Acá les damos refugio: por qué Argentina es uno de los países más amigables para quienes escapan del horror | RED/ACCIÓN

Acá les damos refugio: por qué Argentina es uno de los países más amigables para quienes escapan del horror

Un informe destaca que en nuestro país las personas que huyen de la violencia tienen oportunidad de reiniciar sus vidas. Organizaciones de la sociedad civil, familias de acogida, personas solidarias, antepasados migrantes y una idiosincrasia afectiva con el otro son algunas de las razones que los hacen sentirse bien al insertarse en la sociedad.

Que los argentinos somos amistosos, que nos gusta socializar, conocer gente nueva, abrir nuestras casas, reunirnos y recibir a los que vienen del exterior es algo que sabemos bien acerca de nuestra idiosincrasia. Lo dicen quienes nos visitan y hasta los que dejaron el confort de los países de Europa para venir a hacer alguna experiencia de trabajo, o quienes se radicaron en nuestras tierras persiguiendo algún amor. Hasta acá, no hay ninguna novedad.

Pero, lo curioso, es que parece ser que no solo somos buenos anfitriones de los extranjeros más favorecidos, sino que, además, somos el país más amigable de toda Latinoamérica con los refugiados, los migrantes y los desplazados. 

Según la definición del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los refugiados son personas que están fuera de su país de origen, del que huyeron por temor a persecución, a un conflicto, violencia u otras circunstancias que perturben gravemente el orden público, y quienes, en consecuencia, requieren protección internacional. En muchos casos, se trata de familias enteras, madres con hijos pequeños o embarazadas y hasta niños solos que se desplazan durante días, en general caminando, para encontrar un lugar donde refugiarse, recibir abrigo y alimento y ponerse a salvo. 

En algunas localidades del mundo existen refugios a los que ellos llegan, muchas veces en situaciones límite, y allí reciben cuidados y atención médica, incluyendo la administración de alimentación terapéutica para revertir la desnutrición severa, o para combatir enfermedades infecciosas —la más común es la malaria— o la falta de agua.

Además de los refugiados que pueden pedir un visado humanitario para entrar legalmente en los países a los que acuden, están los desplazados y los migrantes, que son personas que ante situaciones extremas deciden dejar sus países para buscar un futuro mejor porque ya no encuentran posibilidades de subsistir; el caso más notorio es probablemente el de la gran cantidad de venezolanos que llegaron a la Argentina en los últimos años.

Isa Ramos Correa es una cantante y musicoterapeuta venezolana que llegó a Buenos Aires en el 2016, actualmente integrante de la orquesta Latin Vox Machine, integrada por desplazados venezolanos, al igual que migrantes y refugiados, a la vez que argentinos. Isa tomó la decisión de dejar su tierra escapando de una situación social que describe como de “inseguridad”: la secuestraron dos veces y la asaltaron tantas otras que ya perdió la cuenta.

La sinfonía de migración y esperanza de Latin Vox Machine

“Tuve un secuestro exprés un 30 de diciembre hace 7 años y, sin embargo, yo todavía pensaba que podía seguir en mi país, pero después ya me robaron muchas veces y después me tuvieron secuestrada en mi casa y dije ‘no es lo que quiero para mí’ y decidí venirme a la Argentina que ya la había visitado estando de gira con mi banda y me había encantado”. 

En 2016 Isa se subió a un avión rumbo a Ezeiza junto con su tío, su primo y quien era su novio. Tenían un plan y un inversor que lo haría posible: abrir una academia de música. Pero el plan fracasó por los vaivenes económicos que hicieron que el principal socio capitalista se retirara del proyecto y tuvo que salir a buscar trabajo. Fue niñera por muchos años, maestra de jardín de infantes, da clases particulares de canto y de musicoterapia. “He tenido que trabajar como nunca en la vida había trabajado, pero no me quejo. Realmente ser niñera lo disfruté muchísimo y fue una hermosa experiencia de integración”.

Muchas personas fueron clave en acompañarla en el proceso de construir su nueva vida: hubo quienes le dieron afecto, quienes la ayudaron a conseguir trabajo, pero quien ella considera su gran faro fue Francisco Petracchi, a quien conoció cuando tenía tres meses de edad y ya tiene tres años. “Ha sido indiscutiblemente quien más me ha acompañado y ha compartido conmigo alegrías, tristezas, dificultades y más, mi argentino favorito, Francisco Petracci, mi Franchus Panchus. Me ha hecho estudiar mucho para estar con él. Yo sentí que fue mucho más que cuidar a alguien. Mercedes, su mami, me entregó a su tesoro más preciado. Imagínate el compromiso. ¡Cómo no hacerlo todo para hacerlo bien!”.

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En todas estas situaciones de desarraigo, para quienes llegan a la Argentina resulta una grata sorpresa encontrar una sociedad que, mayormente, los recibe con oportunidades concretas, programas de acogida y en general con un trato amable que les permite rápidamente integrarse en la sociedad. 

El dato alentador surge del estudio Global Attitudes Towards Refugees [Actitudes globales en torno a refugiados] elaborado por IPSOS y lo subraya el representante regional de ACNUR para América Latina, Juan Carlos Murillo: “Argentina es uno de los países más amigables con los refugiados”.

Cómo era antes y cómo es migrar en contexto de pandemia

De acuerdo al último Reporte de Tendencias Globales, que publica ACNUR anualmente en junio —este se dio a conocer en junio 2020, y son datos a diciembre 2019— el mundo está asistiendo a la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Las últimas estadísticas reflejan que en los últimos diez años se duplicó el desplazamiento forzado de personas, que pasó de 41 millones a 79,5 millones refugiadas y desplazadas en el mundo, una cifra que representa el 1% de la humanidad, el equivalente a dos países con la cantidad de población de Argentina. Casi el 40% de estas personas son niños y niñas.  

Los análisis de tendencias indican que será una situación de largo plazo, ya que, en este mismo período, se redujo la cantidad de personas que pudieron volver a sus hogares. En todo el mundo, los desplazados proceden principalmente de Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar.

En Argentina, de acuerdo a los datos oficiales, en diciembre de 2019,  brindados por ACNUR, la población de refugiados, desplazados y migrantes fue de 185.711 personas, un 29 por ciento más que el año anterior. En este grupo, hay una amplia mayoría de venezolanos, entre migrantes y refugiados: 173.343. El resto son todas personas refugiadas, solicitantes de asilo y otras condiciones de interés de ACNUR: un total de 12.368, principalmente de Senegal (18%), Colombia (14%), Perú (14%), Siria (10%) y Cuba (10%), y 173.343 venezolanos desplazados.

La pareja que escapó de la guerra en Siria y ahora hace barbijos para el Hospital de Niños de Tandil   

Durante 2020, si bien todavía no hay estadísticas, ACNUR detectó que la pandemia que afectó a toda la sociedad tuvo un impacto particular en las personas refugiadas, migrantes y desplazadas.  

Según explica Juan Carlos Murillo “el impacto de las medidas de aislamiento en los refugiados fue desproporcionado porque se quedaron sin empleo y medios de vida en el sector informal”. Además, observaron que  por los cierres de fronteras quedaron familias varadas en frontera con Bolivia y Brasil a la espera de cumplir requisitos sanitarios y apertura de fronteras; esto provocó que varias familias estén separadas.

Por este contexto, tanto ACNUR como las organizaciones de la sociedad civil que colaboran tuvieron que dar respuestas de emergencia, dando alojamiento, alimentos y dinero a centenares de personas cada mes.

Los desafíos de migrantes y refugiados en pandemia

Qué implica ayudar en la integración de los refugiados

Más allá del impacto del COVID-19, las migraciones, pedidos de refugio y los desplazamientos continúan. Esto significa que todavía hay mucho por hacer.

“Argentina ha sido reconocida internacionalmente como uno de los países más amigables y con los más altos estándares de protección de derechos humanos de los refugiados”, reitera Juan Carlos Murillo antes de relatar cómo se puede ofrecer ayuda. Esta voluntad ya está escrita en nuestra Constitución, en su artículo 20: “Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes”. Todos son bien recibidos en nuestro país. 

Otra cosa es hablar del trato y de la integración a la vida diaria. En este punto es donde el éxito de la integración depende de la actitud de personas y organizaciones que trabajan para favorecer la vida de quienes llegan buscando refugio. En ese punto es donde hay un campo fértil para ayudar.

Más que una red, la ayuda que hoy están recibiendo los refugiados, migrantes y desplazados, puede considerarse un auténtico tejido. No es un tejido perfecto, quizá no sea a medida, quizá no calce perfecto, pero es amplio, abrigado y en modo de confección constante.

Hay una trama de asociaciones, cuya cara más visible y organizada quizás sea ACNUR, pero cuyo trabajo se sustenta en la colaboración con distintos niveles de participación: el más definitorio es, por supuesto, el del gobierno, que a través de la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), del Ministerio del Interior, se ocupa de brindar el visado humanitario y gestionar los pedidos de inmigración correspondientes a cada solicitud. 

En estos momentos Argentina tiene 8 mil solicitudes para el status de refugiados, pendientes de una decisión de la CONARE, según datos de ACNUR. 

Existen distintas formas en las cuales las comunidades receptoras y el pueblo argentino en general ha venido apoyando a los refugiados a lo largo de su historia, pero Murillo destaca que a lo largo de la última década el país se destacó por su solidaridad, hospitalidad, así como por su respeto y tolerancia.

Las siguientes son algunas iniciativas alentadoras.

  • Visado humanitario y patrocinio comunitario. Argentina es uno de los pocos países en el mundo que aprobó un visado humanitario para que las personas afectadas por el conflicto armado en Siria puedan abandonar los países en los cuales se encuentran e ingresen de manera legal con una visa que es autorizada en el extranjero. Este visado humanitario permite a las personas llegar a través del patrocinio comunitario: esto quiere decir que personas en Argentina, tanto individuos como organizaciones, pueden constituirse en llamantes a personas refugiadas y les brindan acompañamiento, contención y alojamiento durante un año.
  • Solidaridad en pandemia. En Buenos Aires, la parroquia de Caacupé, a cargo del padre Eusebio, colabora en la distribución de donaciones de ropa, mantas y alimentos que realizan muchas personas que se acercan a colaborar.
  • Convenios de cooperación con ciudades solidarias: ACNUR firmó estos acuerdos con autoridades municipales o de gobierno en: Quilmes, en Buenos Aires; Godoy Cruz, en Mendoza y el gobierno de Salta. “Confiamos en ampliar esta red para que los gobiernos locales puedan contribuir a la integración de las personas afectadas”, declara Murillo.
  • Patrocinio comunitario: los llamantes y las familias de acogida. Varias organizaciones (unas 10 que están en permanente diálogo y capacitaciones entre sí y que trabajan articuladamente con ACNUR) se nuclean en la Red Argentina de Apoyo al Patrocinio comunitario de personas refugiadas, que abarca a más de 59 comunidades de acogida y 254 grupos patrocinadores.

Hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes motivados a ayudar

La de los senegaleses es una de las últimas olas migratorias llegadas al país, escapando de la pobreza en la excolonia francesa. En su mayoría son hombres, jóvenes y de fe musulmana.

Se los suele ver trabajando como manteros en las avenidas comerciales o como vendedores ambulantes en los destinos de vacaciones. Ellos son quienes más sufren la discriminación, de acuerdo a lo que se desprende del estudio “Diversidades. Asia Y África En Perspectiva Desde América Del Sur”, realizado por Bernarda Zubrzycki en el CONICET.

Aunque no todos, muchos senegaleses se dedican a la venta callejera de bijouterie, una actividad poco explotada por migrantes latinoamericanos. “En algunas ciudades donde se mueven los senegaleses, como la ciudad de Buenos Aires, La Plata o Morón, la venta ambulante o en la calle es una actividad en contra de la ley, y por lo tanto los vendedores no están libres de persecuciones, multas y decomisos por parte de la policía, los controles municipales locales, etc.”, señala el texto de Zubrzycki.

En este contexto se fue creando a lo largo de los años un clima de tensión entre los comerciantes que reclaman por el espacio público y los manteros que venden barato pero ocupando lugares en las veredas de los locales de los comercios impidiendo el paso de los clientes o reteniéndolos.  

En 2018 la comunidad sefardí para la juventud Menorá presidida por Isaac Sacca, quien también es el gran rabino de la comunidad ACISBA, ambas en CABA, organizaron actividades de encuentro entre ambos “bandos” para buscar instancias de confraternización. Manteros y comerciantes, musulmanes y judíos, así tuvieron la oportunidad de juntarse a conversar y no solo eso, sino que los más jóvenes se divirtieron armando un partido de fútbol. 

En el encuentro llevado a cabo en la sinagoga de la calle Camargo, entre el rabino Sacca y presidente de la Asociación de Residentes de Senegaleses en Argentina (ARSA), Arfang Diedhiou, acompañado por sus compatriotas Pathe Dioucke, Pape Niang, este les expresó su dolor por los ataques, discriminación y persecución que están padeciendo, las persecuciones policiales, las demoras de gobierno en otorgarles documentos a los migrantes senegaleses y la discriminación desde algunos sectores.

Y reveló una anécdota emotiva: "El primer país que conocí a los 16 años fue Senegal. Antes los vuelos a Israel hacían escala en África. Ahí vi por primera vez a estos hombres altísimos que vendían en los aeropuertos. Muy amables y educados". También se refirió a la motivación que lo impulsó al encuentro. La misma que comparten quienes trabajan activamente en las organizaciones de patrocinio y ayuda a refugiados: la propia condición de inmigrantes de los argentinos.

"Ustedes, como nuestros antepasados que fundaron esta sinagoga, fueron vendedores ambulantes al llegar. Ustedes son una bendición para la Argentina como lo fuimos nosotros en el pasado. Voy hacer todo lo posible porque sentimos el dolor de ustedes. Vamos a informarlo en nuestra comunidad y hablar donde sea necesario", se comprometió.

Este domingo, música sin fronteras

El domingo 22 de noviembre a las 21, en el marco del Día Mundial de la Música sin Fronteras, Fundación ACNUR Argentina llevará a cabo el “Concierto con los Refugiados” vía streaming, un encuentro exclusivo y gratuito para homenajear la resiliencia de quienes fueron forzados a dejar su tierra y para celebrar la solidaridad a través de la música.

En esta primera edición, Germán Paoloski, quien conducirá el encuentro, y los reconocidos artistas Pedro Aznar, Natalie Pérez y Connie Isla mostrarán su apoyo a la causa los refugiados junto a una decena de músicos miembros de la orquesta sinfónica Latin Vox Machine (LVM), integrada principalmente por músicos migrantes, refugiados y desplazados de distintas nacionalidades, radicados en Argentina. 

Para asistir al evento solo hay que registrarse y reservar los lugares online y, así, sumarse a los Ponchos Azules para apoyar la causa de los refugiados, la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial.

SUMATE AL CONCIERTO POR LOS REFUGIADOS

Facundo Funes, director de Comunicación de la Fundación ACNUR Argentina expresa: “Desde Fundación ACNUR Argentina buscamos llevar un mensaje esperanzador y de unidad, un abrazo solidario a quienes lo han perdido todo. El concierto se presenta como un espacio de intercambio e integración entre artistas de diferentes nacionalidades que se unirán a través de la música como lenguaje universal y sin fronteras. Además, queremos celebrar la solidaridad de los argentinos y, para hacerlo, creamos el ícono del Poncho Azul, tomando un elemento nacional, que simboliza la unión y el abrigo: eso somos todos los que damos una mano a quienes se vieron forzados a huir de sus hogares”.

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