Sie7e Párrafos | RED/ACCIÓN
Sie7e Párrafos | 19 de abril de 2019

Salvados por Francisco, comentado por Juan Luis González

Salvados por Francisco
Aldo Duzdevich
Ediciones B

Uno (mi comentario)

La sala está abarrotada. El presidente del PJ nacional, José Luis Gioja, se acomoda al lado del secretario general de la CGT, Héctor Daer, que le pide permiso al senador José Mayans y a la ex ministra de Scioli, Cristina Álvarez Rodríguez, para ocupar su asiento. El diputado Darío Martínez, frustrado candidato a vicegobernador K en Neuquén, e impulsor del evento en el Congreso, pide silencio entre los políticos y curas presentes para arrancar la presentación. Aldo Duzdevich, otrora montonero de la línea disidente, ex legislador, autor de libros de corte setentista, toma la palabra y comienza a hablar sobre su último trabajo, “Salvados por Francisco”. Una semana después el ritual se repetirá en la sede de la CGT, con el escritor, rodeado de sindicalistas de peso, sentado en la silla que más de una vez usó Perón. Ambas charlas, con sus respectivos invitados, representan bien el sentido profundo del libro: un trabajo de contenido estrictamente político. Y, como los gestos son más de la mitad del camino en ese mundo, el 24 de marzo, el mismo día del acto en la central obrera, el Papa devuelve las gentilezas: le manda una carta de puño y letra a Duzdevich, tratándolo de “querido hermano” y agradeciéndole su “amor por la Patria”.

Es que el “Salvados”, el libro en el que 25 entrevistados aseguran haber sido rescatados de la dictadura por el entonces joven Bergoglio, es político en el sentido en que lo entendía el canciller alemán Otto Von Bismark, que decía que aquello “no es una ciencia exacta, sino un arte”. Es que la tesis del libro es más una aproximación del deseo que una realidad empírica. Es verdad: los hombres y mujeres que aseguran haber sido rescatados por el entonces jefe de los jesuitas narran anécdotas en las que el ahora Papa los ayudó de alguna manera, pero, salvo en dos casos, difícilmente se pueda sostener que esa intervención, que en algunos de los relatos es simplemente un consejo al pasar, haya significado la gambeta ante la muerte. Y también es político en el sentido de una respuesta táctica, típico de ese ambiente de partidas de ajedrez, frente a la acusación que persigue al jesuita desde hace décadas, que dice que entregó a dos de sus curas al gobierno militar, idea apenas rebatida en “Salvados”. Si sus críticos dicen que el religioso fue un villano, este libro viene a decir que fue un superhéroe. Ahí quizás esté el rasgo que más pinta al trabajo de Duzdevich: la necesidad de mostrar a un Bergoglio glorioso y nacido para el bronce, y no a un ser humano, como todos, con claroscuros, errores y aciertos. Un arte más que una ciencia exacta.

Dos (la selección)

Nos llevaste en tu auto a San Miguel. Me pediste que tratara de ocultarme y que no mirara el camino que íbamos a hacer. Pensé: “¿Se habrá dado cuenta este curita del riesgo al que se está exponiendo?”. Entonces no sabía que eras el Provincial de los Jesuitas. Me quedé con ganas de darte un abrazo y las gracias.
PD: Nunca pensé que le iba a escribir una carta al Papa.

Tres

Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera Provincial aún muy joven. Tenía treinta y seis años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba decisiones de manera brusca y personalista. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la Beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas.  

Cuatro

Julio Merediz es párroco en un barrio humilde de San Miguel. Llegó al Colegio Máximo en 1973, casi al mismo tiempo que Bergoglio era elegido Provincial de la orden. Ellos ya se conocían y eran amigos desde 1967: “Un día Bergoglio vino a verme para decirme que tenía noticias de que mi nombre aparecía en una lista de la Fuerza Área. En cualquier momento vendrían a buscarme. Me ordenó que me trasladara a la casa de retiros Villa San Ignacio en San Miguel y me ocultara allí por un tiempo. Si no hubiese sido por su advertencia, seguramente habría caído en alguna redada.

Cinco

Un caso que Juan Carlos Scannone, teólogo del Colegio Máximo, no puede olvidar es el secuestro de uno de sus alumnos, Roberto Albanesi: “El joven no tenía nada que ver con la guerrilla, pero había visto la cara de uno de sus torturadores y esto lo condenaba a muerte. Alguien de su familia le llevó el caso al Provincial. Bergoglio se fue a hablar con el responsable de la unidad donde se encontraba y le dijo que matar a una persona era un pecado gravísimo. ‘Si cree en el Infierno –le dijo- sepa que ese pecado condena al infierno’. Y le salvó la vida”.

Seis

Hice un discurso yo, otro Massera y allí terminó todo. Bergoglio no fue. Por supuesto que estaba enterado de lo que íbamos a hacer, y aunque no compartía la iniciativa, creo que entendió nuestras razones. Era una maniobra de protección, de supervivencia.

Siete

Bergoglio aceptó desempeñar un papel que combinaba ambigüedad con simulación para moverse dentro de un ambiente de mucha desconfianza y hostilidad. Apenas dos o tres personas de su entorno conocían su verdadero juego. El resto lo tenía por un muchacho medio hosco y mandón, con pocas simpatías por todo lo cercano al progresismo de izquierda. Un joven que aceptaba relacionarse con algunos militares y que evitaba confrontar con la autoridad eclesial. Él eligió ese papel y lo mantuvo. Era su mejor protección. Como buen creyente, tenía a Dios por testigo de sus actos. ¿Cuántas vidas más debería haber salvado Jorge Bergoglio para no ser acusado de colaborar con la dictadura?

Juan Luis González es periodista de la Revista Noticias y profesor en la Escuela de Comunicación de Perfil. Estudia la carrera de Historia en la UBA. En el 2017 recibió el premio ADEPA por la entrevista que le realizó al ex comisario Alberto Gómez, uno de los asesinos de José Luis Cabezas.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 18 de abril de 2019

Los dueños del futuro, comentado por Alejandro Horowicz

Los dueños del futuro
Hernán Vanoli – Alejandro Galliano
Planeta

Uno (mi comentario)

“Los dueños del futuro” recorre los bordes, las canaletas y pliegues de la historia argentina. Vanoli y Galliano no escatiman en datos. Nos presentan a 6 empresarios, voraces y ambiciosos en los negocios, pero también humanos. Desde las viejas familias patricias  a los nuevos jugadores del capital tecnológico, pasando por coleccionistas de arte y viejos amigos del Partido Comunista Argentino, el libro muestra una detallada fotografía de la clase dominante argentina. Sus gustos y particularidades, sus objetivos, lo que asumen y de lo que no se hacen cargo, su cosmovisión. Nuestros “dueños” no se disfrazan de corderos, pero tampoco se asumen dueños al final de cuentas. Los dominantes que no dominan, el amo que juega al esclavo, los grandes capitalistas de la Argentina muestran su mano con prudencia, ante dos minuciosos investigadores que hacen del periodismo escuela.

Dos (la selección)

Los dueños del futuro son: Hugo Sigman, uno de los mayores empresarios farmacéuticos argentinos, vanguardia en biotecnología, con una red de empresas difundidas por América, Asia y Europa, y diversificado desde la cría de cocodrilos en el Litoral hasta la producción de éxitos cinematográficos; Gerardo Bartolomé, desarrollador de una quinta parte del germoplasma de soja transgénica que se usa en el mundo; Eduardo Costantini, inversor inmobiliario, dueño y creador de Nordelta, cuyo reino se extiende hasta la también húmeda Miami; Federico Tomasevich, administrador de activos financieros y principal colocador de deuda en Argentina, Paraguay y Uruguay, además de parco polista; Federico Braun, dueño de La Anónima, la segunda cadena de supermercados argentina, heredero de la familia que conquistó primero el desierto y luego los océanos azules del comercio minorista federal; Marcos Galperín, dueño de Mercado Libre, paladín del e-commerce y cráneo de una multinacional digital que sueña con disputar la hegemonía latinoamericana con los titanes del norte; y los creadores de Globant, Martín Migoya, Guibert Englebienne, Nestor Nocetti y Martín Umaran, proveedores de servicios tecnológicos y de desarrollos informáticos que combinan el nuevo marketing digital con el mesianismo emprendedurista a lo largo y a lo ancho del mundo.

Tres

Exitosos en un país que no lideran ni respetan demasiado, proyectados a un mundo que ofrece más oportunidades que garantías, estos empresarios se acostumbraron a funcionar en un territorio hostil, reaccionar rápido ante cambios imprevistos, mirar el entorno con desconfianza. Los dueños del futuro no se sienten representados por la dirigencia política, sueñan con una desregulación del mercado de trabajo y, más aún, con una transformación cultural de la sociedad argentina que la amigue de una vez por todas con los valores del sacrificio, la constancia y el respeto a las reglas. La llegada de Cambiemos al gobierno alienta diferentes niveles de expectativas en este sentido.

Cuatro

Sus lecturas de Marx le habían enseñado las crisis cíclicas del capitalismo; las de Keynes, el valor de las expectativas: <<Me di cuenta de que la Argentina se comportaba en forma ciclotímica, un cambio de gobierno o de ministro gatillaba un proceso de estabilidad prometido que era percibido como tal, entonces el dólar bajaba, bajaban las tasas, subían los bonos públicos, subía la Bolsa, subían los inmuebles. Después lo que ocurría lamentablemente era que ese programa tenía sus inconsistencias y uno tenía que ir leyendo en qué medida iban creciendo para saber retirarse a tiempo. Generalmente se gatillaba la crisis con una corrida hacia el dólar: había déficit fiscal, subían los precios, empezaban las huelgas y los aumentos de sueldos generalizados, las cuentas del gobierno no daban, se le cortaban los créditos en el exterior. Cuando el dólar empezaba a aumentar le ganaba a todo, caía el valor de los inmuebles, caían la Bolsa y los bonos, y terminaba con cierre de mercado de cambios, devaluación, cambio de ministros. Y cuando entraba un nuevo ministro de Economía que era bien visto, la percepción de riesgo disminuía, entonces el dólar bajaba, subían los bonos, subían las acciones, subían las propiedades y yo pasaba todos mis dólares a pesos de la noche a la mañana, estaba 100% argentino: todo, todo lo invertía en Argentina. Y cuando las cosas eran inconsistentes, y siempre eran inconsistentes en determinado tiempo, a veces duraba 5 años, a veces 2, a veces lo que fuere, yo siempre estaba preparado para no guiarme por la codicia o la ambición desmedida. Fui una persona absolutamente fría y aséptica, tomaba las decisiones más o menos correctas.

Cinco

La historia de la familia Braun es un buen observatorio para reflexionar sobre la conformación siempre plebeya de las elites argentinas, su vinculación con la violencia política, con la ingobernable densidad del territorio, y la tortuosa posibilidad de un capitalismo exitoso. Hoy, en el siglo xxi, podría decirse que a algunos de los Braun les fue bien. Miguel Braun, creador de la neoliberal Fundación Pensar, think tank del PRO, es economista y se desempeña actualmente como secretario de Comercio de la Nación. Quienes lo conocen dicen que, después de los sacrificios realizados, Miguel no quedó demasiado contento con el puesto que le tocó, posición desde la cual debe controlar a viejos amigos de sus años locos en el sector privado y a su propio tío, Federico. Sobrino y tío fueron socios en el emprendimiento de quesos gourmet Pampa Cheese, junto a Gustavo Lopetegui, ex CEO de la empresa chilena LAN. La empresa se malogró por las políticas lecheras del ex secretario de Comercio Guillermo Moreno y por la vocación de servicio público de Miguel y de Lopetegui, cerebro del gabinete de CEO del macrismo, un auténtico trotskista de derecha. De hecho, Federico considera que la Argentina tiene la oportunidad histórica de haber encontrado en las filas del PRO, casi de casualidad, una clase dirigente que no se producía desde 1920.

Seis

<<Yo cada vez me he hecho más liberal respecto a que el Estado no tiene que meterse en todo aquello que los privados pueden hacer mejor>>, dice Federico Braun Seeber, gerente general de La Anónima, en su oficina de Ituizangó, en la provincia de Buenos Aires. <<La oferta y la demanda es una ley, pero como la ley de gravedad, es una ley física, es igual que la física. A mí me gusta o no me gusta pero esto se cae, con una aceleración de 9,81 m/s²…>> Federico toma sus anteojos y los suelta sobre una carpeta, a modo de ejemplo de la ley de gravedad, ejemplo a su vez de la ley de la oferta y la demanda. Pero los anteojos rebotan en la carpeta y se estrellan en el piso de su oficina.

Siete

Estamos frente los niños mimados del resto del empresariado, que los admira y envidia por su performance en zonas de la producción que considera de vanguardia y orientadas al futuro. Sin la voracidad de Jeff Bezos (Amazon.com), a quien temen, ni la inteligencia de Elon Musk (creador de PayPal y de los automóviles eléctricos automatizados Tesla), a quien admiran, nuestros chamanes del mundo digital no sueñan con la conquista del espacio, sino que más bien se conforman con disciplinar a una fuerza de trabajo vernácula que perciben talentosa pero demasiado cara, dinámica pero también volátil, y más cercana a los valores del nomadismo, el ocio y el hedonismo que a los de la disciplina, la eficiencia y el compromiso que ellos pretenden pese a la verborrea posmoderna y amigable con la que intentan autodiseñarse.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 17 de abril de 2019

Me acuerdo, comentado por Andrés Di Tella

Me acuerdo
Joe Brainard
Eterna Cadencia

Uno (mi comentario)

“Me acuerdo” es una máquina perfecta, una invención literalmente increíble: no se puede creer que a nadie se le hubiera ocurrido antes. Cada vez que lo leo, y ya lo leí como tres o cuatro veces, es como si se me hubiera olvidado y lo estuviera descubriendo de nuevo. Y, por supuesto, me da ganas de imitarlo. De hecho, el primer imitador resultó más famoso que el creador original: Georges Perec, el gran escritor-teórico francés, publicó “Je me souviens” en 1978, después de haber descubierto el librito de Brainard, publicado originalmente en 1970, como “libro de artista”. Brainard era un artista Pop del círculo de Andy Warhol en los años 60, nunca llegó a ser demasiado célebre como artista, aunque he visto algunos de sus collages (su especialidad) y son preciosos. Se podría contemplar “Me acuerdo” como una especie de collage de recuerdos sueltos de su propia vida.

Con el mantra de “I remember…”, Brainard hila pedazos de su infancia y primera juventud en Oklahoma en los años 50, mezclados al azar con recuerdos más recientes, de su vida entre poetas y artistas en New York en los 60. Parecen recuerdos anotados a vuelo de pluma, y tienen siempre la virtud de la brevedad, casi como haikus, pero el conjunto de pedacitos de memoria termina configurando una autobiografía íntima y potente, con extraordinaria resonancia emocional. Y, como dije al principio, da ganas de abrir rápido un cuaderno para imitarlo. En estos días, cuando empecé a leerlo una vez más, se me ocurrió dar “I remember” como consigna para los trabajos prácticos de un taller de cine. Los resultados fueron uniformemente notables, una mezcla insólita de frescura y verdad emocional en cada “imitador”: el modelo de Brainard es como un software que permite encontrar lo que tiene de único la experiencia de cada uno. Y sin embargo, por más imitado y transitado, la originalidad y singularidad del librito de Brainard sigue brillando, como una luz inextinguible, que ilumina la vida de cada lector.

Dos (la selección)

Me acuerdo de que un día tomé un autobús para el centro, en Tulsa, y un chico al que conocía un poco del colegio vino a sentarse al lado mío y empezó a hacerme preguntas del estilo: “¿Te gustan las chicas?”. Era un asqueroso, realmente. Cuando llegamos al centro (donde están todos los negocios), me estuvo siguiendo por todas partes hasta que finalmente me dijo que lo acompañara al banco, donde tenía que guardar algo en su caja de seguridad. Cuando llegamos al banco un empleado bancario le dio su caja y nos llevó a su cabina con cortinas doradas. El chico abrió la caja y sacó una pistola. Me la mostró y yo traté de mostrarme impresionado, y después la metió de nuevo en la caja y me preguntó si quería bajarle el cierre de los pantalones. Dije que no. Me acuerdo de que me temblaban las rodillas. Después de que salimos del banco le dije que tenía que ir a Brown-Dunkin’s (la tienda por departamentos más grandes de Tulsa) y él dijo que también tenía que ir. Para el baño. En el baño de hombres intentó algo más (ya no recuerdo exactamente qué) y yo salí corriendo y eso fue todo. Es muy extraño que un chico de once o doce años tuviera una caja de seguridad. Con una pistola dentro. Tenía una hermana mayor de la que se decía que era “fácil”.

Trres

Me acuerdo de cuando pensaba que si hacías algo malo, los policías vendrían a llevarte a la cárcel.

Cuatro

Me acuerdo de una noche muy fría y muy negra, a solas con Frank O’Hara en la playa. Se metió corriendo desnudo en el mar y me dio un susto mortal.

Cinco

Me acuerdo de los relámpagos.
Me acuerdo de unas amapolas silvestres muy rojas, en Italia.
Me acuerdo de que iba a vender sangre cada tres meses en la Segunda Avenida.
Me acuerdo de un chico con el que una vez hice el amor y después de que todo terminó me preguntó si creía en Dios.
Me acuerdo de cuando pensaba que cualquier cosa vieja era muy valiosa. Me acuerdo de Azabache.
Me acuerdo de cuando pensaba que Betty Grable era hermosa.

Seis

Me acuerdo de las fiestas “Venía así como estés”. Todos hacían trampa.

Siete

Me acuerdo de la manera de caminar de Frank O’Hara. Liviana y resuelta. Con un saltito y un giro ligero. Era una hermosa manera de caminar. Segura de sí. “Qué me importa”, y a veces, “Sé que me estás mirando”.

Andrés Di Tella es cineasta. Dirigió las películas Montoneros, una historia (1995), Macedonio Fernández (1995), Prohibido (1997), La televisión y yo (2002), Fotografías (2007), El país del diablo (2008), Hachazos (2011) ¡Volveremos a las montañas! (2012), Máquina de sueños (2013), El ojo en el cielo (2013) y 327 cuadernos (2015).


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 16 de abril de 2019

Feminismo y arte latinoamericano, comentado por Ana Ojeda

Feminismo y arte latinoamericano. Historias de Artistas que emanciparon el cuerpo
Andrea Giunta
Siglo XXI

Uno (mi comentario)

“¿Cómo funciona el mundo del arte?” se pregunta en este libro Andrea Giunta. La respuesta no se hace esperar: de manera muy desventajosa para todos aquellos sujetos que circulan por sus pasillos catalogados por las instituciones como “mujeres”. En efecto, existe una densa malla de estrategias en acto dentro del sistema del arte para volver invisibles un caudal importante de obras por razones de género. Obras que el sistema no permite ver, exponer, vender o coleccionar; obras que mantiene fuera de su órbita.

En el arte, la idea de calidad está constituida a partir de criterios patriarcales. La mujer (y lo femenino), por lo tanto, se encuentran en desventaja, en el lugar de lo otro, distante –erradicado– de la norma. En este contexto, el reclamo de una representación igualitaria en galerías, museos, colecciones privadas, etc., es recibido como un problema en sí mismo, que se intenta desautorizar anclándolo en un supuesto pasado, perimido, que las cifras desmienten. La equidad de género está lejos de cumplirse, tal como lo demuestra Giunta en este libro que se inscribe en una historiografía del arte feminista. Lo cierto es que “el mundo del arte es predominantemente blanco, euronorteamericano, heterosexual y, sobre todo, masculino” (36). Mientras las artistas tienen que demostrar una valía excepcional para alcanzar cierto reconocimiento, artistas hombres mediocres destacan con facilidad. Con matices, la proporción en el plano de las exhibiciones en museos a nivel mundial es de una mujer cada cinco varones.

El sistema del arte es patriarcal, como también lo es la normalización del gusto estético. Desde el Antiguo Testamento la mujer es tentación y pecado, emblema de aquello que debe controlarse, reglamentarse, ordenarse. Dominarse. No en vano Silvia Federici habla de una “guerra contra las mujeres”. El control del cuerpo femenino está y siempre estuvo en el centro de las preocupaciones patriarcales. El arte es apenas una pantalla en la que estas violencias se replican bajo el formato de la exclusión, la desclasificación, los mecanismos de desautorización y de invisibilización. A partir del estudio de una serie de casos puntuales con los que Giunta recorre el arte hecho por mujeres en América Latina (desde Clemencia Lucena y María Luisa Bemberg, a Paz Errázuriz, pasando por Narcisa Hirsch, los feminismos artísticos en México y Nelbia Romero), con un interesante glosario en el que se definen con precisión el vocabulario específico de las problemáticas de género usado a lo largo de la argumentación (ya Gerda Lerner señaló, en la década del ochenta, la importancia de apreciar críticamente las palabras de las que nos servimos para hablar de emancipación femenina en su libro La creación del patriarcado que, como este, concluye con un glosario), este libro es un primer paso firme hacia el cambio de las reglas del juego en el mundo del arte. El segundo, sin duda, es la colectiva que integra su autora, Nosotras Proponemos (nP), www.nosotrasproponemos.org, que evalúa el estado de situación en el ámbito artístico local y buscan llegar a un compromiso efectivo de mayor equidad en la compra y exhibición de obra producida por artistas mujeres por parte de los museos nacionales, entre otros objetivos y acciones de visibilización para la obra de artistas mujeres.

Dos (la selección)

“Gracias a la investigación de Julian Spalding y Glyn Thompson –presentada en la exposición de Summerhall, Edimburgo, en 2014, con el título A Lady’s not a Gent’s–, nos enteramos de que el famoso urinario de Duchamp, pieza emblemática del comienzo del ready-made y del conceptualismo, es en realidad obra de la condesa [Elsa von Freytag-Loringhoven]. Para la biógrafa de la artista, Irene Gammel, la elección del urinal está más cerca de los intereses escatológicos de ella que de los de Duchamp. Además, en una carta a su hermana Suzanne, escrita en 1917, Marcel Duchamp le contaba que una amiga suya había enviado el mingitorio a la Exhibición de la Sociedad de Artistas Independientes. Toda la genealogía patriarcal del conceptualismo y la crítica institucional del siglo XX debería, entonces, cambiar de género.”

Tres

“Racista, clasista y geográficamente excluyente, el sistema del arte es también sexista y heteronormativo; una “mujer” es correcta en tanto sea blanca, no feminista y juegue el rol de “artista genio”; “gay” es aceptable en tanto el artista pueda ser identificado como varón, blanco y se ajuste al sistema de valores de la clase media o alta. Además, sus intervenciones deben entrar en el rubro “gran artista”, a la par de Picasso, Warhol, Matthew Barney o Marina Abramović. Incluso los temas queer y “feministas” funcionan en el mundo del arte si pueden encuadrarse como blancos y masculinos (siempre que entendamos lo masculino como fálico). Esto se da en llamar “síndrome de Margaret Thatcher”.”

Cuatro

Los femicidios, los destapes de acoso, las condiciones laborales de las mujeres, etc., toda información que tomó más visibilidad en estos últimos tiempos hace que obviamente no piense de la misma manera […]. Respecto de las artistas mujeres, hemos incorporado varias, y este año vamos a mostrar solo mujeres (Orly Benzacar). Para 2018, la galería Ruth Benzacar planifica también un completo ciclo de conferencias dedicadas al feminismo en el arte y a las mujeres artistas. Me importa destacar el sentido transformador que produce la difusión de información que permanecía oculta. El conocimiento permite generar conciencia respecto de la reproducción en el campo de lo simbólico y de la cultura, de los datos que se registran en el orden de lo social.”

Cinco

“Actualmente no podemos sostener con certeza que hay un arte de mujeres y un arte de varones. Ni siquiera que hay un modo femenino y un modo masculino de expresarse en el terreno del arte. Esta fue la observación de Linda Nochlin. Sin embargo, a pesar de todo lo que los estándares tradicionales se han modificado, podemos constatar que desde que nacemos las instituciones nos clasifican en varones y en mujeres, y que las estadísticas dicen que las artistas clasificadas como mujeres representan, en el mejor de los casos, un 30% de lo que se realiza en el mundo del arte. En este sentido, y para refinar las problemáticas diferenciaciones, cuando me refiero a “artistas mujeres” en verdad me refiero a aquellxs artistas a quienes la sociedad y sus instituciones clasifican como mujeres, criterio a partir del cual disminuyen su representación.”

Seis

“En el contexto actual, las políticas de representación igualitaria deberían ser parte de la forma de operar de todos los agentes del mundo del arte: directores de museos, ferias, galerías, periodistas, editores de libros, críticos, curadores, historiadores. Incluso de los artistas a quienes el sistema clasifica como varones. Esta es la única metodología aplicable en el corto plazo que permitirá dar visibilidad a cuerpos de obra invisibilizados. Se trata de una estrategia, de acciones afirmativas que comienzan a proponerse en el campo de la política pero que están ausentes en el campo del arte. No por eso representan la solución del problema; pero permitirán dar visibilidad a lo que es sistemáticamente invisibilizado y cuestionar los parámetros normalizados del gusto y de la calidad estética. En lo oculto oprimido existe una reserva de insubordinación y de cuestionamiento al orden establecido cuya liberación cuenta entre los modos de funcionamiento de la cultura y el arte.”

Siete

“No cabe solo destacar qué es lo que las artistas mujeres están perdiendo en términos de representación y consagración, sino qué es lo que todos –varones, mujeres, ciudadanos con sexualidades no normativas– estamos perdiendo ante un tipo de censura de la obra de artistas mujeres basado en la clasificación administrativa mujer/varón.”

Ana Ojeda es escritora y editora. Nació en Buenos Aires en 1979. Se recibió de Licenciada en Letras con diploma de honor por la Universidad de Buenos Aires. En Twitter: @anaojota En Instagram: @vikingabonsai En Goodreads: Ana Ojeda


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 15 de abril de 2019

Recuerdos que mienten un poco, comentado por Fernando García

Recuerdos que mienten un poco
Indio Solari en conversaciones con Marcelo Figueras
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Solo con los libros que se han escrito sobre la leyenda de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se podría llenar el estante de una biblioteca: de la ficción al ensayo y la crónica periodística. Sin embargo, hasta ahora, casi veinte años desde la separación del grupo, el Indio Solari no había prestado su voz a ninguno de estos relatos más allá de la cita extraída de alguna de las contadas entrevistas que dio a la prensa gráfica. Este libro extenso es, por fin, su versión de las cosas. De la historia de su familia de origen a la que formó con su pareja y su hijo Bruno, Solari revisa puntillosamente una vida que tiene casi la misma duración que la cultura rock a la que ha contribuido a definir con su lírica y enigmática presencia.

El género elegido aquí es híbrido, unas memorias guíadas por una larguísima conversación con el periodista y escritor Marcelo Figueras sin la forma de una entrevista periodística. Más allá de revelar cuestiones pendientes como la circunstancia de la separación o el origen del nombre, hay en Solari una prosa oral riquísima donde se mezclan la voz del “hombre psicodélico” (así se llama a sí mismo) informada por lecturas y experiencias alternativas y la de una erudición popular adquirida en los pliegues de la peripecia argentina de los últimos cincuenta años.

Dos (la selección)

Frente al correo estaba la plaza principal, que tenía una pérgola donde tocaban distintas bandas: la de la Municipalidad, la de la Marina…Nélida me llevaba y yo me fascinaba con el brillo de los vientos. Los músicos de la Marina usaban polainas y yo las imitaba, subiéndome mis soquetitos blancos. Tendría 3 o 4 años. Volvía a casa flotando en el aire, colocado como si hubiese salido de un recital.

Mis viejos no eran melómanos, pero ponían música clásica en la radio. Todavía tengo la cañita que usaba entonces como batuta. Me la devolvió mi vieja antes de morir. En aquel entonces me ponía encima de un papel de diario que oficiaba de escenario, delante de una radio vieja—esas que parecían catedrales de madera—y “dirigía” desde ahí.

En casa no había muchos  discos. Estaban, sí, esas colecciones típicas de la época, que armaba la revista Selecciones del Reader’s Digest: Música para soñar y reposar. Venían en una caja, las partes más reconocibles de las obras clásicas: Chopin, Wagner.

Tres

Siempre tuve amigos en el cielo y en el infierno. Del cielo me gusta el clima, nomás. Del infierno, la compañía (…) Cuando crecí y me quedé solo empecé a llevar a casa a gente que era medio rara. Ya venían hippies y esa onda, que llamaban la atención. En esa época éramos un puñado. Yo andaba con el pelo largo y con una camisa roja con una especia de diamante pegado. Me ponía unos pantalones anchos azules, con estrellas plateadas acá y unos zapatos de taco alto que se usaban en esa época. Pasaba gente terminal, por mi casa. Era el albergue de los freakies, no solo de cabotaje sino también internacional. Alguna gente se quedaba una temporada. (…) Hubo tres años maravillosos—del 67 al 69—en los que la libertad te brotaba por los ojos. Los jóvenes eran, éramos, los generadores de una revolución por el simple hecho de plantarnos y decir: El mundo que nos dejan no nos gusta. La onda que venía de Inglaterra era más fashion y artificial, porque ahí circulaba heroína en vez de marihuana o ácido lisérgico como en los Estados Unidos (…) En esos años se arma una nueva cultura de izquierda en el mundo, más universalista. Por eso yo tendía a ver las revoluciones latinoamericanas desde un lugar que algunos confundían con cinismo. Pero nosotros ya percibíamos que no se podía tomar la Casa Blanca con Mausers. (…) La militancia orgánica no tenía que ver con mi ideales. Yo no podía pensar como un montonero. Estaba afuera de ese menú. Compartía parte de la mirada, eso de estar en contra de la opresión, de la mita y el yaconazgo tencocráticos (…) Las experiencias en las que me enganché estaban vinculadas con otra mirada del mundo. Yo me vinculé temprano con la política del extásis, que por ese entonces cultivaba muy poca gente, inclusive dentro de los que se disfrazaban de hippies.  

Cuatro

Un día llegan Skay y Poli de Salta, donde administraban un campo de los Beilinson. Me vienen a ver, me dicen que quieren reunir a Los Redondos. Dándole vueltas al asunto, en mi casa de la costa di con un recetario que había editado Royal, la marca de los postres. Ahí inventaban a una cocinera ficticia que era la que te presentaba las recetas, la dibujaron y todo. ¿Y que nombre le habían puesto? Patricia Rey (…) La idea que derivó del nombre fue la de crear un personaje que no fuese ninguno de nosotros. Una suerte de padrino mafioso que se había ganado la reverencia de sus seguidores. Nosotros veníamos a ser apenas sachets vacíos, artistas existenciales por los que pasaba una energía buena cuando estaban en vena. Así lo pintamos a Patricio–un tipo que tenía un piso en la rue de l’Èpée de París y había colgado un Mondrian en el ascensor–…¡tenía toda la guita del mundo! (…) A fin de cuentas, Patricio Rey debería encarnar en cualquiera, como si cayera del cielo. Está hecho de la misma naturaleza de nuestras obsesiones.

Cinco

De pronto me sorprendió que Poli estuviese ahí, dispuesta a hacerse cargo de la parte administrativa y burocrática de la banda, que tanto a Skay como a mí nos excedía. (Cosa de la que me arrepentí con el tiempo) En fin, lo lógico era tener a alguien de confianza que cuidara la taquilla para que Skay y yo nos dedicásemos a la parte creativa. Y entonces se armó este trío que ya se separó del resto. (…) Los Redondos siempre fueron una banda de amigos, donde había tres maníacos que conducían el sulky. (…) El seudónimo de Poli, eso de llamarla “La 9mm”, se lo pusimos entonces. Fue un mote de entrecasa. En el ambiente no estaban acostumbrados a que una mujer fuera a pelear dieros mientras los otros se rascaban el higo, tocando la guitarra. Yo creo que, cuando tenés un grupo ganador, venderte a un manager es una pelotudez. No es que los shows se vendían porque hacíamos una gran difusión, porque no había nadie atrás nuestro promocionando nada: ninguna corporación. La gente nos seguía cada vez más, y entonces no necesitabas otra cosa que el número telefónico de los pubs y decir: Sí, no, esto es tanta guita, las entradas son para nosotros y la cantina es para ustedes (…) El ansia de libertad te lleva a rechazar ofertas muy tentadoras. Yo recuerdo dos momentos así. Una vez cuando yo todavía no tenía casa propia, me ofrecieron dos departamentos en Mar del Plata a cambio de tocar en el marco de una campaña política. Y la otra vez, cuando la banda de separó, un productor me ofreció varios millones de dólares por once shows. Y también dije que no. Antes de descubrirme a mí mismo haciendo algo que me violenta, prefiero volver a fabricar ropa.

Seis

Yo era todo lo contrario a lo que se suponía que estaba de moda. Para empezar cantaba raro, no tenía esa voz prístina propia de las bandas “modernas”. Además era un pelado con barba, que subía al escenario vestido con la misma corbatita que había usado durante su trabajo diurno en el hogar de niños…Lo que me hizo diferente, imagino, era el hecho de que encarnaba casi todo lo que la industria del espectáculo tenía por negativo. Para seguir los tips de la hora estaban todos los demás. Pero a mí me salía otra cosa. Tal vez el éxito se haya debido a eso, nomás: a que la gente percibió que éramos genuinos. (…) El público biempensante de los comienzos se distanció enseguida. Le pareció que, tan pronto nos volvimos populares de verdad, nuestra obra se convirtió en algo menor. Cuando era al revés, objetivamente: fue mucho más importante lo que empezamos a transmitir, y lo que transmito ahora, que las pavadas que cantaba al principio (…) Cuando los boliches se llenaron de gente desangelada, el público cool nos rechazó. Era su forma de decir: Si le gusta a esta gente, no nos puede gustar a nosotros. Somos una elite que disfruta de cosas especiales, se ve que el Indio se vendió, le interesa la multitud para ganar dinero. ¡Como si uno supiese cómo va a reaccionar la gente cuando saca un disco!

Siete

Lo que pasó esa noche me sorprendió. Puede que la embriaguez haya tenido que ver, estábamos medio picoteados…Veníamos hablando de los asuntos pendientes y salió el tema de los videos de Rácing: aquellos que habíamos grabado con tantas cámaras y que algún día, cuando estuviésemos en las condiciones ideales, queríamos editar y posproducir. Yo llevaba años reclamando que se hicieran copias del material, por cuestiones de seguridad (…) Lo único que sé es que seguimos gritando hasta que Skay se fue a la mierda, porque no le gustan las situaciones tensas. No recuerdo si al final dije expresamente. Esto se acabó acá, pero me subí al coche—el chofer me esperaba afuera, se había dormido ya—y volví a casa. (…) Y esa madrugada entendí que no quería saber más nada con ellos. Me llenó de amargura darme cuenta de lo que estaba pasando, de los que seguramente venía pasando desde hacía años: ¡qué ingenuidad la mía! Esa es una de las características de la traición: no sabés cuándo empezó, sólo la ves cuando llega el momento en que explota. (…) ¿Cómo seguís adelante con una relación, una vez que se instaló la desconfianza entre todos? ¿Cómo sabés si la verdad va a volver alguna vez a la boca de un amigo que te traicionó? (…) Cuando yo quemo naves, quemo naves. Y ya no me importa un carajo lo que atesoré hasta ayer, aunque sea mío. Por eso nunca les hice juicio. Si quieren regalar ese material de video, hacerlo público, yo no me voy a oponer. Pero en fin, me hubiera gustado que Los Redondos tuviesen un final más dedicado a la gente. Me quedé con las ganas de un final más elegante.  


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 12 de abril de 2019

Las malas, comentado por Julia Szejnblum

Las malas
Camila Sosa Villada
Tusquets

Uno (la selección)

Las charlas TED nos hacen creer que ponerle chips en el cerebro a gente y cambiar vidas es una cosa fácil; que se puede ser cancherx en público al hablar sobre nuestro pasado, sus alegrías y tragedias. Muy lejos de esa lógica norteamericana, la charla TEDx de Camila Sosa Villada en 2014 mostraba algo real: una persona en un escenario nos contaba sobre su pasado como trabajadora sexual, lloraba, se auto retaba por llorar, les pedía perdón a sus compañeras de aquellas épocas por no haberlas llamado más y seguía en discusión imaginaria con cosas que le había dicho su padre en la adolescencia. Ver esa charla genera mucho alivio y amor porque rompe las estructuras del formato TED, pensado para “exitosxs”. Camila inspira admiración por su honestidad y, sobre todo, inspira muchas ganas de escucharla más, de que no termine nunca más de contar.

Las malas es ese “más” que pedimos, es esta misma historia de su charla, pero más larga, más poética, más al corazón y más genial. Es una narración sobre sus primeros años de independencia, cuando Camila se mudó a Córdoba a los 18 años a estudiar Comunicación Social y empezó a parar en la plaza con otras travestis. Cuenta de ellas, de todo lo que se rieron, de toda la compañía que se hicieron. De cómo aprendió a combatir la vida con humor, de todo lo que lloró, todo lo que sufrió y todo lo que se defendió. Camila es una reina maga que nos trae de regalo su historia. Aceptemosla con alegría y emoción, como ella enseña.

Dos (la selección)

Un día me desmayé en la calle, no supe por qué. Desde la adolescencia tenía desvanecimientos ocasionales. Esta vez me desperté con el brazo aterido, confusa y dolorida. Me había caído sobre mierda de perro y nadie me había levantado; la gente esquivaba el cuerpo de la travesti sin atreverse a mirarla. Me puse de pie, untada en mierda, y caminé hasta mi casa con la certeza de que lo peor había pasado: el padre estaba lejos, el padre ya no incidía, no había motivo para tener miedo. La desidia de la gente ese día me ofreció una revelación: estaba sola, este cuerpo era mi responsabilidad. Ninguna distracción, ningún amor, ningún argumento, por irrefutable que fuese, podían quitarme la responsabilidad de mi cuerpo. Entonces me olvidé del miedo.

Tres

La tía Encarna nos decía que lo menos importante del mundo era el pene de los hombres. Que nosotras teníamos el nuestro propio entre las piernas y bien podíamos agarrarnos de él cuando atravesáramos momentos de cane débil. Que había que trabajar para nosotras, no para pagarle ningún caprichito al chongo. Y que, cuando nos acostáramos con un garrón (así le decíamos al que nos cogíamos por gusto y no por dinero), le hiciéramos pagar de alguna manera por nuestro cuerpo.

Cuatro

El Brillo de los Ojos, bautizado en primavera, fue el favorito de las travestis, el niño que más obsequios recibió de las reinas magas, para quienes hasta lo más simple y barato tenía el aura de lo sagrado. El niño encontrado en un zanja, hijo de todas nosotras, las hijas de nadie, las huérfanas como él, las aprendices de la nada, las sacerdotisas del goce, las olvidadas, las cómplices. Bautizado por una puta paraguaya vestida enteramente de depredadora, que le sopló bendiciones sobre el rostro, que alzó con sus unñas postizas las lágrimas que habíamos derramado algunas y con esas lágrimas bendijo la frente del niño, y El Brillo en ningún momento lloró. Al contrario, sonreía, y a la mitad del ritual se tiró un pedo insolente que a todas nos hizo despanzurrar de risa, y luego vino el brindis y las charlas de siempre, y María parecía haber olvidado su tristeza por devenir pájaro.

Cinco

El calor travesti era igual. La pasta de maquillaje que se hacía como pegote, una máscara de barro caliente que tapaba todos los poro, para que no se escapara el alma por ahí cada vez que recibíamos una agresión. Con la cara hecha máscara, la más bella de todas las máscaras, esos rasgos travestis más reales que nuestros propios rasgos, concebidos para otro mundo, un mundo mejor, donde poder ser esa máscara.

Seis

Sólo una vez la vi llorar. Ella no soportaba llorar ni ver llorar, y eso era un problema porque en ese tiempo las travestis éramos muy lloronas. Cuando alguna de nosotras estaba triste, Angie te invitaba a tomar algo caliente en algún bar abierto y te decía: “Ser travesti es una fiesta, mi amor, mirá a todas las que nos miran”, y señalaba a las chicas espantadas que nos miraban desde las otras mesas como si fuéramos extraterrestres. “Ya quisieran dar lo que nosotras damos, mi vida. Porque nosotras damos amor”, decía, y a mí el corazón se me encogía como una pasa de uva porque adoraba y admiraba la determinación con que vivía Angie.

Siete

El cielo de las travestis debe ser hermoso como los paisajes deslumbrantes del recuerdo, un lugar donde pasar una eternidad sin aburrirse. Las lobas travestis que mueren en invierno son acogidas con especial pompa y alegría, y en aquel mundo paralelo reciben toda la bondad que se les mezquinó en este mundo.
Mientras tanto, las que aquí quedamos bordamos con lentejuelas nuestras mortajas de lienzo.

Julia Szejnblum nació en Buenos Aires en 1993. Es licenciada en Letras (UBA) y Magister en Políticas Culturales (University of Groningen). Trabaja en el Centro Cultural Recoleta.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 11 de abril de 2019

El huracán rojo, comentado por Guillermo Borella

El huracán rojo
Alejandro Horowicz
Crítica

Uno (mi comentario)

El mundo de hoy no puede ser pensado sin las victorias revolucionarias del pasado. De esta premisa parte El huracán rojo, el último libro de Alejandro Horowicz en el que enlaza a través del hilo rojo las revoluciones de Francia y Rusia para escribir una historia general del cambio social. No hay modernidad industrial sin militancia socialista, afirma el autor, que invita a leer las revoluciones en tiempo presente. Horowicz viene a recordarnos que la innovación tecnológica impulsada desde la revolución industrial por el capitalismo, dependió de incontables batallas obreras. Otras conquistas como la democracia política, las ocho horas de jornada laboral y la educación de masas, tampoco pueden concebirse por fuera del proceso abierto a fines del siglo XVIII, en una París convulsionada por la fiebre antimonárquica. Todo lo que todavía existe en el territorio de lo políticamente vivo (las huelgas obreras, las movilizaciones populares o el internacionalismo feminista), abreva de esta formidable tradición caída.

Este es el hilo rojo del huracán histórico que Horowicz tira con fuerza a lo largo de las páginas de esta obra ambiciosa, un hilo que se despliega en el tiempo, desde 1789, en Francia, pasando por los fallidos intentos revolucionarios de 1848, hasta 1917, con la organización de los soviets de obreros y campesinos en Petrogrado. Entonces, el siglo XX tembló, porque otro mundo parecía posible, dice Horowicz, con indisimulada nostalgia y cierto desdén por un presente que contempla desde la “dolorosa pertenencia al campo arrollado”.

El principal desafío que persigue el autor del ya clásico Los cuatro peronismos (1985) consiste en organizar el sentido de un ciclo revolucionario que admite concluido. Semejante tarea es posible gracias a la rebeldía revisionista de Horowicz, que se niega a enterrar las batallas revolucionarias bajo “rígidos juicios de lecturas institucionalizadas” que insisten en cortar el hilo rojo y hacer de la revolución una pieza de museo. A contracorriente de aquellas versiones derrotistas, el autor intenta –con éxito– devolver a la revolución y a los proyectos socialistas sus grises, sus detalles, las peripecias de sus ambigüedades. Fruto de largos años de estudio exhaustivo, en el Huracán Rojo Horowicz reconstruye con meticulosidad la gestación del doble poder –de quienes buscan romper el orden y los que intentan preservarlo– tanto en Francia como en Rusia, y demuestra que la legitimidad de las demandas populares engendra la voluntad social transformadora. Así, la historia recupera su hilo y se convierte en revolución.

Dos (la selección)

Anudemos el hilo rojo. La Revolución Francesa, junto con los fallidos intentos revolucionarios del ’48 en Europa y, finalmente, la revolución de Octubre –esto es, la batalla por el socialismo–, organizan esta seguidilla. Es innegable que los bolcheviques iniciaron la marcha moderna siguiendo esa dirección, a condición de recordar que febrero del ’17 arranca como revolución burguesa, y por tanto es susceptible de integrar esta serie sin prejuzgar su desarrollo final. Máxime, cuando la posibilidad socialista puede visualizarse, incluso en la lógica revolucionaria francesa, como despliegue de la atalaya burguesa. Ahora bien, la construcción del mercado interno a escala del capital en expansión, la destrucción de las limitaciones feudales para la conformación del estado nacional moderno, termina por resolverse mediante una formación capaz de resistir el ingreso al nuevo ciclo del mercado mundial sin despedazarse. Sin que las relaciones de producción existentes –relaciones de propiedad– choquen con el necesario desarrollo de las fuerzas productivas requerido para integrar esa división mundial del trabajo. Y si se quiere la revolución terminó siendo el instrumento que posibilitó, adecuó y resolvió ese ingreso al mercado mundial; vale decir, esta transformación radical sigue un doble estándar: las condiciones del ciclo largo del capital y las que impone políticamente la nueva formación histórica. Esta adecuación se resuelve, en ambos casos considerados, mediante una revolución triunfante.

Tres

La derrota de la revolución europea del siglo XIX no cambió las cosas, solo acentuó las ausencias. Los occidentalistas, los defensores del camino capitalista europeo, terminaron estando dispuestos a reconsiderar los instrumentos de su objetivo. Al tiempo que los eslavófilos no solo rechazaron airadamente el modelo occidental, sino que subrayaron la virtuosa originalidad de su propio atraso histórico, apoyados en esas ausencias. Ambas respuestas resultan unilaterales. Es cierto que sin las exageraciones conservadoras no se alcanza el mínimum de autoconfianza requerido para un camino en solitario, sin olvidar que no basta con estar dispuesto a recorrerlo para iniciar efectivamente la marcha, teniendo presente que la disposición a marchar no es un asuntillo tan menor para alcanzar un objetivo nacional revolucionario. Ninguna fuerza social reunió esta triple disposición (autoconfianza, disposición a marchar, objetivo revolucionario) hasta 1905; recién entonces, cuando el proletariado urbano salió a la palestra otro horizonte cobró potencia histórica.

Cuatro

Dicho de un tirón: el capitalismo supuso revoluciones nacionales para ampliar el mercado mundial, la revolución francesa abrió el curso de la presencia democrática de las masas en los gobiernos, aunque el capitalismo global no requiera en la actualidad de la democracia popular efectiva. Las decisiones de la mayoría son trabadas en defensa del interés de los bancos sin transformación revolucionaria posible –que no supone la reproducción en otras condiciones del Octubre bolchevique– la democracia se transmuta en ritual vacío, en la forma de una estafa permanente; mediante un módico abuso de las estadísticas la práctica política determina el nombre propio con que una mayoría amorfa duplica la receta de la bancocracia globalizada.

Cinco

La idea de que la revolución desaparece, como el muro de Berlín, devorada por la investigación histórica “seria”; que la Revolución Rusa constituye un accidente anómalo e inconducente; que el poder de los soviets supone un “no suceso”, replica el más obtuso y ciego conservatismo. Ese que cree posible el desarrollo capitalista sin revolución y separa ambos términos de la democracia política, como si la producción de mercancías en serie tuviera una traza inamovible.

Seis

La Asamblea Constituyente es el modo democrático supremo del poder burgués, pero Lenin sostiene inequívocamente: “la democracia también es un Estado”. Febrero destruyó el Estado absolutista dejando a Rusia sin Estado. Los soviets son la respuesta al derrumbe, la revolución proletaria debe construir un tipo de Estado basado en los soviets. La Asamblea Constituyente no se propondrá, después de Octubre, consolidar ese poder, sino evitar que tal cosa ocurra.

Siete

En la tradición revolucionaria la conquista del poder era una precondición para el inicio de una transformación socialista. Dos caminos formaron parte del debate: el reformismo parlamentario y del derecho histórico a la insurrección; es decir, la República de Weimar o los bolcheviques. Esto último supuso la estrategia de Lenin aplicada desde la táctica insurreccional de Trotsky; recién cuando tal cosa fue posible, la articulación entre el partido y los soviets encontró un adecuado balance: se trataba de una política debatida públicamente pero ejecutada mediante una organización militar secreta. Recién entonces se puede decir con cierta precisión que obtuvieron el poder; no mediante un coup d’État sino inventando y respetando la nueva legalidad soviética.

Guillermo Borella, periodista especializado en política internacional, politólogo. Profesor visitante de la Universidad Torcuato Di Tella. Doctorando en Estudios Internacionales (UTDT). En 2015 ganó el Premio de Crónica Tomás Eloy Martínez.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 10 de abril de 2019

Trinche, comentado por Diego Igal

Trinche
Alejandro Caravario
Planeta

Uno (mi comentario)

Alejandro Piqui Caravario (1963) es uno de los históricos del seleccionado de periodistas deportivos que trascendió el comentario sobre lo que hacían 22 tipos atrás de una pelota. De Deportes de Clarín, saltó a la Segunda Sección (germen de lo que es hoy Zona) y en el segundo año del diario Olé pasó a dirigir Mística. En esta revista -que venía con el matutino deportivo cada sábado y duró 186 ediciones- se publicaban crónicas, investigaciones y fotografías con un estilo reposado y profundo, más propio del caño y la gambeta que de la verticalidad y rigidez de la pirámide invertida. En Mística se escribía de deporte y también de política o negocios. Allí y en Olé también supieron demostrar habilidad el poeta Fabián Casas o los colegas Mariano Hamilton y Julio Boccalatte y no es casual que los cuatro se hayan vinculado después a la escritura y edición de libros de ficción, no ficción y hasta de dramaturgia.

En Trinche, Caravario hace dupla con Tomás Felipe Carlovich (1946), un mediocampista rosarino al que referentes del fútbol colocan en el mismo podio que Lionel Messi o Diego Maradona, pero con una carrera en clubes como Central Córdoba o Independiente Rivadavia, donde entre 1969 y 1985 descolló en destreza y también en inconductas no aptas en el profesionalismo.
Lo de dupla no es una analogía sino que así figuran en el copyright y, además, la trama se hilvana con paredes que tira el trazo fino de Piqui y la memoria desvencijada del personaje en cuestión, completada con algunos datos duros y el relato oral de compañeros, contemporáneos, hinchas y una troupe de fanáticos que lo idolatran hasta elevar muchas de las anécdotas en mitología.
El mismo Caravario se ocupa de aclarar que el libro no es una biografía de las convencionales o lineal sino una búsqueda por desentrañar un mito o enigma, enfocada en el “origen, las razones, los hitos y la expansión incesante de una narración” sobre este futbolista.
La factura denota cierta tensión entre Caravario que quiere bucear detrás de la leyenda pero se choca con el desinterés del personaje y la inexistencia de pruebas documentales. También es palpable la dificultad obvia del periodista por ficcionar casilleros vacios porque está ante un personaje de músculos y huesos que aun en aspectos reales puede resultar inverosímil.

Dos (la selección)

Nunca se acostumbró a ser una celebridad. Ni siquiera una de pago chico. Su parquedad, su apego al barrio y a los amigos de siempre le impiden hacer la vida social que se espera de las glorias deportivas. Prefiere las juntadas en la vereda de su casa con la barra que se consolidó allá lejos y hace tiempo en Central Córdoba a los homenajes y entrevistas. Y toma como gajes del oficio -una amable condena- la proliferación de versiones acerca de su vida, ante las cuales se comporta como un espectador. Un espectador divertido. “Un día subo a un taxi y, cuando le indico al conductor la cancha de Central Córdoba, me mira por el espejito y me pregunta. ‘¿Lo conoce al Trinche Carlovich? Es amigo mío’. Cuando me bajo le digo: ‘Si lo ve, mándele saludos'”.

Tres

Entre los papeles y grabaciones, encuentro esta perla: “No hablo de mí porque no sé”. Hay más:
– Tomás, ¿nunca soñás con tus jugadas o tus goles?
– No porque no me acuerdo.

Cuatro

A la par de interpretaciones personalísimas, el derrotero del Trinche ha deparado un surtido de clásicos. Es decir, cuentos que todos conocen -como esas canciones que tienen tanta demanda en los fogones-, pero que sufren, de acuerdo con el narrador eventual, ligeras variantes, por ejemplo, de locación. Hay uno que podría titulares “El día en que el Trinche se olvidó los documentos” y que se sitúa alternativamente en la cancha de Atlanta, de Talleres de Remedios de Escalada, de los Andes y así. Carlovich, por supuesto, no recuerda dónde fue, pero confirma que el hecho ocurrió.

Cinco

Jugar con Carlovich era “como jugar con doce”, repiten los que compartieron camiseta con él. Por lo tanto, aceptaban las prerrogativas que el Trinche imponía por fuera del contrato. Por ejemplo, no se entrenaba. O lo hacía a su manera. Mientras lo demás corrían, el jugaba su partido a solas. Y cuando se armaba el picado de práctica, solía frenar de golpe el ritmo del juego con una broma de equilibrista: se paraba sobre la pelota, colocaba la mano a modo de visera con la solemnidad del que atisba la llegada del malón desde el mangrullo y anunciaba: “ahí vienen los contrarios” o “me está molestando el sol”.

Seis

El escritor Martín Kohan, futbolero y seguidor del Ascenso (Dos veces junio, Ciencias morales y mucho más), asocia la trayectoria deportiva del Trinche con el destino argentino. Historia viva, nada de mito. Escribe vía correo electrónico: “Un poco vago, bastante irresponsable, el Trinche Carlovich no alcanzó a trascender en los niveles que su descomunal talento le aseguraba. Tenía todo para brillar en Boca o en River, era imposible que no llegara a la Selección Nacional. Y sin embargo, nada de eso ocurrió. Jugó más que nada en el Ascenso, mezclando genio y desgano, brillantez y media máquina”.

Siete

La trayectoria del gran Tomás Felipe está llena de hiatos. Períodos en blanco entre un club y otro. Momentos a veces prolongados en los que nuestro héroe meditaba sobre si le convenía o no -le convenía a su personalidad, quiero decir- seguir con el oficio formal de jugador y se la pasaba en su casa, volvía al picado barrial o simplemente desaparecía.

Diego Igal es periodista, investigador, escritor-editor y docente.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 9 de abril de 2019

Enrique Raab: periodismo todo terreno, comentado por Fernando García

Enrique Raab: periodismo todo terreno
Enrique Raab
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Desde el 16 de abril de 1977, cuando fue secuestrado junto a su pareja de su departamento de la calle Beruti, Enrique Raab es uno de los cien periodistas desaparecidos por la dictadura militar. De origen vienés, Raab refinó y redefinió el oficio de cronista en medios gráficos de los años 60 y 70 como Primera Plana, Análisis y La Opinión. En este libro, María Moreno recopila lo mejor de su pluma desplegada en distintos frentes: de la observación y el comentario social al retrato de las figuras del espectáculo y la cobertura de movilizaciones masivas. Luego de un estupendo prólogo donde Moreno indaga el estilo y personalidad de Raab, sobreviene un salvataje de algunos de los mejores textos que se hayan publicada en medios masivos.

Dos (la selección)

Con o sin estadísticas precisas, el cálculo no tiene muchas probabilidades de error: de las 200 personas que fueron a interesarse por la Academia del Fracaso, de Marta Minujín y Agustín Merello, por lo menos 180 ya se habían baqueteado con los laberintos de La Menesunda, allá, por 1965. La diferencia es nimia: apelando a un parangón cinematográfico, podría decirse que si La Menesunda fue, en la carrera de Minujín, su período Cecil B. de Mille, la Academia apenas logra encaramarse al status de El Fusilamiento de Dorrego (el de Mario Gallo, primer film argentino, 1908). (…) Hastío, depresión y angustia en esta asfixiante aventura de Minujín: comparado con una visita a la Academia del Fracaso, el venerable bisonte de Altamira casi puede convertirse en un hecho artístico escandaloso.

(La Opinión, 28 de septiembre de 1975)  

Tres

Por desgracia—o, mejor dicho, gracias a Dios—también está Gasalla, ese duende angustioso y atormentado, sumergido ahora en un mundo propio de escalofriante crueldad. Si su Pato Donald no tiene ya el brillo del año pasado, en el Globo, si resulta bastante obvio que sus compañeros le resultan, casi siempre, una traba, hay cinco minutos, por lo menos, durante los que su niño prodigio del gran moño negro y de la mirada pérfida desparrama oleadas de terror por la salita de La Fusa. Uno intenta reírse, encender otro cigarrillo, arrimar a la boca el whisky casi aguado para saborear la diversión. Es imposible: de golpe, un gran trágico—quizás el más grande actor que tiene la Argentina—contagia a todo ese público, tan sofisticado, su propia visión de un infierno freudiano, edípico, tan espeso y negro como una pesadilla de algún Buster Keaton criado en Almagro o en Villa Soldati.

(Análisis, abril de 1971)  

Cuatro

Por supuesto, la histeria musical es tan vieja como la propia música, y todavía hay mucha gente que se acuerda de las mujeres que se desmayaban cuando Franz Liszt, cien años atrás, se sentaba majestuosamente al piano. Pero esto es otra cosa: es como si el mundo se hubiera vuelto la piel del revés. Una sola semana, en Buenos Aires, puede ilustrar el fenómeno: entre el martes y el sábado pasado, Palito Ortega—para observar un caso límite—fue tema de discusión en el programa Incomunicados, de Canal 9, y entonces hizo hablar de sí al político conservador Emilio Hardoy, a la psicóloga Toba Fundia y a la actriz Luisa Vehil; ocupó la portada de dos revistas; anegó de público la calle Lavalle al asistrir al estreno del film El club del clan; desfiló por media docena de bailes suburbanos e hizo sus irrupciones habituales (dos) en el ciclo Sábados Continuados, de Canal 9. La gente parece negarse a hablar de otra cosa, a ver otra cosa, a bailar otra cosa, como si fuera un Sol obsesivo, copernicano, que diese vueltas alrededor de una minúscula Tierra. Pero este oleaje que parece ingobernable no se mueve nunca por sí solo: hay muchos vientos detrás de él que están agitándolo.

(Primera Plana, 17 de marzo de 1964)

Cinco

Imagen para uso masivo, efigie multiplicada en miles de posters en blanco y negro, en borrosas citocromías, en desplegable papel ilustración. Tapas de Gente, de Radiolandia, de Antena que repiten, en tres cuartos perfil, el rostro chato y redondo, la mirada dura, como fluctuante entre el susto y la instrospección, el pelo lacio y cuidadosamente desarreglado: “es Delon, pero criollo”, define una de las chicas. Verdad: Camero imagen sugiere un cierto, indefinido chic internacional, con un impalpable trasfondo de asaditos hechos en su quinta, largas veladas de vino tinto y guitarra, algo así como la inesperada prolongación gauchesca de un producto de Cineccita. No es el barrio, como García Satur, ni la hibridez andrógena proyectada hacia el mito, como Arnaldo André.

(La Opinión, 15 de enero de 1975)   

Seis

Ediciones Musicales Francis Smith se llama hoy el emporio musical construído sobre los cimientos de esa filosofía: una filosofía tan discutible como el hippismo porteño de pacotilla que durante años fue su antagonista. ¿Por qué tuvieron tanto éxito esas crónicas, un poco reaccionarias, un poco tiernas, de la calle Corrientes de hace cinco años? “Te explico”, dice Smith con esa disposición solícita y cordial que nunca lo abandona. “¿Sabés dónde pegaban más? En los boliches…En Olivos, en Martínez, hasta en Mau-Mau…Claro, los pibes de familias más pudientes se reían un poco de estos pobres muchachos harapientos, naufragados en algún bar de Corrientes…” Inconscientemente, Smith oponía el sector ocioso de una clase al sector ocioso de otra: la lumpen-burguesía contra el lumpen-proletariado. ¿Inconscientemente? Sin duda: Smith es demasiado bueno, demasiado gentil para acometer un operativo cultural tan disolvente con premeditada alevosía.

(La Opinión, febrero de 1976)

Siete

A las 12.55 aparecen el general Perón y María Estela Martínez de Perón detrás del gran vidrio blindado, en uno de los balcones. Los gritos son estentóreos y también indiscernibles. Se percibe, sí, que Ar-gen-ti-na rivaliza nuevamente con Mon-to-ne-ros; del lado de la Catedral el grito de Evita intenta pujar con el de Isabelita, proferido desde Hipólito Yrigoyen. El bombo trabaja a gran velocidad: todo el sector de JP comienza a saltar con los torsos desnudos, al compás de El que no salta es gorilón…El que no salta es gorilón. Sentado sobre una de las salientes del edificio de la Curia, los mira un hombre canoso. Con la mano derecha en alto, hace el signo de la V. Está conmovido. En cierto momento, se saca el pañuelo negro anudado a la garganta y lo empieza a agitar.

Periodista: ¿Qué le parecen estos muchachos?

Hombre canoso: Los muchachos son bárbaros. Yo mucho no los entiendo, a veces. Hoy se vinieron con las vinchas en la cabeza (unas vinchas celestes y blancas que lleva en la frente casi toda la JP). Son muchachos locos, pero quieren la cosa buena…Yo soy un peronista de los de antes. Mire, para mí, al general no se lo puede discutir…El general es lo más grande que hay…(Mira de reojo el grabador del periodista). ¿Está prendido el aparato? Bueno, téngalo bien prendido para que se grabe lo que voy a decir…Este país va a salir adelante, con la ayuda de Dios y del general…De los dos…Aunque, ¿qué quiere que le diga? Hablando con la mano en el corazón, confío más en el general que en Dios.

(La Opinión, 13 de octubre de 1975)   

Fernando García vive en Plaza Irlanda, Buenos Aires, ciudad donde también viven su su madre, su padre y su hija. Ha escrito varios libros, entre ellos: “Los Ojos, vida y pasión de Antonio Berni” (2005/2009/2013), “Conversaciones con León Ferrari” (2008), “Marta Minujín: Los años psicodélicos” (2015), “Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento” (2016), “Crimen y Vanguardia: el caso Shocklender y el surgimiento del underground en Buenos Aires” (2017) y la serie “100 veces” (Pappo, Redondos, Stones, Charly) co-escrita con José Bellas entre 2011 y 2015. “Diario de Tempest” es su primer acercamiento a la ficción..


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 8 de abril de 2019

Yo te creo hermana, comentado por Emilia Erbetta

Yo te creo hermana
Mariana Carbajal
Aguilar

Uno (mi comentario)

Leía a Mariana Carbajal en Página/12 mucho antes de saber que alguna vez yo también me iba a definir como periodista y feminista. Es que Mariana viene contando historias de mujeres, lesbianas, travestis y trans, de aborto, de discriminación sexista y de violencias machistas desde hace muchos, muchos años, cuando todavía los diarios no hablaban de “femicidio” sino de “crimen pasional”, algo que parece que cambió hace un montón, pero la verdad, no tanto. Yo te creo, hermana (Aguilar, 2019), su tercer libro, es una compilación de historias en primera persona. Son historias de machismo, de violencia sexual, de acoso y discriminación laboral, de maltrato psicológico y físico, de violencia institucional, pero también son historias de rebeldía y resistencia, de complicidad entre chicas, de sororidad entre presas y entre monjas y entre actrices.

Leer cada testimonio es darle play una voz distinta en nuestra cabeza. Algunas son voces temblorosas y otras están llenas de amor, de anhelo y de furia: una ingeniera naval a las que no dejan subir al barco que diseñó porque “las mujeres son yeta”, una militante ninguneada por sus compañeros, periodistas acosadas al aire, abogadas a las que mandaron a servir el café, mujeres pobres detenidas porque un hombre mató a sus hijos, otras presas por defenderse o por traficar pequeñas dosis de cocaína para alimentar a su familia, chicas que abortaron en la clandestinidad o que fueron acosadas y abusadas por un sacerdote, un amigo de la familia o un profesor y que después se juntaron para denunciar todas juntas.

Todos estos relatos son, como me dijo hace poco una amiga periodista, parte de un gran proceso que ya está en marcha: el de la construcción de una memoria feminista.  En ese sentido, leer Yo te creo, hermana es un poco como leer La guerra no tiene rostro de mujer, de la periodista bielorrusa y ganadora del Nóbel Svetlana Alexievich, que durante años entrevistó a ciento de mujeres que habían peleado en la Segunda Guerra Mundial pero eran invisibles en el relato oficial porque sus historias, simplemente, no eran tan importantes. Como Alexievich, Mariana Carbajal arma un relato coral y así intenta, en sus palabras, “esbozar una cartografía del patriarcado”: postales de un mundo que empieza, por fin, a resquebrajarse.

Dos (la selección)

“Históricamente, las mujeres, lesbianas, travestis y trans hemos sido atravesadas por micromachismos, situaciones de discriminación, maltrato, acoso o abuso sexual. Crecimos creyendo que por ser o parecer mujeres teníamos que soportar esas conductas, algunas de ellas delictivas, que los varones tenían ese derecho sobre nosotras, que era así. Vivencias silenciosas y silenciadas, naturalizadas, censuradas. O no escuchadas, porque muchas veces nuestros interlocutores, en su mayoría familiares, no quisieron creernos. Era más fácil ser cómplices de esas violencias inscriptas en nuestros cuerpos que levantar la voz para romper con aquellos privilegios masculinos”.

Tres

“Me costó treinta años de reflexión, de interpretación, poder reconocer aquellas situaciones a las que nos sometían en los centros clandestinos de detención por ser mujeres. ¿Qué habría pasado si yo hubiera sido consciente de que la atracción sexual que ejercíamos sobre los represores nos hubiera servido para sobrevivir? ¿Si yo hubiera podido despojarme de la idea de que si me acostaba con algunos de ellos era una puta? Si hubiera sido un hombre, con una mujer que lo tenía cautivo, habría sido un vivo bárbaro. Nosotras mismas tendíamos a pensar de otra compañera que era una puta. No lo hablábamos, pero sabíamos que fulana salía todas las noches o mengana era llamada tres veces por semana para ir a la oficina de tal. Se condenaba sin ser dicho.”

Cuatro

“Las primeras denuncias las hice en 2008. Cuatro veces lo denuncié, pero la Justicia nunca llegó a protegerme. Las dos primeras fueron archivadas. Recién en 2011 le dictaron la exclusión del hogar y le prohibieron acercarse, pero nunca cumplió las órdenes judiciales. Un día, un policía llegó a mi casa para notificarme las medidas cautelares, y como Armando no estaba, me dijo a mí que le comunicara que tenía que irse de la casa. ¡Yo le tenía que decir!, con el miedo que le tenía. No le dije.” (Nilda Beatriz Álvarez)

Cinco

“Tenía 25 años y trabajaba como desarrolladora en una empresa de casi sesenta personas. Era la única mujer en el área técnica y eso se notaba. Los comentarios sobre mi aspecto físico eran habituales. Qué buena que estaba, si llevaba pollera o vestido. Nunca escuché que comentaran cómo iba vestido uno de ellos. Un día me mandaron a cortar una torta por el solo hecho de ser mujer. También anulaban mis observaciones críticas diciendo que estaba con síndrome premenstrual, e incluso, ascendieron a un compañero con menor experiencia, menor tiempo en la empresa y menores calificaciones que yo, y a mí, no.”

Seis

“Estudié enfermería de grande. Comencé a los 37 años. Estaba terminando la carrera y ya había empezado a trabajar en un hospital. Hacía poco que había entrado y estaba en el quirófano, lavando los materiales, cuando viene el cirujano, se para detrás de mí, apoya sus manos sobre mis hombros, su pecho en mi espalda, y flexiona un poco sus rodillas, haciendo ese típico gesto… apoyándome. Yo reaccioné, me lo saqué de encima, enojada, y le pedí explicaciones.

   —No se deja la chiquita —respondió, burlándose.”

Siete

“Los que me dieron la droga me habían prometido que iban a hacerse cargo de mis hijos si algo salía mal. Nunca más aparecieron. Quedé presa en la cárcel de Ezeiza. A mi quinto hijo, una nena, lo tuve presa. Estuve en la unidad para madres con hijos pequeños. Un juez me denegó la prisión domiciliaria porque consideró que soy una mala madre por haberme tragado las cápsulas cuando estaba embarazada de tres meses. No me alcanzaban ni el tiempo ni la plata. Yo trabajaba en un taller de Costura de Castelar, once horas al día, y me pagaban ciento cincuenta pesos por semana.”

Emilia Erbetta nació en Bahía Blanca en 1984 y vive en Buenos hace 12 años. Es periodista freelance y escribe para Rolling Stone Argentina, Brando, Red/Acción y Cosecha Roja. También ha colaborado con Página/12, Inrockuptibles y el diario La Nación. Es docente en la escuela de periodismo TEA, donde se formó, y es parte de la editorial Rosa Iceberg.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 5 de abril de 2019

Eichmann en Jerusalén, comentado, por Gabriela Massuh

Eichmann en Jerusalén
Hannah Arendt
Lumen

Uno (mi comentario)

Mayormente ignorada por los filósofos por politóloga, por los cientistas políticos por filósofa y seguramente por ser mujer, hoy en día Hannah Arendt se mantiene en una situación de outsider de los círculos académicos. También su situación existencial es inclasificable: nacida en Alemania, discípula de Martin Heidegger y Karl Jaspers, debió exiliarse en los Estados Unidos por ser judía. No por ello dejó de cuestionar la creación del Estado de Israel; ya entonces preveía que la situación de los palestinos sería inviable. Lúcida como pocos, siempre se ubicó del lado de la verdad, por más dolorosa o disruptiva que fuere. “Escribo para entender” sostenía. Y así es: toda lectura de Arendt es un fascinante camino de esclarecimiento.

Con su inabarcable cultura filosófica y su dominio de varias lenguas, Arendt bucea permanentemente en la condición del mundo moderno y encuentra respuestas para preguntas que hoy parecen no tenerla. Hoy por hoy, al filo de sucesivas crisis de paradigmas, en un mundo que parece caminar hacia su propia destrucción,  la obra de Arendt adquiere una vigencia particular. La atracción que ejerce hoy se asienta en varias razones. Como politóloga que era y motivada por su condición de judía alemana, Arendt dedicó su vida a desentrañar las relaciones de poder para explicarse cómo y por qué Alemania había llegado a producir el holocausto. No solo en los dos tomos de Los orígenes del totalitarismo, sino también en infinitos ensayos, dentro de los cuales Eichmann en Jerusalén ocupa un rol central. Aquí llega a la esencia de la pregunta rectora de toda su vida: ¿cómo fue que un pueblo, una lengua que dio a seres sobresalientes como Goethe, Marx, Freud o Einstein pudor cometer una aberración como la del holocausto? “El lenguaje se nos volvió loco”, solía decir.

Escrito como crónica del juicio a Eichmann y publicado en 1963 por la revista The New Yorker, los capítulos produjeron un escándalo de dimensiones inesperadas. Parecía que Arendt exculpaba a Eichmann, que lo hacía víctima de una maquinaria dentro de la cual él se había limitado a obedecer órdenes. Arendt cayó en desgracia no solo en la comunidad judía internacional, sino que perdió a amigos invalorables para ella. ¿Cuál fue el malentendido? La palabra banalidad que acompaña al título de la obra en alemán: la banalidad del mal. Para Arendt, una persona “banal” es la que no piensa por cuenta propia, la se somete a una estructura superior en la que pierde toda capacidad de medir las consecuencias de sus actos. No se trata de que los actos de Eichmann no fueran monstruosos ni que él fuera inocente. Pero esos actos no obedecían a una maldad esencial, una maldad demoníaca, como todo el mundo quería ver, sino porque esa banalidad consistía precisamente en ser un burócrata acrítico, un funcionario sumiso que jamás reflexionó sobre aquello que proponía la máquina de exterminio nazi.

Dos (la selección)

Quien diseñó esta sala de la recientemente construida Beth Ha’am, Casa del Pueblo, protegida, en ocasión del juicio, por altas vallas, vigilada desde el terrado hasta el sótano por policías armados hasta los dientes, y en cuyo patio frontal se alzaban las cabinas en que todos los asistentes eran minuciosamente cacheados, lo hizo siguiendo el modelo de una sala de teatro, con platea, foso para la orquesta, proscenio y escenario, así como puertas laterales para que los actores entraran e hicieran mutis. Evidentemente, esta sala de justicia es muy idónea para la celebración del juicio que David Ben Gurión, el primer ministro de Israel, planeó cuando dio la orden de que Eichmann fuera raptado en Argentina y trasladado a Jerusalén para ser juzgado por su intervención en «la Solución Final del problema judío». Y Ben Gurión, al que con justicia se llama «el arquitecto del Estado de Israel», fue el invisible director de escena en el juicio de Eichmann. No asistió a sesión alguna, pero en todo momento habló por boca de Gideon Hausner, el fiscal general, quien, en representación del gobierno, hizo cuanto pudo para obedecer al pie de la letra a su jefe.

Tres

El tribunal no estaba interesado en aclarar cuestiones como: «¿Cómo pudo ocurrir?», «¿Por qué ocurrió?», «¿Por qué las víctimas escogidas fueron precisamente los judíos?», «¿Por qué los victimarios fueron precisamente los alemanes?», «¿Qué papel tuvieron las restantes naciones en esta tragedia?», «¿Hasta qué punto fueron también responsables los aliados?», «¿Cómo es posible que los judíos cooperaran, a través de sus dirigentes, a su propia destrucción?», «¿Por qué los judíos fueron al matadero como obedientes corderos?». La justicia dio importancia únicamente a aquel hombre que se encontraba en la cabina de cristal especialmente construida para protegerle, a aquel hombre de estatura media, delgado, de mediana edad, algo calvo, con dientes irregulares, y corto de vista, que a lo largo del juicio mantuvo la cabeza, torcido el cuello seco y nervudo, orientada hacia el tribunal (ni una sola vez dirigió la vista al público), y se esforzó tenazmente en conservar el dominio de sí mismo, lo cual consiguió casi siempre, pese a que su impasibilidad quedaba alterada por un tic nervioso de los labios, adquirido posiblemente mucho antes de que se iniciara el juicio. El objeto del juicio fue la actuación de Eichmann, no los sufrimientos de los judíos, no el pueblo alemán, ni tampoco el género humano, ni siquiera el antisemitismo o el racismo.

Cuatro

La jactancia era el vicio que perdía a Eichmann. Eran pura fanfarronada las palabras que dijo a sus hombres en los últimos días de la guerra: «Saltaré dentro de mi tumba alegremente, porque el hecho de que tenga sobre mi conciencia la muerte de cinco millones de judíos [o «enemigos del Reich», como siempre aseguró haber dicho] me produce una extraordinaria satisfacción». No dio el salto, y si tenía algo sobre su conciencia, no eran asesinatos, sino, como resultó, el haber abofeteado, en una ocasión, al doctor Josef Löwenherz, jefe de la comunidad judía de Viena, que después se convirtió en uno de sus judíos favoritos. Cuando sucedió este hecho presentó sus excusas delante de su plana mayor, pero el incidente no dejó de preocuparle en momento alguno. Pretender atribuirse la muerte de cinco millones de judíos, aproximadamente el total de pérdidas sufridas a causa de los esfuerzos combinados de todas las oficinas y autoridades nazis, era absurdo, y él lo sabía perfectamente, pero siguió repitiendo la horrible frase ad nauseam a cualquiera que quisiera oírla, incluso doce años más tarde en Argentina, porque le causaba «una extraordinaria sensación de júbilo el pensar que hacía mutis de la escena en esta forma». (El ex Legationsrat Horts Grell, testigo de la defensa, que había conocido a Eichmann en Hungría, testificó que en su opinión Eichmann tan solo había alardeado.) Esto debió de haber sido evidente a todo aquel que le oyó proferir su absurda afirmación. Era una pura fanfarronada que pretendiera haber «inventado» el sistema del gueto o haber «concebido la idea» de enviar a todos los judíos europeos a Madagascar.

Cinco

El texto alemán del interrogatorio grabado por la policía, llevado a cabo del 29 de mayo de 1960 al 17 de enero de 1961, con todas sus páginas corregidas y aprobadas por Eichmann, constituye una verdadera mina de oro para un psicólogo, a condición de que entienda que en boca de Eichmann lo terrible ya no es siquiera macabro, sino cómico. Parte de esa comedia no puede ser traducida, porque radica en la heroica lucha de Eichmann con la lengua alemana, que invariablemente le derrota. Es cómico cuando habla, repetidas veces, con ampulosas frases hechas, clishés, slogans. Fue cómico cuando, en el curso del interrogatorio sobre los documentos Sassen, efectuado en alemán por el presidente del tribunal, utilizó la palabra “negativo” para decir que estaba en contra de los esfuerzos de Sassen de ponerles más pimienta a sus relatos. El juez no lo entendió y Eichmann no fue capaz de hallar otra manera de expresarlo. Confusamente consciente de un defecto que debió de vejarle incluso en la escuela —llegaba a constituir un caso moderado de afasia— se disculpó diciendo: «Mi único lenguaje es el burocrático [Amtssprache]». Pero la cuestión es que su lenguaje llegó a ser burocrático porque Eichmann era verdaderamente incapaz de expresar una sola frase que no fuera una frase hecha. (¿Fueron estos clichés lo que los psiquiatras consideraron tan «normal» y «ejemplar»? ¿Son estas las «ideas positivas» que un sacerdote desea para aquellos cuyas almas atiende? La mejor oportunidad para que Eichmann demostrara este lado positivo de su carácter, en Jerusalén, llegó cuando el joven oficial de policía encargado de su bienestar mental y psicológico le entregó Lolita para que se distrajera leyendo. Al cabo de dos días, Eichmann lo devolvió visiblemente indignado, diciendo: «Es un libro malsano por completo».) Sin duda, los jueces tenían razón cuando por último manifestaron al acusado que todo lo que había dicho eran «palabras hueras», pero se equivocaban al creer que la vacuidad estaba amañada, y que el acusado encubría otros pensamientos que, aun cuando horribles, no eran vacuos. Esta suposición parece refutada por la sorprendente contumacia con que Eichmann, a pesar de su memoria deficiente, repetía palabra por palabra las mismas frases hechas y los mismos clichés de su invención (cuando lograba construir una frase propia, la repetía hasta convertirla en un cliché) cada vez que refería algún incidente o acontecimiento importante para él. Cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar, particularmente, para pensar desde el punto de vista de otra persona. No era posible establecer comunicación con él, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la más segura de las protecciones contra las palabras y la presencia de otros, y por ende contra la realidad como tal.

Seis

(…) El caso de Eichmann es diferente al del criminal común, que solo puede ampararse eficazmente contra la realidad de un mundo no criminal entre los estrechos límites de su banda. Eichmann solo necesitaba recordar el pasado para sentirse seguro de que no mentía y de que no se estaba engañando a sí mismo, ya que él y el mundo en que vivió habían estado, en otro tiempo, en perfecta armonía. Y esa sociedad alemana de ochenta millones de personas había sido resguardada de la realidad y de las pruebas de los hechos exactamente por los mismos medios, el mismo autoengaño, mentiras y estupidez que impregnaban ahora la mentalidad de Eichmann. Estas mentiras cambiaban de año en año, y con frecuencia eran contradictorias; por otra parte, no siempre fueron las mismas para las diversas ramas de la jerarquía del partido o del pueblo en general. Pero la práctica del autoengaño se extendió tanto, convirtiéndose casi en un requisito moral para sobrevivir, que incluso ahora, dieciocho años después de la caída del régimen nazi, cuando la mayor parte del contenido específico de sus mentiras ha sido olvidado, es difícil a veces dejar de creer que la mendacidad ha pasado a ser parte integral del carácter nacional alemán. Durante la guerra, la mentira más eficaz para todo el pueblo alemán fue el eslogan de «la batalla del destino del pueblo alemán» (der Schicksalskampf des deutschen Volkes), inventado por Hitler o por Goebbels, que facilitó el autoengaño en tres aspectos: primero, sugirió que la guerra no era una guerra; segundo, que la había originado el destino y no Alemania, y, tercero, que era una cuestión de vida o muerte para los alemanes, es decir, que debían aniquilar a sus enemigos o ser aniquilados.

Siete

Evidentemente, no cabe la menor duda de que la personalidad del acusado y la naturaleza de sus actos, así como el proceso en sí mismo, plantearon problemas de carácter general que superan aquellos otros considerados en Jerusalén. En el epílogo, que deja de ser pura y simplemente un informe, he intentado abordarlos. No me sorprendería que hubiera quien considerase que no los he tratado con la debida profundidad, y con gusto entraría en la discusión del significado general de los hechos globalmente considerados, que tanta mayor profundidad tendría cuanto más se ciñera a los hechos concretos. También comprendo que el subtítulo de la presente obra puede dar lugar a una auténtica controversia, ya que cuando hablo de la banalidad del mal lo hago solamente a un nivel estrictamente objetivo, y me limito a señalar un fenómeno que, en el curso del juicio, resultó evidente. Eichmann no era un Yago ni era un Macbeth, y nada pudo estar más lejos de sus intenciones que «resultar un villano», al decir de Ricardo III. Eichmann carecía de motivos, salvo aquellos demostrados por su extraordinaria diligencia en orden a su personal progreso. Y, en sí misma, tal diligencia no era criminal; Eichmann hubiera sido absolutamente incapaz de asesinar a su superior para heredar su cargo. Para expresarlo en palabras llanas, podemos decir que Eichmann, sencillamente, no supo jamás lo que se hacía. Y fue precisamente esta falta de imaginación lo que le permitió, en el curso de varios meses, estar frente al judío alemán encargado de efectuar el interrogatorio policial en Jerusalén, y hablarle con el corazón en la mano, explicándole una y otra vez las razones por las que tan solo pudo alcanzar el grado de teniente coronel de las SS, y que ninguna culpa tenía él de no haber sido ascendido a superiores rangos. Teóricamente, Eichmann sabía muy bien cuáles eran los problemas de fondo con que se enfrentaba, y en sus declaraciones postreras ante el tribunal habló de «la nueva escala de valores prescrita por el gobierno [nazi]». No, Eichmann no era estúpido. Únicamente la pura y simple irreflexión —que en modo alguno podemos equiparar a la estupidez— fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo. Y si bien esto merece ser clasificado como «banalidad», e incluso puede parecer cómico, y ni siquiera con la mejor voluntad cabe atribuir a Eichmann diabólica profundidad, también es cierto que tampoco podemos decir que sea algo normal o común. No es en modo alguno común que un hombre, en el instante de enfrentarse con la muerte, y, además, en el patíbulo, tan solo sea capaz de pensar en las frases oídas en los entierros y funerales a los que en el curso de su vida asistió, y que estas «palabras aladas» pudieran velar totalmente la perspectiva de su propia muerte. En realidad, una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén fue que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana. Pero fue únicamente una lección, no una explicación del fenómeno, ni una teoría sobre el mismo.

Gabriela Massuh publicó La intemperie (Interzona, 2017 Adriana Hidalgo) también los ensayos  Ex Argentina, Benjamin en América Latina o El trabajo por venir. le han seguido La omisión y Desmonte, ambas publicadas por Adriana Hidalgo, que este año publicará su cuarta novela. También publicó El robo de Buenos Aires (2014) y Nací para ser breve (2017) biografía de María Elena Walsh.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 4 de abril de 2019

Diario de una chica adolescente, comentado por Elsa Drucaroff

Diario de una chica adolescente
Grete Lainer
Paidós

Uno (mi comentario)

El diario de una chica adolescente recrea en la voz ficcional de Rita (inventada por su supuesta autora, Grete Lainer), el despertar de una muchacha burguesa en Viena a comienzos del siglo pasado. Vive todo con una intensidad pareja a su deseo de develar y comprender el mundo que la aguarda. No es tanto lo que cuestiona; de hecho, leída hoy resulta un poco asombrosa su capacidad de adaptación al status quo, su resignación a la posición a la que la condena su género. Lo realmente interesante es el modo en que narra su búsqueda y la decisión con la que avanza, pintando el fresco de su tiempo.

El misterio de la sexualidad, la amistad con Hella- casi un enamoramiento-  como valor supremo, los temores por la menstruación, la idealización fascinada por una docente, el incuestionable amor por su padre, son tópicos de la adolescencia aún vigentes pero que, al estar narrados de una manera sospechosamente ordenada, sobria, organizada con parámetros literarios como el suspenso, podrían hacernos sospechar de la autenticidad de este diario. En efecto, la historia misma de este libro abre en sí un enigma: presentado por Hermine Von Hug-Hellmuth, pionera psicoanalista de niños en los albores del siglo XX, como el diario personal de una muchacha desconocida, su publicación fue alentada por Sigmund Freud como una ¨pequeña joya¨  capaz de testimoniar de modo sin igual el devenir de niña a adolescente, dentro de cierta clase histórico social. Freud destacaba la naturalidad del libro, no obstante años después, tras oscuras circunstancias, éste fue retirado de circulación. Hoy el interés de esta obra reside sobre todo en la potencia de su enigma.

Dos (la selección)

¨ 27 DE JULIO: ¨Tenemos mucha fruta acá. Todo el día como grosellas y frambuesas y mamá dice que por eso no almuerzo. El doctor Klein siempre comenta que la fruta es muy saludable. Entonces, ¿por qué no lo sería en esta ocasión?  Hella, por su parte, dice que, cuando a una le gusta algo, se llena de eso hasta asquearse. Hella muchas veces se enoja mucho con su mamá y la mamá le dice. ¨Una se sacrifica por sus hijos y lo recompensan con ingratitud¨. Bueno, quisiera saber cuáles son esos sacrificios. Más bien, los hijos son los que se sacrifican. Porque si yo quiero comer grosellas y no me lo permiten, ese sacrificio es mío, no de Mamá. Le escribí eso también a Hella. La señorita Prückl me mandó una carta.  Por Dios, qué dulzura, dirigida a la Señorita Grete Lainer, alumna del liceo. Dora, por supuesto se las sabe todas, y dijo que, en los cursos superiores, a partir de cuarto (porque ella pasa a cuarto), se escribe liceísta. ¨Y en las vacaciones previas al primer curso, una no es alumna del liceo¨. Entonces vino Papá y dijo que nosotras (yo no había empezado) deberíamos terminar con esas eternas disputas; que no quiere escucharlas más. Tiene toda la razón, pero no serviría de nada lamentablemente, porque Dora no va a detenerse.  La señorita Prükl me escribió que le alegraba mucho, que yo le hubiese escrito.  En cuanto tenga tiempo otra vez, voy a escribirle de nuevo. ¡Por Dios! Siempre tengo tiempo para ella. Le escribiré hoy mismo, después de la cena, así no la hago esperar. ¨

Tres

¨ 21 DE OCTUBRE: Franke dice que, si alguien tiene ojeras azules, le vino, y que cuando tiene un bebé, no le viene más hasta tener otro. Nos contó también cómo te viene, pero creo que no del modo correcto, me parece que ella misma no lo sabe bien. Entonces se enojó y dijo: ¨ Perfecto, no les hablo más. Si yo no sé…¨. Sin embargo, eso del hombre y la mujer, eso no lo entiendo. Ella dice que tiene que suceder todas las noches y que, si no, no llega el bebé; si una noche se olvidan, no hay bebé. Y por eso las camas están pegadas una a otra. ¡¡¡Eso lo llaman cama matrimonial!!! Y duele tanto que apenas si se puede soportar. De todos modos, tenés que hacerlo porque el hombre puede obligarte. Cómo te obliga, eso me gustaría saber. Sin embargo, no le pregunté porque habría creído que me estaba burlando de ella.  Y los hombres también lo tienen, pero solo muy raras veces. Ahora andamos siempre con Berta Franke, es una chica muy amable, talvez me dejen invitarla el próximo domingo. ¨

Cuatro

10 DE AGOSTO: Es realmente magnífico. Así que un muchacho siempre consigue lo que quiere… Ahora Oswald se va por catorce días a Znojmo, donde está su mejor amigo; solo por supuesto. Me gustaría ver que pasa si Dora o yo queremos ir a algún lado. Así que el chico la tiene fácil… me enoja sobre todo  la injusticia. Porque él no tiene un buen boletín de calificaciones, hasta donde sabemos, pues tampoco lo dice. Sin embargo, desde luego, eso no importa. A nosotras nos hechan en cara que saquemos un ocho y el puede, con varios satisfactorios, viajar a donde quiera. De ningún modo se trata de su mejor amigo; conoció a Max Rozny este año y se supone que eso es una amistad. Hella y yo somos amigas desde segundo año de la primaria y Dora y Frida y Ertl, desde el liceo. Las dos le hemos dicho algunas cosas sobre la amistad. Se rio burlonamente y dijo: ¨Si, sí, es muy cierto, la amistad entre hombres, se hace siempre más firme con los años, pero las amistades de las chicas, de ustedes, se convierten en las peores enemistades en cuanto aparece el primer festejante¨. Es un descaro. Hella y yo vamos a esperarnos para el matrimonio porque queremos casarnos el mismo día. Al compromiso, por supuesto, quizás ella legue antes, pero debe esperarme para la boda. Es, simplemente, su deber de amiga.     

Cinco

¨ 3 DE AGOSTO:  Ya sé porque Dora se comporta de otro modo conmigo; es decir por qué está de nuevo como antes del último invierno. ¡Encontró en mamá a una auténtica amiga durante las cuatro semanas en Fr.! Hoy derivé la conversación hacia Viktor y ella sólo dijo, al principio:  ¨ya no le correspondo¨. Le pregunté: ¨¿Se pelearon? ¿De quién es la culpa? ¨; entonces ella me dijo: ¨Oh no, lo di por terminado¨. ¨ ¿Cómo que lo diste por terminado, no es que él no se va a Estados Unidos? ¨ Ella contestó: ¨ Querida Rita , por eso entré en razón; lo abandoné por los fundados deseos de nuestra madre¨. Ahora, generalmente, ella dice Madre en vez de mamá. Bueno tengo que decir que me llevo muy, muy bien con mamá, pero no puedo considerarla amiga. ¿Cómo puede alguien tener una amistad verdadera con su propia mamá? Dora no debe tener la menor idea de lo que una amistad verdadera significa. Con tu mamá no podés hablar de ciertas cosas, yo nunca podría preguntarle ¨ ¿Sabés lo que quiere decir que algo hubo o pasó? Y la pregunta es si en verdad lo sabe. Cuando ella tenía trece, o quince, o dieciséis años tal vez había expresiones muy distintas y las expresiones modernas quizás no significaban nada entonces. Y cómo funciona una amistad en la que Mamá le dice a Dora: ¨No salgas la tormenta puede estallar en cualquier momento¨; o el otro día: ¨Dora tenés que llevar el Chal¨. No existe en absoluto la amistad entre una madre y su hija, lo mismo que entre en un padre y su hijo. No puede darte una orden o prohibirte algo delante de otros y, mucho más importante, vos no podés hablar de todo lo que quisieras. A la noche, entonces, solo le dije: ¨ Por supuesto mamá te prohibió que hables conmigo de ciertas cosas; ¿ y a eso llamas amistad?¨.  Ella contestó muy delicadamente: ¨No Rita, mi madre no me lo prohibió, pero me di cuenta que era poco prudente de mi parte hablar con vos sobre esas cosas; se sabe lo serio de la vida en forma precoz¨. Me reí y le dije: ¨¿A eso llamas lo serio de la vida? ¿No te acordás ya de lo mucho que nos divertía? Me parece que los baños de barro afectaron tu memoria¨. No me contestó nada. Si al menos viniera Ada… ahora yo la necesito a ella tanto como ella a mí. ¨  

Seis

¨ 16 DE MAYO. El 24 de abril, justo el domingo después de Pascua, Mamá murió. La casa está horriblemente triste. Cuando nos sentamos a la mesa casi no se dice una palabra, solo Papá nos habla, con mucho cariño. La tía Dora tal vez se quede con nosotros para siempre. No pasaron todavía tres semanas desde que enterraron a Mamá, por un lado, para nosotros es como si ya estuviera muerta hace tres años, pero, por otro una está a punto de ir rápido a su dormitorio para preguntarle o contarle algo. Y a la noche cuando nos acostamos, siempre hablamos mucho de ella y a la noche sueño con Mamá toda la noche ¿Por qué las personas tienen que morir? O, por lo menos, debería hacerlo solo la gente vieja, que ya no tiene a nadie más. En cambio, una mamá y un papá no deberían morir. La noche después de que mamá murió, Hella quería que fuera a dormir con ella, pero preferí quedarme en casa; sin embargo, tarde en la noche no me animaba a salir de la habitación, así que Dora me acompañó. Papá había cerrado con llave la puerta de la habitación donde Mamá había sido velada, pero igualmente aquello resultaba muy inquietante. El 24 me despertaron cuando Mamá ya estaba muerta; me hubiese gustado verla antes.  Ay, Dios, ¡que haya que morir…! SI al menos Berta me hubiese avisado… pero ella no quería que nos llevara a ninguna de las dos a verla y Papá tampoco quería que Oswald estuviese frente a ella. ¨

Siete

13 DE AGOSTO: […] ¨Sin embargo, prefiero observar a solas un lindo paisaje y, en especial, una linda comarca; es decir, con Papá, o con unas pocas personas; entre tantos no queda nada, como si cada uno tomara un pedacito. Ante un lindo paisaje, y en el cementerio, tenés que estar solo. Porque un lindo paisaje en la mayoría de los casos también te pone terriblemente triste y entonces no podés haberte reído poco antes ni volver a reírte poco después. Si hubiera estado sola en Inner- Lahn, sin duda me habría puesto melancólica, por lo bello y grandioso que es ese sitio.A las 4, después de merendar, descendimos. El maestro creía que el descenso llevaría dos horas y media, como mucho, pero tardamos más de tres, todos estábamos muy cansados y a muchos les dolían los pies; por ejemplo, ¡a la Tía Alma! Ya habíamos dicho que aquello no era para la tía, que a Mariana no le pasaría nada, pero ella debía acompañarla y Marina, a pesar de eso, se divirtió mucho con un señor, un tal Furtner, que estudia minería, como Oswald, pero no en Leoben, sino en Alemania. Nunca se sabe en verdad como es una chica hasta que se la ve en contacto con un hombre, o en ciertas conversaciones.  […]¨


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 3 de abril de 2019

Noticias de pintores, comentado por Guadalupe Ayala

Noticias de pintores
María Luque
Sigilo

Uno (la selección)

La historia del arte está cada vez más cerca de nosotros, los museos se han transformado en lugares turísticos a los que acudir como parte del recorrido de las ciudades que visitamos ,y los artistas son a nuestros ojos “Seres”  divinos de los que nos gustaría saber “todo” a partir de conocer sus cuadros.

En esta era en la que las redes de manera inmediata nos facilitan información visual, escrita y sonora “saber” tiene fácil acceso, pero sucede y mucho que el tema es tan amplio (y  fascinante) que nos cuesta ponerle un tamaño de alcance, un modo de acceder sencillo y cercano, y de ese modo abrumados por cantidades inefables de información, lo dejamos para más tarde.

A María Luque se le ocurrió armar un libro muy especial que pueda servir para eso, un relato gráfico en el que nos cuenta de un modo encantador muchas de las cuestiones que incumben al artista y que lo definen como tal a partir de su obra, pero va lejos, no se queda ahí, da rienda suelta a muchas otras cuestiones que los humanizan. Pasando las páginas vamos sabiendo cosas tan curiosas y dulces, como que cuando La Mona Lisa posaba en el taller de Leonardo, éste hacía tocar una música suave para que la melodía se refleje en su cara, o que Caravaggio usaba un lienzo viejo de mantel a la hora de comer.

De la superficie a lo profundo dibujando, vamos sabiendo muchas cosas. De pronto nos sumerge en los procesos creativos: todo ese sentimiento subjetivo de las pintoras y pintores contándonos   puros hallazgos en sus procesos de creación y trabajo, o aspectos rescatables en los inicios de su trayectoria que nos permiten entender mejor.

No olvida mencionar cuestiones políticas, como las diferencias de género señalando de la mano de Tracey Emin   la evidente desproporción entre el éxito de pintores y pintoras , o el racismo, como cuando Basquiat dice a los gritos en el MOMA la ausencia de negros en los museos.

De un modo didáctico, sencillo, naif, conectando con nuestro lado infantil  que su propia manera de dibujar sostiene con gran belleza , señala la importancia de la constancia en el trabajo artístico, subraya  sentimientos propios del trance que produce crear y da puntos de vista, que son recibidas por quien lee como chispas de naturalidad en lo extraordinario.

¿Quién no sonríe o suspira al leer y ver dibujado que Durero atravesó los Alpes para llegar a Italia a pie? Pero María va un poco más lejos (como buena artista) y ahonda en esa emoción de sonreír y suspirar de la mano de ese paseo de Basquiat y Suzanne caminando hacia el MOMA y reconociendo que “andar es un lujo de los que tienen tiempo”.

Así que si quieren ir al museo con Cezanne, conocer una receta surrealista o saber porqué Tarsila organizaba muchas fiestas, lean estas “Noticias de pintores”. Suponen de verdad un placer para los sentidos y esa  herramienta ideal para poder seguir indagando en las redes –con criterio y haciendo foco- , hasta completar la curiosidad que nos despierta.

Dos (la selección)

Tres

Cuatro

Cinco y Seis

Siete

Diplomada en Bibliotecología, es productora editorial y periodista cultural en Buenos Aires. Anteriormente trabajó durante años en la Biblioteca Nacional de España, hasta que  cruzó el océano y cambió de continente. Hoy día es también dibujante y pintora.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 2 de abril de 2019

Poner el cuerpo, comentado por Ricardo Coler

Poner el cuerpo
Bibiana Ricciardi
Tusquets

Uno (mi comentario)

Si hubiera que dar un ejemplo de lo que es la humanidad, uno resumido, el ensayo clínico sería una opción más que digna. Una síntesis de lo mejor y lo peor de nuestra especie. En realidad, más de lo mejor que de lo peor. La ciencia, las instituciones, la lógica del capital, la ética, el trato desperzonalizado, el personalizado, la pasión por investigar, la desigualdad social, el deseo de vivir, el miedo a morir y la tranquilizadora idea de que si las cosas no salen bien al menos se hizo algo por los demás. Bibiana Ricciardi recibe una noticia inesperada y no pierde el tiempo. Nunca como desde ese momento va a tener tanta conciencia de su cuerpo. Ella y los médicos que la atienden patrullarán su organos por años. Tal como lo describe en detalle, su vida, sus relaciones, cambiaran de manera radical. Y aunque, por suerte, nunca tuvo una razón para entrar en un ensayo clinico, quedó movilizada para averiguar cómo era la experiencia de los que deciden ingresar en esos grupos de avanzada. El libro es su homenaje a todos aquellos que permitieron, a través de la  investigación clínica, una técnica mínimamente invasiva para tratar su padecimiento.

Dos (la selección)

-Nadie lo diagnostica. Nunca se enteran.

-¿No saben diagnosticarlos?

-Falta de educación, falta de búsqueda, falta de políticas consistentes del Ministerio para salir a buscar la enfermedad de manera sistemática, y esto no es de ahora. Tiene décadas. En todo el mundo se da una proporción aun alarmante de gente no diagnosticada, pero en la Argentina es un espanto. Cuando tenés acceso a los protocolos de investigación clínica podés acceder a las drogas antes de que salgan al mercado. Los que estamos haciendo investigación clínica somos privilegiados. Nuestros pacientes acceden a la cura antes que los demás. El problema es que no está integrada la investigación clínica, el desarrollo tecnológico, con las instituciones que pueden medir y discutir cuál es la política de precios de una compañía. Son áreas totalmente disociadas. Acá cada uno decide lo que quiere decidir.

Tres

El escorbuto era un miedo más fuerte que el temor al enemigo. Una enfermedad producida por la ausencia total y prolongada de vitamina C. Todavía no había refrigeración, transportar alimentos frescos que proveyeran vitamina era difícil. Algunos dicen que el mal mató a millones de marineros. El Salisbury, la nave a la que Lind fue asignado, llevaba ocho semanas en el mar cuando el escortubo empezó a diseminarse. Entonces decidió probar su idea de que la putrefacción del cuerpo provocada por la enfermedad podía prevenirse con ácidos. El 20 de mayo de 1977 -hoy Día Internacional del Ensayo Clínico- tomó a 12 marineros enfermos y los agrupó de a dos. A cada uno de esos grupos de pares les dio un suplemento diferente: sidra, elixir, ácido sulfúrico diluido, vinagre, agua de mar, purgante, dos naranjas y un limón. Solo los dos marineros que comieron la fruta mejoraron.

Cuatro

-Cuando me ofrecieron participar del protocolo, en la Fundación Huésped, yo estaba en pareja, pero es como que estuve muy sola. Estuve 23 años con mi pareja. Me separé hace un año. Él me acompañó una sola vez pero nunca se interesó. Siempre era yo la que iba a buscar la información. La doctora me propuso un protocolo de fusión de drogas y me explicó que tal vez debería hacerlo por bastante tiempo y yo acepté. La doctora Patersen, de la Fundación, me dijo «te tenés que hacer un pinchacito». Yo me resistía. Porque no me gustan las agujas, son mi límite. «Vamos a poner a una enfermera que te va a decir cómo te la tenés que poner». Hasta que me mostraron y era bastante sencillo, así que terminé haciéndolo yo misma. A la mañana y a la noche. Y subí de peso. Se me había caído el pelo, me había quedado casi pelada, y me creció el pelo. Comía.

-¿No temías que te dieran placebo?

Cinco

-No tendríamos ni vacuna para la polio, ni penicilina como primer antibiótico para tratar infecciones que eran mortales; no tendríamos expectativa de vida mucho más alta que la que teníamos hace cincuenta años si no hubiera sido por la investigación clínica de nuevos medicamentos. La mayoría quedaron en el camino. Empezás a investigar en ratitas. Si a las ratitas les va bien, por ahí vas a un animal superior, un perro o un mono. Y si ahí no hay signos de toxicidad, vas a un estudio de fase uno en seres humanos, donde le das una única dosis y ves lo que pasa. Le sacás sangre un montón de veces y le hacés electrocardiogramas. Y si ahí no le pasa nada, vas al estudio de fase dos, donde vas a incorporar un número limitado de pacientes, también con una observación que se hace mucho más estricta. Pero ya no le vas a dar una sola dosis, les vas a dar diferentes dosis: 10 mg, 20 mg, 30 mg, 40 mg. Para saber cuál es la dosis efectiva y mejor tolerada. Y si eso sale bien, después vas a hacer una fase dos B, con un número mayor de pacientes, y recién ahí vas a hacer un estudio fase tres, donde lo vas a comparar contra el estándar de cuidado (si es que existe un estándar de cuidados) o contra placebo, si es que no existe un estándar de cuidados.

Seis

Cada una de las investigaciones incrementa el precio de la droga en el mercado. Todos esos costos se trasladan al producto. Y aun cuando están en riesgo de muerte, muchas personas no pueden comprarlo. Por ejemplo, una caja de 60 comprimidos de Xeljanz, usado en pacientes adultos con artritis reumatoidea moderada a severamente activa, que hayan tenido intolerancia al tratamiento convencional, cuesta 2500 dólares. El Mabthera 500 mg, usado para el linfoma No-Hodgkin, leucemia linfática crónica, artritis reumatoidea, y granulomatosis de Wegener, cuesta 4500 dólares la ampolla de 50 ml. El perro se muerde la cola. Los médicos se enfrentan a la paradoja de tener una solución, pero es económicamente inviable. Muchas veces invitan a sus pacientes a participar de un protocolo de investigación solo para garantizar que puedan acceder gratis a un medicamento que no podrían pagar.

Siete

No importa cuántos médicos entreviste. Siempre me impresiona escucharlos exhibir sus galardones. Sé que necesito a los Kaen si quiero vivir. Y también sé que deben cobrar por su trabajo del mismo modo que yo cobro por estas letras. ¿Soy más digna que él? Expongo mis llagas para conmover al lector. Pero el lucro de quien cuida mi sobrevida me da escozor. Aun cuando me aclara que los investigadores de los ensayos clínicos de CORI no cobran por su trabajo.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 1 de abril de 2019

Cómo mueren las democracias, comentado por Andrés Malamud

Cómo mueren las democracias
Steven Levitsky y Daniel Ziblatt
Ariel

Uno (mi comentario)

Hasta los años 80, las democracias morían de golpe. Literalmente. Hoy no: hoy mueren de a poco, lentamente. Se desangran entre la indignación del electorado y la acción corrosiva de los demagogos. Pero mirando más atrás en la historia, Levitsky y Ziblatt notan que lo de nuestros días no es la primera vez: antes de morir de golpe, las democracias también morían desde dentro, despacito. Los espectros de Mussolini y Hitler recorren el libro como ejemplo de que la democracia está siempre en construcción, y las elecciones que la edifican también pueden demolerla. Esta obra es un alerta, un llamado a la vigilancia para mantener la libertad.

Los autores nos dejan tres lecciones, a cada una de las cuales la persigue un desafío. La primera lección es que no son las instituciones sino las prácticas políticas las que aseguran la democracia. La distinción entre presidencialismo y parlamentarismo, o entre sistemas electorales mayoritarios y minoritarios, hace las delicias de los politólogos pero no determina la estabilidad ni la calidad del gobierno. El éxito de la democracia depende de otras dos cosas: de la tolerancia hacia el otro y de la autocontención, es decir, de la decisión de hacer menos de lo que la ley me permite. La segunda lección es que las prácticas de la tolerancia y la autocontención fructifican mejor en sociedades homogéneas… o excluyentes. El éxito de la democracia estadounidense se debió tanto a su Constitución y a sus partidos como a la esclavitud primero y la segregación después. El desafío del presente consiste en practicar la tolerancia y la autocontención en una sociedad plural, multirracial e incluso multicultural, donde el otro es a la vez muy distinto de nosotros y parte del nosotros. Este reto interpela a todas las democracias. La tercera lección es que el problema de la polarización, que en Argentina llamaríamos grieta, está en la dosis. Un poco de polarización es bueno, porque la existencia de alternativas diferenciadas mejora la representación; pero un exceso es perjudicial, porque dificulta los acuerdos y, en consecuencia, empeora las políticas. El desafío de los demócratas no consiste en eliminar la grieta sino en dosificarla.

Dos (la selección)

A pesar de las inmensas diferencias entre ellos. Hitler, Mussolini y Chávez siguieron rutas hasta el poder que comparten similitudes asombrosas. Además de ser en los tres casos desconocidos capaces de captar la atención pública, todos ellos ascendieron al poder porque políticos de la clase dirigente pasaron por alto las señales de advertencia y o bien les entregaron el poder directamente (Hitler y Mussolini) o bien les abrieron las puertas para alcanzarlo (Chávez).

La abdicación de la responsabilidad política por parte de líderes establecidos suele señalar el primer paso hacia la autocracia de un país. Años después de la victoria presidencial de Chávez, Rafael Caldera habló sin tapujos de sus errores: «Nadie imaginaba que el señor Chávez tuviera ni la posibilidad más remota de convertirse en presidente.» Y tan sólo un día después de que Hitler fuera proclamado canciller, un destacado conservador que lo había empujado a tal puesto admitió: «Acabo de cometer la mayor estupidez de mi vida: me he aliado con el mayor demagogo de la historia mundial.»

Tres

Ahora bien, existe otro motivo por el que dan este paso: la democracia es un trabajo extenuante. Mientras que los negocios familiares y los escuadrones militares se rigen «por real decreto», las democracias exigen negociación, compromiso y concesiones. Los reveses son inevitables y las victorias siempre parciales. Las iniciativas presidenciales pueden perecer en el Congreso o quedar bloqueadas en los tribunales. Y si bien estas limitaciones frustran a todos los políticos, los demócratas saben que no les queda más remedio que aceptarlas y son especialmente duchos capeando el aluvión incesante de críticas. En cambio, para los recién llegados, sobre todo para aquéllos con tendencia a la demagogia, la política democrática resulta con frecuencia intolerablemente frustrante. El sistema de mecanismos de control y equilibrio les resulta como una camisa de fuerza. Como en el caso del presidente Fujimori, que era incapaz de almorzar con los líderes del Senado cada vez que perseguía la aprobación de una ley, los dictadores en potencia tienen poca paciencia para la política de la democracia en el día a día. Y como Fujimori, quieren desembarazarse de ella.

Cuatro

Capturando a los árbitros, comprando o debilitando a los opositores y reescribiendo las reglas del juego, los dirigentes electos pueden establecer una ventaja decisiva (y permanente) frente a sus adversarios. Y dado que estas medidas se llevan al cabo de manera paulatina y bajo una aparente legalidad, la deriva hacia el autoritarismo no siempre hace saltar las alarmas. La ciudadanía suele tardar en darse cuenta de que la democracia está siendo desmantelada, aunque sea aveloso.

Cinco

La polarización puede despedazar las normas democráticas. Cuando las diferencias socioeconómicas, raciales o religiosas dan lugar a un partidismo extremo, en el que las sociedades se clasifican por bandos políticos cuyas concepciones del mundo no sólo son diferentes, sino, además, mutuamente excluyentes, la tolerancia resulta más difícil de sostener. Que exista cierta polarización es sano, incluso necesario, para la democracia. Y de hecho, la experiencia histórica de las democracias en la Europa occidental nos demuestra que las normas pueden mantenerse incluso aunque existan diferencias ideológicas considerables entre partidos. Sin embargo, cuando la división social es tan honda que los partidos se asimilan a concepciones del mundo incompatibles, y sobre todo cuando sus componentes están tan segregados socialmente que rara vez interactúan, las rivalidades partidistas estables acaban por ceder paso a percepciones de amenaza mutua. Y conforme la tolerancia mutua desaparece, los políticos se sienten más tentados de abandonar la contención e intentar ganar a toda costa. Eso puede alentar el auge de grupos antisistema que rechazan las reglas democráticas de plano. Y cuando esto sucede, la democracia está en juego.

Seis

Este escenario sombrío recalca una lección central de este libro: siempre que la democracia de Estados Unidos ha funcionado se ha apoyado en dos normas que a menudo damos por supuestas: la tolerancia mutua y la contención institucional. La Constitución estadounidense no recoge que haya que tratar a los rivales como contrincantes legítimos por el poder y hacer un uso moderado de las prerrogativas institucionales que garantice un juego limpio. Sin embargo, sin estas normas, el sistema constitucional de controles y equilibrios no funcionará como esperamos. Cuando el barón de Montesquieu expuso por primera vez la idea de la separación de poderes en un libro de 1748 Del espíritu de las leyes, el pensador francés no contempló lo que en la actualidad denominadas «normas». Montesquieu creía que el sólido andamiaje de las instituciones políticas bastaría para limitar los excesos de poder, es decir: que el diseño constitucional no difería demasiado de un problema de ingeniería y que el desafío radicaba en concebir instituciones que permitieran contener la ambición, incluso en el caso de los dirigentes políticos imperfectos. Muchos de los padres fundadores de Estados Unidos compartían este planteamiento.

Siete

La realidad no tardó en revelar que los padres fundadores se equivocaban. Sin innovaciones como los partidos políticos y las normas consustanciales, la Constitución que con tanto esmero habían redactado en Filadelfia no habría sobrevivido. Las instituciones eran más que meros reglamentos formales: estaban envueltas por una capa superior de entendimiento compartido de lo que se considera un comportamiento aceptable. La genialidad de la primera generación de dirigentes políticos estadounidenses no radicó en crear instituciones infalibles, sino en que, además de diseñar instituciones bien pensadas, poco a poco y con dificultad implantaron un conjunto de creencias y prácticas compartidas que contribuyeron al buen funcionamiento de dichas instituciones.

Andrés Malamud nació en Olavarría. Se recibió con honores en la carrera de Ciencias Políticas que cursó en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y después hizo un doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. Vive en Portugal, en donde trabaja como investigador de la Universidad de Lisboa.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 29 de marzo de 2019

Dios y la patria se lo demanden, comentado por Juan González

Dios y la patria se lo demanden
Juan B. Yofre
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Juan Bautista Yofre tiene una virtud que lo distingue de otros escritores: se lo puede leer de varias maneras. Se puede abrir su último trabajo, “Dios y la Patria se lo demanden”, y entenderlo como un nuevo tomo de un autor best seller de libros de historia argentina reciente. También se lo puede comprender como el más fresco arrebato de la particular cosmovisión del frustrado candidato a la vicepresidencia del diputado Alfredo Olmedo, u observar su libro como una reedición 2019 de la teoría de los dos demonios, trinchera que Yofre ha sabido defender con pasión. Pero el emblemático periodista de Clarín y Ámbito Financiero no se queda ahí. El libro es, a su vez, una crónica de espías y espiados, una trama palaciega de informes secretos y carpetazos, submundo en el que Yofre trepó hasta convertirse en director de la SIDE durante el menemismo, en el que también fue embajador, asesor privilegiado y verdadero admirador del riojano.

“Dios y la Patria se lo demanden”, compilado de las mejores revelaciones y anécdotas prohibidas del siglo XX argentino que el autor descubrió, muchas cuando ya era un periodista en actividad, es un trabajo ideal para los tiempos del clickbait y de lectura rápida. En 400 páginas y 15 capítulos, Yofre mostrará el diario íntimo e inédito de un estrecho colaborador de Yrigoyen, las revelaciones del espía que se infiltró en Puerta de Hierro para seguir a Perón, la entrevista secreta entre el radical Balbín y el ministro de la dictadura Harguindeguy, y el backstage de la campaña que llevó a Menem a la presidencia, entre otras historias. Cuanto más cerca del presente se acerca el relato, en especial durante los años del ex Presidente, Yofre mostrará su rostro, quizás, más interesante: el de un hombre que, parado en un lado de la grieta, tuvo a la Historia frente a frente.

Dos (la selección)

-Muy bien, señor Presidente. Ya que son unos palanganas, demostrémosles. Los debemos meter dentro de un zapato y apretarlos contra el otro.

-No se entusiasme, general.

-Señor presidente, le aseguro que hay motivos para preocuparse. A esto hay que ponerle remedio o nos hundimos todos: buenos y malos.

-Usted, general, –dijo Yrigoyen- habla con mucha precipitación y temo que está engañado.

-No estoy engañado, porque veo. Los engañados son los que no ven o no quieren ver.

Tres

En el segundo informe –de cuatro carillas oficio a doble espacio- Osinde volvió a tratar “la penetración marxista en el Movimiento Nacional Justicialista. También previno a Perón de “la creciente penetración marxista”, argumentando: “Cuando estos nuevos amigos que nos han salido puedan tomar la conducción de nuestro Movimiento, entonces no tendrán el menor reparo de echar su efigie al suelo y degollarnos a todos como sus más encarnizados enemigos”.

Cuatro

“[Perón] Continuará admitiendo las elecciones hasta la fecha indicada y si para entonces no existe salida clara y no se adelantan las elecciones para este año producirá la gran ofensiva.” Observaciones del espía en Puerta de Hierro.

Cinco

Antes de realizarse el encuentro, la cancillería francesa tomó la precaución de poner sobre aviso a la embajada argentina. Así quedó en el expediente de manera “muy confidencial”.

“Según el almirante Massera, el Ejército, con la única excepción de la Marina, quiere permanecer en el poder aunque la situación interior se va a deteriorar, de acá a tres o cuatro años, a causa de la mala gestión del gobierno. El almirante Massera ha indicado también que si es asesinado no podría ser más que por obra del Ejército. Sobre el general Videla dijo que era “un hombre bueno pero débil”, incapaz de imponerse en el Ejército que, por otro lado, está muy fragmentado. El conjunto de intenciones de Massera respecto al dominio político revela un análisis algo superficial tratándose de un hombre que tiene la ambición de convertirse, algún día, en Presidente de la Nación Argentina”.

Seis

-Tata, ¿vos me googleaste?- me dijo ella.

-No, Negra, yo no googleo a la gente. ¿Por qué?

-Yo estuve presa en la ESMA.

-Ah, ¿vos eras miembro de la “orga”? Mirá, Negra, yo escribo historia…

-Sí, pero una noche [X] gritaba al “grupo” que había que salir a buscarte.

-Mirá vos, en qué enchufe habré metido los dedos…

Siete

De pronto, el lugar pareció venirse abajo. Las personas se pararon y empezaron a aplaudir y vitorear al gobernador de La Rioja, trataban de tocarlo, como si se tratara de Rod Stewart. Menem se sentó en la mesa, frente a mí, y, al rato, como implorando silencio, me preguntó: “Tata, ¿qué imagen damos?”

-La imagen de una banda de salvajes pero, ¿sabés?, vos vas a ganar.

Juan Luis González es periodista de la Revista Noticias y profesor en la Escuela de Comunicación de Perfil. Estudia la carrera de Historia en la UBA. En el 2017 recibió el premio ADEPA por la entrevista que le realizó al ex comisario Alberto Gómez, uno de los asesinos de José Luis Cabezas.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 28 de marzo de 2019

Una educación, comentado por Damián Tullio

Una educación
Tara Westover
Lumen

Uno (mi comentario)

Tara Westover se crió en una granja en el sur del estado de Idaho, en el seno de una familia poco convencional. Su padre y su madre eran devotos mormones que no creían en ninguna de las instituciones de Occidente. Para ellos, la escuela era un trama secreta del gobierno para lavarle la cabeza a la gente, las documentación innecesaria y la medicina moderna una conspiración para envenenar sus cuerpos. Así, la autora y sus hermanos se criaron en un mundo en el que hasta las heridas más graves se curaban con ungüentos, aromaterapia y rezos; y la información se obtenía de las escrituras sagradas de los profetas mormones o de la intuición.

En Una educación narra el proceso profundo, doloroso y contradictorio que la llevó de trabajar junto a su familia mezclando recetas magistrales de hierbas y levantar chatarra con su padre a la universidad sin ningún tipo de educación formal previa y luego, a instancias de un profesor que supo de su historia de vida, a hacer un doctorado en Europa, nada menos que en la Universidad de Cambridge.

El libro no podría haber llegado en mejor momento a las librerías argentinas: en días en que el movimiento antivacunas cobra más fuerza y los medios se ocupan largo y tendido de los terraplanistas, este testimonio se hace urgente. Más que una impugnación moral de por qué esas creencias están mal, Westover cuenta su historia con oficio: consigue espiar sobre lo que pasaba por la cabeza de sus padres y hermanos, y a partir de ahí muestra cómo construyó una salida. En el registro de qué sienten, piensan y a qué le temen aquellos que se niegan a dar por cierto el conocimiento obtenido a través del método científico —algo que ella misma hizo mientras vivía con sus padres—Una educación abre un camino posible para pensar cómo la desinformación opera en temas tan diversos como la sexualidad adolescente, la violencia intrafamiliar o la salud mental. Sus memorias son, sin duda, una historia de sacrificio y evolución personal, pero mientras las leía no podía dejar de pensarlas como una hoja de ruta para atravesar los nuevos desafíos que la discusión pública de masas nos pondrá delante.

Dos (la selección)

“Aunque solo tengo siete años, sé que ese hecho, más que ningún otro, diferencia a mi familia: nosotros no vamos a la escuela.

A papá le preocupa que el Gobierno nos obligue a ir, pese a que no puede obligarnos porque no sabe de nuestra existencia. De los siete hijos de mis padres, cuatro no tenemos partida de nacimiento. No tenemos historia clínica porque nacimos en casa y nunca hemos ido a una consulta médica o de enfermería. No tenemos expediente escolar porque jamás hemos pisado un aula. Cuando cumpla nueve años, inscribirán mi nacimiento en el registro civil, pero ahora, según el estado de Idaho y el gobierno federal, no existo.”

Tres

“Siempre había sabido que mi padre creía en un Dios distinto. De niña ya era consciente de que, aunque mi familia iba a la misma iglesia que todos los residentes de nuestra ciudad, no profesábamos la misma religión. Ellos creían en el decoro; nosotros lo practicábamos. Ellos creían en el poder sanador de Dios; nosotros dejábamos nuestras heridas en Sus manos. Ellos creían en la preparación para el Segundo Advenimiento; nosotros nos preparábamos. Desde que tenía uso de razón sabía que los miembros de mi familia eran los únicos mormones de verdad que había conocido, y sin embargo, hasta que fui a esa universidad, a esa capilla, no me percaté de la inmensidad del abismo. Me di cuenta entonces: o estaba con mi familia o estaba con los infieles, en un bando o en el otro, pues entre ambos no había ningún asidero.”

Cuatro

“Era consciente de que debía prepararme, tratar de adquirir los conocimientos de la enseñanza secundaria que [mi hermano] Tyler había asegurado que poseía. Sin embargo, no sabía cómo hacerlo ni quería pedirle ayuda. Tyler había empezado una nueva vida en Purdue —incluso iba a casarse— y yo dudaba que quisiera alguna responsabilidad en la mía.

Cuando acudió por Navidad vi que leía un libro titulado Los miserables y concluí que debía de ser la clase de obra que leían los universitarios. Me compré un ejemplar con la esperanza de aprender algo de historia y de literatura, pero no fue así. Era imposible, porque no distinguía la ficción del telón de fondo verídico. Napoleón me pareció tan real como Jean Valjean. No había oído hablar de ninguno de los dos.”

Cinco

“Evoqué el sueño del laberinto. Recordé las paredes construidas con sacos de grano y cajas de munición, con los miedos y las paranoias de mi padre, con sus escrituras y sus profecías. Había querido escapar del laberinto de recodos pronunciados que desorientaban, de pasillos que se modificaban sin cesar, en busca de algo valioso. Y de pronto lo entendí: ese algo valioso era el laberinto. Era lo único que me quedaba de la vida que había llevado en esa casa: un rompecabezas cuyas reglas nunca llegaría a entender porque no eran reglas sino una especie de jaula destinada a encerrarme. Podía quedarme y buscar lo que había sido mi hogar, o podía irme sin demora, antes de que las paredes se movieran y la salida se cerrara.”

Seis

“Envié el borrador [de mi tesis] al doctor Runciman y unos días después nos vimos en su despacho. Se sentó frente a mí y, con expresión de asombro, me dijo que el trabajo estaba bien. «Algunas partes son excelentes —añadió sonriendo—. Me sorprendería que no consiguieras el doctorado».

Mientras caminaba hacia casa con el voluminoso manuscrito recordé una clase que el doctor Kerry había empezado escribiendo en la pizarra: «¿Quién escribe la historia?». Me acordé de lo rara que me había parecido la pregunta. Mi concepto de los historiadores no era humano; yo los veía como a mi padre, más profetas que hombres, con visiones del pasado y del futuro que no podían ponerse en tela de juicio, y mucho menos desarrollarse. Al atravesar el King’s College, bajo la sombra de la enorme capilla, casi me extrañó mi apocamiento de entonces. «¿Quién escribe la historia? —pensé—. Yo.”

Siete

“…Las decisiones que tomé a partir de entonces no fueron las que ella habría tomado. Fueron las de una persona cambiada, las de un ser nuevo. El desarrollo de un nuevo yo.
Podéis llamarlo transformación. Metamorfosis. Falsedad. Traición.
Yo lo llamo una educación.”

Damián Tullio nació en Lanús en 1985. Es licenciado en Letras (UBA). Ha sido colaborador de Rolling Stone Argentina, La Agenda BA y La Nación, entre otros. En 2012 publicó la nouvelle Algo que nunca le conté a nadie (Tenemos las máquinas).


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 27 de marzo de 2019

Hitchcock por Hitchcock, comentado por Laura Ramos

Hitchcock por Hitchcock
Alfred Hitchcock
Cuenco de plata

Uno (mi comentario)

Como amenazado con una pistola en la cabeza, todo nuevo documento sobre Hitchcock no puede eludir un diálogo con el libro de Francoise Truffaut (El cine según Hitchcock) publicado en 1966, hace más de medio siglo. Hay un Hitchcock antes de Truffaut y otro posterior. El libro de Truffaut construyó mucho más que una reputación para el gran Hitch, que hasta entonces era considerado un director comercial. Hitchcock por Hitchcock, editado en 2016 por El cuenco de plata, da un paso adelante y dos pasos al fondo, porque se trata de una enciclopedia maníaca que profundiza hasta la obsesión, en escritos y entrevistas, secretos, trucos y anécdotas detrás de la escena hitchconeana. Por añadidura, el mismo Hitch describe, en varios artículos, sus ideas claves, su teoría del cine o, más bien, su teología.

Dos (la selección)

Mi próxima película será La posada maldita, pensada para sacar a relucir el talento de Laughton. Trata sobre un terrateniente de Cornwall que, además de ser el juez del lugar, dirige a una pandilla de saqueadores y contrabandistas.

Por lo general, no me gusta lidiar con acontecimientos históricos (ya que es muy difícil lograr que los personajes con ropa de la época se comporten de un modo verosímil), pero acepté la invitación a dirigir esta película porque sentí que ofrece muchas oportunidades para mi técnica en particular.

Tres

Hace mucho tiempo, dije que me gustaría filmar en dos horas una historia de ficción que en verdad transcurriera en dos horas. Quería realizar una película sin cortes temporales, una película en la que nunca se detuviera la cámara.

La soga nunca había dado rienda suelta a mi noción de que la cámara podía grabar un rollo entero, que era posible devorar 11 páginas de diálogo en una toma, engullir la acción como una excavadora gigante

Cuatro

En La soga, toda la acción sucede entre que empieza la puesta de sol hasta que reina la oscuridad total. Abarca un asesinato, una fiesta, tensión creciente, caracterizaciones psicológicas detalladas, el descubrimiento gradual del crimen y la resolución. Sin embargo, todo esto consume menos de dos horas de la vida real, así como de la vida “fílmica”. (En realidad, nos llevó 35 días concluir el film).

Cinco

Por nueve minutos enteros, la cámara Technicolor metió la nariz en cada esquina del departamento “plegable” de Sutton Place. Los utileros tuvieron que arrodillarse debajo de la jirafa de la cámara para mover los muebles y volver a ponerlos en su lugar. Las paredes falsas se deslizaron silenciosamente sobre ruedas untadas de vaselina. Los anotadores, utileros, electricistas y camarógrafos agitaron los dedos y se hicieron caras valiéndose de un conjunto de señales mudas y preestablecidas. Y la cámara, que empezó mirando hacia el sur, terminó mirando hacia el norte.

La lata contenía un rollo completo: 290 metros de película. De pronto hubo un silencio absoluto. Y entonces se oyó un susurro alto proveniente de uno de los agotados y consternados utileros.

“Esta”, anunció, “tiene que ser la película más rara en la que he trabajado”.

Todos, hasta yo, estuvimos de acuerdo con él.

Seis

Filmar La soga con la técnica del teatro en un set insonorizado, pero con acción constante, requirió meses de preparación y días de ensayos rigurosos. Todos los movimientos de la cámara y de los actores se planificaron primero en sesiones dedicadas a la simulación y a la estrategia, como si fueran reuniones de entrenamiento con pizarras tácticas. Hasta la puerta estaba marcada y llena de trazos con círculos numerados para indicar los 25 o 30 movimientos de cámara que correspondían a cada rollo. Las paredes del departamento tenían que apartarse para permitir que la cámara siguiera a los actores por las puertas estrechas, y luego tenían que volver a su posición inicial sin hacer ruido para mostrar una habitación sólida. Hasta los muebles eran falsos. Los utileros debían mover mesas y sillas para después ponerlas en su lugar antes de que la cámara regresara a su posición original, ya que estaba colocada en una grúa especial y no sobre vías, y estaba diseñada para destruir todo lo que se encontraba en su camino como un gigante imparable.

Siete

Existen muchos tipos diferentes de montaje. Por ejemplo, Psicosis es una película que tuvo mucho montaje, más que la gran mayoría de las otras películas que realicé. Puede que Psicosis sea una de las películas más cinematográficas que haya hecho. Porque hay un montaje en la escena de la ducha, donde todo no es más que una ilusión. En ningún momento toda el cuchillo el cuerpo de la mujer en esa escena. Nunca. Pero, por la rapidez de los planos, nos llevó una semana filmarla. Los pequeños trozos de película no medían más de diez o doce centímetros. Aparecían en la pantalla durante una fracción de segundo.

¿Cuánto dura toda la escena?

Diría que alrededor de un minuto y medio, nada más.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 27 de marzo de 2019

Las nuevas caras de la derecha, comentado por Daniel Muchnik

Las nuevas caras de la derecha
Enzo Traverso
Siglo XXI

Uno (mi comentario)

Historiador de las Ideas, profesor en Cornell University de los Estados Unidos, Enzo Traverso es el protagonista de este importante reportaje acerca de las distintas maneras de encarar el fenómeno de las nuevas derechas. Traverso ilumina, por sobre todo, ese término tan usado y vapuleado en las ciencias políticas que es el populismo. Para Traverso el populismo es, ante todo un estilo político, no una ideología. En este excelente reportaje-ensayo, Enzo Traverso clarifica todas las categorías que pesan al momento de estudiar las fuerzas que tironean el presente. La extrema derecha garantiza la seguridad a través de un Estado autoritario y xenófobo. En tanto la izquierda todavía no encuentra la puerta de salida ni tiene fuerzas suficientes para tironear en un mundo de guerras comerciales y búsqueda de soluciones de muy corto plazo.

Dos (la selección)

Con el tiempo se ha convertido en una cáscara vacía que puede llenarse con contenidos políticos muy diferentes. Hay que poner la atención sobre los usos del término populismo. No vendría a ser más que un arma de combate político que apunta a estigmatizar al adversario. El uso recurrente de esa visión política para designar a los contrincantes puede revelar un desprecio por el pueblo.

Tres

Para los medios de comunicación especialmente el populismo designa un revoltijo donde están presentes el cuestionamiento a las políticas de austeridad, el nivel del salario, la defensa de los servicios sociales, la negativa a los recortes a la inversión pública. Y atención: tan pronto como se acepta el concepto de populismo, la divisoria derecha/izquierda como guía en el campo político queda obsoleta y resulta ineficaz.

Cuatro

Hay, por otra parte, una diferencia fundamental entre las izquierdas de América Latina y los movimientos posfacista europeos. Un caso es el de Hugo Chávez en Venezuela. Era un populista en todo su esplendor, que utilizaba la demagogia como técnica de comunicación, apelaba regularmente al pueblo, del cual pretendía ser la encarnación. Otro caso parecido fue el de Evo Morales en Bolivia y el de Néstor Kirchner y su mujer Cristina Fernández en la Argentina. No obstante ese populismo latinoamericano se diferencia del de Europa occidental que se caracteriza por la xenofobia y el racismo y fijan como objetivo excluir a categorías enteras de la población.

Cinco

La extrema derecha exhibe del mismo modo rostros diferentes y no se la puede combatir de igual manera en Grecia que en España ( en Andalucía ha emergido VOX que expresa esa postura) o en Francia. Después de las elecciones del 2002 cuando los Le Pen ( padre e hija) llegan a la segunda vuelta, su Frente Nacional dicta parte de la agenda política en el país. Quince años después la presencia de Marine Le Pen en la segunda vuelta en la elección presidencial pareció un hecho normal frente a la oposición ganadora de Emmanuel Macron, acorralado luego por distintas protestas, verbales o extremadamente agresivas. Le Pen se propone defender los intereses de las clases populares blancas, a los franceses de fuste ( o puros de raza) que están librados a su suerte, según verbaliza.

Seis

En Europa, el fascismo forma parte de la conciencia histórica. Las nuevas derechas se representan como un bastión frente al islamofascismo del Estado Islámico que, para ellos, se ha filtrado en todo el proceso migratorio de los últimos años. Sugiere la noción de posfacismo para diferenciarla del neofascismo. En otros casos hay ejemplos, como el del movimiento JOBBIK, en Hungría que reivindica sin tapujos una continuidad ideológica con el fascismo histórico, el que imperó entre fines de la Primera Guerra Mundial y el último minuto de la Segunda Guerra Mundial.

Siete

El posfacismo es diferente. Se ha emancipado del fascismo clásico, aunque en la mayoría de los casos conserva como matriz. Que quede en claro que no estamos viviendo un momento semejante al de los años treinta. Y, por otra parte, hoy no hay bombero para apagar el incendio. El ideal europeísta, democrático, de respeto por las instituciones republicanas vendría a ser una peligrosa ilusión. La extrema derecha en el poder llevaría al estallido de la Unión Europea. Pero todavía no se llegado a esa instancia. Las fuerzas que dominan la economía global —el sistema capitalista financiero— no apuestan a Marie Le Pen y a cuando dirigente de derechas exista.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 25 de marzo de 2019

Entre ellos, comentado por Laura Galarza

Entre ellos
Richard Ford
Anagrama

Uno (mi comentario)

Con el tiempo, la memoria los empuja cada vez más lejos. A veces los separa una sombra, a veces un muro. Por mucho que se afane en reconstruirlos con palabras, así como sucede con los sueños al despertar, a Richard Ford la vida de sus padres se le escapa. Se aproxima, sin tocarlos. Ellos riéndose en el asiento delantero del auto nuevo; la madre apretándolo muy fuerte mientras el padre cambia una goma en lo alto del puente sobre el Misisipi; el padre llegando a casa y tirando sobre la mesa metálica de la cocina unos paquetes con regalos; la madre con los puños en las sienes diciendo no, no, y el padre muerto en la cama. Retazos. Imágenes, olores, gestos. “Estoy haciendo conjeturas”, dice Ford mientras se pone en la piel de cada uno.

Entre ellos es un libro conmovedor y magistral que demuestra que se puede escribir sobre el amor, libre de sensiblería. También que cada vida – siempre corta e imperfecta –  es digna de ser recordada. Ford produce una hipnosis subyugante: lo vemos a él entre ellos, los vemos a ellos cuidar de él. Asistimos maravillados al intento amoroso que hace Ford de reconstruir las mentes y el sentir. Y también, eso que soñaban para él. ¿Qué habrán sentido ante la llegada del hijo tardío al que no esperaban, ahora que ya no podían ir por la carretera, libres y despreocupados?  Porque al fin y al cabo los padres son unos perfectos desconocidos. “Imagínenlo. Tendrán que imaginarlo porque no hay otra forma”, parece decirse a sí mismo y a nosotros.

La primera parte dedicada al padre y la segunda a la madre, ya editada en los noventa como A mi madre in memorian (una edición de tapa dura que tiene un lugar privilegiado en mi biblioteca) y que Ford adaptó a esta edición sumándole un precioso epílogo. Desde su aparente sencillez Entre ellos habla de nosotros. ¿Quiénes somos? ¿De quiénes estamos hechos? Acaso de retazos de memoria, porque el resto está destinado a desaparecer. Aunque como dice Ford: casi todo desaparece, salvo el amor.

Dos (la selección)

Y en esto hay, por supuesto, una enseñanza, una lección que he tratado -las más de las veces sin éxito- de que me sirviera de guía: es lo que sucede lo que importa, mucho más que lo que la gente, incluído uno mismo, piense sobre lo que sucede antes o después. Solo importa, o importa más que nada, lo que hacemos. No miraba entonces, y no miro aún hoy, el mundo con unos ojos como los de mi madre. Tal vez llegue a alcanzar un mayor entendimiento de esa lección. Pero fue mi madre la primera en enseñármela.

Tres

Yo la veía: su cara blanca tras la ventanilla tintada, la palma pegada al cristal para que la viese… Estaba llorando. Adiós, me decía. Hice ondear la mano en un despliegue ancho, y dije con los labios: Adiós. Te quiero. Y contemplé cómo el tren se perdía entre la urdimbre de viejas fábricas de ladrillo de la ciudad. Podría decirse, supongo, que en ese momento dio comienzo mi vida en verdadera soledad, y que había llegado a su fin lo que pudiera quedar de mi infancia.

Cuatro

¿Ha tenido alguna vez alguien una «relación» con su madre? Yo creo que no. Mi madre y yo nunca nos sentimos vinculados por las cosas de rigor: el deber atípico, el remordimiento, la culpa, la vergüenza, las formas. El amor, que nunca es típico, lo amparaba todo. Esperábamos que fuera fiable, y lo era. Siempre estábamos prestos a decir «Te quiero», como si fuera a llegar un día en que ella querría oírlo, o yo, o en que los dos querríamos oírnoslo decir el uno al otro, solo que por alguna razón -como ciertamente aconteció- al cabo no fue posible.

Cinco

Los padres -por encerrados que estemos en nuestras vidas- nos conectan íntimamente con algo que no somos, y forjan una «ajenidad unida» y un misterio provechoso, de tal suerte que aun estando con ellos estamos solos.

Seis

Me llamaba «hijo». Yo le llamaba «papá». La gente decía que me parecía a él. Seguro que no llegó a pensar nunca que setenta años más tarde yo no recordaría el sonido de su voz, aunque desearía mucho poder hacerlo.

Siete

Me contó que una vez, en el ascensor del edificio donde vivía, una nueva conocida le había preguntado: «¿Tiene hijos, señora Ford?». Y ella, sin pensarlo, le había contestado: «No.» Y luego había pensado: Oh, por el amor de Dios. Claro que tengo hijos. Tengo a Richard.

Laura Galarza es psicoanalista, escritora y crítica literaria. Escribe para el suplemento Radar de Página|12. Hace varios años es columnista literaria en radio. Empezó en Del Plata con Tom Lupo y tuvo participaciones en Radio Nacional y Radio con Vos. Desarrolla La Solapa de Laura y Nati, una serie sobre libros en Youtube. Su libro de cuentos Cosa de Nadie (Del Dock 2014) obtuvo el premio Fundación Acero Manuel Savio. Coordina talleres de lectura y escritura en Dain Usina Cultural.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 25 de marzo de 2019

El papa peronista, comentado por Guillermo Ariza

El Papa peronista
Ignacio Zuleta
Ariel

Uno (mi comentario)

Para quien pretenda comprender cabalmente la política argentina contemporánea este es un libro inevitable. Sobre el eje de la trayectoria de Jorge Bergoglio recorre las últimas décadas de historia local, relatando los desencuentros, confusiones y acuerdos de una parte sustancial de la dirigencia de un país en desgracia, recuperando protagonistas obvios fuera de su personaje y no pocos actores silenciosos que ayudaron a modelar una sociedad política que disputa el poder –o sus frutos- sin preocuparse por ensanchar los bienes materiales que, según Tomás de Aquino, “son necesarios para el ejercicio de la virtud”.

Lejos de ser el factor histórico determinante se trata de un jesuita que trabaja de modo sistemático para restablecer una comunidad de seres que se reconozcan como iguales y sean solidarios entre sí, labor ciclópea que reporta a un pasado idealizado que sólo existió en el anhelo y fecunda labor de una orden religiosa que evangelizó la América indiana. Los procedimientos de Bergoglio, mucho antes de convertirse en Francisco, son los de un político hábil, refinado incluso, capaz de trabajar con adversarios y “pastorear” huestes disímiles para lograr metas concretas, las que seguramente pavimentan los caminos del Señor. Esas habilidades se potencian con el poder real que confiere el papado. Tiene al mundo como campo de acción, aunque no descuida una mirada diaria a su terruño, al que no viene para no favorecer las inevitables divisiones que ahondarían las grietas que persisten y el pastor quiere curar, como explica Zuleta. Su cometido, en definitiva, no es temporal (o sea político en sentido lato), pero sus acciones sí lo son. Inventor de la transversalidad avant la lettre, el Papa logra sus mejores éxitos con un gobierno donde conviven amigos y adversarios temibles, y administra su popularidad prodigándose con antagonistas y retaceando sonrisas a quienes lo preferirían confinado a su labor apostólica. Dialéctica pura de un personaje (el argentino más importante de nuestra historia, nos recuerda el autor) al que define como antiglobalizador y anticapitalista, pero que expurgó de la iglesia argentina las intromisiones ideológicas del marxismo vernáculo. Capaz de articular virtuosamente a los curas villeros y al vicario general del Opus Dei, el connacional Mariano Fazio, Bergoglio amplía el campo hacia el ecumenismo que inauguró Juan XXIII y relantizaron sus sucesores. La construcción de la Ciudad de Dios requiere de todas las espiritualidades. El enemigo, de inspiración demoníaca, es el dinero, que pretende remplazar al Creador. Ahora va por China, ese “inmenso convento sin Dios”, como describió en los 60 el profesor mendocino Raimundo Fares, padre del jesuita Diego, uno de los colaboradores más cercanos de Francisco. En esa perspectiva, el eficaz título de “peronista”, le queda chico. Y las razones están expuestas a lo largo de estas suculentas 429 páginas. Un relevante ensayo de literatura política.

Dos (la selección)

“Resulta superfluo ser creyente para entender que en un país así la instalación del poderoso Bergoglio a muchos les parezca una bendición. Para otros significa un factor de confusión, porque ese Bergoglio que conocían de cerca quienes lo trataban y lo leían ahora lo ven con el lente de aumento de la estatura papal. Les cuesta creer que esta mezcla de ultraconservador reformista y agitador villero sea el jefe de su Iglesia. Se extrañan de sus modos paranoides, se enojan de sus críticas al clericalismo, la Iglesia que se mira el ombligo y que funciona como una ONG o un sistema de reparto de premios y castigos por el cumplimiento o del catecismo, que abre la puerta a los excluidos, los diferentes. Estos creen que la Iglesia los engañó, que Bergoglio no les cumple, y que han vivido en la Iglesia equivocada.” (p.35)

Tres

“La eficacia de su fórmula se expresa con gran coherencia a lo largo de los años: ultraortodoxia de una mano, y de la otra, una apertura a la agenda social con más convicción y éxito que todo el arco del populismo y lo que queda de las izquierdas.” (p. 36)

Cuatro

“El Bergoglio de esos años (los setenta) convivía con el peronismo, y los jóvenes con quienes interactuaba en la universidad sabían de esa referencia de su pensamiento. Estaba al tanto de que los seminaristas formados por él leían y debatían libros de Perón. Nadie niega esa impregnación de época, pero nadie tampoco registra ni dichos ni gestos de militancia partidaria. Nunca perteneció ni a Guardia ni a la OUTG (Trasvasamiento), aunque tenía estrecha relación con curas que sí pertenecían a ese sello. Las marcas partidarias desaparecen a medida que Bergoglio alcanza notoriedad. Sus homilías como arzobispo, por ejemplo, están dedicadas a gobiernos peronistas como los de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Todas fueron con un fuerte acento crítico, como las que propinó al Gobierno aliancista de Fernando de la Rúa.” (p.65)

Cinco

“El vencedor de las legislativas, Sergio Massa, lideraba las encuestas de intención de voto para 2015 y parecía su seguro sucesor (de Cristina). Tenía el apoyo de un sector del peronismo; se lo disputaban como socio los radicales. Encima, se había fagocitado al macrismo en las candidaturas de Buenos Aires para ese año. En esos días, parecía que a Massa le bastaba con empujar la pelota hacia el arco y quedarse con todo. Cuando se conozcan los protocolos secretos de aquellos días, se sabrá si la intención de Bergoglio fue proteger a Cristina o frenar a Massa. En el cerco de la gobernabilidad de entonces, que expresaba esa intención de gremios y empresarios y del propio gabinete –a través de Carlos Tomada-, se analizaba la hipótesis de una entrega adelantada del poder. Bajo esa música se desarrolló una comedia en la cual Bergoglio logró descolocar a Massa y dar la señal, a la vez, de que actuaba como protector de Cristina Fernández. Lo negó en los dichos, pero en los hechos dejó en claro que quería actuar con el rol de padrino de la gobernabilidad de la viuda de Kirchner.” (p.262)

Seis

“El proceso de esta ley (Emergencia Social, diciembre de 2016) abre novedades para el debate. Es el primer producto constante y sonante de Francisco en la política argentina. No sólo logra imponer la agenda, sino que además prueba que tiene un liderazgo transversal, que pudo mover el voto de todas las bancadas, conmover al Gobierno y demostrar que es un factor de disciplina social.” (p.373)

Siete

(Macri) “Había intentado salir de un aprieto revoleando el debate del aborto por sobre los muros de Olivos, para que lo resolviese la sociedad, pero ahora  le volvía como un búmeran a las propias manos. Siete meses más tarde, estaba en el mismo punto: tenía que resolver él qué hacer con el aborto cuando su Gobierno había pagado un alto costo por un debate cismático por definición. Un aprendizaje caro, pero también una prueba de las dificultades que tienen los gobiernos débiles para emprender reformas de fondo. Otra lección, con aires de maldición gitana: en política no hay atajos.” (p.407)

Guillermo Ariza es politólogo y periodista. Integra el Club Político Argentino y la Fundación Frondizi. Le gusta pescar exóticos en la Patagonia y, en los hechos, lee más literatura e historia que papeles académicos.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 21 de marzo de 2019

Maniobras de evasión, comentado por Claudia Piñeiro

Maniobras de evasión
Pedro Mairal
Emecé

Uno (mi comentario)

Leer a Pedro Mairal siempre me resulta placentero. Sus novelas son de las que más he regalado y recomendado de autor o autora argentino. Pero este libro, Maniobras de evasión, va a parar a otro estante, uno destacado, el que reservo para libros de escritores que hablan de la escritura. Dicho esto, Maniobras de evasión podría parecer un libro de nicho, de esos que sólo leen autores.

Todo lo contrario, este también será un libro que regalaré y recomendaré. Porque si bien Marial se mete con el ser escritor, esa parte del relato no está escindida del ser padre, o ser pareja, o ser hijo. Nos descubre la trastienda de la escritura pero también nos cuenta esa otra parte, todo el mundo que lo completa. Así, el narrador es ese escritor que se levanta por las noches a darle agua a su hijo en un vaso de Dragon Ball Zeta, el que llora porque su madre se ha hundido en el silencio, o el que nos enseña cómo escaparse de los cocteles sin saludar a nadie. Maniobras de evasión es un libro exquisito, de esos a los que uno quiere volver, una larga conversación con un narrador generoso, honesto, con un gran sentido del humor, un observador perspicaz que encuentra las palabras justas.

Dos (la selección)

Hasta acá llegué cuando de pronto apareció mi hijo en el marco de la puerta tomándose lo que quedaba del agua en su taza de Dragon Ball Z. Tengo mucha sed, pa. Me levanté, él me siguió a la cocina y abrimos la heladera. Saqué el botellón y le serví. Mientras se tomaba el agua helada a grandes sorbos, lo miré y lo vi como por primera vez, porque estábamos metidos dentro de un poema breve y simple que decía que a mí me gustaría escribir así, como dándole agua a mi hijo en medio de la noche.

Tres

Se me ocurren varias cosas que me dan vergüenza, por ejemplo: despedirme de alguien con un gran abrazo a la salida de una fiesta y después ir caminando los dos para el mismo lado. Que un mago me elija como voluntario. Los diálogos de ascensor. Salir del cuarto oscuro y poner el voto en la urna. Ganar. Contestar preguntas sobre el oficio de escritor en los períodos en los que no estoy escribiendo. El fútbol. O, mejor, el desinterés por el fútbol. Ese desinterés te vuelve un poco menos argentino, un pocos menos hombre. Yo padecí eso toda la vida. Me hubiese gustado ser parte de la gran hermandad futbolística, poder integrarme a la memoria colectiva de cada domingo y hablar después durante la semana, como los porteros, de vereda en vereda, como los oficinistas, de escritorio a escritorio, burlándose por derrotas y rivalidades, insultándose de esa manera tan colorida y ocurrente. Pero el fútbol siempre me expulsó.

Cuatro

Vuelvo. Ya cae la noche. Estoy cansado. Quiero un dios que tenga culo. Los perros de la Trapa no ladran, me hacen notar Roberto. Vemos el cielo rojo. Tomamos un té y entramos para el último oficio. Éste es a oscuras y es el más largo. Los monjes se congregan frente al vitral de la Virgen. Le cantan. Yo tenía hace tiempo una estampita de la Virgen Desatanudos con una errata. Decía: «Madre, desata los mudos», con eme. Yo no quiero enmudecer como mi madre. Quiero decir y cantar. Podría creer en la Virgen, no en dios que me parece muy abstracto. El vitral de la Virgen es alto y rosado y amarillo. La Virgen sostiene a su hijo con un brazo y en la otra mano sostiene una luz o una flor. Los cánticos se elevan hacia ella. ¿Alguien sabe adónde está mi mamá?

Cinco

Si las cosas pierden su nombre, entonces el límite de las cosas se desdibuja: el plato no tiene nombre, no tiene borde, es una sola cosa con el individual que tampoco tiene nombre. Por eso ella agarra todo para levantarlo, agarra lo levantable, agarra lo individual y lo levanta junto con el plato, para llevar todo a la cocina. Quería hacer un licuado con las frutas que tenía en el plato. Las cosas pierden su nombre y se pegan a las cosas vecinas. Se funden y se confunden.

Seis

Al retirarse de un cóctel conviene no saludar. Puede retirarse en paz. Ir hasta el compacto corazón del cóctel para saludar el anfitrión no sólo sería trabajoso, sino también incómodo para el anfitrión mismo, que puede hasta recibir con alarma (probablemente fingida) la noticia de nuestra partida. Esto sin contar con las múltiples posibles intercepciones en trayecto, esa sucesión de diálogos breves, graciosas y disculpantes, como un viacrucis de simpatía, hasta llegar al centro. La situación incluso se podría repetir al hacer el camino inverso tratando de salir. Por eso lo mejor es irse con un decidido silencio, aplicar el yo y desaparecer, restarse importancia, regalar las valencias sobrantes, transparentarse un poco para irse y aceptar, por fin, la soledad.

Siete

Señor, déjame seguir así, siempre joven. Sigue haciendo envejecer a mis colegas. Haz que echen canas y panzas y peladas. Déjalos volverse solemnes y tomarse cada día más en serio hablando bien de sí mismos en los programas culturales. Déjame estar siempre con la nueva generación, inmortal, enamorado de las poetas y las escritoras más hermosas, aunque nunca me den bola. No permitas jamás que yo diga: «Los nuevos escritores no saben escribir», «hay que ver quiénes quedan con el tiempo.» Y cuando la nueva generación tome el poder, déjalos ir con su gloria, sus fugaces novedades tecnológicas, sus manifiestos amarillos, sus bibliotecas, sus alianzas, sus futuras lápidas de obras completas, su queja de que nunca los canonizaron como corresponde. Déjame hablar siempre de lo que todavía no es considerado literatura y, cuando eso pase a ser literatura, sálvame, y deja entrar a los nuevos, los que se ríen, los que todavía tiene curiosidad. Señor, permíteme habitar en la energía de la constante construcción y deconstrucción del arte.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 20 de marzo de 2019

La máquina de la corrupción, comentado por Diego Igal

La máquina de la corrupción
Natalia Volosin
Aguilar

Uno (mi comentario)

El anaquel reservado a la temática Corrupción en la gran biblioteca argentina no es todo lo ancho que debiera para erigirse en una tierra del hemisferio sur que cosecha y siembra chanchullos desde la época colonial. Lo publicado hasta hora –de manera más frecuente desde los 90- dio cuenta de (los muchos) ilícitos ya descubiertos y, en menor medida, lo abordó desde la filosofía o el derecho. Muy pocos trabajos buscaron elucubrar y proponer cómo evitar que entre la mano en lata, más que abjurar de los que la metieron.

El trabajo de la joven abogada Natalia Volosin (1981) -cuya génesis fue una tesis doctoral- tiene como primer y gran mérito que acomete el tema desde casi todos los aspectos y antepone el análisis del por qué antes que puntualizar quién/ quienes. Denunciar fue lo que el periodismo y las editoriales vernáculas facturaron en las últimas décadas mientras creían indignar a una audiencia no siempre ávida de conocer lo que por momentos parecen malas novelas/series porque le preocupa más pagar cuentas y parar la olla.
El segundo buen tino del libro de Volosin es que sugiere que es “mejor prevenir que currar” y lista 20 decisiones bien concretas que trascienden los bordes escarpados de la grieta, partidismos y poderes del Estado. Es notable que varias de las recomendaciones sean leyes ya sancionadas que nunca se cumplieron, se implementaron mal o de manera distorsionada.
Lo tercero destacable es que la publicación traza una historia de ilícitos desde el virreinato hasta la época actual y demuestra que lo que se postuló como “la máquina de la corrupción” se perfeccionó y agrandó en los últimos dos siglos.
La autora, sin embargo, no siempre es pareja al pincelar los hechos; habla de expedientes todavía en trámite (con el riesgo de que la resolución desactualice el texto) o que fueron cerrados sin que ella explique o aventure el motivo Eso queda a especulación del lector, aunque no es difícil imaginar si se recuerda que menciona que las investigaciones judiciales demoran promedio 15 años, tardan una década en llegar a juicio y el 2% recibe condena. En algunos casos –en los que no hay sentencia definitiva- da por sentada la responsabilidad de los acusados y hasta llega a calificar de cleptocracia una administración reciente, aunque luego deja caer una presunción.
También puede generar ruido que el tono de la escritura subraye lo escandaloso, adjetive o apele a cierto arrogancia o ironías más efectistas en redes sociales que en un libro, como calificar de afiebrado a un periodista o minimizar el trabajo de otro de gran producción sobre el tema.
Al libro tal vez le falte –o no fue incluido por una decisión del autor o editorial- un abordaje que profundice en la responsabilidad del sector privado en los ilícitos. Y también dimensionar más el interés de la sociedad acerca de la corrupción, que oscila según la realidad económica y el humor social y también en la forma en que se comunican los hechos y efectos de la corrupción que a veces mata en trenes o rutas pero todos los días genera exclusión social.

Dos (la selección)

“La gran corrupción federal se alimenta de los déficits democráticos del país –y viceversa-, lo que afecta por igual al sector público y al privado. En este marco de debilidad estructurales florecen las oportunidades de corrupción y se reducen los incentivos y las capacidades de distintos actores para controlarla”.

Tres

“El sistema penal tiene tantas posibilidades de atacar la máquina de la corrupción argentina como la revolución moralista de (Mariano) Grondona o el nacimiento de la Republiquita de (Elisa) Carrió. Esto es así no solo porque la corrupción es particularmente difícil de probar debido a su naturaleza clandestina, o porque los abogados defensores son expertos en dilatar los procesos o porque algunos jueces y fiscales son corruptos. Todo esto es cierto y, desde ya, contribuye al pesimismo de quienes creen que la situación no tiene arreglo porque las denuncias penales ‘no llegan a nada’”.

Cuatro

“El limitado acceso al mercado, la inestabilidad política, la ausencia de un sistema razonable de frenos y contrapesos, el corporativismo y el autoritarismo deben pensarse como fuentes tanto del desarrollo inverso como de la corrupción. Ello no debería sorprender, pues la literatura especializada indica, en teoría y en aplicaciones práctica al caso argentino, que la corrupción y el desarrollo están íntimamente vinculados”.

Cinco

“Los diez años de gobierno de Menem estuvieron marcados por la extrema concentración del poder que produce el hiperpresidencialismo. Después de 179 años de un arraigado sistema de captura de Estado, solo interrumpido por el interregno cleptocrático de Rosas y los caudillos – y por los fallidos esfuerzos de Alfonsín para restringir el corporativismo-, el nuevo presidente puso la máquina de la corrupción a funcionar en el modo de monopolio bilateral. En esta tipología, los poderosos intereses privados logran resistir algunas demandas de corrupción y todavía ejercer su poder sobre el Estado –como en los sistema de captura-, pero este se organiza especialmente para cobrar sobornos y, como en un monopolio bilateral, el empresario y el político comparten las posibilidades de extraer rentas ilegales, de manera que el tamaño total de la torta y el modo en que se la distribuyen dependen de la fuerza de cada uno”.

Seis

“La Comisión Nacional de Ética Pública creada por ley en 1999 no fue formalmente eliminada, pero sí olvidada por completo. Desde entonces, la política anticorrupción y el control del Poder Ejecutivo pasaron a depender de la OA, un organismo que carece de independencia presupuestaria y administrativa y cuyo titular es designado por decisión exclusiva del presidente con el ministro de Justicia”.

Siete

“Al igual que los caudillos del siglo XIX, los Kirchner acercaron la máquina de la corrupción al tipo cleptocrático, aunque de una manera más sutil. Mucho había cambiado 151 años más tarde, incluyendo la existencia de algunos –débiles- límites constitucionales al poder de turno. La tendencia cleptocrática de los Kirchner fue entonces matizada por algunas limitaciones institucionales. A diferencia de los caudillos, por ejemplo, no fueron dueños directos de las empresas privadas a las que favorecieron desde sus cargos, sino que usaron intermediarios”.

Diego Igal es periodista, investigador, escritor-editor y docente.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 19 de marzo de 2019

China, la edad de la ambición, comentado por Alejandro Bianchi

China, la edad de la ambición
Evan Osnos
Malpaso

Uno (mi comentario)

El periodista estadounidense Evan Osnos vivió y trabajó en China entre 2005 y 2013 y como buen periodista, no se resistió a contar en un libro semejante experiencia. A partir de historias personales, con nombre y apellido, describe la gran dicotomía que hay en el país que se pelea con EEUU por el dominio del planeta.

Por un lado, el autor relata la gran transformación histórica y el desarrolo nunca antes vistos en un país en tan corto tiempo. Pero en paralelo, aparecen la falta de libertades de todo tipo, la corrupción espeluznante, la superioridad del Partido Comunista por sobre la ley, el abismo entre ricos y pobres y el surgimiento de una generación insensible de chinos que sólo piensa en acumular riqueza ya que el dinero parece ser la única defensa contra el abuso de poder del gobierno.   

Dos (la selección)

“El pueblo chino ya no pasa hambre –el ciudadano medio come seis veces más carne que en 1976- pero estamos ante una era voraz en otro sentido, un período histórico en el que el pueblo se ha despertado hambriento de nuevas sensaciones, ideas y respeto. China es el mayor consumidor mundial de energía, películas, cerveza y platino y está construyendo más ferrocarriles de alta velocidad y aeropuertos que el resto del mundo junto”.

Tres

“La política china del hijo único había tenido consecuencias inesperadas en el matrimonio. Al fomentar el uso de preservativos a una escala sin precedentes, desvinculó el sexo de la reproducción y alentó así una mini revolución sexual. Pero al mismo tiempo acentuó la competencia: cuando la técnia de las ecografías se extendió por el país en los años ochenta, muchas parejas decidieron abortar fetos hembra a la espera de que llegara un varón. Como resultado de ello, se estima que China tendrá unos 24 millones de hombres que estarán en edad de contraer matrimonio para 2020 pero no podrán encontrar esposa”.

Cuatro

“Ir de compras, o al menos, a mirar, se transformó en la afición más popular. El ciudadano medio dedica al menos 10 horas a la semana a ir de compras, mientras que en Estados Unidos el promedio es menos de cuatro horas. Un estudio de publicidad descubrió que el ciudadano medio de Shanghai veía tres veces más anuncios en un día normal que un consumidor de Londres. Tan abundantes eran los anuncios que las revistas de moda se toparon con limitaciones físicas: la edición china de Cosmopolitan tuvo que dividir en dos volúmenes uno de sus números porque uno solo eran tan grueso que costaba manejarlo”.

Cinco

“Tradicionalmente, una pareja joven se mudaba a la casa de los padres del novio, pero llegado el siglo XXI, menos de la mitad se quedaban allí mucho tiempo. Se descubrió que los padres con hijos varones estaban construyendo casas más grandes y más caras  para sus descendientes con la esperanza de atraer a novias mejores, un fenómeno inmobiliario al que se lo bautizó como “síndrome de la suegra”. En consecuencia, entre 2003 y 2011, los precios de las casas en Pekin, Shanghai y oras grandes ciudades subieron un 800 por ciento”.

Seis

“Algunos potentados como el rey de Jordania reaccionaron a la primavera árabe prometiendo que aflojaría con la esperanza de evitar una amenaza mayor. Pero los gobernantes chinos optaron por la medida contraria. De la caída de Mubarak en Egipto sacaron la misma lección que del derrumbe de la Unión Soviética: si no se pone freno a las protestas, la cosa puede derivar en una revuelta en toda regla. El Politburó envió a Wu Bangguo, uno de sus conservadores más ortodoxos, para que desempolvara tu teoría de los Cinco No: China NO tendría partidos de la oposición, ni principios alternativos, ni separación de poderes, ni un sistema federal ni privatización a gran escala. ´Si flaqueamos, el Estado podría precipitarse al abismo´, dijo Wu”.

Siete

“En Pekin, un profesor de nombre Yao Yang, publicó una visión del futuro político y económico de China. Consideraba que el capitalismo amiguista y el abismo entre ricos y pobres eran la prueba de que el modelo económico chino había llegado al límite de lo que era viable sin abrir el grifo de una mayor apertura política para compensar las demandas de los diferentes grupos sociales. Citaba, por el ejemplo, el control sobre Internet y los sindicatos, así como la inseguridad en las condiciones laborales. ´Más pronto que tarde se hará necesaria algún tipo de transición política específica que permita al ciudadano de a pie tomar parte en el proceso político´”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 18 de marzo de 2019

La dificultad, comentado por Mariana Arias

La dificultad
Tomás Abraham
Random House

Uno (mi comentario)

El magnetismo de Tomás Abraham siempre me atrajo. Lo seguí durante un tiempo, casi un año, con la intención de entrevistarlo. Finalmente aceptó cuando publicó su autobriografía novelada La Dificultad. Tomás (Nicolás en la ficción), define este singular libro (el más personal de toda su rica bibliografía) de la siguiente manera: “Escribir sobre una experiencia de la vida que no entendía y que había sido muy importante para mí. Narrar quirúrgicamente una historia propia desde afuera, de manera impersonal, sobre recuerdos vivos. Iluminar cómo uno se enamora, el tiempo de la escuela, los viajes, la relación con el padre (determinante). Mirar, desde afuera, cómo Nicolás resuelve situaciones. Escribir para entender cómo es posible que la vida tome un curso y que, de repente, haya un cambio total, y un día, por un gesto de distracción, uno está afuera del atolladero”.

La tartamudez era su más evidente dificultad, aunque no la única. La voz, esa manera de comunicarse, un puente hacia los otros, estaba roto. “La vida del que tiene la comunicación cortada lo hace sentirse muy cerca del abismo”, dice. Y sigue: “Para ser miembro de una sociedad tenés la obligación de hablar; cuando no es posible expresarse de manera fluida, aparece la torpeza, se pueden percibir las miserias.”

A los 15 años ya sabía quién quería ser; sin embargo, el camino fue sinuoso hasta llegar a cumplir su deseo. Los mandatos del “Big man” (su padre), un hombre exigente, admirado, seductor, creador de Hilos Tomasito, que fabricaba las famosas medias Ciudadela, eran difíciles de esquivar. Esa fue otra dificultad: enfrentar a un señor tan respetado y llegar a ser como él. Y revelarse en el camino. Viajar, volar, con la insolencia de la juventud, hasta destinos remotos, en busca de una identidad propia. Y tras la vuelta al mundo, la calma, la obediencia, la necesidad y la obligación de hacerse cargo de la herencia, de esa fábrica de medias que funcionó para Tomás como una nueva iniciación. Aprender a trabajar, a situarse en el mundo real. De Tokio a Ciudadela, Tomás ha recorrido un largo camino hacia sus propios orígenes, como una suerte de parábola que lo trajo de vuelta, pero con más experiencia y sabiduría. Aunque la filosofía, su gran pasión, siempre estuvo del otro lado del puente, al acecho, a mano. Ese sería su próximo destino.

Tomás Abraham hipnotiza con su prosa, a veces desarticulada y casi siempre desgarradora. Los sentimientos en bruto que expresa y el descenso a su lado más oscuro tocan su dolor de quien ha trabajado incansablemente por encontrarse a sí mismo. “Escribir no es vivir, ni revivir, por eso la autobiografía es un género de ficción, de inventiva, de creación”, expresa en sus últimas páginas. Pero es también una manera de descubrirse a uno mismo, de contarse quién fue y quién es.

Elegí algunos párrafos al azar, a los que nombré desde lo personal.

La Dificultad. El amor del padre. La indefensión. La pareja. El fracaso. El amor y el cuidado.

Dos (la selección)

La pareja. No es el matrimonio ni el noviazgo. Ser dos. Entrar en una confitería juntos. Ir al cine juntos. Salir juntos. Compartir el signo de la dignidad adulta del nuevo ideal de completud. La nueva sociabilidad argentina. La pareja se escapaba por la tangente de la tutela familiar. Todavía eran tiempos en los que el divorcio era una rareza. Además las parejas de jóvenes mantenían la virginidad mutuamente consentida. Las calenturas no tenían desahogo sino recarga. Recorríamos la ciudad solos los dos. Íbamos a Gotán a escuchar a Gelman y Cedrón. Al Lorraine a descubrir a Bergman, Fellini y Truffaut. Leíamos a Sartre y Simone de Beauvior. A Cortázar. Arlt. El sueño literario.

Brisa terminó el bachillerato con notas sobresalientes e ingresó a la facultad para estudiar Filosofía: peligro. Sentí el peligro. Sabuesos intelectuales merodeaban por las aulas y hacían ostentación de bibliografía seleccionada. El mercado era difícil. Todavía me debatía en la secundaria mientras ella era parte del mundo filosófico. Rostros con bigote en gancho, lentes prominentes, volúmenes pesados bajo el brazo, voces cavernosas, conversaciones cultas frente a pocillos de café, la armada letrada no carecía de artilugios para seducirla. Tantas cosas interesantes descubriría cada día.

Tres

Amar es cuidar. Cuando amaba cuidaba. Este amor-cuidado se daba con las personas y con todo lo que pudiera llegar a ser personificado como los animales y ciertos juguetes. Por eso sentía que mi mamá no me amaba, porque no me cuidaba, y que mi papá sí porque me cuidaba, a su modo, claro, como todos lo hacen, de un cierto modo.

Cuatro

Es la civilización la que ha generado la idea de la madre santa y la del padre proveedor. La indefensión infantil nos demora en un estado psicolactante un cuarto de nuestra vida, si es que no deriva en una estructura obcecada que lo perpetúa hasta la muerte.

Cinco

Pero el momento llegó. Apareció mi padre, al mediodía. Comieron en silencio, serios. Luego al living. Que fuera invitado al living era la antesala de la muerte. Como ser invitado una tarde a dormir en un ataúd. Todo era tan dramático. Una insoportable pesadez del ser. Las situaciones terminales abundaban. No se bromeaba. Nadie se burlaba de nadie. Mi padre sentía que siempre estábamos al borde de una crisis. Ante la frustración doméstica bramaba. Hambre de inmigrante que le dicen. Vivir bajo amenaza para un judío que no pudo tener juventud. En todo caso, ya no estábamos en Rumania sino en la generosa Argentina, y la opresión ya no era hitleriana ni estalinista sino meramente porteña.

Ingresé a la sala del juzgado en la que el juez dictaría la temida sentencia. Se precibía la aparición de algo rotundo, de un castigo doloroso, difuso, incierto. La silla eléctrica judía. ¿Qué pasaría una vez que mi padre se sentara con su porte de empresario joven, diestro en asumir todas las funciones de la autoridad, aun las más desagradables como despidos, suspensiones, regateos salariales, pago de proveedores, exigencias disciplinarias y conducta de los hijos?

Seis

Se dice que la tragedia se define por los amores prohibidos que se desencadenan en las familias. Los amores incestuosos. En las comedias estos amores se dan por malentendidos y picardías lícitas. En los culebrones, con las mucamas y las cuñadas. Pero en las tragedias, entre padres e hijos, o entre hermanos. Entre un padre y un hijo. Es fácil echarle la culpa a un padre por enamorarse de su hijo. ¿Qué culpa tiene el padre de no poder sacarle la vista de encima a un hijo?

Siete

Era tartamudo. No podía leer en clase. En realidad, lo hacía por pedido de la “señorita”. La quijada endurecida y la lengua pegada al paladar se resolvían más bien en gemidos. Tampoco escribía. Era un zurdo contrario. Varias sesiones con las manos atadas lograron acostumbrarme a aceptar que la otra mano estaba muerta para la escritura. Era como volver a nacer pero al revés. Alguien le había dicho a mi padre que si dejaba que su hijo escribiera con la mano izquierda se convertiría en un ser infeliz toda su vida.

Mariana Arias es periodista, licenciada en comunicación (UCA). Conductora en La Nación Más. Escribe en Lanacion.com y Perfil.com. Es productora y conductora en Radio Milenium #dimelotuaire (Martes a las 23 hs). Escribió: Dimelo tu, una conversación Íntima. Una recopilación de su programa Dimelo Tu, que condujo durante 14 años como entrevistadora de más de 500 personalidades. Y Una Mujer en La Mitad de La Vida, entrevistas sobre la problemática femenina.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 15 de marzo de 2019

Camino al este, comentado por Fernando Santillan

Camino al este
Javier Sinay
Tusquets

Uno (mi comentario)

En Camino al Este, Javier Sinay hace la crónica de un viaje en busca del amor. Cuando su novia argentina de antepasados japoneses gana una beca para estudiar en Japón el arte del té, el camino del té o Chado, él decide ir a buscarla en un viaje en soledad. Ella se llama Higashi, que en japonés significa “Este”, y él viajará 14.953 kilómetros, siempre hacia el Este, usando su oficio de periodista para indagar sobre el amor y sobre los viajes. Su camino tiene una parada especial en la ciudad de Grodno, en Belarús. Es la ciudad desde donde emigraron los antepasados de Sinay, su alter heim (old home, antiguo hogar).

¿Existe ya una literatura así, empezando por ejemplo con Everything is Illuminated de Jonathan Safran Foer, por ahí cerquita?) Aunque dice que viaja “en busca de una mujer” (p. 19), esa parada y los recuerdos sobre otras mujeres en su propia historia (Riva, Natalia, Inés) hacen de este un viaje no solo hacia el Este sino también hacia adentro, una reflexión sobre el origen (la reflexión sobre los antepasados propios y ajenos está siempre cerca) y sobre la vida y el camino del cronista. Los personajes y los temas que desfilan muestran la diversidad humana y la del amor: un chamán en Siberia; las historias de amor de un joven inmigrante de Gambia en Madrid; una pareja de actores porno en Barcelona; un inmigrante paquistaní que vende candados para que los enamorados los pongan en los puentes parisinos y una militante contra esa práctica. El amor se enlaza con la muerte (que al fin y al cabo es el final de un camino) en Berlín, en Ekaterimburgo – que “parece una continuidad de cementerios” (p. 181) – y en Irkutsk; y en Tokio vemos las extrañas costumbres de una zona roja donde se busca más hablar que tocar. El libro tiene por momentos temas de registro, con un idioma neutral o español que suena raro en un periodista porteño – “Muhammad se asentó donde unos amigos en Segovia” (p. 54), Riva “era de izquierdas” (p. 138) – y no todas las situaciones y los personajes tienen el mismo valor narrativo. Pero el texto es rápido, va de una situación hacia otra, de una ciudad hacia otra, y cuando nos preguntamos por el mérito de alguna cuestión siempre se recupera el sentido por la vía más obvia: el sentido es la dirección, el camino, el Este, Higashi: esa mujer que es origen y destino de este viaje.

Dos (la selección)

(Amor)

“Cuando me di cuenta de que había comenzado este viaje alrededor del mundo tan sólo para estar cerca de una mujer, me pregunté qué cosas hace la gente por amor y me propuse contar esas historias en cada uno de los sitios que recorriera. Pero la pregunta no estaba completa: el amor no es sólo el amor; es también la sexualidad y es el desamor y es la compañía y la soledad.” (p. 20)

Tres

(Soledad)

“Durante muchos años creí que ir solo no era la mío. A veces uno no sabe que está listo hasta que las cosas se imponen, y viajando solo, alejado de mis queridos, de mis objetos y de mi casa, pero también de mi pasado y de mi futuro, me encuentro con algo que se parece demasiado, para bien y para mal, a la esencia de mí mismo. Así descubro que estoy preparado para un trayecto que pocos se animarían a andar y, luego, que el camino me está transformando en un nómade astuto.” (p. 159)

Cuatro

(Este)

“En Alemania encontré por primera vez el Este: en los rubios, en los eslavos, en la sobriedad, en el Muro y en el viejo comunismo. Todo eso fue un cambio de paradigma, un nuevo mundo que apareció más allá de una cultura occidental en la que el individuo es un dios que hace lo que quiere. Ahora, cuando camino por Ulaanbaatar y veo por todos lados a personas tímidas y sencillas con el rostro muy redondo y los ojos muy rasgados, me doy cuenta de que me he adentrado mucho más en el Este. Como en Alemania, esto también ocurrió en un degradé lento y suave, tremendamente sutil, que sólo se deja ver cuando ya ha ocurrido.” (p. 233)

Cinco

(Grodno)

“¿Qué había entre España y Japón? Un país. O varios. Pero uno, especialmente. Uno que había querido visitar desde que descubrí que había sido el suelo enigmático de mis ancestros. Uno del que se sabía poco y al que entraban escasos aviones con turistas. Uno que, cuando llegaba a las noticias, parecía inverosímil. Belarús, Bielorrusia. La Rusia Blanca. Y ahí, Grodno: la ciudad donde vivió el abuelo de mi abuelo, y la que dejó para siempre cuando a fines del siglo XIX se embarcó hacia la colonia agrícola de Moisés Ville en Santa Fe, Argentina, América. Grodno, la joya de mi mitología personal. Yo tenía que ir ahí.” (p. 36)

Seis

(Diversidad)

“Viajo en el Tren Transiberiano en siete tramos, en total a lo largo de 5.793 kilómetros, y alcanzo latitudes situadas mucho más allá de Rusia. Llego a estar veintiocho horas a bordo. En el camino -o, mejor: en los vagones- conozco a tres parejas de argentinos (…); a John, un cantonés new rich que prueba delante de mí su primer plato de borsht (y no le gusta); a Slava y a Igor, dos entrenadores de boxeo que se emborrachan felizmente para pasar el tiempo; a Maxim, un estudiante enamorado; a un hombre místico que reza con una pequeña Biblia y me prohíbe que le tome fotografías; a otro, Slava, que administra un bar en Krasnoyarsk; a una rusa que da clases de surf en Bali; a Oyvind, un ingeniero noruego que a los 52 años se pregunta si es mejor vivir en el presente o planificar el futuro.” (p. 195-196)

Siete

(Camino)

“Teníamos muchas cosas en común con Higashi: los libros, la música, muchos amigos. El karate que yo practicaba era un do, como el Chado: un camino que se recorre buscando la perfección, sabiendo que nunca se va a alcanzar, donde lo que vale es el camino. Así que cuando ella me habló sobre la ceremonia del té, la encontré fascinante y comprensible.” (p. 313)

Fernando Santillan es politólogo y padre de tres hijas. Es aficionado al fútbol, el whisky y la literatura. Escribe en www.750aRetiro.blogspot.com y Flanders, su primera novela, está en imprenta. En Twitter es @santillanf.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 14 de marzo de 2019

Morir no es poco, comentado por Florencia Etcheves

Morir no es poco. Estudio sobre la muerte y los cementerios
Cristina Barile y Celeste Castiglione
Continente

Uno (mi comentario)

La muerte es un tema que desvela al hombre desde el principio de la humanidad. Existen todo tipo de análisis, representaciones, maneras de gestionar la falta, pero todo pareciera haber sido y ser una excusa para sobrellevar el miedo a lo desconcido, la pavura por llenar de sentido a ese espacio que todos dejaremos cuándo no existamos más en el plano físico ( si es que existe otro plano, claro).

Morir no es poco de Cristina Barile y Celeste Castiglione navega con rigor histórico sobre el estudio de la muerte y las representaciones colectivas que impactan y generan los vivos. Muertes de Estado, mártires, héroes; muertes de desesperados ( como llaman a quienes se suicidan), duelos y memorias. La tercera parte ahonda sobre los cementerios y los patrimonios funerarios de distintas ciudades de la argentina y latinoamérica. Cada capítulo es un ensayo documentado y sistemático con la virtud de que nunca llega a ser frío o distante. Se cuelan el respeto y el dolor por la pena que provoca la ausencia por muerte para individuos y sociedades.

Dos (la selección)

“Nuestras experiencias habilitan una respuesta a la pregunta inicial con otro interrogante: ¿por qué no estudiar la muerte? Es un tema social y cultural que merece el mismo respeto y rigor científico que cualquier otro, pero también sabemos que es mucho más que ello. La muerte es un objeto privilegiado para las representaciones colectivas que al mismo tiempo tiene efectos en la vida de los individuos. Ambas construcciones (macro y micro) están en un diálogo permanente y al mismo tiempo situadas en un determinado contexto histórico sociocultural. Esta síntesis articulada entre ambas, cargada de un sentido material y simbólico, es justamente nuestro cuerpo de estudio”. Página 11

Tres

“Como señala Vladimir Jankélévitch, existe un vínculo estrecho entre la desesperación y el quitarse la vida. Para el que no tiene más esperanza, cuando ya no es posible percibir una alternativa para poner fin al dolor, solo resta “la única solución que es la ausencia de solución”: darse muerte”. Página 75

Cuatro

“ En síntesis: el manifestar estar cansado, hastiado o aburrido en la vida era una forma de comunicar la desesperación sin dar a conocer aquello que resultaba incómodo, vergonzoso o escandaloso tanto para el suicida como para los integrantes de su red vincular. El suicidio era un hecho que muchos consideraban infamante, signo de cobardía y de ausencia de fuerza para luchar por la vida. Por este motivo, había circunstancias que no eran comunicadas, o solo era transmitidasa familiares y amigos con mucha discreción, sin que esta información fuera escuchada por oídos malintencionados y chismosos”. Página 87

Cinco

“El fallecimiento de Eva Duarte de Perón fue un hecho de máxima relevancia con múltiples consecuencias en el orden nacional pero también local, con manifestaciones de genuino dolor pero que, a su vez, hizo que se mantuvieran latentes las opiniones opositoras. Las características de los eventos desplegados para su velatorio y. entierro se identifican con los de un funeral de Estado. Hubo una irrupción en la rutina que no era posible ignorar ni por partidarios del peronismo ni por los opositores”. Página 94

Seis

“El cementerio puede ser considerado como un ámbito dedicado a la memoria y rememoración de lo que fue y de quienes ya no están, una contracara del olvido. La muerte como concepto y acto es parte esencial de la vida humana. La parcela en el ámbito funerario reconoce un espacio específico donde los familiares pueden rememorar y recuperar la identidad del muerto con diversas acciones. Por esta razón, las construcciones funerarias, por sus características sígnicas y formales hablan del muerto y se su contexto social”. Página 109

Siete

“Numerosas son las razones por las cuales es necesario conservar y difundir los estudios sobre la muerte y el patrimonio funerario. En primer lugar, se puede afirmar que los cementerios construidos durante los últimos dos siglos son conjuntos monumentales que reflejan diferentes momentos históricos de la sociedad que los erigió y los conservó. A su vez, han sido desde su orígenes, lugares de memoria e identidad, con un alto valor simbólico para la comunidad que los rodeaba, pero también fueron espacios de expresión artística. Finalmente, representan un testimonio material de los cambios ocurridos en torno a las ideas de la muerte y, como consecuencia, de la vida humana”. Página 145


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 13 de marzo de 2019

La calesita argentina, comentado por Natalia Zuazo

La calesita argentina
Nicolás Tereschuk
Capital Intelectual

Uno (mi comentario)

Si el formato Intratables de “hablar de política” siempre termina en el eterno retorno (la conclusión de que todos los gobiernos son iguales en hacernos padecer la vida cotidiana), en La calesita argentina el politólogo Nicolás Tereschuk se propone el desafío contrario. Su objetivo es tomar la madeja de lo repetido y tirar de sus hilos para ver qué nos dicen sobre nuestra identidad, recurriendo a autores clásicos y contemporáneos, a la historia y a experiencias que nos permitan salir de la conclusión obvia del que se vayan todos.

El libro tiene el valor de salir del ese aparente refresh de ideas que nos devuelve la ruedita de las redes sociales, donde siempre encontramos algo nuevo pero pocas veces algo novedoso de verdad. Con humildad, el autor dice no ser original en recurrir a lecturas (Platón, Maquiavelo, Perón, Bobbio, O´Donnel, Laclau, por citar algunos) previas para leer el presente. Sin embargo, en sus relecturas para interpretar algunas preguntas importantes de nuestros días (¿por qué a los proyectos populares les cuesta generar horizontes de futuro?, ¿se debilitó el kirchnerismo?, ¿se fortaleció el macrismo?), agrega lo que la era de la polarización no permite: terrenos un poco movedizos desde donde ver desde lejos, pero al menos ver algo más que lo habitual. Para lograr claridad, Tereschuk busca despejar algunas nubes que lo obsesionan: los ciclos políticos y sus causas, los límites (y la audacia) de los modelos, el timing de las políticas, la crítica a lo que lleva al campo popular a un reformismo que no termina de generar revoluciones. En definitiva, la calesita argentina es un libro que habla de paradojas, esos caminos que a veces que hay que recorrer con coraje para lograr llegar hasta un lugar mejor.

Dos (la selección)

“La mirada cíclica augura también una dificultad intrínseca. Cosas que no se pueden desanudar o resolver. Cuestiones que vuelven, que nos acechan. Gobernar la Argentina es una experiencia de enorme dificultad, aunque el optimismo del presidente Macri, de su entorno, de los grandes medios de comunicación, de los empresarios, del “mundo” durante sus primeros dos años de mandato parecieron olvidar esta noción que a algunos nos resulta tan clara.”

Tres

“De alguna manera, la idea de los ciclos no hace otra cosa que ponernos frente a la paradoja de que cuanto más se fortalece, cuanto más se despliega, cuanto más madura una determinada forma de gobierno, más se acerca al momento en que ya ha dado todo lo que se puede dar. No solo está más cerca de su decadencia, sino que más cerca está de abrir paso con su muerte a otro esquema de organización que bien puede tener características polares o contrarias a las que analizamos.”

Cuatro

“Por poner un ejemplo que nos interesa: el kirchnerismo siempre apostó por impulsar el consumo interno, incluso en momentos en que muchos economistas desaconsejaban ese curso de acción. Siguiendo algunas de las ideas que mencionamos aquí, podría pensarse que fue esa voluntad de fomentar el consumo lo que, por un lado, le permitió ser lo que fue: por caso, gobernar doce años, imponiéndose en tres elecciones presidenciales, un gran éxito político. Y, por otra parte, esa misma forma de ser del kirchnerismo puede pensarse como la que produce sus propios obstáculos, pensamos aquí en un engrosamiento de las clases medias que terminan exigiendo menos Impuesto a las Ganancias, más acceso a bienes de consumo durables importados y dólares en forma de billetes, más producción industrial con el consiguiente aumento de las importaciones de insumos, bienes de capital y partes, o incluso la compra de bienes extranjeros terminaos que tarde o temprano generaron problemas más que económicos para el kirchernismo. Desde este enfoque sería necesario pensar si es eso que está en el ADN kirchernista lo que a su vez generó el recambio hacia el macrismo y no hacia el propio kirchnerismo.”

Cinco

“Si avanzamos algunos pasos más, nos encontraremos con el problema de buena parte de los gobiernos del «giro a la izquierda» en la región para renovar horizontes de futuro de cara a la sociedad. Mi impresión es que, de alguna forma, este ánimo reactivo, minimalista, reparador pero no conquistador del pueblo genera serios obstáculos para transmitir un programa completo, una noción renovada de futuro, una promesa llena de imágenes –aunque más no sea- del porvenir, de modernidar, de apuntar a estar al día con lo que se lleva en el mundo. El sector social que tiene como programa máximo poner en caja –por un tiempo- a las elites, defenderse de un ansia de dominio potencialmente ilimitado, encuentra de manera recurrente dificultades para desplegar al mismo tiempo toda una cosmovisión, una estética que se retroalimente, que venda un mediano o largo plazo de brillo y esplendor al cual aspirar”

Seis

“(…) Perón hace explícita su idea de que lo que se trata es más bien de evitar una revolución que de hacerla. La mirada contiene postulados más bien módicos. No pocos dirán que contrarrevolucionarios o hasta conservadores. (…) Como si se tratara de una transacción –no de una imposición, de una conquista- Perón calcula en 30% el costo de este esquema de justicia social que pocos días después la Unión Industrial Argentina echará por tierra con duras críticas. Los propietarios sienten el discurso de Perón como una amenaza, aunque está lejos de tener una perspectiva desbordante, agresiva y de dominio. Supongamos por un instante que el peronismo sí tuvo ese humor en algunos tramos durante los diez años de gobierno en las décadas de 1940 y 1950. Que en algún momento tuvo un ansia de poder hasta agresiva. Y que logró exponer una cierta visión intelectual y moral de largo plazo: una ética y una estética válidas y potentes, incluso con rasgos de modernidad a través de la promoción del desarrollo industrial o científico-tecnológico soberano. Supongamos también que en algún momento de esa década se pasó de rosca en su épica y en su estética. Pensemos que más temprano que tarde algo de esa pulsión de dominio político se desbordó o se convirtió intolerable para las elites. Veamos qué ocurrió con el correr de la historia. Qué tipo de horizonte representó ese sector político y social.”

Siete

“En este contexto, el límite a la eventual hegemonía oficialista (*) parece estar tanto en la resistencia de los sectores subalternos como en las desavenencias entre los sectores dominantes. Los intereses de los sectores financieros y especulativos versus los de los productores de bienes. Los intereses de los sectores exportadores versus los de los importadores. Los intereses de los sectores bendecidos por las (des)regulaciones del gobierno de Macri versus las de aquellos perjudicados. Los intereses de los sectores que tienen más sillones ocupados con sus integrantes en puestos de gobierno versus aquellos que se ven más raleados en el elenco oficinal. Los intereses de los acreedores externos, grandes jugadores de Wall Street que no dudan en desprenderse de los papeles argentinos cuando la cosa viene mal, disparando así una vez más el riesgo país o derrumbando las acciones de compañías locales o haciendo subir el valor del dólar y los empresarios que tienen inversiones hundidas en el país. No parece existir una comunidad de negocios, un esquema que deje a todos los actores que se oponen al populismo conformes”

(*) de Macri

Selección y comentario por Natalia Zuazo, periodista de poder y tecnología, politóloga. Directora de la agencia tecnopolítica Salto. Autora de Guerras de internet (Debate, 2015) y Los dueños de internet (Debate, 2018).


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


Sie7e Párrafos | 12 de marzo de 2019

Los oficios, comentado por Selva Almada

Los oficios
Sara Gallardo
Excursiones

Uno (mi comentario)

La editorial Excursiones publicó hace poco Los oficios, una antología de artículos, columnas y entrevistas de Sara Gallardo publicadas en el diario La Nación, las revistas Atlántida y Claudia y el semanario Confirmado. Unos años atrás apareció Macaneos, sus columnas también publicadas en Confirmado. Ambos libros curados por el ojo experto de Lucía De Leone.

En la tradición de mujeres escritoras que escriben en diarios y revistas como Alfonsina Storni (Excursiones publicó hace unos años sus columnas bajo el título Un libro quemado), Olga Orozco o Clarice Lispector, en este volumen podemos leer a una Sara Gallardo variopinta que escribe desde conmovedoras postales de Alemania, el Muro de Berlín, los rastros del nazismo hasta destellantes polaroids que retratan gente del jet set, jeques árabes copando Mónaco, corredores de autos y el fenómeno de Maradona en Nápoles; pasando por reflexiones ácidas acerca de la escritura de las mujeres y consejos sobre qué hot pants están de moda esa temporada. Es un libro que tiene humor, ironía, pensamientos hondos, toma de posición sobre algunas cosas que pasaban entonces en el mundo (y que siguen pasando ahora). La pluma filosa de Sara Gallardo desplegada en un abanico lleno de matices.

Dos (la selección)

Nunca me interesó la literatura llamada “femenina”, la mentalidad de harem, la visión del ojo de la cerradura. Cuando una mujer logra su estilo valedero es porque pulió su ultrapercepción femenina en formas de rigor viril. No machista, no obscenidades ni palabrotas (así imaginan lo viril las mentalidades de harem puestas a jugar al macho) sino depuradas hasta conseguir diamantes: Virginia Woolf, Clarice Lispector, los ensayos de Cristina Campo (acabo de traducir dos para la revista Escritura). En ese orden deberían reimprimirse los ensayos de Carmen Gándara. He procurado ser directora y vigorosa en la mayoría de estos cuentos.

Tres

Es una visión terrible. Bloques sobre bloques de un hormigón gris sucio coronado por alambres de púa. En algunos trozos son casas abandonadas las que sirven de muro; los bloques grises ciegan las ventanas como tierra en los ojos de un cadáver. De trecho en trecho hay alguna plataforma con escalones de madera. Los berlineses suben y miran hacia el otro lado. Es la mañana de un domingo. Solitaria sobre una de esas plataformas, veo a una mujer que saluda con un pañuelito y después se lo lleva a los ojos. Coronas de hojas marchitas, cruces, señalan los sitios en que algún desconocido quiso huir y fue baleado. Y, siendo la humanidad como es, no faltan tiendas que venden postales y recuerdos de “el muro”.

Cuatro

Un sitio elegido por lindo, por dos especies de cipreses extraordinarios, y que resultó vecino al reposo de Calvino. Del liceo de la adolescencia a la catedral de las exequias y a la tumba, el círculo se cierra. En la ciudad donde a los 14 años vio por primera vez las estrellas, Jorge Luis Borges a los 87 abrió los ojos al resplandor que evoca en uno de sus poemas: “Ahora sé que debemos entrar en la muerte, como quien entra en una fiesta”.

Cinco

Llegaba, no le gustaba el desorden de mis papeles, con razón, pero no lo decía, los muebles de la casita eran negros con nácar, victorianos y chinescos de su abuela; acercábamos sillones al ventanal, o a la chimenea, según el mes; Cecil se escondía sorteando el charco que la gotera inmortal creaba en la sala. Rosado, alegre, aceptaba un vaso de vino blanco. La noticia era que el último sábado del mes habría un baile de disfraz, o el miércoles daría una comida “de largo”. ¡De largo! Las mujeres allí vivíamos de sport. Dios mío. Pero el miércoles, zapatos de seda en mano, botas en pies, bajábamos por el barro a El Paraíso. Adentro esperaba la belleza: floreros arborescentes, platos de porcelana, fuegos prendidos.

Seis

“Donnas” devotas de Santo Domingo, o no tanto. Al salir de misa en la vieja basílica aporreada por las balas del hereje cañón invasor inglés, y aún presentes en sus torres, o al salir de la novena, o simplemente si pasan por la calle Defensa al 500, dirijan una mirada a la antigua y sonrosada Chocolatería Suiza (año 1848). Mostrador de mármol con grifo y lavacopas, estatua también marmórea, hornos de cuatro metros. De estos salen los domingos las mejores empanadas de hojaldre (carne, dulce, pescado) y los merengues de chantilly que los devotos y no tanto compran a mediodía. Los Paz Anchorena, “de los mejores clientes”, nunca dejan de llevar postres de almendra. La cosa es así: don Ricardo Calvo y Espelosín fue empleado del segundo dueño; el primero era un suizo. Hoy está él. Hay además un pastelero español desde hace un cuarto de siglo, que extrae delicias de los susodichos hornazos, que alimenta con leña de quebracho y trabaja con utensilios de antaño, pailas de cobre, cacerolas de hierro, que otorgan un gustito peculiar a las cosas. Amemos sus yemas quemadas, brazo gitano con huevo mol, los célebres panes dulces genoveses con receta secular, las roscas de almendra, budín inglés y todas las bellezas.

Siete

La vocación no se insinúa, es una certeza. Cualquier palabra referente a la literatura oída o leída por esa chica que yo era, a los ocho, once años, encontró su recepción, su alojamiento natural. La vocación es así. Ni en sueños ni proyectos: una certeza tranquila. La vocación es uno mismo.

Selva Almada, Entre Ríos, 1973. Es la autora de El mono en el remolino. Notas sobre el rodaje de Zama de Lucrecia Martel (2017), Chicas muertas (2014) y El viento que arrasa (2012) entre otros libros. Su obra está traducida al francés, alemán, portugués, holandés, turco y sueco.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 11 de marzo de 2019

Bombo, el reaparecido, comentado por Brian Majlin

Bomba, el reaparecido
Mario Santucho
Seix Barral

Uno (mi comentario)

Hay un fusilado que vive, oyó Rodolfo Walsh en 1956 antes de salir a la caza de la historia y, cuando Operación Masacre acabó siendo lo que fue, cazó definitivamente a la Historia: su obra dio, a la vez, inicio a una tradición de no ficción que legó ríos de tinta en todo el mundo. Bombo, el libro de Mario Santucho, abreva en esa tradición. Hijo de quien fuera el líder máximo del PRT-ERP, se entera de que, en 2013, 40 años después de su desaparición, llega al poblado tucumano de Santa Lucía el Bombo Avalos, un militante improbable -pobre, sin estudios- de la guerrilla tucumana. Esa sombra -un desaparecido es un hueco, pero un aparecido fugaz solo hace sombra- absorbe a Santucho y entonces sí, va en busca de cazar la historia.

Santucho se vale de su cercanía, aunque toma distancia -que al principio solo olvida por momentos  y que acaba disuelta en la emoción familiar- respecto de su padre y la historia de sus camaradas. Con el vigor de una pluma entrenada en la producción periodística de calidad, recoge testimonios y rearma esa historia en busca del eslabón perdido de la argentinidad moderna: el desaparecido que vive.  

Con notable fluidez se embarca en la investigación periodística, a la que rega de conceptualizaciones y sentencias -estudiadas, precisas- sobre lo que, a sus ojos de sociólogo, cada etapa histórica significó para el país. Lejos de idealizar la lucha armada, recoge las ensoñaciones revolucionarias con mirada crítica, por momentos emotiva, y revisa lagunas olvidadas de un período largamente revisado, aunque últimamente vaciado de sentido. Aspira a la rebelión de los rebeldes y recoge del pasado la enseñanza.

Dos (la selección)

Lo primero que debe decirse sobre Julio Ricardo Abad es que casi nadie lo conoció por su nombre legal. Nació a mediados del siglo veinte en una comarca azucarera del sur de Tucuman y desde pibe lo llamaron Bombo Avalos. A los dieciséis años se incrusto un colmillo de oro y antes de llegar a la mayoría de edad se enroló en el Ejército Revolucionario del Pueblo, donde alcanzó el grado de capitán. Allí lo rebautizaron con el nombre de guerra Armando. A finales de 1976 fue secuestrado por efectivos del Ejército argentino. Desde entonces su memoria se perdió en el ultramundo de la desaparición física. Hasta que en 2013 reapareció como un espectro fugaz en su Santa Lucia natal. Y las preguntas se precipitaron.

Tres

Bombo comienza a sentirse cómodo. Algo le inspira seguridad. Una tenue brisa infantil, quizás ancestral, le reafirma que está en su lugar de origen. De repente, esa famosa voz que ≪viene de adentro≫ habla por el. Lo desboca. ≪.Ustedes saben quien soy?≫, pregunta. Los ojos saltones del Zurdo se achinan. Ramona se pone rígida de suspenso e intriga. El mismo no había calculado el advenimiento de este instante límite. Sabe que está dando un paso sin retorno. ≪Soy el Bombo Avalos≫, anuncia y sonríe.

Cuatro

Pila Albarracín recuerda con resentimiento a aquel muchacho a quien crió. Lo considera responsable de la catástrofe familiar. Pero admite que tenía una ≪inteligencia barbara≫. Hablaba como si estuviera leyendo un libro.

Cinco

No sabemos cuando ni por que el Bombo Avalos se sumergió en la aventura revolucionaria, aunque la posibilidad estaba en el aire. La liquidación del ingenio motivó una rápida pauperización económica y Santa Lucía quedó ≪mostrenca≫: de golpe la autoridad tradicional depuso sus atribuciones y con ella el destino del pueblo languideció.

≪Mostrengo≫ es también el título de un breve poema de Fernando Pessoa. Cierto monstruo que vivía en las profundidades del océano, enojado porque una nave oso ingresar a las cavernas donde se ocultaba, lanzó intimidantes gruñidos contra el desprevenido marinero. El barquero tembló y dijo: ≪Aquí, al timón, soy más que yo./ !Soy un Pueblo que quiere el mar que es tuyo! / Y más que el monstruo que a mi alma aterra / y rueda en las tinieblas del confín del mundo,/ manda la voluntad que a este timón me aferra≫.

A los dieciocho años el Bombo eligió desafiar al monstruo y se internó en las honduras del monte. .De donde extrajo fuerzas para asumir semejante riesgo? Hay momentos en que la toma de conciencia política conlleva altas dosis de insensatez. Es como si te impulsara una fuerza mas grande, quizas insondable. Un afán de trascendencia. Algunos vecinos de entonces aseguran que un animalito inculto y salvaje como el Bombo, así lo recuerdan, no podía pretender tomar el cielo por asalto. Que el móvil debe haber sido el dinero. Circula aún hoy la fábula de que los combatientes del ERP tiraban manteca al techo y pagaban jornales. La suspicacia sobre sus verdaderas motivaciones revolotea incluso entre quienes llegaron de afuera a inocular el foco. El muchacho no tenía experiencia laboral, no había pisado antes un sindicato, carecía por lo tanto de disciplina. Era un fiel exponente del sector más atrasado del proletariado. Una pregunta resuena hace anos en las universidades globales: .puede hablar el subalterno? La respuesta casi siempre emerge en el lenguaje de las armas.

Seis

Su nombre corría de boca en boca entre los habitantes como un susurro maldito. En cada acción guerrillera aparecía su figura, que se agigantaba. Le atribuían la capacidad de burlar a los guardianes de la ley una y otra vez, incluso con pases cuasi mágicos. Entre las propias fuerzas de seguridad el Bombo estaba convirtiéndose en una obsesión y en un oscuro objeto de deseo. Pero la buena estrella del pequeño ejército loco pronto comenzaría a nublarse. Y la familia Abad pagaría cara la osadía del hijo rebelde.

Siete

Aquella fría y lluviosa tarde de lunes Armando leyó en un diario vespertino la noticia menos esperada. Los principales dirigentes de la organización estaban muertos o, peor aún, en poder del enemigo. Sintió que se acercaba el final de la gesta revolucionaria. Aunque la conciencia lo negara (≪había que insistir en la lucha, la victoria llegará al final de un camino largo y difícil, muchos ofrendaron la vida en tributo a las generaciones por venir≫), en los más íntimos recovecos de su sensibilidad algo se quebró. Por primera vez palpito el sentido de una idea que nunca había considerado: la derrota. Y el agotamiento poco a poco impone su ley. El desenlace era cuestión de tiempo.

Brian Majlin es periodista, docente y politólogo.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 8 de marzo de 2019

¿Quién mató a Nisman?, comentado por Diego Rojas

¿Quién mató a Nisman?
Pablo Duggan
Planeta

Selección y comentario por Diego Rojas, periodista y escritor.

Uno (mi comentario)

Si bien la justicia en la Argentina está teñida por la sospecha de la poca probabilidad de su realización, la muerte del fiscal Alberto Nisman le agregó especulaciones magnicidas, teorías conspirativas y horas de discusión mediática y en las veredas. Desde 2015 –cuando el titular de la Unidad Fiscal de Investigación sobre el atentado a la AMIA falleció– el periodismo tuvo un rol protagónico permanente y no ahorró energías a la hora de esgrimir las conjeturas más estrafalarias (desde la acción de killers iraníes y venezolanos en el domicilio del fiscal a la postulación de un asesinato llevado a cabo para callar a la verdad). ¿Quién mató a Nisman? es el libro periodístico de Pablo Duggan que, a través de casi 600 páginas, recorre expedientes, pericias y testimonios que indagan en los acontecimientos que culminaron con la muerte del hombre que había denunciado por encubrimiento en atentado a la AMIA a la entonces presidenta Cristina Fernández y que debía declarar en el Parlamento acerca de la gravísima acusación. Un día antes, falleció.

El “¿Quién mató…” tiene su origen en las novelas pulp (de tirada masiva y producción industrial) del policial negro estadounidense pero en la Argentina adquirieron otro significado a partir de ¿Quién mató a Rosendo?, el clásico de Rodolfo Walsh: ese título es el santo y seña de producciones periodísticas que buscan justicia. El libro de Duggan tiene, en este sentido, un doble camino ya que el caso Nisman tuvo diversas instancias judiciales con resultados distintos: la última indica que el fiscal fue asesinado. Duggan desanda esta conclusión, la desmonta mediante la exploración y publicación de los materiales oficiales que constan en la causa judicial, que incluyen mensajes de whatsapp emitidos y recibidos, conversaciones telefónicas posteriores a la muerte de Nisman, la transcripción de las conclusiones de la autopsia y los peritajes realizados por expertos. También trata de indagar en la polémica personalidad del fiscal, los sobresueldos cobrados, su relación con acompañantes VIP y el trato despótico con sus subordinados, además de su gran soledad. Un elemento novedoso es la inclusión de una causa de acoso telefónico, sexual y soez que indica como responsable a Nisman.

Una consecuencia de las intervenciones mediáticas sobre el caso Nisman fue que se convirtió en un elemento más de “la grieta” y sus adeptos de un lado y otro se posicionaron sobre su muerte a veces sin demasiada razonabilidad. “El Doctor Bisman tenía, digamos contra la presidenta, y lo que dijo tenía todo confirmado, todo cierto, o sea que él estaba apuesto a todo, o sea que puso el pan sobre la mesa, al pan pan, al vino vino, sobre las cartas la mesa, y con mucha verdad, nada de mentira”, fueron las palabras de una mujer que sostenía la hipótesis del asesinato y por ello se manifestaba. Quizás, el libro de Duggan (que, antes de ser republicado por Planeta fue autoeditado por el autor) sirva para disminuir la confusión.

Dos (la selección)

Como era de esperar, eso no ocurrió: ni la Policía Federal ni el Cuerpo Médico Forense participaron de las pericias realizadas por Gendarmería. El fiscal federal volvió a fojas cero dando una motivación basada en datos inexactos, nombró a nuevos peritos y mandó a hacer todas las pericias de nuevo. Adiós Policía Federal y adiós Cuerpo Médico Forense. Empezó todo de nuevo. La razón saldrá a la luz cuando la pericia se presente. La pregunta que debe hacerse es: ¿puede Gendarmería hacer una pericia de estas características? ¿Está mejor preparada que el CMF y la Policía Federal? La respuesta es contundente: no. Hay un abismo de diferencia entre la capacidad y experiencia de los médicos del CMF y lo de Gendarmería. Los del CMF realizan más de cuatro mil autopsias por año, son los que más experiencia tienen en todo el país. Y los de Gendarmería no hacen autopsias regularmente, muy rara vez participan de una reautopsia. Cada distrito tiene su CMF que hace autopsias. Gendarmería no tienen experiencia en eso.

Tres

La relación de Nisman con estas mujeres adquiere relevancia por dos motivos. Uno es el nivel de gastos que exhibía el fiscal en sus tarjetas de crédito. Era excesivamente alto para sus ingresos en blanco. La mayoría de esos gastos tenían que ver con compras en casas de ropa femenina y de accesorios como carteras y alhajas. ¿Cómo solventaba todos esos gastos un fiscal con un sueldo que no superaba los 90.000 pesos por mes? El otro aspecto relevante era la voracidad sexual del fiscal, la superficialidad de esas relaciones y el vacío emocional que parecía afectarlo. Estos elementos pueden sumar datos a una compleja personalidad. En sus últimas horas, ninguna de estas chicas estuvo cerca de él. Intercambió algunos mensajes con varias de ellas, pero siempre fueron superficiales y de ocasión. El tipo de relaciones que procuraba con el sexo opuesto no lo aportaba más que soledad.

Cuatro

Niz llega hasta la puerta del baño del dormitorio principal. Intenta abrirla pero no lo logra. Algo la traba desde el interior. Solo puede abrirla unos centímetros. Ve que en el piso hay sangre. Por el lado de las bisagras de la puerta hay un resquicio que permite ver algo del interior. Armando Niz ve claramente al fiscal Nisman inmóvil en el piso.

-¡Acá está! ¡Acá está!- grita el custodio.

Sara está detrás suyo. Intenta abrir la puerta, pero no puede hacerlo. Decide no forzarla. Apenas se asoma y alcanza a ver un gran charco de sangre. Se aparta shockeada. De inmediato, decide llamar al servicio de emergencia de Swiss Medical.

Cinco

En otro momento del programa Lanata dice que él siempre pensó que había sido un homicidio y que, cuando vio que la llevaron a la madre a la casa, se terminó de convencer. Dice:

“Si vos te cargaste al tipo, llevar a la madre para que reconozca la escena es la mejor forma manera de blanquear todo, metés ahí a una persona nerviosa, afectada por la situación, que te va a decir todo que sí. Y le hacés firmar lo que sea y después la mandás a la casa”.

Es evidente que no conoce todo lo que ocurrió el domingo 18 de enero hasta que entraron a la casa de Nisman. Nadie llevó a la madre, su intervención fue a instancias de las colaboradoras más cercanas y de mayor confianza del fiscal. A partir de la aparición de la madre, es ella quien da las órdenes, quien decidió cómo entrar a la casa, quien se manifestó contraria a romper la puerta, quien llamó al cerrajero, quien -una vez dentro- controló la escena del hecho, estuvo presente en cada pericia en la casa, contó la plata encontrada, inspeccionó el automóvil y se retiró a las siete de la tarde del día lunes 19 de enero llevándose la plata encontrada y un pedazo de carne, cuando ya lo principal y prioritario se había hecho. También fue la primera en negar el suicidio, los dichos de Lanata tienen poco que ver con lo que ocurrió en realidad. Estos hechos, sobre los cuales tiene información errónea, son los que lo convencen del asesinato.

Seis

Alguien tiene mala memoria. Pero esto no es todo: hay una tercera versión, la del chofer de la ambulancia. Este testimonio es interesante. Facundo Cardozo es un personaje especial. En su declaración contó que luego de haber participado en este caso se tuvo que tomar una licencia psiquiátrica por diez meses, al cabo de los cuales lo echaron de Swiss Medical porque le pedían que se reincorporara y él no quería hacerlo. Luego de eso, se fue a vivir a Córdoba. Más adelante sabremos por qué. Esto es lo que contó Cardozo:

“La enfermera Jésica se asomó de nuevo por la puerta y dijo ‘acá hay un arma y tiene un disparo en la cabeza’. Cuando dijo eso se revolucionó el ambiente, y alli la madre preguntó ‘¿¿se suicidó??’ y allí la abrazó a la otra mujer y le dijo ‘es por lo de la mañana, no aguanto la presión’. Allí el jefe de prefectura les pidió a todos que salgan y clausuró el lugar. (…) Que cuando Jésica dice que había un arma y entre la gente dicen se suicidó y el custodio le dijo al dicente que se suicidó, ahí ya empieza a pensar de otra manera, que ya no es un servicio de ambulancia ni un código rojo, sino que es un suicidio, entonces uno lo toma de otra manera. (…) Uno de los custodios le dijo al dicente que Nisman se suicidó porque no tenía pruebas para lo del otro día. Que el custodio era una persona de pelo oscuro, de camisa, de unos 50 años, contextura robusta”.

Siete

El viernes, almuerza con un periodista y lo visitan funcionarios de la UFI-AMIA en su casa. Nisman ofrece una falsa postura de seguridad. Sigue la preparación de su presentación en el Congreso. Nisman le recrimina a su encargado de prensa el no haber estado con él el miércoles. Se descarga como en su costumbre. Cuando lo dejan solo, vuelve a comunicarse con Mazzino muy preocupado; Jaime no le atiende el teléfono. Lleva tres días llamándolo sin éxito. Mazzino no tiene respuesta para el destrato de Stiuso. Nisman cree que sigue enojado. Lo ha dejado solo.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 7 de marzo de 2019

Mi descubrimiento de América, comentado por Telma Luzzani

Mi descubrimiento de América
Vladimir Maiakovski
Entropía

Uno (mi comentario)

Viaje en prosa, de la mano de un poeta excepcional, “Mi descubrimiento de América” es uno de los más bellos libros de viaje que se hayan escrito. Vladimir Maiakovski -viajero, sociólogo, conquistador- narra su breve estadía en Cuba y México y su larga visita a varias ciudades de Estados Unidos a fines de 1925 y comienzos del 26. La Guerra Fría no estaba en la mente de nadie y la guerra mundial no tenía número ya que había habido una sola y única.

Maiakovski -cronista maravillado, analista político- descubre el “otro mundo”, el del capitalismo feroz. Recorre con su mirada de revolucionario soviético la América colonial y todavía prostibularia en Cuba; la América mestiza en México y la deslumbrante pujanza de Estados Unidos que ya exhibía claramente sus bellezas y atrocidades. Los ruidos que aturden, los trenes y subtes que asombran; el culto al dólar; la ley seca; los dobles discursos; la contaminación; el submundo obrero y sus luchas; su predilecta Broadway y los semáforos (que para él aún no tienen nombre y los llama “luces de tráfico”) todo pasa por el escrutinio agudo del escritor. La cuidada edición de “Entropía” –con tapa escarlata como el pasaporte soviético al que alude Maiakosvki en su poesía inicial- hace todavía más delicioso este viaje en prosa de la mano de un poeta excepcional.

Dos (la selección)

Estuvimos parados un día entero. Cargamos carbón. En Venezuela no hay y lo necesitamos para viajar durante seis días: la ida y la vuelta por el golfo de México. A los pasajeros de primera entregaron en los camarotes, sin demora, pases para bajar a tierra. Los comerciantes, en trajes de seda blanca, salieron corriendo, excitados, con docenas de maletines: llevaban muestras de tiradores, cuellos, gramófonos, fijadores y corbatas rojas para los negros. Regresaron de noche borrachos, presumiendo de los cigarros de dos dólares que les habían regalado.

De la segunda clase bajaron sólo aquellos seleccionados. Dejaron partir a la tierra a los que le caían bien al capitán. Casi todas eran mujeres. De la tercera clase no dejaron bajar a nadie: se quedaron plantados en la cubierta, subiendo ananás con sogas en medio de los chirridos y el estrépito de la succión del carbón, del polvo negro mezclado con el sudor pegajoso.

Tres

Un guachupín es un español. En los quinientos años pasados tras la invasión de Cortés, esta palabra se ha desdibujado, ha perdido su fuerza. Pero gringo Sigue sonando como una cachetada. Cuando las tropas estadounidenses invadían México, iban cantando

Green grow

the rushes, oh!

Era una antigua canción de soldados y sus primeras palabras han derivado en un apodo despectivo.

Una anécdota: un mexicano va con muletas. Acompaña a una mujer inglesa. Se encuentran con un hombre que la mira y grita:

-¡Gringa!

El mexicano deja la muleta y saca un Colt.

-¡Trágate tus palabras, perro, o te voy a llenar de agujeros ahora mismo!

Hizo falta media hora de disculpas para mitigar un insulto muy fuerte e inmerecido. Por supuesto, no es correcto que este odio a los gringos identifique a cualquier estadounidense con el explotador. Este concepto erróneo y perjudicial de la nación ha paralizado la lucha de los mexicanos en numerosas ocasiones.

Cuatro

Ante algunos pasaportes,

una sonrisita en los labios.

Ante otros,

un desprecio unánime. (…)

Y

de pronto,

como si quemara.

el señor tuerce la boca.

Es que…

el señor funcionario toma

mi pasaporte escarlata.

Lo toma

como una bomba,

lo toma

como a un erizo,

como si tomara una navaja afilada,

lo toma

como a una serpiente de cascabel de veinte aguijones.

Vladimir Maiakovski

Versos al pasaporte soviético

Cinco

La ciudad, que emerge desde el océano, con sus sofisticadas construcciones y avances técnicos sobrecoge más que la naturaleza extravagante de México con sus plantas y su gente. Entré en Nueva York por tierra, me di de frente con una estación pero, a pesar de venir preparado después de tres días de viaje por Texas, abrí los ojos como platos.

Durante muchas horas el tren fue volando al borde del río Hudson, a dos pasos del agua. Del otro lado se veían más vías al pie de las Bear Mountains. El flujo de vapores grandes y pequeños se hacía cada vez más denso. Los puentes saltaban por encima del tren con frecuencia. Las paredes -de astilleros, centrales de carbón, instalaciones eléctricas, fundiciones de acero y fábricas farmacéuticas- se alzaban delante de las ventanillas tapando la vista cada vez más seguido. Una hora antes de llegar a la estación, te adentras en un bosque interminable de chimeneas, tejados, paredes de doble altura y las vigas de acero de las vías del ferrocarril elevado. Los techos de las viviendas se van alzando un piso a cada paso. Al final, los edificios se elevan como si fueran los muros de un pozo, con ventanas como cuadrados, cuadraditos o motitas. Por más que levantes la cabeza, no se ven los tejados. Esto aumenta la sensación de estrechez, parece que estuvieras frotando la mejilla contra los muros. Confuso, te desplomas en tu asiento: no hay esperanza, tus ojos no están acostumbrados a ver esto; entonces aparece Pennsylvania Station.

Seis

En Nueva York muchas cosas sólo sirven de adorno, están ahí para impresionar. El Camino Blanco es para impresionar, Coney Island es para impresionar, incluso el Woolworth Building de cincuenta y siete pisos es para dejar con la boca abierta a los provincianos y a los extranjeros.

Chicago vive sin ostentación. El barrio de los rascacielos espectaculares es angosto, presionado hacia el borde del lago por el macizo de la Chicago fabril. Esta ciudad no se avergüenza de sus fábricas, no las esconde en los suburbios. No se puede vivir sin pan, así que McCormick exhibe sus fábricas de maquinaria agrícola con más naturalidad -no, incluso con más orgullo- del que muestra París cuando exhibe su Notre Dame.

No  se puede vivir sin carne y no tiene sentido pavonearse con el vegetarianismo; por eso en el centro de la ciudad está el corazón sangriento, el matadero.

Siete

Nueva York. que impresiona tanto a los que entran en la ciudad, que quedaba atrás agitando pañuelos.

El Metropolitano Building giró con sus cuarenta y tantos pisos. dejando pasar la luz a través de sus ventanas simétricas. El nuevo edificio de la central telefónica se dispersó como una pila de cubos. El nido de rascacielos de alejó y quedó visible en su totalidad: el Benenson Building de unos cuarenta y cinco pisos, dos cajas de corset más cuyos nombres desconozco; las calles, las hileras de trenes elevados, los agujeros del subterráneo se acabaron junto con el muelle del South Ferry. Después los edificios se fundieron en un risco almenado por encima del cual se elevaba, a modo de chimenea, el Woolworth Building de cincuenta y siete pisos.

La matrona estadounidense de la Libertad alzó el puño en un gesto amenazador, tapando con el culo la cárcel de la Isla de las Lágrimas.

Estamos en el océano, de regreso. Durante veinticuatro horas no hubo ni balanceo ni vino. Estábamos en las aguas territoriales de los Estados Unidos, donde se aplicaba la ley seca. Luego aparecieron ambas cosas. La gente se cayó y ya no pudo levantarse.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 6 de marzo de 2019

Los escombros del progreso, comentado por Ezequiel Adamovsky

Los escombros del progreso
Gastón Gordillo
Siglo XXI

Selección y comentario por Ezequiel Adamovsky, historiador.

Uno (mi comentario)

Los escombros del progreso, de Gastón Gordillo, es una de esas obras infrecuentes por su valor y lo novedoso de sus enfoques. Se trata claramente de una obra de madurez, síntesis de muchos años de investigaciones etnográficas en el norte de nuestro país, pero a la vez de ambiciones amplias, capaz de dialogar con una literatura global que trata de pensar los modos en los que las sociedades humanas nos relacionamos con la experiencia del tiempo y de la destrucción del espacio que viene generando la modernidad capitalista, especialmente en las periferias. Gordillo analiza los afectos y significaciones que se ponen en juego en los escombros que deja el “progreso”.

Escombros vale en un sentido abarcador. No son ruinas en el sentido que le damos habitualmente, son escombros, desechos del progreso, que van desde edificios coloniales derruidos y pilas de piedras hasta galpones industriales recientes que el cambio en las políticas económicas volvió obsoletos, pasando por los restos humanos, las acumulaciones de huesos que afloran en determinados territorios, vestigio de violencias masivas de la colonización y del Estado sobre los cuerpos de los indígenas. El autor analiza la gama de afectaciones que esos escombros del progreso producen hoy en los habitantes: nostalgia, miedo, sentido de conexión con un pasado remoto o reciente. Se entronca así con el “giro afectivo” que desde hace algunos años viene experimentando las ciencias sociales, con autores que vienen llamando la atención sobre el hecho de que el comportamiento humano no puede comprenderse del todo partiendo de un interés exclusivo por la racionalidad de los individuos o por los condicionantes estructurales, siempre mediados por el plano discursivo. Porque tanta importancia como esos aspectos tiene otro mucho menos atendido, que refiere a las maneras en las que los cuerpos se relacionan entre sí en tanto tales. Personas, animales, objetos inanimados, la geografía: todos esos cuerpos materiales entran en vinculación cotidiana, afectándose mutuamente de modos que van más allá del registro consciente y del lenguaje. Se bloquean, se conectan, se impulsan, se dan calor, se golpean, se hacen vibrar, se mueven juntos o en sentido contrario, se acarician, se dan miedo, se atraen. El “giro afectivo” de las ciencias sociales plantea justamente la pregunta por los efectos que tienen las relaciones físicas sobre la vida social. Lo de “afectivo” entra aquí en su doble acepción: refiere a los modos en los que un cuerpo afecta a otro, pero también y por ello mismo, por las formas de afecto que pueden generar los cuerpos al vincularse físicamente. Los escombros del progreso es una contribución fundamental a esas preguntas y también a otras, como las que tienen que ver con la experiencia del tiempo o la heterogeneidad étnico-racial de una nación como la Argentina, que ha preferido imaginarse como exclusivamente blanca y europea.

Dos (la selección)

Irónicamente, llegué al sudeste de Salta con la idea de empezar un estudio etnográfico sobre ruinas. Los escombros que tenía en mente no eran los generados por las empresas de agronegocios, sino por historias más antiguas ligadas al colonialismo español, como los vestigios de fuer- tes y misiones jesuíticas. Pero pronto me di cuenta de que no era posible separar las ruinas más antiguas de las más recientes, y no sólo porque las topadoras mezclaran viejas y nuevas formaciones de escombros. En esta confusión de rastros de distintas épocas, la misma noción de “ruinas” comenzó a parecerme inadecuada e incluso problemática para comprender el presente. En los cuatro años siguientes me dediqué a recorrer una región relativamente amplia de la provincia de Salta y también partes de Jujuy y Santiago del Estero, investigando el legado espacial, social y afectivo de múltiples formas de destrucción. Esta experiencia me enseñó que una de las maneras más esclarecedoras de examinar las ruinas en sus múltiples formas es de sintegrarlas conceptualmente y tratarlas como escombros. Esto me obligó a pensar los escombros como objeto y como concepto.

Tres

La vasta literatura sobre el tema ha demostrado que “las ruinas” son una invención conceptual de la modernidad y de sus esfuerzos por presentarse como un corte con el pasado. David Lowenthal ha mostrado cómo esta actitud creó una nueva sensibilidad histórica que imagina el pasado como “un país extranjero”, distinto del presente. “Ya no es la presencia del pasado lo que nos habla, sino su preteridad” (Lowenthal, 1985: xviii). La preteridad del pasado se cristaliza en el esfuerzo de presentar a las ruinas como objetos separados del presente. Y la preocupación de la modernidad por la decadencia –y, sobre todo, por el intento de superar la decadencia mediante la trascendencia– convierte a las ruinas en objetos reificados que deben ser preservados y reverenciados. Debido a esto, desde finales del siglo XIX numerosos estados nación han petrificado su visión hegemónica del pasado en “ruinas”. Las ruinas que se estiman valiosas son lugares a ser protegidos de la decadencia que los constituye, como parte de un proceso que, al marcarlos como antiguos, pone de relieve la modernidad del presente. Este gesto, como observaba Nietzsche (1997) responde a una actitud de “anticuario” que “momifica” el pasado. En el siglo XXI esta momificación de las ruinas ha alcanzado proporciones planetarias. La industria del patrimonio ha convertido a innumerables ruinas en lugares escrupulosamente administrados donde los visitantes pagan para contemplar una reliquia que se les ordena fotografiar pero no tocar. Estas ruinas son objetos sin vida ni supervivencia: cosas muertas de un pasado muerto cuyo supuesto valor histórico se origina en tiempos remotos. El secreto mejor guardado por la industria del patrimonio es que sus ruinas son escombros que han sido fetichizados.

Cuatro

Benjamin escribió sobre el concepto de “pervivencia” (Nachleben en ale- mán; afterlife en su traducción al inglés) para referirse a aquellas obras de arte y textos cuya vida se prolonga en sus traducciones, y puso énfasis en que la vida no debe limitarse a lo “físico orgánico” sino a “todo aquello de lo que hay historia”. “Pues al fin y al cabo”, escribió, “el ámbito de la vida ha de determinarse partiendo de la historia, no de la naturale- za” (1968: 71). Por eso puede pensarse que objetos como los escombros pueden continuar teniendo una supervivencia (afterlife) después de ser abandonados, o incluso una “historia” propia. Y esta pervivencia de los escombros está determinada por la historia y las constelaciones que se traman a su alrededor. El lugar que los pobladores de la zona llaman “la iglesia de La Manga” es un ejemplo de este poder vital y afectivo de los nodos de escombros.

Cuando visité la iglesia de La Manga con Alfredo por primera vez, supuse que el lugar había estado abandonado durante al menos dos siglos. La vegetación que cubría las paredes parecía exudar una tempo- ralidad antigua y prístina: la confirmación de que esa “ruina jesuítica” había permanecido congelada en el tiempo, desconectada de lo que la rodeaba. Este era el espejismo de “la ruina” como abstracción: mi propia proyección sobre ese lugar de la muerte social que la industria del patrimonio asocia a las ruinas en tanto reliquias, cuyo valor se reduce a lo que sucedió allí en un pasado lejano y muerto, borrando de su superficie cualquier evento ocurrido desde entonces. Mi imagen de un lugar donde la historia se había detenido se evaporó cuando me enteré, por los lugareños, de que el edificio había sobrevivido durante tanto tiempo no porque hubiera estado abandonado sino porque la gente se había apropiado del lugar como una iglesia criolla y lo había reparado parcialmente a lo largo de varias generaciones. En visitas posteriores, noté que varias secciones de las paredes tenían ladrillos de fabricación más reciente. También descubrí por qué Alfredo había dicho que allí se organizaban “fiestones”.

Cinco

A pesar de su diversidad social, la región que se extiende desde Metán hasta Joaquín V. González está definida por una estructura de sentimiento puntuado por presencias fantasmales tan sutiles como recurrentes. En sentido estricto, la experiencia de sentirse acosado por una ausencia es distinta de la memoria porque no es reducible a un relato lingüísticamente articulado. Este acoso es, por el contrario, un afecto creado por una ausencia que ejerce una presión no discursiva sobre el cuerpo, difícil de explicar pero que es no obstante positiva, lo que convierte a esa ausencia en una presencia física que se siente y tiene el poder de afectar. La mayoría de los lugares están definidos de una u otra manera por ausencias con diferentes niveles de intensidad, como lo demuestra el poder de la ausencia de las torres gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York. El asedio espectral que define la frontera del sudeste salteño es que se trata de una región “sin indios” que, sin embargo, no es indiferente a su ausencia debido a esa doble presencia que persiste hasta hoy: las ruinas de los lugares que otrora definieron la frontera y el que buena parte de la población reconoce tener “sangre indígena”.

Seis

¿Cuál es la naturaleza afectiva de la presencia espectral de los indios en el espacio regional y en las sensibilidades corporales criollas, varias generaciones después de la conquista del Chaco? ¿Qué es, en primer lugar, un “indio”? Axel Lazzari (2010) argumenta con razón que la respuesta a esta pregunta no puede sino comenzar con el argumento de Guillermo Bonfil Batalla, cuando afirma que “indio” es una categoría estructural propia de una situación imperial que significa “no-como-nosotros”. Lazzari añade algo crucial: el no-como-nosotros es siempre “un fantasma y un fetiche, la fugaz contrafigura materializada del Estado de Civilización; su doble desdoblado; su alteridad radical y su construcción” (2010: 23). Esta reificación “doblemente doble” se vuelve aún más fugaz en el sudeste de Salta, donde los indios son fantasmas en un doble sentido: primero, como contrafiguras arquetípicas que se hacen aún más espectrales por su ausencia, a menudo afirmada por comentarios que aducen que los indios “todavía existen” pero siempre “en otro lado” (casi siempre acompañados por una mano que señala hacia el este, hacia el corazón del Chaco); y en segundo lugar, como fantasmas debido a cómo la gente es afectada por escombros y huesos dejados por los indios y por la percepción criolla de que ellos son sus ancestros salvajes.

Siete

Jacques Derrida argumentó que el espectro es el retorno permanente de lo ausente y que este retorno es espacialmente omnipresente, pues el fantasma está en potencia en todas partes y “viene de todas partes”, y prolifera en “una muchedumbre de espectros a los que ya ni siquiera se les puede asignar un punto de vista: ellos invaden todo el espacio” (1995: 152). En el sudeste salteño este asedio del legado indígena invade potencialmente todos los lugares. En las zonas rurales, por ejemplo, la gente respondía a menudo a mis preguntas sobre los indios del pasado refiriéndose a la permanencia de sus rastros materiales: objetos que afloran a la superficie alrededor de las casas, en el monte o en las inmediaciones de los arroyos: puntas de flechas o trozos de cerámica que quedan al descubierto en las orillas erosionadas de un río o al excavar un pozo. El hecho de que el terreno está potencialmente saturado de restos dejados por los indios les recuerda a los pobladores criollos que su desaparición no ha sido total. Pero estos restos también hacen manifiesta la magnitud de la ausencia indígena.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Sie7e Párrafos | 1 de marzo de 2019

Los que sueñan el sueño dorado, comentado por Leila Guerriero

Los que sueñan el sueño dorado
Joan Didion
Random House Mondadori

Uno (mi comentario)

Este es uno de los pocos libros que jamás está en mi biblioteca. Lo tengo a mano, en la mesa de luz o el escritorio, y recurro a él -como quien recurre al I-Ching- cuando, escribiendo, necesito atrapar un tono escurridizo o una atmósfera esquiva. Lo abro por cualquier parte y la prosa de Didion siempre tiene el mismo efecto benéfico: una combustión espontánea que se traduce en el deseo compulsivo de escribir.

Dos (la selección)

“Tres o cuatro tardes por semana íbamos a sentarnos en las sillas plegables del oscuro barracón de chapa de acero que hacía de cine, y fue allí, durante aquel verano de 1943, mientras fuera soplaba un viento tórrido, donde vi por primera ver a John Wayne. Lo vi caminar y oí su voz. Le oí decirle a una chica en una película titulada En el viejo Oklahoma que le iba a hacer una casa ” en el recodo del río donde crecen los álamos”. La verdad es que al crecer yo no me convertí en la clase de mujer que protagoniza una película del Oeste, y aunque los hombres a los que he conocido han tenido muchas virtudes y me han llevado a vivir a muchos sitios, nunca han sido John Wayne, y nunca me han llevado tampoco a ese recodo del río donde crecen los álamos. Pero en las profundidades de mi corazón donde cae eternamente la lluvia artificial, esa sigue siendo la frase que yo espero oír.”(John Wayne: Canción de amor, 1965).

Tres

“Es fácil ver los principios de las cosas y no tan fácil ver los finales. Por ejemplo, ahora me acuerdo, con una claridad que hace que se me encojan los nervios del cuello, de cuándo empezó Nueva York para mí, pero no puedo discernir con precisión el momento en que se terminó, nunca consigo saltarme las ambigüedades y los arranques en falso y las resoluciones traicionadas hasta llegar al punto exacto de la página en que la heroína ya no es tan optimista como lo fue en el pasado. Cuando vi por primera vez Nueva York yo tenía veinte años y era verano, y me bajé de un DC-7 en la vieja terminal provisional de Idlewild con un vestido nuevo que en Sacramento me había parecido muy elegante pero que ya no me lo parecía tanto, ni siquiera en la vieja terminal provisional de Idlewild, y el aire cálido olía a moho, y cierto instinto, programado por todas las películas que había visto y por todas las canciones que había cantado y por todos los relatos que había leído sobre Nueva York, me informó de que ya nada volvería a ser lo mismo. De hecho, nunca volvió a serlo”. (Adiós a todo aquello, 1967)

Cuatro

“Lo único que yo hice en aquel apartamento fue colgar cincuenta metros de teatral seda amarilla a modo de cortinas para el dormitorio, porque se me ocurrió que la luz dorada me haría sentirme mejor: el problema es que no me molesté en poner pesos a las cortinas, de manera que los largos paneles de seda dorada transparente se pasaron todo aquel verano volando por las ventanas y enredándose y empapándose bajo las tormentas vespertinas. Aquel fue el año, mi vigésimo octavo año, en que descubrí que no todas las promesas se iban a cumplir, que hay cosas que de hecho son irrevocables y que a fin de cuentas todo había contado: hasta la última evasión y postergación, hasta la última equivocación y la última palabra, todo” (Adiós a todo aquello, 1967).

Cinco

“Tres, cuatro y hasta cinco días al mes me los paso en la cama con migraña, insensible al mundo que me rodea. Y casi todos los días de todos los meses, entre ataque y ataque, siento esa repentina irritación irracional y ese flujo de sangre a las arterias cerebrales que me hacen saber que la migraña está de camino, y entonces me tomo ciertos fármacos para impedir que llegue. Si no me tomara esos fármacos, sería capaz de funcionar tal vez un día de cada cuatro. En otras palabras, ese error fisiológico llamado migraña es un hecho central en la vida que me ha tocado. Cuando yo tenía quince años, o dieciséis, o hasta veinticinco, pensaba que me podía librar de ese error simplemente negándolo, imponiendo el carácter sobre la química. “Sufre usted dolores de cabeza  a veces? ¿Con frecuencia? ¿Nunca?”, me preguntaban los distintos formularios de solicitudes. “Marque una casilla”. Recelando de la trampa, deseando aquello queme fuera a reportar el circunnavegar con éxito aquel formulario en concreto (un trabajo, una beca, el respeto de la humanidad y la gracia de Dios), yo marcaba la casilla “A veces”. Mentía. El hecho de que me pasara un día o dos por semana casi inconsciente por el dolor me parecía un hecho vergonzoso que no solo revelaba una inferioridad química, sino también todas mis malas actitudes, mi temperamento desagradable y mis ideas equivocadas”. (En la cama, 1968)

Seis

“Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir. La princesa está enjaulada en el consulado. El hombre de los caramelos se va a llevar a los niños al mar. La mujer desnuda que está en la cornisa de la ventana del piso dieciséis sufre acedía, o bien es una exhibicionista, y sería “interesante” saber cuál de las dos cosas es cierta. Nos contamos a nosotros mismos que no es lo mismo si la mujer desnuda está a punto de cometer pecado mortal, o bien si se dispone a realizar una protesta política, o bien si está a punto, en la perspectiva aristofánica, de ser devuelta a la fuerza a la condición humana por el bombero vestido de sacerdote que se entrevé en la ventana de detrás de ella, el mismo que está sonriendo a la cámara fotográfica. Buscamos el sermón en el suicidio y la lección moral o social en el asesinato de cinco personas. Interpretamos lo que vemos, elegimos la más practicable de las múltiples opciones. Vivimos completamente, sobre todo los escritores, bajo la imposición de una línea narrativa que une las imágenes dispares, de esas “ideas” con las que hemos aprendido a paralizar esa fantasmagoría movediza que es nuestra experiencia real”. (El álbum blanco, 1968-1978).

Siete

“El día en que conocí a Linda Kasabian en el verano de 1970 ella iba peinada con raya en medio, estaba sin maquillar, llevaba colonia Blue Grass de Elizabeth Arden y ese uniforme azul sin planchar que les dan a las reclusas de la Penitenciaría para Mujeres Sybil Brand de Los Ángeles. Estaba encerrada en la Sybil Brand para su propia protección, esperando a que le llegara el momento de testificar por los asesinatos de Sharon Tate Polanski, Abigail Floger, Jay Sebring, Voytelk Frykowski, Steven Parent y Rosemary y Leno LaBianca, y en presencia de su abogado, Gary Fleischman, me pasé una serie de tardes hablando allí con ella. De aquellas tardes recuerdo sobre todo la aprensión que sentía al entrar en la cárcel, al abandonar aunque fuera durante una hora las infinitas posibilidades que de pronto yo percibía en el crepúsculo estival”. (El álbum blanco, 1968-1978)

Leila Guerriero es periodista y editora. Su trabajo se publica en diversos medios de América Latina y España. Publicó los libros Los suicidas del fin del mundo; Frutos extraños; Plano americano, Una historia sencilla, Zona de obras. En 2010, su texto “El rastro en los huesos”, publicado en El País Semanal y Gatopardo, recibió el premio CEMEX-FNPI. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, el alemán, el francés, el polaco, el portugués y el italiano.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 28 de febrero de 2019

Las clases de Hebe Uhart, comentado por Lucía Álvarez

Lucía Alvarez es socióloga y periodista. Publicó "Mayo 68. La revuelta francesa y sus huellas en Argentina" (Ariel, 2018). Se desempeña como Directora General Estudiantil de la Universidad Nacional de San Martín y es docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de esa universidad.

Las clases de Hebe Uhart
Liliana Villanueva
Blatt y Rios

Uno (mi comentario)

No hay escritor, hay personas que escriben, nos dice la voz de Hebe Uhart a través de los apuntes de Liliana Villanueva, su alumna-escriba, en este libro dedicado a pensar la literatura, los secretos del cuento y de la crónica, el modo de recuperar el habla de la gente, de construir diálogos y diálogos internos, personajes y metáforas. (…)

No hay escritor porque escribir, para Hebe, es una extraña artesanía. Requiere de paciencia y de constancia, no de actos de inspiración o virtuosismo. Un escritor debe escuchar y mirar abiertamente y eso se aprende, dejando de lado la vanidad, la crítica, el rencor. Así, las notas de Villanueva sobre el taller de Hebe nos van presentando una ética para el oficio de escribir, en tanto se trata de un labor que es al mismo tiempo íntima y pública. Una ética donde la duda le gana al juicio, el detalle a los conceptos, los “peros” a los adjetivos, lo cotidiano al exotismo, y a través de la cual podemos reflexionar sobre la escritura pero también sobre nosotros mismos y nuestro tiempo.

Dos (la selección)

El proceso de escribir plantea todos los problemas de cualquier tarea artesanal. Hay dudas, hay dificultades, hay preguntas, hay cosas mal resueltas que hay que arreglar, hay momentos de avidez, hay momentos en que sí se escribe y hay momentos en los que no tenés ganas de escribir (…) Lo que hacemos es un trabajo, una tarea, una especie de artesanía, cierto que se trata de una rara artesanía. Si hago un texto mal hecho o una silla de tres patas o una mesa sin terminar, demuestro falta de interés o apuro por publicar. Primero hay que sembrar un campo grande y después ver qué cosechamos. Se va escribiendo de a poco, así como uno va viviendo de a poco lo que a uno le pasa. No debo apurarme ni tener ansiedad, sólo debo preocuparme en escribir, como decía Isak Dinesen, ‘un poco cada día, sin esperanza y sin desesperación.

Tres

Todo arte es el arte de escuchar. Cuanto más miro, más salgo de mi prejuicio. Es difícil mirar lo real sin postergar el juicio, pero para escribir es necesario hacerlo. Muchas veces la gente no mira lo real, no miramos lo que hay. Flannery O’Connor habla de la mirada de lo concreto, dice que no se puede crear compasión desde la compasión. Si uno escribe ‘qué triste me siento’ no sirve, hay que mostrar esa tristeza. Si uno pone que un personaje que aparece solo un segundo tiene que saber para qué lo pone. Si no, no lo pongo. O’Connor decía: ‘el escritor está buscando una imagen que conecte, combine o encarne dos puntos; uno está arraigado en lo concreto, el otro es invisible a simple vista, pero el escritor cree firmemente en él, y es tan innegablemente real como el punto que todo el mundo ve’. Cuanto más se mira el mundo, más se ve.  

Cuatro

¿Por qué hacemos juicios rápidos? Porque nos da angustia mantenernos en la duda. Para escribir, el juicio rápido no sirve. Si yo digo de un personaje ‘es un aparato’, no digo nada, tengo que especificar qué clase de aparato es. Si digo ‘me molesta’, ‘no me gusta’, ‘no existe’ o ‘me molesta porque existe’ o ‘es un fantasma’, lo niego, son expresiones rápidas que no definen al personaje. Para escribir debo mantenerme en una duda razonable, quedarme un poco antes del concepto, de la crítica, del juicio rápido.

Cinco

Para escribir se necesita ocio, pero en nuestra sociedad el ocio está visto como nefasto. Hay gente que juega a las cartas ‘para matar el tiempo’, pero lo único que somos, como decía Schopenhauer, es tiempo. Uno cosifica el tiempo como si estuviera fuera de uno. La conexión con el presente, estar a tono con el mundo exterior, es importante. Si no puedo escribir, tengo que soportarlo, hasta que venga un momento mejor. La decisión no es abstracta, tiene un sustrato vital que es el deseo. Pero ¿qué es el deseo? Lo difícil es encontrarse con el propio deseo, aunque todo razonamiento o abstracción en la que me empeño es el deseo de hacer algo. Cuando uno se encuentra en un estado que se prolonga, cuando espera algo desde afuera y está en suspenso, se produce una pérdida del sentido de la vida. La postergación, entonces, me contamina todo, contamina la vida misma.

Seis

Al escribir no hay que dar mucha información, hay que eludir, sugerir, no explicitar. Hay que ponerse en la escritura, no dar una muestra de lo que puedo o soy capaz de hacer y listo. Se trata de entrar más en el sujeto que piensa, siente, hace, sin temor a ser sentimental o ridículo. Si no queda bien, después se poda.
No debemos engolosinarnos con las palabras, ni con los adjetivos redundantes, ni con las frases importantes. Al escribir no hay que quedarse en un concepto, hay que quedarse a unos pasos del concepto, un poco antes, sin llegar a él. Hay que darse tiempo y no cerrar. Ahí, en ese lugar antes del concepto, está la literatura, lo que nos hace ver, lo que abre las ventanas. Ahí y no en la frase conclusa, inteligente, pedante. Hay que desconfiar de las frases hechas, de los lugares comunes y de los conceptos terminados.

Siete

Para Sócrates, la verdad se arma en el diálogo con sus discípulos. En la democracia griega uno es parte de un todo, la verdad se busca entre todos. El que dialoga, desarrolla su capacidad de proyectarse en los otros y vence por convicción. En la perspectiva troyana el hombre se pone en el lugar del otro, pero para eso, para ponerme en el lugar del otro, tengo que escucharlo. La falta de diálogo implica falta de justicia. Todo tiene que ver con el espacio común.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 27 de febrero de 2019

La Caja Topper, comentado por Ana Wajszczuk

Editora y periodista. Colaboradora freelance en Harper´s Bazaar, Radar, Oh La La, Clase Ejecutiva, La Nación Revista, Sophia, Clarín.

La Caja Topper
Nicolás Gadano
Seix Barral

Uno (mi comentario)

La infancia tal vez no acabe nunca, pienso mientras termino de leer La Caja Topper. Tal vez queda guardada en algún lado hasta que nos la volvemos a topar de golpe -asi sea a los cincuenta años-  con la fuerza de un meteorito venido de otro planeta. Guardada, por ejemplo, en una caja de zapatillas como la que recibe Nicolás Gadano a la muerte de su madre, repleta de cartas, casetes, recortes, memorabilia de una vida en común que se transforman en indicios con los cuales el protagonista –como un detective de sus propios padres, le robo la frase a Lola Arias- quiere lograr un imposible: hablar con la madre que ya no está y con el padre que está pero se niega a hablar (al menos en los términos que el hijo quiere). (…)

Ya hace tiempo que los “hijos de los 70” vienen construyendo una narrativa con la historia y el tiempo de sus padres -la clandestinidad, la militancia, el terrorismo de Estado, la desaparición- como puntapié para indagar en la propia historia y el propio tiempo: Félix Bruzzone, Laura Alcoba, Mariana Eva Pérez, entre otros. A esta genealogía Gadano suma con La Caja Topper una historia poco contada hasta ahora: la de los “argenmex”, esos chicos nacidos o criados en el exilio mexicano de sus padres militantes, que regresaron con la democracia a la Argentina para encontrarse con un país que, por supuesto, no era el que habían idealizado durante tantos años. “El desexilio, lo peor del exilio”, escribe.

La Caja Topper es un libro donde sobrevuela cierta ingenuidad. El chico que el autor fue está presente en cada párrafo, adherido como una calcomanía al adulto que hoy es. Ingenuidad, también, porque por un lado está la voluntad del protagonista -a pesar de fallar una y otra vez-  de creer que el pasado es un rompecabezas que puede reconstruirse si se consigue encajar las piezas, si se encuentra la fecha exacta; y por otro porque se sigue haciendo la pregunta por los padres que cuando somos chicos es en lo íntimo una certeza disfrazada de esperanza, sea cual sea la vida que hayan tenido: ¿fueron mis padres superhéroes? ¿Lo soy yo -tenga la vida que tenga- en consecuencia? Nicolás Gadano vuelve a Krypton a buscar esa respuesta. Y vale la pena leer lo que allí encuentra.

Dos (la selección)

Las cartas para mi vieja de la caja Topper tienen muchos remitentes, debe haber más de veinte. Hay muchas de mi viejo, de mi abuela, de todas las épocas. También de mis tíos y tías, de amigas y amigos.
¿Debería entregárselas a los autores? Con el paso del tiempo: ¿quién es más dueño de una carta? ¿El que la escribe o el que la recibe? ¿Son parte de la herencia de mi mamá? Las cartas que más me interesan son las mías, las que yo le escribí. Ahí estoy yo con trece, quince, veinte años. Estoy seguro de que estas cartas me las voy a quedar.

Tres

«Esto es un sueño», digo al comienzo de la carta del 26 de enero. En esos primeros días estaba muy entusiasmado con Buenos Aires, casi eufórico. Pero enseguida dudo, me corrijo, me enredo con la palabra y sueño y su significado: «Bueno, primero pensé que acá estaba en un sueño, y ahora pienso que México fue un sueño y que ahora me acabo de despertar». Así sería. Todavía no lo sabía, pero el sueño había terminado, y la Argentina del ‘83 se parecía mucho a una pesadilla. La idealización transmitida por mis viejos en los años fuera del país estaría muy lejos de la realidad que nos tocó vivir. Durante muchos meses, todas las noches me iría a la cama para soñar con México, deseando no despertarme.

Cuatro

A veces pienso en mi vida de estos años -una pareja estable, la crianza de los hijos, el desarrollo laboral, los amigos- y la comparto con el vértigo en el que estuvo envuelto mi viejo en esa misma etapa: la clandestinidad, la doble vida, el riesgo de muerte. La mayor parte de los días elijo esta vida sin sobresaltos y pacífica. Pero hay momentos en los que siento un vacío, el peso del tedio, la ansiedad. La extraña añoranza de poner la vida en riesgo.

Cinco

Clandestinidad es una palabra que me atrae y me atemoriza. Representa el mundo peligroso del que siempre quise salir, pero a la vez se me aparece como si fuera el símbolo de lo que verdaderamente vale la pena. Como si lo otro, la vida diaria, el trabajo, la familia, todo lo que hacemos a la luz, fuera simplemente la puesta en escena que oculta a un verdadero yo subterráneo y clandestino.

Seis

En el sueño me llevó mucho tiempo decidir la relación entre los colores y las décadas. No con el azul y los ochenta, eso no se discute. Los ochenta son años azulados. Pero el color rojo ¿no estaría mejor en los setenta? ¿Es el rojo de la pasión, o el rojo que detiene al verde, el rojo de lo prohibido, de lo que no hay que hacer? Quizás el rojo, tan polémico, merezca ser reemplazado por un color más inocuo, con menos significados.

Siete

Voy a la caja Topper a leer nuevamente las cartas que mi viejo le mandó a mi mamá en esos días de 1983. Encuentro dos cartas que escribió durante su viaje de vuelta. Una de las cartas está fechada en Lima el 15 de febrero de 1983, y la otra la escribió en el avión que lo llevaba de Jujuy a Buenos Aires el 18 de febrero. «¡Ya salimos para Buenos Aires, ya salimos!», le contaba a mi mamá lleno de entusiasmo y excitación desde el avión.
La gente que me ve, ve un señor normal aunque quizás sorprendida la que me oye decir periódico o maleta. Pero yo no soy un señor normal, porque todos mis sentidos están abiertos, como rosas recién levantadas,  y lo absorben todo.
Me encuentro al borde de los cincuenta y escribo sobre lo que mi viejo escribía a mi edad. Como él, espero ansioso que se abran finalmente las compuertas, con miedo a perder la sensación de que hay cosas extraordinarias que me quedan por vivir. Yo tampoco quiero ser un señor normal; quiero una vida singular, con los sentidos abiertos como rosas recién reventadas.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 26 de febrero de 2019

¡Sálvese quien pueda!, comentado por Alejandro Melamed

¡Sálvese quien pueda!
Andrés Oppenheimer
Debate

Uno (mi comentario)

Andrés Oppenheimer realiza un trabajo de investigación y propuesta, focalizado en el futuro y el trabajo. A partir de una serie de entrevistas y encuentros con los principales referentes globales del tema, y recorriendo los centros especializados más importantes en América, Europa y Asia, en su libro logra sintetizar la realidad y los potenciales escenarios de los trabajos en general y pone la lupa sobre sobre determinadas actividades. (…)

Luego de un primer (y muy holístico) capítulo introductorio, va recorriendo en cada uno de los siguientes el futuro de:

  • Los periodistas
  • Los restaurantes, supermercados y tiendas
  • Los banqueros
  • Los abogados, contadores y aseguradores
  • Los médicos
  • Los docentes
  • Los trabajadores manufactureros y los transportistas
  • Los actores, músicos y deportistas

Para cerrar con dos capítulos referidos a los trabajos del futuro – revisando temas como el ingreso básico universal- y las diez áreas de los trabajos del futuro.
Es un libro llevadero, lleno de experiencias y testimonios, bien documentado y con múltiples referencias. Lo enriquece poder escuchar las voces de los principales protagonistas, que han sido entrevistados personalmente por Andrés Oppenheimer.

Dos (la selección)

Desde que un estudio de la Universidad de Oxford pronosticó que 47% de los empleos corren el riesgo de ser reemplazados por robots y computadoras con inteligencia artificial en Estados Unidos durante los próximos 15 o 20 años, no he podido dejar de pensar en el futuro de los trabajos. ¿Cuánta gente perderá su empleo por la creciente automatización del trabajo en el futuro inmediato? El fenómeno no es nuevo, pero nunca antes se había dado tan aceleradamente. La tecnología ha venido destruyendo empleos desde la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII, pero hasta ahora los seres humanos siempre habíamos logrado crear muchos más fuentes de trabajo que los que habíamos aniquilado con la tecnología. ¿Podremos seguir creando más oportunidades de las que eliminamos?

Tres

Varios economistas antes de Frey y Osborne ya habían alertado en años recientes sobre los posibles efectos disruptivos de los robots y la inteligencia artificial. Sus argumentos eran que, a diferencia de los avances tecnológicos del pasado, la tecnología ahora está avanzando de manera exponencial, cada vez más acelerada. Según la llamada ley de Moore -basada en un artículo de Gordon Moore, el cofundador de Intel, de 1965- la capacidad de las computadoras aumenta 100% cada 18 meses, lo que significa que el poder de las computadoras aumentará alrededor de 10 000% en 10 años. Y eso cambiará el mundo mucho más que en las últimas décadas, entre otras cosas porque la aceleración tecnológica ocurrirá no sólo en el campo de la computación, sino también en el de la biotecnología, la robótica y la nanotecnología.

Cuatro

El célebre economista John Maynard Keynes advirtió sobre el desempleo tecnológico a comienzos de la década de 1930, pronosticando que el mundo sufriría un gran desempleo industrial porque “el descubrimiento de formas de reducir costos laborales está avanzando más rápidamente que nuestra capacidad de crear nuevas ocupaciones”. También el presidente estadounidense John F. Kennedy señaló en la década de 1960, cuando empezaban a difundirse las computadoras y los robots en las oficinas y las fábricas, que uno de los principales desafíos del mundo venidero sería “mantener el empleo de todos en momentos en que la automatización está reemplazando a los hombres”. Sin embargo, estas advertencias resultaron equivocadas: la tecnología siempre terminó creando más trabajos de los que aniquiló, dicen los optimistas.

Cinco

“Hoy día, 99% de los estadounidenses que viven por debajo de la línea de pobreza tienen electricidad, agua potable, servicios sanitarios y un refrigerador; 95% tiene un televisor; 88% tiene un teléfono; 71% tiene un carro y 70% tiene aire acondicionado. Esto puede no parecer gran cosa, pero hace 100 años hombres como Henry Ford y Cornelius Vanderbilt estaban entre los más ricos del planeta, aunque tenían pocos de estos lujos”, señalan.

Seis

¿Cuál fue mi conclusión tras entrevistar a algunos de los principales futurólogos del mundo? Una de mis principales conclusiones, además de las que citaré en el último capítulo, fue que algunos empleos dejarán de existir, pero la gran mayoría de los trabajos no desaparecerán, sino que se transformará. Muchas de las cosas que hacemos hoy serán hechas por las máquinas inteligentes. Eso requerirá que nos actualicemos mucho más de lo que lo hemos hecho hasta ahora, y que en muchos casos nos reinventemos. Pero no hay duda de que muchos perderemos nuestros trabajos. El gran problema para todos, como personas y como países, será cuán traumática será la transición de un mundo de trabajo humano a otro donde estará cada vez más automatizado.

Siete

Cuándo los jóvenes me piden consejos sobre qué estudiar y les digo que sigan la carrera que más les guste, se los digo por experiencia propia. Cuando yo era un adolescente y buscaba un lugar en la vida, sabía que quería ser periodista, que no era una profesión bien remunerada, ni lo es actualmente. Pero era mi pasión desde los 13 años, cuando comencé a escribir en cuadernos escolares diarios de viajes imaginarios inspirados en National Geographic y otras revistas. Probablemente mi pasión por el periodismo y la política me vino desde niño, en mi Argentina natal, porque tenía un abuelo político -yo lo llamaba “el concubino” de mi abuela, porque nunca se casaron y vivían en casa de mi abuela- que era escritor y diputado. Yo pasaba casi todos los días por su casa, de regreso de la escuela, y estaba fascinado por el mundo de libros y periódicos entre los que vivía. Y me deslumbraba su estilo de vida: escribía por las mañanas, dormía la siesta después del almuerzo, y varias veces por semana tenía visitantes en la casa con quienes entablaba apasionadas discusiones sobre los temas políticos del momento hasta altas horas de la noche. De niño miraba todo eso como magnetizado: me parecía mucho más divertido que trabajar de 9:00 a 5:00 en un banco o en una compañía de seguros.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 25 de febrero de 2019

La final de nuestras vidas, comentado por Marcela Mora y Araujo

Periodista. Ha publicado en medios de todo el mundo. Vive entre Londres y Buenos Aires. Hace más de dos décadas que explica a la Argentina y a la sociedad a través del fútbol. Traductora de la autobiografía de Diego Maradona al inglés, y co-autora de la autobiografía de Osvaldo Ardiles.

La final de nuestras vidas
Andrés Burgo
Planeta

Uno (mi comentario)

“Cuando el Pity Martínez se largó a correr, todos los hinchas de River […] ya habíamos perdido el eje”: con esa primera frase digna de Hunter Thompson, Andrés Burgo abre una crónica épica que hilvana con amor de hincha y pluma de periodista las diversas tramas que se pusieron en juego durante los cuarenta días que duró el martirio de la super archi final de las finales, la Copa Libertadores del 2018. (…)

Aunque la mirada ‘gallina’ sostiene el relato de principio a fin, esta es una lectura para hinchas de Boca también, y de hecho para todos los hinchas de fútbol. En este sentido hay una universalidad parecida a la que evoca Nick Hornby con Fiebre en las Gradas; un sinceramiento de esa entrega irracional y hermosa del fana a su club -a su equipo, como distingue Burgo- salpicada de detalles y anécdotas que millones de seres humanos sobre el planeta reconocerán.
Pero no es un libro de fútbol nada más: es una crónica que explica los matices y problemáticas desencadenadas a lo largo de esos 40 días, con su clímax dramático el 24N, y su final digno, a pesar de lo indigno, en Madrid dos semanas después.
Desde la histórica rivalidad de los dos clubes hasta la explicación minuciosa de las distintas teorías que llevan a que la final se traslade a Madrid, Burgo explora la postura de los políticos, las internas de los clubes, el rol de los barrabrava … la pasión con la que el hincha logra perdonar o disculpar o de cierta manera ignorar los problemas de la violencia así como también el operativo policial y las internas entre la Policía Federal y de la ciudad.
Sin ser una investigación sobre la realidad política ni un reportaje de policiales, tampoco un libro de táctica que aísla a quienes no le interese el fútbol, y sin tampoco tratar de definir o dar respuesta a tanto que no tiene respuesta, Burgo deja fluir sus palabras logrando una crónica absolutamente personal, cuyo rigor en cubrir todas las bases resulta en una lectura deliciosa, llevadera, hipnotizante para todo aquel que tenga interés en este fenómeno social y cultural que traspasó los umbrales del campo de juego de una manera burda y exagerada, y se convirtió en un incidente global y un negocio multimillonario acaparando la atención del mundo durante 40 días.
Dudo que haya sido su intención y quizás a Burgo hasta le moleste enterarse, pero en muchas ocasiones en una oración se puede reemplazar la palabra ‘River’ por ‘Boca’ sin perder vigencia o veracidad. Hasta la corrida del Pity compartimos mucho de lo que aquí se detalla.
Elegir apenas seis párrafos para citar fue un desafío ya que cada uno es imperdible. Al terminarlo uno entiende más esos 40 días de agonía, desesperación, miedo y asco si se quiere, que nos despertaron a una realidad que no puede seguir siendo así. Yo soy como Donofrio: no creo en las grietas, ni siquiera en las grietas del fútbol y este libro puentea esa grieta casi imperceptiblemente y deja ver que lo que le pasó a River y lo que le pasó a Boca es lo que le pasa al fútbol argentino.

Dos (la selección)

Todo ocurrió en diez segundos. Los fenólicos cayeron y mis piernas se enredaron contra los metales. Intenté mantener el equilibrio, pero trastabillé y di contra el piso. Mientras guardaba, o eso creí hacer, la entrada en el bolsillo, tuve terror de que la policía me pegara un bastonazo o que uno de los hinchas que desfilaban como toros de San Fermín me atropellaran. La suerte es cuestión de centímetros y esta vez me jugó a favor. Cuando me levanté, abombado por el combo de la caída y el gas pimienta -y tal vez por la tarta de verdura que había almorzado en el chino-, me alejé unos metros del estadio. En el medio de Figueroa Alcorta intenté recompensarme, tomar aire. Me vi las piernas con moretones y manchas de sangre. Llamé a mi mujer, le dije que había bardo, pero que estaba bien, que no se preocupara por si escuchaba de incidentes, y nos consolamos con otros hinchas que la habían pasado mal.

Tres

Pero los que se odian también se aman, y cualquier rivalidad implica un reconocimiento de la grandeza ajena: nadie acepta ser el clásico de un equipo menor. Cuando River salió campeón en 1947 festejó primero en el Monumental, donde ya jugaba desde 1938, y a mediados de semana siguió celebrando en su barrio original. Lo que hoy parece fábula no fue a un costado o a escondidas de su viejo rival, sino en su compañía, invitado por el propio Boca.
«Hermosa fiesta de confraternidad brindó Boca a su aniversario clásico, River», encabezó La Razón su crónica del 21 de noviembre de 1947,  un título parecido al de Crítica: «Celebró Boca con cordial alegría de Hermano».

Cuatro

A la religión siguió la política cuando, menos de cuarenta y ocho horas después de las clasificaciones de Boca y River, Macri convirtió el clásico en una cuestión de Estado y también de fe, como si un tuit bastara para erradicar la violencia y los hinchas visitantes, prohibidos en partidos de Superliga desde 2013, pudieran regresar a los estadios. «Lo que vamos a vivir los argentinos es una final histórica -dijo el presidente el viernes 2 por la mañana-. También una oportunidad de demostrar que estamos cambiando, que se puede jugar en paz. Le pedí a la ministra de Seguridad que trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir».

Cinco

Si algún día se recopilaran los diez tuits más imprevistos de esta final, no debería faltar el que el delantero de Platense José Vizcarra le dedicaría a Macri ese mediodía: «Veinte años, comparados con los 200 que va a tardar el país en recuperarse de tu gobierno, no es nada. Pasa volando».

Seis

Para el 9 de diciembre de 2019, algún productor debería estrenar un documental en el que los hinchas reconstruyamos cómo vivimos la carrera del Pity, esos 75 metros recorridos en nueve segundos y dos toques de zurda, uno de control y otro de definición. Mi aporte sería que antes de caer en una avalancha de platea -como la mitad del Bernabéu-, alguien a mi lado se anticipó al gol y comenzó a gritar «¡Dale campeón, dale campeón!» a medida que Martínez avanzaba en territorio comanche y a cada paso suyo purgábamos para siempre nuestras heridas del pasado.

Siete

Entonces los hinchas de River nos hicimos la madre de todas las preguntas, el quid de la cuestión que nos moviliza todos los días, vayamos o no a la cancha: ¿Hasta dónde llega el amor de nuestro equipo? ¿Cuál es el límite del fanatismo, el momento en que simplemente debemos decir no? ¿Debíamos prestarnos a la estafa y viajar a Madrid? ¿O debíamos perdernos el partido de nuestras vidas para decirle basta a la Conmebol?
En algunos casos ni siquiera era una disyuntiva económica: era un pregunta filosófica.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 22 de febrero de 2019

Borges, una vida, comentado por Santiago Llach

Escritor y organizador de talleres de escritura creativa.

Borges, una vida
Edwin Williamson
Seix Barral (Planeta)

Uno (mi comentario)

Jorge Luis Borges fue un excéntrico que paradójicamente logró convertirse en el centro excluyente de la literatura argentina del siglo XX y en un escritor universal. Todo ha sido escrito sobre él. Edwin Williamson, académico estadounidense, publicó en 2004 esta biografía documentada, entretenida y polémica que es quizás la mejor entrada para relacionar su vida con su obra y que ofrece también una mirada sobre la historia argentina del siglo XX. (…)

La vida de Borges puede ser leída como una trayectoria feliz: el joven introvertido y torturado se convirtió en un escritor famoso y en el final de su vida encontró el amor. En apariencia, su vida fue bastante apacible, o sospechosamente apacible: después de una adolescencia nómade en Europa con su familia, vivió más de cincuenta años en un departamento con sus padres -treinta y ocho de ellos sólo con su madre y su empleada doméstica-.

Williamson recorre en Borges, una vida sus inseguridades como escritor, sus amores tormentosos, su depresión e ideas de suicidio, la sombra de sus abuelos heroicos, las figuras de su padre bohemio y su madre obsesionada con el pasado y sus controversias políticas, y los intersecta de manera amena y atrevida con sus textos, que siempre esconden elementos autobiográficos detrás de la máscara de la erudición y el exotismo.

Dos (la selección)

Las privaciones que soportó la familia de Borges durante la dictadura de Rosas fueron por cierto horribles y afrentosas. El coronel Suárez, héroe de Junín, fue obligado a exiliarse en Uruguay, donde murió en 1846. Uno de los hermanos del coronel fue fusilado contra la pared del Cementerio de la Recoleta por agentes de la Mazorca. El hijo de once años de Suárez fue obligado a contemplar la ejecución, después de lo cual el muchacho tuvo que encontrar trabajo en una pulpería, porque no había nadie que se hiciera cargo de él. A causa de Rosas, la familia del otro abuelo de Borges, Isidoro Acevedo, perdió sus propiedades al norte de la provincia de Buenos Aires, cerca de la ciudad de Pergamino. El padre de Isidoro se unió a una rebelión contra Rosas pero lo tomaron prisionero y lo pusieron a trabajar en los establos del tirano durante nueve años. Una noche la Mazorca asaltó la casa familiar, castigó con un látigo a la madre de Isidoro y saqueó la casa. Las dos hijas mayores lograron escapar pero perdieron contacto con su familia durante varios años y terminaron por vivir en Brasil. La madre de Isidoro llevó a sus tres hijos restantes a Buenos Aires, donde se vio obligada a ganarse la vida como costurera remendando pantalones de los soldados de Rosas. El abuelo Isidoro solía contar una historia truculenta acerca de cómo, a los diez años, se cruzó con un carro cubierto por una lona y, al dar un vistazo en su interior, descubrió las cabezas ensangrentadas de docenas de hombres asesinados por la Mazorca. Quedó tan impresionado que no pudo hablar por varias horas cuando llegó a su casa. Cuando creció, Isidoro se hizo unitario como su padre y se unió a la lucha por derrocar a Rosas.

Tres

Norah había llegado a la fiesta con Borges pero se fue con Girondo, y ese simple hecho traería una desdicha singular a la vida de Borges. Perder a Norah con otro hombre ya habría sido un desastre considerable, pero perderla justo con Girondo era una humillación desesperante. El disgusto que sentía por Girondo había surgido con respecto a un desacuerdo sobre la vanguardia, pero había también una marcada diferencia de temperamento: Borges era retraído, de modales suaves, vacilante; Girondo era una fuerza de la naturaleza, muy desenvuelto y enérgico, y un exhibicionista compulsivo. El resentimiento de clase también formaba parte de la cuestión. Aunque de linaje patricio, Borges provenía en realidad de la clase media urbana, mientras que Girondo pertenecía a la elite dirigente, los beneficiarios de la revolución económica en la pampa que los Acevedo y los Borges consideraban como aquello que había provocado su decadencia social. (Esto puede haber contribuido a que Girondo fuera retratado en la ficción de Borges ya fuera como un aristócrata autoritario o como un megalómano siniestro, como veremos.)

Cuatro

Después de su rechazo definitivo por Norah Lange, Borges estaba asediado por las pesadillas y el insomnio y estuvo a punto de matarse. Trató de sobrellevar ese sufrimiento dedicándose por entero a su trabajo en Crítica. Dos cuentos que iba a publicar en Crítica nos dan cierta perspectiva sobre la gravedad de su crisis personal. Los dos fueron escritos con el seudónimo “Alex Ander”, y su estilo melodramático, crudamente escrito, es difícil de reconciliar con la elegancia de la escritura posterior de Borges, pero era consonante con el populismo amarillista de Crítica y tiene que haberse debido en no poca medida a la angustia extrema de su autor en ese momento.

Cinco

Nada cambiaría la opinión de Borges sobre los talentos de Girondo, sin embargo. En una ocasión lo descartó como “el Peter Pan de las letras argentinas”, insulto que enfureció a Girondo, que confesó a sus amigos que nunca le perdonaría esa burla a Borges. En opinión de Borges, los experimentos tan alabados de Girondo no lo habían llevado mucho más allá de las greguerías de Gómez de la Serna; y le diría a un entrevistador años más tarde que Girondo era “un hombre voluntariosamente extravagante”, “un trabajoso imitador de Gómez de la Serna”; nunca la había gustado nada que Girondo hubiese escrito, y citaba una línea de Girondo sobre Venecia, “Bajo los puentes gondoleros fornican con la noche”, que le parecían “una miseria”, “horribles”. “Si uno puede admirar unos versos así, es difícil saber qué no debe admirarse”. Cada año, Borges y sus amigos votaban por el escritor más estúpido de la Argentina, y el voto de Borges siempre era por Girondo.

Seis

Aunque el relato que hacen Salinas y López puede haber tenido la intención de exonerar al régimen peronista, hay que reconocer que Borges por cierto no estaba por encima de ese tipo de maniobras, porque había un costado quisquilloso, agresivo en su carácter, y le gustaba dar tanto como le daban. De hecho, los dos relatos pueden no ser irreconciliables después de todo, porque lo que podía haberse pensado genuinamente como un favor para Borges, o como el mal menor, bien podría haber sido tomado por el propio Borges como un insulto calculado. Borges sabía que tenía enemigos en la Secretaría de Cultura, así que cuando se enteró de su traslado a Apicultura puede haber estado predispuesto a interpretar ese movimiento como un castigo. Bajo estas circunstancias, él y sus amigos de la Unión Democrática podrían haber decidido sacarle el jugo a la situación convirtiendo el incidente en un ejemplo notable de persecución política. Y en vez de cuidar abejas pueden haber dado con la idea de cambiar apicultura por avicultura y hacer saber en el mundo literario de Buenos Aires que Perón se proponía hacer de Borges un inspector de aves. (En su Autobiografía, Borges incluso agregó “conejos” para mayor verosimilitud.)

Siete

La obra de Borges había alcanzado una cima de aclamación popular en esa época. La antología de sus cuentos y ensayos que Penguin publicó en Gran Bretaña en 1970 con el título Labyrinths tuvo una recepción de culto. El nombre de Borges, por otra parte, ya había llegado a asociarse con la nouvelle vague después de que varios directores franceses famosos –Jacques Rivette, Jean-Luc Godard, Alain Resnais– habían citado su obra en una cantidad de films de los años sesenta. Pero en 1970 esta asociación de Borges con el cine había llegado a alturas inesperadas con la distribución de dos películas que se habían convertido en éxitos internacionales de taquilla. La estrategia de la araña, del director italiano Bernardo Bertolucci, era una versión del cuento de Borges “Tema del traidor y del héroe”, y la película fue aclamada por la crítica en los festivales de cine de Venecia y Nueva York de ese año. Otro film, Performance, dirigido por Nicolas Roeg y Donald Cammell y protagonizado por Mick Jagger de los Rolling Stones, iba a convertir a Borges, de modo bastante improbable, en una especie de icono de la vanguardia cultural del swinging London. El film le rendía homenaje a Borges en distintos aspectos: se oye a Mick Jagger citar fragmentos de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y “El Sur”, la fotografía de Borges aparece dos veces en la cubierta de su Antología personal y, en el final mismo, cuando Jagger muere baleado por el gangster interpretado por James Fox, una imagen de Borges relampaguea sobre la pantalla por una fracción de segundo. Performance, además, debía su trama intrincada a algunos de los temas más insistentes de Borges, como el laberinto, el doble y el enigma de la identidad personal, aunque extrañamente traspuestos a un mundo de sexo, drogas y rock and roll. Debe decirse que el film no era para el gusto de todos: el crítico de The New York Times, por ejemplo, atacó “su estúpida pretensión” y se quejó de que “incluso ese gran escritor que es Jorge Luis Borges de ve arrastrado a esa cloaca”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 21 de febrero de 2019

¿Cuándo?, comentado por Martina Rua

¿Cuándo?
Daniel H. Pink
Paidos

Uno (mi comentario)

Pink lo hizo de nuevo. Después de su hit DRIVE (2010), el libro con el que nos enseñó sobre la ciencia detrás de nuestras motivaciones, Daniel H Pink, este abogado devenido en best seller sobre productividad y negocios, se metió esta vez con el tiempo, con nuestro tiempo. Cuándo (Paidós, 2018) es un manual que te provoca a que mires de una manera completamente nueva a las 24 horas de tu día. No da lo mismo cuándo y cómo hacemos lo que hacemos. De hecho, nuestra elección puede generar resultados antagónicos. (…)

Pink, un autor generoso y didáctico, condensa de una manera llana y ejecutable (cierra cada capítulo con ejercicios) un sinfín de recetas con un fuerte anclaje científico interdisciplinario, que nos dan pistas sobre el arco de factores que tenemos que contemplar para tomar nuestro tiempo por las riendas. 310 páginas y más de 200 papers académicos después, te encontrás con una obra repartida en tres partes:

  • El día
  • Comienzos, finales y mitades
  • Sincronizar y pensar

Aprendí un montón leyéndolo. Invertí tiempo en conocer mi reloj biológico y estoy intentando no maltratarlo tanto y hacerla más caso a lo que va marcando. Empecé a modificar conductas, como estar más atentas a los ¨valles¨ de mi día, valorar las pausas y la importancia de la sincronización de mis tiempos biológicos con los tiempos y las necesidades de mis distintos proyectos. Ojalá se tienten con estos párrafos. Porque como dice Miles Davis: “Los tiempos no son lo más importante. Lo son todo”.

Dos (la selección)

Cuando Francesca Gino, de la Universidad de Harvard, y dos investigadores daneses observaron los resultados de los exámenes realizados por dos millones de alumnos daneses en un periodo de cuatro años, y las correspondencias entre las puntuaciones y las horas del día en que estos habían hecho el examen, encontraron una correlación interesante, aunque perturbadora. Los alumnos sacaban mejores notas por la mañana que por la tarde. De hecho, por cada hora que pasaba antes de hacerles el examen, las puntuaciones bajaban un poco más. Los efectos de hacer los exámenes a horas más tardías eran similares a tener unos padres con un nivel de ingresos o estudios ligeramente menores, o a perder dos semanas de un año escolar. Los tiempos no lo eran todo, pero eran muy importantes. Lo mismo parecía ocurrir en Estados Unidos. Nolan Pope, economista de la Universidad de Chicago, analizá las puntuaciones de los exámenes estandarizados y las calificaciones por grado de aproximadamente dos millones de estudiantes de Los Ángeles. Al margen de a qué hora empezaran las clases, “tener matemáticas en los dos primeros periodos de la jornada escolar, en vez de en los dos últimos, elevaba la calificación por grado de los alumnos de matemáticas”, así como las notas de los exámenes en todo el estado de California. Aunque Pope dice que no está exactamente claro por qué ocurre esto, “los resultados tienden a mostrar que los alumnos son más productivos en las primeras horas de la jornada escolar, especialmente en matemáticas”, y que los colegios deberían estimular el aprendizaje “cambiando simplemente el momento en que se realizan las tareas”. Pero ten cuidado antes de cambiar tus propios horarios de trabajo para encajar todas las cosas importantes en las horas antes de comer. No todo el trabajo cerebral es el mismo.  Como ejemplo, aquí va otra pregunta con trampa.

Ernesto comercia con monedas antiguas. Un día, le llevan una preciosa moneda de bronce. En una cara de la moneda se ve la efigie de un emperador y en la otra, la fecha 544 a. C. Ernesto examina la moneda, pero en vez de comprarla, llama a la policía. ¿Por qué lo hace?

Tres

En resumen, nuestros estados de ánimo y nuestro rendimiento oscilan a lo largo del día. Para la mayoría de nosotros, los estados de ánimo siguen un patrón común: pico, valle y recuperación, y eso ayuda a moldear un doble patrón de rendimiento. Por las mañanas, durante el pico, la mayoría nos lucimos en problemas como el de Linda: un trabajo analítico que requiere agudeza, vigilancia y concentración. Más tarde, durante la recuperación, a la mayoría se nos facilitan problemas como el de la moneda: un trabajo de insight o comprensión que necesita menos inhibición y propósito (las depresiones de mediodía son buenas para muy pocas personas, como explicaré en el siguiente capítulo). Somos como versiones móviles de la planta de De Mairan. Nuestras capacidades se abren y se cierran de acuerdo con un reloj que no controlamos, pero quizá hayas detectado una ligera cautela en mi conclusión. Fíjate que he dicho “para la mayoría de nosotros”. Hay una excepción al patrón general, especialmente en el rendimiento, y es una excepción importante. Imagínate que estás de pie junto a tres personas que conoces. Probablemente, uno de ustedes cuatro sea un tipo distinto de organismo con un tipo diferente de reloj.

Cuatro

La sincronía afecta incluso a nuestra conducta ética. En 2014, dos investigadores identificaron lo que denominaron “efecto de moralidad matutina”, según el cual las personas son menos propensas a mentir y hacer trampa en las tareas por la mañana que más tarde. Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron que una explicación del efecto podría ser que, simplemente, la mayoría de las personas son cronotipos matutinos o intermedios. Si se tiene en cuenta la condición de búho, el efecto es más matizado. Si: los que se levantan pronto presentan un efecto de moralidad matutina, pero los búhos nocturnos son más éticos por la noche que por la mañana. “La forma como encaja el cronotipo de una persona con el momento del día ofrece un predictor más completo de la eticidad que el que ofrece únicamente el momento del día”, escriben estos investigadores.

Cinco

Un poco es mejor que nada. Un problema de las tardes es que, si hacemos una misma tarea durante demasiado tiempo, perdemos de vista el objetivo que intentamos cumplir, un proceso conocido como “habituación”. Hacer pausas breves en una tarea puede prevenir la habituación, ayudarnos a mantener la concentración y a reactivar nuestro empeño en un objetivo. Las pausas breves frecuentes son más eficaces que las pausas puntuales. DeskTime, una empresa que crea software para el control de la productividad, dice que “lo que tienen en común el 10 % de nuestros usuarios más productivos es su habilidad de hacer pausas eficaces”. En concreto, tras analizar sus propios datos, DeskTime afirma haber descubierto la proporción áurea del trabajo y el descanso. Las personas con un alto rendimiento, según las conclusiones de su investigación, trabajan 52 minutos y después descansan 17. DeskTime nunca ha publicado los datos en una revista que haga revisiones por pares, así que tu kilometraje podría variar. Pero hay abundantes pruebas de que las pausas breves son eficaces y de que son una pequeña inversión que brinda considerables beneficios. Incluso las “micropausas” puedes ayudar.

Seis

La mejor forma de recuperarse de un comienzo en falso es evitarlo desde el principio. Y la mejor técnica para hacerlo es una cosa llamada pre mortem. Seguramente habrás oído hablar del post mortem: cuando los forenses y los médicos examinan un cadáver para determinar la causa de la muerte. En el pre mortem, una idea del psicólogo Gary Klein, se aplica el mismo principio, pero el examen se hace antes, no después. Supongamos que tu equipo y tú están a punto de embarcarse en un proyecto. Antes de empezarlo, reúnanse para realizar un pre mortem. “Imaginemos que han pasado dieciocho meses y nuestro proyecto es un completo desastre”, le dices a tu equipo, “¿qué salió mal?”. El equipo, usando el poder del sesgo prospectivo, sugiere algunas respuestas. Quizá la tarea no estaba claramente definida; quizá la hacían muy pocas personas, o demasiadas, o las equivocadas, quizá no tenían un líder claro o unos objetivos realistas. Al imaginar el fracaso de antemano -pensando qué podría provocar un comienzo en falso-, puedes anticipar algunos de los posibles problemas y evitarlos cuando empiece el proyecto de verdad.

Siete

En el ámbito de la cronobiología, a esas señales externas se les llama zeitgeber (un término alemán que significa literalmente “dador de tiempo”): “señales ambientales que pueden hacer que el reloj circadiano se sincronice”, como explica Till Roenneberg. El razonamiento de Ancona ayudó a determinar que los grupos también necesitan zeitgeber. A veces, el referente que da el ritmo es el único líder, alguien como David Simmons. De hecho, la evidencia demuestra que los grupos suelen ajustarse a las preferencias rítmicas de los miembros con mayor estatus de su grupo. No obstante, el estatus y la estatura no siempre coinciden. La competición de remo es uno de los pocos deportes de carreras donde los atletas dan la espalda a la línea de meta. Solo un miembro del equipo mira al frente. Y en el equipo de primera división femenina de las NCAA en la Universidad George Washington, esa persona era Lydia Barber, la timonel. En los entrenamientos y competiciones, Barber, que se graduó en 2017, se sentaba en la popa de la barca con un micrófono de diadema fijado a la cabeza y gritaba las instrucciones a las ocho remeras. Lo tradicional es que los timoneles tengan la menor estatura y peso posibles para que la barca tenga que llevar menos peso. Barber solo mide un metro veinte (tiene enanismo), pero su temperamento y su destreza son una mezcla tan implacable de concentración y liderazgo que, en muchos aspectos, es ella la que lleva al barco.

Martina Rua es periodista especializada en Innovación, co autora de La Fábrica de Tiempo


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 20 de febrero de 2019

Mi libro enterrado, comentado por Daniel Guebel

Daniel Guebel. Novelista, cuentista y autor teatral. Publicó, entre otras, las novelas: "La perla del Emperador" (premio Emecé), "Matilde", "El caso Voynich" y "Las mujeres que amé".

Mi libro enterrado
Mauro Libertella
Random House Mondadori

Uno (mi comentario)

Mauro Libertella escribió un tratado sobre el dolor de la pérdida, con la discreción y la ternura de un hijo sabio.

Dos (la selección)

Mi padre murió hace cuatro años, un mediodía de octubre, en su departamento de dos ambientes en el que ahora vivo yo. Me acuerdo de ese momento con especial nitidez, porque unos segundos antes de que dejara de respirar supe que a la cuenta regresiva le había llegado, literalmente, su último suspiro. Fue un instante al mismo tiempo suave y dramático: yo arrodillado en el piso, él acostado en su cama inconsciente hacía horas.

Tres

Y sin embargo, lo recuerdo todo con levedad y ternura, sin estridencias. Tomaba tragos cortos de un vaso de vidrio que nosotros inclinabamos en su boca: era un autómata en su último gesto de supervivencia. Tomá un poco más, tomá un poco más, le pedíamos nosotros, obstinados, repitiendolo como una plegaria. El último trago le cortó al fin la respiración, que era ya un hilo tenue y frágil. Así lo vi morir, con la cabeza apoyada en la almohada y los ojos cerrados. Supongo que fue una linda forma de morir, entre sus libros y en su propia casa, donde en sus últimos años ya había estado muriéndose de a poco.

Cuatro

En esos años, cada vez que lo llamaba y no atendía pensaba que mi papá había muerto, así que la paranoia empezó a tomar consistencia. Disqué su número cada quince minutos, siempre sin respuesta, hasta que a las doce de la noche no aguanté más y salí para su casa. Llegué al rato y subí hasta el sexto piso, donde vivía. Desde adentro no se escuchaba ningún ruido, y las luces parecían apagadas. Toqué timbre y golpeé dos o tres veces la puerta. Nada. Entonces abrí con mi llave y vi una imagen escalofriante. El living estaba a oscuras y la escena se iluminó de a poco, con la luz tenue que proyectaba la bombita amarillenta del pasillo. Mi viejo acostado en la cama, vestido, con la boca abierta por completo, como petrificado.

Cinco

Nos sentamos los dos en la cama, uno al lado del otro, él a mi izquierda, las espaldas apoyadas en la pared. El hospital estaba en completo silencio, como apagadas, las luces del lugar eran tenues y estaban encendidas aisladamente, como en fragmentos. Yo estaba nervioso: no sabía cómo había reaccionado él ante la noticia. Cuando nos acomodamos apoyò su mano en mi hombro, una mano pesada y grande que contrastaba notablemente con su cuerpo enflaquecido y casi transparente, y me dijo: “ya lo sé”. No lloramos.

Seis

Un día se me acercó uno de ellos, un médico de mediana edad, alto y corpulento, al que terminé respetando mucho, y me dijo que era momento de tomar una decisión. Ellos no podían hacer mucho más. Si lo dejaba en el hospital, iba a morir en una cama de habitación compartida, posiblemente sólo, con un vaso de agua en la mesa de luz y todo lleno de cables y botones. Por el contrario, podíamos llevarlo a casa, en donde no iba a tener las garantías de un equipo médico especializado ni iba a disponer de una infraestructura preparada, pero moriría en el lugar en donde vivió, acompañado por su familia. Cuando el médico leyó mi mudez como una respuesta, se permitió por única vez la primera persona. Si fuera mi padre yo lo llevaría a su casa, me dijo.

Siete

Otra foto que me gusta es una en la que estamos en una cocina, los dos en pijama, de noche. No recuerdo esa cocina, pero era pequeña y cálida. Él está arrodillado en el piso y yo aparezco de pie al lado suyo, a su misma altura. Sonríe y me señala la cámara. Yo sonrío. Es una foto alegre y simple, y evoca una época de despreocupada cotidianeidad que mi memoria fue borrando.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 19 de febrero de 2019

López Rega, comentado por Graciela Fernández Meijide

Graciela Fernández Meijide, docente. Participó en ONG de defensa de los DD HH en Argentina. Integró la CONADEP. Fue Diputada y Senadora nacional, Ministra de Desarrollo Social.

López Rega. El peronismo y la triple A
Marcelo Larraquy
Sudamericana

Uno (mi comentario)

Cuando finalizaba un programa sobre los años 70 en radio Ciudad, Marcelo Larraquy le recordó a Hilda Sábato que había sido su alumno en la carrera de Historia en la UBA y le preguntó por qué en las clases se hablaba tan poco de aquellos años violentos. Hilda contestó que estaban entonces, democracia recién recuperada, demasiado cerca de los hechos y eso dificultaba la objetividad. Leí casi todos los libros de Marcelo que, preferentemente, indagan sobre distintos aspectos de aquella época y mientras se desarrollaba aquel diálogo pude imaginar al joven curioso, de alrededor de 20 años, que habría cursado parte de su secundario todavía en dictadura, dedicado ya adulto, munido de las herramientas del investigador, a desmenuzar cada momento, cada protagonista de ese angustiante escenario de nuestra historia. (…)

Ahora termino de leer “López Rega. El peronismo y la triple A” y uno se puede preguntar cómo es posible que semejante personaje pudiera llegar a acumular tanto poder, a gozar de tanta impunidad. Caído por fin en desgracia, fue extraditado de su exilio. Juzgado, estuvo en la cárcel varios años hasta que murió, en 1989 en una clínica privada. Afecto al esoterismo, apegado al rito umbanda, con la convicción de estar tocado por Dios, fue cantor, autor, mayordomo servil, intrigante Rasputín en los oídos de Isabel de Perón. Ministro de Desarrollo Social, desde el edificio en el que se asentó cuando sintió que había tocado el cielo con sus manos, convertido en “el imán de la derecha de cualquier sector”, había impulsado con fe doctrinaria y armamento concreto la violencia estatal clandestina encubierta por el paraguas de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina) . En este libro Larraquy pinta un fresco de pugnas, intrigas, competencias propias de la política más confrontativa y de lealtades inexplicables en el que la figura central es un “brujo”.

Dos (la selección)

Hacia fines de la década de los treinta, José López era uno más de los anónimos muchachos que jugaban a las barajas en el club El Tábano. En ese tiempo no tenía apuro por llegar a ningún lado y nada le interesaba tanto como indagar en las cuestiones del espíritu. Su padre, Juan López, era un inmigrante español que se había ganado la vida en Buenos Aires conduciendo un taxímetro, un viejo Buick negro. A su madre, Rosa Rega, no llegó a conocerla. Murió el 17 de octubre de 1916, en el mismo momento en que lo estaba pariendo.

Los primeros cincuenta años de su vida, López los vivió en la casa familiar de Guayra 3761, del barrio de Villa Urquiza. Pasó la infancia y buena parte de la primera adolescencia intentando sobrellevar la ausencia de su madre y jugando con cualquier bicho que apareciera bajo la tierra. Allí, en el patio de la casa, formaba ejércitos de soldados en miniatura y les daba instrucciones a los generales. Siempre recordaría que en esas tardes aprendió los significados de la soledad. Sin embargo, no podía entender quién era, de dónde había venido y hacia dónde iba. Esas cuestiones lo inquietaban. Su padre no sabría ayudarlo a develar esos misterios, pero cada tanto lo llevaba a un boliche de Congreso y Estomba para que lo acompañara, y eso resultaba, en parte, aliviador.

Tres

Mientras tanto, Perón se aferraba a la máquina de escribir para levantar la moral de sus seguidores. El 11 de julio de 1956 le escribió a Cooke:

El odio y el deseo de venganza ya sobrepasaron todos los límites tolerables hasta en nosotros mismos frente a tanta infamia y espíritu criminal. Es necesario confesar que aunque fuéramos santos tendríamos que descuartizar a los traidores y asesinos de inocentes ciudadanos y prisioneros indefensos. Yo dejé Buenos Aires sin ningún odio pero ahora, ante el recuerdo de nuestros muertos y asesinados en prisiones, torturados con el sadismo más atroz, tengo un odio inextinguible que no puedo ocultar.

Pero la pieza clave de toda esa etapa fueron las Instrucciones generales, que hizo llegar a los peronistas de la resistencia y de los comandos de exiliados para que las difundieran y aplicaran. Relataba cómo realizar crímenes contra sus enemigos y cómo preparar la “guerra de guerrillas” para el asalto final. Las Instrucciones… exhibían un grado de violencia tan manifiesto que muchos creyeron que eran apócrifas, pero él mismo se ocupó de confirmar su veracidad.

Cuatro

Durante su estadía en Ciudad Trujillo —actual Santo Domingo—, Perón se desembarazó de John William Cooke. El ex diputado había sido funcional a su estrategia de guerra revolucionaria durante más de dos años, responsable del armado de la “línea dura” del peronismo con activistas de la Resistencia Peronista. Pero luego de la firma del pacto con Frondizi, Perón comenzó a erosionar su liderazgo interno y lo puso en pie de igualdad con aquellos que habían buscado acomodarse primero con la Revolución Libertadora y luego con la política “integracionista” de la UCRI, seducidos por el calor oficial.

La influencia de Cooke dentro del Movimiento se vio reducida con la creación del Consejo Coordinador y Supervisor Peronista, un nuevo organismo de representación, “brazo táctico” de Perón, que integraban múltiples dirigentes, la mayoría de ellos pertenecientes a la “línea blanda”. Todos ellos se vigilaban entre sí y reportaban directamente al General. Con esta estrategia Perón lograba un efecto doble: por un lado, socavaba el poder interno de Cooke; por el otro, al integrar a la “capa blanda” a la conducción del Movimiento, evitaba la diáspora, aunque, según sus cartas, Perón confiaba en su propio poder de aniquilación.

Cinco

“López Rega resistió cada desprecio de Perón; se mostraba inmune a la burla y la ironía. Aguantar fue parte de su estrategia de largo plazo. También fue astuto. Los primeros tiempos empleó un raro ingenio para sostenerse en las mentiras más banales. Una vez apareció en el living de la residencia vestido de smoking. Estaba impecable. Dijo que durante dos años había sido primer mozo de salón del Hotel Savoy y que ahora iba a aplicarse para conseguir que la residencia funcionara del mismo modo. Empezó a dar instrucciones a la cocinera y a la mucama, y puso en práctica todas las reglas de protocolo que había aprendido de Buba Villone en Brasil, para servir la mesa del General y su esposa, como si fuera el mayordomo de una comedia italiana. En otra oportunidad, Perón lo encontró llorando en su cuarto de la planta baja. López Rega le dijo que su biógrafo, Enrique Pavón Pereyra, lo había tratado como a un perro. Al día siguiente el General organizó un careo entre su biógrafo y el mayordomo para aclarar el asunto. Pavón Pereyra aseguró que no existió entredicho alguno. Solamente le había ordenado a López Rega que no tocara la correspondencia del escritorio porque “Perón pone las cartas urgentes de un lado y las no tan urgentes de otro, y él las estaba mezclando”. Admitió que le había dicho dos veces “no toque eso” en tono enérgico. López Rega, por su parte, subrayó que, en la vehemencia de su orden, Pavón Pereyra le había dicho “¡fuchs, fuchs!”, como se trata a los perros. El biógrafo admitió que pudo haber actuado así, pero aclaró que su intención no había sido la de descalificarlo. Perón zanjó el incidente pidiéndole a Pavón Pereyra que tratara bien a López Rega para que no volviera a llorar por la noche.

Seis

El 25 de mayo de 1973 López Rega llegó al poder del Estado con amplias posibilidades de acción. Disponía de un amplio presupuesto para lanzar planes de obras públicas, entregar subsidios, responder a las necesidades populares. Y también podía movilizar recursos para formar y controlar grupos políticos y realizar alianzas con caudillos provinciales. El Ministerio le permitía construir poder y prestigio personal. Aspiraba a que su acción social fuese recordada como la de Evita. Y estaba dispuesto a mostrarle a la sociedad la idea que había formado sobre sí mismo: sería el hombre que salvaría a la Argentina. Perón le había dado esa oportunidad y le había demostrado su preferencia: el 26 de junio, un día antes de que lo sacudiera el infarto, recorrió con él los pasillos del Ministerio. En cambio, nunca visitó a Cámpora en la Casa Rosada durante los días de su fugaz gobierno.

Siete

López Rega partió en fuga hacia la nada, con la cobertura armada de seis de sus custodios y aferrándose al tubo negro que contenía el diploma que lo acreditaba como embajador extraordinario y plenipotenciario. Decidió hacer escala en el Brasil y encontrarse con Claudio Ferreira. La profunda amistad que lo unía con su hermano umbanda desde hacía casi veinticinco años, una amistad marcada a fuego a través de confesiones íntimas, búsquedas energéticas y retiros espirituales, a ojos de los otros parecía uno más de los aspectos misteriosos y exóticos —quizá también siniestros— de la personalidad del ex ministro.

López y Ferreira estuvieron dos días encerrados en el departamento 604 de avenida Atlántica 1186 de Río de Janeiro. Revivieron sus conversaciones nocturnas con los rosacruces de Uruguayana en los años cincuenta, recordaron la noche en que Ferreira, sin desprenderse de su pipa, le enseñó a bailar samba a Isabel en Puerta de Hierro bajo la mirada risueña de Perón, al que Ferreira se daba el lujo de tratar de “che” mientras el General, que le retribuía la confianza, lo llamaba “indio”. Los dos, Ferreira y López, vislumbraron que el sueño del retiro definitivo en la fina arena de Sombrío, donde pensaban montar un complejo turístico, se desvanecía. No hacía falta ponerlo en palabras: perderían para siempre la paz de esas playas. Los buenos tiempos habían terminado. Pero López Rega, tratando de que la hermandad que los unía no terminara, le pidió que lo acompañara a Europa con su pareja y su pequeño hijo, del cual él era el padrino. El dinero acumulado —dijo— les alcanzaría para vivir cómodos por bastante tiempo. Ferreira rehusó la oferta: no encontraba razones para escapar. Tenía intenciones de recuperar su nacionalidad brasileña, para impedir que la justicia argentina pudiera extraditarlo. En cuanto a sus bienes, Armonía, la hacienda de una veintena de hectáreas que había comprado en Mato Grosso, estaba a nombre de su pareja. En todo caso, le costaría recuperar los 56.000 dólares depositados en el Banco de la Nación Argentina, dinero que en verdad ya daba por perdido. Cada argumento con el que explicaba su negativa era parte de la despedida, y cada vez que decía que no, Eloá Copetti Vianna, su mujer, se enorgullecía más de él: Ferreira no era un criminal, de modo que no tenía razones que lo obligaran a escapar de su casa y someter a su familia a los peligros de una fuga dorada. En cambio, a López, Eloá lo miraba con tristeza: después de tantos años de sacrificio, después de tanto empeñarse en las prácticas mágicas para hacer retornar al General y salvar la Argentina, ahora tenía que largar todo e irse. Solo. Eloá lo miraba y pensaba: “Todos los muertos no le sirvieron de nada. Toda la atrocidad fue inútil, no había ninguna justificación. Muertos por nada”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 18 de febrero de 2019

El deseo de revolución, comentado por Lucía Álvarez

Lucía Alvarez es socióloga y periodista. Publicó "Mayo 68. La revuelta francesa y sus huellas en Argentina" (Ariel, 2018). Se desempeña como Directora General Estudiantil de la Universidad Nacional de San Martín y es docente del Instituto de Altos Estudios Sociales de esa universidad.

El deseo de la revolución
Tomás Abraham
Tusquets

Uno (mi comentario)

No existe una correspondencia directa entre las ideas filosóficas y los acontecimientos que le son contemporáneos. Pero hay resonancias: “el pensamiento de los filósofos no circula a diez metros sobre el nivel del mar”, advierte Tomás Abraham en El deseo de Revolución, un libro dedicado a establecer un diálogo entre la historia reciente de Francia y la de su pensamiento filosófico, y sobre todo a rastrear la preeminencia de ese deseo más allá de las decepciones y los supuestos anacronismos. (…)

La búsqueda de Abraham se inicia con la Resistencia, el período ideológico del ideal revolucionario, para continuar con el vacío abierto tras la Independencia de Argelia y el desplazamiento del pensamiento sartreano por la revolución teórica encabezada por Roland Barthes, Louis Althusser y Michel Foucault. Convertida la ideología en una noción en desuso, la revolución en esta etapa se enuncia, advierte Abraham, “con el rigor del concepto”. Mayo ‘68  y su propuesta libertaria inauguran un nuevo corte histórico y conceptual: el estallido juvenil cambia el modo de entender a la Revolución, su lenguaje y sujetos. 

El libro concluye finalmente con las reminiscencias posmaoístas de los setenta, pasando antes por las resonancias de algunas de esas discusiones en la Argentina, y más específicamente, en el pensamiento de David Viñas, Juan Carlos Portantiero y León Rozitchner, entre otros.

Dedicado a Sartre, a quien define como “sinónimo de cigarrillo negro, de literatura y de revolución”, el libro de Tomás Abraham reconstruye así las grandes discusiones intelectuales en torno a ese deseo, y pone de manifiesto el modo en el que éste fue motor de la historia. En ese sentido, su lectura nos revela una distancia. Lejos de negar los hechos que pusieron en cuestión a los proyectos emancipatorios, el libro muestra el contraste con nuestro presente, un presente sombrío en el que palabras como deseo y revolución son, sobre todo, parte del glosario neoliberal.

Dos (la selección)

La palabra revolución insiste. Como decía Kant de la revolución francesa: no se mide por sus éxitos o sus fracasos, es una virtualidad permanente. La revolución es un acto sublime, despierta entusiasmo. Es un deseo, y como tal, no tiene fecha de vencimiento. La ilusión sí es una entidad perecedera. Un deseo que insiste a pesar de la decepción, crea un problema que no se resuelve con la facilidad con la que Freud conjugó el principio de placer con el principio de realidad. Por eso este libro es una paradoja, pretende trazar el obituario de una insistencia deseante (…) Las filosofías no tienen identidad nacional, no perpetúan una esencia ni expresan a su pueblo. Hay filósofos singulares. Las tradiciones pueden dar un tono, pero nunca monocorde. Cada filósofo da un salto en un vacío, si no fuera así ni siquiera podría ser nombrable y menos recordado. Pero la falta de identidad no impide una repetición. En la filosofía francesa contemporánea hay un deseo de revolución. Y si la identidad se recibe, si, por otra parte, la voluntad se genera, el deseo insiste.

Tres

Sartre. Un minuto de silencio. Pertenezco a una generación que se educó con Sartre y que por él eligió su vocación. Despertó a una juventud que quiso escribir como él, y vivir una vida como la suya. Se inventó el existencialismo. Una de las últimas modas que ofreció la filosofía, la más importante, guiada por la acción de un escritor. Desde una forma de vestirse, un modo de fumar, la sexualidad, un estado anímico, la vivencia de la soledad, un vocabulario, estas y otras reseñas caricaturales, se hicieron universales (…) Sartre creó una forma de pensar que produjo efectos en la psiquiatría, en la política, además de la literatura y la filosofía. Fue el filósofo más popular en vida de la historia. Lo fue gracias a su teatro, a sus novelas, en una época en que estos dos géneros dominaban el ocio de la gente. Era el mundo sin pantalla, salvo el cine. He visto gente agolpada a la entrada de librerías del Barrio Latino, empujándose para hojear o robar sus libros. Ese mundo ya no existe. Pero la historia no es un réquiem, un calendario de feriados en homenaje a los muertos. Lo que sí podemos preguntarnos es por qué Sartre está vivo. Averiguar las razones de su retorno. Porque volvió.

Cuatro

Una curva temporal marca la diferencia entre una Francia derrotada y otra que debe ceder ante una guerra cruenta en Argelia para dejar en manos de los norafricanos la independencia de su país. Son dos derrotas de Francia, la primera infligida al país orgulloso de su tradición republicana heredada de los valores de la Ilustración y la Revolución francesa, y la otra señalando el irreversible desmembramiento del Imperio francés. Lo curioso es que esta doble derrota fue ungida como una doble victoria gracias a la megalomanía tan eficaz como necesaria del general De Gaulle (…) La tremenda guerra de liberación de los argelinos, la violación de los derechos humanos de los franceses, las torturas y por otra parte, la resistencia de militantes anticolonialistas en Francia que muchas veces desde la clandestinidad denunciaron la acción de los militares franceses, se solidarizaron y fueron apoyo para los combatientes argelinos; todo eso fue sepultado por el gesto del gran general que se hizo acreedor de la gesta patriótica de sus ex colonizados. Así como en la posguerra en Francia la izquierda vivió un momento de euforia al identificarse con los resistentes entre los que se contaban muchos comunistas, y soñó con procesos revolucionarios que en poco tiempo se canalizarían y fosilizarían de acuerdo a con los tiempos de las grandes potencias en el nuevo mundo bipolar, esta vez la misma izquierda se había quedado sin armas, sin consignas y sin ideales (…) El Partido Comunista fue considerado traidor a la causa argelina ya que contemporizaba con los intereses colonialistas si así le convenía a la estrategia de la URSS. En este contexto, las ideas revolucionarias quedaron huérfanas de causas y de masas, y una nueva aurora filosófica se presentaba en el horizonte. Sus semillas germinaban en el campo literario y en los aportes de la fonología, es decir, en el espacio de la lengua. Se inician los años del “saber”.

Cinco

Cuando Foucault en Las palabras y las cosas anuncia el programa teórico para la constitución de una ‘ciencia general de los signos’ no hace más que nombrar la pretensión cultural de la nueva generación de filósofos. Se trata de adscribirse al valor de la Ciencia, pero no de la ciencia en el sentido positivista sino una ciencia revolucionaria, un conocimiento que sea disruptivo, subversivo, con los conceptos adecuados para la tarea. Este deseo de revolución no será político ni ideológico sino teórico, configurará nuevas problemáticas, inventará un vocabulario, y tendrá nuevos objetos de pensamiento. De las disciplinas invitadas a este ágape epistemológico, la principal es el psicoanálisis lacaniano. Porque es en sus seminarios, a los que asisten casi todos los que escribirán los principales textos de la década, en donde se habla de subversión del sujeto, del campo de la palabra, de la lógica del significante, de la falta y de la carencia. La insistencia en el detalle, la mirada sobre la superficie, el rescate de lo insignificante, la idea de que lo importante aparece por distracción son recursos del psicoanálisis aplicados al análisis del discurso. ‘Discurso’; otra palabra que abrirá nuevos surcos, junto a letra, a texto, a escritura, a signo. La revolución que quedó huérfana de historia, de referente político, hasta de masas, reaparece en la teoría por la vía de la discontinuidad. Revolución es ruptura, corte, salto, barre con el mito del progreso, de la evolución, de la continuidad.

Seis

Así llegamos a la palabra que embrujaría a las nuevas huestes de la Universidad: Poder. Detrás de cada palabra, de cada acto, de cada autoridad, el tema del poder era nuclear. ¿En qué se originaba? ¿Quién lo ejercía? ¿Cómo se legitimaba? ¿Qué finalidad perseguía? Este cuestionamiento no podía responderse con el manual del marxismo leninismo. La revuelta estudiantil confirmaba que los intelectuales marxistas y sus aparatos una vez más estaban a contracorriente de los cambios radicales. La URSS había traicionado los ideales de la Revolución y la clase obrera francesa estaba domesticada por una burocracia que transaba con el poder. Mayo del 68 se originó en los espacios en los que se impartía el saber: la Universidad. El tono libertario que tuvo en sus comienzos enfocó su protesta en el modo en el que se ejercía y distribuía el poder y la transmisión de conocimiento. Por lo tanto, el corolario estaba a la vista, lo que había que discutir era la relación entre saber y poder.

Siete

Ser de izquierda era pertenecer a una ideología que reivindicaban los postulados marxistas sobre la lucha de clases, y que combatía al sistema capitalista y al imperialismo, sin por eso pertenecer al partido político de la revolución proletaria. ¿Por que no se afiliaban al partido? Para no perder la posibilidad de la crítica, para no ceder en el uso de la libertad. ¿Para qué querían conservar ese uso? Para que no se les impusiera qué pensar, qué condenar y qué aprobar sobre el curso del mundo y de la historia. A esa actitud se la denunciaba por su carácter pequeñoburgués, lo que quiere decir individualista, egoísta y en abierta complicidad de hecho con la clase dominante (…) Los intelectuales tenían así el problema y el conflicto de la representación. No representaban a nadie, a nadie más que a ellos mismos. Y no sólo eso, sino que inevitablemente estaban en una situación artificial, falsa, por lo que no eran más que una conciencia libre que podían inflarse sin límite hasta convertirse en conciencia universal, una especie de espíritu absoluto que en nombre de una verdad llamada libertad, legislaba sobre el mundo. (…) Ese era el problema de Sartre, y también, en nuestro país, de Abelardo Castillo, entre otros (…) Había dos diferencias entre Francia y la Argentina. Una era que los intelectuales argentinos leían a los franceses, sin reciprocidad, salvo a los tres mosqueteros que gozaban del privilegio de la traducción: Borges, Sábato, Cortázar, aunque ninguno de los tres podía ser catalogado de intelectual de izquierda. La otra diferencia, de corte centrípeto, era que mientras en Francia el órgano político que representaba a la clase obrera era el Partido Comunista, en nuestro país ese lugar era ocupado por el peronismo. Lo que significaba algo bien concreto, y era que los obreros de carne y hueso, no en cuanto fantasmas invocados, siempre que podían votaban a su partido o su movimiento, y no reconocían ninguna otra representación. Por eso nuestros intelectuales debieron con el tiempo decidirse sobre su relación con el peronismo, a pesar de que tampoco faltaron quienes se dedicaron a romper lanzas con el Partido Comunista argentino.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 15 de febrero de 2019

Roland Barthes, comentado por Virginia Cosín

Virginia Cosín escribe y coordina talleres de lectura y escritura en Sportivo Literario. Publicó la novela “Partida de nacimiento” en Editorial Entropía y cuentos en varias antologías. Colabora en medios nacionales como la Revista Ñ, el blog de Eterna Cadencia, La agenda BA, Anfibia y otros.

Roland Barthes
Roland Barthes
Eterna Cadencia

Uno (mi comentario)

¿Cuántos hombres habitan una vida? ¿Cuántos una obra? Quien intenta mirarse a sí mismo  no consigue verse nunca entero, completo, uniforme, liso, parejo. Se ve recortado, ve hacia fuera y hacia dentro, ve el pasado, el presente y el futuro, se escribe, se desarma, se rompe en pedazos, hace de sí mismo una escritura, un imaginario hecho de retazos. Eso es Roland Barthes por Roland Barthes: un libro escrito por un hombre, un lector, EL lector, leyéndose a sí mismo, a sus textos, sus migajas, un hombre sin cabeza, dado vuelta, desclasado, des-acomodado. (…)

En Barthes por Barthes está el Roland Barthes  inconformista, el cultor del confort y de la forma-miniatura, el estructuralista y el post estructuralista, el crítico y el novelista, el detective salvaje, el elegante, el enamorado de los fragmentos y los discursos amorosos, las mitologías urbanas, el destructor de la norma totalizadora, el que se separa de sí para narrarse, el que se habla, se nombra, se multiplica, se pregunta. Esta nueva edición de un clásico del Siglo XX, publicada ahora por Eterna Cadencia, viene con un plus: la traducción y el prólogo de Alan Pauls.

Dos (la selección)

De ahí la gran consigna que abre el Barthes por Barthes: “Todo esto debe ser considerado como dicho por un personaje de novela”. “Todo esto” es real: los datos, las anécdotas biográficas, los materiales históricos, las fotografías, las ilustraciones, las referencias bibliográficas, las ideas, las “etapas”, los conceptos. Todo, menos el sujeto que lo enuncia, de golpe empujado, seducido, raptado -con la radicalidad delicada de un procedimiento de arte conceptual- por un movimiento imaginario que no hace sino diferir una y otra vez la constitución de una fuente única, un yo estable, un “autor”, figura del origen cuyo certificado de defunción el mismo Barthes había firmado apenas siete años atrás en “La muerte del autor” (1968), las seis páginas de teoría literaria más influyentes de la segunda mitad del siglo xx.

Tres

El Amateur (el que practica la pintura, la música, el deporte, la ciencia, sin espíritu de maestría o de competencia) conduce una y otra vez su goce (amator: que ama y ama otra vez); no es para nada un héroe (de la creación, de la hazaña); se instala graciosamente (por nada) en el significante: en la materia inmediatamente definitiva de la música, de la pintura; su práctica, por lo regular, no comporta ningún rubato (ese robo del objeto en beneficio del atributo); es –será tal vez– el artista contra–burgués.

Cuatro

Mi cuerpo sólo me existe a mí mismo bajo dos formas corrientes: la jaqueca y la sensualidad. Estos no son estados inusitados, sino por el contrario muy mesurados, accesibles o remediables, como si en uno y otro caso uno decidiese remitirse a imágenes gloriosas o malditas del cuerpo.La jaqueca no es el grado realmente primero del malestar físico, y la sensualidad no es considerada, por lo regular, más que como una suerte de cenicienta del placer.

En otras palabras, mi cuerpo no es un héroe. El carácter ligero, difuso, del malestar o del placer (la jaqueca, ella también, acaricia algunos de mis días) se opone a que el cuerpo se constituya en lugar ajeno, alucinado, sede de transgresiones agudas; la jaqueca (así denomino, con bastante inexactitud, al simple dolor de cabeza) y el placer sensual, no son más que cenestesias, que se encargan de individuar mi propio cuerpo, sin que éste pueda sacar gloria de ningún peligro: mi cuerpo es ligeramente teatral para sí mismo.

Cinco

Busca una definición de ese término de “moralidad” que leyó en Nietzsche (la moralidad del cuerpo en los griegos antiguos), y que opone a la moral; pero no logra –conceptualizarlo; sólo puede atribuirle una suerte de campo de acción, un tópico. Este campo es para él, sin lugar a dudas, el de la amistad, o más bien (“pues esta palabra de tarea de latín es demasiado rígida, demasiado pudorosa): el de los amigos (al hablar de ellos sólo puedo hacerlo tomándome a mí mismo, tomándolos a ellos, en una contingencia –una diferencia). En ese espacio de las afecciones cultivadas, encuentra la práctica de ese nuevo tema cuya teoría se busca hoy: los amigos forman entre ellos una red en la que cada uno tiene que aprehenderse como interior/exterior, sometido en cada conversación a la cuestión de la heterotropía: ¿dónde estoy entre los deseos? ¿dónde estoy en cuanto al deseo? La pregunta se me plantea debido al desarrollo de múltiples peripecias de amistad. Así se escribe, día a día, un texto ardiente, un texto mágico, que no terminará nunca, imagen brillante del Libro liberado.

Seis

Gusto por la división: “las parcelas, las miniaturas, los cercos, las precisiones brillantes (como el efecto producido por el hachís según Baudelaire), la vista de los campos, las ventanas, el haiku, el rasgo, la escritura, el fragmento, la fotografía, la escena a la italiana, en suma, según se elija, todo lo articulado del semántico o todo el material del fetichista. A este gusto se le declara progresista: el arte de las clases en ascenso procede por encuadramientos (Brecht, Diderot, Einstein).

Siete

El movimiento de su obra es táctico: de lo que se trata es de desplazarse, de obstaculizar, como en el juego, pero no de conquistar. Ejemplos: ¿la noción de intertexto? No tiene, en el fondo, ninguna positividad; sirve para combatir la ley del contexto (1971, II); la comprobación es presentada en cierto momento como un valor, pero no en absoluto para exaltar la objetividad sino para poner coto a la expresividad del arre burgués; la ambigüedad de la obra (CV, 55) no viene en absoluto del New Criticism y no le interesa en sí misma; no es más que una pequeña máquina de guerra contra la ley filológica, la tiranía universitaria del sentido recto. Esta obra podría entonces definirse como: una táctica sin estrategia.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 14 de febrero de 2019

Hacia rutas salvajes, comentado por Silvia Itkin

Hacia rutas salvajes
Jon Krakauer
Ediciones B

Selección y comentario por Silvia Itkin.

Uno (mi comentario)

Into the wild se publicó por primera vez en diciembre de 1996. Krakauer, hoy de casi 65 años, es montañista y escritor y luego de esta joya, publicó otro libro (Mal de altura) y un puñado más sobre el mismo tema: la montaña. Lo extraordinario de esta aventura que protagoniza el malogrado Chris McCandless es que sabemos que todo termina mal en las primeras páginas. (…)

Hacia rutas salvajes nace de una crónica que le encargaron al autor para la revista norteamericana Outside y él, conocedor de aventuras extremas por experiencia propia, quiso saberlo todo; reconstruye el camino de McCandless, recoge las miguitas que dejó (para no volver). Es grande la tentación de darle un marco Thoreau al asunto, pero este chico que deja vida acomodada para romper con todos los lazos que lo atan al sistema tiene mucho de niño asustado, de quien se lanza al vacío con el candor de aspirar una bocanada grande de aire en la caída. Krakauer nos brinda una lección de periodismo. Si la historia tiene todo para ceder a la ficción por su dimensión trágica, él decide otra cosa: narrar los hechos, arriesgar interpretaciones (con la chapa de sus excursiones en altura) y dejar que los restos hablen. No hay subrayados emotivos. Así consigue traspasar sus preguntas al lector, impresas sobre una desolación sin remedio.

Dos (la selección)

En la puerta trasera, atada al extremo de una rama de aliso, alguien había improvisado una

bandera con unas mallas rojas de punto como las que usan los bailarines. La puerta estaba

entornada y tenía pegada con cinta adhesiva una nota inquietante. En una hoja arrancada de una novela de Nikolai Gogol, se leía un texto escrito a mano y en letras de molde:

S.O.S. NECESITO QUE ME AYUDEN. ESTOY HERIDO, MORIBUNDO, Y DEMASIADO DÉBIL PARA SALIR DE AQUÍ A PIE. ESTOY COMPLETAMENTE SOLO. NO ES UNA BROMA. POR DIOS, LE PIDO OQUE SE QUEDE PARA SALVARME. HE SALIDO A RECOGER BAYAS Y VOLVERÉ ESTA NOCHE. GRACIAS, CHRIS MCCANDLESS. ¿AGOSTO?

Tres

Curiosamente, cuando solicitó el trabajo en McDonald’s no se presentó como Alex, sino como Chris McCandless, y además dio a la empresa su verdadero número de la Seguridad Social. Una imprudente revelación de su identidad, desacostumbrada en él, ya que fácilmente podría haber puesto a sus padres sobre la pista de su paradero. Sin embargo, el desliz no tuvo consecuencias, ya que el detective privado que Walt y Billie habían contratado nunca llegó a averiguarlo.

Cuatro

“Cuando Alex partió hacia Alaska, recé -recuerda Franz-. Le rogué a Dios que lo protegiera. Le dije que el chico era especial. Pero él lo dejó morir. Así que aquel 26 de diciembre, cuando descubrí lo que había ocurrido, abjuré de mi fe cristiana. Renuncié a la Iglesia y me convertí en ateo. Decidí que no podía seguir creyendo en un dios que había permitido que algo tan horrible le sucediera a un chico como Alex.”

Cinco

McCandless no parece encajar demasiado con el prototipo de víctima de la montaña. Pese a su temeridad, su desconocimiento de las reglas básicas de la vida en el monte y su imprudencia rayana en la insensatez, no era un incompetente. No habría sobrevivido durante 113 días en el caso de serlo. Tampoco era un chiflado, un asocial o un marginado. McCandless era diferente, aunque lo difícil es establecer en qué consistía esa diferencia. Quizá fuese un peregrino.

Seis

En aquella época, la muerte era para mí un concepto tan abstracto como la geometría no

euclidiana o el matrimonio. Aún no percibía su terrible significado ni el dolor devastador que

puede causar entre las personas que aman al que muere. El oscuro misterio de la mortalidad me fascinaba. No podía resistir la tentación de escapar hacia el abismo y atisbar desde el borde. Lo que se insinuaba entre aquellas sombras me aterrorizaba, pero alcanzaba a ver un enigma prohibido y elemental, no menos imperioso que los dulces y ocultos pétalos del sexo de una mujer.

Siete

A diferencia de Muir y Thoreau, McCandless no se adentró en el monte para reflexionar sobre la naturaleza o el mundo en general, sino para explorar el territorio concreto de su propia alma. Sin embargo, pronto descubrió algo que Muir y Thoreau ya sabían: que una estancia prolongada en un lugar salvaje y desconocido agudiza tanto la percepción del mundo exterior como del interior, y que es imposible sobrevivir en la naturaleza sin interpretar sus signos sutiles y desarrollar un fuerte vínculo emocional con la tierra y todo lo que la habita.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 13 de febrero de 2019

El Anti Líder, comentado por Carlos March

Carlos March, periodista, director de Gestión de Conocimiento de Fundación Avina. Autor del libro “Dignidad para todos”.

El Anti Líder
Andrés Hatum
Vergara

Uno (mi comentario)

Lo que queda claro en el material de Hatum es que así como trabajar con un líder significa una iluminadora experiencia de libertad, hacerlo con un antilíder implica un oscuro acto de sometimiento. Mientras que el liderazgo con valores es liderazgo; el liderazgo sin valores es tiranía. Sometimiento y tiranía es lo que envuelve al antilíder en sus diversas variantes pulidamente descriptas por Hatum. (…)

Pero lo que también plantea el libro de manera contundente es que convivir con antilíderes no solo tiene un efecto personal sino también colectivo, pues los disvalores promovidos por estos sujetos permean en la organización, se potencian, la contaminan y la destruyen. Si bien este libro puede ayudar a construir la distancia protectora que le permita a un ser sobrevivir a este tipo de individuo en el corto plazo, tarde o temprano las personas y la organización serán contagiadas, porque el antilíder es un enfermo que propaga antiliderazgo hasta convertirlo en una epidemia.

Dos (la selección)

En definitiva, hemos visto cómo los antilíderes generan aislamiento externo y la formación de silos organizacionales; les falta capacidad crítica; les sobra autoadulación; y suelen tener sentimientos de xenofobia por aquellos que son extraños a la empresa. Los antilíderes generan todas estas conductas típicas de organizaciones incestuosas. Y si bien en el corto plazo pueden lograr un aumento de utilidades, en el largo plazo pierden talento, diversidad y negocios.”

Tres

“Los antilíderes tienden a minar la identidad corporativa, que está basada en valores que, para que esa identidad sea fuerte, necesitan ser perdurables y compartidos. Este es el peor daño que se puede infligir a una organización.”

Cuatro

“Enron era un sistema basado en estrellas a las cuales se las recompensaba excesivamente y se las promovía sin pensar en la falta de experiencia y/o compromiso con la organización. Como dijo un directivo de la empresa: “Contratamos a personas muy listas y les pagamos más de lo que ellas piensan que se merecen”. Un sistema ideal para estrellas que se convertirán en bestias destructivas de la organización, tanto de sus competencias como de sus valores”.

Cinco

“El derrumbe moral provocado por jefes tóxicos se esparce en toda la organización y afecta a la sanidad mental de todos los empleados, que comienzan a adoptar las mismas costumbres y los hábitos del antilíder. Y claro, si uno no es parecido al jefe tóxico, termina fagocitado por la organización, enfermo o expulsado. Los jefes tóxicos no son colaborativos; por el contrario, fomentan el trabajo individual por sobre el grupal. Cualquier espacio de colaboración podría atentar contra su propio poder.”

Seis

”Los psicópatas son expertos en bullying. Son identificables por su humor sarcástico, por su prepotencia y por su facilidad para explotar a otros, en especial a los más débiles. Por el contrario, los narcisistas son carismáticos, histriónicos y seductores. Son populares y tienen miles de seguidores en las redes sociales. Por último, los maquivélicos tienden a mantener un bajo perfil, que es la manera de observar y operar sobre lo que ocurre sin ser notados. Como “monjes negros”, suelen ocultarse tras la sombra de un líder visible que confía en sus instintos y su inteligencia para ganar poder. Si forma equipo con un narcisista, es capaz de dominar en cualquier ámbito.”

Siete

“Las nuevas organizaciones tienen que estar diseñadas para lograr rapidez, agilidad y adaptabilidad, a fin de competir en un mercado marcado por la disrupción y la impredecibilidad. Una organización pensada para la rapidez y la agilidad es una daga mortal para los antilíderes, que prefieren la inercia y el statu quo al cambio, y quedarse encerrado en su silo en vez de abrir el juego a la organización.”


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 12 de febrero de 2019

Sur y Oeste, comentado por Karina Galperín

Sur y Oeste
Joan Didion
Random House

Uno (mi comentario)

Joan Didion pertenece a esa generación norteamericana que, a fines de los 50, principios de los 60, comenzó a descubrir en su propio país una sociedad que desconocía y en su propia época un repositorio de novedades. Viajeros en su vasta tierra y cronistas ávidos de su tiempo, tuvieron plena conciencia de la excepcionalidad americana, que observaron, describieron y analizaron en primera persona con la curiosidad del sociólogo, del dramaturgo, del periodista, del escritor.  

Conocemos a la Didion de sus primeras épocas sobre todo por sus crónicas californianas, por el estilo elegante, íntimo y preciso, por la mirada mordaz y detallada con que retrató y entendió distintas facetas de la vida del oeste americano en que se crió. Pero sobre todo, por la curiosidad con que intentó entender su entorno, su propia experiencia de vida, incluso su dolor. En este libro, Sur y Oeste, leemos las notas sueltas, no del todo trabajadas, que Didion fue redactando durante un viaje en auto de un mes que hizo junto con su marido en 1970 por Misisipi, Alabama y Luisiana en busca de algo que nunca hasta ahora llegó a convertirse en publicación.

No creo que sea la razón por la que Sur y Oeste fue publicado ahora, pero a mí esta colección de croquis para ensayos me parece fascinante porque muestra en gran parte también por qué razones, a veces, los grandes escritores fallan. Y cómo parte del talento reside en intuir, como en este caso, cuándo el material producido no alcanza o tiene algún problema estructural que ni los hallazgos esporádicos salvan. Fastidiada por el clima y la geografía del Sur profundo, sintiéndose lejos y por encima de la gente que se iba cruzando en el camino, Didion miró con sorna y disgusto pero, a pesar de lo que declara, sin curiosidad genuina, a ese Sur en el que sólo vio a la América racista, conservadora y machista donde persistían todavía relaciones, conductas y valores muy enraizados en el pasado y ajenos ya a la experiencia del Oeste y el Este, por las que había pasado Didion. Sólo eso fue el Sur en estos relatos para ella, a pesar de que a veces afloran episodios que habilitan otra mirada y que ella elige no seguir. La contratapa y varias reseñas de Sur y Oeste ven en las observaciones de Didion un sentido profético a la luz de la América que volvió a la superficie en la era Trump. Y quizás sea cierto. Pero me parece cierto también que en el tono y la mirada de Didion en estos esbozos hay también alguna clave de por qué las dos Américas siguen mirándose, después de medio siglo, con el mismo recelo.

El último ensayo son las notas que Didion escribió para la cobertura que iba a hacer para la Rolling Stone del juicio de Patty Hearst, la hija del magnate secuestrada por el grupo de izquierda Symbionese Liberation Army, al que luego se unió. Pero Patty Hearst, en el texto que no se publicó nunca en la revista, es para Didion menos el tema de una cobertura que una imagen que le permite viajar a su propia infancia, reflexionar sobre las peculiaridades estéticas de su familia, enfocarse en los efectos sobre ella de la diferencia con los otros, en la distancia entre lo que percibía y lo que era, en la relación entre los recuerdos autoriales y las representaciones en las obras de ficción. Ésta es, para mí, la mejor Didion, la que saca de un detalle reflexiones inesperadas, de la textura de una prenda recuerdos escondidos, de una fotografía de otros reminiscencias de los veranos de infancia. En este texto breve, Didion se deja llevar por relaciones azarosas que descubre o inventa pero que le permiten entender y mostrarnos cómo llegó a ser quién es y cómo mira el mundo. También, uno puede identificar acá y allá, en este relato narrado desde “los hijos de California que se habían criado como yo”, esa estudiada exhibición del privilegio, mesurada pero presente siempre como soporte continuo de esa voz que le conocemos a Joan Didion. Es exquisita y sutil y certera. Nos permite ver a la mejor Joan Didion. Pero también nos permite entender de a ratos la incomodidad y fastidio con que alguna vez la leyó otra californiana brillante: Pauline Kael.   

Dos (la selección)

“Cuando pienso ahora en Nueva Orleans, me acuerdo sobre todo de su densa ofuscación, de su vertiginosa obsesión por la raza, la clase, el legado histórico, el estilo y la ausencia de estilo. Se da el caso de que estas obsesiones concretas se basan todas en distinciones que la ética de la frontera enseña a los niños del Oeste a negar y a dejar deliberadamente en el tintero, pero en Nueva Orleans dichas distinciones son la base de muchas conversaciones, y son lo que otorga a esas conversaciones su peculiar crueldad e inocencia infantil. En Nueva Orleans también se habla de fiestas y de comida, con unas voces que suben y bajan y nunca se apagan, como si hablar de cualquier cosa pudiera mantener a raya la naturaleza salvaje. En Nueva Orleans la naturaleza salvaje se percibe como algo muy cercano, como la naturaleza redentora de la imaginación del Oeste, sino como algo rancio y viejo y malévolo, la idea de la naturaleza salvaje no como una huida de la civilización y sus descontentos, sino como una amenaza mortal a una comunidad precaria y colonial en su sentido más profundo. El resultado es vivaz y avaricioso e intensamente egocéntrico, un tono bastante común en las ciudades coloniales, y que constituye la razón principal de que esas ciudades me resulten estimulantes”. (32-33)

Tres

“En el Golfo todo parece irse al carajo: a las paredes les salen manchas, las ventanas se oxidan. Las cortinas crían moho. La madera se deforma. Los aires acondicionados dejan de funcionar. En nuestra habitación del hotel Edgewater Gulf, donde estaba teniendo lugar la Convención de Radiotelevisión de Misisipi, el aire acondicionado de la ventana temblaba y sufría violentas sacudidas cada vez que lo encendías. El Edgewater Gulf es un hotel enorme y blanco como una lavandería gigante y con pinta de estar a punto de ser clausurado para su demolición. La piscina es grande y está descuidada, y el agua huele a pescado. Detrás del hotel hay un centro comercial nuevo construido alrededor de una galería cubierta con aire acondicionado, y empecé a escaparme allí para intentar regresar a la América normal”. (44-45)

Cuatro

“En el Sur no podía dejar de pensar que si yo hubiera vivido allí habría sido una persona excéntrica y llena de rabia, y me preguntaba qué forma habría asumido aquella rabia. ¿Acaso me habría sumado a alguna causa, o simplemente habría apuñalado a alguien?”. (73)

Cinco

“Había unas poca mujeres negras por la calle, todas con sombrillas para protegerse de sol. Eran casi las cinco. En mitad de la avenida Veintidós, la calle principal de Meridian, había un hombre con una escopeta en las manos. Llevaba camisa de color rosa, gorra de golfista y un audífono en una oreja. Levantó la escopeta y disparó varias veces hacia el tejado de un edificio.

Yo paré el coche, me lo quedé mirando un rato y por fin me acerqué a él.

-¿A qué le está disparando? – le pregunté.

-A lah palomah – me dijo en tono jovial.

En aquella única tarde demencial, Misisipi perdió gran parte de su capacidad de asombrarme”. (76)

Seis

“Una noche fuimos al cine en Meridian: estaban poniendo Loving, con George Segal y Eva Marie Saint. El público, el poco que había, miraba la pantalla como si la película fuera checa. Se daba el caso de que yo había visto a Eva Marie Saint hacía unas semanas, en una cena en una casa de Malibú, y ahora la distancia entre Malibú y aquel cine de Meridian me parecía infinita. ¿Cómo había llegado yo de un sitio a otro? Esa era, como siempre, la pregunta”. (79)

Siete

“Así que fuimos al cementerio, al de Oxford, en busca de la tumba. Bajo un roble de Virginia había un muchacho negro sentado en un Buick en dos tonos de color salmón con la puerta abierta. Estaba sentado en el suelo del coche con los pies afuera, y mientras estuve allí subieron serpenteando por la carretera del cementerio varios coches con adhesivos de la Universidad de Misisipi y de “Todos con Archie”, y de ellos salieron varios muchachos y llevaron a cabo algún intercambio con el chico negro y volvieron a arrancar y se fueron. El chico negro parecía estar vendiendo marihuana, y su coche tenía un adhesivo de la Estatal de Wayne. Aparte de esto, no había nadie más, sólo conejos y ardillas y el zumbido de las abejas y el calor, un calor mareante, un calor tan intenso que se me pasó por la cabeza desmayarme. Estuvimos varias horas buscando la tumba, encontramos la parcela de la familia Faulkner y Falkner, pero nunca llegamos a encontrar la tumba de William Faulkner en todo aquel cementerio poblado por ciudadanos de Oxford y niños pequeños”. (112-113)

Bis

“En el almuerzo, o justo antes, le pidieron a la niña de siete años que tocara algo y ella estuvo encantada; interpretó al piano “Joy to the World”, una melodía peculiar en aquel tórrido día de junio en el Delta. Todo el mundo se tomó de las manos para bendecir la mesa. Los cuatro hijos iban vestidos con camisas azules de cuello mao a juego. La familia acababa de volver del servicio dominical en la iglesia presbiteriana. Y había llamado a Marshall Bouldin el día anterior desde Oxford y él me había sugerido que fuéramos a almorzar a su casa: “Vengan después de la iglesia”, me había dicho. Esa idea de la “iglesia” como algo que se da por sentado los domingos por la mañana ya hace un par de generaciones que no existe en las sociedades protestantes que conozco, pero sigue existiendo en el Sur”. (125)
“Cuando comparo las casas que a mí me criaron para que admirara, en California, con las casas que a mi marido lo criaron para que admirara, en Connecticut, me asombra que hayamos conseguido construir una casa juntos”. (148)


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 11 de febrero de 2019

Capitalismo de plataformas, comentado por Hernán Vanoli

Capitalismo de plataformas
Nick Srnicek
Caja Negra

Selección y comentario por Hernán Vanoli, escritor.

Uno (mi comentario)

Desde el famoso libro de Umberto Eco, la pregunta sobre si apocalípticos o integrados recorrió a muchas de las visiones sobre la industria cultural. Sin embargo, en muy poco tiempo, la internet se convirtió en una condición de existencia e inauguró una nueva manera de relacionarnos entre nosotros, con los contenidos culturales y, en un plano más profundo, con la verdad. Capitalismo de Plataformas termina demostrando que la antigua disyuntiva entre un rechazo antitécnico basado en su enorme poder de vigilancia o una aceptación celebratoria centrada en la supuesta horizontalidad de la internet pierden una parte de la “imagen completa”: el hecho de que internet fue brutalmente privatizada y casi monopolizada por unas empresas -las plataformas- que se basan en la extracción permanente de datos de la misma manera que el viejo capitalismo extractivo lo hacía con las materias primas. (…)

Partiendo de esta hipótesis, su autor, Nick Srnicek, cataloga a las plataformas de extracción de datos de acuerdo al uso que realizan de la información (Google y Facebook por ejemplo serían publicitarias, Uber y Airbnb serían austeras, Spotify sería de servicios) y, básicamente, a sus modelos de negocios. Más allá de las “consecuencias humanas” y desde un neomarxismo que pretende retomar la inciativa modernizadora que la izquierda pareció haber perdido, el libro se propone realizar un análisis económico sobre los modelos de negocios de las plataformas, su relación con la historia y sus perspectivas a futuro, no tan rosas como la llamada “ideología de Silicon Valley” nos quiere hacer creer.

Dos (la selección)

El argumento de este libro es que, con una prolongada caída de la rentabilidad de la manufactura, el capitalismo se volcó  hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento económico y la vitalidad de cara al inerte sector de la producción. En el siglo XXI, sobre la base de cambios en las tecnologías digitales, los datos se han vuelto cada vez más centrales para las empresas y su relación con trabajadores, clientes y otros capitalistas. La plataforma emergió como un nuevo modelo de negocios, capaz de extraer y controlar una inmensa cantidad de datos, y con este cambio hemos visto el ascenso de grandes compañías monopólicas. Hoy en día el capitalismo de las economías de altos y medianos ingresos está dominado cada vez más por estas compañías, y las dinámicas trazadas en el presente libro sugieren que la tendencia no va a hacer otra cosa que continuar. El propósito aquí es ubicar a estas plataformas en el contexto de una historia económica más amplias, entenderlas como medios para generar rentabilidad y delinear algunas de las tendencias que producen como resultado.

Tres

El boom de los años 1990 llegó efectivamente hasta la fatídica comercialización de lo que había sido, hasta ese momento, una Internet mayormente no comercial. Fue una época alentada por la especulación financiera, que se estaba a su vez alimentada por grandes cantidades de capital de riesgo (CR) y se expresó en altos niveles de cotización de acciones. Cuando el sector manufacturero estadounidense empezó a estancarse después de los efectos del Acuerdo Plaza, el sector de las telecomunicaciones se convirtió en la opción preferida del capital financiero en la segunda mitad de los noventa. Era un sector nuevo y grande, y el imperativo de obtener ganancias se aferró a las oportunidades provistas por la posibilidad de conseguir gente y negocios online. Cuando este sector estuvo en su punto más alto, cerca del 1% del producto interno bruto (PIB) consistía en CR invertido en empresas de tecnología; y el tamaño promedio de negocios de CR se cuadruplicó entre 1996 y 2000.

Cuatro

Las plataformas, en resumidas cuentas, son un nuevo tipo de empresa; se caracterizan por proporcionar la infraestructura para intermediar entre diferentes grupos usuarios, por desplegar tendencias monopólicas impulsadas por efectos de red, por hacer uso de subvenciones cruzadas para captar diferentes grupos usuarios y por tener una arquitectura central establecida que controla las posibilidades de interacción. Ser propietario de una plataforma, a su vez, es ser propietario de software (las 2.000 millones de líneas de código de Google, o las 20 millones de líneas de código de Facebook) y hardware (servidores, centros de datos, smartphones, etc.) construidos con material open-source (por ejemplo, Facebook utiliza el sistema de administración de datos Hadoop).

Cinco

Si Google y Facebook construyeron las primeras plataformas de extracción de datos, Amazon construyó la primera plataforma de la nube importante para alquilar medios de producción cada vez más básicos a compañías contemporáneas. En vez de depender de anunciantes que compran datos, estas plataformas de la nube están desarrollando la infraestructura básica de la economía digital de manera tal que puede ser alquilada por otros provechosamente, mientras ellos recolectan datos para sus propios fines.

Seis

Lo que nos lleva al último gran límite: las plataformas austeras son totalmente dependientes de una gran manía de capital excedente. La inversión en stand-up de tecnología al día de hoy es menos una alternativa a la centralidad de las finanzas que una expresión de la misma. Igual que el boom original de tecnología, se inició y se sostuvo mediante una política monetaria laxa y mediante grandes cantidades de capital en busca de retornos más elevados. Aunque es imposible decir cuándo va a explotar una burbuja, hay señales de que el entusiasmo por este sector ya terminó.

Siete

¿Qué nos depara entonces el futuro? Si continúan las tendencias expuestas en este libro, podemos esperar un futuro en particular. Las plataformas se siguen expandiendo por la economía y la competencia las lleva a encerrarse en sí mismas cada vez más. Las plataformas que dependen de los ingresos por publicidad se ven obligadas a volcarse aún más hacia negocios por pagos directos. Mientras tanto, las plataformas austeras que dependen de los costos de tercerización y deslocalización y de generosidad de los capitales de riesgo o van a la quiebra o se vuelven plataformas de productos (como está intentando hacer Uber con vehículos sin conductor). Al final, parece ser que el capitalismo de plataformas tiene tendencias inherentes a desplazarse hacia la extracción de rentas mediante la oferta de servicios (en forma de plataformas de la nube, plataformas de infraestructura o plataformas de productos). En términos de rentabilidad, Amazon es más el futuro que Google, Facebook o Uber.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 8 de febrero de 2019

Sobre Peronismo, Pampa y Peligro, comentado por Paula Abal Medina

Sobre el Peronismo, Pampa y Peligro. Mi vida en la política argentina
Felipe Solá
Ariel

Selección y comentario por Paula Abal Medina, socióloga, docente e investigadora en la Universidad Nacional de San Martín y el CONICET.

Uno (mi comentario)

Felipe Solá escribió una autobiografía de 400 páginas. Es un libro de lectura placentera, combina anécdotas, reflexiones políticas, semblanzas de dirigentes y vivencias personales. Pero fundamentalmente nos permite reconstruir “la cocina del poder”, comprender el punto de vista de un dirigente que ocupó numerosos cargos políticos: secretario de estado, ministro, diputado, vice-gobernador, gobernador. Podríamos decir que para un dirigente peronista que cree genuinamente en los principios de organización social creados por el primer peronismo, le tocaron tiempos fuleros: justo los que trascendieron como la “década perdida” y el “fin de la historia”. (…)

Solá integró el Poder Ejecutivo cuando el indulto a los genocidas y la privatización de empresas públicas. Tuvo a cargo gestiones sectoriales sensibles en momentos de curva cerrada hacia el neoliberalismo (pesca, soja transgénica). Y fue máxima autoridad provincial cuando la policía asesinó a dos militantes populares: Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.  Estas muertes nos dolieron a muchos de los que fuimos jóvenes en 2002, uno de los duelos que permite identificarnos como generación. Solá dedica un largo apartado a explicar la vertiginosidad de esos días, la enorme confusión. Sería sencillo hacerlo cargo en la proporción de su responsabilidad política, pero no sería justo. Solá es el gobernador que eligió a Juan Pablo Cafiero y a León Arslanian como sus Ministros de Seguridad y una política que fue consecuente con estos nombres. También Jorge Taiana tuvo incumbencia en la materia como Secretario de Derechos Humanos y responsable del Programa contra la Tortura. Sin embargo, hay algo más profundo y más dramático para identificar. Dos reacciones polares emergieron de las cenizas de la dictadura y la derrota electoral del peronismo en el ‘83: la melancolía y el pragmatismo. Solá confiesa con lucidez la conclusión de época que él compartió: “el peronismo nació para ser poder” y hacia allí enfiló cuando triunfó el Síganme. Si tuviéramos que fechar los años durante los cuales más desencontrados estuvieron poder y transformación, serían los del cambio de siglo. Seguramente por eso pudo resultarle verosímil que hubiera “francotiradores piqueteros”. Cuando un dirigente avezado se traga un buzón es porque el poder lleva largo tiempo divorciado de la realidad.

Solá es para mí el tipo que aparece en el segundo párrafo que les propongo y después el político que pudo ser en sus circunstancias históricas. En algún momento de la lectura me enojé y pensé que desaprovechó la potencia del tiempo más prometedor que le tocó en suerte: debió ser más kirchnerista, por recorrido y por convicciones. Si el kirchnerismo no se dejó querer más que por subordinados o si el meollo de la cuestión estuvo en una vara felipista que volvió más determinante los gestos de reconocimiento personal y político hacia su persona que el sentido histórico de un proyecto, es algo que tendrá que dilucidar cada posible lector de un libro que merece alimentar el debate de los años que vendrán.

Dos (la selección)

(Pag 37) “No fui montonero porque tenía miedo, porque no estaba dispuesto a matar y, sobre todo, a que me mataran. Tenía una adhesión a la violencia teórica, pero en la práctica no hubiera soportado ver morir a un tipo, me hubiera asqueado, me hubiera ido. A los 22 años me gustaban Perón, las minas y el sol…

Muchos años después me relacioné con muchos protagonistas sobrevivientes, ex chupados, militantes de distintas alas del peronismo. A algunos de ellos tuve la oportunidad de darles poder, como cuando nombré a Julio “el Boina” Urien presidente de Astilleros Río Santiago, y no sólo por sus virtudes intactas, sino para enmendar algo en mí, un sentimiento de culpa y admiración por su pasado, un respeto por los tipos que no priorizaron su autopreservación como yo”.

Tres

(Página 61-62) “El 30 de marzo de 1982 la CGT-Brasil que encabezaba Ubaldini convocó a la plaza para “decirle basta a este Proceso que ha logrado hambrear al pueblo sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”. Después de las marchas a San Cayetano y de la huelga de los 25 en 1979 se logró la movilización más grande contra los militares. La consigna “Paz, Pan y Trabajo” de Ubaldini unificó a todos los sectores: desde un joven Víctor de Gennaro hasta Lorenzo Miguel, incluido Francisco el Barba Gutiérrez, novato gremialista de la Unión Obrera Metalúrgica de Quilmes recién salido del pabellón de la muerte de la Unidad 9 de La Plata. Iribarne, Croqueta Invancich, el Chacho Alvarez, Corach, Juampi Cafiero, mi amigo Adolfo Boverini y otros pasamos a buscar a Antonio Cafiero a su estudio de la calle Lavalle 1112. Lo conocí ese día. A mí me emocionaba todo: la calle, la multitud, nosotros de nuevo juntos y el gran Antonio en el medio. Lo cuidábamos.”

Cuatro

(Página 173) “Al cortar con la Historia, con la doctrina y con la memoria, Menem cortó, en teoría, con su movimiento. Pero el movimiento no tomó real conciencia de ese alejamiento: estaba perplejo y esperaba un líder. Si la categoría de pueblo peronista había caído como columna inamovible en 1983, ¿qué era el movimiento ahora? Decenas de miles de militantes que aspiraban a ser gobierno, a ocupar todos los lugares posibles; que provenían de sus ramas tradicionales – políticos, sindicalistas, técnicos, pensadores – dispuestos a aportar. La fiebre del oro de California. No hizo falta demasiado para llevarlos a lo nuevo, lo impensado. Ni debates profundos, ni explicaciones: el peronismo había nacido para ser poder y allí estábamos. El Turco supo que su victoria contra Cafiero cerraba las polémicas por un tiempo largo. Había ganado el “Síganme”.”

Cinco

(Página 268) Kirchner quería fortalecer la transversalidad, atraer a los militantes de izquierda peronista que habían huido del PJ rígido, donde había rituales, pero no debates. Hizo un Congreso en Parque Norte sólo para kirchneristas (hubo señales en contra de la asistencia de los intendentes) donde dio un discurso en el que se diferenció claramente de las tradicionales posiciones pejotistas ¿Qué pasaba? Necesitaba como el pan al aparato, pero usaba la prepotencia y hasta la amenaza para forzar a que el PJ se plegara sin condicionamientos. Cada tanto daba señales de acercamiento, pero hacía circular rumores de las carpetas de la SIDE sobre cada intendente. La mejor síntesis del pensamiento de los caciques fue la famosa frase de uno de ellos: “no queremos que nos lleven a patadas en el culo adonde queremos ir.”

Seis

(Página 293) “La Argentina había comenzado a crecer: en los barrios se notaba la recuperación del trabajo. Pero, además, Kirchner había recobrado el prestigio de la política: la había colocado por delante del modelo económico, la había independizado (en buena medida) de los poderes. Y había llevado a cabo algo que muchos no habían visto desde el último año de Perón Presidente: se podía argentinizar el manejo de la economía, seguir un camino propio, salir de la impotencia y ser dueños de nuestro destino. Así lo vi. Así lo sentí. Y mi convicción fue creciendo hasta superar mis especulaciones y mis temores. Y si el Gobernador era el más convencido, ¿cómo no iba a arrastrar a los peronistas de la provincia?”

Siete

(Página 406) Mi vida política comenzó con Perón en Madrid, su resistencia y su visión final del camino a seguir. En mi cabeza se cruzan permanentemente sus advertencias, sus consejos, la teoría de la Conducción y la Comunidad Organizada. Sigo creyendo que es una meta posible (aunque esta sea otra Argentina), con las organizaciones sociales, con los trabajadores y la unidad sindical, con los que entienden que una nueva adhesión al neoliberalismo nos lleva a la destrucción del planeta, con los que crean en la capacidad de tener industria y tecnología propias. Con los que buscan acuerdos y pactos para la mayoría.  


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 7 de febrero de 2019

Los combatientes, comentado por Fernando García

Los combatientes
Vera Carnovale
Siglo XXI

Selección y comentario por Fernando García, autor de “Los Ojos, vida y pasión de Antonio Berni”, “Conversaciones con León Ferrari”, “Marta Minujín: Los años psicodélicos”, “Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento”, “Crimen y Vanguardia: el caso Shocklender y el surgimiento del underground en Buenos Aires” y la serie “100 veces” (Pappo, Redondos, Stones, Charly) co-escrita con José Bellas.

Uno (mi comentario)

Parte de la colección “Historia y cultura”, dirigida por Luis Alberto Romero, la segunda edición de “Los Combatientes” es un texto ineludible para comprender la formación y desarrollo del PRT-ERP, una de las formaciones emblemáticas de la guerrilla en Argentina. Investigadora del Conicet, Carnovale realiza un mapeo exhaustivo de los documentos disponibles de la organización que apoya con muy valiosos testimonios en perspectiva de militantes revolucionarios sobrevivientes al naufragio de la experiencia en el comienzo de la dictadura militar. Así, su análisis no deja cabo suelto y puede descubrir tanto el entramado de la decisión de lanzarse a la aventura armada como la circunstancia social y la intimidad de sus protagonistas enmarcada en una moral espartana que era el espejo invertido del “enemigo”.

Dos (la selección)

Dentro de esta impugnación general al pensamiento guevarista, (Nahuel) Moreno hacía hincapié en algunos postulados en especial. Uno de ellos era el rol de vanguardia atribuido por Guevara al campesinado en los procesos revolucionarios del entero continente. “Nunca se plantea la menor posibilidad de que esa situación pueda variar de país a país”, protestaba Moreno, señalando las enormes diferencias de las estructuras ecnómico-sociales de los países latinoamericanos. No se trataba sólo de llamar la atención sobre el movimiento obrero organizado y combativo en países como la Argentina o Bolivia, y el papel de las organizaciones sindicales en la lucha de masas del continente, ni aun de insistir en que la “clase explotada a la vanguardia de la revolución latinoamericana cambia de país a país y de etapa a etapa”. En rigor, era el entero razonamiento de Guevara lo que se impugnaba.

Tres

A lo largo de 1967, se conformaron dos corrientes internas en el PRT: una liderada por Mario R. Santucho y otra minoritaria, liderada por Nahuel Moreno. Para este último, luego de las fuertes protestas de los primeros meses de 1967, resultaba claro que el movimiento obrero había sufrido importantes derrotas en todo el país, al tiempo que la dictadura se consolidaba y lograba llevar adelante el plan de estabilización del ministro de economía, Adalbert Krieger Vasena. En cambio, para Santucho y sus seguidores, debajo de aquella aparente y relativa estabilidad comenzaban a engendrarse nuevos enfrentamientos, y si bien el movimiento obrero atravesaba un período de retroceso (…) podía capitalizar el “odio generalizado” contra la dictadura, así como las crecientes simpatías de jóvenes, obreros y estudiantes (…) La muerte de Guevara en octubre de ese año no conmovió las certezas de santuchistas ni de morenistas. Para los primeros, había llegado el momento de “seguir su ejemplo y recoger su fusil”, y emprender la guerrilla en la Argentina. Para los segundos, el postulado retroceso del movimiento obrero en el país tornaba impertinente el lanzamiento de una guerrilla ofensiva.      

Cuatro

El nuevo ejército necesitaba referencias históricas que le otorgaran legitimidad y le permitieran estrechar los lazos con ese pueblo que venía a representar. El modelo, el ideal de identificación, fue, como era esperable, un ejército: el de las guerras de Independencia del siglo XIX. (…) Ya un año y medio antes de la fundación del ERP, en enero de 1969, había tenido lugar la primer acción armada del PRT: el asalto al Banco Provincia de la localidad de Escobar. El comando que lo ejecutó, liderado por el propio Santucho, se denominó “Sargento Cabral”. Fuerzas Armadas y fuerzas revolucionarias compartían, entonces, una percepción de la confrontación local como expresión de una guerra de carácter mundial. Si en esa guerra las Fuerzas Armadas se arrojaban al combate sustentadas en una representación de sí mismas que giraba en torno a la figura de la vanguardia contrarrevolucionaria, es plausible postular que su discurso y accionar favorecieron el hecho de que su enemigo de guerra, la vanguardia revolucionaria, compartiera de alguna manera aquella representación.

Cinco

Santucho presentó al colectivo partidario un documento considerado por muchos como la obra más acabada y madura de su pensamiento: Poder burgués, poder revolucionario. Nos detendremos particularmente en ese texto por varios motivos. En primer lugar, porque a pesar de ser 1974 el año que estaría indicando el comienzo de una militarización en el PRT-ERP, lo cierto es que en este documento hay un notorio énfasis en la noción de que el poder popular se construía fundamentalmente a partir de la movilización de las masas. En segundo lugar, porque si un año y medio antes la apertura electoral era enfáticamente catalogada de “farsa”, aquí, sin ser reinvindicada, adquiría el estatus de forma legítima de lucha. En tercer lugar, porque se proponía no ya al ejército revolucionario, sino a un “frente antiimperialista”, expresión de acuerdos políticos “por arriba” y la movilización de masas “por abajo”, como fuerza dirigente del proceso revolucionario en curso. Las armas cumplían ahora la función de reaseguro de un poder revolucionario ya conquistado.  

Seis

La mayoría de las personas entrevistadas utiliza indistintamente los términos “héroe” y “mártir” para referirse, por ejemplo, a los militantes fugados del penal de Rawson el 19 de agosto de 1972 y fusilados en Trelew el 22. En la documentación partidaria, los dieciséis militantes fusilados se convirtieron en héroes de Trelew, y fue el día 22 de agosto (y no el 19) el que se decretó Día del Combatiente Heroico. La heroicidad provenía menos de la acción de la figura de la fuga en sí misma que de una muerte perpetrada desde la alevosía. (…) Entonces para el PRT-ERP, héroe era el guerrillero que caía en combate, quien moría asesinado a sangre fría, o bien aquel que moría luego de conocer las formas más extremas del sufrimiento físico, la tortura. Sin algunos de estos componentes, no había héroes.

Siete

La militancia del PRT-ERP estuvo compuesta por una abrumadora mayoría de jóvenes. Determinar la forma en que cada uno de ellos se acercó a la organización no es tarea sencilla. Sin embargo, puede decirse que aquel acercamiento reconoció motivos menos vinculados a opciones político-ideológicas previamente analizadas que a ansias emancipatorias de diverso tipo. Esas ansias alcanzaban, en el contexto cultural de “los sixties”, el espacio de los cuerpos y la sexualidad. Modernización cultural y radicalización política encontraron —en principio, sin mayores tensiones—lazos empáticos que situaban a la juventud en el lugar protagónico de los cambios. No obstante entre la figura del joven rebelde y del profesional revolucionario medió un proceso de transformación poco explorado, en el cual la irreverencia devino en solemnidad, la rebeldía en disciplina y el “amor libre” en moral revolucionaria.  


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 6 de febrero de 2019

Confesiones, comentado por Fernanda Longo

Confesiones
Henry Marsh
Salamandra

Selección y comentario por Por Fernanda Longo, psicóloga y periodista

Uno (mi comentario)

Las memorias del doctor Marsh deshacen de un plumazo el estereotipo del neurocirujano frío, omnipotente e infalible que seguramente ayudaron a construir las ficciones televisivas de hospital (desde ER hasta, obviamente, Grey´s Anatomy). Y es que todo, absolutamente todo en sus brillantes relatos es una lección de modestia, de honestidad brutal, de asombro (y por qué no estupor) ante la incertidumbre y el absurdo de la vida, de la enfermedad, pero sobre todo del sufrimiento, eso que fue y sigue siendo la materia prima de su oficio durante más de 30 años. (…)

Si en su libro anterior, “Ante todo no hagas daño”, el prestigioso médico británico compartía sus mejores y sus peores experiencias a la luz de los dilemas éticos y los desafíos que supone un trabajo como el suyo, en este segundo volumen, “Confesiones” (finalista del National Book Critics Circle Award), ya jubilado, Marsh se anima a descargarse sin tapujos (unas veces con humor, otras con cinismo) contra las arbitrariedades del sistema de salud público, a ser escéptico en relación a los prometidos avances de la medicina, y a reconocer que lo más difícil de su profesión no es tanto operar cerebros ni coser cráneos como lidiar con el dolor de acompañar a sus pacientes en muchos casos a una muerte segura, cuando no dramática e indigna, frente a la cual él mismo aún no encuentra ni atajos ni respuestas.  

Dos (la selección)

A medida que se aproxima la muerte, nuestra identidad puede empezar a desintegrarse. Algunos psicólogos y filósofos mantienen que esa identidad, ese sentirnos individuos con la libertad de elegir, es poco más que una portada de la gran partitura de nuestro subconsciente, una partitura con muchas voces oscuras y a menudo disonantes. Gran parte de lo que nos parece real es una forma de ilusión, un reconfortante cuento de hadas creado por nuestro cerebro para dotar de sentido a la miríada de estímulos internos y externos que recibimos, y a los mecanismos e impulsos inconscientes de la mente.

Tres

He aprendido que hurgar en el cerebro no revela nada sobre la vida, aparte de la consternación que uno acaba experimentando ante su fragilidad. Acabaré mi carrera sintiéndome no exactamente desilusionado, pero sí, en cierto sentido, decepcionado. He aprendido muchas más cosas sobre mi propia falibilidad y sobre la crudeza de la cirugía  -pese a la frecuencia con que resulta necesaria-, que sobre cómo funciona realmente el cerebro.

Cuatro

Existe un gran infierno de sufrimiento del que la mayoría apartamos la vista. Claro, resulta muy fácil operar a todos los pacientes y no pensar en las posibles consecuencias. ¿Acaso un buen resultado justifica todo el sufrimiento causado por muchos malos resultados? ¿Y quién soy yo para decidir qué diferencia hay entre un buen resultado y uno malo? Nos dicen que no debemos actuar como dioses, pero a veces sí debemos hacerlo, al menos si creemos que el papel de un médico es reducir el sufrimiento y no sólo salvar vidas a cualquier precio.

Cinco

Cuando estoy en Nepal trabajando, lo único que poseo es el contenido de la maleta, sin otras pertenencias que la ropa y el ordenador portátil. He descubierto que no echo en falta mis muchas posesiones en Inglaterra; de hecho, se me antojan una carga a la que debo volver, pese a lo mucho que significan para mí. Además, cuando soy testigo de la miseria en Nepal y de los espantosos efectos de la urbanización rápida e incontrolada, veo mis posesiones bajo una luz distinta. Lamento no haber reconocido las virtudes de viajar con sólo el equipaje de mano hasta una etapa tardía de mi vida. En la mortaja no hay bolsillos.

Seis

De modo que el autoengaño, les expliqué a los ucranianos, es una aptitud necesaria que adquirimos en una etapa temprana de nuestra carrera. Sin embargo, a medida que nos hacemos mayores y adquirimos experiencia y nos volvemos más competentes, es algo que debemos empezar a desaprender. Los médicos en puestos de responsabilidad, al igual que los políticos, pueden volverse fácilmente corruptos no sólo por el poder que ostentan, sino también por carecer de gente a su alrededor que les hable con franqueza. Aún así, continuamos cometiendo errores durante toda nuestra carrera, y siempre aprendemos más del fracaso que del éxito.

Siete

Cada vez que me lavo las manos antes de ir al quirófano, tengo miedo. ¿Por qué continúo metiéndome en estos bretes, cuando sé que puedo abandonar la neurocirugía cuando quiera? Una parte de mí desea salir huyendo, pero aún así me pongo el pijama quirúrgico y los guantes y me acerco a la mesa de operaciones. Los residentes están abriendo la cabeza del paciente, pero aún no me necesitan, de modo que me siento en un taburete y apoyo la cabeza contra la pared. Mantengo las manos enguantadas ante el pecho con las palmas juntas, como si rezara: la postura del cirujano que aguarda para operar. A mi lado espera también el microscopio, con el largo brazo doblado sobre sí mismo, listo para ayudarme. No sé cuánto tiempo más podré seguir siendo de utilidad aquí, o si regresaré siquiera, pero por lo visto todavía quieren que venga.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 5 de febrero de 2019

Las estructuras elementales de la violencia, comentado por Elsa Drucaroff

Las estructuras elementales de la violencia
Rita Segato
Prometeo

Selección y comentario por Elsa Drucaroff, escritora y docente, Doctora en Ciencias Sociales, investiga y enseña en Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Publicó novelas, antologías y ensayos sobre literatura argentina contemporánea y teoría crítica.

Uno (mi comentario)

Segato no baja línea ni escribe manifiestos. Piensa. Interroga la cultura que habitamos y saca conclusiones. Utiliza con enorme rigor sus herramientas teóricas: la antropología, el psicoanálisis, el trabajo de campo propio y ajeno, los sofisticados aportes de algunos feminismos, y consigue diagnosticar la enfermedad inherente, constitutiva de esto que yo denomino “modo de producción de personas” falo-logocéntrico y suele nombrarse como Patriarcado: un sistema de organización jerárquico milenario (su origen se pierde en la memoria de la especie, dice Segato) pero históricamente constituido donde, demuestra ella, la violencia de género no es un exceso, una excepción o una patología, sino una condición estructural. (…)

En tanto esta estructura es milenaria pero histórica, podría transformarse, y el libro piensa una y otra vez qué vías de incidencia social y política ayudarían a lograrlo. Esta dimensión histórica se ve afectada sin embargo cuando por momentos Segato concibe de un modo exclusivamente discursivo y excesivamente estructuralista (Lacan mediante) la construcción del sistema de opresión de género. En eso me distancio un poco, no porque lo discursivo no cuente en grado sumo, sino porque como materialista considero que las cosas y los cuerpos ponen límites productivos a la incidencia de los discursos. Pese a ese matiz, los aportes de Las estructuras elementales de la violencia son tan sólidos y brillantes que el libro es imprescindible para pensar la violencia contra las mujeres, desde el micromachismo más rutinario e invisible hasta el femicidio.   

Dos (la selección)

“Tal como se desprende de innumerables relatos de presos condenados por violadores, podríamos decir, para parafrasear aquella expresión clásica sobre el significado de la obra de arte en la modernidad cuando habla del “arte por el arte”, que en la sociedad contemporánea la violación es un fenómeno de “agresión por la agresión”, sin finalidad ulterior en términos pragmátcos. Y aun cuando se disfrace con alguna supuesta finalidad, en última instancia se revela como el surgimiento de una estructura sin  sujeto, una estructura en la cual la posibilidad de consumir el ser del otro a través del usufructo de su cuerpo es la caución o el horizonte que, en definitiva, posibilita todo valor o significación. De improviso, un acto violento sin sentido atraviesa a un sujeto y sale a la superficie de la vida social como revelación de una latencia, una tensión que late en el sustrato de la ordenación jerárquica de la sociedad”.

Tres

[Posicionándose respecto de dos posiciones respecto de la violación: ¿es un acto patológico? ¿O, al contrario, es un acto que responde a lo que la sociedad enseña que debe ser un varón?]

A mi entender el discurso de los violadores entrevistados indica una tercera posición, orientada hacia lo que podríamos describir como un “mandato” de violación. Este mandato, planteado por la sociedad, rige en el horizonte mental del hombre sexualmente agresivo por la presencia de interlocutores en las sombras, a los cuales el delincuente dirige su acto y en quienes adquiere su pleno sentido. Y el mandato expresa el precepto social de que ese hombre debe ser capaz de demostrar su virilidad, en cuanto compuesto indiscernible de masculinidad y subjetividad, mediante la exacción de la dádiva de lo femenino. Ante la imposibilidad de obtenerlo por conducto de procedimientos amparados por la ley, aquellas presencias fuerzan al hombre a arrancarla por medios violentos. La entrega de la dádiva de lo femenino es la condición que hace posible el surgimiento de lo masculino y su reconocimiento como sujeto así posicionado. En otras palabras, el sujeto no viola porque tiene poder o para demostrar que lo tiene, sino porque debe obtenerlo.

Cuatro

En ella [se refiere a la interacción de interlocutores a través de escrituras por redes sociales o chats], para comprender el carácter beligerante y la postura omnipotente de los frecuentadores de los chatrooms, independientemente del tema que traten, resalto el hecho de que estos asumen la prescindibilidad del cuerpo material, que pasa a ser sustituido por un cuerpo ideal, virtualmente construido a través de una narrativa (…). Este actuar como si el cuerpo no existiese expulsa la materialidad como el primer límite del que el sujeto tiene noticias, la primera evidencia de la ley. La primera ley y la materialidad se encuentran profundamente vinculadas, pues es en la ausencia de lo que es sentido como un fragmento propio, que se le escinde al infante cuando el cuerpo materno se le aparta, que se introducen el límite y la carencia. Materialidad y experiencia originaria de la falta y de la ley que la impone son un proceso único e indisociable. Por lo tanto, la obliteración de la materialidad del cuerpo en Internet le permite al sujeto hablar como si estuviera entero, simulando, para todos los efectos, su propia completud. Con esto, inevitablemente cae prisionero de su propia fantasía, que lo totaliza. Y con esto, también el otro en la pantalla es percibido como un muñeco, un dummy, a quien se puede seducir, vencer o anular. La pantalla funciona aquí como un espejo donde la alteridad es sólo un espejismo. A partir de la forclusión de la ley del cuerpo como límite, todo índice de alteridad o resistencia del mundo es eliminado, y el otro deja de ser percibido en su radicalidad e irreductibilidad. Nos encontramos en un mundo de gente sola que, ante la menor contrariedad del interlocutor virtual, puede eliminarlo, anularlo, abandonando la escena con un simple clic de mouse.

Cinco

[El antropólogo Maurice Godelier] Relata, entonces, lo que le fue revelado: que en tiempos primordiales un baruya, aprovechándose de la ausencia de las mujeres de su casa comunal, se introduce en ella y, entre la ropa sucia de sangre menstrual, encuentra el precioso instrumento que las mujeres crearon y saben tocar. Huye inmediatamente, robando la flauta que, desde entonces, pasa a ser patrimonio de los hombres.

Godelier no parece reparar en que este episodio central en el gran mito fundacional baruya parafrasea aquel que es, a su vez el motivo central de la narrativa -o mito- lacaniano: que la mujer es el falo mientras que el hombre tiene el falo (Lacan, 1977 b, p. 289). (Por mi parte, confieso que sólo llegué a comprender este hermético motivo en toda su densidad de sentido cuando fui expuesta a la narrativa baruya). En el centro de gravedad de la estructura se encuentra el profundo insight del robo del falo, tanto en una como en la otra mitología. Pero lo que (…) el mito baruya explicita, clarificándonos, es que el poder es siempre, por naturaleza y por la propia ingeniería que lo constituye, una usurpación, un robo de plenitud y autonomía, una expropiación. Sería pertinente entonces cambiar una palabra en el texto lacaniano, y decir que “el hombre usurpa el falo” y no simplemente que lo “tiene”.

Seis

Sin embargo, y es aquí donde vale la pena detenerse, los baruya revelan en su mito, textualizan, lo que la versión lacaniana encubre: la violencia que precede y origina el simbólico y la transgresión masculina (y no femenina, como en el génesis judeo-cristiano) que acaba por dar al mundo su orden patriarcal. No se trata de ser o tener el falo, se trata de no tenerlo y de robarlo: el procedimiento violento y deshonesto que Lacan no revela. Usurpación, violencia fundante, y un masculino que, después de su producción inicial mediante expropiación y expurgo, permanece condenado para siempre a reproducirse sin descanso a expensas y en detrimento del femenino, que fuera antes -en tiempos pre-míticos- dueño de sí. Esta es la célula elemental de la violencia. Se trata de una economía expropiadora única, instituida y en vigencia permanente, narrada en ambos mitos.

Siete

Creo, por lo tanto, necesario separar analíticamente la violencia [de género] moral de la física, pues la más notable de sus características no me parece ser aquella por la que se continúa y amplía en la violencia física, sino justamente la otra, aquella por la que se disemina difusamente e imprime un carácter jerárquico a los menores e imperceptibles gestos de las rutinas domésticas -la mayor parte de las veces lo hace sin necesitar de acciones rudas o agresiones delictivas, y es entonces cuando muestra su mayor eficiencia-. Los aspectos casi legítimos, casi morale y casi legales de la violencia psicológica son los que en mi opinión revisten el mayor interés, pues son ellos los que prestan la argamasa para la sustentación jerárquica del sistema. Si la violencia física tiene una incidencia incierta del 10, 20, 50 o 60% [Segato cita las diversas cifras de incidencias en diferentes países y culturas, que viene de exponer], la violencia moral se infiltra y cubre con su sombra las relaciones de las familias más normales, construyendo el sistema de estatus como organización natural de la vida social.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 4 de febrero de 2019

Trance, comentado por Juan José Becerra

Trance
Alan Pauls
Ampersand

Selección y comentario por Juan José Becerra, escritor, autor de la novelas Santo, Atlántida, Miles de años, Toda la verdad, La interpretación de un libro, El espectáculo del tiempo y El artista más grande del mundo.

Uno (mi comentario)

Trance es el autorretrato de una vida de lecturas, escrito por un lector (Alan Pauls: el mejor lector del mundo) que define su vicio como la gracia de “no poder parar”. Leer, en la experiencia del autor, consiste en un acto mágico que reúne sedentarismo y movimiento en un solo verbo: seguir (salir de un libro solamente para entrar en otro).

Dos (la selección)

“Contrapeso mezquino de la doctrina del abuso, se ensalza a menudo la puntería como virtud suprema de la lectura. Como si leer bien fuera acertar. Supongamos que sí, ¿pero acertar a qué?”

Tres

“Tal vez leer sea la última práctica continua que quede en el mundo”.

Cuatro

“No lee mucho por día, no más de una o dos horas, casi siempre de noche, antes de dormir, luego de despachar con cierta impaciencia un clásico en VHS, pero muy pronto tiene la impresión de que el libro está un poco en todas partes, como si destiñera”.

Cinco

“Enamora a una mujer leyéndole en el tren veinte páginas de la novela de un escritor amigo.  La enamora y la duerme al mismo tiempo”.

Seis

“No concibe mayor desazón que descubrir que ha viajado con el libro equivocado”.  

Siete

“Leer, para él, es la experiencia mínima, modesta, económica alrededor de la cual se despliega la multiplicidad del mundo. Como otros se jactan de sus hazañas sexuales, del variado repertorio de lugares, condiciones, posiciones y rituales en los que pusieron en juego su deseo, él se jacta de haber atravesado el bosque de lo que existe rendido a una pasión silenciosa y más bien célibe, que se abre y se cierra cada vez que sucede pero no se extingue nunca”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 3 de febrero de 2019

En el estanque, comentado por Mauro Libertella

En el estanque
Al Álvarez
Entropía

Selección y comentario por Mauro Libertella, periodista y escritor.

Uno (mi párrafo)

Nadar es un sacerdocio. Nadar es una práctica que pide sacrificio, constancia, introspección, silencio y temple. ¿Nadar es como escribir? La afinidad es evidente, aunque la natación es un arte que tiende a diluir el ego (todo se diluye en agua) y la literatura mas bien lo alimenta. Al Alvarez aprendió esto muy temprano, a los 11 años, cuando empezó a nadar en los estanques de un parque de Londres. Con el tiempo, esa práctica solitaria, estoica, se convirtió en el hilo conductor de su vida: todas las mañanas, un chapuzón, aunque afuera el termómetro marcara dos grados. (…)

La escritura de un diario también es eso; algo que se hace todos los días, que nos acompaña, que nos observa, que nos conmina. En ese sentido, el diario de un nadador es casi una tautología, y a ella se consagró Alvarez: nadar un poco, escribir lo nadado. ¿Pero cómo se escribe lo nadado? ¿Se puede escribir sobre algo tan transparente, tan rutinario? Con  un tono zen, En el estanque es un diario de la nada que de tanto en tanto toma vuelo y produce un resplandor. Pero eso no es todo. Habitué durante toda su vida a estos estanques, los diarios que componen este volumen están fechados entre el 2002 y el 2011 asi que se erigen, para decirlo de algun modo, como un crudo testimonio de vejez. Un tipo que se va haciendo viejo mientras mete los pies en el agua helada de un invierno europeo.

Dos (la selección)

“Hoy nadé un par de metros más, prácticamente hasta la barrera, y al girar para volver de espaldas muy despacio el aire se llenó del perfume denso de las flores de mayo. Todos los espinos que rodean el estanque están cargados de flores blancas, y uno en particular parece a punto de colapsar bajo su propio peso –una pendiente blanca hacia el agua, como una pista para saltos de esquí–. Después de dejar el auto me torcí el tobillo, así que la caminata no fue para nada divertida. Me odié a cada paso, pero me di un chapuzón y me saqué una década de encima. Se ve que así es el tiempo de descuento: una batalla entre el cuerpo y la voluntad –a muerte, literalmente–. Por mí está bien, pero me gustaría no terminar siempre tan agotado”.

Tres

“El Servicio Meteorológico tenía razón: el viento sopla ahora desde el norte y volvió el invierno. A las nueve y media el cielo está despejado pero hay un viento intenso y cortante y el agua parece helada. Hoy no me demoro: me desvisto raudo, nado mis cincuenta metros, me seco y me pongo la ropa lo más rápido que puedo. Los árboles se estremecen, las urracas surcan el aire como balas de cañón y hasta las gaviotas tienen dificultades para mantener el equilibrio. Estos días son los que más me gustan: cuando la bestia tiene algo para entretenerse, y vivir vale la pena”.

Cuatro

“Cuando me estaba subiendo al auto para ir al estanque pasaron David Storey (el escritor) y su señora. Es un tipo alto, corpulento; fue jugador profesional de rugby antes de entrar en Bellas Artes, y después cambió la pintura por la literatura. A pesar del rugby es afable y tiene una voz muy delicada. Me gusta mucho su humor melancólico. De hecho me cae muy bien, y creo que yo a él también. Últimamente nos vemos sólo al pasar, en la calle, aunque vive cerca (acá a la vuelta, sobre Gardnor Road). Pero para nuestra amistad distante ese dato es demasiado invasivo, y no lo mencionamos nunca, no sea cosa que alguno se sienta forzado a invitar al otro. Todo muy inglés. Hoy charlamos un segundo, más que nada sobre las humillaciones de la vejez –el tema de siempre–. Y lo cierto es que por primera vez lo vi como a un viejo. No por la panza y las canas –que tiene hace años y sobrelleva muy bien con esa contextura tan robusta–, sino por cierto temblor difuso que lo rodeaba, una vibración en el aire, un halo tenue de vacilación –no mental: física–, como si no estuviera completamente en foco. Es lo que sucede “cuando empiezan a separarse cuerpo y alma”, que es supongo lo que me está pasando a mí. Así que manejé hasta el estacionamiento, llegué rengueando al estanque y nadé casi hasta la soga –emprendí la vuelta unos diez metros antes–, como para demostrarme que todavía más o menos sigo en carrera”.

Cinco

“Hoy me desperté pensando: si fuera un caballo de campo que ya no puede tirar ni hacer gran cosa, o un purasangre que ya no salta ni corre carreras, me sacarían un tiempo a pastar y después me sacrificarían. Si fuera una masctoa doméstica tal vez tardaría un un rato más y armarían más escándalo, pero en cuanto me convirtiera en un incordio también me ahorrarían el sufrimiento. Si fuera un animal salvaje, me atacarían los más jóvenes y me dejarían abandonado a mi suerte. Así como estamos, vivo tropezándome, le agoto la paciencia a cualquiera y le crispo los nervios a todos, especialmente a mí”.

Seis

“Hace unas semanas terminé un artículo largo sobre el capitán Scott para la New York Review of Books. Bob está muy entusiasmado con el texto y yo corregí las pruebas con todo esmero. Desde ese momento, nada. Anoche soñé que había llegado el último número de la revista, y que en la tapa, bien grande, decía “Al Alvarez sobre mí mismo”. Sentía una vergüenza tremenda. Mi reacción inmediata fue asociarlo con las reseñas largas, positivas y completamente inesperadas que viene recibiendo Risky Business. Desde luego estoy muy feliz además de sorprendido, y desde luego vengo minimizando esa felicidad. Ayer los de Bloomsbury me mandaron por mail un par de golosinas más, que imprimí puntualmente. Una en particular era muy halagüeña, así que hice una copia extra para Anne, que está mucho más contenta que yo por las buenas críticas, y de inmediato me dio pudor. Anda tapada de trabajo, pero ahí iba yo buscando elogio por los elogios. Igual tenía motivos para sentir pudor, porque cuando le conté el sueño su reacción fue: “Sos muy estricto con vos mismo”. Una respuesta con la delicadeza exacta como para confirmarme que había hecho bien en sentir vergüenza”.

Siete

“Nadando bajo la nieve. Mejor que cantando bajo la lluvia. Pero qué fría estaba el agua”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 31 de enero de 2019

La vida invisible, comentado por Graciela Fernández Meijide

La vida invisible
Silvia Iparraguirre
Ampersand

Graciela Fernández Meijide, docente. Participó en ONG de defensa de los DD HH en Argentina. Integró la CONADEP. Fue Diputada y Senadora nacional, Ministra de Desarrollo Social. Escribió: La ilusión, La historia íntima de los DD HH en la Argentina, Eran humanos, NO héroes, El diálogo (Sudamericana). Integra el Club Político Argentino.

Uno (mi comentario)

Me convertí en fan de Sylvia Iparraguirre hace muchos años,  cuando leí La tierra del fuego. En esa novela histórica, Sylvia indaga y ficciona el encuentro real, en Tierra del Fuego, del Capitán Fitz Roy con Omoy-lume, miembro de los Yamanas devenido en Jemmy Button y relata  el viaje de ambos a Inglaterra, su estadía ahí y la vuelta del yamana que retorna decepcionado, frustrado en sus expectativas, a la legitimidad de sus orígenes. Después leí El país del viento y El muchacho de los senos de goma y ahora La vida invisible.

En una entrevista que le hice a Sylvia para la Televisión Pública, en junio de este año- todavía yo no había leído su último libro-, ella habló de esa, su vida invisible y me sentí totalmente identificada: si bien la diferencia de edad es mucha, aunque pertenezcamos a generaciones distintas, encontré puntos de relación muy estrecha en lo que se refiere a verse atrapadas por la lectura. Las dos aprendimos a leer siendo muy chicas, nos compraban libros pero, además, tuvimos la biblioteca familiar tan a nuestra disposición que pudimos, devorando textos, zambullirnos en una fantasía que considerábamos, seriamente, nuestra realidad. Luchábamos contra piratas o esclavistas, o, en mi caso, subida en el techo de una habitación, era una aviadora, Carola Lorenzini – de la que supe por los diarios- volando hacia vaya a saber dónde.

En La vida invisible, Sylvia se abre y se describe no solo como una nena o una adolescente sino también como esa muchacha de 17 años criada en ciudad pequeña, que ve cómo queda atrás su mamá cuando se va con su bolso azul en colectivo hacia la universidad de la gran ciudad. Nos participa su deslumbramiento ante los profesores notables, Jorge Luis Borges, por ejemplo y no vacila en contar el inicio de su vida sentimental  y su formación literaria con el hombre al que le dedica su libro: el escritor Abelardo Castillo. También comparte con sus lectores tanto los poemas que la conquistaron porque, cuando ahonda en ellos la proveen de “lo que busca, lo que desea, lo que oculta, lo que ha perdido” como su novedosa caracterización de Ana Karenina como el ejemplo de la novela como género literario.

En fin, este libro de Sylvia se suma a los motivos por los que sigo siendo su fan.

Dos (la selección)

“La lectura fue para mí, desde que tengo memoria, una experiencia vital, tan decisiva como el conjunto de aprendizajes que forman nuestra identidad fundamental. Experiencia no condicionada por nada, ligada solo a las valoraciones primarias de las que nos erigimos como únicos jueces. Su placer mayor radicó en el poder de suspensión de la realidad circundante, en ponerme a vivir en otra dimensión. Era dueña de ir y venir por esos mundos.

El gusto por la lectura nació asociado a la libertad. Los autores que fui descubriendo en el camino fueron mis mentores, mis faros, aquellos cuyas palabras establecieron una mediación, un orden, una escala que me llevó a una comprensión más amplia y profunda de la realidad y de los otros. Mi agradecimiento incondicional a esos autores y escritoras, “padres y maestros mágicos”, que conversan conmigo desde la edad de la razón y me (nos) rescatan, como escribe Olaf Stapledon, “del trágico desorden de la colmena humana””.

Tres

“Invariablemente vestido de traje y chaleco, Borges se sentaba tras el escritorio, extraía del bolsillo del saco un reloj grande, con tapa; lo abría y lo dejaba abierto sobre el escritorio. Hecho esto, miraba al frente, a un punto indefinido en el aire del que no quitaría la aparente mirada en toda la hora, y comenzaba a hablar. Daba la clase de manera amable, sin retórica, apelando al humor e iba derivando, según su brújula interna, por aspectos insospechados de las antiguas literaturas germánicas y anglosajonas o de las sagas de Islandia: batallas, palabras, versos, fragmentos supervivientes de un mundo perdido que él veneraba. Explicando una batalla entre sajones y britanos decía que no imagináramos grandes ejércitos disciplinados de tipo napoleónico. “Eran un montón de gente –decía– como si pelearan los de Temperley contra los de Lomas de Zamora”. Cuando llegó al Beowulf nos desplegó la kenningar que encerraba ese nombre, “lobo de las abejas”, por depredador de la miel, es decir: “oso”, lo que indicaba la corpulencia del héroe de la epopeya escandinava. Para comentar la prepotencia de coraje de Beowulf, lo asimiló a un compadrito de un barrio de Buenos Aires y recitó la copla:

Soy del barrio ‘e Monserrá
donde relumbra el acero
lo que digo con el pico
lo sostengo con el cuero”.

Cuatro

“Cómo no empezar leyendo el poema que dice: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche / escribir por ejemplo / la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos”; también: “El mar como un vasto cristal azogado / refleja la lámina de un cielo de zinc.” Y me quedé hasta hoy con Neruda y Asunción Silva y, a veces, con Darío.

Y, un poco después, con aquello de Roque Dalton: “La poesía, como el pan, es para todos”.

Más tarde, vinieron dos piedras angulares, César Vallejo:

Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

[…]

Y Miguel Hernández:

“Elegía”

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
Que por doler me duele hasta el aliento.
[…]”

Cinco

“Necesito decir antes que nada que el nuestro no fue un encuentro intelectual ni literario. Fue un encuentro vital, emocional. Nos gustamos; nos enamoramos de nuestras virtudes y defectos, y fue para toda la vida. A pesar de que yo era muy joven y de que la diferencia de edad al comienzo pesó, desde el primer momento, superando los alarmantes altibajos que respondían, básicamente, a nuestros caracteres empecinados, intuimos compartir un núcleo profundo, central, un sentido general de la existencia y de las cosas, que los años solo profundizarían. Eso fue lo esencial. La literatura, además de haber sido la causa de nuestro encuentro, le dio a nuestra relación una dimensión y una felicidad sumadas. Con “dimensión” quiero decir la posibilidad de una unión de otro tipo, una complicidad en algo que nos llevaba más lejos, que venía de antes e iba al futuro: los libros. Fuimos muy afortunados; tuvimos esa suerte que tienen algunas parejas que comparten un oficio o profesión que aman y en la cual se regocijan. Y si hubo un secreto fue este: nunca intenté domesticarlo; nunca interfirió en mi independencia. La nuestra fue una historia de amor profundo y de concesiones mutuas.

Con Abelardo la vida invisible se visibilizó, fluyó, para transformarse en un diálogo continuo. Si la biblioteca de la casa de mi abuela arma la primera escena de mi novela personal como lectora, en la biblioteca de Abelardo, en nuestro departamento de la calle Pueyrredón, empezó mi educación literaria”.

Seis

“Recuerdo haber leído de manera hipnótica, en un viaje en tren de Buenos Aires a Junín, la Teoría y estética de la novela. Cada tanto, levantaba los ojos para ver dónde estaba, seguramente con esa mirada de sonámbulo que tiene un lector atrapado por un libro. Página tras página, como una usina inacabable, Bajtín me descubría ideas y conocimientos; el horizonte se ampliaba, se corría la frontera arbitrariamente establecida por teorías, que ahora me parecían anacrónicas, vetustas, inmóviles. Yo crecía. En un viaje de cuatro horas y media, crecí años. Había hecho un salto cualitativo en mi formación; había llegado a la intuición y luego a la comprensión de aspectos de la cultura occidental de los que nunca volvería atrás: la teoría de la recepción, la microhistoria, de LeGoff a Carlo Ginzburg, de la pragmática (la incidencia del contexto en todo intercambio lingüístico) y del contexto sociohistórico como engarce ineludible para la comprensión cabal de una obra, del lenguaje como ideología. Los años, como suele suceder, dieron la prueba de lo transformador que fue el pensamiento bajtiniano. Cómo sus ideas originales, provocativas, siguieron produciendo significados culturales: polifonía, hibridez cultural, dialogismo, géneros discursivos, argumentación son base de los estudios culturales y lingüísticos de hoy. La otredad, término inaugurado por Bajtín, está presente en los estudios multiculturales y de la posmodernidad”.

Siete

“Al releer Ana Karenina pienso en dos lugares comunes que pertenecen al universo de la recepción de la novela. Dos tópicos que se citan como garantía de perfección o de excelencia. Se dice que “es una de las cimas de la novela”. Frase hecha que terminó como clisé poblando contratapas de innumerables ediciones. Y el otro lugar común, que considera tanto a Tolstói como a su literatura: “Más grande que la vida”. Se me ocurre que esta última calificación no le gustaría a Tolstói. Para un hombre que observó con la misma pasión las abejas, los árboles, los animales y los seres humanos no podía haber nada más grande que la vida. Sin embargo, le guste o no al autor, su literatura, como pocos otros casos, decantó estas dos formas tópicas; visiones universales, icónicas, aplicadas particularmente a Guerra y Paz y a Ana Karenina. Como si, reunidas todas las posibles lecturas de todos los posibles lectores en un crisol, diera por resultado el molde del lugar común”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 30 de enero de 2019

Leonardo Da Vinci, comentado por Federico Kukso

Leonardo Da Vinci
Walter Isaacson
Debate

Selección y comentario por Federico Kukso, periodista especialista en ciencia.

Uno (mi comentario)

En los 67 años que vivió, Leonardo Da Vinci fue tantas cosas que cualquier palabra utilizada para etiquetarlo le queda chica. Este florentino del siglo XV fue pintor, arquitecto, anatomista, botánico, escritor, escultor, filósofo, urbanista, músico. Y sobre todo, inventor: entre los dibujos de diseños e invenciones que dejó este hombre vegetariano, disléxico y que nunca se casó ni tuvo hijos, varias generaciones de investigadores han creído reconocer prototipos o antecedentes de artilugios modernos como el aeroplano, el helicóptero, el submarino, la turbina de agua, el paracaídas, el chaleco salvavidas, el automóvil, una máquina para pulir lentes, y hasta la ametralladora y granadas de fragmentación. (…)

Más allá de sus magníficas pinturas (como La anunciación, La última cena y, desde ya, La Mona Lisa), gran parte del mundo desconoció su desbordante creatividad recién hasta bien entrado el siglo XIX cuando comenzaron a publicarse copias de sus cuadernos y recopilaciones de sus diseños, que con los años habían pasado de mano en mano para deleite visual e intelectual de unos pocos. Por ejemplo, el llamado Códice Leicester -de 72 páginas y que reúne notas sobre fósiles, el movimiento del agua y la luminosidad de la luna- fue comprado en 1719 por el terrateniente inglés Thomas Coke y luego en 1994 por Bill Gates quien pagó por él en una subasta 30,8 millones de dólares.

Aún así, pese a las recurrentes exposiciones, los incontables documentales y las hordas de turistas que hacen una procesión en el Museo del Louvre para ver y sacarse selfies frente a la minúscula Gioconda, Leonardo sigue siendo un misterio: un interrogante que desde hace años no deja dormir al escritor estadounidense Walter Isaacson quien finalmente, luego de excavar en las vidas de figuras como Albert Einstein, Steve Jobs, Benjamin Franklin y Henry Kissinger, puso a funcionar sus trucos de biógrafo para correr la cortina de intriga que aún pende sobre esta figura descomunal, una de las pocas personas que merece ser llamado un verdadero genio universal, un inventor inagotable de curiosidad infinita.

“Me embarqué en este libro porque Leonardo da Vinci constituye el paradigma del principal tema de mis anteriores biografías: que la capacidad de establecer conexiones entre diferentes disciplinas —artes y ciencias, humanidades y tecnología— es la clave de la innovación, de la imaginación y del genio”.

Así, para explorar el “planeta Da Vinci” y componer el tratado más exahustivo sobre la vida de este “artista total”, el biógrafo recurrió a más de 7200 páginas de notas, facturas, garabatos y cuadernos, todos fósiles de su imaginación, una maravillosa guía para entender a la persona a la que el historiador del arte Kenneth Clark describió como “el hombre más implacablemente curioso de la historia”.

Dos (la selección)

“Durante mi investigación descubrí que muchos hechos acerca de la vida de Leonardo, desde el lugar donde nació hasta cómo murió, han sido debatidos, mitificados y rodeados de misterio. Asimismo descubrí, al principio con estupor y luego con satisfacción, que Leonardo no siempre era un gigante. Cometía errores. Se iba por la tangente, en sentido lateral, enfrascado en problemas matemáticos que no consistían sino en un mero pasatiempo. No hace falta recordar que dejó muchos cuadros inacabados, en especial la Adoración de los Reyes, San Jerónimo y la Batalla de Anghiari. La consecuencia se traduce en que hoy se conservan solo unas quince obras que pueden ser, total o parcialmente, atribuidas a él”.

Tres

“Aunque la mayoría de sus contemporáneos lo considerasen amistoso y afable, Leonardo se muestra a veces oscuro y angustiado. Sus cuadernos y dibujos ofrecen una ventana a su mente febril, imaginativa, maniaca y, en ocasiones, exaltada. Si hubiera sido un estudiante de principios del siglo XXI, podrían haberle recetado medicamentos para aliviar sus cambios de humor y su trastorno de déficit de atención”.

Cuatro

“El siglo XV de Leonardo, de Colón y de Gutenberg fue una época de descubrimientos, de exploración y de difusión del conocimiento mediante las nuevas tecnologías; en definitiva, parecida a la nuestra. Por eso tenemos mucho que aprender de Leonardo. Su capacidad de combinar el arte, la ciencia, la tecnología, las humanidades y la imaginación sigue resultando una fórmula imperecedera para la creatividad. Al igual que la poca importancia que daba al hecho de ser un inadaptado: bastardo, homosexual, vegetariano, zurdo, distraído y, a veces, herético. Florencia prosperó en el siglo XV porque se sentía cómoda con personas así. Ante todo, la curiosidad y el afán de experimentación sin límites de Leonardo nos recuerdan la importancia de inculcar en nosotros y en nuestros hijos no solo el conocimiento, sino también la voluntad de cuestionarlo, de ser imaginativos y —como los inadaptados y los rebeldes con talento de cualquier época— de pensar de forma diferente”.

Cinco

“Entre los jóvenes que se convirtieron en compañeros de Leonardo, el más importante, con diferencia, fue el bribonzuelo apodado Salai, que se presentó el 22 de julio de 1490, cuando Leonardo tenía treinta y ocho años. «Giacomo se ha venido a vivir conmigo», así queda registrado el hecho en su cuaderno. Constituye una anotación de una extraña ambigüedad, ya que podría haber indicado que se trataba de un joven discípulo o ayudante. Sin embargo, también parece verdad que la suya fue una relación singularmente equívoca”.

Seis

“Leonardo vestía de forma muy vistosa, a veces informal, según el Anónimo Gaddiano, «con una túnica rosada hasta la rodilla, aunque los demás en aquella época llevaran prendas largas». Con los años, se dejó una barba que le «llegaba a la mitad del pecho y cuyos rizos llevaba siempre bien peinados». Sobre todo, era famoso por su disposición a compartirlo todo. «Sumamente liberal, acogía y ayudaba a cualquier amigo, pobre o rico», según Vasari. No actuaba motivado por la riqueza o las posesiones terrenales. En sus cuadernos criticó «a los hombres que no desean sino el enriquecimiento material y carecen por completo del afán de saber, que es el sustento y el auténtico y perdurable patrimonio del espíritu»”.

Siete

“A Leonardo Da Vinci le gustaba jactarse de que, como no había recibido una educación formal, tuvo que aprender de sus propias experiencias. Fue alrededor de 1490 cuando escribió su diatriba sobre su condición de «hombre sin letras» y «discípulo de la experiencia», con su ataque a los que citaban a los sabios de la Antigüedad en lugar de hacer observaciones por su propia cuenta. «Aunque yo no puedo citar a autores como ellos —proclamó casi con orgullo—, me basaré en algo mucho más grande y digno: en la experiencia». A lo largo de su vida, repetiría esta afirmación de preferir la experiencia sobre el saber recibido. «Quien puede ir a la fuente no se conforma con la jarra», escribió. Esto lo distinguió del hombre del Renacimiento arquetípico, que abrazaba de forma acrítica el resurgir del conocimiento aportado por las obras redescubiertas de la Antigüedad”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 29 de enero de 2019

Vida de perro, comentado por Marcelo Figueras

Vida de perro
Horacio Verbitsky
Siglo XXI

Marcelo Figueras, escritor, periodista y guionista, autor —entre otras novelas— de ‘Kamchatka’ y ‘El negro corazón del crimen’.

Uno (mi comentario)

Horacio Verbitsky es el mejor y más resonante periodista argentino de los últimos treinta años. Cualquiera que quiera entender qué cosa esencial pasó durante estas últimas décadas necesita alejarse de la hojarasca de las portadas de los diarios masivos y concentrarse en el foco que Horacio hace sobre las placas tectónicas de nuestra sociedad: aquellos movimientos profundos que son los que hacen que las cosas, aquí arriba, se muevan como se mueven. De un rigor impiadoso y dueño de una ironía feroz —me encanta llamarlo “Horácido”—, Verbitsky es el tábano que irrita a los poderosos, que no logran ocultar cuánto les gustaría meterlo en un cohete y enviarlo a la luna… o aún más lejos. “Vida de perro”, su libro de conversaciones con Diego Sztulwark, es lo que dice su subtítulo (“Balance político de un país intenso, del 55 a Macri”) pero también, para quienes lo admiramos, es una oportunidad perfecta para revisar su historia personal y arrimarnos a la forja de un gran periodista.

Dos (la selección)

Mi padre hizo una serie de notas donde por primera vez usó las palabras “villa miseria”. Primero escribió esas notas en el diario y después publicó una novela que se llamó Villa Miseria también es América. Es una paráfrasis de una poesía de Langston Hughes, que es el gran poeta del renacimiento de Harlem. Además se trata de un recuerdo muy fuerte, imborrable, formativo: nosotros vivíamos en Ramos Mejía y tomábamos el Ferrocarril Sarmiento. Antes de llegar a Ciudadela, el tren corre sobre un terraplén de un metro y medio por encima del nivel de la calle. Desde la ventanilla veíamos algo que nos impresionaba, un universo de casillas, totalmente distintas a las edificaciones, que nos llamaba mucho la atención. Un día mi viejo me dice: “Vamos a ver qué eso eso”. Teníamos como referencia una fábrica, una papelera que se llamaba Fumagalli, que siempre recuerdo porque tenía como logotipo un efecto óptico una serie de cubos que según mirabas los veías o no los veías. Entonces caminamos varias cuadras, llegamos a Fumagalli y no veíamos nada, lo que habíamos divisado desde el tren no lo encontrábamos. Empezamos a caminar, a dar vueltas, hasta que nos metimos por una calle lateral y ahí abrimos una puerta mal cerrada. No era una típica puerta de una casa, era la puerta de acceso a la villa, y entramos. Estuvimos recorriendo, hablando con la gente. A partir de ahí, mi viejo fue todos los fines de semana para hablar con la gente y yo lo acompañaba. En esa villa recopiló el material e hizo la investigación para las notas y el libro, que se publicó en 1957. Esa también es una historia que me marcó: había muchos paraguayos y además eran todos peronistas. Esas son, de alguna manera, las experiencias que yo recuerdo.

Tres

Un día nos encontramos (con Rodolfo Walsh) en la casa de Torre Nilsson y Beatriz Guido. Cada vez que estrenaban una película hacían una gran fiesta. Tenían un departamento a una cuadra de Plaza San Martín, sobre la avenida Santa Fe, entre Maipú y Esmeralda, invitaban a muchísimas personas y había sobre todo charlas. Era un lugar de encuentro con gente interesante del mundo de la cultura. Rodolfo había publicado el cuento sobre Eva Perón, Esa mujer. …Estábamos en un círculo de gente entre la que había dos intelectuales argentinos muy conocidos, que editaban una revista cultural. Conversaban con Rodolfo y se referían al cuento con mucho elogio, le decían que era muy bueno, pero le sugerían que introdujera algunos cambios porque tal como estaba no se iba a poder traducir al francés. Rodolfo los miró y les dijo: “Yo no sé si me interesa que se traduzca al francés”, y me guiñó un ojo. Bueno, se deshizo el círculo ese y Rodolfo me dijo: “¿Por qué no nos rajamos de acá?”, y nos fuimos a comer un bife. Esto fue en 1964 o 1965, y ahí empieza una etapa más intensa y próxima de relación.

Cuatro

Rodolfo almorzaba mirando el programa de Mirtha Legrand porque siempre había alguna modelo que cuando le preguntaban: “¿Y qué leés?”, contestaba: “Estoy leyendo a Rodolfo Walsh”. Y eso a él le gustaba mucho. Hasta que un día en el televisor, que era muy viejo, la imagen dejó de verse bien. Rodolfo se acercó para ajustar la sintonía, cuando de golpe, con la imagen de MIrtha Legrand, apareció una voz masculina que dijo: “Comando llama, 222, comando llama”.

Nos quedamos paralizados de la sorpresa, hasta que nos dimos cuenta de que se trataba de la red radioeléctrica de la Policía Federal. Rodolfo enloqueció, se olvidó de Mirtha Legrand y de las modelos, y se dedicó a manipular el dial hasta poder direccionar cuándo y cómo llegaba la interferencia, y ya en ese momento descular cómo funcionaba eso. Cada cosa era una sigla, una convención, el alfabeto policial.

Así empezó un trabajo minucioso.

Cinco

Justo ayer leí algo extraordinario: una entrevista que le realizó una revista norteamericana a Bob Haldeman, que fue uno de los principales asesores de Nixon y de su secretario de Estado, Henry Kissinger. Haldeman fue procesado y condenado por el Watergate. La revista lo encuentra trabajando en una ciudad perdida y lo entrevista en el marco de una investigación, a punto de cumplirse cincuenta años del lanzamiento de la guerra contra las drogas. En la actualidad ese paradigma está bajo profunda revisión. La revista le pregunta por qué lanzaron la guerra contra las drogas, cómo la articularon. Haldeman responde: “Nosotros teníamos dos problemas principales, dos problemas básicos. Teníamos, por un lado, el problema racial, con los negros, que estaban muy violentos, y teníamos el pacifismo hippie, que cuestionaba la guerra y se estaba movilizando y haciendo mucho daño al gobierno. Nosotros no podíamos ilegalizar a los hippies y a los negros, en cambio la idea de la guerra contra las drogas nos dio un perfecto instrumento, porque los hippies fumaban marihuana y los negros consumían heroína. Y entonces fue el instrumento perfecto para controlar a esos dos colectivos”.

Seis

Hace unos años, Naciones Unidas me convocó para trabajar en la revisión crítica del Informe de Desarrollo Humano. Entre el grupo de asesores que evaluaba el informe, el economista argentino Bernardo Kosacoff planteaba que el golpe (del ’76) se había producido cuando el proceso de sustitución de las importaciones estaba agotado. (Eduardo) Basualdo, con quien yo coincido, sostiene todo lo contrario: el golpe se hizo para impedir ese salto. En aquel momento, por ejemplo, Fate había sumado a los neumáticos la producción de aluminio y el desarrollo de la electrónica con Cifra. La empresa informática de Fate, creada por Gelbard, estaba muy cerca de la punta tecnológica mundial. Las calculadoras que se fabricaban en Argentina, entre 1973 y 1975, se aproximaban a lo máximo que se podía fabricar internacionalmente. Esa fue una de las primeras cosas que destruyó la dictadura.

Siete

Creo que el día que comenzaron los juicios (a las Juntas) fue la primera vez que entré en Tribunales. Nunca antes había estado ahí, salvo por mi divorcio. Me iba a acreditar para cubrir el juicio, y cuando estaba entrando me encuentro con un compañero del colegio secundario. Fue algo gracioso, me reconoce y nos saludamos. Le dije que iba a acreditarme para cubrir el juicio y él me cuenta, riéndose, que era el presidente del Tribunal. Era Carlitos Arslanian.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 28 de enero de 2019

La guerra no tiene rostro de mujer, comentado por Paula Rodríguez

La guerra no tiene rostro de mujer
Svetlana Alexiévich
Debate

Selección y comentario por Paula Rodríguez, periodista.

Uno (mi comentario)

Todo puede transformarse en la literatura“, escribe Slevtana Alexievich en las palabras iniciales de las 370 páginas de La guerra no tiene rostro de mujer, la primera de sus llamadas novelas colectivas o corales, un tejido de testimonios en primera persona. La guerra… fue publicada inicialmente en 1983 y, treinta años después, reeditada con fragmentos que había quitado la censura y apuntes de sus charlas con el censor. (…)

“Para usted, la verdad está en la vida, en la calle, bajo nuestros pies“, le reprocha él, “pero se equivoca, la verdad es lo que soñamos. ¡Es como queremos ser!”. Alexievich pelea contra ese relato, el de la Historia, y cuenta historias. Su epopeya es, en lo literario, contra el canon del relato bélico y, en su propia biografía, una disputa con La Palabra del régimen soviético en el que creció (nació en 1941). Entre la guerra contada como una sucesión de batallas, actos heroicos y, finalmente, la victoria -la “masculina“- y la guerra “femenina“, donde “sólo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana“, la bielorrusa ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015 -primero otorgado a una obra de no ficción en cien años- elige contar la de ellas, la de casi un millón de mujeres que combatieron en el Ejército Rojo contra la invasión nazi y que luego fueron olvidadas. Nunca escuchadas. Porque a nadie le gusta escuchar esa guerra. Alexievich escucha y toma nota y llora con ellas, mira sus fotos, la ropa guardada por años, prueba sus comidas, es una gran oreja para luego ser muchas voces y a la vez ella misma, su propia voz. Y en esos relatos en los que los cuerpos se rompen y huelen; el dolor es espantoso; sufren los hombres, la tierra, los pájaros, los árboles, los caballos, las flores; los niños mueren de mil formas crueles; los miembros amputados se apilan en rincones y las mujeres son el deshecho de los deshechos humanos, el sacrificio y el sufrimiento son contados con una belleza que perturba. Esta selección es muy arbitraria (el orden de los párrafos también lo es) y es una de muchas posibles: seis pasajes brevísimos, oraciones sueltas, momentos extraordinarios que abundan en los relatos de estas combatientes, palabras que la autora ilumina, poesía que brota a borbotones como la sangre.

Dos (la selección)

“Comprendí entonces que cualquier cosa puede arder… incluso la sangre…“

Tres

“¿Seré capaz de encontrar las palabras adecuadas? Puedo contar cómo disparaba. Pero explicar cómo lloraba, nunca, ni hablar. Eso quedará mudo para siempre. Lo único que sé es que en la guerra las personas se vuelven espantosas e inconcebibles. ¿Cómo vas a entenderlas? Usted es escritora. Invéntese algo. Algo bonito. Sin parásitos ni suciedad, sin vómitos… Sin olor a vodka y a sangre… Algo no tan terrible como la vida…“

Cuatro

“Llegué a Berlín. En la pared del Reichstag escribí: ´Yo, Sofía Kuntsévich, he venido hasta aquí para matar a la guerra´.“

Cinco

“De pequeña… Comienzo por mi infancia… En la guerra temía recordar la infancia. Precisamente la infancia. En la guerra está prohibido recordar lo más tierno… Lo tierno está prohibido. Es un tabú.“

Seis

“Me gustaba mucho la primavera… Adoraba el florecer de los cerezos y el perfume de las lilas envolviendo las flores… No se sorprenda ante mi estilo, yo solía escribir versos. Pero ahora detesto la primavera. La guerra se interpuso entre mi alma y la naturaleza. Vi a los nazis en mi Zhitómir natal justo al florecer los cerezos…“

Siete

“La gente reconstruyó las casas, entonces regresaron los ruiseñores…“


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 25 de enero de 2019

El peligro de la historia única, comentado por Gabriela Cabezón Cámara

El peligro de la historia única
Chimamanda Ngozi Adichie
Random House

Selección y comentario por Gabriela Cabezón Cámara, escritora. Nació en la provincia de Buenos Aires en 1968. Ha publicado, entre otros, La Virgen Cabeza, Le viste la cara a Dios, Romance de la Negra Rubia y Las aventuras de la China Iron.

Uno (mi comentario)

Chimamanda Ngozi Adichie es una escritora nigeriana muy afamada en Occidente, parte de una generación súper potente de mujeres de su continente. En este librito, breve y ameno, con un discurso directo y claro, que no está dirigido a un público especializado en humanidades, cuenta algo que no por obvio es por todos conocido: la historia la escriben los que ganan. Desde el Renacimiento más o menos, cuando Europa tuvo el excedente suficiente para invertir en barcos y salir a la conquista, la historia la cuentan ellos, los occidentales del hemisferio norte. Y nos la creemos todos.

La misma Chimamanda se sorprende a sí misma cuando viaja a México y no se encuentra con lo que espera, el “abyecto inmigrante” que le habían vendido los medios de Estados Unidos, sino gente que vive, crea, se divierte, trabaja, ama y muerte como todos. Africa es, para casi todos nosotros, un relato europeo, un relato de sus colonizadores y explotadores: los africanos son unos salvajes que se viven matando por luchas tribales incomprensibles; necesitan que el hombre blanco intervenga y los salve es, más o menos, lo que nos cuentan. Sirve, claro, para justificar una intervención que nada tiene de humanitaria, al contrario: está en la raíz de las guerras africanas. El relato sirve para justificar lo que es sólo expolio por la fuerza. Los latinoamericanos lo sabemos bien, a nosotros también nos han contado así. Por eso es tan necesario leer este librito. Y tan necesario contarnos nosotros mismos, escribirnos nosotros, y no permitir que esa tarea sea exclusivamente de los otros, los poderosos. Leamos y escribamos, que en eso también se nos juegan la vida y la posibilidad de algo más parecido a la justicia para nosotros y para los que nos siguen.

Dos (la selección)

Así que, después de unos años como africana en Estados Unidos, empecé a comprender la actitud de mi compañera. Si no me hubiese criado en Nigeria, y lo único que supiese de África proviniese de las imágenes populares, yo también pensaría que es un lugar de bellos paisajes, magníficos animales y gentes incomprensibles enfrascadas en guerras sin sentido, víctimas de la pobreza y el sida, incapaces de hablar por sí mismos y que viven a la espera de ser salvados por un extranjero blanco y bueno. Vería a los africanos igual que, de niña, veía a la familia de Fide.

Tres

La historia única de África en última instancia proviene, pienso yo, de la literatura occidental. He aquí una cita de los escritos de un mercader londinense llamado John Lok, que navegó al África occidental en 1561 y escribió un fascinante relato del viaje. Después de llamar a los africanos negros «bestias sin hogar», escribe: «También hay gente sin cabeza, con la boca y los ojos en el pecho».

Bueno, me río cada vez que lo leo. Y hay que admirar la imaginación de John Lok. Pero lo importante de lo que escribe es que representa el comienzo de una tradición de contar cuentos africanos en Occidente: una tradición del África subsahariana como un lugar de negativos, diferencias, oscuridades, de gente que, en palabras del maravilloso poeta Rudyard Kipling, son «mitad demonio, mitad niño».

Cuatro

Y, por consiguiente, empecé a comprender que a lo largo de su vida mi compañera de habitación estadounidense había visto y escuchado diferentes versiones de esa historia única, igual que un profesor que una vez me dijo que mi novela no era «auténticamente africana». Yo estaba dispuesta a aceptar que la novela tenía toda una serie de errores, que había fracasado en diversos puntos, pero no se me había ocurrido pensar que no había conseguido alcanzar algo llamado «autenticidad africana». De hecho, no sabía lo que era la autenticidad africana. El profesor me explicó que mis personajes se parecían demasiado a él, un hombre de clase media y buena educación. Mis personajes conducían automóviles. No se morían de hambre. Por tanto, no eran auténticos africanos.

Cinco

Debería apresurarme a añadir que, en lo tocante al relato único, soy igual de culpable. Hace unos años visité México. En ese momento en Estados Unidos reinaba un clima político tenso y se discutía mucho sobre inmigración. Y, como suele ocurrir en Estados Unidos, inmigración se convirtió en sinónimo de mexicanos tan inmersa en la cobertura mediática de los mexicanos que, en mi cabeza, se habían convertido en una sola cosa: el abyecto inmigrante. Había aceptado el relato único sobre los mexicanos, y no podía sentirme más avergonzada.

Seis

Así es como se crea una historia única, se muestra a un pueblo solo como una cosa, una única cosa, una y otra vez, y al final lo conviertes en eso.

Siete

Es imposible hablar de relato único sin hablar de poder. Existe una palabra, una palabra igbo, que me viene siempre a la cabeza cuando pienso en las estructuras de poder del mundo: nkali. Es un nombre que podría traducirse por «ser más grande que otro». Igual que en el mundo político y económico, las historias también se definen por el principio de nkali: la manera en que se cuentan, quién las cuenta, cuándo las cuenta, cuántas se cuentan… todo ello en realidad depende del poder.

Poder es la capacidad no solo de contar la historia de otra persona, sino de convertirla en la historia definitiva de dicha persona. El poeta palestino Mourid Barghouti escribe que, si quieres desposeer a un pueblo, la forma más simple de conseguirlo es contar su historia.

Recientemente di una charla universitaria durante la cual un estudiante se lamentó de que los hombres nigerianos fueran unos maltratadores como el personaje del padre en mi novela. Repliqué que acababa de leerme una novela titulada American Psycho y lamentaba muchísimo que los jóvenes estadounidenses fueran asesinos en serie.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 24 de enero de 2019

Educar para un mundo cambiante, comentado por Melina Furman

Educar para un mundo cambiante
David Perkins
SM

Selección y comentario por Melina Furman, bióloga y educadora. Es Investigadora del CONICET y Profesora de la Universidad de San Andrés. Investiga sobre cómo generar entornos que fomenten el pensamiento crítico, curioso y creativo desde el jardín de infantes hasta la vida adulta. Coordina programas de formación docente e innovación educativa en Argentina y otros países de Latinoamérica.  Su último libro se llama “Guía para criar hijos curiosos” (Siglo XXI Editores).

Uno (mi comentario)

“Future Wise. Educating our children for a changing world” (Sabios para el Futuro. Educando a nuestros chicos para un mundo cambiante), del gran pedagogo de la Universidad de Harvard David Perkins, es un llamado a preguntarnos en profundidad cuán relevante es aquello que estamos enseñando hoy en nuestras escuelas.  Nos invita a pensar en qué vale la pena que los chicos y jóvenes aprendan hoy, cómo lograr una educación que tenga sentido y genere el deseo de seguir aprendiendo toda la vida. (…)

(sigue mi comentario)

Nos provoca cuestionando buena parte de lo que estudiamos nosotros mismos en nuestro paso por la escuela, aquello a lo que dedicamos muchas horas de nuestra vida y hoy está guardado (con suerte) en el arcón de la memoria, como saber inerte, sin que forme parte de nuestros modos de pensar y actuar en el mundo. Pero Perkins va más allá del diagnóstico. Con su mirada lúcida y su pluma inspiradora, nos propone estrategias concretas para iniciar el camino de la transformación educativa. Por eso elegí este libro.

Dos (la selección)

Cuando los niños de cuarto grado, estudiantes de escuela secundaria o alumnos de los primeros años  de la universidad preguntan: “¿Por qué necesito saber esto?”, todos sabemos por qué están preocupados. No ven el sentido del tema que están estudiando, o al menos no ven el sentido para ellos. Les gustaría sentir que lo que aprenden hoy es conocimiento para su futuro. Les gustaría sentir que eso que aprenden va a contribuir significativamente a las vidas que tienen chances de vivir. Están buscando lo que en el mundo de los negocios se llama “retorno de la inversión” -no solo en términos monetarios sino en un sentido amplio- en lo profesional, lo cívico, la familia, en la posibilidad de involucrarse con las artes, o simplemente de comprender mejor el mundo con el que nos encontramos cotidianamente.

Tres

Tal vez todo eso [que estudiamos en la escuela hoy] vale la pena de ser aprendido, es decir, en principio es bueno conocerlo. Pero eso solo funciona si lo seguimos sabiendo. El hecho es que nuestras mentes solo mantienen el conocimiento que tenemos ocasión de usar en alguna esquina de nuestras vidas: personales, artísticas, ciudadanas, o de algún tipo. De manera abrumadora, el conocimiento que no se usa se olvida. Se va. No importa cuán valioso pueda llegar a ser, deja de valer la pena para la vida a menos que siga estando ahí. Tal vez tengamos que ir entonces más allá de que hay que estudiar algo porque “es bueno saberlo”. El conocimiento es bueno solo si hay ocasiones en las que podamos mantenerlo vivo y disponible. Para que valga la pena estudiarlo, el conocimiento tiene que llevarnos a alguna parte.

Cuatro

Prueben esto: ¿Qué aprendieron durante sus doce años de escolaridad obligatoria que importa en su vida actual? [Nota: dejando afuera a los aprendizajes básicos como leer y escribir y hacer cálculos sencillos]

Cinco

Con todo esto en mente, la sola idea de educar solo para un conjunto de conocimiento canónico, no importa cuán cuidadosamente seleccionado esté, parece sumamente limitada. Y también encoge el principal rasgo de Pandora, la curiosidad. La agenda de la educación no debería entonces basarse solo en pasar los contenidos de cajas ya abiertas, sino en fomentar la curiosidad por aquellas cajas que aún están cerradas o apenas abiertas. Necesitamos una agenda más audaz. Vamos a llamarla “educar para lo desconocido”.

Seis

Sin embargo, la sola frase es paradójica. ¿Cómo podemos conocer suficientemente bien lo desconocido para educar para eso? Pero esperen: si tomamos distancia, no parece un desafío tan inabordable. Aunque no sabemos exactamente cómo va a ser el mundo en diez o cuarenta años, sí podemos hacer buenas suposiciones.

Siete

Sería sorprendente que los temas de pobreza e impuestos que aparecen al estudiar la Revolución Francesa desaparecieran del mundo en los próximos veinte años. Sería sorprendente que los temas de sustentabilidad ambiental, provisión de agua y el tratamiento de epidemias que van a seguir creciendo en la medida que aumentan los viajes internacionales no sigan siendo relevantes. Más allá de las predicciones específicas, en un tiempo de cambio e incertidumbre, las capacidades más generales -como por ejemplo la de comunicación, colaboración, resolución de problemas, y la de aprender a aprender – juegan un rol cada vez más poderoso.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 23 de enero de 2019

Manual para dar el salto

Decir no no basta
Naomi Klein
Paidós

Selección y comentario por Natalia Zuazo, periodista de poder y tecnología, politóloga. Directora de la agencia tecnopolítica Salto. Autora de Guerras de internet (Debate, 2015) y Los dueños de internet (Debate, 2018).

Uno (mi comentario)

Para los que trabajamos entre el mundo de las ideas y de la acción, existe una búsqueda permanente entre encontrar nuevas formas de pensar el mundo y estrategias para cambiarlo. ¿Cómo nos explicamos lo que pasa?, primero. ¿Cómo lo cambiamos?, después. En ese intercambio –que siempre es con otros- está el día a día.  Desde los 2000, la canadiense Naomi Klein nos aporta sus libros para este fin, a veces destinados a un análisis que nos lleve a comprender lo nuevo (No logo, La doctrina del shock) y otras a tomar una acción más inmediata en temas como la ecología o el apremio de los trabajadores a recuperar sus puestos de trabajo. (…)

(sigue mi comentario)

Decir no no basta está en el segundo grupo, el de los libros que ofrecen soluciones para la acción. Pero además aprendió: del gobierno de Trump que ya coronó la clase empresaria para tomar decisiones públicas (quien lo quiera leer como espejo de la Argentina o Brasil viene perfecto) y de los gobiernos progresistas que no se animaron a hacer verdaderas reformas cuando llegaron al poder. Y, sobre todo, aprendió de su experiencia en primera persona junto a los nuevos movimientos populares que decidieron dejar de decir que “no” y empezar a unirse y decir “sí” a sus demandas comunes, más allá de sus diferencias. Allí, en esa construcción colectiva de sindicatos, trabajadores, identidades disidentes, minorías que ya son mayorías, unidas por valores y el no común a un mundo gobernado por el dinero, está su mapa posible. Y tal vez el único que nos quede.

Dos (la selección)

“Ya el propio gabinete de Trump, formado por millonarios y multimillonarios, nos dice mucho de los objetivos ocultos de su Administración. Exxon Mobile, a la Secretaría de Estado. General Dymamics y Boeing, a la cabeza del Departamento de Defensa. Y los chicos de Goldman Sachs para casi todo lo demás. El puñado de políticos de carrera a los que se ha puesto al frente de alguna agencia gubernamental parecen elegidos, bien porque no creen en la función básica de la agencia, bien porque directamente creen porque la agencia no debería existir. Steve Bannon, el aparentemente marginado estratega jefe de Trump, fue muy claro al respecto en febrero de 2017, dirigiéndose a un público conservador. El objetivo, dijo, era la «deconstrucción del Estado administrativo» (se refería con esto a las normativas y agencias gubernamentales encargadas de proteger a la población y sus derechos). Y añadió: «Si te fijas en la lista de candidatos a un puesto en el gabinete, han sido seleccionados por una razón, y es la deconstrucción».”

Tres

“Los pilares fundamentales del proyecto político y económico de Trump son: la deconstrucción del Estado regulador; una ofensiva total contra el Estado de bienestar y los servicios sociales (justificada en parte con un discurso belicoso que instiga el miedo racial y ataca en parte a las mujeres por ejercer sus derechos); el desencadenamiento de una fiebre por los combustibles fósiles nacionales (que pasa por ignorar los estudios científicos sobre el clima y neutralizar gran parte de la burocracia gubernamental); y una guerra de civilizaciones contra los inmigrantes y el «terrorismo islamista radical».

Además de suponer una amenaza evidente para quienes ya son los más vulnerables, este proyecto entraña una visión que generará con toda seguridad una ola tras otra de crisis y shocks. Shocks económicos, a medida que estallen las burbujas del mercado, infladas gracias a la desregulación; shocks de seguridad, cuando nos alcancen las represalias por las políticas antiislamistas y las agresiones en el exterior; shocks climáticos, al desestabilizar aún más el clima; y shocks industriales, cuando se produzcan vertidos de los oleoductos y accidentes en las plataformas petrolíferas, lo que tiende a ocurrir siempre que se cercenan las normativas medioambientales y de seguridad.”

Cuatro

“Si algo he aprendido de informas desde docenas de lugares sumidos en una crisis, de la Atenas sacudida por la debacle de la deuda griega hasta la Nueva Orleans tras el huracán Katrina, pasando por Bagdad durante la ocupación estadounidadense, es esto: que es posible ofrecer resistencia a estas tácticas. Para hacerlo, han de ocurrir dos hechos cruciales. Primero, hemos de entender perfectamente cómo funcionan las políticas de shock y a qué intereses sirven. Es esa comprensión la que nos permite salir rápidamente del estado de shock y empezar a contraatacar. Segundo, e igualmente importante, tenemos que contar una historia distinta de la que nos venden los doctores del shock, una visión del mundo lo bastante convincente como para competir con la suya de igual a igual. Esta visión, fundamentada en valores, ha de ofrecer una vía diferente, lejos de shocks encadenados; una que se base en unirnos por encima de divisiones raciales, étnicas, religiosas o de género, en vez de dejar que nos enfrenten aún más, y en sanar el planeta en vez de desatar más guerras desestabilizadoras y seguir contaminándolo. Y sobre todo, esa visión debe ofrecer a quienes están sufriendo –por falta de trabajo, falta de asistencia sanitaria, falta de paz, falta de esperanza- una vida tangiblemente mejor.”

Cinco

“He aquí una teoría: la interacción entre los sueños idealistas y las victorias terrenales siempre ha estado en el centro de los momentos de transformación profunda. Los avances logrados para los obreros y sus familias tras la Guerra Civil y durante la Gran Depresión, así como en materia derechos civiles y medio ambiente en los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, no fueron meras reacciones ante una crisis u otra. Fueron reacciones a crisis que ocurrieron en momentos en los que las personas se atrevieron a soñar a lo grande, alto y claro, en público, con auténticas explosiones de imaginación utópicas.”

Seis

“Y, sin embargo, a las generaciones que habían crecido en el neoliberalismo les costó imaginar algo, lo que fuera, pero algo que fuera distinto de lo único que habían conocido. Es posible que el poder de la memoria también influyera. Cuando los trabajadores se sublevaron contra las depravaciones de la era industrial, muchos conservaban recuerdos vívidos de otro modelo de economía. (…) AL haber conocido algo distinto eran capaces de imaginar –y luchar por- un futuro radicalmente mejor. Incluso aquellos que jamás han sido tremendamente creativos a la hora de buscar caminos –a menudo por medio de formas artísticas clandestinas- de alimentar y mantener con vida el sueño de la libertad, el autogobierno y la democracia. (…) Es precisamente esta capacidad de imaginar, la habilidad de concebir un mundo completamente distinto del actual, lo que ha brillado por su ausencia desde que el grito de «no» empezó a oírse por todo el mundo en 2008.”

Siete

“Nos habíamos reunido para detectar las conexiones entre las crisis a las que nos enfrentamos y para tratar de esbozar una visión holística del futuro que resolviera muchos de los desafíos que se cruzan a la vez. Igual que en Standing Rock, mucha gente está empezando a ver y hablar sobre estas conexiones, señalando, por ejemplo, los intereses económicos que más promueven las fuerzas, tanto en casas como en el extranjero, son precisamente las fuerzas más responsables del calentamiento global.

Muchas de las crisis a las que nos enfrentamos son síntomas de la misma enfermedad subyacente: una lógica basada en la dominación que trata a muchas personas, e incluso a la propia Tierra, como si fueran desechables. Nos unía la convicción de que la persistencia de estas desconexiones, de esa formas de pensar «por compartimientos» es la causante de que los progresistas estén perdiendo terreno en prácticamente todos los frentes y tengan que pelear por conseguir migajas, cuando todos sabemos que el momento histórico presente exige un cambio transformador. Estas divisiones y compartimentaciones nos están arrebatando todo nuestro potencia y han logrado convencer a demasiadas personas de que las soluciones duraderas siempre estarán fuera de nuestro alcance.”


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 22 de enero de 2019

Un juego con resultado incierto, como el amor mismo

27 maneras de enamorarse
Santiago Craig
Factotum

Selección y comentario por Carolina Justo von Lurzer, comunicóloga, Investigadora de CONICET. Docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Autora de Mamá Mala, crónicas de una maternidad inesperada.   

Uno (mi comentario)

Recorrí la lista de libros de no ficción sugeridos para cumplir con la elección de dos. No pude resistirme a la literatura que proponía 27 maneras de enamorarse. Eso necesito, pensé. Que alguien me diga cómo, ver si alguna de las que conozco funciona, si alguien tuvo éxito o acaso los mismos fracasos. Si, quizás, alguien pensó alguna vez como hago yo cada tanto que eso en realidad no existe o más aún, que si existe hay que evitarlo. Hallé instrucciones e historias, un poco de cada cosa. Un juego aleatorio de hipótesis, procedimientos y resultados. 27 maneras es una invitación a identificarse, desencontrarse, esperanzarse y saber que todo es, al final, un poco ficción. El minucioso detalle de pequeñas acciones y múltiples azares de la vida cotidiana. Poco hay de fascinante en sus relatos todo es más bien del orden de lo fantástico. Quizás la instrucción original sea: inscriba el amor en el orden de lo cósmico, abra el libro, no espere de él soluciones japonesas ni justicias peronistas, déjese llevar por lo desparejo del afecto, traicione todas sus expectativas y aun así, disfrute.

Dos (la selección)

Adentro, no se digan nada: el camino está allanado. Atolondrados, torpes, chúpense donde puedan, rasgúñense, choquen los dientes y jadeen. Al rato, desnudos, sin pudor, fumen otra vez, viéndose blandos en un espejo, manden el mismo mensaje a distintos teléfonos. Van para ahí. En un rato. Ya llegan. Escúchela decir que su esposo se llama Raúl y es ingeniero. No de los que hacen cosas, de los que tienen un título. Cuéntele que su mujer se llama Amanda. Que siempre estuvo ahí, desde chicos. Que es buena como un vaso de agua. Cuando salgan, reciba los caramelos sin gusto que le dan con el cambio. Chúpenlos juntos. Estén callados. Déjela en la esquina de su casa. Antes de volver a la suya, pase otra vez por el bar. Mire el fondo acaramelado del vaso de whisky. Pregúntese cuánto hace que está ahí. Si se contesta un siglo, esté de acuerdo. Si se dice media hora, también coincida. (:63)

Tres

Lo que sigue es fácil. Entre las virutas blandas descubra la piedra dentro de la caja. Opaca y fría. No es una joya, es fea. Por un momento piense que fue estafado. Pero rápidamente dese cuenta de que es un meteorito. Hay miles en el campo. Casi nadie sabe. A casi nadie le importa. Son eso. Piedras feas. Vienen del espacio. En el espacio también hay cosas que son feas e inútiles. (:10)

Cuatro

Hugo fue el primero, aunque podría haber sido cualquiera de los dos. Preguntó algo bastante idiota. Algo sobre la cantidad de estrellas. Nada que incluyera el protocolo. Eva no le contestó, pero el silencio se hizo distinto. Hugo había instalado en el aire una espera. (:42)

Cinco

Atento, retirándose un poco de las cabinas y simulando elongar, desatar contracturas, Luis pudo ver que Francisca también ahí, después de vaciar el cargador, apretaba el botón para atraer hacia ella los blancos y los consolaba. Se acercó para saber, siempre discreto, y vio que, además, los acariciaba con la palma de su mano, que incluso, en algunas ocasiones, llegaba a besarlos. (:18)

Seis

Separado de su vida anterior, que era estar ahí solamente, Ernesto se angustia. No angustia, se entiende, otra cosa, una congoja química, una chispita de miel amarga. Va entendiendo que el amor empieza en uno, siempre, nunca en dos. Es ampliarse el amor, quererse más a uno en otros. No querer a otros, eso no se puede. Dejar afuera todo lo que no nos importa. Eso es el amor. Desprecio. Hacerse todavía más sólido, alinear en una fila perfecta la identidad y dársela al otro que nos llama. Sin voluntad, seguir la voz, las garras rojas, el taconeo, separarse para siempre de lo anterior. Verse, esta vez sí, por primera vez, vivo. Sabiendo ser, palpitando. (:87)

Siete

La medialuna y el café tienen gusto a perfume. Me pasé con el rociador. Tanto perfume es de vieja. Ya hago cosas de vieja. La carta también tiene olor a perfume. Me la acerco a la nariz y la huelo. Detrás del perfume está todavía el olor granulado y áspero del papel. Me miran los tipos de la mesa de al lado. O pienso que me miran, no sé. Me da vergüenza lo mismo. Tan acostumbrada que estaba a que me miren, ahora ya me es raro. (:118)


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 22 de enero de 2019

Contra el separatismo

Contra el separatismo
Fernando Savater
Ariel

Selección y comentario por Marcos Novaro, estudió Sociología y Filosofía en la UBA y actualmente es investigador principal del CONICET y dirige el Centro de Investigaciones Políticas (Cipol) y el Archivo de Historia Oral de Argentina Contemporánea en el Instituto Gino Germani. Sus últimos libros son La Argentina en el fin de siglo (Ariel, 2010); Historia de la Argentina 1955-2010 (Siglo XXI, 2010), y Peronismo y democracia (2014, Edhasa).

Uno (mi comentario)

Como sostiene de partida Savater, es perfectamente legítimo en un panfleto como este construir un adversario de paja para hacer más liviano el trabajo de denostarlo. Y hay que decir que no pocos de sus argumentos dan en el blanco: el intento separatista emprendido en 2017 por una muy acotada mayoría (o primera minoría según como se la cuente) de los ciudadanos catalanes y sus representantes es convincentemente desnudado en sus rasgos más caprichosos y patéticos, dejando en evidencia que estaba desde el principio destinado a un penoso final.

(sigue mi comentario)

Pero la pregunta que vale la pena plantearse no es tanto si el affaire catalán merece la catarata de descalificaciones que recibe de Savater, si no si el separatismo en general merece el tratamiento que de rebote le toca. ¿No es acaso pertinente, tal vez no para pensar Cataluña, pero si la Europa y el mundo de hoy en día, una reflexión más matizada al respecto?. Por caso, ¿qué unidades, solidaridades y autoridades políticas van a primar en la Europa del futuro próximo, las de los europeos, las de las naciones que la fundaron, unas más locales y étnicas, u otras nuevas que hoy no podemos ni imaginar y están apenas emergiendo? Y junto a esa pregunta, consideremos otra más teórica sobre el problema, que a Savater le parece irrelevante o incómodo considerar, pero no conviene ignorar: si el separatismo resulta un enemigo tan amenazador e invivible para nuestros Estados nación, ¿será por las razones morales y constitucionales que da el autor, por su carácter “destructivo” y “diabólico”, o porque usa contra estos Estados actualmente existentes los mismos mitos y argumentos a que ellos apelan para justificarse, que su soberanía no es más que la suma de los derechos de los individuos que los habitan, unidos por lazos culturales y de identidad claros y distintos para todos ellos, y que les permiten diferenciarse prístinamente de otros pueblos para perseguir un destino común? Savater abraza el dogma de que estas son verdades evidentes para todos los españoles vivos y deben seguir siéndolo. De allí que considere una aberración inaceptable, por caso, que los catalanes quieran hacer un uso de la educación y otras fábricas de identidad que desde siempre los Estados han utilizado para fortalecer la que ellos ofrecen a sus gobernados. Pero, ¿por qué llamar a una educación patriótica y a la otra ideología disolvente? ¿Por qué si aceptamos que el Estado español, como cualquier otro, sólo tras conformarse adquirió derecho a existir, y admitimos también el carácter azaroso de sus fronteras y el convencional de sus leyes, nos cuesta tanto aceptar que no es eterno, tarde o temprano va a fundirse en una unidad mayor o descomponerse en fracciones menores, o perder pedazos a manos de sus vecinos o en las de algunos de sus propios ciudadanos? No era esta una buena ocasión ni una buena manera de cambiar la relación entre España y Cataluña. Pero el problema dista de agotarse en el mal concebido y peor manejado episodio catalán. Los argumentos que desgrana Savater en su panfleto distan de diferenciar entre una cosa y la otra. Por lo que solo sirven al objetivo inmediato que él se propuso, agitar la discusión. Y en eso hay que valorarlos.

Dos (la selección)

“No se llamen a engaño: esto es un panfleto. No un tratado, ni un estudio académico, ni una refutación erudita de puntos de vista ajenos. No, sólo es un panfleto….. Cuando algo goza de una fama conseguida por medios inmundos, es lícito difamarlo un poco aunque n se juegue demasiado limpio. La cuestión del separatismo no es un tema para escribir una tesis o mostrar que estamos al tanto de la última bibliografía, sino una flecha envenenada que ha hecho diana en el centro mismo de nuestra convivencia nacional. Me resultan insoportables… las doctas discusiones sobre el ataque felón que pone a nuestra patria en la agonía en sentido unamuniano, es decir, en un combate moral y político a vida o muerte”. (13)

Tres

“Este panfleto va dirigido contra el separatismo, no contra el nacionalismo. Hay que distinguir entre ambos, aunque a veces se usen como sinónimos (y también el de independentismo). El nacionalismo es un narcicismo colectivo que puede ser leve y hasta simpático (amén de inevitable en este grado menor, creo que toda persona mentalmente sana es nacionalista) o convertirse en una psicopatología agresiva que legitima guerras y propulsa a los peores demagogos”. (14)

Cuatro

“Los que, en Barcelona, sacaron por fin a la calle la bandera constitucional española se rebelaban con ese gesto contra la imposición ideológica y la marginación cívica que sufren desde hace años en la orgía del separatismo obligatorio. Las banderas que postraron con orgullo no eran excluyentes de nadie sino inclusivas. Y, sobre todo, el suyo no fue un gesto narcisista sino una demostración de coraje en defensa propia. Porque lo que pretende imponerse en Cataluña no es simple nacionalismo, es decir, exaltación y apego a lo propio, aunque sea con desmesura; es separatismo, es decir, aborrecimiento de lo español, odio feroz al no nacionalista y, sobre todo, exclusión práctica de quienes no comulgan con el dogma del sacrosanto pueblo catalán y subversión de cuanto representa al Estado español. El separatismo no es una opinión política o un ensueño romántico, como el nacionalismo, sino una agresión deliberada, calculada y coordinada contra las instituciones democráticamente vigentes y contra los ciudadanos que las sienten como suyas sin dejar por ello de considerarse catalanes. No es un delirio más o menos grave, sino un ataque en roda regla contra el núcleo más importante de nuestra garantía de ciudadanía, el Estado de derecho. Con algo de paciencia y sentido del humor se puede convivir mejor o peor con los nacionalistas; pero con los separatistas no hay más arreglo posible que obligarlos a renunciar a sus propósitos”. (16)

Cinco

“De modo que, si queremos obtener catalanes o vascos de pura cepa, sean cuales fueran sus orígenes y su deambular por el mundo, habrá que fabricarlos. Y habrá que encontrar un rasgo característico, inconfundible, a poder ser indeleble, que los selle como tales para mayor gloria del separatismo militante. Ese rasgo habrá que imponérselo como la circuncisión o la ablación del clítoris: cuanto más pequeños, mejor. Y esa marca nacionalizante no es otra que el odio a España y a todo lo que suene a español. O, si prefieren, la costumbre adquirida de llamar “español” a cuanto se odia. Para acuñar ese bautismo que imprime su carácter están la educación y la acción incansable de los medios de comunicación oficiales de la región. Hace años, la inmersión lingüística hizo una purga de cientos de maestros de lengua castellana, que fueron sustituidos por otros que enseñaban en catalán pero con la ideología puesta… De ahí han brotado los separatistas irreductibles… Y en vano se buscará un acuerdo político que satisfaga conciliadoramente sus ansias con el resto de los ciudadanos españoles, pues mientras esa educación y esos medios de masas sigan siendo lo que son … seguiremos teniendo patentes o latentes según las circunstancias del momento los factores de la discordia civil cuyas nocivas consecuencias hemos padecido durante décadas…”. (37)

Seis

“Siempre que se deshace un país que llevaba mucho tiempo unido, no digamos si son varios siglos, aunque sea con consentimiento legal, deja una ristra de dramas personales y familiares, como se ha visto en Pakistán, en Yugoslavia…. En muchos sitios. La generación que padece la división, sobre todo cuando ha sido precedida y acompañada por una campaña de odio social al distinto fomentada por la educación sectaria y los medios de comunicación criminógenos, queda inevitablemente traumatizada y a veces duraderamente resentida. El que pierde a sus compatriotas sufre algo más que un daño administrativo o una serie de molestias burocráticas…” (41)

Siete

“Declaraciones de víctimas como aquella señora de Esquerra a la que los represores le habían roto uno tras otro todos los dedos de la mano mientras le manoseaban las tetas. Llevaba un aparatoso vendaje en la extremidad herida… ¡Ah, no, en la mano contraria! ¡Vaya con las prisas! Y a los dedos no les pasaba nada, gracias a Dios, salvo uno que tenía una leve contusión. Más de ochocientos heridos, pero sin hospitalizados ni partes clínicos alarmantes. Vamos, todo puro trola. Pero en Europa los medios aceptaron el escándalo con hipocresía, como si nunca hubiesen visto utilizar porras y bastantes métodos coactivos más contundentes en manifestaciones contra el G8 en Francia, en Alemania, en todas partes… De los Estados Unidos llegó una reconvención sobre los males de la violencia policial. ¡De los Estados Unidos, donde la policía mata a un negro por saltarse el semáforo todos los meses! Ah, pero es que en Barcelona se trataba de gente pacífica que sólo quería votar. Aceptemos que la mayoría eran no violentos, aunque no pacíficos: porque la gente pacífica no se moviliza para realizar un simulacro democrático expresamente prohibido, que desafía a leyes fundamentales del país y agrede los derechos de sus conciudadanos. La gente pacífica no desobedece a los jueces ni a la policía y obstaculiza masivamente el orden democrático sólo porque no le gusta, poniendo –eso sí- a niños y ancianos como escudos para ver si ocurría algo gordo. ¡Y luego atribuirán a Donald Trump la patente miserable de la posverdad!”. (80).


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 18 de enero de 2019

De Rosario, con amor

Crónica canallas
Santiago Llach
Blatt & ríos

Selección y prólogo por Klaus Gallo, doctor en Historia Moderna e historiador.

Uno (mi comentario)

Crónicas canallas, de Santiago Llach, entra en una categoría literaria que ya es casi un género en sí mismo: los relatos en primera persona de hinchas de fútbol. Este género alcanzó su punto máximo con el magnífico Fiebre en las gradas, de Nick Hornby, donde éste volcaba toda su pasión por el club Arsenal. Como aquel libro mítico, Llach cuenta sus aventuras y desventuras siguiendo a su equipo del alma, Rosario Central, que intercala con cuestiones puntuales referidas al juego, vivencias personales y familiares, anécdotas y reflexiones de toda índole, envueltas en un lenguaje elegante y pleno de ironía. (…)

(sigue mi comentario)

A diferencia del autor inglés, Llach se centra en un período concreto: el año que siguió la campaña de su equipo en el Nacional B, cuando los “canallas” lograron el ascenso deseado. De los numerosos viajes a distintos estadios de la capital federal, el conurbano y varias provincias del interior del país, así como a la casa propia, el “gigante de arroyito” en Rosario, surge un relato pormenorizado de aquella campaña, que traza al mismo tiempo una suerte de anatomía del hincha argentino. Crónicas canallas es una lectura ineludible y plenamente disfrutable sobre la obsesión más difundida del mundo.

Dos (la selección)

El trabajo del zaguero de la B tampoco es fácil: mantiene a su familia cabeceando pelotas altas. Vive de eso: un laburante de cuello azul que tiene un turno de dos horas por semana. El más riguroso de los pateadores de penales de rugby envidiaría la cara de concentración que ponen Pepinno y Valentini cada vez que el arquero rival volea. Lo del cuello azul es literal, en este caso.

Tres

Algo que no registran las crónicas del fervor turistico: en el fin de semana largo, Mar del Plata fue copada por Central. Uno de los números más exitosos de la Peralta Ramos eran tres ancianas con vestidos tristemente sexies interpretando temas de cumbia. Religión y reviente a cargo de unas Cindy Laupers del subdesarrollo, para la familia canalla (mucho bebé, mucho niño, muchas más mujeres que lo habitual en este adelanto de los torneos de verano).

Cuatro

Por supuesto que yo tengo gran parte de la responsabilidad en todo esto. Prometí, en mi relato de la ida al Bajo Flores, que ayer lunes 18 de marzo habría un Llach en el Gigante. Ese Llach no estuvo, y ese Llach era yo. Y escribo esto por el mismo motivo por el que tenía que haber un Llach en el Gigante: porque las cábalas nos confirman que el Universo está ordenado según la arbitrariedad de nuestra pasión de hinchas. No es en broma, esta religión. Pude ser católico, ateo, progresista, facho, cheto, intelectual, palermitano, chabón, vago o workaholic. Pero soy, fui y seré de Central, y de nadie más. Mi familia es una patrulla perdida de esta utopía insistente.

Cinco

Cuando volvimos, pasamos por la plaza central de Junín y:posamos para una foto en la escuela Catalina Larralt de Estrugarnou, bautizada con el nombre de una tatarabuela nuestra, donde hizo la primaria Eva Duarte.

Seis

Jugábamos contra el último, Chicago, que con 27 goles (uno solo menos que Central) había hecho 18 puntos (26 menos que Central). Esta estadística pinta al óleo al equipo Russo: una defensa que fue aprendiendo a ser sólida a pesar de sus efervescentes limitaciones, un mediocampo con niegas reminiscencias barcelonescas y una delantera muy por abajo de la línea de pobreza.

Siete

Todas las probabilidades empiezan a jugar a favor del ascenso. Pero esto es Central, esto es Argentina, esto es la vida. No faltan tampoco las señales ominosas: pónganse todos de pie, se los pido, que, como para ponerle intriga a este final (faltan como 100 páginas todavía para que este libro termine), Jesús Méndez, el líder futbolístico del equipo, salió lesionado.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 17 de enero de 2019

Crónica del agua sobre Epecuén

El agua mala
Josefina Licitra
Aguilar

Selección y comentario por Adriana Amado, Doctora en Ciencias Sociales por la FLACSO y analista de medios.

Uno (mi comentario)

Mil quinientos evacuados de las últimas lluvias dice el televisor, no importa cuando estén leyendo esto. En el mundo del calentamiento global, siempre habrá lluvias, inundaciones y evacuados. Pero algunas catástrofes condensan en sí mismas todas las catástrofes, como esa sopa que concentra en unos centímetros cúbicos un pollo cocinado con verduras. La tragedia de Epecuén es el caldo en que se cocina una de esas metáforas argentinas espesas: un pueblo que crece sin planificación pública al ritmo de la codicia individual que la naturaleza castiga con moraleja bíblica. Como si la fuerza sobrenatural fuera el único freno a la soberbia del sentido común. (…)

(sigue mi comentario)

Sentido común es el que dice que siempre que llovió paró y que los políticos roban pero ni siquiera hacen. Porque en la Argentina lo más común es el sinsentido de políticas públicas que desprecian el largo plazo que no entra en la estrechez de las campañas electorales. Y prefieren más asfaltos decorados con palmeras y menos desagües invisibles. Total, resarcir es más barato que construir y es más fotogénico el funcionariado entregando solidaridad ajena que inaugurando cloaca propia.

Sentido extraordinario es el de Licitra, que le permite relatar con compasión la historia de ese pueblo en el ombligo del fin del mundo que soñó con ser Saint Tropez y al final se convirtió en una Atlántida salada, tenebrosa. Una fosa que cristalizó los sueños en fósiles vulgares y desenterró cadáveres que flotaban a los ojos de los vivos para recordarles que ellos también estaban muertos. Agua mala es la parábola de un pueblo que vio hundirse sus modestas expectativas en aguas sépticas. Agua mala es esa que dicen que es mayoría en nuestro cuerpo y que en cada uno de los miles que alguna vez estuvimos inundados, será siempre tormenta.

Dos (la selección)

¿Aguantaría el terraplén? En Epecuén había dos opiniones encontradas. Estaban los llamados «alarmistas» —entre ellos, los bomberos de la zona– que auguraban un final trágico. Y estaban los que confiaban en los funcionarios municipales y provinciales, que habían jurado que cualquier desborde no superaría los diez centímetros, que Epecuén jamás se inundaría y que el pueblo seguiría siendo lo que siempre había sido: uno de los principales centros de turismo de salud de la Argentina. Un maná de aguas altamente salinas que ponían a Epecuén en un plano terapéutico a la altura del Mar Muerto, en Medio Oriente.

Tres

Con el sueldo de sereno, el padre de Alfredo fue ampliando su vivienda y la acondicionó para recibir turistas. Así lo hizo durante más de una década, hasta que llegó la inundación y ese y todos los negocios quedaron bajo agua. Para aquel entonces, Alfredo ya tenía veinte años y energía suficiente para desarmar la casa entera. Sacó puertas, ventanas, sanitarios. Y unos días después vio la llegada del lago y escapó a Carhué con su familia.

Cuatro

—A ver, señores: el agua nos pasa por encima, es preferible perder una temporada pero salvar las cosas –dijo Julio Fernández Badié, director de Turismo de Epecuén. Pero no hubo vecino capaz de escucharlo.

—No querían moverse de ahí —resume ahora Hirtz.

—¿Por qué cree que la gente ahora dice lo contrario?

—Bueno, a veces hay que encontrar un responsable de lo que pasó, ¿no? Mirando atrás en el tiempo, igual reconozco que hubo una credulidad mía, del intendente, del gobernador, del ministro, en la palabra de Hidráulica. Pero ahora con el diario del lunes todos tenemos la verdad. Esa situación a lo mejor la tendríamos que haber percibido y haber sido más agresivos. Porque cuando finalmente colapsa Epecuén y el agua empieza a venirse sobre Carhué, con cuatro años de atraso se terminan tomando las medidas de construir el canal aliviador, de volar los taludes del Ameghino, de poner el tapón… Pero en el momento era imposible saberlo.

Cinco

Ven las ruinas del supermercado El Pulpo, el Hotel Plage, la pizzería, los quinchos, el Castillo, la casa del doctor Gasparri, la panadería de Córsico, la heladería que hacía helado de mate cocido, la caramelería donde los chicos robaban caramelos, la cancha de bochas con un pizarrón donde había que anotarse para tener turno y jugar.

Ven botellas, mosaicos, espaldares, pedazos de platos: retazos de vida y de color que aparecen derrotados bajo las costras de sal.

Seis

Hubo familias enteras que quedaron a la deriva. En el caso de Esther, tenía allí a su padre, su suegro y un cuñado, y no sabía cómo rescatarlos. La Municipalidad había prohibido retirar los cajones porque el camino al cementerio estaba destruido, entonces la gente tuvo que buscar formas alternativas —no oficiales— para recuperar a sus muertos. En Carhué, una empresa funeraria empezó a vender sus servicios. Iban en una balsa y traían de regreso un féretro. También aparecieron buzos que cobraban por hacer ese trabajo. Y en algún momento, cuando la situación se hizo inmanejable, intervinieron los bomberos. Enviados por la Municipalidad, debían llevar los ataúdes y entregarlos a sus dueños siempre y cuando demostraran que tenían un lugar razonable —un cementerio— donde acomodarlos.

Siete

»Pienso en esto ahora, después del diluvio, cuando subo a mi escritorio y veo que la tela de araña no está. El agua barrió con ella, como barrió con tantas otras cosas. Y por primera vez después de la locura —de goteras, agua, mareas domésticas, papeles mojados, miedo: miedo a la próxima lluvia— me siento en mi silla, llena de supersticiones y rezos al cielo, y pienso en mi araña con amargura en el pecho. Como si la vida entera que habita en todas las cosas se hubiera escurrido por un tubo cloacal».


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 16 de enero de 2019

Crítica a la crítica, el territorio de la pereza

Crítica de choque
Fredy Massad
Bisman

Selección y comentario por Fernando García, autor de “Los Ojos, vida y pasión de Antonio Berni”, “Conversaciones con León Ferrari”, “Marta Minujín: Los años psicodélicos”, “Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento”, “Crimen y Vanguardia: el caso Shocklender y el surgimiento del underground en Buenos Aires” y la serie “100 veces” (Pappo, Redondos, Stones, Charly) co-escrita con José Bellas.

Uno (mi comentario)

Fredy Massad es argentino pero reside en las afueras de Barcelona desde donde escribe sobre arquitectura para el diario ABC al tiempo que mantiene el blog “La viga en el ojo ajeno”. Si bien “Crítica de Choque” se ocupa del star system de la arquitectura global (la era de las starchitects) hay en su pormenorizada enjundia un mensaje para el ejercicio de la crítica en general. (…)

(sigue mi comentario)

La pereza actual hacia el juicio crítico que Massad denuncia en el campo del urbanismo puede trasladarse entera al dominio de las artes, ya fuera en el circuito alto o en el entretenimiento. Como explica Massad el crítico se ha convertido en un manso reseñador que chasquea los dedos al compás de las novedades. Por lo demás, se trata de una introducción fantástica al mundo de la arquitectura global desde una perspectiva que elude la neutralidad para comprometerse con los valores sociales del diseño dejando al descubierto el lado oscuro de las prácticas buenistas y multiculturalistas. “Crítica de choque” consigue ir más allá de su objeto y revelarse como un agudo volumen de ensayo en la tradición de, sí, la mejor crítica.

Dos (la selección)

La esencia del término “crítica” ha ido languideciendo y agonizando, monopolizada por fabricantes de celebrities que se postran ante ellas, ríen sus gracias y divismos, y se ocupan minuciosamente de ocultar sus miserias y flaquezas. Contribuyen así a reforzar otra más de las ficciones que cimentan el mundo actual. Ficciones apoyadas en esa destrucción de la voluntad reflexiva individual y autónoma que alientan las estructuras y herramientas de poder neoliberal, disimulándola bajo una abundancia de medios y redes sociales que, tal y como plantea el pensador Byung-Chul Han son un mero espejismo de libertad de opinión y pensamiento.

Tres

En 2013 Charles Jencks ligaba el concepto de starchitecture a los edificios icónicos construidos a mayor gloria de gobiernos y grandes corporaciones, comprendiéndolo asimismo como una consecuencia lógica del capitalismo tardío. Señalaba que el fenómeno del edificio icónico había generado un círculo vicioso del que los “Google Starchitects” no podían escapar, puesto que obtener esos prestigiosos encargos les otorgaba la plena libertad creativa con la que anhelaban trabajar. A su parecer, la arquitectura icónica iba a permancer pero sería necesario imbuirla de una iconografía consciente. Tajantemente opuesto a la arquitectura-estrella y sus consecuencias se manifestaba Kenneth Frampton en 2009, acusando a la mayor parte de proyectos firmados por arquitectos estrella de carecer totalmente de integridad, ser esencialmente toscos y decepcionantes y estar meramente reducidos a imágenes.

Cuatro

La idea de la cooperación con los países en vías de desarrollo, con tan buena prensa y admirada, es posiblemente la salida más apropiada para lavar las conciencias multiculturalistas: paternalistas, buenistas, etnocéntricas. De mantener disimuladamente la idea más pura del capitalismo y la superioridad colonialista. En ningún momento se plantea ni desea cambiar o modificar ese sistema desigualitario, esa brecha social, económica y cultural con la parte más desfavorecida del planeta, sino mantenerlo a base de pequeños gestos, asumiendo que ese Otro al que alude Zizek siempre va a ser el necesitado y “nosotros” seremos quienes les aportemos las “soluciones” a sus necesidades.  

Cinco

La necesidad de homogeneizar la realidad de Iberoamérica por su costado más pobre y sórdido a fin de hacerla un producto intelectual para el gusto primermundista dará lugar a un libro como Ciudades Radicales. Un viaje a la nueva arquitectura latinoamericana de Justin McGuirk. En la traducción más directa del subtítulo original del libro “A través de Latinoamérica a la búsqueda de una nueva arquitectura” se trasluce quizá más claramente cuál es el propósito con el que el ex director de la revista ICON emprendió su periplo por la región. No se trata de una búsqueda con objeto de indagar y aprender sino de colmar los neófagos ojos primermundistas, que no quieren “descubrir” más que lo que tienen deseo y necesidad de descubrir.

Seis

Alejandro Aravena es, sin el menor género de dudas, el golden boy del eje neopopulista. He vinculado con anterioridad su perfil al del modelo del storyteller que Nicole Aschoff define en su libro The New Prophets of Capital: emergentes e influyentísimos gurús “revolucionarios” que “bajo una máscara de progresismo, han emergido para reinventar el mercado libre como la solución universal a todos los problemas de la sociedad”. Escribe Aschoff: “Los más poderosos de estos narradores (storytellers) no son pobres ni gente trabajadora, son la superelite (…) Aunque sus perspectivas destacan problemas reales asociados al capitalismo, sus soluciones no desafían ni a este ni a sus efectos destructivos. Al contrario: lo apuntalan. Ofreciendo soluciones seguras y convenientes para el mercado a los problemas sociales, estos nuevos profetas refuerzan la lógica y las estructuras de acumulación. Sus historias marcan los términos del debate y los campos de posibilidad, dominando el plano de ideas y devorando las historias que desafían al statu quo. Sus narrativas permiten que el capitalismo evolucione, absorba las críticas y, consecuentemente, se preserve a sí mismo como sistema”.   

Siete

La intelligentsia ha optado por dar carpetazo y propiciar estrategias de huida hacia adelante en lugar de asumir y acatar la tremenda crisis que asola a la arquitectura. Su incapacidad para aportar respuestas o ideas al presente, más allá de seguir haciendo de él un espectáculo que nutrir con vanos relatos de personajes a idolatrar y narrativas épicas que dejan de lado a la realidad, ha quedado patente. Y ahora mismo da la impresión de que nos encontramos en un espacio donde pululan ideas zombis y muertos vivientes, que regresan esgrimiendo de nuevo sus mismas y fracasadas mañas. Después de haber sobreactuado, de haberse rasgado las vestiduras durante los años de recesión económica (cuando parecía que se terminaría desmontando el estado de bienestar en el viejo continente y, con ello, los jugosos beneficios que sus comportamientos les habían estado proporcionando) hoy salen de sus refugios del “sálvese quien pueda” o “yo no estuve ahí mientras sucedía” y regresan por sus fueros.  


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 15 de enero de 2019

El gran espejo del amor entre hombres

El gran espejo del amor entre hombres
Ihara Saikaku
Interzona

Selección y comentario por Santiago Giralt, director de cine, escritor y productor.

Uno (mi comentario)

Dos de las novelas más antiguas, piedras angulares de la literatura japonesa del período Heian, fueron escritas por mujeres: Murasaki Shikibu, autora de esa maravilla que es La historia de Genji, y Sei Shonagon, autora de El libro de la almohada. Sus estilos se oponen: Shikibu parece una novelista del siglo XIX por su arco narrativo y psicológico, en cambio Shonagon retrata trazos de la vida cotidiana, allá por el siglo XI. (…)

(sigue mi comentario)

El gran espejo del amor entre hombres de Ihara Saikaku, texto del siglo XVII, tiene puntos en común con ambas pero, a su vez, se emparenta con Las Mil y Una Noches, El Decamerón o Los Cuentos de Canterbury. Una combinación de relatos morales, eróticos, picarescos o trágicos, centrado en el amor homosexual. En los tiempos que corren,  leídos desde los ojos del siglo XXI, la directa misoginia de algunos párrafos y la forma en que trata el amor a las mujeres puede resultar insultante. Sin embargo, como documento y registro de una era, deja constancia de los modos del amor entre hombres, registros que, desde la Grecia Clásica hasta el presente, se pueden leer como una historiografía de la sexualidad disidente. Amores entre samurais, actores que combinan su trabajo en escena con la prostitución, actores travestidos que venden su sexualidad como mujeres: formas del gran espejo del amor entre hombres que no dejan de sorprender por su actualidad y su reflejo del presente. Una mención extra merece la extraordinaria edición de Interzona, con tapa dura, cosido a la vista y un espejo en el medio que nos hace, como lectores, reflejarnos en el espejo de lo que se cuenta.

Dos (la selección)

Guiaba su embarcación hacia la ensenada de Tamatsushima, donde estaba anclado un llamativo bote con siete u ocho jóvenes. A diferencia del resto de los botes, no había sonido de cánticos Noh o golpeteos en tambores de mano. En cambio, se veía a los muchachos acurrucados de dos con hombres que parecían sus amantes. Algunos se susurraban palabras con sus cabezas pegadas, o simplemente yacían uno al lado del otro. Otros se divertían con concursos de dibujos o luchas con abanicos. Nada hay tan envidiable como un bote lleno de jóvenes enamorados.

Tres

Alguna veces, un gran señor ama a uno de sus pajes profundamente, e incluso después de que el muchacho ha crecido y ha formado su familia es incapaz de olvidar sus encantos juveniles.  Es algo digno de alabanza. Algo que señala el diferente aroma que tiene el amor por los muchachos comparado con el amor por las mujeres. Una mujer es una criatura de circunstancial interés para los hombres, en tanto la atracción por el joven es imposible de comprender a menos que experimentes por ti este tipo de amor.

Cuatro

Lluvia en la noche de luna llena y viento cuando los cerezos están en su esplendor, compendian lo que son tragedias en la vida. Pero habrá otras primaveras, otros otoños en que estas cosas puedan disfrutarse nuevamente. Nada es tan trágico como la vida sacrificada por honor. ¿Quién sabe después de todo lo que nos espera en el otro mundo?

Cinco

-¿Cual es la última moda en la capital? -preguntó uno.

-Frugalidad y acumular dinero -fue la respuesta. Pero esa no era ninguna novedad.

Seis

Hasta entonces los actores no dividían su tiempo entre la actuación diurna y su ofrecimiento nocturno. Uno podía solicitarlos en cualquier momento, y alegremente aceptaban su invitación y pasaban el dia bebiendo contigo. Si te enamorabas de alguno, te entregaba su amor tal como lo hacen los muchachos en todas las sociedad, y no lo lamentaban.

Siete

Y aunque muchos jóvenes actores como él, Ito tenía por naturaleza un hablar suave y estaba dotado de una conducta serena que lo convertía en el actor adecuado para los papeles de mujer. La manera como se vestía establecía modas, y su aspecto era impecable. Hablaba con una voz agradable y dulce, sobresalía en la danza, y era capaz de seguir cualquier ritmo a la perfección. Sus actuaciones eran sobrehumanas. En Rescate de Yoshino tenía el papel de la cortesana que va al encuentro de su cliente. La platea decía que su belleza de glicina hacía que en comparación, la verdadera Yoshino se cierra como un marchito cerezo.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 14 de enero de 2019

La gran crónica de Hiroshima

Hiroshima
John Hersey
Debate

Selección y comentario por Mariana Enríquez, escritora y periodista. Publicó novelas, colecciones de cuentos, crónicas de viaje y una biografía de Silvina Ocampo. Es docente de periodismo cultural en la Universidad Nacional de La Plata y en Flacso. En 2016 su libro Las cosas que perdimos en el fuego ganó el premio Ciutat de Barcelona a mejor obra en lengua castellana.

Uno (mi comentario)

Este libro fue, originalmente, una crónica periodística muy larga, de 31. 000 palabras, que se publicó en la revista The New Yorker en agosto de 1946: ocupó todo el número de la publicación, algo que nunca se había hecho antes. Su autor, John Hersey, era corresponsal en Japón y estuvo cerca de Hiroshima y Nagasaki cuando se lanzó la bomba atómica sobre las ciudades. En esos años, para justificar las atrocidades y a modo de propaganda, los medios de Estados Unidos habían construido a los japoneses como monstruos y al Japón como el reino del mal. (…)

(sigue mi comentario)

Este texto de Hersey revolucionó los prejuicios: la edición de la revista se agotó en horas. Hersey entrevistó a un grupo de sobrevivientes durante un año –entre 1945 y 1946– para reconstruir los momentos antes de la bomba, el momento del impacto y las consecuencias posteriores. Sus personajes no son los predecibles: dos médicos, uno de ellos el Dr. Fujii, de quien podemos leer en estos párrafos, un ministro protestante, una viuda, una obrera y un sacerdote alemán. Hiroshima es uno de los primeros ejemplos del uso de herramientas literarias para una crónica periodística: descripciones precisas, adjetivos, subjetividad, el dinamismo, la tensión; por eso se lo considera un texto pionero del nuevo periodismo. Los personajes nos importan, nos preguntamos qué hacían ahí y qué fue de sus vidas. También se hicieron esas preguntas los lectores en 1946: muchos cambiaron su perspectiva sobre el ataque por completo, humanizaron a las víctimas, cuestionaron el relato oficial. Hiroshima, una texto histórico, se publicó como libro, con muy pocas correcciones y agregados, ese mismo año.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Dos (la selección)

La señora Nakamura estaba de pie, mirando a su vecino, cuando todo brilló con el blanco más blanco que jamás hubiera visto. No se dio cuenta de lo ocurrido a su vecino; los reflejos de madre le dirigieron hacia sus hijos. Había dado un paso (la casa estaba a 1.234 metros del centro de la explosión) cuando algo la levantó y la envió en volandas al cuarto vecino, sobre la plataforma de dormir, seguida de partes de su casa.

Tres

Trozos de madera le llovieron encima cuando cayó al piso, una lluvia de tejas la aporreó; todo se volvió oscuro, porque había quedado sepultada. Los escombros no la enterraron profundamente. Se levantó y logró liberarse. Escuchó a un niño que gritaba: «Mamá, ayudame!», y vio a Myeko, la menor –tenía cinco años– enterrada hasta el pecho e incapaz de moverse. Al avanzar hacia ella, abriéndose paso a manotazos frenéticos, la señora Nakamura se dio cuenta que no veía ni oía a sus otros niños.

Cuatro

Durante los días inmediatamente anteriores a la bomba, el doctor Masakazu Fujii, un hombre próspero y hedonista que en ese momento no tenía demasiadas ocupaciones, se había dado el lujo de dormir hasta las nueve o nueve y media, pero la mañana de la bomba había tenido que levantarse temprano para despedir a un huésped que se iba en tren. Se levantó a las seis, media hora después partió con su amigo hacia la estación, que no estaba lejos de su casa, pues solo había que atravesar dos ríos. Para cuando dieron las siete, ya estaba devuelta en casa; justo cuando empezaron las señales de alarma continuada. Desayunó; entonces, puesto que el día comenzaba a calentarse, se desvistió y salió a su porche a leer el diario en calzoncillos. Este porche –todo el edificio, en realidad– estaba curiosamente construido. El doctor Fujii era propietario de una institución peculiarmente japonesa: una clínica privada de un solo doctor. La construcción, que daba corriente vecina del rió Kyo, y justo al lado del puente del mismo nombre, contenía treinta habitaciones para treinta pacientes y sus familiares –ya que, de acuerdo a la tradición japonesa, cuando una persona se enferma y es recluida en un hospital, uno o más miembros de su familia deben ir a vivir con ella, para bañarla, cocinar para ella, darle masajes y leerle, y para ofrecerle el infinito consuelo familiar sin el cual un paciente japonés se sentiría profundamente desgraciado–. El doctor Fujii no tenía camas para sus pacientes, solo esteras de paja. Sin embargo, tenía todo tipo de equipos modernos: una máquina de rayos X, aparatos de diatermia y un elegante laboratorio con suelo y paredes de baldosa. Dos tercios de la estructura descansaban en la tierra y un tercio en pilares, sobre las fuentes corrientes del Kyo. Este aero (la parte en la cual vivía el doctor Fujii) tenía un aspecto extraño; pero era fresco en verano, y desde el porche, que daba la espalda a la ciudad, la imagen de las embarcaciones de recreo llevadas por la corriente del río resultaba siempre refrescante. El doctor Fujii había pasado momentos ocasionales de preocupación cuando el Ota y sus ramales se desbordaban, pero los pilotes eran lo bastante fuertes, al parecer, y la casa siempre había resistido.

Cinco

Durante cerca de un mes el doctor Fujii se había mantenido relativamente ocioso, puesto que en julio, mientra el número de ciudades japonesas que permanecían intactas era cada vez menor e Hiroshima parecía cada vez más un objeto probable, había comenzado a rechazar pacientes, alegando que no sería capaz de evacuarlos en caso de un ataque aéreo. Ahora le quedaban solo dos: una mujer de Yano, lesionada de un hombro, y un joven de veinticinco años que se recuperaba de quemaduras sufridas cuando la metalúrgica en la que trabajaba, cerca de Hiroshima, fue alcanzada por una bomba. El doctor Fujii contaba con seis enfermeras para atender a sus pacientes. Su esposa y sus hijos se encontraban a salvo: ella y uno de sus hijos vivían en las afuera de Osaka; su otro hijo vivía con él, igual que una mucama y un mayordomo. Tenía poco trabajo y no le importaba, porque había ahorrado algún dinero. A sus cincuenta años, era un hombre sano, cordial y sereno, y le agradaba pasar las tardes con sus amigos, bebiendo whisky –siempre con prudencia–, por el gusto de la conversación. Antes de la guerra había hecho ostentación de marcas importadas de Escocia y los Estados Unidos; ahora se contentaba plenamente con la mejor marca japonesa, Suntory.

Seis

El doctor Fujii se sentó sobre la estera inmaculada del porche, en calzoncillos y con las piernas cruzadas, se puso los lentes y comenzó a leer el Asahi de Osaka. Le gustaba leer las noticias de Osaka porque allí estaba su esposa. Vio el resplandor. Le pareció –a él, que le daba la espalda al centro y estaba mirando su diario– de un amarillo brillante. Asustado, comenzó a levantarse. En ese instante (se encontraba a 1.416 metros del centro) el hospital se inclinó a sus espaldas y, con un terrible y desgarrador estruendo, cayó al río. El doctor, todavía en el acto de ponerse de pie, fue arrojado hacia adelante, fue sacudido y volteado; fue zarandeado y estrujado; perdió noción de todo por la velocidad con que ocurrieron las cosas; entonces sintió el agua.

Siete

El doctor Fujii apenas había tenido tiempo para pensar que se moría cuando se percató de que estaba vivo, atrapado entre dos largas vigas que formaban una V sobre su pecho como un bocado suspendido entre dos palillos gigantescos, vertical e inmóvil, su cabeza milagrosamente sobre el nivel del agua y su torso y piernas sumergidos. A su alrededor, los restos de su hospital eran un absurdo amasijo de maderos astillados y remedios para el dolor. Su hombro izquierdo le dolía terriblemente. Sus lentes habían desaparecido.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 11 de enero de 2019

Una advertencia sobre “la clase peligrosa”

La clase peligrosa
Juan Grabois
Planeta

Selección y comentario por Martín Sivak, sociólogo (Universidad de Buenos Aires), doctor en Historia (New York University) y ha trabajado como periodista durante 25 años. Es autor de 8 libros de no ficción:  los últimos son una historia del grupo Clarín en dos tomos y la memoria familiar El salto de papá. Actualmente dirige Paidós, Ariel y Crítica y Area Académica del Grupo Planeta y es docente en la Universidad de San Martín y la Torcuato Di Tella.    

Uno (mi comentario)

De chico Juan Grabois creía que los pobres eran los porteros y los taxistas. Hijo del 2001, la Argentina de esa crisis no le permitió proletarizarse ni representar a trabajadores formales, como los taxistas y los porteros. Fue por la representación de los hombres y mujeres de los márgenes. El libro es una advertencia sobre ellos, sobre la clase peligrosa: poseen el módico capital de garantizar la paz social. La clase peligrosa, sostiene el autor,  no va por la revolución. (…)

(sigue mi comentario)

Pide una severa distribución de la renta. Grabois ha escrito un manifiesto político. Un relato de todo lo que un dirigente social puede contar de su praxis. Una etnografía del mundo de los más pobres. Una reivindicación de la economía popular. Una reflexión sobre la nueva izquierda latinoamericana. El análisis de un observador con lecturas clásicas de las ciencias sociales. Una acuarela sobre los mecanismos de representación de los marginados y cómo esos representantes negocian con el Poder. Y ese poder tiene, en el libro, nombres de fantasía que se parecen a empinados funcionarios y asesores de la Presidencia Macri. En cada gesto, en cada palabra de Grabois se busca encontrar sus conversaciones con Francisco, las supuestas indicaciones que le llegarían desde el Vaticano. No hay que leer La Clase peligrosa para conocer más de ese vínculo. El papá sólo aparece una vez en el libro y como “un gran hombre”. Si, aparece la doctrina social de la Iglesia. Francisquismo sin Francisco.

Dos (la selección)

En los últimos cuarenta años, ni los machitos de derecha ni los progresistas sensibles han hecho nada muy distinto a permitir el laissez faire de una dinámica urbana excluyente que necesariamente pone en situación delictiva a millones de personas. El modo normal de acceso a la vivienda para media humanidad es la toma, la usurpación, la ocupación informal, la recuperación o el eufemismo que se le quiera poner para describir la irrupción violenta e ilegal sobre terrenos disponibles. Este sistema no permite que un tercio de la humanidad acceda al techo en forma legal y pacífica. A otro tercio lo somete a la servidumbre del alquiler o la esclavitud del subalquiler. Nuestro país reproduce sin mayores resistencias la tendencia de la globalización.

Tres

El progresismo fariseo necesita darle a sus rencillas de poder un tinte épico para escapar psicológicamente de la banalidad de la partidocracia liberal en la que están inmersos. Los procesos políticos populares latinoamericanos del siglo XXI han tenido mucho de política noventista con discurso setentista. A los políticos profesionales les cuesta entender que así como las casillas parecen todas iguales miradas desde arriba, ellos parecen todos iguales mirados desde abajo. Para explicar las trifulcas escandalosas entre estos animales de la misma especie, Freud diría que sufren el narcisismo de las pequeñas diferencias. La lucha intestina del sistema político argentino parece un partido de fútbol entre egresados de los colegios Champagnat y Cardenal Newman contra egresados del Carlos Pellegrini y el Nacional de Buenos Aires, con algunos plateístas exaltados de instituciones menores e hinchas poco entusiastas en la popular.

Cuatro

En Constitución hay muchos argentinos, bastantes dominicanas y varios senegaleses; pantallas led gigantescas que iluminan niños intoxicados, un centro de trasbordo futurista cuya entrada está flanqueada por la guardia permanente de un chipacero paraguayo y una verdulera boliviana, un sistema de puertas autodeslizantes por donde pasan oficinistas de traje, obreros de overol, proxenetas y cartoneros, mientras los sin techo del barrio intentan vender alguna revista. (…) Un par de horas más tarde, un centenar de senegaleses y dos centenares de militantes reclamábamos por la libertad de los compañeros, bajo una lluvia torrencial, frente a la comisaría, cantando cantitos improvisados. Fue un momento mágico, bizarro pero mágico. Mi corazón latía con cada estrofa que entonaba esta alianza internacionalista de los desarrapados del planeta. Sabía que allí estaba mi lugar y espero que siga estando con ellos para siempre.

Cinco

Por eso es necesaria la construcción de lo que el Movimiento denomina poder popular, es decir la capacidad de los excluidos para obtener determinadas «concesiones» de los sectores del poder económico para determinar sus vidas. Estas «concesiones» se obtienen a través de la movilización social, pacífica y organizada, pero masiva, desafiante y molesta. Sin capacidad para poner en jaque el statu quo no se produce la redistribución.

Seis

Nosotros no queremos matar a nadie. Mi generación tiene horror a la violencia y las armas.

Siete

La corrupción fue tal vez la mayor vulnerabilidad de los procesos latinoamericanos que abrevaron en la corriente populista y el ideal sociopolítico de la Patria Grande. (…) Lo que pasó, pasó. Fue una herida auto-infligida sobre la que el enemigo golpea como un boxeador sobre la llaga de su rival.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 10 de enero de 2019

Ensayos sobre todo lo posible que perduran y perdurarán

Ensayos
Michel de Montaigne
Acantilado

Fabián Casas, escritor. Nació en el barrio de Boedo en 1965. Publicó Horla City y otros. Toda la poesía,1990-2010(Emecé, 2010), La supremacía Tolstoi (ensayos, Emecé, 2013), Ensayos bonsai (Emecé, 2007), y los libros de ficción Ocio (2006) Los Lemmings y otros (2005) y Titanes del coco (2015). Fue guionista del film Jauja (2014), dirigido por Lisandro Alonso y protagonizado por Viggo Mortensen. En 2007 obtuvo en Alemania el prestigioso premio Anna Seghers.

Uno (mi comentario)

Un escritor debería escribir con la idea de que quizá su lector no surja en el tiempo que le toque vivir. Eso es muy liberador. Michel de Montaigne publicó en vida dos ediciones de Los ensayos, los libros uno y dos en 1580 y la de los libros uno, dos y tres en 1588. En un prólogo que escribió en la primera edición dice que “escribo mi libro para pocos hombres , y para pocos años”. Pero todavía lo seguimos leyendo y, a menos que nos invadan los extraterrestres o colapse el mundo, parece un escritor imbatible, como la rueda, que todavía no pudo ser modificada. (…)

(sigue mi comentario)

Como Dante, dejó el latín de lado para escribir en su idioma de todos los días. En el caso de Montaigne, el francés. Porque sus ensayos no tienen discursos paratácticos tan comunes en ciertos lenguajes filosóficos cristalizados. Es un lenguaje terso, sencillo y que conlleva un pensamiento profundo. Cuando uno lee los ensayos se tiene  la sensación de que Montaigne escribió sobre todo, lo pensó y sopesó todo: el coraje, la muerte, los mocos, los hijos, el dolor, etc. Siguiendo un método socrático, se preguntaba cosas y las intentaba responder, a veces citando otros libros, lo cual lo hacía un soldador de ideas diversas. Cuando muere un Dalai Lama, es tradición buscar en los niños que nacen después a la reencarnación del Lama extinto. Para eso le preguntan cosas al niño, cotejan recuerdos de otra vida. Yo hice esa prueba y creo la reencarnación de Montaigne fue Francis Ponge, un poeta francés extraordinario que escribía poemas ensayos, dándole voz a lo que no nos puede hablar.

Dos (la selección)

Sobre la memoria. El almacén de la memoria suele estar más provisto  de material que el de la invención. En la medida que la memoria les brinda el asunto entero y presente, remontan tan atrás la narración y la cargan con tantas vanas circunstancias, que, si el relato es bueno, ahogan su bondad; si no lo es , no puedes sino maldecir o su venturosa memoria o su deventurado juicio. Sobre todo: son peligrosos los ancianos , que conservan el recuerdo de cosas pasadas pero han perdido el de sus repeticiones.

Tres

Sobre el habla. Se dice de Severo Casio que hablaba mejor cuando no había pensado nada, que debía más a la fortuna que a su diligencia, que le beneficiaba ser molestado mientras hablaba, y que sus adversarios temían provocarlo por miedo a que la cólera redoblara su elocuencia.

Cuatro

Sobre la cobardía. Una vez oí sostener a un príncipe y grandísimo capitán que a un soldado no s ele podía condenar a muerte por cobardía –le habían contado en la mesa, el proceso del señor de Vervins, que se vio condenado a muerte por haber rendido Bolonia- . A decir verdad , es razonable establecer una gran diferencia entre las faltas que proceden de nuestra debilidad y las que proceden de nuestra malicia.

Cinco

Se nos debe juzgar sólo tras la muerte. Los hombres, por mucho que la fortuna les sonría, no pueden llamarse felices hasta que no se les ha visto pasar el último día de su vida, dada la incerteza y variedad de las cosas humanas, que con un levísimo movimiento, cambian de un estado a otro muy distinto.

Seis

Filosofar. Dice Cicerón que filosofar no es otra cosa que prepararse para la muerte.

Siete

La imaginación en los animales. Los propios animales se ven expuestos a la fuerza de la imaginación, como nosotros. Tenemos la prueba de los perros, que se dejan morir de dolor por la pérdida de los amos. Vemos también cómo ladran y se remueven en sueños; y cómo los caballos relinchan y forcejean.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 9 de enero de 2019

Autobiografía del espacio de trabajo, lecturas e influencias de Giorgio Agamben

Autorretrato en el estudio
Giorgio Agamben
Adriana Hidalgo

Alejandra López, fotógrafa. Retratista.Trabajó en varios medios gráficos como Clarín, donde realizó innumerables retratos de personajes del espectáculo, La Nación, Bacanal, Elle, Harper’s Bazaar.

Uno (mi comentario)

Agamben se propone recorrer los distintos estudios donde escribió su obra (Venecia, París, Roma) y nos lleva de la mano por el pequeño museo que los habita: fotografías, postales, cartas, reproducciones de pinturas, libros. Todos los objetos desencadenan reflexiones, recuerdos, historias donde desfilan sus amigos, colegas, maestros, (la lista es abrumadora: Pasolini, Simone Weil, Ramón Gaya, José Bergamín, Elsa Morante, Giorgio Urbani y por supuesto Heidegger y muchísimos más). También es un recorrido por sus lecturas y sus autores adorados (Benjamin). Es un texto cálido, un poco melancólico, con una idea central: la de definirse como un epígono, alguien que existe a partir de los otros, que no reniega de esa dependencia sino que vive en una continua y feliz epigénesis.

Dos (la selección)

Se dice que a los viejos sólo les queda un cuerda para tocar. Y es, tal vez, una cuerda desafinada, que produce lo que Stefano llamah “la nota del lobo”. Sin embargo, esa nota desafinada suena más larga y profunda que el instrumento intacte de la juventud.

Tres

Smara en sánscrito significa tanto amor como memoria. Se ama a alguien porque se lo recuerda y, viceversa, se recuerda porque se ama. Amando se recuerda y recordando se ama y, al final, amamos el recuerdo -es decir, el amor mismo- y recordamos el amor, es decir, el recuerdo mismo. Por esto amar significa no llegar a olvidar, a sacarse de la mente un rostro, un gesto, una luz. Pero también significa que, en realidad, ya no podemos tener un recuerdo de ellos, que el amor está más allá del recuerdo, inmemorable, incesantemente presente.

Cuatro

Etty Hillesum escribe en sus diarios que un alma puede tener para siempre doce años. Esto significa que la edad que figura en nuestros documentos cambia con el tiempo, pero el alma tiene una edad que desde el nacimiento hasta la muerte permanece inmutable. No sé con exactitud cuál es la edad de mi alma, pero sin duda no debe ser mayor, en cualquier caso no más de nueve años, a juzgar por cómo me parece reconocerla en mis recuerdos de aquella edad, que por esto han permanecido tan vivos y eficaces. Cada año que pasa, la brecha entre la edad que consta en mi documento de identidad y la de mi alma aumenta, y la sensación de esta divergencia es una inescindible del modo en que vivo mi vida, de sus grandes descompensaciones como de sus precarios equilibrios.

Cinco

A su lado, dentro del tarjetero, hay una fotografía de una de las últimas telas de Tiziano, el Desollamiento de Marsias, conservada en la pinacoteca del Castillo de Kromeriz. Hace muchos años que no dejo de meditar sobre este cuadro, en el cual Tiziano se representa como Midas, que observa con compasión el suplico del sátiro. No puedo dejar de asociarlo con la invocación de Dante al comienzo del Paraíso, que considera una imagen de la inspiración que se lo arranque por la fuerza de su propia piel:

Penetra en mi pecho y habla por mi boca
Igual que cuando Marsias de la vaina
De sus miembros aún vivos arrancaste.

Seis

Lo inolvidable aquí no es lo que está depositado de modo imperecedero en los archivos de la memoria. Por el contrario, verdaderamente inolvidable es no sólo lo que exige no ser olvidado aunque nadie lo recuerde, sino y ante todo aquello que exige recordado en cuanto olvidado. Más profunda que cualquier recuerdo es la relación que el alma entabla con todo lo que ha sido olvidado desde siempre, pues en ningún caso podría estar inscripto en los registros de la reminiscencia. Inolvidable es la vida misma, en todas las infinitas operaciones que el cuerpo realiza a cada instante sin que sea posible tener conciencia ni recuerdo de ellas; inolvidable es la vida “sin recipiente ni forma” que un poeta de diecinueve años se quitó en Berlín el 8 de agosto de 1914.

Siete

¿Qué le debo a Benjamin? La deuda es a tal punto incalculable que no puedo siquiera intentar dar una respuesta. Una cosa al menos es segura: la capacidad de extraer y arrancar por la fuerza de su contexto histórico aquello que me interesa para volver a darle vida y hacerlo obrar en el presente. La operación debe realizarse tomando todos los posibles recaudos filológicos, pero debe hacerse hasta el fondo y resueltamente. Sin esto, mis incursiones en la teología, en el derecho, en la política y en la literatura no habrían sido posibles.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.

Recibí SIE7E PÁRRAFOS

Sobre libros y escritores. Todos los martes, por Flor Ure.

Ver todas las newsletters

Sie7e Párrafos | 8 de enero de 2019

Relato de los grandes señores del siglo XX

Alabados sean nuestros señores
Régis Debray
Sudamericana

Selección y comentario por Alejandro Horowicz, profesor asociado de Los cambios de sistema político mundial, autor de Los cuatro peronismos.

Uno (mi comentario)

Basta considerar la lista de interlocutores políticos obvios de Debray (Castro, Guevara, Barbarroja, Allende, Sartre, Mitterrand) para saber que un relato sobre sus “señores” vale la pena. Por cierto que me estoy  saltando dos decenas de personajes significativos, pero los mas restallantes tienen el mérito del interés inmediato. Después de todo no se trata de un gran ensayista, ni de un teórico cuyos aportes al pensamiento socialista merezcan ser recapitulados, sino de un hombre que apostó en literalidad su vida a la lucha política.

Escribir un artículo en “Les temps modernes”   sobre la Revolución Cubana no obligaba  a formar parte de la guerrilla del Che. Debray lo hizo, de modo que  consecuencia personal con sus puntos de vista no le faltó. Una campaña internacional lo arrancó de la cárcel boliviana, para trasladarlo al Chile de  Salvador Allende. La derrota de la lucha armada en América Latina no jugó poco papel en su decisión de asesorar a Francois Mitterrand, y la deshilachada “gestión”  del socialismo francés, que Debray no oculta, resultó el último giro de su novelada existencia.

Dos (la selección)

“Tenía demasiado sentido de la tradición como para improvisar. El individuo trivialmente conservador da lugar a un reaccionario; solo un conservador radical puede dar lugar a un revolucionario. En una sociedad desnaturalizada , le sigue obligando volverá las fuentes. A principio de los años setenta, mi edad dorada era Petrogrado 1917; la cambiie cinco años mas tarde por la Sierra Maestra 1956; era un progreso; en realidad cualquier fecha me parecía buena con tal de que fuera pasada. El trabajo de traductor – intérprete de los acontecimientos en marcha que le tocaba en suerte al militante , al cuadro, en ese sentido volvía a enlazar el sagrado ayer con el hoy profano . Hicimos a nuestro pesar de grandes  plagiarios. Esto es, lo que sin duda, perdió a esta generación de revolucionarios, después de tantas otras . Perdió en cuanto a los resultados. Pero sin la voluntad de imitar en todo a los mayores ¿hubiéramos tenido el impulso, la fuerza de querer que todo volviera a empezar”.

Tres

“Queremos ser reconocidos , que se hagan cargo de nosotros, que un calor y un tutor venga a tner bajo sus ordenes a un solitario que nos negamos a ser, a un desamparado en que tanto nos costará convertirnos. Estamos dispuestos a sacrificar ese hermoso fantasma, nuestro p0oco de soberanía, nuestra apariencia de dignidad. Por la fuerza, los trabajos de duelo cansan; nos hacemos a la idea de no ser amados, de dar vueltas sin padre, a la buena de Dios, sustituimos  a los compañeros por amigos, algunos; y sobrevivimos, al margen, sin volver a pensar en los días elegidos. Hacerse mayor, en suma, n o es ir por la noche a las reuniones. Es, entre dos tristezas –quedarse solo en casa o quedarse frio en medio de los exaltados -, elegir la menor.

Desde luego el “asesinato del Padre” es un cliché que permite quedar bien. Como si hubiera sido un hijo particularmente sanguinario. Solo tuve que levantar actas de defunción , una tras otra, sin precipitar las cosas. Mis padres se suicidaron moralmente por su cuenta, como unos mayores. Althusser acabo como asesino; Castro como tirano, Mitterrand, consesual. Aqui es donde cierro mi redoble de tambores para proceder dignamente a los funerales. Mi declaración de quiebra: un registro de obituario”.  

Cuatro

“¿Quien habría apostado por el estancamiento político, el fango habitual? Allende había diferido durante tres años la cuchilla; por mas que la apuesta estratégica fuera escasa, la CIA no lo dejó escapar; la mitad de su gabinete fue pasado por las armas,  la otra al campo de concentración-¿Cuánto tiempo permaneceríamos nostros indemnes? Ya un año sería un milagro: el tiempo de mostrar el camino por donde otros, mas tarde, seguirían nuestros pasos. Yo miraba con el corazón encogido a mis compañeros de gabinete, distribuidas las celebridades, llenos de la alegría insensata de quien llega a estos asuntos sin sospechar nada”.   

Cinco

“La primera huella consignada de este cálculo equivocado de productividad se halla en la carta VII del viejo Platón, donde cuenta porque respondió afirmativamente a la carta de Dión invitándolo a Sicilia para asistir a su tío el tirano Dionisio II, en calidad de ayuda de decisión. “Como me preguntaba si debía ponerme en camino y respo9nder a esa invitación o tomar partido, lo que sin embargo hizo inclinar la balanza fue que, si alguna vez se debería acometer la realización de mis concepciones en materia de ley y de régimen político, era el momento de probar. En efecto, solo tenía que convencer a un ho9mbre y eso bastaría para asegurar el advenimiento del Bien. Fue pues en ese estado de ánimo y dispuesto a realiza esa tarea como abandone Atenas; no por los motivos que me atribuyen algunos, sino por miedo sobre todo de quedar entonces a mis propios ojos por alguien que se no es nada más que un pico de oro y que, en cambio, se muestra incapaz de acometer resueltamente la acción”. Suscribo en su integridad los motivos del detenido de Siracusa. Que se diga que Platón y Debray se han encontrado por fin en la definición de añagazas y cimbeles. Un comunicado de la AFP sería bienvenido”.

Seis

“Enmarañado en “las fuerzas del dinero”, de Gaulle no tenía “la base social de su proyecto político”. Solo la izquierda, a mi modo de ver, con su desinterés innato y sus fuerzas obreras, podía llenar esa casilla vacía, la independencia de los pueblos, por el momento ocupada por las barrigas de le era Pompidou, vacante demasiado ridícula para no ser provisional. Así pues, nosotros expulsaríamos a los usurpadores. Cuando un gobernante ha elegido un cuarto de siglo la oposición, no llega al poder sino para hacer historia, más que política. Esa fue mi apuesta mitterrandista, en 1981, como lo había sido en 1974”.  

Siete

“La política como religión nacional toca a su fin; no es sano confundir un sacerdocio con un oficio. Los hay más degradantes. ¿En qué consiste ese oficio? En hacerse elegir, en saber esperar, en estrechar manos, en despedir los ascensores, en soltar amenas simplezas en los estudios, en pasar revista a la prensa por la mañana y en cazar en jauría. Eran costosos malentendidos los mios, pero es una lástima para el porvenir. El tiempo de los profesionales, luego de los prudentes, ha llegado. El problema es que los profesionales, por mucha ciencia y conciencia que tengan, no tienen por una vez ninguna imaginación. En política como en otras partes, solo los outsiders tienen ideas nuevas”.


En SIETE PÁRRAFOS, grandes lectores eligen un libro de no ficción, seleccionan seis párrafos, y escriben un breve comentario que encabeza la selección. Todos los martes podés recibir la newsletter, editada por Flor Ure, con los libros de la semana y novedades del mundo editorial.