Es hora de aprovechar el potencial de los países emergentes

Sería un error ignorar las condiciones tan favorables que existen en algunas de esas economías a pesar de la actual crisis. Muchas han hecho un progreso significativo a la hora de manejar sus niveles de deuda, incrementar la productividad, mejorar la infraestructura e implementar las reformas necesarias.

Por Bertrand Badré

26 de septiembre de 2018

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Una vez más, las economías emergentes del mundo enfrentan un brote de incertidumbre. Argentina, Sudáfrica y Turquía están entre los países que más temores generan, debido a una combinación de políticas monetarias cuestionables y una depreciación de la moneda frente al dólar estadounidense que amenaza con minar la capacidad de esos países de pagar sus deudas. Pero no todas las economías emergentes son creadas igual.

Sin duda, como en el pasado, existe un riesgo perceptible de contagio. Las economías emergentes que son más vulnerables deben enfrentar sus propios desafíos para evitar ser víctimas de ese contagio. Y las estrategias que adoptan los países para hacer frente a los desafíos por delante tendrán sus propios efectos colaterales.

Los árboles no dejan ver el bosque

Así las cosas, los inversores pueden encontrar tentador adoptar una estrategia de bajo riesgo para todo el mundo emergente, especialmente en un contexto de crecientes tensiones comerciales globales. Pero sería un error ignorar las condiciones favorables que existen en algunas economías emergentes. Por ejemplo, muchas han hecho un progreso significativo a la hora de manejar sus niveles de deuda, incrementar la productividad, mejorar la infraestructura e implementar las reformas necesarias.

Todo esto ha contribuido a fortalecer la resiliencia de estas economías a las sacudidas externas. En verdad, a pesar de las incertidumbres perdurables sobre hasta qué punto han aprendido las lecciones del pasado, para no mencionar las inconsistencias entre los países, muchas economías emergentes han desarrollado elementos fundamentales más sólidos en un período prolongado.

La disparidad entre riesgo percibido y riesgo real y la tendencia a pintar a todas las economías emergentes con el mismo pincel es un problema de larga data. Pero los inversores deberían evitar una retirada generalizada de las economías emergentes en respuesta a los problemas de alto perfil en unas pocas. Por el contrario, deberían adoptar una estrategia más matizada, centrada en mejorar el perfil de riesgo/rentabilidad invirtiendo en determinadas regiones y mercados y trabajando a la vez con las instituciones correctas.

El potencial que ofrece América Latina

En particular, hoy no es el momento de ignorar a América Latina y el Caribe, que tienen un amplio rango de necesidades de inversión –abordadas durante las recientes reuniones del G-20 en Argentina- y también ofrecen un amplio rango de oportunidades de crecimiento. Los países en esta región han implementado reformas sustanciales que han impulsado el crecimiento económico y sentaron los cimientos para fuertes retornos financieros en el más largo plazo.

En términos más generales, las partes interesadas deberían afianzar su compromiso de utilizar la estrategia de “miles de millones a billones” para resolver los problemas más apremiantes del mundo. Esa estrategia utiliza una combinación de medidas relacionadas con las finanzas, las habilidades, la capacidad y la asignación de riesgo para apalancar el capital relativamente escaso del sector público para movilizar recursos más robustos del sector privado.

Los bancos de desarrollo multilaterales juegan un papel crítico aquí, y muchos han dado grandes pasos a la hora de responder a las necesidades del mercado. Es más, el mundo ha acordado, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, sobre hojas de ruta complementarias para abordar los desafíos globales: el Acuerdo Climático de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Al establecer los mecanismos correctos para sacar ventaja de las oportunidades de inversión relacionadas, podemos utilizar miles de millones de dólares públicos para hacer un progreso de billones de dólares.

Muchos de nosotros en la comunidad de inversión trabajamos para impulsar la efectividad de nuestro trabajo garantizando que existan los instrumentos financieros y de gestión de riesgo apropiados para conectar a los sectores público y privado. Ya hay mecanismos para facilitar los flujos de capital a las economías emergentes, particularmente en América Latina y el Caribe, donde hoy existen oportunidades para retornos atractivos ajustados al riesgo.

En este contexto, hasta una asignación muy modesta por parte de grandes inversores institucionales tendrá un impacto importante en la búsqueda de resultados sostenibles, a la vez que ofrecerá retornos financieros atractivos y competitivos. Esta dinámica –un componente fundamental de la estrategia de miles de millones a billones- puede volverse integrada, creando la base para un sistema más amplio en el que no exista una contrapartida entre ganar dinero y hacer el bien.

Hay que mirar al largo plazo

No debemos permitir que la agitación actual en algunas economías emergentes eche por la borda el progreso que se hizo en el pasado. Por el contrario, debería motivar a las partes interesadas a redoblar sus esfuerzos colectivos para establecer un sistema beneficial más amplio. Esto significa, primero y principal, adoptar una estrategia matizada para la evaluación del riesgo que reconozca las oportunidades de crecimiento atractivas de largo plazo que ofrecen muchas economías de mercados emergentes.

Bertrand Badré es CEO y fundador de Blue like an Orange Sustainable Capital, y co-preside el Consejo Futuro Global sobre Gobernancia Internacional, Cooperación Público-Privada y Desarrollo Sostenible del Foro Económico Mundial.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Khaled Desouki - AFP

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