El Reporte (03/07/21) | RED/ACCIÓN
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El Reporte (03/07/21)

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Imagen de Free-Photos en Pixabay

¡Buenas! Nuevo día y nuevo formato para El Reporte. A partir de esta semana, los sábados por la mañana te recomiendo artículos de la prensa mundial y local con ideas y reflexiones que nos ayudan a entender el mundo. La nueva versión de El Reporte es menos urgente y coyuntural, y prioriza la interpretación de tendencias, para abrir ventanas que enriquezcan la lectura del fin de semana.

En esta entrega, ocho artículos recomendados sobre cómo la tecnología va a hackear a los seres humanos, el dilema de la vacunación obligatoria, la crisis climática y el calor extremo, el déficit de atención,  y cómo se expande el pensamiento conspiranoico. Además, un gran perfil sobre Carolina Castro, empresaria y dirigente de la UIA, escrito por Pablo Perantuono en Coolt.

1

Cómo la tecnología va a hackear a los seres humanos. La toma de decisiones automatizadas, a partir de la recopilación de datos por empresas y gobiernos, es uno de los grandes tsunamis tecnológicos que están transformando el mundo. Así lo entiende Harari, que anticipó cómo «la inteligencia artificial y el big data cambiarán nuestra cultura y el poder en los próximos 20 años», mucho más que los avances biotecnológicos. «La próxima gran revolución no será la inmortalidad, sino la habilidad para hackear a los seres humanos. La habilidad para entender a una persona incluso mejor de lo que esa persona se conoce a sí misma», dijo el escritor. Este futuro distópico plantea cambios en la manera en que nos relacionamos. Incluso desde el punto de vista afectivo. De aquí a unos años, ejemplificó Harari, una cita entre dos personas desconocidas perderá todo el misterio. Para entonces una aplicación podrá analizar en tiempo real qué piensa una persona de la otra, o incluso si existe o no una atracción mutua entre ellas. ¿El motivo? «Los sentimientos son patrones biológicos, algo que la inteligencia artificial canaliza muy bien».”

Del artículo “Yuval Noah Harari: «La próxima revolución será la habilidad para hackear a los seres humanos»”, escrito por Pablo Jiménez Arandia, publicado en The Objective.

2

Sobre la vacunación obligatoria. “Desde sorteos de un millón de dólares en Estados Unidos a vacaciones gratuitas en Hong Kong, los países golpeados por la COVID-19 lo han intentado todo para convencer a sus ciudadanos más resistentes a vacunarse. La paciencia de los gobiernos es loable, pero el avance de variantes cada vez más contagiosas y el riesgo de perder la carrera contrarreloj contra el virus exigen un cambio de estrategia. La persuasión debe dar paso a la obligación. Las consideraciones éticas y convicciones personales no pueden estar por encima de la razón científica en situaciones de emergencia sanitaria. La abrumadora evidencia sobre la seguridad y efectividad de las vacunas, de las que se han puesto alrededor de 3000 millones de dosis en todo el mundo, confirma que hemos encontrado la manera de atajar la pandemia. Quienes se resisten a obtener esa protección podrían alegar un ejercicio de libertad personal si las consecuencias fueran también individuales. No es el caso: un número insuficiente de vacunados prolongará la crisis y provocará muertes que podemos evitar.”

De la nota de opinión “En defensa de la vacuna obligatoria”, del escritor y periodista David Jiménez, en The New York Times. [En inglés]

3

La crisis climática y el calor extremo. “Esta semana en el noroeste del Pacífico, los récords de temperatura no solo se están rompiendo, sino que se están borrando. Las temperaturas alcanzaron los impactantes 47,9° C en la Columbia Británica, Canadá. En medio de las temperaturas más típicas del desierto del Sahara, decenas de personas han muerto de estrés por el calor, con “carreteras dobladas y cables de energía derretidos”. En otra ola de calor a principios de junio, cinco países de Oriente Medio superaron los 50° C. El calor extremo llegó a Pakistán, donde se informó que 20 niños de una clase habían caído inconscientes y necesitaban tratamiento hospitalario por estrés por calor. Afortunadamente, todos sobrevivieron. (...) Las conversaciones sobre el clima de la Cop26 de Glasgow deberán poner el foco en la planificación de la adaptación y la financiación para los países vulnerables. Para reducir los impactos de las olas de calor cada vez más feroces, la reducción de las emisiones deberá ir de la mano con la adaptación al mundo sofocante y caluroso que estamos creando. Estabilizar el clima para 2050 está dentro del marco de tiempo de una vida laboral, al igual que adaptarse para permitirnos a todos prosperar en este nuevo mundo. No hay tiempo que perder.”

De la columna de opinión “Canadá es una advertencia: cada vez más partes del mundo pronto serán demasiado calurosas para los humanos”. Su autor, Simon Lewis, es profesor de ciencia del cambio global en University College London y University of Leeds. En The Guardian. [En inglés]

4

Sobre el déficit de atención. “Creo que haríamos bien en desarrollar ejercicios de atención. Hay gente que practica ejercicios espirituales, y en esos lugares ya se intenta fijar la atención, en este caso por los temas del espíritu. Y cada vez hay más personas practicando meditación. No es cualquier cosa, se debe permanecer muy atento a la respiración, no es algo sencillo. Sí, hay que trabajar la atención de las personas, y eso empieza por enseñarlo en la escuela. Sin ella, no hay nada que hacer. Ya puedes recibir una avalancha de datos y de informaciones, que si no has cultivado tu capacidad de atención, no tienes nada que hacer con todo eso. Pero no solo, además es necesario reforzar nuestra capacidad de establecer prioridades. La única forma de utilizar y aprovechar esa avalancha de información de forma positiva es ordenándola, analizando y decidiendo lo que es importante y lo que no. En resumen, la clave es: tener capacidad de atención, establecer prioridades y fijarse objetivos. Algo así como gestionarnos a nosotros mismos, vaya. Ser autónomos.”

De la entrevista a Pierre Lévy, el escritor, profesor y filósofo tunecino. “Aunque muchos no lo crean, ya éramos muy malos antes de que existiera internet”. En El País.

5

Salud y burocracia: la tecnologización puede complementar muchas facetas de lo humano. “Se ha burocratizado muchísimo el acto médico y a eso se añade que la tecnología ha venido a cubrir espacios que antes los llenaba la relación humana. Todos esos factores están haciendo que efectivamente el contacto humano, que es tan importante para una relación terapéutica adecuada, se vaya perdiendo. -¿En el futuro serán las máquinas las que harán los diagnósticos médicos? La tecnología no es buena ni mala, depende del modo en el que se utilice. La tecnología no es incompatible ni diametralmente opuesta a la humanización. Al contrario: la tecnologización puede complementar muchas facetas de lo humano. Pero cuando uno está enfermo, cuando alguien siente angustia, ansiedad o miedo, cuando siente que peligra su vida, no va a necesitar una máquina, lo que va a necesitar siempre es un humano. De hecho, cuando una persona en la UCI va a fallecer necesita contacto humano, necesita una mano que le coja, necesita una mirada... El factor humano siempre, siempre va a estar presente.”

De la entrevista a Julio Zarco, médico español especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. “Producimos profesionales de la salud muy mal cualificados desde el punto de vista humano”. En El Español.

6

Sobre el protocolo que impide a los familiares acompañar a sus enfermos. “Me desperté pensando en que es muy triste estar enfermo y estar solo. Más triste que estar contagiado únicamente. Y más que estar en soledad. No es que no hubiera sentido antes eso de estar enferma y desolada. La vida me obligó desde pequeña a estar de los dos lados del mostrador: en una cama de hospital, paralizada por una embolia, y al borde de ella, custodiando los infartos de mi madre. Sé, con esa convicción que da la sangre, que es peor mirar desde lejos un lecho enfermo -como nos obligan la pandemia y sus inhumanos protocolos- que yacer en él. Con el aislamiento familiar se rompe no uno sino dos corazones: el del enfermo y el de quien necesita cuidarlo. (...) Lo cierto es que, a un año y medio del inicio de la pandemia, los familiares, las parejas, los mejores amigos de los enfermos todavía tienen miedo de perturbar con su humanidad el reino estéril de los guardapolvos blancos. Con la punta de sus dedos fríos y los ojos vacíos de llorar, se quedan esperando a un costado que les permitan reencontrarse con sus seres queridos en aquello que hay más de humano: el cuidado y la mirada íntima. Nos debemos, al menos, eso.”

De la nota de opinión “La deuda pandémica que no vemos”, de Alejandra Folgarait, publicada en La Nación.

7

El pensamiento conspiranoico se expande. “A partir de la pandemia de coronavirus, las ideas conspiranoicas han ganado visibilidad, se han organizado manifestaciones y realizado declaraciones públicas en todo el mundo”, opina el experto Noel Ceballos (Madrid, 1985), que acaba de publicar el ensayo El pensamiento conspiranoico (Arpa). Ceballos, ensayista, novelista y periodista, afirma –por teléfono desde Madrid– que “lo que antes era marginal, a raíz de la pandemia, se ha colocado en el centro de la conversación”. (...) El novelista Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960), por su parte, es autor de la novela La conspiración de los conspiranoicos , donde aborda el mismo tema desde la ficción. “Me irritaban todas estas teorías –explica, en conversación telefónica– en torno a la pandemia, una manera de exorcizarlas fue imaginar cómo sería una reunión de cinco amigos conspiranoicos, cada cual con sus fantasías al vuelo libre." El escritor los define como "gente con un yo público muy alocado pero que son personas con su familia, su vida laboral, de apariencia normal aunque de pensamiento anómalo. Es una sátira en la que no he añadido nada, he eliminado incluso algunas teorías reales por demasiado grotescas”. El escritor constata también la existencia de “muchos semi-conspiranoicos, que no saltan del todo al lado oscuro, pero que te dicen ‘algo de esto hay’".

Del artículo “Las teorías conspiranoicas crecen con la pandemia”, de Xavi Ayén, en Clarín.  —

8

Sobre Carolina Castro. “En un amable punto intermedio entre lo distinguido y lo familiar: así habla Carolina Castro (Buenos Aires, 1979), feminista, politóloga, industrial, mamá de dos hijos, dirigente. Humedecida por una suerte de pragmatismo gentil, con una celeridad que no aparenta vehemencia sino elocuencia, en su voz parecen circular, sin que se tensen, su origen y su aventura vital, la educación de élite y la universidad pública, la industria pesada y, sin serlo o pretenderlo, cierto aire docente (sus manos, de finos dedos, dibujan formas y subrayan sus conceptos, y terminan de cincelar esa impresión). (...) Distinguida en 2020 por la BBC como una de las 100 mujeres del año en todo el mundo, al margen de su formación académica o de sus cargos jerárquicos —es directora de Recursos Humanos en Industrias Ghidi, la empresa familiar que preside su madre, Janet—, lo que restalla en Castro, entre otros atributos, es un espíritu inquieto, pulsión que la llevó a, en primer lugar, y siendo una egresada del colegio San Andrés —una institución de élite en la que estudian los hijos de la alta burguesía porteña— decidir, por motu proprio, inscribirse en la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA). 

Del artículo “Carolina Castro, entre techos de cristal y alfombras de poder”, de Pablo Perantuono, en Coolt.  —


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