Las que debieron migrar | RED/ACCIÓN

Las que debieron migrar

“Ser mujer, pobre y vivir en el Bañado Sur es demasiada carga”, expresa Jéssica Arias, vecina de ese asentamiento informal de Asunción, que sufre inundaciones periódicas provocadas por el desborde del río Paraguay. La mayoría de los residentes de los Bañados, que son unos 100.000, participan en la economía informal. Por ejemplo, viven del reciclado y la cría de animales pequeños, como gallinas y chanchos.

En la zona sur del Bañado, una de las más pobres de Asunción, donde las casas de materiales precarios se comunican por calles sin asfaltar, se asentaron muchos de los que en los años '80 y '90 migraron del campo a la ciudad.

El papá de Jéssica y su abuela vinieron del interior del país, de Capitán Bado, un distrito del departamento de Amambay, que queda a 426 kilómetros de Asunción. “Ellos llegaron a la ciudad porque ya no había forma de resistir en las zonas rurales. Nada de lo que plantaban tenía precio (no tenían a quien venderle o le ofrecían pagarle un precio demasiado bajo) y no había forma de quedarse porque las empresas estaban alrededor copando los espacios y los terrenos”, relata Arias, que estudia sociología y hace poco consiguió trabajo en un centro solidario que se ocupa de acompañar a que más mujeres logren una inserción laboral.

Arias, de 27 años, es mamá soltera y tiene dos hijos. “Yo, como tantas compañeras, nos vemos muy solas en los momentos de inundación, que cada vez son más recurrentes”, cuenta. Cuando crece el río, los vecinos de los bañados tienen que buscar un espacio seco en una zona más alta, conseguir un camión para rescatar las cosas de valor y buscar materiales de construcción para rearmar su casa. Para empezar de nuevo.

Jéssica Arias y Elisa Barrios.

En cada inundación, las mujeres son las que lideran las ollas populares, la logística de los camiones e incluso las manifestaciones para que el Estado los pueda asistir. Entre vecinas se ayudan a reconstruir las viviendas.

Elisa Barrios es vecina del Bañado y su familia también era campesina. La ONU estima que todos los años, unos 200.000 campesinos e indígenas paraguayos abandonan el monte y migran a ciudades, principalmente a Asunción y Ciudad del Este.

Elisa tiene 39 años, cinco hijos y es ganchera. Así se le llama a aquellos recicladores urbanos que con un gancho bajan del camión, que viene de Asunción, la “mercadería”. La mayor fuente del trabajo en la zona sur de Bañado es el vertedero Cateura, que es el lugar de disposición final de 1.500 toneladas de residuos sólidos diarios. 

“Muchas veces te discrimina y no nos dan trabajo, ya sea porque sos gorda o porque tenés muchos hijos. Lo único que pude encontrar es trabajo en el vertedero. Es muy sacrificado: uno está ahí los días de lluvia, con el barro, y cuando hace mucho calor. Las bolsas pesadas nos van lastimando la espalda y corremos riesgo de cortarnos o lastimarnos”, expone Elisa.

Ella trabaja desde las 5 de la tarde hasta las 2 de la mañana. Después de juntar los materiales, tiene que separar por tipo. Sus hijos se quedan durmiendo y ella se va a trabajar.

Elisa Barrios es recuperadora urbana y trabaja en el vertedero de Cateura.

Ahora mismo las familias de los bañados están bajo amenaza de desalojo: hay un proyecto para construir una ruta a lo largo de la costa. Y pasaría por la zona que habitan. Los espacios para reubicarlos que les ofrece el Estado no los convencen: muchos se encuentran retirados de sus lugares de residencia y temen perder las oportunidades de trabajo, formales e informales, que ya tienen por estar en el entorno de la capital paraguaya.

“Vivimos en terrenos fiscales. No tenemos la titulación de nuestra casa. Pero no nos queremos ir, queremos defender nuestro territorio”, señala Elisa. Y Jéssica agrega: “Ya sufrimos la expulsión del campo a la ciudad y ahora nos quieren volver a expulsar. ¿A dónde vamos a ir?”

Arias y Barrios forman parte de un colectivo que se llama las Rebeldes del Sur. Este grupo de mujeres se formó a través de las reuniones, que se daban en plazas públicas cuando las familias se veían desplazadas por la inundación. Ese espacio ayuda a las vecinas del Bañado a apoyarse emocionalmente: se juntan a hablar, se cuentan los problemas y se desahogan.

“Luchamos por la defensa de nuestro territorio. Queremos que nuestro barrio sea como cualquier otro de la ciudad, con el acceso a todos los servicios. Queremos que se haga la defensa costera para que dejemos de inundarnos”, exclama Arias.

Según Arias, el mayor obstáculos que enfrentan en la organización es la situación económica de las compañeras. Explica: “Es un problema que nos atraviesa a todas. Estos tiempos son muy densos. A veces nos pasa que no podemos juntarnos porque estamos pensando cómo hacer para subsistir. No nos compramos ropa, no vamos al mercado, ni vamos al shopping. Al despertarnos estamos pensando de dónde sacar el pan. Somos artesanas de la vida porque vivir y resistir a todo esto requiere mucha magia”.

Este especial de RED/ACCION se realizó con el apoyo de la Fundación Internacional de Mujeres Periodistas (IWMF por sus siglas en inglés) a través de una beca entregada a Florencia Tuchin para reportear historias de mujeres.

Créditos: Leti Galeano (filmación y fotografía), José Elizeche (edición de video), Dina Pérez (diseño y programación), Pablo Domrose (edición de imagen) y Maxi De Rito y Javier Drovetto (edición general).

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