Camino al este, comentado por Fernando Santillan | RED/ACCIÓN

Camino al este, comentado por Fernando Santillan

Camino al este
Javier Sinay
Tusquets

Uno (mi comentario)

En Camino al Este, Javier Sinay hace la crónica de un viaje en busca del amor. Cuando su novia argentina de antepasados japoneses gana una beca para estudiar en Japón el arte del té, el camino del té o Chado, él decide ir a buscarla en un viaje en soledad. Ella se llama Higashi, que en japonés significa “Este”, y él viajará 14.953 kilómetros, siempre hacia el Este, usando su oficio de periodista para indagar sobre el amor y sobre los viajes. Su camino tiene una parada especial en la ciudad de Grodno, en Belarús. Es la ciudad desde donde emigraron los antepasados de Sinay, su alter heim (old home, antiguo hogar).

¿Existe ya una literatura así, empezando por ejemplo con Everything is Illuminated de Jonathan Safran Foer, por ahí cerquita?) Aunque dice que viaja “en busca de una mujer” (p. 19), esa parada y los recuerdos sobre otras mujeres en su propia historia (Riva, Natalia, Inés) hacen de este un viaje no solo hacia el Este sino también hacia adentro, una reflexión sobre el origen (la reflexión sobre los antepasados propios y ajenos está siempre cerca) y sobre la vida y el camino del cronista. Los personajes y los temas que desfilan muestran la diversidad humana y la del amor: un chamán en Siberia; las historias de amor de un joven inmigrante de Gambia en Madrid; una pareja de actores porno en Barcelona; un inmigrante paquistaní que vende candados para que los enamorados los pongan en los puentes parisinos y una militante contra esa práctica. El amor se enlaza con la muerte (que al fin y al cabo es el final de un camino) en Berlín, en Ekaterimburgo – que “parece una continuidad de cementerios” (p. 181) – y en Irkutsk; y en Tokio vemos las extrañas costumbres de una zona roja donde se busca más hablar que tocar. El libro tiene por momentos temas de registro, con un idioma neutral o español que suena raro en un periodista porteño – “Muhammad se asentó donde unos amigos en Segovia” (p. 54), Riva “era de izquierdas” (p. 138) – y no todas las situaciones y los personajes tienen el mismo valor narrativo. Pero el texto es rápido, va de una situación hacia otra, de una ciudad hacia otra, y cuando nos preguntamos por el mérito de alguna cuestión siempre se recupera el sentido por la vía más obvia: el sentido es la dirección, el camino, el Este, Higashi: esa mujer que es origen y destino de este viaje.

Dos (la selección)

(Amor)

“Cuando me di cuenta de que había comenzado este viaje alrededor del mundo tan sólo para estar cerca de una mujer, me pregunté qué cosas hace la gente por amor y me propuse contar esas historias en cada uno de los sitios que recorriera. Pero la pregunta no estaba completa: el amor no es sólo el amor; es también la sexualidad y es el desamor y es la compañía y la soledad.” (p. 20)

Tres

(Soledad)

“Durante muchos años creí que ir solo no era la mío. A veces uno no sabe que está listo hasta que las cosas se imponen, y viajando solo, alejado de mis queridos, de mis objetos y de mi casa, pero también de mi pasado y de mi futuro, me encuentro con algo que se parece demasiado, para bien y para mal, a la esencia de mí mismo. Así descubro que estoy preparado para un trayecto que pocos se animarían a andar y, luego, que el camino me está transformando en un nómade astuto.” (p. 159)

Cuatro

(Este)

“En Alemania encontré por primera vez el Este: en los rubios, en los eslavos, en la sobriedad, en el Muro y en el viejo comunismo. Todo eso fue un cambio de paradigma, un nuevo mundo que apareció más allá de una cultura occidental en la que el individuo es un dios que hace lo que quiere. Ahora, cuando camino por Ulaanbaatar y veo por todos lados a personas tímidas y sencillas con el rostro muy redondo y los ojos muy rasgados, me doy cuenta de que me he adentrado mucho más en el Este. Como en Alemania, esto también ocurrió en un degradé lento y suave, tremendamente sutil, que sólo se deja ver cuando ya ha ocurrido.” (p. 233)

Cinco

(Grodno)

“¿Qué había entre España y Japón? Un país. O varios. Pero uno, especialmente. Uno que había querido visitar desde que descubrí que había sido el suelo enigmático de mis ancestros. Uno del que se sabía poco y al que entraban escasos aviones con turistas. Uno que, cuando llegaba a las noticias, parecía inverosímil. Belarús, Bielorrusia. La Rusia Blanca. Y ahí, Grodno: la ciudad donde vivió el abuelo de mi abuelo, y la que dejó para siempre cuando a fines del siglo XIX se embarcó hacia la colonia agrícola de Moisés Ville en Santa Fe, Argentina, América. Grodno, la joya de mi mitología personal. Yo tenía que ir ahí.” (p. 36)

Seis

(Diversidad)

“Viajo en el Tren Transiberiano en siete tramos, en total a lo largo de 5.793 kilómetros, y alcanzo latitudes situadas mucho más allá de Rusia. Llego a estar veintiocho horas a bordo. En el camino -o, mejor: en los vagones- conozco a tres parejas de argentinos (…); a John, un cantonés new rich que prueba delante de mí su primer plato de borsht (y no le gusta); a Slava y a Igor, dos entrenadores de boxeo que se emborrachan felizmente para pasar el tiempo; a Maxim, un estudiante enamorado; a un hombre místico que reza con una pequeña Biblia y me prohíbe que le tome fotografías; a otro, Slava, que administra un bar en Krasnoyarsk; a una rusa que da clases de surf en Bali; a Oyvind, un ingeniero noruego que a los 52 años se pregunta si es mejor vivir en el presente o planificar el futuro.” (p. 195-196)

Siete

(Camino)

“Teníamos muchas cosas en común con Higashi: los libros, la música, muchos amigos. El karate que yo practicaba era un do, como el Chado: un camino que se recorre buscando la perfección, sabiendo que nunca se va a alcanzar, donde lo que vale es el camino. Así que cuando ella me habló sobre la ceremonia del té, la encontré fascinante y comprensible.” (p. 313)

Fernando Santillan es politólogo y padre de tres hijas. Es aficionado al fútbol, el whisky y la literatura. Escribe en www.750aRetiro.blogspot.com y Flanders, su primera novela, está en imprenta. En Twitter es @santillanf.


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