Eduardo Levy Yeyati | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 27 de diciembre de 2018

Una resignificación del debate sobre el valor de la obra del arte

Modos de ver
John Berger
GG

Selección y comentario por Eduardo Levy Yeyati, doctor en economía, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, profesor visitante de la Harvard Kennedy School of Government e investigador principal del CONICET. Sus libros más recientes son Después del trabajo: El empleo argentino en la cuarte revolución industrial (Sudamericana, 2018) y la novela El juego de la mancha (Literatura Random House).

Uno (mi comentario)

Berger es una rara avis. Lúcido crítico marxista y eximio novelista, en este ensayo conciso y visual, basado en su guión del programa homónimo de la BBC (disponible online), le entra de lleno a la representación occidental y su connivencia incómoda con las convenciones, el mercado y la publicidad. El libro no es sólo una disección crítica de los lugares comunes culturales sino también una resignificación del debate sobre el valor de la obra del arte (hoy renovado por la aparición de la inteligencia artificial), un ensayo psicológico proto feminista y una teoría del deseo como envidia y de la publicidad como control social. ¿Qué más se puede pedir de un libro que puede leerse en un par de horas?

Dos (la selección)

Las imágenes Se hicieron al principio para evocar la apariencia de algo ausente. Gradualmente se fue comprendiendo que una imagen podía sobrevivir al Objeto representado; por tanto, podría mostrar el aspecto que había tenido algo o alguien, y por implicación como lo habían visto otras personas. Posteriormente se reconoció que la visión específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado. Y así, una imagen se convirtió en un registro del modo en que X había visto a Y. Esto fue el resultado de una creciente conciencia de la individualidad, acompañada de una creciente conciencia de la historia. Sería aventurado pretender fechar con precisión este último proceso. Pero sí podemos afirmar con certeza que tal conciencia ha existido en Europa desde comienzos del Renacimiento.

Tres

Todas las reproducciones introducen una distorsión mayor o menor, y  por tanto la pintura original sigue siendo única en cierto sentido. Después de ver una reproducción de  La Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci, uno puede ir a la National Gallery y contemplar el original para descubrir qué le falta a la reproducción. O bien, es posible también que uno olvide las cualidades de la reproducción y recuerde Simplemente, cuando vea el original, que se trata de un famoso cuadro del que ya ha visto en algún lugar una reproducción. Pero en ambos casos, la unicidad del original radica en Ser el original de una reproducción. Lo que percibimos como único ya no es lo que nos muestra su imagen; Su primera significación ya no estriba en lo que dice, sino en lo que es.

Cuatro

Esta analogía entre la posesión y el modo de ver el contenido de una pintura al óleo es un factor que suelen ignorar los expertos en arte y los historiadores. Significativamente, es un antropólogo el que ha llegado más cerca de su reconocimiento.

Cinco

Lévi-Strauss escribe: (Conversations With Charles Charbonnier, Cape Editions). “En mi opinión, este deseo ávido y ambicioso de tomar posesión del objeto en beneficio del propietario o incluso del espectador constituye uno de los rasgos más originales del arte de la civilización Occidental. Si esto es cierto aunque quizá sea excesivamente amplio el intervalo histórico que abarca la generalización de Lévi-Strauss la tendencia alcanzó su apogeo durante el periodo de la tradicional pintura al óleo.  

Seis

Ser envidiado es una forma Solitaria de reafirmación, que depende precisamente de que no compartes tu experiencia con los que te envidian. Eres observador con interés, pero tú no observas con interés, porque si lo hicieras, resultarías menos envidiable. En este sentido, los envidiados son como los burócratas: cuanto más impersonales son, más grande es su ilusión de poder (de poder para sí o para otros). El poder de la fascinación reside en su supuesta felicidad; el poder del burócrata, en su supuesta autoridad. Esto explica la mirada ausente, perdida, de tantas imágenes fascinantes. Miran por encima de las miradas de envidia que las sostienen.

Siete

La publicidad tiene otra importante función social. El hecho de que esta función no sea deliberadamente planeada por los que hacen y usan la publicidad no disminuye en lo más mínimo su importancia. La publicidad convierte el consumo en un sustituto de la democracia. La elección de lo que uno come (o viste, o conduce) ocupa el lugar de la elección política significativa. La publicidad ayuda a enmascarar y compensar todos los rasgos antidemocráticos de la sociedad. Y enmascarar también lo que está ocurriendo en el resto del mundo.  


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