Juan Luis González | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 19 de abril de 2019

Salvados por Francisco, comentado por Juan Luis González

Salvados por Francisco
Aldo Duzdevich
Ediciones B

Uno (mi comentario)

La sala está abarrotada. El presidente del PJ nacional, José Luis Gioja, se acomoda al lado del secretario general de la CGT, Héctor Daer, que le pide permiso al senador José Mayans y a la ex ministra de Scioli, Cristina Álvarez Rodríguez, para ocupar su asiento. El diputado Darío Martínez, frustrado candidato a vicegobernador K en Neuquén, e impulsor del evento en el Congreso, pide silencio entre los políticos y curas presentes para arrancar la presentación. Aldo Duzdevich, otrora montonero de la línea disidente, ex legislador, autor de libros de corte setentista, toma la palabra y comienza a hablar sobre su último trabajo, “Salvados por Francisco”. Una semana después el ritual se repetirá en la sede de la CGT, con el escritor, rodeado de sindicalistas de peso, sentado en la silla que más de una vez usó Perón. Ambas charlas, con sus respectivos invitados, representan bien el sentido profundo del libro: un trabajo de contenido estrictamente político. Y, como los gestos son más de la mitad del camino en ese mundo, el 24 de marzo, el mismo día del acto en la central obrera, el Papa devuelve las gentilezas: le manda una carta de puño y letra a Duzdevich, tratándolo de “querido hermano” y agradeciéndole su “amor por la Patria”.

Es que el “Salvados”, el libro en el que 25 entrevistados aseguran haber sido rescatados de la dictadura por el entonces joven Bergoglio, es político en el sentido en que lo entendía el canciller alemán Otto Von Bismark, que decía que aquello “no es una ciencia exacta, sino un arte”. Es que la tesis del libro es más una aproximación del deseo que una realidad empírica. Es verdad: los hombres y mujeres que aseguran haber sido rescatados por el entonces jefe de los jesuitas narran anécdotas en las que el ahora Papa los ayudó de alguna manera, pero, salvo en dos casos, difícilmente se pueda sostener que esa intervención, que en algunos de los relatos es simplemente un consejo al pasar, haya significado la gambeta ante la muerte. Y también es político en el sentido de una respuesta táctica, típico de ese ambiente de partidas de ajedrez, frente a la acusación que persigue al jesuita desde hace décadas, que dice que entregó a dos de sus curas al gobierno militar, idea apenas rebatida en “Salvados”. Si sus críticos dicen que el religioso fue un villano, este libro viene a decir que fue un superhéroe. Ahí quizás esté el rasgo que más pinta al trabajo de Duzdevich: la necesidad de mostrar a un Bergoglio glorioso y nacido para el bronce, y no a un ser humano, como todos, con claroscuros, errores y aciertos. Un arte más que una ciencia exacta.

Dos (la selección)

Nos llevaste en tu auto a San Miguel. Me pediste que tratara de ocultarme y que no mirara el camino que íbamos a hacer. Pensé: “¿Se habrá dado cuenta este curita del riesgo al que se está exponiendo?”. Entonces no sabía que eras el Provincial de los Jesuitas. Me quedé con ganas de darte un abrazo y las gracias.
PD: Nunca pensé que le iba a escribir una carta al Papa.

Tres

Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera Provincial aún muy joven. Tenía treinta y seis años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba decisiones de manera brusca y personalista. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la Beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas.  

Cuatro

Julio Merediz es párroco en un barrio humilde de San Miguel. Llegó al Colegio Máximo en 1973, casi al mismo tiempo que Bergoglio era elegido Provincial de la orden. Ellos ya se conocían y eran amigos desde 1967: “Un día Bergoglio vino a verme para decirme que tenía noticias de que mi nombre aparecía en una lista de la Fuerza Área. En cualquier momento vendrían a buscarme. Me ordenó que me trasladara a la casa de retiros Villa San Ignacio en San Miguel y me ocultara allí por un tiempo. Si no hubiese sido por su advertencia, seguramente habría caído en alguna redada.

Cinco

Un caso que Juan Carlos Scannone, teólogo del Colegio Máximo, no puede olvidar es el secuestro de uno de sus alumnos, Roberto Albanesi: “El joven no tenía nada que ver con la guerrilla, pero había visto la cara de uno de sus torturadores y esto lo condenaba a muerte. Alguien de su familia le llevó el caso al Provincial. Bergoglio se fue a hablar con el responsable de la unidad donde se encontraba y le dijo que matar a una persona era un pecado gravísimo. ‘Si cree en el Infierno –le dijo- sepa que ese pecado condena al infierno’. Y le salvó la vida”.

Seis

Hice un discurso yo, otro Massera y allí terminó todo. Bergoglio no fue. Por supuesto que estaba enterado de lo que íbamos a hacer, y aunque no compartía la iniciativa, creo que entendió nuestras razones. Era una maniobra de protección, de supervivencia.

Siete

Bergoglio aceptó desempeñar un papel que combinaba ambigüedad con simulación para moverse dentro de un ambiente de mucha desconfianza y hostilidad. Apenas dos o tres personas de su entorno conocían su verdadero juego. El resto lo tenía por un muchacho medio hosco y mandón, con pocas simpatías por todo lo cercano al progresismo de izquierda. Un joven que aceptaba relacionarse con algunos militares y que evitaba confrontar con la autoridad eclesial. Él eligió ese papel y lo mantuvo. Era su mejor protección. Como buen creyente, tenía a Dios por testigo de sus actos. ¿Cuántas vidas más debería haber salvado Jorge Bergoglio para no ser acusado de colaborar con la dictadura?

Juan Luis González es periodista de la Revista Noticias y profesor en la Escuela de Comunicación de Perfil. Estudia la carrera de Historia en la UBA. En el 2017 recibió el premio ADEPA por la entrevista que le realizó al ex comisario Alberto Gómez, uno de los asesinos de José Luis Cabezas.


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Sie7e Párrafos | 29 de marzo de 2019

Dios y la patria se lo demanden, comentado por Juan González

Dios y la patria se lo demanden
Juan B. Yofre
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Juan Bautista Yofre tiene una virtud que lo distingue de otros escritores: se lo puede leer de varias maneras. Se puede abrir su último trabajo, “Dios y la Patria se lo demanden”, y entenderlo como un nuevo tomo de un autor best seller de libros de historia argentina reciente. También se lo puede comprender como el más fresco arrebato de la particular cosmovisión del frustrado candidato a la vicepresidencia del diputado Alfredo Olmedo, u observar su libro como una reedición 2019 de la teoría de los dos demonios, trinchera que Yofre ha sabido defender con pasión. Pero el emblemático periodista de Clarín y Ámbito Financiero no se queda ahí. El libro es, a su vez, una crónica de espías y espiados, una trama palaciega de informes secretos y carpetazos, submundo en el que Yofre trepó hasta convertirse en director de la SIDE durante el menemismo, en el que también fue embajador, asesor privilegiado y verdadero admirador del riojano.

“Dios y la Patria se lo demanden”, compilado de las mejores revelaciones y anécdotas prohibidas del siglo XX argentino que el autor descubrió, muchas cuando ya era un periodista en actividad, es un trabajo ideal para los tiempos del clickbait y de lectura rápida. En 400 páginas y 15 capítulos, Yofre mostrará el diario íntimo e inédito de un estrecho colaborador de Yrigoyen, las revelaciones del espía que se infiltró en Puerta de Hierro para seguir a Perón, la entrevista secreta entre el radical Balbín y el ministro de la dictadura Harguindeguy, y el backstage de la campaña que llevó a Menem a la presidencia, entre otras historias. Cuanto más cerca del presente se acerca el relato, en especial durante los años del ex Presidente, Yofre mostrará su rostro, quizás, más interesante: el de un hombre que, parado en un lado de la grieta, tuvo a la Historia frente a frente.

Dos (la selección)

-Muy bien, señor Presidente. Ya que son unos palanganas, demostrémosles. Los debemos meter dentro de un zapato y apretarlos contra el otro.

-No se entusiasme, general.

-Señor presidente, le aseguro que hay motivos para preocuparse. A esto hay que ponerle remedio o nos hundimos todos: buenos y malos.

-Usted, general, –dijo Yrigoyen- habla con mucha precipitación y temo que está engañado.

-No estoy engañado, porque veo. Los engañados son los que no ven o no quieren ver.

Tres

En el segundo informe –de cuatro carillas oficio a doble espacio- Osinde volvió a tratar “la penetración marxista en el Movimiento Nacional Justicialista. También previno a Perón de “la creciente penetración marxista”, argumentando: “Cuando estos nuevos amigos que nos han salido puedan tomar la conducción de nuestro Movimiento, entonces no tendrán el menor reparo de echar su efigie al suelo y degollarnos a todos como sus más encarnizados enemigos”.

Cuatro

“[Perón] Continuará admitiendo las elecciones hasta la fecha indicada y si para entonces no existe salida clara y no se adelantan las elecciones para este año producirá la gran ofensiva.” Observaciones del espía en Puerta de Hierro.

Cinco

Antes de realizarse el encuentro, la cancillería francesa tomó la precaución de poner sobre aviso a la embajada argentina. Así quedó en el expediente de manera “muy confidencial”.

“Según el almirante Massera, el Ejército, con la única excepción de la Marina, quiere permanecer en el poder aunque la situación interior se va a deteriorar, de acá a tres o cuatro años, a causa de la mala gestión del gobierno. El almirante Massera ha indicado también que si es asesinado no podría ser más que por obra del Ejército. Sobre el general Videla dijo que era “un hombre bueno pero débil”, incapaz de imponerse en el Ejército que, por otro lado, está muy fragmentado. El conjunto de intenciones de Massera respecto al dominio político revela un análisis algo superficial tratándose de un hombre que tiene la ambición de convertirse, algún día, en Presidente de la Nación Argentina”.

Seis

-Tata, ¿vos me googleaste?- me dijo ella.

-No, Negra, yo no googleo a la gente. ¿Por qué?

-Yo estuve presa en la ESMA.

-Ah, ¿vos eras miembro de la “orga”? Mirá, Negra, yo escribo historia…

-Sí, pero una noche [X] gritaba al “grupo” que había que salir a buscarte.

-Mirá vos, en qué enchufe habré metido los dedos…

Siete

De pronto, el lugar pareció venirse abajo. Las personas se pararon y empezaron a aplaudir y vitorear al gobernador de La Rioja, trataban de tocarlo, como si se tratara de Rod Stewart. Menem se sentó en la mesa, frente a mí, y, al rato, como implorando silencio, me preguntó: “Tata, ¿qué imagen damos?”

-La imagen de una banda de salvajes pero, ¿sabés?, vos vas a ganar.

Juan Luis González es periodista de la Revista Noticias y profesor en la Escuela de Comunicación de Perfil. Estudia la carrera de Historia en la UBA. En el 2017 recibió el premio ADEPA por la entrevista que le realizó al ex comisario Alberto Gómez, uno de los asesinos de José Luis Cabezas.


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