Sie7e Párrafos | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 18 de diciembre

El libro que explica por qué es imposible explicar el tiempo

El orden del tiempo
Carlo Rovelli
Editorial

Selección y comentario por Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas por la UBA y profesor titular en la Universidad Nacional de Quilmes. Investigador superior del Conicet. 

Uno (mi comentario)

Se acabó lo que se daba. Veníamos lo más bien: creíamos en un mundo con tiempo, con un presente en el que ocurren las cosas que vienen del pasado y van hacia el futuro. Todo muy obvio, y la base para los fabricantes de relojes y de agendas. Pero aquí llega Carlo Rovelli a patear el tablero, a derrumbar nuestro sentido común y contarnos algo que – afirma – sabemos desde hace más de cien años: que la idea de que el universo existe ahora en una determinada configuración … ya no sirve. (…)

(sigue mi comentario)

(…) Vivimos en una burbuja de presente o, más bien, en una burbujita que llega hasta ahí nomás, en un mundo que no está hecho de cosas sino de eventos, que no necesita del tiempo para ser entendido, sino que basta con ver cómo cambian las variables unas con respecto a las otras. Sí, da tortícolis. La misma que hace siglos años tuvo un tal Descartes cuando exclamó, desesperado, que “tan serias son las dudas en que he caído que no puedo expulsarlas de mi mente ni ver modo alguno de resolverlas”. Con una prosa que parece poesía, con las metáforas y los ejemplos justos (y, para dejarme inflado de orgullo, ¡me cita!), con más preguntas que respuestas, Rovelli hace su trabajo de hormiga para dejarnos perplejos, boquiabiertos… y sin tiempo. Algo que ya sabía el mismísimo san Agustín: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé.”.

Dos (la selección)

“Tal es el tiempo. Familiar e íntimo. Su fuerza nos lleva. Su apresurada sucesión de segundos, horas, años, nos lanza hacia la vida, luego nos arrastra hacia la nada… Lo habitamos como los peces habitan el agua. Nuestro ser es ser en el tiempo. Su arrullo nos alimenta, nos abre al mundo, nos turba, nos asusta, nos mece. El universo devana su devenir arrastrado por el tiempo, según el orden del tiempo”.

Tres

“¿Por qué recordamos el pasado y no el futuro? ¿Somos nosotros quienes existimos en el tiempo, o el tiempo el que existe en nosotros? ¿Qué significa realmente que el tiempo “transcurre”? ¿Qué vincula el tiempo a nuestra naturaleza como sujetos?”.

Cuatro

“Este es el núcleo del tiempo. Ese deslizarse que sentimos que nos quema en la piel, que percibimos en la ansiedad del futuro, en el misterio de la memoria; aquí se esconde el secreto del tiempo: el sentido de lo que entendemos cuando pensamos en el  tiempo. ¿Qué es ese fluir? ¿Dónde anida la gramática del futuro? ¿Qué distingue el pasado, y su haber sido, del futuro, y su no haber sido aún, entre los pliegues del mecanismo del mundo? ¿Por qué el pasado es tan diferente al futuro?”.

Cinco

“Si observo el estado microscópico delas cosas, la diferencia entre pasado y futuro desaparece. El futuro del mundo, por ejemplo, está determinado por el estado presente ni más ni menos de lo que lo está por el pasado. Solemos decir que las causas preceden a los efectos, pero en la gramática elemental de las cosas no hay distinción entre “causa” y “efecto”. Hay regularidades, representadas por lo que llamamos leyes físicas, que vinculan eventos a tiempos diversos, regularidades simétricas entre futuro y pasado…. En la descripción microscópica no hay un sentido en que el pasado sea distinto del futuro”.

Seis

“El tiempo no es único: hay una duración distinta para cada trayectoria: transcurre a ritmos diferentes según el lugar y según la velocidad. No tiene orientación: la diferencia entre pasado y futuro no existe en las ecuaciones elementales del mundo, es un aspecto contingente que aparece cuando observamos las cosas descuidando los detalles; desde este desenfoque, el pasado del universo se hallaba en un estado curiosamente “peculiar”. La noción de “presente” no funciona: en el vasto universo no hay nada que podamos denominar razonablemente “presente”. El sustrato que determina las duraciones del tiempo no es una entidad independiente, diferente de las demás que constituyen el mundo; es un aspecto de un campo dinámico. Este salta, fluctúa, se concreta solo al interactuar, y no está definido por debajo de una escala mínima. ¿Qué queda del tiempo?”.

Siete

“Es la presencia de abundantes huellas del pasado la que nos produce la familiar sensación de que el pasado está determinado. Por el contrario, la ausencia de huellas similares del futuro nos produce la sensación de que este último está abierto. La existencia de huellas hace que nuestro cerebro pueda disponer de extensos mapas de eventos pasados, mientras que no posee nada similar para los eventos futuros. Este hecho está en el origen de nuestra sensación de poder actuar libremente en el mundo, eligiendo entre diversos futuros posibles, pero de no poder actuar, en cambio sobre el pasado”.


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Sie7e Párrafos | 17 de diciembre

Biografía monumental del primer hombre en pisar la luna: Neil Armstrong

El primer hombre
James R. Hansen
Debate

Selección y comentario por Federico Kukso, periodista científico. Se especializó en historia de la ciencia y STS (Science and Technology Studies) en el MIT y en la Universidad de Harvard. Es miembro de la comisión directiva de la World Federation of Science Journalists (WFSJ) y autor de los libros “El baño no fue siempre así”, “Todo lo que necesitás saber sobre ciencia” y “Dinosaurios del Fin del Mundo”.

Uno (mi selección)

Como Clark Kent -que creció en Smallville, Kansas-, los primeros y últimos años de Neil Armstrong transcurrieron también en el corazón de Estados Unidos. En su caso, en una granja de Ohio. Desde ahí, como un Superman no kriptoniano sino terrestre, se elevó a los cielos. Y con su hazaña nos elevó a todos como especie. (…)

(sigue mi comentario)

(…) La vida del primer ser humano que estampó su humanidad –y a la Humanidad– en la Luna está cruzada por una contradicción: uno de los hombres más conocidos del siglo XX es, a la vez, uno de los más desconocidos. Tal vez porque este hombre-ícono, héroe de una época en la que el espacio estremecía la imaginación, hasta el día de su muerte el 25 de agosto de 2012 fue un enigma: frío, contemplativo, modesto y de nervios de acero, este explorador taciturno le rehuyó a las cámaras y a la fama, antes y después de su pequeño paso y salto gigante. A diferencia de su colega y compañero de hazaña Buzz Aldrin que aún hoy le exprime el jugo mediático a la gran hazaña del siglo XX, Armstrong se exilió del mundo.

Ahí reside la monumentalidad del trabajo de su biógrafo, el historiador James Hansen, quien a través de entrevistas exclusivas desnuda en El primer hombre los secretos del Robinson Crusoe moderno, el viajero obsesionado, el padre, el esposo, el hijo.

“Siempre me ha parecido sorprendente que uno de los mayores logros del milenio, la llegada de Neil Armstrong a la Luna, un triunfo de valor y tecnología, no haya tenido prácticamente ninguna influencia en el mundo en general -escribió desilusionado el escritor inglés J. G. Ballard-. Neil Armstrong puede que sea el único ser humano de nuestro tiempo en ser recordado dentro de 50.000 años pero para nosotros su logro significa prácticamente nada.”

El libro -y la biopic recientemente estrenada, basada en el trabajo de Hansen- apunta a recomponer esta falta: nos acerca al hombre que fue más lejos.

Dos (mi selección)

El comentarista Heywood Hale Broun, de la CBS, más conocido por su irreverente periodismo deportivo, vivió el despegue con varios miles de personas en Cocoa Beach, a unos veinticinco kilómetros al sur de la plataforma de lanzamiento, y dijo a las decenas de millones de espectadores de Cronkite: “En un partido de tenis miras a un lado y a otro. En el lanzamiento de un cohete, no dejas de mirar hacia arriba. Tus ojos ascienden, tus esperanzas también y, al final, toda la multitud, como si fuera un enorme cangrejo con muchos ojos, mira hacia arriba sumida en un gran silencio. Se oye un pequeño “Oooh” cuando sube el cohete, pero, a partir de entonces, todo son miradas y gestos. Es la poesía de la esperanza; si se quiere, una esperanza no hablada, sino percibida en los gestos de concentración que hace la gente al seguir el ascenso del cohete”.

Tres

Neil Armstrong nunca relacionó la decisión de ser astronauta con el fallecimiento de su hija: “Para mí fue difícil dejar lo que estaba haciendo, que me gustaba mucho, para irme a Houston. Pero, en 1962, el programa Mercury estaba en marcha, todos los proyectos futuros estaban bien diseñados y la misión lunar iba a hacerse realidad. Llegué a la conclusión de que si quería salir de los límites de la atmósfera y adentrarme en las profundidades del espacio, esa era la manera de hacerlo”.

Cuatro

Los Nuevos Nueve (Neil Armstrong, el comandante Frank Norman de las Fuerzas Aéreas, el teniente Charles Conrad Jr., el capitán James A. McDivitt de las Fuerzas Aéreas, Elliot M. See Jr., los capitanes de las Fuerzas Aéreas Thomas P. Stafford y Edward H. White II y el capitán de corbeta John W. Young) eran un grupo extraordinario. En opinión de los máximos responsables del programa espacial tripulados de Estados Unidos, era, sin duda alguna, el mejor elenco de astronautas de la historia. La media de edad del grupo era treinta y dos años y medio, el peso 73,2 kilos y la altura un metro setenta y ocho. Con un metro ochenta y setenta y cinco kilos, Neil estaba un poco por encima de ese rango. Todos estaban casados, ninguno se había divorciado nunca y todos tenían hijos.

Cinco

Ante las críticas internacionales, Kennedy pensó que solo una hazaña espectacular restituiría la respetabilidad de Estados Unidos, así que echó mano del programa espacial con tripulación. Él veía en la NASA y sus astronautas un medio para un fin político. “Ahora es el momento de dar pasos más grandes, el momento de una gran empresa estadounidense, el momento de que esta nación adopte un liderazgo claro en los hitos del espacio, que en muchos sentidos guardan la llave de nuestro futuro en la Tierra”. Con estas históricas palabras, expresadas durante una sesión conjunta del Congreso el 25 de mayo de 1961, el presidente lanzó el guante: “Creo que esta nación debería comprometerse a conseguir el objetivo de llevar a un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes de que termine la década”.

Seis

Algunas mujeres sospechaban que sus maridos tenían aventuras extramatrimoniales; es posible que algunas lo supieran a ciencia cierta. Los periodistas que cubrían las actividades de la NASA tenían conocimiento de algunas indiscreciones, pero en el Estados Unidos de los años sesenta no se hablaba de esas cosas. La presión para las mujeres de los astronautas era extraordinaria. Todas ellas llevaban una pesada carga, pues debían aparecer en público como la Sra. Astronauta y la Madre Típicamente Estadounidense. Sabían lo que esperaba de ellas la NASA, e incluso la Casa Blanca. Para la esposa de un astronauta, elegir vestuario iba mucho más allá del estilo o incluso de la vanidad de una mujer. Había que respetar el aspecto saludable y santificado del programa espacial y de Estados Unidos.

Siete

(04.13.24.13 h) Armstrong: “Voy a salir del módulo lunar”.

Los millones de personas que vieron lo que ocurrió a continuación nunca olvidarán el momento en que Armstrong dio el primer paso sobre la superficie lunar. Contemplar las oscuras imágenes en blanco y negro que llegaban desde 400.000 kilómetros de distancia se hizo eterno hasta que Neil, con la mano derecha en la escalera, pisó finalmente la Luna con la bota izquierda.


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Sie7e Párrafos | 14 de diciembre

Libro de iniciación para feministas y, sobre todo, para quienes todavía no lo son

Economía Feminista
Mercedes D’Alessandro
Sudamericana

Selección y comentario por Agostina Mileo, comunicadora científica y Doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia. Editora de la sección de ciencia y coordinadora general de la campaña #MenstruAcción en Economía Femini(s)ta. Autora de “Que la ciencia te acompañe (a luchar por tus derechos)” (Debate, 2018). Es conocida en Twitter como La Barbie Científica (@Bcientífica).

Uno (mi comentario)

Economía Feminista es un libro iniciático. No tiene la solemnidad ni la explosión iracunda de esos textos que llamamos “fundacionales”, esos manifiestos hechos argumento de aquellas que sentaron las bases para entender que la desigualdad de género es constitutiva del ordenamiento social. En cambio, tiene el aplomo, la claridad y la dosis de ironía de aquella que, subida a hombros de gigantes, puede mostrar el presente como el resultado de un recorrido histórico y mirar hacia el futuro. Lo que Mercedes propone es usar su dominio como prisma para vernos a nosotras mismas en un sistema que excede nuestras decisiones personales y a la vez las condiciona, la economía como una disciplina determinante de nuestros roles, trabajos y anhelos. Pero, sobre todo, propone un punto de partida, una lectura hacia muchas otras, un feminismo como práctica que se construye colectivamente y a lo largo de la vida.

Dos (la selección)

“Pero el desafío más grande es entender el entramado de relaciones en que nos movemos. Romper el techo de cristal a costa de la explotación de las trabajadoras domésticas no suma en nuestro camino hacia la igualdad. Tener más trabajo a costa de verse confinado a una mayor precarización y bajos salarios tampoco es muy alentador. Convertirnos en una colección de zombies sobrevivientes a la crisis, cada vez con las ropas más raídas y las cabezas más explotadas no es una opción”.

Tres

“Además, como pocas veces (o nunca) hay un varón como niñero o fregando pisos y platos, se perpetúa la idea de que los cuidados (del hogar, niños y mayores) son cosa de mujer. Bowman y Cole (2009), de la Universidad de Chicago, plantean que la salida de este laberinto no pasa por condenar la contratación de mujeres para trabajos domésticos sino más bien por empezar a reconocer y valorar estas tareas, profesionalizarlas, a fin de mejorar la forma en que todos las percibimos y también la calidad con la que se realizan. Pero la valoración en nuestra sociedad está puesta en el salario; por tanto, si queremos que la labor de las empleadas domésticas o niñeras tenga mejores condiciones, necesita tener salarios más altos. Y aquí radica el problema para las mujeres profesionales de clase media: en países con grandes desigualdades sociales es más fácil encontrar mujeres pobres y con poca educación dispuestas a trabajar en una casa por poco dinero. Revalorizar el trabajo doméstico implica volverlo más caro. A las familias de medianos ingresos les viene bien pagar sueldos bajos, ¡de otro modo no podrían acceder a ellas!, ¡y sin ellas no podrían salir a trabajar!”.

Cuatro

“La lucha contra la pobreza es una lucha contra el lado oscuro del capitalismo, ese que genera a su paso ejércitos de población sobrante que vive marginada. Aquí es donde cobra relevancia la discusión central de la economía en torno a la desigualdad: ¿puede el capitalismo por sí mismo cerrar la brecha entre ricos y pobres? A esto podemos agregarle: ¿puede el capitalismo por sí mismo cerrar las brechas de género? Las respuestas no son muchas, se restringen a sí, no o quizá. Sin embargo, qué hacer ante cada una nos lleva a nuevos caminos, opciones y estrategias”.

Cinco

“Además de los prejuicios en torno a las capacidades de las mujeres para hacer ciencia, están los prejuicios sobre si las científicas pueden “ser mujeres”. Cuando se analiza la estructura familiar de quiénes llegan a los cargos altos en la ciencia (y también en las empresas), encontramos que una gran parte de las científicas en la cúspide de la pirámide son solteras o no tienen hijos, mientras que los varones en ese lugar son casados y tienen varios. Aquí aparecen nuevas preguntas: por un lado, las altas esferas del sistema científico (y del mercado laboral en general) son expulsivas para mujeres madres y eso explica que pocas lleguen; pero por otro lado, se suele suponer que todas las mujeres tienen el objetivo y el deseo de ser mamás”.

Seis

“Incluir no es solo darle un trabajo a alguien sino también darle la posibilidad de una participación más amplia como sujeto de la vida política y económica. Según Blas Radi, investigador en el Observatorio de Género en la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, hay leyes, propuestas e investigaciones de las que las personas trans son objeto pero no son parte de la decisión de objetivos o el análisis de los datos. “Las personas trans ocupan un lugar de marginalidad epistémica incluso en sus propios movimientos. No son productoras de conocimiento. En muchos casos se las invoca más para dar un efecto al discurso que para darles la conducción de sus propias luchas. Quienes conducen, quienes toman las decisiones, en general son personas cis (es decir, que no son trans)”, explica Radi. Este es un punto importante: si de lo que se trata es de una inclusión real, la podemos comparar con la ley de cupo del 30 por ciento para las mujeres en diputados y senadores: no se trató solamente de cubrir cargos con ellas sino de transformar un espacio de participación en el que se puedan canalizar demandas y dar representación a un sector de la sociedad que antes no lo tenía. Lo mismo debería suceder con el cupo para trans”.

Siete

“Todo este lado B del disco de la desigualdad necesita ser explicado. No es algo que omite solamente Piketty, a quien tomo como ejemplo con simpatía y admiración por su trabajo, sino que es un asunto incompleto en la Economía Política como ciencia a lo largo de su historia y también ausente en las charlas de sobremesa. Hace falta pensar y discutir por qué las mujeres tienen tan pocas chances de ser ricas y tantas más chances que un hombre de ser pobres, por qué en la división del trabajo les ha tocado una mayor cuantía de trabajos no pagos (o por qué sus trabajos no se pagan), cómo estas diferencias profundizan la desigualdad en general. ¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres? Es decir, no solo se agregan nuevas dimensiones al debate anterior sino que además se transforman las preguntas que nos podemos hacer. Las relaciones de género -que son construcciones sociales- son un elemento explicativo con demasiada relevancia como para dejarlas al margen”.


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Sie7e Párrafos | 13 de diciembre

Un padre y un hijo unidos por la enfermedad, como solo Philip Roth sabe hacerlo

Patrimonio
Philip Roth 
Debolsillo

Selección y comentario por Juan José Becerra, escritor, autor de la novelas Santo, Atlántida, Miles de años, Toda la verdad, La interpretación de un libro, El espectáculo del tiempo y El artista más grande del mundo.

Uno (mi comentario)

De golpe, un padre y un hijo coinciden en la enfermedad. Mejor dicho: la enfermedad del hijo comienza a brotar de la del padre. Con este argumento elemental, Roth escribió una novela de tracción a sangre donde los héroes ajustan cuentas, se aman en el registro de la rudeza y se entienden y protegen como animales al borde de la extinción.   

Dos (la selección)

“En mayo de 1981, a los setenta y nueva años, mi padre gozaba de una salud excelente y de un vigor impresionante, pero veinticuatro horas después de la muerte de su mujer en aquella marisquería su aspecto era tan malo como el que presentaba ahora, desfigurado por el tumor”.

Tres

“Quería el dinero porque era suyo y yo era su hijo, y tenía derecho a mi parte, y lo quería porque era, si no un auténtico trozo de su trabajador pellejo, sí algo parecido a la representación física de todo lo que había superado o de todas las cosas a las que había sobrevivido”.

Cuatro

Y yo pensé: “Ya sé de dónde procede la debilidad de la gente, todos lo sabemos, pero ¿dónde se halla el origen de la fuerza?”.

Cinco

“Se le presentaba una nueva y muy dura prueba que superar, y las pruebas no se superan a base de desesperación. Lo que hizo fue recurrir a la amalgama de desconfianza y resignación con que había aprendido a afrontar la humillación de la vejez”.   

Seis

“- Bush –dijo él- y su jefe, el pistolero Reagan. ¿Sabes lo único que aprendió el pistolero Reagan, en ocho  años? A quedarse dormido y a saludar. El mejor saludador del país”.

Siete

“Aferrado al borde de la piscina me dije: “Es la ansiedad. ¿Por qué estás tan angustiado?”, la típica pregunta que una persona que pasa por un mal momento físico nunca habría cometido la tontería de preguntarse, antes del advenimiento de los psicosomatistas.

-Voy a tener que dejarte ir, papá.

Llevaba varias horas inconsciente y no podía oírme, pero yo, emocionado, asombrado, llorando, estuve repitiéndole la frase una y otra vez, hasta creérmela”.


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Sie7e Párrafos | 12 de diciembre

Manual para escribir bien (y para seguir haciéndolo cuando no se sabe a dónde ir)

Libro de Estilo
El País
Aguilar

Comentario y selección por Luis Majul, periodista. Es autor, entre otros, de “El y Ella”, “El Final”, “El dueño” y “Lanata” (una biografía).

Uno (mi comentario)

La tercera edición del Manual de Estilo del diario El País de Madrid llegó a mis manos el día de mi cumpleaños número 29, el 17 de mayo de 1990. Fue uno de los regalos más apreciados que recibí en toda mi vida. Me lo obsequió uno de mis mejores amigos, Sergio Frenkel, un argentino que vive en Madrid desde 1989. Sergio fue una de las personas que me ayudó a soportar la angustia del proceso de escritura de mi primer libro, Por qué cayó Alfonsín (El Nuevo Terrorismo Económico). Cuando estaba desesperado porque no sabía cómo seguir, releía las normas básicas de escritura y redacción del manual, y me volvía el alma al cuerpo.  El País, Libro de estilo, publicó su primera edición en abril de 1977, un año después de su fundación. Las reglas fundamentales aparecieron ahí, y están reproducidas en los párrafos aquí debajo. Como cualquier lector atento sabrá descubrir, no solo sirven para los redactores de El País, sino para cualquiera que pretenda escribir con sencillez, efectividad, y hasta con cierta elegancia. Las tengo marcadas a fuego. Me resultaron inolvidables.

Dos (la selección)

“Las frases deben ser cortas, con una extensión máxima aconsejable de 20 palabras. Sujeto, verbo y predicado es regla de oro. No obstante, conviene variar la longitud y la estructura de las frases y los párrafos. Es una forma de mantener el interés. Cambiar la forma, el orden y los elementos de las frases resulta más importante, incluso, que cambiar la longitud. Repetir la misma estructura es el camino más seguro para aburrir al lector”.

Tres

“Es preferible utilizar los verbos en activa y en tiempo presente. Esto acerca la acción al lector. No sería aconsejable la frase “Felipe González dijo ayer que él seguía siendo el Presidente del Gobierno y que fue investido con mayoría absoluta, si se puede sustituir por esta otra “Felipe González dijo ayer que sigue siendo el Presidente del Gobierno y que obtuvo la mayoría absoluta en su investidura”.

Cuatro

Rigor: La información debe ser exacta. Hay que evitar expresiones como ‘varios’ ‘un grupo’, ‘algunos’, ‘numerosos’ para sustituirlas por datos concretos”

Cinco

“En los casos conflictivos hay que escuchar o acudir siempre a los dos partes en litigio”

Seis

Pirámide. En un texto informativo, el uso de la técnica de la pirámide invertida (de mayor a menor interés) es conveniente, pero no obligatorio. Siempre se ha de comenzar por el hecho más importante, que estará recogido a su vez en el título. No obstante, el párrafo siguiente puede constituirlo una frase que explique la entradilla o contenga los antecedentes necesarios para comprender el resto del artículo, rompiendo así la relación de los hechos. Lo mismo puede ocurrir con párrafos sucesivos”.   

Siete

“Los periodistas han de escribir con el estilo de los periodistas, no el de los políticos, los economistas o los abogados. Los periodistas tienen la obligación de comunicar y hacer accesible al público en general la información técnica o especializada. La presencia de palabras eruditas no explicadas refleja la incapacidad del redactor para comprender y transmitir una realidad compleja. El uso de tecnicismos no muestra necesariamente unos vastos conocimientos sino, en muchos casos, una tremenda ignorancia”.


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Sie7e Párrafos | 11 de diciembre

Biografía para redescubrir a un revolucionario de las ideas y la exploración: Humboldt

La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt
Andrea Wulff
Penguin Random House / Taurus

Comentario y selección de párrafos por Gustavo Noriega, periodista y crítico de cine. Fue director de la revista El amante.

Uno (mi comentario)

Las calles de la ciudad de Buenos Aires que corren paralelas a la importante avenida Juan B. Justo y que convierten a Palermo en Villa Crespo o viceversa, tienen ecos de viajes épicos alrededor de la Tierra: Fitz Roy, Bonpland, Humboldt y, del otro lado de las vías del ferrocarril y la avenida, casi escondida, se encuentra la que lleva el nombre más recordado de todos, Darwin. Esa zona de la ciudad homenajea a aquellos hombres que en el siglo XIX tomaron la decisión de salir de la comodidad de su vida burguesa y recorrer el mundo para recabar información. (…)

(Sigue mi comentario)

(…) Nuevos animales, plantas nunca antes vistas, costumbres insólitas, aborígenes alejados de la civilización, minerales y piedras preciosas. Robert Fitz Roy fue el vicealmirante a cargo del HMS Beagle, cuyo viaje alrededor del globo entre 1831 y 1836 le permitió a un joven Charles Darwin pergeñar y madurar una idea que iba a poner patas para arriba la manera en que el hombre miraba al mundo. Por su parte, Alexander Von Humboldt y su amigo francés Aimé Bonpland, ambos naturalistas, emprendieron viajes extraordinarios por el norte de América del Sur en donde escalaron el Chimborazo, la cima más alta del Ecuador, buscaron el origen del río Orinoco, atravesaron la llanura y revisaron geografía, fauna y flora. Humboldt se convirtió en el naturalista más importante de su tiempo y, al mirar la naturaleza desde una perspectiva global, en toda su interrelación, prefiguró al ecologista moderno. Fue un personaje fuera de lo común, y de hecho la lista de sus amistades o personajes con los que interactuaba lo describe en el centro exacto del mundo intelectual de su época: Goethe, Thomas Jefferson, Simón Bolívar, Charles Darwin. Casi todos lo veneraban y hasta su único enemigo público lo enaltece: nada menos que Napoleón Bonaparte. Murió en 1859 y diez años después, al cumplirse un siglo de su nacimiento, se realizaron festejos y homenajes en todo el mundo, incluyendo la ciudad de Buenos Aires. El surgimiento de Charles Darwin y su teoría de la evolución lo relegó en la consideración pública hasta el punto en que nos sorprende la noticia de que alguna vez fue el hombre más famoso del mundo. La apasionante biografía de Andrea Wulff lo rescata y lo pone de nuevo en circulación, revelándolo no solo como un hombre deslumbrante, centro y símbolo de una época, sino también, un poco forzadamente, en precursor de cada una de las ideas que desarrolla la sensibilidad ecológica contemporánea. En cualquier caso, la lectura del libro de Wulff resignificará cualquier caminata entre Palermo y Villa Crespo. El nombre de una de sus calles, antes desconocido, pasa a ser el homenaje a quien mejor encarnó la revolución de las ideas y la pasión por el descubrimiento.

Dos (la selección)

“Descrito por sus contemporáneos como el hombre más famoso del mundo después de Napoleón, Humboldt fue uno de los personajes más cautivadores e inspiradores de su época. Nacido en 1769 en el seno de una familia acomodada de Prusia, desechó una vida de privilegios para irse a descubrir cómo funcionaba el mundo. De joven emprendió un viaje de cinco años para explorar Latinoamérica, en el que arriesgó muchas veces la vida y del que regresó con una nueva concepción del mundo. Fue un viaje que moldeó su vida y su pensamiento y que le convirtió en un personaje legendario en todo el planeta. Vivió en ciudades como París y Berlín, pero también se sentía cómodo en los brazos más remotos del río Orinoco o en la estepa kazaja de la frontera entre Rusia y Mongolia. Durante gran parte de su larga vida fue el centro del mundo científico: escribió alrededor de 50.000 cartas y recibió al menos el doble. Los conocimientos, creía Humboldt, había que compartirlos, intercambiarlos y ponerlos a disposición de todos.”

Tres

“Durante las primeras semanas en Cumaná, Humboldt y Bonpland descubrieron que, mirasen donde mirasen, siempre había algo nuevo que captaba su atención. El paisaje le fascinaba, decía Humboldt. Las palmeras estaban adornadas de magníficas flores rojas, las aves y los peces parecían rivalizar en colores caleidoscópicos, y hasta los cangrejos eran azules y amarillos. Flamencos de color rosa se alzaban sobre una pata en la orilla, y las hojas en abanico de las palmeras moteaban la arena blanca con retazos de sol y sombra. Había mariposas, monos y tantas plantas que catalogar que, como escribió Humboldt a Wilhelm, «corremos de un lado a otro como locos». Hasta el habitualmente impasible Bonpland dijo que iba a «enloquecer si no acaban pronto las maravillas».”

Cuatro

“Aunque los Llanos fuera un entorno inhóspito, a Humboldt le fascinó la inmensidad del lugar. Había algo en el paisaje tan plano e inmenso que «llena la mente con el sentimiento de infinitud», escribió. Cuando estaban a mitad de camino llegaron al pueblo mercantil de Calabozo. Allí los lugareños le dijeron a Humboldt que muchas de las charcas de la zona estaban infestadas de anguilas eléctricas, lo cual le pareció una suerte increíble. Desde sus experimentos de electricidad animal en Alemania, Humboldt siempre había querido examinar uno de esos peces tan extraordinarios. Había oído extrañas historias sobre estas criaturas de un metro y medio, capaces de emitir descargas eléctricas de más de 600 voltios”.

Cinco

“El problema era cómo atrapar a las anguilas, dado que vivían enterradas en el barro del fondo de las charcas y, por tanto, no era nada fácil cogerlas con una red. Además, las anguilas estaban tan cargadas de electricidad que tocarlas significaba la muerte instantánea. Los habitantes locales tuvieron una idea. Agruparon treinta caballos salvajes en los Llanos y los llevaron al estanque. Cuando los cascos de los animales revolvieron el barro, las anguilas se escurrieron para salir a la superficie, sin dejar de emitir enormes descargas eléctricas. Embelesado, Humboldt observó el horripilante espectáculo: los caballos aullaban de dolor, las anguilas se retorcían debajo de ellos, y la superficie del agua bullía de movimiento. Algunos caballos se cayeron y, pisoteados por los demás, se ahogaron.”

Seis

“Con el tiempo, la potencia de las descargas eléctricas disminuyó y las anguilas, debilitadas, volvieron al barro, de donde Humboldt las sacó con unos palos de madera secos; pero no había esperado lo suficiente. Cuando Bonpland y él estaban diseccionando varias, sufrieron violentas descargas ellos mismos. Pasaron cuatro horas haciendo una serie de pruebas peligrosas como agarrar una anguila con las dos manos, tocar una anguila con una mano y un trozo de metal con la otra, o que Humboldt tocara una anguila mientras le daba la mano a Bonpland (este último sintió la sacudida). A veces pisaban tierra seca, a veces, húmeda; conectaron electrodos, dieron toques a las anguilas con bastones de cera mojados y las cogieron con arcilla húmeda y cuerdas de fibra hechas con hojas de palma. No dejaron ni un material sin probar. No es de extrañar que, al acabar el día, Humboldt y Bonpland se sintieran débiles y enfermos”.

Siete

“Las anguilas animaron a Humboldt a pensar sobre la electricidad y el magnetismo en general. Contemplar el macabro enfrentamiento entre las anguilas y los caballos le hizo reflexionar sobre las fuerzas que, de distintas formas, creaban los rayos, adherían un metal a otro y hacían que se movieran las agujas de las brújulas. Como en tantas ocasiones, Humboldt comenzó con un detalle o una observación y lo desarrolló para abarcar el contexto general. Todo «manaba de una fuerza», escribió, y «todo se fundía en un poder eterno e integral».”


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Sie7e Párrafos | 10 de diciembre

Un ensayo determinante sobre una fecha definitiva

1917
Martín Kohan
Godot

Comentario y selección de párrafos por María Sonia Cristoff, escritora. Ha publicado narrativas de no ficción -Falsa calma, Desubicados- y novelas -Inclúyanme afuera, Bajo influencia, Mal de época. Da clases en dos universidades. Camina compulsivamente.

Uno (mi comentario)

Siguiendo los pasos ya prefigurados en otro gran libro suyo, El país de la guerra, acá, en 1917, Martín Kohan hace un recorte de lecturas muy preciso a partir del cual va pensando, imaginando, narrando, casi cercando un tema. La fecha consagratoria de la Revolución Rusa, en este caso. Y, entre esas lecturas, hay textos de Gramsci, de Lenin, de las secretarias de Lenin, de Trotski, del guardaespaldas de Trotski. (…)

(Sigue mi párrafo)

(…) No me extiendo en la enumeración porque están todos citados en la página final. ¿Significa esto que van a encontrarse con un listado exhaustivo, con la bibliografía total acerca del tema? No, para nada. Y precisamente ahí radica el gran hallazgo de 1917, que es un libro acerca de la Revolución, sí, o más bien acerca de algunos momentos de algunos de los personajes ligados a la Revolución, pero sobre todo es un libro acerca de los modos en los que un escritor de literatura puede abordar el ensayo como género. ¿Y en qué radican esos modos? ¿En plegarse a la prosa y a la exhaustividad del especialista, cuando no a su aburrimiento? Muy por el contrario. Martín Kohan reafirma un abordaje en el cual es condición indispensable la literatura como práctica constante. ¿Y cómo se evidencia eso en 1917? En los modos más variados: en la desestimación de jerarquías consabidas para elegir los libros con los que se conversará; en el ojo de águila lectora para descubrir, en esos libros, el pasaje exacto a partir del cual desentrañar un dilema personal, una batalla intelectual, un movimiento en el tablero de la contienda política; en el oído para dar con la frase justa, tanto en el libro que se escribe como en el que se lee; en el resto de animismo tan típico entre escritores que permite tratar a los autores que están en la bibliografía como a figuras vivas con las que se entablan diálogos y discusiones con todas las marcas de lo cotidiano. Podría seguir enumerando evidencias, pero prefiero remitirme a la otra condición implícita en este abordaje: la descolocación. Martín Kohan habla de eso –de la descolocación, del fuera de lugar del escritor como paradójico modo de estar en el mundo- en el primero de los párrafos que seleccioné acá y también habla de eso inmediatamente después del último, cuando analiza el momento Breton-echado-del-auto. A través de esa figura del descolocado, Martín Kohan está hablando fundamentalmente de las (im)posibilidades de la literatura frente a la acción, algo a lo que se refiere en el cuarto de los párrafos que siguen. A mí me gusta esa figura para hablar también de lo que en este libro extraordinario subyace: de la descolocación del escritor -frente a la propiedad del especialista- no solo como una nueva forma de pensar el ensayo en tanto género sino también como posibilidad de pensar otra configuración del mundo.

Dos (la selección)

“Francés entre los rusos, moderado entre los maximalistas, disidente entre los aliados: Jacques Sadoul, en cierta forma, estaba solo. En Francia terminarían acusándolo de traición por su sospechada proximidad con los dirigentes bolcheviques. Henri Barbusse, en juli de 1919, definió como “un hombre que ha resultado ser demasiado perspicaz y demasiado sincero”. Y dijo de él: “Y es que está aislado”. Para narrar una revolución, sobre todo mientras está transcurriendo, puede que sea la mejor colocación. Aunque hablar de descolocación sería más atinado y más justo”.

Tres

“No es lo único que a Lenin le falta en el destierro de Munich. En una carta a su madre, M. A. Uliánova, reclama otra cosa que, a diferencia de ese invierno y ese río, no es rusa. Lenin extraña lo que llama “mis” plumas, las plumas inglesas con las que escribe habitualmente, y se queja porque “aquí no se las encuentra. Gente tonta, esos checos y alemanes. No hay plumas inglesas, tienen solo las de fabricación propia, que no sirven para nada”. Reclama así, una vez más, un instrumento de escritura. Antes, a su hermana, desde la prisión, el lápiz de grafito, por fuera de la requisa de armas; ahora, a su madre, desde el destierro, la pluma que va a procurarle (siendo, en sí misma, extranjera) una necesaria sensación de familiaridad, de reconocimiento, hasta de pertenencia”.

Cuatro

“El 6 de marzo, Lenin remite una carta dirigida a Stalin. En ella le reprocha haber maltratado por teléfono a su esposa, le exige que se retracte y que se excuse, le advierte que está dispuesto a romper relaciones con él si no lo hace. La Unión Soviética no conocerá esta carta secreta sino muchos años después; pero su secretaria la conoce ese mismo día, la oye para ponerla en el papel. Stalin la recibe y dicta, a su vez, una respuesta. Volodícheva registra: “La carta no ha sido entregada todavía a Vladímir Ilich porque él ha empeorado””.

Cinco

“La literatura, en cambio, por su parte, incluso la revolucionaria, la de agitación, la de compromiso, ¿qué otra cosa es, sino espera? Nada mejor que su voluntad de incitación para probarlo, para poner en evidencia la ineluctable dilación de su condición mediatizada. György Lukács dirá “realismo”; Bertolt Brecht, “distanciamiento”; Jean-Paul Sartre, “situación”: para todos será evidente, a sabiendas o a su pesar, que, como diría más adelante Adorno, “nada de lo social en arte es inmediato ni aun cuando lo pretenda”. Mediaciones: la conciencia, las formas artísticas, la institución-arte, las propias palabras, no expresarán otra cosa que eso: la imposible inmediatez, o lo imposible de la inmediatez, precisamente porque se fundan en esa ambición tan enorme: ser impulso para el paso a la acción, traspasar desde el lenguaje hacia la plenitud de la revolución política”.

Seis

“Atrincherado, o poco menos, en su casa blindada del Distrito Federal, Trotski vuelve a abocarse ante todo a los trabajos intelectuales, la salida a la que apela en sus días de prisión. “Trotski así se ganaba el pan para la casa, con sus escritos, como lo hizo toda su vida”, consigna Rosmer. ¿Y de qué excusa se valió, en última instancia, su solapado asesino, sino la de acercarle un artículo propio para someterlo a su consideración? ¿Qué otra cosa, sino leer, estaba haciendo Trotski, cuando el asesino le asestó su golpe de muerte? ¿Qué otra clase de distracción, sino la que es propia de todo lector concentrado, le impidió advertir a tiempo el ataque que le lanzaba? El testimonio que brindó Joseph Hansen, director de seguridad en la casa, y que recoge Rosmer, especifica que la sangre de Trotski salpicó las últimas páginas que había escrito para una biografía de Stalin”.

Siete

“En un artículo sobre el surrealismo publicado en 1929, Walter Benjamin proponía: “Hay que ganar las fuerzas de la ebriedad para la revolución”. Era su manera de abordar esa cuestión tan decisiva, la de la relación entre vanguardias artísticas y vanguardias políticas. Años después, en 1938, en el DF, se unen León Trotski (máximo referente, junto con Lenin, de la revolución Bolchevique) y André Breton (máximo referente, junto con Louis Aragon, de la revuelta literaria surrealista) para elaborar, junto con Diego Rivera, un Manifiesto por un arte revolucionario independiente. La declaración tenía menos que ver con una exigencia artística de asumir un compromiso político que con una exigencia política de respetar la independencia artística, y así favorecer sus posibilidades de contribuir con la revolución (es un tiro por elevación, si es que puede hablarse de elevación, a la política artística del stalinismo, tan dirigida como represiva, tan pautada como persecutoria).

La redacción del documento quedó mayormente a cargo de Breton, y no estuvo del todo exenta de algún percance, alguna desavenencia. No obstante, el asunto prosperó y el Manifiesto se dio a conocer, firmado junto con Rivera, por André Breton y por Trotski. Y ahí van los dos, en el auto de adelante; Breton al lado del conductor, y Trotski junto a su mujer, en el asiento trasero. De pronto, el coche se aparta hacia la banquina, deja la ruta, se detiene. ¿Qué pasa? Se abre la puerta, Breton se baja. Es Trotski quien lo hace bajar, es Trotski el que lo echa; no lo quiere más ahí, lo quiere lejos, lo quiere afuera: que se vaya. Es preciso entonces hacer un enroque: hay uno que iba en el auto de atrás, y tiene que pasar al auto de adelante; en tanto que Breton, que iba en el auto de adelante, tiene que pasar el auto de atrás. Hecha esa redistribución, la marcha se retoma.

¿Qué pasó? No se sabe, y nunca se sabrá. Porque Trotski no dirá ni una sola palabra sobre el incidente. Ya en otras ocasiones se había revelado como un campeón del hermetismo, invencible en la parquedad. Lo ratifica ahora.”


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Sie7e Párrafos | 7 de diciembre

Las mujeres científicas que no sabías que lo eran (y por qué las sociedades que las reconocieron hoy son mejores)

Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera)
Valeria Edelsztein
Siglo Veintiuno

Comentario y selección de párrafos por Mónica Szurmuk, investigadora principal del CONICET especialista en género, estudios culturales, memoria y literatura comparada. Sus libros más recientes son The Cambridge History of Latin American Women´s Literature y La vocación desmesurada: Una biografía de Alberto Gerchunoff.

Uno (mi comentario)

Busquen en youtube la pieza de Hildegarda von Bingen “Voces de Ángeles”, cierren los ojos y escuchen la melodía varios minutos. Ahora abran los ojos e imagínense cómo era la vida de Hildegarda. Luego hagan el ejercicio que propone Valeria Edeleztein:

1. Tomen lápiz y papel

2. Escriban todos los nombres de mujeres científicas que se les ocurran

3. Ahora, borren el de Marie Curie. (…)

(sigue mi comentario) (…) 

¿Cuántes  de ustedes incluyeron a Hildegarda entre las científicas? Yo tampoco. A pesar de ser una fan de la Hildegard compositora, no sabía que también había sido una médica cuyos consejos seguimos hasta ahora (¡es la primera que habla de la necesidad de hervir el agua!) y cuyos descubrimientos realizados en el siglo XI son confirmados por estudios publicados en revistas como The New England Journal of Medicine en los últimos quince años.

El libro Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera) de Valeria Edelsztein es una cajita de sorpresas donde conviven científicas de todas las épocas y las latitudes.  Parte de la colección “ciencia que ladra…” de Siglo XXI, está pensado para jóvenes lectores pero tiene material para todas las edades.

Además de las historias de vida de mujeres científicas de todas las épocas y latitudes, aparecen sus experimentos (¡prueben hacerlos!), sus recetas, sus consejos. Siguiendo un orden cronológico, Edelsztein nos muestra que los momentos de exclusión de las mujeres de las ciencias han sido cíclicos y que en los períodos oscurantistas de occidente había mujeres científicas en el oriente. La conclusión que se desprende es que las sociedades que invirtieron en ciencia y no discriminaron (tanto) a las mujeres científicas les fue mejor. Y las mujeres hicieron ciencia siempre, en la cocina como afirma Sor Juana que, retóricamente le pregunta al Obispo de Puebla “¿qué os pudiera contar… de los secretos naturales que he descubierto estando guisando?” para pícaramente afirmar luego: “Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.” Imagínense si a las científicas se les sumara el reconocimiento y las condiciones de trabajo que merecen y se les restara el menosprecio y los acosos varios, ¡cuánto mejor sería el mundo! ¿no?  Ah, y no se preocupen, seguiríamos cocinando y limpiando.

Dos (la selección)

Contra los molinos de viento

“Si todas las mujeres que nombramos hasta el momento tuvieron que escuchar cómo los hombres las criticaban, o peor aún las obviaban, el siguiente caso va un paso más allá. Elizabeth Cellier, una comadrona inglesa, se enfrentó directamente a un juicio en 1679 (después de que la encarcelaran, claro). Entre sus trabajos, hay una recopilación de estadísticas que muestra la alta mortalidad de madres y bebés por mala atención en el parto, un intento de fundar una institución para preparar profesionalmente y registrar a las comadronas inglesas (cuya solicitud fue rechazada por el rey Jacob II), la planificación de un hospital y hasta visitas a prisioneros (que no era algo aceptado en esa época). Conclusión: múltiples enemigos, acusación de complot, cárcel y quema de sus libros. ¿Por qué tanto ensañamiento? Porque era católica en un mundo protestante. Así que, además de todo, no tenía derecho a ser defendida por un profesional. Por lo tanto, se hizo cargo de su propia defensa… y ganó. Así pasó a la historia como “The popish midwife” (la partera papista). Por lo menos pasó a la historia. No como la pobre Marie Colinet”.

Tres

“Resulta ser que Agnódice era brillante y tenía mucho éxito profesional. Los médicos griegos, alarmados por su notoriedad (y, ¿para qué engañarnos?, un poco celosos), echaron a correr al falso rumor de que este médico, aprovechándose de su estatus profesional, seducía y abusaba de las mujeres que lo consultaban. Pero ella, ni lerda ni perezosa, se presentó ante los jueces ancianos (el Aerópago) y se desnudó para desmentir la acusación. Felizmente, dejó en ridículo a quienes le habían inculpado; sin embargo, terminaron condenándola a muerte (bueno, todo no se puede). Cuenta la historia que, cuando parecía que ya nada podía hacerse, mujeres de todas las clases sociales, agradecidas por la atención médica que habían recibido de esta valiente pionera, formaron un movimiento de “resistencia” si Agnódice era ejecutada, ellas morirían también (¡eso sí que es una jugada arriesgada!). De ese modo, mientras los 31 miembros del Aerópago consultaban la condena con la almohada, las esposas de los 400 senadores los obligaron a elaborar nuevas leyes. La presión de las masas funcionó (!eso sí que es democracia!) y no solo Agnódice fue absuelta, sino que al año siguiente el Consejo Ateniense modificó la ley y autorizó a las mujeres a estudiar y ejercer la medicina, siempre y cuando solo atendieran a sus congéneres”.

Cuatro

Sin nombre propio

“El colmo del esfuerzo por obviar las contribuciones femeninas es el test de Apgar, un examen clínico clave que se le hace al bebé recién nacido después del parto para controlar su estado general. Este test tiene ese nombre por Virginia Apgar, una

anestesióloga especializada en obstetricia que lo creó en 1952. Sin embargo, se lo suele explicar de acuerdo con la regla nemotécnica: A por apariencia, P por pulso, G por gesticulación, A por actividad y R por respiración”.

Cinco

Si no puedes con ella, enjuíciala

“El juicio comenzó el 11 de agosto de 1322.

La acusación: “Curaba a sus pacientes de dolencias internas y heridas o de abscesos externos. Visitaba asiduamente a los enfermos, examinaba la orina tal como hacen los médicos, les tomaba el pulso y palpaba todas las partes del cuerpo”.

Los testigos: Seis testigos dieron fe de que Jacoba los había curado cuando muchos médicos ya habían desistido, y un pariente declaró que “es más sabia en el arte de la cirugía y la medicina que cualquier maestro médico y cirujano que hubiera en París”.

La declaración de Jacoba: “Es mejor, más honesto y apropiado que una mujer sagaz y experta en el arte de curar visite a una mujer enferma, la explore e investigue los secretos de la naturaleza y las partes recónditas de esta, a que esto lo haga un hombre, a quién no le está permitido ver las cosas mencionadas”.

La sentencia: “Jacoba es advertida de que si vuelve a realizar alguna práctica sanadora será excomulgada y condenada a pago de sesenta libras parisienses. En esta misma resolución se advierte asimismo a otros cinco practicantes, tres mujeres (Juana la conversa, la cirujana Margarita de Ypres y la judía Belota)””.

Seis

Rita Levi Montalcini (1986)

Descubrimiento y estudio del factor de crecimiento nervioso

La historia de Rita es una muestra de que, cuando se quiere, se puede. Esta mujer, nacida en 1909, superó el siglo de vida pero mantiene su cerebro activo como cuando tenía 20 años. Mujer, judía e investigadora en pleno gobierno de Mussolini, su futuro no parecía demasiado brillante. Especialmente cuando en 1938 el dictador publicó el Manifesto per la Difesa della Razza, que le prohibía a toda persona judía acceder a alguna carrera académica o profesional. Error. Rita armó su propio laboratorio clandestino en la habitación con embriones de pollo. En 1947, con el fin de la guerra, pudo viajar a los Estados Unidos para el momento cúlmine de su carrera: el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso (NGF, del inglés Nerve Growth Factor), una proteína que estimula el crecimiento y la renovación de ciertas células nerviosas.

En 1986, recibió el Premio Nobel de Medicina. Cuando estaba a punto de cumplir 100 años, le preguntaron qué haría si volviera a tener 20. “Pero si estoy haciéndolo”, respondió. En sus propias palabras: “El cuerpo inevitablemente se arruga, pero el cerebro no””.

Siete

“A los 18 años, en 1809, Henriette Faver Caven quedó sola en el mundo: huérfana, viuda y sin hijos, no tenía otra opción que arremangarse y ganarse la vida. Para las mujeres, eso implicaba o bien dedicarse a la prostitución o bien casarse nuevamente. ¿O…?

Henriette prefirió convertirse en Henry: se vistió de hombre, estudió medicina en París y logró el título de médico cirujano. Trabajó en las campañas militares de Napoleón en Rusia (frío, frío) pero, después de que el francés fuera derrotado en España, Henriette decidió establecerse en Cuba (caliente, caliente).

Tan en serio se tomó el personaje que incluso se casó por caridad con una huérfana. Sin embargo, finalmente se descubrió la verdad.

Contra lo que podamos suponer, el caso de Henriette no fue el único: varias mujeres, aún antes que ella, sirvieron en la guerra y solo se supo que lo eran cuando las herían, llegaban al hospital o, incluso, como en el caso de otra médica, Mirando Stuart Barry, durante la autopsia. (¡Sorpresa!)”.


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Sie7e Párrafos | 6 de diciembre

Ensayo agudo sobre los cambios que provocó (y sigue provocando) la Internet

El Filtro Burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos
Eli Pariser
Taurus

Comentario y selección de párrafos por Martín Becerra, Investigador Principal en Conicet, Profesor Titular en las Universidad Nacional de Quilmes y UBA sobre políticas de comunicación y TIC. Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. 

Uno (mi comentario)

Pariser escribió uno de los ensayos más agudos sobre los cambios sociales y culturales en curso provocados por la forma en que evoluciona internet. Las mutaciones de la red, cada vez más concentrada en un puñado de conglomerados globales que almacenan y manipulan los datos de miles de millones de usuarios casi sin auditoría pública, son identificadas por un texto ameno con abundantes ejemplos cotidianos. La evolución personalizada de internet realza los gustos, emociones y vínculos de cada persona en una burbuja endogámica que amplifica el sesgo de confirmación en el acceso a informaciones y perspectivas, desechando las no coincidentes con nuestra noción del mundo (según el filtro que ha construido sobre esa noción del mundo el algoritmo de las corporaciones digitales) y potenciando guetos autocelebratorios con escasa conexión entre sí. Es decir, lo opuesto de una concepción robusta y deliberativa de democracia, que exige el contraste, la argumentación, la polémica y la escucha. Si bien “El filtro burbuja” fue editado en inglés en 2011 y algunos de los ejemplos del libro hoy tienen un formato distinto al que presentaba el autor (en algunos casos, como en los escándalos de venta de los datos personales de millones de cuentas por parte de Facebook, las tendencias reseñadas se agravaron), el texto no sólo no perdió vigencia, sino que resulta imprescindible para comprender las tensiones de una sociedad cuyos flujos de información y comunicaciones están intermediados por un dispositivo cada vez más ajeno a la capacidad de control social y político democrático.

Dos (la selección)

“Durante algún tiempo, parecía que internet iba a redemocratizar por completo la sociedad. Blogueros y periodistas reconstruirían sin ayuda alguna los medios de comunicación públicos. Los políticos sólo podrían presentarse en las elecciones si disponían de una amplia base de apoyo de pequeños donantes comunes. Los gobiernos locales serían más transparentes y tendrían que rendir cuentas ante los ciudadanos. Sin embargo, la era de una conexión cívica con la que tanto soñaba no ha llegado. La democracia precisa de ciudadanos que vean las cosas desde el punto de vista de otros, pero en vez de eso cada vez estamos más encerrados en nuestras burbujas. La democracia demanda una dependencia con respecto a hechos compartidos, pero en su lugar se nos ofrecen universos paralelos separados”.

Tres

“Está claro que, hasta cierto punto, siempre hemos consumido medios de comunicación que se ajustaban a nuestros intereses y aficiones, ignorando gran parte del resto. Sin embargo, la burbuja de filtros introduce dinámicas a las que no nos habíamos enfrentado antes”.

Cuatro

“En primer lugar, estás solo. Un canal de cable que atiende a un interés limitado (digamos, el golf) tiene otros espectadores con los que compartes un marco de referencia. Ahora bien, tú eres la única persona dentro de tu burbuja. En una época en la que el intercambio de información es la base de la experiencia compartida, la burbuja de filtros actúa como una fuerza centrífuga que nos separa”.

Cinco

“En segundo lugar, la burbuja de filtros es invisible. La mayoría de oyentes de fuentes de noticias de derechas o de izquierdas saben que escuchan una emisora que sirve a un punto de vista  político determinado. No obstante, las intenciones de Google son opacas. Google no te dice quién cree que eres o por qué te muestra los resultados que ves. No sabes si lo que supone acerca de ti es correcto o incorrecto; y puede que ni siquiera seas consciente de que está haciendo conjeturas sobre ti (…) Como no has elegido los criterios según los cuales las páginas filtran la información que entra y sale, resulta fácil imaginar que la información que pasa por un filtro burbuja sea imparcial, objetiva y verdadera. Pero no lo es. De hecho, desde dentro de la burbuja es prácticamente imposible ver lo sesgada que es”.

Seis

“Por último, uno no elige entrar en la burbuja. Cuando pones Fox News o lees The Nation, estás tomando una decisión acerca de qué tipo de filtro quieres utilizar para darle sentido al mundo. Se trata de un proceso activo y, al igual que sucede cuando te pones unas gafas de sol, puedes advertir en mayor o menor medida que la inclinación política del editor determina tu percepción del mundo. Con los filtros personalizados, por el contrario, no adoptas el mismo tipo de decisión. Ellos vienen a ti –y como aumentan las ganancias de las páginas web que los utilizan, cada vez será más difícil evitarlos”.

Siete

“Naturalmente, el aumento de internet a la carta también acarrea ciertas ventajas. Disfruto usando Pandora, Netflix y Facebook como cualquiera. Agradezco los accesos rápidos de Google a través de la selva de información (y no podría haber escrito este libro sin ellos). Pero lo inquietante de este giro hacia la personalización es que en gran medida es invisible a los usuarios y, en consecuencia, está fuera de nuestro control. Ni siquiera somos conscientes de que estamos asistiendo cada vez más a imágenes divergentes de internet. Puede que internet sepa quienes somos, pero nosotros no sabemos quién cree que somos y cómo utiliza dicha información. La tecnología diseñada para darnos más control sobre nuestras vidas en realidad nos lo está quitando”.


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Sie7e Párrafos | 5 de diciembre

Mala leche: leer para cuestionar (y entender) lo que comemos

Mala Leche
Soledad Barruti
Planeta

Comentario y selección de párrafos por Miriam Molero, periodista de espectáculos y cultura en medios como La Nación, Perfil, TV Pública. Actualmente trabaja en Radio Mitre.

Uno (mi comentario)

¿Tenemos real noción de lo que ingerimos, tenemos noción de lo que permitimos o incluso incentivamos que nuestros hijos coman? Después de leer “Mala leche”, la respuesta es no. La mayoría de los consumidores de supermercado, se intuye con facilidad, desconocemos la diferencia entre procesado y ultraprocesado, e ignoramos que la comida chatarra, además de conseguirse en las hamburgueserías multinacionales, puede esconderse en un producto inocentado tras la etiqueta de saludable. “Mala leche” es un trabajo que cuestiona lo que comemos, cuestiona los métodos modernos del agronegocio, cuestiona las campañas engañosas de las megamarcas de ultraprocesados que engordan, dañan y ni siquiera alimentan en la Argentina y en todos aquellos países donde la comida casera cedió terreno ante la industrial. El lector podrá trazar una línea de coincidencia, ver hasta dónde acompaña a Soledad Barruti en su cruzada, conocer las medidas legales y concretas que tomaron otras naciones -como nuestro vecino Chile- para cuidar la salud de la población, podrá ser más o menos extremo, más o menos concesivo, más o menos incrédulo, pero lo cierto es que al finalizar el libro tendrá herramientas para reflexionar y si tiene dudas tendrá la obligación intelectual de despejarlas por sí mismo. Lo que no podrá es seguir comiendo a ciegas.

Dos (la selección)

“Lo importante es comer de todo”, ” hay que tener voluntad y comer con moderación”, “no hay que demonizar ningún alimento”.
-¿Las gaseosas tampoco?
-Tampoco.
Como hicieron las tabacaleras en los años 60, las marcas cuentan con un ejército de profesionales de la salud que repiten esas afirmaciones mientras atienden en sus consultorios,  dictan conferencias en congresos internacionales y publican estudios con gran impacto en los medios de comunicación.
Cada uno tiene un propósito: difundir ciertos productos, generar distracción sobre sus efectos o, ante los estragos cada vez más evidentes que genera esta forma de comer, encontrar culpables en todos lados, como por ejemplo, la falta de ejercicio.

Tres

“La lucha desde esas trincheras es arriesgada hasta lo aterrador (¿acaso hay algún conflicto en Latinoamérica que no lo sea?) pero si tienen éxito la región será, otra vez, la que transforme la comida del mundo en algo mejor.
Se exige el fin de la publicidad dirigida a niños y el marketing inescrupuloso, la impresión de rótulos claros y señales de alarma sobre los productos más problemáticos, el aumento impositivo a la comida chatarra, el fin de los desiertos alimentarios, y la garantía de acceso a la comida sana, limpia y justa”.

Cuatro

“Haciendo uso de redes sociales, hora en televisión pública, alcance en programas de salud, de repente Brasil dijo a los brasileros: si quieren estar sanos, así les conviene comer. “Si dice nitrato, nitrito, espesantes, conservantes, no es comida de verdad”, decía un post en Facebook del gobierno”.

Cinco

“La Sociedad de Pediatría Argentina recibe financiamiento de Nestlé, y lo mismo ocurre en todo el continente. Brasil, México, Chile…Nestlé financia publicaciones de neonatólogos y pediatras, congresos, investigaciones. ¿Eso es ético? ¿No se puede buscar otro tipo de financiación? ¿crees que habría tanta recomendación de fórmulas innecesarias si no existiera esta relación carnal de la medicina con los laboratorios?”

Seis

“Un día de 2014, las bebidas azucaradas en México -el país donde más se consumen esos productos en todo el mundo, con estados como  Chiapas donde el consumo es trágico- empezaron a costar un 10 por ciento más. Fue un impuesto castigo como el que lleva el tabaco. Creado para desalentar el consumo y cargado sobre productos que en los últimos años se popularizaron, entre otras cosas, por bajar sus precios al suelo”.

Siete

“Los niños están teniendo enfermedades de adultos”, dicen también los médicos, sobre todo los que se enfrentan al desgaste que les genera comer comida de niños.
En ese contexto, más allá de su objetivo de combatir la obesidad, la ley que inauguró Chile es una herramienta valiosa para que las marcas no tengan la primera palabra.
-Mirá, está todo repleto de sellos, ¿ves?, no conviene llevarlo- le explica la madre a su hijo y me imagino que tal vez a mi me hubiera resultado útil contar con una ayuda de este tipo.
Pero para comer bien con esta guía sola no alcanza.
-Lo que descubrimos es que con sellos o sin sellos no es lo más importante- dice Cecilia Castillo.
-¿Cuál sería entonces la indicación?
-La indicación fundamental que doy ahora en mi consultorio es que coman comida de verdad, no productos. eso es lo que dice la ciencia”.


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Sie7e Párrafos | 4 de diciembre

El ciclo de la ilusión y el desencanto: una mirada profunda y liberal

El ciclo de la ilusión y el desencanto
Lucas Llach y Pablo Gerchunoff
Crítica

Comentario y selección de párrafos por José Natanson, periodista y politólogo, Director de Le Monde diplomatique Edición Cono Sur y de Capital Intelectual.

Uno (mi comentario)

En este libro clásico, Pablo Gerchunoff y Lucas Llach se proponen explicarel gran misterio de la economía argentina: un patrón de crecimiento alocado que la lleva de la cumbre al abismo cada tantos años, en una sucesión monótona de crisis cuasiterminales seguidas de recuperaciones aparentemente milagrosas seguidas de crisis que parecen aún más letales seguidas de recuperaciones… y así hasta hoy. El ciclo de la ilusión y el desencanto, que es como llaman al subibaja, comienza tan atrás en el tiempo como en la etapa de la consolidación nacional, a fines del siglo XIX, y se extiende hasta nuestros mismísimos días. A diferencia de la mayoría de los economistas, que no suelen destacarse ni por su amplitud de miras ni por la calidad de su prosa, Gerchunoff y Llach logran trasmitir con claridad y hasta elegancia su visión de la historia económica argentina, que integra la economía con las dimensiones políticas, sociales y culturales y sobre todo se detiene en los dilemas de los actores: ¿por qué tal presidente actuó como actuó? ¿por qué tal ministro de Economía decidió tal cosa? Como el ciclo se repite, en la edición corregida y aumentada editada en mayo de este año se añade un capítulo sobre la economía kirchnerista, del que extraje cinco de los seis párrafos seleccionados. Allí se puede apreciar tanto la profundidad del libro como la mirada liberal desde la cual está escrito.

Dos (la selección)

“De la historia de la política económica argentina puede decirse (y, de una manera u otra, se ha dicho) infinidad de cosas, pero hay una que no se ha oído jamás: nadie ha dicho que se trate de una historia monótona. La Argentina fue en algún momento el país de crecimiento más rápido y en algún momento el de crecimiento más lento; fue un caso de intensísima integración comercial y financiera al mundo y también un caso de cerrazón como pocos otros países; pudo pasar en pocos años de la hiperinflación a la deflación, del Estado empresario a uno de los más rápidos privatizadores del mundo, de ser el país mas caro de la región al más barato; del endeudamiento al default, y luego de otro default al endeudamiento. El péndulo de la política económica se movió más rápido y con más violencia que en otras latitudes, causa y consecuencia de una economía también marcadamente inestable.”

Tres

Fuente: INDEC y Graciela Bevacqua

Cuatro

“Pocos meses después de estos momentos críticos, Kirchner iniciaría una presidencia que sería recordada por el crecimiento a “tasas chinas” (en referencia a la similitud con el fuerte crecimiento del gigante asiático). El período 2003-2003 fue probablemente el quinquenio de mayor expansión del producto por habitante de la historia argentina. La inflación, en tanto, hacia el final del primer año de gestión del nuevo presidente, se ubicaría apenas un 3,7% anual. ¿Cómo pudo ser eso posible cuando pocos meses antes del país se hundía en una profunda crisis? Ocurrió que la presidencia de Duhalde, en muchos aspectos dramática, sentó las bases de una configuración macroeconómica que dio sus mejores frutos durante los años posteriores: la devaluación había dado lugar a un tipo de cambio real significativamente alto, que una vez asentado el polvo de la crisis permitía una macroeconomía más saludable: salario real bajo pero con amplio margen para crecer, superávit fiscal y superávit externo. Todos estos elementos constituyeron las condiciones iniciales de una recuperación que sorprendió a muchos, y marcaban las principales diferencias económicas entre el final de la convertibilidad y la llegada de Kirchner al poder. Otros aspectos, como la apertura comercial instaurada en los 90 o la privatización de los servicios públicos, no habían sufrido mayores alteraciones.”

Cinco

“Tras la victoria de Cristina en 2007, el gobierno parecía ser consciente de que, a pesar del favorable contexto externo, la economía requería ciertos ajustes. Ante un resultado fiscal que se había deteriorado sensiblemente en el año electoral, el crecimiento del gasto público se moderó, como ya había ocurrido en los meses posteriores a los comicios legislativos de dos años antes. Por otra parte, en noviembre de 2007, poco después de las elecciones, el gobierno saliente de Néstor Kirchner dispuso un aumento de las retenciones a las exportaciones de granos, que en el caso de la soja implicaba que pasarían del 27,5% al 35%. Desde el oficialismo se justificaba la medida argumentando que buscaba evitar que la suba de precios internacionales que se registraba por entonces tuviera impacto en el mercado interno. Más allá de ese argumento -más justificado en productos como el trigo que en el de la soja, con un peso directo en la canasta de consumo local muy limitado-, lo cierto es que implicaba un aumento de los ingresos del Estado. Kirchner dejaba así una mayor holgura fiscal a su esposa, con una medida que en principio parecía no tener antecedentes de rebeliones agrarias generalizadas frente a un aumento de las retenciones- y de hecho no los tuvo en ese momento. Parecía que, al menos desde lo fiscal, se intentaba ordenar la economía después de cierto desborde del año electoral.”

Seis

“Con estatizaciones directas o con intervenciones en compañías que formalmente continuaban en manos privadas, durante estos años el Estado aumentó su injerencia en materia empresaria y lo hizo con un enfoque que replicó el observado en otros aspectos de la administración: el de privilegiar el presente por sobre el futuro mediato. Fue así que las tarifas de buena parte de los servicios públicos -transporte, electricidad y agua, entre otros, particularmente en el área metropolitana de Buenos Aires- permanecieron durante los doce años de gobiernos kirchneristas congeladas o con ajustes por debajo de la inflación. Esto implicaba un beneficio inmediato a los consumidores de estos servicios, lo que ocurría tanto a costa de desalentar las inversiones -comprometiendo así la prestación futura- como de mayores subsidios que el Tesoro giraba a estas empresas, multiplicando así las derogaciones del fisco. Esto último, sumado a otras políticas -como la muy popular ampliación de la cobertura previsional- llevó a un fuerte aumento del gasto público en relación al tamaño de la economía, alcanzando un nivel nunca antes visto en el país.”

Siete

“El kirchnerismo dejaba su marca en la historia de la economía argentina completando un arco completo de ilusión y desencanto; el tercer ciclo de ilusión y desencanto de una democracia de tres décadas. Con la fulgurante recuperación de los primeros años, impulsada por circunstancias internas peculiares y condiciones externas favorables, pareció posible una combinación de reparación social y renacimiento productivo manteniendo la integración al mundo y suspendiendo los conflictos sectoriales típicos de la Argentina. Pero fue, en cierta medida, un espejismo. Con la economía llegando al pleno empleo en la transición entre Néstor y Cristina Kirchner con la inversión del descenso, se le pidió a la política económica lo que no podía dar: crecimiento a «tasas chinas» y salarios reales en aumento. Los síntomas de esta tensión fueron inflación y una apreciación cambiaria que arrinconaron a los gobernantes en un pasadizo cada vez más angosto, en el que siempre optaron por las bifurcaciones que minimizaban el costo presente aun a costa de renunciar a la arquitectura macroeconómica imperante en la mayor parte de Sudamérica. Se sucedieron entonces la manipulación de los índices de precios, el cepo cambiario, los permisos previos para importar y exportar, la conquista del Banco Central y la utilización de fondos jubilatorios para solventar el gasto corriente. A largo plazo, la apuesta por el corto plazo está, por definición, condenada a enfrentarse a dificultades insalvables: a reactivación, en la que todos ganan y en la que no son necesarias las inversiones, no puede ser un estado permanente.”


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 3 de diciembre

La raíz: cómo funcionan los mecanismos de un poder corrupto

La raíz (de todos los males)

Hugo Alconada Mon

Planeta

Comentario y selección de párrafos por María O’ Donnell, periodista, politóloga y escritora. Conduce Tarde Para Nada en Radio Con Vos (FM89.9) y 50 Minutos en La Nacion +. “Born” la historia del secuestro de los hermanos Born es su último libro.

Uno (mi comentario)

Las respuestas a todo lo que usted quiso saber y nunca se animó a preguntar sobre cómo funciona el poder en la Argentina se encuentran en el último libro de Hugo Alconada Mon. Veinte años de un trabajo persistente como periodista de investigación le dieron a Hugo un conocimiento fabuloso de cómo funcionan los “sótanos” y los mecanismos de un poder corrupto que persiste en el tiempo porque funciona en base a la impunidad. Empresarios, políticos, periodistas -sí, periodistas también- sindicalistas, jueces, operadores, valijeros y otros tantos personajes quedan expuestos en un libro que resulta entretenido a pesar de la complejidad del tema que aborda. La Raíz es un libro ambicioso que logra su objetivo.

Dos

“Cualquier candidato que quiera competir hoy por la Presidencia de la Nación Argentina (con pretensiones reales de ganar) necesita al menos 100 millones de dólares. Eso cuesta llegar a la Casa Rosada. Los aportes estatales son, por tanto, insuficientes y el postulante dependerá de las donaciones privadas que recaude —¿a cambio de qué favores?— y de los fondos públicos que pueda desviar de manera ilegal. Fortunas que deberá mantener en la oscuridad y, por tanto, mentirle a la Justicia electoral. Así, la campaña electoral, acaso el momento más sano y reconfortante de toda democracia, puede también implicar el «pecado original».”

Tres

“Tan explícitos fueron los pedidos de Macri, que su propio equipo debió rogarle que se cuidara. Porque si uno solo de los presentes lo hubiera filmado con su teléfono celular y subido el video a las redes sociales, habría liquidado sus aspiraciones presidenciales.”

Cuatro

“— Quiero el 1% de tu patrimonio.
El que pide no es cualquiera. Es Mauricio Macri, jefe de Gobierno porteño y candidato a presidente de la República Argentina. Corre 2014 y el ingeniero pasa la gorra.
— ¿Cómo? ¿Perdón?
El que escucha tampoco es cualquiera. Es uno de los diez empresarios más ricos de la República Argentina. Y no fue el único que recibió ese pedido. Muchos miembros de ese «top ten» podrían confirmarlo… algo que nunca harán.
— Quiero el 1% de tu patrimonio para financiar mi campaña. Vos sabés que si yo gano, normalizaremos el país y el 99% restante de tu patrimonio va a valer muchísimo más.”

Cinco

“¿Qué es el «remate»?
«El «remate» es que cada empresario pone en un papelito cuánto repartirían entre sus competidores de lo que van a ganar si se quedan con la obra. Entonces, el contrato se lo queda el que promete repartir más y así todos ganan», explicó. «Claro que depende de un “pacto de caballeros”. Y acá —añadió sin ironía— todos lo son.»
Otra vez, Brasil es un espejo para comprender cómo funciona el sistema por debajo de la superficie que brilla.
¿Por qué?
Porque los empresarios brasileños se cartelizaron con 16 reglas propias de un campeonato de fútbol, por escrito, para evitar peleas, recelos o ninguneados.

Seis

“Porque Néstor Kirchner tuvo a Báez, Carlos Menem a los Yoma y Eduardo Duhalde a su Victorio Américo Gualtieri, con contratos por más de 1.000 millones de pesos/dólares en obra pública bonaerense durante la convertibilidad y deudas por 106 millones de dólares con el Banco Provincia que se pesificaron y fueron a pérdida, que también incluyó entre sus pasivos incobrables a la luego primera dama bonaerense Karina Rabolini, quien terminó como presidenta de la Fundación del propio banco. Pero lo mismo ocurre en otras tantas provincias y en la ciudad de Buenos Aires. Todas con finales idénticos, como remarcó Margarita Stolbizer: «Como suele suceder, las empresas que viven al amparo de las prebendas del poder gubernamental y el dinero que obtienen por sus vínculos con él bajan las persianas cuando los amigos se van […] y dejan el tendal de deudas que luego forman parte del quebranto no solamente financiero, sino también social, que paga el conjunto del pueblo argentino».”

Siete

“Sentado frente a un ministro de la gobernadora María Eugenia Vidal en un bar del centro platense, un conocido periodista de la televisión argentina fue directo al grano.
«Quiero una guita por mes», dijo.
El ministro intentó esquivar el toro. O más llano, «hacerse el boludo».
«No sé de qué me estás hablando. Yo no manejo esos temas.» Pero el periodista ya estaba lanzado.
— Raro. Porque el que antes ocupaba tu mismo cargo sí la ponía, todos los meses —le espetó en plena transición del sciolismo.
— Mirá, yo no sé cómo habrás arreglado con el gobierno anterior, pero conmigo no.
— Creo que no entendiste. A mí me da igual si la ponés vos, si la ponen a través de un área de la gobernación o por medio de la SIDE, pero si no quieren quilombo, hay que ponerla —resumió.


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Sie7e Párrafos | 3 de diciembre

21 lecciones para el siglo XXI: una invitación a revisar nuestras intuiciones más básicas

Comentario y selección de párrafos por Diana Cohen Agrest, Doctora en Filosofía (UBA) y Magister de Bioética (Monash University. Australia). También es autora de una decena de libros de filosofía, ética y derecho de las víctimas.

Uno (mi comentario)

Yuval Noah Harari no es un desconocido para el público lector argentino: tras la publicación de De animales a dioses y de Homo Deus, llega a las librerías 21 lecciones para el siglo XXI. Pero mientras en las primeras obras disecciona con un agudo escalpelo el devenir del homo sapiens y su futuro, en 21 lecciones nos introduce en una aventura fascinante: Harari pone en práctica el “Atrévete a pensar” kantiano. Retomando desde una perspectiva antropológica los grandes temas de Zygmunt Bauman, de quien podría ser considerado su brillante continuador, Harari nos advierte que la fusión de la infotecnología y la biotecnología puede conducir, remedando al Bauman de Vidas desperdiciadas, a la formación de un poder en manos de dictaduras digitales cuya contraparte ya no será una mayoría que “padezca no ya explotación, sino algo muchísimo peor: irrelevancia”.

A lo largo de cinco grandes bloques conceptuales, Harari comienza advirtiendo la pérdida de la fe en el relato liberal cuando la fusión de la biotecnología y la infotecnología nos desafía a crear nuevos modelos de trabajos, y a repensar conceptos como la libertad y la igualdad. A continuación, se interroga en qué medida el resurgimiento del nacionalismo y la religión constituyen un obstáculo a la cooperación global que podría enfrentar al reto tecnológico. Pero distante de la denuncia apocalíptica, el autor nos ayuda a medir las fuerzas humanas frente al terrorismo, a la guerra y a un Dios en los que se amparan esas amenazas que sumen a la humanidad en el oscurantismo y el temor. Instándonos a aceptar humildemente nuestros límites en la comprensión de los complejos procesos globales, nos muestra que “los humanos siempre han vivido en la era de la posverdad, cuyo poder depende de crear ficciones y creer en ellas”. Tras ese itinerario fascinante durante el cual un escéptico Harari nos guía en la revisión de nuestras intuiciones más básicas sobre el mundo a través de mitos y cautivantes historias, el autor no nos deja en un limbo existencial. En las últimas páginas de la obra nos ofrece una clave de lectura de la propia existencia valiéndonos de los instrumentos que acompañaron al homo sapiens desde que surgió hace miles de años. Esos instrumentos que le permitieron crear el imperio de la infotecnología y la biotecnología. Pero donde el homo sapiens continúa siendo, ni más ni menos, un ser que sufre, piedra basal de la ética que enmarca la fascinante lectura de 21 lecciones para el siglo XXI.

Dos (la selección)

“En el pasado conseguimos el poder para manipular el mundo que nos rodeaba y remodelar el planeta entero, pero debido a que no comprendíamos la complejidad de la ecología global, los cambios que hicimos involuntariamente alteraron todo el sistema ecológico, y ahora nos enfrentamos a un colapso ecológico. En el siglo que viene, la biotecnología y la infotecnología nos proporcionarán el poder de manipular nuestro mundo interior y remodelarnos, pero debido a que no comprendemos la complejidad de nuestra propia mente, los cambios que hagamos podrían alterar nuestro sistema mental hasta tal extremo que también este podría descomponerse.”

Tres

“Cuando un mono, un ratón o un humano ve un serpiente, el miedo aflora porque millones de neuronas calculan muy deprisa en el cerebro los datos relevantes y concluyen que la probabilidad de muerte es elevada. Los sentimientos de atracción sexual surgen cuando otros algoritmos bioquímicos calculan que un individuo cercano ofrece una probabilidad elevada de apareamiento exitoso, de vinculación social o de otro objetivo ansiado. Los sentimientos morales, como la indignación, el remordimiento o el perdón, se derivan de mecanismos neuronales que surgieron por evolución para permitir la cooperación en grupo. Todos estos algoritmos bioquímicos se perfeccionaron a lo largo de millones de años de evolución. Si los sentimientos de algún antiguo antepasado cometieron una equivocación, los genes que los modelaron no pasaron a la siguiente generación. Así, los sentimientos no son lo opuesto a la racionalidad: encarnan la racionalidad evolutiva.”

Cuatro

“Pero en realidad no hay razón para suponer que la inteligencia artificial adquiera conciencia, porque inteligencia y conciencia son cosas muy distintas. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas. La conciencia es la capacidad de sentir dolor, alegría, amor e ira. Tendemos a confundir ambas cosas porque en los humanos … otros mamíferos la inteligencia va de la mano de la conciencia. Los mamíferos resuelven la mayoría de los problemas mediante los sentimientos. Sin embargo, los ordenadores los resuelven de una manera diferente.”

Cinco

“Si queremos evitar la concentración de toda riqueza y el poder en manos de una pequeña élite, la clave es regular la propiedad de los datos. En tiempo antiguos, la tierra era el bien más importante del mundo, la política era una lucha para controlar la tierra y evitar que se concentrara demasiada en unas pocas manos, la sociedad se dividía en aristócratas y plebeyos. En la época moderna, las máquinas y fábricas resultaron más importantes que la tierra, y las luchas políticas se centraron en controlar estos medios vitales de producción. Si demasiadas máquinas se concentraban en unas pocas manos, la sociedad se dividía en capitalistas y proletarios. En el siglo XXI, sin embargo, los datos eclipsarán a la vez la tierra y la maquinaria como los bienes más importantes, y la política será una lucha para controlar el flujo de datos. Si los datos se concentrarán en unas pocas manos, la humanidad se dividirá en diferentes especies.”

Seis

“Sin embargo, aunque los dioses pueden inspirarnos para que seamos compasivos, la fe religiosa no es una condición necesaria para el comportamiento moral. La idea de que necesitamos un ser sobrenatural que nos haga actuar moralmente implica que hay algo no natural en lo moral. Pero ¿por qué? La moral de algún tipo es natural. Todos los mamíferos sociales, desde los chimpancés hasta las ratas, poseen códigos étnicos que ponen límites a las cosas como el robo y el homicidio. Entre los humanos, la moral está presente en todas las sociedades, aunque no todas crean en el mismo dios, o no crean en ningún dios. Los cristianos actúan con caridad incluso sin creer en el panteón hindú, los musulmanes valoran la honestidad a pesar de rechazar la divinidad de Cristo, y los países seculares, como Dinamarca y la República Checa, no son más violentos que los países devotos, como Irán y Pakistán.”

Siete

“…en realidad a su muerte se esfuerza por dejar atrás a … un poco más tangible. Ese «algo tangible» puede tomar una de … formas: cultural o biológica. Puedo dejar atrás un poema, ponga… por caso, o algunos de mis preciosos genes. Mi vida tiene sentido … que la gente todavía leerá mi poema dentro de cien años, o … mis hijos y nietos estarán todavía aquí. ¿Y cuál es el sentido de … vidas? Bueno, ese es su problema, no el mío. El sentido de la vida… de este modo un poco como jugar con una granada de mano … una vez que se la pasas a alguna otra persona, estás seguro.”


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