Florencia Tuchin | RED/ACCIÓN
Sociedad | 15 de marzo de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Familias de acogimiento: el compromiso de dar amor por tiempo limitado

Abandono, maltrato o enfermedad de los padres son algunos de los motivos por los cuales ciertos niños se encuentran privados del cuidado de sus familias biológicas. En estos casos, el Estado adopta medidas de protección, cuya finalidad consiste en el resguardo o la restitución de sus derechos. Una de las alternativas de cuidado para los pequeños que se encuentran transitando los primeros años de vida es el acogimiento familiar. En la primera infancia el apego y el contacto personal resultan especialmente importantes, y la institucionalización en hogares o residencias puede generar consecuencias negativas en el desarrollo vital.

En Argentina, la trayectoria de los programas de Acogimiento Familiar es muy heterogénea. Aún no existe un registro a nivel nacional, ni iniciativas que unifiquen los criterios. Cada provincia dispone de sus propias reglas. Por ejemplo, el programa de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a funcionar en 2015 a través de la Dirección General de Niñez y Adolescencia (DGNyA) del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat. Actualmente, hay 20 familias involucradas y hace falta que se sumen 200 más. “Si logramos llegar a este número, vamos a poder trabajar en la individualidad de cada chico”, señala Gabriela Francinelli, Directora General de Niñez y Adolescencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando se detecta a un niño que atraviesa una situación de vulnerabilidad, el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes interviene para tomar una medida de protección. Se presenta el caso en un juzgado de familia y se pide la vacante en la DGNyA. A partir de entonces, se decide qué familia va a alojar al chico.

Para poder participar del programa en la ciudad de Buenos Aires hay una serie de requisitos: contactar a la DGNyA; asistir a charlas informativas y participar del proceso de evaluación psico-social del grupo familiar; obtener la certificación de aptitud como familia de acogimiento luego del proceso de evaluación; realizar capacitaciones básicas en legislación, cuidados y RCP, entre otras. Pueden ser familias acogedoras todas las que sean residentes en la Ciudad, que posean capacidad para brindar cuidados y que cuenten con una organización familiar que permita acompañar por un tiempo el desarrollo de un niño o niña. El Gobierno de la Ciudad brinda un subsidio mensual (equivalente al 75% del salario mínimo, vital y móvil), además de la entrega de pañales y leche, a la familia, en beneficio del niño.

“Esta es una política pública pensada para chicos que van de cero a seis años”, explica Francinelli. “Estos primeros años de vida son constitutivos de la  subjetividad y la vida emocional futura. El tiempo que están en las familias de acogimiento es corto. La mayoría no supera los seis meses. De todas formas, hay algunas excepciones que pasan ese período. Luego, los niños vuelven a su núcleo familiar, a la familia ampliada, o se recurre a otra estrategia de derechos como la adopción”.

El programa garantiza el respeto a la familia de origen del niño o niña y a su identidad cultural. El acogimiento familiar supone siempre una experiencia temporal que no debe confundirse con la adopción ya que justamente uno de los requisitos para participar de este programa es no estar inscripto en ningún Registro de Aspirantes a Guarda. Por este motivo, en general los perfiles más buscados son personas que ya tienen hijos. Francinelli cuenta que también participan matrimonios igualitarios y madres o padres solteros (hogares monoparentales).

Por otro lado, la funcionaria aclara que el programa no es la mejor opción en todos los casos. Por ejemplo, cuando hay grupos de hermanos se prioriza alojarlos a todos juntos. Agrega: “No podemos albergar a seis hermanos que van de cero a 16 años en una familia. En esa situación recurrimos un hogar de niñez”.

Familias Solidarias es el nombre que recibe el programa en Provincia de Buenos Aires. Actualmente, participan 180 familias y se espera que este año estén involucradas 230. La propuesta empezó en 2016, en convenio con municipios  y ONGs. Las familias son llamadas por convocatorias públicas y las interesadas se acercan al Servicio Zonal correspondiente, donde reciben asesoramiento. En este caso, el programa está pensado para niños de cero a tres años. Los requisitos para la postulación de la pareja o de la persona son: tener entre 25 y 65 años; que todo el grupo familiar conviviente esté de acuerdo con la participación; y no tener antecedentes penales. El programa abarca desde Ramallo hasta Bahía Blanca y del Partido de la Costa a Adolfo Alsina.

Una de las organizaciones que trabaja con la Provincia en la implementación del programa es Familias de Nazaret, que se encuentra en San Isidro. Actualmente, tiene 15 bebés a cargo y 43 familias anotadas.

“El principal obstáculo que tiene el programa es el miedo al despegue”, relata Nora Villagra, directora de Familias de Nazaret. “Todos aquellos que participan tienen que tener en claro que de ninguna manera pueden quedarse con estos niños. Cada partida es un agujerito que te queda en el corazón, pero también es muy gratificante saber que se dio lo mejor por alguien. Es una experiencia de amor diferente. Estás amando a alguien que no sabés de dónde viene, ni cuánto se va a quedar. Si el niño o niña se da en adopción hay posibilidad que la familia siga en contacto, si vuelven con la familia biológica no suelen quedar en contacto”.

Lucia Sentous y Cristian Andrada ya tenían cuatro hijos cuando decidieron sumarse al programa Familias Solidarias. “La mamá de unos compañeros del colegio de mis hijos pasó por la experiencia y cuando vi de qué se trataba me interesó. Primero, se lo comenté a Cristian y después lo hablamos con los chicos. Fue algo muy pensado en familia. Mi miedo era que suframos mucho. Es muy difícil no encariñarse con un bebé”, relata Sentous muy emocionada.

Con la decisión tomada, los Andrada se pusieron en contacto con Familias de Nazaret. Al poco tiempo, los llamaron para contarles que Rodolfito, un bebé de dos meses, estaba en el hospital, sin que nadie lo viera, y necesitaban que una familia se hiciera cargo. Aceptaron llevarlo a casa y Rodolfito compartió unos meses con ellos.

“Fue divertido tener a Rodolfito. Jugábamos con él y le dábamos la mamadera”, cuenta Pilar Andrada, la hija de 10 años del matrimonio.

Finalmente, la familia de origen de Rodolfito pudo acomodarse y recibir nuevamente a su hijo. Los Andrada no conocieron a los padres biológicos y tampoco saben sus historias.

Tras la partida de Rodolfito, Lucia, Cristian y los chicos necesitaron un tiempo para hacerse a la idea y procesar la experiencia. A los seis meses, ya estuvieron listos para recibir a Dylan, un bebé de un año.“Como mamá de tránsito lo que uno busca es dejar huellas, de las que no se van a acordar, pero que van a marcar sus vidas”, señala Sentous.

Dylan también volvió con su familia biológica, por lo tanto los Andrada ya no están en contacto con él. “Cuando los chicos se van, armamos un álbum con fotos, que ilustra lo que vivió con nosotros. También anotamos en un cuaderno toda la información médica del bebé”, cuenta Sentous.

La última experiencia de los Andrada fue como familia de apoyo. Es decir, ayudaron a una familia de acogimiento, que tenía un viaje ya planeado al exterior y no podía llevar al chico fuera del país. “Nosotros nos convertimos en los tíos de tránsito”, destaca Lucía.

Ahora, la pareja decidió tener un hijo más: los chicos pedían un bebé que se quede y no se vaya.

La familia Alvarado también tuvo dos niños en su casa, pero en el caso de ellos fueron experiencias más largas y ninguno de los dos volvió a su familia de origen, sino que fueron adoptados.

“Desde el primer momento, nos dejaron en claro que nuestra misión era cuidar y entregar al bebé. Los tratábamos igual que a nuestros hijos, pero sabíamos que no eran nuestros y que se iban a tener que ir. Nosotros no tenemos intención de adoptar. Nos encargamos de dar afecto en los primeros años de los chicos. Son cosas distintas”, cuenta Miguel Alvarado.

Miguel y Paula tienen dos hijos, Matías y Bautista. Ellos aseguran que una cuestión muy importante para ser familia de acogimiento es el diálogo y el consenso sobre el proyecto. Recurrentemente, se sentaban los cuatro para ver cómo iban con la experiencia.

L. llegó a la casa de los Alvarado con tres meses y se quedó un año y medio. “Tuve que darle 15 remedios por día durante varios meses. Estaba en el hospital por problemas nutricionales. Cuando lo vi, le dije a Miguel que lo quería tener en casa”, relata Paula. El segundo niño llegó con 10 meses y se fue con cuatro años.

“Tenemos buena relación con las familias que los adoptaron. Cada tanto, los traen a casa”, dice Miguel.

Tanto los Andrada como los Alvarado coinciden en que muchas personas se acercan a ayudar cuando se enteran que tienen a un bebé de tránsito. Se genera una onda de solidaridad que se va expandiendo con la gente de alrededor. Si bien no recibieron subsidios, en ambos casos Familias de Nazaret les dio leche y pañales. Además, el Círculo Médico de San Isidro les da la obra social a los chicos.

“Cuando alguien me pregunta cómo hago para entregar a los chicos, les explico que puedo hacerlo porque tengo en claro que el bebé no es mío”, enfatiza Miguel. “Claro que los extrañamos y es un desgarro cuando se van, pero uno está contento porque sabe que les dio todo lo que se pudo. Si bien uno queda cansado, tanto por lo físico como lo emocional, después uno se reacomoda”.

Sociedad | 20 de febrero de 2019

Intervención: Pablo Domrose

Microcréditos: historias de superación y resiliencia

En Argentina, existen cerca de 98.000 personas excluidas del sistema financiero tradicional que reciben un microcrédito, y el 66% de ellas son mujeres. En todo el país, unas 52 instituciones otorgan préstamos de montos pequeños y cuentan con una cartera de más de 2.660 millones de pesos.

Con un altísimo impacto social y económico, los microcréditos impulsan miles de emprendimientos que alientan el desarrollo de personas y comunidades habitualmente excluidas del mercado. Aquí, casos de organizaciones y personas que entraron en el círculo virtuoso de los préstamos de montos pequeños pero grandes resultados.

Federico Wainhaus, gerente general de FONCAP-empresa privada con participación estatal del Ministerio de Finanzas de la Nación dedicada a lograr la inclusión financiera- define al tomador de microcrédito como una persona que no tiene posibilidad de acceder a servicios financieros bancarios porque le faltan garantías formales para demostrar su voluntad de pago. Por su situación, el sistema financiero estándar no tiene elementos para evaluarlo a la hora de otorgarle un crédito. “Muchas personas desconocen la herramienta del microcrédito y cuando necesitaban dinero terminan recurriendo a un usurero, el cual suele tener tasas de interés abusivas y modalidades de| cobro que son poco convencionales, incluso violentas”, relata Wainhaus

De acuerdo con un informe realizado por la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI), FONCAP y la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito (RADIM), 52 instituciones de microfinanzas cuentan con una cartera bruta de $2.660.949.548. El 90% de ellas son asociaciones sin fines de lucro, mientras que el 10% son sociedades anónimas. Por otra parte, la mora en esta metodología crediticia en general es inferior al del mercado financiero formal, debido principalmente a la naturaleza de este tipo de créditos, en el que el seguimiento es mucho más personalizado y a medida de cada emprendedor.

Hace 19 años que la organización Mujeres 2000 desarrolla el Programa Emprende en el partido de Tigre y San Fernando. Este proyecto tiene como objetivo el desarrollo de habilidades emprendedoras en mujeres para que puedan concretar ideas de negocio, y alcancen así una mayor independencia y autonomía. “Nosotros ponemos énfasis en que invertir en un emprendimiento no solo tiene una tasa de retorno individual, sino que también tiene un impacto positivo en  la comunidad, ya que se empieza a desarrollar un entramado productivo local. Cuando ellas crecen con sus emprendimientos, empiezan a generar trabajo, consumo y mejoran el entorno de sus barrios”, enfatiza Agustina Valsangiacomo, Directora Ejecutiva de la asociación civil.

Los emprendimientos productivos de las mujeres son muy diversos. Algunas se dedican al rubro gastronómico, otras al textil y hay quienes prefieren realizar manualidades. También hay muchos emprendimientos de servicios como masajista, depiladoras  o peluqueras.

“Como no tenemos requisitos o garantías el eje de nuestro trabajo es la confianza. El primer crédito que otorgamos es el más bajo. Luego, vamos subiendo los montos. Los microcréditos parten de los $4.500 hasta los $20.000. Los ciclos de devolución del préstamo son de seis meses. Tenemos una modalidad de pago semanal y tenemos tasas de interés asequibles para que el repago sea fácil. Entregamos microcréditos y no subsidios porque el objetivo es seguir contando con fondos para dar créditos a otras mujeres. Cuando una emprendedora paga, sabe que está ayudando a otra a recibir su crédito”, explica Valsangiacomo.

Antes de otorgar el crédito Mujeres 2000, propone realizar un curso de cinco clases que capacita en gestión de emprendimientos. “Muchas veces las mujeres tienen un oficio o una habilidad determinada, pero no lo saben  traducir en un emprendimiento rentable y sostenible. Les enseñamos a armar presupuestos, calcular costos fijos y variables, poner precios de venta, y desarrollamos habilidades blandas. Además, brindamos acompañamiento y mentoría durante todo el proceso de duración del crédito” comenta Valsangiacomo.

La directora ejecutiva de Mujeres 2000 cuenta que la problemática de género no escapa a esta temática. Por ejemplo, explica que hay emprendedoras que van acompañadas por los maridos a las capacitaciones porque quieren corroborar que sean solo mujeres. En otros casos, mujeres que asisten sin el conocimiento de sus maridos por temor a que no las dejen ir, o que luego deben entregar el resultado de sus ingresos a su pareja. “No podemos trabajar sobre autonomía económica, sino trabajamos autonomía decisional y física. Tenemos casos en los que se logró salir de esa situación y hoy son mujeres sumamente empoderadas”, enfatiza.

La coyuntura macroeconómica actual afecta a toda la actividad crediticia. “En el caso de los microcréditos relevamos que hasta el momento no hubo un ascenso grande en relación a los niveles de mora. Subió, pero dentro de los parámetros esperables. Las instituciones de microfinanzas están haciendo un trabajo arduo y fructífero. Hoy el principal desafío es ganar una mayor escala para llegar a aquellas personas que necesitan un microcrédito para mejorar su calidad de vida. Hay mucha necesidad insatisfecha en materia crediticia”, señala Wainhaus.

En la misma línea, Valsangiacomo opina: “Actualmente, no tenemos problemas con el repago, la gran mayoría está al día. Ellas ven que sus emprendimientos están estancados porque se trabó el consumo. Por este motivo, se les complica invertir en más mercadería o maquinaria. Hay mujeres que en el camino se caen. Algunas por desmotivación o descapitalización abandonan el emprendimiento, mientras que hay otras que en el camino se reinventan y se van adaptando a las nuevas demandas u oportunidades”.

Microcréditos para micro emprendimientos

En 2012, Zunilda Franco fue la primera en tomar un microcrédito de Semillitas, un centro de ayuda integral para niños y su familia, ubicado en Lanús. En aquel entonces, la organización le dio a la emprendedora un crédito de $500 para comprar telas. Zunilda ya contaba con máquinas de coser y deseaba emprender en el rubro textil. A medida que fue avanzando su proyecto, fue tomando nuevos créditos y logró comprar una estampadora e incluso reformar su casa para poner su local en la parte de adelante.

Zunilda Franco, de Lanús, tomó un microcrédito de Semillitas para desarrollar su emprendimiento textil. Foto: Florencia Tuchin

“Yo hago prendas de acuerdo a las necesidades del barrio. En este momento estoy haciendo los pintorcitos para el jardín. En invierno hago muchas poleras y, para las nenas, llevan muchos tutús para los cumpleaños. El año pasado hice vestidos de novia. Mis clientes llegan por el boca en boca”, relata Zunilda, de 35 años. Explica que en los últimos años fue ganando mucha experiencia: “el año pasado tuve muchos pedidos de guardapolvos en febrero y no di abasto. Perdí muchas ventas. Ahora estoy armando stock con más tiempo porque trabajo sola”.

Mientras Zunilda renovó una y otra vez los créditos, Sabrina Spatafore, de 39 años, se acercó a Semillitas por primera vez hace tres meses para desarrollar su emprendimiento de masajes. “Durante mucho tiempo trabajé en relación de dependencia, pero cuando tuve a mi nene, dejé de trabajar. Antes de que nazca mi segundo hijo, hice un curso de masajes como hobby. Al tiempo, mi marido se quedó sin trabajo y nos mudamos de Capital a vivir a Lanús. Los dos empezamos a buscar trabajo y no encontrábamos nada. Un día, pensando, le dije que iba a buscar gente para hacer masajes. Lo primero que necesitaba era una camilla para poner en la parte de delante de mi casa. Ahí me enteré de los microcréditos que daba Semillitas y pedí que me prestaran $4.000 para devolver en seis meses. Las personas que me atendieron me parecieron súper serias y no me dejaron ninguna duda sobre el crédito. Cuando me pude comprar la camilla estaba tan feliz, que saltaba en una pata. Cuatro días después ya tuve a mi primera clienta”, cuenta Spatafore.

Sabrina Spatafore tomó un crédito para comprar una camilla para su servicio de masajes. Foto: Florencia Tuchin

Actualmente, ella es el único ingreso de la familia, por lo que constantemente está pensando ideas para salir de la situación ajustada en la que se encuentra. “Ahora estoy en contacto con Lanús Emprende, un programa del municipio, para que me asesoren sobre cómo tener más clientes y difusión. Todos los días escribo publicaciones en Instagram y Facebook. También mando mensajes por whatsapp. Estoy pensando en agregar un servicio de depilación.

Lorena Leiva es trabajadora social y la asesora de crédito de Semillitas de ambas emprendedoras. Ella las visita mensualmente, pero está en contacto para acompañarlas cotidianamente. Si bien es voluntaria de la organización hace muchos años, hace un año tomó este rol. “El programa sirve para potenciar a las familias, que asisten al centro comunitario”, enfatiza Leiva.

Mejorar la vivienda

Los microcréditos de Fundación Vivienda Digna están destinados a las familias que quieren mejorar o terminar su casa, pero que no pueden acceder a créditos bancarios para lograrlo. En este momento, la organización está trabajando en los municipios de San Martín, San Isidro, San Fernando, Tigre, Malvinas Argentinas y Pilar en la provincia de Buenos Aires. Y en el municipio de Wanda de la provincia de Misiones. Los montos de los créditos son desde $3.000 hasta  $15.000, el valor se determina entre la familia y la Fundación, según la necesidad de mejora.

“Las familias que dan este paso tienen en el horizonte la mirada puesta en alcanzar una mejora en la calidad de vida. Seguro lo hacen pensando en que sus niños y niñas no corran riesgos dentro de su casa. Un techo con agujeros o una pared sin revocar, es una invitación a tener humedad dentro del hogar, y de ahí a enfermedades respiratorias y de todo tipo, no hay más que un sólo paso. Por eso, quien decide tomar un microcrédito suele ser consciente de la dificultad, pero es más fuerte la voluntad de alcanzar condiciones más saludables para que su familia viva mejor”, cuenta Fernando Collado, Director del programa de Microcréditos de Fundación Vivienda Digna.

Las familias multiplican el rendimiento del recurso monetario que reciben a través del microcrédito, gracias a que en su mayoría, cuentan con el conocimiento directo de los oficios de la construcción. O a través de la solidaridad de un familiar, de amistades o de la colaboración de los vecinos del barrio. Además, cuentan con el aporte de los arquitectos voluntarios que acompañan a quienes toman los microcréditos.

Encontrá la institución de microcréditos más cercana a tu domicilio.

Educación | 12 de diciembre de 2018

Foto: FEIM

El desafío de acceder a una educación sexual integral

Si bien el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, o Ley 26.150, existe desde el 2006, sólo 2 de cada 10 alumnos argentinos reciben hoy en el aula educación sexual de manera habitual.

La disparidad entre las escuelas es muy grande. Actualmente, organizaciones de la sociedad civil, centros de estudiantes y docentes toman la iniciativa.

Según una encuesta de la consultora D’Alessio IROL, solo 2 de cada 10 alumnos argentinos reciben hoy en el aula educación sexual de manera habitual y entre quienes accedieron, el 95% refirió que se trataron aspectos de enfermedades de transmisión sexual y el aparato reproductor, dejando de lado temas como igualdad entre varones y mujeres, diversidad sexual, violencia contra las mujeres y formas de prevenir el acoso. El tema, que hubiera sido una falencia más del sistema educativo, adquirió otra dimensión cuando, una vez que no progresara la legalización del aborto, varios de los grupos más activos pusieron la revisión del alcance y contenidos de la Educación Sexual Integral (ESI) al tope de la agenda legislativa.

Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, gran parte de los legisladores plantearon la necesidad de revisar la plena vigencia de la ESI y programas para prevenir el embarazo no planificado en la adolescencia.

Si bien el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, o Ley 26.150, existe desde el 2006, la legislación no se aplica homogéneamente en todas las provincias ni en todas las escuelas. “Santa Fe es la provincia que más avanzó en la implementación de la ley.  Por lo general, en las provincias del norte del país no se implementa la ESI. En realidad, hay que reconocer que se aplica muy poco en todo el país”, señala Mabel Bianco, presidente de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM).

Originalmente, la Ley 26.150, establece que todos los niños, niñas y jóvenes que asisten a escuelas públicas y privadas del país tienen derecho a recibir educación sexual integral, articulando sus aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.  Y para cada nivel fija contenidos y orientaciones para su tratamiento.

La Cámara de Diputados de la Nación comenzó a trabajar sobre un proyecto de modificación de la ESI que consiguió un dictamen por unanimidad el pasado 4 de septiembre en el plenario que unificó a las comisiones de Educación y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia. Las modificaciones, ahora, deberán ser consideradas en el recinto de la Cámara de Diputados, para luego, pasar al Senado.

La diputada de la Coalición Cívica, Marcela Campagnoli no firmó el proyecto con las modificaciones porque consideró que era sacar un dictamen a los atropellos. De todos modos, asegura que la correcta aplicación de la ESI fue uno de los argumentos que esgrimió para evitar los abortos.

Debe considerarse que en el proyecto de presupuesto para 2019 presentado por el Poder Ejecutivo Nacional, la partida asignada al programa de Fortalecimiento de ESI pasó de $22 millones a $103 millones. Además, el programa de Desarrollo de la Salud Sexual y Procreación Responsable pasó de $245 millones a $560 millones.

¿Qué se entiende por educación sexual?

“Advertimos que el problema de la ley, que se creó en 2006, era que dejaba contentos a todos. Por el interés de generar un consenso, se sancionó una norma que tiene poca aplicabilidad. En Argentina, llamamos educación sexual a cosas diferentes y un defecto de la ley es la ambigüedad. ¿Los argentinos estamos dispuestos a ponernos de acuerdo con el piso mínimo? Todos vamos a tener que ceder un poco. Se necesita un instrumento que sea aplicable”, enfatizó Mariano Narodowski, pedagogo y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella.

Foto: FEIM

El mayor punto que enfrenta posiciones es el artículo 5 de la Ley 26150. El mismo dice: “Cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”.

Aquellos, que buscan la reforma de la norma, pretenden que la misma sea obligatoria en las currículas, porque argumentan que aquellas instituciones que adecuan la ESI a su ideario y a su contexto limitan la correcta aplicación de la ley. Según Bianco, los programas de ESI favorecen a que los adolescentes puedan decir no a tener relaciones sexuales y plantea trabajar sobre el consentimiento y el respeto a la decisión de cada uno.

La referente de FEIM agrega: “Enseña a defenderse y eliminar la violencia sexual. Además, pone foco en aspectos sobre cómo cuidarse durante las relaciones sexuales para prevenir Enfermedades de Transmisión sexual y también embarazos no planificados”.

Narodowski considera que es necesaria una base obligatoria para que el Estado proteja a los menores de edad. Según el referente, estos puntos deberían ser: el conocimiento biológico con fundamentación científica; el cuidado en las relaciones sexuales; el respeto y reconocimiento a la diversidad sexual; y la concientización y cuidados  respecto a los abusos sexuales y la violencia de género.

Otras posiciones, sobre todo de sectores religiosos, apelan a que las escuelas puedan adecuar los contenidos a su ideario. Por ese motivo, alentaron la consigna “Con nuestros hijos, NO”, que exige a los colegios que se abstengan de realizar actividades referidas a la sexualidad que atenten con sus valores, tradiciones y convicciones.“La controversia se genera en relación a la ideología de género. No hay que focalizarse en eso que es lo que nos divide. Todas las provincias van a tener que enseñar educación sexual científica”, aclara Campagnoli.

La Conferencia Episcopal Argentina emitió un comunicado el 3 de octubre, donde se expresa a favor de la educación sexual, pero en contra de la modificación del artículo 5. Dice: “La escuela pública en general y la católica en particular, pueden apoyar la insustituible tarea y derecho que tienen los padres a la educación sexual de sus hijos e hijas, con elementos teóricos, científicos y pedagógicos, aprovechando el hecho de que los niños, niñas y adolescentes pasan mucho tiempo en las instituciones educativas. Sin embargo, es muy importante que los chicos y chicas reciban en la escuela un mensaje coherente, alineado, complementario, respecto de aquel que reciben en el hogar”.

Mónica del Río es miembro de la Junta Ejecutiva de la Red Federal de Familias, organización que propone educar en el amor para el matrimonio y la familia. Ella opina:“Estamos en desacuerdo con que el Estado usurpe un rol que no le corresponde en materia educativa. Rechazamos la temprana y sistemática erotización de los niños, cosa que los confunde y corrompe”.

Los estudiantes y las organizaciones civiles

Mientras tienen lugar los debates, gran parte de los estudiantes de los distintos niveles educativos no reciben la educación necesaria para ejercer su derecho. Según la Unesco, demasiados jóvenes reciben información confusa y contradictoria sobre las relaciones y el sexo a medida que hacen la transición de la niñez a la edad adulta.

“En el Mariano Acosta, tuvimos una jornada de ESI bastante buena tocando temas como el machismo y el consentimiento. En nuestro caso, se aplica porque fue un reclamo de les estudiantes y porque tuvimos un montón de reuniones con docentes para poder llegar a acuerdos. Todas las actividades que tenemos son iniciativas puramente del estudiantado y algunes docentes. Particularmente mi colegio es privilegiado a comparación con otros”, cuenta Mora Torras, estudiante del Colegio Mariano Acosta, una escuela de nivel secundario de la ciudad de Buenos Aires.

Además, la adolescente resalta que más allá de las actividades que generaron entre estudiantes y docentes, desde la currícula escolar se trató lo básico de lo básico: cómo poner un condón y algunas enfermedades que se pueden transmitir mediante una relación heterosexual.

Foto: SonRisas

Mejor hablar de ciertas cosas es un taller que lleva adelante la Asociación Civil SonRisas en sus centros sociales, en la localidad bonaerense de Esteban Echeverría en Monte Grande. Allí, un sábado cada quince días adolescentes de entre 12 y 15 años se reúnen durante una hora y media con voluntarios de la organización para debatir y reflexionar sobre distintas cuestiones vinculadas a la sexualidad.

“Muchas veces llegan con la teoría sobre los métodos anticonceptivos, pero el taller es el espacio donde pueden preguntarse qué les pasa respecto a eso temas, qué les pasa con la identidad y cómo usan los anticonceptivos. Muchas veces cuentan que les da vergüenza usar el preservativo o que no saben cómo usarlo”, relata Valeria Gimeno, psicóloga y coordinadora del taller.

En relación a las madres de los y las adolescentes que participan del taller, Gimeno cuenta que al principio ellas creían que hablar de sexualidad despertaba en sus hijos ganas de no cuidarse y de tener relaciones. Desarrolla: “Creían que hablábamos de cosas obscenas. En algunas oportunidades las invitamos a participar y ahora, son ellas las que me piden que hable de determinadas cuestiones en el taller”.

Con mis hijos no te metas es un colectivo que nació en Perú y se replicó en Argentina. Nadia Márquez es abogada y forma parte del colectivo. Dice: “Estamos de acuerdo con la educación sexual. El problema es cuando se quiere enseñar a través de la ideología de género. Cuando el Estado adopta una ideología deja de ser laico y afecta a la libertad de pensamiento. No se puede meter en la parte moral, porque eso atañe a cada familia. Con la ideología de género, están confundiendo a los chicos”.

En tanto, para Cecilia Valeriano, Coordinadora en la Fundación Huésped, la escuela es el espacio, donde se garantiza un piso de igualdad. Explica:“Las trayectorias diversas se tienen que enriquecer en el ámbito educativo. Eso no desvaloriza el aprendizaje en los hogares. Frente a la emergencia del feminismo aparecen nuevos disparadores y de eso es imposible volver atrás. La visibilización de la temática hace que haya más presión para la efectiva aplicación de la ESI y la misma se notó en las escuelas. Que la educación sexual sea integral es lo más importante porque de ese modo se marca un posicionamiento ético, que tiene que ver con cómo se entiende la salud desde el Estado”.

Este sábado 15 de diciembre a las 11 hs. se realizará el Hackatón Jóvenes por la ESI para crear contenidos de difusión, que formarán parte de una plataforma digital sobre el tema. El encuentro será en la Universidad Tecnológica Nacional y está organizado por distintas ONGs.


¿Sabías que Amnistía Internacional está juntando firmas para que se aplique la Ley de Educación Sexual en la escuelas?

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Sustentabilidad | 26 de octubre de 2018

“La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas”

Cuatro millones de argentinos se enfrentan diariamente a una seria inseguridad alimentaria. Hilal Elver, experta en alimentación de las Naciones Unidas se mostró preocupada por estas cifras tras su visita de 10 días al país. También, advirtió sobre los riesgos que, para el país, implica la política oficial de privilegiar la agricultura industrial por sobre la familiar.

Entre el 12 y el 21 de septiembre, la relatora especial sobre el Derecho a la Alimentación del organismo se reunió con funcionarios de varios ministerios y reparticiones oficiales. También dos provincias: Buenos Aires y Chaco.

En Buenos Aires mantuvo reuniones con pequeños productores de La Plata y recorrió la Isla Maciel, en Avellaneda, donde habló con vecinos que recurren a comedores comunitarios para su alimentación diaria.

En Chaco, visitó los hogares y conversó con miembros de la comunidad Qom en zonas urbanas y rurales. Visitó, además, dos escuelas primarias y un hospital local. El informe final con sus conclusiones será presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en marzo de 2019.

–¿Qué fue lo que más la impactó en su visita en la Argentina?
–Observé un aumento en la cantidad de personas que van a los comedores comunitarios o que se saltean una comida, y niños y niñas que se ven obligados a depender de los comedores escolares para tener su comida diaria. La crisis económica repercute en la calidad de los alimentos ofrecidos por estos espacios por el incremento de precios.

–¿Cuáles considera que son  los principales desafíos nacionales en torno a las políticas alimentarias?
–Todos los funcionarios de Gobierno con los que me reuní, me aseguraron que las consecuencias del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no tendrían impacto alguno en los esquemas de protección social, ya que incluye una cláusula de garantía en este sentido. De todos modos, creo que los efectos indirectos de la crisis económica no pueden ser subestimados y deben tomarse todas las medidas necesarias para asegurar que los derechos de la población y sus medios de subsistencia no sean adversamente afectados. Mi preocupación no son solo los grupos más vulnerables sino también el impacto en la gran población de clase media de Argentina. Soy consciente que durante y aún después de la crisis financiera de 2001, una enorme cantidad de argentinos cayó por debajo de la línea de pobreza. A toda costa debe evitarse que se repita esta experiencia.

–¿Qué aspectos le preocupan del modelo económico?
–Entiendo los desafíos que enfrenta la Argentina. Pero soy crítica de esta decisión del Gobierno, de aprovechar la crisis económica actual para desmantelar el apoyo al sector de la agricultura familiar. El gobierno argentino debería apoyar el sector de la agricultura familiar en el país, a fin de proteger la disponibilidad de alimentos. La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas, con cifras cercanas a los 27 millones de hectáreas por año. En la última década, se destruyeron más de tres millones de hectáreas de bosques para dar lugar a la producción de granos y ganado. No solo debe considerarse la rentabilidad y el crecimiento económico a corto plazo.

–¿Cuál es su opinión respecto al uso de los plaguicidas?
–En Argentina, en los últimos 25 años la aplicación de plaguicidas aumentó diez veces su volumen, de 38 a 370 millones de kilogramos, con un incremento del área cultivada de un 50%, de 20 millones a 30 millones de hectáreas. El glifosato, que en 2015 la Organización Mundial de la Salud declaró como una sustancia probablemente carcinógena, se aplica indiscriminadamente en el país, sin tener en cuenta la existencia de escuelas o pueblos en las cercanías. El uso de plaguicidas está mínimamente regulado y frecuentemente se ignoran las normas internacionales de la FAO. Ni las guías de las empresas ni las leyes provinciales advierten a las comunidades vecinas de los riesgos para su salud o propia vida.

–En estos diez días en el país, pudo recorrer el Chaco ¿Cómo afectó la expansión de las actividades agrícolas a las familias de los pueblos indígenas?
–Las familias se vieron forzadas a dejar las zonas en las que vivían y, en algunos casos, tuvieron que migrar hacia las ciudades cercanas en busca de trabajo. Además, el desmonte como parte de la expansión de la frontera agrícola, limitó severamente la disponibilidad y el acceso a las plantas, así como a los animales de caza y la pesca.

Durante este viaje, realicé el seguimiento de una decisión del año 2007 como resultado de un reclamo que presentó el Defensor del Pueblo de la Nación ante la Corte Suprema de Justicia, y que involucra el fallecimiento de integrantes de la comunidad originaria Qom en la región conocida como El impenetrable. La Corte Suprema ordenó a los gobiernos nacional y provincial que tomaran una serie de medidas para asegurar que los habitantes de la región reciban atención sanitaria y alimentaria adecuadas. Este caso ilustra la importancia del papel que juega el Defensor del Pueblo de la Nación, por lo que es clave que se designe alguien para ocupar el cargo lo antes posible, para que pueda plantear los casos de violación de los derechos humanos. El cargo está vacante desde el año 2009.

–¿Los argentinos llevan una alimentación saludable?
–La dieta argentina tiende a mostrar una monotonía de alimentos, con un consumo concentr