Esteban Levin: "Para ayudar a los más pequeños reafirmamos la alianza con ellos y sus padres. No los dejamos solos" | RED/ACCIÓN
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Esteban Levin: "Para ayudar a los más pequeños reafirmamos la alianza con ellos y sus padres. No los dejamos solos"

Qué rol tiene el juego en niños y niñas y qué pasó con él en pandemia. Para Levin "la experiencia más devastada es la de los niños". Por eso le preguntamos qué podemos hacer familias y escuelas para revertir esa situación.

Esteban Levin: "Para ayudar a los más pequeños reafirmamos la alianza con ellos y sus padres. No los dejamos solos"

Esteban Levin / Foto: Gentileza Esteban Levin

Esteban Levin es psicólogo, psicomotricista, psicoanalista y profesor de Educación Física. Hace unos días leí su último libro: “La niñez infectada. Juego, educación y clínica en tiempos de aislamiento” (Noveduc) y me llamó la atención el lugar que él le da al juego, en el contexto de la pandemia, en la vida de los niños y las niñas. Sobre esto hablamos, mientras termina de escribir su próximo libro: “La rebeldía de la infancia: potencia, ficción y metamorfosis”, que en los próximos meses publicará Noveduc.

—¿Por qué es tan importante el juego en niños y niñas?
—Cuando un adulto juega transmite una herencia. Es más, tal vez sea la única manera de transmitir y aprehender una herencia simbólica. Es decir, de donar amor a través de palabras, gestos, en un ritmo que se da al jugar con otro. Por ejemplo, una madre canta a un bebé porque lo ama y sin importar lo que ella cante el pequeño percibe el placer gestual. Nunca se enseña al otro a jugar, se le dona al otro la experiencia de jugar sin esperar nada a cambio.

—¿Por qué es tan importante ahora que estamos atravesando esta pandemia privilegiar el juego?
—Porque en pandemia la experiencia más devastada es la de los niños. Pocos tienen en cuenta que esto está pasando. La experiencia que ellos tienen es muy pobre porque perdieron la posibilidad de formar comunidad con otros chicos. La imagen de un niño frente a una computadora diciendo “estoy en la escuela” es tremenda porque ahí no está el otro con quien compartir una experiencia diferente y aprehender de ella. Cuando sabemos que la comunidad educativa es la puesta en acto de la diferencia. Y lo que tienen en común es lo diferente, es lo que es propio compartido con el otro, del cual decanta lo nuestro (el nos-otros).

—¿Cómo podemos impulsar el juego familias y docentes?
—Nuestro desafío frente al COVID es resistirnos a él a través del deseo de enseñar y compartir con el otro un saber en común. Porque la pasión que está en el origen del deseo de transmitir la herencia es lo que hace que un niño pueda aprehender y es justamente eso lo que nunca puede transmitir una computadora, ella no tiene afectos que la afecten y que puedan transformarla, a diferencia del cuerpo del niño. La computadora informa, memoriza, transmite conocimientos pero no se apasiona por ellos. Lo humano es apasionarse por una idea, un pensamiento o la invención de un saber que no se sabe. A un docente, si se le permite, le encanta aprehender de sus alumnos porque en el encuentro con el otro, con el niño, crea un saber que no sabía. Por eso, en los momentos de mayor aislamiento en los que los niños quedan sin escuelas, propongo que si usamos la pantalla no sea únicamente para transmitir información o conocimiento sino para jugar en una tercera zona compartida donde el niño hace el lazo social. Es decir, si el niño dibuja nosotros dibujamos, compartimos la experiencia de jugar juntos. Si él canta en su casa y nosotros en la nuestra, a cualquier distancia uno del otro, lo que ocurre en el medio es un territorio, un tiempo y un espacio compartido.

—¿Qué pasa con las escuelas que no tienen acceso a dispositivos y conectividad para hacer estos encuentros sincrónicos?
—Hagamos delivery de los afectos y el deseo. Si hay delivery de cosas, de alimentos, objetos, elementos, encomiendas, por qué no hacemos que la escuela sea una suerte de correo, que recibe y envía dibujos, garabatos, cuentos, relatos, galletitas, o sea, producciones de los niños, que, a su vez, coexisten con las de otros. Así, podemos salir de nuestras casas sin entrar en peligro, sin el riesgo de contagiarnos. Es la imagen del cuerpo la que se traslada, sale y se encuentra con la de sus amigos en un espacio lúdico, en una tercera zona plena de subjetividad y comunidad. La peor catástrofe tras la pandemia sería decir que hemos perdido el tiempo y que es mejor volver a lo que teníamos antes, como si ese fuera el ideal a alcanzar. Ante esta realidad, nos preguntamos: ¿Qué aprendimos en el aislamiento? ¿Qué cosas no funcionaban? ¿Cuáles tenemos que hacer diferentes?

—¿Por ejemplo?
—Los padres durante la pandemia participan de un modo estrecho y singular en la comunidad escolar. Cuando se retorne a la presencialidad, ¿qué lugar ocuparán ellos? ¿Volverán solo una o dos veces al año para los actos escolares? ¿Cómo participarán del proceso educativo? ¿Cuál será su función? ¿Es que solo se aprende en las cuatro paredes de la escuela? Por primera vez los chicos abrieron las puertas de sus casas y la escuela penetró en ellas. A su vez, ellos entraron al hogar de los docentes. Esta realidad que este contexto generó, acaso, ¿la volvemos a clausurar y cerrar? Antes de la pandemia no había mucho diálogo ni interacción entre las familias, las casas y el ámbito escolar. Tal vez esta es una oportunidad. Resistimos, rompemos la incredulidad y creemos en la posibilidad de lo imposible. Para ayudar a los más pequeños reafirmamos la alianza con ellos y sus padres: no los dejamos solos. Imaginamos recursos para constituir una experiencia que, al ser realizada, permita a la imagen del cuerpo salir fuera de sí, romper la soledad del sufrimiento del aislamiento y volver para recrear otra escena, un acontecimiento de la infancia en el que coexistan el cuerpo, la ficción y el sujeto. Mantener viva la experiencia infantil es la fuerza deseante, afectiva, que nos permite rescatar la vitalidad de la niñez y de la comunidad del nos-otros.

Si querés profundizar en las propuestas de Esteban podés hacerlo a través de Instagram, Facebook o Youtube.

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Esta entrevista fue publicada originalmente en Reaprender, la newsletter sobre educación que edita Stella Bin. Podés suscribirte en este link.

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