Capitalismo de plataformas, comentado por Hernán Vanoli | RED/ACCIÓN

Capitalismo de plataformas, comentado por Hernán Vanoli

Capitalismo de plataformas
Nick Srnicek
Caja Negra

Selección y comentario por Hernán Vanoli, escritor.

Uno (mi comentario)

Desde el famoso libro de Umberto Eco, la pregunta sobre si apocalípticos o integrados recorrió a muchas de las visiones sobre la industria cultural. Sin embargo, en muy poco tiempo, la internet se convirtió en una condición de existencia e inauguró una nueva manera de relacionarnos entre nosotros, con los contenidos culturales y, en un plano más profundo, con la verdad. Capitalismo de Plataformas termina demostrando que la antigua disyuntiva entre un rechazo antitécnico basado en su enorme poder de vigilancia o una aceptación celebratoria centrada en la supuesta horizontalidad de la internet pierden una parte de la “imagen completa”: el hecho de que internet fue brutalmente privatizada y casi monopolizada por unas empresas -las plataformas- que se basan en la extracción permanente de datos de la misma manera que el viejo capitalismo extractivo lo hacía con las materias primas. (...)

Partiendo de esta hipótesis, su autor, Nick Srnicek, cataloga a las plataformas de extracción de datos de acuerdo al uso que realizan de la información (Google y Facebook por ejemplo serían publicitarias, Uber y Airbnb serían austeras, Spotify sería de servicios) y, básicamente, a sus modelos de negocios. Más allá de las “consecuencias humanas” y desde un neomarxismo que pretende retomar la inciativa modernizadora que la izquierda pareció haber perdido, el libro se propone realizar un análisis económico sobre los modelos de negocios de las plataformas, su relación con la historia y sus perspectivas a futuro, no tan rosas como la llamada “ideología de Silicon Valley” nos quiere hacer creer.

Dos (la selección)

El argumento de este libro es que, con una prolongada caída de la rentabilidad de la manufactura, el capitalismo se volcó  hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento económico y la vitalidad de cara al inerte sector de la producción. En el siglo XXI, sobre la base de cambios en las tecnologías digitales, los datos se han vuelto cada vez más centrales para las empresas y su relación con trabajadores, clientes y otros capitalistas. La plataforma emergió como un nuevo modelo de negocios, capaz de extraer y controlar una inmensa cantidad de datos, y con este cambio hemos visto el ascenso de grandes compañías monopólicas. Hoy en día el capitalismo de las economías de altos y medianos ingresos está dominado cada vez más por estas compañías, y las dinámicas trazadas en el presente libro sugieren que la tendencia no va a hacer otra cosa que continuar. El propósito aquí es ubicar a estas plataformas en el contexto de una historia económica más amplias, entenderlas como medios para generar rentabilidad y delinear algunas de las tendencias que producen como resultado.

Tres

El boom de los años 1990 llegó efectivamente hasta la fatídica comercialización de lo que había sido, hasta ese momento, una Internet mayormente no comercial. Fue una época alentada por la especulación financiera, que se estaba a su vez alimentada por grandes cantidades de capital de riesgo (CR) y se expresó en altos niveles de cotización de acciones. Cuando el sector manufacturero estadounidense empezó a estancarse después de los efectos del Acuerdo Plaza, el sector de las telecomunicaciones se convirtió en la opción preferida del capital financiero en la segunda mitad de los noventa. Era un sector nuevo y grande, y el imperativo de obtener ganancias se aferró a las oportunidades provistas por la posibilidad de conseguir gente y negocios online. Cuando este sector estuvo en su punto más alto, cerca del 1% del producto interno bruto (PIB) consistía en CR invertido en empresas de tecnología; y el tamaño promedio de negocios de CR se cuadruplicó entre 1996 y 2000.

Cuatro

Las plataformas, en resumidas cuentas, son un nuevo tipo de empresa; se caracterizan por proporcionar la infraestructura para intermediar entre diferentes grupos usuarios, por desplegar tendencias monopólicas impulsadas por efectos de red, por hacer uso de subvenciones cruzadas para captar diferentes grupos usuarios y por tener una arquitectura central establecida que controla las posibilidades de interacción. Ser propietario de una plataforma, a su vez, es ser propietario de software (las 2.000 millones de líneas de código de Google, o las 20 millones de líneas de código de Facebook) y hardware (servidores, centros de datos, smartphones, etc.) construidos con material open-source (por ejemplo, Facebook utiliza el sistema de administración de datos Hadoop).

Cinco

Si Google y Facebook construyeron las primeras plataformas de extracción de datos, Amazon construyó la primera plataforma de la nube importante para alquilar medios de producción cada vez más básicos a compañías contemporáneas. En vez de depender de anunciantes que compran datos, estas plataformas de la nube están desarrollando la infraestructura básica de la economía digital de manera tal que puede ser alquilada por otros provechosamente, mientras ellos recolectan datos para sus propios fines.

Seis

Lo que nos lleva al último gran límite: las plataformas austeras son totalmente dependientes de una gran manía de capital excedente. La inversión en stand-up de tecnología al día de hoy es menos una alternativa a la centralidad de las finanzas que una expresión de la misma. Igual que el boom original de tecnología, se inició y se sostuvo mediante una política monetaria laxa y mediante grandes cantidades de capital en busca de retornos más elevados. Aunque es imposible decir cuándo va a explotar una burbuja, hay señales de que el entusiasmo por este sector ya terminó.

Siete

¿Qué nos depara entonces el futuro? Si continúan las tendencias expuestas en este libro, podemos esperar un futuro en particular. Las plataformas se siguen expandiendo por la economía y la competencia las lleva a encerrarse en sí mismas cada vez más. Las plataformas que dependen de los ingresos por publicidad se ven obligadas a volcarse aún más hacia negocios por pagos directos. Mientras tanto, las plataformas austeras que dependen de los costos de tercerización y deslocalización y de generosidad de los capitales de riesgo o van a la quiebra o se vuelven plataformas de productos (como está intentando hacer Uber con vehículos sin conductor). Al final, parece ser que el capitalismo de plataformas tiene tendencias inherentes a desplazarse hacia la extracción de rentas mediante la oferta de servicios (en forma de plataformas de la nube, plataformas de infraestructura o plataformas de productos). En términos de rentabilidad, Amazon es más el futuro que Google, Facebook o Uber.


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