Raghuram G. Rajan | RED/ACCIÓN
Opinión | 21 de enero de 2019

Disrupción tecnológica, concentración económica y la nueva economía

Raghuram G. Rajan, fue director del Banco Central de la India entre 2013 y 2016 y es profesor de Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago.

El auge de Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google ha generado enormes cambios económicos estructurales que los académicos y los responsables de la formulación de políticas públicas apenas están empezando a comprender. Sin embargo, algunas tendencias ya son perceptibles y plantean preguntas urgentes sobre el futuro de la competencia, la innovación y la desigualdad en los Estados Unidos y en todo el mundo.

El dominio tecnológico de firmas como Google, Amazon y Facebook ha generado un intenso debate sobre la relación entre eficiencia y poder de mercado mientras plantea preguntas también sobre qué significará en el futuro la cambiante estructura de los mercados para la innovación y distribución de la riqueza.

El Simposio de Políticas Económicas Jackson Hole celebrado en Wyoming, organizado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City, ofreció una excelente cantidad de ensayos y comentaristas sobre el tema.

Con respecto a la eficiencia y la competencia, ya hay motivos para preocuparse. John Haltiwanger, de la Universidad de Maryland, mostró que la velocidad de ingreso al mercado de empresas nuevas cayó marcadamente, en especial en los últimos 12 años. En tanto que Jay Ritter, de la Universidad de Florida, mostró una caída igualmente marcada en las ofertas públicas anuales de acciones.

Todos estos datos sugieren que las empresas jóvenes están aviniéndose cada vez más a ser adquiridas, en lugar de a tratar de crecer para convertirse en firmas públicas grandes.

Al mismo tiempo, la velocidad de salida dentro de muchas industrias se mantuvo en un nivel relativamente chato a pesar de un aumento en dispersión de productividad. En otras palabras, los productores más débiles no están siendo expulsados del mercado, lo que implica una falta de dinamismo en muchos sectores de la economía.

En el interín, las mediciones sobre concentración de mercado, como la participación en ventas de las cuatro empresas más grandes, subió en varias industrias de los Estados Unidos, si bien todavía no está claro qué conclusiones deberían sacarse de esto último.

Hay debates sobre si la concentración también está aumentando en Europa, en donde hay vigentes políticas anti monopolio algo más duras. De no ser así, entonces las políticas anti monopolio explicarían la diferencia entre Europa y EE.UU. en este punto.

De igual modo, la rentabilidad corporativa parece ser más alta en EE.UU. que en Europa, pero, una vez más, no está claro qué significa esto. Algunos lo ven como una señal de una mayor monopolización de las industrias estadounidenses. Otros lo ven como una señal de que las empresas estrella de EE.UU. más dominantes están innovando más y cosechando los beneficios de una mayor productividad. Pero si esto es así, uno debe todavía enfrentar la realidad de un crecimiento general de la productividad que es bajo en todo el mundo. Si la innovación es tan alta ¿por qué el crecimiento de la productividad es todavía tan bajo?

Disrupción tecnológica concentrada

Antes de llegar a esta pregunta, analicemos lo que sabemos. Las investigaciones actuales sugieren que la concentración creciente es un reflejo no del poder de mercado sino de un cambio en la participación de mercado hacia empresas más innovadoras, mejor administradas -aquellas que atraen a los mejores empleados. Después de congregarse en unas pocas firmas super estrella, los capaces se volvieron super capaces.

Esto parecería ser algo bueno, en tanto que sugiere que las firmas están ganando participación de mercado al volverse más eficientes y no simplemente al tomar otras empresas mientras las autoridades anti monopolio se hacen a un lado. Uno esperaría que la concentración/monopolización de mercado conduce a precios más altos, pero no existen muchas pruebas que muestren que esto es lo que está pasando. Desde ya que las firmas podrían estar mejorando eficiencia sin dejar pasar los ahorros, en cuyo caso hasta los precios chatos podrían ser una fuente de preocupación.

Otro hecho es la creciente importancia de “imponderables” como el software y la propiedad intelectual, que en opinión de Nicolas Crouzet y Janice C. Eberly de la Northwestern University podrían estar impulsando un aumento en la concentración de mercado. Además, si hacemos una diferencia entre las industrias, muestran que la mayor concentración tiene un correlato con una mayor productividad en algunos sectores, y con un creciente poder de mercado en otros.

En industrias de trato directo con los consumidores, en donde Crouzet y Eberly descubrieron ganancias de productividad, Alberto F. Cavallo, de la Harvard Business School, sugiere que los consumidores se han beneficiado en la forma de precios más bajos. El punto más allá es que no podemos afirmar de forma definitiva que la mayor concentración haya sido dañina para los consumidores.

Con todo, el sector de la salud ofrece una historia aleccionadora. Este también está muy concentrado, pero las firmas dominantes parecen estar decididas a exprimir a los consumidores y no todas muestran altos niveles de productividad. La pregunta, entonces, es si las super estrellas de hoy, sumamente productivas, de otros sectores, van eventualmente a transitar el mismo camino.

Después de todo, mientras que líderes del mercado muy conocidos, como Facebook y Google, han estado ofreciendo muchos productos y servicios gratis (lo que obviamente beneficia a los consumidores), sus modelos de negocios han planteado varias preguntas apremiantes.

Uno debe considerar, por ejemplo, si el intercambio de datos personales para el uso de ese tipo de servicios constituye un trato o comercio justo. Está también la cuestión de a quién le cobran estas compañías por los servicios y si estos costos (por las propagandas que uno se ve obligado a ver, por ejemplo) son derivados a los consumidores.

Resta por ver si durará el actual arreglo -en el que los usuarios reciben servicios gratuitos a cambio de ver publicidades y renunciar a datos, las empresas les pagan a las plataformas para tener acceso a estos clientes, y las plataformas a su vez arman una enorme red de clientes a cambio de sus innovadores servicios-. Más importante aún: está la pregunta aún no respondida de si esto va a mantener el dinamismo en estos mercados en el largo plazo.

El poder de Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google

La siguiente pregunta importante es si la estructura de las industrias clave está atrasando las inversiones, la investigación y el desarrollo, o bien la difusión de la innovación por parte de las firmas super estrella. La mayoría de los economistas diría que la innovación es impulsada por la competencia, tanto dentro de una industria como más lejos, como por la amenaza de competencia futura. Por ello, aún si uno no está muy preocupado por los efectos de la concentración en la innovación, hoy, uno debe considerar aún así si esto puede ser una amenaza para el dinamismo futuro.

Y aquí creo que hay razones para preocuparse, dada la menor velocidad de nuevos ingresos al mercado y la creciente tendencia entre las firmas más jóvenes a ser compradas. Las más de las veces, este tipo de adquisiciones son usadas básicamente por las firmas dominantes para desmantelar o asimilar productos nuevos que podrían plantear un desafío competitivo en el futuro. Hay muchas pruebas de que esto está pasando en la industria farmacéutica, pero también sabemos que las FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google) van a recurrir a este tipo de medidas a medida que así lo necesiten.

Además de ahogar a la competencia, esta práctica también está desalentando la financiación por parte de capitalistas de riesgo, que ahora hablan de una “zona de muerte” que rodea a los principales productos de las firmas de tecnología más importantes. En este momento, los capitalistas de riesgo son renuentes a financiar cualquier cosa que caiga en la zona de muerte, porque no hay perspectiva de crecimiento allí -sólo adquisiciones express.

Otra ventaja importante para los actores dominantes es la capacidad de monopolizar el acceso a los clientes o de aprovechar los datos de los consumidores. En un estudio a un millón de ofertas de tarjeta de crédito, Hong Ru y Antoinette Schoar del MIT mostraron que las empresas estarían explotando información basada en datos sobre la conducta de los individuos para sacar una renta de allí. Otra ventaja obvia para los líderes del mercado de hoy es el carácter cautivo creado por los efectos de las redes, que tiende a producir resultados en donde el ganador se lleva todo.

A la luz de estas ventajas por titularidad, ya no veríamos tanta competencia como vimos en un pasado reciente, cuando las empresas se disputaban todavía parte del mercado en sectores clave de la economía. Hay una preocupación afin a esto que fue la planteada por Adam Smith hace 250 años. A medida que baje la cantidad total de firmas, habrá un riesgo mayor de colisión tácita o explícita incluso, tanto con respecto a los clientes como en los mercados por bienes intermedios y laborales.

Es posible que la mayor preocupación de todas sea la desaceleración de la difusión tecnológica. Los datos actuales sugieren que las ideas nuevas no están propagándose desde las firmas super estrella al resto de la economía. Mientras que algunas empresas muestran un fuerte crecimiento de productividad y la dispersión de la productividad dentro de las industrias baja, también estamos viendo un crecimiento de la productividad menor en líneas generales.

Existen una serie de razones posibles por la baja difusión, desde protecciones a la propiedad intelectual a limitaciones a la movilidad laboral entre las empresas. Pero independientemente de la causa, está claro que debiéramos estar preocupándonos aún más por el futuro de la productividad que por su presente.

El impacto en la desigualdad

Una preocupación final es la desigualdad. A riesgo de simplificar demasiado, hemos llegado a un punto en el que quienes más ganan están concentrados en unas pocas empresas, mientras que el resto carece mayormente de ese tipo de oportunidades para ganar. En otras palabras, no son los pocos en la cima de cada empresa los que están ganando sueldos muy grandes sino los muchos en cambio que están en unas pocas firmas super estrella. La cuestión es si esto debiera hacernos sentir mejor.

Obviamente, ninguno de los escenarios es muy atractivo. Cuanto más se congreguen en un selecto número reducido de empresas super estrella las personas más capacitadas, más se preguntarán aquellos que quedaron rezagados por qué razón las elites siguen llevándose todo. Parece poco justo que aquellos que se llevan la parte del león de las recompensas estén también tan concentrados en unas pocas empresas sobre las costas, en lugar de estar diseminados de forma más pareja en distintas firmas, sectores y regiones.

En cuanto a los que quedan atrás, Alan B. Krueger, de la Princeton University, ha advertido que una variante del problema de Smith, a saber, la colisión entre unas pocas firmas del mercado laboral, se ha vuelto cada vez más importante. En determinados mercados, al menos, estaríamos siendo testigos del aumento de monopsonios (cuando hay un único comprador), en lugar de monopolios (un único vendedor). En el caso del mercado laboral, una compañía que goce de una posición de monopsonio -o que haya colisionado implícitamente con otras firmas- puede presionar a la baja los sueldos en todos lados.

Krueger sospecha que mientras que el poder de los monopsonios “existió probablemente siempre en los mercados laborales(…)las fuerzas que lo contrarrestaban tradicionalmente (…) se erosionaron en las últimas décadas”. Al mismo tiempo que los sindicatos perdieron miembros, las empresas se han embarcado cada vez más en prácticas que debilitan el poder de negociación de los trabajadores -desde cláusulas de no competencia a personal externo en las empresas.

Después de haber evaluado los datos sobre concentración del mercado, innovación y distribución de ingresos, debiéramos ahora volcarnos al punto de las implicancias de estas tendencias en materia de políticas. En mi opinión, los encargados de la creación de políticas o normas para la sociedad debieran estar especialmente preocupados sobre la forma cómo la conducta de las empresas super estrella de la actualidad podría afectar la competencia en sus industrias el día de mañana.

Tanto los políticos como los responsables de regulaciones debieran analizar cuidadosamente si las acumulaciones de IP (Internet Protocol) y de patentes no están siendo usadas para ahogar la competencia o para evitar la difusión de nuevos conocimientos y tecnologías en todos los sectores. Y debieran considerar instrumentos (políticas) que vayan más allá del ámbito del anti monopolio convencional.

Algunos han sugerido, por ejemplo, que los individuos deberían tener derechos sobre sus datos. Esto podría mejorar potencialmente la difusión, ya que las firmas se convertirían en compradores de datos en lugar de ser vendedores. Al no estar atados a ninguna plataforma, los individuos podrían distribuir sus datos entre empresas competidoras entre sí. Y los responsables de la formación de políticas podrían también comenzar a presionar para una mayor interoperabilidad entre las plataformas, que limitarían a su vez la dosis en la que los usuarios se atan a una estructura en particular.

En términos laborales, las autoridades podrían intervenir de varias maneras. Podría existir, por ejemplo, la norma de acciones anti monopolio contra contratos “no competitivos”, que imponen básicamente restricciones al comercio (del trabajo en este caso). De manera similar, se podrían tomar medidas para reducir el poder de regímenes de permiso de trabajo (como el que existe para los esteticistas o plomeros) que tienden a estar dominados por la gente que tiene el mayor interés en el proteccionismo. ¿Por qué aquellos que tienen una licencia son los que fijan reglas sobre permisos? Uno tiende a pensar que es un cuerpo más neutral el que debería determinar el alcance de los permisos de trabajo.

La tarea nada envidiable de los bancos centrales

Como sea, uno de los efectos más importantes de los actuales cambios estructurales económicos ha tenido lugar sobre la economía política de la banca central. El temor al cambio tecnológico, la declinante calidad de los empleos y las perturbaciones causadas por empresas super estrella han dado a la gente muchas razones para estar infelices. A pesar de la baja tasa de desocupación, muchos trabajadores no están contentos. Están atrapados en empresas que no son estrella, en donde albergan un resentimiento general post Gran Recesión en contra de las elites y sus agendas.

Y de todas las elites la banca central parece recibir los mayores ataques. La mayoría cuenta con funcionarios con un doctorado que hablan en un lenguaje que nadie más entiende. “Ciudadanos de ningún sitio” por excelencia, esta gente se reúne con frecuencia a puertas cerradas en la lejana Basilea, en donde discute condiciones financieras globales y los efectos sistemáticos de las políticas monetarias. De lo que no habla esta gente, muchos creen, es de la calle, salvo cuando entran en juego discusiones sobre la inflación.

No sorprende por ello que haya habido una baja tan marcada en la confianza pública. Ya es bastante grave que el ciudadano común apenas pueda entender el complejo equilibrio entre inflación y desempleo. Y es peor cuando uno agrega la queja del público por los rescates financieros de Wall Street y la sensación de que los banqueros están centrados en las condiciones globales en lugar de en las preocupaciones locales. Sí, la tarea de todo banquero es pensar en este tipo de cosas, pero ésta es vista con una sospecha cada vez mayor por aquellos que no están en el ambiente.

La banca es algo lo suficientemente difícil tal como está. Se vuelve más difícil cuando hay políticos que tratan de anotarse puntos atacándola. Uno no debiera envidiar a los banqueros ya que ellos son los que navegan por el clima actual de desconfianza y escarnio, que es en sí un producto de los cambios estructurales más grandes que ocurren en la economía.

¿Pueden los banqueros recuperar la confianza del público, mantener la estabilidad económica global y hallar formas para acomodar las perturbaciones tecnológicas generalizadas al mismo tiempo? Esta será una pregunta clave en 2019 -y más allá.

© Project Syndicate 1995-2019
Traducción: Silvia S. Simonetti