferta quincenal de alimentos y hacen sus pedidos. Los días que se hacen los encargos, no se habla de otra cosa.

“El grupo de WhatsApp surgió espontáneamente y cuando nos dimos cuenta, todos estábamos usándolo”, dice Orsi, que es una de las dos administradoras.

Cuando alguien entra al grupo “Verduras agroecológicas”, recibe este reglamento:

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Y cada quince días, antes de compartir los flyers en los que se ofertan los alimentos, se distribuye esta información:

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“Las chicas de los panes y de las conservas se conocieron en el nodo como consumidoras y se asociaron”, sigue Orsi. “Una empezó a ofrecer los panes; la otra, las conservas. Y después armaron juntas el emprendimiento productivo de las mermeladas y los dulces”. Los usuarios del grupo conocen a los productores y a los miembros de las cooperativas y pueden participar en asambleas para fijar con ellos los precios.

No todos los grupos grandes tienen un reglamento. Femianuncios, por ejemplo, no tiene ninguno. “La idea es que sea netamente laboral, pero soy muy flexible si el fin de semana se desvirtúa un poco”, dice su administradora. “Intento mediar si comienza algún conflicto. Somos muchos y la onda no es debatir. Sería tedioso”.

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Un grupo de aficionados a los automóviles antiguos, creado para vender y comprar repuestos, se volvió una jungla de la que uno de sus administradores, Roberto Mileo, decidió escapar. “El problema era que no se cumplía el reglamento”, dice. “Siempre había gente zafada; había un objetivo del grupo y se terminaba desvirtuando. Había gente que pasaba los límites en forma inmediata”. Así Mileo, que no quería leer “cosas innecesarias”, “condimentos políticos” o “saludos de cumpleaños de gente que uno ni siquiera conoce”, se hartó del grupo. “Me pregunto si los grupos sirven. Muchas veces pienso que no”, dice.

En cambio, Gastón S., del grupo de anfitriones de AirBnB, cree “los grupos son herramientas muy potentes y que se usen para bien o para mal depende de nosotros”. Como un martillo que puede clavar un clavo en la pared o golpearte en la cabeza, un grupo de WhatsApp puede sumar o restar. “El rol del administrador es importante para conducir positivamente”, dice.

Según su experiencia, el 2 o el 3% de los individuos de cualquier conjunto son nocivos. “Hay que hacer que se adapten o sacarlos del grupo porque si se permite que alguien arme lío, a la larga puede destruir el grupo”. Su último invento es un grupo de WhatsApp para los vecinos del edificio en el que vive. Hace poco, algunos sintieron olor a humo y pensaron que había un incendio puertas adentro, pero uno de los que vivía en los pisos superiores pudo advertir que el incendio era a dos cuadras. Más tranquilos, todos enviaron emojis.

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Mujeres | 18 de junio

Romina Villalba: “Es difícil que los pibes te dejen jugar en su cancha”

100 MUJERES

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Romina Villalba

Es la capitana del equipo de fútbol femenino del club Padre Carlos Mugica, de la Villa 31, en la ciudad de Buenos Aires. Motiva a sus vecinas para que se pongan la camiseta y desoye los insultos.

Por Javier Sinay

18 de junio de 2018






Con el número 12 en la camiseta roja, Romina Villalba juega, mete y provoca desde el fondo de la cancha. Eligió ese número con el que se identifica la tribuna de Boca (el club que ella ama), pero su posición en la defensa responde según el esquema clásico al número 2. En la cancha, Villalba es una defensora con carácter, pero afuera es un poco tímida y por eso le costó llevar la cinta de capitana del equipo de fútbol femenino del club Padre Carlos Mugica, de la Villa 31.

“No quería tener esa responsabilidad, pero la profe me la dio porque yo era la que convocaba a las chicas a jugar y la que la apoyaba a ella para arrancar con el equipo”, dice.

Villalba era la que buscaba a sus vecinas en la villa por más que no pudieran ir a jugar porque tenían que cuidar a sus hijos, estudiar en un secundario acelerado nocturno o trabajar. Ella las convencía y les decía que si iban al menos una vez por semana, ya estaba bien. “Sin darme cuenta, fui haciendo muchas cosas para que todas juguemos”, dice. Tiene 19 años; su cinta de capitana es negra, con una “C” blanca.

Esta futbolista también trabaja haciendo tareas administrativas en el Hogar de Cristo (como el club Padre Carlos Mugica, éste se liga con la capilla de Cristo Obrero que fundó el propio Mugica) y estudia con una beca la carrera de Profesorado de Educación Inicial en la Universidad Católica. Su madre y algunos de sus hermanos viven en la villa, pero no desde hace mucho tiempo: son inmigrantes paraguayos llegados en 2013. Villalba nació en Villa Haye, un suburbio semi-rural cerca de Asunción, y allí fue donde comenzó a patear la pelota.

“Sufría mucho la exclusión por ser mujer”, dice. Tenía 12 años cuando vino a vivir a Buenos Aires, a una casa con una sola habitación, una cocina, una sala, un baño y pequeño. La discriminación sexista continuó. “Hay mucho machismo en el barrio: por jugar al fútbol me decían cosas y me las siguen diciendo”, sigue. “Es muy difícil que los pibes te dejen jugar en la canchita de ellos: nos tiraban la pelota arriba de una casa y nos gritaban ‘¡Andate a cocinar!’”.

Por eso, cuando Villalba se enteró de que en el club había clases de fútbol femenino los martes y los jueves, dejó los partidos mixtos para siempre y logró llevar más chicas para armar un nuevo equipo. Ahora el club Padre Carlos Mugica compite con 5 jugadoras en la liga FEFI (Federación Escuela de Fútbol Infantil) de fútbol de salón junto a otros 17 equipos. Pero las condiciones de vida de sus goleadoras siguen sin ser ideales y en el primer partido de esta temporada, el equipo no pudo presentarse porque ese día no había suficientes chicas para jugar.

No importa: a la capitana nada la desanima a la hora de ponerse sus botines negros con detalles verdes. “Cuando juego, siento una desconexión de todo lo que me rodea”, dice. “Y ahora ya sé que en la cancha hay que guiar al equipo. Si bien la profe está afuera, no es lo mismo. Adentro se siente la tensión”.

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Nombre: Romina Belén Villalba Vera
Edad: 19 años
Profesión: Futbolista y estudiante de Profesorado de Educación Inicial
Sector en el que trabaja: Deporte
Lugar
de Nacimiento: Villa Haye, Asunción, Paraguay
Lugar en el que desarrolla su actividad: Ciudad de Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Sentirme en un espacio mío, poder desconectarme de todo.

2. ¿Qué te hace feliz?
Subir a una montaña y quedarme ahí. Lo hice en San Juan. Sentí paz. De chica soñaba con eso y poder hacerlo me hizo muy feliz.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Si me pasa algo malo en el día, me quedo pensando en eso. La angustia me saca el sueño. Hace poco, tuvimos un conflicto entre compañeras en el trabajo y eso me angustió.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
¡Uf! ¿Tenés tiempo para que te diga todo? tantas cosas… En general, que haya más igualdad para todos. No me gusta el hecho de que no se le puede pedir ayuda a nadie, de que sea tan difícil. Creo que lo que se puede hacer es luchar para lograrlo. Para eso, tenés que juntarte con alguien que tenga el mismo pensamiento que vos.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Quería ser doctora porque jugaba mucho con eso. Después fui teniendo contacto con niños y quise ser pediatra. Cuando fui a orientación vocacional, me salió que ser médica no era para mí porque en realidad me encanta el deporte.

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Actualidad | 15 de junio

Télam 13/06/2018 Buenos Aires: Una plaza que amaneció dividida, verdes por un lado, celestes por el otro, y un enorme espacio liberado por vallas fue la imagen de cómo la sociedad llegó hoy a la sesión que por primera vez discutirá en el Congreso una ley que autoriza el aborto. Foto: Gabriel Cano/Senado/CF

Lo que nos deja la conversación social en torno al aborto

La noche más larga del año –la del miércoles pasado– fue el pico intenso de un debate que comenzó el 6 de marzo, cuando el proyecto de ley sobre la despenalización del aborto entró al Congreso. En todos los días que siguieron después, la conversación pública tuvo momentos de intercambio enriquecedor, de ideas en movimiento y de sinapsis efectiva, pero también de sordera e incluso de agresiones y amenazas.

“Desde el punto de vista relativo a nuestra democracia, lo veo como un hecho auspicioso puesto que se han intercambiado puntos de vista que permiten que la verdad vuelva a transitar por el camino del disenso y del consenso, y no del autoritarismo”, opina el filósofo Santiago Kovadloff.

“Hay en la sociedad una voluntad de protagonizar la valoración de cuestiones que son esenciales para la condición humana y no sólo circunstanciales”, sigue.

Una manifestación por la despenalización del aborto en Tucumán, el jueves 14 de junio. | Foto: Julio Pantoja -Télam

Una manifestación por la despenalización del aborto en Tucumán, el jueves 14 de junio. | Foto: Julio Pantoja -Télam

Fue un gran debate. Así lo cree Alejandro Catterberg, el director de la consultora de opinión pública Poliarquía. “En estas discusiones hay dos tipos de público: el interesado y el desinteresado. El primero tiene generalmente posiciones previas. Y hay una diferencia entre opiniones y valores o actitudes. Un tema como el aborto está mucho más ligado a los valores de una persona, es algo más profundo que una opinión”.

En la noche del miércoles, mientras los diputados debatían la ley, hubo una transmisión en directo que llegó a unos 20 puntos de rating y más de 40.000 espectadores online. “En uno de los temas más difíciles”, sigue Catterberg, “hubo dos meses de debate, gente mirando por televisión y streaming cómo funciona el Congreso y gente criticando para bien o para mal a los legisladores. Fue una clase de educación cívica”.

En contra del aborto en la plaza del Congreso, el miércoles 13 de junio. | Foto: Gustavo Amarelle - Télam

En contra del aborto en la plaza del Congreso, el miércoles 13 de junio. |
Foto: Gustavo Amarelle – Télam

El consultor Sergio Berensztein también tiene una mirada positiva sobre la discusión general. “Cuando los debates son sobre cuestiones materiales es más fácil que cuando son sobre cuestiones simbólicas, y, teniendo en cuenta la complejidad del asunto, el del aborto fue ejemplar”, dice.

Una encuesta de marzo de D’Alessio IROL y Berensztein indicó que el 70% de los consultados (1.005 personas mayores de 18 años de todo el país) querían que el asunto llegara al Congreso.

Berensztein dice también que, aunque la discusión haya sido apasionada, hubo quienes fueron permeables a los argumentos: “Según los sondeos, un 15% cambió su visión en el contexto de este debate, y eso es bastante. El que no cambia, por lo menos escucha y tiene otros matices. Los debates siempre son apasionados. No hay que tenerle miedo a eso”.

Festejos luego de la votación. | Foto: Julio Pantoja - Télam

Festejos luego de la votación. | Foto: Julio Pantoja – Télam

Pero en algunos momentos los extremistas capturaron la conversación pública. Se escucharon imputaciones: unos acusaban a otros de despreciar la vida de los bebés; los otros, de despreciar la de las madres.

“También hubo simplificaciones que prueban que esta democracia es todavía no sólo la expresión de un civismo compartido, sino también la preeminencia fuerte de la necesidad de construir al adversario como alguien que está del lado del error”, dice el filósofo Santiago Kovadloff. “Sigue habiendo una grieta profunda generada por la idea de que el civismo es patrimonio de un sector. Pero no creo que los extremistas hayan primado: nadie renegó del debate y en ese sentido hubo una aceptación del adversario”.

El poeta y sacerdote cristiano Hugo Mujica cree que el debate social se polarizó porque “el diálogo hoy es casi imposible y no nos es dado como una cultura de este tiempo, que es de una complejidad cada vez más desorbitada”.

Desde la posición celeste de Salvemos Las Dos Vidas, el activista Marcos Videla Dorna habla de “una nueva grieta”. “Este fue otro River-Boca, fue una pelea de un bando contra otro y hasta nos dijeron cómo pelearnos”, dice.

El director ejecutivo de Fundación Huésped, Leandro Cahn, que participó como expositor en el Congreso, minimiza las agresiones, pero dice que luego de la votación, cuando salía del Congreso junto a un grupo de gente, “un muchacho con el pañuelo celeste nos dijo: ‘Limpien toda la sangre de los chicos que van a matar’”.

A post shared by Juan Carr (@juancarr1) on Jun 14, 2018 at 3:26am PDT

El poeta y sacerdote Mujica continúa: “En la discusión social actual se trata de generar un acontecimiento que te haga sentir algo; el dato no importa. Vivimos en una saturación del discurso. El futuro se hace pasado sin haber sido presente”.

“El tema merecía una dignidad que no tuvo”, continúa Mujica. “Estábamos hablando de la vida sin tener información clara: me da risa e indignación que se trate a la ciencia como si fuera una entidad monolítica. Todo se redujo a tres o cuatro slogans de cada lado y es tanta la complejidad que nadie se detiene a estudiar el asunto. Creo que nadie se sentó realmente a ver qué le pasaba al otro con sus ideas”.

¿Cómo viste la conversación sobre el aborto en Twitter?

— RED/ACCIÓN (@redaccioncomar) 15 de junio de 2018

Sin embargo, Mujica ve de un modo positivo el debate puntual que hubo en la Cámara de Diputados a lo largo del miércoles 13 de junio: “Tocó valores más humanos que los que se discuten siempre en la política, que en última instancia tienen que ver con la economía. Fue una discusión hecha de una materia sensible y ese contenido logró modificar la estructura del debate”.

A lo largo de los dos meses anteriores, en el Congreso habían tenido lugar quince audiencias en las que dieron su opinión 738 expositores (médicos, científicos, intelectuales, religiosos, artistas, juristas y otras personas afectadas directamente por el tema). A la vez, los plenarios de las comisiones de Legislación General; Legislación Penal; Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia; Acción Social; y Salud Pública comenzaron el 10 de abril y finalizaron el 31 de mayo con 106 horas de debate. Según información oficial, cada jornada tuvo en promedio unos 50 expositores.

Al primer proyecto se le sumaron ideas de otros nueve y así se terminó redactando un dictamen de consenso que incluyó, como cambios sugeridos en la preparación conjunta, la objeción de conciencia, la punibilidad en el Código Penal desde la semana de embarazo número quince y el reemplazo del término “malformaciones” por “incompatibilidad con la vida extrauterina” (como causal para interrupción del embarazo después de la semana número catorce).

Tristeza de los manifestantes anti abortistas por la aprobación de la media sanción. | Foto: Gens - Télam

Tristeza de los manifestantes anti abortistas por la aprobación de la media sanción. | Foto: Gens – Télam

“La metodología general fue muy interesante”, dice Leandro Cahn, el director ejecutivo de Fundación Huésped, que participó como expositor. “El proyecto podría haber quedado como algo testimonial con 71 firmas, pero se buscó que saliera con consenso, sin imponer una posición”.

Para la escritora Claudia Piñero, una de las voces más claras por la despenalización, “hablamos de algo que ya sabíamos todos pero que estaba en silencio, y eso fue reparador para la sociedad”. Y mientras espera la sesión de los senadores, ella ya se muestra satisfecha. “La sociedad ya despenalizó el aborto”, dice, “y es muy difícil encontrar a alguien que piense que una mujer debe ir presa por abortar”.

Tecnología | 7 de junio

Una cita con el creador de happn

Según el MIT Technology Review, la revista de tecnología del famoso instituto de Massachusetts, las citas online ya son el segundo entre los modos más usuales de conocerse para las parejas heterosexuales y el primero para las homosexuales. Y no sólo eso: los vínculos que nacen online tienden a ser más variados y por lo tanto menos conservadores. Al mismo tiempo, otras voces menos optimistas dicen que las apps de citas hacen que la gente se vea como un objeto.

Como sea, lo cierto es que todo esto, y mucho más, está conduciendo a las relaciones y a los noviazgos a una era nueva y fascinante, y este cambio está ocurriendo justo ahora, delante nuestro.

Argentina se lleva una buena tajada: el Obelisco, en Buenos Aires, es el sitio donde se producen más coincidencias entre usuarios de happn y los argentinos están en el Top 10 mundial de éxito de Tinder.

Didier Rappaport, el creador de happn, la aplicación que conecta a la gente que se cruza en la calle (siempre y cuando hagan un crush: se elijan), ha venido esta semana por primera vez a su inusual quinto mercado –luego de Brasil, India, Francia y Reino Unido–, donde 2 millones de argentinos usan su app.

En un encuentro de la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, Rappaport –que también ha sido el inventor de Dailymotion, una plataforma web de videos– presentó una encuesta sobre la percepción de los argentinos de las apps de citas: el 55% las usan o las usaron; el 69% de las mujeres y el 90% de los hombres darían el primer paso para un diálogo en la app; el 45% considera que las apps son un método aceptable para conocer gente; y el 28% cree que happn sirve para iniciar una relación seria.

Rappaport tiene 63 años y está casado desde hace 31, y conoció a su mujer con un método que es como un antepasado lejano de happn. Un dolor de muelas y la inesperada ausencia de su dentista lo llevaron a buscar ayuda en el directorio de Minitel, un viejo servicio de videotex. Así encontró a una dentista cerca de su casa. “Y esa mujer hoy es mi esposa”, dice. “Y déjeme decirle: seducir a alguien con la boca abierta y desde la silla del paciente no es nada fácil”.

Ahora, con happn Rappaport está empeñado en emular la vida real. “Cuando te cruzas con alguien, no sabes qué va a pasar: si sientes una fuerte atracción, puede quedar ahí o transformarse en un enamoramiento”, dice. “Nosotros ayudamos a hacer la primera movida y lo que sigue luego ya no es nuestro trabajo, aunque existan miles de testimonios de gente que se ha enamorado y que incluso ha tenido bebés luego de conocerse en happn”.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

-Usted ya tenía una larga carrera como emprendedor tecnológico cuando en 2013 desarrolló happn. ¿Por qué lo hizo?
-Pensé que podía traer algo nuevo a este espacio. Yo había iniciado ya muchas compañías digitales a lo largo de mi vida: cuando estoy empezando un nuevo proyecto, siempre checkeo la posibilidad de dar algo diferente. Pensé, luego de hablar con algunas personas sobre las citas, que el hecho de conocer gente nueva era algo importante para todos los seres humanos y por eso quise ayudar a la gente a reconectarse. Y pensé que las apps de citas eran demasiado virtuales y muchas veces engañosas.

-¿Pero por qué hizo una app para el amor?
-No es una app para el amor. Es una app que ayuda a la gente a conectarse. De hecho, cuando hablamos de happn nunca le decimos a la gente: “Vengan a happn y encontrarán el amor”. Quien lo diga, miente. Yo sólo uso la tecnología para ayudar a la gente a conectarse y luego la gente hace lo que quiere.

-Sin embargo, usted sabe que esto es en un contexto romántico…
-Sí, por supuesto. Pero, sabes, el mundo ha cambiado mucho. Hoy conoces a alguien y no sabes qué va a pasar. Por eso, lo más importante es hacer que la gente se conecte. Hoy es muy común empezar teniendo una noche con alguien y luego, quizás, enamorarse. Las cosas son al revés de lo que eran en el pasado. Y estamos viviendo en un mundo conectado digitalmente donde la conexión en la vida real es muy difícil. Ves, por ejemplo, que en Facebook tenés cientos de amigos, pero ¿con cuántos de ellos estás en contacto en la vida real? Nosotros queremos reconectarte con tu propio mundo. Cualquier otro servicio de citas es como un catálogo de personas, pero happn te muestra otra cosa: las personas que están alrededor tuyo ahora. Es lo mismo que si caminaras por la calle y vieras a quienes también están ahí.

-¿Cómo llegó a este concepto?
-Siempre empiezo mis compañías del mismo modo: hay algo que está fallando en el mercado y yo me fijo en eso. Probablemente, tenés muchos amigos solteros, ¿no? Yo también. Cuando les pregunto por qué están solteros, me dicen: “Porque es difícil conocer a alguien”. Eso es lo que está fallando. Entonces me pregunté: ¿Podemos dar una respuesta a esto? Pensé que usando geolocalización y tiempo real podría construir una herramienta que ayudara.

-¿Por qué cree que los argentinos somos tan entusiastas con happn?
-No sé, la gente se siente bien cuando se reconecta con su vida real.

-¿Cómo es la gente que usted ha encontrado aquí en Argentina?
-Muchas veces me dicen que el nivel de la gente que se encuentra en happn es muy bueno. Eso lo escucho en todos lados. Y no me sorprende porque, en realidad, en happn uno sólo ve a quienes lo rodean.

-¿Cómo es la data argentina que happn recolecta, comparada con la de los otros países?
-Podemos decir que en general los usuarios argentinos son muy activos y que las mujeres hacen, más frecuentemente que en otros países, la primera jugada para iniciar un diálogo. Pero el uso de happn alrededor del mundo es más bien homogéneo.

-En un nivel sociológico, ¿las apps de citas, y happn en particular, están dándole una nueva forma a los vínculos?
-No, happn no está remoldeando las relaciones. Mi misión, con esta app, no es proveer amor a mis usuarios, sino ayudarlos a conectarse mutuamente. Y luego, es su elección hacer algo con eso o no. Hoy la gente es muy materialista y no quiere que nadie le diga que va a enamorarse.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

Didier Rappaport, en la cumbre anual de la Marketing Mobile Association, en Buenos Aires.

-¿De verdad no cree que, aunque ciertamente no sea su objetivo, happn y otras apps moldean nuevos tipos de relaciones?
-Okay: sí, lo están haciendo. Y como le dije antes, a la vez no lo están haciendo. Pero sí, lo están haciendo. Déjeme explicarle una diferencia entre Tinder y happn. En Tinder está el swipe, se desliza. Y eso en happn nunca existirá. Swipe es un modo de descartar, pero no una foto, sino a un ser humano. Se hace muy fácilmente, con el movimiento de un dedo. Haciéndolo, se convierte a un ser humano en un objeto. Y así se crean relaciones que son en realidad superficiales porque la persona elegida no es un ser humano sino alguien que no conoces y que puedes descartar. Esto no lo verá en happn. El modo en el que construimos y comunicamos nuestra app es esencial. Iré aún más allá. Muchas veces, la gente dice que usando apps de citas como Tinder o happn las relaciones se convierten en un consumo de perfiles y por lo tanto las citas se vuelven un commodity.

-¿Y es así?
-No. Eso es erróneo porque el modelo de estas apps sigue un nuevo paradigma en la movilidad: “En cualquier momento, en cualquier lugar”. Cualquiera sea la app que construya, debe responder muy rápido al servicio requerido por el usuario. Hoy, el consumo en movimiento se da en un 80% con apps y en un 20% con la web. No es práctico meterte en un website en tu teléfono. Las apps dan esa respuesta sencilla y rápida de la que hablaba. Cuando entra en happn, está listo para tener una cita con dos clicks. No hay formularios declarativos porque eso no es parte del espíritu de la movilidad. Ésta debe ser simple, inmediata, adecuada, rendidora y gamified. Esos son los pilares de la movilidad. Entonces, del mismo modo en que se dice que con happn o Tinder las personas son un objeto a consumir, también se puede decir que en cualquier app uno define qué le gusta y recibe notificaciones. Hoy todo es así. Es un mundo instantáneo. Las apps de citas siguen el paradigma de cualquier app.

-¿happn modifica el destino y el azar de un encuentro entre dos personas?
-No cambia nada. El timeline de happn es la calle por la que el usuario camina. Nunca podemos saber cuándo vamos a encontrar el amor. El destino o el azar en happn y en la vida real son los mismos porque happn es el reflejo de la vida real.

-¿Cómo analizan en happn su data a niveles macro?
-Tenemos mucha data y con ella desarrollamos algoritmos de inteligencia artificial. Los datos públicos de nuestros usuarios que tomamos de Facebook no nos ayudan demasiado, pero a través del análisis de la data que genera happn es como podemos entender quiénes son nuestros usuarios y cuáles son sus comportamientos. A veces es sorprendente; por ejemplo, si veo que alguien se detiene cuatro veces por mes en una locación que es un cine y se queda ahí por tres horas, entonces fácilmente puedo deducir que esa persona es amante de las películas. Y cosas así. Pero hay algo que es muy importante en cuanto a la inteligencia artificial: no podemos entender todo a través de ella. La mayor parte del tiempo, los algoritmos no están comparando los datos en sí, sino la coordinación entre los datos. A veces vemos que hay una correlación fuerte entre los datos y entonces intentamos encontrar grupos o comunidades de personas. No es obligatorio saber qué datos estamos analizando para apreciar la correlación entre ellos.

-¿Cuál es el futuro de happn?
-Nosotros tenemos una identidad muy fuerte basada en el cruce de las personas. Esa es la base de nuestra app y todo lo que verá desde julio son nuevos features fundamentados en las localizaciones. Por ejemplo, si a alguien le gusta ir a un lugar, digamos una cafetería, podrá tener acceso también a los happners que van a esa misma cafetería y con los que nunca se cruza. Se trata de comunidades basadas en localizaciones.

-¿Cómo resuelve la paradoja de que los usuarios de happn que se conocen y que se ponen de novios dejan de usar la app? ¿El éxito personal de los usuarios atenta contra su modelo de negocios?
-Ese es el desafío más grande que tiene la app: cuando haces feliz a tus usuarios, se van. Si la gente dejara la app porque no le gusta, eso sería algo malo. Pero si se va porque ha encontrado a un compañero, nos hace muy felices. Todos los que trabajan en happn aman a la compañía y, créame, recibimos muchos testimonios de las parejas que se han formado. Tenemos una pared llena de las fotos que nos envían. Eso nos hace felices porque ese es nuestro trabajo. Si los usuarios dejan la app, es porque hemos tenido éxito. Y si su historia no funciona, son bienvenidos para regresar a la app.

Salud | 30 de mayo

Cómo la vida de Justina cambió la donación de órganos en Argentina

ACTUALIZACIÓN: El 4 de julio la Cámara de Diputados sancionó por unanimidad la Ley Justina, por la cual todas las personas mayores de edad son donantes, a menos que hayan expresado lo contrario.

* * *

Justina Lo Cane llevaba una semana internada en el Sanatorio de La Trinidad cuando su padre se puso a investigar qué hacían las familias que estaban, como ellos, atravesando una situación dramática al filo del destino. Su hija era una niña de 12 años, de cabello lacio y rubio, con dientes grandes y una mirada luminosa: su rostro era el que viene a la mente si uno piensa en una niña angelical.

Cuando Justina tenía un año y medio había recibido un diagnóstico: padecía de una cardiopatía congénita dilatada, cavitada y compactada. Desde entonces había tomado remedios y había hecho una rutina normal, pero un día, luego de una década, aparecieron los dolores de cabeza y las náuseas. La vida es impredecible; pronto el asunto se tornó grave. Tan grave como para necesitar un trasplante de corazón.

“Por lo que vi en ese momento, todos los familiares en condiciones similares pedían por el órgano que necesitaban y hacían campañas”, dice ahora Ezequiel Lo Cane, el padre de Justina. “Así que pensé en difundir nuestra historia y se lo conté a mi hija. Pero cuando le pregunté si quería que iniciáramos la campaña, ella me dijo: ‘Papi, ayudemos a todos los que podamos, no sólo a mí’”.

Justina en su cuarto del sanatorio. Foto: www.facebook.com/multiplicatex7/

Justina en su cuarto del sanatorio. Foto: www.facebook.com/multiplicatex7/

Justina había sido internada una semana atrás, el 31 de julio de 2017. Luego había vuelto a su casa, adonde se suponía que iba a esperar hasta que llegara el corazón, pero las cosas se complicaron un poco y tuvo que regresar al sanatorio. El 9 de agosto Ezequiel Lo Cane inició la campaña bajo el nombre de “Multiplicate x 7”. “Son siete los órganos principales que se pueden donar”, explica ahora. “El mensaje era: el día que te vas, multiplicá tu vida por siete”.

En septiembre la campaña comenzó a hacerse visible y en los meses que siguieron se convirtió en una formidable cruzada por la donación de órganos. Y, tal como había pedido Justina, no era sólo por ella, sino por todos. Entre las más de 600 fotos que hasta el día de hoy se ven en la cuenta de Facebook de MultiplicateX7 hay rostros de famosos, de anónimos y de gente internada a la espera de un trasplante: es una comunidad con más de 115 mil seguidores, y continúa creciendo.

En el inicio de la campaña, la cifra de donantes mensuales registrados en el INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) dio un salto: pasó de 6.490 en junio a 14.192 en agosto. Luego se mantuvo en ese nivel: en septiembre se registraron 11.487 personas y en octubre, 12.641. Una parte importante de los donantes se registraron en las elecciones, cuando fueron a votar. Otra, en el sitio web del INCUCAI.

El equipo de River participó de la campaña en noviembre de 2017.

El equipo de River participó de la campaña en noviembre de 2017.

“La relevancia fue muy fuerte en las redes sociales porque el mensaje era abarcador”, dice Lo Cane. Entre cientos de videos se veían los de Lali Espósito, Facundo Arana, Germán Pavlovsky y Juana Viale; y también los de equipos de rugby, de hockey y de fútbol. Todos sostenían un mismo cartel que decía: “Multiplicate x 7 #LaCampañaDeJustina”.

Pero mientras las semanas pasaban, puertas adentro las cosas se volvían más difíciles. Lo Cane y la madre de Justina, Paola Stello, dormían con ella todas las noches y cada día hablaban con los médicos para seguir el tratamiento, y con otros especialistas para comprender cómo era el mundo de la donación y los trasplantes, un mundo del que casi nadie sabe demasiado y del que todos deberíamos saber un poco más.

Hasta entonces, Lo Cane había tenido un mínimo contacto con todo esto: había decidido dar los órganos de su padre, fallecido en 2009 a causa de un ACV, y él mismo se había anotado como donante al momento de renovar su licencia de conducir (aunque luego se enteró de que, como muchos casos, esa información no había sido trasladada a los registros del INCUCAI).

Donar un órgano es ofrecerse con la generosidad más absoluta; recibir uno es esperar con la paciencia más dolorosa. En esos días hubo abrazos solidarios al hospital de la Fundación Favaloro (adonde Justina había sido trasladada luego de estar 15 días en el Sanatorio de La Trinidad), hubo una maratón y también eventos solidarios en escuelas. La discusión acerca de la importancia en la donación de órganos llegaba a todos los medios, pero el donante no aparecía.

En septiembre, mientras Facebook se inundaba de mensajes de amor cada día, Justina seguía esperando. “Atravesaba esos meses con templanza, dignidad, bondad y alegría”, dice su padre. “Nunca dio un grito. Y se alegraba cada vez que otro chico recibía un órgano”.

La situación no era alentadora: por una complicación, le fue colocada una máquina con dos cánulas que irrigaban su pecho, lo que derivó en una trombosis en su pierna. En uno de esos días, Justina le preguntó a su padre qué iba a pasar si el corazón no llegaba nunca.

La campaña por Justina salió en la portada del diario La Nación el 3 de noviembre de 2017.

La campaña por Justina salió en la portada del diario La Nación el 3 de noviembre de 2017.

“La espera es pura desesperación”, dice Gustavo De Mare, el padre de Vicky, una niña que recibió un trasplante de intestino en 2013, cuando tenía dos años. De Mare, que es parte de la Red Solidaria, fue un participante activo de la campaña por Justina. “En la espera uno puede paralizarse, amedrentarse, llorar y seguir hasta que no haya más alternativas. O puede salir a la búsqueda”.

Su hija había afrontado 25 operaciones antes del trasplante y llegó al estado de emergencia nacional; en otras palabras, su vida pendió de un hilo y también por ella hubo una gran campaña. “Nunca hay que perder las esperanzas, ni siquiera cuando la ciencia y la estadística no acompañan”, sigue De Mare.

“Lo que sí hay que hacer es rodearse de gente positiva y salir a manifestar al mundo: a los colegios, a los medios, a las ONGs, adonde sea”, dice. “Yo estoy seguro de que la familia tan solidaria que donando el órgano de su propio hijo le salvó la vida a mi hija conocía nuestro caso”.

El 6 de noviembre circuló un rumor: Justina podría recibir el corazón de otra niña que, como ella, tenía 12 años. Ésta se llamaba Abril Bogado y había sido asesinada en la periferia de la ciudad de La Plata, en la madrugada del día anterior, cuando dos ladrones emboscaron el auto en el que volvía a casa junto a su familia.

El crimen de Abril, salvaje e inexplicable, conmocionaba a la opinión pública; la expectativa de Justina también. Se trataba de la vida de dos niñas buenas y era insoportable, para una buena parte de la sociedad que apenas podía ser espectadora, no tener la chance de revertir las cosas.

Abril Bogado tenía 12 años.

Abril Bogado tenía 12 años.

La posibilidad de esa donación duró apenas unas horas, hasta que los médicos explicaron que en el caso de Abril no se había podido “llevar a cabo el protocolo de diagnóstico de muerte bajo criterios neurológicos dada la inestabilidad hemodinámica de la niña, hecho que la llevó a un paro cardíaco irreversible, circunstancia que imposibilita la donación de órganos”.

En otras palabras, sólo se pueden tomar los órganos de una persona que haya fallecido, con diagnóstico de muerte encefálica, idealmente en una sala de terapia intensiva. Y ese no había sido el caso de Abril.

Por otro lado, el corazón nunca fue un órgano sencillo. “Su trasplante tiene limitaciones”, dice Horacio Vogelfang, el jefe del Servicio de trasplante cardíaco del Hospital Garrahan, donde se realizan alrededor de 12 intervenciones cada año. “El corazón se debe trasplantar 2, 3 o a lo sumo 4 horas luego del fallecimiento del donante. En cambio, el riñón, por dar un ejemplo, puede ser trasplantado hasta 36 horas después”.

Justina Locane 1

En cuatro meses, la campaña que había impulsado Justina elevaría el número de donantes inscriptos por día de 80 a 330. Unos 16.000 se registrarían sólo por MultiplicateX7. “Nos fuimos dando cuenta de que cuando la gente se informa sobre donación y trasplante, se compromete”, dice Lo Cane.

El año de 2017 terminaría siendo récord en el registro de donantes y también en trasplantes. Sin embargo, estos se mantuvieron en un valor parejo (entre 160 y 202 operaciones) a lo largo de los 12 meses. Esto significa que el número de donantes posibles puede crecer, pero el de donantes reales no. Y eso se debe, más que nada, a los agujeros del sistema sanitario.

Argentina no es el mejor país en esta cuestión. Hoy hay 7.831 personas en la lista de espera del INCUCAI. El año pasado, 799 fallecieron porque el órgano no llegó a tiempo. “Estas muertes están sucediendo hoy, mañana, la semana que viene. Son todas muertes evitables con la donación”, se lee en una carta firmada por un médico especialista, que ha circulado en estos días entre sus colegas. “Esta es una tragedia evitable que está sucediendo en frente nuestro”. ¿A qué se debe la tragedia? Antes que nada, dice quien escribe, a la falta de donantes.

En Argentina hay ahora 13 donantes por cada millón de habitantes. En la Comunidad Europea hay 21. España, el país líder, tiene 47.

Antonio Laje informa sobre la campaña en TV. Foto: MultiplicateX7

Antonio Laje informa sobre la campaña en TV. Foto: MultiplicateX7
Un tweet del actor Facundo Arana. Imagen: MultiplicateX7

Hacia noviembre, cuando mucha gente ya estaba al tanto de la historia de Justina y mucha otra ya había tomado noción sobre la importancia de la donación de órganos, la consigna cambió: Justina estaba muy mal, se encontraba en terapia intensiva y ahora era ella misma el centro de los “corazonazos” que se organizaban en las puertas de la Fundación Favaloro y del INCUCAI.

Y así pasaron los días.

Hasta que llegó el 22 de noviembre.

Y es que esta historia no tiene un final feliz.

“No podemos parar de llorar”, decía la carta pública con la que su familia anunció el fallecimiento de Justina, que ocurrió ese día. “Se nos fue el sol. Se nos fue Justina. Esperó 4 meses y luchó, con todas sus fuerzas, para que llegara ese corazón. Por múltiples factores que afectan al sistema de salud argentino nunca llegó la salvación para ella. Todos los que vivieron una situación igual lo saben. El sistema nunca juega a favor de los pacientes”.

Justina Locane 3

Pero la historia continúa aún luego de su final: la campaña sigue.

De hecho, MultiplicateX7 se ha agrandado y hoy mismo el Senado trata la “Ley Justina” para plantear algunas modificaciones a la Ley Nacional 24.193 de Donación de Órganos. “Esta propuesta simplificará y mejorará el proceso de donación y trasplante”, dice Ezequiel Lo Cane, el impulsor de la Ley Justina. No es casualidad que hoy sea el Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos.

“Tengo muy presente el pedido de mi hija”, sigue. “Es uno de los últimos pedidos que me hizo, y el más importante”. Su objetivo es convertir a Argentina en un país líder en donación y trasplante, y no la tiene fácil. Pero dice que nada lo detendrá para lograrlo.

En noviembre, el mes en el que Justina murió, se registraron como donantes 103.841 personas. Algunos meses antes, en marzo, mientras ella comenzaba las clases de sexto grado en el colegio Sworn sin imaginar que su destino la llevaría a cambiar para siempre la discusión sobre donación y trasplante en Argentina, sólo habían sido 1.721. La vida es impredecible, pero la voluntad de los hombres puede influir en su curso.

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Sociedad | 29 de mayo

Foto: Graciela Díaz

¿Quién es el niño que camina sobre las aguas del Río de la Plata?

Un niño de plata caminando sobre el río. Eso, que en verdad es una imagen en tamaño natural de Pablo Míguez (secuestrado y desaparecido a los 14 años, en 1977), es tan misterioso como inquietante. Es una escultura en el medio del Río de la Plata.

La ven los que navegan cerca de la orilla gris de Ciudad Universitaria, los que visitan el Parque de la Memoria y llegan hasta el final del paredón (allí donde se han estampado los nombres de las víctimas), y también los que acaban de despegar de Aeroparque y descubren desde el avión la figura refulgente entre las aguas. Así, desde las alturas, miraron a Pablo Míguez, quizás, sus verdugos: los pilotos que en un vuelo de la muerte lo habrían echado a su tumba acuática.

A pocas cosas somos más indiferentes que a las esculturas en el espacio público y los escultores lo saben: en su rubro se cuenta que Buenos Aires es la ciudad con más monumentos del mundo y que nadie levanta la mirada para apreciarlos. ¿Cómo hacer, entonces, para llamar la atención?

La artista Claudia Fontes lo logró poniendo a Pablo Míguez sobre el agua. Quieto. O como si caminara. Es que sólo los santificados caminan sobre el agua: Jesucristo lo hizo, Buda lo hizo. Y ahora también lo hace él.

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“Mientras haya un crimen que se perpetúa y no sepamos qué fue de Pablo Míguez, su desaparición sigue siendo un problema del presente”, dice la escultora Fontes. Su obra se titula “Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez” porque, como dice ella, “no es un monumento a él, sino a la reconstrucción de su retrato: es un anti-monumento”.

Míguez fue secuestrado cuando un grupo del Ejército fue a buscar a su madre (Irma Beatriz Márquez Sayago) y a la pareja de ella (Jorge Capello, hermano de una de las víctimas de Trelew en 1972). Los dos eran activistas del ERP y fueron llevados al Vesubio, un centro de detención clandestina en La Matanza. El hijo también.

Una de las pocas fotos que se conservan de Pablo Míguez.

Una de las pocas fotos que se conservan de Pablo Míguez.

Algún tiempo después el pequeño Míguez fue ¿entregado? ¿cedido? ¿traspasado? a los marinos (¿cuál sería la palabra adecuada en este caso?) y acabó en la ESMA (la Escuela de Mecánica de la Armada), en un altillo colmado de secuestrados de ojos vendados, conocido puertas adentro como “Capuchita”.

La periodista Lila Pastoriza, que compartió el cautiverio con él, ha recordado su llegada a la ESMA: “Uno de los guardias con más tiempo en ese sitio trae a un prisionero ‘nuevo’, le descubre la cabeza y comenta a otro: ‘Mirá a lo que nos dedicamos ahora… 14 años tiene’”.

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Adelantemos la cinta 22 años: ahora es 1999. La dictadura acabó, fue juzgada y luego indultada. Se estima que por la ESMA pasaron unos 5.000 desaparecidos; sólo unos 600 sobrevivieron. Un jefe de la Escuela de Mecánica, Jorge “Tigre” Acosta, es uno de los pocos militares detenidos: está en la cárcel por el asunto de los bebés apropiados. La mayoría de sus camaradas acusados andan en libertad.

En ese contexto, el gobierno y los organismos de derechos humanos abren un espacio en homenaje a las víctimas, el Parque de la Memoria, y llaman a un concurso de esculturas. Unos 900 artistas responden. Claudia Fontes, por entonces una creadora en ascenso y no la afamada escultora actual, es una de las ganadoras.

Su proyecto: situar la escultura de un desaparecido en el medio del río y de espaldas a la costa, y fabricarla con un material que se camufle con el contexto.

Claudia Fontes en el Parque de la Memoria, en el pasado abril. Foto: JS
Claudia Fontes, en mayo, en Buenos Aires. Foto: JS

“Entonces surgieron los problemas que había que resolver, que en el arte son las cosas más interesantes”, dice ella ahora. “El primero fue encontrar un lugar donde posicionarme: ¿De qué le sirve a este tema que yo aporte mis capacidades artísticas? Como artista visual, no me interesaba sólo la desaparición de Pablo Míguez, sino también la de su imagen”.

De ese adolescente sólo quedaban unas pocas fotografías y por eso Fontes pensó que la reconstrucción tenía que ser colectiva: con el aporte de otros. Se basó en testimonios y, para diseñar un rostro, fue ayudada por un científico computacional checo que logró trazar un modelo a partir de esas breves imágenes.

Foto: Graciela Díaz

Foto: Graciela Díaz

“Me parecía que había que señalizar ese espacio tan importante en este tema: el río”, sigue Fontes. La memoria colectiva es un animal extraño y ella lo sabe. “Es plural, no es única: hay muchas memorias”, dice.

Su Pablo Míguez, en realidad, es una metáfora: somos capaces de ver o no según un contexto del que somos parte y donde tenemos un poder de percepción. Por eso ésta escultura aparece y desaparece de acuerdo a la luz y al movimiento del río.

“El material de la escultura no es acero inoxidable”, dice Fontes para concluir, “sino reflejos del agua del Río de la Plata sobre acero inoxidable”.

Salud | 25 de mayo

Donación de Órganos: la Ley Justina debe ser aprobada cuanto antes

ACTUALIZACIÓN: El 30 de mayo de 2018, la Ley Justina fue aprobada por unanimidad en el Senado. El proyecto pasó a Diputados para ser tratado en los próximos meses.

Ezequiel Locane está trabajando duro en estos días. El padre de Justina, la niña que el año pasado movilizó una campaña por la donación de órganos que resultó en un pico de nuevos registros, busca ahora que la donación sea obligatoria.

Para eso, planteó la “Ley Justina”: una modificación a la Ley Nacional 24.193 de Donación de Órganos (que el senador radical Juan Carlos Marino presentó como proyecto). Locane espera que este miércoles 30 de mayo, Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos, la Ley Justina sea tratada y aprobada en el Senado, donde 60 legisladores, de un total de 72, ya dieron su apoyo al asunto.

“Necesitamos que debatan este proyecto porque simplificará y mejorará el proceso de donación y trasplante”, dice Locane. Su hija, Justina, falleció en noviembre de 2017 porque el corazón que necesitaba nunca llegó. En la semana posterior se registraron como donantes 48 mil personas: más que en todo 2016.

Justina Locane 3

-¿De qué se trata la Ley Justina?
-La Ley Justina busca sacarle la presión a los familiares de las personas que fallecen y también sacarle presión a la sociedad, porque hoy los individuos tienen que figurar en un registro si quieren donar. Sabiendo que la sociedad argentina es solidaria, nosotros queremos plantear que esto funcione al revés de como lo hace hoy, porque si hoy alguien quiere ser donante hay que verificar muchas cosas en su trámite.

-¿Qué plantea la Ley Justina en ese sentido?
-Nosotros planteamos que sea al revés: seamos todos donantes salvo que planteemos lo contrario. Y si no querés donar, te registrás como no donante. Hoy existe el “donante presunto”. Es decir, sólo en el caso de que la persona esté registrado como donante en el INCUCAI se evita preguntarle a sus familiares. Si cualquiera que no está registrado se muere, se le pregunta a un familiar si se donan los órganos o no. Y ocurre que ese familiar está pasando por un momento tremendo y doloroso; y que el profesional de la salud tiene que preguntar cosas para las que quizás no está preparado porque no tiene la forma, la calidez, el timing, la delicadeza o el mensaje. Si en todo eso no está entrenado o capacitado, peor aún. La ley del donante presunto actual, que es la ley vigente, se complica en todo eso.

-¿Cómo es el proceso de donación hoy y cómo podría ser si se modifica?
-El proceso está liderado por un médico, el “procurador”, que es quien se acerca hasta el lugar donde falleció una persona y verifica si efectivamente ha fallecido, qué órganos están en condiciones y para quién corresponden; y luego encargarse de que esos órganos lleguen al lugar indicado. Es un proceso complejo. Además, la cantidad de procuradores en Argentina no es suficiente: para toda la provincia de Buenos Aires, en 2017, había sólo 7. Nosotros pedimos que haya más recursos para que haya más procuradores y que los médicos y los enfermeros tengan más información sobre la donación y participen más en el proceso. En Argentina, hay un promedio de sólo 4 procuradores por provincia.

-¿Por qué, si en Argentina fallecen 840 personas por día, hay problemas en la donación?
-Entre 11.000 y 12.000 personas necesitan un trasplante en Argentina. Entre el 25 y el 35% fallece porque el órgano no llega a tiempo. Otros porcentajes de fallecimientos corresponden a otras causas. En total, cada año se salva menos del 10% de la gente que necesita trasplantes.

-¿Qué pasará con la Ley Justina si los senadores la aprueban el 30 de mayo?
-Hay 60 senadores nacionales, de un total de 72, que ya firmaron el expediente de modificación a la ley, lo que significa un compromiso. Buscamos que el 30 de mayo se trate el tema y se apruebe. Luego pasaría a los diputados y tendría que ser aprobado por mayoría simple. Este año, debería estar aprobado sí o sí. Luego empezaría un ciclo de capacitación de los profesionales de la salud y además habría que seguir acompañando a los familiares de los pacientes e ir a los colegios a hablar. La ley no es lo único que va a generar que el país sea un líder en donación, sino el compromiso de la gente. Eso es lo más importante.

-Si alguien tiene dudas o quiere saber más sobre la Ley Justina, ¿dónde puede informarse?
-Nos escribe en Facebook a Multiplicatex7 y nosotros le respondemos por mensaje directo.

Justina con su padre, Ezequiel Locane.
Tecnología | 24 de mayo

Una app salteña golpea a la violencia de género

Eran las tres de la madrugada cuando un ruido casi insoportable despertó a Fernando Zerega. Acababa de dormirse hacía unos minutos: después de una larga jornada laboral se había duchado, había enchufado su Samsung Galaxy J7 y se había ido a la cama. En el medio de la noche salteña no vuela ni una mosca, pero ahora la alarma de la app Ángela Te Protege sonaba realmente estrepitosa. Una mujer en algún lugar de la ciudad había pulsado en su teléfono el botón de alarma de la aplicación: estaba en problemas, quizás incluso en peligro de muerte.

Para esto, exactamente, fue programada Ángela Te Protege: para dar a las mujeres en apuros una forma rápida y sencilla de pedir auxilio. Todo lo que la usuaria tiene que hacer es presionar el botón de pánico en la aplicación y así el teléfono móvil envía un SOS a una lista de contactos seleccionados, incluyendo las geolocalización.

Esa noche, Zerega tomó su teléfono inteligente y vio que el grito de ayuda venía de una amiga que vivía apenas a siete cuadras de su departamento. Zerega saltó de su cama, se vistió y salió corriendo.

Cuando llegó, el hermano de su amiga, que también había recibido la señal de ayuda, también apareció. Los dos hombres sabían que el matrimonio de esa mujer estaba en una crisis seria y entraron por una puerta lateral justo para sorprender al marido gritando, mientras la hija lloraba.

El hombre estaba completamente fuera de sí, pero en un instante se quedó en silencio. No entendía de dónde ni por qué habían venido estos dos aliados de su esposa; no tenía ni idea de la app y no sabía que ella había presionado en secreto el botón de pánico de Ángela Te Protege varias veces durante la discusión.

“Ese único hecho ya hizo que todo haya valido la pena”, dice Fernando Zerega. Han pasado cinco meses: es un jueves por la tarde de febrero de 2018 y él se sienta en el mostrador de su bar Zeppelin en Salta, todavía no hay clientes.

Aquí es donde todo empezó, entre aguardiente y vasos de cerveza. Una comensal que acababa de volver de Londres le contó acerca de un pub donde se preocupaban particularmente por la seguridad de las mujeres. Si una clienta tenía problemas con un hombre, ella podía acercarse a la barra y preguntar por “Ángela”. Con esa palabra clave, los camareros la ayudarían: pedirían un taxi para ella y echarían del pub al acusado.

A Zerega le gustó la idea y la adaptó a Zeppelin. Puso un letrero en el baño de mujeres donde se leía (y todavía se lee): “¿Tienes una cita que no funciona? ¿Estás en una situación que no te gusta? Pregunta por Ángela en el bar. Nuestro personal sabrá que estás en problemas, y pueden ayudarte”.

Un cartel con instrucciones para mujeres en peligro, en el bar de Fernando Zerega.

Un cartel con instrucciones para mujeres en peligro, en el bar de Fernando Zerega.

Salta es una de las provincias más pobres, pero también una de las más bellas. Se extiende desde los Andes hasta los bosques de quebracho, las empanadas salteñas son conocidas en todo el país y el Tren a las Nubes sube a 4.200 metros de altitud. Pero toda esta hermosa fachada también tiene un lado opaco: en ninguna parte del país hay más mujeres violadas que en Salta, y las estadísticas de la capital provincial muestran 18,5 casos por cada 100.000 habitantes, más del doble que el promedio nacional. El año pasado las autoridades registraron más de 500 casos de violencia doméstica contra mujeres, más de 1,5 por día.

En 2011, Cassandre Bouvier y Houria Moumni, dos jóvenes turistas francesas, fueron violadas y asesinadas en Salta. El caso fue cerrado rápidamente por la policía, pero el padre de Bouvier siguió regresando a Salta para continuar con una investigación y atraer la atención pública necesaria.

Tres años después de ese doble homicidio, en septiembre de 2014, el gobernador Juan Manuel Urtubey, decretó la Emergencia Pública en Materia Social por Violencia de Género. La gota que rebasó el vaso fueron los homicidios de una adolescente en el pueblito de frontera (su cadáver apareció del lado boliviano) y de una chica a manos de su ex pareja.

Habían sido doce femicidios en menos de nueve meses, y la Emergencia de Violencia de Género creaba juzgados de Violencia Familiar y de Género, y hogares de protección para las víctimas, a las que además se les entregaban botones antipánico.

El psicólogo social Mario Verde, de la Universidad Católica de Salta, explica el comportamiento anti-mujer de sus conciudadanos: “La cultura del gaucho marca el estilo de Salta”, dice.

Sigue: “El gaucho era respetuoso, caballero, gentil, rústico, leal, cristiano. Pero en el carnaval, que era tiempo de desenfreno, se emborrachaba. Ante la infidelidad de una mujer, el gaucho la castigaba. Ante la infidelidad de un gaucho, la mujer no podía más que quejarse porque él era el sostén del hogar”.

“Así fue durante todo el siglo XX, pero con las crisis económicas de los años 90 y de 2001, esto cambió”, continúa Verde. “El 80% de las fábricas salteñas fundieron. El hombre quedó desempleado y la mujer tuvo que salir a buscar trabajo. El hombre perdió toda su autoridad y se convirtió en un resentido. Se rindió, se abandonó al alcohol y a las drogas: la crisis impactó dentro del hogar. Así fue que aumentaron los femicidios. Y algo más: de diez femicidios, tres terminan con el suicidio del hombre. Es la frustración total”.

Houria Moumni y Cassandre Bouvier, asesinadas en Salta en 2011.

Houria Moumni y Cassandre Bouvier, asesinadas en Salta en 2011.

Zerega recuerda cuando sus hermanas eran adolescentes. “Salta era tranquila. Pero la delincuencia y la agresión han ido en aumento durante diez o quince años”, dice, en el mostrador del Zeppelin.

Él se ha convertido en un empresario de 40 años que siempre tiene varios proyectos en marcha al mismo tiempo. Después de estudiar Medicina, hizo un posgrado en gerenciamiento de hospitales, y también un curso de coaching y otro de programación neurolingüística. Trabajó en el área de distribución de una marca de cerveza y en el de una compañía de agua mineral. A los 32 años ya era gerente y, como le gustaban la noche y la diversión, tenía el bar Zeppelin y una pizzería. Cuando sufrió un ACV y se recuperó, cambió de vida.

Durante una conversación con una amiga que trabajaba en la industria informática, se dio cuenta de que la idea de Ángela no debía quedarse en un letrero del baño de mujeres. “Me di cuenta de que no hay nadie en Salta que no tenga un teléfono celular”, dice. “Argentina tiene algo menos de 44 millones de habitantes, y el mismo número de teléfonos. Así que tenía sentido usar estos dispositivos para combatir la violencia contra las mujeres”.

Fernando Zerega, creador de "Ángela Te Protege".

Fernando Zerega, creador de “Ángela Te Protege”.

A principios de 2017, cuando Zerega estaba desarrollando su aplicación, otro asesinato de una joven sacudió al país. Su nombre era Micaela García; tenía 21 años. Una noche, al salir de una discoteca, fue secuestrada, violada y estrangulada por un hombre, y durante el asesinato, su teléfono estuvo encendido todo el tiempo.

“Me sorprendió cuando me enteré”, dice Zerega, “porque mi app, que podría haberla ayudado, todavía no estaba lista”.

El multitudinario colectivo #NiUnaMenos ya había lanzado su app y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires estaba diseñando la suya.

Mientras tanto, Zerega trabajaba a toda hora con dos programadores en las mesas solitarias de su bar, que permanecía cerrado de día: el principal problema era diseñar un botón de pánico que pudiera ser activado discretamente por la usuaria. Pero Zerega y sus colegas resolvieron el problema, y en el primer año de funcionamiento Ángela Te Protege ya tiene 45.000 usuarios registrados y, en promedio, cinco activaciones del botón de pánico cada fin de semana.

Aunque por ahora la app sólo funciona para Android, su segunda versión –prevista para el mes junio– incluirá versión iOS. Además del Botón Antipánico, la app tiene una función llamada “Vuelta a Casa Segura”, que muestra en tiempo real –a través del GPS– el camino que la persona que tiene el teléfono está haciendo, por ejemplo a la salida de una discoteca.

Un simulacro de activación de botón antipánico: "Ángela Te Protege".

Un simulacro de activación de botón antipánico: “Ángela Te Protege”.

Pero las feministas no se entusiasmarían demasiado con Ángela te protege. Florencia Alcaraz, vocera del colectivo #NiUnaMenos, no la bajó a su celular. “Las nuevas tecnologías son una herramienta útil”, dice, “pero hay que pensarlas en función de su accesibilidad y no pueden ser una única respuesta como política pública”.

Victoria Valenti, de la Fundación Lapacho, que trabaja con víctimas y agresores en Salta, tampoco la probó, aunque conoció la historia yendo al Zeppelin. “Esta app es una idea muy innovadora y acá todo el mundo la conoce”, dice. Ni siquiera María Laura Postiglione, la presidenta del Observatorio de Violencia contra las Mujeres de Salta, examinó la app. “No tuve la oportunidad…”, dice. “No sé ni siquiera si está funcionando. ¿Está funcionando?”.

Angela Te Protege_ 1

Zerega conduce su Volkswagen Vento por las tranquilas calles de Saltas. Más allá, se puede ver el entorno montañoso. Checkea su teléfono móvil en cada semáforo: Google Trends, News, Bitcoins. Zerega no es un militante ni un referente de la lucha contra la violencia de género, sino un emprendedor que ahora usa un iPhone 7 Plus y que cambia el celular dos veces por año.

Por eso, en este viaje en auto puede pasarse todo el tiempo hablando sobre su paleta de productos, en la que también hay una app de servicios para niños que sufren de parálisis infantil, un juego que se llama Desafiados y algunos sitios web para hoteles y agencias rent-a-car. Sólo cuando detiene el motor, cuando hay silencio, muestra su mejor carta: el hombre que equipó a las mujeres con un ángel de la guarda digital, quiere lanzar su propia versión de Tinder. Una aplicación que facilite, por fin, el acercamiento entre hombres y mujeres.

* * *

[Esta nota fue publicada en el número 40 de la revista REPORTAGEN, de Suiza, en abril de 2018]
Portada de la revista Reportagen, de Suiza, en su número 40.
Sustentabilidad | 10 de mayo

Crédito: www.flickr.com/gargoris

Todavía estamos a tiempo de salvar a las abejas con estas ideas

La muerte de 72 millones de abejas en Córdoba, a principios de marzo, se convirtió en un nuevo episodio de una crisis pronunciada en la apicultura argentina y mundial.

Los números de colmenas y apicultores decrecen velozmente: según el Ministerio de Agroindustria de la Nación, en Argentina había 3.265.000 colmenas en el año 2010 y hay 1.828.203 en 2018: una caída del 44%. En Estados Unidos se calcula que la cantidad de colmenas comerciales ha descendido a la mitad en los últimos 75 años, al tiempo que los cultivos que requieren de polinización han aumentado en un 300%.

Pero la buena noticia es que todavía estamos a tiempo de salvar a las abejas.

Las abejas necesitan diversidad de hábitat. Crédito: www.flickr.com/photos/intacrban/

Las abejas necesitan diversidad de hábitat. Crédito: www.flickr.com/photos/intacrban/

La crisis se debe a varios factores, entre los cuales están el uso masivo de agroquímicos, el monocultivo, la aridización de las tierras y el cambio climático.

La función más valiosa de las abejas en la naturaleza es la polinización, con la que transfieren polen entre las plantas y posibilitan su reproducción. El 85% de las plantas con flores cultivadas en el planeta dependen de los polinizadores como las abejas.

En otras palabras, la crisis de estos insectos es también una crisis en la biodiversidad que repercute en la calidad y en la cantidad del alimento de la población humana

La solución, como la crisis, se da en conjunto.

“Primero, hay que implementar prácticas agrícolas amigables”, dice Lucas Garibaldi, presidente de la Comisión Científica de Polinización y Flora Apícola de la Federación Internacional de Asociaciones de Apicultores. “Por ejemplo, mantener la diversidad de hábitat, que es opuesta al monocultivo. O hacer rotaciones de cultivos y preservar el hábitat natural y seminatural”.

Garibaldi, que investiga en la Universidad de Río Negro y que lideró un trabajo que en 2014 fue destacado por la revista científica francesa La Recherche como “el descubrimiento del año”, dice que en cada hábitat también es importante que haya diversidad de especies. “Y por supuesto, hay que reducir el uso de agroquímicos cuando los polinizadores están activos; por ejemplo, en el momento de la floración del cultivo”.

Especialistas coinciden en la falta de leyes. Crédito: www.flickr.com/151300191@N05/

Especialistas coinciden en la falta de leyes. Crédito: www.flickr.com/151300191@N05/

Los productores están entre los principales afectados. “Lo que nos queda es hacer que las abejas se acostumbren a estas condiciones adversas y para eso tenemos que hacer una selección genética en nuestras colmenas con abejas reinas”, dice Ángel Dovico, el secretario de la Federación de Cooperativas de Apicultores (FECOAPI), asentado con sus 400 colmenas en las islas entrerrianas del Ibicuy. “Pero además tenemos que salir de la zona de fumigación y hacer asociaciones de productores para bajar los costos comprando insumos entre todos”.

“Faltan políticas públicas sobre las formas de producción agrícola para lograr un equilibrio sustentable que permita la producción de alimentos sin destruir y devastar el ambiente”, dice Grecia de Groot, una bióloga del Laboratorio Ecotono-INIBIOMA, especializada en tendencias en la apicultura de la Argentina.

Sigue: “Se requieren también políticas de incentivo al sector apícola. El 95% de la exportación de miel se realiza a granel; es decir, sin agregado de valor y a un precio muy bajo en comparación al valor de las mieles exportadas envasadas en origen”.

Un apicultor examina una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba.

Un apicultor examina una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba.

Entre los especialistas es absoluta la coincidencia: necesitamos más legislación.

En Argentina no hay una ley nacional que regule el uso de agroquímicos aunque el tema está en discusión. El proyecto de ley del senador Pino Solanas es uno de los más conocidos. Sólo algunas provincias tienen leyes locales sobre los agroquímicos, con protocolos para su uso. Córdoba es una de ellas.

“Pero su ley no establece restricciones para el uso de algunos agroquímicos en zonas pobladas”, dice el abogado ambientalista Darío Ávila, de Córdoba. “Todas las normas locales del país responden a una misma matriz productiva y promueven el modelo de uso de agroquímicos. Ninguna tiene una mirada ambiental ni sanitaria”.

Al contrario, la Unión Europea acaba de ordenar que los neonicotinoides (algunos de los agroquímicos más nocivos para las abejas) deben ser retirados de los campos.

Un gabinete de jardín para abejas en Dublín. Crédito: www.flickr.com/infomatique

Un gabinete de jardín para abejas en Dublín. Crédito: www.flickr.com/infomatique

Pero aparte de los legisladores, cada uno de nosotros también puede hacer algo. La entomóloga Marla Spivak, que dirige el Bee Lab de la Universidad de Minnesota y dio una charla TED sobre la crisis de las abejas, propone crear jardines residenciales aptos para estos insectos.

“Es tan fácil como ir al vivero y ver qué plantas sirven”, explica en su charla. Otra de sus ideas es sembrar plantas a los costados de las rutas para multiplicar las abejas silvestres.

Y, por otro lado, tres argentinos fundaron una start-up para maximizar la producción agrícola a través de la polinización de abejas. Su proyecto se llama Beeflow, tiene un fuerte componente científico y sirve como intermediario entre apicultores y agricultores durante la floración de los cultivos.

Comenzaron con una inversión de 200.000 dólares y como caso testigo lograron incrementar en un 90% una cosecha de kiwis cerca de Mar del Plata. El año pasado fueron seleccionados para ir a San Francisco, al lab de IndieBio, la aceleradora especializada en biotecnología más grande del mundo.

“Muchas de estas prácticas no son raras”, dice el científico Lucas Garibaldi. “Están siendo implementadas en algunos lugares de Europa. Pero en Argentina todavía tenemos un largo camino por recorrer”.

Sustentabilidad | 9 de mayo

Un apicultor examina una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba.

Las abejas argentinas están en peligro (y nadie hace nada)

“En el campo se ven colmenares abandonados todos los días”, dice Roberto Imberti, uno de los dirigentes de la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA). “La apicultura argentina está en crisis y los costos de la actividad, que son altos, no pueden ser sustentados por los pequeños productores, que tienen menos de 200 colmenas y representan alrededor del 80% de los apicultores”.

El caso de la muerte de 72 millones de abejas en Córdoba, hace dos meses, es un episodio extremos de esta crisis.

El problema no es sólo argentino. Es mundial. En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que la cantidad de colmenas comerciales ha descendido a la mitad en los últimos 75 años, al tiempo que los cultivos que requieren de polinización han aumentado en un 300 por ciento.

“La crisis es multifactorial y hay muchas cosas que se suman, pero lo más conocido es el uso indiscriminado de pesticidas”, dice Arturo Lonighi, un ecólogo terrestre que investiga en la universidad inglesa de Exeter.

El glifosato, el agroquímico más usado en Argentina, mata la flora. Al mismo tiempo, los neonicotinoides, que se usan en el cultivo de maíz, intoxican a las abejas, provocándoles una pérdida en su orientación que impide que vuelvan a la colmena. Eso, multiplicado por miles de abejas, ha sido estudiado y tiene un nombre: colapso de colonias. Y una consecuencia: el vaciamiento de las colmenas.

El ecólogo Lonighi señala que el monocultivo también es parte del asunto: “limita la biodiversidad y evita que las abejas silvestres consigan sitios para nidificar”. Por otro lado, el cambio climático “crea un desfase entre el período de floración de las plantas y el período de vuelo de las abejas. A esto se suma que algunas abejas están adaptadas a ambientes más fríos, y con el cambio de temperatura comienzan a competir con las otras por el alimento”.

Una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba. / Fotos: Javier Sinay

Una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba. / Fotos: Javier Sinay

Según el director del área de Producciones sostenibles del Ministerio de Agroindustria de la Nación, Nicolás Lucas, “el problema se debe, a escala global, a la falta de hábitat más que a la transgénesis o a los agroquímicos”.

Bayer y Syngenta son los laboratorios que producen algunos de los agentes en discusión. “El principio básico de la toxicología y de la evaluación de riesgos es que la dosis hace al veneno”, dijo el jefe de investigación sobre abejas de Bayer CropScience, David Fischer, en una entrevista. Según Jay Overmyer, un ejecutivo del área de Evaluación de Riesgos Ecológicos de Syngenta: “Hay muchos factores de estrés en las abejas y todos deben ser tomados en consideración”.

Sin embargo, la Unión Europea acaba de acordar que los neonicotinoides deben ser retirados de los campos.

“Por los agrotóxicos nos tenemos que ir cada vez más lejos con nuestras colmenas y eso hace que los gastos de combustible sean cada vez mayores”, dice Ángel Dovico, de la Federación de Cooperativas Apícolas (FECOAPI), una organización que reúne a 250 productores en todo el país. Él mismo dejó Luján y se fue a las islas del Ibicuy.

Un apicultor examina una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba.

Un apicultor examina una colmena vacía en la que solía haber 60.000 o 70.000 abejas, en La Paz, Córdoba.

En Argentina las cifras muestran una crisis pronunciada: según el Registro Nacional de Productores Apícolas (RENAPA), todas las provincias, salvo La Pampa, tienen hoy menos apicultores que en 2015.

El decrecimiento es drástico en las que históricamente han tenido mayor producción: Córdoba cayó un 60%; Santa Fe, un 58%; Buenos Aires, un 56%; y Entre Ríos, un 31%. Otras provincias también sufrieron: Misiones cayó un 92%; Santiago del Estero, un 77%.

Caída de apicultores entre 2015 y 2018:

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Así y todo, Argentina se mantiene como uno de los grandes exportadores de miel del mundo y en las últimas temporadas ha producido entre 60.000 y 70.000 toneladas por año. Pero en 2004 eran 90.000.

El 20% de la producción se destina al consumo interno (con sólo un cuarto de esa porción en los supermercados y el resto en ferias y dietéticas). El 80% se exporta en tambores de 300 kilos, de los cuales al productor se les paga unos 2 dólares por cada kilo. Como la sociedad de las abejas, el negocio de la miel también está estratificado: el productor es el eslabón más débil de la cadena y el que más gana es el intermediario, que se llama “acopiador”.

La crisis de las abejas tiene consecuencias impensables. Si no hay abejas, muchos frutos no se polinizan, la biodiversidad desmejora y el alimento para la población humana decae. El durazno en Río Negro y en Cuyo, el palto en el norte, el almendro en Cuyo, los cerezos en la Patagonia, el ciruelo y el kiwi en La Pampa, los cítricos, las manzanas y las peras: todos estos frutos necesitan la polinización de las abejas. Por eso en 2017 la Sociedad Geográfica Real de Londres declaró que las abejas son la especie más valiosa del planeta.

Un depósito lleno de colmenares y cajones: una muestra de la apicultura en recesión. Es propiedad de de Alfredo Montenegro, un productor afectado por la mortandad de abejas en La Paz, Córdoba.

Un depósito lleno de colmenares y cajones: una muestra de la apicultura en recesión. Es propiedad de de Alfredo Montenegro, un productor afectado por la mortandad de abejas en La Paz, Córdoba.

“Son insectos muy sensibles”, dice Matías Muñoz, un técnico de la Subsecretaría de Agricultura Familiar (del Ministerio de Agroindustria de la Nación) que actuó levantando muestras en el caso de las 72 millones de abejas muertas en Córdoba. Él mismo es apicultor y trabaja con cooperativas. “Las abejas son bioindicadores”, dice, “su grado de pecoreo (recolección de néctar de las flores), de uso del ambiente, y los millones de años de evolución que tienen con las plantas las hacen muy adaptadas a su nicho ecológico. No podemos permitir que la crisis empeore”.

Sustentabilidad | 8 de mayo

¿Qué mató a 72 millones de abejas en Córdoba?

El 2 de marzo de este año, el apicultor Alfredo Montenegro, que es un hombre grueso como un tronco de roble, descubrió que casi todas sus abejas estaban muertas.

–Yo había andado por el campo el día sábado –dice.– Llevamos material para hacer limpieza. Después, el lunes, fuimos a uno de nuestros apiarios a hacer los núcleos para las abejas y a la tarde fuimos a buscar un cuadro con larvas para hacer la crianza de las reinas madres. Y ahí me encontré con el desastre…

Montenegro se queda en silencio. Tiene 62 años y vive en Loma Bola, un pueblito en la paradisíaca región cordobesa del Valle de Traslasierra. Montenegro habla en la cocina de su casa; su esposa lo escucha con una expresión entristecida mientras un pollo recién carneado se guisa en un horno a leña.

–Todas las colmenas tenían parvas de abejas muertas –sigue él.– Primero pensé que había habido pillaje de una colmena a otra, pero después vi que era lo mismo en todas. Recorrí todo el lugar y se me cruzó que alguien me habría puesto veneno… Hasta que me llamó otro apicultor y me dijo que había tenido el mismo problema. Le dije que yo también. Y fuimos a buscar a los demás productores y descubrimos que todos habíamos sufrido un desastre en nuestras colmenas.

Alfredo Montenegro es uno de los siete productores cordobeses afectados. / Fotos: Javier Sinay

Alfredo Montenegro es uno de los siete productores cordobeses afectados. / Fotos: Javier Sinay

El 2 de marzo, más de 1.000 colmenas de siete apicultores independientes, con 70.000 abejas en cada una, fueron afectadas por una fumigación [Nota: tres meses más tarde, análisis oficiales confirmaron esto. Ver más información al pie de este artículo] que se habría hecho en un campo situado en el kilómetro 940 de la ruta nacional 148, cerca del cruce con el camino a la localidad de La Paz. Murieron 72 millones de abejas.

El número es un cálculo de los apicultores, que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) no discutió cuando levantó muestras para investigar las causas.

No ha quedado claro qué pasó: una hipótesis es que se trató de una fumigación terrestre en esa parcela, que es propiedad de una sociedad anónima y que no presentó su versión del hecho. Otra hipótesis es que un avión descargó residuos de agroquímicos, para descartarlos.

Los apicultores perdieron toda la cosecha de miel, ya que la que se encontraba en las colmenas no estaba lista para ser recolectada.

Viajamos hasta ahí y estuvimos dos días con ellos. Conocimos sus apiarios y sus hogares. Convivimos con ellos y nos contaron sus problemas.

La zona que está poco poblada: apenas hay algunos productores agropecuarios que se mueven en viejas pick-ups F-100 ante el paisaje majestuoso de las sierras. Es un sitio que nunca había llamado la atención de nadie hasta ese día en el que murieron millones de abejas y el daño, por inusual y gigantesco, impactó en todos los medios nacionales.

–Alfredo volvió del campo en un estado depresivo total –dice su esposa, María Cardozo.– Estaba amargado por la pérdida del trabajo de toda una vida.

Montenegro es el mayor afectado entre los siete productores: perdió 300 colmenas. Otros perdieron 150. O 70. O 50. En total, se trata del 60 por ciento de la producción local. El veneno se irradió en un área de 30 kilómetros cuadrados y mató a muchas abejas y también a una cantidad desconocida de hormigas.

–Toda mi vida trabajé con las abejas, sí –sigue él.– En 1977 mi padre se ganó la lotería de Santa Fe e invirtió mucho: compró colmenares, maquinaria, materiales y un rastrojero. Y así fuimos trabajando… hasta ese día.

El episodio de La Paz es un caso extremo que se enmarca en una crisis que está afectando a las abejas –y a los apicultores– desde hace al menos 30 años a nivel global.

Varios factores se conjugan para que esto ocurra: el monocultivo y la siembra directa están reemplazando a la variedad de flores que las abejas necesitan para alimentarse; los campos se vuelven áridos y las abejas silvestres no tienen sitios para poder nidificar; los pesticidas (especialmente, el glisfosato y los neonicotinoides) intoxican a las abejas, acaban con su memoria, les provocan deformidades, las confunden o directamente las matan; el ácaro varroa y otros parásitos se vuelven cada vez más nocivos; el cambio climático trae un desfasaje entre el período de floración de las plantas y el período de vuelo de las abejas, desequilibra los ciclos internos de una colmena, que es como un superorganismo, y provoca la muerte de las larvas. Y lo peor: ni siquiera hay suficiente información sobre lo que está pasando con las 22.000 especies de abejas que existen en todo el mundo.

La crisis de las abejas tiene consecuencias impensables. Si no hay abejas, muchos frutos no se polinizan, la biodiversidad desmejora y el alimento para la población humana decae. El durazno en Río Negro y en Cuyo, el palto en el norte, el almendro en Cuyo, los cerezos en la Patagonia, el ciruelo y el kiwi en La Pampa, los cítricos, las manzanas y las peras: todos estos frutos necesitan la polinización de las abejas. Por eso en 2017 la Sociedad Geográfica Real de Londres declaró que las abejas son la especie más valiosa del planeta.

En Estados Unidos se calcula que la cantidad de colmenas comerciales ha descendido a la mitad en los últimos 75 años, al tiempo que los cultivos que requieren de polinización han aumentado en un 300 por ciento.

El apicultor Marcelo Sosa inspecciona una colmena en la que ya no hay abejas.

El apicultor Marcelo Sosa inspecciona una colmena en la que ya no hay abejas.

Bayer y Syngenta son los laboratorios que producen algunos de los agroquímicos en discusión. “El principio básico de la toxicología y de la evaluación de riesgos es que la dosis hace al veneno”, dijo el jefe de investigación sobre abejas de Bayer CropScience, David Fischer, en una entrevista. Según Jay Overmyer, un ejecutivo del área de Evaluación de Riesgos Ecológicos de Syngenta: “Hay muchos factores de estrés en las abejas y todos deben ser tomados en consideración”.

Mientras tanto, la Unión Europea acaba de acordar que los neonicotinoides deben ser retirados de los campos. En Argentina no hay estudios enfocados en los agroquímicos y las abejas, pero la cantidad de apicultores cayó de 33.781 a 9.227 en los últimos ocho años según el Registro Nacional de Productores Apícolas.

El ministro de Agroindustria de la Nación, Luis Miguel Etchevehere, se juntó con los productores en una reunión del Consejo Nacional Apícola en los primeros días de abril. Un representante de la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA) le indicó que el sector estaba en baja debido al uso de agrotóxicos y al modelo agroproductivo. “¿Qué piensan hacer? Habrá que encontrar la forma de convivir porque el modelo no va a cambiar”, dijo el ministro.

“Esa fue una reacción del momento, no un discurso”, dice ahora el titular de la Dirección de Producciones Sostenibles del Ministerio, Nicolás Lucas. “Lo que el ministro quiso decir es que hay que articular distintas formas productivas. La industria apícola es muy importante para la economía argentina”.

“Esto no es una pelea personal, pero este modelo nos hace perder abejas, producción y apicultores”, dice ahora Roberto Imberti, el hombre de SADA que hizo aquel comentario al ministro. “No pedimos que los agricultores no cultiven más, pero en el campo se ven colmenares abandonados todos los días. Necesitamos más controles”. ¿Cuál es el modo de convivir? “Un uso no tan indiscriminado de agroquímicos y la revisión de los protocolos de su aplicación”, dice Imberti.

En Córdoba, donde ocurrió el desastre de 72 millones de abejas muertas, en los últimos ocho años desapareció el 84 por ciento de los apicultores.

Leer sobre el acuerdo de la U.E. contra los neonicotinoides

Un video grabado por los apicultores cuando descubrieron la mortandad de sus abejas. / Crédito: Pablo García Olmos

La ambición del hombre y su marcha indetenible sería pintoresca en esta historia si no fuera porque llegará un momento en el que ya no habrá vuelta atrás. El problema es difícil de dimensionar: ¿Es comprensible un mundo sin abejas? Tomemos sólo el caso de la miel, que ha acompañado al hombre desde sus primeros pasos en el planeta. Casi no hay pueblo que no sepa de sus usos gastronómicos, energizantes, terapéuticos y conservantes.

Cuando Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto, les prometió llevarlos “a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel”. En La Odisea, Circe utiliza la miel como parte de un manjar que ofrece a los compañeros de Odiseo para engañarlos, un manjar con “queso y harina y miel verde y un vino generoso de Pramno”. Shakespeare advierte en Romeo y Julieta que “la excesiva dulcedumbre de la miel empalaga al labio”, Cervantes también hace referencias melíferas en Don Quijote y, además de un aficionado al tabaco, al boxeo y al violín, Sherlock Holmes era un apicultor.

Existen unas 320 variedades de miel que se distinguen según su origen floral. Algunas avispas hacen miel. Y también unas pocas hormigas.

En La Paz, Córdoba, la miel que producen los apicultores no es de un solo color ni de una única densidad, pero una de sus variedades, la que se puede probar un día caluroso a dos meses de la muerte de 72 millones de abejas, es sólida y clara, de un dulzor que no empalaga.

Tres apicultores sin abejas. De izquierda a derecha: Marcelo Sosa, Pablo García Olmos y Enrique Páez.

Tres apicultores sin abejas. De izquierda a derecha: Marcelo Sosa, Pablo García Olmos y Enrique Páez.

En el campo, frente a la parcela donde se habría echado el agroquímico que acabó con las abejas, tres apicultores toman mate sentados en cajones vacíos, en los que alguna vez hubo colmenas. Son hombres recios, de manos ásperas. De expresión amargada.

Una decena de abejas aún vuelan; miles han quedado en el suelo. Incluso dos meses más tarde, sus restos todavía no se han degradado por completo. De esas montañas de insectos inertes, funcionarios del SENASA levantaron puñados para analizar (y enviaron una parte al CEPROCOR, Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba), pero los resultados aún no han sido publicados. Aunque en Córdoba hay una ley de Agroquímicos que establece protocolos para fumigar, nadie apareció como responsable desde la parcela de enfrente.

–Hay que hablar con el ingeniero de ese campo. Pero viene cada tanto y no te va a dar ni cinco de bola… –dice Enrique Páez, que tiene sus colmenas en este sitio.– Nuestro problema es que no sabemos qué pasó. Si fumigan nos tienen que avisar para que saquemos las colmenas… Es lo único que podemos hacer.

–Y además acá hay gente, hay escuelas… –agrega Pablo García Olmos, otro de los productores.

–Yo tengo miedo de que esto quede en la nada –sigue Páez. Él perdió 70 colmenas.– Se va a ir apagando hasta que todos se olviden…

Marcelo Sosa, el tercero en la reunión, recuerda cuando en los campos había alfalfa, cardo, yuyo y vacas. Cuando la soja no era transgénica. Cuando había apicultores jóvenes. Cuando las abejas volaban en enjambres densos en las praderas. Cuando la miel era un negocio rentable.

–Si se quiere, hay una solución… Pero revertir todo este proceso va a ser difícil… –dice–. A nosotros nos va a llevar dos años recuperarnos.

La ronda de mate se termina, los tres se ponen de pie. Caminan un poco, dan una vuelta por las colmenas. Ninguno habla demasiado cuando marchan hacia la ruta. Páez se queda en la tranquera; Sosa y García Olmos se trepan de un salto a sus viejas F-100. Se despiden con una mirada o con una inclinación de sus viseras. Luego se pierden en el horizonte de las sierras.

ACTUALIZACIÓN: el 8 de junio de 2018, tres meses después de la muerte de las abejas, el SENASA confirmó que un pesticida fue la causa. Pero no se identificó el agroquímico ni quién lo aplicó.

Cultura | 19 de abril

Claudia Piñeiro: “Los que trabajamos con el lenguaje tenemos que limar palabras ásperas”

Claudia Piñeiro participó en el debate sobre la ley del aborto. Dio en el Congreso un discurso inteligente en el que miró a los legisladores antiabortistas, especialmente a los oficialistas, y los desafió: “Cuando dicen ‘Estoy de acuerdo con la vida’, están haciendo una operación del lenguaje para separar a la sociedad. Yo también estoy por la vida y defiendo la ley de interrupción voluntaria del embarazo”. La escritora se encargará de otro discurso: el que inaugure la Feria del Libro de Buenos Aires. Y advertirá que al aceptar la palabra “grieta” hemos creado un país bipolar y nos hemos condenado.

“¿Desde dónde vamos a hablar nosotros, los escritores, si no desde las palabras?”, dice ahora, sentada en el living de la casa de su pareja, el ex diputado radical Ricardo Gil Lavedra. La luz del mediodía lo ilumina todo; la vista sobre el Jardín Botánico es magnífica. “Yo no voy hablar desde las políticas públicas, pero puedo poner un alerta sobre determinadas cosas. Los que trabajamos con el lenguaje tenemos que intentar limar esas asperezas: las palabras nos están condicionando y desde que empezamos a decir que había una grieta, ésta se hizo real”.

La última novela de Piñeiro, Las maldiciones, es un apasionante thriller político en el que los personajes suelen utilizar el lenguaje como una herramienta de marketing o simplemente como un arma para mentir y controlar. “La política es un reflejo del estado de la sociedad, donde el problema las instituciones está muy presente”, dice Piñeiro, también autora de Las viudas de los jueves y Betibú. “Por eso en su narración aparecen mecanismos relacionados con el crimen y con lo delictivo; con la corrupción y las estafas”.

Las maldiciones es el primer thriller político de Claudia Piñeiro.”/>

Las maldiciones es el primer thriller político de Claudia Piñeiro.

 ¿Algún día cambiará esto o la política es una maldición argentina?
Siempre mantengo alguna esperanza. Quizás nos lleve años cambiar, pero si no tenemos la mirada puesta a futuro nunca lo lograremos. Las maldiciones propone que esto no se va a modificar en las próximas elecciones, pero quizás sí con las próximas generaciones. No lograremos evitar que en la política aparezca gente corrupta, pero podemos trabajar en estar alertas, con herramientas institucionales y educación, para no llegar a los extremos.

 En Las maldiciones hay mucho cálculo discursivo. ¿La política está planteada por los asesores de marketing como un cuento de buenos y malos?
Hoy sí: no podemos salir de la dicotomía entre el gobierno actual y el anterior. En estos últimos días, a propósito de mi participación a favor de una ley de interrupción voluntaria del embarazo, algunos me atacaron preguntándome: “¿Por qué no dijiste nada en los últimos doce años, cuando estaba Cristina [Fernández de Kirchner]?”. Y sí lo hice: lo dije en Elena sabe, en Tuya y en el cuento “Basura para las gallinas”. Además, hace muchísimos años que hablo de esto en mi literatura y en mi vida. Estamos dando un debate altísimo sobre un tema muy controvertido para la sociedad y reducirlo me parece de una miserabilidad absoluta. Peor es cuando eso está propiciado desde los mismos partidos políticos, que saben que ahí tienen una posibilidad de obtener votos. En cambio, la literatura se trata de los grises: nadie es bueno o malo en extremo. Todos somos grises. Y en definitiva, también la democracia es eso. La democracia es todo lo contrario a la grieta: es un espacio donde todos pensamos distinto y convivimos.

En su estudio de trabajo, Piñeiro tiene algunos de sus libros traducidos.

En su estudio de trabajo, Piñeiro tiene algunos de sus libros traducidos.

A propósito de la mentira política, Martín Caparrós escribió que las escuchas que se divulgaron de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y del ex secretario de Hacienda de la Generalidad de Cataluña Lluís Salvadó en España nos permiten conocer la verdadera cara de los funcionarios. ¿Qué opina?
No estoy de acuerdo. Una conversación privada no debería tomar estado público. Todos nosotros decimos en privado cosas que diríamos de otro modo si reflexionáramos. Las escuchas de todos nosotros serían iguales que las de ellos. Hay elementos de las escuchas privadas que no suman nada y me parece que hay otros que sí, pero que deberían ser revelados en una investigación judicial. No hace falta ir a ver si alguien le dijo “boludo” a otro; hay que educar a la gente para que entienda otras cuestiones más importantes.

 ¿Por qué una novelista elige salir del mundo de la ficción y tomar parte del debate social?
Son cosas que se imponen; una no las decide. Mis personajes están en la calle, alrededor mío, como si fueran mis amigos. Las mismas cosas que me afectan a mí, los afectan a ellos. Me resulta muy difícil abstraerme de la realidad. Creo que es algo que tiene que ver con los intereses de cada uno.

¿Cómo es el paso a paso para escribir sus novelas?
Parto de una imagen disparadora y la dejo bastante tiempo en la cabeza, hasta que se macera. Al principio es una imagen nada más, y no me queda muy claro nada… Es como un amasijo y cuando empiezo a tirar, encuentro lo que hay adentro: cuál es el conflicto, en qué mundo estamos. Recién ahí me pongo a escribir. En general, pienso que sé hacia dónde voy y cómo va a terminar lo que escribo, pero eso muchas veces es modificado porque el final que tenía previsto quizás no es el adecuado. Lo tengo todo mezclado en la cabeza y lo voy armando a medida que voy escribiendo.

 ¿En qué escribe?
Escribo en una MacBook Air. Siempre usé computadoras, también para mi trabajo como auditora. No uso libretas porque tengo una letra horrenda y me cuesta entenderme.

La MacBook Air de Piñeiro.

La MacBook Air de Piñeiro.

¿Edita mucho sus textos?
Sí, todo el tiempo. Como no es fácil hacerse tiempo para escribir, cuando trabajo en una novela voy avanzando y volviendo sobre lo escrito para mantener el tono y también para organizar bien la trama, especialmente en las novelas policiales. Cuando llego al final, imprimo y leo el primer borrador entero en el papel. Tengo amigas escritoras que me leen y también amigos que no son escritores, y además me leen mi hijo Tomás y Ricardo [Gil Lavedra], mi pareja. Todos van leyendo mientras escribo y aportan mucho desde miradas muy diferentes.

Le dedicó Las maldiciones a Gil Lavedra. ¿Él le aportó mucho material?
El motor de la novela tiene que ver con él. Una vez lo encontré viendo algo en la computadora, y estaba lagrimeando. Cuando me acerqué, me dijo que estaba mirando un video en el que [Raúl] Alfonsín cerraba la campaña en 1983, recitando el Preámbulo de memoria. Entonces me puse a pensar que había gente que añoraba la vieja forma de hacer política y el viejo discurso político. Como ya venía trabajando en la novela, agregué un personaje radical. Ricardo no me contó cosas específicas para Las maldiciones, pero es mi pareja y cuando vuelve del trabajo siempre hablamos. Entonces, sé naturalmente muchas cosas del revés de la trama política: traiciones, estafas, mentiras.

 ¿Cómo conoció a Gil Lavedra?
Fue hace seis años. Nos presentó su hijo, Nicolás, el director de Las grietas de Jara. Él es muy amigo de una amiga mía, la actriz Laura Novoa, y pensó con ella que debían presentarnos. Laura me preguntó si le podían dar mi teléfono a Ricardo. Yo jamás imaginé que ese señor, al que yo veía dando discursos en el Congreso, me iba a llamar. Pero lo hizo y me dijo: “¿Querés ir a cenar?”.

Claudia Piñeiro con Ricardo Gil Lavedra, a su izquierda. El otro señor es Hernán, el hermano de Claudia.

Claudia Piñeiro con Ricardo Gil Lavedra, a su izquierda. El otro señor es Hernán, el hermano de Claudia.

¿Cómo es la dinámica entre ustedes?
Ayer pensaba en esto, justamente. Yo estaba hablando con él de lo que quiero decir en la Feria del Libro y él me hablaba sobre su próxima exposición en el Congreso, que también es sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Yo pensaba: qué bueno es tener una pareja con la cual uno puede conversar en estos términos. A esta altura de la vida ya estamos grandes, y tener una empatía intelectual muy fuerte es importante. Nos gusta ir al teatro y leer. Ricardo lee muy rápido y yo le paso algunos libros que me gustan; el último fue República luminosa, de Andrés Barba.

 ¿Él había leído algo suyo antes de conocerla?
¡Todo! Tiene, incluso, un libro que escribí para adolescentes. “Lo vi en una librería y como era tuyo, me lo compré”, me dijo.

Mujeres | 17 de abril

Carla Vidiri

 

SERIES RED/ACCIÓN | 100 MUJERES

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Carla Vidiri

“Debajo de la ciudad hay otra ciudad que muy pocos conocemos”

Es la gerente operativa del equipo que examina mil kilómetros de alcantarillas y once arroyos subterráneos en Buenos Aires. Algo así como un ángel que nos cuida desde abajo para que la ciudad no se inunde.

 

Por Javier Sinay

18 de Abril de 2018






Todas las semanas, Carla Vidiri se pone un mameluco blanco –como el que usan los forenses en la escena del crimen–, un arnés, un par de botas con puntera de acero y un casco. Se cubre los ojos color miel con lentes de seguridad. Y baja a lo que todo el mundo conoce como alcantarillas, pero que ella prefiere llamar por su nombre técnico: “conductos” y “sumideros”.

Ahí abajo, mientras recorre túneles laberínticos en los que hay poco aire y poco ruido, examina los desagües y las corrientes: en la ciudad de Buenos Aires hay mil kilómetros de alcantarillas y once arroyos subterráneos, y muchas veces la realidad no se corresponde con los planos. Para Vidiri, que trabaja en la Dirección General de Sistema Pluvial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lo peor que puede pasar es que esos tubos se tapen y la ciudad se inunde. “Es un trabajo fascinante”, dice. “Debajo de la ciudad hay otra ciudad y muy pocos tenemos la suerte de conocerla”.

Todo esto empezó para ella en 2013. Un amigo le dijo que estaban buscando gente en el área y ella presentó su currículum. Nunca antes había estado en una alcantarilla, pero en un par de años llegó a ocupar la gerencia operativa de mantenimiento; en otras palabras, Vidiri ahora es como una mariscal de campo. “Y es una de las mejores del equipo”, dice el director del área, Lucas Llauradó. “Se mete en cualquier lado y a cualquier hora”.

Su plus es la condición de buzo profesional, de mujer aventurera y temeraria. La primera vez que buceó, cuando tenía 17 años y estaba de vacaciones en Punta das Canas –cerca de Florianópolis–, no podía imaginar qué tan profundo llegaría. “Ahora el buceo me sirve para tener el temple para meterme en un conducto cerrado, oscuro y húmedo”, dice. “Y para seguir una lógica de seguridad en el ingreso y en el egreso”.

En Punta das Canas vio colores, peces y corales. Cuando volvió a Buenos Aires, se anotó en una escuela de buceo y ahí conoció a un buzo que luego sería el padre de su hijo. Con los años, exploró los mares de las distintas latitudes, aprendió a hacer soldaduras subacuáticas y llegó a abrir su propia escuela de buceo: Oki Pi Oki.

Ahora las aguas turbias de las alcantarillas le fascinan tanto como las de los atolones. “Bajar a los conductos le gana diez a uno a quedarse en la oficina: me hace sentir productiva y operativa”, dice. “Cuando bajás, vas con una linterna y la vista tarda en adaptarse. Es como el buceo nocturno. Todos tienen que decidir cómo se van a mover y coincidir en la iluminación con las linternas. Eso implica un cambio en tu cabeza. Los sonidos también son distintos: la voz rebota y hay eco. No se escucha nada de arriba. Es otro mundo”.

En la Navidad del año pasado, que fue un día lluvioso, Vidiri estuvo en alerta roja y sin brindar, lo mismo que en su último cumpleaños. Si algún conducto se tapaba, ella estaba lista para actuar. No se arrepintió: “Necesito saber que el agua está ahí”, dice. “Sea el agua de Hawaii o la de un conducto”.

carlavidiri

Nombre: Carla Vidiri
Edad: 43 años
Profesión: Buzo
Sector en el que trabaja: Dirección General de Sistema Pluvial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Lugar de Nacimiento: Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Buenos Aires

1. ¿Cuál es tu motor interior? ¿Qué cosas te sacan energía?
Divertirme. Si no me divierto, no puedo salir de la cama. Siempre quiero estar haciendo algo nuevo y disruptivo. La mala energía de la gente me saca energía; la gente sin humor, envidia, los celos me tiran para atrás.

2. ¿Qué te hace feliz? ¿Cuál es el recuerdo más feliz que te viene a la memoria?
Mi hijo, João. Mi parámetro de felicidad pasa por él. Tiene 14 años. Recuerdo bucear con él en Cuba, el año pasado. A él le fascina y lo hace muy bien. Parece un lobito de mar.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir y qué hacés cuando te pasa eso?
Las injusticias me molestan mucho, en lo laboral, personal, económico. Prefiero no acordarme de cuándo fue la última vez que me pasó.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo? ¿Qué haría falta para que eso ocurriese?
Los buzos decimos que si todos pudieran meter la cabeza bajo el agua al menos una vez, cuidarían lo que tenemos de una manera increíble. Porque es tan lindo lo que tenemos… Le daría a la gente el don del no egoísmo y me gustaría que no hubiera hambre ni mezquindad.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande? ¿Quién te inspiraba?
Primero quise ser abogada, porque mi papá es abogado. Después quise ser médica porque me gusta arreglar las cosas. Por eso terminé trabajando como informática.

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Adriana Amado y Julián Gallo. Modera Chani Guyot.

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Tecnología | 16 de abril

Esclavos del celular: la obsesión de la que no nos queremos curar

Mijal Iastrebner y Sabrina Saladino son amigas. El jueves pasado, Mijal usó su iPhone 9 horas y 4 minutos. Sabrina usó el suyo 2 horas y 34 minutos. Mijal activó su teléfono 118 veces. Sabrina, 57. Mijal lo vio cada 6 minutos. Sabrina, cada 16. Las dos tienen 30 años. Mijal trabaja en una organización que investiga y apoya medios de comunicación independientes y Sabrina es diseñadora industrial.

“Mi celular nunca está apagado”, dice Mijal. “Lo uso para todo. Multitaskeo mucho. En días de oficina normales, respondo muchos mensajes. También juego mucho a un juego que no sé ni cómo se llama, pero en el que hay que cumplir misiones”. Su iPhone es su oficina cuando trabaja y su nexo con su marido cuando viaja. También para Sabrina el celular es un dispositivo activo, pero ella se pasa el día modelando en una computadora y trabajando en un taller, y por eso el tiempo que le dedica a su teléfono es casi la mitad de las 4 horas y 10 minutos que lo usamos en promedio. Mijal, en cambio, duplica esa medida.

La semana pasada hicimos un experimento con voluntarios reclutados en las redes sociales (bueno, en mis redes sociales). Queríamos saber cuán obsesionados estamos con el teléfono celular. ¿Lo usamos mucho? ¿Lo dejamos cuando queremos? ¿Lo miramos más que a cualquier otro objeto (¡o persona!)? ¿Le dedicamos más tiempo que a la almohada?

Así que lancé una botella al mar de mis redes y 40 personas (amigos, conocidos, anónimos y también algunos de mis compañeros del staff de RED/ACCIÓN) levantaron la mano y se sumaron al experimento. La mayoría fueron mujeres: 31; y sólo 9 varones. Las edades fueron entre 48 y 25 años. Tenían teléfonos iPhone, Motorola y Samsung; los usuarios de iOS instalamos la app Mute y los de Android, Checky. Medimos nuestros hábitos en dos días diferentes: la consigna fue usar menos el teléfono en la segunda jornada. Algunos participantes lo lograron; la mayoría no. Y no porque tuvieran una voluntad floja, sino porque pareciera que toda la vida ahora pasa por nuestros dispositivos.

Según nuestro experimento, la mayoría lo usa entre 2 y 3 horas por día. Luego estamos los que lo usamos entre 4 y 5 (mis datos: pasé de 5 horas y 17 minutos en el primer día a 4 horas y media en el segundo). Vienen después los que lo usan entre 3 y 4. Y entre 1 y 2. Y después, los demás: los que más lo usan me dijeron que no se imaginaban que pasarían tanto tiempo, cada día, mirando ese aparatito. Para rematar eso que me decían por chat, algunos usaron emojis culposos.

“Desde que una de mis hijas adolescentes se fue a estudiar a Londres, decidí ponerle un rastreador en el celular”, me dijo Natalia Moreno Casco, que trabaja en la administración de un colegio. En el primer día de este ensayo, Natalia activó su aparato 134 veces; en el segundo, 117 (¡ella sí logró bajar!). “Además, uso el teléfono para trabajar. Y también para ver la hora”. Como sea, hace poco Natalia se dio cuenta de que estaba utilizando demasiado el aparato. “Y ahora estamos empezando a tratar el asunto con mi psicólogo”, me dijo. Le pregunté si podía poner las palabras “adicción” u “obsesión” en la nota, justo aquí, en relación a ella. “¡Nada de eso!”, se espantó. “Es un tic, o es como el cigarrillo, me gusta fumar. Digo que quiero dejar el celular, pero lo digo de la boca para afuera”.

Entre los 40 voluntarios de este experimento hay tres tipos de usuarios: los que se la pasan viendo el teléfono, los que lo ven poco y los del medio. Miren esto:

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Hace poco, Sean Parker, creador de Napster y antiguo socio de Mark Zuckerberg en Facebook, confesó en una entrevista que las principales redes sociales, como Facebook e Instagram, buscan capturar la atención de los usuarios de un modo desaforado: “¿Cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo consciente?”, se preguntaron los programadores, según Parker. Otro arrepentido de las grandes ligas, Tristan Harris, ex diseñador ético de Google, fundó el Center for Humane Technology para denunciar la atropellada carrera en la que los colosos tecno pelean por su botín; es decir, por nosotros mismos, por nuestra atención, por nuestros pulgares, por los likes que ellos crearon y que nosotros no podemos dejar de poner a nuestros amigos.

Nuestra muestra dio un promedio 59 activaciones por día. La media de los que tienen un iPhone es justo 59. Pero los que usan Android, activan en promedio 70 veces por día.

Grafico_2

Una experiencia similar a ésta –realizada por dscout– llegó a un resultado de 2.617 toques diarios (donde un toque corresponde a cada vez que un dedo toca una pantalla). Los usuarios más enérgicos doblan la cifra con 5.427 toques diarios. Entre las cinco y las siete de la tarde, las pantallas arden.

Pero también están los que usan el teléfono como una herramienta.

Candelaria Domínguez Cossio, que tiene 25 años, lo activó 127 veces en nuestro primer día y 121 en el segundo. En su Samsung J5 hay mensajes de amigos, familiares, editores, compañeros de la carrera de Periodismo, otros de trabajo y hasta de un sindicato bancario en el que ella participa como delegada. “Si pudiera, volvería al Nokia 1100: mi vida sería mucho más fácil”, me dijo Candelaria.

Ella tuvo su primer celular a los 13 años. Yo a los 22. El mío era un Motorola Startac ya usado. Todavía recuerdo la sorpresa que sentí la primera vez que sonó. En esa época yo leía un par de libros por mes, iba al cine y hablaba por teléfono con mis amigos y con la chica que me gustaba. Ahora tengo un iPhone y, bueno, imagínense todo lo demás… sabiendo que lo activo 70 veces por día.

REDACCION | 14 de abril

Javier Sinay / Editor y cronista

Creo que el periodismo es un asunto humano. El desafío, en el medio de la vorágine cotidiana, es entender para qué uno es periodista –más allá de las gratificaciones personales– y qué va a darle uno, con su oficio periodístico, a la sociedad. Y si no a la sociedad, al menos al prójimo que toca en cada nota. Claro, también están el rigor, la curiosidad, la ética, el esfuerzo, el talento y la belleza estética de la escritura. Pero aquel primer desafío –el para qué– es el origen de todo.

Nací en la ciudad de Buenos Aires. Vengo de una familia en la que hay algunos periodistas, así que siempre tuve este oficio muy cerca. Lo primero para mí fue la lectura, la escritura y el gusto por la conversación. Después, las experiencias y el compromiso. Cubrí y escribí sobre la caída de una presidenta brasilera, unas Olimpíadas, la rutina de los menonitas en un pueblo argentino, varios asesinatos, una ceremonia chamánica en Siberia, el mejor show de Charly García, una boda en el Palacio Matrimonial de Ulaanbaatar, la llegada de los Rolling Stones a Cuba, la noche en la zona roja de Tokio y la vida alucinada y oscura de un antiguo jefe de la ESMA. El periodismo me ha dado la chance de conocer gente interesante, de entrar a lugares prohibidos y de vivir algunas aventuras; y con el paso de los años entendí que todo eso no estaría completo sin lo más importante: tomar la palabra pública, proponer una idea, participar de la discusión cultural, compartir lo que uno ve con el resto de la sociedad.

Si en una historia se juega una cuestión fuertemente humana con una resonancia global, tengan por seguro que me interesará.

REDACCION | 12 de abril

MONO, la revista desplegable de RED/ACCIÓN

Leer es un placer que no prescribe. Por eso RED/ACCIÓN presenta MONO, una revista desplegable con periodismo de altísima calidad que se distribuye entre sus miembros (¿Aún no es miembro? Active aquí su membresía). MONO llega en soporte de átomos y no de bytes: ¡es puro papel!

Se trata de una publicación mensual que se abre en una doble página tamaño revista, luego se despliega en otra en tamaño tabloide y finalmente, en una en tamaño Sábana. El formato de MONO está inspirado en dos publicaciones europeas: Le1, de Francia, y El Dobladillo, de España. ¿Cuál es el truco? Si usted pone este artefacto en movimiento, siempre crece. Y a medida que crece, se vuelve cada vez más bello.

MONO tiene cinco piezas periodísticas. Sí, apenas cinco. Se lee en un momento elegido, se disfruta a solas (o casi a solas) y se guarda al alcance de la mano. Es una invitación a la pausa, y la pausa comienza con una columna en la que Chani Guyot, el director de RED/ACCIÓN, explica por qué un medio digital nacido en 2018 apuesta por la lectura larga y profunda, con “un modelo que no incluye la publicidad tradicional en ningún formato” y que se sostiene con “miembros comprometidos que vibran con nuestro periodismo con propósito”.

MONO continúa con una entrevista con Niall Ferguson, uno de los críticos más lúcidos de la cultura de Silicon Valley, que le dice a la periodista Lucia Wei He: “Se suponía que las democracias se iban a beneficiar de la revolución digital; no las dictaduras”. Un pliego más, y la propuesta continúa con un cómic, obra de Julián Gorodischer y Diego Parés, acerca de la epopeya con la que Walter Bo y sus diez amigos camioneros trasladaron 300 toneladas de ropa y alimentos hasta Salta, para ayudar a quienes lo perdieron todo con las inundaciones.

Cuando MONO se despliega por completo aparece una crónica de 41.000 caracteres sobre la ciudad de Buenos Aires. Un paseo a través de todo lo que nos rodea (y que no vemos a simple vista): aves embajadoras, edificios misteriosos, tesoros arqueológicos y relojes retrasados. Y también un homenaje al recorrido que Gay Talese –maestro de periodistas– hizo famosamente por Nueva York en 1960. ¿Sabe qué? Cuando el director me propuso hacer esta crónica, acepté muy feliz, pero no me imaginé que me iba a convertir en un fan de Talese al punto de rastrear obsesivamente Nueva York: Una jornada de hallazgos casuales, el librito casi inhallable en el que ese caminante continuó con su paseo (si no lo encuentra, pídamelo).

En la última página, Juan Carr, uno de los creadores de RED/ACCIÓN, señala que aquí conviven la academia, los sueños y la tecnología. Así es. Active aquí su membresía y dese el gusto: MONO es suyo y sólo suyo.