Diego Golombek | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 18 de diciembre de 2018

El libro que explica por qué es imposible explicar el tiempo

El orden del tiempo
Carlo Rovelli
Editorial

Selección y comentario por Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas por la UBA y profesor titular en la Universidad Nacional de Quilmes. Investigador superior del Conicet. 

Uno (mi comentario)

Se acabó lo que se daba. Veníamos lo más bien: creíamos en un mundo con tiempo, con un presente en el que ocurren las cosas que vienen del pasado y van hacia el futuro. Todo muy obvio, y la base para los fabricantes de relojes y de agendas. Pero aquí llega Carlo Rovelli a patear el tablero, a derrumbar nuestro sentido común y contarnos algo que – afirma – sabemos desde hace más de cien años: que la idea de que el universo existe ahora en una determinada configuración … ya no sirve. (…)

(sigue mi comentario)

(…) Vivimos en una burbuja de presente o, más bien, en una burbujita que llega hasta ahí nomás, en un mundo que no está hecho de cosas sino de eventos, que no necesita del tiempo para ser entendido, sino que basta con ver cómo cambian las variables unas con respecto a las otras. Sí, da tortícolis. La misma que hace siglos años tuvo un tal Descartes cuando exclamó, desesperado, que “tan serias son las dudas en que he caído que no puedo expulsarlas de mi mente ni ver modo alguno de resolverlas”. Con una prosa que parece poesía, con las metáforas y los ejemplos justos (y, para dejarme inflado de orgullo, ¡me cita!), con más preguntas que respuestas, Rovelli hace su trabajo de hormiga para dejarnos perplejos, boquiabiertos… y sin tiempo. Algo que ya sabía el mismísimo san Agustín: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.”.

Dos (la selección)

“Tal es el tiempo. Familiar e íntimo. Su fuerza nos lleva. Su apresurada sucesión de segundos, horas, años, nos lanza hacia la vida, luego nos arrastra hacia la nada… Lo habitamos como los peces habitan el agua. Nuestro ser es ser en el tiempo. Su arrullo nos alimenta, nos abre al mundo, nos turba, nos asusta, nos mece. El universo devana su devenir arrastrado por el tiempo, según el orden del tiempo”.

Tres

“¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro? ¿Somos nosotros quienes existimos en el tiempo, o el tiempo el que existe en nosotros? ¿Qué significa realmente que el tiempo “transcurre”? ¿Qué vincula el tiempo a nuestra naturaleza como sujetos?”.

Cuatro

“Este es el núcleo del tiempo. Ese deslizarse que sentimos que nos quema en la piel, que percibimos en la ansiedad del futuro, en el misterio de la memoria; aquí se esconde el secreto del tiempo: el sentido de lo que entendemos cuando pensamos en el  tiempo. ¿Qué es ese fluir? ¿Dónde anida la gramática del futuro? ¿Qué distingue el pasado, y su haber sido, del futuro, y su no haber sido aún, entre los pliegues del mecanismo del mundo? ¿Por qué el pasado es tan diferente al futuro?”.

Cinco

“Si observo el estado microscópico delas cosas, la diferencia entre pasado y futuro desaparece. El futuro del mundo, por ejemplo, está determinado por el estado presente ni más ni menos de lo que lo está por el pasado. Solemos decir que las causas preceden a los efectos, pero en la gramática elemental de las cosas no hay distinción entre “causa” y “efecto”. Hay regularidades, representadas por lo que llamamos leyes físicas, que vinculan eventos a tiempos diversos, regularidades simétricas entre futuro y pasado…. En la descripción microscópica no hay un sentido en que el pasado sea distinto del futuro”.

Seis

“El tiempo no es único: hay una duración distinta para cada trayectoria: transcurre a ritmos diferentes según el lugar y según la velocidad. No tiene orientación: la diferencia entre pasado y futuro no existe en las ecuaciones elementales del mundo, es un aspecto contingente que aparece cuando observamos las cosas descuidando los detalles; desde este desenfoque, el pasado del universo se hallaba en un estado curiosamente “peculiar”. La noción de “presente” no funciona: en el vasto universo no hay nada que podamos denominar razonablemente “presente”. El sustrato que determina las duraciones del tiempo no es una entidad independiente, diferente de las demás que constituyen el mundo; es un aspecto de un campo dinámico. Este salta, fluctúa, se concreta solo al interactuar, y no está definido por debajo de una escala mínima. ¿Qué queda del tiempo?”.

Siete

“Es la presencia de abundantes huellas del pasado la que nos produce la familiar sensación de que el pasado está determinado. Por el contrario, la ausencia de huellas similares del futuro nos produce la sensación de que este último está abierto. La existencia de huellas hace que nuestro cerebro pueda disponer de extensos mapas de eventos pasados, mientras que no posee nada similar para los eventos futuros. Este hecho está en el origen de nuestra sensación de poder actuar libremente en el mundo, eligiendo entre diversos futuros posibles, pero de no poder actuar, en cambio sobre el pasado”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters