Roberto Giovagnoli | RED/ACCIÓN
Salud | 2 de enero de 2019

Fuente: INCUCAI

En 2018 se logró un récord en donación y trasplantes de órganos

Hay números que revelan un récord para celebrar en la Argentina. El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) confirmó que durante 2018 se registró el récord histórico de 701 procesos de donaciones de órganos, que permitieron que 1.681 pacientes en lista de espera accedieran a un trasplante. Nunca antes se registró una cifra semejante en donación y trasplantes de órganos en el país.

Estos números representan un crecimiento de 18%, con respecto a 2017, año en el que se registraron 593 procesos.

Durante el año pasado un hecho bisagra visibilizó la problemática de la donación en el país: la Ley Justina.

Justina Lo Cane, de 12 años, falleció mientras esperaba un corazón que nunca llegó. En aquellos largos días, Justina les decía a sus padres que el pedido no debería ser sólo por ella, sino por todas las personas que esperan un órgano.  Así nació la campaña “Multiplicate por 7”, que rápidamente se extendió por las redes sociales. El lema destaca la idea de que un donante puede salvar la vida de hasta siete personas que aguardan por un órgano.

Cuando Justina murió, su familia se convirtió en vocera de la necesidad de un cambio, y con ese propósito comenzaron a trabajar junto al INCUCAI. El 4 de agosto pasado entró en vigencia la nueva Ley de trasplante de órganos, tejidos y células, número 27.447,  llamada Ley Justina, norma que fue aprobada por unanimidad en el Congreso Nacional.

Las autoridades del INCUCAI reconocen que la ley fue un envión clave para lograr estas cifras récord. La nueva norma fortalece el sistema de procuración de órganos, al agilizar y simplificar los procesos de donación y trasplante.

“Estábamos esperando este cambio”, aseguró el presidente del INCUCAI, Alberto Maceira, en diálogo con RED/ACCIÓN. “Con la Ley Justina se modifica el paradigma en el país y también se verifica un cambio en la conciencia de la población, que acompaña el crecimiento de la sociedad con respecto a entender de qué se trata el proceso de donación y trasplante”. Maceira agregó que “es muy importante contar con un marco normativo para que las instituciones puedan trabajar con total tranquilidad”.

También destacó que la “Ley Justina sostiene y refuerza la percepción positiva que siempre tuvo la sociedad argentina a cerca de la donación y trasplante de órganos”.  A la vez que insistió en que aún el sistema sanitario no ha terminado de comprometerse con el proceso de donación y trasplante.

Los trasplantes en números

De los 1.681 trasplantes de órganos realizados 986 fueron renales, 409 hepáticos, 125 cardiacos, 84 renopancreáticos,  43 pulmonares, 21 hepatorenales, 6 cardiorenal, 5 pancreáticos, 1 cardiopulomar y 1 hepatointestinal. Se concretaron también 1.250 trasplantes de córneas.

Nueve provincias superaron la media nacional de donantes, que es de 15.75 por millón de habitantes: Ciudad Autónoma de Buenos Aires (34.88), Tucumán (34.45), Córdoba (22.26), Santa Fe (22.12), Misiones (21.89), Mendoza (21.03), Formosa (20.16), Entre Ríos (19.85) y  Neuquén (17.01).

Vale destacar también que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Tucumán, Córdoba, Misiones, Formosa, Neuquén, Catamarca, Jujuy, Río Negro, Chubut y Santiago del Estero superaron sus marcas históricas de donantes.

Los establecimientos hospitalarios que concretaron más procesos de donación de órganos en 2018 fueron el Hospital Ángel Cruz Padilla de Tucumán, el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez de Santa Fe, El Hospital de Urgencias de Córdoba, El Hospital Escuela de Agudos Ramón Madariaga, el Hospital Central de Mendoza, el Hospital General de Agudos Simplemente Evita de González Catán, el Hospital José María Cullen de Santa Fe, El Hospital San Bernardo de Salta, el Hospital de Alta Complejidad Presidente Juan Domingo Perón de Formosa y los Hospitales Nuevo San Roque y Misericordia, de Córdoba.

Salud | 19 de diciembre de 2018

Foto: Hospital Garrahan

El Garrahan inauguró el vacunatorio público más grande de la Argentina

El hospital Juan P. Garrahan ha decidido hacer una nueva apuesta por lo que considera un pilar en la salud pública: la vacunación. Y para ello desde mañana pone en funcionamiento un vacunatorio de 256 metros cuadrados.

Durante una recorrida por las flamantes instalaciones, el presidente del hospital, Carlos Kambourián, refleja la importancia de la vacunación en una frase: “los pediatras conocemos primero de vacunas y después de anatomía”. Y refuerza: “La vacunación es la política de salud pública más importante con la que cuenta la sociedad. Un niño que tiene el calendario de vacunación al día es un niño protegido. Una sociedad inmunizada es una sociedad con mejor calidad de vida y más sana”.

La inauguración del nuevo espacio está en sintonía con la aprobación de una nueva ley de vacunas por el Congreso de la Nación. La normativa, que actualiza la ley 22.909, vigente desde 1983, mantiene la gratuidad y obligatoriedad de las vacunas, y declara a la vacunación de interés nacional, con equidad para todas las etapas de la vida. Según el texto, el Estado Nacional es responsable de proveer a las distintas jurisdicciones los insumos necesarios para cumplir con la inmunización de toda la población.

Uno de los aspectos que incluye la nueva norma, que aún debe ser reglamentada por el Poder Ejecutivo, es la obligación por parte de diferentes organismos de requerir el carnet de vacunación para tramitar por ejemplo la renovación del documento nacional de identidad, la licencia de conducir, o el pasaporte, así como también para cumplir con controles médicos laborales. La documentación también debe ser solicitada para el ingreso y el egreso escolar y la tramitación de asignaciones familiares. El objetivo no es impedir el trámite, sino que la persona conozca cuáles son las vacunas disponibles para las distintas etapas de la vida.

Por año, el Hospital de Pediatría Garrahan aplica más de 52.000 dosis, y con el nuevo vacunatorio se prevé que el número se incrementará en, al menos, un tercio. El espacio posee una sala de espera, zona de recepción con personal administrativo, 2 baños, 6 boxes para vacunar equipados con instalaciones necesarias y espacio para cambiadores. Se trabajó especialmente en un área para personal y almacenamiento de vacunas, con un depósito para material, una sala de frío con red eléctrica segura y depósito para residuos con salida al exterior.

Foto: Hospital Garrahan

También se renovó el equipo de vacunación itinerante diario, que es un grupo de profesionales que recorre el Hospital para vacunar a los niños y niñas internados.

El Kambourian reconoce que hace muchos años que el Garrahan se debía esta obra. “Sabemos de la importancia de la vacunación y del rol que tienen en la prevención de las enfermedades. El único objetivo es que los niños y niñas se enfermen menos”.

“Nunca es grato venir a un hospital, pero la idea es que cuando las familias vengan los chicos encuentren un lugar agradable para pasar el rato. Por eso hay un espacio de juegos dentro del edificio del vacunatorio y un espacio verde justo al lado, situado en una de las esquinas del hospital, ubicado en Brasil en el barrio porteño de Parque Patricios, con entrada independiente sin tener que pasar por ninguna otra sección donde haya pacientes inmunodeprimidos. Los integrantes del vacunatorio están muy entusiasmados, porque antes estaba en medio de la sala de espera principal del hospital y eso no era práctico, con un espacio muy reducido”, contó el director.

Por otra parte, el médico sostuvo que “los grupos antivacunas en la Argentina son pocos, por suerte. Nosotros respetamos todo tipo de opiniones, pero cuando está en juego la vida de las personas, no”.

Parado en el centro de la espaciosa y vidriada recepción del vacunatorio, el presidente de la Fundación Garrahan, el pediatra Jorge Menehem, asegura “que es importante mostrar esta obra, ya que ha sido posible gracias a fondos genuinos del hospital y de la Fundación. La gente que colabora con sus aportes puede ver y palpar qué se hacen con esos fondos”.

Foto: Hospital Garrahan

Menehem, además, señala que puede parecer contradictorio que un hospital de alta complejidad tenga un vacunatorio, “pero se trata de un sector imprescindible”.   

La responsable del vacunatorio, Adriana Parra, recorre con la mirada cada rincón de las instalaciones y remarca: “Tiene una entrada independiente, desde donde se puede acceder sin pasar por el resto de las áreas. Eso es una ventaja para quienes quieren vacunar a sus hijos, que no son pacientes del hospital”.

Parra amplía que el equipo de vacunación itinerante continuará recorriendo las salas de internación con todas las vacunas del calendario y aplicará las dosis a demanda.

La vacunación es un acto de prevención solidario o, como lo nombran los médicos, de efecto rebaño, ya que otorga inmunización a la comunidad. Al nuevo vacunatorio del Garrahan se podrá ir sin turno para aplicarse las vacunas gratuitas y obligatorias que conforman el calendario nacional, “el más amplio de América Latina”, según el presidente de la Fundación Garrahan, Jorge Menehem.

Salud | 17 de diciembre de 2018

Intervención por Pablo Domrose

El desafío de patinar sobre hielo con diabetes

“Soy Lulú y tengo diabetes, no soy una diabética”, se presenta Lourdes Aguilar, de 16 años, mientras orgullosa muerde su medalla de oro obtenida en la Categoría Pre Juvenil argentina en Patinaje sobre Hielo.

En el preciso momento en que el vértigo de la adolescencia y los proyectos le dan una adrenalina única a la vida, Lourdes tuvo que parar un instante para después seguir. De un día para el otro los síntomas se manifestaron. Mucha sed, con ganas de orinar, siempre cansada y muy delgada. Lourdes se lo comentó a su padre, sabiendo cual sería el futuro.

Una simple medición de la glucemia y otros análisis de rutina decretaron que Lourdes tenía diabetes tipo 1. Ella sabía cómo cambiaría su vida porque tiene un hermano menor con la misma enfermedad.

Cuando se conoció el diagnóstico fue un golpe duro. Durante una semana no quiso salir de su cuarto, pero una contundente sentencia de su psicóloga fue el punto de partida: “esto llegó para quedarse”. Con esa certeza, Lourdes volvió a sonreir y a retomar su vida con una naturalidad envidiable, que le permitió cumplir con un entrenamiento semanal intensivo en la pista de hielo de la Escuela Rusa de Flores.

Foto: Roberto Giovagnoli

Vitalidad es la palabra más precisa para definir a Lourdes, que muestra orgullosa todas sus medallas obtenidas gracias a las destrezas sobre una pista helada. La diabetes tipo 1 y el patín llegaron casi juntos a su vida.

Tenía 12 años cuando le diagnosticaron la patología y 5 meses después se calzó de forma azarosa unos patines en Bariloche, y ya no se los sacó más.

Para ella, el deporte fue como una vendetta a la enfermedad. A la que sumó un desafío extra como es el ambiente de frío extremo en la pista, poco aconsejable para personas que viven con este tipo de diabetes. Pero para Lourdes esos detalles son insignificantes. “Siempre tengo a mano una gaseosa o azúcar para compensar si estoy bajita”. Lourdes dice “estar bajita” cuando la medición le indica el descenso del nivel de glucosa.

También cuenta que para entrenar o competir se quita la bomba de insulina, que la acompaña a todas partes, por miedo a que una caída destroce el dispositivo. Pero repite que esa tecnología le cambió la vida.

La bomba de insulina es un dispositivo más pequeño que un smartphone, conectado a un catéter que administra la insulina en forma continuada. Se trata de un infusor que controla el nivel de glucemia las 24 horas, y así reemplaza las múltiples inyecciones de acción lenta. Además, una alarma advierte sobre alguna alteración en los niveles, incluso durante las horas de sueño. La bomba es configurada según la indicación precisa para cada paciente, que por lo general tienen valores de glucemias inestables, y es lo que se conoce en términos médicos como “labilidad glucémica”.

“Al principio –cuenta Lourdes- me daba un poco de vergüenza sacar todos los elementos que tenés que llevar para el control y para inyectarme, cuando aún no tenía la bomba. Por ejemplo cuando iba a un restaurante y la gente comenzaba a mirarte como una rareza. Pero con el tiempo empecé a no prestarle atención a esas cosas. Además, mis amigas y amigos naturalizaron la situación y me ayudan un montón. Siempre están atentos a cómo me siento y me preguntan si necesito algo”.

Escuchar comentarios sin argumentos acerca de la enfermedad es algo que fastidia a Lourdes. “Hay gente que te dice aflojá con los caramelos porque te vas a volver diabética y yo siempre tengo ganas de decirle: ‘No, así no funciona, no tiene nada que ver’”, explica siempre con una sonrisa.

Foto: Lourdes Aguilar

Un desafío que enfrentó hace poco tiempo fue un viaje a Londres durante un mes, con un grupo de amigas. Para cumplir con ese sueño hubo una condición innegociable: llevar la bomba de control de glucemia. Antes de la partida, Lourdes reunió en su casa a sus amigas más cercanas y les dio una clase sobre diabetes tipo 1 para que la asistan ante cualquier imprevisto lejos de casa.

Diabetes tipo 1

En general, es una enfermedad poco conocida y con escasa difusión. La palabra diabetes se asocia a pacientes adultos, propensos a la obesidad y al sedentarismo, que son los factores de riesgo para el tipo 2.

En cambio, la diabetes 1 es una enfermedad crónica que se caracteriza por la falta de producción de insulina. Eso provoca un aumento de la glucosa o azúcar en sangre por encima de los límites normales. No obstante, no afecta en absoluto las capacidades intelectuales, ni el aprendizaje, ni la adquisición de habilidades en cualquier disciplina.

La médica especialista e integrante de la Sociedad Argentina de Diabetes, Susana Fuentes, señala que la diabetes tipo 1 se presenta frecuentemente en niñas, niños, adolescentes, y personas delgadas. Es consecuencia de un fenómeno de autoinmunidad, que no ocurre en la diabetes tipo 2. Hay células del páncreas que no son reconocidas como propias y son destruidas por el sistema inmune, lo que lleva a la disminución y supresión total de la secreción de insulina.

Fuentes advierte que la diabetes tipo 1 está en aumento a nivel mundial en menores de 5 años, mientras que en la Argentina la incidencia es de 4,4  cada 100 mil niñas y niños menores de 15 años.

Las personas con diabetes que requieran una bomba de insulina deben saber que esta debe ser cubierta por prepagas y obras sociales, previo a una auditoría médica. Es más, la bomba o micro infusores están comprendidos en el Plan Médico Obligatorio.

Foto: Lourdes Aguilar

La diabetes tipo 1 no le impide a Lourdes estudiar, patinar, salir con sus amigas. No le impide soñar. Lourdes ya sabe qué hará en un futuro. Estudiar traductorado y vivir en el extranjero, en un país “donde se hable inglés”, son sus objetivos. Eso sí, siempre con los patines a cuestas en busca de una pista que le permita desafiar al frío. Sabe que para eso su organismo debe estar impecable y para eso esmera los cuidados.

Salud | 26 de noviembre de 2018

Ilustración: Pablo Domrose

Cómo una enfermera logró que una comunidad menonita en La Pampa cambie sus hábitos de salud

Junto al agua potable, las vacunas son uno de los desarrollos científicos que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad. Sin embargo, hay personas que se resisten a vacunar a su hijos. En esos casos, la barrera más difícil de vencer es cuando la negativa se basa en el miedo y el desconocimiento.

Pero con diálogo, paciencia y persuasión la enfermera Mónica Mora logró atravesar la tranquera de una comunidad cerrada, que opta vivir alejada de la vida moderna, como es la Colonia Menonita de Guatraché, en la provincia de La Pampa. Allí, vacuna desde hace 12 años a los niños y niñas de la comunidad.

En medio de la inconmensurable llanura pampeana, Guatraché es un pueblo que está atravesado por la ruta provincial 24, muy cerca de la frontera con el territorio bonaerense, y a 176 kilómetros al sur de Santa Rosa. No muy lejos del casco urbano, se encuentra la Colonia Menonita, la cual está conducida por un Ministro, de acuerdo con sus tradiciones. Desde hace tiempo, Mónica Mora, una enfermera de 52 años del hospital público Manuel Freire de Guatraché, recorre a bordo de vehículos del hospital ese camino con su mochila llena de vacunas y un envidiable poder de convencimiento.

Durante años Mónica fue auxiliar de enfermería. Cuando los caprichos de la vida y la crianza de sus hijos le dieron respiro, terminó sus estudios secundarios por la noche y completó la carrera de Enfermería en la ciudad de bonaerense de Bahía Blanca. Viajaba todos los viernes 200 kilómetros para cursar las materias con docentes que llegaban desde la ciudad santafecina de Rosario.

Desde hace 12 años Mónica vacuna a todas las niñas y niños de la Colonia Menonita. ¿Cómo lo logró? Hablando y comunicándose, en especial con las mujeres. En esa comunidad solo los hombres hablan castellano, porque son los que se relacionan con el resto de la sociedad para comercializar sus productos y comprar mercancías e insumos.

Foto: Mónica Mora

De allí que el primer escollo que tuvo que sortear Mónica fue la intermediación masculina. Una vez que consiguió ese objetivo tuvo el camino allanado.

– ¿Cómo fue que se acercó a la comunidad?

– Mi jefe de aquella época del hospital, Darío Coria, me propuso continuar con el trabajo extramuros que se venía realizando desde hacía años. Eso significaba salir del establecimiento y realizar todos los meses la vacunación de calendario para niños y adultos. El objetivo era acercarse a sectores de la sociedad que no tenían acceso al sistema de salud por diversos factores.

– ¿Cuáles fueron los principales obstáculos en aquel acercamiento?

– Sin dudas, la primera barrera con la que me encontré fue el idioma. Poder comunicarme con las madres era esencial para mí. Toda la colonia habla un alemán muy cerrado y solo los hombres se comunican en castellano. Logré convencerlos de que era importante que las mujeres pudieran dialogar conmigo sin intermediarios. Así fue que ellas me acercaron a sus hijas e hijos y comenzaron a soltarse, a hablar de a pocos con escasas palabras. Desde ese momento el contacto se facilitó. La palabra “Moni” fue clave para afianzar la confianza. Cuando yo golpeaba una puerta y decía: “Moni”, la abrían con una sonrisa. Y así comenzaron a llamarme e incorporarme a sus vidas. De esta forma pude explicar la importancia de cumplir con el calendario de vacunación y ese fue mi primer logro. Con el tiempo fui invitada a compartir almuerzos con familias enteras. Esos momentos que pasaba junto a las familias, en medio de charlas distendidas, los aprovechaba para insistir en algunos temas de salud que me parecían importante insistir, como por ejemplo la vacuna del HPV. De esta forma, se fue creando un vínculo basado en la confianza, que es primordial cuando se trata de salud.

– ¿Qué cambió en la salud de la comunidad con su intervención?

La vacunación logró la prevención de muchas enfermedades, y detectar otras problemáticas de salud. Los adultos pudieron comprobar que los niños y niñas se enferman menos y hay menos muertes.

– ¿Qué otros cuidados de la salud pudo introducir en la comunidad?

-Con el tiempo pude asesorar a las familias sobre cuestiones de higiene, primeros auxilios, lactancia materna y el control del embarazo. También pude inculcar hábitos de alimentación cómo hervir las verduras para evitar diarreas, lavarse las manos con regularidad, el cuidado en el uso de anticonceptivos, advertencias sobre hábitos tóxicos, los peligros de la automedicación, y la importancia de tener al día el calendario de vacunación.

La colonia Menonita

Comprende unas 10.000 hectáreas, divididas en 9 campos. En cada uno viven entre 20 y 30 familias y se estima que la comunidad está conformada por unas 1.500 personas. El dato no es oficial ya que no hay un censo que lo certifique. Ese es otro de los objetivos que se ha trazado Mónica: censar a la población y obtener números más precisos sobre la comunidad. Así lo confirmó Ana Bertone, directora de Epidemiología del Ministerio de Salud de La Pampa, quien además acompaña a Mónica en las visitas a la Colonia.

Foto: Mónica Mora

La funcionaria destaca el trabajo de Mónica en Guatraché: “Si bien aún no hay datos oficiales, se ha constatado que no existen notificaciones de enfermedades inmunoprevenibles en la Colonia. Y eso es gracias a la vacunación y al tenaz trabajo de Mónica”.

Además del muy buen nivel y frecuencia de vacunación que ha logrado, en la última campaña Nacional de Seguimiento contra Sarampión y Rubéola 2018 se inmunizaron a 200 niñas y niños con una dosis adicional.

Bertone también marca el impacto que ha tenido la penetración de Mónica en la Colonia, más allá de los servicios específicos que ella brinda. Mónica permitió el acceso a la colonia de médicos clínicos, psicólogas y ginecólogas que orientan a las mujeres jóvenes en temas de salud reproductiva.

Foto: Mónica Mora

Mónica relata un ejemplo del cambio en la mirada que los menonitas hoy tienen hacia los profesionales de la salud. “En la colonia se descansa de 11 a 13 todos los días. En una ocasión, el grupo de médicos y enfermeras llegamos cerca del mediodía, pedimos perdón por interrumpir la hora de descanso y uno de los hombres que nos recibió contestó: ‘Ustedes nunca son una molestia porque vienen a mejorar y a salvarle la vida a nuestros hijos’”.

“Moni” se ha convertido en un rostro familiar para los habitantes de la Colonia Menonita de La Pampa. Conseguir la confianza de esa comunidad ha sido un gran logro, su palabra es escuchada y sus consejos, cumplidos a rajatabla. Por eso, allí “Moni” es sinónimo de salud. “Moni” es un ejemplo, una huella que marcó a estos pobladores y a sus futuras generaciones.

Sociedad | 17 de octubre de 2018

Qué investiga el observatorio más grande del mundo, situado en Mendoza

El Observatorio Pierre Auger fue construido para responder qué son, de dónde vienen y cómo llegan a la Tierra los rayos cósmicos. Estos rayos son nada más y nada menos que mensajeros que nos traen información de objetos lejanos del universo. El observatorio es único en su especialidad.

“Cuando te involucras en un proyecto en el que no hay nada hecho, se debe arrancar de cero, y cada día es un nuevo desafío que no te asegura resultados, es arriesgado y temerario pero fascinante a la vez. Cuando se obtienen resultados son de alto impacto porque sabés que es el único lugar en el mundo que lo ha logrado.”

Beatriz García, astrónoma.

En ocasiones, Edgar Allan Poe se quitaba el traje de poeta y su pluma mutaba en sesudos ensayos científicos, siempre con una obsesión: los secretos del espacio infinito. Con ese afán llegó a proponer una solución a la paradoja de Olbers. Ese interrogante físico planteaba la contradicción de que en un universo infinito repleto de estrellas —tal era la descripción de universo de la época— el cielo nocturno debería ser totalmente brillante, sin regiones oscuras.

Con esas lecturas de Poe, Beatriz García se internó de a poco en el mundo de la astronomía, sin saber que ella misma se convertiría en astrónoma, investigadora del CONICET y miembro del equipo científico del Observatorio Pierre Auger, en la localidad mendocina de Malargüe.

“Recuerdo que leía mucho de chica -cuenta Beatriz- aprendí a leer a los cuatro años, y en esa época me gustaban novelas de aventuras. A los 12 años leí mi primer libro de ciencia ficción. Me acuerdo bien, fue El Hombre Ilustrado, de Ray Bradbury. Luego llegó a mi vida Edgar Allan Poe, que fue de gran impacto, por su explicación de la paradoja de Olbers, la cual reveló por qué el cielo es oscuro. La mitología me llevó directamente a las estrellas, y a partir del cielo visible a simple vista, siguieron mis aproximaciones a la astronomía. Soy de la generación que leyó en los diarios descubrimientos que confirmaban teorías de 100 años”.

Los rayos cósmicos son partículas de elevada energía que llegan desde el espacio infinito. Caen todo el tiempo, a toda hora. Son imperceptibles para el ojo humano, pero los científicos saben desde hace más de un siglo de su existencia y se han empecinado en hallar sus orígenes para comprender más acerca del Universo. Es decir, los rayos cósmicos son mensajeros que nos traen información de objetos lejanos del universo.

James Watson Cronin, premio Nobel de Física 1980, comenzó a recorrer la Argentina a mediados de los 90. Pronto entendió que el sur mendocino tenía una especial conjunción con el cielo. Buscaba una zona amplia, de unos tres mil kilómetros cuadrados, con poca  pendiente, plano y a una altura entre 800 y 1400 metros sobre el nivel del mar. También se requería un lugar no demasiado frío, para que el agua en los tanques no se congelara por completo, con cielo despejado, oscuro en la noche, sin contaminación y a la vez, con el soporte de una ciudad cercana. Malargüe, localidad al pie de Los Andes y a 410 kilómetros al sur de la capital mendocina, reunía todas esas condiciones.

Todo un hito para la ciencia y la investigación en la Argentina, el Observatorio Pierre Auger se inauguró en 2008, con la participación de científicos de todo el mundo. Los países miembros del Pierre Auger son 16: Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Eslovenia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Holanda, Polonia, Portugal, República Checa, Rumania y Colombia, que aportan los fondos para el funcionamiento y la investigación.

“El Observatorio Pierre Auger está destinado a la detección y estudio de rayos cósmicos de ultra elevada energía, que proceden de lo que se denomina el universo extremo – explica Beatriz García.  “Tampoco sabemos qué tipo de partículas son. Podrían ser protones o núcleos de átomos, inclusive tan pesados como el núcleo del átomo de hierro, pero tampoco pudimos encontrar una respuesta. El Observatorio, el más grande del mundo y único en su especie por combinar técnicas de detección, fue diseñado y construido principalmente para responder a esas preguntas: que son, de dónde vienen y cómo llegan a la Tierra, con tan alta energía, los rayos cósmicos.”

Egresada de la Universidad Nacional de La Plata, en donde se dedicaba a las estrellas y cúmulos estelares, después fue astrónoma residente en CASLEO (San Juan) y en 1996, se fue a vivir a Mendoza. Cuenta que su encuentro con el observatorio fue completamente accidental. “James Cronin, premio Nobel de Física, que fue el líder del proyecto vino a Bariloche a una reunión que fui en la que buscaban científicos para estudiar la calidad de cielo y atmósfera”, recuerda. A partir de aquel momento, se dedicó enteramente al proyecto del Observatorio Pierre Auger.

Cuando los rayos cósmicos llegan a la Tierra, interactúan con las moléculas de la atmósfera y producen una cascada de partículas secundarias, las lluvias cósmicas descubiertas por Pierre Auger en 1938. Estas partículas secundarias producen en la atmósfera un fenómeno denominado fluorescencia (al interactuar con el nitrógeno) y en el agua, parte de esas partículas producen otro efecto, una luz ultravioleta, la radiación Cherencov.

La luz Cherencov detectada permite establecer la energía del rayo cósmico primario. También es posible mediante los detectores de superficie, reconstruir el camino de arribo, esto se utiliza para tratar de identificar la fuente astrofísica que produjo el rayo cósmico.

El otro sistema está formado por detectores de fluorescencia: se trata de 27 telescopios que observan la fluorescencia atmosférica. Trabajan sólo en noches despejadas, sin Luna (para asegurar máxima oscuridad, porque la fluorescencia es muy tenue). Están instalados en cuatro edificios en la periferia de la superficie ocupada por los tanques.

Investigar desde cero, sobre algo tan desconocido, es un desafío. “En los primeros tiempos del observatorio muchos investigadores nos decían que cuando hubiera algo instalado los volviéramos a contactar. Nadie estaba muy dispuesto a trabajar sabiendo que probablemente, no generarían publicaciones por bastante tiempo, situación crítica en el sistema científico argentino”, recuerda. Y se refiere a varios inconvenientes que tuvieron los científicos, como no ascender o que los informes a CONICET fueran rechazados.

La vida de los científicos en Malargüe tiene sus particularidades ya que el observatorio nació directamente vinculado con la comunidad. “Nadie puso ni un ladrillo, ni un detector, antes de acordar con los habitantes de Malargüe. Se realizaron muchas reuniones con pobladores, que al principio se mostraban preocupados frente al desconocimiento. Ahora esos mismos pobladores cuidan a los detectores, nos avisan si hay algún problema y se benefician, por ejemplo, de los paneles solares que hemos instalado en sus casas”, agregó.

Y finalmente, se manifestó optimista por el futuro del centro en el camino que se recorre para encontrar las respuestas buscadas: “hay nuevos descubrimientos y se desarrollan nuevas tecnologías. Por lo tanto, aparecen otros proyectos que mejoran y amplían la comprensión de los fenómenos que los rayos cósmicos producen al interactuar con la materia al llegar a nuestro planeta”, concluye. Una pasión cósmica que también contagia.

QUIÉN FUE PIERRE AUGER (1300)

En 1933, Pierre Auger y Louis Leprince-Ringuet se embarcaron en Alemania con rumbo a una lejana Buenos Aires, con 100 detectores de partículas a bordo. En esos tiempos, la naturaleza de los rayos cósmicos era desconocida. Partículas cargadas, de origen diferente a los rayos gamma, son desviadas por el campo magnético de la Tierra, el cual varía con la latitud. Auger y Leprince-Ringuet confiaban, sin embargo, en que estudiando la variación de la intensidad de los rayos cósmicos con la latitud pudiera revelarse cuál era su naturaleza. Después de varios experimentos en picos montañosos y con vuelos en globo, en 1936 desarrollaron su propio laboratorio de investigación en rayos cósmicos.