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El estado de los bosques: cómo llegamos hasta aquí y cómo revertir la deforestación

El estado de los bosques: cómo llegamos hasta aquí y cómo revertir la deforestación

Hace 5 mil años el 45 % de la superficie terrestre del planeta estaba cubierta de bosques, hoy, sólo el 31 % del territorio mundial. Historia y presente del estado de los bosques en el mundo y la Argentina.

por Javier Drovetto

17 de abril de 2018

“A Zeus le pertenece el roble”. Cuando el escritor británico Lawrence Durrell enumera los árboles de Chipre en su libro de viajes “Limones Amargos”, juega a que esa especie de árbol de la isla europea le pertenece a quien según la mitología griega es el padre de los dioses y de los hombres. El libro fue publicado en 1987 y esa línea de texto es una buena metáfora para explicar que en Chipre ya no quedan bosques de robles: el hombre desarrolló una explotación tan intensiva que los hizo desaparecer hasta convertirlos en una leyenda.

El quiebre en el equilibrio de ese bosque empezó a darse hace 2300 años y tiene un responsable histórico bien identificado: Alejandro Magno. El rey de la antigua Macedonia “usó a Chipre como punto estratégico para la construcción de barcos, aprovechando los frondosos bosques de robles”, señala la edición 2012 del informe “El estado de los bosques del mundo”, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Y concluye que en la isla “ya no quedan bosques de robles”.

La FAO estima que el 45 % de la superficie terrestre del planeta estaba cubierta de bosques y calcula que durante los últimos 5 mil años desaparecieron 1800 millones de hectáreas forestales como consecuencia del desmonte promovido principalmente por el aumento de la población, la infraestructura, la agricultura y el uso de madera como leña. De esa forma se llega a los 4.000 millones de hectáreas que se preservan hoy y que representan el 31 % del territorio mundial.

Así como Chipre perdió bosques hasta reducirlos al 18 % de la superficie de su país, toda Europa pasó del 80 % al 34 % actual. En Asia, China tenía 6 hectáreas de bosques por cada 10 de territorio. Esa relación es ahora de 2,2 de 10. Nigeria, en África, perdió el 90 % de sus bosques principalmente durante su época colonial. Y en América Latina el bosque se redujo del 75 % al 50 % del territorio, tal como lo exponen diversas ediciones del mismo informe de FAO. En la Argentina, la superficie forestal que se conserva representa el 9,7 % del país, mientras que durante la época colonial fue estimada en el 59 % por el hoy disuelto Instituto Forestal Nacional.

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Reducir la presión sobre los bosques

En el último medio siglo ocurrió algo que la FAO destaca: cerca de la mitad de los países del mundo logró detener la deforestación o incluso recuperar superficie de bosques. Esa tendencia se da sobre todo en Europa, América del Norte y en el norte de Asia. En cambio, la mayor parte de la desaparición de bosques ocurre en América Latina, África y el sur de Asia.

En el primer grupo se encuentran países que lograron reducir la presión sobre los bosques como resultado del crecimiento económico, la mejora en la productividad agrícola y la ejecución de políticas de estado destinadas a ampliar la superficie forestal a través de bosques plantados. En ese camino están, por ejemplo, Estados Unidos, China, 35 países europeos y dos sudamericanos: Chile y Uruguay.

Mientras que aquellos países que siguen teniendo tasas altas de deforestación son los que ampliaron la superficie destinada a la explotación agrícola. Esa ecuación le cabe a la perfección a la Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia, en Sudamérica; a Indonesia y Myanmar, en Asia; y a Nigeria, Zimbabwe, Tanzania y el Congo, en África. Esos diez países fueron los que reportaron más pérdida de bosques durante el período que va de 2010 a 2015. El informe de FAO es categórico: son países de ingresos bajos.

“En el período de 2000 a 2010, la pérdida neta de cobertura forestal en los países tropicales a nivel global fue de 7 millones de hectáreas anuales. En el mismo período, se registró un aumento de 6 millones de hectáreas al año de áreas destinadas a la agricultura. Es decir, se constató que para esa década había una alta correlación entre deforestación y ampliación de la frontera agrícola. Además, la mayor deforestación y el mayor incremento del área agrícola se produjeron en países de ingresos bajos”, señaló Jorge Meza, oficial forestal principal de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. Y luego agregó: “Efectivamente, la deforestación se concentra en países que no han logrado convertir sus economías hacia modelos más sostenibles. Así es como se basan en la producción agrícola principalmente y en el uso intensivo de sus recursos naturales. Sin embargo, hay países que nos muestran que sí es posible incrementar la producción agrícola, al mismo tiempo que se mantiene e incrementa el área de bosques”. En ese grupo se encuentra Chile, Gran Bretaña y Argelia, por ejemplo.

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Bosques nativos y bosques implantados

Más allá de la criticidad del tema, los números muestran que a nivel global la deforestación avanzó más lentamente desde el inicio del siglo XXI. Desde entonces, y según los mismos informes de FAO, el porcentaje de la superficie de bosques del mundo que se pierde cada año pasó de ser del 0,18 % en el año 2000 al 0,08 % en 2015. De todos modos, desde FAO relativizan el optimismo, porque afirman que si se hiciera una discriminación entre la pérdida de bosques nativos y de los implantados, los números no permiten hablar de un progreso significativo. “Es importante conocer qué es lo que sucede específicamente con los bosques naturales, que reflejan la dinámica del uso y la pérdida del hábitat natural y de la biodiversidad. Para el período 1990–2015, se registró una tasa anual de pérdida de 0,13% de la cobertura forestal total, pero para los bosques naturales, la tasa anual de pérdida en el mismo período fue de casi el doble, de 0,24 %. Es decir, los bosques naturales son más fuertemente afectados por procesos de deforestación”, resaltó Meza.

La pérdida de bosques tiene varias consecuencias: incremento de gases de efecto invernadero por la liberación de dióxido de carbono, erosión de suelos, inundaciones por la desaparición de un reservorio natural de agua de lluvia, pérdida de biodiversidad, y migración y desarraigo de las poblaciones rurales.

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Historia de la deforestación en el país

En la Argentina, el desembarco de los españoles marcó el comienzo de las pérdidas importantes de bosques. “Los españoles participaban de una cultura con gran uso de los productos del bosque. Al llegar a lo que hoy es la Argentina, en especial a la región pampeana, los pocos montes que había fueron agotados enseguida. Los reservorios de madera o leña quedaron sobre todo en el área norte del Río de la Plata, en la actual Entre Ríos y en lo que hoy es Uruguay, pero fueron desapareciendo lentamente entre los siglos XVII y XX”, señaló el doctor en historia Julio Djenderedjian, investigador del Instituto de Historia Argentina y Americana de la Universidad de Buenos Aires.

Luego, con la irrupción de una gran oleada de inmigrantes italianos, la deforestación se torna más pronunciada. “No es hasta que llegan los primeros grandes hitos, como el alambrado y el barco frigorífico, hacia 1870, que comienza el refinamiento de las pasturas, recurriendo a la quema y labranza y a la introducción de razas británicas de carne. Pero la agricultura recién se inicia con el arribo de inmigrantes, italianos principalmente, para producir trigo y maíz, como principales cultivos. El gran bosque chaqueño recién comienza a ser explotado con la industria del tanino y la explotación del quebracho en las primeras décadas del siglo 20. Ahí es cuando comienza la deforestación del Gran Chaco. También debe mencionarse el cultivo de algodón en Chaco; caña de azúcar en Tucumán y Salta; yerba mate y té en Misiones y norte de Corrientes; y el reemplazo por plantaciones comerciales de pino Ellioti en Misiones”, describió Miguel Taboada, director del Instituto de Investigación del Suelo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

El ingeniero agrónomo Roberto Casas, director del Centro para la Promoción y Conservación del Suelo y el Agua, es categórico respecto a la pérdida histórica de superficies de bosques en nuestro país. Detalla que en la época colonial unas 160 millones de hectáreas del país estaban cubiertas de bosques, lo que representaba el 59 % del territorio. Ya en 1914, en el primer censo forestal, habían bajado a 105 millones (39%). Para 1956 quedaban 59 millones de hectáreas (24 %) y en 1981 se habían reducido a 34 millones (19 %). Actualmente la superficie de bosques es de 27,19 millones, lo que representa el 9,73 % de territorio de la Argentina, de acuerdo al Informe del Estado del Ambiente (IEA) 2016 publicado el año pasado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

“Como se observa, la superficie cubierta por bosques nativos es baja y ha venido disminuyendo en forma acelerada desde el primer censo forestal, realizado en 1914. La estimación efectuada para la época colonial se hizo a partir del consumo de madera de construcciones, alambrados, durmientes y viñedos, entre otros factores”, explicó Casas.

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El impacto de la expansión agropecuaria

Taboada explicó además que “el proceso de deforestación se vuelve a agudizar a inicios del siglo actual con la expansión agropecuaria, basada en la soja y las pasturas Gatton Panic”, un pasto africano que logra buen rendimiento en el suelo del noroeste argentino y favorece la cría de ganado vacuno en la región. En ese sentido, el Ministerio de Ambiente señala en el IEA que “las estadísticas muestran una correlación inversa con respecto a la evolución del área cultivada con maíz y soja y el área ocupada por los bosques nativos”.

En otras palabras, la expansión de la frontera agropecuaria se consiguió a costa de la pérdida de bosques, principalmente en Chaco, Santiago del Estero, Formosa y Salta. Por ejemplo, en 1998 la superficie sembrada de soja estaba por debajo de los 9 millones de hectáreas y alcanzó los 20 millones en 2015. En el mismo informe, el Ministerio de Ambiente apunta, en consonancia con la observación respecto al incremento de la siembra de la pastura africana, que “la ganadería constituye otro elemento de presión importante que afecta a los bosques nativos en todo el territorio nacional”.

Al analizar las cifras de pérdida de bosques en el país a lo largo de los últimos 19 años, se diferencian dos períodos. Uno, que va de 1998 a 2007, muestra una pérdida promedio de 300.000 hectáreas por año. Mientras que el segundo período es el que surge tras la sanción de la ley de bosques, una norma que obligó a las provincias a categorizar como rojos los bosques que no deben sufrir ninguna transformación; como amarillos los que presentaban alguna degradación, pero pueden ser restaurados; y como verde los sectores poco conservados, por lo que se pueden hacer desmontes, pero únicamente con permisos previos. Así es como después de la sanción de la ley, entre 2008 y 2016, la deforestación anual es de 267.000 hectáreas en promedio, pero con un marcado ritmo de descenso a partir de 2014, cuando baja a 190.000 hectáreas y alcanza su mínimo histórico en 2016, con 136.000 hectáreas. Esta última cifra representa una tasa anual de deforestación del 0,5% de los bosques del país.

“La buena noticia es que la deforestación en los últimos tres años ha bajado a menos de la mitad de lo que había sido históricamente y previamente a la sanción de la ley de bosques. Pasamos a otro nivel en lo que tiene que ver con la emergencia que había en su momento, cuando la Argentina tenía una de las tasas más altas a nivel mundial”, consideró Diego Moreno, secretario de Política Ambiental, Cambio Climático y Desarrollo Sustentable del Ministerio de Ambiente de la Nación y destacó que “gracias al ordenamiento territorial que se impulsó con la ley, está articulada la conservación de los bosques de mayor valor ambiental”. Moreno anticipó, además, que en 2017, la superficie deforestada se ubicaría en torno a las 130.000 hectáreas.

Efectivamente, el descenso en la tasa de deforestación le permitiría a la Argentina salir del noveno puesto en el ranking, elaborado por la FAO en 2015, de las naciones que más pérdidas de bosques reportaron entre 2010 y 2015. Sin embargo, mantiene al país con una tasa de deforestación que es seis veces mayor que el promedio mundial. “Muchos otros países han perdido sus recursos forestales hace tiempo y hoy, de la mano del cambio climático y de las iniciativas ambientales, están teniendo la necesidad de recuperar algunas porciones de masas boscosas. Es una demanda social. Ellos están en un paso posterior al que nos encontramos nosotros ahora. Pero lo vemos como una situación progresiva. Hasta hace poco había una situación en la que se deforestaba de cualquier forma y en cualquier lado. Hoy la deforestación está controlada y ha bajado. El próximo desafío es encontrar para las zonas que concentran la mayor deforestación modelos complementarios o alternativos de desarrollo que aseguren que en un plazo razonable la deforestación siga reduciéndose”, agregó Moreno.

Fotos: Greenpeace | Deforestación: FAO para América Latina y el Caribe (FAORLC)

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