Cómo trabaja Mendoza para disminuir la tasa de deserción escolar

Cómo trabajan las escuelas secundarias de Mendoza para tener la tasa de deserción más baja del país

 Una iniciativa de Dircoms + RED/ACCION

El Programa Mejor en mi Escuela tiene catorce años en la provincia y adquirió especial relevancia en la pospandemia, por su rol para recuperar y retener a estudiantes que habían perdido contacto con la escuela en los meses de enseñanza remota. La iniciativa consiste en asignar horas cátedra en contraturno para apoyar a quienes tienen trayectorias educativas débiles y para otras iniciativas que fortalecen los lazos con la escuela y con los docentes, como una radio, un mural o una orquesta. Mendoza tuvo en 2020, según informa la organización Argentinos por la Educación, un 0,5 % de abandono, contra el 2,4 % promedio nacional.

Cómo trabajan las escuelas secundarias de Mendoza para tener la tasa de deserción más baja del país

Intervención: Marisol Echarri

Según datos de Argentinos por la Educación —una iniciativa de la sociedad civil con independencia política partidaria— hasta 2020, el país tenía 2.972.754 de estudiantes secundarios en escuelas de gestión estatal, 134.279 de ellos en Mendoza. Ese año, la tasa de abandono (deserción escolar) interanual en las secundarias públicas tuvo un promedio de 2,4 %, en un rango que fue desde la más alta en Misiones con un 6,4 % hasta la más baja en Mendoza con el 0,5 %.

La provincia que tuvo la menor deserción del país en un año como 2020 cuenta desde hace catorce años con el Programa Mejor en mi Escuela (PME), que a lo largo del tiempo se fue adaptando a distintas coyunturas y que tomó especial relevancia durante la pandemia. Dependiente de la Dirección General de Escuelas (DGE), desde sus comienzos la idea fue que los adolescentes hicieran mayor cantidad de actividades dentro de los establecimientos educativos, con la convicción de que el mejor lugar para un chico en edad escolar es  la escuela. 

La radio de la escuela secundaria César Milstein, en Lavalle, Mendoza, surgió a partir del programa provincial Mejor en mi Escuela. (Imagen: gentileza Programa Mejor en mi Escuela)

“Programas como Mejor en mi Escuela apuntalan muchísimo la tarea de los docentes en el aula, porque los chicos quieren estar. A nosotros nos pasa eso: los alumnos quieren estar acá. Entonces, lo que podemos hacer con estos recursos humanos extra es generar formatos que apuntalan sus aprendizajes y mejoran la convivencia. En nuestro caso, también les damos voz porque tenemos una radio escolar sustentada con algunas horas de este programa. Es una radio que nació en 2014 y tiene una frecuencia asignada de FM que es la 106.5”. Quien habla es Silvia Ledda. Tiene 56 años, vive en Guaymallén y hace seis  años es directora titular de la Escuela 4-159 César Milstein de Lavalle, una secundaria rural en el norte de Mendoza. “Nuestra escuela tiene 305 jóvenes en el ciclo 2022”, cuenta. “El programa tuvo y tiene un impacto muy importante porque da la posibilidad de armar otro tipo de espacios educativos con un recurso extra. Talleres, otros formatos, otros perfiles. Sobre todo, cosas que puedan vincularse con los jóvenes y complementar de uno u otro modo lo que ellos aprenden en el aula con la enseñanza un poco más tradicional”. 

Cómo funciona

La iniciativa se aplica en escuelas secundarias orientadas y técnicas de gestión pública, en toda la provincia. La escuela secundaria es un nivel crucial en el sistema educativo, que hoy alcanza en Mendoza a unos 140 mil alumnos. Con base en su matrícula, cada establecimiento recibe un cupo de horas cátedra que son distribuidas entre sus profesores. Ellos llevan a cabo el programa, haciendo foco en qué apoyos y esfuerzos se necesitan en el lugar.

En marzo de este año la DGE asignó, mediante la Resolución N.° 24, 3.700 horas cátedras para este programa en 184 establecimientos.

El objetivo es achicar la brecha socioeducativa, ofrecer innovación pedagógica y conseguir un aprendizaje significativo para los alumnos. Su diseño busca que las escuelas secundarias  acompañen mejor a los estudiantes. Primero, a los que tienen un desempeño débil y, una vez cumplido esto, a todos. También, que aseguren la asistencia presencial y regular de los alumnos, previniendo la desvinculación y deserción escolar. 

Durante este año, las horas se aplican desde el 2 de marzo hasta el 16 de diciembre y no significan un aumento de presupuesto porque ya estaban previstas. Las de marzo se destinaron más que nada a la recuperación de contenidos que habían quedado pendientes de 2021 y la promoción del ciclo lectivo 2022, según los lineamientos de recuperación de saberes con Evaluación continua de la provincia.

Las horas cátedra extracurriculares que asigna a cada establecimiento el Programa Mejor en mi Escuela también pueden usarse para formar una orquesta: en Mendoza hay 20 coros y ensambles de estudiantes de primaria y secundaria, en virtud de otro programa provincial. (Imagen: gentileza Silvia Ledda)

En el esquema se estableció que las horas de abril, agosto y noviembre se asignarían al acompañamiento de alumnos que hayan solicitado  su incorporación al proyecto y al apoyo para estudiantes con trayectos educativos débiles. El resto, a la integración de áreas y la innovación pedagógica, los aprendizajes basados en proyectos (ABP) y las acciones para la mejora de la convivencia escolar. Puede haber asignación de horas a otro tipo de propuestas y acciones, que tienen que ser aprobadas por un supervisor.

Cada escuela designa sus horas cátedra según sus problemáticas y recursos humanos. El equipo directivo y docente decide de qué manera organizarlas. “En marzo se recomienda que se asignen a los alumnos cuya permanencia está en riesgo, como también a los chicos que están egresando y les quedó algo pendiente para tener un cierre efectivo”, explicó el director de Educación Secundaria Emilio Moreno en una entrevista a Canal 9 de Mendoza en marzo pasado. “Dependiendo de la estructura y necesidades de cada establecimiento, en la práctica esto se traduce en clases en contraturno y proyectos integrados, donde se juntan dos o tres espacios curriculares y se articulan. Hay muchos formatos pedagógicos que se pueden llevar adelante”, dijo Moreno y amplió: “Puede ser que en una escuela tengan cuestiones de convivencia y armen un proyecto para trabajarlas o que trabajen con los chicos que no están asistiendo. El programa es flexible para que la escuela pueda apuntar a lo que precisa y mejorar las trayectorias de sus alumnos”. 

La pospandemia

Como en otras provincias, en su momento Mendoza decidió que en 2021 no habría repitencia y se conformó una unidad pedagógica entre los ciclos 2020 y 2021. Para esto, se definieron los “saberes prioritarios”, contenidos que los estudiantes sí o sí debían aprender en este periodo. Quienes tuvieran más dificultades tendrían apoyo a contraturno. El objetivo fue que todos terminaran el ciclo nivelados y las horas extras de los docentes se costearon en parte con el PME.

Durante la pandemia la provincia decidió volver a las aulas antes que otros territorios. También se encargó de ubicar a quienes habían quedado desconectados de la enseñanza remota implementada durante el aislamiento social. Para mediados de este año, la provincia había logrado mantener en las aulas y promocionar a los alumnos más comprometidos por la coyuntura social y de pandemia. El trabajo de contacto y contención también trajo un aumento importante en la matrícula secundaria, con 10 mil estudiantes más que en 2019, según señaló el gobernador Rodolfo Suárez en la presentación del censo de fluidez Lectora.

El 12 de agosto pasado, la DGE mendocina y el Banco Mundial presentaron el trabajo Gestión de la evidencia en alfabetización pospandemia: la experiencia de Mendoza, Argentina, donde explicaron cómo se aplicaron en la provincia políticas educativas que acompañan las trayectorias de los estudiantes más vulnerables en el fortalecimiento de sus aprendizajes. 

En ese contexto, el director de la DGE José Thomas señaló el número del crecimiento de la matrícula como primera conclusión relevante que aportó el sistema gestión educativa Mendoza, la plataforma digital donde se carga toda la información del sistema educativo de la provincia: “Nos muestra que en los últimos años ha bajado el desgranamiento fuertemente en secundaria. Un chico que está sentado en la escuela no está abandonado, puede aprender más o menos, pero primero tienen que estar en la escuela”. 

Buena parte de las horas cátedra extra que asigna el programa mendocino Mejor en mi Escuela son para apoyar a estudiantes con trayectorias educativas débiles o que necesitan recuperar contenidos, pero también se las emplea en múltiples talleres y actividades con el objetivo de afianzar lazos con la escuela. (Imagen: gentileza Silvia Ledda)

La pandemia fue muy complicada, pero en Mendoza perciben que el esfuerzo que demandó a nivel educativo dejó algunas cosas positivas. Como en muchos otros lugares, se fortalecieron los equipos directivos y se produjeron cambios dentro de las instituciones. “Ahora uno ve más trabajo en red entre el preceptor, el coordinador pedagógico, el servicio de orientación, la directora, el regente y los docentes. Se armaron equipos fuertes que dieron y dan muy buenos resultados”, destacó Moreno.

Desafíos y soluciones

Ledda, la directora de la escuela Milstein de Guaymallén, está convencida de que este tipo de programas ofrecen una parte de la solución a los problemas de la secundaria actual y a la deserción en particular, en la que las escuelas cuentan con recursos humanos para poder abordar otros formatos de enseñanza. Sobre todo, en lo que hace a los nuevos escenarios que presenta la sociedad. 

“Esto es más notorio en las escuelas de zonas rurales, que tienen carencias de infraestructura, de ofertas lúdicas, artísticas y deportivas, donde los niños y adolescentes tienen como referencia a su escuela. En su escuela es donde todo pasa”, explica.

Por eso en muchos casos la cantidad de horas que llegan a través de PME resultan pocas. En ese encuentro extracurricular, dice, los estudiantes “desarrollan habilidades, capacidades, generan otros vínculos con los docentes y entre ellos mismos y eso siempre impacta directa o indirectamente en sus aprendizajes”.

Otra dificultad pareciera ser que en los últimos años se han limitado un poco las opciones en cuanto a qué hacer durante esas horas. Después de la pandemia, están muy enfocadas, desde la DGE, en los saberes más generales como lengua, matemática e historia. Esto resulta entendible en cuanto a recuperar contenidos. Sin embargo, en las escuelas aparecen diversas cuestiones igual de urgentes. “A veces, los chicos tienen otros temas, como la necesidad de habilidades sociales o problemáticas de convivencia que ameritan que usemos más de esas horas. Podría ser en un taller de educación emocional, por ejemplo. Es importante que exista capacidad de decisión para definir hacia dónde apuntamos ese recurso humano del programa”, amplía Ledda. “En nuestra escuela, por ejemplo, el proyecto de la radio es una herramienta muy potente. Atraviesa todas las materias del ciclo secundario, ayuda mucho a la convivencia y a que los chicos tengan su lugar, que su voz sea relevante, que tengan protagonismo, que puedan compartir lo que les pasa; y nosotros, saberlo. Más horas cátedra representarían mayor frecuencia. Hoy le asignamos uno o dos días por semana, pero es una herramienta que podría tener más vuelo, con muchos beneficios para los alumnos”.

Silvia Ledda, directora de escuela secundaria: “En las escuelas de zonas rurales, con carencias de infraestructura, de ofertas lúdicas, artísticas y deportivas, los niños y adolescentes tienen como referencia a su escuela. En su escuela es donde todo pasa”. (Imagen: gentileza Silvia Ledda)

La Escuela Milstein, por ejemplo, tiene quince horas cátedra a través del PME y con ellas arma los talleres, según las necesidades que se detecten. Los talleristas pueden ser los mismos docentes de aula u otros perfiles que la escuela ve necesarios para que trabajen determinados aspectos con los adolescentes.

Además de retener a los chicos en la escuela brindando apoyo académico extra a quienes lo necesitan, se trata también de armar una radio, pintar un mural u organizar una orquesta. Este último caso es habitual en Mendoza, que tiene un programa provincial de coros y orquestas juveniles desde 2008: hay veinte coros y ensambles, entre escuelas primarias y secundarias, como ya fue contado anteriormente en esta sección.

En todos los casos, señalan los responsables de esta política, se trata de achicar brechas socioeducativas y de innovar con el foco puesto en un objetivo que sigue siendo central: que los estudiantes aprendan.


Esta nota forma parte de la plataforma Soluciones para América Latina, una alianza entre INFOBAE y RED/ACCIÓN, y fue publicada originalmente el 14 de septiembre de 2022.

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