Sie7e Párrafos | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 19 de febrero de 2019

López Rega, comentado por Graciela Fernández Meijide

Graciela Fernández Meijide, docente. Participó en ONG de defensa de los DD HH en Argentina. Integró la CONADEP. Fue Diputada y Senadora nacional, Ministra de Desarrollo Social.

López Rega. El peronismo y la triple A
Marcelo Larraquy
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Cuando finalizaba un programa sobre los años 70 en radio Ciudad, Marcelo Larraquy le recordó a Hilda Sábato que había sido su alumno en la carrera de Historia en la UBA y le preguntó por qué en las clases se hablaba tan poco de aquellos años violentos. Hilda contestó que estaban entonces, democracia recién recuperada, demasiado cerca de los hechos y eso dificultaba la objetividad. Leí casi todos los libros de Marcelo que, preferentemente, indagan sobre distintos aspectos de aquella época y mientras se desarrollaba aquel diálogo pude imaginar al joven curioso, de alrededor de 20 años, que habría cursado parte de su secundario todavía en dictadura, dedicado ya adulto, munido de las herramientas del investigador, a desmenuzar cada momento, cada protagonista de ese angustiante escenario de nuestra historia. (…)

Ahora termino de leer “López Rega. El peronismo y la triple A” y uno se puede preguntar cómo es posible que semejante personaje pudiera llegar a acumular tanto poder, a gozar de tanta impunidad. Caído por fin en desgracia, fue extraditado de su exilio. Juzgado, estuvo en la cárcel varios años hasta que murió, en 1989 en una clínica privada. Afecto al esoterismo, apegado al rito umbanda, con la convicción de estar tocado por Dios, fue cantor, autor, mayordomo servil, intrigante Rasputín en los oídos de Isabel de Perón. Ministro de Desarrollo Social, desde el edificio en el que se asentó cuando sintió que había tocado el cielo con sus manos, convertido en “el imán de la derecha de cualquier sector”, había impulsado con fe doctrinaria y armamento concreto la violencia estatal clandestina encubierta por el paraguas de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina) . En este libro Larraquy pinta un fresco de pugnas, intrigas, competencias propias de la política más confrontativa y de lealtades inexplicables en el que la figura central es un “brujo”.

Dos (la selección)

Hacia fines de la década de los treinta, José López era uno más de los anónimos muchachos que jugaban a las barajas en el club El Tábano. En ese tiempo no tenía apuro por llegar a ningún lado y nada le interesaba tanto como indagar en las cuestiones del espíritu. Su padre, Juan López, era un inmigrante español que se había ganado la vida en Buenos Aires conduciendo un taxímetro, un viejo Buick negro. A su madre, Rosa Rega, no llegó a conocerla. Murió el 17 de octubre de 1916, en el mismo momento en que lo estaba pariendo.

Los primeros cincuenta años de su vida, López los vivió en la casa familiar de Guayra 3761, del barrio de Villa Urquiza. Pasó la infancia y buena parte de la primera adolescencia intentando sobrellevar la ausencia de su madre y jugando con cualquier bicho que apareciera bajo la tierra. Allí, en el patio de la casa, formaba ejércitos de soldados en miniatura y les daba instrucciones a los generales. Siempre recordaría que en esas tardes aprendió los significados de la soledad. Sin embargo, no podía entender quién era, de dónde había venido y hacia dónde iba. Esas cuestiones lo inquietaban. Su padre no sabría ayudarlo a develar esos misterios, pero cada tanto lo llevaba a un boliche de Congreso y Estomba para que lo acompañara, y eso resultaba, en parte, aliviador.

Tres

Mientras tanto, Perón se aferraba a la máquina de escribir para levantar la moral de sus seguidores. El 11 de julio de 1956 le escribió a Cooke:

El odio y el deseo de venganza ya sobrepasaron todos los límites tolerables hasta en nosotros mismos frente a tanta infamia y espíritu criminal. Es necesario confesar que aunque fuéramos santos tendríamos que descuartizar a los traidores y asesinos de inocentes ciudadanos y prisioneros indefensos. Yo dejé Buenos Aires sin ningún odio pero ahora, ante el recuerdo de nuestros muertos y asesinados en prisiones, torturados con el sadismo más atroz, tengo un odio inextinguible que no puedo ocultar.

Pero la pieza clave de toda esa etapa fueron las Instrucciones generales, que hizo llegar a los peronistas de la resistencia y de los comandos de exiliados para que las difundieran y aplicaran. Relataba cómo realizar crímenes contra sus enemigos y cómo preparar la “guerra de guerrillas” para el asalto final. Las Instrucciones… exhibían un grado de violencia tan manifiesto que muchos creyeron que eran apócrifas, pero él mismo se ocupó de confirmar su veracidad.

Cuatro

Durante su estadía en Ciudad Trujillo —actual Santo Domingo—, Perón se desembarazó de John William Cooke. El ex diputado había sido funcional a su estrategia de guerra revolucionaria durante más de dos años, responsable del armado de la “línea dura” del peronismo con activistas de la Resistencia Peronista. Pero luego de la firma del pacto con Frondizi, Perón comenzó a erosionar su liderazgo interno y lo puso en pie de igualdad con aquellos que habían buscado acomodarse primero con la Revolución Libertadora y luego con la política “integracionista” de la UCRI, seducidos por el calor oficial.

La influencia de Cooke dentro del Movimiento se vio reducida con la creación del Consejo Coordinador y Supervisor Peronista, un nuevo organismo de representación, “brazo táctico” de Perón, que integraban múltiples dirigentes, la mayoría de ellos pertenecientes a la “línea blanda”. Todos ellos se vigilaban entre sí y reportaban directamente al General. Con esta estrategia Perón lograba un efecto doble: por un lado, socavaba el poder interno de Cooke; por el otro, al integrar a la “capa blanda” a la conducción del Movimiento, evitaba la diáspora, aunque, según sus cartas, Perón confiaba en su propio poder de aniquilación.

Cinco

“López Rega resistió cada desprecio de Perón; se mostraba inmune a la burla y la ironía. Aguantar fue parte de su estrategia de largo plazo. También fue astuto. Los primeros tiempos empleó un raro ingenio para sostenerse en las mentiras más banales. Una vez apareció en el living de la residencia vestido de smoking. Estaba impecable. Dijo que durante dos años había sido primer mozo de salón del Hotel Savoy y que ahora iba a aplicarse para conseguir que la residencia funcionara del mismo modo. Empezó a dar instrucciones a la cocinera y a la mucama, y puso en práctica todas las reglas de protocolo que había aprendido de Buba Villone en Brasil, para servir la mesa del General y su esposa, como si fuera el mayordomo de una comedia italiana. En otra oportunidad, Perón lo encontró llorando en su cuarto de la planta baja. López Rega le dijo que su biógrafo, Enrique Pavón Pereyra, lo había tratado como a un perro. Al día siguiente el General organizó un careo entre su biógrafo y el mayordomo para aclarar el asunto. Pavón Pereyra aseguró que no existió entredicho alguno. Solamente le había ordenado a López Rega que no tocara la correspondencia del escritorio porque “Perón pone las cartas urgentes de un lado y las no tan urgentes de otro, y él las estaba mezclando”. Admitió que le había dicho dos veces “no toque eso” en tono enérgico. López Rega, por su parte, subrayó que, en la vehemencia de su orden, Pavón Pereyra le había dicho “¡fuchs, fuchs!”, como se trata a los perros. El biógrafo admitió que pudo haber actuado así, pero aclaró que su intención no había sido la de descalificarlo. Perón zanjó el incidente pidiéndole a Pavón Pereyra que tratara bien a López Rega para que no volviera a llorar por la noche.

Seis

El 25 de mayo de 1973 López Rega llegó al poder del Estado con amplias posibilidades de acción. Disponía de un amplio presupuesto para lanzar planes de obras públicas, entregar subsidios, responder a las necesidades populares. Y también podía movilizar recursos para formar y controlar grupos políticos y realizar alianzas con caudillos provinciales. El Ministerio le permitía construir poder y prestigio personal. Aspiraba a que su acción social fuese recordada como la de Evita. Y estaba dispuesto a mostrarle a la sociedad la idea que había formado sobre sí mismo: sería el hombre que salvaría a la Argentina. Perón le había dado esa oportunidad y le había demostrado su preferencia: el 26 de junio, un día antes de que lo sacudiera el infarto, recorrió con él los pasillos del Ministerio. En cambio, nunca visitó a Cámpora en la Casa Rosada durante los días de su fugaz gobierno.

Siete

López Rega partió en fuga hacia la nada, con la cobertura armada de seis de sus custodios y aferrándose al tubo negro que contenía el diploma que lo acreditaba como embajador extraordinario y plenipotenciario. Decidió hacer escala en el Brasil y encontrarse con Claudio Ferreira. La profunda amistad que lo unía con su hermano umbanda desde hacía casi veinticinco años, una amistad marcada a fuego a través de confesiones íntimas, búsquedas energéticas y retiros espirituales, a ojos de los otros parecía uno más de los aspectos misteriosos y exóticos —quizá también siniestros— de la personalidad del ex ministro.

López y Ferreira estuvieron dos días encerrados en el departamento 604 de avenida Atlántica 1186 de Río de Janeiro. Revivieron sus conversaciones nocturnas con los rosacruces de Uruguayana en los años cincuenta, recordaron la noche en que Ferreira, sin desprenderse de su pipa, le enseñó a bailar samba a Isabel en Puerta de Hierro bajo la mirada risueña de Perón, al que Ferreira se daba el lujo de tratar de “che” mientras el General, que le retribuía la confianza, lo llamaba “indio”. Los dos, Ferreira y López, vislumbraron que el sueño del retiro definitivo en la fina arena de Sombrío, donde pensaban montar un complejo turístico, se desvanecía. No hacía falta ponerlo en palabras: perderían para siempre la paz de esas playas. Los buenos tiempos habían terminado. Pero López Rega, tratando de que la hermandad que los unía no terminara, le pidió que lo acompañara a Europa con su pareja y su pequeño hijo, del cual él era el padrino. El dinero acumulado —dijo— les alcanzaría para vivir cómodos por bastante tiempo. Ferreira rehusó la oferta: no encontraba razones para escapar. Tenía intenciones de recuperar su nacionalidad brasileña, para impedir que la justicia argentina pudiera extraditarlo. En cuanto a sus bienes, Armonía, la hacienda de una veintena de hectáreas que había comprado en Mato Grosso, estaba a nombre de su pareja. En todo caso, le costaría recuperar los 56.000 dólares depositados en el Banco de la Nación Argentina, dinero que en verdad ya daba por perdido. Cada argumento con el que explicaba su negativa era parte de la despedida, y cada vez que decía que no, Eloá Copetti Vianna, su mujer, se enorgullecía más de él: Ferreira no era un criminal, de modo que no tenía razones que lo obligaran a escapar de su casa y someter a su familia a los peligros de una fuga dorada. En cambio, a López, Eloá lo miraba con tristeza: después de tantos años de sacrificio, después de tanto empeñarse en las prácticas mágicas para hacer retornar al General y salvar la Argentina, ahora tenía que largar todo e irse. Solo. Eloá lo miraba y pensaba: “Todos los muertos no le sirvieron de nada. Toda la atrocidad fue inútil, no había ninguna justificación. Muertos por nada”.


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Sie7e Párrafos | 18 de febrero de 2019

El deseo de revolución, comentado por Lucía Álvarez

Lucía Alvarez es socióloga y periodista. Publicó "Mayo 68. La revuelta francesa y sus huellas en Argentina" (Ariel, 2018). Se desempeña como Directora General Estudiantil de la Universidad Nacional de San Martín y es docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de esa universidad.

El deseo de la revolución
Tomás Abraham
Tusquets

Uno (mi comentario)

“No existe una correspondencia directa entre las ideas filosóficas y los acontecimientos que le son contemporáneos. Pero hay resonancias: “el pensamiento de los filósofos no circula a diez metros sobre el nivel del mar”, advierte Tomás Abraham en El deseo de revolución, un libro dedicado a establecer un diálogo entre la historia reciente de Francia y la de su pensamiento filosófico, y sobre todo a rastrear la preeminencia de ese deseo más allá de las decepciones y los supuestos anacronismos. (…)

El libro examina las reminiscencias posmaoístas de los setenta y los “nuevos filósofos”, los que “huyen de la revolución” con la misma intensidad con la que se había bregado por ella, pasando antes por las resonancias de algunas de esas discusiones en la Argentina, y, más específicamente, en el pensamiento de David Viñas, J. C. Portantiero y León Rozitchner. La lectura de este libro nos revela una distancia. Lejos de negar los hechos que pusieron en cuestión a los proyectos emancipatorios, nos muestra el contraste con nuestro presente, un presente sombrío en el que palabras como deseo y revolución son, sobre todo, parte del glosario neoliberal”.

Dos (la selección)

La palabra revolución insiste. Como decía Kant de la revolución francesa: no se mide por sus éxitos o sus fracasos, es una virtualidad permanente. La revolución es un acto sublime, despierta entusiasmo. Es un deseo, y como tal, no tiene fecha de vencimiento. La ilusión sí es una entidad perecedera. Un deseo que insiste a pesar de la decepción, crea un problema que no se resuelve con la facilidad con la que Freud conjugó el principio de placer con el principio de realidad. Por eso este libro es una paradoja, pretende trazar el obituario de una insistencia deseante (…) Las filosofías no tienen identidad nacional, no perpetúan una esencia ni expresan a su pueblo. Hay filósofos singulares. Las tradiciones pueden dar un tono, pero nunca monocorde. Cada filósofo da un salto en un vacío, si no fuera así ni siquiera podría ser nombrable y menos recordado. Pero la falta de identidad no impide una repetición. En la filosofía francesa contemporánea hay un deseo de revolución. Y si la identidad se recibe, si, por otra parte, la voluntad se genera, el deseo insiste.

Tres

Sartre. Un minuto de silencio. Pertenezco a una generación que se educó con Sartre y que por él eligió su vocación. Despertó a una juventud que quiso escribir como él, y vivir una vida como la suya. Se inventó el existencialismo. Una de las últimas modas que ofreció la filosofía, la más importante, guiada por la acción de un escritor. Desde una forma de vestirse, un modo de fumar, la sexualidad, un estado anímico, la vivencia de la soledad, un vocabulario, estas y otras reseñas caricaturales, se hicieron universales (…) Sartre creó una forma de pensar que produjo efectos en la psiquiatría, en la política, además de la literatura y la filosofía. Fue el filósofo más popular en vida de la historia. Lo fue gracias a su teatro, a sus novelas, en una época en que estos dos géneros dominaban el ocio de la gente. Era el mundo sin pantalla, salvo el cine. He visto gente agolpada a la entrada de librerías del Barrio Latino, empujándose para hojear o robar sus libros. Ese mundo ya no existe. Pero la historia no es un réquiem, un calendario de feriados en homenaje a los muertos. Lo que sí podemos preguntarnos es por qué Sartre está vivo. Averiguar las razones de su retorno. Porque volvió.

Cuatro

Una curva temporal marca la diferencia entre una Francia derrotada y otra que debe ceder ante una guerra cruenta en Argelia para dejar en manos de los norafricanos la independencia de su país. Son dos derrotas de Francia, la primera infligida al país orgulloso de su tradición republicana heredada de los valores de la Ilustración y la Revolución francesa, y la otra señalando el irreversible desmembramiento del Imperio francés. Lo curioso es que esta doble derrota fue ungida como una doble victoria gracias a la megalomanía tan eficaz como necesaria del general De Gaulle (…) La tremenda guerra de liberación de los argelinos, la violación de los derechos humanos de los franceses, las torturas y por otra parte, la resistencia de militantes anticolonialistas en Francia que muchas veces desde la clandestinidad denunciaron la acción de los militares franceses, se solidarizaron y fueron apoyo para los combatientes argelinos; todo eso fue sepultado por el gesto del gran general que se hizo acreedor de la gesta patriótica de sus ex colonizados. Así como en la posguerra en Francia la izquierda vivió un momento de euforia al identificarse con los resistentes entre los que se contaban muchos comunistas, y soñó con procesos revolucionarios que en poco tiempo se canalizarían y fosilizarían de acuerdo a con los tiempos de las grandes potencias en el nuevo mundo bipolar, esta vez la misma izquierda se había quedado sin armas, sin consignas y sin ideales (…) El Partido Comunista fue considerado traidor a la causa argelina ya que contemporizaba con los intereses colonialistas si así le convenía a la estrategia de la URSS. En este contexto, las ideas revolucionarias quedaron huérfanas de causas y de masas, y una nueva aurora filosófica se presentaba en el horizonte. Sus semillas germinaban en el campo literario y en los aportes de la fonología, es decir, en el espacio de la lengua. Se inician los años del “saber”.

Cinco

Cuando Foucault en Las palabras y las cosas anuncia el programa teórico para la constitución de una ‘ciencia general de los signos’ no hace más que nombrar la pretensión cultural de la nueva generación de filósofos. Se trata de adscribirse al valor de la Ciencia, pero no de la ciencia en el sentido positivista sino una ciencia revolucionaria, un conocimiento que sea disruptivo, subversivo, con los conceptos adecuados para la tarea. Este deseo de revolución no será político ni ideológico sino teórico, configurará nuevas problemáticas, inventará un vocabulario, y tendrá nuevos objetos de pensamiento. De las disciplinas invitadas a este ágape epistemológico, la principal es el psicoanálisis lacaniano. Porque es en sus seminarios, a los que asisten casi todos los que escribirán los principales textos de la década, en donde se habla de subversión del sujeto, del campo de la palabra, de la lógica del significante, de la falta y de la carencia. La insistencia en el detalle, la mirada sobre la superficie, el rescate de lo insignificante, la idea de que lo importante aparece por distracción son recursos del psicoanálisis aplicados al análisis del discurso. ‘Discurso’; otra palabra que abrirá nuevos surcos, junto a letra, a texto, a escritura, a signo. La revolución que quedó huérfana de historia, de referente político, hasta de masas, reaparece en la teoría por la vía de la discontinuidad. Revolución es ruptura, corte, salto, barre con el mito del progreso, de la evolución, de la continuidad.

Seis

Así llegamos a la palabra que embrujaría a las nuevas huestes de la Universidad: Poder. Detrás de cada palabra, de cada acto, de cada autoridad, el tema del poder era nuclear. ¿En qué se originaba? ¿Quién lo ejercía? ¿Cómo se legitimaba? ¿Qué finalidad perseguía? Este cuestionamiento no podía responderse con el manual del marxismo leninismo. La revuelta estudiantil confirmaba que los intelectuales marxistas y sus aparatos una vez más estaban a contracorriente de los cambios radicales. La URSS había traicionado los ideales de la Revolución y la clase obrera francesa estaba domesticada por una burocracia que transaba con el poder. Mayo del 68 se originó en los espacios en los que se impartía el saber: la Universidad. El tono libertario que tuvo en sus comienzos enfocó su protesta en el modo en el que se ejercía y distribuía el poder y la transmisión de conocimiento. Por lo tanto, el corolario estaba a la vista, lo que había que discutir era la relación entre saber y poder.

Siete

Ser de izquierda era pertenecer a una ideología que reivindicaban los postulados marxistas sobre la lucha de clases, y que combatía al sistema capitalista y al imperialismo, sin por eso pertenecer al partido político de la revolución proletaria. ¿Por que no se afiliaban al partido? Para no perder la posibilidad de la crítica, para no ceder en el uso de la libertad. ¿Para qué querían conservar ese uso? Para que no se les impusiera qué pensar, qué condenar y qué aprobar sobre el curso del mundo y de la historia. A esa actitud se la denunciaba por su carácter pequeñoburgués, lo que quiere decir individualista, egoísta y en abierta complicidad de hecho con la clase dominante (…) Los intelectuales tenían así el problema y el conflicto de la representación. No representaban a nadie, a nadie más que a ellos mismos. Y no sólo eso, sino que inevitablemente estaban en una situación artificial, falsa, por lo que no eran más que una conciencia libre que podían inflarse sin límite hasta convertirse en conciencia universal, una especie de espíritu absoluto que en nombre de una verdad llamada libertad, legislaba sobre el mundo. (…) Ese era el problema de Sartre, y también, en nuestro país, de Abelardo Castillo, entre otros (…) Había dos diferencias entre Francia y la Argentina. Una era que los intelectuales argentinos leían a los franceses, sin reciprocidad, salvo a los tres mosqueteros que gozaban del privilegio de la traducción: Borges, Sábato, Cortázar, aunque ninguno de los tres podía ser catalogado de intelectual de izquierda. La otra diferencia, de corte centrípeto, era que mientras en Francia el órgano político que representaba a la clase obrera era el Partido Comunista, en nuestro país ese lugar era ocupado por el peronismo. Lo que significaba algo bien concreto, y era que los obreros de carne y hueso, no en cuanto fantasmas invocados, siempre que podían votaban a su partido o su movimiento, y no reconocían ninguna otra representación. Por eso nuestros intelectuales debieron con el tiempo decidirse sobre su relación con el peronismo, a pesar de que tampoco faltaron quienes se dedicaron a romper lanzas con el Partido Comunista argentino.


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Sie7e Párrafos | 15 de febrero de 2019

Roland Barthes, comentado por Virginia Cosín

Virginia Cosín escribe y coordina talleres de lectura y escritura en Sportivo Literario. Publicó la novela “Partida de nacimiento” en Editorial Entropía y cuentos en varias antologías. Colabora en medios nacionales como la Revista Ñ, el blog de Eterna Cadencia, La agenda BA, Anfibia y otros.

Roland Barthes
Roland Barthes
Eterna Cadencia

Uno (mi comentario)

¿Cuántos hombres habitan una vida? ¿Cuántos una obra? Quien intenta mirarse a sí mismo  no consigue verse nunca entero, completo, uniforme, liso, parejo. Se ve recortado, ve hacia fuera y hacia dentro, ve el pasado, el presente y el futuro, se escribe, se desarma, se rompe en pedazos, hace de sí mismo una escritura, un imaginario hecho de retazos. Eso es Roland Barthes por Roland Barthes: un libro escrito por un hombre, un lector, EL lector, leyéndose a sí mismo, a sus textos, sus migajas, un hombre sin cabeza, dado vuelta, desclasado, des-acomodado. (…)

En Barthes por Barthes está el Roland Barthes  inconformista, el cultor del confort y de la forma-miniatura, el estructuralista y el post estructuralista, el crítico y el novelista, el detective salvaje, el elegante, el enamorado de los fragmentos y los discursos amorosos, las mitologías urbanas, el destructor de la norma totalizadora, el que se separa de sí para narrarse, el que se habla, se nombra, se multiplica, se pregunta. Esta nueva edición de un clásico del Siglo XX, publicada ahora por Eterna Cadencia, viene con un plus: la traducción y el prólogo de Alan Pauls.

Dos (la selección)

De ahí la gran consigna que abre el Barthes por Barthes: “Todo esto debe ser considerado como dicho por un personaje de novela”. “Todo esto” es real: los datos, las anécdotas biográficas, los materiales históricos, las fotografías, las ilustraciones, las referencias bibliográficas, las ideas, las “etapas”, los conceptos. Todo, menos el sujeto que lo enuncia, de golpe empujado, seducido, raptado -con la radicalidad delicada de un procedimiento de arte conceptual- por un movimiento imaginario que no hace sino diferir una y otra vez la constitución de una fuente única, un yo estable, un “autor”, figura del origen cuyo certificado de defunción el mismo Barthes había firmado apenas siete años atrás en “La muerte del autor” (1968), las seis páginas de teoría literaria más influyentes de la segunda mitad del siglo xx.

Tres

El Amateur (el que practica la pintura, la música, el deporte, la ciencia, sin espíritu de maestría o de competencia) conduce una y otra vez su goce (amator: que ama y ama otra vez); no es para nada un héroe (de la creación, de la hazaña); se instala graciosamente (por nada) en el significante: en la materia inmediatamente definitiva de la música, de la pintura; su práctica, por lo regular, no comporta ningún rubato (ese robo del objeto en beneficio del atributo); es –será tal vez– el artista contra–burgués.

Cuatro

Mi cuerpo sólo me existe a mí mismo bajo dos formas corrientes: la jaqueca y la sensualidad. Estos no son estados inusitados, sino por el contrario muy mesurados, accesibles o remediables, como si en uno y otro caso uno decidiese remitirse a imágenes gloriosas o malditas del cuerpo.La jaqueca no es el grado realmente primero del malestar físico, y la sensualidad no es considerada, por lo regular, más que como una suerte de cenicienta del placer.

En otras palabras, mi cuerpo no es un héroe. El carácter ligero, difuso, del malestar o del placer (la jaqueca, ella también, acaricia algunos de mis días) se opone a que el cuerpo se constituya en lugar ajeno, alucinado, sede de transgresiones agudas; la jaqueca (así denomino, con bastante inexactitud, al simple dolor de cabeza) y el placer sensual, no son más que cenestesias, que se encargan de individuar mi propio cuerpo, sin que éste pueda sacar gloria de ningún peligro: mi cuerpo es ligeramente teatral para sí mismo.

Cinco

Busca una definición de ese término de “moralidad” que leyó en Nietzsche (la moralidad del cuerpo en los griegos antiguos), y que opone a la moral; pero no logra –conceptualizarlo; sólo puede atribuirle una suerte de campo de acción, un tópico. Este campo es para él, sin lugar a dudas, el de la amistad, o más bien (“pues esta palabra de tarea de latín es demasiado rígida, demasiado pudorosa): el de los amigos (al hablar de ellos sólo puedo hacerlo tomándome a mí mismo, tomándolos a ellos, en una contingencia –una diferencia). En ese espacio de las afecciones cultivadas, encuentra la práctica de ese nuevo tema cuya teoría se busca hoy: los amigos forman entre ellos una red en la que cada uno tiene que aprehenderse como interior/exterior, sometido en cada conversación a la cuestión de la heterotropía: ¿dónde estoy entre los deseos? ¿dónde estoy en cuanto al deseo? La pregunta se me plantea debido al desarrollo de múltiples peripecias de amistad. Así se escribe, día a día, un texto ardiente, un texto mágico, que no terminará nunca, imagen brillante del Libro liberado.

Seis

Gusto por la división: “las parcelas, las miniaturas, los cercos, las precisiones brillantes (como el efecto producido por el hachís según Baudelaire), la vista de los campos, las ventanas, el haiku, el rasgo, la escritura, el fragmento, la fotografía, la escena a la italiana, en suma, según se elija, todo lo articulado del semántico o todo el material del fetichista. A este gusto se le declara progresista: el arte de las clases en ascenso procede por encuadramientos (Brecht, Diderot, Einstein).

Siete

El movimiento de su obra es táctico: de lo que se trata es de desplazarse, de obstaculizar, como en el juego, pero no de conquistar. Ejemplos: ¿la noción de intertexto? No tiene, en el fondo, ninguna positividad; sirve para combatir la ley del contexto (1971, II); la comprobación es presentada en cierto momento como un valor, pero no en absoluto para exaltar la objetividad sino para poner coto a la expresividad del arre burgués; la ambigüedad de la obra (CV, 55) no viene en absoluto del New Criticism y no le interesa en sí misma; no es más que una pequeña máquina de guerra contra la ley filológica, la tiranía universitaria del sentido recto. Esta obra podría entonces definirse como: una táctica sin estrategia.


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Sie7e Párrafos | 14 de febrero de 2019

Hacia rutas salvajes, comentado por Silvia Itkin

Hacia rutas salvajes
Jon Krakauer
Ediciones B

Selección y comentario por Silvia Itkin.

Uno (mi comentario)

Into the wild se publicó por primera vez en diciembre de 1996. Krakauer, hoy de casi 65 años, es montañista y escritor y luego de esta joya, publicó otro libro (Mal de altura) y un puñado más sobre el mismo tema: la montaña. Lo extraordinario de esta aventura que protagoniza el malogrado Chris McCandless es que sabemos que todo termina mal en las primeras páginas. (…)

Hacia rutas salvajes nace de una crónica que le encargaron al autor para la revista norteamericana Outside y él, conocedor de aventuras extremas por experiencia propia, quiso saberlo todo; reconstruye el camino de McCandless, recoge las miguitas que dejó (para no volver). Es grande la tentación de darle un marco Thoreau al asunto, pero este chico que deja vida acomodada para romper con todos los lazos que lo atan al sistema tiene mucho de niño asustado, de quien se lanza al vacío con el candor de aspirar una bocanada grande de aire en la caída. Krakauer nos brinda una lección de periodismo. Si la historia tiene todo para ceder a la ficción por su dimensión trágica, él decide otra cosa: narrar los hechos, arriesgar interpretaciones (con la chapa de sus excursiones en altura) y dejar que los restos hablen. No hay subrayados emotivos. Así consigue traspasar sus preguntas al lector, impresas sobre una desolación sin remedio.

Dos (la selección)

En la puerta trasera, atada al extremo de una rama de aliso, alguien había improvisado una

bandera con unas mallas rojas de punto como las que usan los bailarines. La puerta estaba

entornada y tenía pegada con cinta adhesiva una nota inquietante. En una hoja arrancada de una novela de Nikolai Gogol, se leía un texto escrito a mano y en letras de molde:

S.O.S. NECESITO QUE ME AYUDEN. ESTOY HERIDO, MORIBUNDO, Y DEMASIADO DÉBIL PARA SALIR DE AQUÍ A PIE. ESTOY COMPLETAMENTE SOLO. NO ES UNA BROMA. POR DIOS, LE PIDO OQUE SE QUEDE PARA SALVARME. HE SALIDO A RECOGER BAYAS Y VOLVERÉ ESTA NOCHE. GRACIAS, CHRIS MCCANDLESS. ¿AGOSTO?

Tres

Curiosamente, cuando solicitó el trabajo en McDonald’s no se presentó como Alex, sino como Chris McCandless, y además dio a la empresa su verdadero número de la Seguridad Social. Una imprudente revelación de su identidad, desacostumbrada en él, ya que fácilmente podría haber puesto a sus padres sobre la pista de su paradero. Sin embargo, el desliz no tuvo consecuencias, ya que el detective privado que Walt y Billie habían contratado nunca llegó a averiguarlo.

Cuatro

“Cuando Alex partió hacia Alaska, recé -recuerda Franz-. Le rogué a Dios que lo protegiera. Le dije que el chico era especial. Pero él lo dejó morir. Así que aquel 26 de diciembre, cuando descubrí lo que había ocurrido, abjuré de mi fe cristiana. Renuncié a la Iglesia y me convertí en ateo. Decidí que no podía seguir creyendo en un dios que había permitido que algo tan horrible le sucediera a un chico como Alex.”

Cinco

McCandless no parece encajar demasiado con el prototipo de víctima de la montaña. Pese a su temeridad, su desconocimiento de las reglas básicas de la vida en el monte y su imprudencia rayana en la insensatez, no era un incompetente. No habría sobrevivido durante 113 días en el caso de serlo. Tampoco era un chiflado, un asocial o un marginado. McCandless era diferente, aunque lo difícil es establecer en qué consistía esa diferencia. Quizá fuese un peregrino.

Seis

En aquella época, la muerte era para mí un concepto tan abstracto como la geometría no

euclidiana o el matrimonio. Aún no percibía su terrible significado ni el dolor devastador que

puede causar entre las personas que aman al que muere. El oscuro misterio de la mortalidad me fascinaba. No podía resistir la tentación de escapar hacia el abismo y atisbar desde el borde. Lo que se insinuaba entre aquellas sombras me aterrorizaba, pero alcanzaba a ver un enigma prohibido y elemental, no menos imperioso que los dulces y ocultos pétalos del sexo de una mujer.

Siete

A diferencia de Muir y Thoreau, McCandless no se adentró en el monte para reflexionar sobre la naturaleza o el mundo en general, sino para explorar el territorio concreto de su propia alma. Sin embargo, pronto descubrió algo que Muir y Thoreau ya sabían: que una estancia prolongada en un lugar salvaje y desconocido agudiza tanto la percepción del mundo exterior como del interior, y que es imposible sobrevivir en la naturaleza sin interpretar sus signos sutiles y desarrollar un fuerte vínculo emocional con la tierra y todo lo que la habita.


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Sie7e Párrafos | 13 de febrero de 2019

El Anti Líder, comentado por Carlos March

Carlos March, periodista, director de Gestión de Conocimiento de Fundación Avina. Autor del libro “Dignidad para todos”.

El Anti Líder
Andrés Hatum
Vergara

Uno (mi comentario)

Lo que queda claro en el material de Hatum es que así como trabajar con un líder significa una iluminadora experiencia de libertad, hacerlo con un antilíder implica un oscuro acto de sometimiento. Mientras que el liderazgo con valores es liderazgo; el liderazgo sin valores es tiranía. Sometimiento y tiranía es lo que envuelve al antilíder en sus diversas variantes pulidamente descriptas por Hatum. (…)

Pero lo que también plantea el libro de manera contundente es que convivir con antilíderes no solo tiene un efecto personal sino también colectivo, pues los disvalores promovidos por estos sujetos permean en la organización, se potencian, la contaminan y la destruyen. Si bien este libro puede ayudar a construir la distancia protectora que le permita a un ser sobrevivir a este tipo de individuo en el corto plazo, tarde o temprano las personas y la organización serán contagiadas, porque el antilíder es un enfermo que propaga antiliderazgo hasta convertirlo en una epidemia.

Dos (la selección)

En definitiva, hemos visto cómo los antilíderes generan aislamiento externo y la formación de silos organizacionales; les falta capacidad crítica; les sobra autoadulación; y suelen tener sentimientos de xenofobia por aquellos que son extraños a la empresa. Los antilíderes generan todas estas conductas típicas de organizaciones incestuosas. Y si bien en el corto plazo pueden lograr un aumento de utilidades, en el largo plazo pierden talento, diversidad y negocios.”

Tres

“Los antilíderes tienden a minar la identidad corporativa, que está basada en valores que, para que esa identidad sea fuerte, necesitan ser perdurables y compartidos. Este es el peor daño que se puede infligir a una organización.”

Cuatro

“Enron era un sistema basado en estrellas a las cuales se las recompensaba excesivamente y se las promovía sin pensar en la falta de experiencia y/o compromiso con la organización. Como dijo un directivo de la empresa: “Contratamos a personas muy listas y les pagamos más de lo que ellas piensan que se merecen”. Un sistema ideal para estrellas que se convertirán en bestias destructivas de la organización, tanto de sus competencias como de sus valores”.

Cinco

“El derrumbe moral provocado por jefes tóxicos se esparce en toda la organización y afecta a la sanidad mental de todos los empleados, que comienzan a adoptar las mismas costumbres y los hábitos del antilíder. Y claro, si uno no es parecido al jefe tóxico, termina fagocitado por la organización, enfermo o expulsado. Los jefes tóxicos no son colaborativos; por el contrario, fomentan el trabajo individual por sobre el grupal. Cualquier espacio de colaboración podría atentar contra su propio poder.”

Seis

”Los psicópatas son expertos en bullying. Son identificables por su humor sarcástico, por su prepotencia y por su facilidad para explotar a otros, en especial a los más débiles. Por el contrario, los narcisistas son carismáticos, histriónicos y seductores. Son populares y tienen miles de seguidores en las redes sociales. Por último, los maquivélicos tienden a mantener un bajo perfil, que es la manera de observar y operar sobre lo que ocurre sin ser notados. Como “monjes negros”, suelen ocultarse tras la sombra de un líder visible que confía en sus instintos y su inteligencia para ganar poder. Si forma equipo con un narcisista, es capaz de dominar en cualquier ámbito.”

Siete

“Las nuevas organizaciones tienen que estar diseñadas para lograr rapidez, agilidad y adaptabilidad, a fin de competir en un mercado marcado por la disrupción y la impredecibilidad. Una organización pensada para la rapidez y la agilidad es una daga mortal para los antilíderes, que prefieren la inercia y el statu quo al cambio, y quedarse encerrado en su silo en vez de abrir el juego a la organización.”


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Sie7e Párrafos | 12 de febrero de 2019

Sur y Oeste, comentado por Karina Galperín

Sur y Oeste
Joan Didion
Random House

Uno (mi comentario)

Joan Didion pertenece a esa generación norteamericana que, a fines de los 50, principios de los 60, comenzó a descubrir en su propio país una sociedad que desconocía y en su propia época un repositorio de novedades. Viajeros en su vasta tierra y cronistas ávidos de su tiempo, tuvieron plena conciencia de la excepcionalidad americana, que observaron, describieron y analizaron en primera persona con la curiosidad del sociólogo, del dramaturgo, del periodista, del escritor.  

Conocemos a la Didion de sus primeras épocas sobre todo por sus crónicas californianas, por el estilo elegante, íntimo y preciso, por la mirada mordaz y detallada con que retrató y entendió distintas facetas de la vida del oeste americano en que se crió. Pero sobre todo, por la curiosidad con que intentó entender su entorno, su propia experiencia de vida, incluso su dolor. En este libro, Sur y Oeste, leemos las notas sueltas, no del todo trabajadas, que Didion fue redactando durante un viaje en auto de un mes que hizo junto con su marido en 1970 por Misisipi, Alabama y Luisiana en busca de algo que nunca hasta ahora llegó a convertirse en publicación.

No creo que sea la razón por la que Sur y Oeste fue publicado ahora, pero a mí esta colección de croquis para ensayos me parece fascinante porque muestra en gran parte también por qué razones, a veces, los grandes escritores fallan. Y cómo parte del talento reside en intuir, como en este caso, cuándo el material producido no alcanza o tiene algún problema estructural que ni los hallazgos esporádicos salvan. Fastidiada por el clima y la geografía del Sur profundo, sintiéndose lejos y por encima de la gente que se iba cruzando en el camino, Didion miró con sorna y disgusto pero, a pesar de lo que declara, sin curiosidad genuina, a ese Sur en el que sólo vio a la América racista, conservadora y machista donde persistían todavía relaciones, conductas y valores muy enraizados en el pasado y ajenos ya a la experiencia del Oeste y el Este, por las que había pasado Didion. Sólo eso fue el Sur en estos relatos para ella, a pesar de que a veces afloran episodios que habilitan otra mirada y que ella elige no seguir. La contratapa y varias reseñas de Sur y Oeste ven en las observaciones de Didion un sentido profético a la luz de la América que volvió a la superficie en la era Trump. Y quizás sea cierto. Pero me parece cierto también que en el tono y la mirada de Didion en estos esbozos hay también alguna clave de por qué las dos Américas siguen mirándose, después de medio siglo, con el mismo recelo.

El último ensayo son las notas que Didion escribió para la cobertura que iba a hacer para la Rolling Stone del juicio de Patty Hearst, la hija del magnate secuestrada por el grupo de izquierda Symbionese Liberation Army, al que luego se unió. Pero Patty Hearst, en el texto que no se publicó nunca en la revista, es para Didion menos el tema de una cobertura que una imagen que le permite viajar a su propia infancia, reflexionar sobre las peculiaridades estéticas de su familia, enfocarse en los efectos sobre ella de la diferencia con los otros, en la distancia entre lo que percibía y lo que era, en la relación entre los recuerdos autoriales y las representaciones en las obras de ficción. Ésta es, para mí, la mejor Didion, la que saca de un detalle reflexiones inesperadas, de la textura de una prenda recuerdos escondidos, de una fotografía de otros reminiscencias de los veranos de infancia. En este texto breve, Didion se deja llevar por relaciones azarosas que descubre o inventa pero que le permiten entender y mostrarnos cómo llegó a ser quién es y cómo mira el mundo. También, uno puede identificar acá y allá, en este relato narrado desde “los hijos de California que se habían criado como yo”, esa estudiada exhibición del privilegio, mesurada pero presente siempre como soporte continuo de esa voz que le conocemos a Joan Didion. Es exquisita y sutil y certera. Nos permite ver a la mejor Joan Didion. Pero también nos permite entender de a ratos la incomodidad y fastidio con que alguna vez la leyó otra californiana brillante: Pauline Kael.   

Dos (la selección)

“Cuando pienso ahora en Nueva Orleans, me acuerdo sobre todo de su densa ofuscación, de su vertiginosa obsesión por la raza, la clase, el legado histórico, el estilo y la ausencia de estilo. Se da el caso de que estas obsesiones concretas se basan todas en distinciones que la ética de la frontera enseña a los niños del Oeste a negar y a dejar deliberadamente en el tintero, pero en Nueva Orleans dichas distinciones son la base de muchas conversaciones, y son lo que otorga a esas conversaciones su peculiar crueldad e inocencia infantil. En Nueva Orleans también se habla de fiestas y de comida, con unas voces que suben y bajan y nunca se apagan, como si hablar de cualquier cosa pudiera mantener a raya la naturaleza salvaje. En Nueva Orleans la naturaleza salvaje se percibe como algo muy cercano, como la naturaleza redentora de la imaginación del Oeste, sino como algo rancio y viejo y malévolo, la idea de la naturaleza salvaje no como una huida de la civilización y sus descontentos, sino como una amenaza mortal a una comunidad precaria y colonial en su sentido más profundo. El resultado es vivaz y avaricioso e intensamente egocéntrico, un tono bastante común en las ciudades coloniales, y que constituye la razón principal de que esas ciudades me resulten estimulantes”. (32-33)

Tres

“En el Golfo todo parece irse al carajo: a las paredes les salen manchas, las ventanas se oxidan. Las cortinas crían moho. La madera se deforma. Los aires acondicionados dejan de funcionar. En nuestra habitación del hotel Edgewater Gulf, donde estaba teniendo lugar la Convención de Radiotelevisión de Misisipi, el aire acondicionado de la ventana temblaba y sufría violentas sacudidas cada vez que lo encendías. El Edgewater Gulf es un hotel enorme y blanco como una lavandería gigante y con pinta de estar a punto de ser clausurado para su demolición. La piscina es grande y está descuidada, y el agua huele a pescado. Detrás del hotel hay un centro comercial nuevo construido alrededor de una galería cubierta con aire acondicionado, y empecé a escaparme allí para intentar regresar a la América normal”. (44-45)

Cuatro

“En el Sur no podía dejar de pensar que si yo hubiera vivido allí habría sido una persona excéntrica y llena de rabia, y me preguntaba qué forma habría asumido aquella rabia. ¿Acaso me habría sumado a alguna causa, o simplemente habría apuñalado a alguien?”. (73)

Cinco

“Había unas poca mujeres negras por la calle, todas con sombrillas para protegerse de sol. Eran casi las cinco. En mitad de la avenida Veintidós, la calle principal de Meridian, había un hombre con una escopeta en las manos. Llevaba camisa de color rosa, gorra de golfista y un audífono en una oreja. Levantó la escopeta y disparó varias veces hacia el tejado de un edificio.

Yo paré el coche, me lo quedé mirando un rato y por fin me acerqué a él.

-¿A qué le está disparando? – le pregunté.

-A lah palomah – me dijo en tono jovial.

En aquella única tarde demencial, Misisipi perdió gran parte de su capacidad de asombrarme”. (76)

Seis

“Una noche fuimos al cine en Meridian: estaban poniendo Loving, con George Segal y Eva Marie Saint. El público, el poco que había, miraba la pantalla como si la película fuera checa. Se daba el caso de que yo había visto a Eva Marie Saint hacía unas semanas, en una cena en una casa de Malibú, y ahora la distancia entre Malibú y aquel cine de Meridian me parecía infinita. ¿Cómo había llegado yo de un sitio a otro? Esa era, como siempre, la pregunta”. (79)

Siete

“Así que fuimos al cementerio, al de Oxford, en busca de la tumba. Bajo un roble de Virginia había un muchacho negro sentado en un Buick en dos tonos de color salmón con la puerta abierta. Estaba sentado en el suelo del coche con los pies afuera, y mientras estuve allí subieron serpenteando por la carretera del cementerio varios coches con adhesivos de la Universidad de Misisipi y de “Todos con Archie”, y de ellos salieron varios muchachos y llevaron a cabo algún intercambio con el chico negro y volvieron a arrancar y se fueron. El chico negro parecía estar vendiendo marihuana, y su coche tenía un adhesivo de la Estatal de Wayne. Aparte de esto, no había nadie más, sólo conejos y ardillas y el zumbido de las abejas y el calor, un calor mareante, un calor tan intenso que se me pasó por la cabeza desmayarme. Estuvimos varias horas buscando la tumba, encontramos la parcela de la familia Faulkner y Falkner, pero nunca llegamos a encontrar la tumba de William Faulkner en todo aquel cementerio poblado por ciudadanos de Oxford y niños pequeños”. (112-113)

Bis

“En el almuerzo, o justo antes, le pidieron a la niña de siete años que tocara algo y ella estuvo encantada; interpretó al piano “Joy to the World”, una melodía peculiar en aquel tórrido día de junio en el Delta. Todo el mundo se tomó de las manos para bendecir la mesa. Los cuatro hijos iban vestidos con camisas azules de cuello mao a juego. La familia acababa de volver del servicio dominical en la iglesia presbiteriana. Y había llamado a Marshall Bouldin el día anterior desde Oxford y él me había sugerido que fuéramos a almorzar a su casa: “Vengan después de la iglesia”, me había dicho. Esa idea de la “iglesia” como algo que se da por sentado los domingos por la mañana ya hace un par de generaciones que no existe en las sociedades protestantes que conozco, pero sigue existiendo en el Sur”. (125)
“Cuando comparo las casas que a mí me criaron para que admirara, en California, con las casas que a mi marido lo criaron para que admirara, en Connecticut, me asombra que hayamos conseguido construir una casa juntos”. (148)


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Sie7e Párrafos | 11 de febrero de 2019

Capitalismo de plataformas, comentado por Hernán Vanoli

Capitalismo de plataformas
Nick Srnicek
Caja Negra

Selección y comentario por Hernán Vanoli, escritor.

Uno (mi comentario)

Desde el famoso libro de Umberto Eco, la pregunta sobre si apocalípticos o integrados recorrió a muchas de las visiones sobre la industria cultural. Sin embargo, en muy poco tiempo, la internet se convirtió en una condición de existencia e inauguró una nueva manera de relacionarnos entre nosotros, con los contenidos culturales y, en un plano más profundo, con la verdad. Capitalismo de Plataformas termina demostrando que la antigua disyuntiva entre un rechazo antitécnico basado en su enorme poder de vigilancia o una aceptación celebratoria centrada en la supuesta horizontalidad de la internet pierden una parte de la “imagen completa”: el hecho de que internet fue brutalmente privatizada y casi monopolizada por unas empresas -las plataformas- que se basan en la extracción permanente de datos de la misma manera que el viejo capitalismo extractivo lo hacía con las materias primas. (…)

Partiendo de esta hipótesis, su autor, Nick Srnicek, cataloga a las plataformas de extracción de datos de acuerdo al uso que realizan de la información (Google y Facebook por ejemplo serían publicitarias, Uber y Airbnb serían austeras, Spotify sería de servicios) y, básicamente, a sus modelos de negocios. Más allá de las “consecuencias humanas” y desde un neomarxismo que pretende retomar la inciativa modernizadora que la izquierda pareció haber perdido, el libro se propone realizar un análisis económico sobre los modelos de negocios de las plataformas, su relación con la historia y sus perspectivas a futuro, no tan rosas como la llamada “ideología de Silicon Valley” nos quiere hacer creer.

Dos (la selección)

El argumento de este libro es que, con una prolongada caída de la rentabilidad de la manufactura, el capitalismo se volcó  hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento económico y la vitalidad de cara al inerte sector de la producción. En el siglo XXI, sobre la base de cambios en las tecnologías digitales, los datos se han vuelto cada vez más centrales para las empresas y su relación con trabajadores, clientes y otros capitalistas. La plataforma emergió como un nuevo modelo de negocios, capaz de extraer y controlar una inmensa cantidad de datos, y con este cambio hemos visto el ascenso de grandes compañías monopólicas. Hoy en día el capitalismo de las economías de altos y medianos ingresos está dominado cada vez más por estas compañías, y las dinámicas trazadas en el presente libro sugieren que la tendencia no va a hacer otra cosa que continuar. El propósito aquí es ubicar a estas plataformas en el contexto de una historia económica más amplias, entenderlas como medios para generar rentabilidad y delinear algunas de las tendencias que producen como resultado.

Tres

El boom de los años 1990 llegó efectivamente hasta la fatídica comercialización de lo que había sido, hasta ese momento, una Internet mayormente no comercial. Fue una época alentada por la especulación financiera, que se estaba a su vez alimentada por grandes cantidades de capital de riesgo (CR) y se expresó en altos niveles de cotización de acciones. Cuando el sector manufacturero estadounidense empezó a estancarse después de los efectos del Acuerdo Plaza, el sector de las telecomunicaciones se convirtió en la opción preferida del capital financiero en la segunda mitad de los noventa. Era un sector nuevo y grande, y el imperativo de obtener ganancias se aferró a las oportunidades provistas por la posibilidad de conseguir gente y negocios online. Cuando este sector estuvo en su punto más alto, cerca del 1% del producto interno bruto (PIB) consistía en CR invertido en empresas de tecnología; y el tamaño promedio de negocios de CR se cuadruplicó entre 1996 y 2000.

Cuatro

Las plataformas, en resumidas cuentas, son un nuevo tipo de empresa; se caracterizan por proporcionar la infraestructura para intermediar entre diferentes grupos usuarios, por desplegar tendencias monopólicas impulsadas por efectos de red, por hacer uso de subvenciones cruzadas para captar diferentes grupos usuarios y por tener una arquitectura central establecida que controla las posibilidades de interacción. Ser propietario de una plataforma, a su vez, es ser propietario de software (las 2.000 millones de líneas de código de Google, o las 20 millones de líneas de código de Facebook) y hardware (servidores, centros de datos, smartphones, etc.) construidos con material open-source (por ejemplo, Facebook utiliza el sistema de administración de datos Hadoop).

Cinco

Si Google y Facebook construyeron las primeras plataformas de extracción de datos, Amazon construyó la primera plataforma de la nube importante para alquilar medios de producción cada vez más básicos a compañías contemporáneas. En vez de depender de anunciantes que compran datos, estas plataformas de la nube están desarrollando la infraestructura básica de la economía digital de manera tal que puede ser alquilada por otros provechosamente, mientras ellos recolectan datos para sus propios fines.

Seis

Lo que nos lleva al último gran límite: las plataformas austeras son totalmente dependientes de una gran manía de capital excedente. La inversión en stand-up de tecnología al día de hoy es menos una alternativa a la centralidad de las finanzas que una expresión de la misma. Igual que el boom original de tecnología, se inició y se sostuvo mediante una política monetaria laxa y mediante grandes cantidades de capital en busca de retornos más elevados. Aunque es imposible decir cuándo va a explotar una burbuja, hay señales de que el entusiasmo por este sector ya terminó.

Siete

¿Qué nos depara entonces el futuro? Si continúan las tendencias expuestas en este libro, podemos esperar un futuro en particular. Las plataformas se siguen expandiendo por la economía y la competencia las lleva a encerrarse en sí mismas cada vez más. Las plataformas que dependen de los ingresos por publicidad se ven obligadas a volcarse aún más hacia negocios por pagos directos. Mientras tanto, las plataformas austeras que dependen de los costos de tercerización y deslocalización y de generosidad de los capitales de riesgo o van a la quiebra o se vuelven plataformas de productos (como está intentando hacer Uber con vehículos sin conductor). Al final, parece ser que el capitalismo de plataformas tiene tendencias inherentes a desplazarse hacia la extracción de rentas mediante la oferta de servicios (en forma de plataformas de la nube, plataformas de infraestructura o plataformas de productos). En términos de rentabilidad, Amazon es más el futuro que Google, Facebook o Uber.


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Sie7e Párrafos | 8 de febrero de 2019

Sobre Peronismo, Pampa y Peligro, comentado por Paula Abal Medina

Sobre el Peronismo, Pampa y Peligro. Mi vida en la política argentina
Felipe Solá
Ariel

Selección y comentario por Paula Abal Medina, socióloga, docente e investigadora en la Universidad Nacional de San Martín y el CONICET.

Uno (mi comentario)

Felipe Solá escribió una autobiografía de 400 páginas. Es un libro de lectura placentera, combina anécdotas, reflexiones políticas, semblanzas de dirigentes y vivencias personales. Pero fundamentalmente nos permite reconstruir “la cocina del poder”, comprender el punto de vista de un dirigente que ocupó numerosos cargos políticos: secretario de estado, ministro, diputado, vice-gobernador, gobernador. Podríamos decir que para un dirigente peronista que cree genuinamente en los principios de organización social creados por el primer peronismo, le tocaron tiempos fuleros: justo los que trascendieron como la “década perdida” y el “fin de la historia”. (…)

Solá integró el Poder Ejecutivo cuando el indulto a los genocidas y la privatización de empresas públicas. Tuvo a cargo gestiones sectoriales sensibles en momentos de curva cerrada hacia el neoliberalismo (pesca, soja transgénica). Y fue máxima autoridad provincial cuando la policía asesinó a dos militantes populares: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.  Estas muertes nos dolieron a muchos de los que fuimos jóvenes en 2002, uno de los duelos que permite identificarnos como generación. Solá dedica un largo apartado a explicar la vertiginosidad de esos días, la enorme confusión. Sería sencillo hacerlo cargo en la proporción de su responsabilidad política, pero no sería justo. Solá es el gobernador que eligió a Juan Pablo Cafiero y a León Arslanian como sus Ministros de Seguridad y una política que fue consecuente con estos nombres. También Jorge Taiana tuvo incumbencia en la materia como Secretario de Derechos Humanos y responsable del Programa contra la Tortura. Sin embargo, hay algo más profundo y más dramático para identificar. Dos reacciones polares emergieron de las cenizas de la dictadura y la derrota electoral del peronismo en el ‘83: la melancolía y el pragmatismo. Solá confiesa con lucidez la conclusión de época que él compartió: “el peronismo nació para ser poder” y hacia allí enfiló cuando triunfó el Síganme. Si tuviéramos que fechar los años durante los cuales más desencontrados estuvieron poder y transformación, serían los del cambio de siglo. Seguramente por eso pudo resultarle verosímil que hubiera “francotiradores piqueteros”. Cuando un dirigente avezado se traga un buzón es porque el poder lleva largo tiempo divorciado de la realidad.

Solá es para mí el tipo que aparece en el segundo párrafo que les propongo y después el político que pudo ser en sus circunstancias históricas. En algún momento de la lectura me enojé y pensé que desaprovechó la potencia del tiempo más prometedor que le tocó en suerte: debió ser más kirchnerista, por recorrido y por convicciones. Si el kirchnerismo no se dejó querer más que por subordinados o si el meollo de la cuestión estuvo en una vara felipista que volvió más determinante los gestos de reconocimiento personal y político hacia su persona que el sentido histórico de un proyecto, es algo que tendrá que dilucidar cada posible lector de un libro que merece alimentar el debate de los años que vendrán.

Dos (la selección)

(Pag 37) “No fui montonero porque tenía miedo, porque no estaba dispuesto a matar y, sobre todo, a que me mataran. Tenía una adhesión a la violencia teórica, pero en la práctica no hubiera soportado ver morir a un tipo, me hubiera asqueado, me hubiera ido. A los 22 años me gustaban Perón, las minas y el sol…

Muchos años después me relacioné con muchos protagonistas sobrevivientes, ex chupados, militantes de distintas alas del peronismo. A algunos de ellos tuve la oportunidad de darles poder, como cuando nombré a Julio “el Boina” Urien presidente de Astilleros Río Santiago, y no sólo por sus virtudes intactas, sino para enmendar algo en mí, un sentimiento de culpa y admiración por su pasado, un respeto por los tipos que no priorizaron su autopreservación como yo”.

Tres

(Página 61-62) “El 30 de marzo de 1982 la CGT-Brasil que encabezaba Ubaldini convocó a la plaza para “decirle basta a este Proceso que ha logrado hambrear al pueblo sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”. Después de las marchas a San Cayetano y de la huelga de los 25 en 1979 se logró la movilización más grande contra los militares. La consigna “Paz, Pan y Trabajo” de Ubaldini unificó a todos los sectores: desde un joven Víctor de Gennaro hasta Lorenzo Miguel, incluido Francisco el Barba Gutiérrez, novato gremialista de la Unión Obrera Metalúrgica de Quilmes recién salido del pabellón de la muerte de la Unidad 9 de La Plata. Iribarne, Croqueta Invancich, el Chacho Alvarez, Corach, Juampi Cafiero, mi amigo Adolfo Boverini y otros pasamos a buscar a Antonio Cafiero a su estudio de la calle Lavalle 1112. Lo conocí ese día. A mí me emocionaba todo: la calle, la multitud, nosotros de nuevo juntos y el gran Antonio en el medio. Lo cuidábamos.”

Cuatro

(Página 173) “Al cortar con la Historia, con la doctrina y con la memoria, Menem cortó, en teoría, con su movimiento. Pero el movimiento no tomó real conciencia de ese alejamiento: estaba perplejo y esperaba un líder. Si la categoría de pueblo peronista había caído como columna inamovible en 1983, ¿qué era el movimiento ahora? Decenas de miles de militantes que aspiraban a ser gobierno, a ocupar todos los lugares posibles; que provenían de sus ramas tradicionales – políticos, sindicalistas, técnicos, pensadores – dispuestos a aportar. La fiebre del oro de California. No hizo falta demasiado para llevarlos a lo nuevo, lo impensado. Ni debates profundos, ni explicaciones: el peronismo había nacido para ser poder y allí estábamos. El Turco supo que su victoria contra Cafiero cerraba las polémicas por un tiempo largo. Había ganado el “Síganme”.”

Cinco

(Página 268) Kirchner quería fortalecer la transversalidad, atraer a los militantes de izquierda peronista que habían huido del PJ rígido, donde había rituales, pero no debates. Hizo un Congreso en Parque Norte sólo para kirchneristas (hubo señales en contra de la asistencia de los intendentes) donde dio un discurso en el que se diferenció claramente de las tradicionales posiciones pejotistas ¿Qué pasaba? Necesitaba como el pan al aparato, pero usaba la prepotencia y hasta la amenaza para forzar a que el PJ se plegara sin condicionamientos. Cada tanto daba señales de acercamiento, pero hacía circular rumores de las carpetas de la SIDE sobre cada intendente. La mejor síntesis del pensamiento de los caciques fue la famosa frase de uno de ellos: “no queremos que nos lleven a patadas en el culo adonde queremos ir.”

Seis

(Página 293) “La Argentina había comenzado a crecer: en los barrios se notaba la recuperación del trabajo. Pero, además, Kirchner había recobrado el prestigio de la política: la había colocado por delante del modelo económico, la había independizado (en buena medida) de los poderes. Y había llevado a cabo algo que muchos no habían visto desde el último año de Perón Presidente: se podía argentinizar el manejo de la economía, seguir un camino propio, salir de la impotencia y ser dueños de nuestro destino. Así lo vi. Así lo sentí. Y mi convicción fue creciendo hasta superar mis especulaciones y mis temores. Y si el Gobernador era el más convencido, ¿cómo no iba a arrastrar a los peronistas de la provincia?”

Siete

(Página 406) Mi vida política comenzó con Perón en Madrid, su resistencia y su visión final del camino a seguir. En mi cabeza se cruzan permanentemente sus advertencias, sus consejos, la teoría de la Conducción y la Comunidad Organizada. Sigo creyendo que es una meta posible (aunque esta sea otra Argentina), con las organizaciones sociales, con los trabajadores y la unidad sindical, con los que entienden que una nueva adhesión al neoliberalismo nos lleva a la destrucción del planeta, con los que crean en la capacidad de tener industria y tecnología propias. Con los que buscan acuerdos y pactos para la mayoría.  


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Sie7e Párrafos | 7 de febrero de 2019

Los combatientes, comentado por Fernando García

Los combatientes
Vera Carnovale
Siglo XXI

Selección y comentario por Fernando García, autor de “Los Ojos, vida y pasión de Antonio Berni”, “Conversaciones con León Ferrari”, “Marta Minujín: Los años psicodélicos”, “Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento”, “Crimen y Vanguardia: el caso Shocklender y el surgimiento del underground en Buenos Aires” y la serie “100 veces” (Pappo, Redondos, Stones, Charly) co-escrita con José Bellas.

Uno (mi comentario)

Parte de la colección “Historia y cultura”, dirigida por Luis Alberto Romero, la segunda edición de “Los Combatientes” es un texto ineludible para comprender la formación y desarrollo del PRT-ERP, una de las formaciones emblemáticas de la guerrilla en Argentina. Investigadora del Conicet, Carnovale realiza un mapeo exhaustivo de los documentos disponibles de la organización que apoya con muy valiosos testimonios en perspectiva de militantes revolucionarios sobrevivientes al naufragio de la experiencia en el comienzo de la dictadura militar. Así, su análisis no deja cabo suelto y puede descubrir tanto el entramado de la decisión de lanzarse a la aventura armada como la circunstancia social y la intimidad de sus protagonistas enmarcada en una moral espartana que era el espejo invertido del “enemigo”.

Dos (la selección)

Dentro de esta impugnación general al pensamiento guevarista, (Nahuel) Moreno hacía hincapié en algunos postulados en especial. Uno de ellos era el rol de vanguardia atribuido por Guevara al campesinado en los procesos revolucionarios del entero continente. “Nunca se plantea la menor posibilidad de que esa situación pueda variar de país a país”, protestaba Moreno, señalando las enormes diferencias de las estructuras ecnómico-sociales de los países latinoamericanos. No se trataba sólo de llamar la atención sobre el movimiento obrero organizado y combativo en países como la Argentina o Bolivia, y el papel de las organizaciones sindicales en la lucha de masas del continente, ni aun de insistir en que la “clase explotada a la vanguardia de la revolución latinoamericana cambia de país a país y de etapa a etapa”. En rigor, era el entero razonamiento de Guevara lo que se impugnaba.

Tres

A lo largo de 1967, se conformaron dos corrientes internas en el PRT: una liderada por Mario R. Santucho y otra minoritaria, liderada por Nahuel Moreno. Para este último, luego de las fuertes protestas de los primeros meses de 1967, resultaba claro que el movimiento obrero había sufrido importantes derrotas en todo el país, al tiempo que la dictadura se consolidaba y lograba llevar adelante el plan de estabilización del ministro de economía, Adalbert Krieger Vasena. En cambio, para Santucho y sus seguidores, debajo de aquella aparente y relativa estabilidad comenzaban a engendrarse nuevos enfrentamientos, y si bien el movimiento obrero atravesaba un período de retroceso (…) podía capitalizar el “odio generalizado” contra la dictadura, así como las crecientes simpatías de jóvenes, obreros y estudiantes (…) La muerte de Guevara en octubre de ese año no conmovió las certezas de santuchistas ni de morenistas. Para los primeros, había llegado el momento de “seguir su ejemplo y recoger su fusil”, y emprender la guerrilla en la Argentina. Para los segundos, el postulado retroceso del movimiento obrero en el país tornaba impertinente el lanzamiento de una guerrilla ofensiva.      

Cuatro

El nuevo ejército necesitaba referencias históricas que le otorgaran legitimidad y le permitieran estrechar los lazos con ese pueblo que venía a representar. El modelo, el ideal de identificación, fue, como era esperable, un ejército: el de las guerras de Independencia del siglo XIX. (…) Ya un año y medio antes de la fundación del ERP, en enero de 1969, había tenido lugar la primer acción armada del PRT: el asalto al Banco Provincia de la localidad de Escobar. El comando que lo ejecutó, liderado por el propio Santucho, se denominó “Sargento Cabral”. Fuerzas Armadas y fuerzas revolucionarias compartían, entonces, una percepción de la confrontación local como expresión de una guerra de carácter mundial. Si en esa guerra las Fuerzas Armadas se arrojaban al combate sustentadas en una representación de sí mismas que giraba en torno a la figura de la vanguardia contrarrevolucionaria, es plausible postular que su discurso y accionar favorecieron el hecho de que su enemigo de guerra, la vanguardia revolucionaria, compartiera de alguna manera aquella representación.

Cinco

Santucho presentó al colectivo partidario un documento considerado por muchos como la obra más acabada y madura de su pensamiento: Poder burgués, poder revolucionario. Nos detendremos particularmente en ese texto por varios motivos. En primer lugar, porque a pesar de ser 1974 el año que estaría indicando el comienzo de una militarización en el PRT-ERP, lo cierto es que en este documento hay un notorio énfasis en la noción de que el poder popular se construía fundamentalmente a partir de la movilización de las masas. En segundo lugar, porque si un año y medio antes la apertura electoral era enfáticamente catalogada de “farsa”, aquí, sin ser reinvindicada, adquiría el estatus de forma legítima de lucha. En tercer lugar, porque se proponía no ya al ejército revolucionario, sino a un “frente antiimperialista”, expresión de acuerdos políticos “por arriba” y la movilización de masas “por abajo”, como fuerza dirigente del proceso revolucionario en curso. Las armas cumplían ahora la función de reaseguro de un poder revolucionario ya conquistado.  

Seis

La mayoría de las personas entrevistadas utiliza indistintamente los términos “héroe” y “mártir” para referirse, por ejemplo, a los militantes fugados del penal de Rawson el 19 de agosto de 1972 y fusilados en Trelew el 22. En la documentación partidaria, los dieciséis militantes fusilados se convirtieron en héroes de Trelew, y fue el día 22 de agosto (y no el 19) el que se decretó Día del Combatiente Heroico. La heroicidad provenía menos de la acción de la figura de la fuga en sí misma que de una muerte perpetrada desde la alevosía. (…) Entonces para el PRT-ERP, héroe era el guerrillero que caía en combate, quien moría asesinado a sangre fría, o bien aquel que moría luego de conocer las formas más extremas del sufrimiento físico, la tortura. Sin algunos de estos componentes, no había héroes.

Siete

La militancia del PRT-ERP estuvo compuesta por una abrumadora mayoría de jóvenes. Determinar la forma en que cada uno de ellos se acercó a la organización no es tarea sencilla. Sin embargo, puede decirse que aquel acercamiento reconoció motivos menos vinculados a opciones político-ideológicas previamente analizadas que a ansias emancipatorias de diverso tipo. Esas ansias alcanzaban, en el contexto cultural de “los sixties”, el espacio de los cuerpos y la sexualidad. Modernización cultural y radicalización política encontraron —en principio, sin mayores tensiones—lazos empáticos que situaban a la juventud en el lugar protagónico de los cambios. No obstante entre la figura del joven rebelde y del profesional revolucionario medió un proceso de transformación poco explorado, en el cual la irreverencia devino en solemnidad, la rebeldía en disciplina y el “amor libre” en moral revolucionaria.  


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Sie7e Párrafos | 6 de febrero de 2019

Confesiones, comentado por Fernanda Longo

Confesiones
Henry Marsh
Salamandra

Selección y comentario por Por Fernanda Longo, psicóloga y periodista

Uno (mi comentario)

Las memorias del doctor Marsh deshacen de un plumazo el estereotipo del neurocirujano frío, omnipotente e infalible que seguramente ayudaron a construir las ficciones televisivas de hospital (desde ER hasta, obviamente, Grey´s Anatomy). Y es que todo, absolutamente todo en sus brillantes relatos es una lección de modestia, de honestidad brutal, de asombro (y por qué no estupor) ante la incertidumbre y el absurdo de la vida, de la enfermedad, pero sobre todo del sufrimiento, eso que fue y sigue siendo la materia prima de su oficio durante más de 30 años. (…)

Si en su libro anterior, “Ante todo no hagas daño”, el prestigioso médico británico compartía sus mejores y sus peores experiencias a la luz de los dilemas éticos y los desafíos que supone un trabajo como el suyo, en este segundo volumen, “Confesiones” (finalista del National Book Critics Circle Award), ya jubilado, Marsh se anima a descargarse sin tapujos (unas veces con humor, otras con cinismo) contra las arbitrariedades del sistema de salud público, a ser escéptico en relación a los prometidos avances de la medicina, y a reconocer que lo más difícil de su profesión no es tanto operar cerebros ni coser cráneos como lidiar con el dolor de acompañar a sus pacientes en muchos casos a una muerte segura, cuando no dramática e indigna, frente a la cual él mismo aún no encuentra ni atajos ni respuestas.  

Dos (la selección)

A medida que se aproxima la muerte, nuestra identidad puede empezar a desintegrarse. Algunos psicólogos y filósofos mantienen que esa identidad, ese sentirnos individuos con la libertad de elegir, es poco más que una portada de la gran partitura de nuestro subconsciente, una partitura con muchas voces oscuras y a menudo disonantes. Gran parte de lo que nos parece real es una forma de ilusión, un reconfortante cuento de hadas creado por nuestro cerebro para dotar de sentido a la miríada de estímulos internos y externos que recibimos, y a los mecanismos e impulsos inconscientes de la mente.

Tres

He aprendido que hurgar en el cerebro no revela nada sobre la vida, aparte de la consternación que uno acaba experimentando ante su fragilidad. Acabaré mi carrera sintiéndome no exactamente desilusionado, pero sí, en cierto sentido, decepcionado. He aprendido muchas más cosas sobre mi propia falibilidad y sobre la crudeza de la cirugía  -pese a la frecuencia con que resulta necesaria-, que sobre cómo funciona realmente el cerebro.

Cuatro

Existe un gran infierno de sufrimiento del que la mayoría apartamos la vista. Claro, resulta muy fácil operar a todos los pacientes y no pensar en las posibles consecuencias. ¿Acaso un buen resultado justifica todo el sufrimiento causado por muchos malos resultados? ¿Y quién soy yo para decidir qué diferencia hay entre un buen resultado y uno malo? Nos dicen que no debemos actuar como dioses, pero a veces sí debemos hacerlo, al menos si creemos que el papel de un médico es reducir el sufrimiento y no sólo salvar vidas a cualquier precio.

Cinco

Cuando estoy en Nepal trabajando, lo único que poseo es el contenido de la maleta, sin otras pertenencias que la ropa y el ordenador portátil. He descubierto que no echo en falta mis muchas posesiones en Inglaterra; de hecho, se me antojan una carga a la que debo volver, pese a lo mucho que significan para mí. Además, cuando soy testigo de la miseria en Nepal y de los espantosos efectos de la urbanización rápida e incontrolada, veo mis posesiones bajo una luz distinta. Lamento no haber reconocido las virtudes de viajar con sólo el equipaje de mano hasta una etapa tardía de mi vida. En la mortaja no hay bolsillos.

Seis

De modo que el autoengaño, les expliqué a los ucranianos, es una aptitud necesaria que adquirimos en una etapa temprana de nuestra carrera. Sin embargo, a medida que nos hacemos mayores y adquirimos experiencia y nos volvemos más competentes, es algo que debemos empezar a desaprender. Los médicos en puestos de responsabilidad, al igual que los políticos, pueden volverse fácilmente corruptos no sólo por el poder que ostentan, sino también por carecer de gente a su alrededor que les hable con franqueza. Aún así, continuamos cometiendo errores durante toda nuestra carrera, y siempre aprendemos más del fracaso que del éxito.

Siete

Cada vez que me lavo las manos antes de ir al quirófano, tengo miedo. ¿Por qué continúo metiéndome en estos bretes, cuando sé que puedo abandonar la neurocirugía cuando quiera? Una parte de mí desea salir huyendo, pero aún así me pongo el pijama quirúrgico y los guantes y me acerco a la mesa de operaciones. Los residentes están abriendo la cabeza del paciente, pero aún no me necesitan, de modo que me siento en un taburete y apoyo la cabeza contra la pared. Mantengo las manos enguantadas ante el pecho con las palmas juntas, como si rezara: la postura del cirujano que aguarda para operar. A mi lado espera también el microscopio, con el largo brazo doblado sobre sí mismo, listo para ayudarme. No sé cuánto tiempo más podré seguir siendo de utilidad aquí, o si regresaré siquiera, pero por lo visto todavía quieren que venga.


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Sie7e Párrafos | 5 de febrero de 2019

Las estructuras elementales de la violencia, comentado por Elsa Drucaroff

Las estructuras elementales de la violencia
Rita Segato
Prometeo

Selección y comentario por Elsa Drucaroff, escritora y docente, Doctora en Ciencias Sociales, investiga y enseña en Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Publicó novelas, antologías y ensayos sobre literatura argentina contemporánea y teoría crítica.

Uno (mi comentario)

Segato no baja línea ni escribe manifiestos. Piensa. Interroga la cultura que habitamos y saca conclusiones. Utiliza con enorme rigor sus herramientas teóricas: la antropología, el psicoanálisis, el trabajo de campo propio y ajeno, los sofisticados aportes de algunos feminismos, y consigue diagnosticar la enfermedad inherente, constitutiva de esto que yo denomino “modo de producción de personas” falo-logocéntrico y suele nombrarse como Patriarcado: un sistema de organización jerárquico milenario (su origen se pierde en la memoria de la especie, dice Segato) pero históricamente constituido donde, demuestra ella, la violencia de género no es un exceso, una excepción o una patología, sino una condición estructural. (…)

En tanto esta estructura es milenaria pero histórica, podría transformarse, y el libro piensa una y otra vez qué vías de incidencia social y política ayudarían a lograrlo. Esta dimensión histórica se ve afectada sin embargo cuando por momentos Segato concibe de un modo exclusivamente discursivo y excesivamente estructuralista (Lacan mediante) la construcción del sistema de opresión de género. En eso me distancio un poco, no porque lo discursivo no cuente en grado sumo, sino porque como materialista considero que las cosas y los cuerpos ponen límites productivos a la incidencia de los discursos. Pese a ese matiz, los aportes de Las estructuras elementales de la violencia son tan sólidos y brillantes que el libro es imprescindible para pensar la violencia contra las mujeres, desde el micromachismo más rutinario e invisible hasta el femicidio.   

Dos (la selección)

“Tal como se desprende de innumerables relatos de presos condenados por violadores, podríamos decir, para parafrasear aquella expresión clásica sobre el significado de la obra de arte en la modernidad cuando habla del “arte por el arte”, que en la sociedad contemporánea la violación es un fenómeno de “agresión por la agresión”, sin finalidad ulterior en términos pragmátcos. Y aun cuando se disfrace con alguna supuesta finalidad, en última instancia se revela como el surgimiento de una estructura sin  sujeto, una estructura en la cual la posibilidad de consumir el ser del otro a través del usufructo de su cuerpo es la caución o el horizonte que, en definitiva, posibilita todo valor o significación. De improviso, un acto violento sin sentido atraviesa a un sujeto y sale a la superficie de la vida social como revelación de una latencia, una tensión que late en el sustrato de la ordenación jerárquica de la sociedad”.

Tres

[Posicionándose respecto de dos posiciones respecto de la violación: ¿es un acto patológico? ¿O, al contrario, es un acto que responde a lo que la sociedad enseña que debe ser un varón?]

A mi entender el discurso de los violadores entrevistados indica una tercera posición, orientada hacia lo que podríamos describir como un “mandato” de violación. Este mandato, planteado por la sociedad, rige en el horizonte mental del hombre sexualmente agresivo por la presencia de interlocutores en las sombras, a los cuales el delincuente dirige su acto y en quienes adquiere su pleno sentido. Y el mandato expresa el precepto social de que ese hombre debe ser capaz de demostrar su virilidad, en cuanto compuesto indiscernible de masculinidad y subjetividad, mediante la exacción de la dádiva de lo femenino. Ante la imposibilidad de obtenerlo por conducto de procedimientos amparados por la ley, aquellas presencias fuerzan al hombre a arrancarla por medios violentos. La entrega de la dádiva de lo femenino es la condición que hace posible el surgimiento de lo masculino y su reconocimiento como sujeto así posicionado. En otras palabras, el sujeto no viola porque tiene poder o para demostrar que lo tiene, sino porque debe obtenerlo.

Cuatro

En ella [se refiere a la interacción de interlocutores a través de escrituras por redes sociales o chats], para comprender el carácter beligerante y la postura omnipotente de los frecuentadores de los chatrooms, independientemente del tema que traten, resalto el hecho de que estos asumen la prescindibilidad del cuerpo material, que pasa a ser sustituido por un cuerpo ideal, virtualmente construido a través de una narrativa (…). Este actuar como si el cuerpo no existiese expulsa la materialidad como el primer límite del que el sujeto tiene noticias, la primera evidencia de la ley. La primera ley y la materialidad se encuentran profundamente vinculadas, pues es en la ausencia de lo que es sentido como un fragmento propio, que se le escinde al infante cuando el cuerpo materno se le aparta, que se introducen el límite y la carencia. Materialidad y experiencia originaria de la falta y de la ley que la impone son un proceso único e indisociable. Por lo tanto, la obliteración de la materialidad del cuerpo en Internet le permite al sujeto hablar como si estuviera entero, simulando, para todos los efectos, su propia completud. Con esto, inevitablemente cae prisionero de su propia fantasía, que lo totaliza. Y con esto, también el otro en la pantalla es percibido como un muñeco, un dummy, a quien se puede seducir, vencer o anular. La pantalla funciona aquí como un espejo donde la alteridad es sólo un espejismo. A partir de la forclusión de la ley del cuerpo como límite, todo índice de alteridad o resistencia del mundo es eliminado, y el otro deja de ser percibido en su radicalidad e irreductibilidad. Nos encontramos en un mundo de gente sola que, ante la menor contrariedad del interlocutor virtual, puede eliminarlo, anularlo, abandonando la escena con un simple clic de mouse.

Cinco

[El antropólogo Maurice Godelier] Relata, entonces, lo que le fue revelado: que en tiempos primordiales un baruya, aprovechándose de la ausencia de las mujeres de su casa comunal, se introduce en ella y, entre la ropa sucia de sangre menstrual, encuentra el precioso instrumento que las mujeres crearon y saben tocar. Huye inmediatamente, robando la flauta que, desde entonces, pasa a ser patrimonio de los hombres.

Godelier no parece reparar en que este episodio central en el gran mito fundacional baruya parafrasea aquel que es, a su vez el motivo central de la narrativa -o mito- lacaniano: que la mujer es el falo mientras que el hombre tiene el falo (Lacan, 1977 b, p. 289). (Por mi parte, confieso que sólo llegué a comprender este hermético motivo en toda su densidad de sentido cuando fui expuesta a la narrativa baruya). En el centro de gravedad de la estructura se encuentra el profundo insight del robo del falo, tanto en una como en la otra mitología. Pero lo que (…) el mito baruya explicita, clarificándonos, es que el poder es siempre, por naturaleza y por la propia ingeniería que lo constituye, una usurpación, un robo de plenitud y autonomía, una expropiación. Sería pertinente entonces cambiar una palabra en el texto lacaniano, y decir que “el hombre usurpa el falo” y no simplemente que lo “tiene”.

Seis

Sin embargo, y es aquí donde vale la pena detenerse, los baruya revelan en su mito, textualizan, lo que la versión lacaniana encubre: la violencia que precede y origina el simbólico y la transgresión masculina (y no femenina, como en el génesis judeo-cristiano) que acaba por dar al mundo su orden patriarcal. No se trata de ser o tener el falo, se trata de no tenerlo y de robarlo: el procedimiento violento y deshonesto que Lacan no revela. Usurpación, violencia fundante, y un masculino que, después de su producción inicial mediante expropiación y expurgo, permanece condenado para siempre a reproducirse sin descanso a expensas y en detrimento del femenino, que fuera antes -en tiempos pre-míticos- dueño de sí. Esta es la célula elemental de la violencia. Se trata de una economía expropiadora única, instituida y en vigencia permanente, narrada en ambos mitos.

Siete

Creo, por lo tanto, necesario separar analíticamente la violencia [de género] moral de la física, pues la más notable de sus características no me parece ser aquella por la que se continúa y amplía en la violencia física, sino justamente la otra, aquella por la que se disemina difusamente e imprime un carácter jerárquico a los menores e imperceptibles gestos de las rutinas domésticas -la mayor parte de las veces lo hace sin necesitar de acciones rudas o agresiones delictivas, y es entonces cuando muestra su mayor eficiencia-. Los aspectos casi legítimos, casi morale y casi legales de la violencia psicológica son los que en mi opinión revisten el mayor interés, pues son ellos los que prestan la argamasa para la sustentación jerárquica del sistema. Si la violencia física tiene una incidencia incierta del 10, 20, 50 o 60% [Segato cita las diversas cifras de incidencias en diferentes países y culturas, que viene de exponer], la violencia moral se infiltra y cubre con su sombra las relaciones de las familias más normales, construyendo el sistema de estatus como organización natural de la vida social.


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Sie7e Párrafos | 4 de febrero de 2019

Trance, comentado por Juan José Becerra

Trance
Alan Pauls
Ampersand

Selección y comentario por Juan José Becerra, escritor, autor de la novelas Santo, Atlántida, Miles de años, Toda la verdad, La interpretación de un libro, El espectáculo del tiempo y El artista más grande del mundo.

Uno (mi comentario)

Trance es el autorretrato de una vida de lecturas, escrito por un lector (Alan Pauls: el mejor lector del mundo) que define su vicio como la gracia de “no poder parar”. Leer, en la experiencia del autor, consiste en un acto mágico que reúne sedentarismo y movimiento en un solo verbo: seguir (salir de un libro solamente para entrar en otro).

Dos (la selección)

“Contrapeso mezquino de la doctrina del abuso, se ensalza a menudo la puntería como virtud suprema de la lectura. Como si leer bien fuera acertar. Supongamos que sí, ¿pero acertar a qué?”

Tres

“Tal vez leer sea la última práctica continua que quede en el mundo”.

Cuatro

“No lee mucho por día, no más de una o dos horas, casi siempre de noche, antes de dormir, luego de despachar con cierta impaciencia un clásico en VHS, pero muy pronto tiene la impresión de que el libro está un poco en todas partes, como si destiñera”.

Cinco

“Enamora a una mujer leyéndole en el tren veinte páginas de la novela de un escritor amigo.  La enamora y la duerme al mismo tiempo”.

Seis

“No concibe mayor desazón que descubrir que ha viajado con el libro equivocado”.  

Siete

“Leer, para él, es la experiencia mínima, modesta, económica alrededor de la cual se despliega la multiplicidad del mundo. Como otros se jactan de sus hazañas sexuales, del variado repertorio de lugares, condiciones, posiciones y rituales en los que pusieron en juego su deseo, él se jacta de haber atravesado el bosque de lo que existe rendido a una pasión silenciosa y más bien célibe, que se abre y se cierra cada vez que sucede pero no se extingue nunca”.


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Sie7e Párrafos | 3 de febrero de 2019

En el estanque, comentado por Mauro Libertella

En el estanque
Al Álvarez
Entropía

Selección y comentario por Mauro Libertella, periodista y escritor.

Uno (mi párrafo)

Nadar es un sacerdocio. Nadar es una práctica que pide sacrificio, constancia, introspección, silencio y temple. ¿Nadar es como escribir? La afinidad es evidente, aunque la natación es un arte que tiende a diluir el ego (todo se diluye en agua) y la literatura mas bien lo alimenta. Al Alvarez aprendió esto muy temprano, a los 11 años, cuando empezó a nadar en los estanques de un parque de Londres. Con el tiempo, esa práctica solitaria, estoica, se convirtió en el hilo conductor de su vida: todas las mañanas, un chapuzón, aunque afuera el termómetro marcara dos grados. (…)

La escritura de un diario también es eso; algo que se hace todos los días, que nos acompaña, que nos observa, que nos conmina. En ese sentido, el diario de un nadador es casi una tautología, y a ella se consagró Alvarez: nadar un poco, escribir lo nadado. ¿Pero cómo se escribe lo nadado? ¿Se puede escribir sobre algo tan transparente, tan rutinario? Con  un tono zen, En el estanque es un diario de la nada que de tanto en tanto toma vuelo y produce un resplandor. Pero eso no es todo. Habitué durante toda su vida a estos estanques, los diarios que componen este volumen están fechados entre el 2002 y el 2011 asi que se erigen, para decirlo de algun modo, como un crudo testimonio de vejez. Un tipo que se va haciendo viejo mientras mete los pies en el agua helada de un invierno europeo.

Dos (la selección)

“Hoy nadé un par de metros más, prácticamente hasta la barrera, y al girar para volver de espaldas muy despacio el aire se llenó del perfume denso de las flores de mayo. Todos los espinos que rodean el estanque están cargados de flores blancas, y uno en particular parece a punto de colapsar bajo su propio peso –una pendiente blanca hacia el agua, como una pista para saltos de esquí–. Después de dejar el auto me torcí el tobillo, así que la caminata no fue para nada divertida. Me odié a cada paso, pero me di un chapuzón y me saqué una década de encima. Se ve que así es el tiempo de descuento: una batalla entre el cuerpo y la voluntad –a muerte, literalmente–. Por mí está bien, pero me gustaría no terminar siempre tan agotado”.

Tres

“El Servicio Meteorológico tenía razón: el viento sopla ahora desde el norte y volvió el invierno. A las nueve y media el cielo está despejado pero hay un viento intenso y cortante y el agua parece helada. Hoy no me demoro: me desvisto raudo, nado mis cincuenta metros, me seco y me pongo la ropa lo más rápido que puedo. Los árboles se estremecen, las urracas surcan el aire como balas de cañón y hasta las gaviotas tienen dificultades para mantener el equilibrio. Estos días son los que más me gustan: cuando la bestia tiene algo para entretenerse, y vivir vale la pena”.

Cuatro

“Cuando me estaba subiendo al auto para ir al estanque pasaron David Storey (el escritor) y su señora. Es un tipo alto, corpulento; fue jugador profesional de rugby antes de entrar en Bellas Artes, y después cambió la pintura por la literatura. A pesar del rugby es afable y tiene una voz muy delicada. Me gusta mucho su humor melancólico. De hecho me cae muy bien, y creo que yo a él también. Últimamente nos vemos sólo al pasar, en la calle, aunque vive cerca (acá a la vuelta, sobre Gardnor Road). Pero para nuestra amistad distante ese dato es demasiado invasivo, y no lo mencionamos nunca, no sea cosa que alguno se sienta forzado a invitar al otro. Todo muy inglés. Hoy charlamos un segundo, más que nada sobre las humillaciones de la vejez –el tema de siempre–. Y lo cierto es que por primera vez lo vi como a un viejo. No por la panza y las canas –que tiene hace años y sobrelleva muy bien con esa contextura tan robusta–, sino por cierto temblor difuso que lo rodeaba, una vibración en el aire, un halo tenue de vacilación –no mental: física–, como si no estuviera completamente en foco. Es lo que sucede “cuando empiezan a separarse cuerpo y alma”, que es supongo lo que me está pasando a mí. Así que manejé hasta el estacionamiento, llegué rengueando al estanque y nadé casi hasta la soga –emprendí la vuelta unos diez metros antes–, como para demostrarme que todavía más o menos sigo en carrera”.

Cinco

“Hoy me desperté pensando: si fuera un caballo de campo que ya no puede tirar ni hacer gran cosa, o un purasangre que ya no salta ni corre carreras, me sacarían un tiempo a pastar y después me sacrificarían. Si fuera una masctoa doméstica tal vez tardaría un un rato más y armarían más escándalo, pero en cuanto me convirtiera en un incordio también me ahorrarían el sufrimiento. Si fuera un animal salvaje, me atacarían los más jóvenes y me dejarían abandonado a mi suerte. Así como estamos, vivo tropezándome, le agoto la paciencia a cualquiera y le crispo los nervios a todos, especialmente a mí”.

Seis

“Hace unas semanas terminé un artículo largo sobre el capitán Scott para la New York Review of Books. Bob está muy entusiasmado con el texto y yo corregí las pruebas con todo esmero. Desde ese momento, nada. Anoche soñé que había llegado el último número de la revista, y que en la tapa, bien grande, decía “Al Alvarez sobre mí mismo”. Sentía una vergüenza tremenda. Mi reacción inmediata fue asociarlo con las reseñas largas, positivas y completamente inesperadas que viene recibiendo Risky Business. Desde luego estoy muy feliz además de sorprendido, y desde luego vengo minimizando esa felicidad. Ayer los de Bloomsbury me mandaron por mail un par de golosinas más, que imprimí puntualmente. Una en particular era muy halagüeña, así que hice una copia extra para Anne, que está mucho más contenta que yo por las buenas críticas, y de inmediato me dio pudor. Anda tapada de trabajo, pero ahí iba yo buscando elogio por los elogios. Igual tenía motivos para sentir pudor, porque cuando le conté el sueño su reacción fue: “Sos muy estricto con vos mismo”. Una respuesta con la delicadeza exacta como para confirmarme que había hecho bien en sentir vergüenza”.

Siete

“Nadando bajo la nieve. Mejor que cantando bajo la lluvia. Pero qué fría estaba el agua”.


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Sie7e Párrafos | 31 de enero de 2019

La vida invisible, comentado por Graciela Fernández Meijide

La vida invisible
Silvia Iparraguirre
Ampersand

Graciela Fernández Meijide, docente. Participó en ONG de defensa de los DD HH en Argentina. Integró la CONADEP. Fue Diputada y Senadora nacional, Ministra de Desarrollo Social. Escribió: La ilusión, La historia íntima de los DD HH en la Argentina, Eran humanos, NO héroes, El diálogo (Sudamericana). Integra el Club Político Argentino.

Uno (mi comentario)

Me convertí en fan de Sylvia Iparraguirre hace muchos años,  cuando leí La tierra del fuego. En esa novela histórica, Sylvia indaga y ficciona el encuentro real, en Tierra del Fuego, del Capitán Fitz Roy con Omoy-lume, miembro de los Yamanas devenido en Jemmy Button y relata  el viaje de ambos a Inglaterra, su estadía ahí y la vuelta del yamana que retorna decepcionado, frustrado en sus expectativas, a la legitimidad de sus orígenes. Después leí El país del viento y El muchacho de los senos de goma y ahora La vida invisible.

En una entrevista que le hice a Sylvia para la Televisión Pública, en junio de este año- todavía yo no había leído su último libro-, ella habló de esa, su vida invisible y me sentí totalmente identificada: si bien la diferencia de edad es mucha, aunque pertenezcamos a generaciones distintas, encontré puntos de relación muy estrecha en lo que se refiere a verse atrapadas por la lectura. Las dos aprendimos a leer siendo muy chicas, nos compraban libros pero, además, tuvimos la biblioteca familiar tan a nuestra disposición que pudimos, devorando textos, zambullirnos en una fantasía que considerábamos, seriamente, nuestra realidad. Luchábamos contra piratas o esclavistas, o, en mi caso, subida en el techo de una habitación, era una aviadora, Carola Lorenzini – de la que supe por los diarios- volando hacia vaya a saber dónde.

En La vida invisible, Sylvia se abre y se describe no solo como una nena o una adolescente sino también como esa muchacha de 17 años criada en ciudad pequeña, que ve cómo queda atrás su mamá cuando se va con su bolso azul en colectivo hacia la universidad de la gran ciudad. Nos participa su deslumbramiento ante los profesores notables, Jorge Luis Borges, por ejemplo y no vacila en contar el inicio de su vida sentimental  y su formación literaria con el hombre al que le dedica su libro: el escritor Abelardo Castillo. También comparte con sus lectores tanto los poemas que la conquistaron porque, cuando ahonda en ellos la proveen de “lo que busca, lo que desea, lo que oculta, lo que ha perdido” como su novedosa caracterización de Ana Karenina como el ejemplo de la novela como género literario.

En fin, este libro de Sylvia se suma a los motivos por los que sigo siendo su fan.

Dos (la selección)

“La lectura fue para mí, desde que tengo memoria, una experiencia vital, tan decisiva como el conjunto de aprendizajes que forman nuestra identidad fundamental. Experiencia no condicionada por nada, ligada solo a las valoraciones primarias de las que nos erigimos como únicos jueces. Su placer mayor radicó en el poder de suspensión de la realidad circundante, en ponerme a vivir en otra dimensión. Era dueña de ir y venir por esos mundos.

El gusto por la lectura nació asociado a la libertad. Los autores que fui descubriendo en el camino fueron mis mentores, mis faros, aquellos cuyas palabras establecieron una mediación, un orden, una escala que me llevó a una comprensión más amplia y profunda de la realidad y de los otros. Mi agradecimiento incondicional a esos autores y escritoras, “padres y maestros mágicos”, que conversan conmigo desde la edad de la razón y me (nos) rescatan, como escribe Olaf Stapledon, “del trágico desorden de la colmena humana””.

Tres

“Invariablemente vestido de traje y chaleco, Borges se sentaba tras el escritorio, extraía del bolsillo del saco un reloj grande, con tapa; lo abría y lo dejaba abierto sobre el escritorio. Hecho esto, miraba al frente, a un punto indefinido en el aire del que no quitaría la aparente mirada en toda la hora, y comenzaba a hablar. Daba la clase de manera amable, sin retórica, apelando al humor e iba derivando, según su brújula interna, por aspectos insospechados de las antiguas literaturas germánicas y anglosajonas o de las sagas de Islandia: batallas, palabras, versos, fragmentos supervivientes de un mundo perdido que él veneraba. Explicando una batalla entre sajones y britanos decía que no imagináramos grandes ejércitos disciplinados de tipo napoleónico. “Eran un montón de gente –decía– como si pelearan los de Temperley contra los de Lomas de Zamora”. Cuando llegó al Beowulf nos desplegó la kenningar que encerraba ese nombre, “lobo de las abejas”, por depredador de la miel, es decir: “oso”, lo que indicaba la corpulencia del héroe de la epopeya escandinava. Para comentar la prepotencia de coraje de Beowulf, lo asimiló a un compadrito de un barrio de Buenos Aires y recitó la copla:

Soy del barrio ‘e Monserrá
donde relumbra el acero
lo que digo con el pico
lo sostengo con el cuero”.

Cuatro

“Cómo no empezar leyendo el poema que dice: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche / escribir por ejemplo / la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos”; también: “El mar como un vasto cristal azogado / refleja la lámina de un cielo de zinc.” Y me quedé hasta hoy con Neruda y Asunción Silva y, a veces, con Darío.

Y, un poco después, con aquello de Roque Dalton: “La poesía, como el pan, es para todos”.

Más tarde, vinieron dos piedras angulares, César Vallejo:

Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

[…]

Y Miguel Hernández:

“Elegía”

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
Que por doler me duele hasta el aliento.
[…]”

Cinco

“Necesito decir antes que nada que el nuestro no fue un encuentro intelectual ni literario. Fue un encuentro vital, emocional. Nos gustamos; nos enamoramos de nuestras virtudes y defectos, y fue para toda la vida. A pesar de que yo era muy joven y de que la diferencia de edad al comienzo pesó, desde el primer momento, superando los alarmantes altibajos que respondían, básicamente, a nuestros caracteres empecinados, intuimos compartir un núcleo profundo, central, un sentido general de la existencia y de las cosas, que los años solo profundizarían. Eso fue lo esencial. La literatura, además de haber sido la causa de nuestro encuentro, le dio a nuestra relación una dimensión y una felicidad sumadas. Con “dimensión” quiero decir la posibilidad de una unión de otro tipo, una complicidad en algo que nos llevaba más lejos, que venía de antes e iba al futuro: los libros. Fuimos muy afortunados; tuvimos esa suerte que tienen algunas parejas que comparten un oficio o profesión que aman y en la cual se regocijan. Y si hubo un secreto fue este: nunca intenté domesticarlo; nunca interfirió en mi independencia. La nuestra fue una historia de amor profundo y de concesiones mutuas.

Con Abelardo la vida invisible se visibilizó, fluyó, para transformarse en un diálogo continuo. Si la biblioteca de la casa de mi abuela arma la primera escena de mi novela personal como lectora, en la biblioteca de Abelardo, en nuestro departamento de la calle Pueyrredón, empezó mi educación literaria”.

Seis

“Recuerdo haber leído de manera hipnótica, en un viaje en tren de Buenos Aires a Junín, la Teoría y estética de la novela. Cada tanto, levantaba los ojos para ver dónde estaba, seguramente con esa mirada de sonámbulo que tiene un lector atrapado por un libro. Página tras página, como una usina inacabable, Bajtín me descubría ideas y conocimientos; el horizonte se ampliaba, se corría la frontera arbitrariamente establecida por teorías, que ahora me parecían anacrónicas, vetustas, inmóviles. Yo crecía. En un viaje de cuatro horas y media, crecí años. Había hecho un salto cualitativo en mi formación; había llegado a la intuición y luego a la comprensión de aspectos de la cultura occidental de los que nunca volvería atrás: la teoría de la recepción, la microhistoria, de LeGoff a Carlo Ginzburg, de la pragmática (la incidencia del contexto en todo intercambio lingüístico) y del contexto sociohistórico como engarce ineludible para la comprensión cabal de una obra, del lenguaje como ideología. Los años, como suele suceder, dieron la prueba de lo transformador que fue el pensamiento bajtiniano. Cómo sus ideas originales, provocativas, siguieron produciendo significados culturales: polifonía, hibridez cultural, dialogismo, géneros discursivos, argumentación son base de los estudios culturales y lingüísticos de hoy. La otredad, término inaugurado por Bajtín, está presente en los estudios multiculturales y de la posmodernidad”.

Siete

“Al releer Ana Karenina pienso en dos lugares comunes que pertenecen al universo de la recepción de la novela. Dos tópicos que se citan como garantía de perfección o de excelencia. Se dice que “es una de las cimas de la novela”. Frase hecha que terminó como clisé poblando contratapas de innumerables ediciones. Y el otro lugar común, que considera tanto a Tolstói como a su literatura: “Más grande que la vida”. Se me ocurre que esta última calificación no le gustaría a Tolstói. Para un hombre que observó con la misma pasión las abejas, los árboles, los animales y los seres humanos no podía haber nada más grande que la vida. Sin embargo, le guste o no al autor, su literatura, como pocos otros casos, decantó estas dos formas tópicas; visiones universales, icónicas, aplicadas particularmente a Guerra y Paz y a Ana Karenina. Como si, reunidas todas las posibles lecturas de todos los posibles lectores en un crisol, diera por resultado el molde del lugar común”.


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Sie7e Párrafos | 30 de enero de 2019

Leonardo Da Vinci, comentado por Federico Kukso

Leonardo Da Vinci
Walter Isaacson
Debate

Selección y comentario por Federico Kukso, periodista especialista en ciencia.

Uno (mi comentario)

En los 67 años que vivió, Leonardo Da Vinci fue tantas cosas que cualquier palabra utilizada para etiquetarlo le queda chica. Este florentino del siglo XV fue pintor, arquitecto, anatomista, botánico, escritor, escultor, filósofo, urbanista, músico. Y sobre todo, inventor: entre los dibujos de diseños e invenciones que dejó este hombre vegetariano, disléxico y que nunca se casó ni tuvo hijos, varias generaciones de investigadores han creído reconocer prototipos o antecedentes de artilugios modernos como el aeroplano, el helicóptero, el submarino, la turbina de agua, el paracaídas, el chaleco salvavidas, el automóvil, una máquina para pulir lentes, y hasta la ametralladora y granadas de fragmentación. (…)

Más allá de sus magníficas pinturas (como La anunciación, La última cena y, desde ya, La Mona Lisa), gran parte del mundo desconoció su desbordante creatividad recién hasta bien entrado el siglo XIX cuando comenzaron a publicarse copias de sus cuadernos y recopilaciones de sus diseños, que con los años habían pasado de mano en mano para deleite visual e intelectual de unos pocos. Por ejemplo, el llamado Códice Leicester -de 72 páginas y que reúne notas sobre fósiles, el movimiento del agua y la luminosidad de la luna- fue comprado en 1719 por el terrateniente inglés Thomas Coke y luego en 1994 por Bill Gates quien pagó por él en una subasta 30,8 millones de dólares.

Aún así, pese a las recurrentes exposiciones, los incontables documentales y las hordas de turistas que hacen una procesión en el Museo del Louvre para ver y sacarse selfies frente a la minúscula Gioconda, Leonardo sigue siendo un misterio: un interrogante que desde hace años no deja dormir al escritor estadounidense Walter Isaacson quien finalmente, luego de excavar en las vidas de figuras como Albert Einstein, Steve Jobs, Benjamin Franklin y Henry Kissinger, puso a funcionar sus trucos de biógrafo para correr la cortina de intriga que aún pende sobre esta figura descomunal, una de las pocas personas que merece ser llamado un verdadero genio universal, un inventor inagotable de curiosidad infinita.

“Me embarqué en este libro porque Leonardo da Vinci constituye el paradigma del principal tema de mis anteriores biografías: que la capacidad de establecer conexiones entre diferentes disciplinas —artes y ciencias, humanidades y tecnología— es la clave de la innovación, de la imaginación y del genio”.

Así, para explorar el “planeta Da Vinci” y componer el tratado más exahustivo sobre la vida de este “artista total”, el biógrafo recurrió a más de 7200 páginas de notas, facturas, garabatos y cuadernos, todos fósiles de su imaginación, una maravillosa guía para entender a la persona a la que el historiador del arte Kenneth Clark describió como “el hombre más implacablemente curioso de la historia”.

Dos (la selección)

“Durante mi investigación descubrí que muchos hechos acerca de la vida de Leonardo, desde el lugar donde nació hasta cómo murió, han sido debatidos, mitificados y rodeados de misterio. Asimismo descubrí, al principio con estupor y luego con satisfacción, que Leonardo no siempre era un gigante. Cometía errores. Se iba por la tangente, en sentido lateral, enfrascado en problemas matemáticos que no consistían sino en un mero pasatiempo. No hace falta recordar que dejó muchos cuadros inacabados, en especial la Adoración de los Reyes, San Jerónimo y la Batalla de Anghiari. La consecuencia se traduce en que hoy se conservan solo unas quince obras que pueden ser, total o parcialmente, atribuidas a él”.

Tres

“Aunque la mayoría de sus contemporáneos lo considerasen amistoso y afable, Leonardo se muestra a veces oscuro y angustiado. Sus cuadernos y dibujos ofrecen una ventana a su mente febril, imaginativa, maniaca y, en ocasiones, exaltada. Si hubiera sido un estudiante de principios del siglo XXI, podrían haberle recetado medicamentos para aliviar sus cambios de humor y su trastorno de déficit de atención”.

Cuatro

“El siglo XV de Leonardo, de Colón y de Gutenberg fue una época de descubrimientos, de exploración y de difusión del conocimiento mediante las nuevas tecnologías; en definitiva, parecida a la nuestra. Por eso tenemos mucho que aprender de Leonardo. Su capacidad de combinar el arte, la ciencia, la tecnología, las humanidades y la imaginación sigue resultando una fórmula imperecedera para la creatividad. Al igual que la poca importancia que daba al hecho de ser un inadaptado: bastardo, homosexual, vegetariano, zurdo, distraído y, a veces, herético. Florencia prosperó en el siglo XV porque se sentía cómoda con personas así. Ante todo, la curiosidad y el afán de experimentación sin límites de Leonardo nos recuerdan la importancia de inculcar en nosotros y en nuestros hijos no solo el conocimiento, sino también la voluntad de cuestionarlo, de ser imaginativos y —como los inadaptados y los rebeldes con talento de cualquier época— de pensar de forma diferente”.

Cinco

“Entre los jóvenes que se convirtieron en compañeros de Leonardo, el más importante, con diferencia, fue el bribonzuelo apodado Salai, que se presentó el 22 de julio de 1490, cuando Leonardo tenía treinta y ocho años. «Giacomo se ha venido a vivir conmigo», así queda registrado el hecho en su cuaderno. Constituye una anotación de una extraña ambigüedad, ya que podría haber indicado que se trataba de un joven discípulo o ayudante. Sin embargo, también parece verdad que la suya fue una relación singularmente equívoca”.

Seis

“Leonardo vestía de forma muy vistosa, a veces informal, según el Anónimo Gaddiano, «con una túnica rosada hasta la rodilla, aunque los demás en aquella época llevaran prendas largas». Con los años, se dejó una barba que le «llegaba a la mitad del pecho y cuyos rizos llevaba siempre bien peinados». Sobre todo, era famoso por su disposición a compartirlo todo. «Sumamente liberal, acogía y ayudaba a cualquier amigo, pobre o rico», según Vasari. No actuaba motivado por la riqueza o las posesiones terrenales. En sus cuadernos criticó «a los hombres que no desean sino el enriquecimiento material y carecen por completo del afán de saber, que es el sustento y el auténtico y perdurable patrimonio del espíritu»”.

Siete

“A Leonardo Da Vinci le gustaba jactarse de que, como no había recibido una educación formal, tuvo que aprender de sus propias experiencias. Fue alrededor de 1490 cuando escribió su diatriba sobre su condición de «hombre sin letras» y «discípulo de la experiencia», con su ataque a los que citaban a los sabios de la Antigüedad en lugar de hacer observaciones por su propia cuenta. «Aunque yo no puedo citar a autores como ellos —proclamó casi con orgullo—, me basaré en algo mucho más grande y digno: en la experiencia». A lo largo de su vida, repetiría esta afirmación de preferir la experiencia sobre el saber recibido. «Quien puede ir a la fuente no se conforma con la jarra», escribió. Esto lo distinguió del hombre del Renacimiento arquetípico, que abrazaba de forma acrítica el resurgir del conocimiento aportado por las obras redescubiertas de la Antigüedad”.


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Sie7e Párrafos | 29 de enero de 2019

Vida de perro, comentado por Marcelo Figueras

Vida de perro
Horacio Verbitsky
Siglo XXI

Marcelo Figueras, escritor, periodista y guionista, autor —entre otras novelas— de ‘Kamchatka’ y ‘El negro corazón del crimen’.

Uno (mi comentario)

Horacio Verbitsky es el mejor y más resonante periodista argentino de los últimos treinta años. Cualquiera que quiera entender qué cosa esencial pasó durante estas últimas décadas necesita alejarse de la hojarasca de las portadas de los diarios masivos y concentrarse en el foco que Horacio hace sobre las placas tectónicas de nuestra sociedad: aquellos movimientos profundos que son los que hacen que las cosas, aquí arriba, se muevan como se mueven. De un rigor impiadoso y dueño de una ironía feroz —me encanta llamarlo “Horácido”—, Verbitsky es el tábano que irrita a los poderosos, que no logran ocultar cuánto les gustaría meterlo en un cohete y enviarlo a la luna… o aún más lejos. “Vida de perro”, su libro de conversaciones con Diego Sztulwark, es lo que dice su subtítulo (“Balance político de un país intenso, del 55 a Macri”) pero también, para quienes lo admiramos, es una oportunidad perfecta para revisar su historia personal y arrimarnos a la forja de un gran periodista.

Dos (la selección)

Mi padre hizo una serie de notas donde por primera vez usó las palabras “villa miseria”. Primero escribió esas notas en el diario y después publicó una novela que se llamó Villa Miseria también es América. Es una paráfrasis de una poesía de Langston Hughes, que es el gran poeta del renacimiento de Harlem. Además se trata de un recuerdo muy fuerte, imborrable, formativo: nosotros vivíamos en Ramos Mejía y tomábamos el Ferrocarril Sarmiento. Antes de llegar a Ciudadela, el tren corre sobre un terraplén de un metro y medio por encima del nivel de la calle. Desde la ventanilla veíamos algo que nos impresionaba, un universo de casillas, totalmente distintas a las edificaciones, que nos llamaba mucho la atención. Un día mi viejo me dice: “Vamos a ver qué eso eso”. Teníamos como referencia una fábrica, una papelera que se llamaba Fumagalli, que siempre recuerdo porque tenía como logotipo un efecto óptico una serie de cubos que según mirabas los veías o no los veías. Entonces caminamos varias cuadras, llegamos a Fumagalli y no veíamos nada, lo que habíamos divisado desde el tren no lo encontrábamos. Empezamos a caminar, a dar vueltas, hasta que nos metimos por una calle lateral y ahí abrimos una puerta mal cerrada. No era una típica puerta de una casa, era la puerta de acceso a la villa, y entramos. Estuvimos recorriendo, hablando con la gente. A partir de ahí, mi viejo fue todos los fines de semana para hablar con la gente y yo lo acompañaba. En esa villa recopiló el material e hizo la investigación para las notas y el libro, que se publicó en 1957. Esa también es una historia que me marcó: había muchos paraguayos y además eran todos peronistas. Esas son, de alguna manera, las experiencias que yo recuerdo.

Tres

Un día nos encontramos (con Rodolfo Walsh) en la casa de Torre Nilsson y Beatriz Guido. Cada vez que estrenaban una película hacían una gran fiesta. Tenían un departamento a una cuadra de Plaza San Martín, sobre la avenida Santa Fe, entre Maipú y Esmeralda, invitaban a muchísimas personas y había sobre todo charlas. Era un lugar de encuentro con gente interesante del mundo de la cultura. Rodolfo había publicado el cuento sobre Eva Perón, Esa mujer. …Estábamos en un círculo de gente entre la que había dos intelectuales argentinos muy conocidos, que editaban una revista cultural. Conversaban con Rodolfo y se referían al cuento con mucho elogio, le decían que era muy bueno, pero le sugerían que introdujera algunos cambios porque tal como estaba no se iba a poder traducir al francés. Rodolfo los miró y les dijo: “Yo no sé si me interesa que se traduzca al francés”, y me guiñó un ojo. Bueno, se deshizo el círculo ese y Rodolfo me dijo: “¿Por qué no nos rajamos de acá?”, y nos fuimos a comer un bife. Esto fue en 1964 o 1965, y ahí empieza una etapa más intensa y próxima de relación.

Cuatro

Rodolfo almorzaba mirando el programa de Mirtha Legrand porque siempre había alguna modelo que cuando le preguntaban: “¿Y qué leés?”, contestaba: “Estoy leyendo a Rodolfo Walsh”. Y eso a él le gustaba mucho. Hasta que un día en el televisor, que era muy viejo, la imagen dejó de verse bien. Rodolfo se acercó para ajustar la sintonía, cuando de golpe, con la imagen de MIrtha Legrand, apareció una voz masculina que dijo: “Comando llama, 222, comando llama”.

Nos quedamos paralizados de la sorpresa, hasta que nos dimos cuenta de que se trataba de la red radioeléctrica de la Policía Federal. Rodolfo enloqueció, se olvidó de Mirtha Legrand y de las modelos, y se dedicó a manipular el dial hasta poder direccionar cuándo y cómo llegaba la interferencia, y ya en ese momento descular cómo funcionaba eso. Cada cosa era una sigla, una convención, el alfabeto policial.

Así empezó un trabajo minucioso.

Cinco

Justo ayer leí algo extraordinario: una entrevista que le realizó una revista norteamericana a Bob Haldeman, que fue uno de los principales asesores de Nixon y de su secretario de Estado, Henry Kissinger. Haldeman fue procesado y condenado por el Watergate. La revista lo encuentra trabajando en una ciudad perdida y lo entrevista en el marco de una investigación, a punto de cumplirse cincuenta años del lanzamiento de la guerra contra las drogas. En la actualidad ese paradigma está bajo profunda revisión. La revista le pregunta por qué lanzaron la guerra contra las drogas, cómo la articularon. Haldeman responde: “Nosotros teníamos dos problemas principales, dos problemas básicos. Teníamos, por un lado, el problema racial, con los negros, que estaban muy violentos, y teníamos el pacifismo hippie, que cuestionaba la guerra y se estaba movilizando y haciendo mucho daño al gobierno. Nosotros no podíamos ilegalizar a los hippies y a los negros, en cambio la idea de la guerra contra las drogas nos dio un perfecto instrumento, porque los hippies fumaban marihuana y los negros consumían heroína. Y entonces fue el instrumento perfecto para controlar a esos dos colectivos”.

Seis

Hace unos años, Naciones Unidas me convocó para trabajar en la revisión crítica del Informe de Desarrollo Humano. Entre el grupo de asesores que evaluaba el informe, el economista argentino Bernardo Kosacoff planteaba que el golpe (del ’76) se había producido cuando el proceso de sustitución de las importaciones estaba agotado. (Eduardo) Basualdo, con quien yo coincido, sostiene todo lo contrario: el golpe se hizo para impedir ese salto. En aquel momento, por ejemplo, Fate había sumado a los neumáticos la producción de aluminio y el desarrollo de la electrónica con Cifra. La empresa informática de Fate, creada por Gelbard, estaba muy cerca de la punta tecnológica mundial. Las calculadoras que se fabricaban en Argentina, entre 1973 y 1975, se aproximaban a lo máximo que se podía fabricar internacionalmente. Esa fue una de las primeras cosas que destruyó la dictadura.

Siete

Creo que el día que comenzaron los juicios (a las Juntas) fue la primera vez que entré en Tribunales. Nunca antes había estado ahí, salvo por mi divorcio. Me iba a acreditar para cubrir el juicio, y cuando estaba entrando me encuentro con un compañero del colegio secundario. Fue algo gracioso, me reconoce y nos saludamos. Le dije que iba a acreditarme para cubrir el juicio y él me cuenta, riéndose, que era el presidente del Tribunal. Era Carlitos Arslanian.


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Sie7e Párrafos | 28 de enero de 2019

La guerra no tiene rostro de mujer, comentado por Paula Rodríguez

La guerra no tiene rostro de mujer
Svetlana Alexiévich
Debate

Selección y comentario por Paula Rodríguez, periodista.

Uno (mi comentario)

Todo puede transformarse en la literatura“, escribe Slevtana Alexievich en las palabras iniciales de las 370 páginas de La guerra no tiene rostro de mujer, la primera de sus llamadas novelas colectivas o corales, un tejido de testimonios en primera persona. La guerra… fue publicada inicialmente en 1983 y, treinta años después, reeditada con fragmentos que había quitado la censura y apuntes de sus charlas con el censor. (…)

“Para usted, la verdad está en la vida, en la calle, bajo nuestros pies“, le reprocha él, “pero se equivoca, la verdad es lo que soñamos. ¡Es como queremos ser!”. Alexievich pelea contra ese relato, el de la Historia, y cuenta historias. Su epopeya es, en lo literario, contra el canon del relato bélico y, en su propia biografía, una disputa con La Palabra del régimen soviético en el que creció (nació en 1941). Entre la guerra contada como una sucesión de batallas, actos heroicos y, finalmente, la victoria -la “masculina“- y la guerra “femenina“, donde “sólo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana“, la bielorrusa ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015 -primero otorgado a una obra de no ficción en cien años- elige contar la de ellas, la de casi un millón de mujeres que combatieron en el Ejército Rojo contra la invasión nazi y que luego fueron olvidadas. Nunca escuchadas. Porque a nadie le gusta escuchar esa guerra. Alexievich escucha y toma nota y llora con ellas, mira sus fotos, la ropa guardada por años, prueba sus comidas, es una gran oreja para luego ser muchas voces y a la vez ella misma, su propia voz. Y en esos relatos en los que los cuerpos se rompen y huelen; el dolor es espantoso; sufren los hombres, la tierra, los pájaros, los árboles, los caballos, las flores; los niños mueren de mil formas crueles; los miembros amputados se apilan en rincones y las mujeres son el deshecho de los deshechos humanos, el sacrificio y el sufrimiento son contados con una belleza que perturba. Esta selección es muy arbitraria (el orden de los párrafos también lo es) y es una de muchas posibles: seis pasajes brevísimos, oraciones sueltas, momentos extraordinarios que abundan en los relatos de estas combatientes, palabras que la autora ilumina, poesía que brota a borbotones como la sangre.

Dos (la selección)

“Comprendí entonces que cualquier cosa puede arder… incluso la sangre…“

Tres

“¿Seré capaz de encontrar las palabras adecuadas? Puedo contar cómo disparaba. Pero explicar cómo lloraba, nunca, ni hablar. Eso quedará mudo para siempre. Lo único que sé es que en la guerra las personas se vuelven espantosas e inconcebibles. ¿Cómo vas a entenderlas? Usted es escritora. Invéntese algo. Algo bonito. Sin parásitos ni suciedad, sin vómitos… Sin olor a vodka y a sangre… Algo no tan terrible como la vida…“

Cuatro

“Llegué a Berlín. En la pared del Reichstag escribí: ´Yo, Sofía Kuntsévich, he venido hasta aquí para matar a la guerra´.“

Cinco

“De pequeña… Comienzo por mi infancia… En la guerra temía recordar la infancia. Precisamente la infancia. En la guerra está prohibido recordar lo más tierno… Lo tierno está prohibido. Es un tabú.“

Seis

“Me gustaba mucho la primavera… Adoraba el florecer de los cerezos y el perfume de las lilas envolviendo las flores… No se sorprenda ante mi estilo, yo solía escribir versos. Pero ahora detesto la primavera. La guerra se interpuso entre mi alma y la naturaleza. Vi a los nazis en mi Zhitómir natal justo al florecer los cerezos…“

Siete

“La gente reconstruyó las casas, entonces regresaron los ruiseñores…“


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Sie7e Párrafos | 25 de enero de 2019

El peligro de la historia única, comentado por Gabriela Cabezón Cámara

El peligro de la historia única
Chimamanda Ngozi Adichie
Random House

Selección y comentario por Gabriela Cabezón Cámara, escritora. Nació en la provincia de Buenos Aires en 1968. Ha publicado, entre otros, La Virgen Cabeza, Le viste la cara a Dios, Romance de la Negra Rubia y Las aventuras de la China Iron.

Uno (mi comentario)

Chimamanda Ngozi Adichie es una escritora nigeriana muy afamada en Occidente, parte de una generación súper potente de mujeres de su continente. En este librito, breve y ameno, con un discurso directo y claro, que no está dirigido a un público especializado en humanidades, cuenta algo que no por obvio es por todos conocido: la historia la escriben los que ganan. Desde el Renacimiento más o menos, cuando Europa tuvo el excedente suficiente para invertir en barcos y salir a la conquista, la historia la cuentan ellos, los occidentales del hemisferio norte. Y nos la creemos todos.

La misma Chimamanda se sorprende a sí misma cuando viaja a México y no se encuentra con lo que espera, el “abyecto inmigrante” que le habían vendido los medios de Estados Unidos, sino gente que vive, crea, se divierte, trabaja, ama y muerte como todos. Africa es, para casi todos nosotros, un relato europeo, un relato de sus colonizadores y explotadores: los africanos son unos salvajes que se viven matando por luchas tribales incomprensibles; necesitan que el hombre blanco intervenga y los salve es, más o menos, lo que nos cuentan. Sirve, claro, para justificar una intervención que nada tiene de humanitaria, al contrario: está en la raíz de las guerras africanas. El relato sirve para justificar lo que es sólo expolio por la fuerza. Los latinoamericanos lo sabemos bien, a nosotros también nos han contado así. Por eso es tan necesario leer este librito. Y tan necesario contarnos nosotros mismos, escribirnos nosotros, y no permitir que esa tarea sea exclusivamente de los otros, los poderosos. Leamos y escribamos, que en eso también se nos juegan la vida y la posibilidad de algo más parecido a la justicia para nosotros y para los que nos siguen.

Dos (la selección)

Así que, después de unos años como africana en Estados Unidos, empecé a comprender la actitud de mi compañera. Si no me hubiese criado en Nigeria, y lo único que supiese de África proviniese de las imágenes populares, yo también pensaría que es un lugar de bellos paisajes, magníficos animales y gentes incomprensibles enfrascadas en guerras sin sentido, víctimas de la pobreza y el sida, incapaces de hablar por sí mismos y que viven a la espera de ser salvados por un extranjero blanco y bueno. Vería a los africanos igual que, de niña, veía a la familia de Fide.

Tres

La historia única de África en última instancia proviene, pienso yo, de la literatura occidental. He aquí una cita de los escritos de un mercader londinense llamado John Lok, que navegó al África occidental en 1561 y escribió un fascinante relato del viaje. Después de llamar a los africanos negros «bestias sin hogar», escribe: «También hay gente sin cabeza, con la boca y los ojos en el pecho».

Bueno, me río cada vez que lo leo. Y hay que admirar la imaginación de John Lok. Pero lo importante de lo que escribe es que representa el comienzo de una tradición de contar cuentos africanos en Occidente: una tradición del África subsahariana como un lugar de negativos, diferencias, oscuridades, de gente que, en palabras del maravilloso poeta Rudyard Kipling, son «mitad demonio, mitad niño».

Cuatro

Y, por consiguiente, empecé a comprender que a lo largo de su vida mi compañera de habitación estadounidense había visto y escuchado diferentes versiones de esa historia única, igual que un profesor que una vez me dijo que mi novela no era «auténticamente africana». Yo estaba dispuesta a aceptar que la novela tenía toda una serie de errores, que había fracasado en diversos puntos, pero no se me había ocurrido pensar que no había conseguido alcanzar algo llamado «autenticidad africana». De hecho, no sabía lo que era la autenticidad africana. El profesor me explicó que mis personajes se parecían demasiado a él, un hombre de clase media y buena educación. Mis personajes conducían automóviles. No se morían de hambre. Por tanto, no eran auténticos africanos.

Cinco

Debería apresurarme a añadir que, en lo tocante al relato único, soy igual de culpable. Hace unos años visité México. En ese momento en Estados Unidos reinaba un clima político tenso y se discutía mucho sobre inmigración. Y, como suele ocurrir en Estados Unidos, inmigración se convirtió en sinónimo de mexicanos tan inmersa en la cobertura mediática de los mexicanos que, en mi cabeza, se habían convertido en una sola cosa: el abyecto inmigrante. Había aceptado el relato único sobre los mexicanos, y no podía sentirme más avergonzada.

Seis

Así es como se crea una historia única, se muestra a un pueblo solo como una cosa, una única cosa, una y otra vez, y al final lo conviertes en eso.

Siete

Es imposible hablar de relato único sin hablar de poder. Existe una palabra, una palabra igbo, que me viene siempre a la cabeza cuando pienso en las estructuras de poder del mundo: nkali. Es un nombre que podría traducirse por «ser más grande que otro». Igual que en el mundo político y económico, las historias también se definen por el principio de nkali: la manera en que se cuentan, quién las cuenta, cuándo las cuenta, cuántas se cuentan… todo ello en realidad depende del poder.

Poder es la capacidad no solo de contar la historia de otra persona, sino de convertirla en la historia definitiva de dicha persona. El poeta palestino Mourid Barghouti escribe que, si quieres desposeer a un pueblo, la forma más simple de conseguirlo es contar su historia.

Recientemente di una charla universitaria durante la cual un estudiante se lamentó de que los hombres nigerianos fueran unos maltratadores como el personaje del padre en mi novela. Repliqué que acababa de leerme una novela titulada American Psycho y lamentaba muchísimo que los jóvenes estadounidenses fueran asesinos en serie.


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Sie7e Párrafos | 24 de enero de 2019

Educar para un mundo cambiante, comentado por Melina Furman

Educar para un mundo cambiante
David Perkins
SM

Selección y comentario por Melina Furman, bióloga y educadora. Es Investigadora del CONICET y Profesora de la Universidad de San Andrés. Investiga sobre cómo generar entornos que fomenten el pensamiento crítico, curioso y creativo desde el jardín de infantes hasta la vida adulta. Coordina programas de formación docente e innovación educativa en Argentina y otros países de Latinoamérica.  Su último libro se llama “Guía para criar hijos curiosos” (Siglo XXI Editores).

Uno (mi comentario)

“Future Wise. Educating our children for a changing world” (Sabios para el Futuro. Educando a nuestros chicos para un mundo cambiante), del gran pedagogo de la Universidad de Harvard David Perkins, es un llamado a preguntarnos en profundidad cuán relevante es aquello que estamos enseñando hoy en nuestras escuelas.  Nos invita a pensar en qué vale la pena que los chicos y jóvenes aprendan hoy, cómo lograr una educación que tenga sentido y genere el deseo de seguir aprendiendo toda la vida. (…)

(sigue mi comentario)

Nos provoca cuestionando buena parte de lo que estudiamos nosotros mismos en nuestro paso por la escuela, aquello a lo que dedicamos muchas horas de nuestra vida y hoy está guardado (con suerte) en el arcón de la memoria, como saber inerte, sin que forme parte de nuestros modos de pensar y actuar en el mundo. Pero Perkins va más allá del diagnóstico. Con su mirada lúcida y su pluma inspiradora, nos propone estrategias concretas para iniciar el camino de la transformación educativa. Por eso elegí este libro.

Dos (la selección)

Cuando los niños de cuarto grado, estudiantes de escuela secundaria o alumnos de los primeros años  de la universidad preguntan: “¿Por qué necesito saber esto?”, todos sabemos por qué están preocupados. No ven el sentido del tema que están estudiando, o al menos no ven el sentido para ellos. Les gustaría sentir que lo que aprenden hoy es conocimiento para su futuro. Les gustaría sentir que eso que aprenden va a contribuir significativamente a las vidas que tienen chances de vivir. Están buscando lo que en el mundo de los negocios se llama “retorno de la inversión” -no solo en términos monetarios sino en un sentido amplio- en lo profesional, lo cívico, la familia, en la posibilidad de involucrarse con las artes, o simplemente de comprender mejor el mundo con el que nos encontramos cotidianamente.

Tres

Tal vez todo eso [que estudiamos en la escuela hoy] vale la pena de ser aprendido, es decir, en principio es bueno conocerlo. Pero eso solo funciona si lo seguimos sabiendo. El hecho es que nuestras mentes solo mantienen el conocimiento que tenemos ocasión de usar en alguna esquina de nuestras vidas: personales, artísticas, ciudadanas, o de algún tipo. De manera abrumadora, el conocimiento que no se usa se olvida. Se va. No importa cuán valioso pueda llegar a ser, deja de valer la pena para la vida a menos que siga estando ahí. Tal vez tengamos que ir entonces más allá de que hay que estudiar algo porque “es bueno saberlo”. El conocimiento es bueno solo si hay ocasiones en las que podamos mantenerlo vivo y disponible. Para que valga la pena estudiarlo, el conocimiento tiene que llevarnos a alguna parte.

Cuatro

Prueben esto: ¿Qué aprendieron durante sus doce años de escolaridad obligatoria que importa en su vida actual? [Nota: dejando afuera a los aprendizajes básicos como leer y escribir y hacer cálculos sencillos]

Cinco

Con todo esto en mente, la sola idea de educar solo para un conjunto de conocimiento canónico, no importa cuán cuidadosamente seleccionado esté, parece sumamente limitada. Y también encoge el principal rasgo de Pandora, la curiosidad. La agenda de la educación no debería entonces basarse solo en pasar los contenidos de cajas ya abiertas, sino en fomentar la curiosidad por aquellas cajas que aún están cerradas o apenas abiertas. Necesitamos una agenda más audaz. Vamos a llamarla “educar para lo desconocido”.

Seis

Sin embargo, la sola frase es paradójica. ¿Cómo podemos conocer suficientemente bien lo desconocido para educar para eso? Pero esperen: si tomamos distancia, no parece un desafío tan inabordable. Aunque no sabemos exactamente cómo va a ser el mundo en diez o cuarenta años, sí podemos hacer buenas suposiciones.

Siete

Sería sorprendente que los temas de pobreza e impuestos que aparecen al estudiar la Revolución Francesa desaparecieran del mundo en los próximos veinte años. Sería sorprendente que los temas de sustentabilidad ambiental, provisión de agua y el tratamiento de epidemias que van a seguir creciendo en la medida que aumentan los viajes internacionales no sigan siendo relevantes. Más allá de las predicciones específicas, en un tiempo de cambio e incertidumbre, las capacidades más generales -como por ejemplo la de comunicación, colaboración, resolución de problemas, y la de aprender a aprender – juegan un rol cada vez más poderoso.


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Sie7e Párrafos | 23 de enero de 2019

Manual para dar el salto

Decir no no basta
Naomi Klein
Paidós

Selección y comentario por Natalia Zuazo, periodista de poder y tecnología, politóloga. Directora de la agencia tecnopolítica Salto. Autora de Guerras de internet (Debate, 2015) y Los dueños de internet (Debate, 2018).

Uno (mi comentario)

Para los que trabajamos entre el mundo de las ideas y de la acción, existe una búsqueda permanente entre encontrar nuevas formas de pensar el mundo y estrategias para cambiarlo. ¿Cómo nos explicamos lo que pasa?, primero. ¿Cómo lo cambiamos?, después. En ese intercambio –que siempre es con otros- está el día a día.  Desde los 2000, la canadiense Naomi Klein nos aporta sus libros para este fin, a veces destinados a un análisis que nos lleve a comprender lo nuevo (No logo, La doctrina del shock) y otras a tomar una acción más inmediata en temas como la ecología o el apremio de los trabajadores a recuperar sus puestos de trabajo. (…)

(sigue mi comentario)

Decir no no basta está en el segundo grupo, el de los libros que ofrecen soluciones para la acción. Pero además aprendió: del gobierno de Trump que ya coronó la clase empresaria para tomar decisiones públicas (quien lo quiera leer como espejo de la Argentina o Brasil viene perfecto) y de los gobiernos progresistas que no se animaron a hacer verdaderas reformas cuando llegaron al poder. Y, sobre todo, aprendió de su experiencia en primera persona junto a los nuevos movimientos populares que decidieron dejar de decir que “no” y empezar a unirse y decir “sí” a sus demandas comunes, más allá de sus diferencias. Allí, en esa construcción colectiva de sindicatos, trabajadores, identidades disidentes, minorías que ya son mayorías, unidas por valores y el no común a un mundo gobernado por el dinero, está su mapa posible. Y tal vez el único que nos quede.

Dos (la selección)

“Ya el propio gabinete de Trump, formado por millonarios y multimillonarios, nos dice mucho de los objetivos ocultos de su Administración. Exxon Mobile, a la Secretaría de Estado. General Dymamics y Boeing, a la cabeza del Departamento de Defensa. Y los chicos de Goldman Sachs para casi todo lo demás. El puñado de políticos de carrera a los que se ha puesto al frente de alguna agencia gubernamental parecen elegidos, bien porque no creen en la función básica de la agencia, bien porque directamente creen porque la agencia no debería existir. Steve Bannon, el aparentemente marginado estratega jefe de Trump, fue muy claro al respecto en febrero de 2017, dirigiéndose a un público conservador. El objetivo, dijo, era la «deconstrucción del Estado administrativo» (se refería con esto a las normativas y agencias gubernamentales encargadas de proteger a la población y sus derechos). Y añadió: «Si te fijas en la lista de candidatos a un puesto en el gabinete, han sido seleccionados por una razón, y es la deconstrucción».”

Tres

“Los pilares fundamentales del proyecto político y económico de Trump son: la deconstrucción del Estado regulador; una ofensiva total contra el Estado de bienestar y los servicios sociales (justificada en parte con un discurso belicoso que instiga el miedo racial y ataca en parte a las mujeres por ejercer sus derechos); el desencadenamiento de una fiebre por los combustibles fósiles nacionales (que pasa por ignorar los estudios científicos sobre el clima y neutralizar gran parte de la burocracia gubernamental); y una guerra de civilizaciones contra los inmigrantes y el «terrorismo islamista radical».

Además de suponer una amenaza evidente para quienes ya son los más vulnerables, este proyecto entraña una visión que generará con toda seguridad una ola tras otra de crisis y shocks. Shocks económicos, a medida que estallen las burbujas del mercado, infladas gracias a la desregulación; shocks de seguridad, cuando nos alcancen las represalias por las políticas antiislamistas y las agresiones en el exterior; shocks climáticos, al desestabilizar aún más el clima; y shocks industriales, cuando se produzcan vertidos de los oleoductos y accidentes en las plataformas petrolíferas, lo que tiende a ocurrir siempre que se cercenan las normativas medioambientales y de seguridad.”

Cuatro

“Si algo he aprendido de informas desde docenas de lugares sumidos en una crisis, de la Atenas sacudida por la debacle de la deuda griega hasta la Nueva Orleans tras el huracán Katrina, pasando por Bagdad durante la ocupación estadounidadense, es esto: que es posible ofrecer resistencia a estas tácticas. Para hacerlo, han de ocurrir dos hechos cruciales. Primero, hemos de entender perfectamente cómo funcionan las políticas de shock y a qué intereses sirven. Es esa comprensión la que nos permite salir rápidamente del estado de shock y empezar a contraatacar. Segundo, e igualmente importante, tenemos que contar una historia distinta de la que nos venden los doctores del shock, una visión del mundo lo bastante convincente como para competir con la suya de igual a igual. Esta visión, fundamentada en valores, ha de ofrecer una vía diferente, lejos de shocks encadenados; una que se base en unirnos por encima de divisiones raciales, étnicas, religiosas o de género, en vez de dejar que nos enfrenten aún más, y en sanar el planeta en vez de desatar más guerras desestabilizadoras y seguir contaminándolo. Y sobre todo, esa visión debe ofrecer a quienes están sufriendo –por falta de trabajo, falta de asistencia sanitaria, falta de paz, falta de esperanza- una vida tangiblemente mejor.”

Cinco

“He aquí una teoría: la interacción entre los sueños idealistas y las victorias terrenales siempre ha estado en el centro de los momentos de transformación profunda. Los avances logrados para los obreros y sus familias tras la Guerra Civil y durante la Gran Depresión, así como en materia derechos civiles y medio ambiente en los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, no fueron meras reacciones ante una crisis u otra. Fueron reacciones a crisis que ocurrieron en momentos en los que las personas se atrevieron a soñar a lo grande, alto y claro, en público, con auténticas explosiones de imaginación utópicas.”

Seis

“Y, sin embargo, a las generaciones que habían crecido en el neoliberalismo les costó imaginar algo, lo que fuera, pero algo que fuera distinto de lo único que habían conocido. Es posible que el poder de la memoria también influyera. Cuando los trabajadores se sublevaron contra las depravaciones de la era industrial, muchos conservaban recuerdos vívidos de otro modelo de economía. (…) AL haber conocido algo distinto eran capaces de imaginar –y luchar por- un futuro radicalmente mejor. Incluso aquellos que jamás han sido tremendamente creativos a la hora de buscar caminos –a menudo por medio de formas artísticas clandestinas- de alimentar y mantener con vida el sueño de la libertad, el autogobierno y la democracia. (…) Es precisamente esta capacidad de imaginar, la habilidad de concebir un mundo completamente distinto del actual, lo que ha brillado por su ausencia desde que el grito de «no» empezó a oírse por todo el mundo en 2008.”

Siete

“Nos habíamos reunido para detectar las conexiones entre las crisis a las que nos enfrentamos y para tratar de esbozar una visión holística del futuro que resolviera muchos de los desafíos que se cruzan a la vez. Igual que en Standing Rock, mucha gente está empezando a ver y hablar sobre estas conexiones, señalando, por ejemplo, los intereses económicos que más promueven las fuerzas, tanto en casas como en el extranjero, son precisamente las fuerzas más responsables del calentamiento global.

Muchas de las crisis a las que nos enfrentamos son síntomas de la misma enfermedad subyacente: una lógica basada en la dominación que trata a muchas personas, e incluso a la propia Tierra, como si fueran desechables. Nos unía la convicción de que la persistencia de estas desconexiones, de esa formas de pensar «por compartimientos» es la causante de que los progresistas estén perdiendo terreno en prácticamente todos los frentes y tengan que pelear por conseguir migajas, cuando todos sabemos que el momento histórico presente exige un cambio transformador. Estas divisiones y compartimentaciones nos están arrebatando todo nuestro potencia y han logrado convencer a demasiadas personas de que las soluciones duraderas siempre estarán fuera de nuestro alcance.”


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Sie7e Párrafos | 22 de enero de 2019

Un juego con resultado incierto, como el amor mismo

27 maneras de enamorarse
Santiago Craig
Factotum

Selección y comentario por Carolina Justo von Lurzer, comunicóloga, Investigadora de CONICET. Docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Autora de Mamá Mala, crónicas de una maternidad inesperada.   

Uno (mi comentario)

Recorrí la lista de libros de no ficción sugeridos para cumplir con la elección de dos. No pude resistirme a la literatura que proponía 27 maneras de enamorarse. Eso necesito, pensé. Que alguien me diga cómo, ver si alguna de las que conozco funciona, si alguien tuvo éxito o acaso los mismos fracasos. Si, quizás, alguien pensó alguna vez como hago yo cada tanto que eso en realidad no existe o más aún, que si existe hay que evitarlo. Hallé instrucciones e historias, un poco de cada cosa. Un juego aleatorio de hipótesis, procedimientos y resultados. 27 maneras es una invitación a identificarse, desencontrarse, esperanzarse y saber que todo es, al final, un poco ficción. El minucioso detalle de pequeñas acciones y múltiples azares de la vida cotidiana. Poco hay de fascinante en sus relatos todo es más bien del orden de lo fantástico. Quizás la instrucción original sea: inscriba el amor en el orden de lo cósmico, abra el libro, no espere de él soluciones japonesas ni justicias peronistas, déjese llevar por lo desparejo del afecto, traicione todas sus expectativas y aun así, disfrute.

Dos (la selección)

Adentro, no se digan nada: el camino está allanado. Atolondrados, torpes, chúpense donde puedan, rasgúñense, choquen los dientes y jadeen. Al rato, desnudos, sin pudor, fumen otra vez, viéndose blandos en un espejo, manden el mismo mensaje a distintos teléfonos. Van para ahí. En un rato. Ya llegan. Escúchela decir que su esposo se llama Raúl y es ingeniero. No de los que hacen cosas, de los que tienen un título. Cuéntele que su mujer se llama Amanda. Que siempre estuvo ahí, desde chicos. Que es buena como un vaso de agua. Cuando salgan, reciba los caramelos sin gusto que le dan con el cambio. Chúpenlos juntos. Estén callados. Déjela en la esquina de su casa. Antes de volver a la suya, pase otra vez por el bar. Mire el fondo acaramelado del vaso de whisky. Pregúntese cuánto hace que está ahí. Si se contesta un siglo, esté de acuerdo. Si se dice media hora, también coincida. (:63)

Tres

Lo que sigue es fácil. Entre las virutas blandas descubra la piedra dentro de la caja. Opaca y fría. No es una joya, es fea. Por un momento piense que fue estafado. Pero rápidamente dese cuenta de que es un meteorito. Hay miles en el campo. Casi nadie sabe. A casi nadie le importa. Son eso. Piedras feas. Vienen del espacio. En el espacio también hay cosas que son feas e inútiles. (:10)

Cuatro

Hugo fue el primero, aunque podría haber sido cualquiera de los dos. Preguntó algo bastante idiota. Algo sobre la cantidad de estrellas. Nada que incluyera el protocolo. Eva no le contestó, pero el silencio se hizo distinto. Hugo había instalado en el aire una espera. (:42)

Cinco

Atento, retirándose un poco de las cabinas y simulando elongar, desatar contracturas, Luis pudo ver que Francisca también ahí, después de vaciar el cargador, apretaba el botón para atraer hacia ella los blancos y los consolaba. Se acercó para saber, siempre discreto, y vio que, además, los acariciaba con la palma de su mano, que incluso, en algunas ocasiones, llegaba a besarlos. (:18)

Seis

Separado de su vida anterior, que era estar ahí solamente, Ernesto se angustia. No angustia, se entiende, otra cosa, una congoja química, una chispita de miel amarga. Va entendiendo que el amor empieza en uno, siempre, nunca en dos. Es ampliarse el amor, quererse más a uno en otros. No querer a otros, eso no se puede. Dejar afuera todo lo que no nos importa. Eso es el amor. Desprecio. Hacerse todavía más sólido, alinear en una fila perfecta la identidad y dársela al otro que nos llama. Sin voluntad, seguir la voz, las garras rojas, el taconeo, separarse para siempre de lo anterior. Verse, esta vez sí, por primera vez, vivo. Sabiendo ser, palpitando. (:87)

Siete

La medialuna y el café tienen gusto a perfume. Me pasé con el rociador. Tanto perfume es de vieja. Ya hago cosas de vieja. La carta también tiene olor a perfume. Me la acerco a la nariz y la huelo. Detrás del perfume está todavía el olor granulado y áspero del papel. Me miran los tipos de la mesa de al lado. O pienso que me miran, no sé. Me da vergüenza lo mismo. Tan acostumbrada que estaba a que me miren, ahora ya me es raro. (:118)


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Sie7e Párrafos | 22 de enero de 2019

Contra el separatismo

Contra el separatismo
Fernando Savater
Ariel

Selección y comentario por Marcos Novaro, estudió Sociología y Filosofía en la UBA y actualmente es investigador principal del CONICET y dirige el Centro de Investigaciones Políticas (Cipol) y el Archivo de Historia Oral de Argentina Contemporánea en el Instituto Gino Germani. Sus últimos libros son La Argentina en el fin de siglo (Ariel, 2010); Historia de la Argentina 1955-2010 (Siglo XXI, 2010), y Peronismo y democracia (2014, Edhasa).

Uno (mi comentario)

Como sostiene de partida Savater, es perfectamente legítimo en un panfleto como este construir un adversario de paja para hacer más liviano el trabajo de denostarlo. Y hay que decir que no pocos de sus argumentos dan en el blanco: el intento separatista emprendido en 2017 por una muy acotada mayoría (o primera minoría según como se la cuente) de los ciudadanos catalanes y sus representantes es convincentemente desnudado en sus rasgos más caprichosos y patéticos, dejando en evidencia que estaba desde el principio destinado a un penoso final.

(sigue mi comentario)

Pero la pregunta que vale la pena plantearse no es tanto si el affaire catalán merece la catarata de descalificaciones que recibe de Savater, si no si el separatismo en general merece el tratamiento que de rebote le toca. ¿No es acaso pertinente, tal vez no para pensar Cataluña, pero si la Europa y el mundo de hoy en día, una reflexión más matizada al respecto?. Por caso, ¿qué unidades, solidaridades y autoridades políticas van a primar en la Europa del futuro próximo, las de los europeos, las de las naciones que la fundaron, unas más locales y étnicas, u otras nuevas que hoy no podemos ni imaginar y están apenas emergiendo? Y junto a esa pregunta, consideremos otra más teórica sobre el problema, que a Savater le parece irrelevante o incómodo considerar, pero no conviene ignorar: si el separatismo resulta un enemigo tan amenazador e invivible para nuestros Estados nación, ¿será por las razones morales y constitucionales que da el autor, por su carácter “destructivo” y “diabólico”, o porque usa contra estos Estados actualmente existentes los mismos mitos y argumentos a que ellos apelan para justificarse, que su soberanía no es más que la suma de los derechos de los individuos que los habitan, unidos por lazos culturales y de identidad claros y distintos para todos ellos, y que les permiten diferenciarse prístinamente de otros pueblos para perseguir un destino común? Savater abraza el dogma de que estas son verdades evidentes para todos los españoles vivos y deben seguir siéndolo. De allí que considere una aberración inaceptable, por caso, que los catalanes quieran hacer un uso de la educación y otras fábricas de identidad que desde siempre los Estados han utilizado para fortalecer la que ellos ofrecen a sus gobernados. Pero, ¿por qué llamar a una educación patriótica y a la otra ideología disolvente? ¿Por qué si aceptamos que el Estado español, como cualquier otro, sólo tras conformarse adquirió derecho a existir, y admitimos también el carácter azaroso de sus fronteras y el convencional de sus leyes, nos cuesta tanto aceptar que no es eterno, tarde o temprano va a fundirse en una unidad mayor o descomponerse en fracciones menores, o perder pedazos a manos de sus vecinos o en las de algunos de sus propios ciudadanos? No era esta una buena ocasión ni una buena manera de cambiar la relación entre España y Cataluña. Pero el problema dista de agotarse en el mal concebido y peor manejado episodio catalán. Los argumentos que desgrana Savater en su panfleto distan de diferenciar entre una cosa y la otra. Por lo que solo sirven al objetivo inmediato que él se propuso, agitar la discusión. Y en eso hay que valorarlos.

Dos (la selección)

“No se llamen a engaño: esto es un panfleto. No un tratado, ni un estudio académico, ni una refutación erudita de puntos de vista ajenos. No, sólo es un panfleto….. Cuando algo goza de una fama conseguida por medios inmundos, es lícito difamarlo un poco aunque n se juegue demasiado limpio. La cuestión del separatismo no es un tema para escribir una tesis o mostrar que estamos al tanto de la última bibliografía, sino una flecha envenenada que ha hecho diana en el centro mismo de nuestra convivencia nacional. Me resultan insoportables… las doctas discusiones sobre el ataque felón que pone a nuestra patria en la agonía en sentido unamuniano, es decir, en un combate moral y político a vida o muerte”. (13)

Tres

“Este panfleto va dirigido contra el separatismo, no contra el nacionalismo. Hay que distinguir entre ambos, aunque a veces se usen como sinónimos (y también el de independentismo). El nacionalismo es un narcicismo colectivo que puede ser leve y hasta simpático (amén de inevitable en este grado menor, creo que toda persona mentalmente sana es nacionalista) o convertirse en una psicopatología agresiva que legitima guerras y propulsa a los peores demagogos”. (14)

Cuatro

“Los que, en Barcelona, sacaron por fin a la calle la bandera constitucional española se rebelaban con ese gesto contra la imposición ideológica y la marginación cívica que sufren desde hace años en la orgía del separatismo obligatorio. Las banderas que postraron con orgullo no eran excluyentes de nadie sino inclusivas. Y, sobre todo, el suyo no fue un gesto narcisista sino una demostración de coraje en defensa propia. Porque lo que pretende imponerse en Cataluña no es simple nacionalismo, es decir, exaltación y apego a lo propio, aunque sea con desmesura; es separatismo, es decir, aborrecimiento de lo español, odio feroz al no nacionalista y, sobre todo, exclusión práctica de quienes no comulgan con el dogma del sacrosanto pueblo catalán y subversión de cuanto representa al Estado español. El separatismo no es una opinión política o un ensueño romántico, como el nacionalismo, sino una agresión deliberada, calculada y coordinada contra las instituciones democráticamente vigentes y contra los ciudadanos que las sienten como suyas sin dejar por ello de considerarse catalanes. No es un delirio más o menos grave, sino un ataque en roda regla contra el núcleo más importante de nuestra garantía de ciudadanía, el Estado de derecho. Con algo de paciencia y sentido del humor se puede convivir mejor o peor con los nacionalistas; pero con los separatistas no hay más arreglo posible que obligarlos a renunciar a sus propósitos”. (16)

Cinco

“De modo que, si queremos obtener catalanes o vascos de pura cepa, sean cuales fueran sus orígenes y su deambular por el mundo, habrá que fabricarlos. Y habrá que encontrar un rasgo característico, inconfundible, a poder ser indeleble, que los selle como tales para mayor gloria del separatismo militante. Ese rasgo habrá que imponérselo como la circuncisión o la ablación del clítoris: cuanto más pequeños, mejor. Y esa marca nacionalizante no es otra que el odio a España y a todo lo que suene a español. O, si prefieren, la costumbre adquirida de llamar “español” a cuanto se odia. Para acuñar ese bautismo que imprime su carácter están la educación y la acción incansable de los medios de comunicación oficiales de la región. Hace años, la inmersión lingüística hizo una purga de cientos de maestros de lengua castellana, que fueron sustituidos por otros que enseñaban en catalán pero con la ideología puesta… De ahí han brotado los separatistas irreductibles… Y en vano se buscará un acuerdo político que satisfaga conciliadoramente sus ansias con el resto de los ciudadanos españoles, pues mientras esa educación y esos medios de masas sigan siendo lo que son … seguiremos teniendo patentes o latentes según las circunstancias del momento los factores de la discordia civil cuyas nocivas consecuencias hemos padecido durante décadas…”. (37)

Seis

“Siempre que se deshace un país que llevaba mucho tiempo unido, no digamos si son varios siglos, aunque sea con consentimiento legal, deja una ristra de dramas personales y familiares, como se ha visto en Pakistán, en Yugoslavia…. En muchos sitios. La generación que padece la división, sobre todo cuando ha sido precedida y acompañada por una campaña de odio social al distinto fomentada por la educación sectaria y los medios de comunicación criminógenos, queda inevitablemente traumatizada y a veces duraderamente resentida. El que pierde a sus compatriotas sufre algo más que un daño administrativo o una serie de molestias burocráticas…” (41)

Siete

“Declaraciones de víctimas como aquella señora de Esquerra a la que los represores le habían roto uno tras otro todos los dedos de la mano mientras le manoseaban las tetas. Llevaba un aparatoso vendaje en la extremidad herida… ¡Ah, no, en la mano contraria! ¡Vaya con las prisas! Y a los dedos no les pasaba nada, gracias a Dios, salvo uno que tenía una leve contusión. Más de ochocientos heridos, pero sin hospitalizados ni partes clínicos alarmantes. Vamos, todo puro trola. Pero en Europa los medios aceptaron el escándalo con hipocresía, como si nunca hubiesen visto utilizar porras y bastantes métodos coactivos más contundentes en manifestaciones contra el G8 en Francia, en Alemania, en todas partes… De los Estados Unidos llegó una reconvención sobre los males de la violencia policial. ¡De los Estados Unidos, donde la policía mata a un negro por saltarse el semáforo todos los meses! Ah, pero es que en Barcelona se trataba de gente pacífica que sólo quería votar. Aceptemos que la mayoría eran no violentos, aunque no pacíficos: porque la gente pacífica no se moviliza para realizar un simulacro democrático expresamente prohibido, que desafía a leyes fundamentales del país y agrede los derechos de sus conciudadanos. La gente pacífica no desobedece a los jueces ni a la policía y obstaculiza masivamente el orden democrático sólo porque no le gusta, poniendo –eso sí- a niños y ancianos como escudos para ver si ocurría algo gordo. ¡Y luego atribuirán a Donald Trump la patente miserable de la posverdad!”. (80).


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Sie7e Párrafos | 18 de enero de 2019

De Rosario, con amor

Crónica canallas
Santiago Llach
Blatt & ríos

Selección y prólogo por Klaus Gallo, doctor en Historia Moderna e historiador.

Uno (mi comentario)

Crónicas canallas, de Santiago Llach, entra en una categoría literaria que ya es casi un género en sí mismo: los relatos en primera persona de hinchas de fútbol. Este género alcanzó su punto máximo con el magnífico Fiebre en las gradas, de Nick Hornby, donde éste volcaba toda su pasión por el club Arsenal. Como aquel libro mítico, Llach cuenta sus aventuras y desventuras siguiendo a su equipo del alma, Rosario Central, que intercala con cuestiones puntuales referidas al juego, vivencias personales y familiares, anécdotas y reflexiones de toda índole, envueltas en un lenguaje elegante y pleno de ironía. (…)

(sigue mi comentario)

A diferencia del autor inglés, Llach se centra en un período concreto: el año que siguió la campaña de su equipo en el Nacional B, cuando los “canallas” lograron el ascenso deseado. De los numerosos viajes a distintos estadios de la capital federal, el conurbano y varias provincias del interior del país, así como a la casa propia, el “gigante de arroyito” en Rosario, surge un relato pormenorizado de aquella campaña, que traza al mismo tiempo una suerte de anatomía del hincha argentino. Crónicas canallas es una lectura ineludible y plenamente disfrutable sobre la obsesión más difundida del mundo.

Dos (la selección)

El trabajo del zaguero de la B tampoco es fácil: mantiene a su familia cabeceando pelotas altas. Vive de eso: un laburante de cuello azul que tiene un turno de dos horas por semana. El más riguroso de los pateadores de penales de rugby envidiaría la cara de concentración que ponen Pepinno y Valentini cada vez que el arquero rival volea. Lo del cuello azul es literal, en este caso.

Tres

Algo que no registran las crónicas del fervor turistico: en el fin de semana largo, Mar del Plata fue copada por Central. Uno de los números más exitosos de la Peralta Ramos eran tres ancianas con vestidos tristemente sexies interpretando temas de cumbia. Religión y reviente a cargo de unas Cindy Laupers del subdesarrollo, para la familia canalla (mucho bebé, mucho niño, muchas más mujeres que lo habitual en este adelanto de los torneos de verano).

Cuatro

Por supuesto que yo tengo gran parte de la responsabilidad en todo esto. Prometí, en mi relato de la ida al Bajo Flores, que ayer lunes 18 de marzo habría un Llach en el Gigante. Ese Llach no estuvo, y ese Llach era yo. Y escribo esto por el mismo motivo por el que tenía que haber un Llach en el Gigante: porque las cábalas nos confirman que el Universo está ordenado según la arbitrariedad de nuestra pasión de hinchas. No es en broma, esta religión. Pude ser católico, ateo, progresista, facho, cheto, intelectual, palermitano, chabón, vago o workaholic. Pero soy, fui y seré de Central, y de nadie más. Mi familia es una patrulla perdida de esta utopía insistente.

Cinco

Cuando volvimos, pasamos por la plaza central de Junín y:posamos para una foto en la escuela Catalina Larralt de Estrugarnou, bautizada con el nombre de una tatarabuela nuestra, donde hizo la primaria Eva Duarte.

Seis

Jugábamos contra el último, Chicago, que con 27 goles (uno solo menos que Central) había hecho 18 puntos (26 menos que Central). Esta estadística pinta al óleo al equipo Russo: una defensa que fue aprendiendo a ser sólida a pesar de sus efervescentes limitaciones, un mediocampo con niegas reminiscencias barcelonescas y una delantera muy por abajo de la línea de pobreza.

Siete

Todas las probabilidades empiezan a jugar a favor del ascenso. Pero esto es Central, esto es Argentina, esto es la vida. No faltan tampoco las señales ominosas: pónganse todos de pie, se los pido, que, como para ponerle intriga a este final (faltan como 100 páginas todavía para que este libro termine), Jesús Méndez, el líder futbolístico del equipo, salió lesionado.


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Sie7e Párrafos | 17 de enero de 2019

Crónica del agua sobre Epecuén

El agua mala
Josefina Licitra
Aguilar

Selección y comentario por Adriana Amado, Doctora en Ciencias Sociales por la FLACSO y analista de medios.

Uno (mi comentario)

Mil quinientos evacuados de las últimas lluvias dice el televisor, no importa cuando estén leyendo esto. En el mundo del calentamiento global, siempre habrá lluvias, inundaciones y evacuados. Pero algunas catástrofes condensan en sí mismas todas las catástrofes, como esa sopa que concentra en unos centímetros cúbicos un pollo cocinado con verduras. La tragedia de Epecuén es el caldo en que se cocina una de esas metáforas argentinas espesas: un pueblo que crece sin planificación pública al ritmo de la codicia individual que la naturaleza castiga con moraleja bíblica. Como si la fuerza sobrenatural fuera el único freno a la soberbia del sentido común. (…)

(sigue mi comentario)

Sentido común es el que dice que siempre que llovió paró y que los políticos roban pero ni siquiera hacen. Porque en la Argentina lo más común es el sinsentido de políticas públicas que desprecian el largo plazo que no entra en la estrechez de las campañas electorales. Y prefieren más asfaltos decorados con palmeras y menos desagües invisibles. Total, resarcir es más barato que construir y es más fotogénico el funcionariado entregando solidaridad ajena que inaugurando cloaca propia.

Sentido extraordinario es el de Licitra, que le permite relatar con compasión la historia de ese pueblo en el ombligo del fin del mundo que soñó con ser Saint Tropez y al final se convirtió en una Atlántida salada, tenebrosa. Una fosa que cristalizó los sueños en fósiles vulgares y desenterró cadáveres que flotaban a los ojos de los vivos para recordarles que ellos también estaban muertos. Agua mala es la parábola de un pueblo que vio hundirse sus modestas expectativas en aguas sépticas. Agua mala es esa que dicen que es mayoría en nuestro cuerpo y que en cada uno de los miles que alguna vez estuvimos inundados, será siempre tormenta.

Dos (la selección)

¿Aguantaría el terraplén? En Epecuén había dos opiniones encontradas. Estaban los llamados «alarmistas» —entre ellos, los bomberos de la zona– que auguraban un final trágico. Y estaban los que confiaban en los funcionarios municipales y provinciales, que habían jurado que cualquier desborde no superaría los diez centímetros, que Epecuén jamás se inundaría y que el pueblo seguiría siendo lo que siempre había sido: uno de los principales centros de turismo de salud de la Argentina. Un maná de aguas altamente salinas que ponían a Epecuén en un plano terapéutico a la altura del Mar Muerto, en Medio Oriente.

Tres

Con el sueldo de sereno, el padre de Alfredo fue ampliando su vivienda y la acondicionó para recibir turistas. Así lo hizo durante más de una década, hasta que llegó la inundación y ese y todos los negocios quedaron bajo agua. Para aquel entonces, Alfredo ya tenía veinte años y energía suficiente para desarmar la casa entera. Sacó puertas, ventanas, sanitarios. Y unos días después vio la llegada del lago y escapó a Carhué con su familia.

Cuatro

—A ver, señores: el agua nos pasa por encima, es preferible perder una temporada pero salvar las cosas –dijo Julio Fernández Badié, director de Turismo de Epecuén. Pero no hubo vecino capaz de escucharlo.

—No querían moverse de ahí —resume ahora Hirtz.

—¿Por qué cree que la gente ahora dice lo contrario?

—Bueno, a veces hay que encontrar un responsable de lo que pasó, ¿no? Mirando atrás en el tiempo, igual reconozco que hubo una credulidad mía, del intendente, del gobernador, del ministro, en la palabra de Hidráulica. Pero ahora con el diario del lunes todos tenemos la verdad. Esa situación a lo mejor la tendríamos que haber percibido y haber sido más agresivos. Porque cuando finalmente colapsa Epecuén y el agua empieza a venirse sobre Carhué, con cuatro años de atraso se terminan tomando las medidas de construir el canal aliviador, de volar los taludes del Ameghino, de poner el tapón… Pero en el momento era imposible saberlo.

Cinco

Ven las ruinas del supermercado El Pulpo, el Hotel Plage, la pizzería, los quinchos, el Castillo, la casa del doctor Gasparri, la panadería de Córsico, la heladería que hacía helado de mate cocido, la caramelería donde los chicos robaban caramelos, la cancha de bochas con un pizarrón donde había que anotarse para tener turno y jugar.

Ven botellas, mosaicos, espaldares, pedazos de platos: retazos de vida y de color que aparecen derrotados bajo las costras de sal.

Seis

Hubo familias enteras que quedaron a la deriva. En el caso de Esther, tenía allí a su padre, su suegro y un cuñado, y no sabía cómo rescatarlos. La Municipalidad había prohibido retirar los cajones porque el camino al cementerio estaba destruido, entonces la gente tuvo que buscar formas alternativas —no oficiales— para recuperar a sus muertos. En Carhué, una empresa funeraria empezó a vender sus servicios. Iban en una balsa y traían de regreso un féretro. También aparecieron buzos que cobraban por hacer ese trabajo. Y en algún momento, cuando la situación se hizo inmanejable, intervinieron los bomberos. Enviados por la Municipalidad, debían llevar los ataúdes y entregarlos a sus dueños siempre y cuando demostraran que tenían un lugar razonable —un cementerio— donde acomodarlos.

Siete

»Pienso en esto ahora, después del diluvio, cuando subo a mi escritorio y veo que la tela de araña no está. El agua barrió con ella, como barrió con tantas otras cosas. Y por primera vez después de la locura —de goteras, agua, mareas domésticas, papeles mojados, miedo: miedo a la próxima lluvia— me siento en mi silla, llena de supersticiones y rezos al cielo, y pienso en mi araña con amargura en el pecho. Como si la vida entera que habita en todas las cosas se hubiera escurrido por un tubo cloacal».


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Sie7e Párrafos | 16 de enero de 2019

Crítica a la crítica, el territorio de la pereza

Crítica de choque
Fredy Massad
Bisman

Selección y comentario por Fernando García, autor de “Los Ojos, vida y pasión de Antonio Berni”, “Conversaciones con León Ferrari”, “Marta Minujín: Los años psicodélicos”, “Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento”, “Crimen y Vanguardia: el caso Shocklender y el surgimiento del underground en Buenos Aires” y la serie “100 veces” (Pappo, Redondos, Stones, Charly) co-escrita con José Bellas.

Uno (mi comentario)

Fredy Massad es argentino pero reside en las afueras de Barcelona desde donde escribe sobre arquitectura para el diario ABC al tiempo que mantiene el blog “La viga en el ojo ajeno”. Si bien “Crítica de Choque” se ocupa del star system de la arquitectura global (la era de las starchitects) hay en su pormenorizada enjundia un mensaje para el ejercicio de la crítica en general. (…)

(sigue mi comentario)

La pereza actual hacia el juicio crítico que Massad denuncia en el campo del urbanismo puede trasladarse entera al dominio de las artes, ya fuera en el circuito alto o en el entretenimiento. Como explica Massad el crítico se ha convertido en un manso reseñador que chasquea los dedos al compás de las novedades. Por lo demás, se trata de una introducción fantástica al mundo de la arquitectura global desde una perspectiva que elude la neutralidad para comprometerse con los valores sociales del diseño dejando al descubierto el lado oscuro de las prácticas buenistas y multiculturalistas. “Crítica de choque” consigue ir más allá de su objeto y revelarse como un agudo volumen de ensayo en la tradición de, sí, la mejor crítica.

Dos (la selección)

La esencia del término “crítica” ha ido languideciendo y agonizando, monopolizada por fabricantes de celebrities que se postran ante ellas, ríen sus gracias y divismos, y se ocupan minuciosamente de ocultar sus miserias y flaquezas. Contribuyen así a reforzar otra más de las ficciones que cimentan el mundo actual. Ficciones apoyadas en esa destrucción de la voluntad reflexiva individual y autónoma que alientan las estructuras y herramientas de poder neoliberal, disimulándola bajo una abundancia de medios y redes sociales que, tal y como plantea el pensador Byung-Chul Han son un mero espejismo de libertad de opinión y pensamiento.

Tres

En 2013 Charles Jencks ligaba el concepto de starchitecture a los edificios icónicos construidos a mayor gloria de gobiernos y grandes corporaciones, comprendiéndolo asimismo como una consecuencia lógica del capitalismo tardío. Señalaba que el fenómeno del edificio icónico había generado un círculo vicioso del que los “Google Starchitects” no podían escapar, puesto que obtener esos prestigiosos encargos les otorgaba la plena libertad creativa con la que anhelaban trabajar. A su parecer, la arquitectura icónica iba a permancer pero sería necesario imbuirla de una iconografía consciente. Tajantemente opuesto a la arquitectura-estrella y sus consecuencias se manifestaba Kenneth Frampton en 2009, acusando a la mayor parte de proyectos firmados por arquitectos estrella de carecer totalmente de integridad, ser esencialmente toscos y decepcionantes y estar meramente reducidos a imágenes.

Cuatro

La idea de la cooperación con los países en vías de desarrollo, con tan buena prensa y admirada, es posiblemente la salida más apropiada para lavar las conciencias multiculturalistas: paternalistas, buenistas, etnocéntricas. De mantener disimuladamente la idea más pura del capitalismo y la superioridad colonialista. En ningún momento se plantea ni desea cambiar o modificar ese sistema desigualitario, esa brecha social, económica y cultural con la parte más desfavorecida del planeta, sino mantenerlo a base de pequeños gestos, asumiendo que ese Otro al que alude Zizek siempre va a ser el necesitado y “nosotros” seremos quienes les aportemos las “soluciones” a sus necesidades.  

Cinco

La necesidad de homogeneizar la realidad de Iberoamérica por su costado más pobre y sórdido a fin de hacerla un producto intelectual para el gusto primermundista dará lugar a un libro como Ciudades Radicales. Un viaje a la nueva arquitectura latinoamericana de Justin McGuirk. En la traducción más directa del subtítulo original del libro “A través de Latinoamérica a la búsqueda de una nueva arquitectura” se trasluce quizá más claramente cuál es el propósito con el que el ex director de la revista ICON emprendió su periplo por la región. No se trata de una búsqueda con objeto de indagar y aprender sino de colmar los neófagos ojos primermundistas, que no quieren “descubrir” más que lo que tienen deseo y necesidad de descubrir.

Seis

Alejandro Aravena es, sin el menor género de dudas, el golden boy del eje neopopulista. He vinculado con anterioridad su perfil al del modelo del storyteller que Nicole Aschoff define en su libro The New Prophets of Capital: emergentes e influyentísimos gurús “revolucionarios” que “bajo una máscara de progresismo, han emergido para reinventar el mercado libre como la solución universal a todos los problemas de la sociedad”. Escribe Aschoff: “Los más poderosos de estos narradores (storytellers) no son pobres ni gente trabajadora, son la superelite (…) Aunque sus perspectivas destacan problemas reales asociados al capitalismo, sus soluciones no desafían ni a este ni a sus efectos destructivos. Al contrario: lo apuntalan. Ofreciendo soluciones seguras y convenientes para el mercado a los problemas sociales, estos nuevos profetas refuerzan la lógica y las estructuras de acumulación. Sus historias marcan los términos del debate y los campos de posibilidad, dominando el plano de ideas y devorando las historias que desafían al statu quo. Sus narrativas permiten que el capitalismo evolucione, absorba las críticas y, consecuentemente, se preserve a sí mismo como sistema”.   

Siete

La intelligentsia ha optado por dar carpetazo y propiciar estrategias de huida hacia adelante en lugar de asumir y acatar la tremenda crisis que asola a la arquitectura. Su incapacidad para aportar respuestas o ideas al presente, más allá de seguir haciendo de él un espectáculo que nutrir con vanos relatos de personajes a idolatrar y narrativas épicas que dejan de lado a la realidad, ha quedado patente. Y ahora mismo da la impresión de que nos encontramos en un espacio donde pululan ideas zombis y muertos vivientes, que regresan esgrimiendo de nuevo sus mismas y fracasadas mañas. Después de haber sobreactuado, de haberse rasgado las vestiduras durante los años de recesión económica (cuando parecía que se terminaría desmontando el estado de bienestar en el viejo continente y, con ello, los jugosos beneficios que sus comportamientos les habían estado proporcionando) hoy salen de sus refugios del “sálvese quien pueda” o “yo no estuve ahí mientras sucedía” y regresan por sus fueros.  


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Sie7e Párrafos | 15 de enero de 2019

El gran espejo del amor entre hombres

El gran espejo del amor entre hombres
Ihara Saikaku
Interzona

Selección y comentario por Santiago Giralt, director de cine, escritor y productor.

Uno (mi comentario)

Dos de las novelas más antiguas, piedras angulares de la literatura japonesa del período Heian, fueron escritas por mujeres: Murasaki Shikibu, autora de esa maravilla que es La historia de Genji, y Sei Shonagon, autora de El libro de la almohada. Sus estilos se oponen: Shikibu parece una novelista del siglo XIX por su arco narrativo y psicológico, en cambio Shonagon retrata trazos de la vida cotidiana, allá por el siglo XI. (…)

(sigue mi comentario)

El gran espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku, texto del siglo XVII, tiene puntos en común con ambas pero, a su vez, se emparenta con Las Mil y Una Noches, El Decamerón o Los Cuentos de Canterbury. Una combinación de relatos morales, eróticos, picarescos o trágicos, centrado en el amor homosexual. En los tiempos que corren,  leídos desde los ojos del siglo XXI, la directa misoginia de algunos párrafos y la forma en que trata el amor a las mujeres puede resultar insultante. Sin embargo, como documento y registro de una era, deja constancia de los modos del amor entre hombres, registros que, desde la Grecia Clásica hasta el presente, se pueden leer como una historiografía de la sexualidad disidente. Amores entre samurais, actores que combinan su trabajo en escena con la prostitución, actores travestidos que venden su sexualidad como mujeres: formas del gran espejo del amor entre hombres que no dejan de sorprender por su actualidad y su reflejo del presente. Una mención extra merece la extraordinaria edición de Interzona, con tapa dura, cosido a la vista y un espejo en el medio que nos hace, como lectores, reflejarnos en el espejo de lo que se cuenta.

Dos (la selección)

Guiaba su embarcación hacia la ensenada de Tamatsushima, donde estaba anclado un llamativo bote con siete u ocho jóvenes. A diferencia del resto de los botes, no había sonido de cánticos Noh o golpeteos en tambores de mano. En cambio, se veía a los muchachos acurrucados de dos con hombres que parecían sus amantes. Algunos se susurraban palabras con sus cabezas pegadas, o simplemente yacían uno al lado del otro. Otros se divertían con concursos de dibujos o luchas con abanicos. Nada hay tan envidiable como un bote lleno de jóvenes enamorados.

Tres

Alguna veces, un gran señor ama a uno de sus pajes profundamente, e incluso después de que el muchacho ha crecido y ha formado su familia es incapaz de olvidar sus encantos juveniles.  Es algo digno de alabanza. Algo que señala el diferente aroma que tiene el amor por los muchachos comparado con el amor por las mujeres. Una mujer es una criatura de circunstancial interés para los hombres, en tanto la atracción por el joven es imposible de comprender a menos que experimentes por ti este tipo de amor.

Cuatro

Lluvia en la noche de luna llena y viento cuando los cerezos están en su esplendor, compendian lo que son tragedias en la vida. Pero habrá otras primaveras, otros otoños en que estas cosas puedan disfrutarse nuevamente. Nada es tan trágico como la vida sacrificada por honor. ¿Quién sabe después de todo lo que nos espera en el otro mundo?

Cinco

-¿Cual es la última moda en la capital? -preguntó uno.

-Frugalidad y acumular dinero -fue la respuesta. Pero esa no era ninguna novedad.

Seis

Hasta entonces los actores no dividían su tiempo entre la actuación diurna y su ofrecimiento nocturno. Uno podía solicitarlos en cualquier momento, y alegremente aceptaban su invitación y pasaban el dia bebiendo contigo. Si te enamorabas de alguno, te entregaba su amor tal como lo hacen los muchachos en todas las sociedad, y no lo lamentaban.

Siete

Y aunque muchos jóvenes actores como él, Ito tenía por naturaleza un hablar suave y estaba dotado de una conducta serena que lo convertía en el actor adecuado para los papeles de mujer. La manera como se vestía establecía modas, y su aspecto era impecable. Hablaba con una voz agradable y dulce, sobresalía en la danza, y era capaz de seguir cualquier ritmo a la perfección. Sus actuaciones eran sobrehumanas. En Rescate de Yoshino tenía el papel de la cortesana que va al encuentro de su cliente. La platea decía que su belleza de glicina hacía que en comparación, la verdadera Yoshino se cierra como un marchito cerezo.


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Sie7e Párrafos | 14 de enero de 2019

La gran crónica de Hiroshima

Hiroshima
John Hersey
Debate

Selección y comentario por Mariana Enríquez, escritora y periodista. Publicó novelas, colecciones de cuentos, crónicas de viaje y una biografía de Silvina Ocampo. Es docente de periodismo cultural en la Universidad Nacional de La Plata y en Flacso. En 2016 su libro Las cosas que perdimos en el fuego ganó el premio Ciutat de Barcelona a mejor obra en lengua castellana.

Uno (mi comentario)

Este libro fue, originalmente, una crónica periodística muy larga, de 31. 000 palabras, que se publicó en la revista The New Yorker en agosto de 1946: ocupó todo el número de la publicación, algo que nunca se había hecho antes. Su autor, John Hersey, era corresponsal en Japón y estuvo cerca de Hiroshima y Nagasaki cuando se lanzó la bomba atómica sobre las ciudades. En esos años, para justificar las atrocidades y a modo de propaganda, los medios de Estados Unidos habían construido a los japoneses como monstruos y al Japón como el reino del mal. (…)

(sigue mi comentario)

Este texto de Hersey revolucionó los prejuicios: la edición de la revista se agotó en horas. Hersey entrevistó a un grupo de sobrevivientes durante un año –entre 1945 y 1946– para reconstruir los momentos antes de la bomba, el momento del impacto y las consecuencias posteriores. Sus personajes no son los predecibles: dos médicos, uno de ellos el Dr. Fujii, de quien podemos leer en estos párrafos, un ministro protestante, una viuda, una obrera y un sacerdote alemán. Hiroshima es uno de los primeros ejemplos del uso de herramientas literarias para una crónica periodística: descripciones precisas, adjetivos, subjetividad, el dinamismo, la tensión; por eso se lo considera un texto pionero del nuevo periodismo. Los personajes nos importan, nos preguntamos qué hacían ahí y qué fue de sus vidas. También se hicieron esas preguntas los lectores en 1946: muchos cambiaron su perspectiva sobre el ataque por completo, humanizaron a las víctimas, cuestionaron el relato oficial. Hiroshima, una texto histórico, se publicó como libro, con muy pocas correcciones y agregados, ese mismo año.

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Dos (la selección)

La señora Nakamura estaba de pie, mirando a su vecino, cuando todo brilló con el blanco más blanco que jamás hubiera visto. No se dio cuenta de lo ocurrido a su vecino; los reflejos de madre le dirigieron hacia sus hijos. Había dado un paso (la casa estaba a 1.234 metros del centro de la explosión) cuando algo la levantó y la envió en volandas al cuarto vecino, sobre la plataforma de dormir, seguida de partes de su casa.

Tres

Trozos de madera le llovieron encima cuando cayó al piso, una lluvia de tejas la aporreó; todo se volvió oscuro, porque había quedado sepultada. Los escombros no la enterraron profundamente. Se levantó y logró liberarse. Escuchó a un niño que gritaba: «Mamá, ayudame!», y vio a Myeko, la menor –tenía cinco años– enterrada hasta el pecho e incapaz de moverse. Al avanzar hacia ella, abriéndose paso a manotazos frenéticos, la señora Nakamura se dio cuenta que no veía ni oía a sus otros niños.

Cuatro

Durante los días inmediatamente anteriores a la bomba, el doctor Masakazu Fujii, un hombre próspero y hedonista que en ese momento no tenía demasiadas ocupaciones, se había dado el lujo de dormir hasta las nueve o nueve y media, pero la mañana de la bomba había tenido que levantarse temprano para despedir a un huésped que se iba en tren. Se levantó a las seis, media hora después partió con su amigo hacia la estación, que no estaba lejos de su casa, pues solo había que atravesar dos ríos. Para cuando dieron las siete, ya estaba devuelta en casa; justo cuando empezaron las señales de alarma continuada. Desayunó; entonces, puesto que el día comenzaba a calentarse, se desvistió y salió a su porche a leer el diario en calzoncillos. Este porche –todo el edificio, en realidad– estaba curiosamente construido. El doctor Fujii era propietario de una institución peculiarmente japonesa: una clínica privada de un solo doctor. La construcción, que daba corriente vecina del rió Kyo, y justo al lado del puente del mismo nombre, contenía treinta habitaciones para treinta pacientes y sus familiares –ya que, de acuerdo a la tradición japonesa, cuando una persona se enferma y es recluida en un hospital, uno o más miembros de su familia deben ir a vivir con ella, para bañarla, cocinar para ella, darle masajes y leerle, y para ofrecerle el infinito consuelo familiar sin el cual un paciente japonés se sentiría profundamente desgraciado–. El doctor Fujii no tenía camas para sus pacientes, solo esteras de paja. Sin embargo, tenía todo tipo de equipos modernos: una máquina de rayos X, aparatos de diatermia y un elegante laboratorio con suelo y paredes de baldosa. Dos tercios de la estructura descansaban en la tierra y un tercio en pilares, sobre las fuentes corrientes del Kyo. Este aero (la parte en la cual vivía el doctor Fujii) tenía un aspecto extraño; pero era fresco en verano, y desde el porche, que daba la espalda a la ciudad, la imagen de las embarcaciones de recreo llevadas por la corriente del río resultaba siempre refrescante. El doctor Fujii había pasado momentos ocasionales de preocupación cuando el Ota y sus ramales se desbordaban, pero los pilotes eran lo bastante fuertes, al parecer, y la casa siempre había resistido.

Cinco

Durante cerca de un mes el doctor Fujii se había mantenido relativamente ocioso, puesto que en julio, mientra el número de ciudades japonesas que permanecían intactas era cada vez menor e Hiroshima parecía cada vez más un objeto probable, había comenzado a rechazar pacientes, alegando que no sería capaz de evacuarlos en caso de un ataque aéreo. Ahora le quedaban solo dos: una mujer de Yano, lesionada de un hombro, y un joven de veinticinco años que se recuperaba de quemaduras sufridas cuando la metalúrgica en la que trabajaba, cerca de Hiroshima, fue alcanzada por una bomba. El doctor Fujii contaba con seis enfermeras para atender a sus pacientes. Su esposa y sus hijos se encontraban a salvo: ella y uno de sus hijos vivían en las afuera de Osaka; su otro hijo vivía con él, igual que una mucama y un mayordomo. Tenía poco trabajo y no le importaba, porque había ahorrado algún dinero. A sus cincuenta años, era un hombre sano, cordial y sereno, y le agradaba pasar las tardes con sus amigos, bebiendo whisky –siempre con prudencia–, por el gusto de la conversación. Antes de la guerra había hecho ostentación de marcas importadas de Escocia y los Estados Unidos; ahora se contentaba plenamente con la mejor marca japonesa, Suntory.

Seis

El doctor Fujii se sentó sobre la estera inmaculada del porche, en calzoncillos y con las piernas cruzadas, se puso los lentes y comenzó a leer el Asahi de Osaka. Le gustaba leer las noticias de Osaka porque allí estaba su esposa. Vio el resplandor. Le pareció –a él, que le daba la espalda al centro y estaba mirando su diario– de un amarillo brillante. Asustado, comenzó a levantarse. En ese instante (se encontraba a 1.416 metros del centro) el hospital se inclinó a sus espaldas y, con un terrible y desgarrador estruendo, cayó al río. El doctor, todavía en el acto de ponerse de pie, fue arrojado hacia adelante, fue sacudido y volteado; fue zarandeado y estrujado; perdió noción de todo por la velocidad con que ocurrieron las cosas; entonces sintió el agua.

Siete

El doctor Fujii apenas había tenido tiempo para pensar que se moría cuando se percató de que estaba vivo, atrapado entre dos largas vigas que formaban una V sobre su pecho como un bocado suspendido entre dos palillos gigantescos, vertical e inmóvil, su cabeza milagrosamente sobre el nivel del agua y su torso y piernas sumergidos. A su alrededor, los restos de su hospital eran un absurdo amasijo de maderos astillados y remedios para el dolor. Su hombro izquierdo le dolía terriblemente. Sus lentes habían desaparecido.


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Sie7e Párrafos | 11 de enero de 2019

Una advertencia sobre “la clase peligrosa”

La clase peligrosa
Juan Grabois
Planeta

Selección y comentario por Martín Sivak, sociólogo (Universidad de Buenos Aires), doctor en Historia (New York University) y ha trabajado como periodista durante 25 años. Es autor de 8 libros de no ficción:  los últimos son una historia del grupo Clarín en dos tomos y la memoria familiar El salto de papá. Actualmente dirige Paidós, Ariel y Crítica y Area Académica del Grupo Planeta y es docente en la Universidad de San Martín y la Torcuato Di Tella.    

Uno (mi comentario)

De chico Juan Grabois creía que los pobres eran los porteros y los taxistas. Hijo del 2001, la Argentina de esa crisis no le permitió proletarizarse ni representar a trabajadores formales, como los taxistas y los porteros. Fue por la representación de los hombres y mujeres de los márgenes. El libro es una advertencia sobre ellos, sobre la clase peligrosa: poseen el módico capital de garantizar la paz social. La clase peligrosa, sostiene el autor,  no va por la revolución. (…)

(sigue mi comentario)

Pide una severa distribución de la renta. Grabois ha escrito un manifiesto político. Un relato de todo lo que un dirigente social puede contar de su praxis. Una etnografía del mundo de los más pobres. Una reivindicación de la economía popular. Una reflexión sobre la nueva izquierda latinoamericana. El análisis de un observador con lecturas clásicas de las ciencias sociales. Una acuarela sobre los mecanismos de representación de los marginados y cómo esos representantes negocian con el Poder. Y ese poder tiene, en el libro, nombres de fantasía que se parecen a empinados funcionarios y asesores de la Presidencia Macri. En cada gesto, en cada palabra de Grabois se busca encontrar sus conversaciones con Francisco, las supuestas indicaciones que le llegarían desde el Vaticano. No hay que leer La Clase peligrosa para conocer más de ese vínculo. El papá sólo aparece una vez en el libro y como “un gran hombre”. Si, aparece la doctrina social de la Iglesia. Francisquismo sin Francisco.

Dos (la selección)

En los últimos cuarenta años, ni los machitos de derecha ni los progresistas sensibles han hecho nada muy distinto a permitir el laissez faire de una dinámica urbana excluyente que necesariamente pone en situación delictiva a millones de personas. El modo normal de acceso a la vivienda para media humanidad es la toma, la usurpación, la ocupación informal, la recuperación o el eufemismo que se le quiera poner para describir la irrupción violenta e ilegal sobre terrenos disponibles. Este sistema no permite que un tercio de la humanidad acceda al techo en forma legal y pacífica. A otro tercio lo somete a la servidumbre del alquiler o la esclavitud del subalquiler. Nuestro país reproduce sin mayores resistencias la tendencia de la globalización.

Tres

El progresismo fariseo necesita darle a sus rencillas de poder un tinte épico para escapar psicológicamente de la banalidad de la partidocracia liberal en la que están inmersos. Los procesos políticos populares latinoamericanos del siglo XXI han tenido mucho de política noventista con discurso setentista. A los políticos profesionales les cuesta entender que así como las casillas parecen todas iguales miradas desde arriba, ellos parecen todos iguales mirados desde abajo. Para explicar las trifulcas escandalosas entre estos animales de la misma especie, Freud diría que sufren el narcisismo de las pequeñas diferencias. La lucha intestina del sistema político argentino parece un partido de fútbol entre egresados de los colegios Champagnat y Cardenal Newman contra egresados del Carlos Pellegrini y el Nacional de Buenos Aires, con algunos plateístas exaltados de instituciones menores e hinchas poco entusiastas en la popular.

Cuatro

En Constitución hay muchos argentinos, bastantes dominicanas y varios senegaleses; pantallas led gigantescas que iluminan niños intoxicados, un centro de trasbordo futurista cuya entrada está flanqueada por la guardia permanente de un chipacero paraguayo y una verdulera boliviana, un sistema de puertas autodeslizantes por donde pasan oficinistas de traje, obreros de overol, proxenetas y cartoneros, mientras los sin techo del barrio intentan vender alguna revista. (…) Un par de horas más tarde, un centenar de senegaleses y dos centenares de militantes reclamábamos por la libertad de los compañeros, bajo una lluvia torrencial, frente a la comisaría, cantando cantitos improvisados. Fue un momento mágico, bizarro pero mágico. Mi corazón latía con cada estrofa que entonaba esta alianza internacionalista de los desarrapados del planeta. Sabía que allí estaba mi lugar y espero que siga estando con ellos para siempre.

Cinco

Por eso es necesaria la construcción de lo que el Movimiento denomina poder popular, es decir la capacidad de los excluidos para obtener determinadas «concesiones» de los sectores del poder económico para determinar sus vidas. Estas «concesiones» se obtienen a través de la movilización social, pacífica y organizada, pero masiva, desafiante y molesta. Sin capacidad para poner en jaque el statu quo no se produce la redistribución.

Seis

Nosotros no queremos matar a nadie. Mi generación tiene horror a la violencia y las armas.

Siete

La corrupción fue tal vez la mayor vulnerabilidad de los procesos latinoamericanos que abrevaron en la corriente populista y el ideal sociopolítico de la Patria Grande. (…) Lo que pasó, pasó. Fue una herida auto-infligida sobre la que el enemigo golpea como un boxeador sobre la llaga de su rival.


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Sie7e Párrafos | 10 de enero de 2019

Ensayos sobre todo lo posible que perduran y perdurarán

Ensayos
Michel de Montaigne
Acantilado

Fabián Casas, escritor. Nació en el barrio de Boedo en 1965. Publicó Horla City y otros. Toda la poesía,1990-2010(Emecé, 2010), La supremacía Tolstoi (ensayos, Emecé, 2013), Ensayos bonsai (Emecé, 2007), y los libros de ficción Ocio (2006) Los Lemmings y otros (2005) y Titanes del coco (2015). Fue guionista del film Jauja (2014), dirigido por Lisandro Alonso y protagonizado por Viggo Mortensen. En 2007 obtuvo en Alemania el prestigioso premio Anna Seghers.

Uno (mi comentario)

Un escritor debería escribir con la idea de que quizá su lector no surja en el tiempo que le toque vivir. Eso es muy liberador. Michel de Montaigne publicó en vida dos ediciones de Los ensayos, los libros uno y dos en 1580 y la de los libros uno, dos y tres en 1588. En un prólogo que escribió en la primera edición dice que “escribo mi libro para pocos hombres , y para pocos años”. Pero todavía lo seguimos leyendo y, a menos que nos invadan los extraterrestres o colapse el mundo, parece un escritor imbatible, como la rueda, que todavía no pudo ser modificada. (…)

(sigue mi comentario)

Como Dante, dejó el latín de lado para escribir en su idioma de todos los días. En el caso de Montaigne, el francés. Porque sus ensayos no tienen discursos paratácticos tan comunes en ciertos lenguajes filosóficos cristalizados. Es un lenguaje terso, sencillo y que conlleva un pensamiento profundo. Cuando uno lee los ensayos se tiene  la sensación de que Montaigne escribió sobre todo, lo pensó y sopesó todo: el coraje, la muerte, los mocos, los hijos, el dolor, etc. Siguiendo un método socrático, se preguntaba cosas y las intentaba responder, a veces citando otros libros, lo cual lo hacía un soldador de ideas diversas. Cuando muere un Dalai Lama, es tradición buscar en los niños que nacen después a la reencarnación del Lama extinto. Para eso le preguntan cosas al niño, cotejan recuerdos de otra vida. Yo hice esa prueba y creo la reencarnación de Montaigne fue Francis Ponge, un poeta francés extraordinario que escribía poemas ensayos, dándole voz a lo que no nos puede hablar.

Dos (la selección)

Sobre la memoria. El almacén de la memoria suele estar más provisto  de material que el de la invención. En la medida que la memoria les brinda el asunto entero y presente, remontan tan atrás la narración y la cargan con tantas vanas circunstancias, que, si el relato es bueno, ahogan su bondad; si no lo es , no puedes sino maldecir o su venturosa memoria o su deventurado juicio. Sobre todo: son peligrosos los ancianos , que conservan el recuerdo de cosas pasadas pero han perdido el de sus repeticiones.

Tres

Sobre el habla. Se dice de Severo Casio que hablaba mejor cuando no había pensado nada, que debía más a la fortuna que a su diligencia, que le beneficiaba ser molestado mientras hablaba, y que sus adversarios temían provocarlo por miedo a que la cólera redoblara su elocuencia.

Cuatro

Sobre la cobardía. Una vez oí sostener a un príncipe y grandísimo capitán que a un soldado no s ele podía condenar a muerte por cobardía –le habían contado en la mesa, el proceso del señor de Vervins, que se vio condenado a muerte por haber rendido Bolonia- . A decir verdad , es razonable establecer una gran diferencia entre las faltas que proceden de nuestra debilidad y las que proceden de nuestra malicia.

Cinco

Se nos debe juzgar sólo tras la muerte. Los hombres, por mucho que la fortuna les sonría, no pueden llamarse felices hasta que no se les ha visto pasar el último día de su vida, dada la incerteza y variedad de las cosas humanas, que con un levísimo movimiento, cambian de un estado a otro muy distinto.

Seis

Filosofar. Dice Cicerón que filosofar no es otra cosa que prepararse para la muerte.

Siete

La imaginación en los animales. Los propios animales se ven expuestos a la fuerza de la imaginación, como nosotros. Tenemos la prueba de los perros, que se dejan morir de dolor por la pérdida de los amos. Vemos también cómo ladran y se remueven en sueños; y cómo los caballos relinchan y forcejean.


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Sie7e Párrafos | 9 de enero de 2019

Autobiografía del espacio de trabajo, lecturas e influencias de Giorgio Agamben

Autorretrato en el estudio
Giorgio Agamben
Adriana Hidalgo

Alejandra López, fotógrafa. Retratista.Trabajó en varios medios gráficos como Clarín, donde realizó innumerables retratos de personajes del espectáculo, La Nación, Bacanal, Elle, Harper’s Bazaar.

Uno (mi comentario)

Agamben se propone recorrer los distintos estudios donde escribió su obra (Venecia, París, Roma) y nos lleva de la mano por el pequeño museo que los habita: fotografías, postales, cartas, reproducciones de pinturas, libros. Todos los objetos desencadenan reflexiones, recuerdos, historias donde desfilan sus amigos, colegas, maestros, (la lista es abrumadora: Pasolini, Simone Weil, Ramón Gaya, José Bergamín, Elsa Morante, Giorgio Urbani y por supuesto Heidegger y muchísimos más). También es un recorrido por sus lecturas y sus autores adorados (Benjamin). Es un texto cálido, un poco melancólico, con una idea central: la de definirse como un epígono, alguien que existe a partir de los otros, que no reniega de esa dependencia sino que vive en una continua y feliz epigénesis.

Dos (la selección)

Se dice que a los viejos sólo les queda un cuerda para tocar. Y es, tal vez, una cuerda desafinada, que produce lo que Stefano llamah “la nota del lobo”. Sin embargo, esa nota desafinada suena más larga y profunda que el instrumento intacte de la juventud.

Tres

Smara en sánscrito significa tanto amor como memoria. Se ama a alguien porque se lo recuerda y, viceversa, se recuerda porque se ama. Amando se recuerda y recordando se ama y, al final, amamos el recuerdo -es decir, el amor mismo- y recordamos el amor, es decir, el recuerdo mismo. Por esto amar significa no llegar a olvidar, a sacarse de la mente un rostro, un gesto, una luz. Pero también significa que, en realidad, ya no podemos tener un recuerdo de ellos, que el amor está más allá del recuerdo, inmemorable, incesantemente presente.

Cuatro

Etty Hillesum escribe en sus diarios que un alma puede tener para siempre doce años. Esto significa que la edad que figura en nuestros documentos cambia con el tiempo, pero el alma tiene una edad que desde el nacimiento hasta la muerte permanece inmutable. No sé con exactitud cuál es la edad de mi alma, pero sin duda no debe ser mayor, en cualquier caso no más de nueve años, a juzgar por cómo me parece reconocerla en mis recuerdos de aquella edad, que por esto han permanecido tan vivos y eficaces. Cada año que pasa, la brecha entre la edad que consta en mi documento de identidad y la de mi alma aumenta, y la sensación de esta divergencia es una inescindible del modo en que vivo mi vida, de sus grandes descompensaciones como de sus precarios equilibrios.

Cinco

A su lado, dentro del tarjetero, hay una fotografía de una de las últimas telas de Tiziano, el Desollamiento de Marsias, conservada en la pinacoteca del Castillo de Kromeriz. Hace muchos años que no dejo de meditar sobre este cuadro, en el cual Tiziano se representa como Midas, que observa con compasión el suplico del sátiro. No puedo dejar de asociarlo con la invocación de Dante al comienzo del Paraíso, que considera una imagen de la inspiración que se lo arranque por la fuerza de su propia piel:

Penetra en mi pecho y habla por mi boca
Igual que cuando Marsias de la vaina
De sus miembros aún vivos arrancaste.

Seis

Lo inolvidable aquí no es lo que está depositado de modo imperecedero en los archivos de la memoria. Por el contrario, verdaderamente inolvidable es no sólo lo que exige no ser olvidado aunque nadie lo recuerde, sino y ante todo aquello que exige recordado en cuanto olvidado. Más profunda que cualquier recuerdo es la relación que el alma entabla con todo lo que ha sido olvidado desde siempre, pues en ningún caso podría estar inscripto en los registros de la reminiscencia. Inolvidable es la vida misma, en todas las infinitas operaciones que el cuerpo realiza a cada instante sin que sea posible tener conciencia ni recuerdo de ellas; inolvidable es la vida “sin recipiente ni forma” que un poeta de diecinueve años se quitó en Berlín el 8 de agosto de 1914.

Siete

¿Qué le debo a Benjamin? La deuda es a tal punto incalculable que no puedo siquiera intentar dar una respuesta. Una cosa al menos es segura: la capacidad de extraer y arrancar por la fuerza de su contexto histórico aquello que me interesa para volver a darle vida y hacerlo obrar en el presente. La operación debe realizarse tomando todos los posibles recaudos filológicos, pero debe hacerse hasta el fondo y resueltamente. Sin esto, mis incursiones en la teología, en el derecho, en la política y en la literatura no habrían sido posibles.


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Sie7e Párrafos | 8 de enero de 2019

Relato de los grandes señores del siglo XX

Alabados sean nuestros señores
Régis Debray
Sudamericana

Selección y comentario por Alejandro Horowicz, profesor asociado de Los cambios de sistema político mundial, autor de Los cuatro peronismos.

Uno (mi comentario)

Basta considerar la lista de interlocutores políticos obvios de Debray (Castro, Guevara, Barbarroja, Allende, Sartre, Mitterrand) para saber que un relato sobre sus “señores” vale la pena. Por cierto que me estoy  saltando dos decenas de personajes significativos, pero los mas restallantes tienen el mérito del interés inmediato. Después de todo no se trata de un gran ensayista, ni de un teórico cuyos aportes al pensamiento socialista merezcan ser recapitulados, sino de un hombre que apostó en literalidad su vida a la lucha política.

Escribir un artículo en “Les temps modernes”   sobre la Revolución Cubana no obligaba  a formar parte de la guerrilla del Che. Debray lo hizo, de modo que  consecuencia personal con sus puntos de vista no le faltó. Una campaña internacional lo arrancó de la cárcel boliviana, para trasladarlo al Chile de  Salvador Allende. La derrota de la lucha armada en América Latina no jugó poco papel en su decisión de asesorar a Francois Mitterrand, y la deshilachada “gestión”  del socialismo francés, que Debray no oculta, resultó el último giro de su novelada existencia.

Dos (la selección)

“Tenía demasiado sentido de la tradición como para improvisar. El individuo trivialmente conservador da lugar a un reaccionario; solo un conservador radical puede dar lugar a un revolucionario. En una sociedad desnaturalizada , le sigue obligando volverá las fuentes. A principio de los años setenta, mi edad dorada era Petrogrado 1917; la cambiie cinco años mas tarde por la Sierra Maestra 1956; era un progreso; en realidad cualquier fecha me parecía buena con tal de que fuera pasada. El trabajo de traductor – intérprete de los acontecimientos en marcha que le tocaba en suerte al militante , al cuadro, en ese sentido volvía a enlazar el sagrado ayer con el hoy profano . Hicimos a nuestro pesar de grandes  plagiarios. Esto es, lo que sin duda, perdió a esta generación de revolucionarios, después de tantas otras . Perdió en cuanto a los resultados. Pero sin la voluntad de imitar en todo a los mayores ¿hubiéramos tenido el impulso, la fuerza de querer que todo volviera a empezar”.

Tres

“Queremos ser reconocidos , que se hagan cargo de nosotros, que un calor y un tutor venga a tner bajo sus ordenes a un solitario que nos negamos a ser, a un desamparado en que tanto nos costará convertirnos. Estamos dispuestos a sacrificar ese hermoso fantasma, nuestro p0oco de soberanía, nuestra apariencia de dignidad. Por la fuerza, los trabajos de duelo cansan; nos hacemos a la idea de no ser amados, de dar vueltas sin padre, a la buena de Dios, sustituimos  a los compañeros por amigos, algunos; y sobrevivimos, al margen, sin volver a pensar en los días elegidos. Hacerse mayor, en suma, n o es ir por la noche a las reuniones. Es, entre dos tristezas –quedarse solo en casa o quedarse frio en medio de los exaltados -, elegir la menor.

Desde luego el “asesinato del Padre” es un cliché que permite quedar bien. Como si hubiera sido un hijo particularmente sanguinario. Solo tuve que levantar actas de defunción , una tras otra, sin precipitar las cosas. Mis padres se suicidaron moralmente por su cuenta, como unos mayores. Althusser acabo como asesino; Castro como tirano, Mitterrand, consesual. Aqui es donde cierro mi redoble de tambores para proceder dignamente a los funerales. Mi declaración de quiebra: un registro de obituario”.  

Cuatro

“¿Quien habría apostado por el estancamiento político, el fango habitual? Allende había diferido durante tres años la cuchilla; por mas que la apuesta estratégica fuera escasa, la CIA no lo dejó escapar; la mitad de su gabinete fue pasado por las armas,  la otra al campo de concentración-¿Cuánto tiempo permaneceríamos nostros indemnes? Ya un año sería un milagro: el tiempo de mostrar el camino por donde otros, mas tarde, seguirían nuestros pasos. Yo miraba con el corazón encogido a mis compañeros de gabinete, distribuidas las celebridades, llenos de la alegría insensata de quien llega a estos asuntos sin sospechar nada”.   

Cinco

“La primera huella consignada de este cálculo equivocado de productividad se halla en la carta VII del viejo Platón, donde cuenta porque respondió afirmativamente a la carta de Dión invitándolo a Sicilia para asistir a su tío el tirano Dionisio II, en calidad de ayuda de decisión. “Como me preguntaba si debía ponerme en camino y respo9nder a esa invitación o tomar partido, lo que sin embargo hizo inclinar la balanza fue que, si alguna vez se debería acometer la realización de mis concepciones en materia de ley y de régimen político, era el momento de probar. En efecto, solo tenía que convencer a un ho9mbre y eso bastaría para asegurar el advenimiento del Bien. Fue pues en ese estado de ánimo y dispuesto a realiza esa tarea como abandone Atenas; no por los motivos que me atribuyen algunos, sino por miedo sobre todo de quedar entonces a mis propios ojos por alguien que se no es nada más que un pico de oro y que, en cambio, se muestra incapaz de acometer resueltamente la acción”. Suscribo en su integridad los motivos del detenido de Siracusa. Que se diga que Platón y Debray se han encontrado por fin en la definición de añagazas y cimbeles. Un comunicado de la AFP sería bienvenido”.

Seis

“Enmarañado en “las fuerzas del dinero”, de Gaulle no tenía “la base social de su proyecto político”. Solo la izquierda, a mi modo de ver, con su desinterés innato y sus fuerzas obreras, podía llenar esa casilla vacía, la independencia de los pueblos, por el momento ocupada por las barrigas de le era Pompidou, vacante demasiado ridícula para no ser provisional. Así pues, nosotros expulsaríamos a los usurpadores. Cuando un gobernante ha elegido un cuarto de siglo la oposición, no llega al poder sino para hacer historia, más que política. Esa fue mi apuesta mitterrandista, en 1981, como lo había sido en 1974”.  

Siete

“La política como religión nacional toca a su fin; no es sano confundir un sacerdocio con un oficio. Los hay más degradantes. ¿En qué consiste ese oficio? En hacerse elegir, en saber esperar, en estrechar manos, en despedir los ascensores, en soltar amenas simplezas en los estudios, en pasar revista a la prensa por la mañana y en cazar en jauría. Eran costosos malentendidos los mios, pero es una lástima para el porvenir. El tiempo de los profesionales, luego de los prudentes, ha llegado. El problema es que los profesionales, por mucha ciencia y conciencia que tengan, no tienen por una vez ninguna imaginación. En política como en otras partes, solo los outsiders tienen ideas nuevas”.


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Sie7e Párrafos | 7 de enero de 2019

Dónde termina (o por qué podría terminar) el Amazonas

Viaje al fin del amazonas
Silvina Heguy
Debate

Selección y comentario por Luciana Mantero, licenciada en Ciencias de la Comunicación y periodista. Publicó dos libros: Margarita Barrientos y El deseo más grande del mundo. En 2013 obtuvo el segundo premio, categoría Solidaridad Social, de los Premios ADEPA al Periodismo. Dio talleres de periodismo, no ficción y escritura creativa.

Uno (mi comentario)

Viaje al fin del Amazonas, de Silvina Heguy, cobra actualidad y especial interés con la asunción del presidente de Brasil Jair Bolsonaro: ayuda a entender un problema global y las eventuales consecuencias de su decisión de otorgarle al Ministerio de Agricultura el poder de delimitar las reservas ocupadas por los pueblos originarios, en detrimento de la agencia de asuntos indígenas (Funai); está en el ojo de la tormenta. (…)

(sigue mi comentario)

Este libro de no ficción combina los pasos de la cronista que se interna en la selva para explorar la Amazonía en busca de buenas historias, con la información que da cuenta de cómo las distintas industrias extractivas (de madera, oro, diamantes, caucho…) vienen devastándola lentamente. Es un relato lleno de imágenes, olores, colores, sensaciones del peligro inminente que deja al ser humano a merced de la naturaleza, en el que la vida depende de premeditar donde se da cada paso y no extraviarse del camino. A través de distintas fuentes, e incluso del testimonio de los últimos habitantes de tribus originarias, también es una denuncia contra el “etnocidio” producido por el contacto -bien o mal intencionado- con la “civilización”.

Dos (la selección)

“Los árboles ya no mueren de pie. En la selva amazónica, en el corazón geográfico de Brasil, dos hombres con motosierras los hacen caer. El último acto de ese cumarú de más de treinta metros es rugir como un animal herido. Es la fricción con otros lo que provoca el sonido tormentoso. Después hay silencio. Se rompe con el aletear de pájaros que se desbandan. Algo se perdió en el equilibro de la naturaleza y nadie lo registra. (…) Por minuto, el equivalente a una cancha de fútbol sembrada de árboles se pierde en esta parte del planeta. La tala ilegal sobrevive porque hay demanda. ´Cada árbol caído tiene ya su comprador´, dice el jefe de ese campamento. ´Éstos van para China, para muebles. Saldrán por el puerto del sur. Es una cadena ilegal que cuenta con sus cómplices en cada etapa´.”

Tres

“´En la madrugada el agua hacía barullo, se escuchaba la cascada. Se despertaba y cantaba, era la vida que tenía. Ella cantaba, vivía. En la madrugada sobre todo la cascada nos despertaba. Pero ya no hay cascada´, dice Manoel mientras aviva el fuego que se está apagando. ´Porque el espíritu de las aguas está en el río y cantaba. A esa hora se levantaba, era importante que estuvieran despiertas para así poder bañarse en el río para tener salud. La gente tiene consideración por el agua viva. No como esta que ahora está acá, agua muerta´, dice mientras comienza a caminar por la selva hacia el arroyo: a pesar de todo, quiere tomar un baño.”

Cuatro

“Cuando esté terminada, Belo Monte será la tercera represa hidroeléctrica más grande del mundo. Fue anunciada en 2010 por el entonces presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva y la polémica que desato tuvo ribetes en Hollywood. La gran hipótesis de quienes la critican se centra en que tendría un bajo rendimiento en comparación con el gran impacto ambiental que generaría en la selva, en el río, en las poblaciones indígenas y en las ribereñas en la zona de Altamira (…) Para esta gente es el fin del mundo como lo concocen”, dijo (James Cameron) frente a las cámaras que él mismo dirigía”.

Cinco

“Brasil, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), es el país con más pueblos indígenas del continente: tiene 305 de los 826 que identificó en su estudio de 2014. La mayoría vive al amparo y desamparo de esta selva. Se trata de un equilibrio delicado. La mata puede ser un escondite perfecto y también dar fragilidad moral. Aunque parezca inimaginable en esta época de hiperconectividad, todavía hay partes del mundo a las que es imposible llegar. Hay seres humanos que no conocen Internet ni teléfonos. Mundos propios. Mínimos. Protegidos por una vegetación gigante que ocupa más de seis millones cuadrados. Imaginarse su dimensión es difícil. La Argentina podría entrar dos veces en esta superficie. La magnitud hace complicado el control y también la protección de las aldeas que nunca han tenido contacto con otros pueblos”.

Seis

“A fines de 2014, el Instituto Mediambiental de Estocolmo, Suecia, se ocupó de investigar quiénes realmente han carcomido la selva. El estudio determinó que la expansión de la frontera agrícola no es responsabilidad de pequeños campesinos y ganaderos, como antes se creía, sino de unos cuántos miles de propietarios de más de 800.000 kilómetros cuadrados -de los cinco millones de la Amazonía brasileña-. Los causantes del ochenta por ciento de la deforestación son los grandes ganaderos y productores de soja. El trabajo se basó en cruzar las imágenes satelitales con los documentos oficiales sobre las propiedades. Así se determinó que casi la mitad de la superficie deforestada entre 2004 y 2011, unos 36.000 kilómetros cuadradas, corresponde a áreas dominadas por las grandes propiedades, aquellas mayores de quinientas hectáreas (cinco kilómetros cuadrados). Los medianos y pequeños propietarios se reparten en partes iguales otro veinte por ciento. Lo que queda, alrededor de un tercio, sucedió en áreas tan lejanas que ninguna autoridad llega para comprobar de quiénes son las tierras y, mucho menos, sancionar su mal uso”.

Siete

“Para Leonardo Barei, tener el pecado en el origen no es una cuestión religiosa. Lo explica sentado en una galería de su casa en el campo, después de haber trabajado toda la mañana bajo el sol del Trópico. Tiene los pantalones sucios, una camisa desgastada y con un alicate se corta las uñas de los pies. No es la imagen que se podría tener de un terrateniente, pero Barei entra en esta categoría y además los representa (…) ´Estábamos obligados a desmontar´, explica. ´Ese ese es pecado en el origen: si desmontabas, no había tanta malaria. Por eso nuestro Estado pecó en la manera de surgir. Los sueños de los ambientalistas no existían. El extractivismo ejercido en esa época era correcto para alimentar y obtener agua, espantar las panteras y terminar con la malaria´. Para Barei, fueron adaptaciones que tuvieron que hacer para vivir en esas condiciones.”


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Sie7e Párrafos | 4 de enero de 2019

Radiografía del mal de época: el cansancio

La sociedad del cansancio
Byung – Chul Han
Herder

Selección y comentario por Alejandro Melamed, Doctor en Ciencias Económicas, Director Gral Humanize Consulting, Autor de El Futuro del Trabajo y El Futuro del Trabajo, entre otros. Speaker Internacional y Consultor Innovación Disruptiva en RRHH.

Uno (mi comentario)

Byung-Chul Han es uno de los filósofos más destacados del pensamiento contemporáneo. Nacido en Corea del Sur y educado en Alemania (donde también enseña) tiene un estilo muy personal y particular de describir el mundo actual y cómo las personas nos comportamos en el contexto del Siglo XXI. En La Sociedad del Cansancio se focaliza en las consecuencias negativas del exceso de positividad y cómo ello ha generado una serie de nuevas enfermedades “neuronales” como la depresión, el trastorno de déficit de atención con hiperactividad, trastorno de límite de personalidad y el síndrome de desgaste emocional. En esta dirección describe la violencia neuronal que se materializa en el agotamiento, la fatiga y la asfixia. (…)

(sigue mi comentario)

Para diferenciar de la teoría de la disciplina (en la que un “otro” nos marcaba los límites), analiza la sociedad del rendimiento, en la que somos cada uno de nosotros los que nos autoimponemos metas cada vez más altas, desafiantes y difíciles de cumpiir, convirtiéndonos en nuestros propios jefes que nos generamos obligaciones ya sea en el gimnasio, en el avión, en la oficina o en centro comercial. La excesiva presión por el rendimiento que nos autoimponemos desemboca en infartos psíquicos, con almas agotadas y quemadas. Somos verdugos y víctimas a la vez. Tal vez la mejor síntesis del libro es que la autorealización se transforma en la autodestrucción, por lo que estamos demasiado vitales para morir, pero demasiado muertos para vivir. Un texto corto (118 páginas) pero de lectura lenta, porque cada párrafo tiene una profundidad llamativamente impactante, que invita a la reflexión y revisión de múltiples paradigmas de la vida moderna.

Dos (la selección)

Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas. Así, existe una época bacterial que, sin embargo, toca a su fin con el descubrimiento de los antibióticos. A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en la época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica. El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. Las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama patológico de comienzos de este siglo. Estas enfermedades no son infecciones, son infartos ocasionados no por la negatividad de lo otro inmunológico, sino por un exceso de positividad. De este modo, se sustraen de cualquier técnica inmunológica destinada a repeler la negatividad de lo extraño.

Tres

La violencia de la positividad, que resulta de la superproducción, el superrendimiento o la supercomunicación, ya no es «viral». La inmunología no ofrece acceso alguno a ella. La repulsión frente al exceso de positividad no consiste en ninguna resistencia inmunológica, sino en una abreaccíón digestivo-neuronal y en un rechazo. El agotamiento, la fatiga y la asfixia ante la sobreabundancia tampoco son reacciones inmunológicas. Todos ellos consisten en manifestaciones de una violencia neuronal, que no es viral, puesto que no se deriva de ninguna negatividad inmunológica. Por eso, la teoría baudrillardesca sobre la violencia carece de claridad argumentativa, puesto que intenta describir la violencia de la positividad, o mejor dicho, de lo idéntico, que no implica ninguna otredad, desde claves inmunológicas.

Cuatro

La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. En su lugar se ha establecido desde hace tiempo otra completamente diferente, a saber: una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones, grandes centros comerciales y laboratorios genéticos. La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya «sujetos de obediencia», sino «sujetos de rendimiento». Estos sujetos son emprendedores de sí mismos. Aquellos muros de las instituciones disciplinarias, que delimitan el espacio entre lo normal y lo anormal, tienen un efecto arcaico. El análisis de Foucault sobre el poder no es capaz de describir los cambios psíquicos y topológicos que han surgido con la transformación de la sociedad disciplinaria en la de rendimiento. Tampoco el término frecuente «sociedad de control» hace justicia a esa transformación. Aún contiene demasiada negatividad.

Cinco

El cambio de paradigma de una sociedad disciplinaria a una sociedad de rendimiento denota una continuidad en un nivel determinado. Según parece, al inconsciente social le es inherente el afán de maximizar la producción. A partir de cierto punto de productividad, la técnica disciplinaria, es decir, el esquema negativo de la prohibición, alcanza de pronto su límite. Con el fin de aumentar la productividad se sustituye el paradigma disciplinario por el de rendimiento, por el esquema positivo del poder hacer (Kónnen), pues a partir de un nivel determinado de producción, la negatividad de la prohibición tiene un efecto bloqueante e impide un crecimiento ulterior. La positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber. De este modo, el inconsciente social pasa del deber al poder. El sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo que el de obediencia. Sin embargo, el poder no anula el deber. El sujeto de rendimiento sigue disciplinado. Ya ha pasado por la fase disciplinaria. El poder eleva el nivel de productividad obtenida por la técnica disciplinaria, esto es, por el imperativo del deber. En relación con el incremento de productividad no se da ninguna ruptura entre el deber y el poder, sino una continuidad.

Seis

Visto así, el síndrome de desgaste ocupacional no pone de manifiesto un sí mismo agotado, sino más bien un alma agotada, quemada. Según Ehrenberg, la depresión se despliega allí donde el mandato y la prohibición de la sociedad disciplinaria ceden ante la responsabilidad propia y las iniciativas. En realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna.

Siete

La sociedad de rendimiento, como sociedad activa, está convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje. Entretanto, el Neuro-Enhancement reemplaza a la expresión negativa «dopaje cerebral». El dopaje en cierto modo hace posible un rendimiento sin rendimiento. Mientras tanto, incluso científicos serios argumentan que es prácticamente una irresponsabilidad no hacer uso de tales sustancias. Un cirujano que, con ayuda de nootrópicos, opere mucho más concentrado, cometerá menos errores y salvará más vidas. Incluso un uso general de drogas inteligentes, según ellos, no supone ningún problema. Solo hay que establecer cierta equidad, de manera que estén a disposición de todos. Si el dopaje estuviera permitido también en el deporte, este se convertiría en una competición farmacéutica.


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Sie7e Párrafos | 4 de enero de 2019

El arte del matrimonio (y al revés)

Del matrimonio como una de las bellas artes
Julia Kristeva y Philippe Sollers
Interzona

Selección y comentario por Gabriela Adamo. Estudió Comunicación Social y Literatura Comparada. Participó de cursos de especialización en Alemania, Francia y los Estados Unidos. Trabaja desde hace más de 20 años como editora, traductora y gestora cultural. Actualmente es directora de la Fundación Filba, que tiene a su cargo la realización del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, los Festivales Nacionales, el Filbita y el programa Filba Escuelas.

Uno (mi comentario)

Rara avis en el panorama del jet set intelectual, el matrimonio de los escritores franceses Julia Kristeva y Philippe Sollers lleva más de 50 años de “aguante”. En esta breve recopilación de entrevistas y charlas públicas, hablan sobre esos intensos años en pareja que son, sin duda, un tema en sí mismo. (…)

(sigue mi comentario)

Pero además, lejos de ser reflexiones nostálgicas o incluso el rescate romanticón de una institución más que conflictiva, estos intercambios ofrecen una seguidilla de miradas agudas -y frescas- sobre el psicoanálisis, la filosofía y la más candente realidad política y social. Kristeva y Sollers atravesaron el siglo XX codeándose con personajes como Barthes, Lacan y Aragon, y todos hacen su cameo en el texto. Mezcla de testimonio con ensayo, historia de amor con biografía intelectual, este libro inteligente y vital responde con altura al desafío que Sollers plantea en su introducción: “¿El matrimonio como crítica social y apología poética de la libertad, contra todos los oscurantismos? Hagan la prueba”.

Dos (la selección)

[Kristeva] Vine sobre todo porque estoy convencida de que los temas de este encuentro –infancia, juventud, escritura, francés-francesa-, lejos de ser transparentes y mucho menos naturales, siguen siendo, más que nunca, enigmáticos, incluso escandalosos, para esta banalización intelectual que nos amenaza y que, en mi opinión, representa el mal radical.

Tres

[Kristeva] Llegué a París en Nochebuena; estaba nevando; los franceses no sabían cómo sacar la nieva de la calle; se me empaparon los zapatos; los parisinos no estaban vestidos como en Elle y Vogue que llegaban (muy de vez en cuando) a la Alianza Francesa; y yo no tenía pasaje de vuelta… Así y todo, enseguida comencé a asistir a las clases de Roland Barthes, y después a las de Gérard Genette. Ellos me explicaron que el nouveau roman había sido reemplazado por el “nuevo nouveau roman” y que era imperioso que conociera al mejor escritor de esa corriente, Philippe Sollers. Era la primera vez que oía ese nombre. Me dirigí de inmediato a la Biblioteca Nacional, en la rue de Richelieu, donde consulté el último número de la revista Clarté (revista de la Juventud Comunista). Vi la foto de perfil de un hombre joven, que resultó ser muy impresionante, porque en una sola página explicaba que, para cambiar la sociedad, había que empezar por cambiar su lenguaje. Los surrealistas y los futuristas rusos (Mayakovski, Jlébnikov, incluso el lingüista Jakobson) habían defendido esa idea, pero no me esperaba encontrarla de nuevo en un texto reciente francés, ni me esperaba tampoco verla expresada con tanta elegancia y concisión. Le pedí una entrevista. Me recibió en una oficinita de la editorial Seuil. Era tan buenmozo como en la foto, si no más; estaba en las antípodas del estereotipo de escritor, por lo general enclenque y balbuceante: se manejaba con la seguridad de un futbolista profesional bien plantado en la cancha. Además, parecía escucharme y, como si fuera poco, interesarse en mis lecturas, en la vida cultural que puede haber en un país comunista… Hay que pensar en el contexto de la época. Francia venía de la Guerra de Argelia, y la gente me parecía  muy apagada: era Nochebuena, con los regalos de Navidad, los grandes locales abarrotados de gente, la misa en Notre Dame… y aun así, nadie se dignaba a mirar al otro. Y ahí me encuentro con un escritor tan vivaz, tan sonriente… No nos despedimos: me acompañó a Ré, donde conocí a su familia, y ese encuentro todavía sigue hasta hoy: cada día forma parte de nuestro encuentro

Cuatro

[Sollers] Lo primero que noté de Julia es que la gente de inmediato la veía como extranjera. Ahora bien, voy a decirles qué es el amor: es el amor del otro. Es algo que se desarrolla muy tempranamente en algunas personas, en la medida en que estas se sienten extranjeras, no solamente con respecto a sí mismas, sino a su propio país y hasta a su misma identidad. Si uno no se siente extranjero, nunca encontrará a nadie que venga del extranjero, aunque viva al lado. Y yo, por razones biográficas, desde el principio me sentí ‘extranjero’. De hecho, ese es el título de un libro hermoso de Julia, Extranjeros para nosotros mismos, una exploración de la identidad, porque ‘yo es otro’, como dijo Rimbaud: si uno no siente eso muy pronto, muy rápido, a causa del lenguaje, de muchas experiencias, etc., no tiene absolutamente ninguna chance de salir de esos prejuicios y clichés que, históricamente, son garrafales y que, por lo demás, parecen haberse puesto de moda de nuevo hoy en día. También es una cuestión política, y para eso hay que tener cierta conciencia de la extrañeza que uno lleva en sí mismo. De no haber tenido esta extrañeza fundamental, no habría conocido a una extranjera extraña.

[Sollers] ‘Por el amor del otro’ quiere decir que yo esperaba del otro –y sigo esperando de ese otro que soy yo mismo- recibir sorpresas.

Cinco

[Kristeva] Collete –la más famosa en ‘esos placeres que uno llama, a la ligera, físicos’- declara no ser afecta a la palabra ‘amor’. “Esa palabra sin matices –escribe- no me alcanza”. Y describe a un filósofo transpirineo que, para designar cualquier experiencia o cosa negativa, empleaba una única palabra: chancho. Paralelamente, argumenta ella, algunas personas, incapaces del menor matiz, “tienen una única palabra para decir ‘amar’, lo que es igual de rídiculo”. La experiencia amorosa solo puede expresarse con metáforas y relatos.

Seis

[Kristeva] Estamos viviendo un período donde la necesidad de seguridad ha pasado al primer plano y la autonomía económica es muy limitada. Uno no puede darse el lujo de adoptar un punto de vista libertario sobre la infidelidad sin un mínimo de seguridad psíquica. Y, claro está, de independencia económica. Ahora bien, las mujeres, a pesar de todos los esfuerzos realizados, todavía están lejos de alcanzar esa independencia.

Siete

[Sollers] En esta relación nos buscamos y nos escondemos continuamente, como los chicos. Esa sería una definición posible del amor: uno solo puede amarse si se reconoce como niño a través y para el otro.


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Sie7e Párrafos | 2 de enero de 2019

Tratado sobre la indigencia, por el creador del Gran Hermano

Sin un peso en París y Londres
George Orwell
Debate

Selección y comentario por Ana D’Onofrio, periodista. Dirigió las revistas Gente y Para Ti de la Editorial Atlántida y ahora se dedica a cocinar, tiene un blog de comidas y escribió dos libros Recetas de familias y Recetas pavas. Cosas ricas para comer con el mate. 

Uno (mi comentario)

Desgarrador y lúcido tratado autobiógrafico sobre la indigencia escrito en su juventud por Eric Blair, a quien todos conocemos como George Orwell (1984, La rebelión en la granja), Sin un peso en París y Londres acaba de ser reeditado por Debate (Random House) y es una gran noticia. Debería ser texto de lectura y análisis obligatorio en la carrera de periodismo. (…)

(sigue mi comentario)

La obra con la que debutó Orwell es una crónica pura y dura de sus años jóvenes, cuando fue lavaplatos y vagabundo en Paris y Londres, respectivamente. Egresado de Eton, describe la miseria que le tocó vivir con pasmosa economía de adjetivos pero con atrapante sobriedad. No hay victimización en su relato, ni sermones sociológicos ni parrafadas ideologizadas. Sólo narrativa de alto vuelo. Sin un peso… no en vano fue mencionado por Tom Wolfe como una obra precursora del nuevo periodismo.

Dos (la selección)

Hay otra sensación que constituye un gran consuelo en la pobreza. Creo que cualquiera que haya pasado apuros económicos la habrá experimentado. Es una sensación de alivio, casi placentera, al saber que por fin estás sin un peso. Hablaste tantas veces de la posibilidad de terminar en la calle… y resulta que ya estás en ella y puedes soportarlo. Eso te quita muchas preocupaciones.

Tres

Mis sesenta francos duraron unos quince días. Había renunciado a fingir que salía a comer a restaurantes, y almorzábamos en mi habitación, uno sentado en la cama y el otro en la silla. Boris aportaba sus dos francos y yo tres o cuatro para comprar pan, papas, leche y queso, y calentábamos una sopa en mi calentador de alcohol. Teníamos una cazuela, un recipiente para el café y una cuchara; todos los días teníamos una educada discusión sobre quién comería en la cazuela y quién en el recipiente (en la cazuela cabía más), y todos los días, con gran disgusto de mi padre, Boris cedía antes y aceptaba la cazuela. A veces comíamos pan a la noche y a veces no. Nuestra ropa interior cada vez estaba más sucia, y hacía tres semanas que no me bañaba; Boris llevaba meses sin bañarse, o al menos eso decía. Gracias al tabaco todo era más tolerable. Teníamos de sobra, Boris había frecuentado un tiempo a un soldado (a los soldados les dan el tabaco gratis) y le había comprado veinte o treinta paquetes a cincuenta centavos el paquete.

Cuatro

Era divertido contemplar aquella pileta de lavar sucia y minúscula y pensar que solo nos separaba una puerta doble del comedor. Ahí estaban los clientes en todo su esplendor: manteles inmaculados, jarrones llenos de flores, espejos y cornisas doradas y querubines pintados; y, a unos pies de distancia, estábamos nosotros en medio de nuestra repugnante porquería. Porque era en verdad repugnante. No teníamos tiempo de barrer hasta la noche, y resbalábamos en una mezcla de agua jabonosa, hojas de lechuga, papeles rotos y comida pisoteada. Una decena de mozos, en mangas de camisa y con las axilas transpiradas, se sentaban a la mesa aderezando ensaladas y metiendo los dedos en los tarros de crema. La pileta de lavar despedía un olor hediondo mezcla de comida y sudor. En todas partes, en los armarios, detrás de la vajilla, había reservas exiguas de comida que los mozos habían robado. Solo había dos pilas y ninguna pileta para lavar, y no era raro que los mozos se lavasen la cara con el agua de aclarar los platos. Pero los clientes no lo veían. Había una esterilla y un espejo en la puerta del comedor, y los mozos se arreglaban para salir convertidos en la viva imagen de la pulcritud.

Cinco

En la cocina era aun peor. Decir que un cocinero francés escupe en la sopa (siempre que no sea para él) no es una figura retórica, sino la constatación de un hecho. Será un artista, pero su arte no incluye ser limpio. Hasta cierto punto, incluso es sucio porque es un artista, pues la comida, para ser apetitosa requiere que sea tratada de forma sucia. Cuando, por ejemplo, someten un filete a la inspección del cocinero jefe, no lo pincha con un tenedor. Lo agarra con los dedos y lo da vuelta, pasa el pulgar por el plato y lo chupa para probar la salsa, vuelve a pasar el dedo, lo chupa y da un paso atrás para contemplar el trozo de carne como un artista cuando juzga un cuadro, luego lo coloca en su lugar con los dedos engrasados y enrojecidos que ha chupado más de cien veces esta mañana. Cuando se da por satisfecho, agarra un trapo, borra las huellas de dedos del plato y se lo da al mozo. El mozo, por supuesto, también mete los dedos en la salsa, unos dedos sucios y engrasados que no hace más que pasarse por el pelo engominado. Cada vez que alguien paga más de, digamos, cien francos por un plato en París, puede estar seguro de que lo han toqueteado como dije. En los restaurantes baratos es diferente; ahí no se tienen tantas contemplaciones con la comida: la sacan de la sartén con un tenedor y la ponen en un plato sin manosearla. Por decirlo con claridad: cuanto más pagues por un plato, más saliva y sudor te verás obligado a comer.

Seis

El miedo a la plebe es un temor supersticioso. Se basa en la idea de que hay alguna diferencia misteriosa y fundamental entre ricos y pobres, como si se tratase de dos razas diferentes, igual que los negros y los blancos. Pero, en realidad, mucha diferencia no existe. La masa de los ricos y los pobres se diferencia solo en sus ingresos, y el millonario medio no es más que el lavaplatos medio con un traje elegante. Cámbialos de lugar y, ¡listo!, ¿quién es el juez y quién es el ladrón? Cualquiera que se haya relacionado en términos de igualdad con los pobres lo sabe de sobra.

Siete

El trabajo en el hotel me enseñó el verdadero valor del sueño, igual que pasar hambre me había enseñado el verdadero valor de la comida. El suelo dejó de ser una necesidad física y se convirtió en algo voluptuoso, en un placer más que un alivio. Además, las chinches habían dejado de molestarme. Mario me había dado un remedio infalible: esparcir pimienta en las sábanas. Daban muchas ganas de estornudar, pero las chinches la odiaban y emigraban a las otras habitaciones.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

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Sie7e Párrafos | 2 de enero de 2019

El mundo de María Elena Walsh

Nací para ser breve
Gabriela Massuh
Sudamericana

Selección y comentario por Fabiana Fondevila, periodista, escritora y facilitadora de talleres de auto-conocimiento y reconexión con la naturaleza. Es autora de Donde vive el asombro. Prácticas para cultivar lo sagrado en la vida cotidiana.

Uno (mi comentario)

Para los que crecimos en familias de intelectuales en la segunda mitad del siglo XX, María Elena Walsh fue una puerta de entrada (o más, bien, una luminosa ventana) a lo popular, lo lúdico, el humor, el sinsentido, y también -lo sé ahora- a una sutil y profunda espiritualidad. Cada canción, cada poema, era un vendaval de aire fresco que despeinaba y despabilaba con su invitación a no tomarse nada demasiado en serio. (…)

(sigue mi comentario)

Pero, sin que uno lo notara, entre rimas y melodías, cada estrofa arrimaba alguna lucidez, y una visión de la vida amplia y ancha, donde había lugar para estirarse y soñar. Como un mar que ofrenda, con cada subida de la marea, un vidrio pulido, un caracol perfecto, un pez que refleja en sus escamas al cielo en su enormidad. Crecimos cantando alegremente versos como: “Yo no soy un bailarín / Porque me gusta quedarme / Quieto en la tierra y sentir / Que mis pies tienen raíz” y “Por aquí anda Dios / con regadera de lluvia / o disfrazado de sol / asomando a su balcón”. Nunca sospechamos (y menos, por fortuna, nuestros padres) que estábamos entonando una suerte de liturgia. Hoy vuelvo a escuchar esa canción –¡qué emoción enterarme de que fue su favorita! – y me asombro al encontrar ahí las bases para el credo verde que hoy da norte y vigor a mis días.

Más que una biografía, “Nací para ser breve” es el relato de un vínculo, de un momento social y de una forma de estar en el mundo. Pocas veces se conjugó el talento creativo con la lucidez, la mirada crítica y la osadía, como en la vida y la obra de María Elena Walsh. Gabriela Massuh tiene la generosidad de mostrarnos a la autora que supimos amar sin veladuras: deja entrever, en los intersticios de sus charlas, su genialidad y su temperamento hosco, su inseguridad y su vehemencia, su orgullo y su ternura.

También da cuenta de cómo la autora inauguró una nueva era en la literatura infantil y juvenil latinoamericana, caracterizada por el respeto hacia los lectores, más allá de su edad. “Siempre escribí entre los chicos y nunca para ellos”, dice María Elena. Esta es, quizás, la marca de todos los grandes escritores del género: el hecho de no escribir conscientemente para los chicos. Yo agregaría que, además del entre, cabe el desde. La literatura que nace desde el niño o niña que sigue vivo y coleando en el adulto es bien distinta a la que emerge de la intención de hablarle a un niño/a imaginado. La infancia que habita en uno no carga las tintas sobre la emoción ni distorsiona los hechos, y mucho menos los idealiza. Recuerda y describe las cosas tal como fueron, como son, con su cuota de deslumbre, de desopilancia, y también de oscuridad. De todos modos, los grandes escritores “infantiles” nunca lo fueron de veras, a menos no a conciencia. Maurice Sendak, autor de Donde viven los monstruos y otras maravillas, dijo en alguna entrevista: “Yo escribo, y alguien decide que es para chicos”.

Se agradece también la firmeza para distinguir la buena poesía de la que todavía hoy se les enrostra a los chicos en el colegio, con ese “abuso de esos versos pareados que pretenden ser informales”, de esa “rima maldita de diminutivos”, y también de los tópicos patrióticos solemnes y forzados. ¡Qué regalo de libertad fue la irrupción de Dailan Kifki y Tutú Marambá! Y cuán necesarios resultan aún.

Ya cerrando el libro, Massuh transcribe un fragmento de “Invitación al vals” (séptimo párrafo escogido), poema dedicado a María Herminia Avellaneda, la más íntima amiga de María Elena. Estas pocas destilan la esencia de su escritura: lirismo, musicalidad, sencillez aparente y un mundo en el que la liviandad convive con la finitud sin conflicto ni costuras. Así me gustaría recordarla, no como un fantasma que sobrevuela músicas y páginas sino a ella, de carne y hueso, enigmática y vital. María Elena jugando al mediodía, entre algas y enredaderas, dando amor, dando la mano. Alada, dócilmente humana.

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Dos (la selección)

“María Elena era una persona insólitamente culta, con perdón de la palabra, como diría ella para liberarla de ese aura de solemnidad que suele tener cuando se habla de “la gente culta”. Digo “insólitamente” porque combinaba un saber letrado con una veneración casi religiosa por lo popular. En ella se encarnaban de igual manera toda la poesía en español, la poesía infantil inglesa que le había recitado su padre (las nursery rhymes), los sonetos de Shakespeare, la obra completa de Genet, la prosa de las sureñas norteamericanas, Carson McCullers, Flannery O’Connor, Katherine Anne Porter, luego Colette, Proust, Rimbaud, el cancionero popular argentino, los libros de José Luis Busaniche, Kafka, Virginia Woolf y, en la época en la que la conocía, especialmente Doris Lessing. Durante un tiempo la llamaba la “mamá grande”, apócope que también solía aplicarle al Diccionario de María Moliner. Sentía la literatura de una manera íntima, corporal y detestaba los devaneos académicos de sus amigos literatos, eso que llamaba despectivamente “los miembros de la crítica anteojuda y el pucho en la oreja”.

Tres

–Ah, sí, por supuesto. Escribía dentro de una regresión muy inconsciente. Siempre escribí entre los chicos y nunca para ellos. No sé bien si escribía para mí… Es muy raro, porque el producto careció siempre de todo tipo de autocompasión o nostalgia por la infancia perdida. La gente grande que compone para chicos suele caer en ramalazos de repugnante autocompasión. Empiezan a evocar el barrilete, el trompo o las bolitas lo que indefectiblemente se vuelve insoportable. Yo escribía en el tiempo presente, cosa bastante extraña porque de grande casi no tuve contacto con chicos.

Cuatro

–Es que mis recuerdos son específicamente sensoriales. Puedo recordar climas, sensaciones, atmósferas, colores y olores. Mientras hablábamos de mi experiencia en los Estados Unidos volví a sentir, como la primera vez, el olor de la nieve y me retrotraje al entorno de ese país tan abigarrado, tan extraño. Cuando se trata de referir hechos concretos respecto de mí misma siento que algo se me escapa, que algo falla. Es como si hubiera borroneado las experiencias de mi memoria, supongo, porque nunca me percibí como un ser completo. Supongo que esto tiene que ver con una especie de autocensura tendiente a hacer desaparecer mis pasos, como si intencionalmente no le hubiera prestado demasiada atención a lo que estaba sucediéndome. Era como estar viviendo entre paréntesis, siempre diciéndome “no, mañana, cuando sea una persona completa, voy a darme el lujo de recordar con detalles”. Esta sensación de incomodidad física me persiguió durante toda mi vida y no la perdí hasta bien entrada la madurez. Quizá por eso los recuerdos sean tan vagos. Cuando por ejemplo me refiero a Carmen Gándara tengo presente la sensación de todo un clima que emanaba de ella, un clima muy ligado a su persona. Pero me costaría mucho reconstruir un diálogo o una anécdota precisa. Creo que todo esto puede llamárselo una memoria femenina.

Cinco

“Siempre me opuse a esa absurda mitología de la infancia feliz. No creo que ningún sea “feliz” tal como lo entendemos los adultos. El chico es un ser solitario que tiene una conciencia enorme de sus carencias e impotencias. Esa felicidad del mito de la infancia es siempre retrospectiva. Jamás en mi vida escuché a ningún chico afirmar “soy feliz” y, si alguna vez lo escuchaste, es el invento de un adulto. Creo que la única felicidad de los chicos radica en el juego, y dentro de este contexto, el juego verbal y el musical son extremadamente importantes. Toda esa mitología de la edad de oro, de la pureza, la inocencia de la incorruptibilidad de los niños me ha parecido un invento teñido por la mala fe del adulto que no se atreve a reconstruir en serio su propia infancia. El juego es como una isla en medio de la vida del chico: esa es la felicidad. Cuando escribo para chicos trato de recuperar esa isla de juegos, pero sin sensiblería ni nostalgia. Nunca intenté recuperar mi propia infancia, sino la abstracta, la actual, la que sigue sucediéndome.

Seis

(¿Cuándo descubriste la afinidad entre el mundo infantil y el de las coplas?)
–En París. Haciendo memoria me doy cuenta de que además había otros elementos personales que me estimulaban a cambiar de género. Por un lado, yo era consciente de que al escribir literatura para chicos estaba cometiendo un género marginal que no era susceptible a la crítica de las capillas literarias. Por el otro, me generaba una emoción muy particular que he percibido varias veces a lo largo de la vida: me refiero al entusiasmo de internarme en algo que no estaba hecho, una tierra incógnita, un horizonte no compartido y libre. Mientras escribía mis primeros versos infantiles me embargaba la sensación feliz de descubrir algo nuevo. Era como entrar en un bosque e identificar las especies de árboles o aves por primera vez. En español no se había escrito lo que sí se seguía produciendo en inglés basado en la tradición infantil y popular. Al final y al cabo, tenía la certeza y el alivio de introducirme en un espacio del que nadie tendría elementos suficientes para juzgarme. Se trataba de escaparle a lo intelectual pero sobre todo a la crítica. He tenido siempre una incapacidad absoluta de recibir críticas, de dar exámenes. Jamás me gustó mostrar un poema para que alguien lo disecara.

Siete

-¿Es cierto que vendías libros por la calle?
-No, eso no es cierto. Pasaba que yo iba siempre prevenida, cargada con algunos ejemplares porque podía suceder que una se topara con alguna gran personalidad, en especial por la calle Florida. A veces parábamos en la confitería del célebre Jockey Club de Florida y Viamonte donde había consuetudinariamente tertulias. Entonces le asestábamos un ejemplar a algún escritor desprevenido que estaba frente a un eterno pocillo de café. De esa manera la entregué un libro a Juan Pablo Echagüe, que por cierto no era la persona más indicada para recibirlo, muy maquillado, todavía de chambergo y con corsé. Otra vez, caminando con un compañero de Bellas Artes que no entendía nada de literatura, me topé con dos señores a quienes les alargué el libro con toda solemnidad. Uno era Pablo Neruda y el otro Nicolás Guillén, ambos de paso por Buenos Aires. Lo increíble fue que Neruda nos invitó a subir a un pequeño departamento de la Galería Güemes, donde solía albergarse todo tipo de artistas. Allí, como si tuviera todo el tiempo del mundo, se puso a leer el libro mientras hacía comentarios extremadamente elogiosos. A partir de ese momento lo seguí a todas partes sin perderme ninguna de las conferencias que dio durante ese viaje. De la misma manera conocí a Rodolfo Aráoz Alfaro, apoderado del Partido Comunista con el que nos hicimos muy amigos.

Bonus

Dulzura al mediodía, algas, enredaderas,
palomas te diría,
si quieres, si quisieras
regresa todavía
dispongo de manos y maneras.

Agua lisa divierte,
hay alas en verano,
mirá qué bien, qué suerte
ser dócilmente humano,
qué pasa con la muerte
no sé, dame el amor, dame la mano.

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Sie7e Párrafos | 2 de enero de 2019

Estudio sobre el campo productivo por excelencia de la Argentina

¿Cómo pensaron el campo los argentinos?
Roy Hora
Siglo XXI

Selección y comentario por Marcos Novaro, estudió Sociología y Filosofía en la UBA y actualmente es investigador principal del CONICET y dirige el Centro de Investigaciones Políticas (Cipol) y el Archivo de Historia Oral de Argentina Contemporánea en el Instituto Gino Germani. Sus últimos libros son La Argentina en el fin de siglo (Ariel, 2010); Historia de la Argentina 1955-2010 (Siglo XXI, 2010), y Peronismo y democracia (2014, Edhasa).

Uno (mi selección)

La gran empresa tiene mala prensa en la sociedad argentina. El estudio de Hora rastrea esa mala imagen en un sector en particular, el campo, en que la concentración de la propiedad no gravita especialmente, pero respecto al cual sí ha imperado la opinión de que sus destinos, y por extensión los del país, han estado signados por la voluntad arrolladora de una oligarquía terrateniente muy concentrada, atrasada y parasitaria. (…)

(sigue mi comentario)

Hora reconstruye paralelamente el desarrollo del “campo”, como sector productivo y sociedad pampeana, y las visiones que sobre él circularon y lograron imponerse en distintos momentos de nuestra historia, centradas alternativamente en el desafío de construir instituciones republicanas y ciudadanos acordes con ellas, el ansia de justicia social, y las claves para alcanzar el desarrollo económico. El texto de todos modos tiene una densidad y solidez mucho mayor en su primera parte, referida a los períodos de la historia argentina que el autor mejor domina, que en la segunda, la que va del experimento peronista a la actualidad, en que se ofrecen más bien pantallazos y reflexiones bastante más precarias de lo que la propuesta inicial anuncia y lo que hubiera podido resultar de un trabajo historiográfico más exhaustivo. Temas centrales del debate económico y político de las últimas décadas, como las retenciones a las exportaciones, la revolución tecnológica e integración productiva, y la “primarización” de la economía son apenas mencionados. Nada de eso desmerece el gran valor de un trabajo que se atreve a analizar uno de los costados más peculiares de nuestra cultura anticapitalista, la generalizada idea de que las empresas, mientras más grandes sean, resultan más dañinas para el desarrollo, el progreso social y la misma democracia.

Dos (la selección)

“La Argentina respira campo. Es el país de las grandes estancias y el  hogar de la que en sus años de apogeo fue la clase terrateniente más opulenta de América Latina.  Nación de eximios jinetes, forjó un poderoso mito ecuestre —el gaucho— que celebra a las clases populares de la campaña. Gran potencia agrícola, ayer del trigo y hoy de la soja, llegó a vanagloriarse de su condición de “granero del mundo”…. Hace ya mucho tiempo, sin embargo, que ese mundo rural es más evocado que conocido, más imaginado que experimentado. De hecho, otras dimensiones de la vida pública reflejan cuán central ha sido la ciudad en el desarrollo histórico de nuestro país. Para 1900, a la vez que se vanagloriaba de sus dorados trigales y sus valiosos ganados, la Argentina poseía una de las tasas de urbanización más elevadas del planeta, además de ciudades enormes y vibrantes como Rosario o Córdoba y sobre todo Buenos Aires, la mayor urbe de América Latina…” (13)

Tres

“… no sorprende que la concentración del suelo pampeano se haya convertido, desde muy temprano, en uno de los objetos de crítica preferidos de los descontentos con el orden existente. El vasto eco alcanzado por la denuncia de la gran propiedad que impuso su marca sobre las mejores tierras del país suele concebirse como uno de los triunfos ideológicos más significativos de nuestra izquierda. De hecho, desde las contribuciones al tema que dio la pluma de Juan B. justo a comienzos del siglo XX, los actores ubicados en el margen izquierdo del arco político no solo alzaron la voz contra el latifundio sino que se preciaron de haber colocado esta problemática en el centro de la discusión pública” (16).

Cuatro

“El universo de los enemigos de la gran propiedad fue más vasto de lo que nuestra imaginación histórica gusta reconocer…. Enemigos de la concentración del suelo en pocas manos y del arcaísmo productivo habitualmente asociado a ella, nuestros liberales aspiraron a torcer las fuerzas del mercado con el fin de incidir sobre el patrón de desarrollo agrario… ni siquiera los compañeros de ruta y los herederos políticos de Julio A. Roca y Roque Sáenz Peña se excluyeron del consenso antilatifundista” (17-8).

Cinco

“La modestia de los esfuerzos orientados a combatir la gran propiedad, además de estar asociada a la primacía de una manera moderada y reformista de concebir a la sociedad, debe ser relacionada con un conjunto de factores cuya gravitación fue cambiando con el transcurso de las décadas. El más relevante de ellos es que, contra lo que sugieren las posiciones que enfatizan la rigidez de la estructura agraria y sus limitadas potencialidades productivas, el patrón de crecimiento centrado en las exportaciones rurales no sólo tuvo un notable dinamismo económico sino que, a lo largo de extensos períodos, también exhibió una considerable capacidad inclusiva. Aunque distribuyó sus frutos de manera muy desigual, el desarrollo agrario pampeano no fue un proyecto para pocos. Por más de un siglo, la explotación de esta vasta pradera hizo de la Argentina el país más exitoso de América Latina no sólo en materia económica sino también social. La gran estancia fue parte central de un entramado productivo dinámico y complejo, cuya expansión trajo importantes mejoras para vastos sectores de la población rural y urbana y que, por largas décadas, generó más acuerdos que conflictos.. los principales impugnadores de las desigualdades del campo siempre tendieron a exagerar el grado de concentración del suelo, y a negar la importancia de las explotaciones agrícolas de menor tamaño con las que, en líneas generales, las empresas de gran escala tenían más puntos de colaboración que de conflicto” (25-6).

Seis

“Estas miradas (se refiere a las de las décadas de 1920 y 1930) nos revelan que el campo ya no servía como punto de observación a partir del cual imaginar el porvenir de una nación cada vez más urbanizada, que dependía de él para crecer y prosperar, pero en la que los habitantes rurales de las provincias pampeanas no representaban siquiera un tercio de la población total de esa región” (90).

Siete

“(Desde 1960) el chacarero pobre y el agricultor en pequeña escala perdieron relevancia entre las categorías sociales más significativas en la región pampeana. El ocaso del mundo de los chacareros arrendatarios debilitó las presiones para acceder al suelo surgidas del interior de la sociedad rural y volvió cada vez menos audibles las voces que convocaban a forjar un campo dominado por la agricultura familiar… Para entonces (la) invitación a batallar contra el atrasado latifundio en nombre de agricultores explotados por un sistema semifeudal se asentaba sobre una imagen anacrónica del campo, cuyos parámetros seguían fijados en los años de la Gran Depresión. Los voceros de eta postura, sin eco alguno en los distritos agrícolas tampoco parecían capaces de advertir que los agricultores propietarios que todavía residían o trabajaban en el campo no solo no se sentían interpelados por esta consigna sino que de sus filas estaban emergiendo muchos de esos productores de nuevo tipo que… conformaban un sector de peso creciente en la vanguardia tecnológica de una agricultura en crecimiento” (180-1).


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Sie7e Párrafos | 31 de diciembre de 2018

Todos los rincones de la noche en un ensayo total

La noche. Una exploración de la vida nocturna, el lenguaje de la noche, el sueño y los sueños.
Al Álvarez
Fiordo

Federico Lorenz, historiador y escritor. Nació en Buenos Aires, viaja a Patagonia toda vez que puede. Publicó ensayos, libros históricos y de ficción. Es profesor de Historia e investigador del CONICET.

Uno (mi comentario)

Estamos ante una pieza ensayística compleja y muy bien armada sobre un tema que nos lleva al borde de lo atávico: la noche. La nocturnidad como espacio de lo desconocido y territorio del miedo ancestral nunca desterrado del todo.

(sigue mi comentario)

“La noche” es un trabajo muy minucioso en el que vamos de la neurofisiología a la literatura, pasando por la psicología y el estudio de la vida cotidiana. De qué maneras, por ejemplo, la implementación de la iluminación eléctrica cambió los hábitos de los seres humanos. Con solvencia y sin prejuicios Álvarez combina los registros de distintas disciplinas, con la finalidad de construir un objeto de análisis tan denso como la propia oscuridad. La sensación final, desde la Prehistoria a las más modernas ciudades del Norte, es que persiste en la nocturnidad un territorio que la cultura no ha podido someter y sí, en cambio, narrar de distintas formas, para volverlo tolerable.
Álvarez hace un recorrido que va de la Historia a la Filosofía, las corrientes literarias y los estudios sobre la fisiología de los sueños. Acompaña en su patrullaje nocturno a policías de Londres y Nueva York, y produce unas increíbles descripciones de la vida urbana que nada tienen que envidiar a los fragmentos literarios que monta, como un relojero, para mostrar la persistencia de la noche como enigma y desafío en la cultura.
“La noche” es uno de esos libros que abre una cantidad de preguntas de la mano de datos curiosos que adquieren sentido por la mirada erudita del que los hilvana de forma amena. Como su objeto, el libro tiene numerosas capas y sentidos. Y como a los sueños, el error sería tomarlo de manera literal. Es potente por lo que sugiere y connota, ya que arroja la pregunta acerca de cuánto de lo primitivo pervive en nosotros.

Dos (la selección)

En los últimos cien años hemos perdido contacto con la noche. Quizá el feto que vive en el vientre la conozca, pero hasta la noche del vientre es iluminada por el rojizo resplandor que penetra el cuerpo de la madre cuando se quita la ropa. La oscuridad de veras -la subterránea, la de una habitación sellada o la negrura artificial de una prueba de privación sensorial- es una experiencia de orden diferente y para las personas del siglo XX, en condiciones de eliminarla apretando el botón, es más que nada una fuente de terror:

Tres

La innovación de Freud consistió en leer los sueños como mensajes, no de los dioses, sino del inconsciente del sujeto. No por eso estaba más lejos de la tradición. Tan vigorosamente como para Artemidoro, los sueños eran para él mensajes plenos del significado secreto (lo denominó «contenido latente») que para ser entendidos necesitaban ser interpretados. También era tradicional su creencia temprana en que, como «la mayoría de los sueños adultos remitían a deseos eróticos» (las cursivas son suyas), prácticamente todo objeto que apareciera podía interpretarse como símbolo sexual.

Cuatro

Todas las ciudades son colecciones de barrios que fueron pueblos, cada uno con estilo y carácter propios. Esto es literalmente cierto de Londres, que en su crecimiento se fue tragando un pueblo tras otro -Hampstead, Highgate, Wimbledon, Croydon, Kingston, Orpington, West Wickham-, en una expansión que apunta hacia St. Albans y Watford en el norte y a la costa en el sur y el este. Cada pueblo digerido se convierte primero en un suburbio y más tarde en parte del cuerpo de la ciudad; pero para el ojo del nativo sigue siendo inconfundible. Los coches de la comisaría de Kentish Town patrullan áreas que bien podrían ser provincias separadas: las calles bulliciosas e iluminadas de Camden Town y Kentish Town, el sector de las prostitutas alrededor de la estación de King’s Cross, sórdidos edificios comunales y kilómetros cuadrados de sombrías casas de clase media; también patrullan caminos aledaños a Highgate Hill, donde, por encima de estanques, magníficas mansiones sombrías atisban la bruma de Hampstead Heath y uno cree estar en el campo.

Cinco

Los norteamericanos siempre han derrochado luz eléctrica =quizá porque fueron los primeros en beneficiarse a larga escala de los inventos de Edison- y uno de los efectos subsidiarios de su despilfarro ha sido la creación de belleza donde antes no la había. De día, el norte de Nueva Jersey es un campamento de nómadas industriales: refinerías de petróleo, explanadas de depósitos y contenedores, alambrados, montañas de chatarra automovilística, restaurantes de cemento, bares y gasolineras que parecen inaugurados ayer y dispuestos a cerrar mañana. Por la noche, la desolación se recama de luces de colores y parece un país de hadas. Por la noche, los delicados encajes de luces de los puentes ferroviarios forman círculos imperfectos con los delicados encajes de luces de los ríos contaminados. Por la noche, desde el aire, grises pueblos de planicie titilan como joyas y el vacío se vuelve festivo y tachonado de estrellas. Más que ningún otro país, Estados Unidos ha entrado en la noche y la ha transformado en un acontecimiento.

Seis

Considerado bajo esta luz, el pensamiento onírico es una versión democrática, accesible a todos, de esa especie de pensamiento subliminal, instintivo, pre-verbal, que en las personas creativas solemos llamar inspiración. No obstante estas personas deben cumplir después el esmerado proceso de traducir las intuiciones a formas lógicas o en general comunicables: ecuaciones matemáticas, enunciados filosóficos, cuadros, poemas, jugadas de ajedrez. La interpretación de los sueños no es sino una variación entre otras de este tema trabajoso.

Siete

Estar loco significa vivir en un mundo cerrado, alucinatorio, tan poderoso que la realidad no puede siquiera filtrarse; y precisamente así se siente el soñador cuando es presa de un sueño. Pero el soñador se despierta, y lo que le queda es la irredimible rareza de algo que, en sueños, le pareció perfectamente racional. Desde que los seres humanos se cuentas los sueños, la flagrante discontinuidad entre esos dos mundos -el mundo al cual el dormido abre los ojos y la distorsionada, desorientada tierra fantástica que acaba de dejar, poblada de presencias tan extrañas como vívidas, donde el tiempo estalla hacia dentro y hechos imposibles parecen normales- ha sido una fuente perpetua de desconcierto. La proporción de Shakespeare de que «la imaginación del loco, la del amante y la del poeta / son de la misma materia concisa» no le eriza el pelo a nadie, porque nadie toma al poeta o el amante muy en serio. Pero resulta muy difícil convivir con la idea de que el sueño es el umbral de la locura para todos.


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Sie7e Párrafos | 27 de diciembre de 2018

Finalmente, una visión realista del pasado y el presente (socio-económicamente hablando) de la humanidad

Grandes avances de la humanidad
Johan Norberg
El Ateneo

Selección y comentario por Juan José Llach, economista y sociólogo argentino. Actualmente es docente universitario e investigador, como profesor emérito del IAE-Universidad Austral, y miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y de las academias nacionales de Educación y de Ciencias Económicas.

Uno (mi comentario)

Me parece un libro imprescindible para tener una visión realista del pasado y de la actualidad socioeconómica de la humanidad, una visión capaz de separar el trigo de la paja de la presente globalización. Su logro más notorio es el progreso económico, pero Norberg concentra sus esfuerzos en los progresos sociales: alimentación, salud, esperanza de vida, combate a la pobreza, a la violencia y al trabajo infantil, libertad y derechos de las mujeres y de algunas minorías. (…)

(sigue mi comentario)

Lo hace porque encuentra que, en los países desarrollados, gran mayoría de personas cree que el mundo está mal, y empeorando. Pienso que lo mismo ocurre en América Latina, incluyendo a la Argentina, por haber sido la región de menor crecimiento económico, con algunas excepciones nacionales. Sin perjuicio de sus notorios méritos, hay un defecto importante del libro. En el capítulo “Igualdad” no analiza la concentración del ingreso y de la riqueza que se ha producido en muchos países. Tal es la principal falencia de la globalización en curso, y también factor relevante del fortalecimiento de los populismos nacionalistas que, está claro, no tienen soluciones. El mensaje que me deja este libro es que hay que hacer todo lo posible para preservar una economía mundial integrada y abierta, pero que ello requiere, políticamente, mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza.

Dos (la selección)

Como parte de mis estudios, empecé a leer historia y a viajar por el mundo. Descubrí que ya no podía idealizar aquellos buenos tiempos una vez que empecé a entender lo que realmente habían sido. Uno de los países en los que enfoqué mis estudios sufrió de desnutrición crónica; era más pobre con una esperanza de vida más corta y una mortalidad en la niñez más alta que el país africano subsahariano promedio. Ese país era la Suecia de mis antepasados hace ciento cincuenta años. La verdad es que los buenos viejos tiempos fueron horribles.

Tres

Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió veintiséis hambrunas en el siglo XI, cuatro en el XIV, siete en el XV, trece en el XVI, once en el XVII y dieciséis en el XVIII. En cada siglo, hubo también cientos de hambrunas locales. El consumo per cápita en Francia en Inglaterra aumentó de unas 1700-2200 calorías a mediados del siglo XVIII a unas 2500-2800 en 1850. Las hambrunas comenzaron a desaparecer. A principios del siglo XX, Suecia fue declarada libre del hambre crónica.

Cuatro

Un escritor del siglo XVIII describió Versalles como “el receptáculo de todos los horrores de la humanidad: los pasajes, pasillos y patios están llenos de orina y materia fecal. Un estudio halló que el agua limpia era responsable del 43% de la reducción total de la mortalidad, del 74% de la reducción de la mortalidad en la infancia y del 62% de la reducción de la mortalidad en la niñez. En 1980, no más del 24% de la población mundial tenía acceso a instalaciones sanitarias adecuadas. En 2015, este porcentaje ya había aumentado hasta el 68%. En Nairobi, Kenia, uno de los barrios marginales más grandes de África, veo personas que dedican una hora o más por día a ubicar a un vendedor de agua y esperar en fila que las atiendan.

Cinco

A comienzos del siglo XIX, incluso las tasas de pobreza de los países más ricos eran más altas que las de los países pobres hoy. Desde 1950, el PBI per cápita de la India ha crecido cinco veces; el de Japón, once veces, y el de China, casi veinte veces. Aproximadamente nueve de cada diez chinos vivían en la pobreza extrema en 1981, y hoy solo lo hace uno de cada diez. En la Cumbre del Milenio de la ONU del año 2000, los países del mundo fijaron el objetivo de reducir a la mitad la incidencia de pobreza extrema de 1990 hacia 2015. Este se logró cinco años antes de la fecha límite. A pesar de que la población mundial creció en más de dos mil millones entre 1990 y 2015, el número de personas que viven en la pobreza extrema se redujo en más de mil doscientos cincuenta millones. Esto significa que la pobreza extrema se redujo más de cincuenta millones por año y casi 138.000 personas por día durante veinticinco años. En 1820 solo había unos sesenta millones de personas que no vivían en la pobreza extrema en todo el mundo; en la actualidd son más de seis mil quinientos millones. Por lo tanto, el riesgo de vivir en la pobreza se ha reducido del 94% a menos del 11%.

Seis

Desde la independencia de la India en 1947, la tasa de alfabetización ha aumentado de 12% a 74%, con lo que la India aun tiene la mayor población analfabeta del mundo. La tasa actual de alfabetización juvenil -es decir, la alfabetización entre los jóvenes de quince a veinticuatro años- supera el 90%. Hace doscientos años el 12% de la población mundial podía leer y escribir. La tasa mundial de alfabetización aumentó de alrededor de 21% en 1900 a casi 40% en 1950, y en 2015 fue de 86%. El número de niños no escolarizados en el mundo entero ha disminuido de cien millones a cincuenta y siete millones entre 1990 y 2015, a pesar de que la población sea mucho mayor. Más de la mitad viven en África subsahariana.

Siete

El índice global de brecha de género de 2015, que cubrió 142 países y fue realizado por el Foro Económico Mundial, nos da una idea de cuán lejos hemos llegado y de lo que nos queda por hacer. La posición de los hombre de hoy es más feminista que la de las mujeres de la década de 1970.


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Sie7e Párrafos | 27 de diciembre de 2018

Una resignificación del debate sobre el valor de la obra del arte

Modos de ver
John Berger
GG

Selección y comentario por Eduardo Levy Yeyati, doctor en economía, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, profesor visitante de la Harvard Kennedy School of Government e investigador principal del CONICET. Sus libros más recientes son Después del trabajo: El empleo argentino en la cuarte revolución industrial (Sudamericana, 2018) y la novela El juego de la mancha (Literatura Random House).

Uno (mi comentario)

Berger es una rara avis. Lúcido crítico marxista y eximio novelista, en este ensayo conciso y visual, basado en su guión del programa homónimo de la BBC (disponible online), le entra de lleno a la representación occidental y su connivencia incómoda con las convenciones, el mercado y la publicidad. El libro no es sólo una disección crítica de los lugares comunes culturales sino también una resignificación del debate sobre el valor de la obra del arte (hoy renovado por la aparición de la inteligencia artificial), un ensayo psicológico proto feminista y una teoría del deseo como envidia y de la publicidad como control social. ¿Qué más se puede pedir de un libro que puede leerse en un par de horas?

Dos (la selección)

Las imágenes Se hicieron al principio para evocar la apariencia de algo ausente. Gradualmente se fue comprendiendo que una imagen podía sobrevivir al Objeto representado; por tanto, podría mostrar el aspecto que había tenido algo o alguien, y por implicación como lo habían visto otras personas. Posteriormente se reconoció que la visión específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado. Y así, una imagen se convirtió en un registro del modo en que X había visto a Y. Esto fue el resultado de una creciente conciencia de la individualidad, acompañada de una creciente conciencia de la historia. Sería aventurado pretender fechar con precisión este último proceso. Pero sí podemos afirmar con certeza que tal conciencia ha existido en Europa desde comienzos del Renacimiento.

Tres

Todas las reproducciones introducen una distorsión mayor o menor, y  por tanto la pintura original sigue siendo única en cierto sentido. Después de ver una reproducción de  La Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci, uno puede ir a la National Gallery y contemplar el original para descubrir qué le falta a la reproducción. O bien, es posible también que uno olvide las cualidades de la reproducción y recuerde Simplemente, cuando vea el original, que se trata de un famoso cuadro del que ya ha visto en algún lugar una reproducción. Pero en ambos casos, la unicidad del original radica en Ser el original de una reproducción. Lo que percibimos como único ya no es lo que nos muestra su imagen; Su primera significación ya no estriba en lo que dice, sino en lo que es.

Cuatro

Esta analogía entre la posesión y el modo de ver el contenido de una pintura al óleo es un factor que suelen ignorar los expertos en arte y los historiadores. Significativamente, es un antropólogo el que ha llegado más cerca de su reconocimiento.

Cinco

Lévi-Strauss escribe: (Conversations With Charles Charbonnier, Cape Editions). “En mi opinión, este deseo ávido y ambicioso de tomar posesión del objeto en beneficio del propietario o incluso del espectador constituye uno de los rasgos más originales del arte de la civilización Occidental. Si esto es cierto aunque quizá sea excesivamente amplio el intervalo histórico que abarca la generalización de Lévi-Strauss la tendencia alcanzó su apogeo durante el periodo de la tradicional pintura al óleo.  

Seis

Ser envidiado es una forma Solitaria de reafirmación, que depende precisamente de que no compartes tu experiencia con los que te envidian. Eres observador con interés, pero tú no observas con interés, porque si lo hicieras, resultarías menos envidiable. En este sentido, los envidiados son como los burócratas: cuanto más impersonales son, más grande es su ilusión de poder (de poder para sí o para otros). El poder de la fascinación reside en su supuesta felicidad; el poder del burócrata, en su supuesta autoridad. Esto explica la mirada ausente, perdida, de tantas imágenes fascinantes. Miran por encima de las miradas de envidia que las sostienen.

Siete

La publicidad tiene otra importante función social. El hecho de que esta función no sea deliberadamente planeada por los que hacen y usan la publicidad no disminuye en lo más mínimo su importancia. La publicidad convierte el consumo en un sustituto de la democracia. La elección de lo que uno come (o viste, o conduce) ocupa el lugar de la elección política significativa. La publicidad ayuda a enmascarar y compensar todos los rasgos antidemocráticos de la sociedad. Y enmascarar también lo que está ocurriendo en el resto del mundo.  


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Sie7e Párrafos | 27 de diciembre de 2018

Radiografía del ego, la disciplina y la inseguridad de quienes escriben

El arte de la ficción
James Salter
Salamandra

Selección y comentario por Federico Bianchini, periodista y escritor. Autor de los libros “Antártida: 25 días encerrado en el hielo” y ” Cuerpos al límite”.

Uno (mi comentario)

El arte de la ficción, de James Salter, es un libro breve e intenso. Escrito para quienes escriben. El ego, la disciplina y la inseguridad son algunos de los tópicos de estas tres conferencias que el autor norteamericano dictó a los 89 años: El arte de la ficción, Escribir novelas, Convertir la vida en arte.

(sigue mi comentario)

Conferencias que Salter, puede uno suponer a partir de lo leído, escribió con pasión: no sólo cuenta cómo hizo lo que hizo (algo interesante incluso si uno no tiene idea de lo que Salter hizo): también recomienda autores y lecturas. Y uno termina de leer y tiene ganas de escribir. Y uno termina de leer y tiene ganas de leer. No muchos pueden generar eso.  

Dos (la selección)

Por supuesto, no todas las palabras pueden ser la palabra perfecta. No todas las habitaciones tienen vistas al río. Hay miles de palabras ordinarias que componen un libro, igual que en un ejército hay muchos soldados de pie y algún que otro héroe. Pero no debería haber palabras fuera de lugar o palabras que degraden la frase o la página. Has de tener paladar para lo que estás escribiendo. Has de ser capaz de reconocer cuándo se ha echado a perder.

Tres

Al principio, cuando empiezas como escritor, no sueles tener una voz propia. Suelen afectarte la influencia o la atracción de un escritor consolidado, alguien cuyos libros y aura te deslumbran. Intentas seguir sus pasos. Adoptas su forma de ver las cosas. Poco a poco, sin embargo, el vínculo se debilita y te sientes atraído hacia otros escritores, aunque no tan intensamente, y tu propia escritura, a fuerza de práctica, cambia, hasta que llega un momento en que cuando escribes eres tú mismo, del todo, sin mediación, y suenas tal como eres.

Cuatro

Componer una novela es un proceso largo –gente, lugares– y no es posible retenerlo todo en la cabeza. Hay demasiados detalles. «Has de tener una capacidad enorme de resistencia para ser novelista -dijo Anthony Powell-. Tienes que hacer un montón de tareas aburridas y perseverar día tras día, y si no es capaz de eso, poco importa que tengas toda la imaginación del mundo.» Según él, era una cuestión de aguante, «como casi todo en la vida».

Cinco

Las cosas que has escrito no envejecen contigo, o por lo menos así me lo parece. Tal vez quedan marcadas por el tiempo, pero no se puede estar al día cuando el tiempo ya ha pasado. O perduran en el margen de cualquier época o dejan de existir. La literatura avanza así. Los libros señalan un período o un lugar, y poco a poco se convierten en ese lugar y ese momento.

Seis

Escribo más o menos como todo el mundo, creo. Intento escribir con regularidad. Cada día me cuesta arrancar. Si consigo dejar una línea o unas pocas palabras que me ayuden a retomar el hilo, va un poco mejor. A veces el día va bien. A menudo, no. Me he resignado a la certeza de que lo que escriba me decepcionará. Escribo cuando no me apetece, pero no cuando me asquea. Creo que escribo para cierto tipo de persona -no voy a definir exactamente quién, aunque tal vez sea una mujer-, pero no para todo el mundo. Para una mujer inteligente, como dijo Bábel.

Siete

No siempre escribes en tu escritorio. Lo haces en otros sitios y te llevas el libro a cuestas. Te acompaña, lo tienes en la cabeza a todas horas, lo repasas, atento a posibles conexiones. Se convierte en tu principal compañero, en el sentido literal de la palabra, puedes hablarle en voz baja. Se convierte en tu único compañero.


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Sie7e Párrafos | 26 de diciembre de 2018

Sí, los cuerpos son discursos (y otras lecciones de feminismo)

Cuerpo que Importan
Judith Butler
Paidós

Selección y comentario por Elsa Drucaroff, escritora y docente, Doctora en Ciencias Sociales, investiga y enseña en Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Publicó novelas, antologías y ensayos sobre literatura argentina contemporánea y teoría crítica.

Uno (mi comentario)

Significar es el único modo de materializarse, dice Butler. La materia de los cuerpos biológicos, de los sexos, no existe como materia hasta que no se significa. Es decir: los cuerpos son discursos. No hay oposición materia-discurso. La materia es un efecto del discurso. Son los actos de habla, las interpelaciones, repetidos una y otra vez por la cultura, machacando una y otra vez sobre lxs seres humanxs, los que se confunden con el poder y materializan nuestros cuerpos, sexos y géneros. (…)

(sigue mi comentario)

Pero esta operación es siempre imperfecta y quedan afuera aquellos seres-cuerpos que se le resisten, que no responden como se preveía. Entonces el poder constituye ese afuera en una abyección que al mismo tiempo define lo que sí está bien, lo que sí se materializa o importa (Butler juega con el verbo matter -importar- y el sustantivo matter -materia- en inglés). Los cuerpos que importan. Contra esto, ¿qué acciones políticas podrían materializar, hacer importar ese exterior abyecto? ¿Cómo derrotar el poder de la matriz de la heterosexualidad obligatoria? Butler retoma en este libro su polémica crítica al feminismo -planteada en su ensayo anterior El género en disputa- según la cual “la mujer no existe” (tampoco el hombre), salvo como creación del poder/discurso, y lo realmente abyecto y expulsado es lo queer. Se opone así a Luce Irigaray (trabajando en contra de la cual erige su propio pensamiento) y se apoya en conceptos lingüísticos (la teoría de Austin de la performatividad del lenguaje, capaz de hacer cosas con las palabras; la dimensión iterativa por la que las lenguas expresan que algo ocurre repetidamente); Butler se inclina con frenesí ante el dogma filosófico de moda según el cual cualquier atisbo de sospecha de que que existen sujetos o hay identidades debe repudiarse por metafísico y sustancialista. Sin embargo, toda la propuesta de Butler supone una mirada metafísica no asumida, porque para ella el discurso construye todo (“En el principio era el Verbo…”), incluso la materia. Y aunque acorralada dice que sí, que la materia existe antes del discurso, se niega a admitir que eso tenga alguna consecuencia pertinente para entender a las personas. Estoy en desacuerdo con casi todo este enfoque y sin embargo creo que Cuerpos que importan es de lectura imprescindible para el feminismo, aunque sea para criticarlo, porque más allá de mi disenso con su tesis central, describe brillantemente el poder performático de los discursos que constituyen los géneros y además nos obliga a ser conscientes de un grave error en el que buena parte de la teoría feminista (Irigaray sobre todo, pese a que su obra es clave) se deslizó una y otra vez: hacer equivaler la femineidad heterosexual culturalmente construida con el concepto mujer.

Dos (la selección)

“Creo que muchos han pensado que para que el feminismo pueda operar como práctica crítica, debe basarse en la especificidad sexuada del cuerpo de la mujer. Aun cuando la categoría de sexo siempre se reinscriba como género, ese sexo debe aún suponerse como el punto irreductible de partida para las diversas construcciones culturales de las que habrá de hacerse cargo. Y este supuesto del carácter material irreductible del sexo pareció fundamentar y autorizar las epistemologías y la ética feministas, así como los análisis generizados de diversa índole. En un esfuerzo por desplazar los términos de este debate, quiero preguntarme cómo y por qué la “materialidad” ha llegado a ser un signo de irreductibilidad, es decir, ¿cómo llegó a entenderse la materialidad del sexo como aquello que sólo responde a construcciones culturales y, por tanto, no puede ser una construcción? ¿Cuál es la jerarquía de esta exclusión? ¿Es la materialidad un sitio o una superficie que ha sido excluida del proceso de construcción, como aquello a través de lo cual y sobre lo cual opera la construcción? ¿Es ésta tal vez una exclusión capacitadora y constitutiva, sin la cual no puede operar la construcción? ¿Qué ocupa este sitio de materialidad no construida? Y ¿qué tipos de construcciones quedan excluidas en virtud de la representación de este sitio como un lugar exterior o que está debajo de la construcción misma?”

Tres

“La clásica asociación entre femineidad y materialidad puede hallarse en una serie de etimologías que vinculan la materia con la mater y la matriz (o el útero) y, por lo tanto, con una problemática de la reproducción. La configuración clásica de la materia como un sitio de generación u originación se vuelve particularmente significativa cuando explicar qué es y qué significa un objeto exige recurrir a su principio originador. Cuando no se la asocia explícitamente con la reproducción, la materia se generaliza como un principio de originación y causalidad. En griego, hyle [se traduce como materia y también como madera] es la madera o el leño a partir del cual se realizan diversas construcciones culturales, pero también es un principio de origen, desarrollo y teología, a la vez causal y explicativo. Este vínculo entre la materia, el origen y la significación sugiere la indisolubilidad delas nociones griegas clásicas de materialidad y significación. Lo que importa de un objeto es su materia”.

Cuatro

“En la noción de interpelación de Althusser, es la policía quien inicia el llamado o la demanda por la cual un sujeto llega a constituirse socialmente. Existe el policía, quien no sólo representa la ley, sino cuya interpelación “Eh, usted” tiene el efecto de imponer la ley a la persona exhortada. Ese “individuo” que no se encuentra en una situación de infracción antes de que se lo interpele (para quien el llamado establece una determinada práctica como infracción) no es plenamente un sujeto social, no está plenamente sojuzgado, porque él o ella no ha sido aún amonestado. La reprimenda no se limita a reprimir o controlar al sujeto, sino que forma una parte esencial de la formación jurídica y social del sujeto. El llamado es formativo, sino ya performativo, precisamente porque inicia al individuo en la condición sojuzgada del sujeto”.

Cinco

“Althusser destaca la contribución hecha por Lacan a un análisis estructural de esta índole y sostiene que persiste una relación de desconocimiento entre la ley y el sujeto al que ésta obliga. Aunque se refiere a la posibilidad de que existan “sujetos malos”, Althousser no considera la gama de desobediencias que podría producir una ley interpelante de este tipo. El sujeto no sólo podría rechazar la ley, sino también quebrarla, obligarla a una rearticulación que ponga en tela de juicio la fuerza monoteísta de su propia operación unilateral. Allí donde se espera la uniformidad del sujeto, donde se ordena la conformidad de la conducta del sujeto, podría producirse el repudio de la ley en la forma de un acatamiento paródico que cuestione sutilmente la legitimidad del mandato, una repetición de la ley en forma de hipérbole, una rearticulación de la ley contra la autoridad de quien la impone. Aquí lo performativo, la demanda que hace la ley en procura de producir un sujeto legal, provoca una serie de consecuencias que exceden y confunden lo que aparentemente es la intención de imponer disciplina, que motiva la ley. De modo que la interpelación pierde su rango como simple performativo, un acto del discurso que tiene el poder de crear aquello a lo que se refiere y crea más de lo que estaba destinado a crear, un significante que excede a cualquier referente pretendido”.

Seis

“Los términos políticos que apuntan a establecer una identidad segura o coherente se ven perturbados por este fracaso de la performatividad discursiva incapaz de establecer finalmente y por completo la identidad a la que se refiere. La iterabilidad destaca el hecho de que tales términos no son idénticos en sí mismos; el exterior constitutivo significa que la identidad siempre requiere precisamente aquello que aborrece. En el marco del debate feminista, un problema de creciente interés es cómo conciliar la aparente necesidad de formular una política que asuma la categoría de “mujeres” con la demanda, a menudo articulada políticamente, de problematizar la categoría, de cuestionar su coherencia, su disonancia interna y sus exclusiones constitutivas. En los últimos años, los términos de identidad parecieron prometer, de diferentes maneras, un reconocimiento pleno. Dentro de los términos psicoanalíticos, la imposibilidad de que una categoría de identidad cumpla esa promesa es consecuencia de una serie de exclusiones que experimentan los sujetos mismos cuyas identidades supuestamente habrían de representar tales categorías. En la medida en que se las etienda como puntos de unión, como fuerzas que tienden a promover la movilización política, las afirmaciones de identidad parecen ofrecer la promesa de unidad, solidaridad y universalidad. Como corolario, uno podría interpretar pues que el resentimiento y el rencor contra la identidad son signos de un disentimiento y una insatisfacción provocados por la imposibilidad de que esa promesa se cumpla”.

Siete

“En realidad, la temporalidad del término “queer” es precisamente lo que me importa analizar aquí: ¿cómo es posible que una palabra que indicaba degradación haya dado un giro tal haya sido “refundida” en el sentido brechtiano que termine por adquirir una nueva serie de significaciones afirmativas? ¿Es ésta una mera inversión de valoraciones en virtud de la cual “queer” puede significar, o bien una degradación pasada, o bien una afirmación presente o futura? Cuando el término se utilizaba como un estigma paralizante, como la interpelación mundana de una sexualidad patologizada, el usuario del término se transformaba en el emblema y el vehículo de la normalización y el hecho de que se pronunciara esa palabra constituía la regulación discursiva de los límites de la legitimidad sexual. Gran parte del mundo heterosexual tuvo siempre necesidad de esos seres “queers” que procuraba repudiar mediante la fuerza performativa del término. Si el término ha sido sometido hoy a una reapropiación, ¿cuáles son las condiciones y los límites de esa inversión significante? Esa inversión, ¿reitera la lógica de repudio mediante la cual se engendró el término? ¿Puede el término superar su historia constitutiva de agravio¡ ¿Presenta hoy la oportunidad discursiva para construir una fantasía vigorosa y convincente de reparación  histórica? ¿Dónde y cuándo un término como “queer” experimenta, para algunos, una resignificación afirmativa, cuando un término como “nigger” [vocablo despectivo para referirse a la gente de raza negra], a pesar de todos los esfuerzos y reivindicaciones recientes, sólo parece capaz de reinscribir su dolor? ¿Cómo y dónde reitera el discurso los agravios, de modo tal que los diversos esfuerzos por recontextualizar y resignificar una determinada palabra siempre encuentran su límite en esta otra forma más brutal e implacable de repetición?”


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Sie7e Párrafos | 20 de diciembre de 2018

Talese antes de Talese: historia magistral de un puente

El Puente
Gay Talese
Alfaguara

Selección y comentario por Soledad Vallejos, periodista (“Olivos. Historia secreta de la Quinta Presidencial” es mi último libro, por ahora) y docente. Escribe y edita todos los días en Página/12.

Uno (mi comentario)

Gay Talese es lo más parecido a un prestidigitador que tiene el periodismo. No importa el objeto, no importan los datos, no importa cuánto haya transcurrido desde la publicación porque de algún modo construye un universo imperecedero. A Talese se vuelve siempre. En lo que a mí respecta, lo leo menos por la información (que produce, que recoge, que sabe rastrear; que inventa cómo trabajar) que por la sensación de ser su testigo. (…)

(sigue mi comentario)

(…) Leerlo es sentarse en la platea y dejarse deslumbrar: cómo encuentra la punta de eso que antes de él ni siquiera era un ovillo, bajo qué piedra halló historias, de qué manera vuelve natural el hilado de datos que antes de él parecían inconexos y luego sólo podrían leerse en combo. Lo hizo en textos clásicos, lo hace también en El puente, que en su producción suele quedar invisibilizado, casi un texto menor en medio de gigantes como Honrarás a tu padre (el trabajo épico para el cual, durante una década, Talese se hizo amigo del clan Bonanno, la familia más poderosa de la mafia neoyorkina, pero sólo para retratar la decadencia; ese libro inspiró, mucho tiempo después, Los Soprano), Los hijos (donde corre riesgos enormes, porque la familia de la cual se sirve para construir una historia del siglo XX —migraciones, guerras, desencuentros— es la propia) y varios de los Retratos y recuerdos (por empezar, el modélico “Frank Sinatra está resfriado”). Y sin embargo El puente es todo menos pequeño. De algún modo, es un boceto en el que aparecen los hilos de lo que vendrá. En una rutina de ingeniería, en algo cuyos detalles técnicos sólo podrían fascinar a ingenieros y junkies de cierta información, Talese ve universos humanísimos: barrios desarmados por la llegada de una obra de infraestructura que modificará la dinámica cotidiana, obreros nómades cuyas vidas (laborales y amorosas) siguen los derroteros del dinero de la construcción por todo el país, pequeñas buddy movies en vigas suspendidas a cientos de metros de altura, fracasos, vocaciones. Todo lo cuenta, todo lo ve, y lo hace en compañía de un cómplice silencioso y necesario, cuyo nombre es menos célebre y menos visible pero sin cuya mirada El puente no sería lo mismo: Bruce Davidson, el fotógrafo de Magnum que acompañó, en la década del 60, las expediciones de Talese a las obras del puente Verrazano-Narrows. Sin esa dupla de varones devenidos entomólogos del mundo de otros varones, ¿cómo habrían sobrevivido las pequeñas memorias de esos obreros, de ese barrio, de esas horas del siglo XX que quizá no cambiaron millones de vidas y sin embargo importan? Las ediciones de los últimos años, además traen yapa: Talese vuelve a la escena del crimen (y a rastrear a los criminales) 50 años después; derribadas las Torres Gemelas, en proceso de reconstrucción la zona del WTC, ¿qué pasó con esas personas? Alabados sean los epílogos.

Dos (la selección)

“Al llegar lo recibieron familiares a los que había olvidado hacía mucho y que le dispensaron el tratamiento reservado a los héroes; pero luego comenzaron a relatarle sus males, su pobreza y sus problemas. Viendo la que se le venía encima, enseguida procedió a contarles sus problemas, sin escatimar detalle, explicándoles que no estaba al día con el alquiler de su zapatería de Brooklyn, que lo habían echado sin un centavo de indemnización y que ahora se encontraba en Italia, de regreso al punto de partida. Y todo por culpa del maldito puente que iba a construirse, un puente que los estadounidenses pensaban bautizar con el nombre de un explorador italiano que los familiares del zapatero jamás habían oído hablar, un tal Giovanni da Verrazzano, quien en 1524 había descubierto la bahía de Nueva York con un barco fletado por los franceses. El zapatero habló y habló, gesticulando con las manos, enfatizando sus puntos de vista y dejando bien claro que no era ningún hermanito de la caridad. Uno o dos días después, se puso a la labor de intentar vender sus tierras de labranza…”.

Tres

“Aquel puente era ya inevitable. Y era inevitable que lo odiaran. Veían el puento venidero no como una señal de progreso, sino como un símbolo de destrucción, un monstrui marino descomunal que pronto surgiría de las aguas para demoler ochocientos edificios y forzar a siete mil habitantes de Bay Ridge a desplazarse. A todo tipo de gente: amas de casa, camareros, el capitán de un remolcador, médicos, abogados, un chulo, abstemios, borrachos, secretarias, un exboxeador, una antigua bailarina de la compañía Ziegfeld Follies, una familia con diecisiete hijos (más dos perros y un gato), un dentista que acababa de gastarse trece mil dólares en la instalación de unas sillas nuevas, un vegetariano, un empleado de banca, el subdirector de una escuela y dos amantes: un divorciado de cuartenta y un años y una mujer atrapada en un matrimonio infeliz que vivía en la acera de enfrente. Los amantes se citaban cada tarde en el apartamento de él para hacer el amor y preguntarse qué los aguardaba, preguntarse si ella sería capaz de confesárselo a su marido y abandonar a los niños. De golpe, ese puente se interponía entre los amantes, proponiéndose destruir su barrio y las plácidas tardes que pasaban juntos. En 1959 aquellos dos amantes no tenían ni idea de lo que iban a hacer”.

Cuatro

“«Aquel puente fue su primogénito y el parto resultó difícil –comentó en cierta ocasión su esposa–. Siempre será su favorito». Pese a su renuencia a caer en sentimentalismos, Othmar H. Ammann describió una vez el efecto que le causaba: «Es como tener una hija muy bella y resulta que tú eres su padre»”.

Cinco

“Aunque el puente Verranzano-Narrows iba a requerir 188.000 toneladas de acero –tres veces la cantidad empleada en el Empire State Building–, a Ammann le constaba que siempre sería una estructura inestable, que el viento siempre se balancearía ligeramente. Sus cables de acero se expandirían con el calor y se contraerían con el frío, al tiempo que su calzada estaría 4 metros más próxima al agua en verano que en invierno. Algunos días de verano en los que el calor apretara con fuerza durante muchas horas, el sol impactaría con semejante intensidad contra uno de los costados de la estructura que podría llegar a deformar ligeramente el acero, consiguiendo que el lado expuesto al sol fuera una fracción más baja que el que permaneciera en sombra. Por ella Ammann sabía que cualquier medición precisa que debiera realizarse durante la construcción del puente debería llevarse a cabo de noche”.

Seis

“En realidad, el dicho miente; también se les cae dinero. Billetes de cinco dólares, de diez, incluso alguno de veinte han salido volando algún viernes ventoso. El viernes es día de paga. Y, durante los meses dedicados al tendido de los cables, cuando las jornadas laborales se alargaban muchas horas, los hombres recibían sus honorarios en el puente, entregados en mano por cuatro contables que recorrían las pasarelas acarreando más de doscientos mil dólares en efectivo, repartidos en fajos en el interior de maletines para equipos fotográficos. El dinero iba en sobres cerrados que llevaban impreso el nombre del trabajador, el cual debía firmar un recibo. Algunos de ellos no podían evitar abrir el sobre tras firmar el recibo para contar el dinero, momento en el que el viento se les llevaba algún billete. Los había más prudentes, que rasgaban apenas una esquina del sobre y, sujetándolo con fuerza, contaban pasando el dedo por las puntas de los billetes. Otros se limitaban a meterse el sobre en el bolsillo sin preocuparse de contar. Y luego estaban los que andaban tan concentrados en su trabajo, tan absorvidos por la fiebre competitiva que despertaba el cableado, que, cuando el contable se les acercaba con el recibo, el lápiz y el sobre, garabateaban su nombre a toda prisa y se olvidaban de recoger el dinero”.

Siete

“Hoy, en 2014, el recuerdo de aquellas protestas desplegadas en los años 1950 solo permanece vivo en un número menguante de personas. Sin embargo, un joven residente de la zona, nacido en 1962 y llamado David Capobianco, creció admirando la torre del puente que queda del lado de Brooklyn, a la que se considera «el monumento de nuestro barrio». Su presencia imponente, que dominaba el skyline allá donde posara la vista, lo inspiró para alcanzar grandes metas en el futuro como ingeniero”.


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Sie7e Párrafos | 20 de diciembre de 2018

Viaje al centro de Corea del Norte

En Corea del Norte
Florencia Grieco
Debate

Selección y comentario por Silvia Mercado, periodista, docente de comunicación estratégica y autora de “El inventor del peronismo” y “El relato peronista”, entre otros libros. Actualmente trabaja en Infobae como acreditada en la Casa Rosada. Viajo a Corea del Norte en 1989 cuando trabajaba en Página/12.

Uno (mi comentario)

¿Qué fue lo que le llevó a Florencia Grieco a viajar no una, sino dos veces al lado oscuro del mundo, ese territorio que parece hundido en un tiempo ignoto, donde no llega Internet ni es posible trasladarse sin el control obsesivo de un espía, una sociedad que vive aislada y domesticada bajo la idea “zuche”, la doctrina inaugurada por Kim Il Sung, una curiosa monarquía comunista? (…)

(sigue mi comentario)

(…) La curiosidad de Grieco es hija de la intuición. Trabajaba en la sección internacionales del diario Crítica. Había días que no tenía demasiado que hacer, porque la agenda exterior no interesaba demasiado en el ombligo del mundo que es la Argentina, y empezó a leer y a interesarse por esa curiosa geografía que, justo en ese tiempo, pasaba a manos de Kim Jong Il y la hambruna se instalaba con fiereza.

Pero no le alcanzó con la información que leía en los cables de las agencias internacionales. Buscó los pocos documentales que se filmaron y se contactó con los pocos que viajaron. Nada alcanzaba a saciar los interrogantes que le generaba ese país lejano y aislado, así que un día logró que se alinearan todos los planetas y sin tener siquiera visa de ingreso se animó a viajar a Pekín, desde donde salía un tren que cruzaba el campo norcoreano para llegar a Pyongyang, la misteriosa ciudad capital.

Antes de irse a dormir, recibió unas indicaciones precisas. “No puede salir sola del hotel. No puede apartarse de sus guías ni del grupo con el que viaja sin autorización. No puede tomar fotos a edificios en construcción ni a personal e instalaciones militares. No puede girar, correr ni hacer ademanes inapropiados en los lugares dedicados a los líderes. No debe tocar las imágenes de los líderes. No puede cortar las caras de los líderes al sacar fotos de sus retratos o de sus estatuas, debe tomar imágenes de las figuras completas y sin reflejos. No debe desobedecer las indicaciones de los guías”. Había llegado a Corea del Norte.

Ya en la mañana siguiente conoció el sentido de la escasez. Estaba en un hotel 5 estrellas pero el desayuno, lujoso en el contexto coreano, era magro, carente de lácteos. Tampoco había demasiada energía. Para ahorrar electricidad, los 7 u 8 ascensores solo funcionaba uno, y ella estaba alojada en el piso 42.

Todo lo que cuenta Grieco es apasionante y lo hace con un ritmo notable, que exige leer más para conocer nuevos y más escalofriantes detalles. La ciudad es oscura a la noche, no hay tránsito por las calles, casi no hay gente en los restaurantes ni en las bibliotecas, los mapas son imposibles de leer. Sin embargo, hay un subterráneo súper moderno y el más profundo del mundo, construido en la década del 70, cuando había financiamiento de la Unión Soviética.

Allí fue que se animó a tomar una foto de una mujer sonriendo. “Me volví, eufórica, tratando de encontrar alguien a quien contarle lo que acababa de pasar, alguien a quien mostrarle esa imagen de la mujer sonriendo en el vagón. Bastó un segundo de cordura para convencerme de que exageraba; después de todo, ¿qué podía tener de extraordinario la foto de una mujer sonriendo en un vagón de un subterráneo? Nada, por cierto. Pero Corea del Norte tiene ese efecto sobre el visitante occidental: vuelve inquietante lo normal”, escribió Grieco.

Conocí ese país en 1989, antes de la caída del Muro. El libro de Grieco tiene la inusual capacidad de relatar ese país que está del otro lado del espejo con un talento que hace atractiva esa experiencia a la que muy pocos se animaron. Hasta dan ganas de viajar. Aunque digamos todo: ella no lo recomienda y yo tampoco.

Dos (la selección)

“El primer norcoreano que conocí era espía. No me pregunten su nombre verdadero porque no lo sé ni quiero saberlo. Solo conozco su «nombre inglés», el nombre de fantasía, para ser más precisos, con que muchos jóvenes asiáticos se rebautizan cuando salen al mundo: Alex Lee.

No adiviné que era un enviado de Pyongyang hasta mucho tiempo después, pero eso no le quitó emoción a nuestro encuentro a bordo del único tren que llega a Corea del Norte. Yo viajaba sola, o eso creía, desde Pekín para pasar diez días en la capital de aquel país hermético y desconocido que ganó por mérito propio el mote de «reino ermitaño»; mi soledad en aquel tren era excepcional, una redundancia en un viaje que hacen solo cuatro mil occidentales por año”.

Tres

“Traté de conservar mis modales como si las siete horas de tren me estuviesen domesticando. Lo conseguí hasta que el tren aminoró la velocidad y se detuvo en una estación blanca que se erigía solitaria en medio de la nada y que podría haber pasado perfectamente por un hotel rural o un hospital pequeño. Entonces di un salto, corrí hasta una de las ventanillas del pasillo y filmé mi primer video norcoreano en cámara lenta: una secuencia morosa en la que el campo cede el protagonismo a la estructura chata y alargada con los retratos sonrientes de Kim Il Sung y Kim Jong Il en el centro. Era oficial, estábamos en Corea del Norte”.

Cuatro

“-No puede salir sola del hotel.

-No puede apartarse de sus guías ni del grupo con el que viaja sin autorización.

-No puede tomar fotos a edificios en construcción ni a personal……. instalaciones militares.

-No puede gritar, correr ni hacer ademanes inapropiados en los lugares dedicados a los líderes.

-No debe tocar las imágenes de los líderes.

-No puede cortar las caras de los líderes al sacar fotos de sus retratos o de sus estatuas, debe tomar imágenes de las figuras completas sin reflejos.

-No debe desobedecer las indicaciones de los guías”.

Cinco

“Volví a asomarme desde la ventana de mi habitación, pero esta vez apenas podía ver sombras y contornos difusos, como si alguien hubiese tapado con una manta la ciudad que yo había visto en la mañana. Casi no había lámparas encendidas en los departamentos de Pyongyang. Apenas un par de faroles de auto perforaban la espesura negra y no quedaban rastros de los postes de iluminación que por algún motivo inexplicable el gobierno había instalado en las veredas. Solo un manojo de luces interrumpían esporádicamente la monotonía: eran los espacios dedicados a los líderes –la plaza central, la colina con las estatuas, el mausoleo–, magnificados por la oscuridad que los rodeaba, exaltados por el resplandor que los bañaba, lejos de las masas apagadas. Aquella noche, con una claridad de la que mi vigilia había carecido, entendí entre sueños la explicación: en Corea del Norte hasta la iluminación es una forma de propaganda”.

Seis

“En la realidad oficial, el Estado norcoreano sigue siendo el único propietario de todas las fábricas, granjas y empresas del país, pero en la flamante realidad paralela, los donju pueden abrir una empresa o administrar una fábrica y dedicarse a hacer negocios bajo el paraguas estatal en el rubro inmobiliario, en la construcción o en el comercio. En las industrias, las reformas crearon la figura de director, con derecho a contratar y despedir empleados, reinvertir ganancias, mejorar sueldos o comprar materiales de acuerdo con sus necesidades. En el campo, las granjas estatales de campesinos que trabajan por un salario fijo empezaron a convivir con las cooperativas que florecieron al calor de los nuevos incentivos económicos: una vez que cumplen con la cuota de producción exigida por el Estado, pueden vender el excedente en el mercado (las reformas de 2012 los autorizan a conservar el 30% de la cosecha) para comprar maquinaria, para aumentar los salarios o, simplemente, para multiplicar los ingresos de sus directivos”.

Siete

“«No voy a volver a verlas; deben de tener otras costumbres; la desnudez no es como en Occidente; faltan pocos días para regresar a Pekín», rumiaba mientras miraba mis ojos de huérfana reflejados en la pared cubierta por espejos. Ya vestida de bañista antigua me dejé llevar hasta las duchas, tomé asiento en un banco de plástico amarillo que hacía juego con mis flores y sonreí, desahuciada, mientras me duchaban. Entonces me acompañaron hasta la puerta rebatible de la piscina cubierta, donde los hombres de mi grupo tomaban cerveza mientras intentaban mantenerse a flote, y moviendo la cabeza en el lenguaje universal del rechazo les expliqué que no quería, que no me gustaba nada el agua fría, que si hubiese sido posible me habría escapado, aun en traje de baño, y regresado a mi casa porteña. Me devolvieron a las duchas, me quitaron el traje floreado y a cambio me entregaron un piyama rosa, brillante y tramado como un edredón de hotel, y una bombacha descartable del mismo color, la única prenda que tuve libertad de ponerme sin recibir ayuda”.


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Sie7e Párrafos | 19 de diciembre de 2018

Por qué la población debe entender algo de economía si quiere mantenerse a salvo de los políticos: este libro lo explica

La economía del bien común
Jean Tirole
Taurus

Selección y comentario por Marina Dal Poggetto, economista de la UBA y Master en Políticas Públicas de la Universidad Torcuato Di Tella. Fue Subgerente de Análisis Macroeconómico del Banco Central de la República Argentina y Jefa de Asesores de la Secretaría de Política Económica del Ministerio de Economía. 

Uno (mi comentario)

La economía del Bien Común es un libro interesante escrito por un Premio Nobel de Economía que hizo el esfuerzo de escribir para no economistas con la convicción de que la cultura económica de la población es condición necesaria para que los políticos tomen buenas decisiones. Jean Tirole parte de la creencia de que no basta con educar a los políticos, sino que también se necesita educar a la población. (…)

(sigue mi comentario)

(…) Arranca de la idea que sostiene que la búsqueda del interés individual puede no llevar al interés colectivo. Rechaza tanto la supremacía del mercado como la del Estado sosteniendo que el Mercado necesita regulación y el Estado competencia e incentivos, y remarca la necesidad de construir instituciones sólidas cuyo objetivo sea conciliar el interés individual y el interés general. El libro consta de cinco secciones que pueden leerse en forma independiente. Las primeras dos tratan sobre la práctica de la economía (la restricción presupuestaria y los trade off que aparecen en toda decisión de política económica) y el rol que cumple el economista en la sociedad (frente a los medios y frente a la política). La tercera parte habla sobre la importancia de las instituciones en la economía y la necesidad de modernizar el Estado (no necesariamente achicarlo sino adaptarlo) para enfrentar a los nuevos desafíos que presentan la globalización y el robot haciendo foco en las economías desarrolladas y los problemas económicos y políticos (el auge de los extremos en la política del mundo desarrollado) que genera que estos cambios no se produzcan a tiempo. Y acá hace un excelente resumen donde simplifica avances de la microeconomía moderna donde trata fallas de mercado, equilibrios múltiples y no óptimos con teoría de los juegos y los problemas de selección adversa y riesgo moral que siempre aparecen cuando arranca una crisis financiera. En la cuarta sección se detiene en los grandes retos de la economía (El cambio climático, el desempleo, los problemas de Europa y el Euro, la necesidad de regular el mercado financiero y la crisis de 2008). La última sección trata sobre el desafío industrial frente al cambio tecnológico, la protección intelectual y el financiamiento a la innovación, y la regulación sectorial fundamentalmente en sectores de servicios públicos. Sorprende la forma en que el autor abarca todos estos temas simplificando los conceptos para bajar al gran público sin por ello perder calidad en la presentación de los temas. Quizas en la responsabilidad que asume el autor de “divulgar la disciplina sin sacrificar el rigor” es que el libro pretende abarcar todas las aristas y se extiende mucho (son 514 páginas con mucho contenido) por lo que el objetivo original de educar sigue siendo selectivo. No por ello deja de ser un excelente trabajo que intenta ir más allá de la descripción simplificada Krugman que el mismo autor cita en el libro donde estratifica a los economistas en tres categorías: los griegos (los que hablan con fórmulas matemáticas que sólo entienden otros economistas académicos), los del sube y baja ( los que hablan a los medios describiendo los movimientos de las variables en el corto plazo) y los del aeropuerto (aquellos que escriben libros de divulgación que se compran en los kioscos de los aeropuertos que pecan de ser excesivamente optimistas o excesivamente pesimistas sobre el futuro). Finalmente, Como economista de profesión dedicada a la consultoría económica que tiene como interlocutores muchas veces a no economistas de públicos diversos, incluyendo a políticos, los primeros dos capítulos resultan los más interesantes dado que Tirole itera permanente entre el ser (el profesional que busca entender y construir conocimiento) y el deber ser del economista que tiene que cumplir un rol en la sociedad (hablar claro para la gente y a los políticos sin perder la consistencia ni exagerar con la simplificación en la recomendación de políticas públicas y eso muchas veces requiere decir cosas que la gente y los políticos no quieren escuchar).

Dos (la selección)

“Los partidos populistas, tanto de derecha como de izquierda, se aprovechan de la idea de una economía sin obstáculos y los mensajes que deterioran la imagen de ese cuento de hadas son considerados como procedentes de esbirros de los fanáticos del calentamiento climático, de los ideólogos de la austeridad o de los enemigos del genero humano, según el caso. Es una de las razones por las que la ciencia económica se denomina con frecuencia ciencia lúgubre”.

Tres

“En medicina las víctimas de los efectos secundarios son las mismas que siguen el tratamiento (salvo en el ámbito epidemiológico con las consecuencias derivadas de la falta de vacunación o de la resistencia a los antibióticos), el médico no tiene, pues, más que seguir con el tratamiento que considera de interés para su paciente. En economía las víctimas de los efectos secundarios son con frecuencia personas distintas a las que se aplica el tratamiento. El economista está obligado a pensar también en las víctimas invisibles, por lo que puede, en ocasiones, ser acusado de insensibilidad a las víctimas visibles”.

Cuatro

“Hagámonos cargo de nosotros mismos. Nuestra comprensión económica, como nuestra comprensión científica o geopolítica, guía las decisiones tomadas por nuestros Gobiernos. La fórmula consagrada afirma que “una democracia tiene los políticos que se merece”… y que es mejor apoyar a los políticos que criticarlos continuamente”. De lo que estoy convencido es de que tenemos las políticas económicas que merecemos y que, mientras el gran público carezca de cultura económica, tomar decisiones correctas requiere mucho valor político. Los políticos dudan a la hora de adoptar políticas impopulares porque temen una sanción electoral. En consecuencia, una buena comprensión de los mecanismos económicos es un bien público. Me gustaría que otros hagan una inversión intelectual para incitar a los políticos a tomar decisiones colectivas más racionales, pero yo no estoy dispuesto a hacerla. A falta de curiosidad intelectual adoptamos un comportamiento free rider y no invertimos lo suficiente en comprender los mecanismos económicos”.

Cinco

“La propensión a dar argumentos y contraargumentos, eso que un científico hace en un artículo o en un seminario, no siempre es bien tolerada por los responsables públicos o privados que necesiten formarse rápidamente una opinión. “¡Buscadme a un manco”, gritó el presidente Truman, que no aguantaba más a esos economistas que le decían “por un lado -on one hand- puede pasar esto, pero por otro lado -on the other hand-, también puede pasar esto otro”. … Los slogans, las frases lapidarias, los clichés son más fáciles de asimilar, que un razonamiento complejo y de efectos múltiples. Es difícil rebatir un argumento poco sólido sin entrar en una demostración. Ser eficaz requiere con frecuencia hacer lo mismo que en política: llegar con un mensaje sencillo, por no decir simplista y mantenerlo… El economista debe vencer su tendencia natural y tener en cuenta las contingencias, convencerse de que algunos mecanismos son más probables que otros en las circunstancias contempladas… Debe actuar como un médico cuando decide que un tratamiento es mejor que otro, aunque albergue alguna duda científica sobre el tema”.

Seis

“La trampa de las etiquetas. La confrontación con la realidad es probablemente uno de los modos más pertinentes de conocer los problemas que se le plantean a la economía y a la sociedad y de desarrollar y financiar temas de investigación originales, que ignoran a los que no salen de su torre de marfil. El economista debe ir allá donde le lleven los hechos sin ningún bloqueo intelectual. En la vida privada, es un ciudadano como cualquier otro que se forma opinión y compromete. Pero cuando son públicas, las categorizaciones (la adhesión a una causa o a una escuela de pensamiento económico) pueden sugerir que dicho investigador sacrifica su integridad científica en aras de una agenda personal: mediática, ideológica, financiera, del ámbito interno del laboratorio, etc. Y lo que es más dañino es que esas etiquetas hacen correr a la ciencia económica el riesgo de ser concebida como una ciencia sin consenso, cuyas enseñanzas se pueden obviar. Y esto significa olvidar que los economistas están de acuerdo en muchos temas, al menos sobre lo que no se debe hacer. Y no hace falta decir, que el consenso puede y debe ir evolucionando a medida que la disciplina avanza”.

Siete

Las consecuencias de esa falta de información del ciudadano es que, en estas decisiones de orden técnico, los grupos de interés más potentes desde el punto de vista financiero o mediático, o los mejor organizados pueden secuestrar al regulador. No tiro la piedra contra los ciudadanos ni contra el personal político. Simplemente quiero llamar la atención sobre las consecuencias de nuestra falta de información, algo que tenemos que tener en cuenta con realismo. Una vez enunciado esto, hay que hacer, evidentemente una elección compleja entre la supremacía de lo político y la independencia de las agencias”.


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Sie7e Párrafos | 18 de diciembre de 2018

El libro que explica por qué es imposible explicar el tiempo

El orden del tiempo
Carlo Rovelli
Editorial

Selección y comentario por Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas por la UBA y profesor titular en la Universidad Nacional de Quilmes. Investigador superior del Conicet. 

Uno (mi comentario)

Se acabó lo que se daba. Veníamos lo más bien: creíamos en un mundo con tiempo, con un presente en el que ocurren las cosas que vienen del pasado y van hacia el futuro. Todo muy obvio, y la base para los fabricantes de relojes y de agendas. Pero aquí llega Carlo Rovelli a patear el tablero, a derrumbar nuestro sentido común y contarnos algo que – afirma – sabemos desde hace más de cien años: que la idea de que el universo existe ahora en una determinada configuración … ya no sirve. (…)

(sigue mi comentario)

(…) Vivimos en una burbuja de presente o, más bien, en una burbujita que llega hasta ahí nomás, en un mundo que no está hecho de cosas sino de eventos, que no necesita del tiempo para ser entendido, sino que basta con ver cómo cambian las variables unas con respecto a las otras. Sí, da tortícolis. La misma que hace siglos años tuvo un tal Descartes cuando exclamó, desesperado, que “tan serias son las dudas en que he caído que no puedo expulsarlas de mi mente ni ver modo alguno de resolverlas”. Con una prosa que parece poesía, con las metáforas y los ejemplos justos (y, para dejarme inflado de orgullo, ¡me cita!), con más preguntas que respuestas, Rovelli hace su trabajo de hormiga para dejarnos perplejos, boquiabiertos… y sin tiempo. Algo que ya sabía el mismísimo san Agustín: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.”.

Dos (la selección)

“Tal es el tiempo. Familiar e íntimo. Su fuerza nos lleva. Su apresurada sucesión de segundos, horas, años, nos lanza hacia la vida, luego nos arrastra hacia la nada… Lo habitamos como los peces habitan el agua. Nuestro ser es ser en el tiempo. Su arrullo nos alimenta, nos abre al mundo, nos turba, nos asusta, nos mece. El universo devana su devenir arrastrado por el tiempo, según el orden del tiempo”.

Tres

“¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro? ¿Somos nosotros quienes existimos en el tiempo, o el tiempo el que existe en nosotros? ¿Qué significa realmente que el tiempo “transcurre”? ¿Qué vincula el tiempo a nuestra naturaleza como sujetos?”.

Cuatro

“Este es el núcleo del tiempo. Ese deslizarse que sentimos que nos quema en la piel, que percibimos en la ansiedad del futuro, en el misterio de la memoria; aquí se esconde el secreto del tiempo: el sentido de lo que entendemos cuando pensamos en el  tiempo. ¿Qué es ese fluir? ¿Dónde anida la gramática del futuro? ¿Qué distingue el pasado, y su haber sido, del futuro, y su no haber sido aún, entre los pliegues del mecanismo del mundo? ¿Por qué el pasado es tan diferente al futuro?”.

Cinco

“Si observo el estado microscópico delas cosas, la diferencia entre pasado y futuro desaparece. El futuro del mundo, por ejemplo, está determinado por el estado presente ni más ni menos de lo que lo está por el pasado. Solemos decir que las causas preceden a los efectos, pero en la gramática elemental de las cosas no hay distinción entre “causa” y “efecto”. Hay regularidades, representadas por lo que llamamos leyes físicas, que vinculan eventos a tiempos diversos, regularidades simétricas entre futuro y pasado…. En la descripción microscópica no hay un sentido en que el pasado sea distinto del futuro”.

Seis

“El tiempo no es único: hay una duración distinta para cada trayectoria: transcurre a ritmos diferentes según el lugar y según la velocidad. No tiene orientación: la diferencia entre pasado y futuro no existe en las ecuaciones elementales del mundo, es un aspecto contingente que aparece cuando observamos las cosas descuidando los detalles; desde este desenfoque, el pasado del universo se hallaba en un estado curiosamente “peculiar”. La noción de “presente” no funciona: en el vasto universo no hay nada que podamos denominar razonablemente “presente”. El sustrato que determina las duraciones del tiempo no es una entidad independiente, diferente de las demás que constituyen el mundo; es un aspecto de un campo dinámico. Este salta, fluctúa, se concreta solo al interactuar, y no está definido por debajo de una escala mínima. ¿Qué queda del tiempo?”.

Siete

“Es la presencia de abundantes huellas del pasado la que nos produce la familiar sensación de que el pasado está determinado. Por el contrario, la ausencia de huellas similares del futuro nos produce la sensación de que este último está abierto. La existencia de huellas hace que nuestro cerebro pueda disponer de extensos mapas de eventos pasados, mientras que no posee nada similar para los eventos futuros. Este hecho está en el origen de nuestra sensación de poder actuar libremente en el mundo, eligiendo entre diversos futuros posibles, pero de no poder actuar, en cambio sobre el pasado”.


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Sie7e Párrafos | 17 de diciembre de 2018

Biografía monumental del primer hombre en pisar la luna: Neil Armstrong

El primer hombre
James R. Hansen
Debate

Selección y comentario por Federico Kukso, periodista científico. Se especializó en historia de la ciencia y STS (Science and Technology Studies) en el MIT y en la Universidad de Harvard. Es miembro de la comisión directiva de la World Federation of Science Journalists (WFSJ) y autor de los libros “El baño no fue siempre así”, “Todo lo que necesitás saber sobre ciencia” y “Dinosaurios del Fin del Mundo”.

Uno (mi selección)

Como Clark Kent -que creció en Smallville, Kansas-, los primeros y últimos años de Neil Armstrong transcurrieron también en el corazón de Estados Unidos. En su caso, en una granja de Ohio. Desde ahí, como un Superman no kriptoniano sino terrestre, se elevó a los cielos. Y con su hazaña nos elevó a todos como especie. (…)

(sigue mi comentario)

(…) La vida del primer ser humano que estampó su humanidad –y a la Humanidad– en la Luna está cruzada por una contradicción: uno de los hombres más conocidos del siglo XX es, a la vez, uno de los más desconocidos. Tal vez porque este hombre-ícono, héroe de una época en la que el espacio estremecía la imaginación, hasta el día de su muerte el 25 de agosto de 2012 fue un enigma: frío, contemplativo, modesto y de nervios de acero, este explorador taciturno le rehuyó a las cámaras y a la fama, antes y después de su pequeño paso y salto gigante. A diferencia de su colega y compañero de hazaña Buzz Aldrin que aún hoy le exprime el jugo mediático a la gran hazaña del siglo XX, Armstrong se exilió del mundo.

Ahí reside la monumentalidad del trabajo de su biógrafo, el historiador James Hansen, quien a través de entrevistas exclusivas desnuda en El primer hombre los secretos del Robinson Crusoe moderno, el viajero obsesionado, el padre, el esposo, el hijo.

“Siempre me ha parecido sorprendente que uno de los mayores logros del milenio, la llegada de Neil Armstrong a la Luna, un triunfo de valor y tecnología, no haya tenido prácticamente ninguna influencia en el mundo en general -escribió desilusionado el escritor inglés J. G. Ballard-. Neil Armstrong puede que sea el único ser humano de nuestro tiempo en ser recordado dentro de 50.000 años pero para nosotros su logro significa prácticamente nada.”

El libro -y la biopic recientemente estrenada, basada en el trabajo de Hansen- apunta a recomponer esta falta: nos acerca al hombre que fue más lejos.

Dos (mi selección)

El comentarista Heywood Hale Broun, de la CBS, más conocido por su irreverente periodismo deportivo, vivió el despegue con varios miles de personas en Cocoa Beach, a unos veinticinco kilómetros al sur de la plataforma de lanzamiento, y dijo a las decenas de millones de espectadores de Cronkite: “En un partido de tenis miras a un lado y a otro. En el lanzamiento de un cohete, no dejas de mirar hacia arriba. Tus ojos ascienden, tus esperanzas también y, al final, toda la multitud, como si fuera un enorme cangrejo con muchos ojos, mira hacia arriba sumida en un gran silencio. Se oye un pequeño “Oooh” cuando sube el cohete, pero, a partir de entonces, todo son miradas y gestos. Es la poesía de la esperanza; si se quiere, una esperanza no hablada, sino percibida en los gestos de concentración que hace la gente al seguir el ascenso del cohete”.

Tres

Neil Armstrong nunca relacionó la decisión de ser astronauta con el fallecimiento de su hija: “Para mí fue difícil dejar lo que estaba haciendo, que me gustaba mucho, para irme a Houston. Pero, en 1962, el programa Mercury estaba en marcha, todos los proyectos futuros estaban bien diseñados y la misión lunar iba a hacerse realidad. Llegué a la conclusión de que si quería salir de los límites de la atmósfera y adentrarme en las profundidades del espacio, esa era la manera de hacerlo”.

Cuatro

Los Nuevos Nueve (Neil Armstrong, el comandante Frank Norman de las Fuerzas Aéreas, el teniente Charles Conrad Jr., el capitán James A. McDivitt de las Fuerzas Aéreas, Elliot M. See Jr., los capitanes de las Fuerzas Aéreas Thomas P. Stafford y Edward H. White II y el capitán de corbeta John W. Young) eran un grupo extraordinario. En opinión de los máximos responsables del programa espacial tripulados de Estados Unidos, era, sin duda alguna, el mejor elenco de astronautas de la historia. La media de edad del grupo era treinta y dos años y medio, el peso 73,2 kilos y la altura un metro setenta y ocho. Con un metro ochenta y setenta y cinco kilos, Neil estaba un poco por encima de ese rango. Todos estaban casados, ninguno se había divorciado nunca y todos tenían hijos.

Cinco

Ante las críticas internacionales, Kennedy pensó que solo una hazaña espectacular restituiría la respetabilidad de Estados Unidos, así que echó mano del programa espacial con tripulación. Él veía en la NASA y sus astronautas un medio para un fin político. “Ahora es el momento de dar pasos más grandes, el momento de una gran empresa estadounidense, el momento de que esta nación adopte un liderazgo claro en los hitos del espacio, que en muchos sentidos guardan la llave de nuestro futuro en la Tierra”. Con estas históricas palabras, expresadas durante una sesión conjunta del Congreso el 25 de mayo de 1961, el presidente lanzó el guante: “Creo que esta nación debería comprometerse a conseguir el objetivo de llevar a un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes de que termine la década”.

Seis

Algunas mujeres sospechaban que sus maridos tenían aventuras extramatrimoniales; es posible que algunas lo supieran a ciencia cierta. Los periodistas que cubrían las actividades de la NASA tenían conocimiento de algunas indiscreciones, pero en el Estados Unidos de los años sesenta no se hablaba de esas cosas. La presión para las mujeres de los astronautas era extraordinaria. Todas ellas llevaban una pesada carga, pues debían aparecer en público como la Sra. Astronauta y la Madre Típicamente Estadounidense. Sabían lo que esperaba de ellas la NASA, e incluso la Casa Blanca. Para la esposa de un astronauta, elegir vestuario iba mucho más allá del estilo o incluso de la vanidad de una mujer. Había que respetar el aspecto saludable y santificado del programa espacial y de Estados Unidos.

Siete

(04.13.24.13 h) Armstrong: “Voy a salir del módulo lunar”.

Los millones de personas que vieron lo que ocurrió a continuación nunca olvidarán el momento en que Armstrong dio el primer paso sobre la superficie lunar. Contemplar las oscuras imágenes en blanco y negro que llegaban desde 400.000 kilómetros de distancia se hizo eterno hasta que Neil, con la mano derecha en la escalera, pisó finalmente la Luna con la bota izquierda.


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Sie7e Párrafos | 14 de diciembre de 2018

Libro de iniciación para feministas y, sobre todo, para quienes todavía no lo son

Economía Feminista
Mercedes D’Alessandro
Sudamericana

Selección y comentario por Agostina Mileo, comunicadora científica y Doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia. Editora de la sección de ciencia y coordinadora general de la campaña #MenstruAcción en Economía Femini(s)ta. Autora de “Que la ciencia te acompañe (a luchar por tus derechos)” (Debate, 2018). Es conocida en Twitter como La Barbie Científica (@Bcientífica).

Uno (mi comentario)

Economía Feminista es un libro iniciático. No tiene la solemnidad ni la explosión iracunda de esos textos que llamamos “fundacionales”, esos manifiestos hechos argumento de aquellas que sentaron las bases para entender que la desigualdad de género es constitutiva del ordenamiento social. En cambio, tiene el aplomo, la claridad y la dosis de ironía de aquella que, subida a hombros de gigantes, puede mostrar el presente como el resultado de un recorrido histórico y mirar hacia el futuro. Lo que Mercedes propone es usar su dominio como prisma para vernos a nosotras mismas en un sistema que excede nuestras decisiones personales y a la vez las condiciona, la economía como una disciplina determinante de nuestros roles, trabajos y anhelos. Pero, sobre todo, propone un punto de partida, una lectura hacia muchas otras, un feminismo como práctica que se construye colectivamente y a lo largo de la vida.

Dos (la selección)

“Pero el desafío más grande es entender el entramado de relaciones en que nos movemos. Romper el techo de cristal a costa de la explotación de las trabajadoras domésticas no suma en nuestro camino hacia la igualdad. Tener más trabajo a costa de verse confinado a una mayor precarización y bajos salarios tampoco es muy alentador. Convertirnos en una colección de zombies sobrevivientes a la crisis, cada vez con las ropas más raídas y las cabezas más explotadas no es una opción”.

Tres

“Además, como pocas veces (o nunca) hay un varón como niñero o fregando pisos y platos, se perpetúa la idea de que los cuidados (del hogar, niños y mayores) son cosa de mujer. Bowman y Cole (2009), de la Universidad de Chicago, plantean que la salida de este laberinto no pasa por condenar la contratación de mujeres para trabajos domésticos sino más bien por empezar a reconocer y valorar estas tareas, profesionalizarlas, a fin de mejorar la forma en que todos las percibimos y también la calidad con la que se realizan. Pero la valoración en nuestra sociedad está puesta en el salario; por tanto, si queremos que la labor de las empleadas domésticas o niñeras tenga mejores condiciones, necesita tener salarios más altos. Y aquí radica el problema para las mujeres profesionales de clase media: en países con grandes desigualdades sociales es más fácil encontrar mujeres pobres y con poca educación dispuestas a trabajar en una casa por poco dinero. Revalorizar el trabajo doméstico implica volverlo más caro. A las familias de medianos ingresos les viene bien pagar sueldos bajos, ¡de otro modo no podrían acceder a ellas!, ¡y sin ellas no podrían salir a trabajar!”.

Cuatro

“La lucha contra la pobreza es una lucha contra el lado oscuro del capitalismo, ese que genera a su paso ejércitos de población sobrante que vive marginada. Aquí es donde cobra relevancia la discusión central de la economía en torno a la desigualdad: ¿puede el capitalismo por sí mismo cerrar la brecha entre ricos y pobres? A esto podemos agregarle: ¿puede el capitalismo por sí mismo cerrar las brechas de género? Las respuestas no son muchas, se restringen a sí, no o quizá. Sin embargo, qué hacer ante cada una nos lleva a nuevos caminos, opciones y estrategias”.

Cinco

“Además de los prejuicios en torno a las capacidades de las mujeres para hacer ciencia, están los prejuicios sobre si las científicas pueden “ser mujeres”. Cuando se analiza la estructura familiar de quiénes llegan a los cargos altos en la ciencia (y también en las empresas), encontramos que una gran parte de las científicas en la cúspide de la pirámide son solteras o no tienen hijos, mientras que los varones en ese lugar son casados y tienen varios. Aquí aparecen nuevas preguntas: por un lado, las altas esferas del sistema científico (y del mercado laboral en general) son expulsivas para mujeres madres y eso explica que pocas lleguen; pero por otro lado, se suele suponer que todas las mujeres tienen el objetivo y el deseo de ser mamás”.

Seis

“Incluir no es solo darle un trabajo a alguien sino también darle la posibilidad de una participación más amplia como sujeto de la vida política y económica. Según Blas Radi, investigador en el Observatorio de Género en la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, hay leyes, propuestas e investigaciones de las que las personas trans son objeto pero no son parte de la decisión de objetivos o el análisis de los datos. “Las personas trans ocupan un lugar de marginalidad epistémica incluso en sus propios movimientos. No son productoras de conocimiento. En muchos casos se las invoca más para dar un efecto al discurso que para darles la conducción de sus propias luchas. Quienes conducen, quienes toman las decisiones, en general son personas cis (es decir, que no son trans)”, explica Radi. Este es un punto importante: si de lo que se trata es de una inclusión real, la podemos comparar con la ley de cupo del 30 por ciento para las mujeres en diputados y senadores: no se trató solamente de cubrir cargos con ellas sino de transformar un espacio de participación en el que se puedan canalizar demandas y dar representación a un sector de la sociedad que antes no lo tenía. Lo mismo debería suceder con el cupo para trans”.

Siete

“Todo este lado B del disco de la desigualdad necesita ser explicado. No es algo que omite solamente Piketty, a quien tomo como ejemplo con simpatía y admiración por su trabajo, sino que es un asunto incompleto en la Economía Política como ciencia a lo largo de su historia y también ausente en las charlas de sobremesa. Hace falta pensar y discutir por qué las mujeres tienen tan pocas chances de ser ricas y tantas más chances que un hombre de ser pobres, por qué en la división del trabajo les ha tocado una mayor cuantía de trabajos no pagos (o por qué sus trabajos no se pagan), cómo estas diferencias profundizan la desigualdad en general. ¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres? Es decir, no solo se agregan nuevas dimensiones al debate anterior sino que además se transforman las preguntas que nos podemos hacer. Las relaciones de género -que son construcciones sociales- son un elemento explicativo con demasiada relevancia como para dejarlas al margen”.


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Sie7e Párrafos | 13 de diciembre de 2018

Un padre y un hijo unidos por la enfermedad, como solo Philip Roth sabe hacerlo

Patrimonio
Philip Roth 
Debolsillo

Selección y comentario por Juan José Becerra, escritor, autor de la novelas Santo, Atlántida, Miles de años, Toda la verdad, La interpretación de un libro, El espectáculo del tiempo y El artista más grande del mundo.

Uno (mi comentario)

De golpe, un padre y un hijo coinciden en la enfermedad. Mejor dicho: la enfermedad del hijo comienza a brotar de la del padre. Con este argumento elemental, Roth escribió una novela de tracción a sangre donde los héroes ajustan cuentas, se aman en el registro de la rudeza y se entienden y protegen como animales al borde de la extinción.   

Dos (la selección)

“En mayo de 1981, a los setenta y nueva años, mi padre gozaba de una salud excelente y de un vigor impresionante, pero veinticuatro horas después de la muerte de su mujer en aquella marisquería su aspecto era tan malo como el que presentaba ahora, desfigurado por el tumor”.

Tres

“Quería el dinero porque era suyo y yo era su hijo, y tenía derecho a mi parte, y lo quería porque era, si no un auténtico trozo de su trabajador pellejo, sí algo parecido a la representación física de todo lo que había superado o de todas las cosas a las que había sobrevivido”.

Cuatro

Y yo pensé: “Ya sé de dónde procede la debilidad de la gente, todos lo sabemos, pero ¿dónde se halla el origen de la fuerza?”.

Cinco

“Se le presentaba una nueva y muy dura prueba que superar, y las pruebas no se superan a base de desesperación. Lo que hizo fue recurrir a la amalgama de desconfianza y resignación con que había aprendido a afrontar la humillación de la vejez”.   

Seis

“- Bush –dijo él- y su jefe, el pistolero Reagan. ¿Sabes lo único que aprendió el pistolero Reagan, en ocho  años? A quedarse dormido y a saludar. El mejor saludador del país”.

Siete

“Aferrado al borde de la piscina me dije: “Es la ansiedad. ¿Por qué estás tan angustiado?”, la típica pregunta que una persona que pasa por un mal momento físico nunca habría cometido la tontería de preguntarse, antes del advenimiento de los psicosomatistas.

-Voy a tener que dejarte ir, papá.

Llevaba varias horas inconsciente y no podía oírme, pero yo, emocionado, asombrado, llorando, estuve repitiéndole la frase una y otra vez, hasta creérmela”.


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Sie7e Párrafos | 12 de diciembre de 2018

Manual para escribir bien (y para seguir haciéndolo cuando no se sabe a dónde ir)

Libro de Estilo
El País
Aguilar

Comentario y selección por Luis Majul, periodista. Es autor, entre otros, de “El y Ella”, “El Final”, “El dueño” y “Lanata” (una biografía).

Uno (mi comentario)

La tercera edición del Manual de Estilo del diario El País de Madrid llegó a mis manos el día de mi cumpleaños número 29, el 17 de mayo de 1990. Fue uno de los regalos más apreciados que recibí en toda mi vida. Me lo obsequió uno de mis mejores amigos, Sergio Frenkel, un argentino que vive en Madrid desde 1989. Sergio fue una de las personas que me ayudó a soportar la angustia del proceso de escritura de mi primer libro, Por qué cayó Alfonsín (El Nuevo Terrorismo Económico). Cuando estaba desesperado porque no sabía cómo seguir, releía las normas básicas de escritura y redacción del manual, y me volvía el alma al cuerpo.  El País, Libro de estilo, publicó su primera edición en abril de 1977, un año después de su fundación. Las reglas fundamentales aparecieron ahí, y están reproducidas en los párrafos aquí debajo. Como cualquier lector atento sabrá descubrir, no solo sirven para los redactores de El País, sino para cualquiera que pretenda escribir con sencillez, efectividad, y hasta con cierta elegancia. Las tengo marcadas a fuego. Me resultaron inolvidables.

Dos (la selección)

“Las frases deben ser cortas, con una extensión máxima aconsejable de 20 palabras. Sujeto, verbo y predicado es regla de oro. No obstante, conviene variar la longitud y la estructura de las frases y los párrafos. Es una forma de mantener el interés. Cambiar la forma, el orden y los elementos de las frases resulta más importante, incluso, que cambiar la longitud. Repetir la misma estructura es el camino más seguro para aburrir al lector”.

Tres

“Es preferible utilizar los verbos en activa y en tiempo presente. Esto acerca la acción al lector. No sería aconsejable la frase “Felipe González dijo ayer que él seguía siendo el Presidente del Gobierno y que fue investido con mayoría absoluta, si se puede sustituir por esta otra “Felipe González dijo ayer que sigue siendo el Presidente del Gobierno y que obtuvo la mayoría absoluta en su investidura”.

Cuatro

Rigor: La información debe ser exacta. Hay que evitar expresiones como ‘varios’ ‘un grupo’, ‘algunos’, ‘numerosos’ para sustituirlas por datos concretos”

Cinco

“En los casos conflictivos hay que escuchar o acudir siempre a los dos partes en litigio”

Seis

Pirámide. En un texto informativo, el uso de la técnica de la pirámide invertida (de mayor a menor interés) es conveniente, pero no obligatorio. Siempre se ha de comenzar por el hecho más importante, que estará recogido a su vez en el título. No obstante, el párrafo siguiente puede constituirlo una frase que explique la entradilla o contenga los antecedentes necesarios para comprender el resto del artículo, rompiendo así la relación de los hechos. Lo mismo puede ocurrir con párrafos sucesivos”.   

Siete

“Los periodistas han de escribir con el estilo de los periodistas, no el de los políticos, los economistas o los abogados. Los periodistas tienen la obligación de comunicar y hacer accesible al público en general la información técnica o especializada. La presencia de palabras eruditas no explicadas refleja la incapacidad del redactor para comprender y transmitir una realidad compleja. El uso de tecnicismos no muestra necesariamente unos vastos conocimientos sino, en muchos casos, una tremenda ignorancia”.


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Sie7e Párrafos | 11 de diciembre de 2018

Biografía para redescubrir a un revolucionario de las ideas y la exploración: Humboldt

La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt
Andrea Wulff
Penguin Random House / Taurus

Comentario y selección de párrafos por Gustavo Noriega, periodista y crítico de cine. Fue director de la revista El amante.

Uno (mi comentario)

Las calles de la ciudad de Buenos Aires que corren paralelas a la importante avenida Juan B. Justo y que convierten a Palermo en Villa Crespo o viceversa, tienen ecos de viajes épicos alrededor de la Tierra: Fitz Roy, Bonpland, Humboldt y, del otro lado de las vías del ferrocarril y la avenida, casi escondida, se encuentra la que lleva el nombre más recordado de todos, Darwin. Esa zona de la ciudad homenajea a aquellos hombres que en el siglo XIX tomaron la decisión de salir de la comodidad de su vida burguesa y recorrer el mundo para recabar información. (…)

(Sigue mi comentario)

(…) Nuevos animales, plantas nunca antes vistas, costumbres insólitas, aborígenes alejados de la civilización, minerales y piedras preciosas. Robert Fitz Roy fue el vicealmirante a cargo del HMS Beagle, cuyo viaje alrededor del globo entre 1831 y 1836 le permitió a un joven Charles Darwin pergeñar y madurar una idea que iba a poner patas para arriba la manera en que el hombre miraba al mundo. Por su parte, Alexander Von Humboldt y su amigo francés Aimé Bonpland, ambos naturalistas, emprendieron viajes extraordinarios por el norte de América del Sur en donde escalaron el Chimborazo, la cima más alta del Ecuador, buscaron el origen del río Orinoco, atravesaron la llanura y revisaron geografía, fauna y flora. Humboldt se convirtió en el naturalista más importante de su tiempo y, al mirar la naturaleza desde una perspectiva global, en toda su interrelación, prefiguró al ecologista moderno. Fue un personaje fuera de lo común, y de hecho la lista de sus amistades o personajes con los que interactuaba lo describe en el centro exacto del mundo intelectual de su época: Goethe, Thomas Jefferson, Simón Bolívar, Charles Darwin. Casi todos lo veneraban y hasta su único enemigo público lo enaltece: nada menos que Napoleón Bonaparte. Murió en 1859 y diez años después, al cumplirse un siglo de su nacimiento, se realizaron festejos y homenajes en todo el mundo, incluyendo la ciudad de Buenos Aires. El surgimiento de Charles Darwin y su teoría de la evolución lo relegó en la consideración pública hasta el punto en que nos sorprende la noticia de que alguna vez fue el hombre más famoso del mundo. La apasionante biografía de Andrea Wulff lo rescata y lo pone de nuevo en circulación, revelándolo no solo como un hombre deslumbrante, centro y símbolo de una época, sino también, un poco forzadamente, en precursor de cada una de las ideas que desarrolla la sensibilidad ecológica contemporánea. En cualquier caso, la lectura del libro de Wulff resignificará cualquier caminata entre Palermo y Villa Crespo. El nombre de una de sus calles, antes desconocido, pasa a ser el homenaje a quien mejor encarnó la revolución de las ideas y la pasión por el descubrimiento.

Dos (la selección)

“Descrito por sus contemporáneos como el hombre más famoso del mundo después de Napoleón, Humboldt fue uno de los personajes más cautivadores e inspiradores de su época. Nacido en 1769 en el seno de una familia acomodada de Prusia, desechó una vida de privilegios para irse a descubrir cómo funcionaba el mundo. De joven emprendió un viaje de cinco años para explorar Latinoamérica, en el que arriesgó muchas veces la vida y del que regresó con una nueva concepción del mundo. Fue un viaje que moldeó su vida y su pensamiento y que le convirtió en un personaje legendario en todo el planeta. Vivió en ciudades como París y Berlín, pero también se sentía cómodo en los brazos más remotos del río Orinoco o en la estepa kazaja de la frontera entre Rusia y Mongolia. Durante gran parte de su larga vida fue el centro del mundo científico: escribió alrededor de 50.000 cartas y recibió al menos el doble. Los conocimientos, creía Humboldt, había que compartirlos, intercambiarlos y ponerlos a disposición de todos.”

Tres

“Durante las primeras semanas en Cumaná, Humboldt y Bonpland descubrieron que, mirasen donde mirasen, siempre había algo nuevo que captaba su atención. El paisaje le fascinaba, decía Humboldt. Las palmeras estaban adornadas de magníficas flores rojas, las aves y los peces parecían rivalizar en colores caleidoscópicos, y hasta los cangrejos eran azules y amarillos. Flamencos de color rosa se alzaban sobre una pata en la orilla, y las hojas en abanico de las palmeras moteaban la arena blanca con retazos de sol y sombra. Había mariposas, monos y tantas plantas que catalogar que, como escribió Humboldt a Wilhelm, «corremos de un lado a otro como locos». Hasta el habitualmente impasible Bonpland dijo que iba a «enloquecer si no acaban pronto las maravillas».”

Cuatro

“Aunque los Llanos fuera un entorno inhóspito, a Humboldt le fascinó la inmensidad del lugar. Había algo en el paisaje tan plano e inmenso que «llena la mente con el sentimiento de infinitud», escribió. Cuando estaban a mitad de camino llegaron al pueblo mercantil de Calabozo. Allí los lugareños le dijeron a Humboldt que muchas de las charcas de la zona estaban infestadas de anguilas eléctricas, lo cual le pareció una suerte increíble. Desde sus experimentos de electricidad animal en Alemania, Humboldt siempre había querido examinar uno de esos peces tan extraordinarios. Había oído extrañas historias sobre estas criaturas de un metro y medio, capaces de emitir descargas eléctricas de más de 600 voltios”.

Cinco

“El problema era cómo atrapar a las anguilas, dado que vivían enterradas en el barro del fondo de las charcas y, por tanto, no era nada fácil cogerlas con una red. Además, las anguilas estaban tan cargadas de electricidad que tocarlas significaba la muerte instantánea. Los habitantes locales tuvieron una idea. Agruparon treinta caballos salvajes en los Llanos y los llevaron al estanque. Cuando los cascos de los animales revolvieron el barro, las anguilas se escurrieron para salir a la superficie, sin dejar de emitir enormes descargas eléctricas. Embelesado, Humboldt observó el horripilante espectáculo: los caballos aullaban de dolor, las anguilas se retorcían debajo de ellos, y la superficie del agua bullía de movimiento. Algunos caballos se cayeron y, pisoteados por los demás, se ahogaron.”

Seis

“Con el tiempo, la potencia de las descargas eléctricas disminuyó y las anguilas, debilitadas, volvieron al barro, de donde Humboldt las sacó con unos palos de madera secos; pero no había esperado lo suficiente. Cuando Bonpland y él estaban diseccionando varias, sufrieron violentas descargas ellos mismos. Pasaron cuatro horas haciendo una serie de pruebas peligrosas como agarrar una anguila con las dos manos, tocar una anguila con una mano y un trozo de metal con la otra, o que Humboldt tocara una anguila mientras le daba la mano a Bonpland (este último sintió la sacudida). A veces pisaban tierra seca, a veces, húmeda; conectaron electrodos, dieron toques a las anguilas con bastones de cera mojados y las cogieron con arcilla húmeda y cuerdas de fibra hechas con hojas de palma. No dejaron ni un material sin probar. No es de extrañar que, al acabar el día, Humboldt y Bonpland se sintieran débiles y enfermos”.

Siete

“Las anguilas animaron a Humboldt a pensar sobre la electricidad y el magnetismo en general. Contemplar el macabro enfrentamiento entre las anguilas y los caballos le hizo reflexionar sobre las fuerzas que, de distintas formas, creaban los rayos, adherían un metal a otro y hacían que se movieran las agujas de las brújulas. Como en tantas ocasiones, Humboldt comenzó con un detalle o una observación y lo desarrolló para abarcar el contexto general. Todo «manaba de una fuerza», escribió, y «todo se fundía en un poder eterno e integral».”


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Sie7e Párrafos | 10 de diciembre de 2018

Un ensayo determinante sobre una fecha definitiva

1917
Martín Kohan
Godot

Comentario y selección de párrafos por María Sonia Cristoff, escritora. Ha publicado narrativas de no ficción -Falsa calma, Desubicados- y novelas -Inclúyanme afuera, Bajo influencia, Mal de época. Da clases en dos universidades. Camina compulsivamente.

Uno (mi comentario)

Siguiendo los pasos ya prefigurados en otro gran libro suyo, El país de la guerra, acá, en 1917, Martín Kohan hace un recorte de lecturas muy preciso a partir del cual va pensando, imaginando, narrando, casi cercando un tema. La fecha consagratoria de la Revolución Rusa, en este caso. Y, entre esas lecturas, hay textos de Gramsci, de Lenin, de las secretarias de Lenin, de Trotski, del guardaespaldas de Trotski. (…)

(Sigue mi párrafo)

(…) No me extiendo en la enumeración porque están todos citados en la página final. ¿Significa esto que van a encontrarse con un listado exhaustivo, con la bibliografía total acerca del tema? No, para nada. Y precisamente ahí radica el gran hallazgo de 1917, que es un libro acerca de la Revolución, sí, o más bien acerca de algunos momentos de algunos de los personajes ligados a la Revolución, pero sobre todo es un libro acerca de los modos en los que un escritor de literatura puede abordar el ensayo como género. ¿Y en qué radican esos modos? ¿En plegarse a la prosa y a la exhaustividad del especialista, cuando no a su aburrimiento? Muy por el contrario. Martín Kohan reafirma un abordaje en el cual es condición indispensable la literatura como práctica constante. ¿Y cómo se evidencia eso en 1917? En los modos más variados: en la desestimación de jerarquías consabidas para elegir los libros con los que se conversará; en el ojo de águila lectora para descubrir, en esos libros, el pasaje exacto a partir del cual desentrañar un dilema personal, una batalla intelectual, un movimiento en el tablero de la contienda política; en el oído para dar con la frase justa, tanto en el libro que se escribe como en el que se lee; en el resto de animismo tan típico entre escritores que permite tratar a los autores que están en la bibliografía como a figuras vivas con las que se entablan diálogos y discusiones con todas las marcas de lo cotidiano. Podría seguir enumerando evidencias, pero prefiero remitirme a la otra condición implícita en este abordaje: la descolocación. Martín Kohan habla de eso –de la descolocación, del fuera de lugar del escritor como paradójico modo de estar en el mundo- en el primero de los párrafos que seleccioné acá y también habla de eso inmediatamente después del último, cuando analiza el momento Breton-echado-del-auto. A través de esa figura del descolocado, Martín Kohan está hablando fundamentalmente de las (im)posibilidades de la literatura frente a la acción, algo a lo que se refiere en el cuarto de los párrafos que siguen. A mí me gusta esa figura para hablar también de lo que en este libro extraordinario subyace: de la descolocación del escritor -frente a la propiedad del especialista- no solo como una nueva forma de pensar el ensayo en tanto género sino también como posibilidad de pensar otra configuración del mundo.

Dos (la selección)

“Francés entre los rusos, moderado entre los maximalistas, disidente entre los aliados: Jacques Sadoul, en cierta forma, estaba solo. En Francia terminarían acusándolo de traición por su sospechada proximidad con los dirigentes bolcheviques. Henri Barbusse, en juli de 1919, definió como “un hombre que ha resultado ser demasiado perspicaz y demasiado sincero”. Y dijo de él: “Y es que está aislado”. Para narrar una revolución, sobre todo mientras está transcurriendo, puede que sea la mejor colocación. Aunque hablar de descolocación sería más atinado y más justo”.

Tres

“No es lo único que a Lenin le falta en el destierro de Munich. En una carta a su madre, M. A. Uliánova, reclama otra cosa que, a diferencia de ese invierno y ese río, no es rusa. Lenin extraña lo que llama “mis” plumas, las plumas inglesas con las que escribe habitualmente, y se queja porque “aquí no se las encuentra. Gente tonta, esos checos y alemanes. No hay plumas inglesas, tienen solo las de fabricación propia, que no sirven para nada”. Reclama así, una vez más, un instrumento de escritura. Antes, a su hermana, desde la prisión, el lápiz de grafito, por fuera de la requisa de armas; ahora, a su madre, desde el destierro, la pluma que va a procurarle (siendo, en sí misma, extranjera) una necesaria sensación de familiaridad, de reconocimiento, hasta de pertenencia”.

Cuatro

“El 6 de marzo, Lenin remite una carta dirigida a Stalin. En ella le reprocha haber maltratado por teléfono a su esposa, le exige que se retracte y que se excuse, le advierte que está dispuesto a romper relaciones con él si no lo hace. La Unión Soviética no conocerá esta carta secreta sino muchos años después; pero su secretaria la conoce ese mismo día, la oye para ponerla en el papel. Stalin la recibe y dicta, a su vez, una respuesta. Volodícheva registra: “La carta no ha sido entregada todavía a Vladímir Ilich porque él ha empeorado””.

Cinco

“La literatura, en cambio, por su parte, incluso la revolucionaria, la de agitación, la de compromiso, ¿qué otra cosa es, sino espera? Nada mejor que su voluntad de incitación para probarlo, para poner en evidencia la ineluctable dilación de su condición mediatizada. György Lukács dirá “realismo”; Bertolt Brecht, “distanciamiento”; Jean-Paul Sartre, “situación”: para todos será evidente, a sabiendas o a su pesar, que, como diría más adelante Adorno, “nada de lo social en arte es inmediato ni aun cuando lo pretenda”. Mediaciones: la conciencia, las formas artísticas, la institución-arte, las propias palabras, no expresarán otra cosa que eso: la imposible inmediatez, o lo imposible de la inmediatez, precisamente porque se fundan en esa ambición tan enorme: ser impulso para el paso a la acción, traspasar desde el lenguaje hacia la plenitud de la revolución política”.

Seis

“Atrincherado, o poco menos, en su casa blindada del Distrito Federal, Trotski vuelve a abocarse ante todo a los trabajos intelectuales, la salida a la que apela en sus días de prisión. “Trotski así se ganaba el pan para la casa, con sus escritos, como lo hizo toda su vida”, consigna Rosmer. ¿Y de qué excusa se valió, en última instancia, su solapado asesino, sino la de acercarle un artículo propio para someterlo a su consideración? ¿Qué otra cosa, sino leer, estaba haciendo Trotski, cuando el asesino le asestó su golpe de muerte? ¿Qué otra clase de distracción, sino la que es propia de todo lector concentrado, le impidió advertir a tiempo el ataque que le lanzaba? El testimonio que brindó Joseph Hansen, director de seguridad en la casa, y que recoge Rosmer, especifica que la sangre de Trotski salpicó las últimas páginas que había escrito para una biografía de Stalin”.

Siete

“En un artículo sobre el surrealismo publicado en 1929, Walter Benjamin proponía: “Hay que ganar las fuerzas de la ebriedad para la revolución”. Era su manera de abordar esa cuestión tan decisiva, la de la relación entre vanguardias artísticas y vanguardias políticas. Años después, en 1938, en el DF, se unen León Trotski (máximo referente, junto con Lenin, de la revolución Bolchevique) y André Breton (máximo referente, junto con Louis Aragon, de la revuelta literaria surrealista) para elaborar, junto con Diego Rivera, un Manifiesto por un arte revolucionario independiente. La declaración tenía menos que ver con una exigencia artística de asumir un compromiso político que con una exigencia política de respetar la independencia artística, y así favorecer sus posibilidades de contribuir con la revolución (es un tiro por elevación, si es que puede hablarse de elevación, a la política artística del stalinismo, tan dirigida como represiva, tan pautada como persecutoria).

La redacción del documento quedó mayormente a cargo de Breton, y no estuvo del todo exenta de algún percance, alguna desavenencia. No obstante, el asunto prosperó y el Manifiesto se dio a conocer, firmado junto con Rivera, por André Breton y por Trotski. Y ahí van los dos, en el auto de adelante; Breton al lado del conductor, y Trotski junto a su mujer, en el asiento trasero. De pronto, el coche se aparta hacia la banquina, deja la ruta, se detiene. ¿Qué pasa? Se abre la puerta, Breton se baja. Es Trotski quien lo hace bajar, es Trotski el que lo echa; no lo quiere más ahí, lo quiere lejos, lo quiere afuera: que se vaya. Es preciso entonces hacer un enroque: hay uno que iba en el auto de atrás, y tiene que pasar al auto de adelante; en tanto que Breton, que iba en el auto de adelante, tiene que pasar el auto de atrás. Hecha esa redistribución, la marcha se retoma.

¿Qué pasó? No se sabe, y nunca se sabrá. Porque Trotski no dirá ni una sola palabra sobre el incidente. Ya en otras ocasiones se había revelado como un campeón del hermetismo, invencible en la parquedad. Lo ratifica ahora.”


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Sie7e Párrafos | 7 de diciembre de 2018

Las mujeres científicas que no sabías que lo eran (y por qué las sociedades que las reconocieron hoy son mejores)

Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera)
Valeria Edelsztein
Siglo Veintiuno

Comentario y selección de párrafos por Mónica Szurmuk, investigadora principal del CONICET especialista en género, estudios culturales, memoria y literatura comparada. Sus libros más recientes son The Cambridge History of Latin American Women´s Literature y La vocación desmesurada: Una biografía de Alberto Gerchunoff.

Uno (mi comentario)

Busquen en youtube la pieza de Hildegarda von Bingen “Voces de Ángeles”, cierren los ojos y escuchen la melodía varios minutos. Ahora abran los ojos e imagínense cómo era la vida de Hildegarda. Luego hagan el ejercicio que propone Valeria Edeleztein:

1. Tomen lápiz y papel

2. Escriban todos los nombres de mujeres científicas que se les ocurran

3. Ahora, borren el de Marie Curie. (…)

(sigue mi comentario) (…) 

¿Cuántes  de ustedes incluyeron a Hildegarda entre las científicas? Yo tampoco. A pesar de ser una fan de la Hildegard compositora, no sabía que también había sido una médica cuyos consejos seguimos hasta ahora (¡es la primera que habla de la necesidad de hervir el agua!) y cuyos descubrimientos realizados en el siglo XI son confirmados por estudios publicados en revistas como The New England Journal of Medicine en los últimos quince años.

El libro Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera) de Valeria Edelsztein es una cajita de sorpresas donde conviven científicas de todas las épocas y las latitudes.  Parte de la colección “ciencia que ladra…” de Siglo XXI, está pensado para jóvenes lectores pero tiene material para todas las edades.

Además de las historias de vida de mujeres científicas de todas las épocas y latitudes, aparecen sus experimentos (¡prueben hacerlos!), sus recetas, sus consejos. Siguiendo un orden cronológico, Edelsztein nos muestra que los momentos de exclusión de las mujeres de las ciencias han sido cíclicos y que en los períodos oscurantistas de occidente había mujeres científicas en el oriente. La conclusión que se desprende es que las sociedades que invirtieron en ciencia y no discriminaron (tanto) a las mujeres científicas les fue mejor. Y las mujeres hicieron ciencia siempre, en la cocina como afirma Sor Juana que, retóricamente le pregunta al Obispo de Puebla “¿qué os pudiera contar… de los secretos naturales que he descubierto estando guisando?” para pícaramente afirmar luego: “Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.” Imagínense si a las científicas se les sumara el reconocimiento y las condiciones de trabajo que merecen y se les restara el menosprecio y los acosos varios, ¡cuánto mejor sería el mundo! ¿no?  Ah, y no se preocupen, seguiríamos cocinando y limpiando.

Dos (la selección)

Contra los molinos de viento

“Si todas las mujeres que nombramos hasta el momento tuvieron que escuchar cómo los hombres las criticaban, o peor aún las obviaban, el siguiente caso va un paso más allá. Elizabeth Cellier, una comadrona inglesa, se enfrentó directamente a un juicio en 1679 (después de que la encarcelaran, claro). Entre sus trabajos, hay una recopilación de estadísticas que muestra la alta mortalidad de madres y bebés por mala atención en el parto, un intento de fundar una institución para preparar profesionalmente y registrar a las comadronas inglesas (cuya solicitud fue rechazada por el rey Jacob II), la planificación de un hospital y hasta visitas a prisioneros (que no era algo aceptado en esa época). Conclusión: múltiples enemigos, acusación de complot, cárcel y quema de sus libros. ¿Por qué tanto ensañamiento? Porque era católica en un mundo protestante. Así que, además de todo, no tenía derecho a ser defendida por un profesional. Por lo tanto, se hizo cargo de su propia defensa… y ganó. Así pasó a la historia como “The popish midwife” (la partera papista). Por lo menos pasó a la historia. No como la pobre Marie Colinet”.

Tres

“Resulta ser que Agnódice era brillante y tenía mucho éxito profesional. Los médicos griegos, alarmados por su notoriedad (y, ¿para qué engañarnos?, un poco celosos), echaron a correr al falso rumor de que este médico, aprovechándose de su estatus profesional, seducía y abusaba de las mujeres que lo consultaban. Pero ella, ni lerda ni perezosa, se presentó ante los jueces ancianos (el Aerópago) y se desnudó para desmentir la acusación. Felizmente, dejó en ridículo a quienes le habían inculpado; sin embargo, terminaron condenándola a muerte (bueno, todo no se puede). Cuenta la historia que, cuando parecía que ya nada podía hacerse, mujeres de todas las clases sociales, agradecidas por la atención médica que habían recibido de esta valiente pionera, formaron un movimiento de “resistencia” si Agnódice era ejecutada, ellas morirían también (¡eso sí que es una jugada arriesgada!). De ese modo, mientras los 31 miembros del Aerópago consultaban la condena con la almohada, las esposas de los 400 senadores los obligaron a elaborar nuevas leyes. La presión de las masas funcionó (!eso sí que es democracia!) y no solo Agnódice fue absuelta, sino que al año siguiente el Consejo Ateniense modificó la ley y autorizó a las mujeres a estudiar y ejercer la medicina, siempre y cuando solo atendieran a sus congéneres”.

Cuatro

Sin nombre propio

“El colmo del esfuerzo por obviar las contribuciones femeninas es el test de Apgar, un examen clínico clave que se le hace al bebé recién nacido después del parto para controlar su estado general. Este test tiene ese nombre por Virginia Apgar, una

anestesióloga especializada en obstetricia que lo creó en 1952. Sin embargo, se lo suele explicar de acuerdo con la regla nemotécnica: A por apariencia, P por pulso, G por gesticulación, A por actividad y R por respiración”.

Cinco

Si no puedes con ella, enjuíciala

“El juicio comenzó el 11 de agosto de 1322.

La acusación: “Curaba a sus pacientes de dolencias internas y heridas o de abscesos externos. Visitaba asiduamente a los enfermos, examinaba la orina tal como hacen los médicos, les tomaba el pulso y palpaba todas las partes del cuerpo”.

Los testigos: Seis testigos dieron fe de que Jacoba los había curado cuando muchos médicos ya habían desistido, y un pariente declaró que “es más sabia en el arte de la cirugía y la medicina que cualquier maestro médico y cirujano que hubiera en París”.

La declaración de Jacoba: “Es mejor, más honesto y apropiado que una mujer sagaz y experta en el arte de curar visite a una mujer enferma, la explore e investigue los secretos de la naturaleza y las partes recónditas de esta, a que esto lo haga un hombre, a quién no le está permitido ver las cosas mencionadas”.

La sentencia: “Jacoba es advertida de que si vuelve a realizar alguna práctica sanadora será excomulgada y condenada a pago de sesenta libras parisienses. En esta misma resolución se advierte asimismo a otros cinco practicantes, tres mujeres (Juana la conversa, la cirujana Margarita de Ypres y la judía Belota)””.

Seis

Rita Levi Montalcini (1986)

Descubrimiento y estudio del factor de crecimiento nervioso

La historia de Rita es una muestra de que, cuando se quiere, se puede. Esta mujer, nacida en 1909, superó el siglo de vida pero mantiene su cerebro activo como cuando tenía 20 años. Mujer, judía e investigadora en pleno gobierno de Mussolini, su futuro no parecía demasiado brillante. Especialmente cuando en 1938 el dictador publicó el Manifesto per la Difesa della Razza, que le prohibía a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional. Error. Rita armó su propio laboratorio clandestino en la habitación con embriones de pollo. En 1947, con el fin de la guerra, pudo viajar a los Estados Unidos para el momento cúlmine de su carrera: el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso (NGF, del inglés Nerve Growth Factor), una proteína que estimula el crecimiento y la renovación de ciertas células nerviosas.

En 1986, recibió el Premio Nobel de Medicina. Cuando estaba a punto de cumplir 100 años, le preguntaron qué haría si volviera a tener 20. “Pero si estoy haciéndolo”, respondió. En sus propias palabras: “El cuerpo inevitablemente se arruga, pero el cerebro no””.

Siete

“A los 18 años, en 1809, Henriette Faver Caven quedó sola en el mundo: huérfana, viuda y sin hijos, no tenía otra opción que arremangarse y ganarse la vida. Para las mujeres, eso implicaba o bien dedicarse a la prostitución o bien casarse nuevamente. ¿O…?

Henriette prefirió convertirse en Henry: se vistió de hombre, estudió medicina en París y logró el título de médico cirujano. Trabajó en las campañas militares de Napoleón en Rusia (frío, frío) pero, después de que el francés fuera derrotado en España, Henriette decidió establecerse en Cuba (caliente, caliente).

Tan en serio se tomó el personaje que incluso se casó por caridad con una huérfana. Sin embargo, finalmente se descubrió la verdad.

Contra lo que podamos suponer, el caso de Henriette no fue el único: varias mujeres, aún antes que ella, sirvieron en la guerra y solo se supo que lo eran cuando las herían, llegaban al hospital o, incluso, como en el caso de otra médica, Mirando Stuart Barry, durante la autopsia. (¡Sorpresa!)”.


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Sie7e Párrafos | 6 de diciembre de 2018

Ensayo agudo sobre los cambios que provocó (y sigue provocando) la Internet

El Filtro Burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos
Eli Pariser
Taurus

Comentario y selección de párrafos por Martín Becerra, Investigador Principal en Conicet, Profesor Titular en las Universidad Nacional de Quilmes y UBA sobre políticas de comunicación y TIC. Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. 

Uno (mi comentario)

Pariser escribió uno de los ensayos más agudos sobre los cambios sociales y culturales en curso provocados por la forma en que evoluciona internet. Las mutaciones de la red, cada vez más concentrada en un puñado de conglomerados globales que almacenan y manipulan los datos de miles de millones de usuarios casi sin auditoría pública, son identificadas por un texto ameno con abundantes ejemplos cotidianos. La evolución personalizada de internet realza los gustos, emociones y vínculos de cada persona en una burbuja endogámica que amplifica el sesgo de confirmación en el acceso a informaciones y perspectivas, desechando las no coincidentes con nuestra noción del mundo (según el filtro que ha construido sobre esa noción del mundo el algoritmo de las corporaciones digitales) y potenciando guetos autocelebratorios con escasa conexión entre sí. Es decir, lo opuesto de una concepción robusta y deliberativa de democracia, que exige el contraste, la argumentación, la polémica y la escucha. Si bien “El filtro burbuja” fue editado en inglés en 2011 y algunos de los ejemplos del libro hoy tienen un formato distinto al que presentaba el autor (en algunos casos, como en los escándalos de venta de los datos personales de millones de cuentas por parte de Facebook, las tendencias reseñadas se agravaron), el texto no sólo no perdió vigencia, sino que resulta imprescindible para comprender las tensiones de una sociedad cuyos flujos de información y comunicaciones están intermediados por un dispositivo cada vez más ajeno a la capacidad de control social y político democrático.

Dos (la selección)

“Durante algún tiempo, parecía que internet iba a redemocratizar por completo la sociedad. Blogueros y periodistas reconstruirían sin ayuda alguna los medios de comunicación públicos. Los políticos sólo podrían presentarse en las elecciones si disponían de una amplia base de apoyo de pequeños donantes comunes. Los gobiernos locales serían más transparentes y tendrían que rendir cuentas ante los ciudadanos. Sin embargo, la era de una conexión cívica con la que tanto soñaba no ha llegado. La democracia precisa de ciudadanos que vean las cosas desde el punto de vista de otros, pero en vez de eso cada vez estamos más encerrados en nuestras burbujas. La democracia demanda una dependencia con respecto a hechos compartidos, pero en su lugar se nos ofrecen universos paralelos separados”.

Tres

“Está claro que, hasta cierto punto, siempre hemos consumido medios de comunicación que se ajustaban a nuestros intereses y aficiones, ignorando gran parte del resto. Sin embargo, la burbuja de filtros introduce dinámicas a las que no nos habíamos enfrentado antes”.

Cuatro

“En primer lugar, estás solo. Un canal de cable que atiende a un interés limitado (digamos, el golf) tiene otros espectadores con los que compartes un marco de referencia. Ahora bien, tú eres la única persona dentro de tu burbuja. En una época en la que el intercambio de información es la base de la experiencia compartida, la burbuja de filtros actúa como una fuerza centrífuga que nos separa”.

Cinco

“En segundo lugar, la burbuja de filtros es invisible. La mayoría de oyentes de fuentes de noticias de derechas o de izquierdas saben que escuchan una emisora que sirve a un punto de vista  político determinado. No obstante, las intenciones de Google son opacas. Google no te dice quién cree que eres o por qué te muestra los resultados que ves. No sabes si lo que supone acerca de ti es correcto o incorrecto; y puede que ni siquiera seas consciente de que está haciendo conjeturas sobre ti (…) Como no has elegido los criterios según los cuales las páginas filtran la información que entra y sale, resulta fácil imaginar que la información que pasa por un filtro burbuja sea imparcial, objetiva y verdadera. Pero no lo es. De hecho, desde dentro de la burbuja es prácticamente imposible ver lo sesgada que es”.

Seis

“Por último, uno no elige entrar en la burbuja. Cuando pones Fox News o lees The Nation, estás tomando una decisión acerca de qué tipo de filtro quieres utilizar para darle sentido al mundo. Se trata de un proceso activo y, al igual que sucede cuando te pones unas gafas de sol, puedes advertir en mayor o menor medida que la inclinación política del editor determina tu percepción del mundo. Con los filtros personalizados, por el contrario, no adoptas el mismo tipo de decisión. Ellos vienen a ti –y como aumentan las ganancias de las páginas web que los utilizan, cada vez será más difícil evitarlos”.

Siete

“Naturalmente, el aumento de internet a la carta también acarrea ciertas ventajas. Disfruto usando Pandora, Netflix y Facebook como cualquiera. Agradezco los accesos rápidos de Google a través de la selva de información (y no podría haber escrito este libro sin ellos). Pero lo inquietante de este giro hacia la personalización es que en gran medida es invisible a los usuarios y, en consecuencia, está fuera de nuestro control. Ni siquiera somos conscientes de que estamos asistiendo cada vez más a imágenes divergentes de internet. Puede que internet sepa quienes somos, pero nosotros no sabemos quién cree que somos y cómo utiliza dicha información. La tecnología diseñada para darnos más control sobre nuestras vidas en realidad nos lo está quitando”.


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Sie7e Párrafos | 5 de diciembre de 2018

Mala leche: leer para cuestionar (y entender) lo que comemos

Mala Leche
Soledad Barruti
Planeta

Comentario y selección de párrafos por Miriam Molero, periodista de espectáculos y cultura en medios como La Nación, Perfil, TV Pública. Actualmente trabaja en Radio Mitre.

Uno (mi comentario)

¿Tenemos real noción de lo que ingerimos, tenemos noción de lo que permitimos o incluso incentivamos que nuestros hijos coman? Después de leer “Mala leche”, la respuesta es no. La mayoría de los consumidores de supermercado, se intuye con facilidad, desconocemos la diferencia entre procesado y ultraprocesado, e ignoramos que la comida chatarra, además de conseguirse en las hamburgueserías multinacionales, puede esconderse en un producto inocentado tras la etiqueta de saludable. “Mala leche” es un trabajo que cuestiona lo que comemos, cuestiona los métodos modernos del agronegocio, cuestiona las campañas engañosas de las megamarcas de ultraprocesados que engordan, dañan y ni siquiera alimentan en la Argentina y en todos aquellos países donde la comida casera cedió terreno ante la industrial. El lector podrá trazar una línea de coincidencia, ver hasta dónde acompaña a Soledad Barruti en su cruzada, conocer las medidas legales y concretas que tomaron otras naciones -como nuestro vecino Chile- para cuidar la salud de la población, podrá ser más o menos extremo, más o menos concesivo, más o menos incrédulo, pero lo cierto es que al finalizar el libro tendrá herramientas para reflexionar y si tiene dudas tendrá la obligación intelectual de despejarlas por sí mismo. Lo que no podrá es seguir comiendo a ciegas.

Dos (la selección)

“Lo importante es comer de todo”, ” hay que tener voluntad y comer con moderación”, “no hay que demonizar ningún alimento”.
-¿Las gaseosas tampoco?
-Tampoco.
Como hicieron las tabacaleras en los años 60, las marcas cuentan con un ejército de profesionales de la salud que repiten esas afirmaciones mientras atienden en sus consultorios,  dictan conferencias en congresos internacionales y publican estudios con gran impacto en los medios de comunicación.
Cada uno tiene un propósito: difundir ciertos productos, generar distracción sobre sus efectos o, ante los estragos cada vez más evidentes que genera esta forma de comer, encontrar culpables en todos lados, como por ejemplo, la falta de ejercicio.

Tres

“La lucha desde esas trincheras es arriesgada hasta lo aterrador (¿acaso hay algún conflicto en Latinoamérica que no lo sea?) pero si tienen éxito la región será, otra vez, la que transforme la comida del mundo en algo mejor.
Se exige el fin de la publicidad dirigida a niños y el marketing inescrupuloso, la impresión de rótulos claros y señales de alarma sobre los productos más problemáticos, el aumento impositivo a la comida chatarra, el fin de los desiertos alimentarios, y la garantía de acceso a la comida sana, limpia y justa”.

Cuatro

“Haciendo uso de redes sociales, hora en televisión pública, alcance en programas de salud, de repente Brasil dijo a los brasileros: si quieren estar sanos, así les conviene comer. “Si dice nitrato, nitrito, espesantes, conservantes, no es comida de verdad”, decía un post en Facebook del gobierno”.

Cinco

“La Sociedad de Pediatría Argentina recibe financiamiento de Nestlé, y lo mismo ocurre en todo el continente. Brasil, México, Chile…Nestlé financia publicaciones de neonatólogos y pediatras, congresos, investigaciones. ¿Eso es ético? ¿No se puede buscar otro tipo de financiación? ¿crees que habría tanta recomendación de fórmulas innecesarias si no existiera esta relación carnal de la medicina con los laboratorios?”

Seis

“Un día de 2014, las bebidas azucaradas en México -el país donde más se consumen esos productos en todo el mundo, con estados como  Chiapas donde el consumo es trágico- empezaron a costar un 10 por ciento más. Fue un impuesto castigo como el que lleva el tabaco. Creado para desalentar el consumo y cargado sobre productos que en los últimos años se popularizaron, entre otras cosas, por bajar sus precios al suelo”.

Siete

“Los niños están teniendo enfermedades de adultos”, dicen también los médicos, sobre todo los que se enfrentan al desgaste que les genera comer comida de niños.
En ese contexto, más allá de su objetivo de combatir la obesidad, la ley que inauguró Chile es una herramienta valiosa para que las marcas no tengan la primera palabra.
-Mirá, está todo repleto de sellos, ¿ves?, no conviene llevarlo- le explica la madre a su hijo y me imagino que tal vez a mi me hubiera resultado útil contar con una ayuda de este tipo.
Pero para comer bien con esta guía sola no alcanza.
-Lo que descubrimos es que con sellos o sin sellos no es lo más importante- dice Cecilia Castillo.
-¿Cuál sería entonces la indicación?
-La indicación fundamental que doy ahora en mi consultorio es que coman comida de verdad, no productos. eso es lo que dice la ciencia”.


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Sie7e Párrafos | 4 de diciembre de 2018

El ciclo de la ilusión y el desencanto: una mirada profunda y liberal

El ciclo de la ilusión y el desencanto
Lucas Llach y Pablo Gerchunoff
Crítica

Comentario y selección de párrafos por José Natanson, periodista y politólogo, Director de Le Monde diplomatique Edición Cono Sur y de Capital Intelectual.

Uno (mi comentario)

En este libro clásico, Pablo Gerchunoff y Lucas Llach se proponen explicarel gran misterio de la economía argentina: un patrón de crecimiento alocado que la lleva de la cumbre al abismo cada tantos años, en una sucesión monótona de crisis cuasiterminales seguidas de recuperaciones aparentemente milagrosas seguidas de crisis que parecen aún más letales seguidas de recuperaciones… y así hasta hoy. El ciclo de la ilusión y el desencanto, que es como llaman al subibaja, comienza tan atrás en el tiempo como en la etapa de la consolidación nacional, a fines del siglo XIX, y se extiende hasta nuestros mismísimos días. A diferencia de la mayoría de los economistas, que no suelen destacarse ni por su amplitud de miras ni por la calidad de su prosa, Gerchunoff y Llach logran trasmitir con claridad y hasta elegancia su visión de la historia económica argentina, que integra la economía con las dimensiones políticas, sociales y culturales y sobre todo se detiene en los dilemas de los actores: ¿por qué tal presidente actuó como actuó? ¿por qué tal ministro de Economía decidió tal cosa? Como el ciclo se repite, en la edición corregida y aumentada editada en mayo de este año se añade un capítulo sobre la economía kirchnerista, del que extraje cinco de los seis párrafos seleccionados. Allí se puede apreciar tanto la profundidad del libro como la mirada liberal desde la cual está escrito.

Dos (la selección)

“De la historia de la política económica argentina puede decirse (y, de una manera u otra, se ha dicho) infinidad de cosas, pero hay una que no se ha oído jamás: nadie ha dicho que se trate de una historia monótona. La Argentina fue en algún momento el país de crecimiento más rápido y en algún momento el de crecimiento más lento; fue un caso de intensísima integración comercial y financiera al mundo y también un caso de cerrazón como pocos otros países; pudo pasar en pocos años de la hiperinflación a la deflación, del Estado empresario a uno de los más rápidos privatizadores del mundo, de ser el país mas caro de la región al más barato; del endeudamiento al default, y luego de otro default al endeudamiento. El péndulo de la política económica se movió más rápido y con más violencia que en otras latitudes, causa y consecuencia de una economía también marcadamente inestable.”

Tres

Fuente: INDEC y Graciela Bevacqua

Cuatro

“Pocos meses después de estos momentos críticos, Kirchner iniciaría una presidencia que sería recordada por el crecimiento a “tasas chinas” (en referencia a la similitud con el fuerte crecimiento del gigante asiático). El período 2003-2003 fue probablemente el quinquenio de mayor expansión del producto por habitante de la historia argentina. La inflación, en tanto, hacia el final del primer año de gestión del nuevo presidente, se ubicaría apenas un 3,7% anual. ¿Cómo pudo ser eso posible cuando pocos meses antes del país se hundía en una profunda crisis? Ocurrió que la presidencia de Duhalde, en muchos aspectos dramática, sentó las bases de una configuración macroeconómica que dio sus mejores frutos durante los años posteriores: la devaluación había dado lugar a un tipo de cambio real significativamente alto, que una vez asentado el polvo de la crisis permitía una macroeconomía más saludable: salario real bajo pero con amplio margen para crecer, superávit fiscal y superávit externo. Todos estos elementos constituyeron las condiciones iniciales de una recuperación que sorprendió a muchos, y marcaban las principales diferencias económicas entre el final de la convertibilidad y la llegada de Kirchner al poder. Otros aspectos, como la apertura comercial instaurada en los 90 o la privatización de los servicios públicos, no habían sufrido mayores alteraciones.”

Cinco

“Tras la victoria de Cristina en 2007, el gobierno parecía ser consciente de que, a pesar del favorable contexto externo, la economía requería ciertos ajustes. Ante un resultado fiscal que se había deteriorado sensiblemente en el año electoral, el crecimiento del gasto público se moderó, como ya había ocurrido en los meses posteriores a los comicios legislativos de dos años antes. Por otra parte, en noviembre de 2007, poco después de las elecciones, el gobierno saliente de Néstor Kirchner dispuso un aumento de las retenciones a las exportaciones de granos, que en el caso de la soja implicaba que pasarían del 27,5% al 35%. Desde el oficialismo se justificaba la medida argumentando que buscaba evitar que la suba de precios internacionales que se registraba por entonces tuviera impacto en el mercado interno. Más allá de ese argumento -más justificado en productos como el trigo que en el de la soja, con un peso directo en la canasta de consumo local muy limitado-, lo cierto es que implicaba un aumento de los ingresos del Estado. Kirchner dejaba así una mayor holgura fiscal a su esposa, con una medida que en principio parecía no tener antecedentes de rebeliones agrarias generalizadas frente a un aumento de las retenciones- y de hecho no los tuvo en ese momento. Parecía que, al menos desde lo fiscal, se intentaba ordenar la economía después de cierto desborde del año electoral.”

Seis

“Con estatizaciones directas o con intervenciones en compañías que formalmente continuaban en manos privadas, durante estos años el Estado aumentó su injerencia en materia empresaria y lo hizo con un enfoque que replicó el observado en otros aspectos de la administración: el de privilegiar el presente por sobre el futuro mediato. Fue así que las tarifas de buena parte de los servicios públicos -transporte, electricidad y agua, entre otros, particularmente en el área metropolitana de Buenos Aires- permanecieron durante los doce años de gobiernos kirchneristas congeladas o con ajustes por debajo de la inflación. Esto implicaba un beneficio inmediato a los consumidores de estos servicios, lo que ocurría tanto a costa de desalentar las inversiones -comprometiendo así la prestación futura- como de mayores subsidios que el Tesoro giraba a estas empresas, multiplicando así las derogaciones del fisco. Esto último, sumado a otras políticas -como la muy popular ampliación de la cobertura previsional- llevó a un fuerte aumento del gasto público en relación al tamaño de la economía, alcanzando un nivel nunca antes visto en el país.”

Siete

“El kirchnerismo dejaba su marca en la historia de la economía argentina completando un arco completo de ilusión y desencanto; el tercer ciclo de ilusión y desencanto de una democracia de tres décadas. Con la fulgurante recuperación de los primeros años, impulsada por circunstancias internas peculiares y condiciones externas favorables, pareció posible una combinación de reparación social y renacimiento productivo manteniendo la integración al mundo y suspendiendo los conflictos sectoriales típicos de la Argentina. Pero fue, en cierta medida, un espejismo. Con la economía llegando al pleno empleo en la transición entre Néstor y Cristina Kirchner con la inversión del descenso, se le pidió a la política económica lo que no podía dar: crecimiento a «tasas chinas» y salarios reales en aumento. Los síntomas de esta tensión fueron inflación y una apreciación cambiaria que arrinconaron a los gobernantes en un pasadizo cada vez más angosto, en el que siempre optaron por las bifurcaciones que minimizaban el costo presente aun a costa de renunciar a la arquitectura macroeconómica imperante en la mayor parte de Sudamérica. Se sucedieron entonces la manipulación de los índices de precios, el cepo cambiario, los permisos previos para importar y exportar, la conquista del Banco Central y la utilización de fondos jubilatorios para solventar el gasto corriente. A largo plazo, la apuesta por el corto plazo está, por definición, condenada a enfrentarse a dificultades insalvables: a reactivación, en la que todos ganan y en la que no son necesarias las inversiones, no puede ser un estado permanente.”


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Sie7e Párrafos | 3 de diciembre de 2018

La raíz: cómo funcionan los mecanismos de un poder corrupto

La raíz (de todos los males)

Hugo Alconada Mon

Planeta

Comentario y selección de párrafos por María O’ Donnell, periodista, politóloga y escritora. Conduce Tarde Para Nada en Radio Con Vos (FM89.9) y 50 Minutos en La Nacion +. “Born” la historia del secuestro de los hermanos Born es su último libro.

Uno (mi comentario)

Las respuestas a todo lo que usted quiso saber y nunca se animó a preguntar sobre cómo funciona el poder en la Argentina se encuentran en el último libro de Hugo Alconada Mon. Veinte años de un trabajo persistente como periodista de investigación le dieron a Hugo un conocimiento fabuloso de cómo funcionan los “sótanos” y los mecanismos de un poder corrupto que persiste en el tiempo porque funciona en base a la impunidad. Empresarios, políticos, periodistas -sí, periodistas también- sindicalistas, jueces, operadores, valijeros y otros tantos personajes quedan expuestos en un libro que resulta entretenido a pesar de la complejidad del tema que aborda. La Raíz es un libro ambicioso que logra su objetivo.

Dos

“Cualquier candidato que quiera competir hoy por la Presidencia de la Nación Argentina (con pretensiones reales de ganar) necesita al menos 100 millones de dólares. Eso cuesta llegar a la Casa Rosada. Los aportes estatales son, por tanto, insuficientes y el postulante dependerá de las donaciones privadas que recaude —¿a cambio de qué favores?— y de los fondos públicos que pueda desviar de manera ilegal. Fortunas que deberá mantener en la oscuridad y, por tanto, mentirle a la Justicia electoral. Así, la campaña electoral, acaso el momento más sano y reconfortante de toda democracia, puede también implicar el «pecado original».”

Tres

“Tan explícitos fueron los pedidos de Macri, que su propio equipo debió rogarle que se cuidara. Porque si uno solo de los presentes lo hubiera filmado con su teléfono celular y subido el video a las redes sociales, habría liquidado sus aspiraciones presidenciales.”

Cuatro

“— Quiero el 1% de tu patrimonio.
El que pide no es cualquiera. Es Mauricio Macri, jefe de Gobierno porteño y candidato a presidente de la República Argentina. Corre 2014 y el ingeniero pasa la gorra.
— ¿Cómo? ¿Perdón?
El que escucha tampoco es cualquiera. Es uno de los diez empresarios más ricos de la República Argentina. Y no fue el único que recibió ese pedido. Muchos miembros de ese «top ten» podrían confirmarlo… algo que nunca harán.
— Quiero el 1% de tu patrimonio para financiar mi campaña. Vos sabés que si yo gano, normalizaremos el país y el 99% restante de tu patrimonio va a valer muchísimo más.”

Cinco

“¿Qué es el «remate»?
«El «remate» es que cada empresario pone en un papelito cuánto repartirían entre sus competidores de lo que van a ganar si se quedan con la obra. Entonces, el contrato se lo queda el que promete repartir más y así todos ganan», explicó. «Claro que depende de un “pacto de caballeros”. Y acá —añadió sin ironía— todos lo son.»
Otra vez, Brasil es un espejo para comprender cómo funciona el sistema por debajo de la superficie que brilla.
¿Por qué?
Porque los empresarios brasileños se cartelizaron con 16 reglas propias de un campeonato de fútbol, por escrito, para evitar peleas, recelos o ninguneados.

Seis

“Porque Néstor Kirchner tuvo a Báez, Carlos Menem a los Yoma y Eduardo Duhalde a su Victorio Américo Gualtieri, con contratos por más de 1.000 millones de pesos/dólares en obra pública bonaerense durante la convertibilidad y deudas por 106 millones de dólares con el Banco Provincia que se pesificaron y fueron a pérdida, que también incluyó entre sus pasivos incobrables a la luego primera dama bonaerense Karina Rabolini, quien terminó como presidenta de la Fundación del propio banco. Pero lo mismo ocurre en otras tantas provincias y en la ciudad de Buenos Aires. Todas con finales idénticos, como remarcó Margarita Stolbizer: «Como suele suceder, las empresas que viven al amparo de las prebendas del poder gubernamental y el dinero que obtienen por sus vínculos con él bajan las persianas cuando los amigos se van […] y dejan el tendal de deudas que luego forman parte del quebranto no solamente financiero, sino también social, que paga el conjunto del pueblo argentino».”

Siete

“Sentado frente a un ministro de la gobernadora María Eugenia Vidal en un bar del centro platense, un conocido periodista de la televisión argentina fue directo al grano.
«Quiero una guita por mes», dijo.
El ministro intentó esquivar el toro. O más llano, «hacerse el boludo».
«No sé de qué me estás hablando. Yo no manejo esos temas.» Pero el periodista ya estaba lanzado.
— Raro. Porque el que antes ocupaba tu mismo cargo sí la ponía, todos los meses —le espetó en plena transición del sciolismo.
— Mirá, yo no sé cómo habrás arreglado con el gobierno anterior, pero conmigo no.
— Creo que no entendiste. A mí me da igual si la ponés vos, si la ponen a través de un área de la gobernación o por medio de la SIDE, pero si no quieren quilombo, hay que ponerla —resumió.


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Sie7e Párrafos | 3 de diciembre de 2018

21 lecciones para el siglo XXI: una invitación a revisar nuestras intuiciones más básicas

Comentario y selección de párrafos por Diana Cohen Agrest, Doctora en Filosofía (UBA) y Magister de Bioética (Monash University. Australia). También es autora de una decena de libros de filosofía, ética y derecho de las víctimas.

Uno (mi comentario)

Yuval Noah Harari no es un desconocido para el público lector argentino: tras la publicación de De animales a dioses y de Homo Deus, llega a las librerías 21 lecciones para el siglo XXI. Pero mientras en las primeras obras disecciona con un agudo escalpelo el devenir del homo sapiens y su futuro, en 21 lecciones nos introduce en una aventura fascinante: Harari pone en práctica el “Atrévete a pensar” kantiano. Retomando desde una perspectiva antropológica los grandes temas de Zygmunt Bauman, de quien podría ser considerado su brillante continuador, Harari nos advierte que la fusión de la infotecnología y la biotecnología puede conducir, remedando al Bauman de Vidas desperdiciadas, a la formación de un poder en manos de dictaduras digitales cuya contraparte ya no será una mayoría que “padezca no ya explotación, sino algo muchísimo peor: irrelevancia”.

A lo largo de cinco grandes bloques conceptuales, Harari comienza advirtiendo la pérdida de la fe en el relato liberal cuando la fusión de la biotecnología y la infotecnología nos desafía a crear nuevos modelos de trabajos, y a repensar conceptos como la libertad y la igualdad. A continuación, se interroga en qué medida el resurgimiento del nacionalismo y la religión constituyen un obstáculo a la cooperación global que podría enfrentar al reto tecnológico. Pero distante de la denuncia apocalíptica, el autor nos ayuda a medir las fuerzas humanas frente al terrorismo, a la guerra y a un Dios en los que se amparan esas amenazas que sumen a la humanidad en el oscurantismo y el temor. Instándonos a aceptar humildemente nuestros límites en la comprensión de los complejos procesos globales, nos muestra que “los humanos siempre han vivido en la era de la posverdad, cuyo poder depende de crear ficciones y creer en ellas”. Tras ese itinerario fascinante durante el cual un escéptico Harari nos guía en la revisión de nuestras intuiciones más básicas sobre el mundo a través de mitos y cautivantes historias, el autor no nos deja en un limbo existencial. En las últimas páginas de la obra nos ofrece una clave de lectura de la propia existencia valiéndonos de los instrumentos que acompañaron al homo sapiens desde que surgió hace miles de años. Esos instrumentos que le permitieron crear el imperio de la infotecnología y la biotecnología. Pero donde el homo sapiens continúa siendo, ni más ni menos, un ser que sufre, piedra basal de la ética que enmarca la fascinante lectura de 21 lecciones para el siglo XXI.

Dos (la selección)

“En el pasado conseguimos el poder para manipular el mundo que nos rodeaba y remodelar el planeta entero, pero debido a que no comprendíamos la complejidad de la ecología global, los cambios que hicimos involuntariamente alteraron todo el sistema ecológico, y ahora nos enfrentamos a un colapso ecológico. En el siglo que viene, la biotecnología y la infotecnología nos proporcionarán el poder de manipular nuestro mundo interior y remodelarnos, pero debido a que no comprendemos la complejidad de nuestra propia mente, los cambios que hagamos podrían alterar nuestro sistema mental hasta tal extremo que también este podría descomponerse.”

Tres

“Cuando un mono, un ratón o un humano ve un serpiente, el miedo aflora porque millones de neuronas calculan muy deprisa en el cerebro los datos relevantes y concluyen que la probabilidad de muerte es elevada. Los sentimientos de atracción sexual surgen cuando otros algoritmos bioquímicos calculan que un individuo cercano ofrece una probabilidad elevada de apareamiento exitoso, de vinculación social o de otro objetivo ansiado. Los sentimientos morales, como la indignación, el remordimiento o el perdón, se derivan de mecanismos neuronales que surgieron por evolución para permitir la cooperación en grupo. Todos estos algoritmos bioquímicos se perfeccionaron a lo largo de millones de años de evolución. Si los sentimientos de algún antiguo antepasado cometieron una equivocación, los genes que los modelaron no pasaron a la siguiente generación. Así, los sentimientos no son lo opuesto a la racionalidad: encarnan la racionalidad evolutiva.”

Cuatro

“Pero en realidad no hay razón para suponer que la inteligencia artificial adquiera conciencia, porque inteligencia y conciencia son cosas muy distintas. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas. La conciencia es la capacidad de sentir dolor, alegría, amor e ira. Tendemos a confundir ambas cosas porque en los humanos … otros mamíferos la inteligencia va de la mano de la conciencia. Los mamíferos resuelven la mayoría de los problemas mediante los sentimientos. Sin embargo, los ordenadores los resuelven de una manera diferente.”

Cinco

“Si queremos evitar la concentración de toda riqueza y el poder en manos de una pequeña élite, la clave es regular la propiedad de los datos. En tiempo antiguos, la tierra era el bien más importante del mundo, la política era una lucha para controlar la tierra y evitar que se concentrara demasiada en unas pocas manos, la sociedad se dividía en aristócratas y plebeyos. En la época moderna, las máquinas y fábricas resultaron más importantes que la tierra, y las luchas políticas se centraron en controlar estos medios vitales de producción. Si demasiadas máquinas se concentraban en unas pocas manos, la sociedad se dividía en capitalistas y proletarios. En el siglo XXI, sin embargo, los datos eclipsarán a la vez la tierra y la maquinaria como los bienes más importantes, y la política será una lucha para controlar el flujo de datos. Si los datos se concentrarán en unas pocas manos, la humanidad se dividirá en diferentes especies.”

Seis

“Sin embargo, aunque los dioses pueden inspirarnos para que seamos compasivos, la fe religiosa no es una condición necesaria para el comportamiento moral. La idea de que necesitamos un ser sobrenatural que nos haga actuar moralmente implica que hay algo no natural en lo moral. Pero ¿por qué? La moral de algún tipo es natural. Todos los mamíferos sociales, desde los chimpancés hasta las ratas, poseen códigos étnicos que ponen límites a las cosas como el robo y el homicidio. Entre los humanos, la moral está presente en todas las sociedades, aunque no todas crean en el mismo dios, o no crean en ningún dios. Los cristianos actúan con caridad incluso sin creer en el panteón hindú, los musulmanes valoran la honestidad a pesar de rechazar la divinidad de Cristo, y los países seculares, como Dinamarca y la República Checa, no son más violentos que los países devotos, como Irán y Pakistán.”

Siete

“…en realidad a su muerte se esfuerza por dejar atrás a … un poco más tangible. Ese «algo tangible» puede tomar una de … formas: cultural o biológica. Puedo dejar atrás un poema, ponga… por caso, o algunos de mis preciosos genes. Mi vida tiene sentido … que la gente todavía leerá mi poema dentro de cien años, o … mis hijos y nietos estarán todavía aquí. ¿Y cuál es el sentido de … vidas? Bueno, ese es su problema, no el mío. El sentido de la vida… de este modo un poco como jugar con una granada de mano … una vez que se la pasas a alguna otra persona, estás seguro.”


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.