Dónde termina (o por qué podría terminar) el Amazonas | RED/ACCIÓN

Dónde termina (o por qué podría terminar) el Amazonas

Viaje al fin del amazonas
Silvina Heguy
Debate

Selección y comentario por Luciana Mantero, licenciada en Ciencias de la Comunicación y periodista. Publicó dos libros: Margarita Barrientos y El deseo más grande del mundo. En 2013 obtuvo el segundo premio, categoría Solidaridad Social, de los Premios ADEPA al Periodismo. Dio talleres de periodismo, no ficción y escritura creativa.

Uno (mi comentario)

Viaje al fin del Amazonas, de Silvina Heguy, cobra actualidad y especial interés con la asunción del presidente de Brasil Jair Bolsonaro: ayuda a entender un problema global y las eventuales consecuencias de su decisión de otorgarle al Ministerio de Agricultura el poder de delimitar las reservas ocupadas por los pueblos originarios, en detrimento de la agencia de asuntos indígenas (Funai); está en el ojo de la tormenta. (…)

(sigue mi comentario)

Este libro de no ficción combina los pasos de la cronista que se interna en la selva para explorar la Amazonía en busca de buenas historias, con la información que da cuenta de cómo las distintas industrias extractivas (de madera, oro, diamantes, caucho…) vienen devastándola lentamente. Es un relato lleno de imágenes, olores, colores, sensaciones del peligro inminente que deja al ser humano a merced de la naturaleza, en el que la vida depende de premeditar donde se da cada paso y no extraviarse del camino. A través de distintas fuentes, e incluso del testimonio de los últimos habitantes de tribus originarias, también es una denuncia contra el “etnocidio” producido por el contacto -bien o mal intencionado- con la “civilización”.

Dos (la selección)

“Los árboles ya no mueren de pie. En la selva amazónica, en el corazón geográfico de Brasil, dos hombres con motosierras los hacen caer. El último acto de ese cumarú de más de treinta metros es rugir como un animal herido. Es la fricción con otros lo que provoca el sonido tormentoso. Después hay silencio. Se rompe con el aletear de pájaros que se desbandan. Algo se perdió en el equilibro de la naturaleza y nadie lo registra. (…) Por minuto, el equivalente a una cancha de fútbol sembrada de árboles se pierde en esta parte del planeta. La tala ilegal sobrevive porque hay demanda. ´Cada árbol caído tiene ya su comprador´, dice el jefe de ese campamento. ´Éstos van para China, para muebles. Saldrán por el puerto del sur. Es una cadena ilegal que cuenta con sus cómplices en cada etapa´.”

Tres

“´En la madrugada el agua hacía barullo, se escuchaba la cascada. Se despertaba y cantaba, era la vida que tenía. Ella cantaba, vivía. En la madrugada sobre todo la cascada nos despertaba. Pero ya no hay cascada´, dice Manoel mientras aviva el fuego que se está apagando. ´Porque el espíritu de las aguas está en el río y cantaba. A esa hora se levantaba, era importante que estuvieran despiertas para así poder bañarse en el río para tener salud. La gente tiene consideración por el agua viva. No como esta que ahora está acá, agua muerta´, dice mientras comienza a caminar por la selva hacia el arroyo: a pesar de todo, quiere tomar un baño.”

Cuatro

“Cuando esté terminada, Belo Monte será la tercera represa hidroeléctrica más grande del mundo. Fue anunciada en 2010 por el entonces presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva y la polémica que desato tuvo ribetes en Hollywood. La gran hipótesis de quienes la critican se centra en que tendría un bajo rendimiento en comparación con el gran impacto ambiental que generaría en la selva, en el río, en las poblaciones indígenas y en las ribereñas en la zona de Altamira (…) Para esta gente es el fin del mundo como lo concocen”, dijo (James Cameron) frente a las cámaras que él mismo dirigía”.

Cinco

“Brasil, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), es el país con más pueblos indígenas del continente: tiene 305 de los 826 que identificó en su estudio de 2014. La mayoría vive al amparo y desamparo de esta selva. Se trata de un equilibrio delicado. La mata puede ser un escondite perfecto y también dar fragilidad moral. Aunque parezca inimaginable en esta época de hiperconectividad, todavía hay partes del mundo a las que es imposible llegar. Hay seres humanos que no conocen Internet ni teléfonos. Mundos propios. Mínimos. Protegidos por una vegetación gigante que ocupa más de seis millones cuadrados. Imaginarse su dimensión es difícil. La Argentina podría entrar dos veces en esta superficie. La magnitud hace complicado el control y también la protección de las aldeas que nunca han tenido contacto con otros pueblos”.

Seis

“A fines de 2014, el Instituto Mediambiental de Estocolmo, Suecia, se ocupó de investigar quiénes realmente han carcomido la selva. El estudio determinó que la expansión de la frontera agrícola no es responsabilidad de pequeños campesinos y ganaderos, como antes se creía, sino de unos cuántos miles de propietarios de más de 800.000 kilómetros cuadrados -de los cinco millones de la Amazonía brasileña-. Los causantes del ochenta por ciento de la deforestación son los grandes ganaderos y productores de soja. El trabajo se basó en cruzar las imágenes satelitales con los documentos oficiales sobre las propiedades. Así se determinó que casi la mitad de la superficie deforestada entre 2004 y 2011, unos 36.000 kilómetros cuadradas, corresponde a áreas dominadas por las grandes propiedades, aquellas mayores de quinientas hectáreas (cinco kilómetros cuadrados). Los medianos y pequeños propietarios se reparten en partes iguales otro veinte por ciento. Lo que queda, alrededor de un tercio, sucedió en áreas tan lejanas que ninguna autoridad llega para comprobar de quiénes son las tierras y, mucho menos, sancionar su mal uso”.

Siete

“Para Leonardo Barei, tener el pecado en el origen no es una cuestión religiosa. Lo explica sentado en una galería de su casa en el campo, después de haber trabajado toda la mañana bajo el sol del Trópico. Tiene los pantalones sucios, una camisa desgastada y con un alicate se corta las uñas de los pies. No es la imagen que se podría tener de un terrateniente, pero Barei entra en esta categoría y además los representa (…) ´Estábamos obligados a desmontar´, explica. ´Ese ese es pecado en el origen: si desmontabas, no había tanta malaria. Por eso nuestro Estado pecó en la manera de surgir. Los sueños de los ambientalistas no existían. El extractivismo ejercido en esa época era correcto para alimentar y obtener agua, espantar las panteras y terminar con la malaria´. Para Barei, fueron adaptaciones que tuvieron que hacer para vivir en esas condiciones.”


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